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I. M. I.

 

Amor mío y vida mía, guía Tú mi mano y estate junto conmigo al escribir, así que no yo, sino Tú harás todo, me dictarás las palabras a fin de que sean  luz de verdad, no permitas que ponga nada de mí, más bien haz que yo desaparezca a fin de que todo lo hagas Tú, y tuyo sea el honor y la gloria.  Yo hago esto sólo por obedecer, y Tú no me niegues tu gracia.

 

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14-1

Febrero 4, 1922

 

El amor errante y rechazado da en sollozos de llanto.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo afligido, su respiro era fuego, y estrechándome a Él me a dicho:

(2) “Hija mía, quiero un refrigerio a mis llamas, quiero desahogar mi amor, pero mi amor es rechazado por las criaturas.  Tú debes saber que Yo al crear al hombre, puse fuera de dentro de mi Divinidad, una cantidad de amor que debía servir como vida primaria de las criaturas para enriquecerse, para sostenerse, para fortalecerse, y para ayuda en todas sus necesidades; pero el hombre rechaza este amor, y mi amor va errante desde que fue creado el hombre y gira siempre sin detenerse jamás, y rechazado por uno corre a algún otro para darse, y como es rechazado rompe en llanto, así que la incorrespondencia forma el llanto del amor.  Ahora, mientras mi amor va errante y corre para darse, si ve a uno débil, pobre, rompe en llanto y le dice:  “¡Ay! si no me hicieras andar errante y me hubieras dado alojo en tu corazón, habrías estado fuerte y nada te faltaría”.  Si ve a otro caído en la culpa, rompe en sollozos diciéndole:  “¡Ay! si me hubieras dado entrada en tu corazón no habrías caído”.  Ante aquél otro que ve arrastrado por las pasiones, ensuciado de tierra, el amor llora y sollozando le repite:  “¡Ay! si hubieras tomado mi amor, las pasiones no tendrían vida en ti, la tierra no te tocaría, mi amor te bastaría para todo”.  Así que en cada mal del hombre, pequeño o grande, él tiene un sollozo y continúa yendo errante para darse al hombre, y cuando en el huerto de Getsemaní se presentaron todos los pecados delante de mi Humanidad, cada culpa tenía un sollozo de mi amor, y todas las penas de mi Pasión, cada golpe de flagelo, cada espina, cada llaga, eran acompañados por el sollozo de mi amor, porque si el hombre me hubiera amado, ningún mal le podía venir; la falta de amor ha germinado todos los males y también mis mismas penas.

(3) Yo, al crear al hombre hice como un rey, que queriendo hacer feliz su reino toma un millón y lo pone a disposición de todos, para que quien quiera tome, pero a pesar de que está a disposición de todos, sólo alguno toma algunos centavos.  Ahora, el rey está ansioso de saber si los pueblos toman el bien que les quiere dar, y pregunta si su millón se ha agotado para poner otros millones, y le viene respondido:  “Majestad, apenas algún centavo”.  El rey siente dolor al oír que su pueblo no recibe sus dones ni los aprecia.  Entonces, saliendo en medio de sus súbditos empieza a ver, a quién cubierto de harapos, a quién enfermo, a quién en ayunas, a quién temblando de frío, a quién sin techo, y el rey en su dolor rompe en llantos y sollozos y dice:  “¡Ah!, si hubieran tomado de mi dinero no vería a ninguno que me haga deshonor cubiertos con harapos, sino bien vestidos; no vería enfermos sino sanos; no vería a ninguno en ayunas y casi muerto de hambre, sino satisfechos; si hubieran tomado mi dinero ninguno estaría sin techo, habrían podido muy bien construirse una casa para abrigarse”.  En suma, en cada desventura que ve en su reino él tiene un dolor, una lágrima, y llora sobre el millón que la ingratitud del pueblo le rechaza.  Pero es tanta la bondad de este rey, que a pesar de tanta ingratitud no retira ese millón, continúa dejándolo a disposición de todos, esperando que otras generaciones puedan tomar el bien que los otros han rechazado, y así recibir la gloria del bien que ha hecho a su reino.  Así hago Yo, mi amor que he sacado no lo retiraré, continuará yendo errante, su sollozo durará aún, hasta que encuentre almas que tomen de este mi amor hasta el último centavo, a fin de que cese mi llanto y pueda recibir la gloria de la dote del amor que he puesto fuera para bien de las criaturas.  ¿Pero sabes tú quienes serán las afortunadas que harán cesar el llanto al amor?  Las almas que vivirán en mi Querer, ellas tomarán todo el amor rechazado por las otras generaciones, con la potencia de mi Voluntad creadora lo multiplicarán cuanto quieran y por cuantas criaturas me lo han rechazado, y entonces cesará su sollozo, y en su lugar entrará la sonrisa de la alegría, y el amor satisfecho dará a esas afortunadas todos los bienes, y la felicidad que las demás no han querido”.

 

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14-2

Febrero 9, 1922

 

El cuerpo desgarrado de Jesús es el verdadero retrato del hombre

que comete pecado.  Jesús en la flagelación se hizo arrancar a

pedazos la carne, se redujo todo a una llaga para dar

nuevamente la vida al hombre.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, estaba siguiendo las horas de la Pasión y mi dulce Jesús, mientras lo acompañaba en el misterio de su dolorosa flagelación, se hacía ver todo descarnado, su cuerpo desnudo no sólo de sus vestiduras, sino también de su carne; sus huesos se podían numerar uno por uno; su aspecto era no sólo desgarrador sino horrible al verse, tanto que infundía temor, espanto, reverencia y amor a la vez.  Yo me sentía muda ante esta escena tan desgarradora, habría querido hacer no sé qué cosa para aliviar a mi Jesús, pero no sabía hacer nada, la vista de sus penas me daba la muerte, y Jesús todo bondad me ha dicho:

(2)“Querida hija mía, mírame bien para que conozcas a fondo mis penas.  Mi cuerpo es el verdadero retrato del hombre que comete pecado; el pecado lo despoja de la vestidura de mi gracia, y Yo para dársela nuevamente me hice despojar de mis vestidos; el pecado lo deforma, y mientras es la más bella criatura que salió de mis manos, se vuelve la más fea y da asco y horror.  Yo era el más bello de los hombres, y para darle de nuevo la belleza al hombre, puedo decir que mi Humanidad tomó la forma más fea; mírame cómo estoy horrible, me hice quitar la piel por los azotes y quedé irreconocible.  El pecado no sólo quita la belleza, sino que forma llagas profundas, putrefactas y gangrenosas que corroen las partes más íntimas, consumen los humores vitales, así que todo lo que el hombre hace en estado de pecado son obras muertas, esqueléticas, el pecado le arranca la nobleza de su origen, la luz de su razón y se vuelve ciego, y Yo para llenar la profundidad de sus llagas me hice arrancar a pedazos la carne, me reduje todo a una sola llaga, y con derramar a ríos mi sangre hice correr los humores vitales en su alma, para darle nuevamente la vida.  ¡Ah! si no tuviera en Mí la fuente de la vida de mi Divinidad, Yo habría muerto desde el principio de mi Pasión, porque a cada pena que me daban mi Humanidad moría, pero ella me restituía la vida.

(3)Ahora, mis penas, mi sangre, mis carnes arrancadas a pedazos están siempre en acto de dar vida al hombre, pero el hombre rechaza mi sangre para no recibir la vida, pisotea mis carnes para quedar llagado, ¡oh! cómo siento el peso de la ingratitud”.

(4)Y arrojándose en mis brazos ha roto en llanto.  Yo me lo he estrechado a mi corazón, pero Él lloraba fuertemente, ¡qué desgarro ver llorar a Jesús!  Habría querido sufrir cualquier pena para no hacerlo llorar.  Entonces lo he compadecido, le he besado sus llagas, le he secado las lágrimas, y Él como reconfortado ha agregado:

(5)“¿Sabes cómo hago Yo?  Como un padre que ama mucho a su hijo, y este hijo es ciego, deforme, tullido; y el padre que lo ama hasta la locura, ¿qué hace?  Se saca los ojos, se arranca las piernas, se quita la piel y se lo da todo al hijo y dice:  ‘Estoy más contento con quedar ciego, cojo, deforme, con tal que te vea a ti, hijo mío, que puedes ver, que puedes caminar, que eres bello”. ¡Oh, cómo está contento aquel padre porque ve a su hijo mirar con sus ojos, caminar con sus piernas y cubierto con su belleza!  ¿Pero cuál sería el dolor del padre si viera que su hijo, ingrato, arroja de sí los ojos, las piernas, la piel, y se contenta con permanecer feo como está?  Así soy Yo, en todo he pensado, pero ellos, ingratos, forman mi más acerbo dolor”.

 

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14-3

Febrero 14, 1922

 

El contento de Jesús cuando se escribe de Él.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hacía ver todo complacido y con un contento indescriptible, y yo le he dicho:  “¿Qué tienes Jesús?  ¿Buenas nuevas me traes que estás tan contento?”

(2)Y Jesús:  “Hija mía, ¿sabes por qué estoy tan contento?  Toda mi alegría, mi fiesta, es cuando te veo escribir, veo verter en las palabras escritas mi gloria, mi Vida, el conocimiento de Mí que se multiplica siempre más, la luz de la Divinidad, la potencia de mi Voluntad, el desahogo de mi amor, todo lo veo puesto en el papel, y Yo en cada palabra siento la fragancia de todos mis perfumes, después veo aquellas palabras escritas correr, correr en medio de los pueblos para llevar nuevos conocimientos, mi amor desbordante, los secretos de mi Querer; ¡oh! cómo me alegro por ello, tanto, que no sé que te haría cuando escribes; y conforme tú escribes cosas nuevas sobre Mí y sobre lo que se relaciona Conmigo, así Yo voy inventando nuevos favores para recompensarte, y me dispongo a decirte nuevas verdades para darte nuevos favores.

(3)Yo he amado siempre de más y he reservado gracias más grandes a quienes han escrito de Mí, porque ellos son la continuación de mi Vida evangélica, los portavoces de mi palabra, y lo que no dije en mi Evangelio, me lo reservé para decirlo a quien habría escrito de Mí.  Yo no terminé entonces de predicar, Yo debo predicar siempre, mientras existan las generaciones”.

(4)Y yo:  “Amor mío, escribir las verdades que Tú me dices es sacrificio, pero el sacrificio se siente más duro y casi no siento la fuerza cuando estoy obligada a escribir mis intimidades entre Tú y yo, y lo que se refiere a mí no sé qué haría para no ponerlo en el papel”.

(5)Y Jesús:  “Tú quedas siempre aparte, es siempre de Mí que tú hablas, de lo que te hago, del amor con el que te quiero y de hasta dónde llega mi amor por las criaturas.  Esto incitará a los demás a amarme, a fin de que también ellos puedan recibir el bien que te hago a ti, y además este mezclar a ti y a Mí al escribir es también necesario, de otra forma se podría decir:  ¿A quién ha dicho esto?  ¿Con quién ha sido tan magnánimo en favorecerla?  ¿Quizá al viento, al aire?  ¿No se dice en mi vida que Yo fui tan magnánimo con mi Mamá?  ¿Que hablé con los apóstoles, a las muchedumbres, y que sané a tal enfermo?  Entonces todo es necesario, y debes estar segura que en todo lo que escribes, es siempre a Mí a quien haces conocer”.

 

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14-4

Febrero 17, 122

 

El amor es la cuna del hombre.

 

(1) Me sentía oprimida por la privación de mi dulce Jesús y no hacía otra cosa que llamarlo, desearlo, pero en vano.  Entonces, después de haber esperado mucho, cuando ya no podía más, ha venido, y yo quién sabe cuántas cosas quería decirle, pero Él se elevó en alto sin darme tiempo, yo lo miraba y lo llamaba:  “Jesús, Jesús, ven”.  También Él me miraba y hacía llover de su persona un rocío sobre mí que me embellecía toda, y este rocío lo atraía hacia mí, de manera que se ha abajado hacia mí y me ha dicho:

(2) “Hija mía, el deseo de quererme ver rompe el velo que existe entre el tiempo y la eternidad, y el repetido deseo le da el vuelo para acercarse a Mí.  Mi amor está casi inquieto cuando veo que el alma me anhela y Yo no me hago ver, y solamente se calma cuando no sólo me hago ver, sino que le doy nuevos carismas y nuevas prendas de amor.  Mi amor está siempre en acto de querer dar nuevas prendas de amor a la criatura, y en cuanto veo que mi Voluntad toma la parte obrante, dirigente de darse a la criatura, mi amor hace fiesta, corre, vuela hacia ella, se hace cuna del hombre, y si ve que no reposa en su cuna, lo mece, le canta para hacerlo reposar y dormir en su seno, y mientras duerme él le da su aliento en la boca para darle nueva vida de amor.  Si ve, por su respiro entrecortado, que su corazón no es feliz, con el aliento que le da, mi amor le forma la cuna en el corazón para quitarle las amarguras, los estorbos, las molestias y hacerlo feliz de amor.  Y cuando se despierta, oh, cómo se alegra mi amor al verla renacida, feliz y llena de vida y le dice:  “Mira, te he arrullado en mi seno para darte reposo, he vigilado a tu lado en tu sueño para hacer que te despertaras fuerte, feliz y toda diferente de la que eras, ahora quiero ser cuna a tus pasos, a tus obras, a tus palabras, a todo, piensa que estás mecido por mí, y en la cuna de mi amor pon tu amor, a fin de que fundiéndonos nos hagamos felices recíprocamente, pero ten cuidado de poner alguna otra cosa, porque entonces me entristecería y me harías llorar amargamente”.

(3) Es mi amor lo que más se acerca al hombre, más bien es la cuna donde él ha nacido, si bien en mi Divinidad todo es armonía, como están en plena armonía los miembros al cuerpo.  Así como en el hombre la inteligencia toma la parte dirigente, pues es donde reside la voluntad del hombre, y si ella no quiere se puede decir que el ojo no ve, la mano no obra, el pie no camina; en cambio si quiere, el ojo ve, la mano obra, el pie corre, todos los miembros se ponen de acuerdo; así mi Divinidad, mi Voluntad toma la parte dirigente y todos los otros atributos se ponen en plena armonía para seguir lo que mi Querer quiere, así que concurre la sabiduría, la potencia, la ciencia, la bondad, etc., pero como todos mis atributos, si bien distintos ente ellos, viven en la fuente del amor, desbordan de amor, he aquí el por qué mientras es el amor el que corre, que obra, que se dona, todos mis otros atributos concurren junto.

(4) Además, lo que al hombre le es más necesario es el amor, el amor es como el pan a la vida natural, así que puede prescindir de la ciencia, de la potencia, de la sabiduría, porque a lo más son cosas que se necesitan en algún tiempo o circunstancia, ¿pero qué se diría si Yo hubiera creado al hombre y no lo amara?  Y además, ¿para qué crearlo si no debiera amarlo?  Esto me serviría para deshonor y sería una obra no digna de Mí, que no sé hacer otra cosa que amar; ¿y qué sería del hombre si no tuviera un principio de amor y no pudiera amar?  Sería un bruto y no sería digno ni de ser mirado, por eso en todo debe correr el amor, el amor debería correr en todas las acciones humanas como corre la imagen del rey en la moneda del reino; y si en la moneda no está impresa la imagen del rey, no es reconocida por moneda; así, si no corre el amor, no es reconocida por obra mía”.

 

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14-5

Febrero 21, 1922

 

El amor hace morir y vivir continuamente.

 

(1)Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, mi amor por la criatura me hacía morir a cada instante.  La naturaleza del verdadero amor es morir y vivir continuamente por la persona amada; el amor de quererla consigo le hace sentir la muerte, le procura un martirio, tal vez de los más dolorosos y prolongados, pero el mismo amor, más fuerte que la misma muerte, en el mismo instante que muere le da la vida, pero ¿para hacer qué cosa?  Para dar vida a la persona amada y formar con ella una sola vida, aquellas llamas tienen virtud de consumir una vida para fundirla en la otra.  Es propiamente esta la virtud de mi amor, hacerme morir, y de mi consumación formar tantas semillas para ponerlas en los corazones de todas las criaturas, para hacerme resurgir de nuevo y formar con ellas una sola vida Conmigo.

(3)Ahora, también tú puedes morir quién sabe cuántas veces por amor mío, y tal vez a cada instante, cada vez que me quieres ver y no me ves, tu voluntad siente la muerte de mi privación, pero en realidad, porque no viéndome, tu voluntad muere porque no encuentra la vida que busca, pero después de que en ese acto se ha consumado, Yo renazco en ti y tú en Mí y reencuentras así la vida querida por ti, pero para volver de nuevo a morir para vivir en Mí; así también si me deseas, tu deseo no satisfecho siente la muerte, pero haciéndome ver encuentra nuevamente su vida, y así tu amor, tu inteligencia, tu corazón, pueden estar en continuo acto de morir y vivir por Mí.  Si lo he hecho Yo por ti, es justo que tú lo hagas por Mí”.

 

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14-6

Febrero 24, 1922

 

Nuestra cruz sufrida en la Voluntad de

Dios se hace tan grande como la de Jesús.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús se hacía ver en el momento de tomar la cruz para ponerla sobre su santísimo hombro, y me ha dicho:

(2)“Hija mía, cuando recibí la cruz la miré de arriba a abajo para ver el lugar que tomaba en mi cruz cada alma, y entre tantas, miré con más amor y puse atención especial a aquéllas que habrían estado resignadas y habrían hecho vida en mi Voluntad, las miré y vi su cruz ancha y larga como la mía, porque mi Voluntad suplía a lo que a su cruz le faltaba, y la alargaba y ensanchaba como la mía.  ¡Oh! cómo sobresalía tu cruz larga, larga por tantos años de cama, sufrida sólo para cumplir mi Voluntad.  La mía era sólo para cumplir la Voluntad de mi Padre Celestial, la tuya para cumplir la mía; una hacía honor a la otra, y como una y otra contenían la misma medida se  confundían juntas.

(3)Ahora, mi Voluntad tiene la virtud de ablandar la dureza, de endulzar la amargura, de alargar y ensanchar las cosas pequeñas, por eso cuando sentí la cruz sobre mi hombro, sentí también la suavidad, la dulzura de la cruz de las almas que habrían sufrido en mi Querer, ¡ah! mi corazón tuvo un respiro de alivio, y la suavidad de las cruces de ellas hizo adaptar la cruz sobre mi hombro, y se hundió tanto que me hizo una llaga profunda, y si bien me dio un dolor acerbo, sentía al mismo tiempo la suavidad y la dulzura de las almas que habrían sufrido en mi Querer.  Y como mi Voluntad es eterna, su sufrir, sus reparaciones, sus actos, corrían en cada gota de mi sangre, corrían en cada llaga, en cada ofensa; mi Querer las hacía encontrarse como presentes a las ofensas pasadas, desde que el primer hombre pecó; a las presentes y a las futuras; eran propiamente ellas las que me daban nuevamente los derechos de mi Querer, y Yo, por amor de ellas decretaba la Redención, y si los demás toman parte de Ella, es por causa de éstas que pueden hacerlo.  No hay bien que Yo conceda, ni en el Cielo ni en la tierra, que no sea por causa de ellas.”

 

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14-7

Febrero 26, 1922

 

Jesús nos cubrió de belleza en la Redención.

 

(1)Estaba pensando en el gran bien que el bendito Jesús nos ha hecho con redimirnos, y Él todo bondad me ha dicho:

(2)“Hija mía, Yo creé a la criatura bella, noble, de origen eterno y divino, plena de felicidad y digna de Mí; el pecado la derribó de esta altura y la hizo caer hasta el fondo, la desnobleció, la deformó y la volvió la criatura más infeliz, sin poder crecer, porque el pecado le impedía el crecimiento y la cubría de llagas, que daba horror el sólo verla.  Ahora, mi Redención rescató a la criatura de la culpa, y mi Humanidad no hizo otra cosa que, como una tierna madre con su recién nacido, que no pudiendo tomar otro alimento, para dar la vida a su bebé, se abre el seno, pone a su pecho a su niño, y de su sangre convertida en leche le suministra el alimento para darle la vida.  Más que madre mi Humanidad se hizo abrir en Sí misma, a golpes de látigo, tantos orificios, casi como tantos pechos que hacían salir ríos de sangre para hacer que mis hijos, pegándose a ellos pudieran chupar el alimento para recibir la vida y desarrollar su crecimiento, y con mis llagas cubría su deformidad y los volvía más bellos que al principio, y si al crearlos los hice cielos tersísimos y nobles, en la Redención los adorné tachonándolos con las estrellas brillantísimas de mis llagas para cubrir su fealdad y volverlos más bellos; en sus llagas y deformidad Yo ponía los diamantes, las perlas, los brillantes de mis penas, para ocultar todos sus males y vestirlos con tal magnificencia de superar el estado de su origen, por eso con razón la Iglesia dice:  ‘Feliz culpa’, porque por la culpa vino la Redención, y mi Humanidad no sólo los alimentó con su sangre, no sólo los vistió con su misma Persona y los adornó con su misma belleza, sino que mis pechos están siempre llenos para alimentar a mis hijos.  ¿Cuál no será la condena de aquellos que no quieren pegarse a ellas para recibir la vida y crecer, y para ser cubiertos en su deformidad?”

 

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14-8

Marzo 1, 1922

 

Cómo Jesús queda encadenado por el alma

que hace su Voluntad, y el alma por Jesús.

 

(1)Estaba muy afligida por la privación de mi dulce Jesús, y después de mucho esperar ha venido, y de sus llagas hacía correr su sangre alrededor de mi cuello y sobre mi pecho, y conforme caían sobre mí esas gotas de sangre se formaban como tantos rubíes brillantísimos, que formaban el más bello de los adornos.  Y Jesús me miraba y me ha dicho:

(2)“Hija mía, cómo te queda bien el collar de mi sangre, cómo te embellece, mira, mira tú misma cómo te hace aparecer bella”.

(3) Y Yo, un poco molesta porque me había hecho esperar tanto he dicho:

(4)“Amor mío y vida mía, ¡oh! cuánto quisiera por collar tu brazo estrechado a mi cuello, eso sí me agradaría, porque sentiría la vida y me aferraría tanto a Ti, que no te dejaría más huir.  Tus cosas, es verdad, son bellas, pero cuando las separas de Ti yo no te encuentro a Ti, no encuentro la vida, y a pesar de tener tus cosas mi corazón delira, desvaría y sangra por el dolor, porque Tú no estás conmigo.  ¡Ah! si supieras en qué tortura me pones cuando no vienes, tendrías más cuidado de no hacerme esperar tanto”.

(5)Y Jesús todo enternecido ha circundado mi cuello con su brazo, tomándome una mano en la suya, y ha agregado:

(6)“Lo sé, sé cuánto sufres, y para contentarte he aquí mi brazo como collar alrededor de tu cuello, ¿no estás ahora contenta?  Debes saber que a quien hace mi Voluntad no puedo hacer menos que contentarla, porque conforme respira así forma el aire de mi Querer en torno a Mí, de modo que no sólo me ciñe el cuello, sino toda la vida, y Yo quedo como encadenado e impedido por el alma con la misma fuerza de mi Voluntad, pero esto no me disgusta, más bien por el gran contento que siento, la encadeno a ella, y si tú no sabes estar sin Mí, son mis cadenas, mis grilletes que te tienen tan estrechada, que basta un momento sin Mí para darte un martirio tan doloroso, que no hay otro igual.  Pobre hija, pobre hija, tienes razón, Yo tendré cuenta de todo, pero no te dejo, más bien me encierro en ti para gozarme el aire de mi Querer que me formas tú misma, porque aire de mi Voluntad es tu latido, tu pensamiento, tu deseo, tu movimiento, y Yo en este aire encontraré mi apoyo, mi defensa y el más bello reposo sobre tu pecho”.

 

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14-9

Marzo 3, 1922

 

El Agricultor Celestial siembra su palabra.

 

(1) Continuando mi habitual estado, mi dulce Jesús vino pero sin decirme nada, todo taciturno y sumamente afligido, y le dije:

(2) “¿Qué tienes Jesús que no hablas?  Tú me eres vida, tu palabra me es alimento, y yo no puedo estar en ayunas, soy muy débil y siento la necesidad continua del alimento para crecer y mantenerme fuerte”.

(3) Y Jesús todo bondad me ha dicho:  “Hija mía, también Yo siento la necesidad de un alimento, y después de que te he alimentado con mi palabra, esa misma palabra masticada por ti, habiéndose convertido en sangre, germina el alimento para Mí, y si tú no puedes estar en ayunas, tampoco Yo quiero estar en ayunas, quiero la correspondencia del alimento que te he dado, y después volveré de nuevo a alimentarte.  Siento mucha hambre, pronto, quítame el hambre”.

(4) Yo he quedado confundida y no sabía qué darle, porque nunca he tenido nada, pero Jesús con sus dos manos tomaba mi latido, mi respiro, mis pensamientos, los afectos, los deseos, cambiados en tantos globitos de luz, y se los comía diciendo:

(5) “Esto es el fruto de mi palabra, es cosa mía, es justo que me los coma”.

(6) Entonces parecía que tomaba un poco de reposo, y después ha agregado”.

(7) “Hija mía, ahora conviene que me ponga de nuevo al trabajo, para trabajar el terreno de tu alma, para poder sembrar la semilla de mi palabra para alimentarte.  Yo hago como el campesino cuando quiere sembrar su terreno, forma las zanjas, hace los surcos y después arroja la semilla en ellos, luego regresa a cubrir de tierra las zanjas y los surcos donde ha arrojado la semilla, para tenerla defendida y darle tiempo para hacerla germinar, para recogerla centuplicada para hacer de ella su alimento, pero debe estar atento a no ponerle mucha tierra, de otra manera sofocaría su semilla y la haría morir bajo tierra y él correría peligro de quedarse en ayunas.  Así hago Yo, preparo las zanjas, formo los surcos, ensancho la capacidad de su inteligencia para poder sembrar mi palabra divina, y así poder formar el alimento para Mí y para ella, después cubro las zanjas y los surcos de tierra, y esta tierra es la humildad, la nada, el aniquilamiento del alma, alguna pequeña debilidad o miseria, esto es tierra y es necesario que la tome de ella, porque a Mí me falta esta tierra y así cubro todo y espero con alegría mi cosecha.  Ahora, ¿quieres saber qué pasa cuando sobre mi semilla se pone mucha tierra?  Cuando el alma siente sus miserias, sus debilidades, su nada, y se aflige, piensa tanto en esto que pierde el tiempo y el enemigo se sirve de ello para arrojarla en la turbación, en la desconfianza y en el abatimiento; todo esto es tierra de más sobre mi semilla.  ¡Oh, cómo mi semilla se siente morir, cómo se le dificulta germinar bajo esta tierra!  Muchas veces estas almas cansan al Agricultor Celestial y él se retira.  ¡Oh! cuántas de estas almas hay”.

(8) Y yo:  “Amor mío, ¿soy yo una de esas?”

(9) Y Él:  “No, no, quien hace mi Voluntad no está sujeto a poder formar tierra para sofocar mi semilla, es más, muchas veces no se encuentra ni siquiera la humildad, sino solo su nada que produce poca tierra, y apenas una capa puedo poner sobre mi semilla, y el Sol de mi Voluntad la fecunda y pronto germina, y Yo hago grandes cosechas y regreso pronto para arrojar mi semilla, y puedes estar segura de esto, ¿no ves cómo vuelvo continuamente a sembrar nuevas semillas de verdad en tu alma?”

(10) Ahora, mientras esto decía, sobre el rostro de Jesús se veía una tristeza, y tomándome de la mano me ha transportado fuera de mí misma y me hacía ver diputados y ministros, todos trastornados y como si ellos mismos hubieran preparado un gran fuego, en el cual quedaban envueltos en las llamas; se veían los jefes sectarios, que cansados de esperar, de maldecir contra la Iglesia, o querían ser dejados libres para iniciar luchas sangrientas contra Ella, o bien se querían retirar de gobernar, veían faltarles el piso bajo sus pies, tanto por finanzas como por otras cosas, y para no hacer el ridículo querían retirarse de regir la suerte de la nación, ¿pero quién puede decirlo todo?  Y Jesús, todo doliente ha dicho:

(11) “Terribles, terribles son los preparativos, quieren hacerlo todo sin Mí, pero todo servirá para confundirlos”.

 

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14-10

Marzo 7, 1922

 

Las palabras de Jesús están llenas de verdad y de luz, y llevan consigo

la sustancia y la virtud de transmutar al alma en la misma verdad,

en la misma luz, y en el mismo bien que contienen.

 

(1)Estaba pensando en lo que está escrito y decía entre mí:  “¿Es realmente Jesús el que me habla, o bien es un juego del enemigo y de mi fantasía?”  Y Jesús al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, mis palabras están llenas de verdad y de luz, y llevan consigo la sustancia y la virtud de trasmutar al alma en la misma verdad, en la misma luz y en el mismo bien que contienen, de modo que el alma no sólo conoce la verdad, sino que siente en ella la sustancia de obrar según la verdad que ha conocido, además, mis verdades están llenas de belleza y de atractivos, de modo que el alma arrobada por su belleza se hace raptar por ellas.  En Mí todo es orden, armonía y belleza, mira, creé el cielo y podía bastar él solo, pero no, lo quise adornar de estrellas, casi cubriéndolo de belleza para hacer que el ojo humano pudiera gozar más de las obras de su Creador; creé la tierra y la adorné con tantas plantas y flores; ninguna cosa creé que no tuviera su ornamento, y si esto es en el orden de las cosas creadas, mucho más en mis verdades que tienen su sede en mi Divinidad, que mientras parece que llegan al alma, son como rayos solares que mientras tocan y calientan la tierra, pero jamás se separan del centro del sol, y el alma queda tan enamorada de mis verdades que le resulta casi imposible, aun a costa de la propia vida, el no poner en práctica la verdad que ha conocido.  En cambio cuando es el enemigo o especulaciones de la fantasía quienes quieren hablar de verdad, no llevan ni luz ni sustancia, ni belleza, ni aliciente, son verdades vacías, sin vida, y el alma no siente la gracia de sacrificarse para practicarlas, pero las verdades que te dice tu Jesús están llenas de vida y de todo lo que mis verdades contienen, ¿por qué dudas?”

 

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14-11

Marzo 10, 1923

Quien hace la Divina Voluntad es reina de todo.

 

(1)Estaba haciendo las horas de la Pasión, y según mi costumbre me volcaba en el Santo Querer de Dios, ofreciéndolas para bien de todos, pero mi voluntad como si quisiera apropiárselas, frecuentemente decía:  “Jesús mío, en modo especial para ayuda, para alivio, para liberación de aquella alma”.  Y mi dulce Jesús reprendiéndome me ha dicho:

(2)“Hija mía, todo lo que se hace en mi Voluntad es como sol que se difunde a todos, y conforme se reza en mi Voluntad, se ofrece mi sangre, mis penas, mis llagas, todo se convierte en tantos rayos de luz que se difunden a todos, descienden con rapidez en la más profunda cárcel del purgatorio y convierten sus penas y tinieblas en luz; entonces la cosa es siempre igual para todos, y si hubiera diferencia, jamás será por parte de quien dona, sino por parte de quien recibe, según las disposiciones de cada una.  Sucede como con el sol, que da la luz a todos igualmente, toca y calienta un punto de terreno como el otro, ¿pero quién saca provecho de esto?  Quien trabaja.  ¿Qué terreno produce el fruto?  Donde fue arrojada la semilla, el otro con toda la luz del sol queda infecundo; por lo tanto la especialidad en mi Voluntad no existe, de por sí misma corre, se difunde y se quiere dar a todos, quien quiere toma de Ella”.

(3)Yo he quedado afligida al oír esto, y Jesús ha agregado:

(4)“¡Ah! Tú quisieras hacer como el sol si quisiera concentrar en un punto más fuertemente su luz, su calor, para poder calentarlo e iluminarlo tanto, de convertir aquel punto en el mismo sol, mientras hace su curso regular sobre todas las otras cosas”.

(5)Y yo:  “Sí, sí, es propiamente esto, es el peso de la gratitud que siento lo que me empuja a esto”.  Jesús ha sonreído al oírme, y ha continuado:

(6)“Si es así, hazlo entonces, pero tú debes saber que como mi Voluntad domina todo, se encuentra por todas partes, sostiene a todos, es conocida por el Cielo, por la tierra y hasta por los demonios, no hay ninguno que pueda oponerse a Ella.  Así el alma que hace mi Voluntad debe dominar todo, encontrarse por todas partes, sostener todo, y quiero que sea conocida por todos”.

(7)Y yo:  “Amor mío, yo no soy conocida por ninguno”.

(8)Y Él:  “Cómo, ¿no te conoce ninguno?  Te conocen todos los santos y ángeles, uno por uno, y con ansia esperan tu obrar en mi Querer, como nota divina y la más armoniosa que corre sobre todo lo que han hecho en vida, para darles mayor esplendor y contento; te conocen todas las almas purgantes, sintiendo sobre de ellas el continuo refrigerio que lleva el obrar en mi Querer; te conocen los demonios por la fuerza de mi Voluntad que sienten en ti; y si la tierra no te conoce aún, te conocerá dentro de poco.  Para quien hace mi Voluntad, sucede y hago como hice con mi Madre Celestial, que la constituí Reina de todo y ordené a todos que la reconocieran y la honraran como a su Reina, y a Ella le encargué que aplastara con su pie la cabeza del dragón infernal; así hago con quien vive en mi Voluntad, todo está bajo su dominio, y no hay bien que de ellos no venga”.

 

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14-12

Marzo 13, 1922

 

El gran bien que lleva el oír las verdades.

 

(1)Encontrándome fuera de mí misma, me he encontrado en medio de un valle florido en el cual he encontrado a mi confesor difunto, muerto el día 10 del corriente,[2] y según su costumbre de cuando vivía acá abajo me ha dicho:

(2)“Dime:  ¿qué te ha dicho Jesús?”

(3)Y yo:  “Me ha hablado en mi interior, con palabras no me ha dicho nada, y usted sabe que las cosas que escucho en mi interior no las tomo en cuenta”.

(4)Y él:  “Quiero oír también lo que te ha dicho en tu interior”.

(5)Y yo, como obligada, me ha dicho:

(6)“Hija mía, te llevo en mis brazos; mis brazos te servirán de barquita para hacerte navegar en el mar interminable de mi Voluntad, tú, después, conforme hagas tus actos en mi Querer formarás las velas, el mástil, el ancla, que servirán no sólo como adorno de la barquita, sino para hacerla caminar con más velocidad.  Es tanto el amor que tengo a quien vive en mi Querer, que la llevo en mis brazos sin dejarla jamás”.

(7)Pero mientras esto decía he visto los brazos de Jesús en forma de barquita, y yo en medio de ella.  El Confesor al oír esto me ha dicho:

(8)“Debes saber que cuando Jesús te habla y te manifiesta sus verdades, son rayos de luz que llueven sobre ti, después tú, cuando me las manifestabas a mí, no teniendo su virtud, me las manifestabas a gotas, y mi alma quedaba toda llena de aquellas gotas de luz, y aquella luz me incitaba más y me daba más deseos de escuchar otras verdades para poder recibir más luz, porque las verdades llevan el perfume celestial, la sensación divina, y esto sólo al oírlas, ¿qué será para el que las practique?  Es por esto que amaba y deseaba tanto escuchar lo que te decía Jesús, y quería decirlo a los demás, era la luz, el perfume que sentía y quería que otros tomaran parte en ello.  ¡Si supieras el gran bien que ha recibido mi alma al escuchar las verdades que te decía Jesús!  Cómo todavía gotea luz y expande perfume celestial, que no sólo me da refrigerio, sino que me sirve de luz a mí, y a quien está cerca de mí, y conforme tú haces tus actos en el Querer Divino, yo tomo parte especial, porque me siento la semilla que tú pusiste en mí de su Querer Santísimo”.

(9)Y yo:  “Déjeme ver su alma, como es que gotea luz.”  Y él abriéndose por la parte del corazón me hacía ver su alma toda chorreando luz; esas gotas se unían, se separaban, una corría sobre la otra, era muy bello verlo.

(10)Y él:  “¿Has visto?  ¡Cómo es bello escuchar las verdades!  Quien no escucha las verdades gotea tinieblas que dan horror”.

 

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14-13

Marzo 16, 1922

 

Vivir en la Divina Voluntad no tiene nada de grande

exteriormente, todo se desenvuelve entre el alma y Dios.

 

(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando entre mí:  “Me siento la más mala de todos, sin embargo mi dulce Jesús me dice que sus designios sobre mí son grandes, que la obra que realiza en mí es tan importante que no quiere confiarla ni siquiera  a los ángeles, sino que Él mismo quiere ser el custodio, el actor y el espectador, pero, ¿qué cosa hago de grande?  Nada, mi vida externa es tan ordinaria que hago menos que los demás”.  Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, interrumpiendo mi pensamiento me ha dicho:

(2) “Hija mía, se ve que sin tu Jesús no sabes pensar, ni decir otra cosa que disparates, tampoco mi querida Mamá hacía nada de extraordinario en su vida exterior, es más, aparentemente hizo menos que cualquier otro, Ella se abajaba a las acciones más ordinarias de la vida, hilaba, cosía, barría, encendía el fuego, ¿quién habría pensado que Ella era la Madre de Dios?  Sus acciones externas nada hacían entreverlo, y cuando me llevó en su seno, conteniendo en Ella al Verbo Eterno, cada movimiento suyo, cada acción humana de Ella obtenía adoración de todo lo creado, de Ella salía la vida y la conservación de todas las criaturas, el sol dependía de Ella y de Ella esperaba la conservación de su luz y de su calor, la tierra el desarrollo de la vida de las plantas, todo giraba en torno a Ella, Cielos y tierra estaban pendientes de sus indicaciones, sin embargo ¿quién veía algo?  Nadie.  Toda su grandeza, potencia y santidad, los mares inmensos de bienes que de Ella salían era de su interior; cada latido suyo, respiro, pensamiento, palabra, eran un desahogo en su Creador.  Entre Ella y Dios había continuas corrientes que recibía y daba, nada salía de Ella que no hiriese a su Creador y en lo que no quedase herida por Él.  Estas corrientes la engrandecían, la elevaban, la hacían superar todo, pero nadie veía nada, sólo Yo, su Dios e Hijo estaba al corriente de todo; entre Yo y mi Mamá corría tal corriente, que su latido corría en el mío y el mío corría en el suyo, así que Ella vivía de mi latido eterno y Yo de su latido materno, por eso, nuestras vidas se confundían juntas, y era precisamente esto lo que ante Mí la hacía distinguirse como mi Madre.  Las acciones externas no me satisfacen, ni me agradan, si no parten de un interior del que Yo formo la vida.

(3) Entonces, ¿por qué te maravillas de que tu vida externa sea del todo ordinaria?  Es mi costumbre cubrir con las cosas más ordinarias mis obras más grandes, a fin de que nadie me las señale, y Yo quedo más libre para obrar, y cuando he realizado todo, entonces doy la sorpresa y las manifiesto a todos, haciendo maravillarse a todos.  Es cierto que la obra que hago en ti es grande, ¿te parece poco que haga correr todos tus actos en la corriente de mi Querer, y la corriente de mi Querer corra en los tuyos, y mientras estas corrientes corren, forman un solo acto con todos los actos de las criaturas, haciendo correr sobre todos un Querer Divino, haciéndose actor de cada acto de cada uno, sustituyendo por todos un acto divino, un amor, una reparación, una gloria divina y eterna?  ¿Y te parece poco que la corriente de una voluntad humana esté en continua relación con una Voluntad Divina, y que una desemboque en la otra?  Hija mía, lo que te recomiendo es que seas atenta y me sigas fielmente”.

(4) Y yo:  “Amor mío, en estos días han sido tantas las circunstancias, que me sentía distraída”.

(5) Y Él:  “Por eso sé atenta, porque cuando lo que haces no corre en mi Querer, sucede como si el sol detuviese su curso, y cuando estás distraída formas las nubes delante del sol, y tú quedas oscurecida; pero cuando las distracciones son involuntarias, basta un acto fuerte y decidido de tu voluntad de correr en mi Querer, para hacer poner en camino al sol, y como un rápido vientecillo poner en fuga las nubes, para hacer resplandecer más bello el Sol de mi Querer”.

 

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14-14

Marzo 18, 1922

 

La culpa encadena al alma y le impide hacer el bien.

 

(1)Estaba acompañando a mi dulce Jesús en sus penas de la Pasión, y Él haciéndose ver me ha dicho:

(2)“Hija mía, la culpa encadena al alma y le impide hacer el bien:  La mente siente la cadena de la culpa y queda impedida para comprender el bien, la voluntad siente la cadena que la ata y se siente entorpecida, y en lugar de querer el bien quiere el mal, el deseo encadenado siente que le cortan las alas para volar a Dios.  ¡Oh, cómo me da compasión ver al hombre encadenado por sus mismas culpas!  He aquí por qué la primera pena que quise sufrir en la Pasión fueron las cadenas, quise estar atado para liberar al hombre de sus cadenas.  Aquellas cadenas que Yo sufrí se convirtieron, en cuanto me tocaron, en cadenas de amor, las cuales tocando al hombre quemaban y rompían las suyas y lo ataban con mis amorosas cadenas.  Mi amor es operativo, no sabe estar si no obra, por eso para todos y para cada uno preparé lo que se necesita para rehabilitarlo, para sanarlo, para embellecerlo de nuevo, todo hice a fin de que si se decide encuentre todo preparado y a su disposición, por eso tengo listas mis cadenas para quemar las suyas; los pedazos de mi carne para cubrir sus llagas y adornarlo de belleza; mi sangre para darle nuevamente la vida; todo lo tengo listo.  Tengo en reserva para cada uno lo que se necesita, mi amor quiere darse, quiere obrar, siento una intranquilidad, una fuerza irresistible que no me da paz si no doy, ¿y sabes qué hago?  Cuando veo que ninguno toma, concentro mis cadenas, los pedazos de mi carne, mi sangre, en quien los quiere y me ama, y lo cubro de belleza, envolviéndolo todo con mis cadenas de amor, le centuplico la vida de gracia, y así mi amor se desahoga y se tranquiliza”.

(3)Pero mientras esto decía, yo veía que sus cadenas, los pedazos de su carne, su sangre, corrían sobre mí, y Él se divertía aplicándolos sobre de mí y envolviéndome toda.  ¡Cómo es bueno Jesús, sea siempre bendito!  Después ha regresado y ha agregado:

(4)“Hija mía, siento la necesidad de que la criatura repose en Mí y Yo en ella, ¿pero sabes cuando la criatura reposa en Mí y Yo en ella?  Cuando su inteligencia piensa en Mí y me comprende, ella reposa en la inteligencia de su Creador, y la del Creador encuentra su reposo en la mente creada; cuando la voluntad humana se une con la Voluntad Divina, las dos voluntades se abrazan y reposan juntas; si el amor humano se eleva sobre todas las cosas creadas y ama sólo a su Dios, ¡qué bello reposo encuentran mutuamente Dios y el alma!  Quien da reposo, lo encuentra, Yo le hago de lecho y la tengo en el más dulce sueño, estrechada entre mis brazos, por eso ven y reposa en mi seno”.

 

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14-15

Marzo 21, 1922

 

El doble sello del Fiat en todas las cosas creadas.

 

(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando en el Santo Querer Divino, y mi siempre adorable Jesús me ha estrechado entre sus brazos, y suspirando fuerte yo sentía su aliento que me penetraba hasta en el corazón, y después me ha dicho:

(2) “Hija de mi Querer, mi aliento omnipotente te da la vida de mi Querer, porque a quien hace mi Voluntad mi Querer le suministra su aliento por vida, y conforme le da el aliento le aleja todo lo que no pertenece a Mí, y ella no respira otra cosa que el aire de mi Voluntad, y así como el aire que se respira se recibe y se saca, así el alma es un continuo recibirme a Mí, y un darse en cada respiro a Mí.

(3) Sobre todo lo creado aletea mi Voluntad, no hay cosa en la que mi Querer no tenga su sello; en cuanto pronuncié el Fiat al crear las cosas, mi Querer tomó sobre ellas el dominio y se hizo vida y conservación de todas las cosas.  Ahora, este mi Querer quiere que todas las cosas sean encerradas en Él, para recibir la correspondencia de sus mismos actos nobles y divinos, quiere ver aletear sobre todos los actos humanos el aire, el viento, el perfume, la Luz de su Querer, de manera que aleteando juntos los actos suyos con los de la criatura, se confundan y formen una sola cosa.  Esto fue el único fin de la Creación, que las emanaciones de los quereres fueran continuas; lo quiero, lo pretendo, lo espero, por eso tengo tanta premura de que se conozca mi Querer, su valor y sus efectos, para hacer que las almas que vivan en mi Querer, con sus emanaciones continuas en mi Voluntad, conforme hagan sus actos, como aire los difundirán sobre todo, se multiplicarán en todos los actos humanos, invistiendo y cubriendo todo, como actos de mi Voluntad, y entonces tendré la finalidad de la Creación, mi Voluntad se reposará en ellas y formará la nueva generación, y todas las cosas creadas tendrán el doble sello de mi Querer:  El Fiat de la Creación y el eco de mi Fiat de las criaturas”.

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14-16

Marzo 24, 1922

 

Quien vive en la Divina Voluntad, con sus actos suplirá

a la multiplicación de la Vida Sacramental de Jesús.

 

(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me ha dicho:

(2) “Hija mía, conforme el alma hace sus actos en mi Querer, así multiplica mi Vida, de manera que si hace diez actos en mi Voluntad, diez veces me multiplica; si hace veinte, cien, mil, o aún más, tantas veces de más quedo multiplicado.  Sucede como en la Consagración Sacramental, cuantas hostias ponen, tantas veces quedo multiplicado, la diferencia que hay es que en la Consagración Sacramental tengo necesidad de las hostias para multiplicarme y del sacerdote que me consagre.  En mi Voluntad para quedar multiplicado, tengo necesidad de los actos de la criatura, donde más que hostia viva, no muerta como las hostias antes de Consagrarme, mi Voluntad me Consagra y me encierra en el acto de la criatura, y Yo quedo multiplicado en cada acto suyo hecho en mi Voluntad, por eso mi amor tiene su desahogo completo con las almas que hacen mi Voluntad y viven en mi Querer, son siempre ellas las que suplen no sólo a todos los actos que me deben las criaturas, sino a mi misma Vida Sacramental.  Cuántas veces queda obstaculizada mi Vida Sacramental en las pocas hostias en las que Yo quedo consagrado, porque son pocos los que comulgan, otras veces faltan sacerdotes que me consagren, y mi Vida Sacramental no sólo no queda multiplicada cuanto quisiera, sino que queda sin existencia.  ¡Oh! cómo sufre por ello mi amor, quisiera multiplicar mi Vida todos los días en tantas hostias por cuantas criaturas existen para darme a ellas, pero en vano espero, mi Voluntad queda sin efecto.  Pero lo que he decidido, todo tendrá cumplimiento, por eso tomo otro camino y me multiplico en cada acto de la criatura hecho en mi Querer, para hacerme suplir a la multiplicación de las Vidas Sacramentales.  Ah, sí, sólo las almas que vivan en mi Querer suplirán a todas las comuniones que no reciben las criaturas, a todas las consagraciones que no son hechas por los sacerdotes; en ellas encontraré todo, aun la misma multiplicación de mi Vida Sacramental.  Por eso te repito que tu misión es grande, a misión más alta, más noble, sublime y divina no podría escogerte, no hay cosa que no concentraré en ti, aun la multiplicación de mi Vida, haré nuevos prodigios de gracia jamás hechos hasta ahora; por eso te pido, sé atenta, seme fiel, haz que mi Voluntad tenga vida siempre en ti, y Yo en mi mismo Querer en ti, encontraré toda completada la obra de la Creación, con mis plenos derechos, y todo lo que quiero”.

 

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14-17

Marzo 28, 1922

 

Todo lo que Jesús hizo en la tierra, está en

continua actitud de darse al hombre.

 

(1)Continuando mi habitual estado, estaba fundiéndome toda en el Santo Querer de mi amable Jesús, y Él me ha dicho:

(2)“Hija de mi Querer, si supieras los portentos, los prodigios que suceden cuando te fundes en mi Querer, tú quedarías estupefacta; escucha un poco:  Todo lo que Yo hice sobre la tierra está en continua actitud de darse al hombre, haciéndole corona: Mis pensamientos forman corona en torno a la inteligencia de la criatura, mis palabras, mis obras, mis pasos, etc., forman corona en torno a sus palabras, a sus obras y a sus pasos, a fin de que entrelazando sus cosas con las mías pueda decir a mi Padre Celestial que su obrar es como el mío.  Ahora, ¿quién toma esta mi actitud continua?  ¿Quién se deja entrelazar por mis obras con las que coroné a toda la familia humana?  Quien vive en mi Querer.  Conforme tú fundías tus pensamientos en mi Querer, mis pensamientos que te hacían corona sentían el eco de los míos en tu mente, y fundiéndose junto con los tuyos, multiplicaban los tuyos con los míos y formaba una doble corona en torno a la inteligencia humana, y mi Padre recibía no sólo de Mí, sino también de ti la gloria divina por parte de todas las inteligencias creadas, y así de las palabras y de todo lo demás.  Y no sólo por parte de las criaturas rescata esta gloria divina, sino por parte de todas las otras cosas creadas, porque todas las cosas fueron creadas para hacer correr continuo amor hacia el hombre, y el hombre por justicia debería dar por cada cosa creada, homenaje, amor a su Creador.  Ahora, ¿quién suple a esto?  ¿Quién hace suyo este Fiat por el cual todas las cosas fueron hechas, para difundir sobre todo un homenaje, una adoración, un amor Divino a su Creador?  ¡Quien vive en mi Querer!  Casi a cada palabra suya hace suyo aquel Fiat Omnipotente, el eco del Fiat eterno hace eco en su Fiat Divino en el cual vive y se difunde, corre, vuela, y en cada cosa creada imprime otro Fiat, y da nuevamente a su Creador el homenaje, el amor por Él queridos.  Esto lo hice Yo cuando estuve en la tierra, no hubo cosa alguna por la que Yo no correspondiera a mi Divino Padre por parte de todas las criaturas; ahora lo hace, lo quiero, lo espero, de quien vive en mi Querer.  Si tú vieras cómo es bello ver en cada parpadeo de estrella, en cada gota de luz del sol mi gloria, mi amor, mi profunda adoración unida a la tuya, ¡oh! cómo corre, cómo vuela sobre las alas de los vientos llenando toda la atmósfera, cómo recorre las aguas del mar, cómo se apoya en cada planta, en cada flor, cómo se multiplica en cada movimiento; es una voz que hace eco sobre todo y dice:  ‘Amor, gloria, adoración a mi Creador’.  Por eso quien vive en mi Voluntad es el eco de mi voz, la repetidora de mi Vida, la perfecta gloria de mi Creación, ¿cómo no debo amarla?  ¿Cómo no debo darle todo lo que debería dar a todas las otras criaturas juntas, y hacerla tener el primado sobre todo?  ¡Ah! mi amor se metería en estrechuras si  no lo hiciera!”

 

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14-18

Abril 1, 1922

 

El momento más humillante de la Pasión de Jesús fue el ser vestido

y tratado como loco.  Cada pena que sufrió Jesús, no era otra cosa

que el eco de las penas que merecían las criaturas.

 

(1)Paso días amarguísimos por la privación de mi dulce Jesús, y si se hace ver es casi como rayo que huye.  ¡Qué pena!  ¡Qué desgarro!  Mi mente era molestada por el pensamiento de que no habría regresado más mi vida, mi todo.  ¡Ah, todo para mí ha terminado!  ¿Qué haré para volverlo a encontrar?  ¿A quién me dirigiré?  ¡Ah! nadie se mueve a piedad de mí.  Mientras esto y más pensaba, mi amable Jesús ha venido y me ha dicho:

(2)“Pobre hija mía, pobre hija mía, cuánto sufres, tu estado doloroso sobrepasa al mismo estado de las almas purgantes, porque si éstas están privadas de Mí, son las culpas con las que se ven ensuciadas las que les impiden verme y ellas mismas no osan venir ante Mí, porque frente a mi Santidad infinita no hay pequeño defecto que pueda resistir mi presencia; y si esto lo permitiera, que estuvieran sucias ante Mí, para ellas sería el más grande tormento, que superaría las mismas penas del infierno.  La más grande tortura que podría dar a un alma, sería tenerla manchada ante Mí, y Yo para no torturarla mayormente la dejo purgar primero y después la admito en mi presencia.  Pero entre Yo y la pequeña hija de mi Querer no son las culpas las que me impiden hacerme ver, es mi justicia que se interpone entre Yo y ella, por eso tu pena de no verme supera cualquier pena.  Pobre hija, ánimo, te ha tocado mi misma suerte, cómo son terribles las penas de la justicia, y puedo participarlas sólo a quien vive en mi Voluntad, porque se necesita una fuerza divina para sostenerla, pero no temas, volveré pronto a los modos habituales.  Deja que los rayos de la justicia toquen a las criaturas, también mi justicia debe hacer su curso, no la podrías sostener tú toda y después estaré contigo como antes.  Pero a pesar de esto no te dejo, Yo también sé que no puedes estar sin Mí, por eso estaré en el fondo de tu corazón y conversaremos juntos”.

(3)Después he seguido las horas de la Pasión, y seguía a mi dulce Jesús en el momento en que fue vestido y tratado como loco; mi mente se perdía en este misterio, y Jesús me ha dicho:

(4)“Hija mía, el paso más humillante de mi Pasión fue propiamente éste, el ser vestido y tratado como loco, llegué a ser el juguete de los judíos, su harapo; humillación más grande no podría tener mi infinita sabiduría; no obstante era necesario que Yo, Hijo de Dios, sufriera esta pena.  El hombre pecando se vuelve loco; locura más grande no puede darse, y de rey cual es, se convierte en esclavo y juguete de vilísimas pasiones que lo tiranizan, y más que a un loco lo encadenan a su antojo, arrojándolo en el fango y cubriéndolo con las cosas más sucias.  ¡Oh! qué gran locura es el pecado, en este estado el hombre jamás podía ser admitido ante la Majestad Suprema, por eso quise sufrir esta pena tan humillante, para conseguirle al hombre que saliera de este estado de locura, ofreciéndome Yo a mi Padre Celestial para sufrir las penas que merecía su locura.  Cada pena que sufrí en mi Pasión no era otra cosa que el eco de las penas que merecían las criaturas; este eco retumbaba en Mí y me sometía a penas, a desprecios, a burlas y a todos los tormentos”.

 

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14-19

Abril 6, 1922

 

Efectos de los actos hechos en el Divino Querer.  En la

Divina Voluntad el alma se pone al nivel de su Creador.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús me ha transportado fuera de mí misma y me hacía ver muchedumbres de pueblos que lloraban, sin techo, en poder de la más grande desolación; ciudades derrumbadas, calles desiertas e inhabitables; no se veía otra cosa que montones de piedras y escombros; sólo un punto quedaba intacto, sin ser tocado por el flagelo, ¡Dios mío, qué pena ver estas cosas y vivir!  Yo miraba a mi dulce Jesús, pero Él no quería verme, sino que lloraba amargamente, y con voz entrecortada por el llanto me ha dicho:

(2)“Hija mía, el hombre por la tierra ha olvidado el Cielo, es justo que le venga quitado lo que es tierra y vaya errante sin poder encontrar dónde refugiarse, a fin de que se recuerde que existe el Cielo.  El hombre por el cuerpo ha olvidado el alma, así que todo al cuerpo:  Los placeres, las comodidades, las suntuosidades, el lujo y demás, mientras que el alma está en ayunas, privada de todo y en muchos muerta, como si no la tuvieran; entonces es justo que sea privado el cuerpo, a fin de que se recuerden que tienen un alma, pero, ¡oh, cómo es duro el hombre!  Su dureza me obliga a golpearlo de más, tal vez bajo los castigos pueda ablandarse”.

(3)Yo me sentía desgarrar el corazón y Él continuó:

(4)“Tú sufres mucho al ver que el mundo quisiera estremecerse, y el agua y el fuego salir de sus confines y lanzarse contra el hombre, por eso volvamos juntos a tu cama y recemos juntos por la suerte del hombre.  En mi Querer sentiré tu corazón palpitante sobre toda la faz de la tierra, que me dará un latido por todos, que me dice:  ‘Amor’; y mientras castigaré a las criaturas, tu latido se interpondrá para hacer que los castigos sean menos duros, y lleven al tocarlos el bálsamo de mi amor y del tuyo”.

(5)Entonces yo he quedado afligidísima, mucho más porque al retirarnos mi dulce Jesús se escondía en mi interior, tan adentro que casi no se hacía sentir más.  ¡Qué pena!  ¡Qué dolor!  El pensamiento de los flagelos me aterrorizaba, su privación me daba penas mortales.  Ahora, en este estado trataba de fundirme en el Santo Querer de Dios y decía:  “Amor mío, en tu Querer lo que es tuyo es mío, todas las cosas creadas son mías, el sol es mío, y yo te lo doy en correspondencia, a fin de que toda la luz y el calor del sol, en cada rayo de luz, de calor, te diga que yo te amo, te adoro, te bendigo, y te pido por todos.  Las estrellas son mías, y en cada centellear de estrella sello mi te amo inmenso e infinito por todos.  Las plantas, las flores, el agua, el fuego, el aire, son míos, y yo te los doy en correspondencia, para que todos te digan, y a nombre de todos, te amo con aquel amor eterno con el cual nos creaste”. Pero si quisiera decirlo todo me extendería demasiado.  Entonces Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6)“Hija mía, cómo son bellas las oraciones y los actos hechos en mi Querer, la criatura se transforma en el mismo Dios Creador y le da la correspondencia de lo que Él le ha dado.  Todo lo creé para el hombre y todo a él lo doné.  En mi Voluntad la criatura se eleva en su Dios Creador y lo encuentra en el acto en el cual creó todas las cosas para dárselas en don, y ella, temblorosa ante la multiplicidad de tantos dones y no teniendo en ella la fuerza creadora para poder crear tantas cosas por cuantas ha recibido, ofrece sus mismas cosas para corresponderlo en amor.  Sol, estrellas, flores, agua, fuego, aire, te he dado para darte amor, y tú, con reconocimiento los has aceptado, y poniendo en comercio mi amor me has dado la correspondencia, así que sol te di y sol me has dado, estrellas, flores, agua, etc., te di, y tú me los has dado a Mí.  Las notas de mi amor han resonado de nuevo sobre todas las cosas creadas, y con voz unánime me han dado el amor que hice correr sobre toda la Creación.

(7)En mi Voluntad el alma se pone al nivel de su Creador, y en su mismo Querer recibe y da.  ¡Oh, qué competencia entre criatura y Creador!  Si todos la pudiesen ver quedarían estupefactos al ver que en mi Voluntad el alma llega a ser un pequeño dios, pero todo en virtud de la potencia de mi Voluntad”.

 

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14-20

Abril 8, 1922

 

La Santísima Trinidad reflejada en el alma.  Dolor de Jesús al ver

deformadas la voluntad, la inteligencia y la memoria del hombre.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en el dolor que sufrió mi dulce Jesús en el huerto de Getsemaní, cuando se presentaron ante su santidad todas nuestras culpas, y Jesús todo afligido, en mi interior me ha dicho:

(2)“Hija mía, mi dolor fue grande e incomprensible a la mente creada, especialmente cuando vi la inteligencia humana deformada, mi bella imagen que hice reproducir en ella, no más bella, sino fea, horrible.  Yo doté al hombre de voluntad, inteligencia y memoria; en la primera refulgía mi Padre Celestial, el cual como acto primero comunicaba su potencia, su santidad, su altura, por lo cual elevaba a la voluntad humana invistiéndola de su misma santidad, potencia y nobleza, dejando todas las corrientes abiertas entre Él y la voluntad humana, a fin de que siempre más se enriqueciera de los tesoros de mi Divinidad; entre la voluntad humana y la Divina no había tuyo ni mío, sino todo en común, con acuerdo recíproco, era imagen nuestra, cosa nuestra, así que ella nos reflejaba, por lo tanto nuestra Vida debía ser la suya, y por eso constituía como acto primero su voluntad libre, independiente, como era acto primero la Voluntad de mi Padre Celestial, pero esta voluntad cuánto se ha desfigurado, de libre se ha vuelto esclava de vilísimas pasiones.  ¡Ah! es ella el principio de todos los males del hombre, no se reconoce más, cómo ha descendido de su nobleza, da asco mirarla.

(3)Después, como acto segundo concurrí Yo, Hijo de Dios, dotando al hombre de inteligencia, comunicándole mi sabiduría, la ciencia de todas las cosas, a fin de que conociéndolas pudiese gustar y hacerse feliz en el bien.  Pero, ¡ay de Mí!  Qué mar de vicios es la inteligencia de la criatura, de la ciencia se ha servido para desconocer a su Creador.

(4)Y después, como acto tercero concurrió el Espíritu Santo, dotándolo de memoria, a fin de que recordándose de tantos beneficios, pudiera estar en continuas corrientes de amor, en continuas relaciones, el amor debía coronarla, abrazarla e informar toda su vida.  Pero cómo queda contristado el Eterno Amor!  Esta memoria se recuerda de los placeres, de las riquezas y hasta de pecar, y la Trinidad Sacrosanta es puesta fuera de los dones dados a su criatura.  Mi dolor fue indescriptible al ver la deformidad de las tres potencias del hombre, habíamos formado nuestra morada en él, y él nos había arrojado fuera”.

 

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14-21

Abril 12, 1922

 

El pecado rompe la corriente del amor, y abre la corriente de la justicia.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hacía ver todo afligido, casi en acto de dar curso a la justicia, pero como forzado por las mismas criaturas.  Yo le he pedido que disminuyera los castigos y Él me ha dicho:

(2)“Hija mía, entre Creador y criatura no hay otra cosa que corrientes de amor, el pecado rompe esta corriente y abre la corriente de la justicia; mi justicia defiende los derechos de mi amor ultrajado, de mi amor despedazado entre Creador y criatura, y haciéndose camino en medio de ellas quisiera reunir este amor despedazado.  ¡Ah! si el hombre no pecara, mi justicia no tendría qué hacer con la criatura, conforme comienza la culpa, así la justicia se pone en camino, ¿crees tú que Yo quisiera castigar al hombre?  No, no, más bien me duele, me es duro el tocarlo, pero es él mismo quien me fuerza y me induce a castigarlo.  Tú reza para que el hombre se arrepienta, así la justicia reuniendo rápidamente la corriente del amor, podrá retirarse”.

 

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14-22

Abril 13, 1922

 

El alma que vive en el Querer Divino

vive en el seno de la Santísima Trinidad.

 

(1)Estaba rezando mis acostumbradas oraciones, y mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome por detrás, me ha llamado por mi nombre diciéndome:

(2)“Luisa, Hija de mi Querer, ¿quieres tú vivir siempre en mi Querer?”

(3)Y yo:  “Sí, oh Jesús”.

(4)Y Él:  “¿Pero realmente es verdad que quieres vivir en mi Voluntad?”

(5)Y yo:  “Es en verdad Amor mío, no sabría ni me adaptaría a vivir de otra voluntad”.

(6)Y de nuevo Jesús:  “¿Pero lo dices firmemente?”

(7)Entonces, sintiéndome confundida y casi temiendo he agregado:  “Vida mía, Jesús, Tú me haces temer con estas preguntas, explícate mejor, firmemente lo digo, pero siempre ayudada por Ti y en la fuerza de tu Voluntad, que envolviéndome toda no podría hacer menos que vivir en tu Querer”.

(8)Y Él, dando un suspiro de alivio ha dicho:  “Cómo estoy contento de tu triple afirmación, no temas, no son otra cosa que garantías, reafirmaciones y confirmaciones para sellar en ti el triple sello del Querer de las Tres Divinas Personas.  Tú debes saber que quien vive en mi Voluntad debe elevarse a lo alto, pero tan alto, de vivir en el seno de la Trinidad Sacrosanta; tu vida y la nuestra debe ser una sola, por lo tanto es necesario, es decoroso que sepas dónde estás, con quién estás, y te uniformes en todo lo que hacemos Nosotros, y que no forzada, sino voluntariamente, con amor y con pleno conocimiento vivas en nuestro seno.  Ahora, ¿sabes tú cuál es nuestra Vida Divina?  Nosotros nos divertimos mucho en hacer salir de Nosotros nuevas imágenes de Nosotros mismos; estamos en acto continuo de formar imágenes nuestras, tanto que Cielo y tierra están llenos de nuestras imágenes, las sombras de éstas corren por todas partes:  Imagen nuestra es el sol, y su luz es la sombra de la nuestra que cubre toda la tierra; imagen nuestra es el cielo que se extiende por todas partes, y que lleva la sombra de nuestra Inmensidad; imagen nuestra es el hombre, que lleva en sí nuestra potencia, sabiduría y amor, así que Nosotros no hacemos otra cosa que producir continuas imágenes nuestras que nos asemejan. Ahora, quien debe vivir en nuestro Querer, viviendo en nuestro seno debe junto con Nosotros formar tantas otras copias de Nosotros mismos, debe estar junto con Nosotros en nuestro trabajo, debe hacer salir de sí copias nuestras, llenando de ellas toda la tierra y el Cielo.  Ahora, al crear el primer hombre lo formamos con nuestras manos, e infundiéndole el aliento le dimos la vida; así que habiendo hecho el primero, todos los demás tienen origen y son copias de él, nuestra potencia corriendo en todas las generaciones repite las copias.  Ahora, constituyéndote hija primogénita de nuestro Querer, es necesario que vivas con Nosotros para formar la primera copia del alma que vive en nuestro Querer, de modo que, conforme vivas en Nosotros, así recibas nuestra actitud y aprendas con nuestra potencia a obrar al modo nuestro, y cuando hayamos hecho de ti la primera copia del alma que vive en nuestro Querer, entonces vendrán las otras copias.

(9)El camino de nuestro Querer es larguísimo, abarca la eternidad, y mientras parece que se haya recorrido el camino, queda mucho por hacer y por recibir de Nosotros para aprender nuestros modos y formar la primera copia del alma que vive en nuestro Querer.  Es la obra más grande que debemos hacer, por eso mucho debemos darte y mucho conviene disponerte para hacerte recibir.  He aquí la razón de mis repetidas preguntas, es para disponerte, para ensancharte y elevarte para cumplir mis designios.  Esto me es tan importante, que dejaría todo a un lado con tal de alcanzar mi finalidad.  Por eso sé atenta y fiel”.

 

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14-23

Abril 17, 1922

 

El Querer Divino se vuelve actor y constituye al alma reina de todo.

 

(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma y he encontrado a mi dulce Jesús, mi vida, mi todo; de Él salían innumerables soles de luz que lo circundaban.  Yo he volado en medio de aquella luz, y arrojándome en sus brazos me lo he estrechado fuerte, fuerte, diciéndole:  “Finalmente te he encontrado, ahora no te dejo más.  Tú me haces esperar mucho y yo sin Ti quedo sin vida, pero sin vida no puedo estar, por eso ahora ya no te dejo más”.  Y me lo estrechaba más fuerte por temor de que huyera, y Jesús como si gozara de mis abrazos, me ha dicho:

(2) “Hija mía, no temas, tampoco Yo te dejo más, si tú no sabes estar sin Mí, tampoco Yo sé estar sin ti, y para que estés segura de que no te dejo, quiero encadenarte con mi misma luz”.

(3) Yo quedaba tan inmersa y entrelazada en la luz de Jesús, que me parecía que no podría encontrar el camino para salir de ella.  Cómo me sentía feliz y cuántas cosas comprendía en aquella luz, me faltan las palabras para expresarme, sólo recuerdo que me dijo:

(4) “Hija de mi Querer, esta luz que tú ves no es otra cosa que mi Voluntad, que quiere consumir tu voluntad para darte la forma de nuestra imagen, esto es, de las Tres Divinas Personas, de modo que transformándote toda en Nosotros, dejaremos en ti nuestro Querer como actor divino que nos semeje en nuestras obras y nos dé la correspondencia de lo que hacemos Nosotros, así que saldrán de Nosotros nuestras imágenes, y nuestro Querer obrante en ti hará otro tanto.  ¡Oh! como la finalidad de la Creación será completada, el eco de nuestro Querer será el eco de nuestro Querer poseído por ti, la correspondencia será recíproca, el amor será recíproco, estaremos en plena armonía, la criatura desaparecerá en su Creador y entonces nada faltará a nuestra alegría, a nuestra felicidad, por las cuales hicimos salir fuera a la Creación, el hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza tendrá su efecto, y sólo nuestro Querer, como actor en la criatura, dará cumplimiento a todo, y la Creación nos traerá la finalidad divina y la recibiremos en nuestro regazo como obra nuestra, como la hicimos salir.  Y además, si no puedes estar sin Mí, es el eco de mi amor que resuena en tu corazón, porque no sabiendo estar sin ti, te llama y tú, sacudida, buscas a Aquél que tanto te ama, y Yo al verme buscado siento el eco de tu amor en el mío, y me siento atraído a enviarte nueva corriente de amor para hacer que más me busques”.

(5) Y yo:  “¡Ah! Amor mío, a veces por cuanto te busco Tú no vienes, por eso ahora que te he encontrado no te dejo más, no volveré más a mi lecho, no lo puedo, demasiado me has hecho esperar y temo que regresando Tú repetirás tus privaciones”.  Y me lo estrechaba más fuerte repitiendo:  “No te dejo más, no te dejo más”.  Y Jesús, si bien gozaba de mis abrazos me ha dicho:

(6) “Hija amada mía, tú tienes razón en que no puedes estar sin Mí, sin tu vida; pero, ¿y de mi Voluntad qué haremos?  Mientras sea mi Voluntad la que quiere que regreses a tu cama, no temas, Yo no te dejo; dejaré entre tú y Yo la corriente de la luz de mi Voluntad, y tú cuando me quieras, tocarás la corriente de la luz de mi Querer, y Yo de inmediato sobre las alas de Ella vendré a ti; por eso regresa, no por otra cosa, sino sólo para que mi Querer cumpla sus designios y haga el camino que quiere hacer en ti, te acompañaré Yo mismo para darte la fuerza de hacerte regresar”.

(7) Pero, ¡oh! bondad de Jesús, parecía que si no tenía mi consentimiento, tampoco Él quería hacerme volver, y no apenas he dicho:  “Jesús, haz lo que quieras”.  Me he encontrado en mí misma.

(8) Ahora, todo el día me he sentido circundada de luz, y cuando lo quería tocaba la luz y Él venía.  Al día siguiente me ha transportado fuera de mí misma y me hacía ver todas las cosas creadas, de las cuales Jesús era no sólo el Creador y dominador, sino que de Él salía la vida de la conservación de todas las cosas, lacorriente de la potencia creadora estaba en continua relación con ellas, y si ésta faltara, todas las cosas se resolverían en la nada.  Entonces mi dulce Jesús me ha dicho:

(9)“A la hija de mi Querer quiero darle la supremacía sobre todo, mi dominio y el suyo deben ser uno solo, si Yo soy Rey, ella debe ser reina, y si de todo te he dado conocimiento, es porque quiero que no sólo conozcas mis dominios, sino que junto Conmigo domines y concurras a la conservación de todas las cosas creadas.  Mi Querer, así como se extiende de Mí sobre todos, quiero que se extienda desde ti”.

(10)Después me ha hecho notar un lugar en el mundo del cual salía un humo negro, y me dicho:

(11)“Mira, ahí hay hombres de estado que quieren decidir la suerte de los reinos, pero hacen sin Mí, y donde no estoy Yo no puede haber luz, no tienen otra cosa que el humo de sus pasiones que los ciega mayormente, por eso nada de bueno concluirán, sino que todo servirá para exasperarse recíprocamente y suscitar más graves consecuencias.  Pobres pueblos, dirigidos por hombres ciegos e interesados, estos hombres serán señalados como una fábula de la historia, buenos sólo para llevar ruina y desorden, pero retirémonos, dejémoslos a expensas de ellos mismos, a fin de que puedan conocer qué significa hacer sin Mí”.

(12)Entonces Él ha desaparecido y yo me he encontrado en mí misma.

 

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14-24

Abril 21, 1922

 

Efectos de la oración hecha en la Santísima Voluntad de Dios.

 

(1) Todo lo que he escrito y escribo es sólo por obedecer, y mucho más por temor de que mi Jesús, disgustándose pudiera encontrar pretexto para privarme de Él, sólo Él sabe cuánto me cuesta.  Ahora, he pasado un día sin Jesús, apenas alguna sombra suya, ¡oh! Dios, qué pena, y decía entre mí:  “¡Cómo tan pronto ha faltado a su palabra de no dejarme!  ¡Oh! santa Voluntad Eterna, tráeme a mi sumo bien, a mi todo”.  Y era tanta la pena que sentía, que me sentía molesta, pero en este estado trataba de fundirme en su Santo Querer.  Mientras estaba en esto ha venido, haciéndose ver que lloraba amargamente, con el corazón roto en muchos pedazos, yo al verlo llorar he hecho a un lado mi enfado y abrazándolo y secándole las lágrimas le he dicho:  “¿Qué tienes Jesús que lloras?  Dime, ¿qué te han hecho?”

(2) Y Él:  “¡Ah! hija mía, quieren desafiarme, es un horrible desafío que me están preparando, y esto por los jefes; es tanto mi dolor que me siento romper en pedazos mi corazón.  ¡Ah! cómo es justo que mi justicia se desahogue contra las criaturas, por eso ven junto Conmigo en mi Querer, elevémonos entre el Cielo y la tierra y adoremos juntos a la Majestad Suprema, bendigámosla y démosle homenaje por todos, a fin de que Cielo y tierra puedan llenarse de adoraciones, homenajes y bendiciones y todos puedan recibir los efectos”.

(3) Entonces he pasado una mañana rezando junto con Jesús en su Querer, pero, ¡oh sorpresa!  Mientras rezábamos, una era la palabra, pero el Querer Divino la difundía sobre todas las cosas creadas y en todas quedaba su marca; la llevaba al empíreo y todos los bienaventurados no sólo recibían la marca, sino les era causa de nueva bienaventuranza; descendía en lo bajo de la tierra y hasta al Purgatorio, y todos recibían los efectos, ¿pero quién puede decir cómo se rezaba con Jesús, y todos los efectos que producía?  Entonces, después de haber rezado juntos me ha dicho:

(4) “Hija mía, ¿has visto qué significa rezar en mi Querer?  Cómo no hay punto en el cual mi Querer no exista, Él circula en todo y en todos, es vida, actor y espectador de todo; así los actos hechos en mi Querer se vuelven vida, actores y espectadores de todo, hasta de la misma alegría, bienaventuranza y felicidad de los santos, llevan por todas partes la luz, el aire balsámico y celestial que hace salir alegrías y felicidad, por esto no salgas jamás de mi Querer, Cielo y tierra te esperan para recibir nueva alegría y nuevo esplendor”.

 

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14-25

Abril 25, 1922

 

Miles de ángeles custodian los actos hechos en el Querer Divino.

 

(1) Continuando mi habitual estado, me sentía toda inmersa en el Divino Querer, y mi dulce Jesús ha dicho:

(2) “Hija mía, así como el sol no deja la planta, la acaricia con su luz, la fecunda con su calor, hasta en tanto no produce flores y frutos, y celoso los hace madurar, los custodia con su luz y sólo deja al fruto cuando el agricultor lo toma para hacerlo su alimento, así de los actos hechos en mi Querer, es tanto mi amor, mi celo hacia ellos, que la gracia los acaricia, mi amor los concibe y los fecunda, los madura, pongo millones de ángeles a custodia de un solo acto hecho en mi Querer, porque siendo estos actos hechos en mi Querer semillas para que mi Voluntad se haga en la tierra como en el Cielo, todos son celosos de estos actos.  Su rocío es mi aliento, su sombra es mi luz, los ángeles quedan arrobados y reverentes los adoran, porque ven en estos actos la Voluntad eterna que merece toda su adoración, y estos actos son dejados sólo cuando encuentro otras almas que, tomándolos como frutos divinos, los hacen alimento para sus almas.  ¡Oh! la fecundidad y multiplicidad de estos actos, la misma criatura que los hace no puede numerarlos”.

(3) Entonces pensaba entre mí:  “¿Será posible que estos actos sean tan grandes; y por qué los mismos ángeles quedan raptados?  Y Jesús estrechándome más fuerte entre sus brazos ha agregado:

(4) “Hija mía, son tan grandes estos actos, que conforme el alma los va cumpliendo, no hay cosa ni en el Cielo ni en la tierra que no tome parte, y ella queda en comunicación con todas las cosas creadas, todo el bien, los efectos, el valor del cielo, del sol, de las estrellas, del agua, del fuego, etc., están no sólo en continuas relaciones con ella, sino que son cosas suyas; ella armoniza con todo lo creado, y lo creado armoniza en ella.  ¿El por qué?  Porque quienes viven en mi Querer son las depositarias, las conservadoras, las sostenedoras, las defensoras de mi Voluntad, ellas prevén lo que quiero y sin que Yo lo ordene cumplen lo que quiero, y comprenden la grandeza, la santidad de mi Querer, celosamente lo custodian y lo defienden.  ¿Cómo no deberían quedar todos arrobados al ver a estas almas que forman el sostén de su Dios, en virtud del prodigio de mi Voluntad?  ¿Quién puede defender mis derechos sino quien vive en mi Querer?  ¿Quién puede amarme de verdad, con amor desinteresado semejante al mío, sino quien vive en mi Voluntad?  Yo me siento más fuerte en estas almas, pero fuerte de mi misma fuerza.  Soy como un rey  rodeado de fieles ministros, que se siente más fuerte, más glorioso, más sostenido en medio de estos sus fieles ministros que solo; si queda solo llora a sus ministros porque no tiene con quién desahogar y a quién confiar la suerte del reino.  Así soy Yo, y ¿quién puede serme más fiel que quien vive en mi Voluntad?  Siento mi Voluntad duplicada, por lo tanto me siento más glorioso, desahogo con ellas y de ellas me fío”.

 

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14-26

Abril 29, 1922

 

Quien vive en el Divino Querer vive de un latido eterno.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, veía mi alma y todo mi interior:  pensamientos, afectos, latidos, tendencias, cambiados en tantos hilos de luz, y éstos se alargaban y se ensanchaban tanto, que saliendo de mi interior armonizaban con el sol, subían más alto y tocaban el cielo, se difundían sobre toda la tierra, y mientras miraba esto he visto a mi dulce Jesús que tenía en su mano todos aquellos hilos de luz, y con una maestría encantadora los dirigía, los alargaba, los multiplicaba y ensanchaba cuanto quería.  Al toque de aquella luz todas las cosas creadas se abajaban y armonizaban juntas, y hacían fiesta.  Entonces mi Jesús me ha dicho:

(2)“Hija mía, ¿has visto con qué amor me divierto y dirijo los actos hechos en mi Querer?  Es tal mi celo que no los confío a nadie, ni siquiera a la propia alma, ni un pensamiento, ni una fibra dejo sin encerrar en ella toda la potencia de mi Voluntad, cada acto de estos contiene una Vida Divina, por eso al toque de estos actos todas las cosas creadas sienten la Vida de su Creador, sienten de nuevo la fuerza de aquel Fiat Omnipotente del cual tuvieron la existencia y hacen fiesta, así que estos actos son para ellas nueva gloria y nueva fiesta.  Ahora, esta bella armonía, estos hilos de luz que salen de tu interior, si tu corazón no corriera en mi Querer sino en tu voluntad o en otra voluntad, en tu corazón faltarían tantos latidos de Vida Divina, quedando tantos latidos humanos por cuantos le faltan a la Divina, y así también de las fibras, de los afectos, y como lo humano no es capaz de formar luz, sino tinieblas, por tanto se formarían tantos hilos de tinieblas, y mi Querer quedaría entristecido, no pudiendo desenvolver en ti toda la potencia de mi Voluntad”.

(3)Mientras esto decía, yo quería ver si en mi alma había estos latidos humanos que interrumpieran la vida del latido divino, y por cuanto miraba no los encontraba.

(4)Y Jesús:  “Por ahora no hay nada, te lo he dicho para hacerte estar atenta y hacerte conocer qué significa vivir en mi Querer, significa vivir de un latido eterno y divino, vivir con mi aliento omnipotente”.

 

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14-27

Mayo 8, 1922

 

Las penas de quien ama a Jesús están

en continuas corrientes con su corazón.

 

(1) Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús se hacía ver como rayo que huye; ahora hacía ver la sombra de su luz, ahora su mano.  Yo sentía una pena indescriptible y Él, acariciándome la cara con su mano me ha dicho:

(2) “Pobre hija, cuánto sufres”.

(3) Y rápidamente se ha retirado.  Entonces yo pensaba entre mí:  “Tantas veces Jesús me ha dicho que me ama tanto y que sufre mucho cuando me ve sufrir por causa de su privación, ¿quién sabe cuanto sufra ahora al verme petrificada por el dolor de su privación?  Entonces para no hacerlo sufrir tanto, quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta, menos oprimida, más atenta en mantener mi vuelo, mi actitud en su Voluntad, a fin de que le lleve mi beso no amargado, sino pacífico y contento, que no lo entristezca sino lo consuele”.  Mientras esto pensaba, ha salido de mi interior todo doliente y con su corazón todo herido, y en su centro se veía una herida de la que salía una llamita, y me ha dicho:

(4) “Hija mía, es cierto que por  cuanto más te veo sufrir cuando te privo de Mí, tanto más siento Yo la pena, porque siendo tu pena ocasionada por mi privación, no es otra cosa que efecto del amor que tienes por Mí, por lo tanto si tú estas amargada, oprimida, tu latido hace eco en mi corazón y siento tu amargura y tu opresión.  ¡Ah! si supieras cuánto sufro cuando te veo sufrir por causa mía, usarías siempre esta cautela, esta atención para no amargarme de más; son las penas de quien más me ama las que están en continuas corrientes con mi corazón.  Mira, la herida que ves en el centro de mi corazón, de donde brota la llamita, es precisamente la tuya, pero consuélate, porque si me da sumo dolor, también me da sumo amor.  Tú quédate tranquila y Yo seguiré adelante en cumplir mi justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente, aunque sea como relámpago, no dejaré de hacerte mis pequeñas visitas”.

 

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14-28

Mayo 12, 1922

 

La santidad en el Divino Querer:  No hacer

nada propio, sino hacer lo que hace Dios.

 

(1) Estaba pensando entre mí:  “¿Quién sabe en qué cosa lo he ofendido, que mi dulce Jesús no viene según su costumbre?  ¿Cómo puede ser posible que sin motivo alguno, la bondad de su corazón santísimo, que fácilmente cede ante quien lo ama, deba resistir a tantas llamadas mías?”  Ahora, mientras éstas y otras cosas pensaba, ha salido de mi interior, cubriéndome toda bajo un manto de brillantísima luz, de modo que yo no veía otra cosa que luz, y me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿de qué temes?  Mira, para hacerte estar segura y bien defendida te he circundado bajo este manto de luz, a fin de que ninguna criatura, ni ninguna cosa pueda hacerte daño, y además, ¿por qué quieres perder el tiempo con pensar que me has ofendido?  Para quien vive en mi Querer, el veneno de la culpa no ha entrado, y además tu Jesús te fulminaría si te viese aun con pequeñas manchas de pecados y te pondría fuera del cerco de mi Voluntad, y tú perderías rápidamente la actitud de obrar en mi Querer.  ¡Ah! hija, la santidad en mi Querer no es aún conocida; cada especie de santidad tiene su distintivo especial, muchos, al oír que vengo tan frecuentemente a ti se asombran, no habiendo sido mi costumbre hacerlo con otras almas.  La santidad en mi Querer es inseparable de Mí, y para elevar al alma al nivel divino me es necesario tenerla, o ensimismada con mi Humanidad, o en la luz de mi Divinidad, de otra manera ¿cómo podría tener el alma la actitud de su obrar en mi Querer, si mi obrar y el suyo no fuese uno solo?  Ahora, el alma que vive en mi Querer toma parte en todos mis atributos y junto Conmigo corre en cada acto mío, por lo tanto debe correr Conmigo aun en los actos de justicia.  He aquí por qué cuando quiero castigar te oculto mi Humanidad, la cual es más accesible a la naturaleza humana, y tú a los reflejos de mi Humanidad sientes el amor y la compasión que tengo hacia las almas, y me arrancas los flagelos con los cuales quiero castigarlas, pero cuando ellas hacen tanto que me obligan a castigarlas, ocultándote mi Humanidad te elevo en la luz de mi Divinidad, la cual absorbiéndote y haciéndote feliz en Ella, tú no sientes los reflejos de mi Humanidad, y Yo quedando libre castigo a las criaturas, así que, o te manifiesto mi Humanidad haciéndote concurrir junto Conmigo a los actos de misericordia hacia las criaturas, o te absorbo en la luz de mi Divinidad haciéndote concurrir a los actos de justicia.  Es siempre Conmigo que estás, es más, cuando te absorbo en la luz de mi Divinidad, es más grande la gracia que te hago, y tú porque no ves mi Humanidad te lamentas de que te privo de Mí, y no aprecias la gracia que recibes”.

(3) Y yo al oír que concurría a los actos de justicia, espantada le dije:  “Amor mío, ¿así que ahora que estás castigando a las criaturas haciendo caer las casas, estoy yo junto Contigo en el hacer eso?  ¡No, no, el Cielo me guarde de tocar a mis hermanos!  Cuando Tú quieras castigarlos yo me haré pequeña en tu Querer, no me difundiré en Él, para no tomar parte en lo que haces Tú; en todo quiero hacer lo que Tú haces, pero en esto de castigar a las criaturas, no, jamás”.

(4) Y Jesús:  “¿Por qué te espantas?  En mi Querer no puedes eximirte de hacer lo que hago Yo, la cosa es connatural y es propiamente esta la santidad en mi Querer, el no hacer nada propio, sino hacer lo que hace Dios.  Y además, mi justicia es santidad y amor, es equilibrar los derechos divinos; si no tuviese la justicia faltaría toda la plenitud de la perfección a mi Divinidad, así que si tú quieres vivir en mi Querer y no quieres tomar parte en los actos de justicia, la santidad hecha en mi Querer no tendría su pleno cumplimiento, son dos aguas fundidas juntas, en que una está obligada a hacer lo que hace la otra; en cambio si están separadas, cada una hace su camino.  Así mi Voluntad y la tuya son las dos aguas fundidas juntas, y lo que hace una debe hacer la otra, por eso siempre en mi Voluntad te quiero”.

(5) Entonces me he abandonado toda en su Voluntad, pero sentía gran repugnancia por la justicia, y mi dulce Jesús regresando me ha dicho:

(6) “Si supieras cómo me pesa usar la justicia y cuánto amo a las criaturas.  Toda la Creación es para Mí como el cuerpo al alma, como la cáscara al fruto, Yo estoy en continuo acto inmediato con el hombre, pero las cosas creadas me ocultan, como el cuerpo esconde al alma, pero si no fuese por el alma el cuerpo no tendría vida, así si me retirase de las cosas creadas todas quedarían sin vida, así que en todas las cosas creadas Yo visito al hombre, lo toco y le doy la vida:  Estoy oculto en el fuego y lo visito con el calor, si Yo no estuviera, el fuego no tendría calor, sería fuego dibujado y sin vida, y mientras Yo visito al hombre en el fuego, él no me reconoce ni me da un saludo.  Estoy en el agua y lo visito con quitarle la sed, si Yo no estuviera, el agua no quitaría la sed, sería agua muerta, y mientas Yo lo visito, él me pasa por delante sin hacerme ni una inclinación.  Estoy escondido en el alimento y visito al hombre con darle la sustancia, la fuerza, el gusto, si Yo no estuviera, el hombre tomando el alimento quedaría en ayunas, no obstante, ingrato, mientras se alimenta de Mí me vuelve la espalda.  Estoy escondido en el sol y lo visito con mi luz casi a cada instante, pero ingrato me corresponde con continuas ofensas.  En todas las cosas lo visito, en el aire que respira, en la flor que perfuma, en el vientecillo que refresca, en el trueno que cae, en todo; mis visitas son innumerables, ¿ves cuánto lo amo?  Y tú estando en mi Voluntad estás junto Conmigo en visitar al hombre y en darle la vida, por eso no te espantes si alguna vez concurres a la justicia”.

 

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14-29

Mayo 15, 1922

 

Lamentos y temores de Luisa.  Jesús le hace ver cuánto la ama.

 

(1)Continuando mi habitual estado, me sentía toda oprimida por la privación de mi dulce Jesús.  Ahora, mientras rezaba he sentido como si una persona estuviera detrás de mi espalda, y yo no sabiendo que era Jesús tuve un escalofrío de miedo, y Él ha extendido su brazo, y tomando mi mano en la suya me ha dicho:

(2)“Luisa, no temas, soy Yo”.

(3)Y yo, oprimida como estaba y cansada de esperarlo he dicho:  “Se ve, ¡oh! Jesús, que ya no me quieres como antes, me has quitado todo, hasta el sufrir; me habías quedado sólo Tú, y frecuentemente te desapareces y no sé cómo hacer, ni donde encontrarte; ¡ah! es verdad, ya no me quieres”. Y Jesús tomando aspecto digno, que hacía temer, ha agregado:

(4)Tú me ofendes al decirme que ya no te quiero como antes, pon mucha atención, pues la sola sospecha de que no te amo es para Mí la más grande afrenta  ¡Cómo, no te amo!  ¡Cómo, no te amo!  ¿Así que tienes por nada todas las gracias que te estoy haciendo?”

(5)Yo he quedado confundida y temblaba de verdad al ver el aspecto severo de Jesús, y en el fondo de mi corazón imploraba perdón y piedad, y Él, tomando un aspecto más suave:

(6)“Prométeme no decirlo más, y para hacerte ver que te amo quiero hacerte sufrir dándote parte en mis penas”.

(7) Entonces después de haber sufrido un poco, ha continuado:

(8)“Ahora quiero hacerte ver cómo te amo”.

(9)Y me hacía ver su corazón abierto, y de dentro salían mares inmensos de potencia, de sabiduría, de bondad, de amor, de belleza, de santidad, y en el centro de cada uno de estos mares estaba escrito:  “Luisa, hija de mi inmensidad, hija de mi potencia, hija de mi sabiduría, hija de mi bondad, hija de mi amor, hija demi belleza, hija de mi santidad”.  Yo por cuanto más veía, tanto más quedaba confundida, y Jesús continuó:

(10)“¿Has visto cuánto te amo, y cómo no sólo en mi corazón, sino en todos mi atributos llevo escrito tu nombre?  Y este nombre tuyo escrito en Mí hace abrir siempre nuevas corrientes de gracia, de luz, de amor, etc., hacia ti, ¿y no obstante dices que no te amo?  ¿Cómo puedes siquiera sospecharlo?”

(11)Sólo Jesús sabe cómo he quedado aplastada, pensando que había ofendido a mi Jesús, y además en su presencia.  ¡Oh, Dios, qué pena, cómo es fea la culpa!

 

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14-30

Mayo 19, 1922

 

El Divino Querer en el Cielo es felicitante, en la tierra es obrante

y multiplica su Vida, sus bienes, en el acto de la criatura.

 

(1)Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver dentro de mi interior, en el cual abriéndose una como puertecita, apoyaba sus brazos y asomaba su cabeza para ver qué cosa hacían las otras criaturas.  Yo miraba junto con Jesús, ¿pero quién puede decir los males que se veían, las ofensas que se hacían y los castigos que lloverán?  Era horrorizante esta vista tan dolorosa; y también veía a nuestro pobre país golpeado por el flagelo divino.  Entonces yo, viendo que Jesús miraba con una ternura de amor y de dolor, mientras que días antes me había sido imposible hacerlo dirigir su rostro y su mirada hacia las criaturas, le he dicho:

(2)“Amor mío y vida mía, mira cuánto sufren nuestros queridos hermanos, ¿no quieres tener piedad?  Con cuántas ganas sufriría todo con tal de hacer que ellos fueran perdonados.  Mira, esto es un deber que me impone el estado de víctima, tu imitación; ¿no sufriste todo por nosotros?  ¿Y cómo quieres que no sufra yo para librarlos de los castigos, y que no te imite, mientras que Tú sufriste tanto?”  Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:

(3)“Ah, hija mía, ha llegado a tanto el hombre que no puedo mirarlo sino con horror, y si lo miro es sólo desde dentro de ti, porque encontrando en ti todas las ternuras de mi Humanidad, mis oraciones, me siento movido a mirarlo con compasión, y por amor tuyo preservaré sus vidas.  El hombre tiene necesidad de purificaciones fuertes, de otra manera no se desengaña, y por eso arrollaré todo para renovar todo, haré cosas imprevistas, castigos nuevos de los cuales el hombre no podrá encontrar la causa, y esto para confundirlo, pero tú no temas, por amor tuyo disminuiré alguna cosa.  Siento en ti como sentía en mi Humanidad la corriente de las comunicaciones con todas las criaturas, y por esto me es duro no darte y no contentarte en nada”.

(4)Más tarde me he encontrado fuera de mí misma, en un punto altísimo y he encontrado a mi Mamá Celestial, a nuestro Arzobispo difunto, a mis padres y a mi dulce Jesús en los brazos del obispo, el cual, en cuanto me ha visto me lo ha puesto en mis brazos diciéndome:  “Tómalo hija mía y gózalo”.  Y Jesús hacía fiesta en mis brazos y ha dicho:

(5)“Hija amadísima de mi Querer, quiero renovar el vínculo del gran don de hacerte vivir en mi Querer, y por esto he querido presentes como testigos a mi amada Mamá, al Obispo que tomó parte en tu dirección cuando estuvo en la tierra, y a tus papás, a fin de que tú quedes mayormente confirmada en mi Voluntad y recibas toda la corriente y los bienes que mi Voluntad contiene, y ellos sean los primeros en recibir la gloria del obrar del vivir en mi Querer.  Tú no eres otra cosa que un átomo en mi Querer, pero en este átomo Yo pongo todo el peso de mi Voluntad, a fin de que conforme te muevas, el mar inmenso de mi Querer reciba su movimiento, las aguas se encrespen y como agitadas exhalen su frescura, sus perfumes, y desborden en bien del Cielo y de la tierra.  El átomo es pequeño, ligerísimo, y no es capaz de agitar todo el mar inmenso de mi Voluntad, pero puesto dentro de él todo el peso de Ella, será capaz de todo, y me darás campo para dar de Mí otros actos divinos, serás como la  piedrecilla arrojada en la fuente, que conforme cae, las aguas se encrespan, se agitan y exhalan su frescura y su perfume; pero la piedrecilla no contiene el peso de mi Voluntad y por eso no puede hacer que la fuente se desborde, pero tu átomo con el peso de mi Querer, no sólo puede arrastrar mi mar, sino inundar Cielo y tierra.

(6)Como dentro de un solo respiro vendrás a absorber toda mi Voluntad con todos los bienes que Ella contiene, y de otro respiro la pondrás fuera, y mientras esto haces, cuantas veces la aspires y cuantas veces la emitas, tantas veces multiplicarás mi Vida, mis bienes.  En el Cielo los bienaventurados gozan de toda la beatitud que contiene mi Querer, viven en Él como en su propio centro, pero no lo multiplican, pues en ellos están ya fijos sus méritos; pero tú eres más feliz que ellos pudiendo multiplicar mi Vida, mi Querer, mis bienes; en ellos mi Querer es felicitante, en ti es obrante y pido tus actos para multiplicarme.  Cuando tú obras estoy mirando con ansias si obras en mi Querer para recibir el contento de verme multiplicado en tu acto.  ¡Cuánto deberías estar atenta, y no dejar pasar nada!”

 

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14-31

Mayo 27, 1922

 

El acto preventivo y el acto actual.

 

(1)Estaba pensando entre mí:  “Si es tan grande un acto hecho en su Querer, ¿cuántos, ay de mí, no dejo escapar?”  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2)“Hija mía, existe el acto preventivo y el acto actual.  El preventivo es aquel cuando el alma, desde el primer surgir del día fija su voluntad en la mía, y se decide y se confirma de querer vivir y obrar sólo en mi Querer, previene todos sus actos y los hace correr todos en mi Querer.  Con la voluntad preventiva mi Sol surge, mi Vida queda duplicada en todos tus actos como dentro de un solo acto, y esto suple al acto actual.  Sin embargo, el acto preventivo puede ser opacado, oscurecido por los modos humanos, por la voluntad propia, por la propia estima, por el descuido y otras cosas, que son como nubes delante al sol, que vuelven menos vívida su luz sobre la faz de la tierra.  En cambio el acto actual no está sujeto a nubes, sino que tiene virtud de despejar las nubes, si es que las hay, y hace surgir tantos otros soles en los cuales queda duplicada mi Vida, con tal intensidad de luz y calor, de formar otros tantos nuevos soles, el uno más bello que el otro.  Sin embargo los dos actos son necesarios, el preventivo da la mano, dispone y forma el plano al actual, y el actual conserva y ensancha el plano del preventivo”.

 

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14-32

Junio 1, 1922

 

Qué cosa es la verdad.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, estaba siguiendo las horas de la Pasión de mi dulce Jesús, especialmente cuando fue presentado a Pilatos, el cual le preguntó cuál era su reino, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2)“Hija mía, fue la primera vez en mi Vida terrena que tuve que tratar con un gobernante gentil, el cuál me preguntó cuál era mi reino, y Yo le respondí que mi reino no es de este mundo, que si de este mundo fuera, millones de legiones de ángeles me defenderían.  Con esto abría a los gentiles mi reino y les comunicaba mi celestial doctrina, tanto que Pilatos me preguntó:  ‘¿Cómo, Tú eres rey?’  Y Yo inmediatamente le respondí:  ‘Rey soy Yo, y he venido al mundo a enseñar la verdad.’  Con esto Yo quería abrirme camino en su mente para hacerme conocer, y él, sintiéndose como golpeado me preguntó:  ‘¿Qué cosa es la verdad?’  Pero no esperó mi respuesta, no tuve el bien de hacerme comprender, le habría dicho:  ‘La verdad soy Yo, todo en Mí es verdad; verdad es mi paciencia en medio de tantos insultos; verdad es mi mirada dulce entre tantas burlas, calumnias, desprecios; verdad son mis modos afables, atrayentes, en medio de tantos enemigos, que mientras ellos me odian Yo los amo, y mientras quieren darme la muerte Yo quiero abrazarlos y darles la vida; verdad son mis palabras dignas y llenas de sabiduría celestial; todo en Mí es verdad”.  La verdad es más que sol majestuoso, que por cuanto se quiera pisotear, surge más bello, más luminoso y hace avergonzar a los mismos enemigos, haciéndolos caer por tierra, a sus pies.  Pilatos me preguntó con ánimo sincero, y Yo le respondí inmediatamente, en cambio Herodes me preguntó con maldad y por curiosidad, y Yo no le respondí, así que a quien quiere saber las cosas santas con sinceridad, Yo me revelo más allá de lo que se quiere; en cambio, a quien quiere saberlas con maldad y para curiosear, Yo me le escondo, y mientras éstos quieren hacer burla de Mí, Yo los confundo y me burlo de ellos.  Pero como mi persona llevaba consigo la verdad, también ante Herodes hizo su oficio, mi silencio ante sus tempestuosas preguntas, mi mirada modesta, el aspecto todo lleno de dulzura, de dignidad, de nobleza de mi misma persona, eran todas verdades, y verdades operantes”.

 

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14-33

Junio 6, 1922

 

Viviendo en la Divina Voluntad, la cruz y la

santidad se hacen semejantes a las de Jesús.

 

(1)Estaba pensando entre mí:  “Mi buen Jesús ha cambiado conmigo, antes se deleitaba en hacerme sufrir, todo era participación de clavos y cruz, ahora todo ha desaparecido, no se deleita más en hacerme sufrir, y si alguna vez sufro me mira con indi­ferencia y no muestra más aquel gusto de antes”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior, suspirando me ha dicho:

(2)“Hija mía, cuando se tienen gustos mayores, los gustos menores pierden su deleite, su atractivo, y por eso se ven con indiferencia.  La cruz ata a la gracia, ¿pero quién la alimenta, quién la hace crecer a la debida estatura?  Mi Voluntad.  Es sólo Ella que completa todo y hace cumplir mis más altos designios en el alma, y si no fuera por mi Voluntad, la misma cruz, por cuanto poder y grandeza contiene, puede hacer que las almas permanezcan a medio camino.  ¡Oh! cuántos sufren, pero como les falta el alimento continuo de mi Voluntad, no llegan a la meta, a la destrucción del querer humano, y el Querer Divino no puede dar el último toque, la última pincelada de la santidad Divina.  Mira, tú dices que han desaparecido clavos y cruz, falso hija mía, falso, antes tu cruz era pequeña, incompleta, ahora mi Voluntad elevándote en Ella, hace que tu cruz sea grande, y cada acto que haces en mi Querer es un clavo que recibe tu querer, y viviendo en mi Voluntad, la tuya se extiende tanto, que te difundes en cada criatura, y me da por cada una la vida que les he dado para devolverme el honor, la gloria, la finalidad para las que las he creado.  Mira, tu cruz se extiende no sólo por ti, sino por cada una de las criaturas, así que por todas partes veo tu cruz; primero la veía sólo en ti, ahora la veo por dondequiera.  Este fundirte en mi Voluntad sin ningún interés personal, sino sólo para darme lo que todos deberían darme, y para dar a todos todo el bien que mi Querer contiene, es sólo de la Vida Divina, no de la humana; así que sólo mi Voluntad es la que forma esta Santidad divina en el alma.  Entonces tus cruces anteriores eran santidad humana, y lo humano por cuan santo sea, no sabe hacer cosas grandes sino pequeñas, mucho menos elevar al alma a la santidad y a la fusión del obrar de su Creador, queda siempre en la restricción de criatura, pero mi Voluntad derribando todas las barreras humanas, la arroja en la inmensidad divina, y todo se hace inmenso en ella:  Cruz, clavos, santidad, amor, reparación, todo; mi mira sobre ti no era la santidad humana, si bien era necesario que primero hiciera las cosas pequeñas en ti, y por eso me deleitaba tanto.

(3)Ahora, habiéndote hecho pasar más adelante y debiéndote hacer vivir en mi Querer, viendo tu pequeñez, tu átomo, abrazar la inmensidad para darme por todos y por cada uno amor y gloria para volverme a dar todos los derechos de toda la Creación, esto me deleita tanto, que todas las otras cosas no me dan más gusto.  Entonces tu cruz, tus clavos, serán mi Voluntad, la que teniendo crucificada a la tuya completará en ti la verdadera crucifixión, no a intervalos sino perpetua, toda semejante a la mía, que fui concebido crucificado y morí crucificado, alimentada mi cruz de la sola Voluntad eterna, y por eso, por todos y por cada uno Yo fui crucificado.   Mi cruz selló a todos con su emblema”.

 

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14-34

Junio 9, 1922

 

Jesús quiere reposarse en el alma.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús venía muy frecuentemente, y ahora apoyaba su cabeza sobre la mía y decía:

(2)“Hija mía, tengo necesidad de reposo; la inteligencia increada quiere reposarse en la inteligencia creada, pero para encontrar el verdadero reposo debería encontrar en tu inteligencia toda la gloria, el contento que todas las otras inteligencias deberían darme, por eso mi Voluntad quiere ensanchar tu capacidad para poder encontrar este reposo.  No, no estoy contento si mi Voluntad no pone en ti todo lo que los otros me deberían dar”.

(3)Entonces parecía que infundía su aliento a mi inteligencia, y ella quedaba encadenada como por tantos hilos de luz por cuantas mentes creadas salían de las manos de nuestro Creador, y cada hilo de luz decía:  “Gloria, reconocimiento, honor, etc., a mi Dios tres veces Santo”.

(4)Y Jesús decía:  “Ah, sí, ahora puedo reposarme, encuentro la correspondencia de la inteligencia de la Creación, la mente creada se confunde con la mente increada”.

(5)Después ha apoyado su cabeza en mi corazón, y parecía que no encontraba completo reposo, entonces ha puesto su boca sobre mi corazón y le infundía su aliento, y a cada soplo mi corazón se agrandaba, y después ha agregado:

(6)“Hija, estoy resuelto a reposarme, por eso quiero llenar tanto tu corazón de mi aliento, para poner en él todo el amor que todo el resto de la Creación debería darme; mi reposo no puede ser perfecto si no encuentro la correspondencia del amor que ha salido de Mí, por eso quiero encontrar en este corazón el amor que todos deberían darme, mi Querer hará este prodigio en ti y tu corazón tendrá una nota por todos que me dirá:  amor”.

(7)Después ha puesto de nuevo su cabeza sobre mi corazón y se reposaba, ¡cómo era bello ver reposar a Jesús!  Luego desaparecía y regresaba, y ahora quería reposarse en mis manos, ahora sobre mi espalda; parecía que quería ver si toda mi persona se prestaba para hacerlo reposar.

(8)Después me ha dicho:  “Amada mía, cuánto amor siento hacia ti, todo el amor que debería dar a los demás y que ellos rechazan, lo concentro en ti.  Oigo en ti el eco de mi palabra creadora:  ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’, y veo su cumplimiento.  ¡Ah! sólo nuestro Querer hará regresar al hombre a su primer origen, nuestro Querer pondrá todas las impresiones divinas en el querer humano, y arrollando un querer en el otro lo llevará sobre sus alas a los brazos de su Creador, pero no feo como lo ha hecho la culpa, sino puro, bello y semejante a su Creador, por eso quiero que tú recibas todas las impresiones de mi Voluntad en la tuya, a fin de que Cielo y tierra no puedan distinguir sino sólo la Voluntad Divina obrante en ti, por la cual se sentirán como envueltos, y todos recibirán el bien del obrar divino en la criatura, por eso préstate en todo y seme fiel”.

(9)Después de esto ha regresado de nuevo, pero todo afligido y me ha dicho:

(10)“Yo quedo afligido cuando piensan de Mí que soy severo y que hago más uso de la justicia que de la misericordia; están Conmigo como si por cualquier cosa Yo debiera castigarlos, ¡oh! cuán deshonrado me siento por ellos, porque esto los lleva a estar a cierta distancia de Mí, y quien está distante no puede recibir toda la fusión de mi amor; y mientras son ellos los que no me aman, piensan de Mí que soy severo y casi un Ser que infundo temor, mientras que con solo dar una mirada a mi Vida, pueden ver que sólo un acto de justicia hice, el cual fue para defender la casa de mi Padre, tomé cuerdas en mis manos y golpeé a derecha e izquierda para arrojar a los profanadores, pero todo lo demás fue todo misericordia:  Misericordia mi concepción, mi nacimiento, mis palabras, mis obras, mis pasos, mi sangre derramada, mis penas, todo era en Mí amor misericordioso.  Sin embargo se teme de Mí, mientras que deberían temer más de ellos mismos que de Mí”.

 

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14-35

Junio 11, 1922

 

La vida natural simboliza la vida espiritual.

 

(1)Estaba pensando entre mí:  “Cómo será que también la vida espiritual sufre tantos cambios, mientras se está convencido de que éste debe ser mi camino, cuando menos se piensa ya se ha saltado a otro lado, sufriendo quién sabe cuantos desgarros dolorosos que hacen sangrar al corazón, se puede decir que por los tantos cambios que se sufren, es un continuo martirio”.  Entonces mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2)“Hija mía, es verdad que la vida espiritual debe ser un continuo martirio, porque debe ser semejante al primero y al más grande de los mártires, el cual fui Yo, y si no fuera así, no se puede dar verdadero nombre de vida espiritual, sino larva y sombra de ella.  Además, es necesario que sufra varios cambios, y esto es para hacerla llegar a debida estatura y para volverla noble, bella y perfecta.  Si la misma naturaleza humana, menos importante, sufre quién sabe cuántos cambios para hacerla llegar a la debida estatura, mucho más la espiritual que es más importante y superior a la vida natural, es más, la vida natural simboliza a la vida espiritual.  Observa un poco cuántos cambios sufre la vida natural:  Ella es concebida dentro del seno materno y está ahí por nueve meses para formar bien el cuerpecito, y cuando está formado es obligado a salir, y si quisiera continuar dentro moriría, porque faltando el espacio para crecer se sofocaría, arriesgando su vida y la de su mamá.  Ahora, si esta concepción se formase fuera de un seno materno, ¿quién debería prestar la sangre, el calor para formar el cuerpecito?  Y además, siendo los miembros ternísimos, el aire mismo lo mataría; luego, ¿cuánta cautela no se necesita para el recién nacido?  El calor, el frío, la misma estrechez del seno materno le pueden ser de muerte; he aquí el por qué de pañales, cuna, leche; si se quisiera dar otro alimento, el pequeño no sabría como masticarlo, así que se pondría en peligro su vida; pero después llega el tiempo en el cual se hace capaz de tomar otro alimento, de quitarse los pañales, y se aprende a dar los primeros pasos.  Mira, no estamos más que en la infancia y ya ha sufrido tres cambios; ahora, ¿qué se diría si este pequeño viéndose puesto en tierra para hacerle dar el primer paso, temiendo ser soltado por los brazos de la mamá, grita, llora y no quiere saber nada?  Sería de lamentarse, porque en brazos de la mamá jamás se haría hombre, sin movimiento no se volvería fuerte ni desarrollado.

(3)Ahora vengamos a la verdadera vida espiritual, ella se concibe en mi seno; mi sangre, mi amor, mi aliento la forman; después la alimento a mi pecho, la fajo con mis gracias; luego paso a hacerla caminar con mis verdades, pero no es mi propósito formar una niña juguetona, sino formar una copia toda semejante a Mí, por eso entran los cambios, que no son para otra cosa que para hacerla llegar a edad madura y darle todos aquellos privilegios y prerrogativas que contiene la verdadera vida espiritual, de otra manera permanecerá como niña en pañales, que en lugar de formar mi honor y mi gloria, formaría mi dolor y deshonor, y cuántas hay que permanecen solamente recién nacidas, o a lo más en pañales, y poquísimas son las que trabajan junto Conmigo para hacer de ellas una copia de Mí”.

 

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14-36

Junio 15, 1922

 

El latido divino es la celda del alma que vive en el

Querer Divino, y Éste armoniza todo en la criatura.

 

(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando en el Santo Querer de Dios, y mientras me fundía en Él, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2)“Hija mía, mi Voluntad eterna fue el punto central de mi Vida, desde el primer acto de mi concepción hasta el último respiro me precedió, me acompañó, haciéndose vida de cada acto, y me seguía, encerrando mi acto en el ámbito eterno de mi Querer, del cual no encontraba la salida; y como mi Voluntad eterna era inmensa, no había punto que no abarcara, ni generación en la cual Ella no debía dominar, así que era para Ella como connatural formar mis actos, multiplicarlos por todos como si fuese para uno solo.  Uno puede dar lo que tiene, por cuanta potencia tenga no puede dar más de lo que posee; ahora, mi Voluntad poseía la Inmensidad, el poder de la multiplicación de los actos por cuantos quería, poseía la eternidad en la que envolvía todas las cosas presentes a todos, como al principio de todas las cosas como hasta el fin.  He aquí por qué desde el primer instante de mi concepción, la potencia de mi Querer formaba tantas concepciones mías por cuantas criaturas salían a la existencia; mis palabras, los pensamientos, las obras, los pasos, los multiplicaba, los extendía desde el primero hasta el último de los hombres.  La potencia del Querer eterno, mi sangre, mis penas, las convertía en mares inmensos de los que todos podían servirse, si no fuera por el prodigio del Querer Supremo, mi misma Redención hubiera sido individual, circunscrita y sólo para alguna generación.

(3) Ahora, mi Voluntad no ha cambiado, tal cual era, es y será, mucho más pues habiendo venido Yo a la tierra, vine a atar nuevamente la Voluntad Divina a la humana, y quien no huye de este nudo y se da en poder de Ella, haciéndose preceder, acompañar y seguir, encerrando su acto dentro de mi Querer, lo que sucedió de Mí sucede del alma.  Mira, a medida que tú fundías tus pensamientos, tus palabras, tus obras, tus reparaciones, tu pequeño amor en mi Querer, los extendía, los multiplicaba y se hacían antídoto de cada pensamiento, de cada palabra, de cada obra, se hacían reparación de cada ofensa, amor por cada amor que se me debe, y si esto no sucede es por defecto de la voluntad humana, que no dejándose del todo en poder de la Voluntad Divina, no toma todo ni puede darse a todos, por lo tanto siente las sensaciones de lo humano que la hacen infeliz, la limitan, la empobrecen y la hacen parcial.  He aquí el por qué todo mi interés es que tu querer haga vida en el mío, y que comprendas bien qué significa vivir en Él, por cuanto a criatura es posible, porque si haces esto habrás obtenido todo y me darás todo”.

(4) Dicho esto desapareció.  Pero después ha agregado de nuevo y se hacía ver todo llagado, pero esas llagas formaban tantas celdas en las cuales Jesús llamaba a las almas para encerrarlas en ellas y ponerlas al seguro, entonces yo le he dicho:  “Amor mío, ¿y mi celda cuál es?  A fin de que encerrándome en ella no salga más”.

(5) Y Jesús:  “Hija mía, para ti no hay celdas en mi cuerpo, porque quien vive en mi Querer no puede vivir en un apartamento mío, sino debe vivir en el latido de mi corazón.  El latido es el centro y la vida del cuerpo humano, si cesa el latido cesa la vida, el latido mantiene la circulación de la sangre, el calor, la respiración, por consiguiente la fuerza, la actividad de los miembros; si el latido no es regular toda la actividad humana está en desorden, aun la misma inteligencia pierde la vivacidad, el ingenio, la plenitud de la luz intelectual, porque al crear al hombre le puse en el corazón un sonido especial, al cual até la armonía eterna, de manera que si el latido está sano, todo es armonía en la criatura.  Ahora, mi Voluntad es como el latido en la criatura, si Ella late armoniza la santidad, armonizan las virtudes, armoniza entre el Cielo y la tierra; su armonía se extiende hasta la Trinidad Sacrosanta, he aquí por qué para ti es mi latido el que se ofrece como celda para encerrarte dentro, y latiendo con un solo latido armonices entre el Cielo y la tierra, circules en el pasado, en el presente y en el futuro, en todo te encuentres tú circulante en Mí y Yo en ti”.

 

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14-37

Junio 19, 1922

 

Cada vez que el alma obra en el Divino Querer da campo a Jesús

para poner fuera nuevas bienaventuranzas y nuevos contentos.

 

(1)Continuando mi habitual estado, me sentía abismada en el Querer Supremo de mi dulce Jesús, me parecía que cada pequeño acto mío hecho en el Divino Querer hacía salir nuevos contentos desde dentro de la Majestad Divina, y mi amable Jesús me ha dicho:

(2)“Hija mía, yo poseo tales contentos, felicidad y bienaventuranzas, que podría dar a cada instante siempre nuevas alegrías y bienaventuranzas, así que cada vez que el alma obra en mi Querer, me da el campo para hacer salir nuevas bienaventuranzas y nuevos contentos que Yo poseo, y como mi Querer es inmenso e invade a todos y a todo, así, conforme salen corren sobre el alma que está obrando en mi Querer, como causa primaria de que mis bienaventuranzas sean hechas salir, y después circulan en todos, en el Cielo y en la tierra.  Entonces, por cuantas veces obres en mi Querer, tantas bienaventuranzas y alegrías de más me haces poner fuera, y Yo siento el contento de participar las alegrías que poseo.  Mi Voluntad quiere hacer salir lo que posee, pero va buscando quién le dé la ocasión, quién esté dispuesto a recibirlo, quién prepare un lugarcito en su alma donde poner estos mis nuevos contentos.  Ahora, el alma con querer hacer mi Voluntad, abre las puertas de mi Querer, y vaciándose de su querer me prepara un lugarcito donde poner mis bienes, y entrando a obrar en mi Voluntad me da la ocasión de hacer salir de Mí nuevas bienaventuranzas, por eso con ansia espero que el alma venga a obrar en mi Querer eterno, para hacer salir de Mí una nueva alegría y hacerme conocer que soy aquel Dios que no me agoto jamás, y que siempre tengo que dar a quien hace mi Voluntad”.

 

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14-38

Junio 23, 1922

 

Las verdades son más que soles.  Quien no está vacío del todo de su

querer, no puede tener un cierto conocimiento del Querer Divino.

 

(1)Estaba pensando entre mí:  “Jesús dice tantas cosas de su Santísimo Querer, pero parece que no es comprendido, y aun los mismos confesores parecen dudosos, y delante a una luz tan inmensa no quedan ni iluminados, ni movidos a amar a un Querer tan amable”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, poniéndome un brazo en el cuello me ha dicho:

(2)“Hija mía, no te asombres por esto, quien no está vacío del todo de su querer, no puede tener un cierto conocimiento del mío, porque el querer humano forma las nubes entre mi Querer y el suyo, e impide el conocimiento del valor y efectos que el mío contiene; pero a pesar de esto no pueden decir que no es luz.  Mira, tampoco las cosas que se ven aquí en la tierra son comprendidas por el hombre, ¿quién puede decir cómo hice para crear el sol, cuánta luz y calor contiene?  Sin embargo lo ven, gozan de sus efectos, todo el día está con ellos, su calor y luz los siguen por todos lados, y con todo esto ni saben ni pueden decir su altura, la luz y el calor que posee, y si alguno quisiera elevarse para conocer esto, la luz lo eclipsaría y el calor lo quemaría, así que el hombre está obligado a tener los ojos bajos y gozarse la luz sin poderlo investigar, y contentarse con decir:  ‘Es sol”.  Entonces, si esto sucede con el sol que se ve y que Yo creé para el bien natural del hombre, mucho más con las verdades que contienen, ¡oh! cuánta más luz y calor que el mismo sol, especialmente las verdades que se refieren a mi Voluntad, que contienen efectos, bienes y valor eternos; ¿quién puede medir todo lo que Ella contiene?  Sería quererse eclipsar, sería mejor bajar la frente y gozarse la luz que lleva mi verdad, amarla y hacer suya aquella pequeña luz que comprende la inteligencia humana y no hacer que, porque no comprenden toda la plenitud de la luz, la hagan a un lado como cosa que a ellos no pertenece; así que del sol no comprendido se goza de su luz por cuanto más se puede, se sirve de ella para obrar, para caminar, para mirar, y ¡oh! cómo se suspira el día para que la luz les haga compañía y viva con ellos.  Además, mis verdades, que son más que luz, que hacen despuntar el sol del día en las mentes humanas, no son tomadas en cuenta, ni amadas, ni suspiradas y se tienen como naderías, ¡qué dolor!  Pero Yo cuando veo que ellos hacen a un lado mis verdades, Yo los hago a un lado a ellos, y hago hacer su curso a mis verdades con las almas que las aman y las suspiran, y se sirven de la luz de ellas para modelar sus vidas y hacerse con ellas una sola cosa.  ¿Crees tú que te haya dicho todo de las verdades, de los efectos y valor que mi verdad contiene?  ¡Oh! cuántos otros soles debo hacer surgir, no te asombres si no comprendes todo, conténtate con vivir de su luz, y esto me basta”.

 

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14-39

Junio 26, 1922

 

El aislamiento y la soledad de Jesús en medio de las criaturas.

 

(1)Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, y como desde hace algunos días yo me encontraba como atada, tanto que me sentía impotente aun para moverme, me ha dicho tomando mis manos en las suyas:

(2)“Hija mía, deja que Yo te desate”.

(3)Y poniéndose junto a mí ha puesto mis brazos sobre sus hombros diciéndome:

(4)“Ahora estás libre, estréchame a ti, pues he venido para hacerte compañía y recibir en correspondencia la tuya.  Mira, Yo soy el Dios aislado por las criaturas, vivo en medio de ellas, soy vida de cada uno de sus actos y me tienen como si no existiera con ellas.  ¡Oh! cómo lloro mi soledad, me ha tocado la misma suerte del sol, que mientras él vive con su luz y calor en medio de todos, no hay fecundidad que de él no venga, con su calor purifica la tierra de tantas inmundicias, sus bienes son incalculables y con magnanimidad los hace descender sobre todos, pero él en lo alto vive siempre solo, y el hombre ingrato no le da jamás un gracias, un testimonio de agradecimiento.  Así estoy Yo, ¡solo!, siempre solo, mientras que estando en medio de ellos soy luz de cada pensamiento, sonido de cada palabra, movimiento de cada obra, paso de cada pie, latido de cada corazón, y el hombre ingrato me deja solo, no me dice un gracias, un te amo; quedo aislado en la inteligencia, porque de la luz que les doy se sirven para ellos y tal vez para ofenderme; quedo aislado en las palabras, porque el sonido que forman muchas veces sirve para blasfemarme; quedo aislado en sus obras, de las que se sirve para darme muerte; en los pasos, en el corazón, atentos sólo a desobedecerme y a amar lo que a Mí no pertenece.  ¡Oh, cómo me pesa esta soledad!  Pero mi amor, mi magnanimidad son tan grandes, que más que sol continúo mi curso, y en mi curso voy investigando si alguno quiere hacerme compañía en tanta soledad, y encontrándolo, con él formo mi compañía perenne y lo abundo de todas mis gracias.  He aquí por qué he venido a ti, estaba cansado de tanta soledad, no me dejes jamás solo hija mía”.

 

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14-40

Julio 6, 1922

 

Bendición de Jesús a su Mamá.  Quien vive en la Divina

Voluntad es depositaria de la Vida Sacramental de Jesús.

 

(1)Estaba pensando y acompañando a Jesús en la hora de la Pasión cuando fue ante la Divina Mamá para pedirle su santa bendición, y mi dulcísimo Jesús en mi interior me ha dicho:

(2)“Hija mía, antes de mi Pasión quise bendecir a mi Mamá y ser bendecido por Ella, pero no fue únicamente a mi Mamá a quien bendije, sino a todas las criaturas, no sólo animadas sino también inanimadas; vi a las criaturas débiles, cubiertas de llagas, pobres, mi corazón tuvo un latido de dolor y de tierna compasión y dije:  ‘¡Pobre humanidad, cómo estás decaída, quiero bendecirte a fin de que resurjas de tu decaimiento; mi bendición imprima en ti el triple sello de la potencia, de la sabiduría y del amor de las Tres Divinas Personas y te restituya la fuerza, te sane y te enriquezca, y para circundarte de defensas bendigo todas las cosas creadas por Mí, a fin de que las recibas bendecidas por Mí:  te bendigo la luz, el aire, el agua, el fuego, el alimento, a fin de que quedes como abismada y cubierta con mis bendiciones, pero como tú no las merecías, por eso quise bendecir a mi Mamá, sirviéndome de Ella como canal para hacer llegar a ti mis bendiciones”.  Y así como me correspondió mi Mamá con sus bendiciones, así quiero que las criaturas me correspondan con sus bendiciones; pero, ¡ay de Mí!, en vez de correspondencia de bendiciones, me corresponden con ofensas y maldiciones, por eso hija mía, entra en mi Querer, y poniéndote sobre todas las cosas creadas sella todas con las bendiciones que todos me deben, y trae a mi doliente y tierno corazón las bendiciones de todos”.

(3)Después de haber hecho esto, como para recompensarme me ha dicho:

(4)“Amada hija mía, te bendigo en modo especial, te bendigo el corazón, la mente, el movimiento, la palabra, el respiro, toda y todo te bendigo”.

(5)Después de esto he continuado con las demás horas de la Pasión, y mientras seguía la cena eucarística, mi dulce Jesús se movió en mi interior y con la punta de su dedo ha tocado fuerte en mi interior, tanto que lo he oído con mis oídos y he dicho entre mí:  “¿Qué querrá Jesús que llama?”  Y Él llamándome me ha dicho:

(6)“No bastaba tocar para hacerme oír, sino también llamarte para ser escuchado.  Escucha hija mía, mientras instituía la cena Eucarística llamé a todos en torno a Mí, miré todas las generaciones, del primero al último hombre, para dar a todos mi Vida Sacramental, y no una vez, sino tantas veces por cuantas veces tiene necesidad del alimento corporal.  Yo quería constituirme como alimento del alma, pero me encontré muy mal al ver que esta mi Vida Sacramental quedaba rodeada por desprecios, por descuidos y aun por muerte despiadada.  Me sentí mal, sentí todas las congojas de la muerte de mi Vida Sacramental tan dolorosa y repetida; pero miré mejor, hice uso de la potencia de mi Querer y llamé en torno a Mí a las almas que habrían vivido en mi Querer, ¡oh, cómo me sentía feliz!  Me sentía rodeado por estas almas a las cuales la potencia de mi Voluntad las tenía como abismadas, y que como centro de su vida estaba mi Querer; vi en ellas mi inmensidad y me encontré bien defendido por todas, y a ellas confié mi Vida Sacramental, la deposité en ellas para que no sólo me cuidaran sino que me correspondieran por cada hostia Consagrada con una vida de ellas, y esto sucede como connatural, porque mi Vida Sacramental está animada por mi Voluntad eterna, y la vida de estas almas tiene como centro de vida mi Querer, así que cuando se forma mi Vida Sacramental, mi Querer obrante en Mí obra en ellas y Yo siento su vida en mi Vida Sacramental, se multiplican Conmigo en cada una de las hostias, y Yo siento que me dan vida por vida.  ¡Oh, cómo exulté al verte a ti como primera, que en modo especial te llamé a formar vida en mi Querer!  Hice en ti mi primer depósito de todas mis Vidas Sacramentales, te confié a la potencia y a la inmensidad del Querer Supremo, a fin de que te hicieran capaz de recibir este depósito, y desde entonces tú estabas presente a Mí y te constituí depositaria de mi Vida Sacramental, y en ti a todas las demás almas que habrían vivido en mi Querer.  Te di el primado sobre todo, y con razón, porque mi Querer no está puesto por debajo de ninguno, aun sobre los apóstoles, sobre los sacerdotes, porque si bien ellos me Consagran pero no quedan vida junto Conmigo, más bien me dejan solo, olvidado, no teniendo cuidado de Mí; en cambio esas almas habrían sido vida en mi misma Vida, inseparables de Mí, por eso te amo tanto, es a mi mismo Querer que amo en ti”.

 

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14-41

Julio 10, 1922

 

El vivir en el Divino Querer es repetir la Vida real de

Jesús no solamente en el alma, sino también en el cuerpo.

 

(1)Continuando mi habitual estado, sentía a mi siempre amable Jesús en mi interior, pero tan real, que ahora sentía que me estrechaba tan fuerte el corazón que me hacía sufrir, ahora estrechaba sus brazos a mi cuello y me sofocaba, ahora se sentaba sobre mi corazón, tomando un aire imperante y de mando, y yo me sentía como aniquilar y luego resurgir a nueva vida bajo su mandato, ¿pero quién puede decir lo que Él hacía en mi interior y lo que yo sentía?  Creo que es mejor pasarlo en silencio.  Entonces mientras sentía su presencia real en mi interior me decía:

(2)“Hija mía, elévate, elévate más, pero tanto de llegar al seno de la Divinidad, entre las Divinas Personas será tu vida.  Mira, para hacerte llegar a esto he formado mi Vida en ti, he encerrado mi Querer eterno en lo que tú haces, y ahí corre en modo maravilloso y sorprendente; mi Querer está obrante en ti en continuo acto inmediato.  Ahora, después de haber formado mi Vida en ti, con mi Querer obrante en ti, en tus actos, tu querer ha quedado impregnado, transfundido en el mío, de modo que mi Querer tiene una vida sobre la tierra.  Ahora es necesario que te eleves y lleves contigo mi Vida, mi Querer, a fin de que mi Querer de la tierra y el del Cielo se fundan juntos y tú hagas vida por algún tiempo en el seno de la Divinidad, donde tu querer será obrante en el mío para poderlo ensanchar por cuanto la criatura puede ser capaz, después descenderás de nuevo sobre la tierra llevando la potencia, los prodigios de mi Querer, por los cuales las criaturas serán sacudidas, abrirán los ojos y muchos conocerán qué significa vivir en mi Querer, vivir a semejanza de su Creador.  Esto será el principio de que mi reino venga sobre la tierra y que mi Querer tenga su último cumplimiento.

(3)¿Crees que sea cosa de nada el vivir en mi Querer?  No hay cosa que lo iguale, ni santidad que lo iguale; es la Vida real, no fantástica como alguno puede imaginar, y ésta mi Vida está no sólo en el alma, sino también en el cuerpo, ¿pero sabes tú cómo es formada esta mi Vida?  Mi Querer eterno es el del alma, y mi latido, latiendo en su corazón forma mi concepción; su amor, sus penas y todos sus actos hechos en mi Querer forman mi Humanidad, y me hacen crecer tanto que no puedo mantenerme escondido, ni ella puede hacer menos que sentirme.  ¿No me sientes tú, vivo en tu interior?  Por eso te he dicho que a la santidad del vivir en mi Querer no hay nada que la iguale, todas las otras santidades serán las pequeñas luces, y ella será el gran sol transfundido en su Creador”.

(4)Ahora, por obedecer y con gran repugnancia digo cómo siento a Jesús en mi interior:  Lo siento en el lugar de mi corazón, casi en modo visible, ahora oigo que reza y muchas veces lo oigo con los oídos del cuerpo, y yo rezo junto con Él; ahora que sufre y me hace sentir su respiro entrecortado, afanoso, y lo siento en mi respiro, tanto que estoy obligada a afanarme junto con Él, y como en Él están contenidas todas las criaturas, siento su respiro que como vida se difunde en todos los movimientos y respiros humanos, y yo me difundo junto con Él.  Ahora lo siento gemir, agonizar; ahora lo siento mover los brazos y los extiende en los míos; ahora que duerme, quedando en mi interior un profundo silencio; ¿pero quién pude decirlo todo?  Sólo Jesús puede decir lo que obra en mí, porque yo no tengo palabras suficientes para manifestarlo.  Lo he hecho sólo por obedecer, con sumo desgarro de mi alma y por temor de que mi Jesús pudiera disgustarse, porque Él me tolera siempre que la obediencia no me mande, pero si la obediencia manda, sólo me queda Fiat, de otra manera me aniquilaría.  Espero que sea todo para gloria suya y para confusión mía.

 

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14-42

Julio 14, 1922

 

Dios es llevado a generar seres similares a Él. Luisa,

generadora del Reino de la Divina Voluntad en los demás.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús me ha transportado fuera de mí misma, hasta el seno del Eterno; pero mientras nadaba en aquel seno, sin saber decir lo que sentía y comprendía, porque me faltan las palabras para expresarme, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija amada de nuestra Voluntad, te he traído al seno de nuestra Divinidad a fin de que tu querer se extienda mayormente en el nuestro y tome parte en nuestro modo de obrar.  Nuestra Divinidad es llevada naturalmente a la generación, no hace otra cosa que generar continuamente, y todas las cosas creadas por Nosotros llevan consigo la virtud de generar:  El sol genera la luz en cada ojo humano, en cada obra y paso, parece que se multiplica por cada hombre, por cada planta y por cada punto de la tierra, si no tuviera la virtud, la conexión con su Creador generador, el sol jamás podría dar luz a todos ni estar a disposición de cada uno; la flor genera otra flor toda igual a ella; la semilla genera otra semilla; el hombre genera otro hombre; así que todas las cosas llevan consigo la virtud de su Creador de generar, así que somos llevados naturalmente a generar y a reproducir seres semejantes a Nosotros, por eso te he llamado en nuestro seno, a fin de que viviendo con Nosotros, tu querer, difundiéndose en el nuestro se agrande, genere junto con Nosotros santidad, luz, amor, y multiplicándose junto con Nosotros en todos, genere en los demás lo que ha recibido de Nosotros.  Lo único que nos queda por hacer respecto a la Creación, es que nuestra Voluntad obre en la criatura como obra en Nosotros; nuestro amor quiere hacer salir de nuestro seno a nuestra Voluntad para ponerla en la criatura, pero va buscando a quien esté dispuesta, quien la conozca y la aprecie, y genera en ella lo que genera en Nosotros.  He aquí por qué tantas gracias, tantas manifestaciones sobre mi Voluntad, es la santidad de mi Querer que lo exige, que antes que sea puesta en el alma sea conocida, amada y reverenciada, y que pueda desenvolver en ella toda su virtud y potencia, y sea cortejada por nuestras mismas gracias.  Así que todo lo que te hago a ti, no es otra cosa que amueblar y adornar la morada a mi Voluntad, por eso sé atenta, aquí en nuestro seno aprenderás mejor nuestros modos y recibirás todas las prerrogativas que conviene a los designios que hemos formado sobre ti”.

 

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14-43

Julio 16, 1922

 

Para reinar, la Santidad del vivir en el Divino Querer debe ser conocida.

 

(1)Habiéndome dicho el confesor que debía hacer copiar de mis escritos lo que sobre las diversas virtudes el bendito Jesús me ha hecho escribir, sentía en mí una pena, un martirio por hacer salir lo que Jesús me había dicho; entonces, al venir el bendito Jesús le he dicho:  “Amor mío, sólo para mí este martirio, que yo misma deba ser instrumento para hacer salir lo que Tú me has manifestado, mucho más porque debiendo hacer salir lo que me has dicho, me veo obligada en ciertas cosas a ponerme fuera también a mi misma.  Mi Jesús, qué martirio, sin embargo, si bien con sumo dolor de mi alma estoy obligada a obedecer.  Dame la fuerza, ayúdame, sólo para mí esto; has dicho tantas cosas a otros, les has hecho tantas gracias y ninguno ha sabido nada, y si bien después de su muerte se ha conocido alguna cosa, el resto ha quedado todo sepultado con ellos, sólo a mí me toca este martirio”.  Y Jesús todo bondad me ha dicho:

(2)“Hija mía, ánimo, no te abatas demasiado, Yo estaré contigo también en esto.  Ante mi Querer el tuyo debe desaparecer, y además es la santidad de mi Querer que quiere ser conocida, esta es la causa.  La santidad del vivir en mi Querer no tiene camino, ni puertas, ni llaves, ni habitaciones, invade todo, es como el aire que se respira, que todos deben y pueden respirarlo, basta sólo con que lo quieran y que hagan a un lado el querer humano, el Querer Divino se hará respirar por el alma y le dará la vida, los efectos, el valor de la Vida de mi Querer, y si no es conocido, ¿cómo podrán amar y querer un vivir tan santo, que es la gloria más grande que puede darme la criatura?  La santidad de las otras virtudes es bastante conocida en toda la Iglesia, y quien quiere puede copiarla, por eso no tengo premura por multiplicar su conocimiento; pero la santidad del vivir en mi Querer, los efectos, el valor que contiene, la última pincelada que dará mi mano creadora a la criatura para volverla semejante a Mi, no es conocida aún, he aquí por qué toda mi premura de que se publique todo lo que te he dicho, y si esto no hicieras vendrías como a restringir mi Querer, a aprisionar en Mí las llamas que me devoran, y a hacerme retardar la completa gloria que me debe la Creación.  Sólo quiero que las cosas salgan ordenadas, porque una palabra que falte, un nexo, una conexión, un período truncado, en vez de dar luz arrojará tinieblas, y en vez de hacer que me den gloria y amor, las criaturas quedarán indiferentes, por eso sé atenta, lo que he dicho Yo quiero que salga entero”.

(3) Y yo:  “Pero para poner entera tu parte estoy obligada a poner parte de lo mío.”

(4) Y Jesús:  “¿Y con esto qué quieres decir?  Si el camino lo hemos hecho juntos, ¿quieres que salga sólo Yo?  Además, ¿a quién debo señalar y poner como ejemplo para imitar, si aquélla a quien he enseñado y tiene la práctica del modo de cómo vivir en mi Querer no quiere ser conocida?  Hija mía, esto es absurdo”.

(5)“¡Ah! Jesús, en qué laberinto me pones, me siento morir.  Espero que tu Fiat me dé la fuerza”.

(6)“Por eso quita tu querer, y mi Fiat hará todo”.

 

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14-44

Julio 20, 1922

 

El vivir en el Divino Querer injerta en el alma todo lo que la

Divina Voluntad hizo y le hizo sufrir a la Humanidad de Jesús.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y me ha sumergido tanto en su Querer, que aun el querer salir de Él me resultaba imposible; me sucedía como a una persona que voluntariamente se ha arrojado desde su pequeño lugar a otro lugar interminable, la cual, viendo lo largo del camino, del cual no conoce ni siquiera los confines, deja el pensamiento de encontrar a su pequeño lugar, pero es feliz de su suerte.  Entonces, mientras nadaba en el mar inmenso del Querer Divino, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2)“Hija amadísima de mi Querer, quiero hacer de ti una repetidora de mi Vida; el vivir en mi Querer debe injertar en el alma todo lo que mi Voluntad hizo y me hizo sufrir en mi Humanidad, no tolera ninguna desemejanza.  Mira, mi Voluntad eterna impuso a mi Humanidad que aceptara tantas muertes por cuantas criaturas debían tener vida a la luz del día, y mi Humanidad aceptó con amor estas muertes, tanto que el Querer eterno hizo tantas marcas en mi Humanidad por cuantas muertes debía sufrir.  Ahora, ¿quisieras tú que Yo marcara la tuya con tantas marcas por cuantas fue marcada la mía, a fin de que cuantas muertes sufrí Yo sufras tú?”

(3)Yo he dicho Fiat, y Jesús con una maestría y velocidad al mismo tiempo, ha marcado la mía con tantas marcas de muerte por cuantas tenía Él, diciéndome:

(4)“Sé atenta y fuerte en sufrir estas muertes, mucho más porque de estas muertes saldrá la vida para tantas otras criaturas”.

(5)Ahora, mientras esto decía, con sus mismas manos creadoras me tocaba, y conforme me tocaba creaba el dolor, tanto, de hacerme sentir penas mortales, me arrancaba el corazón, lo hería de mil modos, ahora con flechas de fuego, y ahora con flechas de hielo que me hacían titiritar, ahora lo apretaba tan fuerte que lo dejaba inmóvil; ¿pero quién puede decirlo todo?  Sólo Él puede decir lo que hace.  Yo me sentía aplastada, aniquilada y casi temía que no tuviera la fuerza, y Él, como queriendo reposar de las penas que me había dado, ha vuelto a decir:

(6) “¿De qué temes?  ¿Tal vez que mi Querer no tenga fuerza suficiente para sostenerte en las penas que quiero darte?  ¿O bien que pudieras salir de los confines de mi Querer?  Esto no será jamás, ¿no ves cuántos mares inmensos ha extendido mi Querer en torno a ti, de modo que tú misma no encuentras el camino para salir de Él?  Todas las verdades, los efectos, los valores, los conocimientos que te he manifestado, han sido tantos mares de los cuales has quedado circundada, y otros mares continuaré extendiendo.  Ánimo hija mía, todo esto es necesario a la santidad del vivir en mi Querer, generar semejanza entre Yo y el alma.  Esto hice con mi Mamá, no toleré ni siquiera una pequeña pena, ni ningún acto o bien que hice, en que Ella no tomase parte; una era la Voluntad que nos animaba, y por lo tanto cuando Yo sufría las muertes, las penas, cuando obraba, Ella moría, penaba, obraba junto Conmigo, en su alma debía ser copia fiel mía, de modo que reflejándome en Ella debía encontrar otro Yo mismo.  Ahora, lo que hice con mi Mamá lo quiero hacer contigo, después de Ella te pongo a ti, quiero que sea reflejada la Santísima Trinidad sobre la tierra:  Yo, mi Mamá y tú.  Y esto es necesario, que por medio de una criatura mi Querer tenga Vida obrante sobre la tierra, ¿y cómo puedo tener esta Vida obrante si no doy lo que mi Querer contiene y lo que hizo sufrir a mi Humanidad?  Mi Querer tuvo verdadera Vida obrante en Mí y en mi inseparable Mamá; ahora quiero que la tenga en ti, una criatura me es absolutamente necesaria, así mi Querer lo ha establecido, las demás serán condicionadas”.

(7)Entonces yo me sentía toda confundida, comprendía lo que Jesús decía, y más me sentía aniquilar, deshacer mi pobre ser; me sentía tan indigna que pensaba entre mí:  “Qué equivocación comete Jesús, hay tantas almas buenas a las cuales podría elegir”.  Pero mientras esto pensaba en mí, Él ha agregado:

(8)“Pobre hija, tu pequeñez junto a Mí se pierde, pero así lo he decidido, de la raza humana debía tomarla; si no te tomaba a ti, tomaba a otra criatura, pero porque tú eres más pequeña te he hecho crecer sobre mis rodillas, te he nutrido a mi seno como una pequeña niña, así que siento en ti mi misma Vida y por eso he fijado sobre ti mis miradas, te he mirado y vuelto a mirar, y complaciéndome he llamado al Padre y al Espíritu Santo a mirarte, y por consenso unánime te hemos elegido, por eso no te queda otra que serme fiel, y abrazar con amor la vida, las penas, los efectos, y todo lo que quiere nuestro Querer”.

 

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14-45

Julio 24, 1922

 

Vínculos entre Jesús y todas las almas.  Correspondencia a la Gracia.

 

(1)Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido con una majestad y amor encantadores y me ha hecho ver todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, cada uno de los cuales estaba vinculado y atado junto con mi dulce Jesús, y era tanta la unión, que parecía que Jesús se multiplicaba para cada una de las criaturas, de modo que cada uno lo tenía todo para sí, y que Jesús daba su Vida para sufrir cualquier pena y muerte que cada una debía sufrir, para poder decir al Padre Celestial:  “Padre mío, en cada criatura tendrás otros tantos Yo mismo que te darán por cada una lo que cada una te debe”.  Mientras esto veía, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2)“Hija mía, ¿quieres también tú aceptar el vínculo de cada ser, a fin de que entre Yo y tú no haya ninguna desemejanza?”

(3)Yo no sé cómo sentía como si el peso de todos se apoyase sobre mis espaldas, veía mi indignidad y debilidad, y sentía tal repugnancia que me sentía aniquilar, tanto que el bendito Jesús teniendo compasión de mí me ha tomado entre sus brazos y me ha estrechado a su corazón, haciéndome poner la boca en la herida que lo traspasaba diciéndome:

(4) “Bebe hija mía la sangre que brota de esta herida para recibir la fuerza que te falta, ánimo, no temas, Yo estaré contigo, dividiremos juntos todo el peso, el trabajo, las penas y las muertes, por eso te digo, sé atenta y fiel, porque mi Gracia quiere correspondencia, de otra manera se necesita nada para descender.  ¿Qué se necesita para abrir y cerrar los ojos?  No se necesita nada, sin embargo que gran bien lleva el tenerlos abiertos, y que gran mal el tenerlos cerrados, con tenerlos abiertos los ojos se llenan de luz, de sol; con esta luz la mano puede obrar, el pie caminar seguro y sin tropezar, distingue los objetos, si son buenos o malos, reordena las cosas, lee, escribe; ahora, ¿qué se necesita para perder todo este bien?  Cerrar los ojos, entonces la mano no puede obrar, el pie no puede caminar y si camina está sujeto a tropezar, no distingue más los objetos, se reduce a la inhabilidad.  Tal es la correspondencia, no es otra cosa que abrir los ojos del alma, y en cuanto los abre se hace luz en la mente, mi imagen se refleja en todo lo que va haciendo, copiándome fielmente, de manera que no hace otra cosa que recibir continua luz de Mí, tanto que llega a convertir todo su ser en luz.  En cambio la incorrespondencia arroja al alma en las tinieblas y la vuelve inactiva”.

 

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14-46

Julio 28, 1922

 

Semejanza del alma con Jesús, no sólo en las

muertes de dolor, sino también en las del amor.

 

(1)Me sentía toda inmersa en su Santísimo Querer, y mi dulce Jesús al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, funde tu inteligencia con la mía, a fin de que circule en todas las inteligencias de las criaturas, y reciba el vínculo de cada uno de los pensamientos de ellas para sustituirlos con tantos otros pensamientos hechos en mi Querer, y Yo reciba la gloria como si todos los pensamientos fuesen hechos en modo divino.  Ensancha tu querer en el mío, ninguna cosa debe escapar que no quede atrapada en la red de la tuya y mía Voluntad; mi Querer en Mí y mi Querer en ti deben confundirse juntos y tener los mismos confines interminables, pero tengo necesidad de que tu querer se preste a extenderse en el mío y no se le escape ninguna cosa creada por Mí, a fin de que en todas las cosas escuche el eco de la Voluntad Divina en la voluntad humana, a fin de que ahí genere mi semejanza.  Mira hija mía, Yo sufrí doble muerte por cada una de las criaturas, una de amor y la otra de pena, porque al crearla la creé un complejo todo de amor, por lo cual no debía salir de ella otra cosa que amor, tanto que mi amor y el suyo debían estar en continuas corrientes, pero el hombre no sólo no me amó, sino que ingrato me ofendió, y Yo debía rehacer a mi Divino Padre de esta falta de amor, y debí aceptar una muerte de amor por cada uno, y otra de dolor por las ofensas”.

(3) Pero mientras esto decía, veía a mi dulce Jesús todo una llama, que lo consumía y le daba muerte por cada uno, es más, veía que cada pensamiento, palabra, movimiento, obra, paso, etc., eran tantas llamas que consumían a Jesús y lovivificaban.

(4) Entonces Jesús ha agregado:  “¿No quisieras tú mi semejanza?  ¿No quisieras tú aceptar las muertes de amor como aceptaste las muertes de dolor?”

(5)Y yo:  “¡Ah! mi Jesús, yo no sé qué me haya sucedido, siento aún gran repugnancia por haber aceptado las de dolor, ¿cómo podría aceptar las de amor que me parecen más duras?  Yo tiemblo al sólo pensarlo, mi pobre naturaleza se aniquila más, se deshace.  Ayúdame, dame la fuerza porque siento que no puedo seguir adelante”.

(6)Y Jesús todo bondad y decidido ha agregado:  “Pobre hija mía, ánimo, no temas ni quieras turbarte por la repugnancia que sientes; es más, para tranquilizarte te digo que también ésta es una semejanza mía.  Debes saber que también mi Humanidad, por cuan santa, deseosa a lo sumo de sufrir, sentía esta repugnancia, pero no era mía, eran todas las repugnancias de las criaturas que sentían en hacer el bien, en aceptar las penas que merecían, y Yo debía sufrir estas penas que me torturaban no poco, para dar a ellas la inclinación al bien y hacerles más dulces las penas, tanto, que en el huerto grité al Padre:  ‘Si es posible pase de Mí este cáliz”.  ¿Crees tú que fui Yo?  ¡Ah no!  Te engañas, Yo amaba el sufrir hasta la locura, amaba la muerte para dar vida a mis hijos, era el grito de toda la familia humana que resonaba en mi Humanidad, y Yo, gritando junto con ellos para darles fuerzas repetí tres veces:  ‘Si es posible pase de Mí este cáliz’.  Yo hablaba a nombre de todos, como si fueran cosa mía, pero me sentía aplastar; así que la repugnancia que sientes no es tuya, es el eco de la mía, si fuera tuya me habría retirado, por eso hija mía, queriendo generar de Mí otra imagen mía, quiero que aceptes, y Yo mismo quiero imprimir en tu voluntad ensanchada y consumida en la mía estas mis muertes de amor”.

(7)Y mientras esto decía, con su santa mano me las imprimía, y ha desaparecido.  Sea todo para gloria de Dios.

 

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14-47

Julio 30, 1922

 

Luisa siente repugnancia de publicar los escritos.  Lamentos de Jesús.

 

(1)Haciendo copiar, según la obediencia del confesor, de mis escritos lo que Jesús me había dicho sobre las virtudes, yo quería hacerlo copiar sin decir que me lo había dicho Jesús, y Él al venir, disgustándose me ha dicho:

(2)“Hija mía, ¿por qué quieres ocultarme?  ¿Soy Yo acaso un deshonrado y por eso no quieres que se haga mención de Mí?  Cuando se dice un bien, un dicho, una obra, una verdad de una persona deshonrada, no se quiere decir quién sea para no hacer perder la estima, la gloria, el prestigio y el efecto que hay en aquel bien, en aquel dicho, etc., porque si se dice quién es, no será apreciado y perderá todo lo bello, sabiendo que la fuente de donde viene no merece ningún aprecio, en cambio, si es persona de bien y honorable, primero se dice el nombre de la persona para hacer resaltar y apreciar mayormente lo que ha dicho o hecho, y después se dice lo que ha hecho o dicho.  ¿Así que Yo no merezco que mi nombre sea puesto por delante de mis palabras?  ¡Ah, cómo me tratas mal!  No esperaba esta pena de ti, y sin embargo he sido tan magnánimo contigo, te he manifestado tantas cosas de Mí, te he hecho conocer tantas cosas, y las más íntimas de Mí, lo que no he hecho con los demás.  Deberías haber sido más magnánima en hacerme conocer, en cambio has sido la más tacaña.  Los otros, aquél poco que les he dicho, habrían querido tocar trompetas para hacerme conocer y amar, en cambio tú quieres ocultarme, esto en verdad no me agrada”.

(3)Y yo, casi confundida y humillada a lo sumo le he dicho:

(4)“Mi Jesús, perdóname, tienes razón, es la gran repugnancia que siento, ese deber poner mi voluntad en el modo como debo salir me tortura.  Tú ten piedad de mí, dame más fuerza y gracia y ensancha más mi corazón, a fin de que jamás pueda darte esta pena”.

(5)Y Jesús:  “Te bendigo a fin de que tu corazón reciba más Gracia y sea más dado en hacerme conocer y amar”.

 

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14-48

Agosto 2, 1922

 

Semejanza en la pena más grande de Jesús:

El alejamiento de la Divinidad en las penas.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, me veía toda confundida y como separada de mi dulce Jesús, tanto que al venir le he dicho:  “Amor mío, cómo han cambiado las cosas para mí, antes me sentía tan fundida Contigo que no advertía ninguna división entre Tú y yo, y en las mismas penas que sufría Tú estabas conmigo.  Ahora todo al contrario, si sufro me siento dividida de Ti, y si te veo ante mí o dentro de mí, es con aspecto de un juez que me condena a la pena, a la muerte, y ya no tomas parte en las penas que Tú mismo me das, sin embargo me dices:  Elévate siempre más; en cambio yo desciendo”.  Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:

(2)“Hija mía, cómo te engañas, esto sucede porque tú has aceptado, y Yo he marcado en ti las muertes y las penas que Yo sufrí por cada criatura.  También mi Humanidad se encontraba en estas dolorosas condiciones, Ella era inseparable de mi Divinidad, sin embargo, siendo mi Divinidad intangible en las penas, y no capaz de poder sufrir sombra de penas, mi Humanidad se encontraba sola en el sufrir, y mi Divinidad era sólo espectadora de las penas y muertes que Yo sufría, más bien me era juez inexorable que quería el pago de cada pena de cada criatura.  ¡Oh, cómo mi Humanidad temblaba, quedaba aplastada ante aquella luz y Majestad Suprema al verme cubierto por las culpas de todos, y de las penas y muertes que cada uno merecía!  Fue la pena más grande de mi Vida, que mientras era una sola cosa con la Divinidad e inseparable, en las penas permanecía solo y como apartado.  Por eso, si te he llamado a mi semejanza, ¿qué maravilla que mientras me sientes en ti me ves espectador de tus penas que Yo mismo te infrinjo y te sientes como separada de Mí?  No obstante tu pena no es otra cosa que la sombra de la mía, y así como mi Humanidad no quedó jamás separada de la Divinidad, así te aseguro que jamás quedas separada de Mí, son los efectos lo que sientes, pero entonces más que nunca formo una sola cosa contigo, por eso ánimo, fidelidad y no temas”.

 

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14-49

Agosto 6, 1922

 

La Voluntad de Dios es equilibrio y orden.

 

(1)Me sentía toda inmersa en el Santo Querer de Dios, y mi dulce Jesús al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, todas las cosas son para Mí de igual peso, tanto me pesa el Cielo cuanto la tierra.  Mi Voluntad contiene perfecto equilibrio; el equilibrio lleva el orden, el régimen, lo útil, la armonía, todas las cosas armonizan juntas como si fueran una sola cosa.  El orden lleva la igualdad, la igualdad lleva la semejanza, he aquí por qué tanta armonía, orden y semejanza en las Tres Divinas Personas; y todas las cosas creadas están en perfecta armonía, la una es el sostén, la fuerza y la vida de la otra, si una sola cosa creada desarmonizara, todas las demás rodarían y se destruirían.  Sólo el hombre se apartó de Nosotros, del equilibrio de nuestra Voluntad, ¡oh! cómo rodó el hombre, y del más alto puesto cayó en lo más profundo del abismo!  Y con toda mi Redención, no toda la familia humana ha vuelto a su estado primero, esto significa que la cosa más grave es que se sustraiga del equilibrio de nuestra Voluntad, significa arrojarse en la confusión, en el desorden, en el océano de todos los males.  Ahora hija mía, por eso te he llamado a ti en modo especial en este equilibrio de mi Querer, a fin de que viviendo tú en Él, vengas a equilibrar todo el obrar de la trastornada humanidad.  Viviendo en mi Querer te equilibrarás a ti misma, estarás en el orden y en perfecta armonía entre Nosotros y todas las cosas creadas por Nosotros, así que armonizando todo, sentiremos en ti que corriendo en el ámbito de nuestra Voluntad nos darás el orden, la armonía de todas las inteligencias, de las palabras, obras y pasos de todos; constituiremos tus actos en nuestro Querer como regidores de todos los demás y nos reharemos del caos de la desventurada humanidad.  Cada acto tuyo será el sello del orden que Nosotros recibiremos a nombre de todos los demás, mucho tienes que hacer en nuestro Querer, serás como reina que nos llevarás todas las conquistas, todas las armonías; nuestro Querer te suministrará todo lo que es necesario para poder suplir por todos y llenar el vacío del equilibrio de la voluntad humana, que tanto daño ha recibido al sustraerse del equilibrio de nuestra Voluntad”.

 

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14-50

Agosto 12, 1922

 

Valor y efectos del sacrificio.

 

(1)Me sentía oprimida y en penas, que sólo mi dulce Jesús puede saberlas, Él examina cada fibra de mi pobre corazón y ve toda la intensidad de mi dolor, y teniendo compasión de mí, viniendo me ha sostenido entre sus brazos diciéndome:

(2)“Hija mía, ánimo, estoy Yo para ti, ¿de qué temes?  ¿Acaso alguna vez te he faltado?  Y si tú no quieres a ningún costo separarte mínimamente de mi Querer, mucho menos quiero Yo no estar contigo y no ser vida de cada acto y pena tuya.  Ahora tú debes saber que mi Voluntad es oro purísimo, y para hacer que el hilo de fierro de tu voluntad humana pueda convertirse en oro purísimo, de modo que entretejiéndose el hilo de tu voluntad con la mía no se distinga cuál sea la tuya y cuál la mía, es sólo el sacrificio, las penas, que consumiendo el hilo de tu voluntad humana lo sustituye con el hilo de oro divino, que fundiéndose con el mío forma uno sólo, y entrelazando toda la gran rueda de la eternidad se extiende por todas partes y se encuentra por todas partes; pero si mi Querer es oro y el tuyo es fierro, permanecerás atrás y el mío no descenderá a entretejerse con el tuyo.  Si tú tomas dos objetos de oro, a pesar de que cada uno tenga una forma diversa, licuándolos podrás formar uno solo, sin poder discernir más cuál era el oro de uno y cuál el del otro; pero si un objeto es de oro y el otro de fierro, uno no se adherirá al otro y no se podrá formar un solo objeto de oro.  Así que es sólo el sacrificio lo que cambia la naturaleza a la voluntad humana.

(3)El sacrificio es fuego ardiente y diluye y consume, el sacrificio es sagrado y tiene virtud de consagrar la Voluntad Divina en la humana, el sacrificio es gracia e imprime en ella con su hábil pincel la forma y los lineamientos divinos, he aquí el por qué del aumento de tus penas, son las últimas pinceladas que se necesitan para dar la última extensión y entrelazamiento de tu querer con el mío”.

(4)Y yo:  “¡Ah! mi Jesús, todas mis penas, por cuán dolorosas, que parece que me aniquilan, no me oprimen, y si a Ti te place multiplícamelas aún, pero Tú sabes cuál es la pena que me desgarra, sólo de esa imploro compasión de Ti, porque me parece que no puedo seguir soportándola.  ¡Ah! por piedad, ayúdame y libérame si a Ti te place”.

(5)Y Jesús:  “Hija mía, también en esta pena estaré contigo, seré tu ayuda, te daré mi fuerza para sostenerla; podría contentarte, pero no es decoroso que lo haga.  A una obra tan alta, a una misión tan sublime y única, de llamarte a hacer vida en mi Querer, me sonaría mal si no la hiciera pasar por medio del órgano de mi Iglesia.  Además, con mi Voluntad y con la intervención de la obediencia de un ministro mío te pusiste en este estado, ahora bien, si él no quiere continuar puede darte la obediencia, a fin de que tú haciéndolo por obedecer, entre tú y Yo quedemos en pleno acuerdo, porque si lo haces sola, por tu voluntad, no sólo no quedaremos de acuerdo, sino quedarías deshonrada; sin embargo deben saber que el mundo se encuentra actualmente sobre de una hoguera, si no quieren que alzando más sus llamas incinere todo, hagan lo que quiero”.

(6)Yo he quedado aterrada y más afligida que antes, pero dispuesta a hacer su Santísima Voluntad, no la mía.

 

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14-51

Agosto 15, 1922

 

Los actos de Jesús y los de la Santísima Virgen en la Divina Voluntad.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, estaba abandonándome en los brazos de la Santísima Voluntad de Dios, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(2)“Hija mía, en mi Querer no sólo encontrarás todos los actos que hizo mi Humanidad, en los cuales entretejía a todas las criaturas juntas, sino que encontrarás también todo lo que hizo mi amada Mamá, que entretejiéndose junto Conmigo, sus actos formaban uno solo con los míos.  En cuanto fui concebido en su seno, Ella empezó el entretejido con mis actos, y como mi Humanidad no tenía otra vida, otro alimento, otra finalidad que la sola Voluntad de mi Padre, que corriendo en todo me constituía acto de cada criatura, para restituir al Padre los derechos de Creador por parte de las criaturas, y para darme como vida a todas ellas, por eso, en cuanto comenzó su entrelazamiento Conmigo, así también Ella restituía a nombre de todos, los derechos de Creador, y se daba a todas las criaturas, así que todas las criaturas recibían como vida, junto a mis actos los de mi Mamá.

(3)Ahora en el Cielo abraza toda la gloria de cada criatura, y por parte de cada una mi Querer le da tal gloria, que no hay gloria que Ella no contenga, ni gloria que de Ella no descienda.  Y como entretejió Conmigo sus obras, su amor, sus penas, etc., ahora en el Cielo está circundada de tal gloria por cuantos entretejidos hizo en mi Voluntad, por eso supera todo, abraza todo y concurre a todo.  He aquí qué significa vivir en mi Querer.  Jamás mi amada Mamá habría podido recibir tanta gloria, si todos sus actos no hubieran corrido en mi Querer, los cuales la constituyen Reina y corona de todos.

(4)Ahora te quiero a ti en mi Querer, a fin de que el entretejido no sea entre dos sino entre tres; mi Voluntad quiere ensancharse, a fin de que encuentre en una criatura a todas las criaturas juntas.  Mira el gran bien que te vendrá, cuánta gloria me darás, y cuánto bien harás a todos”.

 

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14-52

Agosto 19, 1922

 

La penas que la Divinidad infligía en el interior de Jesús.  Las penas

de la Pasión fueron sombras y semejanzas de las penas internas.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, el dulce Jesús me hacía sufrir parte de sus penas y de sus muertes que sufrió por cada una de las criaturas.  Por mis pequeñas penas comprendía cuán atroces y mortales habían sido las penas de Jesús, entonces me ha dicho:

(2)“Hija mía, mis penas son incomprensibles a la naturaleza humana, las mismas penas de mi Pasión fueron sombras o semejanzas de mis penas internas.  Mis penas internas me eran infligidas por un Dios Omnipotente, al cual ninguna fibra podía esquivar el golpe; las de mi Pasión me eran infligidas por los hombres, los cuales no teniendo ni la omnipotencia ni la omnividencia, no podían hacer lo que ellos mismos querían, ni podían penetrar en todas mis fibras internas.  Mis penas internas estaban encarnadas y mi misma Humanidad era transformada en clavos, en espinas, en flagelos, en llagas, en martirio, tan crueles que me daban muertes continuas, éstas eran inseparables de Mí, formaban mi misma Vida; en cambio las de mi Pasión eran extrañas a Mí, eran espinas y clavos que se podían clavar, y queriendo se podían también quitar, y el solo pensamiento de que una pena se puede quitar es un alivio; pero mis penas internas, que eran formadas por la misma carne, no había ninguna esperanza de que se me pudieran quitar, ni disminuir la agudeza de una espina, del traspasarme con clavos.  Mis penas internas fueron tales y tantas, que las penas de mi Pasión las podría llamar alivios y besos que daban a mis penas internas, que uniéndose juntas daban el último testimonio de mi grande y excesivo amor por salvar a las almas.  Mis penas externas eran voces que llamaban a todos a entrar en el océano de mis penas internas, para hacerlos comprender cuánto me costaba su salvación.  Y además, por tus mismas penas internas, comunicadas por Mí, puedes comprender en algún modo la intensidad continua de las mías.  Por eso date ánimo, es el amor lo que a esto me empuja”.

 

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14-53

Agosto 23, 1922

 

En el alma que vive en la Divina Voluntad se forma la fuente

de todos los dolores y también la de todas las alegrías.

 

(1)Me sentía oprimida y sufriente, y mi interior como si estuviese en continuo acto de sufrir nuevas destrucciones y aniquilamiento de mi pobre ser.  Entonces pedía a Jesús que me diese la fuerza, y Él al venir me ha tomado en sus brazos para infundirme nueva vida, pero esta nueva vida era para darme ocasión de sufrir una nueva muerte, para después infundirme otra nueva vida.  Entonces me ha dicho:

(2)“Hija mía, mi Voluntad abraza todo, encierra en Sí todas las penas, todos los martirios, todos los dolores que hay en el giro de todos los siglos,he aquí por qué mi Humanidad abrazó todo, cada pena, cada martirio de criatura, porque mi Vida no fue otra cosa que la Vida de la Divina Voluntad, y esto era conveniente para cumplir la obra de la Redención, y no sólo para ello, sino para poderme constituir Rey, ayuda y fuerza de todos los martirios, dolores y penas.  Si no tuviera en Mí la fuente de todos los martirios, dolores y penas, ¿cómo podría llamarme Rey de todos y poseer en Mí la fuente de todas las ayudas, apoyos, fuerza y gracia que se necesitan en cada pena de criatura?  Es necesario tener para dar, he aquí por qué te he dicho tantas veces que la misión de llamar a un alma a vivir en mi Querer es la más grande, la más alta y sublime, no hay otra que la pueda igualar.  La inmensidad de mi Querer le hará llegar todos los martirios, penas y dolores, mi misma Voluntad le dará la fuerza divina para sostenerlos, y formará en ella fuentes de martirios y dolores, y mi mismo Querer la constituirá reina de todos los martirios, dolores y penas.  ¿Ves qué significa vivir en mi Querer?  Sufrir no sólo un martirio, sino todos los martirios; no una pena y dolor, sino todas las penas y todos los dolores.  He aquí por qué la necesidad de que mi Voluntad le sea vida, de otra manera, ¿quién le daría la fuerza en tanto sufrir?  Y si esto no fuera así, ¿cómo se podría decir que el alma que vive en mi Querer es la fuerza del mártir?  Si no tuviera en ella la sustancia de esa pena, ¿cómo podría ser fuerza de otro?  Sería solamente un modo de decir, una cosa fantástica, no una realidad.

(3)Veo que te asustas al oír esto, no, no temas, tantos martirios, dolores y penas serán correspondidos con innumerables alegrías, contentos y gracias, de los cuales mi mismo Querer formará fuentes inagotables.  Es justo, si en el alma que vive en mi Querer formará la fuente de los dolores para ayuda de toda la familia humana, es también justo que forme la fuente de las alegrías y de las gracias; con esta diferencia, que la de los dolores tendrá un fin, porque las cosas de acá abajo, por cuan grandes sean, están siempre determinadas, en cambio la fuente de las alegrías, son de allá arriba, son divinas, por lo tanto sin termino, por eso ánimo en hacer el camino en mi Voluntad”.

 

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14-54

Agosto 26, 1922

 

Las verdades, por cuanto más se piensan,

se leen, etc., expanden más su perfume.

 

(1)Estaba viendo en mis escritos, de acuerdo a la obediencia, lo que debía señalar para hacerlos copiar y pensaba entre mí:  “¿En qué aprovechará tantos sacrificios, qué bien vendrá de esto?”  Y mientras esto pensaba y hacía, el bendito Jesús me ha tomado la mano entre las suyas, y estrechándola fuertemente me ha dicho:

(2)“Hija mía, así como las flores al ser tocadas expanden con más intensidad su perfume, tanto que si no son tocadas parece que no contengan tanto perfume, y el aire no queda embalsamado por aquel olor, así mis verdades, por cuanto más se piensan, se leen, se escriben, se habla de ellas, se difunden, tanto más perfume expanden, de modo que perfuman todo, hasta el Cielo, y Yo siento el perfume de mis verdades y me siento llevado a manifestar otras verdades, viendo que las verdades manifestadas expanden la luz y el perfume que contienen.  En cambio, si mis verdades no son tocadas, el perfume y la luz quedan como reprimidos y no se expanden, y el bien y lo útil que contienen mis verdades queda sin efecto y Yo me siento defraudado en la finalidad por la cual he manifestado mis verdades.  Así que, aunque no fuera por otra cosa que hacerme sentir el perfume de mis palabras para volverme contento, deberías estar feliz de hacer el sacrificio”.

 

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14-55

Agosto 29, 1922

 

El alma en la Divina Voluntad recibe todos los bienes del obrar de Jesús.

 

(1)Continuando mi habitual estado, estaba pensando en todo lo que mi dulce Jesús ha hecho y sufrido para salvar las almas, y Él al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, todo lo que hizo mi Humanidad, oraciones, palabras, obras, pasos y penas, está en acto de darse al hombre, pero, ¿quién lo toma?  ¿Quién recibe el injerto de mi obrar?  Quien se acerca a Mí y uniéndose Conmigo reza, recibe el injerto de mi oración y los bienes que ella contiene; quien habla, enseña, unido Conmigo, recibe el injerto y los frutos de mis palabras; y así quien obra, quien sufre unido Conmigo, recibe el injerto y los bienes que hay en mis penas y obras, de otra manera todos los bienes que adquirí para la criatura quedan suspendidos, y no quedando injertada Conmigo, no disfruta de los bienes que mi Humanidad con tanto amor quiere dar; si no hay unión los bienes de uno quedan como muertos para el otro.  Imagínate una rueda, el centro de la rueda es mi Humanidad, los rayos son todo lo que hice y sufrí, la circunferencia donde quedan fijados los rayos es toda la familia humana que gira en torno al centro; ahora, si esta circunferencia, este segundo círculo de la rueda no se acerca para recibir la fijación de los rayos, éstos quedan suspendidos y no pueden comunicar los bienes que el centro de la rueda contiene.  ¡Oh! cuánto sufro al ver tantos bienes míos suspendidos, que la ingratitud humana no sólo no recibe sino desprecia y pisotea, por eso con tanta ansia voy en busca de las almas que quieren vivir en mi Querer, para poder fijar en ellas los rayos de mi rueda, y mi Voluntad les dará gracia para poder formar la circunferencia del segundo círculo de la rueda y recibirán todos los bienes que las demás me rechazan y desprecian”.

 

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14-56

Septiembre 1, 1922

 

El amor rechazado se convierte en fuego de castigo.

 

(1)Encontrándome en lo acostumbrado, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo afanado y oprimido, pero lo que más lo oprimía eran las llamas de su amor, que mientras salían de Él para expandirse, eran obligadas por la ingratitud humana a aprisionarse nuevamente.  ¡Oh! cómo su corazón santísimo quedaba sofocado por sus mismas llamas, y pedía refrigerio.  Entonces me ha dicho:

(2) “Hija mía, dame alivio, porque no puedo más; mis llamas me devoran, déjame agrandar tu corazón para poder poner en él mi amor rechazado y el dolor de mi mismo amor, ¡ah! las penas de mi amor superan a todas mis demás penas juntas”.

(3) Ahora, mientras esto decía, ponía su boca en mi corazón y lo soplaba fuertemente, de modo que me lo sentía inflar, después me lo tocaba con sus manos como si lo quisiera agrandar y volvía a soplarle; yo sentía como si se fuera a romper, pero Él, no prestándome atención volvía a soplarle.  Después que lo ha inflado bien, con sus manos lo ha cerrado, como si pusiera un sello, de modo que no había esperanza que pudiera recibir alivio, y luego me dijo:

(4) “Hija de mi corazón, he querido encerrar con mi sello mi amor y mi dolor que he puesto en ti, para hacerte sentir cuán terrible es la pena del amor contenido, del amor rechazado.  Hija mía, paciencia, tú sufrirás mucho, es la pena más dura, pero es tu Jesús, tu vida, quien quiere este alivio de ti”.

(5) Sólo Jesús sabe lo que sentía y sufría, por eso creo que es mejor no ponerlo en el papel.  Entonces, habiendo pasado todo un día sintiéndome continuamente morir, en la noche, regresando mi dulce Jesús quería inflarme más la parte del corazón, y yo le decía:  “Jesús, no puedo más; no puedo contener lo que tengo, y ¿quieres agregar más?”  Y Él tomándome entre sus brazos para darme la fuerza, me ha dicho:

(6) “Hija mía, ánimo, déjame hacer, es necesario, de otra manera no te daría tanta pena, los males han llegado a tanto que hay toda la necesidad de que tú sufras a lo vivo mis penas, como si de nuevo estuviera Yo viviente sobre la tierra.  La tierra está por hacer salir llamas para castigar a las criaturas; mi amor que corre hacia ellas para cubrirlas de gracia, rechazado se convierte en fuego para castigarlas, así que la humanidad se encuentra en medio de dos fuegos:  Fuego del Cielo y fuego de la tierra.  Son tantos los males, que estos fuegos están por unirse, y las penas que te hago sufrir corren en medio de estos dos fuegos e impiden que se unan; si no hiciera esto, para la pobre humanidad todo habría terminado.  Por eso déjame hacer, Yo te daré la fuerza y estaré contigo”.

(7) Ahora, mientras esto decía, volvía a soplarme, y yo, como si no pudiera más, le rogaba que me tocase con sus manos para sostenerme y darme la fuerza, y Jesús me ha tocado, sí, tomándome el corazón entre sus manos y apretándolo tan fuerte, que sólo Él sabe lo que me hizo sentir.  Pero no contento con esto me ha estrechado tan fuerte la garganta con sus manos, que me sentía despedazar los huesos, los nervios de la garganta y me sentía asfixiar.  Entonces, después que me ha dejado en aquella posición por algún tiempo, todo ternura me ha dicho:

(8) “Ánimo, en este estado se encuentra la presente generación, y de todas las clases, son tales y tantas las pasiones que la dominan, que están ahogados por las mismas pasiones y por los vicios más feos; la podredumbre, el fango es tanto, que está por sumergirlas, he aquí por qué he querido hacerte sufrir la pena de sofocarte la garganta, esta es pena de los excesos extremos, y Yo no pudiendo soportar más el ver a la humanidad sofocada por sus mismos males, he querido de ti una reparación.  Pero debes saber que esta pena la sufrí también Yo cuando me crucificaron, me estiraron tanto sobre la cruz, que todos los nervios me losestiraron tanto que me los sentía despedazar, retorcer, pero los de mi garganta tuvieron un dolor y un estiramiento mayor, tanto que me sentía asfixiar.  Era el grito de la humanidad sumergida por las pasiones, que apretándome la garganta me ahogaba de penas.  Fue tremenda y horrible esta pena mía al sentirme estirar los nervios, los huesos de la garganta con tal fuerza, que sentía destrozarme todos los nervios de la cabeza, de la boca y hasta de los ojos; fue tal la tensión, que cada pequeño movimiento me hacía sentir penas mortales; ahora me quedaba inmóvil y ahora me contorsionaba tanto, que me sacudía en modo horrible sobre la cruz, que los mismos enemigos quedaban aterrorizados.  Por eso te repito, ánimo, mi Voluntad te dará fuerza para todo”.

 

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14-57

Septiembre 5, 1922

 

Quien vive en la Voluntad de Dios, debe

encerrar en sí mismo toda la Creación.

 

(1) Mi siempre adorable Jesús continúa haciéndose ver con su corazón traspasado y exacerbado a lo sumo, parecía que todas las penas de las criaturas eran inflingidas en aquel corazón, ya que no sólo los pecados hieren aquel corazón, sino también los sufrimientos que se ocasiona la misma criatura al no corresponder a la gracia, pero como hieren a un corazón que ama, hiriendo aquel corazón, era tanto el amor, que buscaba transformar las mismas ofensas en gracias y bendiciones.  ¡Oh, bondad de Jesús!  Es el único que puede darse la vanagloria de que ama de verdad y en forma increíble a las criaturas; por eso también las penas de cada una lo traspasaban, pero eran tantas las ofensas, que cambiaban en rayos las mismas gracias que partían de aquel corazón santísimo, por eso me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo se ha vuelto insoportable el hombre, mis gracias se le cambian en castigos, y se encamina a una revolución general, así que él mismo maquina su destrucción, ha llegado a tanto que merece que lo castigue”.

(3) Y mientras esto decía, hacía ver males por todas partes, ciudades derrumbadas y males de nuevo género.  Después ha regresado nuevamente, cansado, pidiéndome ayuda en sus penas; y soplándome de nuevo la parte del corazón me participaba, podría decir, la sombra de sus penas, sin embargo a pesar de que eran sombras, si no estuviera Él junto a mí para darme ayuda no habría podido resistir, ¿qué será de las penas de aquel corazón santísimo?  Después, calmándose me ha dicho:

(4) “Hija primogénita de mi Voluntad, así como mi Voluntad encierra todo, ahora dándote por vida mi Querer, quiero encerrar también todo en ti.  Recuerda que meses atrás fijé en ti una rueda de sol, y con un diámetro te medí todo, y otra rueda descendió del Cielo, que fijándola en ti dejaba tantos hilos de luz, y éstos estaban fijados en la Santísima Trinidad, y dejando todo abierto entre tú y Nosotros, te dejé entonces sin darte ninguna explicación de mi obrar.  Ahora, después de haber trabajado tanto en ti durante todo este tiempo transcurrido, y debiendo cumplir mi trabajo, quiero darte la explicación, a fin de que el sello de mi y de tu Querer, formando uno solo dé cumplimiento a la misión a la cual te he llamado. Entonces, la rueda de luz que primero fije en ti era toda la Creación, salida de la Divinidad toda amor, luz y belleza; el diámetro con el cual te medí era para ver tus disposiciones y las que te faltaban, y poderlas poner para poder fijar bien esta rueda y ponerla al seguro.  La segunda rueda era la Divinidad que descendía en ti, establecía lo que había creado en el Empíreo, lo fijaba en ti para poner en justas relaciones lo que la Creación le debía.  Ahora, debes saber que la Creación la he encerrado y confirmado en ti, lo que fue hecho en el Cielo quiero que tenga vida en la tierra, pero en la misma Voluntad nuestra, que subiendo a Nosotros nos la lleve todo amor, plena de luz y bella como la sacamos, he aquí el por qué he marcado en ti todas las muertes, las penas de cada una y de todas las criaturas juntas, para poder encontrar en ti toda la Creación, y permaneciendo el Cielo abierto entre tú y Nosotros nos la conducirás a nuestro regazo, como parida por ti, esto es, como parto que nuestra Voluntad ha hecho en ti y tú nos la reconduces a nuestros pies, dándola a luz en nuestro regazo.  Son nuestros derechos que reclamamos, no queremos otra cosa sino que vuelva a Nosotros lo que de Nosotros ha salido.  Es verdad que sólo nuestra Voluntad obrante con su potencia en un alma, como obró en el vacío cuando hicimos salir la Creación, nos podrá dar nuevamente nuestros derechos y hacernos sonreír, poniendo a nuestros pies, como en triunfo, a toda la Creación, pero queremos usar esta potencia para hacer que no quedemos desilusionados en la obra de la Creación, y nuestro amor triunfe mayormente tomando de una lo que todos nos deberían dar.  Ahora fijamos todo en ti, después saldrán las otras pequeñas partes, que amando vivir en este modo en nuestro Querer, nos llevarán a nuestro regazo, quién diez, quién veinte, quién cien, nuestros derechos de la Creación; sucederá de ti como a un árbol que habiendo arrojado profundas raíces en nuestra Voluntad, estas raíces harán germinar otros arbolitos, que formando corona al árbol producirán sus frutos.  El verdadero bien jamás queda aislado, y siendo mi Voluntad el bien más grande, su fecundidad será inmensa, por eso, ánimo, sé atenta a todo, es verdad que nuestro Querer hará todo, pero el hilo del tuyo debe correr junto y extenderse en el Cielo, en la tierra y a todo, para hacernos cumplir lo que queremos obrar en ti”.

 

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14-58

Septiembre 9, 1922

 

Dios al crear al hombre formaba un reino para Sí. El contento de

Jesús cuando vea en una criatura no sólo la imagen de su

Humanidad, sino todo lo que obró su Divinidad en Ella.

 

(1)Mi siempre dulce Jesús continúa hablando de su Santísimo Querer, y haciendo ver su corazón abierto, del cual salían tantos ríos de luz que herían a todas las criaturas, la cual formando una red de luz arrollaba todo, y tomando la palabra me ha dicho:

(2)“Hija mía, al crear al primer hombre daba el principio a la Creación del género humano, y después de que formé el cuerpo, con mi aliento omnipotente le infundí el alma, y con otro aliento mío, podría decir, me infundí a Mí mismo en el fondo del hombre para regirlo, dominarlo y custodiarlo, así que aquel hombre formaba un reino para Mí, en el cual Yo como Rey debía extender mis confines.  Mi alegría fue a lo sumo al ver en este hombre la generación de tantos otros seres, casi interminable, que me debía dotar de tantos otros reinos por cuantas criaturas debían salir a la luz, en los cuales Yo debía reinar y ensanchar en ellos mis confines divinos, y todo el bien de los otros reinos debía redundar a gloria y honor del primer reino, el cual debía ser la cabeza y como acto primero de la Creación, pero con sustraerse de mi Querer, mi reino y el suyo terminó, y no sólo eso, sino que me pisoteo y en mi lugar se puso a sí mismo a reinar, idolatrándose y formando el reino de los vicios, de las miserias, de las desgracias, mi alegría murió acabando de nacer y se cambió en dolor; mira, todo el mal no fue otra cosa que sustraerse de mi Voluntad.  Pero nuestro Amor no se detuvo, no quise ser el Dios aislado, no, y por eso quise descender del Cielo tomando una Humanidad similar al primer hombre, encerré en Ella toda la Creación, volví a unir la voluntad humana de esta Humanidad a la Voluntad Divina, a fin de que esta voluntad humana abrazando toda la Creación y todos sus actos, en esta Voluntad Divina me los llevase a mi trono como triunfadora de todos los actos humanos cambiados por Ella en actos de Voluntad Divina, con esto la voluntad humana tomaba posesión de la Voluntad Divina y la Divina de la humana, la una señoreaba sobre la otra, porque cuando un ser forma una sola cosa con otro ser, si es dueño uno, connaturalmente se vuelve dueño el otro.  Había sido esta mi única razón por la cual había ordenado al hombre el abstenerse del fruto prohibido por Mí, quería un acto de sacrificio de su voluntad en la mía, a fin de que por este sacrificio, anudando nuevamente su voluntad en la mía, pudiese tomar posesión de mi Voluntad y Yo de la suya, y las dos reinar con la misma potencia, sabiduría y bondad, no lo quería desemejante en nada de Mí, era mi parto, era mi hijo, ¿y qué padre no ama el que su hijo sea rico y feliz como él?  Mucho más Yo, Padre Celestial, y que nada perdía con volver a este hijo mío rico, feliz y reinante a la par de Mí.  Entonces, habiendo roto el hombre su voluntad con la mía, mi Amor no quedó quieto, elevó más alto sus llamas, y a cualquier costo quise producir otro Yo, y para eso escogí mi Humanidad, la cual, sacrificándose en todo a mi Voluntad tomaba posesión de mi Querer, haciéndome cumplir en Ella la finalidad de la creación del hombre, porque Yo tengo costumbre de cumplir mis más grandes empresas con uno solo, y después las difundo; ¿no fue un solo hombre que arruinó todos mis designios?  Y sólo mi Humanidad debía rehacerme de esta ruina, y la potencia de mi Querer, encerrando en Ella toda la Creación, debía hacerme restituir los amores, los besos, las caricias que el primer hombre tan feamente había rechazado; mi amor, quitándose los vestidos, podría decir de dolor y de luto, se revistió de fiesta y como triunfador se dio a los más grandes excesos y locuras de amor.  Así que cuando quiero hacer una obra con la criatura, comienzo siempre al tú por tú, como si ninguna otra existiera, y después la agrando tanto, de llenar Cielo y tierra.

(3)Ahora hija mía, mi Amor quiere producir de nuevo, mientras da en excesos, sale fuera haciendo tregua, quiere dar nuevos partos, y lo que hizo en mi Humanidad, encerrando toda la Creación para poder dar al Padre todo lo que de ella quería, y hacer descender todo para provecho de todas las criaturas.  Ahora, anudando tu voluntad con la mía quiero encerrar en ti toda la Creación, y haciéndote tomar posesión de mi Querer quiero ver repetir en ti mis actos, mi amor, mis penas, quiero mi reflector en la tierra, que mirándolo vea la Creación que creé en el Cielo y que encerró mi Humanidad, dentro de ti como dentro de un espejo, y Yo, viéndome en él la reconozca en ti.  Entre tú y Yo estaremos en continuos reflejos, Yo la haré reflejar en ti y tú en Mí, Yo desde el Cielo y tú desde la tierra.  Entonces mi Amor estará contento cuando vea en una criatura no sólo la imagen de mi Humanidad, sino todo lo que obró mi Divinidad en Ella, por eso sé atenta y sigue mi Querer”.

 

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14-59

Septiembre 11, 1922

 

La finalidad primaria de todo lo que Dios ha hecho en la Creación y

Redención, es que la criatura viva en el Divino Querer.  Sólo en el

Divino Querer hay verdadero reposo.

 

(1) Continuando mi habitual estado, me abandonaba toda en el Santo Querer de mi dulce Jesús, y sintiendo necesidad de reposar decía entre mí:  “También mi sueño en tu Voluntad, no quiero otra cosa que tomar el verdadero reposo en los brazos de tu Querer”.

(2) Y Jesús:  “Hija, extiende sobre todas las criaturas tu reposo como manto para cubrirlas a todas, porque sólo en mi Querer hay verdadero reposo, y como Él lo envuelve todo, reposando en mi Voluntad te extenderás sobre todos, para conseguir a todos el verdadero reposo.  Cómo es bello ver a una criatura nuestra reposar en los brazos de nuestra Voluntad, pero para encontrar verdadero reposo es necesario que ponga en camino todos sus actos, sus palabras, su amor, sus deseos, etc., en nuestro Querer, a fin de que conforme tomen su lugar en Él, así reciban el reposo, y Yo me reposo en ellos.  Todas las obras, sólo dan reposo cuando están ya cumplidas, pero si no están cumplidas dan siempre una preocupación, un quehacer que vuelve inquieto el verdadero reposo.  Ahora, el cumplimiento de la obra de la Creación era que el hombre cumpliera en todo nuestra Voluntad, Ella debía ser la vida, el alimento, la corona de la criatura, y como esto no se realiza todavía, la obra de la Creación no está cumplida aún, y ni Yo puedo reposar en ella, ni ella en Mí, me da siempre qué hacer, y Yo anhelo este cumplimiento y reposo, por eso amo y quiero tanto que se conozca el modo de vivir en mi Querer; jamás podré decir que la obra de la Creación y de la Redención están cumplidas si no tengo todos los actos de la criatura, que como lecho se extiendan en mi Querer para darme reposo.  Y Yo, ¿qué bello reposo no daré a ella al verla regresar sobre las alas de nuestra Voluntad, con el sello del cumplimiento de la Creación?  Mi seno será su lecho, por eso no hay cosa que haya hecho que no tuviera por primera finalidad que el hombre tomara posesión de mi Querer y Yo del suyo.  En la Creación fue esta mi finalidad primaria, en la Redención lo mismo; los Sacramentos instituidos, las tantas gracias hechas a mis santos, han sido semillas, medios para hacer llegar a esta posesión de mi Querer, por eso no transgredas nada de lo que quiero sobre mi Voluntad, sea con el escribir, sea con la palabra, sea con las obras.  Sólo por los tantos preparativos que la han precedido puedes conocer que la cosa más grande, la más importante y la que más me interesa es el vivir en mi Querer.  ¿Quieres saber dónde fue sembrada esta semilla de mi Querer?  En mi Humanidad, en Ella germinó, nació y creció, así que en mis llagas, en mi sangre, se ve esta semilla que quiere transplantarse en la criatura, para que ella tome posesión de mi Voluntad y Yo de la suya, a fin de que la obra de la Creación regrese al principio, como salió, no sólo por medio de mi Humanidad sino también por medio de la misma criatura.  Serán pocas, aunque fuera una sola, ¿y no fue uno solo aquél que sustrayéndose de mi Querer desadornó, rompió mis planes, destruyó la finalidad de la Creación?  Así una sola puede adornarla y realizarla en su finalidad, pero mis obras no quedan jamás aisladas, así que tendré el ejército de las almas que vivirán en mi Querer, y en ellas tendré la Creación reintegrada, toda bella y hermosa como salió de mis manos, de otra manera no tendría tanto interés de hacerla conocer”.

 

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14-60

Septiembre 15, 1922

 

Deseo de Jesús de que se conozca el Divino Querer obrante en la criatura.

 

(1)Seguía haciendo copiar de mis escritos lo que Jesús me había dicho sobre las virtudes, sentía por ello tal repugnancia que me sentía morir y decía entre mí:  “A los demás se les hace inventario de sus cosas después de su muerte, sólo a mí me toca la dura suerte de hacerlo yo misma estando aún en vida.  ¡Ah, Señor, dame la fuerza para hacer el sacrificio!”  Después, el confesor me ha hecho saber el modo que seguirán para hacerlos salir, ¡oh, Dios, qué pena!  Me sentía amargada hasta la médula de los huesos; entonces el bendito Jesús al venir, viéndome tan amargada me ha dicho:

(2)“Hija mía, ¿qué tienes?  ¿Por qué te afliges tanto?  Es mi gloria, mi honor que lo requieren, y tú deberías estar por ello contenta.  ¿Crees que son las criaturas quienes lo quieren, quienes disponen y quienes te ordenan?  No, no, soy Yo que muevo todo, que las empujo, que las ilumino, y muchas veces no soy escuchado, de otra manera se darían más prisa y tendrían más interés, y Yo me veo obligado a empujarlas más fuerte para hacer que mi Querer se cumpla.  Tú quisieras esperar hasta después de tu muerte, pero mi Querer no quiere esperar, y además, es verdad que tú tienes la conexión, el injerto con mi Voluntad, pero aquí se trata no de ti, sino de Mí, se trata de hacer conocer los efectos, los bienes, el valor que contiene mi Querer obrante en la criatura cuando ella vive en Él.  Y además, si no quieres intere­sarte tú que conoces cuánto me interesa y cómo anhelo ardientemente que los efectos de mi Querer sean conocidos, y por lo cual me vendrá la completa gloria de la Creación y el cumplimiento de la misma Redención; – ¡oh, cuántos efectos están aún suspendidos, tanto de la Creación como de la Redención porque mi Querer no es conocido y no tiene su verdadero reino en la criatura, y no reinando, la voluntad humana queda siempre esclava de sí misma – entonces ¿crees tú que se interesarán los demás después de tu muerte?  ¡Oh! cuántas cosas que he manifestado a las almas están sepultadas por falta de alguien que se interese en mis obras, pero si lo he tolerado en las otras, en ésta de mi Voluntad no lo toleraré, daré tanta gracia a quien se ponga a la obra, que no me podrá resistir, pero la parte más importante y esencial la quiero de ti”.

 

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14-61

Septiembre 20, 1922

 

El alma que vive en la Divina Voluntad debe ser

un complejo de todos los bienes, y debe hacer salir

de sí: Amor, santidad, gloria para Dios.  El doble oficio.

 

(1)Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús:  “¡Ah! haz amor mío que de todo mi ser no salga más que amor, alabanzas, reparaciones, bendiciones hacia Ti”.  Ahora, mientras esto decía, el bendito Jesús ha venido, y yo me veía toda ojos, no había partecita de mí en la cual no se viera un ojo, y de cada uno de ellos salía un rayo de luz que hería la persona de Nuestro Señor, y me ha dicho:

(2)“Hija mía, es decoroso para Mí y para ti, que de ti no salga otra cosa que amor, santidad, gloria, todo para Mí, de otra manera degradaría mi Voluntad con hacer vivir en Ella a un alma que no fuera un complejo completo de todos los bienes de los que sobreabunda mi Voluntad, y el alma si no tuviera los gérmenes de todos los bienes, no podría recibir los bienes que mi Voluntad contiene, y si, jamás sea, tuviese algún germen no bueno, sería una intrusa, sin nobleza ni decoro, por lo tanto ella misma avergonzándose saldría fuera, no tomaría gusto y contento teniendo en ella cosas extrañas a mi Querer, por eso te he marcado aun las gotas de tu sangre, tus huesos, tus latidos; son estos ojos de luz para hacer que nada, nada salga de ti que no sea santo y que no sea dirigido a Mí”.

(3)Después me ha transportado fuera de mí misma, haciéndome ver todo revuelto, y cómo están maquinando otras guerras y revoluciones, y Jesús hacía de todo para alejarlos de eso, pero viendo su obstinación se retiraba de ellos.  ¡Mi Dios, qué tristes tiempos!  Yo creo que nunca el hombre había llegado a este exceso de perfidia, de querer la destrucción del propio ser.  Entonces estaba con temor de que mi dulce Jesús no viniera, mucho más porque sentía que mis sufrimientos habían disminuido y estaban como adormecidos, por eso decía entre mí:  “Si es verdad lo que he visto, según las otras veces, para dar curso a la justicia tal vez no vendrá y no me hará tomar parte en sus penas”.  Y Jesús, regresando, viéndome muy oprimida me ha dicho:

(4)“Hija mía, no temas, ¿no recuerdas que ocupas doble oficio, uno de víctima, y el otro oficio más grande de vivir en mi Querer para darme de nuevo la gloria completa de toda la Creación?  Así que si no estás en un oficio junto Conmigo, te tendré en el otro oficio; a lo más podrá haber una pausa de penas con relación al oficio de víctima, por eso no temas y cálmate”.

 

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14-62

Septiembre 24, 1922

 

Todo el mal del hombre está en haber perdido el germen de la

Divina Voluntad.  La Divina Voluntad:  Vestido del alma.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hacía ver desnudado, que temblaba de frío y diciéndome:

(2)“Hija mía, cúbreme y caliéntame que tengo frío; mira, la criatura con el pecado se había despojado de todos los bienes, y Yo quise formarle una vestidura más bella, tejiéndola con mis obras, adornándola con mi sangre y decorándola con mis llagas, ¿pero cuál no es mi dolor al ver que me rechaza esta vestidura tan bella, contentándose de permanecer desnuda?  Y Yo me siento desvestido en ellas y siento su frío, por eso vísteme, porque tengo necesidad de ello”.

(3) Y yo:  “¿Cómo podré vestirte?  Yo no tengo nada”.

(4)Y Él:  “Sí que podrás vestirme, tienes toda mi Voluntad en tu poder, absórbela en ti y luego hazla salir, y me harás la más bella vestidura, una vestidura de Cielo y divina, ¡oh! cómo quedaré calentado y Yo te vestiré a ti con el vestido de mi Voluntad, a fin de que podamos quedar vestidos con un mismo vestido, por eso la quiero de ti, para podértela dar a ti con justicia; si tú me vistes a Mí, es justo que Yo te vista a ti para darte la correspondencia de lo que has hecho por Mí.  Todo el mal en el hombre es que ha perdido el germen de mi Voluntad, por eso no hace otra cosa que cubrirse con los más grandes delitos que lo degradan y lo hacen obrar como loco.  ¡Oh, cuántas locuras están por cometer!  Justa pena, porque quieren tener por Dios al propio yo”.

 

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14-63

Septiembre 27, 1922

 

Lamentos, Amor de Jesús.

 

(1)Me sentía amargada a lo sumo por la privación de mi dulce Jesús, y era tanta la pena que llegaba a decir desatinos, hasta decirle que no me amaba, que ya no me quería, y que yo lo amaba más a Él; es verdad que mi amor es pequeño, apenas una sombra, una gotita, un pequeño centésimo, pero es porque mi ser así está hecho, estrecho, pequeño, pero aunque pequeño todo es para amarlo; pero, ¿quién puede decir todos los desatinos que decía?  Era el delirio de la fiebre que producía su privación que me hacía decir estas locuras.  Entonces, después de mucho esperarlo, mi dulce Jesús ha venido y me ha dicho:

(2)“Hija mía, quiero ver si tú me amas más”.

(3)Y mientras esto decía, la persona de Jesús se multiplicaba, así que veía a Jesús a la derecha, Jesús a la izquierda, Jesús en el corazón, no había parte de mí, o lugar en el que no veía a Jesús, y todos juntos decían:  Te amo, te amo, pero esto era nada, conteniendo Jesús la potencia creadora, todo lo creado repetía junto:  Te amo.  Cielo y tierra, viadores y bienaventurados, todos juntos a coro, como si fuera un solo eco repetían:  Te amo con el amor con el que te ama Jesús.  Yo he quedado confundida ante tanto amor.

(4) Y Jesús ha agregado:  “Di, repite que tú me amas más, multiplícate tú para darme tanto amor por cuanto te doy Yo”.

(5)Y yo:  “Mi Jesús, perdóname, yo no sé multiplicarme, no poseo la potencia creadora, por tanto no tengo nada en mi poder, ¿cómo puedo darte tanto amor como me das Tú?  Lo sé también yo, que mi amor es una sombra en comparación al tuyo, pero el dolor de tu privación me hace delirar y me hace decir locuras, por eso no me dejes más sola sin Ti si no quieres que diga disparates”.  Y Jesús interrumpiéndome ha agregado:

(6)“¡Ah! hija mía, tú no sabes en qué conflicto me encuentro, mi amor me empuja, llega hasta hacerme violencia para hacerme venir; mi justicia casi me lo prohíbe, porque el hombre está por llegar a los excesos del mal, y no merece la misericordia que sobre ellos corre cuando vengo y te participo mis penas que ellos mismos me infligen.  Debes saber que los gobernantes de las naciones están tramando cómo destruir los pueblos y maquinar desgracias para mi Iglesia, y para obtener lo que se proponen quieren servirse de la ayuda de potencias extranjeras.  El momento en que se encuentra el mundo es terrible, por eso ruega y ten paciencia”.

 

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14-64

Octubre 3, 1922

 

Necesidad de que la Virgen estuviera al día de las penas internas de Jesús

 

(1) Continuando mi habitual estado, me sentía oprimida porque el bendito Jesús frecuentemente permite que yo sufra mientras está presente el confesor, y me lamentaba con Él diciéndole:  “Amor mío, te pido, te suplico, no permitas más que sufra en presencia de alguien, haz que todo pase entre Tú y yo, y que únicamente Tú conozcas mis penas.  ¡Ah! conténtame, dame tu palabra de que no lo harás más, es más, hazme sufrir el doble, estaré contenta con tal de que todo quede oculto entre Tú y yo”.  Y Jesús interrumpiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, no te abatas, cuando mi Voluntad lo quiere, también tú debes ceder, y además, esto no es otra cosa que un paso de mi Vida.  Mi misma Vida oculta, mis penas internas y todo lo que hice, tuvieron siempre al menos uno o dos espectadores, y esto con razón, por necesidad y para obtener la finalidad de mis mismas penas.  El primer espectador fue mi Padre Celestial, a quien nada podía escaparle siendo Él mismo el que me infligía las penas, era actor y espectador; si mi Padre no hubiera visto ni hubiera sabido nada, ¿cómo podía darle satisfacción, darle la gloria, e inclinarlo ante la vista de mis penas a misericordia para el género humano?  Entonces la finalidad no se hubiera logrado.  En segundo lugar mi Mamá fue espectadora de todas las penas de mi Vida oculta, y esto era necesario, pues si Yo había venido del Cielo a la tierra para sufrir, no para Mí sino para bien de los demás, debía tener por lo menos a una criatura en la cual debía apoyar aquel bien que contenían mis penas, y así mover a mi amada Mamá a agradecerme, a alabarme, a amarme, a bendecirme, y a hacerla admirar el exceso de mi bondad, tanto que Ella, conmovida y raptada ante la vista de mis penas, me rogaba que en vista del gran bien que le llevaban mis penas, no la eximiera de fundirse con mis mismas penas para sufrirlas, para darme la correspondencia y ser mi perfecta imitadora.  Si mi Mamá no hubiera visto nada, no habría tenido mi primera imitadora, no habría tenido ningún gracias, ninguna alabanza; mis penas, el bien que contenían, habrían quedado sin efecto, porque no conociéndolas ninguno, no podía hacer el primer apoyo, así que la finalidad del gran bien que debía recibir la criatura se habría perdido.  Mira cuán necesario era que al menos una sola criatura estuviera al tanto de mis penas.  Si esto fue para Mí, quiero que sea también de ti, es más, te digo que quiero al confesor obrante junto Conmigo, espectador y depositario de las penas que te hago sufrir, a fin de que también él participe en el bien, y teniéndolo junto pueda excitarlo de más en la fe e infundirle luz y amor para hacerle comprender las verdades que te voy manifestando”.

(3) Yo he quedado más que nunca oprimida al oír esto, y mientras esperaba misericordia he encontrado justicia e irremovilidad por parte de Jesús.  ¡Oh, Dios, qué pena!  Y viéndome más afligida ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿esto es lo mucho que me quieres?  Los tiempos son tan tristes, y los males que vendrán son demasiado espeluznantes, y cuando no puedas tú sola impedir todo el curso a mi justicia, lo podréis entre los dos, y deberías decir tú misma que te hiciera sufrir.  Por eso resígnate también en esto y ten paciencia, lo quiere tu Jesús, y basta”.

 

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14-65

Octubre 6, 1922

 

El primer plano de los actos humanos cambiados en

divinos en el Divino Querer fue hecho por Jesús.

Luisa, la primera en vivir en la Divina Voluntad

 

(1)Estaba rezando y mi siempre amable Jesús ha venido, y poniéndome los brazos al cuello me ha dicho:

(2)“Hija mía, recemos juntos, entremos en el mar inmenso de mi Voluntad para hacer que nada salga de ti que no sea arrojado en Ella, el pensamiento, la palabra, el latido, la obra, el paso, todo debe tomar su puesto en mi Voluntad; por cada cosa que hagas en Ella tomarás una posesión de más y adquirirás un derecho mayor.  Todos los actos humanos, según la finalidad de la Creación, debían tener vida en mi Querer y formar en él el plano de todos los actos humanos cambiados en actos divinos, con la marca de la nobleza, santidad y sabiduría suprema.  No era nuestra Voluntad que el hombre se separara de Nosotros, sino que viviera con Nosotros creciendo a nuestra semejanza y obrando con nuestros mismos modos, por eso quería que todos sus actos fueran hechos en mi Querer, para darles su puesto para poder formar su riachuelo en el mar inmenso del mío.  Yo hacía como un padre que poseyendo grandes extensiones de tierra dice a su hijo:  ‘Te doy en posesión el centro de mis propiedades, a fin de que no salgas de mis confines y crezcas en mis riquezas, con mi misma nobleza y con la grandeza de mis obras, a fin de que todos reconozcan que eres mi hijo”.  ¿Qué se diría de este hijo si no aceptara el gran don del padre y se fuera a tierra extranjera a vivir de miserias, desnobleciéndose bajo la esclavitud de crueles enemigos?  ¡Tal fue el hombre!  Ahora, este plano, este riachuelo en mi Querer lo quiero de ti; corra cada uno de tus pensamientos en Él, a fin de que a los reflejos de nuestra inteligencia, que es pensamiento de cada uno, se eleve sobre cada inteligencia, nos dé el homenaje de cada pensamiento en modo divino; tus palabras y obras corran también, a fin de que al reflejo de nuestra palabra Fiat, que hizo todas las cosas y es palabra de cada uno, y a los reflejos de la santidad de nuestras obras, que es vida y movimiento de todo, nos den, elevándose y sobrevolando sobre todo, la gloria de cada palabra y de cada obra, con nuestra misma palabra Fiat y con la misma santidad de nuestra obras.  Hija mía, si todo lo que es humano, aunque fuese un pensamiento, no es hecho en mi Querer, el plano humano no toma posesión, y el riachuelo no viene formado y mi Querer no puede descender a la tierra para hacerse conocer y reinar”.

(3)Entonces yo al oír esto he dicho:  “Amor mío, Jesús, ¿es posible que después de tantos siglos de vida de la Iglesia que ha hecho salir tantos santos, y muchos de ellos han hecho asombrar Cielo y tierra por sus virtudes y maravillas que han obrado, no debían ellos obrar todo en el Divino Querer, en modo de formar este plano que Tú dices?  ¿Estabas esperando propiamente a mí, la más inhábil, la más mala e ignorante para hacerlo?  Me parece verdaderamente increíble”.

(4)Y Jesús:  “Escucha hija mía, mi Sabiduría tiene medios y caminos que el hombre ignora y está obligado a inclinar la frente y a adorarla en mudo silencio, y no le toca a él dictarme leyes, decirme a quién debo escoger y el tiempo oportuno que mi bondad dispone, además debía primero formar los santos que debían semejarme y copiar en modo más perfecto, por cuanto a ellos les es posible, a mi Humanidad, y esto lo he hecho ya.  Ahora, mi bondad quiere pasar más allá y quiere llegar a excesos más grandes de amor, y por eso quiero que entren en mi Humanidad y copien lo que hacía el alma de mi Humanidad en la Divina Voluntad.  Si los primeros han cooperado a mi Redención de salvar a las almas, de enseñar la ley, de desterrar la culpa, limitándose en los siglos en los que han vivido, los segundos pasarán más allá, copiando lo que hacía el alma de mi Humanidad en la Divina Voluntad abrazarán todos los siglos, todas las criaturas, y elevándose sobre todas pondrán en vigor los derechos de la Creación que me corresponden, y que toca a las criaturas dármelos, llevando todas las cosas a su primer origen de la Creación, y a la finalidad para la cual la Creación fue hecha.  Todo está ordenado en Mí, si la Creación la hice salir ordenada, debe volverme ordenada como salió de mis manos; ya el primer plano de los actos humanos cambiados en divinos en mi Querer fue hecho por Mí, y lo dejé como suspendido, y la criatura nada supo, excepto mi amada e indivisible Mamá, y era necesario así, pues si el hombre no conocía el camino, la puerta, las estancias de mi Humanidad, ¿cómo podía entrar dentro y copiar lo que Yo hacía?  Ahora el tiempo ha llegado de que la criatura entre en este plano y haga también el suyo en el mío; ¿qué maravilla que te haya llamado a ti por primera?  Además, es tan cierto que te he llamado a ti por primera, que a ninguna otra alma,por cuan querida por Mí le he manifestado el modo de vivir en mi Querer, los efectos de Él, las maravillas, los bienes que recibe la criatura obrante en mi Querer Supremo, que busca en cuantas vidas de santos quieras, o en libros de doctrina, y en ninguno encontrarás los prodigios de mi Querer obrante en la criatura y la criatura obrante en el mío, a lo más encontrarás la resignación, la unión de los quereres, pero el Querer Divino obrante en la criatura y ella en el mío, en ninguno lo encontrarás, esto significa que no había llegado el tiempo en que mi bondad debía llamar a la criatura a vivir en este estado sublime.  Aun el mismo modo como te hago rezar no se encuentra en ningún otro.  Por eso sé atenta, mi justicia lo exige, mi amor delira, por eso mi sabiduría dispone todo para obtener el intento, son los derechos, la gloria de la Creación lo que queremos de ti”.

 

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14-66

Octubre 9, 1922

 

La voluntad humana obrante en la Divina.

 

(1)Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús viene todo ternura, me estrecha entre sus brazos, me besa y me dice quién sabe cuántas veces:

(2)“La hija mía, la hija de mi Voluntad, cómo me eres querida.  Escucha, en cuanto tu querer entra en Mí, se vacía de ti y el mío entra obrante en ti, y en cuanto obra el mío, el tuyo recibe la fuerza de la potencia creadora y queda obrante en Mí, y como Yo soy un punto solo, que contengo todo, abrazo todo, hago todo, veo tu querer obrante en Mí con mi potencia creadora que quiere darme todo, corresponderme por todos, y con sumo contento mío lo veo ante Mí desde el primer instante en el que hice salir la Creación, y dejando atrás a todos se pone delante a todos como si fueras la primera creada por Mí, en la cual no existe ninguna ruptura de voluntad entre tú y Yo, tal como habría querido al primer hombre, y me da el honor, la gloria, el amor, como si la Creación no hubiera salido de mi Voluntad.  ¡Qué gusto, qué contento siento!  Tú no puedes comprenderlo, el orden de la Creación me viene restituido, las armonías, las alegrías se unen.  Veo esta voluntad humana obrante en Mí en la luz del sol, sobre las olas del mar, en el centelleo de las estrellas, sobre todo, y me da la gloria de todos los bienes que estas cosas creadas dan al hombre.  ¡Qué felicidad!  Me semeja en todo, con esta diferencia, que Yo soy un punto solo, y tú poco a poco, conforme obras, piensas, hablas, amas en mi Querer, así tomas más lugar y en él formas partos divinos”.

 

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14-67

Octubre 19, 1922

 

Por cuantos efectos y valores se conocen, tanto más se recibe del Querer

Divino.  Espera de Jesús por tantos siglos para hacer conocer su Querer.

 

(1)Continúo estando toda abandonada en los brazos de mi dulce Jesús, me sentía toda inmersa en su Santísimo Querer, en el cual me encontraba como en el centro.  Entonces al venir Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Humanidad vivía como en el centro del Sol Eterno de mi Voluntad Divina, y de este centro partían rayos que llevando con ellos mi inmensidad envolvían todo y a todos, y mi obrar, partiendo de este centro se encontraba como en acto por cada acto de criatura, cada palabra como en acto por cada palabra, cada pensamiento como en acto por cada pensamiento, y así de todo lo demás, y conforme descendía, como un solo acto volvía a subir a su centro, llevando consigo todos los actos humanos para rehacerlos, para reordenarlos según como quería mi Padre, así que sólo porque mi Humanidad vivía en el centro del Querer Eterno pudo abrazar a todos como un acto solo, para cumplir con decoro y digna de Mí la obra de la Redención, de otra manera habría sido una obra incompleta y no digna de Mí.  Y así como la ruptura de la voluntad humana con la Divina fue todo el mal del hombre, así la unión estable de la voluntad de mi Humanidad con la Divina debía formar todo su bien, y esto sucedía en Mí como connaturalmente.  Mira el sol, ¿qué cosa es?  Es un globo de luz, y esta luz la difunde igualmente a derecha, a izquierda, adelante, atrás, arriba, abajo, por doquier; la luz de tantos siglos atrás es la de hoy, nada ha cambiado, ni luz, ni calor, y la luz de hoy será la del fin de los siglos; si tuviera razón podría decir todos los actos humanos, es más, los tendría en sí como propiedad suya, habiendo sido él vida, efecto y causa de cada acto, y esto como cosa connatural para él.  Ahora, todo esto sucede al alma que vive en el centro de mi Querer, ella abraza a todos y ninguno se le escapa, hace por todos y nada omite, junto Conmigo no hará otra cosa que expandirse a derecha y a izquierda, adelante y atrás, pero en modo simple y connatural, y conforme obra en mi Querer hace el giro de todos los siglos, y a todos los actos humanos los eleva en su acto en modo divino, por virtud de mi Voluntad.

(3) Escucha hija mía, regenerada en mi Supremo Querer, lo que quiero hacer de ti y en ti, lo que hacía mi Humanidad en la Divina Voluntad quiero repetirlo, pero quiero tu querer unido junto, a fin de que repita junto Conmigo lo que hacía y hago aún.  En mi Querer están todos los actos que hizo mi Humanidad, tanto externos como internos; de los actos externos más o menos se sabe lo que Yo hice, y la criatura, queriendo, se puede unir junto Conmigo y tomar parte en aquel bien que hice, y Yo siento el contento porque veo mi bien como multiplicado en medio de las criaturas en virtud de la unión que forman Conmigo; mis actos son puestos como en un banco y Yo recibo los intereses. En cambio, de los actos internos que hizo mi Humanidad en la Divina Voluntad por amor de todos, poco o nada se sabe de ellos, y la criatura no conociendo ni la potencia de este Querer, ni cómo mi alma obraba en Él, ni lo que hice, ¿cómo podrá unirse Conmigo para tomar parte de aquel bien?  El conocimiento lleva consigo el valor, los efectos, la vida de aquel bien.  Un objeto tanta utilidad produce por cuanto se conoce, y muchas veces sucede que dos objetos que contienen el mismo valor, uno que conoce el valor de más, vendiéndolo gana más; otro que no tiene aquel conocimiento lo vende en menos.  Cuántas cosas hace el conocimiento, muchos se hacen ricos porque tienen cuidado de conocer las cosas; otros se encuentran en las mismas circunstancias, pero porque no conocen bien las cosas son pobres.  Ahora, queriéndote junto Conmigo también en mis actos internos que hacía mi Humanidad en este Querer Supremo, es justo que te haga conocer los méritos, el valor, los efectos, la potencia, el modo que tiene este mi Querer, y según te los voy manifestando, abro entre tú y Yo la participación de lo que te hago conocer, de otra manera, ¿para qué decírtelo?  ¿Tal vez para darte una simple noticia?  No, no, cuando Yo hago conocer es porque quiero dar, así que cuantos valores y efectos conoces, tanto te he dado.  Por eso ve el gran bien que quiero hacer, no sólo a ti sino también a los demás, porque conforme se haga camino este conocimiento del vivir en mi Querer, será amado de más, y el amor absorberá en ellos todo el bien que el conocimiento, como madre fecunda les ha dado a luz.  Yo no soy el Dios aislado, no, quiero a la criatura junto Conmigo, mi eco debe resonar en el suyo y el suyo en el mío y hacer de los dos uno solo; y si he esperado tantos siglos para hacer conocer mi Querer obrante en la criatura, y el suyo obrante en el mío, casi elevándolo a mi mismo nivel, ha sido porque debía preparar, disponer a las criaturas a pasar de los conocimientos menores a los mayores, debía hacer como un maestro que debía enseñar las vocales, las consonantes, después pasar a las composiciones.  Hasta ahora no se sabía otra cosa de mi Voluntad que las vocales y las consonantes, era necesario que pasara a las composiciones, y esto me desarrollará la Vida de mi Voluntad.  La primera composición la quiero de ti, si eres atenta la desarrollarás bien, de modo que me darás el honor de un tema que te ha dado tu Jesús, el tema más noble, el tema del Querer Eterno, que me traerá la gloria más grande, que formando la conexión con las criaturas hará conocer nuevos horizontes, nuevos cielos y nuevos excesos de mi Amor.

(4)Mira, en  mi Querer Supremo están todos mis actos internos que hizo mi Humanidad, como en expectativa para salir como mensajeros para ponerse en camino.  Estos actos han sido hechos para las criaturas y quieren darse y hacerse conocer; y no dándose se sienten como aprisionados, y piden, suplican, que mi Querer los haga conocer para poder dar el bien que ellos contienen.  Me encuentro en las condiciones de una pobre madre, que por largo tiempo tiene su parto en su seno, y que habiendo llegado el tiempo de hacerlo salir, si no lo hace sufre espasmos, se duele, y no teniendo en cuenta su propia vida, a cualquier costo quiere hacer salir fuera su parto; las horas, los días de retraso le parecen años y siglos, todo lo ha hecho y dispuesto, no queda otra cosa que hacerlo salir.  Así soy Yo, más que madre por tantos siglos he contenido en Mí, más que parto, todos mis actos humanos hechos en la santidad del Querer Eterno, para darlos a la criatura, y conforme se den elevarán los actos humanos de la criatura a actos divinos, y la adornarán con las más variadas bellezas, haciéndola vivir con la Vida de mi Voluntad, dándole el valor, los efectos, los bienes que mi Querer posee.  Por eso, más que madre sufro los espasmos, los dolores, ardo porque quiero hacer salir este parto de mi Voluntad; el tiempo ha llegado, no queda otra cosa que encontrar a quien debe recibir el primer parto, para continuar con los otros partos en las otras criaturas.  Por eso te digo, sé atenta, agranda tu corazón para poder recibir todo el valor, los efectos, el conocimiento que mi Querer contiene, para poder poner en ti el primer parto.  Cuánta alegría me darás, serás el principio de mi felicidad en la tierra; el querer humano, podría decir, me ha vuelto infeliz en medio a las criaturas, y mi Voluntad obrante en la criatura me restituirá mi felicidad”.

 

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14-68

Octubre 24, 1922

 

El Divino Querer abre las corrientes entre el Cielo y la

tierra y hace en el alma el depósito de los bienes celestiales.

 

(1)Mi siempre amable Jesús continúa hablándome de su Santísimo Querer, me parece un verdadero maestro, que mientras parece que no tiene ya nada más que enseñar a su discípulo, es sólo un descanso que toma para poder dar lecciones más sublimes, para raptar la atención del muchacho y conseguir más amor y veneración.  Entonces al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, cuántos prodigios contiene mi Querer Supremo obrante en la criatura, conforme el alma hace entrar en ella este Santo Querer, y ella entra en Él, y lo hace obrar en todo, aun en las más pequeñas cosas, se establece la corriente entre el Querer obrante en las Tres Divinas Personas y su mismo Querer obrante en la criatura; así que si aman o quieren dar amor, encuentran dónde depositar este amor, porque en un punto de la tierra está su Querer obrante en la criatura, que puede recibir este amor, y que subiendo de nuevo hasta el seno de la Divinidad, su Querer como dividido en dos, en la criatura y en la Divinidad, mientras es siempre uno, le llevará la correspondencia de su amor en modo divino por parte de la criatura; y he aquí que el amor eterno se pone en corriente entre el Cielo y la tierra, desciende y asciende sin ningún obstáculo pues hay quien puede recibir el depósito, su mismo Querer obrante en la criatura será celoso de hacerle custodia.  Así si mi Divinidad quiere hacer salir de sí su belleza, sus verdades, su potencia, sus gracias infinitas, tiene dónde hacer el depósito, en su mismo Querer obrante en la criatura.  La corriente está abierta, mi Querer mantendrá la batuta en custodiar celosamente mi belleza, mis verdades, mi potencia, y de hacerme los agradecimientos por mis gracias infinitas.  Entonces no quedaré más defraudado en nada, estaré en perfecta armonía entre mi Querer obrante en la criatura y el del Cielo; cuántas cosas mías haré conocer de más.  Mi amor sofocado quedará libre cuando haya formado mi depósito, y las corrientes entre el Cielo y la tierra estarán siempre abiertas”.

 

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14-69

Octubre 27, 1922

 

La Divina Voluntad:  Herencia de Jesús

a las criaturas.  Las dos generaciones.

 

(1)Estaba pensando entre mí en todo lo que he escrito en estos días pasados y decía:  “¿Cómo es posible que mi dulce Jesús haya esperado tanto tiempo para hacer conocer todo lo que obraba su Humanidad en la Divina Voluntad por amor de las criaturas?”  Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús haciéndose ver con su corazón abierto me ha dicho:

(2)“Hija de mi Querer, ¿por qué piensas eso?  Esto sucedió también en la Creación, ¿cuánto tiempo no la tuve en mi seno realmente formada?  Y cuando a Mí me pareció bien la puse fuera; y la misma Redención, ¿cuánto más no la tuve en Mí?  Podría decir que ‘ab eterno’, sin embargo esperé mucho tiempo para descender del Cielo y darle cumplimiento.  Es mi costumbre en mis obras, primero las fecundo, las formo en Mí, y a tiempo propicio las pongo fuera, es más, tú debes saber que mi Humanidad contenía en Sí dos generaciones, los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz.  A los primeros venía a rescatarlos, y por eso pagué con mi sangre para ponerlos a salvo.  Mi Humanidad era santa, y nada heredó de las miserias del primer hombre, y si bien era semejante en las facciones naturales, pero era intangible de cualquier mínimo defectillo que pudiera ensombrecer mi santidad; mi herencia fue sólo la Voluntad de mi Padre, en la cual debía desarrollar todos mis actos humanos para formar en Mí la generación de los hijos de la luz.  Mira, esta generación me fue dado el formarla propiamente en el regazo de la Voluntad de mi Padre Celestial, y Yo no ahorré ni fatigas, ni actos, ni penas, ni oraciones, más bien estaba en la cima de todas las cosas que hacía y sufría, de manera que la concebí en Mí, la fecundé y la formé; eran propiamente ellos, los que el Divino Padre con tanto amor me había confiado, era mi herencia predilecta que me fue dada en la Santísima Voluntad Suprema.  Ahora, después de haber conocido los bienes de la Redención, como quiero a todos salvados, dándoles todos los medios que se necesitan, paso a hacer conocer que en Mí hay otra generación que debo hacer salir, mis hijos que deben vivir en el Divino Querer, y que en mi mismo corazón tengo preparadas todas las gracias, todos mis actos internos hechos en el ámbito de la Voluntad Eterna para ellos, y éstos esperan el beso de sus actos, su unión, para darles la herencia de la Voluntad Suprema, y como la recibí Yo, quiero darla a ellos para hacer salir de Mí la segunda generación, la de los hijos de la luz.  Si mi Humanidad no diera esta herencia que poseía, es decir la Divina Voluntad, la sola y única cosa que Yo amaba y que me daba todo el bien, habría sido incompleto mi descendimiento a la tierra, no podría decir que he dado todo, más bien habría reservado para Mí la cosa más grande, la parte más noble y divina.  Ves ahora cómo es necesario que mi Querer sea conocido en todas sus relaciones, en los prodigios, en los efectos, en el valor, lo que hice Yo en este Querer para las criaturas, lo que deben hacer ellas; y esto será un potente imán para atraer a las criaturas para hacerlas recibir la herencia de mi Querer, y hacer salir en campo la generación de los hijos de la luz.  Sé atenta hija mía, tú serás el portavoz, la trompeta para llamarlos y reunir esta generación tan predilecta y tan suspirada por Mí”.

(3) Después, habiéndose retirado, ha regresado de nuevo todo afligido, tanto que movía a piedad, y se ha arrojado en mis brazos como para encontrar reposo, y yo al verlo le he dicho:  “¿Qué tienes Jesús que estás tan afligido?”

(4) Y Jesús:  “Ah, hija mía, tú no sabes nada de lo que quieren hacer, quieren jugarse Roma, se la quieren jugar los extranjeros, los mismos italianos son tales y tantas las infamias que harán, que sería menor mal si la tierra hiciera salir fuego para incinerarla, que lo que harán.  Mira, por todas partes salen gentes para concurrir juntas y dar el asalto, y lo que es peor es que vienen bajo vestidos de corderos, mientras que son lobos rapaces que quieren devorar la presa; qué uniones diabólicas, se unen para tener más fuerza y dar el asalto.  Reza, reza, es el último precipicio de estos tiempos en el cual la criatura quiere precipitarse”.

 

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14-70

Octubre 30, 1922

 

Los prodigios de la criatura obrante en el Querer Divino.

 

(1)Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús ha venido, y  sumergiéndome en la luz inmensa de su Santísima Voluntad me ha dicho:

(2)“Hija mía, mira los prodigios de la criatura obrante en mi Voluntad, en cuanto entra en mi Querer y piensa, reza, obra, así se eleva Conmigo, y así como Yo soy voz sin palabra, y por eso mi voz se forma y llega a cada corazón según sus propias necesidades, y en tan diversas lenguas y modos que hay en las criaturas, de modo que todos me pueden comprender; soy obra sin manos, y por eso soy obra de cada uno; soy paso sin pies, de manera que a todas partes llego y me encuentro en acto, así el alma obrando en mi Querer llega a ser voz sin palabra, obra sin manos, paso sin pies, y Yo me la siento correr en mi voz, en mis obras y en mis pasos, en todas partes me la siento, y Yo, sintiéndola siempre junto Conmigo, no me siento más solo, y como amo tanto la compañía de la criatura, loco de amor hacia ella la divinizo, la enriquezco y le doy tales gracias de hacer maravillar Cielo y tierra”.

 

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14-71

Noviembre 6, 1922

 

La Voluntad de Dios cristaliza al alma.

El conocimiento del Palacio de la Divina Voluntad.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se ha hecho ver y tenía entre sus brazos a muchos pequeños corderitos, uno apoyado sobre su pecho, otro en los hombros, otro estrechado a su cuello, uno a la derecha y uno a la izquierda de sus brazos, algunos sacaban su cabecita de dentro de su corazón, pero los pies de todos estos corderitos estaban todos en el corazón de Nuestro Señor, y el alimento que les daba era su aliento; estaban todos con su boca dirigida hacia la boca de mi dulce Jesús para recibir su aliento para alimentarse.  Era bello ver como Jesús tomaba sumo deleite, todo atento a nutrirlos y hacerse feliz junto con ellos; parecían tantos partos salidos de su corazón santísimo.  Entonces dirigiéndose a mí me ha dicho:

(2) “Hija mía, estos corderitos que tú ves en mis brazos son los hijos de mi Voluntad, parto legítimo de mi Querer Supremo; saldrán de dentro de mi corazón, pero sus pies quedarán en el centro de mi corazón para hacer que nada tomen de la tierra, de nada se ocupen sino de sólo de Mí.  Míralos cómo son bellos, cómo crecen limpios, nutridos, alimentados sólo con mi aliento; serán la gloria, la corona de mi Creación”.

(3) Después ha agregado:  “Mi Voluntad cristaliza al alma, y así como en un cristal cualquier objeto que se le acerca se forma adentro otro objeto todo semejante al que se pone de frente, así mi Voluntad, todo lo que hace se refleja en estas almas cristalizadas por mi potencia, y repiten y hacen lo que hace mi Querer Supremo, y como mi Voluntad se encuentra por todas partes, en el Cielo, en la tierra y en todo lugar, así estas almas conteniendo mi Querer en ellas como vida propia, donde quiera que mi Querer obra, como cristal lo absorben en ellas y repiten mi acto; así que conforme obro, tomo sumo deleite en ponerme frente a ellas para ver repetir en ellas mi misma acción, así que son mis espejos, y mi Querer los multiplica a cada acto que hace y por todas partes, por eso no hay cosa creada donde ellas no se encuentren:  En las criaturas, en el mar, en el sol, en las estrellas, y hasta en el empíreo, y mi Querer recibe de la criatura la correspondencia de mi acto en modo divino.  Esta es la causa por la que amo tanto que el vivir en mi Querer sea conocido, para multiplicar más estos cristales hechos espejos por mi Querer, para hacer repetir en ellos mis obras, y entonces ya no estaré más solo, sino que tendré a la criatura en mi compañía, la tendré Conmigo, íntimamente Conmigo en el fondo de mi Querer, casi inseparable de Mí, como si en ese mismo instante hubiese salido de mi seno como cuando la creé, sin haber hecho otros caminos contrarios a mi Voluntad.  ¡Cómo estaré contento!”.

(4) Entonces yo al oír esto le he dicho:  “Amor mío y vida mía, yo no sé persuadirme aún, ¿cómo es posible que ningún santo haya hecho siempre tu Santísima Voluntad, y que no haya vivido en el modo como ahora dices en tu Querer?”

(5) Y Jesús:  “Ah, hija mía, ¿no quieres persuadirte aún de que tanto se toma de luz, de gracia, de variedad, de valor, por cuanto se conoce?  Cierto que ha habido santos que han hecho siempre mi Querer, pero han tomado de mi Voluntad por cuanto han conocido de Ella.  Ellos conocían que el hacer mi Voluntad era el acto más grande, el que más me honraba y que llevaba la santificación, y con esta intención la hacían y esto tomaban, porque no hay santidad sin mi Voluntad, y no puede salir ningún bien, ni santidad pequeña o grande sin Ella.  Tú debes saber que mi Voluntad, cual era, es y será, no ha cambiado en nada, pero según que se manifiesta, así hace conocer la variedad de sus colores, de los efectos y valores que contiene, y no sólo se hace conocer, sino que da al alma la variedad de sus colores, efectos y valores, de otra manera, ¿en qué aprovecharía el hacerlos conocer?  Mi Voluntad ha hecho como un gran señor, el cual ha hecho ver un palacio suyo extensísimo y suntuoso; a los primeros les ha señalado el camino para ir a su palacio, a los segundos la puerta, a los terceros la escalera, a los cuartos las primeras estancias, y a los últimos les ha abierto todas las estancias haciéndolos dueños y dándoles todos los bienes que hay en ese palacio.  Entonces, los primeros han tomado los bienes que hay en el camino; los segundos, los bienes que hay en la puerta, superiores a los que hay en el camino; los terceros, los de las escaleras; los cuartos los de las primeras estancias, donde hay más bienes y están más al seguro; los últimos los bienes de todo el palacio entero.  Así ha hecho mi Voluntad, debía hacer conocer el camino, la puerta, la escalera, las primeras estancias, para hacer que pudieran pasar a toda la Inmensidad de mi Querer y hacerles ver los grandes bienes que hay en Él, y cómo la criatura obrante en estos bienes que mi Querer contiene, hace adquisición de la variedad de sus colores, de su inmensidad, santidad y potencia y de todo mi obrar; Yo en el hacer conocer, doy e imprimo en el alma la cualidad divina que hago conocer.  Si tú supieras bajo qué olas impetuosas de gracias te encuentras cuando paso a hacerte conocer otros efectos de mi Querer, y como experto pintor pinto en tu alma, con los más vivos colores, los efectos, los diversos valores que te hago conocer, tú quedarías aplastada bajo mis olas, pero Yo, teniendo compasión de tu debilidad te sostengo, y mientras te sostengo imprimo más en ti lo que te digo, porque si Yo hablo obro.  Por eso sé atenta y fiel”.

 

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14-72

Noviembre 8, 1922

 

La paz sin Dios es imposible.  Amenaza de guerras.

 

(1)Paso días amargos por las privaciones de mi dulce Jesús, y si se hace ver es tan afligido y taciturno, que por cuantas cosas le pueda decir no logro consolarlo, y por ello quedo más amargada que antes.  Entonces esta mañana al venir me ha dicho:

(2)“Hija mía, las penas, las ofensas que me hacen las criaturas son tantas que ya no puedo más; las naciones se unen para hacer nuevas guerras, no te decía que las guerras no habían terminado y que la paz era una paz falsa y aparente, porque la paz sin Dios es imposible, era paz que no salía de la justicia, por eso no podía durar.  ¡Ah! los gobernantes de estos tiempos son verdaderos demonios encarnados que se unen para hacer el mal y poner en los pueblos el desorden, el caos, las guerras”.

(3)Y mientras esto decía, se escuchaba el llanto de las madres, el retumbar de los cañones, las alarmas en todos los países; pero espero que Jesús quiera aplacarse, y así quedarán todos en paz.

 

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14-73

Noviembre 11, 1922

 

Jesús dio vida en la Divina Voluntad a los actos de todas las

criaturas; en esta obra asoció a su Madre Santísima, y ahora

llama al alma para repetirlo.

 

(1)Mi siempre amable Jesús al venir me ha atraído a Él, dentro de una luz inmensa y me ha dicho:

(2)“Pequeña hija de mi Querer, esta luz inmensa que ves es mi Suprema Voluntad, de la cual nada escapa.  Tú debes saber que al crear el cielo, el sol, las estrellas, etc., a todo le fijé sus límites, su lugar, su número, no pueden crecer ni decrecer, todas las cosas las tengo como en un puño.  Así al crear al hombre, al mismo tiempo creé todas las inteligencias y cada uno de los pensamientos, todas las palabras, las obras, los pasos y todo lo demás del hombre, desde el primero hasta el último que deberá existir, y esto era connatural en Mí, mucho más que Yo mismo debía ser actor y espectador hasta de un pensamiento, y si el hombre no lo podía hacer sin Mí, ¿cómo no debía Yo saberlo y conocer hasta el número?  Así que en mi Voluntad nada todo el obrar de las criaturas, como los peces nadan dentro de un vasto mar.  Pero habiendo creado al hombre no esclavo sino libre, porque no era decoroso para Mí, ni obra digna salida de mis manos, si hiciera salir a este hombre atado, sin libertad, ni podría decir hagámoslo a nuestra imagen y semejanza si no lo hacía libre, quería dotarlo con la libertad.  Yo era libre, libre también él, pues no hay cosa que más torture a una persona que dar un amor forzado, y causa desconfianza, sospechas, temores y casi asco en quien lo recibe.  Ve dónde tiene origen cada acto de criatura, aun un pensamiento, en la santidad de mi Voluntad, con esta diferencia, que si el hombre quiere, ese pensamiento, palabra, etc., puede hacerlo bien o mal, santo o perverso.  Ahora, mi Voluntad tuvo un dolor al ver en tantos cambiados sus actos, de los cuales era actora, en actos mortales para Mí y para ellos, por eso quise que mi Voluntad haciéndose doblemente actora de cada acto, extendiera sobre todos otro acto divino, que debía corresponderme según la santidad de mi Voluntad con otros tantos actos divinos, pero se necesitaba alguien para hacer esto, y he aquí a mi Humanidad santa, libre también Ella, que no queriendo otra vida que la sola Voluntad Divina, nadando en este mar inmenso iba duplicando cada pensamiento, palabra y obra de criatura, y extendía sobre todo un acto de Voluntad Divina, y esto daba satisfacción y glorificaba al Padre Divino, de modo que Él pudo mirar al hombre y abrirle las puertas del Cielo, y Yo anudaba con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre de no separarse de la Voluntad de su Creador, causa por la que se había precipitado en tantas desgracias.  No estuve contento sólo con esto, sino que quise que mi Mamá, también santa, me siguiera en el mar inmenso del Querer Supremo y junto Conmigo duplicara todos los actos humanos, poniendo en ellos el doble sello, después del mío, de los actos hechos en mi Voluntad sobre todos los actos de las criaturas.  Cómo me era dulce la compañía de mi inseparable Mamá en mi Voluntad; la compañía en el obrar hace surgir la felicidad, la complacencia, el amor de ternura, la competencia, el acuerdo, el heroísmo; en cambio el aislamiento produce lo contrario.  Entonces, conforme obraba junto con mi amada Mamá, así surgían mares de felicidad, de complacencia de ambas partes, mares de amor que haciendo competencia, uno se arrojaba en el otro, y producían gran heroísmo.  Y no para Nosotros solos surgían estos mares, sino también para quien nos habría hecho compañía en nuestra Voluntad; es más, podría decir que estos mares se convertían en tantas voces que llamaban al hombre a vivir en nuestro Querer, para restituirle la felicidad, su naturaleza primera, y todos los bienes que había perdido con sustraerse de nuestra Voluntad.  Ahora vengo a ti, después de mi Madre Celestial te llamé a ti para hacer que todos los actos humanos tengan el primer sello hecho por Mí, el segundo hecho por mi Mamá, y el tercero por una criatura de la estirpe común, mi eterno amor no estaría contento si no hubiera elevado a una de la estirpe común, la cual debía abrir las puertas a quien se dispusiera a entrar por ellas para vivir en nuestro Querer; he aquí el por qué de mis tantas manifestaciones, los tantos valores y efectos que te he hecho conocer de mi Voluntad, estos serán imanes potentes para atraerte a ti, y después a los demás a vivir en Ella; pero para entrar en nuestra Voluntad y seguir el sublime vuelo de mis actos y los de mi indivisible Mamá, siendo tú de la estirpe común, no habrías podido entrar en nuestro Querer si no tuvieras, o al menos hubieras sido transformada en la naturaleza que salió de mis manos antes de que el hombre se sustrajera de nuestro Querer; esta es la razón de mis tantas gracias, para reducir tu naturaleza, tu alma, a aquel primer estado; conforme te iba dando esas gracias así te quitaba los gérmenes, las tendencias, las pasiones de la naturaleza rebelde, dejando siempre libre tu voluntad.  Era necesario para mi decoro, santidad y dignidad, que debiéndote llamar al centro de mi Querer para hacer ahí vida común, para hacerte recorrer todos los actos hechos por Mí y que las criaturas no han conocido aún, reducir tu naturaleza a este estado feliz, de otra manera no habrías podido correr Conmigo en los interminables actos de mi Querer, ni estar Conmigo con la familiaridad que se necesita para obrar juntos.  Las pasiones, los gérmenes de las tendencias no buenas, hubieran sido como tantas barreras de división entre tú y Yo, a lo más habrías estado a las órdenes de mi Querer, como tantos otros fieles míos, pero hacer lo que hice Yo, habrías estado muy lejana, y ni tú ni Yo hubiéramos sido felices, mientras que el vivir en mi Querer es propiamente esto, vivir plenamente feliz en la tierra, para después pasar a vivir más feliz en el Cielo.  Por eso te digo, verdadera hija de mi Querer, primer parto feliz de mi Voluntad, seme atenta y fiel, ven enmi Eterno Querer, te esperan mis actos que quieren el sello de los tuyos, te esperan los actos de mi Mamá, te espera todo el Cielo porque quieren ver todos sus actos glorificados en mi Voluntad por una criatura de la estirpe de ellos, te esperan las presentes y las futuras generaciones, para que les sea restituida la felicidad perdida.  ¡Ah! no, no, no terminarán las generaciones si no regresa el hombre a mi seno, bello, dominante, como salió de mis manos creadoras, no estoy contento con haberlo redimido; aun a costa de esperar, tendré paciencia todavía, pero debe regresar a Mí tal como lo hice, en virtud de mi Voluntad.  Con hacer su voluntad descendió en el abismo y se transformó en feo; con hacer mi Voluntad subirá y adquirirá la nueva transformación en la naturaleza por Mí creada, y entonces podré decir:  Todo lo he cumplido, el orden de toda la Creación me ha regresado y me reposaré en él”.

 

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14-74

Noviembre 16, 1922

 

La Divina Voluntad una vez obra, otra vez conserva lo que ha

obrado. Ahora quiere obrar de nuevo como obró en la

Creación y en la Redención.

 

(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me ha atraído toda en su Santísimo Querer, y yo como si tuviera ante mis ojos toda la obra de la Creación seguía todo lo que había hecho mi dulce Jesús para las criaturas.  Y después que todo lo hemos seguido juntos me ha dicho:

(2)“Hija mía, mi Voluntad obra en diversos modos, una vez obra, otra vez conserva lo que ha obrado.  En la Creación obré y todo lo ordené, y después de hecho todo, mi Voluntad es conservadora de todo; desde entonces en adelante nada ha hecho de nuevo en el orden de la Creación.  Mi Voluntad nuevamente salió en campo para obrar al descender Yo del Cielo a la tierra para redimir al hombre; y ésta mi obra no fue por poco, como en la Creación, sino que duró por espacio de treinta y tres años, y de nuevo volví a conservar todo lo que obré en la Redención, así que, como existe un sol por virtud de mi Voluntad conservadora para bien de todos y de cada uno, así están en acto para todos y para cada uno los bienes de la Redención.  Ahora, mi Voluntad quiere volver a la obra, ¿y sabes qué quiere hacer?  Quiere obrar en la criatura lo que obró en mi Humanidad mi Voluntad, ésta será una obra mía extensísima, más que la Redención.  Y así como para obrar la Redención me formé una Madre en la cual concebí mi Humanidad, así ahora te he escogido a ti para obrar lo que mi Voluntad obraba en mi Humanidad.  Ve entonces hija mía, aquí se trata de obras, y obras de mi Querer Supremo; tú serás como el espacio que se ofreció para hacerme crear y poner en orden el sol, las estrellas, la luna, el aire, y todo lo bello que hay en la bóveda del cielo, y todo el bien que del cielo desciende; serás como mi Humanidad que a nada se opuso de todo lo que mi Querer quiso obrar, y Yo encerraré en ti lo que hizo en Mí el Supremo Querer, para tener de todo la repetición”.

(3)Más tarde estaba recibiendo la absolución y decía entre mí:  “Mi Jesús, en tu Querer quiero recibirla”.  Y Jesús, súbito, sin darme tiempo ha agregado:

(4)“Y Yo en mi Voluntad te absuelvo, y mientras te absuelvo a ti, mi Querer pone en camino las palabras de la absolución para absolver a quien quiera ser absuelto y para perdonar a quien quiera el perdón.  Mi Querer toma a todos, no toma uno solo, sino que quien está dispuesto toma más que todos”.

 

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14-75

Noviembre 20, 1922

 

Corrientes de amor entre Dios y el hombre.

 

(1)Estaba pensando cómo mi dulce Jesús estando en el Huerto sufrió tantas penas, pero no por parte de las criaturas, porque Él estaba solo, es más, abandonado por todos, sino por parte de su Eterno Padre.  Eran corrientes de amor entre Él y el Padre Celestial, y en estas corrientes venían puestas todas las criaturas, en las cuales estaba todo el amor de un Dios por cada una de ellas, y todo el amor que cada una debía a Dios, y faltando esto sufría penas que superaban a todas las demás penas, tanto, que sudó viva sangre.  Y mi dulce Jesús, estrechándome a su corazón para ser aliviado me ha dicho:

(2)“Hija mía, las penas del amor son las más lacerantes.  Mira, en estas corrientes de amor entre Yo y mi Padre está todo el amor que me debían todas las criaturas, por tanto está el amor traicionado, el amor negado, el amor rechazado, el amor desconocido, el amor pisoteado, etc.  ¡Oh! cómo me llega traspasante a mi corazón, de sentirme morir; tú debes saber que al crear al hombre establecí innumerables corrientes de amor entre Yo y él; no me bastaba con haberlo creado, no, debía poner tantas corrientes de amor entre Yo y él, que no debía haber parte de él en la cual no corrieran esta corrientes, así que en la inteligencia del hombre corría la corriente de amor de mi sabiduría, en sus ojos corría la corriente del amor de mi luz, en la boca la corriente de amor de mi palabra, en las manos la corriente de amor de la santidad de mis obras, en la voluntad la corriente de amor de la mía, y así de todo lo demás.  El hombre había sido creado para estar en continuas comunicaciones con su Creador, ¿y cómo podía estar en comunicación Conmigo si mis corrientes no corrían en las suyas?  Con el pecado despedazó todas estas corrientes y quedó dividido de Mí; ¿sabes como sucedió?  Mira el sol, toda su luz toca la superficie de la tierra y la inviste tanto que hace sentir su calor, tan a lo vivo y real que lleva la fecundidad, la vida a todo lo que la tierra produce, así que se puede decir que el sol y la tierra están en comunicación entre ellos.  ¡Oh! cómo son más estrechas mis comunicaciones entre el hombre y Yo, verdadero sol eterno.  Ahora, si una criatura tuviera el poder de romper entre la tierra y el sol la corriente de la luz que toca la superficie de ella, ¿qué mal no haría?  El sol retiraría en sí mismo toda la corriente de la luz, la tierra quedaría en la oscuridad, sin fecundidad y sin vida.  ¿Qué pena merecería ese tal?  Todo esto fue lo que hizo el hombre en la Creación, y Yo descendí del Cielo a la tierra para reunir de nuevo todas estas corrientes de amor, pero, ¡oh, cuánto me costó!  Y el hombre continúa su ingratitud y vuelve a destrozarme las corrientes por Mí reestablecidas”.

 

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14-76

Noviembre 24, 1922

 

Efectos de la palabra y mirada de Jesús.  Jesús reprende

a Luisa por querer dejar ocultas estas verdades.

 

(1)Estaba pensando en mi dulce Jesús cuando fue presentado a Herodes, y decía entre mí:  “Cómo es posible que Jesús, tan bueno, no se haya dignado decirle una palabra, ni dirigirle una mirada.  ¿Quién sabe y a lo mejor aquel pérfido corazón, ante la potencia de la mirada de Jesús se hubiera convertido?”  Y Jesús haciéndose ver me ha dicho:

(2) “Hija mía, era tanta su perversidad e indisposición de ánimo, que no mereció que lo mirara y le dijera una palabra, y si lo hubiera hecho él se habría hecho más culpable, porque cada palabra mía o mirada son vínculos de más que se forman entre Yo y la criatura.  Cada palabra es una unión mayor, un mayor estrechamiento; y en cuanto el alma se siente mirada, la gracia comienza su trabajo.  Si la mirada o la palabra ha sido dulce, benigna, el alma dice:  ‘Cómo era bella, penetrante, suave, melodiosa, ¿cómo no amarlo?’  O bien si ha sido una mirada o palabra majestuosa, fulgurante de luz, dice:  ‘Qué majestad, qué grandeza, qué luz tan penetrante, cómo me siento pequeña, cómo soy miserable, cuántas tinieblas en mí ante esa luz tan fulgurante’.  Si te quisiera decir la potencia, la gracia, el bien que lleva mi palabra o mirada, cuántos libros te haría escribir.  Ahora, mira entonces cuántos bienes te he hecho al mirarte tantas veces, en tenerte Conmigo en familiares conversaciones, no han sido sólo palabras, sino discursos completos, por esto puedes comprender que las uniones entre tú y Yo, las relaciones, los vínculos, las estrechuras, son innumerables.  Yo he hecho contigo como un maestro, que con otros que quieren alguna indicación les dice sólo algunas palabras, pero con sus propios discípulos, queriendo hacer de ellos otros tantos maestros semejantes a él, se está con ellos todo el día, habla largamente, está siempre sobre ellos y ahora desarrolla un argumento, ahora una semejanza para hacerse comprender más, no los deja jamás solos por temor de que distrayéndose, hagan que el viento se lleve sus fatigas, y si es necesario quita horas a su reposo para educarlos; no ahorra nada, ni fatigas, ni cansancios, ni sudores para obtener su propósito, que sus discípulos se vuelvan maestros.  Así he hecho Yo contigo, nada he ahorrado, con los demás he tenido sólo algunas palabras, contigo discursos, largas lecciones, semejanzas, de noche, de día, a todas horas.  ¿Cuántas gracias no te he hecho?  ¿Cuánto amor, hasta no saber estar sin ti?  Es grande el designio que he hecho sobre ti, por eso mucho te he dado; ahora, tú en agradecimiento quisieras tener oculto en ti lo que te he dicho y dado, y por lo tanto no darme la gloria que con manifestarlo Yo habría tenido.  ¿Qué dirías tú de un discípulo que después de que el maestro ha llegado con tantas fatigas a hacerlo maestro, quisiera retener en sí la instrucción recibida, sin impartirla a los demás?  ¿No sería un ingrato, y un dolor para el maestro?  ¿Qué dirías del sol, que después de que le he dado tanta luz y calor no quisiera hacer descender esta luz y calor sobre la tierra?  ¿No le dirías al sol:  ‘Es cierto que eres bello, pero no haces bien en tenerla para ti, la tierra, las plantas, las generaciones humanas esperan tu luz, tu calor, los quieren para recibir la vida, la fecundidad; ¿por qué quieres privarnos de tanto bien?  Mucho más que con dárnoslas nada pierdes, al contrario, adquieres mayor gloria y todos te bendecirán”.  Tal eres tú, es más, más que sol, he puesto en ti tanta luz de verdad sobre mi Voluntad, que sería bastante más que sol para iluminar a todos y para hacer más bien que cuanto hace el sol a la tierra, y Yo y las generaciones esperamos que salga de ti esta luz, y tú piensas en cómo ocultarla y casi te afliges si personas autorizadas quieren ocuparse de hacerla salir.  No, no, no está bien”.

(3) Yo me sentía morir al oír a mi dulce Jesús, y mucho más me sentía culpable porque en estos días, habiéndose llevado un escrito mío, no han conseguido el intento que se proponían de hacerlo salir fuera, y yo he sentido una gran satisfacción por eso.  ¡Oh! cómo me sentía mal al oírme reprender tan duramente, y de corazón le pedía perdón.  Y Jesús para tranquilizarme me ha bendecido diciéndome:

(4)“Te perdono y te bendigo, pero serás más atenta y no lo harás más”.

 

Deo Gratias.

 

 

Nihil obstat

Canonico Hanibale

M. Di Francia

Eccl.

 

Imprimatur

Arzobispo Giuseppe M. Leo

Octubre de 1926

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta

[2] El tercer confesor, Don Gennaro di Gennaro.