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I. M. I.

17-1

Junio 10, 1924

 

Quien vive en la Divina Voluntad todo debe encerrar en sí.

La Divina Voluntad es principio, medio y fin del hombre.

 

(1) Esta mañana habiendo recibido la santa Comunión, según mi costumbre estaba diciendo a mi querido Jesús:

(2) “Dulce vida mía, no quiero estar sola al estar Contigo, sino quiero a todo y a todos junto conmigo, y no sólo quiero la corona de todos tus hijos, sino también la corona de todas las cosas creadas por Ti, que junto conmigo en la interminabilidad de tu Santísima Voluntad donde yo todo encuentro, postrados a tus pies todos juntos te adoremos, te agradezcamos, te bendigamos”.

(3) Y mientras esto decía, veía cómo todas las cosas creadas corrían para hacer corona a Jesús, para darle cada una su homenaje, y yo he agregado:

(4) “Mira amor mío cómo son bellas tus obras, cómo el sol haciendo de sus rayos brazos, mientras se postra para adorarte, sube a Ti para abrazarte y besarte; cómo las estrellas, haciéndote corona te sonríen con su dulce centelleo y te dicen:  ‘Grande eres Tú, te damos gloria por todos los siglos de los siglos’; cómo el mar corre y con su amoroso murmullo, como tantas voces argentinas te dice:  ‘Gracias infinitas a nuestro Creador’.  Y yo junto con el sol te abrazo y te beso, con las estrellas te reconozco y te glorifico, con el mar te agradezco”.

(5) ¿Pero quién puede decir todo lo que yo decía llamando a todas las cosas creadas alrededor de Jesús?  Si yo quisiera decirlo todo sería muy largo, me parecía que cada cosa creada tuviera un oficio distinto para poder ofrecer su homenaje a su Creador.  Ahora, mientras esto hacía pensaba entre mí que perdía el tiempo, y que no era éste el agradecimiento que debía hacerse a Jesús después de la Comunión y se lo he dicho a Jesús, y Él todo bondad me ha dicho:

(6) “Hija mía, mi Voluntad contiene todo, y a quien en Ella vive no debe escapársele nada de todo lo que me pertenece, mas bien basta conque se le escape una sola cosa para decir que no me da todo el honor y la gloria que mi Voluntad contiene, por lo tanto no se puede decir que su vida sea completa en Ella, ni me da la correspondencia por todo lo que mi Querer le ha dado, porque todo he dado a quien vive en mi Voluntad, y Yo voy a ellos como en triunfo sobre las alas de mis obras para darles la nueva correspondencia de mi amor, y ellos deben venir por el mismo camino para darme la nueva correspondencia de ellos.  ¿No sería agradable para ti, si hubieras hecho muchas bellas y variadas obras, y una persona amada por ti, para darte gusto te las pusieras alrededor, y haciéndolas ver una por una te dijese:  ‘Mira, estas son obras tuyas, cómo es bella ésta, cómo es artística esta otra, y en la tercera cuánta maestría, y en la cuarta cuánta variedad de colores, qué encanto en esta otra?’  ¿Qué alegría no sentirías, qué gloria para ti?  Así es para Mí, mucho más que quien vive en mi Voluntad, debiendo concentrar todo en ella, debe ser como el latido de toda la Creación, que palpitando todas las cosas en ella en virtud de mi Querer, debe formar un solo latido para darme en ese latido los latidos de todos y de todo, llevarme la gloria y el amor de todas las cosas creadas por Mí.  Yo debo encontrar en el alma en la cual reina mi Voluntad a todos, para que ella, conteniendo todo, pueda darme todo lo que los otros deberían darme.  Hija mía, el vivir en mi Querer es muy diferente de las otras santidades, y por eso hasta ahora no se ha encontrado el modo ni las verdaderas enseñanzas del vivir en Él, se puede decir que las demás santidades son las sombras de mi Vida Divina, en cambio ésta es la fuente de la Vida Divina, por eso sé atenta en los ejercicios del vivir en mi Querer, a fin de que de ti pueda salir el verdadero modo y las enseñanzas exactas y precisas, para que quien queriendo vivir en Él pueda encontrar no la sombra, sino la verdadera santidad de la Vida Divina.  Además de esto, mi Humanidad estando en la tierra en mi Voluntad Divina, no hubo obra, pensamiento, palabra, etc., que no fuese encerrado en Mí para cubrir todas las obras de las criaturas, se puede decir que Yo tenía un pensamiento por cada pensamiento, una palabra por cada palabra, y así de todo lo demás para glorificar completamente a mi Padre, y para dar la luz, la vida, los bienes y los remedios, a las criaturas.  Ahora, en mi Voluntad todo existe, y quien debe vivir en Ella debe encerrar a todas las criaturas para ir repasando todos mis actos y poner en ellos otra bella pincelada divina tomada de mi Voluntad, para darme la correspondencia de lo que Yo hice.  Sólo quien vive en mi Voluntad puede darme esta correspondencia, y Yo la espero como medio para poner en comunicación la Voluntad Divina con la humana, y para darle los bienes que Ella contiene.  Quiero a la criatura como intermediaria, que haciendo el mismo camino que hizo mi Humanidad en mi Voluntad, abra la puerta del Reino de mi Voluntad, cerrada por la voluntad humana.  Por eso tu misión es grande, y se necesita sacrificio y gran atención”.

(7) Entonces me sentía inmersa en el Querer Supremo y Jesús ha continuado:

(8) “Hija mía, mi Voluntad es todo y contiene todo, y además es principio, medio, y fin del hombre.  Por eso al crearlo no le di leyes ni instituí Sacramentos, sino sólo le di al hombre mi Voluntad, porque era más que suficiente, estando en el principio de Ella, para encontrar todos los medios para llegar no a una santidad baja, sino a la altura de la santidad divina, y así encontrarse en el puerto de su fin.  Esto significa que el hombre no debía tener necesidad de otra cosa sino sólo de mi Voluntad, en la cual debía encontrar todo en modo sorprendente, admirable y fácil para hacerse santo y feliz en el tiempo y en la eternidad; y si le di una ley, después de siglos y siglos de creado, fue porque el hombre había perdido su principio, por lo tanto había extraviado los medios y el fin.  Así que la ley no fue principio sino medio; pero viendo que con todo y la ley el hombre estaba perdido, al venir a la tierra instituí los Sacramentos, como medios más fuertes y potentes para salvarlo; pero cuántos abusos, cuántas profanaciones, cuántos se sirven de la ley y de los mismos Sacramentos para pecar más y precipitarse en el infierno.  Mientras que con sólo mi Voluntad, que es principio, medio y fin, el alma se pone al seguro, se eleva a la santidad divina, alcanza en modo completo la finalidad para la que fue creada, y no hay ni la sombra de peligro de poder ofenderme.  Así que el camino más seguro es sólo mi Voluntad, y los mismos Sacramentos, si no son recibidos en orden con mi Voluntad, pueden servir como medios de condenación y de ruina.  Por eso inculco tanto mi Voluntad, porque el alma estando en su principio, los medios le serán propicios y recibirá los frutos que contienen; en cambio sin Ella, los mismos Sacramentos le pueden ser veneno que la conduzcan a la muerte eterna”.

 

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17-2

Junio 14, 1924

 

Importancia del orden en estos escritos.  Dios es orden.

La belleza del alma que obra en el Querer Supremo.

 

(1) Esta mañana mientras me encontraba en mi habitual estado, no sé si fue sueño, veía a mi confesor difunto y me parecía que tomaba alguna cosa torcida de dentro de mi mente, y la reparaba y la enderezaba.  Yo le he preguntado por qué hacía eso, y él me ha dicho:

(2) “He venido para decirte que seas atenta al orden, porque Dios es orden, y basta una frase, una palabra de lo que te dice el Señor que no esté en el orden, y podrá suscitar dudas y dificultades en quien pueda leer lo que escribes sobre su adorable Voluntad”.

(3) Yo al oír esto he dicho:  “¿Acaso sabe usted que he escrito cosas desordenadas hasta ahora?”

(4) Y el confesor:  “No, no, pero sé atenta para el futuro, haz que las cosas que escribes sean claras y simples como te las dice Jesús, y nada omitas, porque basta una pequeña frase, una palabra que falte de las que te dice Jesús, o que la escribas diversamente, para que falte el orden; porque esas palabras servirán para dar luz, para hacer comprender con más claridad, y para ligar el orden de las verdades que el buen Jesús te manifiesta.  Tú eres fácil a omitir algunas pequeñas cosas, mientras que las cosas pequeñas unen a las grandes, y las grandes a las pequeñas, por eso sé atenta en el futuro para que todo esté ordenado”.

(5) Dicho esto ha desaparecido y yo he quedado un poco pensativa.  Después estaba abandonándome toda en el santo Querer Divino, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, cómo es bello ver a un alma obrar en mi Voluntad, ella sumerge su acción, su pensamiento, su palabra en mi Voluntad, es como una esponja que impregnándose de todos los bienes que el Querer Supremo contiene, se ven en el alma tantos actos divinos que irradian luz, y casi no se sabe distinguir si son actos del Creador o de la criatura, y como se han impregnado de esta Voluntad eterna, han absorbido en ellos la potencia, la luz y el modo del obrar de la Majestad Eterna.  Mírate cuán bella te ha hecho mi Querer; y no sólo esto, sino que en cada acto tuyo me encierro a Mí mismo, porque encerrando a mi Querer, todo encierras”.

(7) Yo me he mirado, y ¡oh! cuánta luz salía, pero lo que más me ha impresionado y dado gusto ha sido ver a mi Jesús encerrado en cada acto mío, su Voluntad lo aprisionaba en mí.

 

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17-3

Junio 20, 1924

 

La Divina Voluntad contiene la plenitud de la felicidad.  Cuando

la criatura viva en la Divina Voluntad, entonces la caridad y

todas las virtudes alcanzarán la completa perfección.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma junto con mi dulcísimo Jesús, Él era todo bondad y todo admirable; me ha tomado mis manos entre las suyas y se las ha estrechado fuerte a su pecho, y todo amor me ha dicho:

(2) “Querida hija mía, ¡si supieras qué placer, qué gusto siento al hablarte de mi Voluntad!  Cada cosa de más que te manifiesto sobre mi Querer es una felicidad que hago salir de Mí, y que comunico a la criatura, y Yo me siento más feliz en ella en virtud de mi misma felicidad, porque la especialidad característica de mi Voluntad es precisamente esta:  ‘Hacer felices a Dios y al hombre’.  ¿No recuerdas hija mía cuánto placer tomábamos juntos, Yo al hablarte y tú al escucharme, y cómo nos hacíamos felices recíprocamente?  Y siendo mi Voluntad la única que contiene el germen de la felicidad, Yo con manifestarla y el alma con conocerla formamos la planta y los frutos de la verdadera felicidad imperecedera y eterna que no disminuye ni termina jamás, y no sólo nosotros, sino también aquellos que escuchan o leen las cosas admirables y sorprendentes de mi Querer sienten el dulce encanto de mi felicidad.  Por eso, para hacerme feliz en mis obras quiero hablarte de la nobleza de mi Voluntad, y hasta dónde puede llegar el alma y qué debe encerrar si da entrada en su alma a mi Voluntad.  La nobleza de mi Voluntad es divina, y como es del Cielo, Ella no desciende sino en quien encuentra un noble cortejo, y por eso la primera que le dio la entrada fue mi Humanidad; Ella no se contenta con poco, sino que quiere todo porque quiere dar todo, ¿y cómo puede dar todo si no encuentra todo para poder en él poner todos sus bienes?  Así mi Humanidad le dio el santo y noble cortejo y Ella concentró en Mí todo y a todos.  Ve entonces que para venir a reinar mi Voluntad en el alma, debe encerrar en ella todo lo que hizo mi Humanidad, y si las demás criaturas han participado en parte en los frutos de mi Redención según sus disposiciones, esta criatura los concentrará todos para formar el noble cortejo a mi Voluntad y Ella concentrará en el alma el amor que da y quiere de todos, para poder recibir el amor de todos y de cada uno, no se contenta con encontrar en ella la correspondencia sólo de su amor, sino que quiere la correspondencia de todo; todas las relaciones que hay en la Creación entre el Creador y la criatura mi Voluntad las quiere encontrar en el alma donde quiere reinar, de otra manera no sería plena su felicidad ni encontraría todas sus cosas, ni toda Ella misma.  Mi Voluntad debe poder decir en el alma en donde reina:  ‘Si nadie me amase ni me correspondiese, Yo soy feliz por Mí misma, ninguno puede entristecer mi felicidad, porque en esta alma encuentro todo, recibo todo y puedo dar todo’.  Repetiría la frase que hay en las Tres Divinas Personas:  ‘Somos intangibles, por cuanto las criaturas puedan hacer, ninguno puede tocarnos, ni mínimamente opacar nuestra eterna e inmutable felicidad’.  Sólo puede tocarnos, entrar a hacer una sola cosa con Nosotros, quien posee mi Voluntad, porque siendo ella feliz de nuestra misma felicidad, quedamos glorificados por la felicidad de la criatura, y entonces la caridad alcanzará la completa perfección en la criatura, cuando mi Voluntad reine en modo completo en ellas, porque entonces cada una se encontrará en virtud de Ella, en cada criatura, amada, defendida y sostenida, como la ama, defiende y sostiene su Dios, la una se encontrará transfundida en la otra como en la propia vida.  Entonces todas las virtudes alcanzarán la completa perfección, porque no se alimentarán de la vida humana, sino de la Vida Divina.

(3) Por eso de dos humanidades tengo necesidad:  De la mía para formar la Redención, y la otra para formar el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra.  Una más necesaria que la otra, porque si en la primera debía venir a redimirlos, en la segunda debía venir a restaurarlo a la finalidad única por la cual fue creado y abrir la corriente de las gracias entre la voluntad humana y la Divina, y hacerla reinar como en el Cielo así en la tierra.  Y como mi Humanidad para redimir al hombre hizo reinar mi Voluntad como en el Cielo así en la tierra, ahora voy buscando otra humanidad, que haciéndola reinar como en el Cielo así en la tierra, me haga cumplir todos los designios de mi Creación.  Por eso sé atenta en hacer reinar en ti mi sola Voluntad, y Yo te amaré con el mismo Amor con el cual amé a mi Santísima Humanidad”.

 

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17-4

Julio 1, 1924

 

 

Quien se da a Dios pierde sus derechos.  La sangre de Jesús es

defensa de las criaturas ante los derechos de la Divina Justicia.

 

(1) Me sentía muy oprimida por la privación de mi adorable Jesús.  ¡Oh, cómo me sangra el corazón y me siento sometida a sufrir muertes continuas!  Sentía que no podía más sin Él, y que más duro no podía ser mi martirio, y mientras trataba de seguir a mi Jesús en los diferentes misterios de su Pasión, he llegado a acompañarlo en el misterio de su dolorosa flagelación.  Mientras estaba en esto se ha movido en mi interior llenándome toda de su adorable Persona; yo al verlo le quería decir mi duro estado, pero Jesús imponiéndome silencio me ha dicho:

(2) “Hija mía, recemos juntos; hay ciertos tiempos tan tristes en los cuales mi justicia, no pudiendo contenerse por los males de las criaturas quisiera inundar la tierra de nuevos flagelos, y por eso es necesaria la oración en mi Voluntad, la que extendiéndose sobre todos se pone en defensa de las criaturas, y con su potencia impide que mi justicia se acerque a la criatura para golpearla”.

(3) ¡Cómo era bello y conmovedor oír rezar a Jesús!  Y como lo estaba acompañando en el doloroso misterio de la flagelación, se hacía ver chorreando sangre, y oía que decía:

(4) “Padre mío, te ofrezco esta mi sangre, ¡ah! haz que esta sangre cubra todas las inteligencias de las criaturas y haga vanos todos sus malos pensamientos, disminuya el fuego de sus pasiones y haga resurgir inteligencias santas.  Esta sangre cubra sus ojos y haga velo a su vista, a fin de que no le entre el gusto de los placeres malos, y no se ensucien con el fango de la tierra.  Esta sangre mía cubra y llene su boca y deje muertos sus labios a las blasfemias, a las imprecaciones, a todas sus malas palabras.  Padre mío, esta mi sangre cubra sus manos y le dé terror de tantas acciones infames.  Esta sangre circule en nuestra Voluntad Eterna para cubrir a todos, para defender y para ser arma defensora en favor de las criaturas ante los derechos de nuestra justicia”.

(5) ¿Pero quién puede decir el modo como rezaba Jesús y todo lo que decía?  Después ha hecho silencio y me sentía en mi interior que Jesús tomaba en sus manos mi pequeña y pobre alma, la estrechaba, la retocaba, la miraba, y yo le he dicho:

(6) “Amor mío, ¿qué haces?  ¿Hay alguna cosa en mí que te desagrada?”

(7) Y Él:  “Estoy trabajando y ensanchando tu alma en mi Voluntad.  Además no debo darte cuentas a ti de lo que hago, porque habiéndote dado tú toda a Mí, has perdido tus derechos, ahora todos los derechos son míos.  ¿Sabes cuál es tu único derecho?  Que mi Voluntad sea tuya y te suministre todo lo que puede hacerte feliz en el tiempo y en la eternidad”.

 

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17-5

Julio 16, 1924

 

Al crear al hombre Dios le infundió el alma con su aliento, queriendo

infundirle la parte más íntima de su interior, cual es su Voluntad.

Ahora, queriendo disponerlo de nuevo a recibir esta su Voluntad, es

necesario que vuelva a infundirle su aliento.

 

(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús me ha transportado fuera de mí misma y me ha dicho:

(2) “Hija mía, el Creador va en busca de la criatura para deponer en su regazo los bienes que Él ha sacado fuera en la Creación, y por eso dispone siempre en todos los siglos que haya almas que vayan sólo en busca de Él, a fin de que deponga sus bienes en quien lo busca y quiere recibir sus dones.  Así que el Creador se mueve desde el Cielo y la criatura se mueve desde la tierra para encontrarse, Uno para dar y la otra para recibir.  Siento toda la necesidad de dar; preparar los bienes para darlos y no tener a quien poderlos dar y tenerlos inactivos por incorrespondencia de quien no se preocupa por quererlos recibir, es siempre una gran pena.  ¿Pero sabes tú en quién puedo deponer los bienes salidos de Mí en la Creación?  En quien hace suya mi Voluntad, porque Ella sola le da la capacidad, el aprecio y las verdaderas disposiciones para recibir los dones de su Creador, y le suministra la correspondencia, la gratitud, el agradecimiento, el amor que el alma está obligada a dar por los dones que por tanta bondad ha recibido.  Por eso ven junto Conmigo y giremos juntos por la tierra y por el Cielo, a fin de que deponga en ti el amor que saqué por amor de las criaturas en todas las cosas creadas, y tú me des la correspondencia, y junto Conmigo ames a todos con mi amor, y daremos amor a todos, seremos dos para amar a todos, no estaré más solo”.

(3) Entonces hemos girado por todo, y Jesús depositaba en mí su amor que contenían las cosas creadas, y yo haciendo eco a su amor, repetía con Él el te amo de todas las criaturas.  Después ha agregado:

(4) “Hija mía, al crear al hombre le infundí el alma con mi aliento, queriéndole infundir la parte más íntima de nuestro interior, que es nuestra Voluntad, la cual le daba junto todas las partículas de nuestra Divinidad que el hombre como criatura podía contener, tanto, de hacerlo una imagen nuestra; pero el hombre ingrato quiso romper con nuestra Voluntad, y si bien le quedó el alma, pero la voluntad humana que tomó lugar en vez de la Divina lo ofuscó, lo infectó e hizo inactivas todas las partículas divinas, tanto, que lo desordenó todo y lo desfiguró.  Ahora, queriendo Yo disponerlo de nuevo a recibir esta mi Voluntad, es necesario que vuelva de nuevo a darle mi aliento, a fin de que mi aliento le ponga en fuga las tinieblas, las infecciones, y haga de nuevo obrantes las partículas de nuestra Divinidad que le dimos al crearlo.  ¡Oh! cómo quisiera verlo bello, restablecido como lo creé, y sólo mi Voluntad puede obrar este gran prodigio.  Por eso quiero infundirte mi aliento, a fin de que recibas este gran bien, que mi Voluntad reine en ti y te vuelva a dar todos los bienes, los derechos que di al hombre en su creación”.

(5) Y mientras esto decía, acercándose a mí me daba su aliento, me miraba, me estrechaba y después ha desaparecido.

 

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17-6

Julio 25, 1924

 

La santidad en el Querer Divino debe ser un acto continuado.  Dios

va buscando almas que quieran vivir en la Divina Voluntad para

poner en sus brazos a todas las almas.

 

(1) Esta mañana mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior, en acto de extender los brazos en forma de cruz, y yo quedaba extendida junto con Él; después me ha dicho:

(2) “Hija mía, el último acto de mi Vida fue el extenderme sobre la cruz y permanecer ahí hasta que morí con los brazos abiertos, sin poderme mover ni oponerme a lo que querían hacerme.  Yo era el verdadero retrato, la viva imagen de quien vive no de voluntad humana, sino Divina.  Aquél no poder moverme, ni poder oponerme, ese haber perdido todo derecho sobre Mí, la tensión horrible de mis brazos, ¡cuántas cosas decían!  Y mientras Yo perdía los derechos, los demás hacían adquisición de mi Vida.  El primer derecho fue de la Voluntad Suprema, que haciendo uso de su inmensidad y omnividencia, tomaba todas las almas, inocentes y pecadoras, buenas y santas, y me las ponía en los brazos extendidos, a fin de que las llevara al Cielo, y Yo no rechacé a ninguno, así que en mis brazos la Voluntad Divina dio lugar a todos.  Ahora, como la Voluntad Suprema es un acto continuado, nunca interrumpido, y lo que hace una vez no deja nunca de hacerlo, y si bien mi Humanidad está en el Cielo y no está sujeta a sufrir, va buscando almas que no se muevan en la voluntad humana sino en la Divina, que no se opongan a nada, que pierdan todo derecho propio, a fin de que quedando todo derecho en poder de la Divina Voluntad, continúe su acto de poner en los brazos de quien se presta a extenderse en mi Querer a todas las almas, pecadores y santos, inocentes y malos, a fin de que repita y continúe lo que hicieron mis brazos extendidos en cruz.  He aquí por qué me he extendido dentro de ti, para que la Suprema Voluntad continúe su acto de traerme a todos a mis brazos.

(3) La santidad no está formada por un solo acto, sino por muchos actos unidos juntos.  Un solo acto no forma ni santidad ni perversidad, porque faltando la continuidad de los actos, faltan los colores y las vivas tintas de la santidad, y faltando éstos no se puede dar un peso y un valor justo ni de la santidad ni de la perversidad.  Así que lo que hace refulgir y pone el sello a la santidad son los actos buenos continuados.  Nadie puede decir que es rico porque posee una moneda, sino quien posee propiedades extensas, villas, palacios, etc., etc.  Así es de la santidad, y si la santidad tiene necesidad de tantos actos buenos, sacrificios, heroísmo, pero puede estar sujeta a vacíos, a intervalos; la santidad en mi Querer no está sujeta a fases intermitentes, sino que debe asociarse al acto continuado del Querer Eterno, que jamás, jamás se detiene, sino que siempre está obrante, siempre triunfante, que siempre ama y jamás se detiene.  Así que la santidad en mi Querer pone en el alma el sello del obrar de su Creador, cual es su amor continuo, la conservación continua de todas las cosas por Él creadas, jamás se cambia y es inmutable.  Quien está sujeto a cambiarse pertenece a la tierra y no al Cielo; el cambiarse es de la voluntad humana, no de la Divina; interrumpir el bien es de la criatura, no del Creador; todo eso sería deshonroso a la santidad del vivir en mi Querer, porque ella contiene la divisa, la imagen de la santidad de su Creador.  Por eso sé atenta, deja todos los derechos a la Voluntad Suprema y Yo iré formando en ti la santidad del vivir en mi Querer”.

 

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17-7

Julio 29, 1924

 

Los actos hechos en la Divina Voluntad

forman un apoyo de reposo a Jesús y al alma.

 

(1) Esta mañana, después de mucho esperar, mi siempre amable Jesús se hacía ver en mi interior, cansado y como si quisiera reposar, y estando en mí un cierto apoyo, extendía sus brazos para abrazarse a ese apoyo, y recargando su cabeza reposaba, pero no sólo reposaba Él, sino que me invitaba a descansar junto con Él.  ¡Cómo se estaba bien, apoyada en ese apoyo junto con Jesús, para tomar después de tantas amarguras un poco de reposo!  Entonces me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿quieres saber qué cosa es este apoyo que tanto nos alivia y nos da reposo?  Son todos tus actos hechos en mi Voluntad los que han formado este apoyo para Mí y para ti, el cual es tan fuerte que puede sostener el peso del Cielo y de la tierra que en Mí contengo y darme reposo.  Sólo mi Voluntad contiene esta fuerza y esta virtud tan grande.  Los actos hechos en mi Voluntad vinculan Cielo y tierra y encierran en ellos la potencia divina para poder sostener a un Dios”.

(3) Entonces al oír esto le he dicho:  “Amor mío, no obstante, con todo este apoyo que Tú dices yo temo que Tú me dejes, ¿qué haré yo sin Ti?  Tú sabes cuán miserable y buena para nada soy, por eso temo que dejándome Tú, también tu Voluntad se aparte de mí”.

(4) Y Él:  “Hija mía, ¿por qué temes?  Este temor es tu voluntad humana que quisiera salir en campo para hacer un poco de camino; mi Voluntad excluye todo temor, porque no tiene de qué temer; es más, es segura de Sí y es inamovible.  Debes saber que cuando el alma decide hacerse poseer por mi Voluntad y vive en Ella, como mi Voluntad está vinculada con todas las cosas creadas, no hay cosa sobre la cual Ella no tenga su dominio, así el alma queda vinculada con todas las cosas creadas, y mientras va haciendo sus actos, así va quedando escrita con caracteres imborrables en todas las cosas creadas su filiación con mi Voluntad, su morada, su posesión.  Mira un poco en todo el universo, en el cielo, en las estrellas, en el sol, en todo, y verás tu nombre escrito con caracteres indelebles, tu filiación con mi Voluntad; por tanto, ¿cómo puede ser posible que esta Madre Eterna y Divina deje a su querida hija, nacida de Ella y hecha crecer con tanto amor?  Por eso quita todo temor si no quieres amargarme”.

(5) Mientras esto decía, yo he mirado en el cielo, en el sol y en todo lo demás, y veía escrito mi nombre con el título de hija de su Voluntad.  Sea todo para gloria de Dios y para confusión de mi pobre alma.

 

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17-8

Agosto 9, 1924

Imágenes del vivir en la Divina Voluntad:

El mar y los peces, la tierra y las plantas.

 

(1) Después de mucho esperar la presencia de mi adorable Jesús, lo he sentido en mi interior, que extendía los brazos y me decía:

(2) “Hija mía, extiende tus brazos junto Conmigo en mi Voluntad para reparar por tantos que extienden sus obras en la voluntad humana, la cual les forma la red de todos los males para precipitarlos en el abismo eterno, y para impedir que mi justicia se derrame sobre ellos para desahogar su justo furor, porque cuando la criatura se extiende en mi Voluntad para obrar y para sufrir, mi justicia se siente tocada por la criatura con la potencia de mi Voluntad, y deja sus justos rigores, es una vena divina que la criatura hace correr entre Dios y la familia humana, por la cual mi justicia no puede hacer menos que tener consideración hacia la pobre humanidad”.

(3) Y mientras esto decía, hacía ver cómo las criaturas están preparando una gran revolución entre los partidos contra el gobierno y contra la Iglesia.  ¡Qué destrucción horrible se veía!  ¡Cuántas tragedias!  Entonces mi dulce Jesús ha continuado hablándome y me ha dicho:

(4) “Hija mía, ¿has visto?  Las criaturas no quieren detenerse, la avidez de derramar sangre no se ha apagado en ellas, y esto hace que mi justicia, con terremotos, con agua y con el fuego destruya ciudades enteras y haga desaparecer los habitantes de la faz de la tierra, por eso hija mía, reza, sufre, obra en mi Voluntad, pues sólo esto puede formar un freno para que mi justicia no explote con sus rayos devastadores para destruir la tierra.  ¡Oh, si tú supieras cómo es bello y deleitable el ver obrar a un alma en mi Voluntad!  Una imagen te la pueden dar el padre mar y la madre tierra, que están tan unidos y vinculados entre ellos, que el agua no puede estar sin la tierra, y la tierra sería infecunda sin el agua, es como un matrimonio lo que hay entre ellos, por lo que se puede decir padre al mar y madre a la tierra.  Tal unión debería tener el alma con mi Voluntad.  Ahora, ¿qué cosa hay en el mar?  Una inmensidad de aguas; ¿quién habita en estas aguas?  ¿A quién alimenta, a quién da vida?  A los tantos variados peces que se alimentan, nadan y serpentean en el inmenso mar.  Mira entonces, el mar es uno, pero muchos peces viven en él; el amor y el celo del mar hacia ellos es tanto, que los tiene ocultos en sí; sus aguas se extienden arriba, abajo, a derecha e izquierda, si el pez quiere nadar y caminar abre las aguas y serpenteando se divierte, el agua se deja abrir, pero se estrecha siempre en torno, por abajo, por arriba, a derecha e izquierda, no lo deja jamás; y por donde pasa se cierra de inmediato detrás, no dejando vestigio alguno de por donde pasa ni a dónde llega, a fin de que nadie pueda seguirlo; si quiere nutrirse, el agua se presta a alimentarlo, si quiere dormir, le hace de lecho; pero nunca lo deja, se cierra siempre a su derredor.  Pero con todo esto se ve que en el mar hay seres que no son las mismas aguas, se ven movimientos, serpenteos formados por estos mudos habitantes, a los cuales el mar les es vida, y ellos son la gloria, el honor y la riqueza del mar.  Más que pez es el alma que obra y vive en mi Voluntad; mi Voluntad es inmensa, la criatura es finita, pero a pesar de que es finita tiene su movimiento, su voz, su pequeño camino, y mi Voluntad viéndola en Ella, es tanto su amor y su celo, que más que mar se extiende encima, abajo, a derecha e izquierda y se hace vida, alimento, palabra, obra, paso, sufrimiento, lecho, reposo, habitación de esta afortunada criatura, la sigue por doquier y llega a entretenerse junto con ella.  Podría decir que esas almas son mi gloria, mi honor y la riqueza que produce mi Voluntad.  Este obrar del alma en mi Voluntad es como el nadar y el serpentear del pez en el mar terrestre, pero el alma lo hace en el mar celeste del Querer Supremo; son los ocultos habitantes de las olas celestiales, que viven en la herencia inmensa del mar infinito de mi Voluntad; y así como los peces están ocultos, desaparecidos en el mar, mudos, sin embargo forman la gloria del mar y sirven como alimento para los hombres, así estas almas parecen desaparecidas en el mar Divino, mudas, sin embargo forman mi más grande gloria de la Creación y son causa primaria para hacer descender sobre la tierra el alimento exquisito de mi Voluntad y de mi Gracia.

(5) Otra imagen del obrar del alma en mi Voluntad es la tierra.  Las almas que viven en mi Voluntad son las plantas, las flores, los árboles, las semillas.  ¿Con cuanto amor no se abre la tierra para recibir la semilla?  Y no sólo se abre, sino que se vuelve a cerrar para ponerse arriba y ayudar a la semilla a hacerse polvo junto con ella, para poder con mayor facilidad parir de su seno la planta que contiene esa semilla, y en cuanto comienza a brotar de su seno se estrecha a su alrededor, le presta el humor que contiene, casi como alimento para hacerla crecer.  Una madre no puede ser tan afectuosa como la madre tierra, porque a su recién nacido no siempre lo tiene en su regazo, ni siempre le da la leche, en cambio la tierra, más que madre, no separa jamás de su seno a la planta, mas bien, por cuanto más crece para arriba tanto más se hunde abajo, se desgarra por hacer lugar a las raíces, para hacer crecer más bella y más fuerte a la planta.  Es tanto su amor y su celo, que la tiene pegada a su pecho para darle vida y alimento continuo.  Pero las plantas, las flores, etc., son el más bello ornamento de la tierra, son su felicidad, su gloria y su riqueza, y proveen de alimentos a las humanas generaciones.  Más que madre tierra es mi Voluntad para el alma que vive y obra en Ella; más que tierna madre me la oculto en mi Voluntad, le ayudo a hacer morir la semilla de su voluntad, a fin de que renazca con la mía y formo mi planta predilecta; la alimento con la leche celestial de mi Divinidad; es tanto mi celo que la tengo prendida a mi seno, y encerrada en Mí a fin de que crezca bella y fuerte y toda a mi semejanza.  Por eso hija mía sé atenta, obra siempre en mi Voluntad si quieres volver contento a tu amado Jesús; quisiera que hicieras todo a un lado para tomar sólo este punto del vivir y obrar siempre en mi Voluntad”.

 

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17-9

Agosto 14, 1924

 

Lo obrado en la Divina Voluntad contiene la potencia creadora.

El obrar de Jesús forma la corona al obrar de las criaturas.

 

(1) Estaba pensando entre mí:  “Quisiera girar siempre en su Querer Divino, quisiera ser como rueda de reloj que gira siempre sin detenerse jamás”.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿quieres girar siempre en mi Querer?  ¡Oh! con qué ganas y con qué amor quiero que gires siempre en mi Querer, tu alma será la rueda, mi Voluntad te dará la cuerda para hacerte girar velozmente sin detenerte jamás, tu intención será el punto de partida de adonde quieres ir, qué camino quieres tomar, si al pasado o bien en el presente, o quieres deleitarte en los caminos futuros, a tu libre elección, siempre me serás amada y me dará sumo deleite cualquier punto de partida que tu tomes”.

(3) Después ha agregado:  “Hija amadísima de mi Voluntad, todo lo que se ha hecho en mi Voluntad contiene la potencia creadora.  Mira, todo lo que hizo mi Humanidad estando en la tierra, como todo fue hecho en la Voluntad Suprema, todo contiene esta potencia creadora, tanto, que así como está un sol siempre en acto, siempre pleno de luz y de calor, sin disminuir jamás, ni crecer en su pleno esplendor, tal como fue creado por Dios, así todo lo que hice, todo está en acto, y como el sol es de todos y de cada uno, así mi obrar, mientras es uno es de todos y de cada uno, es más, mis pensamientos forman la corona a cada inteligencia creada, mis miradas, mis palabras, mis obras, mis pasos, mis latidos, mis penas, forman la corona de las miradas, de las palabras, de las obras, de las penas, etc., etc., de las criaturas, podría decir que como corona están a guardia de todo lo que hace la criatura.  Ahora, si la criatura piensa en mi Voluntad, la corona de mis pensamientos se abre y encierra en los míos los pensamientos de ella, y tomando parte en la potencia creadora, hacen hacia Dios y hacia las criaturas el oficio de mi inteligencia; así si miras, si hablas, mis miradas, mis palabras forman el puesto para recibir las tuyas y formando una sola corona hacen el oficio de mis miradas y de mis palabras, y así de todo lo demás.  Las almas que viven en mi Voluntad son mis verdaderas repetidoras, mis inseparables imágenes reproducidas en ellas y absorbidas de nuevo en Mí, para hacer que todo lo que hacen quede con el sello de que son obras mías y continúen mi mismo oficio”.

 

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17-10

Septiembre 2, 1924

 

Cuánto daño causa la desconfianza en el alma.

 

(1) Me sentía muy oprimida, pero toda abandonada en los brazos de Jesús, y le pedía que tuviera compasión de mí, pero mientras esto hacía sentí perder los sentidos, y veía que salía de dentro de mí una pequeña niña, débil, pálida y toda absorta en una profunda tristeza; y Jesús bendito, yendo a su encuentro la tomaba en sus brazos y moviéndose a piedad se la estrechaba al corazón, y con sus manos le acariciaba la frente, marcándole con signos de cruz los ojos, los labios, el pecho, y todo el resto de la pequeña niña; mientras esto hacía la niña se revigorizaba, adquiría el color y se sacudía del estado de tristeza, y Jesús viendo que la niña readquiría las fuerzas, se la estrechaba más fuerte para mayormente vigorizarla y le decía:

(2) “Pobre pequeña, a qué estado estás reducida, pero no temas, tu Jesús te hará salir de este estado”.

(3) Entonces mientras esto sucedía yo pensaba entre mí:  “¿Quién será esta niña que ha salido de mí y que Jesús ama tanto?”  Y mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, esta niña es tu alma, y Yo la amo tanto que no tolero verte tan triste y débil, por eso he venido para infundirte nueva vida y nuevo vigor”.

(5) Entonces yo, al oír esto le he dicho llorando:  “Amor mío y vida mía, Jesús, cuanto temo que Tú me dejes, ¿cómo haré sin Ti?  ¿Cómo podré vivir, a qué estado deplorable se reducirá mi pobre alma?  ¡Qué pena tan desgarradora es el pensamiento de que Tú puedas dejarme!  Pena que me lacera, me quita la paz y me pone el infierno en el corazón.  Jesús, piedad, compasión, misericordia de mí, pequeña niña, no tengo a nadie, si me dejas Tú todo habrá terminado para mí”.

(6) Y Jesús, hablando de nuevo ha agregado:  “Hija mía, cálmate, no temas, tu Jesús no te deja.  Yo soy celoso de tu confianza, no quiero que desconfíes mínimamente de Mí.  Mira, Yo amo tanto que las almas estén con toda confianza Conmigo, que muchas veces escondo algún defecto o imperfección de ellas, o alguna incorrespondencia a mi gracia, para no darles ocasión de que no estén Conmigo con toda confianza, porque si pierden la confianza el alma queda como dividida de Mí y toda encogida en sí misma, se pone a distancia de Mí y queda paralizada en el arrojo del amor, y por eso paralizada en el sacrificarse por Mí.  ¡Oh! cuánto daño hace la desconfianza, se puede decir que es como esa helada primaveral que apaga la vida a las plantas, y muchas veces si la helada es fuerte las hace aun morir; así la desconfianza, más que helada detiene el desarrollo a las virtudes y pone el hielo al más ardiente amor; ¡oh! cuántas veces por falta de confianza quedan detenidos mis designios y las más grandes santidades, por eso Yo tolero cualquier defecto excepto la desconfianza, porque jamás le pueden producir tanto daño.  Y además, ¿cómo puedo dejarte si he trabajado tanto en tu alma?  Mira un poco cuánto he debido trabajar”.

(7) Y mientras esto decía hacía ver un palacio suntuoso e inmenso, construido por las manos de Jesús en el fondo de mi alma y después ha agregado:

(8) “Hija mía, ¿cómo puedo dejarte?  Mira cuántas estancias, son casi innumerables; por cuantos conocimientos, efectos, valores y méritos en mi Voluntad te he hecho conocer, tantas estancias formaba Yo en ti, para depositar todos esos bienes.  No me queda otra cosa, que agregar alguna que otra variedad de otros diferentes colores para pintar otras raras bellezas de mi Suprema Voluntad, para dar más realce y honor a mi trabajo.  ¿Y tú dudas, pensando que pudiera dejar tanto trabajo mío?  Me cuesta demasiado, está mi Voluntad comprometida, y donde está mi Voluntad está la Vida, Vida no sujeta a morir.  Tu temor no es otra cosa que un poco de desconfianza de parte tuya, por eso fíate de Mí y estaremos de acuerdo, y Yo cumpliré el trabajo de mi Voluntad”.

 

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17-11

Septiembre 6, 1924

 

Imagen del estado de la Iglesia.  Necesidad de purificarla.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado me he encontrado fuera de mí misma, y con gran sorpresa mía he encontrado en medio de un camino a una mujer tirada por tierra, toda llena de heridas y los miembros todos descoyuntados, no había hueso en su lugar.  La mujer, si bien tan maltrecha que parecía el verdadero retrato del dolor, era bella, noble, majestuosa, pero al mismo tiempo daba piedad el verla abandonada por todos, expuesta a quien quisiera hacerle daño.  Entonces, movida a compasión miraba alrededor para ver si había alguien que me ayudara a levantarla y ponerla en lugar seguro, y ¡oh! maravilla, junto a mí estaba un joven que me parecía que fuera Jesús, y juntos la hemos levantado de la tierra, pero a cada movimiento sufría penas desgarradoras debido al dislocamiento de los huesos.  Así, poco a poco la hemos transportado dentro de un palacio, poniéndola sobre una cama, y junto con Jesús, que parecía que amaba tanto a esa mujer que quería darle su propia Vida para salvarla y darle la salud, tomábamos en nuestras manos los miembros dislocados para ponerlos en su lugar; al toque de Jesús los huesos tomaban su lugar y aquella mujer se transformaba en una bella y graciosa niña.  Yo he quedado asombrada por esto, y Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, esta mujer es la imagen de mi Iglesia.  Ella es siempre noble, llena de majestad y santa, porque su origen está en el Hijo del Padre Celestial; pero a qué estado tan doloroso la han reducido los miembros a Ella incorporados, no contentos con no vivir santamente, a la par de Ella, la han llevado en medio de la calle, exponiéndola al frío, a las burlas, a los golpes, y sus mismos hijos, como miembros dislocados, viviendo en medio de la calle se han dado a toda clase de vicios; el amor al interés, predominante en ellos los ciega y cometen las más feas infamias y viven junto a Ella para herirla y gritarle continuamente:  ‘Sea crucificada, sea crucificada’.  En qué estado tan doloroso se encuentra mi Iglesia, los ministros que deberían defenderla son sus más crueles verdugos; pero para renacer es necesaria la destrucción de estos miembros e incorporarle miembros inocentes, desinteresados, que viviendo a la par con Ella, regrese bella y graciosa niña, tal cual Yo la constituí, sin malicia, más que sencilla niña, para crecer fuerte y sana.  Esta es la necesidad de que los enemigos inicien la batalla, para que se purguen los miembros infectados.  Tú reza y sufre a fin de que todo redunde para mi gloria”.

(3) Dicho esto me he encontrado en mí misma.

 

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17-12

Septiembre 11, 1924

 

Terribles efectos de las oposiciones del alma a la Voluntad de Dios.

En el Cielo toda la eternidad se pondrá en torno al alma que ha

vivido en la Divina Voluntad, para enriquecerla, felicitarla y no

la priva de nada de lo que ella contiene.

 

(1) Me sentía muy turbada y pedía a Jesús que tuviera compasión de mí, que tomara Él todo el cuidado de mi pobre alma, y le decía:

(2) “Ah, aléjame a todos, para que me quedes Tú solo, Tú solo me bastas.  Después de tanto tiempo habrías debido contestarme, mucho más que no te pido más que a Ti sólo”.

(3) Ahora, mientras esto y otras cosas decía, mi Jesús me ha tomado un brazo, como si quisiera Él liberarme y hacerme así el oficio de mi confesor.  ¡Oh! cómo me sentía feliz al ver hacer esto a Jesús y pensaba entre mí:  “Finalmente ha terminado el más duro de mis sacrificios”.  Pero felicidad vana y pasajera, mientras Jesús me ha tomado el brazo, al mismo tiempo ha desaparecido y yo he sido dejada en mi habitual estado, sin poder reaccionar.  Cómo he llorado y pedía que tuviera compasión de mí.  Después de algunas horas mi amable Jesús ha regresado, y viéndome llorar y toda amargada me ha dicho:

(4) “Hija mía, no llores, ¿no quieres confiarte de tu Jesús?  Déjame hacer, déjame hacer, no tomes las cosas a la ligera; es mas, ¡oh! cuántas cosas tristes están por suceder, mi justicia no puede contener los flagelos para castigar a las criaturas; todos están por lanzarse unos contra otros, y cuando oigas los males de tus hermanos sentirás remordimiento por tus oposiciones a tu habitual sacrificio, como si también tú hubieras tomado parte en empujar a la justicia a castigar a las criaturas”.

(5) Y yo al oír esto le he dicho:  “Jesús mío, jamás sea, no quiero sustraerme de tu Voluntad, más bien te ruego que me libres de la más fea de las desventuras, que yo no haga tu Santísima Voluntad; no te pido que me libres del sufrir, mas bien me lo aumentes, sólo te ruego, como gracia que quiero de Ti, siempre si Tú lo quieres, que me liberes del fastidio que doy al confesor, esto me es demasiado duro y siento que no tengo la fuerza para soportarlo, por lo tanto, si a Ti te place libérame, o bien dame más fuerza, pero no permitas que no se cumpla tu Santísima Voluntad en mí”.

(6) Y Jesús continuando con su hablar me ha dicho:  “Hija mía, recuérdate que te pedí un ‘sí’ en mi Voluntad, y tú lo pronunciaste con todo amor; aquel ‘sí’ existe aún y tiene el primer puesto en mi Voluntad interminable.  Todo lo que tú haces, piensas y dices, está ligado a aquel ‘sí’, al cual nada se le escapa, y mi Voluntad goza y hace fiesta al ver a una voluntad de criatura vivir en mi Voluntad, y la voy llenando de gracias nuevas, y constituyo todos tus actos en actos divinos; este es el más grande portento que existe entre el Cielo y la tierra, es el objeto para Mí más querido, que, jamás sea, me sea arrancado, me sentiría arrancar a Mí mismo y lloraría amargamente por ello.  Mira, conforme tú hacías esa pequeña oposición, aquel ‘sí’ tuyo ha temblado de espanto; ante ese estremecimiento los fundamentos de los cielos se han sacudido temblorosos; todos los santos y ángeles, y todo el ámbito de la eternidad han visto esto con horror y con dolor, sintiéndose arrancar un acto de la Voluntad Divina, porque mi Voluntad envolviendo todo y a todos les hacía sentir tus actos hechos una sola cosa con ellos, y por lo tanto todos sentían el doloroso desgarro, podría decirte que todos se ponían en actitud de profundo dolor”.

(7) Y yo, espantada por el hablar de Jesús he dicho:  “Amor mío, ¿qué dices?  ¿Es posible todo este mal?  Tu hablar me hace morir de pena, ¡ah! perdóname, ten misericordia de mí que soy tan mala, y confirma mi ‘sí’ con ataduras más fuertes en tu Voluntad, es más, hazme morir antes que hacerme salir de tu Voluntad”.

(8) Y Jesús de nuevo:  “Hija mía, cálmate, como inmediatamente te has puesto de nuevo en mi Querer, todas las cosas se han calmado y se han puesto en actitud de nueva fiesta.  Tu ‘sí’ continúa sus veloces giros en la inmensidad de mi Voluntad.  ¡Ah! hija, ni tú ni los que te dirigen han conocido qué significa vivir en mi Querer, por eso no lo aprecian y se tiene como cosa de ninguna importancia, –y esto es un dolor mío– mientras que es la cosa que más me interesa y que debería más que cualquier cosa interesar a todos; pero, ¡ay de Mí! se pone atención a otras cosas, a cosas que para Mí son menos agradables o indiferentes, en lugar de lo que más me glorifica y que da a ellos, aun sobre esta tierra, bienes inmensos y eternos, y los hace propietarios de los bienes que mi Voluntad posee.  Mira, mi Voluntad es una y abraza toda la eternidad; ahora, el alma viviendo en mi Voluntad y haciéndola suya, viene a tomar parte en todos los gozos y en los bienes que mi Voluntad contiene y se vuelve como propietaria de ellos, y si bien estando en la tierra ella no siente todos esos gozos y bienes, teniendo el depósito de todos en su voluntad en virtud de la mía hecha en la tierra, muriendo y encontrándose arriba en los Cielos, sentirá todos aquellos gozos y bienes que mi Voluntad ha puesto fuera en el Cielo mientras ella vivía sobre la tierra.  Nada le será quitado, más bien le será multiplicado, porque si los santos han gozado de mi Voluntad porque viven en Ella, pero es siempre gozando como viven, en cambio el alma que vive en mi Voluntad en la tierra vive sufriendo, ¿no es justo que ella tome aquellos gozos y aquellos bienes que los demás han tomado en el Cielo mientras ella vivía en la tierra en aquella misma Voluntad en que vivían ellos?  Así que, ¿cuántas riquezas inmensas no toma quien vive en mi Voluntad?  Puedo decir que toda la eternidad se pondrá en torno a ella para enriquecerla, para hacerla feliz, nada le priva de lo que Ella contiene, es su hija y la ama tanto que de nada quiere privarla.  Por eso sé atenta hija mía, no quieras oponerte a mis designios que he hechos sobre ti”.

 

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17-13

Septiembre 17, 1924

 

El obrar en la Divina Voluntad significa que el Sol de la Divina

Voluntad, transformando en sol a la voluntad humana, obra en

ella como en su propio centro.  Jesús bendice estos escritos.

 

(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino, y hacía cuanto más podía para fundirme en Él, para poder abrazar a todos y llevar a mi Dios los actos de todos como un acto solo, actos que son todos debidos a nuestro Creador.  Mientras esto hacía veía abrirse el Cielo y salir de él un Sol, que hiriéndome con sus rayos me penetraba hasta el fondo de mi alma, la cual, herida por esos rayos se convertía en un sol, que expandiendo rayos hería a aquel Sol del cual había quedado herida.  Y como yo continuaba haciendo mis actos por todos en el Divino Querer, estos actos eran fundidos en esos rayos y convertidos en actos divinos, que difundiéndose en todos y sobre todos formaban una red de luz, tal, de poner orden entre el Creador y la criatura.  Yo he quedado encantada al ver esto, y mi amable Jesús saliendo de dentro de mi interior, en medio de este Sol me ha dicho:

(2) “Hija mía, mira cómo es bello el Sol de mi Voluntad, qué Potencia, qué maravilla, no apenas el alma se quiere fundir en Ella para abrazar a todos, mi Querer transformándose en Sol hiere al alma y forma otro Sol en ella, y ella conforme forma sus actos forma sus rayos para herir al Sol de la Suprema Voluntad, y envolviendo a todos en esta luz, por todos ama, glorifica, satisface a su Creador, y lo que es más, no con amor, gloria y satisfacción humanas, sino con amor y gloria de Voluntad Divina, porque el Sol de mi Voluntad ha obrado en ella.  Mira qué significa hacer los actos en mi Voluntad, esto es el vivir en mi Querer:  Que el Sol de mi Voluntad, transformando en Sol a la voluntad humana, obre en ella como en su propio centro”.

(3) Después, mi dulce Jesús iba tomando todos los libros escritos sobre su Divino Querer, los ponía juntos, se los estrechaba al corazón, y con una ternura indecible ha agregado:

(4) “Bendigo de corazón estos escritos, bendigo cada palabra, bendigo los efectos y el valor que ellos contienen; estos escritos son una parte de Mí mismo”.

(5) Después ha llamado a los ángeles, los cuales se han puesto rostro en tierra a rezar, y como estaban presentes dos padres que debían ver los escritos, Jesús ha dicho a los ángeles que tocaran sus frentes para imprimir en ellos el Espíritu Santo, y así infundirles la luz para poderlos hacer comprender las verdades y el bien que hay en estos escritos.  Los ángeles lo han cumplido y Jesús, bendiciéndonos a todos ha desaparecido.

 

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17-14

Septiembre 18, 1924

 

Diferencia que hay entre el vivir en la Voluntad de Dios y el hacer la

Voluntad de Dios.  Para entender qué cosa quiere decir vivir en la Divina

Voluntad se debe disponer al más grande de los sacrificios, que es

el de no dar vida, aun en las cosas santas, a la propia voluntad.

 

(1) Estaba pensativa acerca de lo que está escrito sobre el vivir en el Divino Querer, y pedía a Jesús que me diera más luz para explicarme mejor, y así poder aclarar más a quien estoy obligada a hacerlo este bendito vivir en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, no se quiere entender.  El vivir en mi Voluntad es reinar, el hacer mi Voluntad es estar a mis órdenes; lo primero es poseer, lo segundo es recibir mis órdenes y cumplirlas.  El vivir en mi Querer es hacer suya mi Voluntad como cosa propia, es disponer de Ella; el hacer mi Voluntad es tenerla en cuenta como Voluntad de Dios, no como cosa propia, ni poder disponer de Ella como se quiere.  El vivir en mi Voluntad es vivir con una sola Voluntad, la cual es la de Dios, la cual, siendo una Voluntad toda Santa, toda pura, toda paz, y siendo una sola Voluntad la que reina, no hay contrastes, todo es paz; las pasiones humanas tiemblan ante esta Suprema Voluntad y quisieran rehuirla, no se atreven a moverse ni a oponerse, viendo que ante esta Santa Voluntad tiemblan Cielos y tierra.  Así que el primer paso del vivir en el Querer Divino, ¿qué hace?  Poner el orden divino en el fondo del alma, vaciarla de lo que es humano, de tendencias, de pasiones, de inclinaciones y de otras cosas.  En cambio el hacer mi Voluntad es vivir con dos voluntades, y cuando doy las órdenes de seguir la mía, la criatura siente el peso de su voluntad que le pone contrastes, y a pesar de que siga las órdenes de mi Voluntad con fidelidad, siente el peso de la naturaleza rebelde, sus pasiones e inclinaciones.  Y cuántos santos, a pesar que han llegado a la perfección más alta, sienten esta su voluntad que les hace guerra, que los tiene oprimidos, y muchos están obligados a gritar:  ‘¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?  Esto es, de esta mi voluntad que quiere dar muerte al bien que quiero hacer?’  El vivir en mi Voluntad es vivir como hijo, el hacer mi Voluntad es vivir como siervo.  En el primero, lo que es del padre es del hijo y muchas veces hacen más sacrificios los siervos que los hijos, a ellos les toca exponerse a los servicios más fatigosos, más humildes, al frío, al calor, a viajar a pie; en efecto, ¿cuánto no han hecho mis santos para seguir las órdenes de mi Voluntad?  En cambio el hijo está con su padre, tiene cuidado de él, lo alegra con sus besos y con sus caricias, manda a los siervos como si lo hiciera su padre; si sale, no va a pie, sino que viaja en carroza; y si el hijo posee todo lo que es del padre, a los siervos no se da otra cosa que la paga por el trabajo que han hecho, y quedan libres de servir o no servir a su patrón, y si no lo sirven no tienen más derecho de recibir ninguna otra compensación.  En cambio entre padre e hijo nadie puede quitar estos derechos:  ‘Que el hijo posee los bienes del padre.’  Ninguna ley, ni celeste ni terrestre puede quitar estos derechos, ni desvincular la filiación entre padre e hijo.  Hija mía, el vivir en mi Voluntad es el vivir que más se acerca al de los bienaventurados en el Cielo, y es tan distante de quien hace mi Voluntad y está fielmente a mis órdenes, cuanto es distante el Cielo de la tierra, cuanta distancia hay entre hijo y siervo, entre rey y súbdito.  Además, esto es un don que quiero hacer en estos tiempos tan tristes, que no sólo hagan mi Voluntad sino que la posean.  ¿No soy acaso Señor y dueño de dar lo que quiero, cuando quiero y a quien quiero?  ¿No es libre un señor de decir a un siervo:  ‘Vive en mi casa, come, toma, ordena como otro yo mismo?’  Y para hacer que nadie pueda impedirle la posesión de sus bienes, se legitima este siervo como hijo y le da el derecho de poseer.  Si esto puede hacer un rico, mucho más puedo hacerlo Yo.  Este vivir en mi Querer es el don más grande que quiero dar a las criaturas, mi bondad quiere siempre más desahogarse en amor hacia ellas y habiéndoles dado todo, y no teniendo más que darles para hacerme amar, quiero hacer don de mi Voluntad, a fin de que poseyéndola, amen el gran bien que poseen.

(3) No te asombres si ves que no comprenden, para entender deberían disponerse al más grande de los sacrificios, cual es el de no dar vida, aun en las cosas santas a la propia voluntad, sólo entonces sentirían la posesión de la mía y tocarían con la mano qué significa vivir en mi Querer.  Tú sé atenta y no te fastidies de las dificultades que te ponen, y Yo poco a poco me haré camino para hacer comprender el vivir en mi Voluntad”.

 

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17-15

Septiembre 22, 1924

 

Rabia diabólica porque se escribe sobre la Divina

Voluntad.  El vivir en el Divino Querer lleva consigo

la pérdida de cualquier derecho de voluntad propia.

 

(1) Continúo:  Mientras escribía lo que está dicho arriba, veía a mi dulce Jesús que apoyaba su boca en la parte de mi corazón y con su aliento me infundía las palabras que estaba escribiendo, y al mismo tiempo oía un horrible escándalo a lo lejos, como de personas que se peleaban y golpeaban con tanto estrépito que infundía espanto.  Y yo, dirigiéndome a mi Jesús le he dicho:

(2) “Jesús mío, amor mío, ¿quienes son los que hacen tanto escándalo?  Me parecen demonios enfurecidos, ¿qué cosa quieren que se pelean tanto?

(3) Y Jesús:  “Hija mía, son precisamente ellos, quisieran que tú no escribieras sobre mi Voluntad, y cuando te ven escribir verdades más importantes sobre el vivir en mi Querer sufren un doble infierno, y atormentan de más a todos los condenados; temen tanto que puedan publicarse estos escritos sobre mi Voluntad, porque ven perdido su reino sobre la tierra, adquirido por ellos cuando el hombre, sustrayéndose de la Voluntad Divina, dio libre paso a su voluntad humana.  ¡Ah! sí, fue precisamente entonces cuando el enemigo adquirió su reino sobre la tierra; y si mi Querer pudiese reinar sobre la tierra, el enemigo, él mismo se escondería en los más oscuros abismos.  He aquí por qué se pelean con tanto furor, sienten la potencia de mi Voluntad en estos escritos, y ante la sola duda de que pueden salir fuera, montan en furia y buscan con todo su poder el impedir un bien tan grande.  Tú no les hagas caso, y de esto aprende a apreciar mis enseñanzas”.

(4) Y yo:  “Jesús mío, siento que se necesita tu mano omnipotente para hacerme escribir lo que Tú dices sobre el vivir en tu Querer.  Debido a las tantas dificultades que los demás ponen, especialmente cuando me repiten:  ¿Será posible que ninguna otra criatura haya vivido en tu Santísima Voluntad?  Me siento tan aniquilada que quisiera desaparecer de la faz de la tierra, a fin de que nadie más me viera, pero a pesar mío estoy obligada a permanecer para cumplir tu Santa Voluntad”.

(5) Y Jesús:  “Hija mía, el vivir en mi Querer lleva consigo la pérdida de cualquier derecho de voluntad propia, todos los derechos son por parte de la Voluntad Divina, y si el alma no pierde los propios derechos, no se puede decir verdadero vivir en mi Querer, a lo más se puede decir vivir resignada, uniformada, porque el vivir en mi Querer no es la sola acción que haga según mi Voluntad, sino es que todo el interior de la criatura no dé lugar ni a un afecto, ni a un pensamiento, ni a un deseo, ni siquiera a un respiro en el cual mi Querer no tenga su lugar, ni mi Querer toleraría aun un afecto humano del cual Él no fuera la vida; tendría asco de hacer vivir al alma en mi Voluntad con sus afectos, pensamientos, etc., que pudiera tener una voluntad humana.  ¿Y crees tú que sea fácil que un alma voluntariamente pierda sus propios derechos?  ¡Oh, cómo es difícil!  Mas bien hay almas que cuando llegan al punto de perder todos los derechos sobre su voluntad, se echan para atrás, y se contentan con llevar una vida mediana, porque el perder los propios derechos es el más grande sacrificio que puede hacer la criatura, y que dispone a mi bondad a abrirle las puertas de mi Querer, y haciéndola vivir en Ella, recompensarla con mis derechos divinos.  Por eso sé atenta y no salgas jamás de los confines de mi Voluntad”.

 

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17-16

Octubre 2, 1924

 

Efectos de la adoración hecha en la Divina Voluntad.

 

(1) Me sentía toda amargada por la privación de mi dulce Jesús.  ¡Oh! cómo mi exilio se hace más duro y amargo sin Aquél que forma toda mi vida, y le pedía que tuviera compasión de mí, que no me dejara a merced de mí misma.  Mientras esto decía, mi amado Jesús se hacía ver que me estrechaba fuerte el corazón con sus manos, y después, con una cuerdecilla de luz me ataba toda, pero tan estrecha de impedirme el más pequeño movimiento.  Después se ha extendido en mí, y sufríamos juntos.  Mientras estaba en esto me sentí transportar fuera de mí misma hacia la bóveda del cielo, y me parecía encontrar al Padre Celestial y al Espíritu Santo, y Jesús que estaba conmigo, se ha puesto en medio de Ellos y me ha puesto en el seno del Padre, el cual me parecía que me esperaba con tanto amor, que me ha estrechado a su seno y fundiéndome con su Voluntad me comunicaba su potencia; así han hecho las otras dos Divinas Personas.  Pero mientras se comunicaban uno a uno, haciéndose después todo Uno, me sentía infundir toda junta la Voluntad de la potencia del Padre, la Voluntad de la sabiduría del Hijo, y la Voluntad del amor del Espíritu Santo.  ¿Quién puede decir lo que sentía infundir en mi alma?  Entonces mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija de nuestro eterno Querer, póstrate ante nuestra Majestad Suprema y ofrece tus adoraciones, tus homenajes, tus alabanzas, a nombre de todos con la potencia de nuestra Voluntad, con la sabiduría y con la Voluntad  de nuestro amor supremo; sentiremos en ti la potencia de nuestra Voluntad que nos adora, la sabiduría de nuestra Voluntad que nos glorifica, el amor de nuestra Voluntad que nos ama y nos alaba.  Y como la potencia, la sabiduría y el amor de las Tres Divinas Personas están en comunicación con la inteligencia, memoria y voluntad de todas las criaturas, sentiremos correr tus adoraciones, homenajes y alabanzas en todas las inteligencias de las criaturas, que elevándose entre el Cielo y la tierra oiremos el eco de nuestra misma potencia, sabiduría y amor que nos adoran, que nos alaban y nos aman.  Adoraciones más grandes, homenajes más nobles, amor y alabanzas más divinas no puedes darnos; ningún otro acto puede igualar a estos actos, ni darnos tanta gloria y tanto amor, porque vemos aletear en el acto de la criatura la potencia, la sabiduría y el recíproco amor de las Tres Divinas Personas, encontramos nuestros actos en el acto de la criatura.  ¿Cómo no apreciarlos y no darles la supremacía sobre todos los demás actos?”

(3) Entonces yo me he postrado ante la Majestad Suprema, adorándola, alabándola y amándola a nombre de todos con la potencia, sabiduría y amor de su Voluntad que sentía en mí.  ¿Pero quién puede decir los efectos?  No tengo palabras para expresarlos, por eso paso adelante.  Después he recibido la comunión y estaba fundiéndome en el Querer de mi sumo Bien Jesús para encontrar en Él toda la Creación, a fin de que ninguno pudiera faltar a la llamada, y todos juntos conmigo pudieran postrarse a los pies de mi Sacramentado Jesús, adorarlo, amarlo, bendecirlo, etc., etc.  Pero mientras esto hacía, me sentía como distraída buscando todas las cosas creadas en su Divina Voluntad, a fin de que uno fuese el amor, la alabanza, las adoraciones para mi Jesús.  Y Jesús, viéndome como apurada, ha tomado toda la Creación en su regazo y me ha dicho:

(4) “Hija mía, he tomado toda la Creación en mi regazo para que te sea más fácil encontrar y llamar a todos junto contigo, a fin de que ninguna cosa salida de Mí, no me dé, por medio tuyo, la correspondencia del amor y de la adoración que se me debe como cosas que me pertenecen; Yo no estaría plenamente contento en ti si alguna faltara.  En mi Querer todo quiero encontrar en ti”.

(5) Entonces me ha sido fácil encontrar y llamar a toda la Creación junto conmigo para hacer que todos alabáramos, amáramos a mi sumo Bien Jesús; pero, ¡oh sorpresa!  Cada cosa creada contenía un reflejo distinto y un amor especial de Jesús, y Jesús recibía la correspondencia de sus reflejos y de su amor.  ¡Oh, cómo Jesús estaba contento!  Pero mientras esto hacía me he encontrado en mí misma.

 

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17-17

Octubre 6, 1924

 

La Divina Voluntad es latido primario

del alma y de todas las cosas creadas.

 

(1) Me estaba fundiendo toda en el Santo Querer Divino, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo es bello ver a un alma fundirse en mi Voluntad, en cuanto el alma se funde en Ella, el latido creado toma lugar y vida en el latido increado y forman uno solo, y corre y late junto con el latido eterno.  Esta es la más grande felicidad del corazón humano, latir en el latido eterno de su Creador.  Mi Querer lo pone en vuelo y el latido humano se arroja en el centro de su Creador”.

(3) Entonces yo le he dicho:  “Dime amor mío, ¿cuántas veces gira tu Querer en todas las criaturas?”

(4) Y Jesús:  “Hija mía, mi Querer, en cada latido de criatura forma su giro completo en toda la Creación, y así como el latido en la criatura es continuo, y si cesa el latido cesa la vida, así mi Voluntad, más que latido, para dar Vida Divina a las criaturas gira y forma el latido de mi Voluntad en cada corazón.  Mira entonces cómo está mi Voluntad en cada criatura, como latido primario, porque el suyo es secundario.  Es más, si latido de criatura hay, es en virtud del latido de mi Voluntad, más bien, esta mi Voluntad forma dos latidos, uno para el corazón humano como vida del cuerpo; y otro para el alma, como latido y vida del alma.  ¿Pero quieres saber tú qué hace este latido de mi Voluntad en la criatura?  Si piensa, mi Voluntad corre y circula como sangre en las venas del alma y le da el pensamiento divino, a fin de que haga a un lado el pensamiento humano y dé el lugar primario al pensamiento de mi Voluntad; si habla, quiere el lugar la palabra de mi Voluntad; si obra, si camina, si ama, mi Voluntad quiere el lugar de la obra, del paso, del amor.  Es tanto el amor y el celo de mi Voluntad en la criatura, que mientras late, si la criatura quiere pensar se hace pensamiento, si quiere mirar se hace ojo, si quiere hablar se hace palabra, si quiere obrar se hace obra, si quiere caminar se hace pie, si quiere amar se hace fuego, en suma, corre y gira en cada acto de la criatura para tomar en él su lugar primario que le es debido; pero con sumo dolor nuestro la criatura le niega este lugar de honor y da este lugar a su voluntad humana, y mi Voluntad es obligada a estarse en la criatura como si no tuviera ni pensamiento, ni ojo, ni palabra, ni manos, ni pies, sin poder desarrollar la Vida de mi Voluntad en el centro del alma de la criatura.  ¡Qué dolor!  ¡Qué gran ingratitud!  ¿Pero quieres saber quién me da campo libre y hace obrar a mi Voluntad como latido de vida en su alma?  Quien vive en mi Voluntad.  ¡Oh! cómo en ella desarrolla bien su Vida y se constituye pensamiento de su pensamiento, ojo de su ojo, palabra de su boca, latido de su corazón y así de todo lo demás.  ¡Oh! cómo nos entendemos inmediatamente, y mi Voluntad logra el intento de formar su Vida en el alma de la criatura.  Y no sólo en la criatura racional mi Voluntad tiene su lugar primario y es como latido que dando la circulación a la vida del alma, corre a dar vida a todos los actos de la criatura, sino que en todas las cosas creadas mi Voluntad tiene su lugar primario y circula como latido de vida, desde la más pequeña cosa creada hasta la más grande, y ninguno puede separarse de la potencia e inmensidad de mi Voluntad.  Ella se hace vida del cielo azul y mantiene en él siempre nuevo y vívido el celestial color, no puede decolorarse, ni cambiarse, ni perder el brillo, porque mi Voluntad así quiso que fuera, y una vez establecido así, Ella no cambia; mi Voluntad es vida de la luz y del calor del sol, y con su latido de vida conserva siempre igual y viva la luz y el calor, y lo tiene inmóvil en mi Voluntad, sin poderse apartar, ni crecer ni decrecer en el bien que debe hacer toda la tierra.  Mi Voluntad es vida del mar y en él forma el murmullo de las aguas, el serpentear de los peces, las olas estruendosas.  ¡Oh! cómo mi Voluntad hace gala de la potencia que contiene y desarrolla su Vida con tanta majestad y absoluto dominio en las cosas creadas, que ni el mar puede dejar de murmurar, ni el pez de nadar; es más, podría decir que es mi Voluntad la que murmura en el mar, mi Voluntad que nada en el pez, mi Voluntad que forma las olas y con su ruido hace oír que ahí está su Vida, que puede hacer todo como le parece y como le gusta.  Mi Voluntad es latido de vida en el pájaro que trina, en el piar del pollito, en el cordero que bala, en la tórtola que gime, en las plantas que vegetan, en el aire que todos respiran, en suma, en todo mi Voluntad tiene su Vida y forma con su potencia el acto que Ella quiere, así que tiene la armonía en todas las cosas creadas y forma en ellas los diversos efectos, colores, oficios que cada una contiene.  ¿Pero sabes para qué?  Para hacerme conocer por la criatura, para ir a ella, para cortejarla, para amarla con tantos actos diversos de mi Voluntad por cuantas cosas creé.  Mi Amor no estuvo contento con ponerle en el fondo del alma a mi Voluntad como latido de vida, sino que quiso poner mi Voluntad en todas las cosas creadas, a fin de que también por fuera mi Voluntad no la dejara jamás, y así pudiera conservarse y crecer en la santidad de mi misma Voluntad, y todas las cosas creadas le fueran de incentivo, de ejemplo, de voz y de reclamo continuo para hacerla siempre correr en el cumplimiento de mi Voluntad, finalidad única para la cual fue creada.  Pero la criatura se hace sorda a las tantas voces de la Creación, ciega a la vista de tantos ejemplos, y si abre los ojos los fija en su voluntad.  ¡Qué pena!  Por eso te recomiendo que no quieras salir jamás de mi Voluntad si no quieres multiplicar mi dolor y perder la finalidad para la cual fuiste creada”.

 

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17-18

Octubre 11, 1924

 

Amor de Dios al crear a la criatura. Cada sentido

es una comunicación entre el alma y Dios.

 

(1) Me sentía muy oprimida por la privación de mi dulce Jesús.  ¡Oh! cuántos temores se suscitaban en mi alma, pero el que más me desgarraba era que mi Jesús no me amara como antes.  Después, mientras estaba en esto me he sentido tomar por los hombros, y oyendo la voz de Jesús en mi oído me decía:

(2) “Hija mía, ¿por qué temes que no te ame?  ¡Ah! si sólo conocieras mi amor en general por todas las criaturas, quedarías sorprendida.  ¿Con cuánto amor no creé a la criatura?  ¿Con cuántos sentidos no la doté?  Cada sentido era una comunicación que dejé entre Yo y ella, el pensamiento era comunicación entre mi inteligencia y la suya, el ojo era comunicación entre mi luz y la suya, la palabra era medio de comunicación entre mi Fiat y el suyo, el corazón entre mi amor y el suyo, en suma, todo, el respiro, el movimiento, el paso, todo, todo era comunicación entre Yo y la criatura.  Yo hacía más que un padre que debiendo hacer salir de viaje a un hijo, no sólo le prepara el alojamiento, los vestidos, el alimento y todo lo que puede hacer feliz a su hijo, sino que da virtud al hijo y le dice:  ‘Nos separaremos, es verdad, pero desde lejos tú sentirás mi vida y yo la tuya, tú sentirás mi pensamiento y yo el tuyo, tú mi respiro, mi latido, y yo los tuyos, así que estaremos lejos y cerca, separados e inseparables, tú sentirás mi vida y yo la tuya’.  Pero esto que no lo puede hacer un padre terreno por su hijo, porque le es imposible, lo hice Yo, Padre Celestial, que mientras hacía salir a la luz a este mi hijo, después de haberle preparado Yo mismo la habitación de este mundo, ponía entre él y Yo tal unión, que Yo debía sentir su vida en Mí, y la criatura la mía, y este es mi amor en general y por todos; ¿qué decirte además de mi amor especial que he tenido por ti?  Cada sufrimiento que te he enviado ha sido una comunicación de más entre tú y Yo, y por lo tanto un adorno de más con el cual embellecía tu alma; cada verdad que te manifestaba era una partícula de mis cualidades, con las cuales embellecía y llenaba tu alma; cada gracia y cada venida mía a ti eran dones que hacía llover sobre ti; no he hecho otra cosa que multiplicar mis comunicaciones casi a cada instante para plasmar en ti las diversas bellezas mías, mi semejanza, a fin de que tú vivas Conmigo en el Cielo y Yo viva contigo en la tierra, ¿y después de todo esto dudas de mi amor?  Más bien te digo:  Piensa en amarme y Yo pensaré siempre más en amarte”.

 

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17-19

Octubre 17, 1924

 

Con cuánto amor Dios crea las almas, como

las hace crecer, como las cuida y se da todo a ellas.

 

(1) Estaba pensando con cuanto amor nos ama Jesús, mi mente se perdía en el amor eterno, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me hacía ver en mi mente una aureola de luz; dentro de aquella aureola había un Sol, y este Sol contenía tantos rayos por cuantas criaturas existían, cada una de las cuales tenía un rayo todo para sí, que le daba vida, luz, calor, fuerza, crecimiento, todo lo que era necesario para formar una vida.  Era deleitable ver como cada criatura estaba unida a cada rayo de este Sol, del cual había salido, como un sarmiento a la vid.  Y mi amable Jesús, mientras mi mente se perdía en esto, me ha dicho:

(2) “Hija mía, mira con cuánto amor amo a la criatura, ella, antes de salir a la luz del día de este mundo ya estaba en mi seno, y al hacerla salir fuera no la dejé, un rayo de luz que contiene mi Vida la sigue para suministrarle todo lo que es necesario para desarrollar esta Vida y, ¡con cuánto cuidado la hago crecer!  ¡Con cuánto amor la riego!  Yo mismo me hago luz, calor, alimento, defensa, y cuando termina sus días en el tiempo, sobre el camino del mismo rayo la retiro en mi seno para hacerla espaciarse en la patria celestial.  Mi amor se hace para la criatura más que el sol que formé en el cielo azul, mas bien, el sol que creé para beneficio de la naturaleza humana no es otra cosa que la sombra de mi verdadero Sol, porque el sol de la atmósfera no forma las plantas, ni les da el agua para que no se sequen, ni da todas las ayudas que son necesarias para que las plantas crezcan bellas y fuertes, y los hombres, aun los ciegos, puedan gozar de su luz, hace sólo su oficio de iluminar y calentar y sigue adelante, y si las plantas no son regadas no tiene nada que hacer para comunicarles sus efectos, mas bien las seca de más.  En cambio Yo que soy el verdadero Sol de las almas, no las dejo ni de noche ni de día, Yo mismo formo las almas, les doy el agua de mi gracia para no dejarlas secar, las nutro con la luz de mis verdades, las fortifico con mis ejemplos, les doy el viento de mis caricias para purificarlas, el rocío de mis carismas para embellecerlas, las flechas de mi amor para calentarlas, en suma, no hay cosa que no haga por ellas; Yo soy todo para ellas y pongo a disposición de cada una toda mi Vida para su bien, pero cuánta ingratitud de parte de las criaturas, parece que están unidas como sarmientos a mi vid, no por amor sino por fuerza, porque no pueden prescindir de Mí y por eso crecen como sarmientos, que no recibiendo todos los humores buenos que contiene la vid, crecen débiles, sin formar jamás uvas maduras, sino acerbas, que amargan mi gusto divino.  ¡Ah! si todos supieran cómo amo sus almas, todos quedarían arrebatados por el atractivo y la fuerza de mi amor y me amarían de más, por eso ámame tú y tu amor se agrande tanto que me ames por todos”.

 

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17-20

Octubre 23, 1924

 

La Divina Voluntad obrante y dominante en la criatura forma un

dulce encanto a las pupilas divinas, y desarma la Justicia Divina.

 

(1) Paso días amargos por la privación de mi dulce Jesús.  ¡Oh! cómo lloro por su amable presencia, aun el solo recuerdo de sus dulces palabras son heridas a mi pobre corazón y digo entre mí:  “¿Y ahora dónde está?  ¿Adónde dirigió sus pasos?  ¿Dónde podría encontrarlo?  ¡Ay! todo ha terminado, no lo veré más, no escucharé más su voz, no más rezaremos juntos, ¡cómo es dura mi suerte, qué desgarro, qué pena!  ¡Ah Jesús, cómo has cambiado!  ¿Cómo has huido de mí?  Pero si bien lejos, te mando en alas de tu Querer, donde estés, mis besos, mi amor, mi grito de dolor que te dice:  Ven, regresa a la pobre exiliada, a la pequeña recién nacida que no puede vivir sin Ti”.  Pero mientras esto y más decía, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y extendiéndome sus brazos me ha estrechado fuerte, fuerte, y yo le he dicho:  “Mi vida, mi Jesús, no puedo más, ayúdame, dame la fuerza, no me dejes más, llévame Contigo, me quiero ir”.  Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿no quieres hacer mi Voluntad?”

(3) Y yo:  “Claro que quiero hacer tu Voluntad, pero también en el Cielo está tu Voluntad, así que si hasta ahora la he hecho en la tierra, de ahora en adelante quiero ir a hacerla en el Cielo, por eso, pronto, llévame, no me dejes más, siento que no puedo más, ten piedad de mí”.

(4) Y Jesús de nuevo:  “Hija mía, tú no sabes qué cosa es mi Voluntad en la tierra, se ve que después de tantas lecciones mías no lo has entendido bien.  Debes saber que el alma que hace vivir mi Voluntad en ella, conforme reza, conforme sufre, obra, ama, etc., etc., forma un dulce encanto a las pupilas divinas, de manera que encierra en ese encanto, con sus actos, la mirada de Dios, de modo que raptado por la dulzura de este encanto, muchos castigos que se atraen las criaturas con sus graves pecados, este encanto tiene virtud de impedir que mi justicia se derrame con todo su furor sobre la faz de la tierra, porque también mi justicia siente el encanto de mi Voluntad que obra en la criatura.  ¿Te parece poco que el Creador vea en las criaturas, viviendo aún sobre la tierra, su Voluntad obrante, triunfante, dominante, con esa misma libertad con la cual obra y domina en el Cielo?  Este encanto no está en el Cielo, porque mi Voluntad en mi Reino domina como en su casa, y el encanto viene formado en Mí mismo, no fuera de Mí, así que soy Yo, es mi Voluntad la que encanta con una fuerza raptora a todos los bienaventurados, de manera que sus pupilas están encerradas en mi encanto para gozar eternamente, así que no ellos me forman el dulce encanto, sino Yo a ellos, así que mis pupilas están libres, no sufren ninguna fascinación.  En cambio mi Voluntad viviendo en la criatura que navega en el exilio, es obrante y dominante en casa de la criatura, y por esto me forma el encanto, me fascina y hace sentir a mi mirada un atractivo tal, que me rapta a fijar mis pupilas en ella, sin poder separarlas.  ¡Ah! tú no sabes cuán necesario es este encanto en estos tiempos.- ¡Cuántos males vendrán!  Los pueblos se verán obligados a devorarse uno al otro, serán tomados de tal rabia, de ensañarse el uno contra el otro, pero la culpa mayor es de los jefes y gobernantes.  ¡Pobres pueblos!  Tienen por jefes a verdaderos carniceros, diablos encarnados que quieren hacer carnicería de sus hermanos.  Si los males no debieran ser graves, tu Jesús no te dejaba como privada de Él; tú temes que sea por otra cosa por lo que te privo de Mí, no, no, está segura, es mi justicia que privándote de Mí quiere descargarse sobre las criaturas; tú no salgas jamás de mi Voluntad, a fin de que su dulce encanto pueda evitar a los pueblos males mayores”.

 

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17-21

Octubre 30, 1924

 

Los ángeles son ángeles porque se han conservado en el acto

primero en el cual fueron creados, y del conocer el más o el

menos de la Suprema Voluntad, vienen constituidos los diversos

coros de los ángeles.  Las penas del amor son las más

amargas, las más crueles, más dolorosas que las

penas de la misma Pasión.

 

(1) Siento que no puedo confiar a la pluma mis dolorosos secretos, ni expresar en el papel lo que siento en mi martirizado corazón.  ¡Ah! sí, no hay martirio que pueda compararse al martirio de la privación de mi dulce Jesús.  El mártir es herido y muerto en el cuerpo, en cambio el martirio de su privación hiere el alma, la lacera en sus más íntimas fibras, y lo que es peor, la mata sin hacerla morir para golpearla continuamente sobre el yunque de hierro del dolor y del amor.  Y mientras paso adelante de las penas que siento en mi interior, pues son cosas que no puedo decir, quisiera, como una de las más pobres mendigantes, pedir de limosna a todos, a los ángeles, a los santos, a mi Reina Mamá, a la Creación toda, una palabra, una pequeña oración por mí ante Jesús, a fin de que rogado por todos se pueda mover a compasión de la pequeña hija de su Querer y hacerla volver del duro exilio en el cual me encuentro.

(2) Entonces estaba pensando entre mí acerca de lo que había pasado en mi mente, es decir, que en vez de Jesús me parecía como si tuviera a mi ángel junto, y decía entre mí:  “¿Y por qué el ángel y no Jesús?”  En ese momento me he sentido mover en mi interior a Jesús y me dijo:

(3) “Hija mía, ¿quieres tú saber por qué son ángeles, por qué se han conservado bellos y puros como salieron de mis manos?  Porque se han mantenido siempre firmes en el acto primero en el cual fueron creados, por lo tanto, estando en aquel acto primero de su existencia, están en el acto único de mi Voluntad, que no conociendo sucesión de actos no se cambia, ni crece ni decrece, y contiene en sí todos los bienes posibles e imaginables; y los ángeles, conservándose en el acto único de mi Voluntad, en el cual los hice salir a la luz, se mantienen inmutables, bellos y puros, nada han perdido de su primaria existencia, y toda su felicidad es el mantenerse voluntariamente en el acto único de mi Voluntad.  Todo encuentran en el círculo de mi Querer, no quieren para hacerse felices sino lo que les suministra mi Voluntad.  ¿Pero sabes tú por qué hay diferentes coros de ángeles, uno superior a otro?  Están aquellos más cercanos a mi Trono, ¿sabes por qué?  Porque mi Voluntad, a quién ha manifestado un acto solo de mi Voluntad y a quién por dos, a quién por tres, a quién por siete, y en cada cosa del acto que mi Voluntad manifestaba de más se volvían superiores a los demás, y se volvían más capaces y más dignos de estar cercanos a mi Trono.  Así que por cuanto más mi Voluntad se manifiesta, y en Ella se conservan, tanto más quedan elevados, embellecidos, felices y superiores a los demás.  Mira entonces como todo está en mi Voluntad y en el saberse conservar, sin jamás salir, en aquella misma Voluntad de la cual han salido; y del conocer el más y el menos de mi Suprema Voluntad, vienen constituidos los diversos coros de los ángeles, sus distintas bellezas, los diversos oficios, la jerarquía Celestial.  Si tú supieras qué significa conocer de más mi Voluntad, hacer un acto de más en Ella, conservarse, obrar en esa mi Voluntad conocida, dónde viene constituida, el oficio, la belleza, la superioridad de cada criatura, ¡oh! cómo apreciarías de más los diversos conocimientos que te he manifestado sobre mi Voluntad.  Un conocimiento de más sobre mi Voluntad eleva al alma a tal altura sublime, que los mismos ángeles quedan estupefactos y raptados, y me confiesan incesantemente:  ‘Santo, Santo, Santo’.  Mi Voluntad se manifiesta y llama de la nada las cosas, y forma los seres, se manifiesta y embellece, se manifiesta y eleva más en alto, se manifiesta y engrandece más la Vida Divina en la criatura, se manifiesta y en ellas forma los portentos nuevos y nunca conocidos.  Así que, por las tantas cosas que te he manifestado de mi Voluntad, puedes comprender lo que quiero hacer de ti y cómo te amo, y cómo tu vida debe ser una cadena de actos continuos hechos en mi Voluntad.  Si la criatura, como el ángel, no saliera jamás del acto primero en el cual mi Voluntad la hizo salir a la luz, ¿qué orden, qué portentos no se deberían ver sobre la tierra?  Por eso hija mía, no salgas jamás de tu principio, en el cual mi Voluntad te creó y tu acto primero sea siempre mi Voluntad”.

(4) Después de esto, con el pensamiento me he puesto junto a mi Jesús en el huerto de Getsemaní, y le pedía que me hiciera penetrar en aquel amor con el cual tanto me amó, y mi Jesús, moviéndose de nuevo en el fondo de mi interior me ha dicho:

(5) “Hija mía, entra en mi amor, no salgas jamás, corre junto a él, o detente en mi mismo amor para comprender bien cuánto he amado a la criatura, todo es amor en Mí hacia ella.  La Divinidad al crear a esta criatura se propuso amarla siempre, así que en cada cosa de dentro y fuera de ella, debía correr hacia ella con un continuo e incesante nuevo acto de amor.  Por lo tanto puedo decir que en cada pensamiento, mirada, palabra, respiro, latido, y en todo lo demás de la criatura, corre un acto de amor eterno.  Pero si la Divinidad se propuso el amarla siempre y en cada cosa a esta criatura, era porque quería recibir en cada cosa la correspondencia del nuevo e incesante amor de la criatura, quería dar amor para recibir amor, quería amar para ser amada.  ¡Pero no fue así!  La criatura no sólo no quiso mantener el compás del amor, ni responder al eco del amor de su Creador, sino que rechazó este amor, lo desconoció y lo ofendió.  Ante esta afrenta la Divinidad no se detuvo, sino que continuó su nuevo e incesante amor hacia la criatura, y como la criatura no lo recibía, quedaban llenos Cielos y tierra esperando a quien debía tomar este amor para tener en ella la correspondencia, porque Dios cuando decide y propone, todos los eventos en contrario no lo cambian, sino que permanece inmutable en su inmutabilidad.  He aquí por qué pasando a otro exceso de amor, vine Yo, Verbo del Padre, a la tierra, y tomando una Humanidad, recogí en Mí todo este amor que llenaba Cielo y tierra para corresponder a la Divinidad con tanto amor por cuanto había dado y debía dar a las criaturas, y me constituí amor de cada pensamiento, de cada mirada, de cada palabra, latido, movimiento y paso de cada criatura.  Por esto mi Humanidad fue trabajada aun en su más pequeña fibra por las manos del eterno amor de mi Padre Celestial, para darme capacidad de poder encerrar todo el amor que la Divinidad quería dar a las criaturas, para darle el amor de todas y constituirme amor de cada uno de los actos de criatura.  Así que cada pensamiento tuyo está coronado por mis incesantes actos de amor; no hay cosa en ti o fuera de ti que no esté circundada por mis repetidos actos de amor, por eso mi Humanidad en este huerto gime, se afana, agoniza, se siente triturada bajo el peso de tanto amor, porque amo y no soy correspondido.  Las penas del amor son las más amargas, las más crueles, son penas sin piedad, más dolorosas que mi misma Pasión.  ¡Oh! si me amaran, el peso de tanto amor se volvería ligero, porque el amor correspondido queda apagado y satisfecho en el amor mismo de quien ama, pero no correspondido llega a la locura, delira y se siente correspondido con un acto de muerte por aquel amor que de él salió.  Mira entonces cómo fue mucho más amarga y dolorosa la Pasión de mi amor, porque si en mi Pasión fue una sola la muerte que me dieron, en cambio en la Pasión del amor, tantas muertes me hicieron sufrir por cuantos actos de amor salieron de Mí y no fui por ellos correspondido.  Por eso ven tú, hija mía, a corresponderme a tanto amor, en mi Voluntad encontrarás como en acto todo este amor, hazlo tuyo y constitúyete, junto Conmigo, amor de cada acto de criatura, para corresponderme por el amor de todos”.

 

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17-22

Noviembre 23, 1924

 

Dios al crear al hombre, para conservarle la vida formó en torno

a él el aire del cuerpo y el aire del alma:  El aire natural para el

cuerpo, el aire de mi Voluntad para el alma.

 

(1) Continúo mi estado de privación de Jesús y de amarguras intensas para mi pobre alma, y si de escapada se hace ver en mi interior, es todo taciturno y pensativo, pero a pesar de su silencio yo quedo contenta, pensando que no me ha dejado y que su morada en mí aún continúa.  Y mientras mi pobre alma está por sucumbir, su visita me da un sorbo de vida, que como lluvia benéfica me hace reverdecer, pero, ¿para hacer qué?  Para volver de nuevo a sucumbir y sentirme morir; así que estoy siempre entre la vida y la muerte.  Entonces, mientras nadaba en el mar inmenso del dolor de haberlo perdido, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y haciéndose ver en acto de rezar, yo me he unido con Él en la oración y luego me ha dicho:

(2) “Hija mía, Yo, al crear al hombre, para conservarle la vida formé en torno a él el aire del cuerpo y el aire del alma:  ‘El aire natural para el cuerpo, el aire de mi Voluntad para el alma’.  ¿Crees tú que el aire natural, sólo porque es aire tiene virtud de dar la respiración al hombre, la fuerza, el alimento, la frescura, la vida vegetativa a toda la naturaleza?  Así que a pesar de que no se ve tiene todo en un puño y se constituye vida de todo ser creado, y por eso todos sienten la necesidad del aire, y él por todas partes hace su curso, de noche, de día, penetra en el latido del corazón, en la circulación de la sangre y por todas partes; ¿pero sabes por qué contiene tanta virtud?  Porque en el aire está toda la sustancia de los bienes que produce, y fueron puestos por Dios en el aire la fuerza alimentadora, respiratoria, vegetativa, y él contiene como tantas semillas de todo el bien que encierra.  Ahora, si se necesitaba un aire para la conservación de toda la naturaleza, se necesitaba también un aire para la conservación del alma, y mi bondad no quiso confiar ni formar otro aire para el alma, sino que mi misma Voluntad se quiso constituir aire para el alma, y así toda aquella sustancia de los bienes que Ella contiene, pudiera, como aire que invisiblemente todo lo invade, penetrar en el fondo del alma y llevarle el alimento divino, la vegetación y todos los bienes, la virtud que respira todo lo que es Cielo, la fortaleza invencible, la fecundidad de todas las virtudes.  Debería haber una competencia, el cuerpo en respirar el aire natural, y el alma en respirar el aire de mi Voluntad, sin embargo, ¡es de llorar!  Si los hombres sienten que les falta el aire natural, se lo procuran, si caminan en altas montañas manifiestan con dolor la falta del aire, en cambio del aire de mi Voluntad no tienen ni un pensamiento ni un dolor, y a pesar de que están obligados a estar como embebidos en el aire de mi Voluntad, las criaturas no amando este aire balsámico y santificante, no puede poner en el alma los bienes que contiene, y está obligada a estar en ella sacrificada, sin poder desarrollar la vida que mi Voluntad contiene.  Por eso hija mía, te recomiendo, si quieres que mi Voluntad cumpla en ti sus designios, que respires siempre el aire de mi Voluntad, a fin de que a medida que lo respires florezca en ti la Vida Divina y te conduzca a la verdadera finalidad para la cual fuiste creada”.

 

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17-23

Noviembre 27, 1924

 

La inmutabilidad de Dios, y la mutabilidad de las criaturas.

 

(1) Estaba pensando en la inmutabilidad de Dios y en la mutabilidad de las criaturas.  ¡Qué diferencia!  Ahora, mientras esto pensaba, mi siempre benigno Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:

(2) “Hija mía, mira, no hay punto donde mi Ser no se encuentre, no tengo hacia donde moverme, ni a la derecha, ni a la izquierda, ni adelante, ni atrás; ningún vacío existe que no esté lleno por Mí.  Mi firmeza, no encontrando punto donde no esté Yo, se siente inquebrantable; es mi Inmutabilidad eterna.  Esta Inmutabilidad inmensa me hace inmutable en los placeres, lo que me gusta, me gusta siempre; inmutable en el amor, en el gozar, en el querer, amada una vez una cosa, gozada, querida, no hay peligro de que me cambie, para cambiarme debería restringir mi inmensidad, lo que no puedo ni quiero.  Mi inmutabilidad es la aureola más bella que corona mi cabeza, que se extiende bajo mis pies, que rinde eterno homenaje a mi Santidad inmutable.  Dime, ¿hay acaso algún punto donde tú no me encuentres?”

(3) Mientras esto decía, ante mi mente se hacía presente esta inmutabilidad Divina, ¿pero quién puede decir lo que comprendía?  Temo decir desatinos y por eso mejor paso adelante.  Al hablarme después acerca de la mutabilidad de la criatura me decía:

(4) “¡Pobre criatura, cómo es pequeño su lugarcito!  Y además de pequeño no es ni siquiera estable y fijo su lugar, hoy en un punto, mañana arrojada a otro; esta es también la causa de que hoy ama, le agrada una persona, un objeto, un lugar, y mañana cambia y quizá hasta desprecia lo que ayer le agradaba y amaba.  ¿Pero sabes tú qué es lo que hace mutable a la pobre criatura?  La voluntad humana la vuelve voluble en el amar, en los placeres, en el bien que hace.  La voluntad humana es aquel viento impetuoso que mueve a la criatura como una caña vacía a cada soplo, ora a la derecha, ora a la izquierda.  Por eso al crearla quise que viviese de mi Voluntad, a fin de que deteniendo este viento impetuoso de la voluntad humana, la hiciera firme en el bien, estable en el amor, santa en el obrar; quería hacerla vivir en el inmenso territorio de mi Inmutabilidad, pero la criatura no se contentó, quiso su pequeño lugarcito y se volvió el juguete de sí misma, de los demás y de sus mismas pasiones.  Por eso ruego, suplico a la criatura que tome esta mi Voluntad, que la haga suya a fin de que retorne a aquella Voluntad inmutable de donde salió, a fin de que no más voluble se vuelva, sino estable y firme.  Yo no me he cambiado, por eso la espero, la anhelo, la quiero siempre en mi Voluntad”.

 

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17-24

Diciembre 1, 1924

 

La Divina Voluntad rechazada por las criaturas

siente la muerte del bien que quiere hacer.

 

(1) Me sentía sumamente amargada, y mientras rezaba, lloraba mi dura suerte de estar privada de Aquél que forma toda mi vida.  Mi estado es irremediable, nadie se mueve a piedad de mí, todo es justicia, y además, ¿quién se querrá mover a piedad de mí, si Aquél que es la fuente de la piedad me la niega?  Ahora, mientras lloraba y rezaba me sentí tomar las manos entre las manos de Jesús, y elevándome a lo alto ha dicho:

(2) “Vengan todos a ver un espectáculo tan grande y jamás visto ni en el Cielo ni en la tierra:  Un alma muriendo continuamente por puro amor mío”.

(3) Al hablar de Jesús se han abierto los Cielos y toda la jerarquía celeste me miraba, también yo me miraba y veía mi pobre alma marchita y muriendo como una flor que está por marchitarse sobre su tallo, pero mientras moría, una secreta virtud me daba vida; ¡ah! tal vez es la justicia punitiva de Dios que justamente me castiga.  ¡Dios mío, Jesús mío, ten piedad de mí, piedad de una pobre moribunda!  Es la suerte más dura la que me toca entre todos los mortales:  ¡Morir sin poder morir!  Después, mi dulce Jesús casi por toda la noche me ha tenido entre sus brazos para darme la fuerza y asistirme en mi agonía.  Yo creía que finalmente tenía compasión de mí y me llevaba con Él, pero en vano.  Después de que me reanimó un poco, me dejó diciéndome:

(4) “Hija mía, mi Voluntad está recibiendo continuas muertes por parte de las criaturas, Ella es vida, y como vida quiere dar la vida de la luz, pero la criatura rechaza esta luz, y en efecto, no recibiéndola, esta luz muere para la criatura y mi Voluntad siente la pena de la muerte que la criatura ha dado a esta luz.  Mi Voluntad quiere hacer conocer los méritos, las virtudes que contiene y la criatura rechaza este conocimiento con los méritos y las virtudes que contiene, y mi Voluntad para la criatura muere a este conocimiento y a los méritos y a las virtudes que contiene mi Querer, y mi Voluntad siente la pena de la muerte que la criatura ha dado a las virtudes y méritos de mi Querer; y así si quiere dar amor y no es recibido, siente la muerte dada al amor; si quiere dar la santidad, la gracia, siente darse por la criatura la muerte a la santidad y a la gracia que quiere dar, así que es continua la muerte que siente al bien que quiere dar.  Y además, ¿no sientes tú en ti la muerte continua que sufre mi Voluntad?  Viviendo tú en Ella estás obligada, como connaturalmente, a tomar parte en estas muertes que sufre mi Voluntad, y a vivir en un estado de continua agonía”.

(5) Yo al oír esto he dicho:  “Jesús, amor mío, no me parece que sea así, es tu privación la que me mata, que me quita la vida sin hacerme morir”.

(6) Y Jesús:  “Mi privación por una parte, mi Voluntad por la otra, que teniéndote absorbida en Ella te hace partícipe de sus penas.  Hija mía, en el verdadero vivir en mi Querer no hay pena que mi Voluntad reciba de las criaturas, que no haga partícipe al alma que vive en Ella”.

 

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17-25

Diciembre 8, 1924

 

Acerca de la Inmaculada Concepción.

Prueba a la cual fue sometida la Virgen.

 

(1) Estaba pensando acerca de la Inmaculada Concepción de mi Soberana Reina Mamá, a mi mente afluían los méritos, las bellezas y los prodigios de su Inmaculada Concepción, prodigio que supera todos los demás prodigios hechos por Dios en toda la Creación.  Ahora, mientras esto pensaba decía entre mí:  “Grande es el prodigio de la Inmaculada Concepción, pero mi Mamá Celestial no tuvo ninguna prueba en su Concepción, todo le fue propicio, tanto de parte de Dios como de parte de su naturaleza creada por Dios tan feliz, tan santa, tan privilegiada; entonces, ¿cuál fue su heroísmo y su prueba?  Si de la prueba no fue excluido el ángel en el Cielo, ni Adán en el Edén, ¿acaso sólo la Reina de todos debía ser excluida de la aureola más bella, que la prueba debía poner sobre su cabeza augusta de Reina y de Madre del Hijo de Dios?”  Mientras esto pensaba, mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, nadie puede ser aceptable a Mí sin la prueba.  Si no hubiera estado la prueba habría tenido una Madre esclava, no libre, y la esclavitud no entra en nuestras relaciones ni en nuestras obras, ni puede tomar parte en nuestro libre amor.  Mi Mamá tuvo su primera prueba desde el primer instante de su Concepción, en cuanto tuvo su primer acto de razón, conoció su voluntad humana por una parte y la Voluntad Divina por la otra, y fue dejada libre para elegir a cuál de las dos voluntades debía adherirse, y Ella, sin perder un instante y conociendo toda la magnitud del sacrificio que hacía, nos donó su voluntad sin quererla conocer más, y Nosotros le hicimos don de la nuestra, y en este intercambio de donación de voluntades por ambas partes, concurrieron todos los méritos, las bellezas, los prodigios, los mares inmensos de gracia en la Inmaculada Concepción de la más privilegiada de todas las criaturas.

(3) Es siempre la voluntad la que tengo costumbre de probar; todos los sacrificios, aun la muerte, sin la voluntad me darían asco y no atraerían ni siquiera una de mis miradas.  ¿Pero quieres saber tú cuál fue el más grande prodigio obrado por Nosotros en esta criatura tan santa, y el más grande heroísmo que ninguno, ninguno podrá jamás igualar de tan bella criatura?  Su vida la comenzó con nuestra Voluntad, la siguió y la cumplió, así que se puede decir que cumplió desde que comenzó, y comenzó desde que cumplió; y nuestro más grande prodigio fue que en cada pensamiento suyo, palabra, respiro, latido, movimiento y paso, nuestro Querer desahogaba sobre de Ella y Ella nos ofrecía el heroísmo de un pensamiento, de una palabra, de un respiro, de un latido divino y eterno obrante en Ella, esto la elevaba tanto, que lo que Nosotros éramos por naturaleza, Ella lo era por gracia; todas sus demás prerrogativas, sus privilegios, su misma Inmaculada Concepción, habrían sido un bello nada en comparación de este gran prodigio; más bien, fue esto lo que la confirmó y la volvió estable y fuerte durante toda su vida.  Mi Voluntad continua, desbordante sobre de Ella, le participaba la Naturaleza Divina, y su continuo recibirla la hizo fuerte en el amor, fuerte en el dolor, distinta entre todos.  Fue esta nuestra Voluntad obrante en Ella la que atrajo al Verbo a la tierra, lo que formó la semilla de la fecundidad divina para poder concebir un Hombre y Dios sin obra humana, y la hizo digna de ser Madre de su mismo Creador.  Por eso Yo insisto siempre sobre mi Voluntad, porque conserva al alma bella como salió de nuestras manos, la hace crecer como copia original de su Creador; y por cuantas obras grandes y sacrificios uno pueda hacer, si mi Voluntad no entra dentro, Yo los rechazo, no los reconozco, no es alimento para Mí; y las obras más bellas sin mi Voluntad llegan a ser alimento de la voluntad humana, de la propia estima y de la avidez de la criatura”.

 

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17-26

Diciembre 24, 1924

 

La pena de la muerte fue la primer pena que Jesús sufrió y le duró

toda su Vida.  La Encarnación no fue otra cosa que un darse en

poder de la criatura.  La firmeza en el obrar.

 

(1) Mis días son siempre más dolorosos, están bajo la prensa de la dura privación de mi dulce Jesús, que como arma mortífera está sobre mí para matarme continuamente; pero mientras prepara el último golpe, lo deja suspendido sobre mi cabeza, y yo espero como refrigerio este último golpe para irme con mi Jesús, pero en vano espero, y mi pobre alma y también mi naturaleza me las siento consumir y deshacer.  ¡Ah! mis grandes pecados no me hacen merecer el morir.  ¡Qué pena, qué larga agonía!  ¡Ah, mi Jesús, ten piedad de mí!  Tú, que eres el único que conoces mi estado desgarrador no me abandones ni me dejes a merced de mí misma.  Ahora, mientras me encontraba en este estado me he sentido fuera de mí misma, dentro de una luz purísima, y en esta luz descubría a la Reina Mamá y al pequeño niño Jesús en su seno virginal.  ¡Oh Dios, en qué estado tan doloroso se encontraba mi amable niñito!  Su pequeña Humanidad estaba inmovilizada, estaba con los piecitos y las manitas inmóviles, sin el más pequeño movimiento, no había espacio ni para poder abrir los ojos ni para poder libremente respirar; era tanta la inmovilidad que parecía muerto mientras estaba vivo, y pensaba entre mí:  “¡Quién sabe cuanto sufre mi Jesús en este estado, y la querida Mamá al ver en su propio seno tan inmovilizado al niño Jesús!”  Ahora, mientras esto pensaba, mi pequeño niño, sollozando me ha dicho:

(2) “Hija mía, las penas que sufrí en este seno virginal de mi Mamá son incalculables a la mente humana, ¿pero sabes tú cuál fue la primera pena que sufrí desde el primer instante de mi Concepción y que me duró toda la vida?  La pena de la muerte.  Mi Divinidad descendía del Cielo plenamente feliz, intangible de cualquier pena y de cualquier muerte, y cuando vi a mi pequeña Humanidad sujeta a la muerte y a las penas por amor a las criaturas, sentí tan a lo vivo la pena de la muerte, que por pura pena habría muerto de verdad si la potencia de mi Divinidad no me hubiera sostenido con un prodigio, haciéndome sentir la pena de la muerte y la continuación de la vida, así que para Mí fue siempre muerte, sentía la muerte del pecado, la muerte del bien en las criaturas y también su muerte natural.  ¡Qué duro desgarro fue para Mí toda mi Vida!  Yo, que contenía la vida y era el dueño absoluto de la vida misma, debía sujetarme a la pena de la muerte.  ¿No ves a mi pequeña Humanidad inmóvil y moribunda en el seno de mi querida Madre?  Y no la sientes en ti misma cómo es dura y desgarradora la pena de sentirse morir y no morir?  Hija mía, es tu vivir en mi Voluntad lo que te hace partícipe de la continua muerte de mi Humanidad”.

(3) Entonces me he pasado casi toda la mañana junto a mi Jesús en el seno de mi Mamá y lo veía que mientras estaba en acto de morir, volvía a tomar vida para abandonarse de nuevo a morir.  ¡Qué pena ver en ese estado al niño Jesús!  Después de esto, en la noche estaba pensando en el acto cuando el dulce niñito salió del seno materno para nacer en medio de nosotros; mi pobre mente se perdía en un misterio tan profundo y todo de amor, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior ha sacado sus pequeñas manitas para abrazarme y me ha dicho:

(4) “Hija mía, el acto de mi nacimiento fue el acto más solemne de toda la Creación, Cielo y tierra sentían sumergirse en la más profunda adoración a la vista de mi pequeña Humanidad, que tenía como amurallada a mi Divinidad, así que en el acto de mi nacimiento hubo un acto de silencio y de profunda adoración y oración:  Oró mi Mamá y quedó arrebatada por la fuerza del prodigio que de Ella salía, oró san José, oraron los ángeles y toda la Creación; sentían la fuerza del amor de mi potencia creadora renovada en ellos, todos se sentían honrados y recibían el verdadero honor, porque Aquél que los había creado debía servirse de ellos para lo que era necesario a su Humanidad.  Se sintió honrado el sol al tener que dar su luz y calor a su Creador, reconocía a Aquél que lo había creado, a su verdadero Señor y le hacía fiesta y honor con darle su luz; se sintió honrada la tierra cuando me sintió que estaba acostado en un pesebre, se sintió tocada por mis tiernos miembros y exultó de alegría con signos prodigiosos; todas las cosas creadas veían a su verdadero Rey y Señor en medio de ellas, y sintiéndose honradas, cada una quería darme su oficio:  El agua quería quitarme la sed, los pájaros con sus trinos y gorjeos querían recrearme, el viento quería acariciarme, el aire quería besarme, todos querían darme su inocente tributo.  Sólo el hombre ingrato, a pesar que todos sintieron en ellos una cosa insólita, una alegría, una fuerza potente, fueron reacios, y sofocando todo no se movieron, y a pesar de que los llamaba con lágrimas, con gemidos y sollozos, no se movieron, a excepción de pocos pastores.  No obstante era por el hombre que venía a la tierra, venía para darme a él, para salvarlo y para llevarlo conmigo a la patria celestial.  Por esto Yo era todo ojos para ver si venía ante Mí para recibir el gran don de mi Vida Divina y humana, así que la Encarnación no fue otra cosa que darme en poder de la criatura.  En la Encarnación me di en poder de mi amada Mamá; en mi nacimiento se agregó San José, al cual hice don de mi Vida, y como mis obras son eternas y no están sujetas a terminar, esta Divinidad, este Verbo que descendió del Cielo, no se retiró más de la tierra, para tener ocasión de darme continuamente siempre a todas las criaturas.  Mientras viví me di develadamente y después, pocas horas antes de morir realicé el gran prodigio de dejarme Sacramentado, para que quien quisiera pudiera recibir el gran don de mi Vida; no puse atención ni a las ofensas que me habrían hecho, ni a los rechazos de no quererme recibir, dije entre Mí:  ‘Me he dado, no quiero retirarme más, aunque me hagan lo que quieran, pero seré siempre de ellos y estaré siempre a su disposición”.  Hija, esta es la naturaleza del verdadero Amor, este es el obrar como Dios:  La firmeza y el no retirarse a costa de cualquier sacrificio.  Esta firmeza en mis obras es mi victoria y mi más grande gloria, y es esta la señal si la criatura obra para Dios:  La firmeza.  El alma no mira a nadie, ni a las penas, ni a sí misma, ni a su estima, ni a las criaturas, y a pesar de que le cueste la propia vida ella mira sólo a Dios, hacia el Cual ha decidido obrar por amor suyo, y se siente victoriosa de poner el sacrificio de su vida por amor a Dios.  El no ser firme es de la naturaleza humana y del obrar humanamente, el no ser firme es el obrar de las pasiones y con pasión, la mutabilidad es debilidad, es vileza, y no es de la naturaleza del verdadero amor, por eso la firmeza debe ser la guía del obrar por Mí.  Por eso en mis obras no me cambio jamás, sean cual sean los eventos, hecha una vez es hecha para siempre”.

 

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17-27

Enero 4, 1925

 

Todo el Cielo va al encuentro del alma que se funde en

la Voluntad de Dios, y todos quieren depositar en ella

sus bienes.  Cómo se forma el noble martirio del alma.

 

(1) Habiendo transcurrido todo el día, estaba pensando entre mí:  “¿Qué más me queda por hacer?”  Y en mi interior he oído decirme:

(2) “Tienes que hacer la cosa más importante, tu último acto de fundirte en la Voluntad Divina”.

(3) Entonces me he puesto, según mi costumbre, a fundir todo mi pobre ser en la Voluntad Suprema, y mientras esto hacía me parecía que se abriesen los Cielos y yo iba al encuentro de toda la corte celeste y todo el Cielo venía a mi encuentro, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, el fundirte en mi Voluntad es el acto más solemne, más grande, más importante de toda tu vida.  Fundirte en mi Voluntad es entrar en el ámbito de la eternidad, abrazarla, besarla y recibir el depósito de los bienes que contiene la Voluntad Eterna; es más, en cuanto el alma se funde en el Supremo Querer todos van a su encuentro para deponer en ella todo lo que tienen de bienes y de gloria; los ángeles, los santos, la misma Divinidad, todos deponen, sabiendo que deponen en aquella misma Voluntad en la cual todo está al seguro.  El alma con recibir estos bienes, con sus actos en la Voluntad Divina los multiplica y da a todo el Cielo doble gloria y honor, así que con el fundirte en mi Voluntad pones en movimiento Cielo y tierra, es una nueva fiesta para todo el empíreo.  Y como el fundirse en mi Voluntad es amar y dar por todos y por cada uno, sin excluir a ninguno, mi bondad, para no dejarme vencer en amor por la criatura, pongo en ella los bienes de todos, y todos los bienes posibles que en Mí contengo; no puede faltar el espacio donde poner todos los bienes, porque mi Voluntad es inmensa y se presta a recibir todo.  Si tú supieras qué haces y qué sucede con el fundirte en mi Voluntad, te derretirías por el deseo de fundirte continuamente”.

(5) Después estaba pensando si debía o no escribir lo que está escrito aquí arriba, yo no lo veía necesario, ni una cosa importante, mucho más porque la obediencia no me había dado ninguna orden de hacerlo.  Entonces mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, ¿cómo que no es importante hacer conocer que el fundirse en mi Voluntad es vivir en Ella?  El alma recibe como en depósito todos mis bienes divinos y eternos; los mismos santos hacen competencia para deponer sus méritos en el alma fundida en mi Voluntad, porque sienten en ella la gloria, la potencia de mi Voluntad, y se sienten glorificados en modo divino por la pequeñez de la criatura.  Escucha hija mía, el vivir en mi Voluntad sobrepasa en mérito al mismo martirio; es más, el martirio mata al cuerpo, el vivir en mi Voluntad es hacer con una mano divina, que la propia voluntad quede muerta, y le da la nobleza de un martirio divino.  Y cada vez que el alma se decide a vivir en mi Voluntad, mi Querer prepara el golpe para matar la voluntad humana y así forma el noble martirio del alma, porque voluntad humana y Voluntad Divina no hacen alianza juntas, una debe ceder el puesto a la otra, y la voluntad humana debe contentarse con permanecer extinguida bajo la potencia de la Voluntad Divina, así que cada vez que te dispones a vivir en mi Querer, te dispones a sufrir el martirio de tu voluntad.  Mira entonces qué significa vivir, fundirse en mi Voluntad:  ‘Ser el mártir continuado de mi Voluntad Suprema.’  ¿Y a ti te parece poco y cosa de nada?”

 

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17-28

Enero 22, 1925

 

La Humanidad de Jesús es el nuevo Sol de las almas.

 

(1) Continúa mi vida entre las amarguras de las privaciones de mi dulce Jesús; no sé cómo vivo, siento un peso que me aplasta, la misma naturaleza al verse privada de Aquél único que la sostenía, quisiera disolverse, así que ora me siento descoyuntar los huesos, ora cerrar los canales del estómago, de tal manera que no quiere recibir ni agua ni alimento alguno; pobre naturaleza mía, sin mi Jesús quiere declinar y deshacerse, pero mientras está por deshacerse, una fuerza potente y una mano fuerte me ciñen, me recomponen los huesos dislocados, me abren los canales e impiden mi total colapso.  ¡Oh Dios, qué pena!  Ten piedad de mi dura suerte, haz que vuelva a mí Aquél que me daba la vida, o bien que mi pobre naturaleza, pagándote el tributo de la muerte, mi pobre alma suba allá arriba, al seno de mi Jesús, donde no nos separaremos nunca más.  Ahora, mientras me encontraba en este estado, y quién sabe después de cuántas fatigas, mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior, sentado en medio, todo taciturno, con su mano en la frente, todo pensativo, aislado, sin que nadie le estuviera cerca, y si bien estaba en mi interior, había tanto espacio en mí que yo estaba lejana de Él y Él estaba lejano de mí, así que sola yo, solo Jesús.  Yo a cualquier costo quería acercarme, decirle una palabrita, hacerle compañía en su soledad; entonces, no sé cómo, aquel espacio se redujo, ese espacio me parecía que era el mundo, en el cual Jesús estaba en el centro, y Jesús parecía preocupado por la suerte del mundo que corre precipitadamente a su destrucción.  Entonces Jesús tomó un punto de aquel espacio y lo apoyaba sobre mí; yo me sentía aplastar bajo el peso, pero estaba contenta de que mi Jesús, mi Vida, estaba junto a mí.  Y al verlo junto a mí habría yo querido llorar para moverlo a piedad de mi desgarrador estado, habría querido decirle quién sabe cuántas cosas, pero en cuanto le dije:  “Jesús, no me dejes más, ¿no ves que sin Ti no puedo resistir en este exilio?”  Él, todo bondad me dijo:

(2) “No te dejo, no, no, esta es una afrenta que quieres dar a tu Jesús, Yo no dejo jamás a nadie, las criaturas son las que se retiran de Mí, no Yo de ellas; es más, Yo voy junto a ellas, así que no me quieras hacer más esta afrenta diciéndome que pueda dejarte.  Además, ¿no has visto que estaba dentro de ti, no fuera de ti, y no sólo Yo, sino todo el mundo junto?”

(3) Entonces yo mirando a Jesús, veía su inteligencia más que un sol, y todos los pensamientos de Jesús como tantos rayos que salían de ese sol, que extendiéndose recorrían todos los pensamientos de las criaturas pasadas, presentes y futuras.  Estos rayos caminaban para tomar, como en un puño, todas las inteligencias creadas y sustituirse como gloria perenne al Padre, como reparación completa de todo y como impetración de todos los bienes a todas las inteligencias creadas.  Entonces Jesús atrayéndome a Él me ha dicho:

(4) “Hija mía, este sol que tú ves en la inteligencia de mi Humanidad fue formado por mi Divinidad, la cual me dotó con la potencia creadora y con la omnividencia de todas las cosas, de manera que Yo debía ser el nuevo Sol de las almas; y así como el sol que creé para bien de la naturaleza recorre con su luz toda la tierra, sin negar a nadie los efectos de su luz a pesar de que no se aparta del cielo, sino que hace partir de su centro los rayos que llevan los bienes que contiene el sol a toda la tierra, así mi Divinidad, sin partir de Mí, con su luz inaccesible formaba una aureola de luz, y estos rayos recorrían todos y todo, y Yo recorría a cada instante cada pensamiento, palabra y acto de todas las criaturas y me constituía en gloria perenne para mi Padre por cada pensamiento, acto, palabra, etc., de todas las generaciones humanas.  Esta luz, mientras se elevaba hacia mi Padre Celestial, descendía para tomar como en un puño todos los actos humanos para iluminarlos, calentarlos y repararlos, así que, sobre cada acto humano pende una luz que continuamente quiere hacerle el bien.  En Mí el hacer esto era como connatural; tú, hija mía, no tienes esta potencia de hacer en todos los actos un acto solo, como hacía Yo, por eso en mi Voluntad recorrerás uno a uno cada uno de los rayos, y poco a poco harás el camino que hizo mi Humanidad”.

(5) Entonces yo he buscado de recorrer el primer rayo, luego el segundo, y así de los demás, pero, ¡oh! potencia del Divino Querer, mientras recorría esos rayos, yo era tan pequeña que me parecía haberme vuelto un átomo, y este átomo ahora se encontraba en la inteligencia divina, y recorría las inteligencias de las criaturas, ahora se encontraba en la palabra y ahora en el movimiento divino, y recorría las palabras y los movimientos de las criaturas, y así de todo lo demás.  Entonces la Divinidad al ver mi extrema pequeñez en su inteligencia, en su palabra y en su movimiento, presa de amor por mi pequeñez quedaban raptados, y complacidos han dicho:

(6) “Esta pequeñez nos rapta, y al verla entrar en nuestros mismos actos para hacerlos junto con Nosotros, para difundirlos sobre todos, sentimos tales gozos y tal complacencia y recibimos la misma gloria nuestra, que con todo amor le damos la libertad de entrar en Nosotros para hacerla obrar junto con Nosotros”.

(7) Yo me sentía toda confundida al oír esto y decía entre mí:  “Yo no hago nada, es el Divino Querer que me lleva entre sus brazos, por lo tanto toda la gloria es de su adorable Voluntad”.

 

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17-29

Enero 27, 1925

Las cosas creadas por Dios no salen de Él, y la Divina Voluntad

se hace alimentadora y conservadora de ellas.  Así sucede

para el alma que obra en la Divina Voluntad.

 

(1) Mientras estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino pensaba entre mí:  “Antes, cuando me fundía en el Santo Supremo Querer, Jesús estaba conmigo y junto con Jesús yo entraba en Él, así que el entrar era una realidad, pero ahora yo no lo veo, así que no sé si entro en el eterno Querer o no, lo siento más bien como una leccioncilla aprendida de memoria, o bien como un modo de decir”.  Mientras esto pensaba, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y tomándome una mano en la suya me empujaba hacia lo alto y me ha dicho:

(2) “Hija mía, debes saber que me veas o no me veas, cada vez que tú te fundes en mi Voluntad, Yo, desde dentro de tu interior te tomo una mano para empujarte a lo alto, y desde el Cielo te doy mi otra mano para tomar la otra tuya y jalarte hacia arriba, en medio a Nosotros en la interminable Voluntad nuestra, así que estás entre mis manos, entre mis brazos.  Tú debes saber que todos los actos hechos en nuestra Voluntad entran en el acto primero, cuando creamos todas las cosas creadas, y los actos de la criatura besándose con los nuestros, porque una es la Voluntad que da vida a todos estos actos, se difunden en todas las cosas creadas, tal como está difundida nuestra Voluntad por doquier, y se constituyen correspondencia de amor, de adoración y de gloria continua por todo lo que hemos puesto fuera en la Creación.  Sólo lo que se hace en nuestra Voluntad, comienza casi junto con Nosotros a darnos correspondencia de amor perenne, adoración en modo divino, gloria que jamás termina, y así como por todas las cosas creadas por Nosotros es tanto el amor que nutrimos, que no permitimos que salieran de nuestra Voluntad, conforme las creamos así todas quedaron con Nosotros, y nuestra Voluntad se hizo conservadora y alimentadora de toda la Creación, y por eso todas las cosas se conservan siempre nuevas, frescas y bellas, no crecen ni decrecen, porque por Nosotros fueron creadas todas perfectas, por eso no están sujetas a alteraciones de ninguna clase, todas conservan su principio porque se hacen alimentar y conservar por nuestra Voluntad, y quedan en torno a Nosotros a alabar nuestra gloria.

(3) Ahora, el obrar de la criatura en nuestra Voluntad entra en nuestras obras, y nuestra Voluntad se hace alimentadora, conservadora y acto del mismo acto de la criatura, y estos actos hechos en nuestra Voluntad por la criatura se ponen en torno a Nosotros, y transfundidos en todas las cosas creadas alaban nuestra perpetua gloria.  ¡Cómo es diferente nuestro obrar del de la criatura y el amor con el cual obramos!  Nosotros obramos y es tanto el amor a la obra que hacemos, que no permitimos que salga de Nosotros, a fin de que nada pierda de la belleza con la cual fue hecha; en cambio la criatura si hace una obra no la sabe tener consigo, es más, muchas veces no sabe qué cosa se ha hecho de su obra, si se ha ensuciado, si la han hecho un harapo, y esto es señal del poco amor a sus mismas obras.  Y como la criatura ha salido fuera de su principio, esto es, de la Voluntad Divina de donde salió, ha perdido el verdadero amor hacia Dios, hacia sí misma y hacia sus obras.  Yo quise que el hombre estuviera en mi Voluntad por su voluntad, no forzado, porque lo amé más que a todas las otras cosas creadas, y quería que fuera como rey en medio de mis obras.  Pero el hombre ingrato quiso salir de su principio, por eso se transformó y perdió su frescura, su belleza, y quedó sujeto a alteraciones y cambios continuos.  Y por cuanto Yo lo llamo para que regrese a su principio, se hace el sordo y finge no escucharme, pero es tanto mi amor que lo espero y continúo llamándolo”.

 

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17-30

Febrero 8, 1925

 

Cada alma es una habitación de la Voluntad Divina.

 

(1) Esta mañana mi dulce Jesús se hacía ver tan sufriente, que mi pobre alma se sentía deshacer de compasión; tenía todos los miembros dislocados, llagas profundas y tan dolorosas, que Jesús gemía y se contorsionaba por la acerbidad del dolor.  Se puso junto a mí como si quisiera hacerme partícipe de sus penas; con sólo mirarlo sentía reflejar en mí sus penas, y Jesús todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, no puedo más; toca mis llagas para endulzarlas, pon tu beso de amor sobre de ellas, a fin de que tu amor me mitigue el dolor que siento.  Este mi estado tan doloroso es el verdadero retrato de cómo se encuentra mi Voluntad en medio de las criaturas:  Está en medio de ellas, pero como dividida, porque haciendo ellas su voluntad, no la mía, la mía queda como dislocada y llagada por las criaturas, por eso une tu voluntad a la mía y dame  un alivio a mi dislocamiento”.

(3) Yo me lo he estrechado, le he besado las llagas de las manos, ¡oh, cuán recrudecidas por tantas obras, aun santas, pero que no tienen su principio en la Voluntad de Dios; para endulzarle el espasmo lo estrechaba en mis manos y Jesús todo se dejaba hacer, más bien lo quería, y así lo hice también con todas sus otras llagas, tanto, que casi toda la mañana se ha estado conmigo.  Finalmente, antes de dejarme me ha dicho:

(4) “Hija mía, me has endulzado, siento mis huesos en su lugar, ¿pero sabes tú quién puede endulzarme y reunir mis huesos dislocados?  Quien hace reinar en sí a mi Voluntad.  Cuando el alma hace a un lado su voluntad, no dándole ni siquiera un acto de vida, mi Voluntad hace de dueña en el alma, reina, manda e impera, se encuentra como si estuviera en su casa, esto es, como en mi Patria Celestial, así que siendo casa mía, domino, dispongo, pongo en ella de lo mío, porque como habitación mía puedo poner lo que quiero para hacer con ello lo que quiero, y recibo el más grande honor y gloria que la criatura me puede dar.  En cambio, quien quiere hacer su voluntad, hace ella de dueña, dispone, manda, y mi Voluntad está como una pobre extraña, no es tomada en cuenta, y muchas veces despreciada.  Quisiera poner de lo mío pero no puedo, porque la voluntad humana no me quiere ceder un lugar, aun en las cosas santas quiere hacer ella como cabeza, y Yo nada puedo poner de lo mío.  ¡Cómo me encuentro mal en el alma que hace reinar su voluntad!  Me sucede como a un padre que va a buscar a un hijo suyo lejano, o bien un amigo a otro amigo:  Mientras toca, se abre la puerta, pero se le deja en la primera estancia, no se le prepara el alimento, no una cama donde dejarlo descansar, no le hacen parte ni de sus alegrías ni de sus penas; ¡qué afrenta, qué dolor para este padre, o bien amigo!  Si ha llevado tesoros para obsequiarlos, nada deja y se marcha herido en el fondo de su corazón.  En cambio con otro, no apenas lo ven se ponen en fiesta, le preparan el mejor alimento, la más mullida cama, es más, le dan pleno dominio sobre toda la casa y hasta sobre ellos mismos; ¿no es esto el más grande honor, amor, respeto, sujeción que se puede usar con un padre o con un amigo?  ¿Qué cosa no le dejará de bello y de bueno para compensar tanta generosidad?

(5) Tal es mi Voluntad, viene del Cielo para habitar en las almas, y en lugar de hacerme dueño y señor, me tienen como un extraño y abandonado, pero mi Voluntad no se marcha, a pesar que me tienen como extraño permanezco en medio de ellos, esperando para darles mis bienes, mis gracias y mi santidad”.

 

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17-31

Febrero 15, 1925

 

La Divina Voluntad en el Cielo es confirmante, beatificante,

felicitante, divinizante; en la tierra, en el alma, es obrante y

forma en ella las olas eternas que arrollan todo.

 

(1) Estaba toda abandonándome en la Santísima Voluntad de Dios, y estando en ese total y pleno abandono sentía en mí un nuevo cielo, un aire todo divino que me infundía una nueva vida.  Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior, me parecía que me extendía los brazos para recibirme y esconderme en Él y ponerme bajo este nuevo cielo de su Voluntad, que en mí, con su gracia se había formado, y yo con gran contento respiraba el aire balsámico y dulce de su Santísima Voluntad.  Entonces yo llena de asombro he dicho:

(2) “¡Amor mío, mi Jesús, cómo es bello el Cielo de tu Voluntad!  Cómo se está bien debajo de Ella, ¡oh, cómo es refrescante y saludable su aire celestial!”  Y Jesús, estrechándome más fuerte a Él me ha dicho:

(3) “Hija de mi Voluntad, cada acto en mi Voluntad es un nuevo cielo que se extiende sobre la cabeza del alma, uno más bello que el otro.  El aire de estos cielos es divino y lleva consigo: santidad, amor, luz, fortaleza, y contiene todos los gustos juntos; por eso se siente balsámico y dulce.  Mi Voluntad en el Cielo es confirmante, beatificante, felicitante y penetrante por doquier, transformante, divinizante todo en Sí; en cambio en el alma que posee estos nuevos cielos de mi Voluntad en la tierra, es obrante, y mientras obra se deleita en extender nuevos cielos.  Así que mi Voluntad trabaja y obra más en el alma viadora que en la Jerusalén Celestial; allá, las obras de los santos están ya cumplidas, no queda más qué hacer; en cambio aquí mi Voluntad siempre tiene qué hacer en el alma en la cual Ella reina, por eso quiere todo para Ella, no quiere dejar ningún acto a la voluntad humana, porque quiere hacer mucho, y en cada acto que cediera a la voluntad humana le faltaría extender un cielo de más y sería una obra suya de menos.  ¡Ah! tú no sabes lo que sucede en el alma cuando da toda la libertad a mi Voluntad de obrar en ella, y el alma obra en mi Voluntad.  Imagínate el mar cuando se elevan tan fuertes y altas las olas que no sólo las aguas, sino que la fuerza de las olas transporta aun a los peces a lo alto, de modo que se ve en aquellas olas, transportados por la fuerza de la tempestad, que aun los peces son sacados del fondo del mar, de su diaria morada para elevarse en alto junto con las olas; las olas los han arrollado y no han podido resistir esa fuerza, mientras que sin la fuerza de las olas no saben salir de su morada.  ¡Oh! si el mar tuviera una fuerza sin límite haría salir toda el agua de su lecho, formando olas altísimas y todos los peces arrollados en ellas.  Pero lo que no puede hacer el mar porque es limitado en su fuerza, lo hace mi Voluntad; conforme hace suyos los actos del alma obrando en ella, ahí forma las olas eternas, y en estas arrolla todo, y se ven en estas olas lo que hizo mi Humanidad, las obras de mi Celestial Mamá, las de todos los santos y todo lo que hizo la misma Divinidad, todo es puesto en movimiento.  Mi Voluntad es más que mar, nuestras obras, las de los santos, pueden ser semejanzas de los peces que viven en el mar; cuando mi Voluntad obra en el alma, y aun fuera del alma, todo lo que hay en Ella, todo se mueve, se eleva, se ponen en orden para repetirnos la gloria, el amor, la adoración, desfilan ante Nosotros diciéndonos:  ‘Somos obras tuyas, grande y poderoso eres Tú, pues así tan bellas nos has hecho’.  Mi Voluntad encierra todo lo bello y lo bueno, y cuando obra nada deja atrás, para hacer que en aquel acto nada falte de lo que es nuestro, para hacer que sea completa nuestra gloria; y no hay de qué asombrarse, porque es el obrar eterno el que se desarrolla en el alma.  Por eso el obrar de mi Voluntad se puede llamar ola eterna, que arrolla Cielo y tierra como en un punto solo, y después se difunde sobre todos como portadora de un acto divino.  ¡Oh! cómo goza el Cielo cuando ve obrar en el alma a la Voluntad Eterna, porque habiendo sido confirmadas sus obras en la Divina Voluntad en el Cielo, ven correr sus obras en aquel acto divino y se sienten duplicar la gloria, la felicidad, las alegrías.  Por eso te recomiendo, ya que eres la pequeña hija de mi Supremo Querer, que cada acto tuyo lo dejes en poder de las olas eternas de mi Querer, a fin de que llegando estas olas a los pies de nuestro Trono en el Cielo, podamos siempre confirmarte más como nuestra verdadera hija de nuestra Voluntad, y podamos concederte rescritos de gracia en favor de tus hermanos e hijos nuestros”.

 

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17-32

Febrero 22, 1925

 

Cómo Dios al crear al hombre formó diferentes caminos para facilitarle

la entrada en su Voluntad, por lo tanto en la Patria Celestial.

 

(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino, y pedía a mi amable Jesús, que por su bondad me diera la gracia de que en todo cumpliera su Santísima Voluntad, y decía:  “Tú que amas y quieres que tu Voluntad se haga, ayúdame, asísteme, pon a cada instante tu Querer en mí, a fin de que ninguna otra cosa pueda tener vida en mí”.  Ahora, mientras rezaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome fuerte a Él me ha dicho:

(2) “¡Hija mía, cómo me hiere el corazón la oración de quien busca sólo mi Querer!  Siento el eco de mi oración que hice estando Yo sobre la tierra, todas mis oraciones se reducían a un punto solo, que la Voluntad de mi Padre, tanto sobre Mí como sobre todas las criaturas se cumpliera.  Fue el más grande honor para Mí y para mi Padre Celestial, que en todo hice su Santísima Voluntad.  Mi Humanidad, con hacer siempre y en todo la Voluntad del Eterno abría las vías entre la voluntad humana y la Divina, cerradas por la criatura.

(3) Tú debes saber que la Divinidad al crear al hombre formó muchas vías de comunicación entre el Creador y la criatura:  Vía eran las tres potencias del alma:  La inteligencia, vía para comprender mi Voluntad; la memoria, vía para recordarse de Ella continuamente; y la voluntad en medio de estas dos vías, formaba la tercera vía para irse en la Voluntad de su Creador.  La inteligencia y la memoria eran el sostén, la defensa, la fuerza de la vía de la voluntad, para que no pudiera desviarse ni a derecha ni a izquierda; vía era el ojo, para que pudiera ver las bellezas, las riquezas que hay en mi Voluntad; vía era el oído, para que pudiera escuchar las llamadas, las armonías que hay en Ella; vía era la palabra, en la cual pudiera recibir mi continuo desahogo de mi palabra Fiat, y los bienes que mi Fiat contiene; vía eran las manos, que elevándolas en sus obras en mi Voluntad, hubiera llegado a unificar sus obras a las obras de su Creador; vía eran los pies, para seguir los pasos de mi Querer; vía era el corazón, los deseos, los afectos, para llenarse del amor de mi Voluntad y reposarse en Ella.  Mira entonces cuántas vías hay en la criatura para venir en mi Voluntad, siempre y cuando lo quiera.  Todas las vías estaban abiertas entre Dios y el hombre, y en virtud de nuestra Voluntad, nuestros bienes eran suyos; además era nuestro hijo, imagen nuestra, obra salida de nuestras manos y del aliento ardiente de nuestro seno.  Pero la voluntad humana, ingrata, no quiso gozar de los derechos que Nosotros le dimos sobre nuestros bienes, y no queriendo hacer nuestra Voluntad hizo la suya, y haciendo la suya formó las barreras y los muros en todos esos caminos y se restringió en el mísero cerco de su voluntad, perdió la nuestra y anduvo errante en el exilio de sus pasiones, de sus debilidades, bajo un cielo tenebroso cargado de rayos y de tempestades, pobre hijo en medio de tantos males queridos por él mismo.  Así que cada acto de voluntad humana es una barrera que pone a la mía, es una reja que forma para impedir la unión de nuestros quereres, y la comunicación de los bienes entre el Cielo y la tierra queda interrumpida.

(4) Mi Humanidad compadeciendo y amando con amor infinito al hombre, con hacer en todo la Voluntad de mi Padre mantuvo íntegras estas vías, e impetró quitar las barreras y romper las cercas que la voluntad humana había formado; así que abrí de nuevo los caminos a quien quiera venir en mi Voluntad, para restituirle los derechos que por Nosotros habían sido dados al hombre cuando lo creamos.  Las vías son necesarias para facilitar el camino, son medios para poder frecuentemente hacer una visita a su propia Patria Celestial, y conociendo cuán bella es su Patria, cuán feliz se está en Ella, la ame y aspire a tomar la posesión, por tanto viva desapegado del exilio.  Estos caminos en la criatura eran necesarios para hacer que frecuentemente subiera a su verdadera Patria, la conociera y la amara, y una señal de que el alma está en estas vías y de que ama su Patria Celestial es, si poniéndose en camino en nuestra Voluntad hace sus visitas.  Esta es también una señal para ti, no recuerdas cuántas veces tomabas el camino del Cielo y penetrabas en las regiones celestiales y haciendo tu breve visita, mi Querer te hacía descender de nuevo al exilio, y tú amando la Patria, el exilio te parecía feo y casi insoportable.  Este amar la Patria, sentir la amargura de vivir en el exilio, es una buena señal para ti, que la Patria es tuya.  Mira, también en las cosas bajas de este mundo sucede igual:  Si uno tiene una gran posesión, se forma el camino para ir frecuentemente a visitarla, a gozarla, a tomar los bienes que hay en ella, y mientras la visita, la ama y se la lleva en su propio corazón, pero si en cambio no se forma un camino, jamás visita su posesión, porque sin camino es casi inaccesible, y no habla nunca de ella, esto es una señal de que no la ama y desprecia sus mismos bienes, y a pesar de que podía ser un rico, él, por su mala voluntad es un pobre que vive en la más escuálida miseria.  He aquí por qué mi sabiduría al crear al hombre quiso formar las vías entre Yo y él, para facilitarle la santidad, la comunicación de nuestros bienes y la entrada a la Patria Celestial”.

 

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17-33

Marzo 1, 1925

 

Cómo cada acto más de bien que hacemos, es un hilo de voluntad

humana que se ata a la corriente de luz eterna, y vuelve más

plena, más fuerte, más brillante la luz en nuestra alma.

 

(1) Me sentía muy amargada por la pérdida de mi dulce Jesús, ¡oh! cómo lloraba mi pasado, cuando su amable presencia hacía feliz mi pobre existencia, aun en medio de las más duras penas mi pobre lecho era para mí un pequeño paraíso, me sentía reina junto con mi amable Jesús, dominadora de mí misma, y con el contacto continuo con Él me sentía como dominadora de su mismo corazón divino; y ahora, ¡cómo ha cambiado mi felicidad!  Es más, cada vez que lo busco y no lo encuentro, una infelicidad me rodea, me arranca un fragmento de vida, porque sólo Jesús es mi vida, y siento más a lo vivo las penas de mi duro exilio.  ¡Oh! cuán cierto es que no son las penas las que hacen infeliz a la criatura, sino el bien querido y no encontrado.  Y mientras le decía:  Ten piedad de mí, no me abandones, ven, resurge en mi pobre alma inmersa en las amargas aguas de tu privación.  He sentido que mi amado Bien, mi dulce Vida se movía en mi interior, y poniéndome sus brazos al cuello me ha dicho:

(2) “La hija mía, la hija mía”.

(3) Yo he mirado que Jesús salía de un fondo de luz, y al extender sus brazos la luz se extendía junto a Él, pero aquella luz no era toda plena, se veía un vacío en la misma luz, pero si bien se veía el vacío, pero no se veían tinieblas, sólo como si se necesitaran otros hilos de luz para llenar ese vacío y para hacer más intensa, más fuerte, más brillante aquella luz.  A la vista de Jesús me he sentido resurgir de muerte a vida; sus palabras, la hija mía, la hija mía, cambiaron en ese momento mi infelicidad, porque estar con Jesús y ser infeliz es imposible, a lo más se puede estar con Jesús sufriendo en las penas más atroces, pero infeliz, jamás, es más, parece que la infelicidad, si es que está en el alma, huye de la presencia de Jesús y da lugar a la felicidad que Jesús lleva Consigo.  Entonces, continuando sus palabras me ha dicho:

(4) “Hija mía, ánimo, no temas, no hay tinieblas en ti, porque el pecado es tinieblas, el bien es luz.  ¿No ves que he salido de un fondo de luz de dentro de tu interior?  ¿Pero sabes tú qué cosa es esta luz?  Es todo tu obrar interior que haces, cada acto de más que haces es un hilo de más de tu voluntad que conectas a la corriente de la luz eterna, y ese hilo se convierte en luz; así que por cuantos más actos hagas, agregando así otros hilos, la luz se hará más plena, más fuerte, más brillante.  Por tanto, lo que has hecho es la luz que ves, lo que te queda por hacer es el vacío que ves en la misma luz; y Yo estaré siempre en medio de esta luz, no sólo para gozármela, sino para conectar los hilos de la voluntad humana con la corriente de la luz eterna, porque el principio, el fondo, la corriente de la luz soy Yo.  ¿Pero sabes tú qué cosa es la verdadera luz?  La verdadera luz es la verdad; la verdad conocida, abrazada, amada y puesta en práctica por el alma es la verdadera luz que la transforma en la misma luz y la hace poner dentro y fuera nuevos y continuos partos de luz.  Y esta verdad forma la verdadera Vida de Dios en el alma, porque Dios es verdad, y el alma está atada a la verdad, más bien la posee.  Dios es luz y ella está unida a la luz y se alimenta de luz y de verdad; pero mientras Yo alimento al alma de Verdad y de luz, ella debe tener abierta la corriente de su voluntad para recibir la corriente de la comunicación divina, de otra manera puede suceder como a la corriente eléctrica, a la cual no le basta que se genere la corriente, sino que se necesitan los preparativos para recibirla, pero con todo esto no a todos llega la misma luz, sino según las lámparas que se tienen, quien tiene una recibe una luz, quien tiene diez recibe por diez la luz, si las lámparas contienen más hilos eléctricos, las lámparas se ven más plenas de luz; si menos hilos, a pesar de que haya espacio en el vidrio, la luz es pequeña, y a pesar que la fuente de donde viene la corriente puede dar más luz, no la recibe porque falta la fuerza de la electricidad en las lámparas para recibirla.  Por eso se necesita la corriente celestial que la quiera dar y la corriente humana para recibirla, y según vayas haciendo más actos en mi Voluntad, agregarás otros hilos para volver más completa la luz que quiero encerrar en ti”.

 

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17-34

Marzo 8, 1925

 

Todo lo que Jesús hizo, tanto para gloria del Padre como para el

bien de las criaturas, quedó depositado en la Divina Voluntad, la

cual lo conserva todo en acto, con todos sus efectos.

 

(1) Estaba diciendo entre mí:  “Cómo quisiera recorrer todos los caminos del Querer eterno para poder encontrar todos los actos de esta Voluntad Suprema, salidos de Ella para bien de toda la familia humana, para poder poner en cada acto de su Voluntad un acto de la mía, para corresponderle con mi amor, con mi gratitud, con mi gracias por mí y a nombre de todos mis hermanos, pero, ¿cómo puedo encontrar todos estos actos de la Voluntad Divina, yo que soy tan pequeña, tan insignificante?”  Mientras así pensaba, deseando abrazar y poner un beso mío, un mi te amo al menos a cada acto de la Suprema Voluntad, he sentido moverse en mi interior a mi dulce Jesús, y una luz en mi mente me decía:

(2) “Hija mía, ¿quieres tú recorrer todos los actos de mi Voluntad salidos de Ella para bien de todas las criaturas?  Ven conmigo en mi Humanidad, lo suspiro, lo quiero, que tú lo hagas.  Tú debes saber que mi Humanidad recorrió todos los caminos del eterno Querer, y en todos los actos que encontraba hechos para bien de todos mis hermanos, hacía el mío para corresponder a la Divina Voluntad por tantos actos suyos hechos para bien de todas las generaciones humanas.  Era el acto más legítimo que me convenía hacer, primero para honor de mi Padre Celestial; y conforme esto hacía dejaba el depósito de estos actos míos en la misma Voluntad Divina, a fin de que estuvieran siempre en acto de dar a mi Padre Divino este legítimo honor que las criaturas no le dan, y violentar a la Voluntad eterna a hacer la paz con la voluntad humana.

(3) La voluntad, también en la criatura, es el depósito de todos sus pensamientos, del bien y del mal que hace, ella es depositaria de todo, nada se le escapa que no deposite en ella.  Ahora, mi Humanidad tenía dos voluntades, la humana y la Divina, y todo lo que Yo hacía lo depositaba en la Divina, para poder encontrar no sólo los actos hechos por la Suprema Voluntad y corresponderla, sino para poder hacer otros nuevos actos de Voluntad Divina, para poder formar en Ella de todo lo obrado por mi Humanidad, una nueva creación, dejándola en depósito en Ella, a fin de que me los mantuviera íntegros, siempre nuevos y bellos, sin crecer ni decrecer, porque no sujetos, por cuanto tomen de ellos, a sufrir la más mínima disminución.  Y así como en la creación del cielo, del sol, de las estrellas, y de tantas otras cosas creadas por la Divinidad para bien de toda la familia humana, fue dejado el depósito en nuestra Suprema Voluntad, a fin de que las conservara siempre en ese estado creado por Nosotros, como de hecho las conserva; así confié todo el obrar de mi Humanidad en Ella, a fin de que todo lo que hice estuviera siempre en acto de darse a las criaturas.  Mi obrar es más que nuevo cielo, sol y estrellas, y así como el sol que está sobre vuestro horizonte no rehúsa dar luz a todos y darse a cada uno, y si el ojo humano no toma toda la inmensidad de su luz es porque la circunferencia del ojo es pequeña, es más, según la vista es más aguda, más buena, más luz toma, pero el sol está en acto de quererse dar todo; así la nueva creación de mis actos, hechos todos en esta Voluntad y depositados en Ella para redimir, para restaurar a la criatura, están en acto de darse a todos, y más que sol, estrellas y cielo, se extiendan sobre la cabeza de todos, a fin de que todos puedan tomar el gran bien que contienen.  Pero entre el sol que resplandece en el cielo azul, y el que contiene el cielo de mi Humanidad, hay gran diferencia, en aquél, por cuanto el ojo se fatiga en mirar para llenarse de luz, su circunferencia no se ensancha, queda siempre la que es; en cambio el ojo del alma, mientras más se esfuerza para mirar, para cooperar, para conocer, para amar todo lo que ha hecho mi Humanidad, se ensancha más, recibe más luz, comprende más y toma más bienes, así que está en su poder ser más rica o pobre, más llena de luz, de calor, o más fría y en tinieblas.

(4) Entonces, si quieres recorrer los caminos del eterno Querer, entra por la puerta de mi Humanidad, dentro encontrarás mi Divinidad y la Divina Voluntad te hará presente, como en acto, todo lo que ha hecho, hace y hará, tanto en la Creación como en la Redención y Santificación, y tendrás el contento de poder besar esos actos y poner en cada uno tu pequeño acto de amor, de adoración, de reconocimiento, los encontrarás todos en acto de darse a ti, y tú los amarás, tomarás los dones de tu Padre Celestial; don más grande no podía darte, esto es:  Los dones, los frutos, los efectos de su Querer, pero los tomarás a medida que cooperes y hagas vivir tu voluntad perdida en la mía”.

(5) Luego, por poco tiempo me he sentido toda en Jesús, y me parecía encontrar en Él todo el obrar de la Divina Voluntad para bien de las criaturas como en acto, yo buscaba seguir uno por uno los actos de la Voluntad Suprema, pero mientras esto hacía me ha desaparecido todo; pero el delirio de querer de nuevo a mi dulce Jesús me hacía morir; después de mucho lo sentí detrás de mi espalda, que extendiendo sus brazos me tomaba mis manos entre las suyas; yo con violencia lo jalé hacia delante, y con toda la amargura de mi alma le he dicho:  “Jesús, no me . sin darme tiempo para decirle otra cosa me ha dicho:

(6) “Hija mía, ¿cómo?  ¿A Mí me dices que no te quiero ya más?  Estas palabras se pueden decir a las criaturas, pero no a tu Jesús, a Aquél que nunca puede disminuir en el amor”.

(7) Y mientras esto decía, me miraba fijamente dentro, como si quisiera encontrar en mí una cosa que mucho le interesaba, y miraba y volvía a mirar, finalmente me he sentido salir de dentro de mi interior otro Jesús, todo semejante al de afuera.  Yo he quedado maravillada al ver que mi Jesús me está dentro de mí y fuera de mí, y Él, todo bondad me ha dicho:

(8) “Dime hija mía, ¿quién ha formado esta Vida mía en ti?  ¿No es el amor?  ¿No son mis cadenas amorosas que no sólo me han formado en ti, sino me tienen atado y estrechado a ti?  Y para hacer que esta Vida mía en ti pueda siempre crecer, he puesto en ti mi Eterno Querer, que haciendo uno solo con el tuyo, nos alimentamos juntos con el mismo alimento celestial, de modo de hacer una mi Vida con la tuya; ¿y con todo esto me dices:  Ya no me quieres?”

(9) Yo he quedado confundida y no he sabido qué decir...

 

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17-35

Marzo 15, 1925

 

La Divina Voluntad tiene el poder de

formar la Vida de Jesús en la criatura.

 

(1) Me estaba fundiendo toda en el Santo Querer Divino, pero mientras esto hacía sentía toda la amargura de la privación de mi dulce Jesús, y aunque casi habituada a sufrir su ausencia, sin embargo cada vez que estoy privada de Él, es siempre nueva la pena.  Me parece que cada vez que quedo privada de la Vida de mi vida, Jesús pone un grado más de dolor, y yo siento más a lo vivo la pena de su lejanía.  ¡Oh, cuán cierto es que en Jesús son siempre nuevas las penas y nuevas las alegrías!  Ahora, mientras me abandonaba en su Voluntad, mi amable Jesús ha sacado una mano de dentro de mi interior, toda llena de luz, pero en la suya tenía también la mía, pero tan fundida en la suya, que con trabajo se descubría que en lugar de una eran dos manos fundidas juntas; y Jesús teniendo compasión de mi extrema amargura me ha dicho:

(2) “Hija mía, la luz de mi Voluntad nos transforma juntos y forma una sola vida; la luz se hace camino y el calor que contiene la luz vacía, consume todo lo que puede impedir la transformación con mi Vida y hacer de ellas una sola.  ¿Por qué tanto te afliges?  ¿No sientes en ti esta mi Vida, y no fantástica sino real?  ¿Cuántas veces no sientes en ti mi Vida obrante, otras veces sufriente, y otras veces te lleno tanto que tú te ves obligada a perder el movimiento, el respiro, las facultades mentales, y tu naturaleza misma pierde su vida para dar lugar a la mía?  Y para hacer que puedas revivir estoy obligado a empequeñecerme en ti misma para hacerte readquirir el movimiento natural y el uso de los sentidos, pero siempre dentro de ti permanezco, ¿y no adviertes que cada vez que me ves, es de dentro de tu interior que me ves salir?  Entonces, ¿por qué temes que Yo te deje si tú sientes a esta mi Vida en ti?”

(3) Y Yo:  “¡Ah! mi Jesús, es verdad que siento otra Vida en mí, que obra, que sufre, que se mueve, que respira, que se extiende en mí, pero tanto, que yo misma no sé decir que me sucede, muchas veces creo que estoy por morir, pero como aquella vida que siento en mí se empequeñece, retirándose de los brazos, de la cabeza, yo comienzo de nuevo a revivir, pero muchas veces no te veo, te siento, pero no veo tu amable presencia, y yo temo y tengo casi pavor de aquella vida que siento en mí, pensando:  ‘¿Quién podrá ser aquél que tiene tanto dominio en mí, que yo me siento un harapo bajo su poder?  ¿No podrá ser algún enemigo mío?’  Y si me quiero oponer a lo que Él quiere hacer en mí, se hace tan fuerte e imponente que no me cede ni un acto de mi voluntad, y yo de inmediato le cedo la victoria sobre de mí”.

(4) Y Jesús:  “Hija mía, sólo mi Voluntad tiene este poder de formarse una Vida en la criatura.  Se entiende que el alma me haya dado, quién sabe cuántas veces, pruebas seguras de que quiere vivir de mi Voluntad, no de la suya, porque cada acto de voluntad humana impide que se cumpla esta Vida mía, y este es el más grande prodigio que sabe hacer mi Voluntad:  ‘Mi Vida en la criatura’.  Su luz me prepara el lugar, su Calor purifica y consume todo lo que podría ser inconveniente a mi Vida, y me suministra los elementos necesarios para poder desarrollar mi Vida, por eso déjame hacer a fin de que pueda cumplir todo lo que ha establecido mi Voluntad sobre de ti”.

 

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17-36

Abril 9, 1925

 

Con el hilo de su Voluntad Jesús ata al alma.  La Divina Voluntad

obrante en la criatura y sus actos hechos en Ella, forman una

nube de luz, que sirve a Jesús y al alma.

 

(1) Después de muchos días de amargura y de privación, mi dulce Jesús me ha transportado fuera de mí misma, y tomándome entre sus brazos me puso sobre sus rodillas.  ¡Oh! cómo me sentía feliz, después de tantas privaciones y amarguras, en el regazo de Jesús, pero me sentía tan tímida, sin voluntad de querer nada ni de decir nada, ni con la confianza mía acostumbrada que tenía con Jesús cuando antes estaba conmigo.  Mientras tanto, Jesús me estrechaba fuerte a Él, tanto de hacerme sufrir, me ponía la mano en la boca casi quitándome el respiro, me besaba, y yo, nada, no le daba ninguna correspondencia, no tenía ganas de hacer nada.  Su privación me había paralizado y me había dejado sin vida, sólo que lo dejaba hacer, no me oponía a nada, aunque me hubiera hecho morir no me habría rehusado.  Entonces Jesús, queriendo que yo dijera algo me ha dicho:

(2) “Pequeña hija mía, dime al menos, ¿quieres que tu Jesús te ate toda, toda?”

(3) Y yo:  “Haz como Tú quieras”.

(4) Y Él tomando un hilo, hacía pasar aquel hilo en torno a mi cabeza, ante los ojos, las orejas, la boca, por el cuello, en suma, toda mi persona, hasta los pies, y después viéndome con una mirada penetrante agregó:

(5) “Cómo es bella mi pequeña hija atada toda por Mí.  Ahora sí que te amaré más, porque el hilo de mi Voluntad no te ha dejado nada que tú puedas hacer, sin constituirse Ella vida de toda tú, y esto te ha agraciado tanto que te ha hecho toda agradable y bella a mis ojos.  Así que mi Voluntad tiene esta virtud y potencia de volver al alma de una belleza tan rara, tan preciosa que ningún otro podrá igualar su belleza, es tan fascinante que atrae mis ojos y los ojos de todos a mirarla y a amarla”.

(6) Dicho esto me encontré en mí misma, confortada y reforzada, sí, pero sumamente amargada pensando en cuándo regresaría, y que ni siquiera le había dicho una palabra de mi duro estado.  Luego, me puse a fundirme en su Santísimo Querer, y mi amable Jesús ha salido de dentro de mi interior y formaba en torno a mí una nube de luz, y Jesús apoyaba sus brazos sobre esa nube y miraba a todo el mundo; todas las criaturas se han hecho presentes ante su mirada purísima, y, ¡oh! cuántas ofensas de todas clases de personas herían a mi dulce Jesús, cuántas intrigas, cuántos engaños y fingimientos, cuántas maquinaciones de revoluciones, estando listas para iniciarse con incidentes imprevistos.  Y esto atraía los castigos, tales que ciudades enteras quedaban destruidas.  Mi Jesús apoyado en aquella nube de luz, movía la cabeza y quedaba amargado hasta lo más íntimo del corazón, y volteándose hacia mí me ha dicho:

(7) “Hija mía, mira el estado del mundo, es tan grave que sólo a través de esta nube de luz puedo mirarlo, y si lo quisiera mirar fuera de esta nube lo destruiría en gran parte, ¿pero sabes tú qué cosa es esta nube de Luz?  Es mi Voluntad obrante en ti, y tus actos hechos en Ella; por cuantos más actos haces en Ella, tanto más grande se hace esta nube de luz que me sirve de apoyo, y para hacerme mirar con aquel amor con el cual mi Voluntad creó al hombre, Ella pone un encanto a mis amorosas pupilas y haciéndome presente todo lo que hice por su amor, me hace nacer en el corazón una Voluntad de compasión y me hace terminar con compadecer a quien tanto amo.  Y a ti esta nube de luz te sirve en modo maravilloso, te sirve de luz a todo tu ser, se pone en torno a ti y te hace extraña la tierra, no permite que entre en ti ningún gusto de personas o de otras cosas, aun inocentes, y poniéndote también a ti un dulce encanto a tus pupilas, te hace ver las cosas según la verdad y como las ve tu Jesús.  Si te ve débil, esta nube se te estrecha en torno y te da su fuerza; si te ve inactiva, entra en ti y se hace obrante, es más, celosa sumamente de su luz, también es la centinela para que no hagas nada sin Ella y que Ella nada haga sin ti.  Entonces hija mía, ¿por qué tanto te afliges?  Deja que mi Voluntad haga en ti y que  no le conceda ningún acto de vida a tu voluntad, si quieres que se cumplan en ti mis grandes designios”.

 

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17-37

Abril 15, 1925

 

La misión  de la Divina Voluntad es eterna, y es

propiamente la misión de nuestro Padre Celestial.

 

(1) Escribo sólo por obedecer y con gran repugnancia.  Habiendo leído un santo sacerdote mis escritos, me había mandado a decir que en ciertos capítulos el bendito Jesús me exaltaba demasiado, hasta llegar a decirme que me ponía cercana a su Mamá Celestial para que fuese mi modelo.  Al oír esto me he sentido confundida y turbada, recordaba haberlo escrito sólo por obedecer y con suma repugnancia, ya que estaba ligada a la misión de hacer conocer la Divina Voluntad, y me lamentaba con mi Jesús por haberme dicho esto, mientras que yo soy tan mala, y que sólo Él sabe todas mis miserias.  Esto me confundía y me humillaba tanto, que no podía estar en paz; sentía tal distancia entre yo y la Madre Celestial, como si hubiera un abismo de distancia entre yo y Ella.  Entonces, mientras me encontraba tan turbada, mi amable Jesús ha salido de dentro de mi interior y estrechándome fuerte entre sus brazos, para infundirme la paz me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿por qué te turbas tanto?  ¿No sabes tú que la paz es la sonrisa del alma, es el cielo azul y sereno donde el Sol Divino hace refulgir más vívida su luz, tanto, que ninguna nube puede aparecer en el horizonte y ocultar la luz?  La paz es el rocío benéfico que vivifica todo y adorna al alma de una belleza raptora, y atrae el beso continuo de mi Querer sobre ella.  Y además, ¿qué cosa hay que se oponga a la verdad?  ¿Dónde está ese exaltarte demasiado?  Sólo porque te dije que te ponía junto a mi Divina Madre, porque habiendo sido Ella la depositaria de todos los bienes de la Redención y como Madre mía, como Virgen, como Reina, la ponía a la cabeza de todos los redimidos, dándole una misión distinta, única y especial, que a ningún otro le será dada, los mismos apóstoles y toda la Iglesia de Ella dependen y de Ella reciben, no hay bien que Ella no posea, todos los bienes salen de Ella, era justo que como mi Madre, debía confiar a su corazón materno todo y a todos, abrazar todo, y poder dar todo a todos, esta misión era sólo de mi Madre.  Ahora te repito, que así como a mi Mamá Yo la ponía a la cabeza de todos y ponía en Ella todos los bienes de la Redención, así escogía a otra virgen, a la cual la ponía junto a mi Madre, dándole la misión de hacer conocer mi Divina Voluntad.  Y si grande es la Redención, más grande aún es mi Voluntad; y así como en la Redención hubo un principio en el tiempo, no en la eternidad, así mi Voluntad Divina, si bien eterna, debía tener su principio en el tiempo para hacerse conocer, por tanto, siendo mi Voluntad que existe en el Cielo y en la tierra, y siendo la sola, la única que posee todos los bienes, debía escoger una criatura en la cual debía confiar el depósito de sus conocimientos, como a una segunda madre hacerle conocer los méritos, el valor, las prerrogativas, a fin de que la amase y celosa conservara el depósito; y así como mi Madre Celestial, verdadera depositaria de los bienes de la Redención, es magnánima en darlos a quien los quiera, así esta segunda madre será magnánima en hacer conocer a todos el depósito de mis enseñanzas, su santidad, y el bien que quiere dar mi Divina Voluntad, cómo Ella vive desconocida en medio de las criaturas y cómo desde el principio de la creación del hombre Ella suspira, ruega y suplica que el hombre regrese a su principio, esto es en mi Voluntad, y que le sean restituidos los derechos de su soberanía sobre las criaturas.  Mi Redención fue una y me serví de mi amada Madre para cumplirla; mi Voluntad es también una y me debía servir de otra criatura, que poniéndola como a la cabeza y haciendo en ella el depósito, me debía servir para hacer conocer mis enseñanzas y cumplir los designios de mi Divina Voluntad.  Por tanto, ¿dónde está ese exaltarte demasiado?  ¿Quién puede negar que sean dos misiones únicas y similares, la Redención y el cumplimiento de mi Voluntad, que dándose la mano las dos, mi Voluntad hará completar los frutos de la Redención y restituirnos los derechos de la Creación, poniendo en ella el sello a la finalidad por la cual todas las cosas fueron creadas?  Por eso nos interesa tanto este conocimiento de la misión de nuestra Voluntad, porque ninguna otra hará tanto bien a las criaturas como ésta, será como cumplimiento y corona de todas nuestras obras.

(3) Además de esto, se dice de David que fue imagen mía, tanto, que todos sus salmos revelan mi Persona; de San Francisco de Asís, que fue una copia fiel mía.  En el santo evangelio se dice, ni más ni menos, sean perfectos como perfecto es vuestro Padre que está en los Cielos; se añade también que ninguno entrará en el reino de los Cielos si no es similar a la imagen del Hijo de Dios, y tantas otras cosas.  De todos estos no se dice que han sido exaltados demasiado, y que no son cosas conforme a la verdad dicha por mi misma boca; ahora, sólo porque he dicho que a ti te quería comparar a la Virgen, hacerte su copia fiel, ¿te he exaltado demasiado?  Así que, comparada a Mí no era exaltarte, ni tenían dudas ni dificultades, comparándote a la Virgen es demasiada exaltación.  Esto significa que no han comprendido bien la misión del conocimiento de mi Voluntad; más bien te repito que no sólo te pongo como pequeña hija junto a Ella en su regazo materno a fin de que te guíe, te enseñe cómo debes imitarla para llegar a ser su copia fiel con hacer siempre la Divina Voluntad, y así de su regazo pasar al regazo de la Divinidad, porque la misión de mi Voluntad es eterna, y es propiamente la misión de Nuestro Padre Celestial, que no quiere otra cosa, sino que ordena, exige que su Voluntad se conozca y se ame a fin de que se haga como en el Cielo así en la tierra.  Así tú, haciendo tuya esta misión eterna e imitando al Padre Celestial, no debes querer otra cosa sobre ti y sobre de todos, sino que mi Voluntad sea conocida, amada y cumplida.  Y además, cuando la criatura se exalta a sí misma, hay mucho qué pensar, pero cuando ella está en su lugar y Yo la exalto, a Mí todo me es lícito, de hacer llegar a donde quiero y como quiero, por eso fíate de Mí y no te preocupes”.

 

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17-38

Abril 23, 1925

 

Dios al crear al hombre, con su aliento le infundía la vida, y en esta vida

le infundía una inteligencia, memoria y voluntad para ponerlo en

relación con su Divina Voluntad, y Ésta debía dominar todo el

interior de la criatura y dar vida a todo.

 

(1) Me estaba fundiendo según mi costumbre en el Santo Querer Divino, y mi dulce Jesús haciéndose sentir en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, ven en la inmensidad de mi Querer, todo el Cielo y todas las cosas creadas por Mí, viven y reciben vida continua de mi Querer, en el cual encuentran su completa gloria, su plena felicidad y su perfecta belleza, y esperan con ansia el beso del alma viadora que vive en el mismo Querer en el cual ellas viven, para corresponderle su beso y poner en común con ella la gloria, la felicidad, la belleza que ellas poseen, a fin de que otra criatura se agregue a su número, que me dé la gloria completa, por cuanto a criatura es posible, y me haga mirar la tierra con aquel amor con el cual la creé, porque existe en la tierra un alma que obra y vive en mi Voluntad.  Sabiendo el Cielo que ninguna otra cosa me glorifica tanto como un alma que vive en mi Voluntad, por eso también suspiran que mi Querer viva en las almas en la tierra; así que cada acto que hace la criatura en mi Voluntad, es un beso que da y recibe de Aquél que la creó y de todos los bienaventurados.  ¿Pero sabes tú qué cosa es este beso?  Es la transformación del alma con su Creador, es la posesión de Dios en el alma y del alma en Dios, es el crecimiento de la Vida Divina en el alma, es la armonía de todo el Cielo y es el derecho de la supremacía sobre todas las cosas creadas.  El alma purificada por mi Voluntad, gracias al aliento omnipotente que le viene infundido por Dios, no más da náusea por la voluntad humana, y por lo tanto Dios continúa infundiéndole su aliento omnipotente, a fin de que crezca con esa Voluntad con la cual la creó; mientras que el alma que no haya sido aún purificada siente el atractivo de su voluntad, y por lo tanto obra contra la Voluntad de Dios haciendo la suya; Dios no puede acercarse a ella para infundirle su aliento de nuevo, hasta en tanto que no se da toda al ejercicio y cumplimiento de la Divina Voluntad.  Por eso tú debes saber que Dios al crear al hombre con su aliento le infundía la vida, y en esta vida le infundía una inteligencia, memoria y voluntad, para ponerla en relación con la suya, y esta Voluntad Divina debía ser como rey que debía dominar todo el interior de la criatura y dar vida a todo, en modo de formar la inteligencia y la memoria querida por la Voluntad Suprema en ella; formada ésta, era como connatural que el ojo de la criatura debía mirar las cosas creadas y conocer en ellas el orden y la Voluntad de Dios sobre todo el universo, el oído debía oír los prodigios de esta eterna Voluntad, la boca debía sentirse infundir continuamente el aliento de su Creador para comunicarle la Vida y los bienes que contiene su Querer, su palabra debía hacer eco a aquel Fiat eterno para narrar lo que significa Voluntad de Dios, las manos debían ser el desahogo de las obras de esta Voluntad Suprema, los pies no debían hacer otra cosa que seguir paso a paso los pasos de su Creador.  Así que establecida la Voluntad Divina en la voluntad de la criatura, ella tiene el ojo, el oído, la boca, las manos, los pies de mi Voluntad, no se separa jamás del principio de donde salió, por lo tanto está siempre en mis brazos, y le resulta fácil a ella sentir mi aliento, y a Mí el infundírselo.  Ahora, es precisamente esto lo que quiero de la criatura, que haga reinar mi Voluntad en la suya, y que la suya le sirva de habitación para hacerla depositar en ella los bienes celestiales que contiene.  Esto quiero de ti, a fin de que todos tus actos, sellados por mi Voluntad, formen un acto solo, que uniéndose a ese acto único de mi Voluntad, que no tiene multiplicidad de actos como es en el hombre, queden tus actos en ese principio eterno para copiar a tu Creador y darle la gloria y el contento de que su Querer sea cumplido en ti como se cumple en el Cielo”.

 

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17-39

Abril 26, 1925

 

El bien que harán los escritos acerca de la Divina Voluntad.

Jesús y su Voluntad son inseparables, y Ésta vuelve inseparable

de Jesús a quien se deja dominar por Ella.

 

(1) Estaba pensando entre mí en ciertas cosas sobre la Voluntad de Dios, que el buen Jesús me había dicho y que las han publicado, y en consecuencia corren entre manos de quien las quiere leer.  Sentía tal vergüenza en mí que me daba una pena indescriptible y decía:

(2) “Amado bien mío, ¿cómo has permitido esto?  Nuestros secretos, que por obedecer he escrito y sólo por amor tuyo, están ya a la vista de los demás, y si continúan publicando otras cosas yo me moriré de vergüenza y de pena.  Y después de todo esto, como premio a mi duro sacrificio me has tan dolorosamente dejado.  ¡Ah! si Tú hubieras estado conmigo habrías tenido piedad de mi pena y me habrías dado la fuerza”.

(3) Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, y poniéndome una mano en la frente y otra en la boca, como si quisiera detener tantos pensamientos desconsoladores que me venían, me ha dicho:

(4) “Calla, calla, no quieras ir más allá, no son cosas tuyas sino mías, es mi Voluntad que quiere hacer su camino para hacerse conocer.  Mi Voluntad es más que sol, y para esconder la luz del sol se necesita mucho, más bien es del todo imposible, y si la detienen por un lado, ella supera el obstáculo que le han puesto enfrente, y conduciéndose por otros lados, con majestad hace su camino, dejando confundidos a quienes querían impedir su curso, porque la han visto escapárseles por todas partes sin poderla detener.  Se puede esconder una lámpara, pero el sol jamás; tal es mi Voluntad, más que sol, y quererla tú esconder te resultará imposible.  Por eso calla hija mía, y haz que el Sol eterno de mi Voluntad haga su curso, sea por medio de los escritos, de la publicación, de tus palabras y de tus modos; haz que Ella huya como luz y recorra todo el mundo, Yo lo suspiro, lo quiero.  Y además, ¿qué cosa han hecho salir de las verdades de mi Voluntad?  Se puede decir que apenas los átomos de su luz, y si bien átomos todavía, si supieras el bien que hacen, ¿qué será cuando reunidas todas las verdades que te he dicho de mi Voluntad, la fecundidad de su luz, los bienes que contiene, unidos todos juntos formarán no los átomos, o el sol que despunta, sino su pleno mediodía?  ¿Qué bien no producirá este Sol eterno en medio de las criaturas?  Y Yo y tú estaremos más contentos al ver mi Voluntad conocida, amada y cumplida, por eso déjame hacer.  Y además, no, no es verdad que te haya dejado, ¿cómo, no me sientes en ti?  ¿No oyes el eco de mi oración en tu interior, que abrazo todo y a todos, sin que nadie me escape, porque todas las cosas y todas las generaciones son como un punto solo para Mí, y por todos Yo rezo, amo, adoro y reparo, y tú haciendo eco a mi oración te sientes como si tomaras en un puño a todos y a todo, y repites lo que hago?  ¿Acaso eres tú quien lo hace, o bien tu capacidad?  ¡Ah no, no!  Soy Yo que estoy en ti, es mi Voluntad que te hace tomar como en un puño a todo y a todos y continúa su curso en tu alma.  Y además, ¿quieres tú alguna cosa fuera de mi Voluntad?  ¿Qué temes?  ¿Que pudiera dejarte?  ¿No sabes tú que la señal más cierta de que Yo habito en ti, es que mi Voluntad tenga su lugar de honor, que te domine y que haga de ti lo que quiere?  Yo y mi Voluntad somos inseparables, y vuelve inseparable de Mí a quien se deja dominar por Ella”.

 

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17-40

Mayo 1, 1925

 

La misión de Luisa es única:  El hacer conocer las cualidades, el valor y

el bien que la Divina Voluntad contiene, y hacerla reinar sobre la tierra.

 

(1) Estaba pensando en las tantas cosas que mi amado Jesús me ha dicho sobre su Santísima Voluntad, y una duda me ha venido en el alma, que no es necesario decirla, diré sólo lo que mi sumo Bien me ha dicho:

(2) “Hija mía, en ciertas misiones u oficios van encerrados juntos tales dones, gracias, riquezas y prerrogativas, los cuales, si no fuera por la misión o por ocupación de oficio, no sería necesario que se poseyeran, pero que debido a la necesidad de desempeñar el oficio le han sido dados.  Mi Humanidad tuvo por misión de mi Divinidad la salvación de todas las almas y el oficio de Redentor, de redimirlas, por este oficio me fueron confiadas sus almas, sus penas, sus satisfacciones, así que Yo encerré todo, y si mi Humanidad no hubiera encerrado en Ella un alma, una pena, una satisfacción, el oficio de Redentor no habría estado completo, por lo tanto no habría encerrado en Mí todas las gracias, los bienes, la luz que era necesario dar a cada alma.  Y si bien no todas las almas se salvan, esto dice nada, Yo debía encerrar los bienes de todas, para hacer que por todas tuviera, por parte mía, gracias necesarias y sobreabundantes para poder salvar a todas; esto me convenía por decoro y por justo honor a mi oficio de Redentor.  Esto le sucede al sol que está sobre vuestro horizonte, que contiene tanta luz que puede dar luz a todos, y a pesar que no todos quisieran gozar de su luz, él, por el oficio único de sol que tiene, posee aquella misma luz que las criaturas pudiesen rechazar.  Si esto sucede con el sol porque fue creado por Dios como único astro que debía calentar la tierra y abrazarla con su luz, – cuando una cosa o un oficio es único, para poder desempeñar su oficio es necesario que contenga tanto de aquel bien que pueda darlo a todos, sin que por darlo a los demás agote ni un átomo – mucho más esto me convenía a Mí, que debía ser el nuevo Sol de las almas, que debía con mi luz dar luz a todos y abrazar todo para poderlos llevar a la Majestad Suprema y poderle ofrecer un acto que contuviera todos los actos, y hacer descender sobre todos la luz para ponerlos a salvo.

(3) Además de Mí está mi Celestial Mamá, que tuvo la misión única de Madre del Hijo de Dios y el oficio de Corredentora del género humano.  Como misión de Maternidad Divina fue enriquecida de tanta Gracia, que unido todo junto lo de todas las demás criaturas, celestes y terrestres, jamás podrán igualarla; pero esto no bastó para atraer al Verbo a su seno materno, abrazó a todas las criaturas, amó, reparó, adoró a la Majestad Suprema por todas, de manera de poder hacer Ella sola todo lo que las generaciones humanas debían hacer hacia Dios; entonces en su corazón virginal tenía una vena inagotable hacia Dios y hacia todas las criaturas.  Cuando la Divinidad encontró en esta Virgen la compensación del amor de todos, se sintió raptar y en Ella hizo su Concepción, y al concebirme Ella tomó el oficio de Corredentora y tomó parte y abrazó junto Conmigo todas las penas, las satisfacciones, las reparaciones, el amor materno hacia todos; así que en el corazón de mi Mamá había una fibra de amor materno hacia cada criatura.  Por eso, con verdad y con justicia la declaré, cuando Yo estaba sobre la cruz, Madre de todos.  Ella corría junto Conmigo en el amor, en las penas, en todo, no me dejaba jamás solo; y si el Eterno no le hubiera dado tanta gracia de poder recibir de Ella sola el amor de todos, jamás se habría movido del Cielo para venir a la tierra a redimir al género humano.  He aquí la necesidad, la conveniencia de que debido a la misión de Madre del Verbo tenía que abrazar todo y sobrepasar todo.  Cuando un oficio es único, viene como de consecuencia que nada se le debe escapar, debe tener bajo su mirada todo, para poder dar ese bien que posee, debe ser como un verdadero sol que puede dar luz a todos.  Esto fue de Mí y de mi Mamá Celestial.

(4) Ahora, tu misión de hacer conocer la Voluntad eterna se entrelaza con la mía y con la de mi querida Mamá, y debiendo servir para bien de todos, era necesario concentrar en una criatura este Sol Eterno de mi Querer, para que así, como misión única, pudiera este Sol, desde una criatura, expandir sus rayos para que todos puedan tomar el bien de su luz.  Entonces por decoro y honor de mi Voluntad debía derramar en ti tales gracias, luz, amor y conocimiento de Ella, como precursor y preparativo que convenían a la habitación del Sol de mi Querer.  Es más, tú debes saber que así como mi Humanidad, por el oficio de Redentor concibió en Ella a todas las almas, así tú, por el oficio de hacer conocer y reinar mi Voluntad, mientras vas haciendo tus actos por todos en mi Voluntad, todas las criaturas quedan concebidas en tu voluntad, y conforme vas repitiendo tus actos en la mía, así formas otros tantos sorbos de Vida de Voluntad Divina para poder alimentar a todas las criaturas que en virtud de mi Voluntad quedan como concebidas en la tuya.  ¿No sientes cómo en mi Voluntad tú abrazas a todas, desde la primera hasta la última criatura que deberá existir sobre la tierra, y por todas quisieras satisfacer, amar, complacer a esta Suprema Voluntad, atarla a todas, quitar todos los impedimentos que impiden su dominio en las criaturas, hacerla conocer por todas, y te ofreces tú, aun con penas a satisfacer por todas a esta Voluntad Suprema que tanto ama el hacerse conocer y reinar en las criaturas?  A ti es dado, hija primogénita de mi Divino Querer, el hacer conocer los méritos, el valor, el bien que mi Voluntad contiene y su eterno dolor por vivir desconocida, oculta en medio de las generaciones humanas, más bien, despreciada y ofendida, y puesta a la par de las otras virtudes por los buenos, como si fuese una pequeña linterna, como son las virtudes, y no un Sol como es mi Voluntad.  La misión de mi Voluntad es la más grande que puede existir, no hay bien que de Ella no descienda, no hay gloria que de Ella no me venga, Cielo y tierra, todo concentra, por eso sé atenta y no quieras perder el tiempo, todo lo que te he dicho para esta misión de mi Voluntad era necesario, no por ti sino por el honor, la gloria, el conocimiento y la Santidad de mi Voluntad, y así como mi Querer es uno, a quien debía confiarlo debía ser una, por medio de la cual debía hacer resplandecer sus rayos para hacer bien a todos”.

 

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17-41

Mayo 4, 1925

 

La misión de la Divina Voluntad reflejará a la Santísima

Trinidad en la tierra, y hará que el hombre regrese a su origen.

 

(1) Después de haber escrito lo que está arriba, me he puesto a hacer la adoración a mi crucificado Jesús, fundiéndome toda en su Santísima Voluntad, y mi amado Jesús ha salido de dentro de mi interior, y poniendo su santísimo rostro junto al mío, todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿has escrito todo sobre la misión de mi Voluntad?”

(3) Y yo:   “Sí, sí, he escrito todo”.

(4) Y Él de nuevo:  “Y si te dijera que no has escrito todo, es más, la cosa más esencial la has dejado, por eso vuelve a escribir y agrega:  La misión de mi Voluntad reflejará a la Santísima Trinidad en la tierra; y como en el Cielo están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, inseparables entre Ellos, pero distintos entre Ellos, los cuales forman toda la bienaventuranza del Cielo, así en la tierra habrá tres personas que por su misión serán distintas e inseparables entre ellas:  la Virgen con su Maternidad, que refleja la Paternidad del Padre Celestial y encierra su potencia para cumplir su misión de Madre del Verbo Eterno y Corredentora del género humano; mi Humanidad para la misión de Redentor encerró la Divinidad, y el Verbo sin separarse jamás del Padre y del Espíritu Santo para manifestar mi Sabiduría celestial, agregando el vínculo de hacerme inseparable con mi Mamá; tú, para la misión de mi Voluntad, el Espíritu Santo hará desahogo de su amor manifestándote los secretos, los prodigios de mi Querer, los bienes que contiene para hacer felices a aquellos que querrán conocer cuánto bien contiene esta Voluntad Suprema, para amarla y hacerla reinar entre ellos, ofreciendo sus almas para hacerla habitar en sus propios corazones para poder formar su Vida en ellos, agregando el vínculo de la inseparabilidad entre tú, la Madre y el Verbo Eterno.  Estas tres misiones son distintas e inseparables, y las primeras dos han preparado las gracias, la luz, el trabajo, y penas inauditas para la tercera misión de mi Voluntad, para fundirse ambas en ella, sin dejar su oficio para encontrar reposo, porque sólo mi Voluntad es reposo celestial.  Estas misiones no se repiten, porque es tal y tanta la exuberancia de la gracia, de la luz, del conocimiento, que todas las generaciones humanas podrán quedar llenas, más bien, no podrán contener todo el bien que contienen.  Estas misiones están simbolizadas en el sol, que al crearlo lo llené de tanta luz y calor, de modo que todas las generaciones humanas tienen luz sobreabundante,  y no tuve en cuenta que al principio de la Creación, estando sólo Adán y Eva  que debían gozárselo, hubiera podido poner en el sol una luz que bastase solamente para ellos dos, y conforme debían crecer las generaciones acrecentar nueva luz; no, no, lo hice lleno de luz como es todavía ahora y será.  Mis obras, por decoro y honor de nuestra potencia, sabiduría y amor, son siempre hechas con la plenitud de todo el bien que contienen, no sujetas a crecer o decrecer; así hice con el sol, concentré en él toda la luz que debía servir hasta al último hombre.  ¿Y cuántos bienes no hace el sol a la tierra?  ¿Cuánta gloria en su muda luz no da a su Creador?  Puedo decir que me glorifica y me hace conocer más el sol en su mudo lenguaje, por los inmensos bienes que hace a la tierra, que todas las demás cosas juntas, y esto porque es pleno en su luz y estable en su curso.  Cuando miré el sol que con tanta luz sólo Adán y Eva gozaban, miré también a todos los vivientes, y viendo que esa luz debía servir a todos, mi paterna bondad exultó de alegría y quedé glorificado en mis obras.  Así hice con mi Mamá, la llené de tanta gracia que puede dar gracias a todos sin agotar una sola; así hice con mi Humanidad, no hay bien que no posea, encierra todo, aún a la misma Divinidad, para darla a quien la quiera; así he hecho contigo, he encerrado en ti mi Voluntad, y con Ella me he encerrado a Mí mismo; he encerrado en ti sus conocimientos, sus secretos, su luz; he llenado tu alma hasta el borde, tanto, que lo que escribes no es otra cosa que el desahogo de lo que contienes de mi Voluntad, y a pesar de que ahora te sirve sólo a ti, y algún rayo de luz a alguna otra alma, Yo me contento, porque siendo luz, por sí misma, más que segundo sol se hará camino para iluminar las generaciones humanas y llevar el cumplimiento de nuestras obras, que nuestra Voluntad sea conocida y amada y reine como vida en las criaturas.  Esta fue la finalidad de la Creación, éste su principio, éste será el medio y el fin.  Por eso sé atenta, porque se trata de poner a salvo esa Voluntad Eterna que con tanto amor quiere habitar en las criaturas, pero quiere ser conocida, no quiere estar como extraña, sino quiere dar sus bienes y hacerse vida de cada uno, pero quiere sus derechos, su lugar de honor, quiere que la voluntad humana se ponga a un lado, única enemiga suya y del hombre.  La misión de mi Voluntad fue la finalidad de la creación del hombre.  Mi Divinidad no partió del Cielo, de su trono, pero mi Voluntad no sólo partió, sino que descendió en todas las cosas creadas y ahí formó su Vida.  Pero mientras todas las cosas me reconocieron, y Yo con majestad y decoro en ellas habito, sólo el hombre me arrojó; pero Yo quiero conquistarlo y vencerlo, y por eso mi misión no ha terminado, por eso te he llamado a ti, confiándote mi misma misión, a fin de que pongas en el regazo de mi Voluntad al que me arrojó, y todo me regrese en mi Querer.  Por eso no te asombres por cuantas cosas grandes y maravillosas pueda decirte para esta misión, por cuantas gracias pueda hacerte, porque no se trata de hacer un santo, de salvar a las generaciones, sino se trata de poner a salvo una Voluntad Divina, que todos regresen al principio, al origen del cual todos salieron, y que la finalidad de mi Voluntad tenga su cumplimiento”.

 

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17-42

Mayo 10, 1925

 

Diversos modos de fundirse en el Divino Querer.  En la Divina

Voluntad está el vacío de los actos humanos que se deben hacer en Ella.

 

(1) Escribo sólo por obedecer y hago una mezcla de cosas pasadas y de cosas presentes.  Muchas veces en mis escritos digo:  “Me estaba fundiendo en el Santo Querer Divino”, pero no explico más.  Ahora, obligada por la obediencia digo lo que me sucede en este fundirme.  Mientras me fundo en Él, frente a mi mente se hace presente un vacío inmenso, todo de luz, en el cual no se encuentra hasta dónde llega la altura, ni dónde llega la profundidad, ni los confines a la derecha ni a la izquierda, ni enfrente ni atrás.  En medio de esta inmensidad, en un punto altísimo me parece ver a la Divinidad, o bien las Tres Divinas Personas que me esperan, pero esto siempre mentalmente, y yo, no sé cómo, pero una pequeña niña sale de mí, pero soy yo misma, tal vez es la pequeña alma mía, pero es conmovedor ver a esta pequeña niña ponerse en camino en este vacío inmenso, toda sola, que camina tímida, de puntitas, con los ojos siempre dirigidos adonde ve a las Tres Divinas Personas, porque teme que si baja la mirada a ese vacío inmenso no sabe a qué punto irá a terminar.  Toda su fuerza está en la mirada fija en lo alto, que siendo correspondida con la mirada de la Alteza Suprema, toma fuerzas en el camino.  Ahora, cuando llega frente a Ellas, se postra con la cara al vacío para adorar a la Majestad Divina, pero una mano de las Divinas Personas levanta a la pequeña niña y Ellas le dicen:

(2) “Nuestra hija, la pequeña hija de nuestra Voluntad, ven en nuestros brazos”.

(3) Y ella al oír esto se pone en fiesta y pone en fiesta a las Tres Divinas Personas, que esperan el desempeño de su oficio que le han confiado, y ella con una gracia propia de niña dice:

(4) “Vengo a adoraros, a bendeciros, a agradeceros por todos, vengo a atar a vuestro trono todas las voluntades humanas de todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, a fin de que todos reconozcan vuestra Voluntad Suprema, la adoren, la amen y le den vida en sus almas.  Majestad Suprema, en este vacío inmenso están todas las criaturas, y yo quiero tomarlas todas para ponerlas en vuestro Santo Querer, a fin de que todas regresen al principio del cual salieron, es decir, a vuestra Voluntad, por eso he venido en vuestros brazos paternos para traeros a todos vuestros hijos, mis hermanos, y atarlos todos con vuestra Voluntad, y yo a nombre de todos y por todos, quiero repararos y daros el homenaje y la gloria, como si todos hubieran hecho vuestra Santísima Voluntad.  Pero ¡ah! os ruego que ya no haya más separación entre Voluntad Divina y humana, es una pequeña niña la que esto os pide, y a los pequeños yo sé que Vosotros no sabéis negar nada”.

(5) Pero quién puede decir todo, sería demasiado largo, además me faltan las palabras para expresar lo que digo frente a la Majestad Suprema, me parece que aquí en el bajo mundo no se usa el lenguaje de aquel vacío inmenso.

(6) Otras veces, mientras me fundo en el Querer Divino y aquel vacío inmenso se hace presente a mi mente, giro por todas las cosas creadas e imprimo en ellas un te amo para la Majestad Suprema, como si yo quisiera llenar toda la atmósfera de tantos ‘te amo’ para corresponder al Amor Supremo por tanto amor hacia las criaturas, es más, giro por cada pensamiento de criatura e imprimo en ellos mi ‘te amo’, por cada mirada y dejo en ellas mi ‘te amo’, por cada boca, y en cada palabra sello en ella mi ‘te amo’, por cada latido, obra y paso y los cubro con mi ‘te amo’ a mi Dios, desciendo hasta allá abajo, en el mar, en el fondo del océano, y en cada serpenteo de pez, en cada gota de agua, los quiero llenar de mi ‘te amo’.  Después de que por todas partes, como si sembrara mi ‘te amo’, la pequeña niña va ante la Majestad Divina y como si quisiera darle una sorpresa dice:

(7) “Mi Creador y Padre mío, mi Jesús y mi eterno amor, mira, todas las cosas por parte de todas las criaturas os dicen que os aman, por todas partes está el ‘te amo’ para Vosotros, Cielo y tierra están llenos; ¿y Vosotros no concederéis a la pequeña niña que vuestra Voluntad descienda en medio de las criaturas, que se haga conocer, que haga paz con la voluntad humana, y tomando su justo dominio, su lugar de honor, ninguna criatura haga más su voluntad, sino siempre la Vuestra?”

(8) Otras veces, mientras me fundo en el Divino Querer, quiero dolerme de todas las ofensas hechas a mi Dios, y retomando mi giro en aquel vacío inmenso para encontrar todo el dolor que mi Jesús tuvo por todos los pecados, lo hago mío y giro por todos lados, en los lugares más recónditos y secretos, en los lugares públicos, sobre todos los actos humanos malos para dolerme por todas las ofensas y por cada pecado, siento que quisiera gritar a cada movimiento de la criatura:  “Dolor, perdón”.  Y para hacer que todos lo oigan lo imprimo en el rumor del trueno, a fin de que truene en todos los corazones:  “Dolor por haber ofendido a mi Dios; perdón en el estallido del rayo; dolor en el silbido del viento; dolor, perdón en el tintineo de las campanas; dolor y perdón, en suma en todo”.  Luego llevo a mi Dios el dolor de todos e imploro perdón por todos y digo:  “Gran Dios, haced descender vuestra Voluntad a la tierra, a fin de que el pecado no tenga más lugar.  Es la voluntad humana la que produce tantas ofensas que parece que inunda toda la tierra de pecados; vuestra Voluntad será la que destruya todos los males, por eso os pido que contentéis a la pequeña hija de vuestra Voluntad, que no quiere otra cosa que vuestra Voluntad sea conocida y amada y reine en todos los corazones”.

(9) Recuerdo que un día estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino, y yo miraba el cielo que llovía a cántaros y sentía gusto al ver caer el agua a la tierra; y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior, con amor y ternura indecibles me decía:

(10)“Hija mía, en esas gotas de agua que ves descender del cielo está mi Voluntad, Ella corre rápidamente junto con el agua, va para quitar la sed a las criaturas, para descender en las vísceras humanas, en sus venas, para refrescarlas y constituirse vida de las criaturas y llevarles mi beso, mi amor; va para regar la tierra, para fecundarla y prepararles el alimento; va para tantas otras necesidades de ellas.  Mi Voluntad quiere tener Vida en todas las cosas creadas para dar vida celestial y natural a todas las criaturas.  Pero Ella, mientras va como en fiesta, llena de amor hacia todas, no recibe la adecuada correspondencia y queda como en ayunas por parte de las criaturas.  Hija mía, tu voluntad fundida en la mía corre también en esa agua que llueve del cielo, corre junto dondequiera que Ella va, no la dejes sola y dale la correspondencia de tu amor, y por todos”.

(11) Pero mientras esto decía, mis ojos quedaban encantados, no los podía apartar de dentro del agua que llovía, mi voluntad corría junto, veía en aquella agua las manos de mi Jesús, multiplicadas en tantas, para llevar con sus manos el agua a todos.  ¿Quién puede decir lo que sentía en mí?  Lo puede decir sólo Jesús, que es el autor.  ¿Pero quién puede decir los tantos modos de fundirme en su Santísimo Querer?  Por ahora basta, si Jesús quiere que siga me dará las palabras y la gracia de decir más, y yo seguiré escribiendo.

(12) Además de esto, decía a mi Jesús:  “Dime amor mío, ¿qué cosa es este vacío que se presenta ante mi mente cuando me fundo en tu Santísima Voluntad?  ¿Quién es esta niña que sale de mí y por qué siente una fuerza irresistible de ir ante tu trono para depositar sus pequeños actos en el regazo divino, como para hacerle fiesta?”  Y mi dulce Jesús, todo bondad me ha dicho:

(13) “Hija mía, el vacío es mi Voluntad puesta a tu disposición, que debería llenarse de tantos actos por cuantos las criaturas hubieran hecho si hubiesen cumplido nuestra Voluntad.  Este vacío inmenso que tú ves, que representa nuestra Voluntad, salió de nuestra Divinidad a bien de todos en la Creación para hacer feliz todo y a todos, por lo tanto era como consecuencia que todas las criaturas debían llenar este vacío con la correspondencia de sus actos y con la donación de su voluntad a su Creador, y no habiéndolo hecho se hace la ofensa más grave, por eso te llamamos a ti con misión especial, para que seamos resarcidos y correspondidos de lo que los demás nos debían, y esta es la causa por la cual primero te dispusimos con una larga cadena de gracias y después te preguntamos si querías hacer vida en nuestra Voluntad, y tú aceptaste con un ‘sí’, atando tu voluntad a nuestro trono sin quererla conocer más, porque voluntad humana y Divina no se reconcilian ni pueden vivir juntas; entonces, aquel ‘sí’, o sea tu voluntad, existe fuertemente atado a nuestro trono, he aquí por qué tu alma, como pequeña niña es atraída ante la Majestad Suprema, porque está tu querer delante a Nosotros, que como imán te atrae, y tú en vez de mirar tu voluntad te ocupas sólo de llevar a nuestro regazo todo lo que has podido hacer en nuestra Voluntad, y depositas en nuestro seno nuestra misma Voluntad como el homenaje más grande que a Nosotros nos conviene y la correspondencia más agradable a Nosotros.  Entonces, el no tomar en cuenta a tu voluntad, y el solo Querer nuestro que vive en ti, nos pone en fiesta; tus pequeños actos hechos en nuestro Querer nos traen las alegrías de toda la Creación, así que parece que todo nos sonríe y nos hace fiesta; y al verte descender de nuestro trono sin ni siquiera mirar tu voluntad, llevándote la Nuestra, es para Nosotros la alegría más grande, por eso te digo siempre, sé atenta a nuestro Querer, porque en Él hay mucho qué hacer, y mientras más hagas, más fiesta nos darás y nuestro Querer se verterá a torrentes en ti y fuera de ti”.

 

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17-43

Mayo 17, 1925

 

Continúa diciendo otros modos de fundirse en la Divina Voluntad,

para dar la correspondencia a nombre de todos de amor y gloria

por la obra de la Creación, de la Redención y de la Santificación.

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(1) Habiendo hecho oír al confesor lo que está escrito antes, con fecha 10 de Mayo, no ha quedado contento y me ha impuesto seguir escribiendo acerca del modo de fundirme en el Santo Querer Divino; y yo, sólo por obedecer y por temor de que mi Jesús pudiera mínimamente disgustarse, comienzo nuevamente:  “Agrego que mientras se presenta a mi mente aquel vacío inmenso al fundirme en el Supremo Querer, la pequeña niña continúa su giro, y elevándose en alto quiere corresponder a su Dios por todo el amor que tuvo por todas las criaturas en la Creación, quiere honrarlo como Creador de todas las cosas, por eso gira por las estrellas y en cada centelleo de luz imprime mi ‘te amo y gloria a mi Creador’; en cada átomo de luz del sol que desciende a lo bajo, ‘te amo y gloria’; en toda la extensión de los cielos, entre la distancia de un paso al otro, mi ‘te amo y gloria’; en el trinar del pájaro, en el movimiento de sus alas, ‘amor y gloria a mi Creador’; en el hilo de hierba que despunta de la tierra, en la flor que se abre, en el perfume que se eleva, ‘amor y gloria’; en la altura de los montes y en la profundidad de los valles, ‘amor y gloria’.  Giro por cada corazón de criatura, como si me quisiera encerrar dentro, y gritar dentro a cada corazón mi ‘te amo y gloria a mi Creador’; quisiera que uno fuese el grito, una la voluntad, una la armonía de todas las cosas:  ‘Gloria y amor a mi Creador’; y después, como si hubiera reunido todo junto, de manera que todo diga correspondencia de amor y testimonio de gloria por todo lo que Dios ha hecho en la Creación, me transporto a su trono y le digo:  ‘Majestad Suprema y Creador de todas las cosas, esta pequeña niña viene en vuestros brazos para deciros que toda la Creación, a nombre de todas las criaturas, os da no sólo la correspondencia del amor, sino la de la justa gloria por tantas cosas creadas por Vosotros por amor nuestro.  En vuestra Voluntad, en este vacío inmenso, he girado por todas partes, a fin de que todas las cosas os glorifiquen, os amen y os bendigan, y ya que he puesto en relación el amor entre Creador y criatura, que la voluntad humana había roto, y la gloria que todos os debían, haced descender vuestra Voluntad a la tierra, a fin de que vincule, reafirme todas las relaciones entre Creador y criatura, y así todas las cosas retornarán al orden primero, establecido por Vosotros; por eso hacedlo pronto, no tardéis más, ¿no veis cómo está llena de males la tierra?  Sólo vuestra Voluntad puede detener esta corriente, puede ponerla a salvo, pero vuestra Voluntad conocida y dominadora”.

(2) Entonces, después de esto siento que mi oficio no está completo, por eso desciendo a lo bajo de ese vacío para corresponder a mi Jesús por la obra de la Redención, y como si encontrase en acto todo lo que Él hizo, quiero darle mi correspondencia de todos los actos que deberían haber hecho todas las criaturas si lo hubieran esperado y recibido en la tierra, y después, como si me quisiera transformar toda en amor por Jesús, vuelvo a mi estribillo y digo:  “Te amo en el acto de descender del Cielo e imprimo mi ‘te amo’ en el acto en que fuiste concebido, ‘te amo’ en la primera gota de sangre que se formó en tu Humanidad, ‘te amo’ en el primer latido de tu corazón, para sellar todos tus latidos con mi ‘te amo’; ‘te amo’ en tu primer respiro, ‘te amo’ en tus primeras penas, ‘te amo’ en tus primeras lágrimas que derramaste en el seno materno; quiero corresponder tus oraciones, tus reparaciones, tus ofrecimientos con mi ‘te amo’, cada instante de tu Vida lo quiero sellar con mi ‘te amo’; ‘te amo’ en tu nacimiento, ‘te amo’ en el frío que sufriste, ‘te amo’ en cada gota de leche que chupaste de tu Mamá; intento llenar con mis ‘te amo’ los pañales con los que tu Mamá te envolvió; extiendo mi ‘te amo’ sobre de aquella tierra en la cual tu querida Mamá te recostó en el pesebre, y tus ternísimos miembros sintieron la dureza del heno, pero más que heno la dureza de los corazones; mi ‘te amo’ en cada gemido tuyo, en todas tus lágrimas y penas de tu infancia; hago correr mi ‘te amo’ en todas las relaciones, comunicaciones y amor que tuviste con tu Mamá; ‘te amo’ en todas las palabras que dijiste, en el alimento que tomaste, en los pasos que diste, en el agua que bebiste; ‘te amo’ en el trabajo que hiciste con tus manos; ‘te amo’ en todos los actos que hiciste en tu vida oculta; sello mi ‘te amo’ en cada acto interior tuyo y penas que sufriste; extiendo mi ‘te amo’ sobre aquellos caminos que recorriste, en el aire que respiraste, en todas las predicaciones que hiciste en tu Vida pública; mi ‘te amo’ corre en la potencia de los milagros que hiciste, en los Sacramentos que instituiste, en todo oh mi Jesús, aun en las fibras más íntimas de tu corazón imprimo mi ‘te amo’ por mí y por todos.  Tu Querer me hace todo presente, y yo nada quiero dejarte en que no esté impreso mi ‘te amo’; tu pequeña hija de tu Querer siente el deber, de que si otra cosa no sabe hacer, al menos tengas un pequeño ‘te amo’ mío por todo lo que has hecho por mí y por todos.  Por eso mi ‘te amo’ te sigue en todas las penas de tu Pasión, en todos los escupitajos, desprecios e insultos que te hicieron; mi ‘te amo’ sella cada gota de tu sangre que derramaste, cada golpe que recibiste, en cada llaga que se formó en tu cuerpo, en cada espina que traspasó tu cabeza, en los dolores acerbos de la crucifixión, en las palabras que pronunciaste sobre la cruz, hasta en tu último respiro intento imprimir mi ‘te amo’; quiero encerrar toda tu Vida, todos tus actos con mi ‘te amo’; por todas partes quiero que Tú toques, que veas, que oigas mi continuo ‘te amo’.  Mi ‘te amo’ no te dejará jamás, tu mismo Querer es la vida de mi ‘te amo’.

(3) ¿Pero sabes qué quiere esta pequeña niña?  Que ese Querer Divino que tanto amaste e hiciste en toda tu Vida sobre la tierra, se haga conocer a todas las criaturas, a fin de que todas lo amen y cumplan tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra; quiere vencerte en amor, a fin de que des tu Voluntad a todas las criaturas.  ¡Ah! haz feliz a esta pobre pequeña que no quiere otra cosa que lo que quieres Tú, que tu Voluntad sea conocida y reine sobre la tierra.

(4) Ahora, creo que la obediencia quedará en algún modo contenta; es cierto que en muchas cosas he debido hacer saltos, de otra manera no acabaría jamás.  El fundirme en el Supremo Querer es para mí como una fuente que brota, y cada pequeña cosa que oigo, que veo, una ofensa hecha a mi Jesús, me es ocasión de nuevos modos y nuevas fusiones en su Santísima Voluntad.  Ahora continúo con decir que mi dulce Jesús me ha dicho:

(5) “Hija mía, a lo que has dicho sobre el fundirte en mi Querer se le necesita dar otro nombre, cual es el de fundirte en el orden de la gracia, en todo lo que ha hecho y hará el Santificador a los santificantes, el Cual es el Espíritu Santo.  Mucho más, pues si la Creación se atribuye al Padre, mientras estamos siempre unidas las Tres Divinas Personas en el obrar, la Redención al Hijo, el Fiat Voluntas Tua se atribuirá al Espíritu Santo; y es propiamente en el Fiat Voluntas Tua que el Divino Espíritu hará desahogo de su obra.  Tú lo haces cuando viniendo ante la Suprema Majestad dices:  ‘Vengo a corresponder en amor a todo lo que hace el Santificador a los santificantes, vengo a entrar en el orden de la gracia para poderos dar la gloria y la correspondencia del amor como si todos se hubiesen hecho santos, y a repararos por todas las oposiciones, las incorrespondencias a la gracia’.  Y por cuanto está en ti, buscas en nuestra Voluntad los actos de la gracia del Espíritu Santificador, para hacer tuyo su dolor, sus gemidos secretos, sus suspiros angustiosos en el fondo de los corazones al verse tan mal acogido; y como el primer acto que hace es llevar nuestra Voluntad como acto completo de su santificación, al verse rechazado gime con gemidos inenarrables, y tú en tu infantil sencillez le dices:  ‘Espíritu Santificador, hazlo pronto, os suplico, os imploro, haced conocer a todos vuestra Voluntad, a fin de que conociéndola la amen y acojan vuestro primer acto de su santificación completa, el cual es la Santa Voluntad vuestra’.  Hija mía, las Tres Divinas Personas somos inseparables y distintas, así queremos manifestar a las generaciones humanas nuestras obras hacia ellas, que mientras estamos unidos entre Nosotros, cada uno de Nosotros quiere manifestar distintamente su amor y su obra hacia las criaturas”.

 

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17-44

Mayo 21, 1925

 

Voluntad Divina y humana son los más fieros enemigos.  El vivir en

el Divino Querer es no dejar jamás solo a su Creador, admirar todas

sus obras y darle a sus grandes actos, los pequeños actos de las criaturas.

 

(1) Estaba pensando entre mí, y casi me lamentaba con mi amable Jesús, de que algunas veces actúa de modo que viene y me hace sufrir en la presencia del confesor, y por cuanto yo haga por resistir y no caer en ese estado de pérdida de los sentidos y de penas, me resulta imposible.  Y le digo a Jesús:  “Amor mío, hubo tiempo esta noche, hay tiempo hoy de que vengas y me hagas sufrir, pero ahora que está el confesor déjame libre y después harás lo que quieras, estaré a tu disposición”.  Pero qué, en vano es decirlo, una fuerza irresistible me sorprende y me pone en un estado como si estuviera muriendo; por eso me lamentaba de esto con Jesús y le rogaba que no lo permitiera, y Él, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, si esto lo permito es por la firmeza del confesor que no cesa de pedirme que te haga sufrir, siempre con la finalidad de mi gloria y de aplacarme.  Si Yo no concurriera quedaría deshonrado en ti, y harías poner en duda las verdades que te he manifestado, tanto sobre mi Voluntad cuanto sobre las virtudes.  Se diría:  ¿Dónde está la obediencia de la víctima, en la que debe ser transmutada aun la misma naturaleza en la obediencia dada?  Así que tú quisieras deshonrarme y hacer creer que no soy Yo  quien te habla y quien obra en ti.

(3) Además de esto, tú debes saber que para confiarte a ti la misión de mi Voluntad, si no te quité la mancha original como hice con mi amada Mamá, te quité el incentivo de la concupiscencia y el germen de la corrupción, porque convenía al decoro y a la Santidad de mi Voluntad que no tomara puesto en una voluntad y naturaleza corrompida; habrían sido como nubes frente al Sol de mi Querer, y los conocimientos de Él, como rayos, no habrían penetrado y tomado posesión de tu alma.  Ahora, estando mi Voluntad en ti, contigo está ligado todo el Cielo, la Virgen Santísima, todos los santos y ángeles, porque Ella es vida de cada uno de ellos; por eso, cuando tú titubeas, aun mínimamente, o reflexionas si debes o no aceptar, Cielo y tierra se sienten sacudir desde sus cimientos, porque esa Voluntad que es vida de todos, y que por su suma bondad suya quiere reinar en ti como en el Cielo, no tiene su pleno dominio ni su justo honor.  Por eso te recomiendo que no llames más a vida a tu querer si quieres que tu Jesús quede honrado en ti, y mi Voluntad quede con su pleno dominio”.

(4) Yo he quedado espantada al oír el gran mal que hago sólo al reflexionar si debo o no ceder a lo que Jesús quiere de mí, aunque después termino siempre con ceder, ¿qué será si, jamás sea, no cediera?  Y me sentía angustiada temiendo que pudiera suceder esto, y mi amable Jesús teniendo compasión de mi angustia, que me oprimía al temer que, nunca lo sea, no hiciera siempre su Santísima Voluntad, ha regresado y me ha dicho:

(5) “Hija mía, ánimo, no temas, por eso te lo he dicho y te lo he hecho ver, cómo todo el Cielo está ligado a esa mi Voluntad que reina en ti, a fin de que jamás cedas a tu voluntad, porque Voluntad Divina y humana son los más fieros enemigos entre ellas, y como la Voluntad Divina es la más fuerte, la más santa, la más inmensa, conviene que el enemigo, la voluntad humana, esté bajo sus pies y sirva de escabel a la Voluntad Divina.  Porque quien debe vivir en mi Querer no debe considerarse como ciudadano terrestre, sino debe tenerse en cuenta como ciudadano del Cielo, y con justa razón todos los bienaventurados se sienten sacudidos, porque quien vive con su misma voluntad piensa hacer salir en campo la voluntad humana, causa ésta de desorden, lo que nunca ha entrado en las regiones celestes.  Tú debes estar convencida que con vivir de mi Voluntad la vida de la tuya ha terminado, no tiene ya más razón de existir, por eso te he dicho tantas veces que el vivir en mi Voluntad es muy diverso; para quien hace mi Voluntad, estos son libres de dar su voluntad y retomarla, porque viven como ciudadanos terrestres, pero para quien vive en Ella, está atado a un punto eterno, corre junto con la mía, está circundado de fuerza inexpugnable, por eso no temas y sé atenta”.

(6) Luego, como si Jesús me quisiera consolar y reafirmar en su Santísima Voluntad, ha tomado mi mano en la suya y me ha dicho:

(7) “Hija mía, ven a hacer tu giro en mi Voluntad, mira, mi Voluntad es una, pero corre como dividida en todas las cosas creadas, pero sin dividirse.  Mira las estrellas, el cielo azul, el sol, la luna, las plantas, las flores, los frutos, los campos, la tierra, el mar, todo y todos, en cada cosa hay un acto de mi Voluntad, y no sólo hay un acto, sino que se ha quedado como conservadora de mi mismo acto en cada cosa creada.  Mi Voluntad no quiere quedar sola en su acto, sino quiere la compañía de tu acto, quiere tu correspondencia, por eso te he puesto en mi Voluntad, a fin de que hagas compañía a mis actos, y junto con mi Voluntad tú querrás lo que quiero Yo, que las estrellas centelleen, que el sol llene de luz a la tierra, que las plantas florezcan, que los campos reverdezcan, que el pájaro cante, que el mar murmure, que el pez serpentee, en suma, querrás lo que quiero Yo; mi Voluntad no se sentirá más sola en las cosas creadas, sino sentirá la compañía de tus actos, por eso gira por cada cosa creada, y constitúyete acto por cada acto de mi Voluntad.  Esto es el vivir en mi Querer, no dejar jamás solo a su Creador, admirar todas sus obras y darle a sus actos grandes los pequeños actos de criatura”.

(8) Yo, no sé cómo me he encontrado en aquel vacío inmenso de luz para encontrar todos los actos salidos de la Voluntad de Dios, para poner en ellos mi correspondencia de acto de adoración, de alabanza, de amor y de agradecimiento, y después me he encontrado en mí misma.

 

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17-45

Mayo 30, 1925

 

El conocimiento abre las puertas del bien que se conoce para poseerlo.

El libre albedrío en el Cielo y el vivir en la Divina Voluntad en la tierra.

 

(1) Me sentía oprimida por la pérdida de mi adorable Jesús, ¡oh, cómo suspiraba su regreso!  Lo llamaba con el corazón, con la voz, con los pensamientos, que su privación me los volvía inquietos.  ¡Oh! Dios, qué largas noches sin Jesús, mientras que junto con Él pasan como un suspiro.  Entonces decía:  “Amor mío, ven, no me dejes, soy demasiado pequeña, tengo necesidad de Ti, y Tú sabes que mi pequeñez no puede estar sin Ti, ¿y sin embargo me dejas?  ¡Ah, vuelve, vuelve oh Jesús!”  En ese momento me puso un brazo en el cuello y se hizo ver como niño, apoyaba fuerte fuerte su cabeza en mi pecho, y daba con su misma cabeza golpes en mi pecho y me lo sentía como romper, tanto que yo temblaba y tenía temor, y Jesús, con voz fuerte y suave me ha dicho:

(2) “Hija mía, no temas, soy Yo, no te dejo, y además, ¿cómo puedo dejarte?  El vivir en mi Voluntad vuelve al alma inseparable de Mí, mi Vida es para ella más que alma al cuerpo, y así como el cuerpo sin el alma se convierte en polvo, porque falta la vida que lo sostiene, así tú, sin mi Vida en ti quedarías vacía de todos los actos de mi Voluntad en ti, no oirías más en el fondo de tu alma mi repetida voz que te sugiere el modo de hacerte cumplir tu oficio en mi Voluntad; si está mi voz, está también mi Vida que la emite.  Cuán fácil eres para pensar que puedo dejarte, no lo puedo, primero deberías tú dejar mi Voluntad, y luego podrías pensar que Yo te he dejado; pero el dejar tú mi Voluntad te será muy difícil, por no decirte casi imposible.  Tú te encuentras casi semejante a las condiciones en las cuales se encuentran los bienaventurados en el Cielo, ellos no han perdido el libre albedrío, esto es un don que di al hombre, y lo que Yo una vez doy no lo quito jamás.  En el Cielo no ha entrado jamás la esclavitud, soy Dios de los hijos, no de los esclavos; soy Rey que hago a todos reinar; no hay división entre Yo y ellos, pero en el Cielo es tal y tanto el conocimiento de mis bienes, de mi Voluntad y de mi felicidad, que todos quedan llenos de ellos hasta el borde, hasta desbordarse fuera, tanto, que su voluntad no encuentra lugar para obrar, y mientras son libres, el conocimiento de una Voluntad infinita y de bienes infinitos en los cuales están inmersos, los lleva con una fuerza irresistible a usar de su voluntad como si no la tuvieran, considerando esto como suma fortuna y felicidad, pero espontáneamente libres y de toda su voluntad.  Así tú hija mía, el hacerte conocer mi Voluntad ha sido la gracia más grande que te he hecho, y mientras eres libre de hacer o no hacer tu voluntad, frente a la mía la tuya se siente incapaz de obrar, se siente anulada, y conociendo el gran bien de mi Voluntad aborreces la tuya, y sin que nadie te fuerce, amas hacer la mía en vista del gran bien que te viene.  Además, los tantos conocimientos que te he manifestado de mi Voluntad son vínculos divinos, cadenas eternas que te circundan, posesión de bienes celestiales; y huir de estas cadenas eternas, romper estos vínculos divinos, perder estas posesiones celestiales, aún en vida, tu voluntad, si bien libre, no encuentra el camino para salir, se revuelve, ve su pequeñez y temiendo de sí misma, rápidamente se arroja y se profundiza con más amor espontáneo en mi Voluntad.  El conocimiento abre las puertas de aquel bien que se conoce, y por cuantos conocimientos de más te he manifestado sobre mi Voluntad, otras tantas diferentes puertas de bienes te he abierto, de luz, de gracia y de participaciones divinas.  Estas puertas son abiertas para ti y cuando estos conocimientos lleguen en medio de las criaturas, se abrirán estas puertas para ellas, porque el conocimiento hace surgir el amor al bien conocido, y la primera puerta que abriré será mi Voluntad, para cerrar la pequeña puerta de su voluntad.  Mi Voluntad hará aborrecer la suya, porque frente a mi Voluntad, la humana es incapaz de obrar, con la luz de la mía ve cómo es insignificante y buena para nada, por eso, como consecuencia las criaturas harán a un lado la propia voluntad.  Además, tú debes saber que cuando te manifiesto un conocimiento de mi Voluntad, entonces me decido a abrirte otra puerta de mi conocimiento, cuando tú hayas hecho entrar en tu alma todo el bien de lo que te he manifestado; si esto no lo hiciera así, sería tuya sólo la noticia de ese bien, no su posesión, y Yo esto no lo sé hacer, cuando hablo Yo quiero que se posea el bien que manifiesto, por eso sé atenta en el ejercicio de mi Voluntad, a fin de que te abra otras puertas de mis conocimientos y tú entres más en las posesiones divinas”.

 

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17-46

Junio 3, 1925

 

Todo fue hecho en la Creación, en Ella la Divinidad manifestó toda su
Majestad, Potencia y Sabiduría, e hizo desahogo de su amor hacia
las criaturas.  Si el hombre no toma la Divina Voluntad, las obras de
la Redención y Santificación no tendrán sus copiosos efectos.

 

(1) Estaba según mi costumbre fundiéndome en el Santo Querer Divino y pensaba entre mí:  “En dónde Nuestro Señor Dios ha hecho más por la criatura, en la Creación, en la Redención o en la Santificación”.  Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me hacía ver toda la Creación, ¡cuánta sublimidad!  ¡Qué magnificencia!  ¡Cuántas armonías!  ¡Qué orden!  No hay punto ni del cielo ni de la tierra en el cual Dios no haya creado una cosa especial y distinta, y con tal maestría, que los más grandes científicos, ante la más pequeña cosa creada por Dios, sienten que toda su ciencia y maestría es una nada comparada con las cosas creadas por Dios, llenas de vida y de movimiento.  ¡Oh!  ¡Cómo es verdad que mirar el universo y no conocer a Dios, no amarlo y no creer en Él es una verdadera locura!  Todas las cosas creadas son como tantos velos que lo esconden, y Dios viene a nosotros en cada cosa creada como velado, porque el hombre, en carne mortal, es incapaz de verlo develado.  Es tanto el amor de Dios hacia nosotros, que para no deslumbrarnos con su luz, para no atemorizarnos con su potencia, para no hacernos avergonzar ante su belleza, para no hacernos aniquilar ante su inmensidad, se vela en las cosas creadas para venir en cada una de ellas hacia nosotros y estarse con nosotros, más bien hacernos nadar en su misma Vida.  ¡Dios mío, cuánto nos has amado y cuánto nos amas!  Después que me ha hecho ver todo el universo, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo fue hecho en la Creación, en ella, la Divinidad manifestó toda su majestad, potencia y sabiduría, e hizo desahogo de su amor completo hacia las criaturas, no hay punto ni del cielo ni de la tierra, ni en cada cosa creada en la cual no se vea la terminación de nuestras obras, ninguna cosa fue hecha a la mitad; Dios en la Creación hizo alarde de todas sus obras hacia las criaturas, amó con amor completo e hizo obras completas, no había nada que agregar ni que quitar, así que el todo lo hizo perfecto, Nosotros no sabemos hacer obras incompletas, es más, en cada cosa creada fue puesto, en la Creación, un amor distinto y completo hacia cada una de las criaturas.

(3) La Redención no fue otra cosa que una reparación a los males que había hecho la criatura, nada agregó a la obra de la Creación.

(4) La Santificación no es otra cosa que ayuda, gracia, luz para que el hombre regrese a su primer estado de la Creación, a su origen y a la finalidad para la que fue creado, porque en la Creación, con la virtud de mi Voluntad, la santidad del hombre era completa, porque salía de un acto completo de Dios; era santo y feliz en el alma porque mi Voluntad le llevaba los reflejos de la santidad de su Creador, como también santo y feliz era en el cuerpo.  ¡Ah! hija mía, con toda la Redención y la obra de la Santificación, la santidad en el hombre es incompleta, y para otros es como inútil; esto dice que si el hombre no se vuelve atrás para tomar mi Voluntad como vida, como regla y como alimento para purificarse, ennoblecerse, divinizarse y tomar el primer acto de la Creación, para tomar mi Voluntad como su heredad asignada a él por Dios, las mismas obras de la Redención y Santificación no tendrán sus copiosos efectos.  Así que el todo está en mi Voluntad, si toma Ésta toma todo, es un sólo punto que abraza y encierra los bienes de la Redención y de la Santificación, es más, estos bienes para quien vive en mi Voluntad, habiendo tomado el primer punto de la Creación, le sirven no de remedio como a quien no hace mi Voluntad, sino de gloria y como herencia especial llevada por la Voluntad del Padre Celestial en la Persona del Verbo a la tierra.  Y si Yo vine a la tierra fue precisamente este el primer acto, el hacer conocer la Voluntad de mi Padre para reanudarla de nuevo con las criaturas.  Las penas, las humillaciones, mi Vida oculta y todo el mar inmenso de las penas de mi Pasión, fueron remedios, medicinas, auxilios, luz para hacer conocer mi Voluntad, porque con esto no sólo tendría al hombre salvo, sino santo; con mis penas lo ponía a salvo, con mi Voluntad le restituía la santidad perdida en el edén terrenal.  Si esto no hiciera, mi amor, mi obra no serían completos como lo fue en la Creación, porque es sólo mi Voluntad la que tiene virtud de volver completas nuestras obras hacia las criaturas y las obras de las criaturas hacia Nosotros.  Mi Voluntad hace pensar en un modo diferente, hace ver en todas las cosas creadas a mi Voluntad, hace hablar con el eco de mi Voluntad, hace obrar a través de los velos de mi Voluntad, en una palabra, hace todo de un solo golpe según mi Supremo Querer; mientras que las virtudes actúan lentamente, poco a poco.  Mi misma Redención, sin el acto primero de mi Voluntad, sirve al hombre como medicación a las llagas más profundas, como medicina para no dejarlo morir, como antídoto para no dejarlo caer en el infierno.  Por eso tu único interés sea sólo mi Voluntad si quieres amarme en verdad y hacerte santa”.

 

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17-47

Junio 11, 1925

 

El mal de no hacer la Divina Voluntad es irreparable.  Así como la

Divina Voluntad es el equilibrio de los atributos de Dios, así debería

ser el equilibrio de los atributos del hombre.

 

(1) Mi pobre mente me la sentía sumergida en la Santísima Voluntad de Dios.  ¡Oh, cómo habría querido que ni siquiera un respiro, un latido, un movimiento hiciera yo fuera del Querer Supremo!  Me parecía que todo lo que se hace fuera de la Voluntad de Dios nos hace perder nueva belleza, nueva gracia y luz, y nos pone como en desemejanza con nuestro Creador, mientras que Jesús quiere que en todo nos semejemos a nuestro Supremo Creador.  ¿Y en qué otro modo más fácil podemos semejarnos, que recibir en nosotros la Vida continua de su Santísima Voluntad?  Ella nos trae los reflejos, los lineamientos de nuestro Padre Celestial, nos mantiene íntegra la finalidad de la Creación, nos circunda en modo de conservarnos bellos y santos tal como Dios nos creó, y nos da aquello siempre nuevo de belleza, de luz, de amor jamás interrumpido que sólo en Dios se encuentra.  Ahora, mientras mi mente se perdía en el Querer Eterno, mi dulce Jesús, estrechándome a Él, con voz audible me ha dicho:

(2) “Hija mía, no hay cosa que pueda igualar el gran mal de no hacer mi Voluntad, no hay bien que pueda igualarlo, no hay virtud que pueda hacerle frente, así que el bien que se pierde con no hacer mi Voluntad es irreparable, y sólo con volver de nuevo en Ella puede encontrar remedio, y ser restituidos los bienes que nuestra Voluntad había establecido dar a la criatura.  En vano se ilusionan las criaturas con hacer otras obras, virtudes, sacrificios, pues si no son partos de mi Voluntad y hechos sólo para cumplirla, no son reconocidas por Mí; mucho más porque está establecido el dar la gracia, los auxilios, la luz, los bienes y el justo premio a quien obra para cumplir mi Voluntad.  Además, mi Voluntad es eterna, no tiene principio ni tendrá fin, ¿y quién puede calcular un acto hecho en mi Voluntad, sin principio y sin fin?  Ese acto queda circundado, lleno de bienes sin fin; tal cual es mi Voluntad, tal hace el acto.  En cambio las virtudes, las obras y sacrificios sin mi Voluntad, tienen un principio, como también un fin; ¿qué gran cosa de premio pueden recibir cosas sujetas a perecer?  Además de esto, mi Voluntad es el equilibrio de mis atributos:  Si mi potencia no tuviera esta Voluntad Santa, se manifestaría en tiranía hacia quien tanto me ofende, en cambio equilibrando mi potencia, me hace derramar gracias donde debería derramar furor y destrucción.  Mi sabiduría, si no fuera por mi Voluntad que le da vida siempre nueva, no manifestaría tanto arte y maestría en nuestras obras.  Nuestra belleza sería descolorida y sin atractivo si no fuera sostenida por esta Voluntad eterna.  La Misericordia se convertiría en debilidad si no estuviera equilibrada por mi Voluntad, y así de todo el resto de nuestros atributos.  Ahora, nuestra Paterna Bondad tiene tanto amor hacia las criaturas, que ha establecido el equilibrio del hombre en nuestra Voluntad; era justo que habiendo salido este hombre de la Voluntad Suprema, Ella se hiciera vida que mantuviera el equilibrio a todo el obrar del hombre, dándole la semejanza de su Creador, así que se debía ver en él tal dignidad, majestad, orden en el obrar, para reconocerlo como parto de su Creador.  Entonces, también por el obrar se puede ver si está el equilibrio de mi Voluntad, o bien el de la humana.  Esta es la causa de tantas obras, tal vez aun buenas, pero que no se ve el equilibrio, el régimen, el orden, porque falta la ejecución de mi Voluntad, y por eso en vez de admirarse son de lamentarse, y en lugar de dar luz dan tinieblas.  Si todo el bien viene de mi Voluntad, sin Ella son bienes aparentes, sin vida, y tal vez aún venenosos, que envenenan a quienes toman parte”.

 

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17-48

Junio 18, 1925

 

Todas las cosas contienen el germen de la regeneración.  La Voluntad

de Dios debe regenerar en la voluntad humana para cambiarla en Divina.

 

(1) Estaba según mi costumbre fundiéndome en el Santo Querer Divino, y haciéndose delante de mi mente aquel vacío inmenso de la Santísima Voluntad Suprema, pensaba entre mí:  “¿Cómo puede ser que este vacío será llenado por la correspondencia de los actos humanos hechos en esta adorable Voluntad Divina?  Para hacer esto se deben quitar todas las barreras de la voluntad humana que impiden el paso para entrar en este ambiente eterno y celestial de la Voluntad Suprema, en la cual parece que Dios los espera, para hacer que el hombre regrese a su origen en el orden de la Creación, y sobre aquellos primeros pasos y camino en el cual había tenido su principio; sin embargo nada nuevo se ve en el mundo de bien; los pecados, como eran, tales son, más aún, son peores; y si algún despertar se oye de religión, de obras aun en círculos católicos, parecen verdaderas mascaradas de aquel bien, pero en el fondo, en la sustancia, están vicios que horrorizan más que antes; por tanto, ¿cómo podrá ser que el hombre dé la muerte como de un solo golpe a todos los vicios para dar vida a todas las virtudes, como se requiere para vivir en este ambiente de la Voluntad Suprema?  Porque para vivir en Ella no hay términos medios, vidas a mitad de virtudes y vicios, sino que es necesario sacrificar todo para convertir todas las cosas en Voluntad de Dios; la voluntad humana y las cosas humanas no deben tener más vida, sino que deben existir para cumplir en ellas la Voluntad de Dios y para hacer desarrollar su Vida en nosotros.  Ahora, mientras esto y otras cosas pensaba, mi dulce Jesús interrumpiendo mi pensamiento me ha dicho:

(2) “Hija mía, sin embargo será así, este vacío inmenso de mi Voluntad será llenado por los actos humanos hechos por las criaturas en mi Voluntad.  Mi Voluntad Divina salió del seno eterno del Ente Supremo para bien del hombre; esta nuestra Voluntad mientras hizo un acto solo al salir de Nosotros para envolver al hombre, de manera que no encontrara el camino para salir de Ella, se multiplicó luego en tantos innumerables actos para circundarlo y decirle:  ‘Mira, esta mi Voluntad no sólo te envuelve, sino que está en continua actitud de actos inmediatos para hacerse conocer por ti y recibir tu acto de correspondencia en mi Voluntad’.  Todas las cosas tienen su correspondencia, y si no la tienen se pueden llamar obras inútiles y sin valor.  La semilla arrojada bajo tierra por el sembrador quiere la correspondencia, que la semilla genere otras semillas, el diez, el veinte, el treinta por uno.  El árbol plantado por el agricultor quiere la correspondencia de la generación y multiplicación de sus frutos.  El agua sacada de la fuente da la correspondencia de quitar la sed, lavar y limpiar a quien la ha sacado.  El fuego encendido da la correspondencia del calor, y así todas las demás cosas creadas por Dios, que tienen el poder de generar, contienen la virtud de la regeneración, se multiplican y dan su correspondencia.  Ahora, ¿sólo esta Voluntad nuestra, salida de Nosotros con tanto amor, con tantas manifestaciones y con tantos actos continuados debe quedar sin su correspondencia de la regeneración de otras voluntades humanas en Divinas?  La semilla da otra semilla, el fruto genera otro fruto, el hombre genera otro hombre, el maestro forma otro maestro y, ¿sólo nuestra Voluntad, por cuán potente Ella sea debe quedar aislada, sin correspondencia y sin generar la nuestra en la voluntad humana?  ¡Ah no, esto es imposible!  Nuestra Voluntad tendrá su correspondencia, tendrá su generación Divina en la voluntad humana, mucho más que esto fue nuestro primer acto por el cual todas las demás cosas fueron creadas, es decir, que nuestra Voluntad transforme y regenere la voluntad humana en Divina.  Voluntad salió de Nosotros, voluntad queremos, todas las demás cosas fueron hechas en orden secundario, pero esto fue hecho, establecido en el orden primario de la Creación, a lo más podrá llevar tiempo, pero no terminarán los siglos, sin que mi Voluntad obtenga su finalidad.  Si ha obtenido la finalidad de la regeneración en las cosas secundarias, mucho más lo debe obtener en su finalidad primaria.  Jamás nuestra Voluntad habría partido de nuestro seno si hubiera sabido que no habría tenido sus efectos completos, esto es, que la voluntad humana quedase regenerada en la Voluntad Divina.  ¿Crees tú que las cosas serán siempre como hoy?  ¡Ah, no!  Mi Voluntad arrollará todo, pondrá confusión por doquier, todas las cosas serán trastornadas, muchos fenómenos nuevos sucederán para confundir la soberbia del hombre, guerras, revoluciones, mortalidad de todas clases, nada será evitado para derribar por tierra al hombre y disponerlo a recibir la regeneración de la Voluntad Divina en la voluntad humana, y todo lo que te manifiesto sobre mi Voluntad, y todo lo que tú haces en Ella, no son otra cosa que preparar el camino, los medios, las enseñanzas, la luz, las gracias, para hacer que mi Voluntad quede regenerada en la voluntad humana.  Si esto no debiera suceder, no te habría manifestado tanto, ni te habría tenido por tan largo tiempo sacrificada dentro de una cama para poner en ti los fundamentos de la regeneración de mi Voluntad en la tuya, y por tanto tenerte en continuo ejercicio en mi Voluntad.  ¿Crees tú que sea nada este estarme continuamente en ti, ponerte en la boca mi oración, hacerte sentir mis penas, que junto Conmigo tienen otro valor, otros efectos, otro poder?  Podría decir que estoy haciendo la primera estatua, la primera alma de la regeneración de mi Voluntad en ella, después, el hacer las copias resultará más fácil.  Por eso te digo siempre:  Sé atenta, porque se trata de mucho, y de la cosa más importante que existe en el Cielo y en la tierra, se trata de poner a salvo los derechos de nuestra Voluntad, de restituirnos la finalidad de la Creación, de volver a darnos toda la gloria por la cual todas las cosas fueron hechas, y de hacernos dar todas las gracias que nuestra Voluntad había establecido dar a las criaturas si hubieran cumplido en todo nuestra Voluntad”.

 

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17-49

Junio 20, 1925

 

El alma que hace vivir la Voluntad de Dios en ella, pone

en movimiento las alegrías y las bienaventuranzas divinas,

en las cuales quedan raptados los bienaventurados.

 

(1) Me sentía inmersa en el Santo Querer de Dios, y mi dulce Jesús, atrayéndome a Él me estrechaba muy fuerte entre sus brazos y después me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¡oh! cómo es bello mi reposo en el alma que tiene por vida mi Querer y que hace en todo y por todo, obrar y amar a mi Voluntad en ella.  Has de saber que en cuanto el alma respira, late, obra, y todo lo que en ella se desarrolla, estando como centro de vida mi Voluntad en ella, es mi Voluntad que respira en ella, que palpita, que da movimiento a la obra, a la circulación de la sangre, a todo.  Ahora, siendo esta Voluntad la misma que tienen las Tres Divinas Personas, sucede que sienten en Ellas el respiro del alma, su latido, su movimiento; y como nuestra Voluntad cada vez que se decide a hacer un acto, hace salir de Nosotros nuevas alegrías, nuevas beatitudes, nueva felicidad, que armonizando todo esto entre las Divinas Personas forman mares inmensos de nueva felicidad, que envolviendo a todos los bienaventurados quedan raptados en estas alegrías y son sacudidos por este rapto cuando nuestra Voluntad quiere formar otros actos de Voluntad para hacernos más felices y hacernos poner fuera otras beatitudes, y mientras quedan conmovidos quedan más fuertemente raptados en nuestras inmensurables bienaventuranzas.  Ahora, el alma que hace vivir nuestra Voluntad en ella, llega a tanto, que al hacerla obrar nos da ocasión de hacernos poner en movimiento nuestras bienaventuranzas, las armonías y las infinitas alegrías de nuestro amor; nos hace poner fuera nuevas bellezas nuestras.  Nuestra Voluntad obrante en la criatura nos es tan agradable, tan tierna, tan amable, nos hace nuevas sorpresas, pone en movimiento nuestras cosas para darnos la correspondencia de nuestra gloria, de nuestro amor, de nuestras felicidades, y todo esto por medio de la criatura que en ella ha dado el lugar para hacer vivir a nuestra Voluntad; ¿cómo no amar este parto de nuestro Querer?  Mucho más, pues a tal criatura nuestra Voluntad nos la hace amable, graciosa, bella, de modo tal que en ninguna otra encontramos sus prerrogativas, es un trabajo hecho por nuestra Voluntad, con tal maestría que hace encantar a todo el Cielo, y hace al alma amable a todos, y mucho más a la Trinidad Sacrosanta”.

(3) Y mientras esto decía me estrechaba más fuerte, y haciéndome poner mi boca en su corazón ha agregado:

(4) “Bebe también tú a grandes sorbos nuestras beatitudes, sáciate como quieras y cuanto quieras”.

 

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17-50

Junio 25, 1925

 

Las cruces abren las puertas a nuevas manifestaciones, a lecciones

más secretas, a los dones más grandes.  Para vivir en la Divina

Voluntad, el alma debe hacer el sacrificio total de todo, pero

todo estará en comprenderla, conocerla y amarla.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús, todo amor y ternura ha venido a mi pobre alma.  Primero se puso junto a mí y me miraba fijamente, como si me quisiera decir muchas cosas, pero quería ensanchar mi inteligencia porque era incapaz de poder recibir y comprender lo que Él quería decirme; después se ha extendido sobre toda mi persona y me ocultaba dentro de Él, cubría mi cara con la suya, mis manos, mis pies con los suyos; me parecía que estaba todo atento a cubrirme y a esconderme toda en Él, a fin de que nada más apareciera de mí.  ¡Oh, cómo me sentía feliz escondida y cubierta toda por Jesús!  Y yo no veía más que otro Jesús, todo lo demás me había desaparecido.  Las alegrías, la felicidad de su amable presencia, como por encanto habían todas vuelto a revivir en mi pobre corazón; el dolor había desaparecido de mí, no recordaba más su privación que me había costado penas mortales.  ¡Oh, cómo es fácil olvidar todo estando con Jesús!  Ahora, después de que me ha tenido por algún tiempo toda cubierta y escondida en Él, tanto que yo creía que no me dejaría más, lo oía que llamaba a los ángeles, a los santos, para que vinieran a ver lo que hacía conmigo y el modo como me tenía cubierta bajo su adorable persona.  Luego me ha participado sus penas y yo todo se lo dejaba hacer, y si bien me sentía triturada por esas penas, me sentía feliz y sentía los gozos que contiene el Querer Divino cuando el alma se abandona en Él, aun sufriendo.  Entonces, después que me ha hecho sufrir me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Voluntad quiere siempre más darse a ti, y para darse más, quiere hacerse comprender más, y para hacer más estable, más seguro y más apreciable lo que te manifiesta, te da nuevas penas para disponerte mayormente y preparar en ti el vacío donde depositar sus verdades; quiere el noble cortejo del dolor para estar segura del alma y poderse fiar de ella; es siempre el dolor, las cruces, las que abren las puertas a nuevas manifestaciones, a lecciones más secretas, a los dones más grandes que quiero deponer en ti, porque si el alma resiste mi Voluntad penante, doliente, se hará capaz de recibir mi Voluntad felicitante, y adquirirá el oído para entender las nuevas lecciones de mi Voluntad; el dolor le hará adquirir el lenguaje celestial, de manera que sabrá repetir las nuevas lecciones aprendidas”.

(3) Yo al oír esto le he dicho:  “Mi Jesús y mi vida, me parece que se necesita completo sacrificio para hacer tu Voluntad y vivir en Ella, a primera vista parece nada, pero después, en la práctica parece difícil, ese no tener ni siquiera en las cosas santas, en el mismo bien, ni siquiera un respiro de voluntad propia, a la naturaleza humana le parece demasiado doloroso, por eso, ¿jamás podrán las almas llegar a vivir en tu Querer con el total sacrificio de todo?”

(4) Y Jesús ha agregado:  “Hija mía, todo está en comprender el gran bien que les viene con hacer mi Voluntad, comprender quién es esta Voluntad que quiere este sacrificio, y cómo esta Voluntad Suprema no se adapta a ser entremezclada y a convivir con una voluntad baja, pequeña y finita; Ella quiere volver eternos, infinitos y divinos los actos del alma que quiere vivir en mi Voluntad, y ¿cómo puede hacer esto si ella quiere poner el aliento de la voluntad humana, aunque fuese en cosas santas como tú dices?  Pero es siempre una voluntad finita, y entonces no sería más una realidad el vivir en mi Voluntad, sino un modo de decir.  En cambio, el oficio de mi Voluntad es dominio total, y es justo que el pequeño átomo de la voluntad humana quede conquistado y pierda su campo de acción en mi Voluntad.  ¿Qué dirías si una pequeña lamparilla, un fósforo, una chispa de fuego quisiera ponerse en el sol para hacer su camino y formar en él su campo de luz, de acción en el centro del sol?  Si el sol tuviera razón se indignaría, y su luz y su calor aniquilarían la pequeña lamparilla, aquel fósforo, aquella chispa; y tú, la primera, te burlarías de ellos, condenando su temeridad de querer hacer su campo de acción en la luz del sol.  Tal es el aliento de la voluntad humana, aun en el bien, en la mía, por eso está atenta a que en nada la tuya tenga vida, y toda te he cubierto y escondido en Mí, a fin de que no tengas más ojos que para mirar sólo mi Voluntad, para darle libre campo de acción en tu alma.  Más bien lo difícil estará en comprender el vivir en mi Querer, no en el sacrificarse, porque cuando hayan entendido el gran bien que les viene, que de pobres serán ricos, de esclavos de viles pasiones serán libres y dominantes, de siervos amos, de infelices felices y aun en las penas de esta pobre vida, y que conozcan todos los bienes que hay en mi Querer, el sacrificio total de todo para ellos será un honor, será deseado, querido y suspirado.  He aquí por qué te incito tanto a manifestar lo que te digo referente a mi Voluntad, porque todo estará en conocerla, comprenderla y amarla”.

(5) Y yo:  “Jesús mío, si tanto amas y quieres que esta Voluntad tuya sea conocida, a fin de que tenga su campo de acción divino en las almas, ah, manifiesta Tú mismo a las almas sus verdades y el gran bien que contiene tu Voluntad y el gran bien que ellas recibirán.  Tu palabra directa contiene una fuerza mágica, un imán potente, la virtud de la potencia creadora, ¡oh! cómo es difícil no rendirse al dulce encanto de tu palabra divina, por eso, dicho directamente por Ti, todos se rendirán”.

(6) Y Jesús:  “Hija mía, es mi costumbre, el orden de mi eterna sabiduría, manifestar mis obras más grandes primero a una sola alma, concentrar en ella todo el bien que mi obra contiene, vérmelas con ella de tú a tú como si ninguna otra existiera; cuando lo he hecho todo, de modo que puedo decir que mi obra la he completado del todo en ella, tanto que nada debe faltarle, entonces la hago correr como en un vasto mar en favor de las demás criaturas.  Esto lo hice con mi Celestial Mamá, primero traté con Ella al tú por tú la obra de la Redención, ninguna de las demás criaturas sabía nada; Ella se dispuso a todos los sacrificios, a todos los preparativos necesarios para hacerme descender del Cielo a la tierra; hice todo como si Ella fuera la única redimida, pero después que me hizo salir a la luz, de manera que todos podían verme y tomar los bienes de la Redención, me di a todos, con tal que me quisieran recibir.  Así será de mi Voluntad, cuando todo lo haya completado en ti, de modo que mi Voluntad triunfará sobre ti y tú sobre Ella, entonces como agua correrá a bien de todos, pero es necesario formar la primera alma para tener las segundas”.

 

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17-51

Junio 29, 1925

 

Así como las obras de Jesús, hasta después de su

muerte tuvieron su pleno triunfo, así será de Luisa.

 

(1) Me sentía oprimida y un pensamiento quería turbar la serenidad de mi mente:  “Y si te encontraras en el punto de la muerte y te vinieran dudas, temores de cómo te has comportado en tu vida, tanto de hacerte temer de tu salvación, ¿qué harías?”  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús no me ha dado tiempo de reflexionar más ni de responder a mi pensamiento, y moviéndose en mi interior se hacía ver que movía la cabeza, y como entristecido por mi pensamiento me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿qué dices?  Pensar esto es una afrenta a mi Voluntad, en Ella no entran ni temores, ni dudas, ni peligro alguno, estas son cosas que no le pertenecen, son más bien los míseros harapos de la voluntad humana; mi Voluntad es como un mar plácido que murmura paz, felicidad, seguridad, certeza, y las olas que hace salir de su seno son olas de alegrías y de contentos sin termino, por eso al verte pensar esto Yo he quedado estremecido; mi Voluntad no es capaz de temores, de dudas, de peligro, y el alma que vive en Ella se hace extraña a los míseros harapos de la voluntad humana.  Y además, ¿de qué puede temer mi Voluntad?  ¿Quién puede hacer suscitar dudas de su obrar, si ante la Santidad de mi Querer obrante todos tiemblan y están obligados a bajar la frente, adorando el obrar de mi Voluntad?  Es más, quiero decirte una cosa, para ti muy consoladora y para Mí de gran gloria:  Cuando mueras en el tiempo, sucederá de ti lo que sucedió de Mí en mi muerte:  Yo en vida obré, recé, prediqué, instituí Sacramentos, sufrí penas inauditas y hasta la misma muerte, pero mi Humanidad, puedo decir que casi nada vio en comparación del gran bien que había hecho, ni los mismos Sacramentos tuvieron vida mientras Yo estuve sobre la tierra.  En cuanto morí, mi muerte selló todo mi obrar, mis palabras, mis penas, los Sacramentos, y el fruto de mi muerte confirmó todo lo que Yo hice, e hizo resurgir a vida mis obras, mis penas, mis palabras, mis Sacramentos instituidos por Mí y la continuación de la vidade ellos hasta la consumación de los siglos, así que mi muerte puso en movimiento todas mis obras y las hizo resurgir a vida perenne.  Todo esto era justo, pues conteniendo mi Humanidad al Verbo Eterno y una Voluntad que no tiene ni principio ni fin, ni está sujeta a morir, de todo lo que Ella hizo nada debía perecer, ni siquiera una sola palabra, sino que todo debía tener su continuación hasta el fin de los siglos, para pasar a los Cielos a beatificar a todos los bienaventurados eternamente.  Así sucederá de ti:  Mi Voluntad que vive en ti, que te habla, que te hace obrar, sufrir, nada dejará perecer, ni siquiera una palabra de las tantas verdades que te he manifestado sobre mi Voluntad, todo lo pondrá en movimiento, todo lo hará resurgir, tu muerte será la confirmación a todo lo que te he dicho; y así como en el vivir en mi Voluntad, todo lo que el alma hace, sufre, reza, habla, contiene un acto de Voluntad Divina, todo esto no estará sujeto a morir, sino que quedarán como tantas vidas en el mundo, todas en acto de dar vida a las criatura. Por lo tanto, todas las verdades que te he dicho, tu muerte rasgará los velos que las cubren y resurgirán como tantos soles que disiparán las nubes de todas las dudas y dificultades con las que parecían cubiertas en vida.  Así que mientras tú vivas en este bajo mundo, poco o nada verás en los demás de todo el gran bien que mi Voluntad quiere hacer por medio tuyo, pero después de tu muerte todo tendrá su pleno efecto”.

(3) Después de esto he pasado la noche sin poder cerrar los ojos al sueño y sin recibir las acostumbradas visitas de mi amable Jesús, porque viniendo Él yo quedo adormecida en Él y para mí es más que sueño; pero ese tiempo lo he pasado haciendo las horas de la Pasión y haciendo mis acostumbrados giros en su adorable Voluntad; luego veía que era ya de día, (esto me sucede frecuentemente), y estaba diciendo entre mí:  “Amor mío, ni has venido ni me has hecho dormir, entonces, ¿cómo haré hoy sin Ti?”  Mientras estaba en esto, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:

(4) “Hija mía, en mi Voluntad no hay noches, ni sueño, siempre es pleno día y plena vigilia; no hay tiempo para dormir porque hay mucho qué hacer, qué tomar y qué hacerse feliz en Ella, por lo tanto tú debes aprender a vivir en el largo día de mi Voluntad, para hacer que mi Voluntad pueda tener su Vida de actitud continua en ti; además encontrarás el más bello reposo, porque mi Voluntad te hará subir siempre más en tu Dios y te lo hará comprender más, y por cuanto más lo comprendas, tanto más tu alma quedará ensanchada para poder recibir ese reposo eterno, con todas las felicidades y alegrías que contiene el reposo divino.  ¡Oh! qué bello reposo será éste para ti, reposo que sólo en mi Voluntad se encuentra”.

(5) Ahora, mientras esto decía, ha salido de dentro de mi interior y poniendo sus brazos en mi cuello me estrechaba fuerte a Él, y yo extendí también los míos y lo estrechaba fuerte a mí.  Mientras estaba en esto, mi dulce Jesús llamaba a muchas personas que se estrechaban a sus pies y Jesús les decía:  “Vengan a mi corazón y les haré ver los portentos que mi Voluntad ha hecho en esta alma”.

(6) Habiendo dicho esto ha desaparecido.

 

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17-52

Julio 9, 1925

 

Sufrir junto con Jesús sirve de toque continuo, con el cual llama

a las puertas del alma, y el alma llama a las puertas de la suya.

 

(1) Sentía que no podía estar más sin mi dulce Jesús.  Por varios días he tenido que suspirar su regreso, pero en vano, y le decía de corazón:

(2) “Amor mío, regresa a tu pequeña hija, ¿no ves que no puedo más?  ¡Ay, a qué duro martirio sometes mi pobre existencia con privarme de Ti!”

(3) Y cansada y exhausta me abandonaba en su Santísimo Querer.  Ahora, mientras me encontraba en este estado, estaba leyendo y sentí ponerme sus brazos al cuello, mi mente ha quedado adormecida y me he encontrado estrechada por los brazos de Jesús, toda cubierta y escondida en Él.  Yo quería decirle mi dolor, pero no me ha dado tiempo de hacerlo y ha hablado Jesús diciéndome:

(4) “Hija mía, no quieres persuadirte que cuando mi Justicia quiere, por justa razón, castigar a las gentes, Yo estoy obligado a esconderme de ti, porque tú no eres otra cosa que una pequeña partecilla que vincula todas las otras partecitas de las demás criaturas, y estar a lo familiar contigo y como en fiesta y golpear a las otras partecitas vinculadas a ti, entonces mi Justicia se encuentra en contraste y se siente disuadir del castigar a las otras partecitas.  Por eso, en estos días pasados en que ha habido castigos en el mundo me he mantenido oculto de ti, pero siempre en ti”.

(5) Mientras esto decía me he encontrado fuera de mí misma, y me hacía ver que en varios puntos de la tierra había habido:  Dónde terremotos, dónde graves incendios con muerte de gentes, y dónde otros castigos, y parecía que otros graves males seguirían.  Yo he quedado espantada y rezaba, y mi amable Jesús ha regresado, yo me veía frente a Él toda fea, como marchita y le he dicho:

(6) “Vida mía y mi todo, mírame cómo me he hecho fea, cómo me estoy marchitando.  ¡Ah, sin Ti cómo cambio!  Tu privación me hace perder la frescura, la belleza, me siento como bajo un sol ardiente que quitándome todos los humores vitales me hace marchitar y consumirme”.

(7) Entonces Jesús me hizo sufrir un poco junto con Él, y ese sufrimiento se convertía sobre mi alma como en un celestial rocío que me restituía los humores vitales, y tomando mi pobre alma en sus manos ha agregado:

(8) “Pobre hija mía, no temas, si mi privación te ha hecho marchitar, mi regreso te restituirá la frescura, la belleza, el colorido, y todos mis lineamientos, y el sufrir junto Conmigo no sólo te será como rocío que te hará tomar vigor, sino que servirá como llamada continua, con la cual Yo pueda llamar a las puertas de tu alma y tú a la mía, de manera que las puertas queden siempre abiertas, y tú libremente puedas entrar en Mí y Yo en ti; mi aliento te servirá como vientecillo para conservar en ti la bella frescura con la cual te creé”.

(9) Y mientras esto decía me soplaba fuerte fuerte, y estrechándome a Sí desapareció.

 

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17-53

Julio 20, 1925

 

Inmovilidad de la Gracia en las almas por la ingratitud humana.

 

(1) Encontrándome en mi acostumbrado estado, después de haber pasado privaciones amarguísimas de mi dulce Jesús, finalmente se ha hecho ver, y sin decirme ni siquiera una palabra me ha puesto en una posición dolorosa, en una perfecta inmovilidad; sentía la vida y no tenía movimiento, sentía el respiro y no podía respirar, toda mi pobre persona no tenía ni un pequeño movimiento, y mientras sentía dolerme no era capaz de retorcerme por el dolor que sentía, pues estaba obligada por la presencia de Jesús y por su Santísima Voluntad a quedar inmóvil.  Después, cuando el bendito Jesús ha querido, me ha extendido sus brazos como para tomarme y estrecharme a su seno, y me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿has visto cómo es doloroso el estado de inmovilidad?  Es el estado más duro, porque aun sintiendo acerbos dolores, el movimiento es alivio, es señal de vida, las contorsiones son voces mudas que piden ayuda, y despiertan compasión de los presentes.  Tú has sentido cómo es doloroso, ¿pero sabes por qué te he puesto en este estado de inmovilidad?  Para hacerte comprender el estado en el que se encuentra mi gracia, y tener de ti una reparación.  ¡Oh, en qué estado de inmovilidad se encuentra mi gracia!  Ella es vida y movimiento continuo y está en continuo acto de darse a las criaturas, las criaturas la rechazan y la vuelven inmóvil; siente la vida, quiere dar la vida y está obligada por la ingratitud humana a estarse inmóvil y sin movimiento; ¡qué pena!  Mi gracia es luz y como luz naturalmente se expande, y las criaturas no hacen otra cosa que hacer salir de sí tinieblas, y mientras mi luz quiere entrar en ellas, las tinieblas que expanden paralizan mi luz y la vuelven como inmóvil y sin vida para las criaturas.  Mi gracia es amor y contiene la vida de poder encender a todos en amor, pero la criatura amando otra cosa vuelve como muerto para ella este amor, y mi gracia siente el más desgarrador dolor por el estado de inmovilidad en el cual la ponen las criaturas.  ¡Oh, en qué estrecheces dolorosísimas se encuentra mi gracia!  Y esto no sólo en aquellos que abiertamente se dicen malos, sino también en aquellos que se dicen religiosos, almas piadosas, y muchas veces por cosas de nada, por cosas que no van con su gusto, por un capricho, por un vilísimo apego, o porque no encuentran las satisfacciones de la propia voluntad en las mismas cosas santas, mientras mi gracia es toda movimiento y vida para ellos, la vuelven inmóvil y se apegan a lo que va con sus inclinaciones, al capricho, a los apegos humanos y a todo aquello en donde sienten la satisfacción del propio yo.  Así que en el lugar de mi gracia ponen el propio yo como vida y como ídolo propio; pero, ¿sabes tú quién es la consoladora, la indivisible compañera, la raptora que rapta el movimiento y la vida de mi gracia, más bien la que acelera siempre más su movimiento y ni siquiera un solo instante la vuelve inmóvil?  Quien vive en mi Voluntad; donde mi Voluntad reina está siempre en movimiento mi gracia, siempre está en fiesta, tiene siempre qué hacer, nunca queda enfadada, ociosa; el alma donde reina mi Querer es la benjamina de mi gracia, es su pequeña secretaria en la que deposita los secretos de sus dolores y de sus alegrías, le confía todo, porque mi Voluntad tiene lugar suficiente para recibir el depósito que contiene mi gracia, porque ella no es otra cosa que el parto continuo de mi Voluntad Suprema”.

 

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17-54

Agosto 2, 1925

 

¿Qué cosa es el te amo?

 

(1) Estaba rezando y fundiéndome en el Santo Querer Divino; quería girar por todas partes, hasta en el empíreo para encontrar ese te amo supremo que no está sujeto a ninguna interrupción, quisiera hacerlo mío a fin de que también yo tuviera un te amo jamás interrumpido que pudiese hacer eco al te amo eterno, y poseyendo en mí la fuente del verdadero te amo pudiese tener un te amo por todos, por cada uno, por cada movimiento, por cada acto, por cada respiro, por cada latido y por cada te amo del mismo Jesús.  Y mientras me parecía llegar al seno del Eterno, haciendo mío su te amo iba repitiendo por todas partes y sobre cada cosa el estribillo de te amo para mi Supremo Señor.  Ahora, mientras esto hacía, mi pensamiento ha interrumpido mi te amo diciéndome:  “¿Qué haces?  Podrías hacer otra cosa, y además, ¿qué gran cosa es este te amo?”  Y mi dulce Jesús moviéndose como deprisa en mi interior me ha dicho:

(2) “¿Qué cosa?  ¿Qué gran cosa es el te amo para Mí?  Hija mía, el te amo es todo, el te amo es amor, es veneración, es estima, es heroísmo, es sacrificio, es confianza hacia quien es dirigido; el te amo es poseer a Aquél que encierra el te amo.  Te amo es una palabra pequeña, pero pesa cuanto pesa toda la eternidad.  El te amo encierra todo, abarca a todos, se difunde, se estrecha, se eleva en alto, desciende hasta lo bajo, se imprime dondequiera pero jamás se detiene.  ¿Cómo que es cosa de nada mi te amo hija mía?  Su origen es eterno, en el te amo el Padre Celeste me generó, y en el te amo procedió el Espíritu Santo, en el te amo el Fiat eterno hizo la toda la Creación, y en el te amo perdonó al hombre culpable y lo redimió; así que en el te amo el alma encuentra todo en Dios y Dios encuentra todo en el alma, por eso el valor del te amo es infinito, está lleno de vida, de energía, no se cansa jamás, supera todo y triunfa sobre todo; por eso quiero ver este te amo dirigido a Mí sobre tus labios, en tu corazón, en el vuelo de tus pensamientos, en las gotas de tu sangre, en las penas y en las alegrías, en el alimento que tomas, en todo.  La vida de mi te amo debe ser larga, larga en ti, y mi Fiat que reina en ti pondrá el sello del te amo Divino”.

(3) Después de esto, frente a mi mente se ha presentado en un punto altísimo un sol, su luz era inaccesible, de su centro salían continuas llamitas, conteniendo cada una un te amo, y conforme salían se ponían en orden alrededor de esta luz inaccesible, pero estas llamitas quedaban como atadas por un hilo de luz a aquella luz inaccesible que alimentaba la vida de esas llamitas; estas llamitas eran tantas que llenaban Cielo y tierra.  Me parecía ver a nuestro Dios como principio y origen de todo, y las llamitas, la Creación toda como parto divino y de puro amor, también yo era una pequeña llamita y mi dulce Jesús me incitaba a tomar mi vuelo por cada llamita para poner en ellas el doble te amo.  Yo no sé cómo me he encontrado fuera de mí misma para girar en medio de esas llamitas e imprimir mi te amo en cada una de ellas, pero eran tantas que me perdía, pero una fuerza suprema me hacía volver a tomar el orden y el giro de mi te amo.

(4) Después me he encontrado en un vasto jardín, y con gran sorpresa mía he encontrado a mi Reina Mamá, la cual acercándose a mí me ha dicho:

(5) “Hija mía, ven junto Conmigo a trabajar en este jardín, debemos plantar flores y frutos celestiales y divinos, ya casi está vacío, y si algunas plantas hay, son terrestres y humanas, por lo tanto conviene arrancarlas para hacer que este jardín sea del todo agradable a mi Hijo Jesús.  Las semillas que debemos plantar son todas mis virtudes, mis obras, mis penas, que contienen el germen del Fiat Voluntas Tua; no hubo cosa que Yo hiciera que no contuviera este germen de la Voluntad de Dios, me habría contentado con no hacer nada antes que obrar, sufrir sin este germen.  Toda mi gloria, la dignidad de Madre, la altura de Reina, la supremacía sobre todo, me venía de este germen; toda la Creación, todos los seres me reconocían dominante sobre ellos porque veían en Mí reinante a la Voluntad Suprema.  Por eso todo lo que hice Yo, y todo lo que has hecho tú con este germen del Querer Supremo, lo uniremos junto y plantaremos este jardín”.

(6) Entonces hemos fundido juntas las semillas que tenía la Mamá Celestial, que eran muchas, y las pocas mías, que no sé cómo me las he encontrado, y hemos comenzado a formar surcos para poner las semillas.  Pero mientras esto hacíamos, fuera de los muros del jardín, que eran altísimos, se oían rumores de armas, de cañones y que se golpeaban en modo horrible, así que nos hemos visto obligadas a correr para prestar ayuda; habiendo llegado, se veían gentes de varias razas, de diversos colores, y muchas naciones unidas juntas que hacían batalla y daban terror y espanto.  Pero mientras esto veía me he encontrado en mí misma, pero con tal espanto, y con el dolor de no haber dicho ni siquiera una palabra a mi Celestial Mamá acerca de mi duro estado.  Sea siempre bendita la Santísima Voluntad de Dios y todo sea para gloria suya.

 

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17-55

Agosto 4, 1925

 

Quien vive en la Voluntad de Dios está en comunicación con

todas las cosas creadas, y es sostenida por toda la Creación.

 

(1) Después de haber pasado varios días de total privación de mi dulcísimo Jesús, iba repitiendo mi doloroso estribillo:  “Todo para mí ha terminado, ¡ah! no lo veré más, no escucharé más su voz que tanto me deleitaba, ¡ah! estoy abandonada por quien formaba todo mi contento y era todo para mí.  ¡Qué martirio prolongado, qué vida sin Vida, sin Jesús!”  Pero mientras mi corazón estaba ahogado en penas, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y tomándome en brazos, yo he puesto mis brazos en su cuello poniendo mi cabeza sobre su pecho sin poder más, y Jesús estrechándome fuerte a Sí, apoyaba sus rodillas sobre mi pecho, oprimiéndolo fuerte fuerte y me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú debes morir continuamente”.

(3) Y mientras esto decía me participaba varias penas, y después, tomando un aspecto más afable ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿de qué temes si está en ti la potencia de mi Voluntad?  Y es tan cierto que está este mi Querer en ti, que en un instante te he transformado en mis penas y tú con amor te has prestado a recibirlas.  Y conforme tú penabas has extendido los brazos para abrazar a mi Voluntad, y mientras tú la abrazabas, todo lo que vive en mi Querer, esto es:  Los ángeles, los santos, mi Mamá Celestial, la misma Divinidad, han sentido la estrechura de tu abrazo, y todos han corrido hacia ti para abrazarte y en coro han dicho:  ‘Cómo es grato y amado el abrazo de nuestra pequeña exiliada que vive sobre la tierra para cumplir solamente la Voluntad de Dios, así como la cumplimos nosotros en el Cielo, ella es nuestra alegría, es la nueva y única fiesta que nos viene de la tierra’.  ¡Oh, si tú supieras qué significa vivir en mi Voluntad, significa que no hay división entre ella y el Cielo, donde está mi Voluntad ella se encuentra, sus actos, sus penas, sus palabras, están en acto y obrantes en cualquier lugar donde se encuentra mi Voluntad, y como se encuentra por todas partes, el alma se pone en el orden de la Creación, y está, gracias a la electricidad del Supremo Querer, en comunicación con todas las cosas creadas, y así como las cosas creadas están en orden y armonía entre ellas, la una es el sostén de la otra, ni siquiera una puede apartarse; y jamás sea, si se apartara una sola cosa creada por Mí la Creación se trastornaría toda; hay un secreto entre ellas, una fuerza misteriosa, que mientras viven suspendidos en el aire, sin ningún apoyo, con la fuerza de la comunicación que tienen entre ellas una sostiene a la otra; así quien hace mi Voluntad está en comunicación con todos, está sostenida por todas las obras de su Creador, por eso todos la reconocen, la aman y le prestan la electricidad, el secreto de vivir junto con ellas suspendida entre el Cielo y la tierra, toda sostenida por la sola fuerza de la Suprema Voluntad”.

 

Deo Gratias.

 

 

 

 

Nihil obstat

Canonico Hanibale

M. Di Francia

Eccl.

 

Imprimatur

Arzobispo Giuseppe M. Leo

Octubre de 1926

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta