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I. M. I.

Fiat!!!

 

22-1

Junio 1, 1927

 

Jesús sabe hacer todos los milagros, excepto el separarse de su

Voluntad.  Dolor por la muerte del Padre Di Francia.  Bien de quien

pone en  práctica las verdades conocidas.  Cómo Jesús la hace

ver aquella alma bendita y le habla de ella.

 

(1) Las privaciones de mi dulce Jesús se hacen más largas, siento que no puedo más, ¡oh! si me fuera dado el tomar el vuelo hacia mi patria celestial, donde no hay más separaciones con Jesús, cómo sería feliz de salir de la dura y oscura cárcel de mi cuerpo.  ¡Jesús!  ¡Jesús!  ¿Cómo es que no quieres tener piedad de mí, de esta pobre prisionera?  ¿Cómo me has dejado sin que ni siquiera vengas a visitarme seguido en la oscura prisión en que me encuentro?  ¡Oh Jesús!, sin Ti cómo se hace más penosa, más sombría, más tremenda mi cárcel en la cual Tú me pusiste, diciéndome que estuviese en ella por amor tuyo y para cumplir tu Voluntad, pero que no me dejarías sola, sino que me harías compañía.  ¡Pero ahora, ahora todo ha terminado!  No tengo tu sonrisa que me alegra, no tengo tu palabra que rompe mi largo silencio, ni tu compañía que rompe mi soledad, estoy sola, aprisionada y atada por Ti en esta prisión, y además me has dejado.  ¡Jesús!  ¡Jesús!  no me lo esperaba de Ti.

(2) Pero mientras desahogaba mi intenso dolor ha salido de dentro de mi interior y abrazándome para sostenerme, porque no tenía más fuerza, me ha dicho:

(3) “Hija mía, ánimo, Yo no te dejo, más bien tú debes saber que tu Jesús sabe hacer y puede hacer todos los milagros, salvo el milagro de separarme de mi Voluntad, si en ti está mi Divino Querer, ¿cómo puedo dejarte?  Y si esto fuera sería un Jesús sin vida.  Más bien es la interminabilidad de mi Fiat que me esconde, y tú mientras sientes la Vida de Él, no ves a tu Jesús que está dentro de Él”.

(4) Entonces me sentía afligida, no sólo por las privaciones de mi dulce Jesús, sino porque también me había llegado la noticia inesperada de la muerte del Reverendo Padre Di Francia, era el único que me quedaba a quien podía abrir mi pobre alma, cómo me comprendía bien, era un santo, al cual me confiaba y que tanto había comprendido todo el valor de lo que Jesús me había dicho sobre la Divina Voluntad, tenía tanto interés en esto, que con insistencia se había llevado todos los escritos para publicarlos.  Así que pensaba para mí:  “Después de que Jesús permitió que se llevara los escritos con gran sacrificio de mi parte, porque yo no quería, y sólo porque era un santo yo debí ceder, y ahora Jesús se lo ha llevado al Cielo.”  Me sentía torturar por el dolor, pero ¡Fiat!  ¡Fiat!  ¡Fiat!  Todo termina aquí abajo; he roto en llanto encomendando a Jesús aquella alma bendita que tanto había sufrido y obrado por Él y mientras esto hacía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(5) “Hija mía, ánimo, tú debes saber que por todo lo que aquella alma, tan querida por Mí, ha hecho, por todas las verdades que ha conocido sobre mi Voluntad, tanta luz de más encerró en su alma, así que cada conocimiento de más es una luz mayor que posee, y cada conocimiento pone en el alma una luz distinta, una más bella que la otra, con el germen de la diferente felicidad que cada luz contiene, porque todo lo que el alma puede llegar a conocer de bien, con la voluntad de ponerlo en práctica en sí misma, el alma queda en posesión del bien que conoce.  Si no tiene voluntad de poner en práctica los conocimientos que adquiere, sucede como cuando uno toca una flor o también si se lava con agua fresquísima, en el acto sentirá el perfume de la flor, el refrigerio del agua fresca, pero como no posee la flor ni la fuente del agua fresca, poco a poco se desvanecerá el perfume y el bien de la frescura del agua, y se encontrará sin el perfume y desvanecida la frescura que había gozado; así son los conocimientos cuando se tiene el bien de conocerlos y no se ponen en práctica.  Ahora, aquella alma tenía toda la voluntad de ponerlos en práctica, tanto que viendo el gran bien que él sentía, quería hacerlos conocer a los demás, publicándolos.  Entonces, mientras que ha estado en la tierra, el cuerpo, más que pared ocultaba aquella luz, pero apenas el alma ha salido de la cárcel de su cuerpo, se ha encontrado investida de la luz que poseía, y los tantos gérmenes de felicidad que poseía, efectos de los conocimientos de mi Divina Voluntad, desarrollándose éstos, ha comenzado a sentir el principio de la vida de las verdaderas bienaventuranzas, y sumergiéndose en la eterna Luz de su Creador, se encontró en la Patria Celestial, donde continuará su misión sobre mi Voluntad, asistiendo él a todo desde el Cielo.

(6) Si tú supieras la gran diferencia que hay de gloria, de belleza, de felicidad, entre quien muriendo lleva consigo de la tierra la luz con los gérmenes de tantas felicidades, y entre quien la recibe sólo de su Creador, hay tal distancia, que es mayor que la distancia entre el cielo y la tierra.  ¡Oh! si los mortales supieran el gran bien que adquieren con conocer un verdadero bien, una verdad, y hacer de ello sangre propia para incorporarla en la propia vida, harían competencia, olvidarían todo por conocer una verdad y darían la vida para ponerla en práctica”.

(7) Entonces, mientras Jesús decía esto he visto ante mí el alma bendita del padre junto a mi lecho, investida de luz, suspendida sobre la tierra, que me miraba fijamente sin decirme una palabra, también yo me sentía muda frente a él y Jesús ha continuado:

(8) “Míralo como está transformado, mi Voluntad es Luz y ha transformado aquella alma en luz; es bella, le ha dado todas las tintas de la perfecta belleza; es santa y ha quedado santificada; mi Voluntad posee todas las ciencias, y el alma ha quedado investida de la ciencia divina; no hay cosa que mi Voluntad no le haya dado.  ¡Oh! si todos entendieran qué significa Voluntad Divina, pondrían todo aparte, no se afanarían de hacer nada más y todo el empeño estaría en hacer sólo mi Voluntad”.

(9) Después de esto pensaba para mí:  “¿Pero por qué Jesús bendito no ha concurrido a hacer el milagro al Padre Di Francia?”  Y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(10) “Hija mía, la Reina del Cielo en la Redención no hizo ningún milagro, porque sus condiciones no le permitían dar la vida a los muertos, la salud a los enfermos, porque siendo que su Voluntad era la de Dios mismo, lo que quería y hacía su Dios, quería y hacía Ella, no tenía otra Voluntad para pedir a Dios milagros y curaciones, porque a su voluntad humana no le dio jamás vida, y para pedir milagros a esta Voluntad Divina debía valerse de la suya, lo que no quiso hacer, porque hubiera sido descender al orden humano, pero la Soberana Reina no quiso dar jamás un paso fuera del orden divino, y quien está en él, debe querer y hacer lo que hace su Creador, mucho más pues con la vida y luz de esta Divina Voluntad, veía que era lo mejor, lo más perfecto, lo más santo aun para las criaturas, lo que quería y hacía su Creador.  Por tanto, ¿cómo podía descender de la altura del orden divino?  Y por eso hizo sólo el gran milagro que encerraba todos los milagros, la Redención, querida por la misma Voluntad de la que era animada, que llevó el bien universal a quien quiera que lo desee.  La gran Madre Celestial, mientras en vida no hizo ningún milagro aparente, ni de curaciones, ni de resucitar a los muertos, hacía y hace milagros todos los momentos, todas las horas y todos los días, porque conforme las almas se disponen, se arrepienten, dando Ella misma las disposiciones para el arrepentimiento, biloca a su Jesús, el fruto de su seno, y todo entero lo da a cada uno como confirmación de su gran milagro que Dios quiso que hiciera esta Celestial Criatura.  Los milagros que Dios mismo quiere que hagan sin mezcla de voluntad humana, son milagros perdurables, porque parten de la fuente divina que jamás se agota, y basta quererlos para recibirlos.

(11) Ahora tus condiciones se dan la mano con la inigualable Reina del Cielo, debiendo tú formar el reino del Fiat Supremo no debes querer sino lo que quiere y hace mi Divina Voluntad, ni tu voluntad debe tener vida, aunque te parezca de hacer un bien a las criaturas y así como mi Mamá no quiso hacer otros milagros sino sólo aquél de dar su Jesús a las criaturas, así tú, el milagro que quiere mi Voluntad Divina que tú hagas es el de dar mi Voluntad a las criaturas, de hacerla conocer para hacerla reinar; con este milagro harás más que todo, pondrás al seguro la salvación, la santidad, la nobleza de las criaturas y desterrarás también los males corporales de ellas, causados porque no reina mi Voluntad Divina, no solo esto, sino que pondrás a salvo una Voluntad Divina en medio a las criaturas y le restituirás toda la gloria, el honor que la ingratitud humana le ha quitado.  Por esto no he permitido que le hicieras el milagro de curarlo, pero le has hecho el gran milagro de hacerlo conocer mi Voluntad, y ha partido de la tierra con la posesión de Ella y ahora goza en el océano de la luz de la Divina Voluntad, y esto es más que todo”.

 

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22-2

Junio 8, 1927

 

Para quien hace la Divina Voluntad, todos los tiempos y lugares

son los suyos, cómo toma en un puño la eternidad.  Cómo Dios

no pierde nada porque es perfecto en el amar.

 

(1) Estaba siguiendo a la Divina Voluntad en sus actos de todo lo que había hecho en el orden de toda la Creación, desde el principio del mundo hasta el presente; pero mientras esto hacía pensaba para mí:  “Lo que ha pasado no está en mi poder, por lo tanto me parece una pérdida de tiempo el ir buscando lo que ha pasado”. Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:

(2) “Hija mía, quien hace y vive en mi Voluntad, todos los tiempos y todos los lugares son los suyos.  Mi Voluntad Suprema no pierde nada de lo que hace, y con su potencia hace el acto y lo conserva en sí íntegro y bello como lo ha hecho.  Así que para quien vive en mi Supremo Querer, encuentra en Él el orden de todos sus actos, como si en aquel instante los estuviera haciendo, y el alma uniéndose junto con Él, hace lo que mi Querer está haciendo.

(3) Este es todo el gozo, la complacencia, la gloria de mi Querer, que mientras sus actos son eternos, la pequeñez de la criatura que vive en Él toma la eternidad en un puño y encontrando como en acto los actos de su Creador, los repite junto con Él, ama, glorifica la interminabilidad de los actos de Aquél que la ha creado, formándose una competencia de obras, competencia de amor y de gloria.  Por lo tanto, a su disposición están los tiempos de la Creación, como el lugar del Edén terrenal, tiene los tiempos de mi Encarnación, de mi Pasión, y Belén, Nazaret, el Calvario, no están lejanos de ella; para ella no existe el pasado, la distancia, sino que todo está presente y cercano.  Es más, tú debes saber que mi Voluntad da la unidad de todo al alma, y así como Ella mientras es una hace todo, así el alma con la unidad Divina encierra en sí, como si fuera uno solo, los pensamientos de todos, las palabras, obras, pasos y latidos de todos, de modo que mi Querer encuentra en ella todas las generaciones y cada uno de los actos de cada uno como los encuentra en Sí mismo.  ¡Oh!  cómo se conocen los pasos de esta elegida criatura, cómo son dulces sus pisadas, se pone en presencia de su Dios, pero no va jamás sola, sino que lleva en sus pasos el sonido de los pasos de todos, su voz contiene las notas de todas las voces humanas y, ¡oh! qué bella armonía forma en nuestra Voluntad, su latido desprende llamas por cuantas criaturas han salido a la vida.  ¡Oh!  cómo nos felicita, nos entretenemos juntos, es nuestro querido joyel, el reflejo de nuestras obras, la imagen de nuestra Vida.  Por eso quiero que reine mi Voluntad en la criatura, para llenarla de todos sus actos, porque cuando Ella no reina se forma el vació de sus actos en ellas y ¡oh!, cómo es terrible el vació de una Voluntad Divina en la criatura, es como una tierra árida, pedregosa, sin sol y sin agua, que da terror al verla.  Y cuántos de estos vacíos hay en la criatura, y cuando encuentro quién vive en mi Voluntad hago fiesta, porque puedo llenarla de todos los actos de mi Voluntad”.

(4) Después estaba pensando en lo que está escrito arriba, y mi Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, nuestro amor es perfecto en todas nuestras obras, y como es perfecto nada perdemos de lo que hacemos y por eso nuestras obras sirven como triunfo, gloria y corona imperecedera de nuestro Ser Divino, y lo que viene hecho en la perfección de nuestro amor perfecto no está sujeto ni a perderse, ni a perder su integridad y belleza.  Cómo es diferente el obrar de la criatura porque le falta el perfecto amor a sus obras, obra y las pone fuera, no tiene virtud ni espacio para conservarlas en sí misma y por eso muchas obras pierde de sí misma y faltando la vida, el amor de quien las ha formado, las obras humanas no tienen virtud de mantenerse bellas, íntegras y siempre nuevas como fueron hechas.

(6) Por tanto al alma que vive en nuestra Voluntad Divina, Nosotros nos deleitamos en hacerle ver  todos nuestros actos, los cuales, todos están como presentes y en acto de hacerlos y decimos al alma:  ‘Repite nuestro acto a fin de que lo que hacemos Nosotros, lo hagas también tú, para poner en común el acto del Creador con la criatura’.  Sucede como a una persona que tiene tantas cosas bellas, pero las tiene guardadas bajo llave en un cuarto aparte, nadie sabe que tiene tantas cosas de tan variadas bellezas; ahora, otra persona entra en gracia de la primera, se muestra fiel, no es capaz de quitar una coma de su voluntad; esto le rapta el corazón a la primera y se lo siente romper, porque el amor hacia aquélla la lleva con una fuerza irresistible a hacerla ver los bienes que posee, la variedad y rareza de las tantas cosas preciosas, y por eso abre el cuarto secreto y le dice:  ‘Me siento dividido en el amor si no te digo mis secretos, si no te hago ver lo que poseo, para que lo podamos gozar y poseer juntos”.  Para la segunda parecen cosas nuevas, porque ella jamás había visto tales cosas, pero para la primera eran cosas antiguas.  Así sucede para quien viene a vivir en nuestra Voluntad, se abren las puertas, se develan nuestros secretos, se pone al día de todas nuestras obras más bellas.  Tener secretos con ella, esconder nuestros actos, nos pesaría en el corazón, sería tenerla como una extraña.  ¡Oh! cómo nos afligiría, porque el verdadero y perfecto amor no admite ni secretos, ni división de obras y de bienes, sino lo que es mío es tuyo, lo que conozco yo conoces tú.  Más bien tú debes saber que mi Voluntad forma el eco de sus obras, de su amor, de su palabra en el alma donde Ella reina, de modo que oyendo su eco, Ella repite la obra, el amor, la palabra del Fiat Divino”.

 

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22-3

Junio 12, 1927

 

Relaciones que hay entre Creador y criatura, entre Redentor y redimidos,

entre Santificador y santificados.  Quién sabrá leer las señales Divinas.

 

(1) Estaba según mi costumbre siguiendo los actos del Fiat Divino para reparar y vincular todas las relaciones rotas por la voluntad humana entre Creador y criatura, entre el Redentor y los redimidos, entre el Santificador y los santificados, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien quiere conocer todas las relaciones que hay entre Creador y criatura y mantener en vigor sus vínculos, debe hacer reinar en él, con absoluto dominio a mi Divina Voluntad, porque estando en toda la Creación la Vida de Ella, formará una sola vida para todas las cosas creadas, y siendo una la vida, entenderá el lenguaje de ellas y las relaciones que hay con su Creador.  Cada cosa creada habla de su Creador, posee caracteres legibles de mi Fiat Divino.  Pero ¿sabes tú quién es capaz de oír su voz, de entender su hablar celeste y leer los caracteres divinos que cada cosa creada tiene impresos?  Quien posee mi Voluntad tiene el oído para escuchar su voz, inteligencia para comprenderla, ojos para leer los caracteres divinos que con tanto amor imprimió su Creador en cada cosa creada.  En cambio quien no hace reinar mi Voluntad, se encuentra en las condiciones de quien es sordo y no escucha, de quien es cretino y no comprende, de quien no ha estudiado las diferentes lenguas y por cuanto se diga no entiende nada. Así también para mantener las relaciones y conocerlas entre Redentor y redimidos, deben estudiar mi Vida, cada palabra mía, obra, paso, latido y penas, todos eran vínculos con los cuales vine a vincular a todos los redimidos.  ¿Pero quién queda vinculado?  Quien estudia mi Vida y trata de imitarme; conforme me imita así queda vinculado con mis palabras, obras, pasos, etc., y recibe la vida de ellas, y tendrá el oído para escuchar todas mis enseñanzas, mente para comprenderlas y ojos para leer todos los caracteres impresos en Mí al venir a redimir al género humano.  Y si la criatura no hace esto, los caracteres de la Redención serán ilegibles para ella, será un lenguaje extraño para ella, y las relaciones y vínculos de la Redención no tendrán vigor.  La criatura será siempre el ciego de nacimiento para todos nuestros bienes de los cuales la queríamos enriquecer.  Y para quien quiere conocer y recibir todas las relaciones y vínculos de la santidad, debe  amar al Santificador, el Espíritu Santo pone en camino sus llamas hacia quien ama en verdad y lo vincula con relaciones de su santidad; sin amor no hay santidad, porque los vínculos de la verdadera santidad quedan rotos”.

(3) Mi Jesús ha hecho silencio y yo he permanecido toda inmersa en el Fiat Supremo, y mi amado Bien ha continuado:

(4) “Hija mía, quien vive en mi Voluntad bebe luz, y así como la luz mientras la ve y goza uno, la pueden ver y gozar los otros, así mi Voluntad dándose como luz al alma e invistiéndola toda, biloca todo el interior de ella y hace luz a cada pensamiento de criatura, biloca su palabra y hace luz a las palabras de los demás, biloca sus obras, sus pasos y hace luz a los de los demás.  La luz posee la verdadera y perfecta bilocación, y mientras ella es una, tiene virtud de bilocarse por cada uno que la quiera gozar y ver.  ¿No es uno el sol, pero cuántos lo ven y gozan?  Mucho más el Sol de mi Querer, que el alma bebe y se llena toda de su luz, tiene virtud de que mientras es uno se biloca por cada acto, palabra, paso, etc., y forma en ellos el encanto de su luz Divina”.

 

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22-4

Junio 17, 1927

 

Cómo la Voluntad de Dios es todo.  Cómo ve nuevamente

al padre Di Francia, y él le dice sus sorpresas.

 

(1) Siento mi pobre mente como fija en el centro del Fiat Supremo, y moviéndome en torno a este centro me difundía en todos sus actos, abrazando en la interminabilidad de su luz a todos y a todo, pero mientras esto hacía pensaba para mí:  “¿Por qué debo abrazar a todos y a todo estando en el Querer Divino?”  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Voluntad es todo, no hay cosa que de Ella no reciba la vida, no hay lugar donde no se encuentre, no hay efecto bueno que de Ella no surja, todo es suyo, de Ella todo depende; por eso en el alma donde Ella reina quiere encontrar a todos y todo lo que es suyo, y si no encontrara a todos y a todo se sentiría dividida en su imperio, separada de sus actos, lo que no puede ser.  He aquí el por qué sintiendo en ti la Vida del Fiat Divino, junto con Ella tú sientes a todos y a todo:  Sientes la vida del sol que da luz, calienta y fecunda, y a la tierra que respirando esta luz se vuelve fecunda, se viste de plantas y flores, y dándose la mano tierra y sol, sostienen y alegran todas las generaciones.  Es mi Voluntad la que da vida al sol, que hace respirar la tierra para alegrar toda la Creación, haciendo cantar a los pájaros, saltar y balar a los corderos y todo lo que sucede en el universo; ¿no quieres tú acaso sentir todo lo que hace mi Voluntad, que encerrando en ti como en un solo centro todo, te hace sentir el corazón humano que palpita, la mente que piensa, las manos que obran, y que mientras da vida a todo esto, no siendo todos para Ella, no encuentra la correspondencia de sus actos divinos en los actos de la criatura, y quiere de ti lo que ellos no hacen?  Quiere que todos sus actos sean llenados por ti con los actos de su misma Voluntad Divina.  Por eso tu tarea es grande y requiere suma atención”.

(3) Después de esto me encontré fuera de mí misma, y mientras buscaba a mi dulce Jesús me he encontrado con el padre Di Francia, estaba todo alegre y me ha dicho:

(4) “¿Sabes cuántas bellas sorpresas he encontrado?  Yo no me la creía cuando estaba sobre la tierra, si bien pensaba que había hecho algún bien al publicar el ‘Reloj de la Pasión’, pero las sorpresas que he encontrado son maravillosas, encantadoras, de una rareza jamás vista, todas las palabras concernientes a la Pasión de Nuestro Señor cambiadas en luz, una más bella que la otra, todas entrelazadas entre ellas, y estas luces crecen siempre a medida que las criaturas hacen las Horas de la Pasión, así otras luces se agregan a las primeras.  Pero lo que me sorprendió más, han sido las pocas palabras publicadas por mí acerca de la Divina Voluntad.  Cada palabra cambiada en sol, que invistiendo con sus rayos todas las luces forman tal sorpresa de belleza que se permanece raptado, encantado.  Tú no puedes imaginar cómo quedé sorprendido al verme en medio de estas luces y de estos soles, cómo estuve contento y agradecí a nuestro Sumo Bien Jesús que me dio la ocasión y la gracia de hacerlo; también tú agradécele de parte mía”.

(5) Yo quedé maravillada al oír esto, y estaba haciendo mis oraciones en el Fiat Divino, queriendo que tomaran parte también los mismos bienaventurados, y mi amable Jesús me ha dicho:

(6) “Hija mía, en todo lo que se hace en mi Voluntad Divina, aunque el alma no pusiera la intención, todos toman parte, mucho más los bienaventurados que viven en la unidad de Ella.  Mi Voluntad se encuentra por todas partes, y con su fuerza unificadora lleva a todos, como acto suyo lo que hace la criatura en Ella; sólo hay esta diferencia, que si el alma que obra en mi Voluntad en la tierra pone la intención de dar gloria especial a quien vive en la patria celestial, los bienaventurados del Cielo se sienten, en la unidad de mi Querer, llamar por aquélla que quiere felicitarlos y glorificarlos de más; ellos la miran con tanto amor y complacencia, que extienden su protección toda especial sobre ella.  Quien no obra en la unidad de mi Fiat queda en lo bajo, porque le falta la fuerza para subir a lo alto, sus obras no poseen ni la fuerza comunicativa, ni la de elevarse, las corrientes de comunicación están cerradas y están vacías de luz.  Si tú supieras qué diferencia hay entre quien obra, incluso el bien, en la unidad de mi Querer, y quien obra fuera de Él, incluso el bien, aun a costa de tu vida no harías nada, por mínimo que sea, fuera de mi Voluntad”.

(7) Y después viéndome con amor en lo más íntimo de mi interior ha continuado:

(8) “Hija mía, he venido para ver y visitar las propiedades de mi amor que deposité en tu alma, y si todo está en orden e íntegro como fue puesto por Mí”.

(9) Y después de haberme observado toda, ha desaparecido.

 

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22-5

Junio 20, 1927

 

Dios al crear al hombre le dio una tierra fértil y bella.

Causa por la que tiene viva a Luisa.  Todo lo que se hace

en la Divina Voluntad tiene vida continua.

 

(1) Me sentía oprimida y toda aniquilada en mí misma, sin poder hacer nada.  Las privaciones tan frecuentes de mi amado Jesús me vuelven incapaz para todo, y mientras por una parte las siento a lo vivo que laceran mi pobre alma, por otra parte me hacen entontecer, petrificar como si no tuviera más vida; o bien siento la vida para sentirme morir.  ¡Oh Dios, qué penas, éstas son sin misericordia y sin piedad!  Vivir bajo la pesadilla de una pena que me lleva un peso infinito, inmenso y eterno, no tengo a dónde ir, ni qué hacer para no sentir el peso enorme de esta tremenda pena.  Entonces pensaba entre mí:  “No soy buena para nada, sino para sentir todo el peso de mi gran desventura de estar privada de Aquél que a mí me parece que todos los demás poseen.  Sólo a mí me tocaba esta pena tan desgarradora de no poseer mi Vida, mi Todo, mi Jesús.  ¡Ah! Jesús, regresa a aquélla que Tú heriste y la dejaste en poder del dolor de la herida que Tú mismo le hiciste, y después, ¿para qué tenerme en vida cuando no soy buena para hacer nada?”  Pero mientras desahogaba mi dolor, mi sumo bien Jesús se ha movido en mi interior y estrechándome a Él me ha dicho:

(2) “Hija mía, la tierra creada por Dios fértil y bella, con un sol resplandeciente que la iluminaba y alegraba, se convirtió en espinosa y llena de piedras por el pecado, la voluntad humana puso en fuga el Sol de la mía, y densas tinieblas la cubrieron, y Yo te conservo viva porque debes quitar las piedras de la tierra y volverla fértil de nuevo.  Cada acto de voluntad humana ha sido una piedra que ha cubierto la bella tierra creada por Mí, cada pecado venial ha sido una espina, cada pecado grave ha sido un veneno y cada bien hecho fuera de mi Voluntad ha sido como arena esparcida sobre el terreno, que invadiéndola toda impedía la vegetación aun a la más pequeña planta o cualquier hilo de hierva que pudiera despuntar debajo de las piedras.  Ahora hija mía, cada acto tuyo hecho en mi Voluntad debe quitar una piedra, ¡y cuántos actos se necesitan para quitarlas todas! y con no dar jamás vida a tu voluntad llamarás de nuevo a los refulgentes rayos del Sol del Fiat Supremo a resplandecer sobre estos terrenos tenebrosos, y estos rayos llamarán al viento impetuoso de la gracia, que con su imperio removerá toda aquella arena, esto es, todo aquel bien hecho no para cumplir mi Querer, ni en Él, ni por amor mío, sino más bien para rescatar estima, gloria, interés humano.  ¡Oh! cómo es pesado este bien aparente, más que arena que impide la vegetación a las almas y las vuelve de tal manera estériles, que dan piedad.  Por eso el Sol de mi Querer con su fecundidad cambiará las espinas en flores y frutos, y el viento de mi Gracia será el contraveneno y verterá la vida en las almas.  Entonces, tú debes estar convencida que te tengo todavía con vida para reordenar la obra de la Creación, y así como una voluntad humana saliéndose de la mía desordena todo hasta cambiar la faz de la tierra, así otra voluntad humana que entra en la mía, con actos repetidos e incesantes debe reordenar todo y restituirme el dulce encanto, la armonía, la belleza de los primeros tiempos de la Creación.  ¿No sientes en ti cuán grande es tu campo de acción?  Y cómo reandando en el Edén terrenal, donde mi Querer Divino festejó con los primeros actos del hombre, y gozábamos juntos la tierra fértil y bella que le había dado, te llamo a ti para vincular los primeros actos y para hacerte caminar todos los terrenos invadidos por la voluntad humana, para que abrazando todos los tiempos juntos, ayudes a quitar las piedras, las espinas, la arena que el querer humano ha acumulado, cambiando estos terrenos hasta dar piedad”.

(3) Entonces mi pobre mente, en el Querer Divino se ponía en el Edén, para entrar en la unidad de aquel acto único, que sólo en Él se encuentra, para descender hasta los últimos tiempos a fin de que mi amor, mi adoración, etc., pudieran extenderse a todos los tiempos, lugares, y por todos y por cada uno.  Pero mientras esto pensaba y hacía, decía entre mí:  “Cuántos desatinos estoy diciendo, en los últimos tiempos, yo espero por gracia del Señor estar allá arriba, en la Patria Celestial, ¿cómo podré amar en el tiempo mientras estaré en la eternidad?”  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, todo lo que se hace en mi Voluntad tiene vida continua, porque todo lo que es hecho en Ella tiene por principio el amor de su Creador, que no está sujeto a terminar, amó, ama y amará siempre, ninguno puede interrumpir este amor.  Así que quien ama, quien adora en mi Voluntad, no hace otra cosa que seguir a aquel amor eterno, aquella adoración perfecta de las Divinas Personas, que no tienen ni principio ni fin; el alma conforme entra en mi Voluntad, entra en medio de nuestros actos y continúa amando con nuestro amor y adorar con nuestra adoración, y queda vinculada con nuestro amor recíproco, con nuestra Voluntad única, la cual tiene virtud de no cesar jamás en sus actos, y todo lo que pueden hacer los demás no es otra cosa que la continuidad del acto hecho en mi Divina Voluntad; los actos hechos en Ella tienen vida perenne y continua.  Entonces tu amor en los últimos tiempos no será nada diferente al de ahora, y si los otros amarán, amarán en el tuyo y con tu amor, porque él será acto primero, porque tiene su principio en Dios.  Por lo tanto desde la patria celestial tú amarás en el tiempo y en la eternidad, mi Voluntad tendrá celosa tu amor como tiene el suyo, y dondequiera que Ella se extenderá y tendrá su Vida, te hará amar y adorar por todas partes.  Quien vive en mi Voluntad todos sus actos tienen por principio y por fin todos los actos Divinos, el modo de nuestro obrar; así que el alma no hace otra cosa que seguir lo que hace Dios.  La Soberana Reina, que hacía vida perfecta en la morada real de nuestro Querer, no tenía otro amor que el nuestro, ni otra adoración, todos sus actos se ven tan fundidos en los nuestros, que lo que en nuestros actos es naturaleza, en Ella es gracia, y como sus actos no tuvieron principio en su querer, sino en el Nuestro, Ella por derecho tiene el primado sobre todos los actos de las criaturas, por eso si tú amas, la Celestial Reina tiene el primado sobre tu amor, y tú sigue su amor como sigues el nuestro, y la gran Señora y Nosotros continuaremos amando en tu amor, y así de todo lo que puedas hacer en nuestra Voluntad.  Entonces viniendo tú a la patria celestial, tu amor no partirá de la tierra, sino que continuará amando en cada una de las criaturas.  Por eso mi Fiat Divino desde ahora te hace extender tu amor en el pasado, en el presente y en el futuro, para darte el derecho de que tu amor se extienda por todas partes y en todos los tiempos y jamás cese de amar.  He aquí la gran diferencia entre quien vive en mi Voluntad y entre quien vive fuera de Ella”.

 

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22-6

Junio 26, 1927

 

Todas las cosas de Dios tienen igual peso.  Todo lo que Dios hizo

en la Creación está adornado por su amor, y esto lo siente

quien vive en la Divina Voluntad.

 

(1) Estaba haciendo mi acostumbrado giro en el Fiat Divino, y mientras giraba por toda la Creación pensaba para mí:  “Cuánta luz y calor tendrá en sí mi Creador, si tanto de ello puso fuera al crear el sol.  ¡Oh! cómo se debe sentir quemar por su calor si tanto contiene”.  Y mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, en nuestras cosas hay perfecta e igual medida de todo, así que por cuanto es el amor, el calor, la luz, otro tanto es la frescura, la belleza, la potencia, la dulzura, etc.  Uno es el peso de todo y por eso el calor viene alimentado por la frescura y la frescura por el calor; la luz viene alimentada por la belleza y la belleza es alimentada por la luz, de modo que una modera a la otra; la fortaleza alimenta la dulzura, y la dulzura a la fortaleza, y así de todo el resto de nuestras cosas divinas, de manera que cada una nos felicita.  Cada una de nuestras cualidades, por separado, nos oprimirían, en cambio juntas, siendo de perfecta igualdad, nos sirven de felicidad, de alegría, de contentos, y todos hacen competencia por hacernos felices:  El calor nos lleva la felicidad del amor y la frescura nos lleva la alegría de lo bello, de lo fresco; la luz nos lleva la alegría de la luz, y la belleza moderando la viveza de la luz nos lleva la felicidad de lo bello, de lo bueno, de lo santo, de la inmensidad, ella entreteje todas nuestras cualidades y todas nos las vuelve bellas, amables y admirables; la fortaleza nos lleva la felicidad de los fuertes, y la dulzura invadiéndola toda nos lleva las alegrías mezcladas de dulzura y fortaleza.  Y todo lo que se ve en la Creación no son otra cosa que desahogos de la abundancia de la luz, del calor, de la frescura, belleza y fortaleza que poseemos dentro de Nosotros, y estos desahogos fueron puestos fuera de Nosotros para alimentar y hacer felices a las criaturas con nuestros mismos desahogos, en modo de hacerlas felices, y por medio de alimentarse de nuestras cualidades hacerse semejantes a Nosotros, y las criaturas debían ser portadoras de felicidad y de alegrías a su Creador.  Cómo debía ser bello verlas luminosas como soles, más bellas que prado florido y cielo estrellado, fuertes como viento impetuoso adornado de frescura divina, de manera de mantenerse siempre nuevos y frescos sin cambiarse.  Nuestra Voluntad les llevaría todos nuestros desahogos unidos juntos, donde uno felicita al otro, pero como el hombre se sustrajo del Fiat Supremo recibe nuestros desahogos separados el uno del otro, y por eso el calor lo quema, la luz lo eclipsa, el frío lo entorpece, el viento lo daña y muchas veces lo aterra, lo derriba.  Nuestras cualidades no viendo en el hombre la copia de su Creador, ni el vínculo de la unión con el Fiat Divino, actúan separadas sobre de él y no recibe la felicidad que unidas ellas contienen.  Por eso con mi Voluntad la criatura habría sido el ser más feliz; en cambio sin Ella es el más infeliz”.

(3) Después continuaba mi vuelo en el Querer Divino, y sobrevolando sobre cada pensamiento de criatura y acto, sobre cada planta y flor, sellaba mi te amo y pedía el reino del Fiat Divino.  Pero mientras esto hacía pensaba para mí:  “Qué gran historia en mi pobre mente, no parece que me pueda apartar, debo ir encontrando todos los tiempos, todos los lugares, todos los actos humanos, hasta plantas y flores y todo, para imprimir un te amo, un te adoro, un te bendigo, un gracias, y pedirle su reino”.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose de nuevo en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, ¿crees que eres tú quién hace esto?  No, no, es mi Voluntad que va buscando todos sus actos que puso fuera en la Creación, adornando cada acto suyo, pensamiento, palabra, paso, con su te amo, y este te amo corre a través de cada acto y pensamiento hacia cada criatura.  Quien está en mi Voluntad siente este amor de Dios esparcido por todas partes, aun en las plantas, en las flores, hasta debajo de la tierra en las raíces, su amor está escondido, porque no pudiendo contenerlo desgarra la tierra y adorna plantas y flores con su te amo para manifestar su ardiente amor hacia la criatura, y mi Voluntad reinando en el alma quiere continuar su te amo de la Creación y por eso te llama a seguir su eterno amor, y llamando cada uno de los pensamientos y actos, y todos los elementos creados, dice y te hace decir, ‘te amo’, y te hace pedir con su misma Voluntad su reino para vincularlo de nuevo en medio a las criaturas.  Qué encanto hija mía, ver tu te amo unido a aquel de mi Querer, que corre en cada pensamiento y acto de criatura y pide mi reino, ver correr este te amo en la impetuosidad del viento, extenderse en los rayos del sol, murmurar en el murmullo del mar, en el fragor de las olas, imprimirse sobre cada planta y elevarse con la más bella adoración en el perfume de las flores y más que voz trémula decir, ‘te amo en el dulce temblor y centelleo de las estrellas’, en resumen, en todas partes.  Quien no vive en mi Querer Divino no escucha este lenguaje de mi eterno amor en todos sus actos y en cada una de las cosas creadas, pero quien vive en Él se siente tantas veces llamada a amar por cuantas veces la ha amado su Creador.  Todas las cosas le hablan con santa elocuencia de mi amor.  Qué ingrata sería si no siguiera el amor hablante de mi eterno Fiat”.

 

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22-7

Junio 29, 1927

 

Cómo Dios tiene fija su mirada en nuestro interior.  Para quien

vive en la Divina Voluntad todo se convierte en Voluntad de Dios.

 

(1) Estaba pensando en que nada hago para glorificar a mi amado Jesús, y Él moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, Yo no miro lo que haces externamente, sino que veo si la fuente de tu interior está llena sólo de mi amor y tanto, de derramarse fuera en tus actos externos, de manera de quedar aun tus actos externos, como por celestial rocío, todos adornados por la fuente de mi amor que contienes dentro.  Así que mi mirada está siempre fija en tu interior, y si mi amor unido con mi Querer Divino murmura siempre en ti, eres siempre bella a mis ojos, bella si oras, bella si trabajas y sufres, bella si tomas el alimento, si hablas, si duermes, me eres siempre bella, en cada acto tuyo, cualquiera que sea, recibes de mi Querer una nueva tinta de belleza, haciéndote aparecer más bella a mis ojos, y mi amor crece en la fuente de tu alma, de modo que tus actos externos respiran más que aire mi amor y despiden exhalaciones tan agradables a Mí, que me dan tanto placer que me hacen ir a deleitarme en ti”.

(3) Después seguía pensando en la Divina Voluntad y abandonándome toda en Ella, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, para quien vive en mi Divina Voluntad todas las cosas se vuelven para ella Voluntad mía, todo lo que hace, toca y ve; toca, ve y hace mi Voluntad.  Si piensa y vive en mi Querer, se sentirá investir y correr en su mente la santidad de la inteligencia de la Vida Divina; si habla sentirá correr en su palabra la santidad de aquel Fiat, que si habla, crea; si obra y camina sentirá correr en los suyos, la santidad de las obras divinas y los pasos del Fiat Eterno; aun si duerme sentirá en sí el reposo eterno de su Creador, y todos harán competencia para llevarle mi Voluntad:  El sol con su luz, el viento con su frescura, el fuego con su calor, el agua con sus refrigerios, las flores con su perfume, el pájaro con su canto y trino, el alimento con sus sabores, el fruto con su dulzura, en suma, uno no esperará al otro, llevándole todos ellos los actos que hace mi Voluntad en cada cosa creada, de modo que el alma estará como reina a recibir todos los actos innumerables que hace el Querer Divino en toda la Creación.  Aquel Querer Divino que vive y reina en ella atraerá todos sus actos que ejercita en todas las cosas, en su pupila se formará un dulce encanto, de manera de descubrir en todas las cosas aquella Voluntad Divina que corre en tantos diversos modos hacia ella, para hacerla llegar a ser toda Voluntad de Dios”.

(5) Después de esto pensaba entre mí:  “Cómo será que cuando estoy haciendo o cumpliendo mi giro en toda la Creación para seguir los actos de la Suprema Voluntad, siento salir de mí una luz, y aunque no viera a mi amado Jesús, me dice siempre alguna verdad que pertenece al Fiat Divino”.  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, sucede en ti como cuando un recipiente está lleno de agua o de otro líquido, si se pone dentro un pedazo de pan, el agua se derrama fuera y baña el lugar que lo circunda; o bien como sucede en el mar, el viento eleva las aguas y forma las olas como si quisiera hacer ver a todos las aguas del mar.  Así sucede de ti, tú entrar en los actos de mi Voluntad, el girar en Ella, es más que pan inmerso en el recipiente lleno de agua, y más que viento que hace elevarse la luz de mi Voluntad, la cual dilatándose desborda fuera de ti y hablándote con su lenguaje de luz te habla de aquella misma luz de la cual estás llena, queriendo hacerse conocer con sus olas de luz quién es, qué sabe hacer y qué quiere hacer.  Conforme tú pones el viento de tus actos en mi Querer, así la luz de Ella se mueve, forma sus olas de luz hasta desbordar fuera de ti, para hacer conocer no sólo a ti, sino también a los demás sus olas de luz, esto es sus verdades.

(7) Todo lo que te he manifestado acerca de mi Voluntad, le fue dicho también a la Soberana del Cielo, porque Ella no hacía otra cosa que dilatarla continuamente para tomar sus manifestaciones, conocerlas, amarlas y poseerlas más que vida propia, pero no desbordaban fuera de Sí, sino que estas olas permanecían dentro de Sí porque no tenía el mandato de hacer conocer mi Divina Voluntad, no era su misión, y las conservó en su propio corazón, aun las más pequeñas verdades, como las más grandes, como preciosas reliquias, como depósitos sagrados, esperándote a ti que deberías tener una misión especial para suministrarte también su viento, para hacerte inflar las olas de la luz del Querer Divino, a fin de que desbordando fuera de ti, pudiera tener su parte en el hacer conocer mi Voluntad”.

 

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22-8

Julio 1, 1927

 

Cómo para hacer una obra grande se requieren sacrificios grandes.

 

(1) Mi adorable Jesús se esconde siempre más, y también al escribir no siento más, como hasta ahora, su luz que me sugiere las palabras necesarias para lo que Él quería que yo escribiera.  Por una sola palabra que me había dicho en su breve visita que hacía a mi alma en el acto de escribir, me sugería tanto en mi interior, hasta hacer resonar sobre mis labios su voz dulcísima, y yo no alcanzaba a escribir todo; y ahora todo es fatiga, todo es esfuerzo, todo es pobreza:  Pobreza de luz, de palabras, de vocablos necesarios.  Mis pobres ojos se llenan de sueño y debo hacer esfuerzos increíbles para poder escribir alguna línea, y estos esfuerzos me enervan, me debilitan tanto, que no puedo seguir adelante.  ¡Oh! cómo lloro a Aquél que me era luz, palabra, consejero, dictador, y me daba tal capacidad de vigilia, que mis ojos no sabían cerrarse al sueño sino cuando venía mi amado Jesús para llevarme junto Consigo.  Entonces estando todo esto, después de haber escrito con fatiga increíble, pensaba para mí que tal vez no es más Voluntad de Dios que yo escriba cuando el bendito Jesús me dice alguna cosa, y si Él no lo quiere, mucho menos yo lo quiero.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús salió de dentro de mi interior como para sostenerme, porque me sentía morir por el esfuerzo que había hecho al escribir un poco, y me ha dicho:

(2) “Hija mía, por cuanto más grande es una obra y por cuanto más bien debe llevar a la familia humana, tantos más sacrificios heroicos se requieren.  ¿Cuántos sacrificios, penas, dolores, y aun la muerte, no sufrí Yo para formar la obra Redentora de las criaturas?  Porque era obra grande, todo debía ser grande:  Dolores, penas inauditas, las más infames humillaciones, amor invencible, fortaleza heroica y paciencia invencible.  Todo debía ser grande, porque cuando una obra es grande, por todos los modos son tomadas las criaturas para poder recibir el bien que contiene en sí una obra grande, menos algún obstinado o pérfido, que a fuerza quiere huir.  En cambio cuando una obra es pequeña, no se requieren sacrificios grandes, y por eso de una obra pequeña no todas las criaturas pueden recibir el bien de ella, porque faltando lo grande, quién no encontrará el camino, a quién le faltará el terreno bajo los pies, a quién la luz, a otros les faltará la fuerza raptora de un amor sacrificado y doloroso, en suma, pocos serán los que podrán recibir el bien de una obra pequeña, porque le falta la vida y la sustancia de poderse dar a quien la quiera recibir.

(3) Ahora hija mía, la obra del reino del Fiat Divino es la obra más grande, y mientras se da la mano con la obra de la Redención, por la gloria Divina y por el bien y santidad que llevará a las criaturas, supera a la misma Redención, y por eso se requieren grandes sacrificios, penas y dolores sin número, oraciones incesantes, por eso debía elegir una criatura que voluntariamente debía aceptar el gran sacrificio de tantos años, de tantas variadas penas, y Yo haré conocer a los hijos de mi reino cuánto nos ha costado a ti y a Mí este reino de mi Voluntad, para hacer que todos pudieran entrar en él, dándoles las vías abiertas por todas partes y en todos los modos para vencerlos y hacerlos venir.  Caminos de luz, caminos de penas, caminos todas las manifestaciones y verdades que he manifestado, y haré ver el esfuerzo increíble que has hecho en el escribir para hacer que nada faltara para hacerles encontrar terreno sólido y caminos seguros para atraerlos con fuerza invencible y hacerles tomar posesión del reino del Fiat Supremo.

(4) Cuando las humanas generaciones conozcan todos los conocimientos del Querer Divino, los grandes bienes de mi reino, y cómo quien lo ha impetrado ha sufrido tan grandes sacrificios, mis conocimientos y tus sacrificios, unidos juntos serán imanes potentes, ayudas irresistibles, reclamos incesantes, luces penetrantes, voces ensordecedoras que ensordeciendo todas las otras cosas, le quedará el oído para escuchar las dulces enseñanzas del Fiat Divino y a aceptar un reino que con tantos sacrificios les ha sido conseguido.  Por eso para formar una obra grande hay mucho qué hacer y qué sufrir, todo es necesario y lo que a ti te parece pena inútil, para los demás puede ser una voz piadosa, que conmoviéndolos se reconocerán demasiado ingratos por no aceptar tanto bien, que por su causa tanto nos ha costado.  Por tanto déjame hacer y déjame libre de hacer lo que quiero”.

 

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22-9

Julio 4, 1927

 

Ofrecimiento de la Comunión.  Cómo nuestra voluntad son accidentes en

los que se multiplica Jesús, cómo contiene la fuente de los Sacramentos.

 

(1) Estaba haciendo el agradecimiento ya que había recibido la Santa Comunión, y pensaba entre mí que quería ofrecerla a todos y a cada habitante del Cielo, a cada una de las almas del Purgatorio, a todos los que viven y vivirán, y no sólo esto, quisiera darle mi Jesús Sacramentado al sol, al cielo estrellado, a los prados floridos, en suma a cada cosa creada para darle la gloria y el triunfo de todas sus obras.  Pero mientras esto decía pensaba para mí:  “Son mis acostumbradas necedades, ¿cómo puedo yo formar tantos Jesús?  Esto es imposible.  Y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, así como en la hostia Sacramental están los pequeños accidentes del pan y dentro de ellos se esconde tu Jesús vivo y verdadero, y tantos Jesús por cuantas hostias hay, así en el alma están los accidentes de la voluntad humana, no sujetos a consumirse como los accidentes de mi Vida Sacramental, por eso más afortunados y más sólidos, y así como la Vida Eucarística se multiplica en las hostias, así mi Voluntad Divina multiplica mi Vida en cada acto de voluntad humana, la cual más que accidente se presta a la multiplicación de mi Vida.  Conforme tú hacías correr tu voluntad en mi Voluntad y querías darme a cada uno, así la mía formaba mi Vida en la tuya, y hacía salir fuera de su luz mi Vida dándome a cada uno, y Yo, ¡oh! cómo me sentía feliz de que la pequeña hija de mi Querer, en los accidentes de su voluntad formaba tantas Vidas mías para darme no sólo a las criaturas animadas, sino a todas las cosas creadas por Mí.  Entonces Yo me sentía, conforme multiplicaba mi Vida, que me constituía Rey de todos:  Rey del sol, del mar, Rey de las flores, de las estrellas, del cielo, en suma de todo.  Hija mía, quien vive en mi Voluntad tiene en sí el manantial de la fuente de los Sacramentos y puede multiplicarme cuanto quiera y como quiera”.

(3) Yo he quedado con duda sobre la última frase escrita arriba y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, los Sacramentos salieron de mi Voluntad, como tantas fuentecitas las saqué fuera de Ella, reservándose en Ella el manantial del cual recibe continuamente cada fuente los bienes y los frutos que cada una contiene, y actúan según las disposiciones de quien los recibe, así que por falta de disposiciones de parte de las criaturas las fuentes de los Sacramentos no producen los grandes bienes que contienen.  Muchas veces arrojan agua y las criaturas no quedan lavadas, otras veces consagran imprimiendo un carácter divino e incancelable, pero a pesar de todo esto no se ven santificadas.  Otra fuente da a luz la Vida de tu Jesús continuamente, reciben esta Vida, pero no se ven ni los efectos, ni la Vida de tu Jesús en ellos.  Por eso cada Sacramento tiene su dolor, porque no ven en todas las criaturas sus frutos y los bienes que contienen.

Ahora quien vive en mi Voluntad haciéndola reinar como en su propio reino, poseyendo Ella la fuente de los Sacramentos, ¿qué maravilla que quien viva en mi Querer Divino poseerá la fuente de todos los Sacramentos y sentirá en sí la naturaleza de los Sacramentos con todos los efectos y bienes que contienen?  Y recibiéndolos de la Iglesia sentirá que es alimento que ella posee, pero que lo toma para darle aquella gloria completa a aquellos Sacramentos de los cuales ella posee la fuente, para glorificar aquella misma Voluntad Divina que los instituyó, porque sólo en ella se dará la perfecta gloria a todas nuestras obras.  Por eso suspiro tanto el reino del Fiat Supremo, porque sólo él pondrá el equilibrio a todo, dará a las criaturas todos los bienes que quiere y recibirá la gloria que ellas le deben.”

 

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22-10

Julio 10, 1927

 

Privaciones de Jesús.  Cómo quien vive en el Querer

Divino es el triunfo de Dios y del alma.

 

(1) Estaba haciendo el giro en la Voluntad Divina y mi pobre mente giraba por todas las cosas creadas imprimiendo mi te amo, hasta en las montañas más altas y en los más profundos valles, en los abismos más oscuros de la tierra y en la parte más profunda del mar, en suma, en todas partes.  Mientras esto hacía, mi pobre mente era torturada por la privación de mi dulce Jesús y mi pobre corazón era atormentado, porque por cuanto lo llamaba con mi amor, no sabía encontrarlo.  ¡Oh Dios, que pena! y pensaba para mí:  “¿Será posible que Jesús no me escuche más, y que mientras lleno cielo y tierra con mis te amo, ninguno de ellos lo descubra para herirlo, y haciéndole sentir mi herida, mi tortura, mi tormento, sintiendo Él mis mismas penas, para no sentirlas se decida hacerse encontrar por aquélla que tanto lo suspira?  ¡Ah! Jesús cuánto me cuesta el haberte conocido; no poseerte, amarte y no ser amada son penas que no se saben decir, faltan las palabras para expresarlas”.  Mientras esto decía, mi querido Jesús se ha movido en mi interior y empezando a llorar me ha hablado sollozando, pero su sollozo era tan fuerte que resonando en el oído de mi cuerpo penetró tanto en él, que también yo he llorado junto con Él:

(2) “Hija mía, ¿cómo, me crees lejano?  ¿Cómo puedes pensar que no eres amada por tu Jesús?  Cada te amo tuyo era una herida de más a mi corazón que me hacía decir:  ‘Hija mía, donde quiera haces resonar tu te amo, por los montes, por los valles, por el mar, por los prados floridos, por el sol, por todas partes, y Yo si bien escondido en ti, repetía, te amo hija mía’.  Me he sentido herir cuando tú pensabas que Yo no te amaba más; esto no puede ser hija mía, no es de la naturaleza de tu Jesús el no saber amar, ni Yo sé hacer esto, y si me estoy escondiendo en ti sin develarme, es mi Justicia que me esconde y que quiere castigar a los pueblos con fuertes flagelos.  Y ¡oh!  cuántos castigos lloverán sobre la tierra, y de todas las especies, porque mucho la están irritando; me escondo de ti para que haga su curso”.

(3) Dicho esto ha hecho silencio y desapareció, y yo he quedado tan mal que no podía detener el llanto.  Más tarde ha regresado y me ha dicho:

(4) “Hija mía, el triunfo de Dios es la voluntad humana obrante en la suya, ésta es su victoria, el hacer entrar de nuevo en Sí, en su mismo Querer, lo que ha salido de Él.  Conforme el alma obra en Él así se extiende en los confines divinos, sus actos toman lugar en todo lo que es eterno.  Es verdad que mi Voluntad se encuentra por todas partes, no hay punto en que no se encuentre, pero ¿dónde desarrolla su potencia, su obrar Divino?  En el alma que vive en Ella, el alma que en Ella vive le da ocasiones de nuevas obras, le hace poner fuera lo que tiene dentro de bello y de santo; sucede lo que sucedió en la Creación, nuestro Ser era ‘ab aeterno’ pero nada se veía por fuera de Nosotros antes de la Creación, porque todo nuestro obrar, nuestros portentos y bienaventuranzas se desarrollaban adentro de Nosotros, pero cuando nuestro Ser Divino quiso obrar fuera de Nosotros, nuestra Voluntad tuvo ocasión de obrar y puso fuera todo el universo, con tal suntuosidad, orden y armonía, que forma la maravilla de todas las generaciones y el triunfo y victoria de nuestro Ser Supremo.  Así el alma que vive en nuestro Querer, conforme obra le da ocasión de formar otras obras dignas de Él, por eso es nuestro continuo triunfo y el desarrollo de nuestras obras, mantiene la actitud divina.  Así que mientras forma nuestro triunfo y nuestra victoria, al mismo tiempo el alma triunfa y vence la Voluntad Divina, por eso se ve el uno y el otro victoriosos, Dios y la pequeñez de la criatura.  ¿Te parece poco que la pequeñez de la criatura cante victoria, mueva a obrar a una Voluntad Divina y la venza?”

(5) Después de esto mi pobre mente continuaba girando en la Creación, para llevar ante la Majestad Suprema todos los actos que hace la Divina Voluntad en cada cosa creada, todos aquellos que ha hecho en la Reina Soberana, y en la Humanidad Santísima de Nuestro Señor.  Así, reuniendo todo junto, los llevaba como tantas partes del Divino Querer, todos dignos de un Dios tres veces Santo.  Me parece que sólo el obrar de la Divina Voluntad puede dar los homenajes más bellos y dignos de un Dios.  Mientras estaba en esto, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(6) “Hija mía, cómo son admirables, armoniosos, todos ordenados entre ellos, de una belleza rara, los actos hechos por mi Voluntad, son nuestro ejército divino que, ordenados en torno al Ser Supremo forman nuestra gloria, nuestra defensa, nuestra felicidad sin fin; lo que sale del Fiat Divino lleva la marca divina, y conforme salen, más que nuestros hijos legítimos, no pierden jamás la vida.  Si tú no das jamás vida a tu voluntad, también tu podrás llamarte un acto de la Divina Voluntad, y como acto de Ella vendrás a adquirir el derecho sobre todos sus actos, tomarás lugar en nuestro ejército, serás nuestra hija legítima y como hermana de todos los actos de nuestra Voluntad, y por eso tendrás el poder de unirlos todos juntos, para llevarnos la gloria, la felicidad de todos los actos del Eterno Fiat.  Qué diferencia entre quien es un acto de Voluntad Divina y quien no lo es.  Un acto de Ella puede ser un sol, un cielo, un mar de eterno amor, una bienaventuranza y felicidad que jamás termina; ¿qué cosa no puede ser un acto de mi Voluntad?  Ella es eterna y hace eternos sus actos, es luz inmensa y todos sus actos tienen la plenitud de la luz, no hay cosa de Sí que no invista sus actos.  En cambio para quien no es acto de la Divina Voluntad, ¡oh! cuán diferente es, no puede tomar puesto en el ejército divino, no será capaz de dar alegrías y felicidad, su luz será tan escasa que difícilmente podrá verse a sí mismo, sus actos, por cuán buenos, pero porque son producidos por la voluntad humana, serán como humo que el viento dispersa, o como flor que se marchita y muere.  Que diferencia hija mía entre uno y otro”.

 

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22-11

Julio 16, 1927

 

Cómo quien vive en el Querer Divino posee el perfecto equilibrio.  Cómo

la oración hecha en Él posee la Potencia Divina y la Fuerza universal.

 

(1) Continúo viviendo toda abandonada en el Fiat Divino, siguiendo sus innumerables actos, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Voluntad tiene la amplitud, la capacidad de poder encerrar en sí todos los actos de Dios, volviéndose así la depositaria de la Divina Voluntad, y por eso Dios encuentra en aquella alma a todo Sí mismo, con todos sus actos.  Por tanto en ella todo, todo es sagrado, todo es santo, todo es luz y belleza, posee el perfecto equilibrio, el orden divino, y Yo encuentro en ella la gloria de mi santidad, de mi luz, de mi rara belleza.  La veo y encuentro mis reflejos, mi queridísima imagen creada por Mí tal y como Yo la quiero, y en el exceso de mi amor voy repitiendo:  ‘Cómo eres bella, mi Querer todo ha encerrado en ti, la Creación es una pálida imagen de ti’; eres más luminosa que el sol, estás más adornada que el cielo, eres más bella que los prados floridos; toda bella eres porque la potencia de mi Querer Divino te inviste, te alimenta, te es vida”.

(3) Y deteniéndose un poco ha continuado:

(4) “Hija mía, cuando el alma reza en mi Voluntad, todas las cosas y todos los seres creados ponen atención, suspenden todo, hacen callar a todo, y mientras están todos atentos para admirar el acto hecho en la Divina Voluntad, siguen todos juntos la plegaria; la potencia de Ella llama y se impone sobre todo, de modo que todos hacen la misma cosa. Si se unieran todas las otras plegarias para compararlas con una simple oración hecha en mi Voluntad, ésta sobrepasa a todas, porque posee una Voluntad Divina, un poder inmenso, un valor incalculable, Yo mismo me siento investido de tal plegaria, y como veo que es mi Voluntad que reza, siento su potencia que me funde en aquella misma oración.  Así que si no se obtienen las gracias por medio de la plegaria hecha en mi Voluntad, que es plegaria universal y Divina, si la Justicia Divina no queda aplacada y continúan lloviendo los flagelos sobre la tierra, significa que esa es la Voluntad de Dios, y que en vez de hacer descender aquellas gracias, hace descender los efectos de Ella en las almas.  Y si con ésta no se obtiene, mucho menos se obtendrá con otras plegarias no hechas en mi Voluntad, que no contienen ni potencia divina ni fuerza universal”.

(5) Después de esto mi amable Jesús ha salido de dentro de mi interior, e invistiéndome me llenaba toda de Él, de modo que me sentía toda circundada por Jesús y dentro de Él.  Después, retirándose se arrojaba en mis brazos apoyando su cabeza sobre mi pecho para tomar reposo, y mientras esto hacía, todas las cosas creadas, el sol, el cielo, las estrellas, el viento, el mar, la tierra, en suma, todo, se alineaban en torno a Jesús y extendiéndose como lecho bajo los miembros de Jesús, todas se disponían a darle reposo y mi dulce Jesús me ha dicho:

(6) “Hija mía, si tú supieras todo el trabajo que estoy haciendo en el interior de tu alma, cómo vigilo cada latido tuyo, todos tus afectos, tus palabras, tus pensamientos, en suma, todo, para hacer correr en toda tú mi Divina Voluntad para que domine y forme su Reino.  Tanto que después del trabajo que hago, frecuentemente tomo reposo para gozar en ti el fruto del reposo que sólo mi Voluntad puede darme.  Cómo es bello el reposo que Ella me da, todas nuestras obras, las cosas creadas por Nosotros hacen competencia para darme reposo, y Yo siento en ti la felicidad de mi reposo eterno, la alegría y la felicidad de nuestras obras.  Así que mi trabajo en el reino de mi Querer está al seguro, mi reposo no es turbado por los rumores del querer humano.  He aquí por qué el vivir en mi Querer es la verdadera transmisión de la Vida Divina en la criatura”.

 

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22-12

Julio 21, 1927

 

Diferencia entre el amor del Cielo y el de la tierra.

Las opresiones entorpecen al alma, la Voluntad Divina la vacía.

 

(1) Continúo mi vivir en el Querer Divino, y como mi dulce Jesús me priva frecuentemente de su amable presencia, llamo a mi Mamá Soberana en mi ayuda, a los ángeles, a los santos, para que me ayuden y me presten su amor, sus adoraciones para poder hacer yo desde la tierra lo que ellos hacen en el Cielo, para que mi Jesús, atraído por el mismo amor del Cielo, pudiera venir a su pequeña exiliada, a aquella que tanto lo suspira.  Y Él no poniendo atención a mi duro martirio, y como si despreciara mis suspiros, mis ansias, en lugar de tener piedad de mí, me huye, contentándose tal vez en ver de lejos mi estado tremendo.  ¡Ah! tal vez si siente en mí el amor del Cielo que tanto le gusta, vendrá, y no más me dejará sola y abandonada por tanto tiempo.  Y mientras decía disparates en mi interior, mi dulce Jesús, mi amada Vida, ha salido de dentro de mí misma y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, el amor del Cielo me gusta, pero el de la tierra me gusta más.  Aquél de la tierra me es siempre nuevo, son nuevas conquistas que hago, nueva gloria.  Por el contrario el del Cielo está ya en mi posesión, y ninguno me lo puede quitar, es cosa mía, en cambio el de la tierra estoy en acto de conquistarlo, y muchas veces pierdo las nuevas conquistas que debería hacer, porque las almas no siempre me dan el amor, la gloria que deberían darme.  Ahora, tú debes saber que cuando mueren en mi Gracia quedan confirmados en la naturaleza del amor, en la naturaleza de la gloria y en la Vida de la Divina Voluntad; así que en el Cielo todo es naturaleza en todos los bienaventurados, por eso ellos nada me dan de más, más bien Yo doy siempre a ellos aquel acto continuado de alegría, de felicidad, de beatitudes siempre nuevas y sin fin.  He aquí por qué soy todo ojos por la tierra y parece como que hiciera a un lado a todo el Cielo, porque es mío, así que soy todo ojos y pongo toda mi atención por el alma que vive en el exilio, que a pesar de que no posee la naturaleza del Cielo quiere darme las nuevas adquisiciones de amor, de gloria y de adoraciones.  Si tú supieras cómo aletea tu amor en mi Voluntad, cómo se eleva entre el Cielo y la tierra invistiendo todas las cosas creadas y prorrumpiendo hasta en el Cielo, hasta donde mi Divina Voluntad se extiende, me da la nueva posesión del amor de la criatura que se deja investir por la fuerza de mi Fiat Supremo, y mientras me está dando la posesión del amor, otro nuevo me prepara, aquel de la gloria.  Y mientras tú vuelves a repetir tus actos, tus actos son siempre nuevos para Mí, porque antes, ciertamente, no los tenía.  Por tanto siempre eres nueva en el amor, en la gloria, en las adoraciones que me das, porque mi Querer haciendo el eco en ti te comunica aquel acto nuevo que por naturaleza posee.  Por eso lo que Yo hago en el Cielo, dando a todos los bienaventurados el acto nuevo, jamás interrumpido de alegrías y de contentos indecibles, estás destinada tú a dármelo desde la tierra, en la luz y potencia de mi Querer, por eso sé atenta a seguir el vuelo rápido de Él”.

(3) Continuando mi amado Jesús a privarme de Él, me sentía de tal manera oprimida, que pensaba para mí que todo había terminado, y tantas otras cosas que me parece inútil ponerlas sobre el papel.  Y mi amable Jesús, poniéndome sus santas manos sobre mis espaldas como para tomarme en brazos, me ha dicho:

(4) “Hija mía, cómo te has vuelto pesada, no sabes tú que las opresiones aumentan el peso del alma, y Yo queriéndote tomar en brazos debo hacer un esfuerzo para tomarte, mientras que mi Voluntad vacía el peso de la naturaleza, y su luz, quitando las tinieblas de lo humano, la hace ligera, ligera y hábil a cualquier sacrificio, y dándole las alas del amor, da al alma las primeras dotes de la Patria Celestial que no conoce opresiones, ni tinieblas, sino día sin ocaso y alegría que no tiene término.  Y después, que dirías si oyeras decir al sol:  ‘Todo ha terminado, no soy más sol porque mi Creador no me agrega más luz.”  Tú, creo responderías al sol:  ‘Yo te veo siempre sol, porque nada te ha quitado de la luz que te diera tu Hacedor, a lo más, si siempre luz agregara habrías sido más fuerte y resplandeciente en tu luz’.  Así Yo te respondo a ti:  ‘Sé siempre sol, porque el Sol de mi Voluntad y de sus conocimientos, más que luz reina en ti’.  Ni Yo ni ninguno otro puede arrancarte uno solo de los tantos conocimientos que posees sobre mi Eterno Fiat, ¿y sólo porque no siempre agrego otro conocimiento sobre Él, como si nada fuera lo que te he dicho, dices, ‘todo ha terminado’, como si este Sol se hubiera apagado en ti?  Demasiado se requiere hija mía, para apagar este Sol de mi Querer, ni tú misma podrías huir de sus rayos eternos, que invadiendo a tu alma te eclipsan todo aquello que no pertenece a este Sol.  Por eso sigue su luz y espera con paciencia a que nueva luz venga a agregar para hacer más resplandeciente en ti el Sol de mi Voluntad”.

 

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22-13

Julio 26, 1927

 

Cómo la Voluntad Divina tiene dos características:  Acto

Incesante, y firmeza inmutable.  Cómo las acciones humanas

sirven como sirve la paja al grano.

 

(1) Me lamentaba de la privación de mi dulce Jesús y desahogando mi intenso dolor decía para mí:  “Cómo es duro su abandono, me siento como debajo de una prensa exprimida gota a gota.  ¡Oh Jesús!  ¿Dónde están tus promesas?  ¿Dónde está tu amor?  ¿Dónde está el triunfo de tu Querer Divino en mi pobre alma?  Me siento como traicionada por Ti.  Cómo es amargo mi fin.  No es el principio el que necesito mirar, sino el fin es el que dice todo”.  Mientras me desahogaba, mi amado Bien moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Querer Divino tiene su triunfo en ti y por eso te exprime gota a gota bajo su prensa Divina, para hacer que ni siquiera una gota de tu voluntad quede en ti.  Pobre hija, es una Voluntad Divina e irremovible que te trabaja para extender en ti su reino, aun en tus más pequeños actos, por eso paciencia, no te abatas.  Mi Voluntad Divina tiene dos características:  ‘Firmeza inmutable y acto incesante.’  Por eso cuando el alma se da a Ella, su labor es incesante, ¿no sientes en ti su movimiento continuo?  Y cuando te manifiesto una verdad suya, con una maestría toda propia y Divina pone en actitud su movimiento incesante y la repite continuamente en ti, y mientras la repite, triunfa, porque hace en ti lo que por naturaleza hace en Sí misma, ¿no es acaso esto el triunfo de mi Voluntad?”

(3) Después ha continuado:

(4) “Hija mía, todas las acciones humanas, el trabajo, el tomar el alimento, el dormir, las penas, los encuentros, ahora de dolor, ahora de alegría, no son otra cosa que paja.  Ahora, no se puede formar el grano sin la paja; más bien ésta defiende al grano de las heladas, de los rayos abrasantes del sol, del agua, de toda la intemperie del aire, como vestido cubre y crece junto con el grano, y sólo se separa cuando ya ha formado y dado vida al grano, y esta separación la hace y la recibe la pobre paja por medio de la trilla, después que ha servido y dado la vida al grano.  Así son las acciones humanas, desde la más pequeña a la más grande son todas pajas, que si se hace correr dentro de ellas el grano de mi Voluntad, sirven admirablemente para ocultar y para conservar el grano de mi Querer Divino y cuanto más paja, más grano puede esperarse de poseer.  Es un encanto hija mía ver una acción humana que encierra dentro el grano purísimo y el oro resplandeciente de mi Querer Divino.  Como paja, parece que sobresale sobre el grano, y pueden vanagloriarse con decir:  ‘Es verdad que somos paja, pero escondemos en nosotros una Voluntad Divina que es más que grano, nosotros quedamos a su servicio y damos el campo para formase en nuestros actos.’  En cambio, si no corre dentro mi Voluntad, las acciones humanas permanecen paja, digna de ser quemada, porque no tienen formado en ellas el grano puro que sirve para la Patria Celestial.  Ahora, como la paja se separa del grano por vía de la trilla, así las acciones humanas se separan del grano puro de mi Divina Voluntad por medio de la muerte, que destruyendo lo que es humano tritura la ropa que tenía vestido el grano de oro de mi Voluntad, que poniéndolo fuera hace ver si era grano o paja lo que el alma poseía.  Por eso, no son las acciones que indican el valor de éstas, sino la voluntad por la cual  son animadas.  Cuántas acciones aparentemente bellas y santas se encontrarán, si son hechas con fines de interés, llenas de fango; si son por fines de estima y de propia gloria, llenas de viento; si son por agradar a las criaturas, llenas de podredumbre; si por apego a lo que es humano, llenas de humo.  Cuántas cosas esconde la paja de las acciones humanas, que en el último día de la vida, viniendo la trilla y triturando la paja hará conocer todo aquello que dentro escondían”.

(5) Después de esto seguía mi abandono en el Fiat Divino, y mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, la voluntad humana vuelve al hombre como un edificio lesionado y por derrumbarse, y el hombre por sí solo no tenía virtud de poder reparar, se necesitaba al Divino Artífice que con tanto amor lo había fabricado, y que conociendo los secretos de su arte podía reparar y hacer correr en las lesiones el líquido vital de su Fuerza Divina reparadora, para hacerla de nuevo fuerte como lo había fabricado.  Pero es necesario que el hombre se aproxime al Divino Reparador para recibir el beneficio de su arte, se haga manejar por Él y que al querer humano, causa primaria por la que se ha vuelto un edificio a punto de derrumbarse, no le permita más obrar, de otra manera con todo y la venida del Celestial Artífice, el hombre será siempre edificio lesionado y a punto de derrumbarse”.

 

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22-14

Julio 30,1927

 

Cómo la vida está en el movimiento continuo; cómo este

movimiento produce la fuente.  Valor de los actos internos.

 

(1) Seguía al Santo Querer Divino, pero siempre con el duro clavo de estar privada de mi Sumo Bien Jesús y pensaba para mí:  “¿Qué bien me viene con seguir los actos del Supremo Fiat cuando estoy privada de Aquel que ha puesto fuera toda la Creación con un supremo acto de su Querer?  Seguir su Voluntad y no verlo, ver sus obras que hablan de Él y no ser estrechada entre sus brazos es dolor indescriptible, es herida que sangra continuamente”.  Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, la vida está en el movimiento continuo.  Todo lo que sale de Dios debe poseer un movimiento, así que no hay cosa creada por Nosotros que no se mueva:  Cielo y tierra, sol y mar, todos se mueven, con tal orden y velocidad continua que no se detienen jamás; si se detuvieran cesaría la vida y cesaría el bien que hacen, a lo más quedarían como cuadros pintados que no son capaces de hacer bien a ninguno.  Un bien, un acto, sólo se puede llamar verdadero bien cuando tiene su movimiento incesante.  He aquí por qué nuestro Ser Divino es perfecto en todos nuestros actos, porque tiene su movimiento continuo, no cesa jamás de hacer y de dar el bien, y si cesara, lo que no puede ser, cesaría la vida del bien.  Ahora nuestra Voluntad, vida y eco perfecto de nuestro Ser Divino, es movimiento incesante y por eso es bien perfecto, y es un bien que puede darse a todos.  Cuando un bien es incesante todos lo pueden tomar, su movimiento continuo le hace poseer la fuente de la inagotabilidad.  Por tanto quien debe vivir en mi Querer Divino debe poseer el eco de mi Querer y seguir con movimiento incesante sus actos; y el bien que te viene, que te pone en el orden del movimiento divino, con rapidez encantadora te mueve y gira junto con todas las cosas creadas.  Tus actos son inagotables y todos pueden tomar el bien de ellos, porque parten de la fuente del Fiat Eterno.  ¿Y te parece poco  hacer un bien que siempre surge?  Esta es la causa por la que en las criaturas no se ven verdaderos y perfectos bienes, porque sus virtudes son interrumpidas y como pierden el movimiento incesante de una virtud, cesa la vida del bien de ella, pierden el gusto, el vigor, la fuerza, porque no poseyendo el movimiento incesante, no se forma la vida de la virtud en ellos, ni aquel acto que siempre surge, sino una cosa superficial y pasajera, por consiguiente, ¿cómo pueden dar el bien de aquellas virtudes a todos, si no poseen ellos la vida y la fuente de ellas, que permiten que mientras dan a los demás, ellas jamás se agoten y nada pierdan?  ¿Pierde tal vez el sol con dar su luz a todos?  No, ciertamente, porque posee la fuente de la luz y su movimiento de dar luz es incesante.  Por eso hija mía, en mi Divina Voluntad tus actos, tus oraciones, el pedir su reino, deben tener el movimiento incesante para poder impetrar por todos que el Fiat Divino sea conocido y amado por todos”.

(3) Después de esto seguía en mi interior a la Santísima y adorable Voluntad Divina y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, los actos internos de un alma que hace la Voluntad de Dios están exentos de cualquier mal y sombra de defecto.  Sólo Dios es testigo de un acto interno y mientras ninguno lo señala, ninguno lo mira, ninguno habla de él, Dios, como testigo del obrar de la criatura, donde a ninguno le es dado penetrar, en el interior de la criatura lo señala, lo mira, y de él le habla a todo el Cielo y muchas veces también a la tierra de los grandes portentos del obrar interno de esta criatura.  Ser señalado, observado y hacer hablar a Dios de una criatura, es el acto, el honor más grande que ella puede recibir y no puede ser excluido de las obras grandes que Dios cumplirá por medio de ella.  Los actos internos son heridas, dardos, flechas al seno divino, son mensajeros celestiales que salen de la criatura y vuelan a su Creador y llevan la marca de la gloria, del amor y de agradar sólo a Aquél que la ha creado.  En efecto, ¿quién ve, quién escucha, quién aprecia todo lo que haces en tu interior?  Ninguno, sólo Yo soy testigo, los escucho y los aprecio.  He aquí por qué en nuestras obras más grandes escogemos almas que aparentemente nada tienen de grande y de maravilloso, almas internas que no están corrompidas ni con miras humanas, ni de rumores, estrépitos, ni gloria ni estima propia que llevan las obras externas.  De hecho, en la Redención escogimos una Virgen simple, sin esplendores externos, pero tenía su interior hablante, que tanto supo decir a solas a su Creador que lo venció y obtuvo la Redención.  Ahora, así hemos hecho para el reino del Fiat Divino, hemos escogido otra alma toda interna, que tanto dirá, que rogará a Dios para que conceda el reino deseado.  Los actos externos aunque buenos y santos no pueden agradarme como los actos internos, porque los externos están casi siempre impregnados del aire de la propia gloria, de la estima humana y a veces de crítica, y un pobre corazón siente en sí los efectos del elogio, o bien de la crítica después que ha hecho sacrificios, y lo humano sale en campo e inviste con su aire tenebroso sus actos, y por eso no llegan puros como deberían ser.  En cambio un acto interno no es ni criticado, ni alabado y lo humano no tiene donde entrar, el alma misma no sintiéndose observada por ninguno, le parece que no hace nada grande y por eso sus actos están impregnados todos de aire celestial.  Por eso sé atenta y haz que tu interior gire siempre en mi Voluntad”.

 

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22-15

Agosto 4, 1927.

 

No hay felicidad mayor de un rey, que servir a su reina, y de la

reina que servir al rey.  Cuando reina la Voluntad Divina es

como el latido del corazón.  Ejemplo del padre con el hijo.

 

(1) Me sentía sumamente afligida por las acostumbradas privaciones de mi amado Jesús, pero por cuanto es acostumbrada la pena se hace más intensa y se recrudece siempre más hasta hacerme quedar petrificada.  Ahora, mientras estaba inmersa, como en el mar, en este dolor, me ha sido dado un refrigerio, y yo veía en aquella agua helada la Voluntad de Aquél que me tenía torturada, pero también me amaba, que había preparado aquel refrigerio.  Y mientras lo acercaba a mis labios, Jesús se ha movido en mi interior en acto de extender la mano para sostener el vaso para dármelo Él a beber diciendo:

(2) “Sirvo a mi reina; ella me sirve a Mí que soy el Rey, y Yo la sirvo a ella que es mi reina, porque quien hace y vive en mi Voluntad está siempre dispuesta a hacer lo que Yo quiero, por eso sirve a su Rey fielmente y en modo admirable, y estando mi Voluntad en ella Yo sirvo a mi misma Voluntad que la ha vuelto reina”.

(3) Yo al oír decir esto, he estallado en llanto de ternura indecible y pensaba para mí:  “¡Reina, reina!  ¿Y me deja así sola y abandonada hasta hacerme llegar a los extremos?  Y después si viene es para dejarme por más tiempo.  ¡Ah, Jesús, Jesús!  ¿Quieres burlarte de mí?”  Pero mientras desahogaba mi dolor se ha movido de nuevo en mi interior y ha agregado:

(4) “Hija mía, no me burlo, más bien te digo que no hay felicidad mayor que cuando el rey sirve a la reina y la reina al rey.  Y si la reina estuviera enferma, si se viera servida por el rey, sostenida en sus brazos, alimentada por sus manos, no hay cosa que el rey no le haga, y no permite que ningún sirviente se acerque a servir a su reina, la enfermedad se cambiaría en felicidad para la enferma reina y al verse tocada, servida, sostenida, velada por el rey, se siente como si su amor le diera de nuevo la vida.  Si esto sucede en el orden natural, que un rey es más feliz de ser servido por la reina, un padre por una hija, y la hija si es servida por su padre o su madre, porque el rey, el padre, la hija, en el servicio que prestan tienen por primer acto el amor y quisieran dar la vida con sus servicios.  He aquí por qué quedan felices en sus penas, lo que no está en los siervos, y por eso el servicio de los siervos es siempre duro.  Ahora mucho más en el orden sobrenatural, quien vive en mi Querer es mi reina, y su primer acto es el amor, y en todos los actos que hace me da su vida, y Yo, ¡oh! cómo me siento feliz en sus actos, porque son los actos de mi misma Voluntad que me sirven.  Y Yo viéndote enferma por causa mía, me siento feliz de servirte en las mismas cosas creadas por mí, queriéndote dar en cada una de ellas mi misma Vida, y al dártela me siento duplicar mi felicidad, porque sirvo a mi Vida en aquélla que posee mi Voluntad, que me la volvió reina.  Esto no sucede cuando mis cosas creadas sirven a quien no hace mi Voluntad; estos son siervos porque no poseen una Voluntad real, y ¡oh! cómo me resulta difícil servir a los siervos.  Si un rey sirve a su reina no se degrada, más bien adquiere gloria y heroísmo, pero ser obligado a servir a los siervos, qué dolor y humillación”.

(5) Después de esto seguía los actos en el Querer Divino y pensaba para mí:  “Las privaciones de mi dulce Jesús han hecho tal impresión sobre mi pobre alma, que no siento más aquellos fervores ardientes de antes, sino todo es frialdad.  ¡Oh Dios! que cuchillo de dos filos es tu privación, por una parte corta, por la otra mata, y con sus cortes quita y destruye todo y deja tal desnudez, aun de las cosas más santas, que con esfuerzo y sólo para cumplir el Querer Supremo se vive”.  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:

(6) “Hija mía, sin embargo esto que tú sentías primero en tu interior entraba en el orden de la gracia ordinaria:  Fervor, sensibilidad, es gracia ordinaria que doy a todos según sus disposiciones, y están sujetas a interrupciones, ahora a nacer y ahora a morir, y por eso no constituyen ni vida, ni firmeza de santidad.  En cambio en mi Voluntad te he investido de gracia extraordinaria, que es firmeza en el bien y acto incesante, virtudes propiamente divinas.  ¿Crees tú que sea cosa de nada u ordinaria aquel giro continuo en las obras de tu Creador?  ¿La firmeza de tu voluntad en la mía sólo por seguir los actos de mi Eterno Querer?  Ante mi Voluntad, los fervores, la sensibilidad no tienen qué hacer, son como las pequeñas luces ante el gran sol, que no tienen razón de existir, y si existen es para no hacer nada.  Mi Voluntad absorbe todo y hace volverse al alma toda Voluntad de Dios, que quiere hacer de ella otro sol; quien es sol quiere que todos se conviertan en sol, sería cosa no digna de él formar pequeñas lucecitas, esto no sería de su naturaleza.  Y tú lloras por las pequeñas luces y no piensas que un Sol te inviste dándote firmeza e irremovibilidad.  Mucho más que cuando reina mi Voluntad en el alma, es como el latido del corazón, que tiene el primer acto de vida en todos los miembros, es como la vida, el movimiento, la fuerza, el calor, todo viene del latido, si cesa el latido, cesa la vida, el movimiento y todo.

(7) Ahora mi Voluntad, conforme late en el alma, late y da Vida Divina, late y da su movimiento incesante, su fuerza que no disminuye jamás; late y da su luz inextinguible.  Cómo es bello ver el continuo latido de mi Voluntad en la criatura, es el más grande milagro que existe en el Cielo y en la tierra, es el orden perfecto entre Creador y criatura.  Y Yo hago como un padre con el alma donde reina el latido de mi Querer, el cual tiene siempre consigo a su propio hijo, le comunica sus modos, le pone en la boca sus palabras, quisiera palpitar en el hijo para darle su ingenio, su vida, y cuando está seguro que el hijo es otro igual a sí mismo y pude hacer lo que sabe hacer él, le dice:  ‘Hijo mío, sal al campo de la vida y haz lo que hasta ahora ha hecho tu padre; trabaja, desempeña nuestro quehacer, toma tú toda la obligación de la familia, serás la repetición de mi vida y yo me reposo, te acompañaré con mi latido a fin de que sientas en ti la vida de tu padre, y fielmente la desarrolles, esperándote en mi reposo para gozar juntos los frutos de tus fatigas.’  Más que padre hago con el alma donde reina mi Querer, es más, el padre no puede dar el latido al hijo y Yo se lo doy, la tengo siempre junto Conmigo, le enseño mis modos divinos, le comunico mis secretos, mi fuerza, y cuando estoy seguro la lanzo en el campo de la Vida de mi Voluntad a fin de que tome todo el empeño de la familia humana y le digo:  ‘Hija mía, déjame reposar, a ti confío todo, pero te espero frecuentemente en mi reposo para gozar el fruto del trabajo que haces en el reino de mi Voluntad’.  ¿No quieres tú que tu Padre, tu Jesús descanse y tú trabajes, pero siempre con mi latido en vez de Mí?”

(8) Y yo:  “Jesús mío, Tú casi no me dices nada y a mí no sólo me parece que debo trabajar sola sin Ti, sino que me falta tu palabra que me extienda el camino que debo hacer en el reino de tu Querer”.  Y Jesús ha agregado:

(9) “Hija mía, mi palabra es vida, y Yo cuando hablo debo ver si esta vida puede tener vida en las criaturas, si esto no es así no expongo una Vida Divina mía si no hay quien la reciba, y me basta ver dispuesta aunque sea una sola criatura para sacar fuera de Mí, en mi palabra, esta Vida Divina.  He aquí por qué muchas veces no hablo, porque no veo a los dispuestos para vivir la Vida de mi palabra.  Mucho más que contigo no tengo necesidad de palabras para hacerme entender, basta mirarnos para entendernos, ¿no es cierto?  Tu me entiendes y Yo te entiendo a ti”.

 

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22-16

Agosto 9, 1927

 

Cómo la Creación y la Redención son territorios divinos

dados a las criaturas.  Amor de Jesús al hacerla dormir.

Cómo luz y calor son inseparables entre ellos.  Vínculos

que Dios puso al hombre en su creación.

 

(1) Estaba siguiendo la Divina Voluntad en sus actos y mi amado Jesús me seguía con su mirada para ver si yo visitaba todas sus obras, y me ha dicho:

(2) “Hija mía, estoy viendo si visitas todos mis territorios.  Tú debes saber que la Creación es territorio mío, la Redención son territorios añadidos.  Mi infancia, mis lágrimas y sollozos infantiles, mis oraciones, mis obras, mis pasos, mi vida oculta y pública, son otros tantos departamentos míos que formé en mis territorios.  No hay cosa que Yo hice y pena que sufrí de la cual no me serví para agrandar los confines de los territorios divinos para darlos a las criaturas.

(3) Ahora cada día estoy observando si al menos la pequeña hija de mi Querer visita todos mis territorios, entra en cada departamento mío, y cuando te veo iniciar tu giro para visitar el sol, las estrellas, el cielo, el mar y todas las cosas creadas, siento que mis territorios, que con tanto amor he formado y dado a las criaturas no están abandonados, hay al menos quien los visita, y si los visita significa que los ama y ha aceptado el don, y con ansia espero que continúes tus visitas a Belén, donde nací, visites mis lágrimas, mis penas, mis pasos, mis obras, los milagros que hice, los Sacramentos que instituí, mi Pasión, mi cruz, en suma todo, y te hago notar si alguna cosa se te escapa a fin de que tú hagas tu visita, aunque sólo fuera de paso.  Y ¡oh! cómo quedo contento que mis departamentos sean todos visitados.

(4) Hija mía, que dolor es dar y no ser reconocido, dar y que no haya quién tome el bien que se quiere dar.  Y Yo, ¿sabes qué hago?  Cuando te veo sola girar por todos mis territorios y visitar mis departamentos te doy todos los bienes que hay en ellos, de modo que lo que debería dar a los demás lo concentro en ti, así que todo te doy y todo me das.  Porque para poder dar todo al alma debo encontrar todo en ella, y ella para poderme dar todo debe poseer todo.  Quien todo tiene, tiene la capacidad de poderme dar todo y de recibir todo”.

(5) Entonces sentía un sueño profundo, tanto de no poder ni siquiera escribir y pensaba para mí:  “¿Por qué este sueño, mientras que en mí ha sido casi siempre natural la vigilia?”  Y mi amado Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, así como el médico adormece al pobre paciente que debe someterse a una operación quirúrgica para no hacerlo sentir toda la crudeza del dolor de los cortes que debe dar sobre el pobre enfermo, así Yo, médico celestial, que mucho te amo, para no hacerte sentir la continua opresión de mi privación, sus golpes repetidos, la crudeza de sus dolorosos cortes, te adormezco para que el sueño, rompiendo tu martirio, te dé un poco de tregua a un dolor tan intenso.  Pero mientras duermes, tu Jesús te sostiene entre sus brazos y continúo mi trabajo en tu alma.  Y no sólo esto, sino que te hago dormir para que mi Justicia, demasiado irritada por las ofensas de las criaturas, pueda hacer su curso castigando a las criaturas, y tú durmiendo no sólo la dejas libre en su curso, sino te ahorra el dolor de hacerte ver sus justos castigos sobre el mundo ingrato.  ¡Oh! si tú vieras cómo tu Jesús ligeramente te abraza para no hacerte sentir el toque de mis abrazos, cómo despacito te beso para no hacerte sentir el toque de mis labios, cómo quedito quedito voy repitiendo:  Pobre hija mía, pobre hija mía, bajo qué duro martirio estás, a fin de que el sonido de mi voz no te despierte, y cómo sin ruido de voces y de movimientos continúo el trabajo del reino de mi Fiat Divino en tu alma, no dirías más que no te quiero tanto como antes, más bien me dirías:  ¡Oh! cuánto me ama mi Jesús y si me adormece es para no hacerme sufrir de más”.

(7) Después de esto estaba siguiendo al Querer Divino, y mi dulce Jesús ha continuado:

(8) “Hija mía, para formar una luz más grande se necesita más calor.  Luz y calor son inseparables entre ellos; si hay luz debe haber calor, porque la naturaleza de la luz es el calor, y la naturaleza del calor es la luz; así que si se quiere una gran luz, se necesita mucho calor, la una y el otro son fuerzas iguales, y ambas forman su vida.  Ahora, quien hace mi Voluntad y vive en Ella recibe la vida de la luz y del calor de su Creador, y el alma conforme piensa en mi Divino Querer, así forma el calor; cuando habla de Él añade más calor; cuando obra para cumplirla, redobla el calor; cuando camina en sus caminos, multiplica el calor y la luz se hace más brillante, más fuerte, se extiende y alarga más.  Así que no hay parte de su ser que no expanda rayos de luz vivificante, mucho más que posee la fuente de la vida de la luz, cual es mi Supremo Fiat.  Entonces por esto podrás comprender que las criaturas tanta luz y calor poseen, por cuanto contacto han tenido con mi Voluntad, y por cuanto buscan cumplirla en sus acciones, y si esto no fuera, aunque en ellos se vea obrar el bien, es bien sin vida, sin luz y sin calor, son virtudes superficiales que forman una luz y calor pintados, que al tacto se encuentran fríos y sin el bien de una luz vivificante que da la vida; y muchas veces la obras sin mi Divino Querer, se hacen conocer que eran alimentadas por pasiones y vicios que coloreaba con aquel bien aparente”.

(9) Después ha hecho silencio y yo trataba de abandonarme toda en su Querer para seguirlo, y mi sumo Bien Jesús ha continuado diciendo:

(10) “Hija mía, nuestra Divinidad al crear al hombre lo vinculaba todo con Nosotros, entonces la memoria, la inteligencia, la voluntad, eran vínculos de unión; los ojos, la boca, el oído, el corazón, las manos, los pies, eran vínculos, y si la criatura vive en mi Querer, conforme pone en actitud cada uno de estos vínculos, recibe la actitud de la Vida Divina.  Así que viene formada y se desarrolla como una plantita, que mientras posee la fecundidad de su tierra llena de humores vitales, regada con agua pura y abundante, está toda expuesta a los benéficos rayos del sol recibiendo su vida continua, ¡oh!, cómo crece bien, cómo son apetitosos sus frutos, cómo son buscados, amados y apreciados.  Así el alma, con recibir la Vida continua de Dios por medio de todos estos vínculos, que más que rayos solares se comunican sobre cada parte de su ser, se conserva tierra fecunda llena de humores vitales y divinos, que más que sangre corren en ella, cómo crece bien; es la amada, la buscada por el Cielo y la tierra.  Su vida, sus obras, sus palabras, más que frutos son gustados por todos, Dios mismo se complace de saborear frutos tan preciosos.  Así pues ¿cómo puedes tú temer que pudiera dejarte si estás vinculada con tantos vínculos Conmigo, de los cuales recibes vida continua?”

 

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22-17

Agosto 12, 1927

 

Cómo la oración incesante vence a Dios.  Trastorno de la naturaleza.

Las tres fuentecitas.  Preparación de guerras mundiales.

                       

(1) Me sentía bajo el peso tremendo de su privación, estaba oprimida, desvariaba, me sentía tan mal que no podía más; y mi adorable Jesús, después de haberme exprimido bien bajo un peso tan doloroso, teniendo compasión de mi extrema aflicción me ha estrechado fuertemente entre sus brazos diciéndome:

(2) “Pobre hija, cómo estás mal, ánimo, no quiero que te reduzcas a estos extremos, te oprimes demasiado, no obstante debes consolarte, tu interior es un hablar continuado ante la Majestad Divina y un acto continuado.  Y un hablar sin cesar jamás pidiendo el reino de mi Fiat Divino ante Dios, lleva consigo la certeza de la victoria.  Así que, o has vencido o estás por vencer.  Un hacer y un decir continuo adquiere la naturaleza de una potencia vencedora hacia Dios, y Dios como si perdiera la fuerza de resistir, y el alma adquiere la fuerza de vencer.  Sucede un cambio:  Dios desarmado y el alma armada con las armas divinas, así al Ser Supremo no le es dado resistir.  ¿Te parecerá poco a ti aquel pedirme continuamente el reino de mi Eterno Querer?  ¿Girar por toda la Creación, girar en todos los actos que Yo hice en la Redención, en los mares de los actos de amor y de dolor de la Soberana Reina del Cielo para pedir mi reino?  Nada pides para ti, y giras y vuelves a girar, y pides y vuelves a pedir que mi Divina Voluntad sea conocida, que domine y reine.  En esto no entra sombra de humano, ni interés propio, y la oración es el acto más santo y divino, es plegaria de Cielo no de tierra, por eso la más pura, la más bella, la invencible que encierra sólo el interés de la gloria Divina.  Hasta ahora ninguno me ha rogado con tanta insistencia.  Me pidió mi Mamá con tal insistencia por la Redención y fue  vencedora, pero por el reino de mi Voluntad ninguno hasta ahora con la insistencia de vencer a un Dios, por eso tu insistencia dice mucho, el mismo trastorno de toda la naturaleza dice mucho.  En estos tiempos todos los elementos, trastornándose, son anunciadores de bienes, y es necesario para reordenar mi reino.  Es la cosa más grande, por eso se requiere el trastorno para purificar la tierra, por eso no quiero que te oprimas demasiado, más bien sigue tu vuelo continuo, tu insistencia para adquirir la fuerza completa de vencer el reino del Fiat Supremo”.

(3) Entonces yo continuaba rogando y sentía que una mano se posaba sobre mi cabeza, y de esta mano salían tres fuentecitas, una desbordaba agua, otra fuego, y la otra sangre, que inundaban la tierra, en las cuales eran arrolladas gentes, ciudades y reinos.  Era espantoso ver  los males que vendrán y rogaba a mi amado Jesús que se aplacara, y le pedía me diera sufrimientos para eximir de ellos a los pueblos, y Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, agua, fuego y sangre se unirán y harán justicia.  Todas las naciones se están armando para hacerse la guerra, y esto irrita mayormente la Justicia Divina y dispone a los elementos a tomar venganza de ellos, por eso la tierra verterá fuego, el aire mandará fuentes de agua y las guerras formarán fuentes de sangre humana, en las cuales muchos desaparecerán, ciudades y regiones quedarán destruidas.  Qué maldad, después de tantos males, de una guerra súbita, preparan otra más terrible y buscan mover a casi todo el mundo como si fuera un solo hombre, ¿no dice esto que el pecado ha entrado hasta en los huesos, tanto de transformar la misma naturaleza en pecado?”

(5) ¡Oh! cómo me sentía mal al oír esto y rogaba a Jesús que pusiera de lado la Justicia haciendo salir en campo la Misericordia, y si quería una víctima, yo estaba pronta, con tal que no fueran castigadas las gentes, y si esto no quieres concederme, quítame de la tierra, no puedo más estar, tus privaciones me dan muerte continua, los flagelos me torturan, y además, ¿cómo puedo vivir cuando no puedo con mis penas disminuir las penas de nuestros hermanos?  ¡Jesús!  ¡Jesús!  Piedad de mí, piedad de todos, aplácate y contenta a tu pequeña hija.

(6) Mientras tanto, no sé cómo, me he sentido investir por penas que desde hace algún tiempo no sentía más, no sé decir lo que ha pasado; y esto me da la esperanza de que los graves males sean al menos en parte quitados.

 

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22-18

Agosto 15, 1927

 

 

Cómo todas las cosas creadas poseen la unidad de la Voluntad

Divina.  Diferencia entre la prueba de Adán y la de Abraham.

 

(1) Estaba según mi costumbre girando por toda la Creación para unirme a los actos que la Voluntad Suprema hace en ella, y mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las cosas creadas tienen la unidad de mi Fiat Divino, Él, mientras está dividido en tantos actos, pero estos actos están vinculados e inseparables entre ellos en la unidad de la misma Voluntad Divina.  Mira el sol, su luz es un acto distinto de las otras cosas creadas, pero su luz vincula a todas, inviste la tierra y la vincula con su luz, y la tierra se vincula con ella, bebe a grandes sorbos la fuente de la luz, recibe sus efectos, su calor, sus besos ardientes y forma un acto solo con el sol; la luz inviste el aire y éste se hace inseparable de ella; inviste el agua y el agua se arroja en la luz y se vinculan en su unidad; en suma, como una es la Voluntad que las domina, todas las cosas creadas están tan vinculadas entre ellas que se vuelven inseparables, y una no podría estar sin la otra.  Ahora, el alma que vive en mi Fiat Divino posee la unidad de Él, y por eso es inseparable de todos los actos que pone fuera la unidad de mi Querer; la unidad de Él la vincula con Dios y me da la gloria del obrar divino, la vincula con los ángeles y con los santos y me da la gloria angélica y de los santos, la vincula con toda la Creación y me da la gloria del cielo, del sol, del mar, en suma, de todo donde mi Voluntad obra ella queda inseparable y forma su unidad.  Por eso sólo quien vive en mi Querer puede darme el amor, la gloria de toda la Creación, de toda la Redención, no hay acto de Él del que el alma quede separada.  Las otras criaturas lo podrán decir en palabras, pero sólo quien vive en mi Querer posee los hechos”.

(3) Después continuaba mi giro en el Querer Supremo, y como primero había ofrecido los primeros actos de Adán cuando poseía la unidad con el Querer Supremo, para poderme también yo unir a aquellos actos perfectos que hizo en el principio de la Creación, y después pasé a unirme con el heroísmo de Abraham, pensaba entre mí:  “¡Qué sabiduría Divina!  De Adán se dice sólo que fue el primer hombre creado por Dios, que pecó y arrojó a la familia humana en el laberinto de todos los males, y después en tantos años que vivió no se dice nada más de él, ¿no podía Nuestro Señor volver a hacerle alguna otra prueba y pedirle algún otro sacrificio para probar su fidelidad?  Y mientras Adán es puesto en el olvido, llama a Abraham, y poniéndolo a prueba y encontrándolo fiel, lo pone a la vista, lo hace cabeza de las generaciones y se habla de él con tanta gloria y honor”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(4) “Hija mía, son las disposiciones de mi Sabiduría infinita, y es mi costumbre que cuando pido a la criatura un pequeño sacrificio por su bien, y ella ingrata me lo rechaza, no quiero más fiarme de ella, interrumpo mis designios de elevarla a cosas grandes y la dejo como criatura olvidada y que ninguno la señala ni por obras grandes, ni por heroísmo, ni para Dios, ni para sí, ni para los pueblos.  Además tú debes distinguir lo que quise de Adán, el pequeño sacrificio de privarse de un fruto y no me fue concedido, ¿cómo podía fiarme de él y pedirle un sacrificio más grande?  En cambio a Abraham no le pedí un fruto por sacrificio, sino que primero le pedí que fuera a tierra extraña donde no había nacido, y pronto me obedeció.  Después quise fiarme más de él, lo abundé de Gracia y le pedí el sacrificio de su único hijo, al que amaba más que a sí mismo, y él pronto me lo sacrificó.  En esto lo conocí, por medio de la prueba, que podía fiarme de él, que podía todo a él confiar.  Se puede decir que fue el primer reparador al cual venía confiado el cetro del futuro Mesías y por eso lo elevé a cabeza de las generaciones con gran honor de Dios, de sí mismo y de los pueblos.

(5) Así sucede en todas las criaturas.  Es mi costumbre pedir pequeños sacrificios:  El privarse de un placer, de un deseo, de un pequeño interés, de una vanidad, el desapegarse de una cosa que le parezca que no le pueda hacer daño.  Estas pequeñas pruebas sirven como pequeños apoyos para poner el gran capital de mi Gracia, para disponerlas a aceptar sacrificios mayores.  Y cuando el alma me es fiel en las pequeñas pruebas, entonces Yo la abundo en mi Gracia y pido sacrificios mayores para poder abundar más en el dar, y en ella hago los portentos de santidad.  Cuántas santidades tienen principio por un pequeño sacrificio, y cuántas con haberme rechazado un pequeño sacrificio, pareciendo a ellas que fuera cosa de nada, han permanecido raquíticas en el bien, cretinas en el comprenderlo, débiles en caminar el camino que conduce al Cielo.  Pobrecitas, se ven arrastrar y lamer la tierra de dar piedad; por eso hija mía se necesita más atención a los pequeños sacrificios que a los grandes, porque los pequeños son la fuerza de los grandes, disponen a Dios a dar la Gracia y al alma a recibirla”.

 

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22-19

Agosto 17, 1927

 

Todo lo que se hace en el Divino Querer se convierte en

propiedad universal.  Qué cosa significa girar en las obras Divinas.

 

(1) Mi vivir en el Querer Divino es continuo y mientras seguía sus actos innumerables, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo lo que la criatura hace en mi Divina Voluntad es propiedad universal, porque siendo Ella propiedad de Dios, todo lo que se hace en el Fiat Divino se vuelve propiedad divina.  Y como el Ser Supremo por naturaleza, por derecho, por potencia creadora, como Creador de todas las cosas es el único dueño universal de todo, por eso todo lo que el alma hace en mi Querer adquiere los derechos universales, y todo lo que se vuelve universal llega a ser propiedad de todos, así que todos pueden tomar lo que se vuelve universal.  Mucho más que las propiedades universales de Dios, con darse a todos, no disminuyen jamás, dan y nada pierden, ¿pierde tal vez el sol con dar su luz a todos?  O bien, ¿gozan menos de su luz porque todos lo reciben?  Nada pierde el sol, y las criaturas tanto gozan de su luz, como si fuera una sola, igualmente gozan cuando la reciben todos.  ¿Pierde tal vez Dios porque se da a todos, o bien tienen menos las criaturas porque es el Dios de todos?  De ninguna manera, ni el uno ni el otro pierden nada.  Ahora ¿cuál gloria, cuál honor no me da el alma que vive en mi Querer y que obra en Él, que extiende sus actos en las propiedades universales de Dios, de modo que más que sol todos pueden tomar los bienes de sus actos, y qué gloria para ella que más que sol inviste a todos y con su luz gira en torno a todos para darles como alimento su luz, sus actos, su amor?”

(3) Mientras estaba en esto veía como si mi amado Jesús se dispusiera a dejarme, y yo he gritado fuerte:  “Jesús, ¿qué haces?  No me dejes, no sé cómo vivir sin Ti”.  Y Jesús volteándose hacia mí me ha dicho:

(4) “Hija mía, ¿puedo dejar mi Voluntad Divina, mis actos, mis posesiones?  No puedo, por eso no tengas miedo, que no te dejo”.

(5) Y yo:  “Sin embargo Amor mío me dejas, cuántas veces giro y vuelvo a girar por toda la Creación y no te encuentro, retomo mi giro por todas tus obras de la Redención esperando encontrar a Aquél que amo, pero en vano.  Llego hasta los mares de los actos de la Soberana Reina creyendo que estás con nuestra Mamá, pero en vano, mis búsquedas terminan en el dolor de no encontrarte, tanto que me viene el pensamiento de no girar en todas tus obras cuando no encuentro a Aquél que me da la vida y es todo para mí”.  Y Jesús interrumpiendo mi decir ha continuado:

(6) “Hija mía, si tú no haces tu giro completo en todas las obras nuestras y en las de la Reina del Cielo, ¿sabes tú que significa girar en la Creación y en todo lo que a Nosotros pertenece?  Significa amar, apreciar, poseer nuestras obras, y Yo no me sentiría plenamente feliz si viera que la pequeña hija de mi Querer no posee lo que poseo Yo, ni está al día, ni goza de todas mis riquezas.  Encontraría tantos vacíos en ti que no hay en Mí:  Vacíos de amor completo, vacíos de luz, vacíos de pleno conocimiento de las obras de tu Creador.  Así que tu felicidad no sería completa, y Yo no encontrando en ti la plenitud de todo, sentiría tus vacíos y tu felicidad a medias.  Cómo también nuestra Reina Mamá, si viera que no posees sus mares de gracias sentiría que su pequeña hija no es plenamente rica, ni feliz.  Hija mía, tener una Voluntad Divina por vida y no poseer las mismas cosas, no puede ser.  La Voluntad Divina, donde reina quiere poseer todo lo que a Ella pertenece, no quiere disparidad, por esto debe poseer en ti lo que posee en Mi y en la Virgen Reina y tu girar en todas sus obras sirve como confirmación de su reinar en ti.  Y además, ¿no sabes tú misma cuántas cosas aprendes al girar en todas las obras de mi Fiat Supremo?  Y por cuantas cosas te manifiesta, tantas posesiones te da.  Y si quien vive en mi Querer no poseyera todos nuestros bienes, sucedería como a un padre, que mientras él es rico y feliz, el hijo no goza todas sus riquezas y no es feliz a la par de él, ¿no sentiría el padre despedazar la plenitud de su felicidad por causa del hijo?  Ésta será la base, la sustancia, la bella característica del reino de mi Fiat Divino:  Una la Voluntad, uno el amor, una la felicidad, una la gloria entre Creador y criatura”.

 

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22-20

Agosto 21, 1927

 

Cómo Jesús quiere terminar con el mundo.  Potencia de lo que se

hace en el Querer Divino para aplacar la justicia divina.

 

(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús ha venido de prisa, y lanzándome los brazos al cuello me ha estrechado fuerte fuerte diciéndome:

(2) “Hija mía, quiero terminar con el mundo, no puedo más, las ofensas, las penas que me dan son demasiadas, por eso es necesario que lo destruya”.

(3) Yo temblaba al oír esto y le he dicho:  “Amor mío y vida mía, cierto que sufres mucho y que no puedes más, porque quieres sufrir Tú solo, pero si dividieras junto conmigo tus penas, sufrirías menos y no llegarías al punto de no poder soportar más a las pobres criaturas.  Por eso hazme parte de tus penas, dividámoslas juntos y verás que podrás soportarlas todavía.  Hazlo pronto, no sufras más solo, prueba oh Jesús, tú tienes razón, sufres mucho, por eso te ruego dividámoslas juntos y aplácate”.  Después de largas insistencias mi dulce Jesús me ha hecho sufrir, pero eran las sombras de sus penas, sin embargo me sentía destruir, triturar, pero no sé decir lo que he sufrido, y ciertas cosas es mejor callar.  Después Jesús, como cansado de su largo sufrir, se escondía en mí para encontrar algún alivio y yo me he sentido investir toda por Jesús, y veía dondequiera los ojos de Jesús y me decía que aquellos ojos estaban cansados de mirar la tierra y buscaba reparación.  La luz de los ojos de Jesús se fijaba sobre varios puntos de la tierra y eran tantas las infamias que se cometían en aquellos lugares, que aquella luz lo incitaba a destruirlos.  Yo le rogaba que los perdonara, poniéndole enfrente su sangre, sus penas, su Vida, su eterno Querer, y Jesús todo bondad me ha dicho:

(4) “Hija mía, la potencia de las oraciones, de los actos, de las penas sufridas en mi Querer, es inigualable.  Mientras tú rogabas y sufrías, mi sangre, mis pasos, mis obras, rogaban, mis penas se multiplicaban y se repetían.  Así que todo lo que se hace en Él me da ocasión de repetir de nuevo lo que hice estando en la tierra.  Y éste es el acto más grande para aplacar la divina justicia”.

(5) Entonces siguiendo mi giro en el Querer Divino y no encontrando a mi dulce Jesús, me lamentaba conmigo misma y decía para mí:  “¿Cómo será que Jesús ya no viene tan seguido como antes, y mientras dice las maravillas de su Querer y hasta dónde puede llegar quien vive en Él, en vez de venir más seguido viene más espaciado?  Ahora mientras esto pensaba, mi amado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(6) “Hija mía, mi Humanidad se esconde en ti, y Yo doy lugar y gran campo a mi Divina Voluntad para hacerla obrar libremente y hacerla formar su reino.  Hubo un tiempo libre en el cual mi Humanidad tuvo su campo de acción en ti y por eso estaba siempre contigo y en ti, y mi Divino Querer me hizo hacer esto a fin de que te preparara a recibir el campo de acción más extenso del Fiat interminable, y Yo debo dejarlo hacer.  Mucho más que no me impide estarme contigo porque somos inseparables, y Yo estando en ti me deleito de atar tu alma como un pequeño pajarito con el hilo de luz de mi Querer, y te doy el vuelo en la inmensidad de Él arrojándote en sus actos innumerables, permaneciendo el hilo que te tiene atada en mis manos, y tú alejándote en sus actos me pierdes de vista y Yo estoy esperando que tu sigas todos los actos de mi Divina Voluntad para tirar el hilo que está dentro de ti.  Tú primero no seguías todos los actos de Ella, seguías el pequeño cerco de los actos de mi Humanidad, pequeño en comparación con aquellos de mi Querer Divino, y por eso cada acto tuyo, cada pena, te hacía encontrar a tu Jesús, y Yo estaba todo atento para hacerte copiar mi Humanidad, por eso era necesario que Yo estuviera con el pincel en la mano para formar en ti mi imagen, para disponer la tela de tu alma a recibir los vivos colores impregnados en la luz de mi Fiat Divino; por eso lo que era necesario antes no es necesario ahora, pero esto no quiere decir que Yo no estoy contigo.  Vivimos juntos en el eclipse de la luz de una Voluntad eterna, y es tanta su luz, que nos eclipsa y hace que no nos veamos, tanto que si se modera la luz, Yo te veo a ti y tú me ves a Mí y nos encontramos como si jamás nos hubiéramos separado”.

 

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22-21

Agosto 25, 1927

 

Relaciones entre los sarmientos y la vid.

El alma, depositaria de la Divina Voluntad.

 

(1) Mientras rezaba me he encontrado fuera de mi misma y entre mis brazos a mi dulce Jesús, y yo estrechándolo fuerte a mi corazón le he dicho:  “Dime Amor mío, ¿cuáles son las relaciones entre Tú y yo?”  Y Jesús todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿quieres saberlo?  Las relaciones que hay entre Yo y tú son como las relaciones que hay entre los sarmientos y la vid.  La vid forma los sarmientos, ellos reciben los humores vitales para vegetar de la vid, para vestirse de follaje y de uvas.  Así que entre la vid y los sarmientos hay tal unión, que los sarmientos no pueden ni formarse ni tener vida sin ella, y la vid no haría ninguna figura, ni ostentación de sí, ni daría fruto sin los sarmientos.  Por eso la una y el otro tienen tales relaciones entre ellos, tales vínculos de unión, que forman la misma vida y son inseparables entre ellos.  Y si se separan, la vid queda estéril, sin ostentación y sin fruto, y los sarmientos pierden la vida y se secan.  Ahora, la vid es tu Jesús, el sarmiento eres tú, las relaciones entre Yo y tú son inseparables.  Una es la sangre que circula en nuestras venas, una la Voluntad, uno el latido, y Yo formo tu vida y tú formas mi gloria y mi fruto.  Y Yo me deleito al reposarme a la sombra de los densos pámpanos de tu sarmiento y de cosechar la uva de mi vid y de saborearlas a mi gusto”.

(3) Y yo:  Pero dime aún Vida mía, y tu Voluntad, ¿cómo está en mi?  Y Jesús ha continuado con una dulzura indecible:

(4) “Hija mía, mi Voluntad está en ti como depositaria de todos sus actos, porque mi Voluntad cuando hace un acto no lo pone fuera de Ella, faltaría el espacio, la decencia, la santidad y todo lo que conviene para conservar sus actos, por eso no puede ponerlos en otra parte sino en Sí misma.  ¿Quién puede tener el espacio de recibir todo el cielo con sus estrellas?  ¿El sol con la largura de su luz, el mar con la vastedad de sus aguas, la tierra con la multiplicidad de sus plantas?  Ninguno.  Por eso para poder depositar sus actos se necesita mi misma Voluntad Divina.  Ahora, estando Ella en ti, de todos sus actos hace el depósito en ti, porque en su Fiat encuentra espacio, santidad digna de Ella.  Si tú supieras cuál es el contento de mi Eterno Fiat porque encuentra en la criatura donde poder poner sus actos, porque como causa primaria para la criatura fueron hechos.  Por lo tanto todos los actos de mi Divina Voluntad están en ti, y de ti salen y llevan junto la gloria a ellos debida.  ¡Oh! cómo se siente correspondida porque encuentra en todos sus actos que la criatura le da la gloria a su luz, a su santidad, a su inmensidad y encontrando el beso de ella, la gloria, el amor, se siente de tal manera empujada a formar otros actos más bellos, dignos de mi eterno Fiat, solo por amor de aquélla en que pudo hacer el depósito de ellos, para recibir sus nuevos besos, su amor, su gloria.  Por eso donde está mi Voluntad está todo:  Está el cielo, el sol, el mar y todo, nada le puede faltar de sus obras, todo contiene, todo conserva, para todo tiene espacio para encerrar todo en Sí”.

 

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22-22

Agosto 28, 1927

 

Dolor del Querer Divino en cada cosa creada.

Concepción de Jesús.  Amor del alma.

 

(1) Estaba según mi costumbre siguiendo los actos del Querer Supremo, pero mientras esto hacía mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, pero estaba tan afligido, apurado y suspiraba con intenso dolor, que yo le he dicho:  “¿Qué pasa, qué pasa Amor mío?  ¿Por qué estás tan afligido y doliente?  Y Jesús:

(2) “Hija mía, si tú supieras cuántos dolores recibe mi Voluntad llorarías Conmigo.  Ella en toda la Creación tiene su movimiento y su acto continuo, envuelve todo y en todas las cosas creadas ofrece su acto incesante a cada criatura, y no encontrando su misma Voluntad en ellas para dar su acto, más bien encuentra voluntad humana enfangada, está obligada para conservarlas, a depositar su acto.  Se siente atormentar por el dolor, porque deposita en el fango la nobleza, la santidad, la pureza de sus actos Divinos.  No encuentra el cortejo de su misma Voluntad Divina en su acto que deposita en la criatura, y por ello sufre intensamente, y Yo siento su dolor en cada acto suyo y en cada acto que hace hacer a las mismas criaturas.  Si la criatura habla, obra y camina, es mi Voluntad Divina que se hace primer movimiento de la palabra, de la obra, de los pasos de ellas, sin embargo no es vista, es puesta a un lado como si mi Querer fuera extraño a ellas, mientras que tiene la parte vital y esencial del acto de ellas, y ¡oh! cómo se duele en cada acto de las criaturas al ver que no es ni reconocida, ni amada, ni siquiera la han visto.  No hay cosa en la Creación que mi Querer no haga:  En el sol hace su acto de luz incesante para dar luz a las criaturas, y busca en ellas su mismo Querer para recibir el cortejo, la gloria a su luz, y no encontrándolo se duele, porque no encuentra en ellas quién iguale su luz, más bien encuentra en ellas tinieblas y frialdad que ofenden a su luz y a su calor.  ¡Qué dolor!  Mi Querer hace su acto continuado en el aire, y respirando en ella, forma en el aire un acto vital que, respirándolo las criaturas sienten la vida, y mientras da la vida no encuentra en ellas el respiro de su mismo Querer Divino, que respirando junto formaría la Vida Divina en la criatura.  ¡Qué dolor, dar la vida y no poderla formar en ellas!  Mi Querer forma el alimento, tiene en ejercicio tantos elementos:  La tierra, el viento, el sol, el aire, el agua, la semilla, para formar este alimento para darlo a las criaturas, para encontrar en ellas su Voluntad, pero todo en vano, y su dolor se hace más intenso.  ¿Qué cosa no hace mi Voluntad en la Creación?  No hay cosa en la que no tenga su acto primero de Vida, y corre y corre incesantemente hacia la criatura, corre en el viento, en el agua, en la tierra, en los prados floridos, en las olas del mar, en el cielo extendido, donde sea, y corre para encontrar su Voluntad en las criaturas, y no encontrándola siente en todas las cosas un dolor, se siente arrancar sus actos sin que sirvan a su mismo Querer.  ¡Oh! si la criatura pudiera leer los caracteres de mi Fiat Divino, leería en todo lo que ve, siente, toca y toma, dolor incesante de este mi Querer, que corre y correrá siempre sólo para encontrar mi Voluntad en ellas, finalidad única por la que fue creado el hombre y toda la Creación.  Y si la conserva es para alcanzar su propósito, y hacer tregua a un dolor tan grande.  He aquí por qué todas mis premuras para hacer conocer mi Voluntad Divina, a fin de que reine y domine.  Todo será dado a los hijos de Ella, porque sólo ellos quitarán los caracteres del dolor y pondrán los caracteres de la alegría, de la gloria, de la felicidad en todas las cosas creadas, porque Voluntad Divina recibirán por medio de ellas, y Voluntad Divina harán encontrar en ellos, que darán los justos homenajes y la gloria debida a los actos que mi Querer ejercita en toda la Creación”.

(3) Entonces continuaba siguiendo los actos del Supremo Querer, y habiendo llegado al momento cuando la Soberana Reina concibió en su seno purísimo, decía entre mí:  “La Alteza de mi Madre Celestial suministró su sangre, su amor y la Voluntad Divina que reinaba en Ella para formar la Concepción del Verbo.  También yo quiero suministrar mi amor, mis penas y el Querer Divino que reina en mí, mientras concibe en su seno, para que también yo ponga de lo mío en la concepción de Jesús, para adorar el Eterno Fiat en un acto tan grande, y también para hacer que habiendo dado de lo mío, quede concebido en mí”.  Pero mientras esto hacía pensaba para mí:  “Son mis habituales extrañezas, pero el resto es amor que quiero dar a Jesús, es su misma Voluntad Divina para honor de su Concepción”.  Y Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, soy Yo que muevo tu ánimo a hacer lo que quiero, y muchas veces no te digo ni siquiera la razón.  Tú debes saber que mi Divina Voluntad tuvo su acto primero en la Concepción de Mí, Verbo Eterno, y tu amor y tus actos son actos de justicia y son necesarios para la concepción de la Voluntad Divina en la Humanidad de tu Jesús, porque el primer reino que extendía fue en mi Humanidad.  Ahora, para darte el derecho de que pudiese reinar en ti, exigía con justicia tu amor mientras era concebida en mi Humanidad.  Y como para mi Supremo Fiat no existe pasado ni futuro, sino que todo es presente, mientras quedaba concebido en la Soberana Reina, quedaba concebido en tu amor, en tus penas, en aquel su mismo Querer que debía reinar en ti, así que tú ahora no haces otra cosa que darle sus derechos, suministrarle lo que se necesita para hacerla concebir en ti, para recibir tú los derechos de hacerle extender su reino, y de tomar con la mano el cetro de mando con absoluto dominio.  Entonces lo que a ti te parece nada y rareza, entra en el acto primero de la Divina Voluntad, y tu Jesús, guiándote y tomándote de la mano te lleva en el acto cuando quedó concebido en el seno materno para hacerte poner tu amor, tus penas, a fin de que no faltara tu acto en un acto tan grande que daba el principio al reino de mi Voluntad Divina en la familia humana.  Y es esta la causa por la que en todos los actos que Yo hice estando en la tierra, llamo a tu amor para vincularse a aquellos actos, no quiero que te escape ninguno.  Son derechos de justicia que exige mi Querer y son anillos de conjunción para darte el derecho de que Él pudiera reinar en ti.  Por eso sigue a tu Jesús sin pensarlo”.

(5) Ahora, volviendo a pensar en el dolor que siente la Divina Voluntad en la Creación, hubiera querido tantas vidas por cuantos dolores Ella siente, para endulzar un dolor tan grande, y pensaba en qué estado doloroso se encuentra el Fiat en las criaturas.  Y mi amable Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, tú debes saber que mi Querer Divino no puede dejar entrar los actos de mi Voluntad en la criatura si no encuentra la suya, porque falta en ellas la capacidad, dignidad, santidad, espacio para poder contener un solo acto de la Voluntad Suprema.  Y esto es otro dolor suyo; pero por la naturaleza de su bondad comunica sólo los efectos.  Sucede como al sol que comunica sus efectos a la tierra pero no permanece en ella, de otra manera la tierra quedaría radiante, luminosa; en vez de esto, conforme pasa el sol así queda cuerpo oscuro cual es, pero los efectos sirven para conservarla y para hacerla producir plantas, flores y frutos.  Sucede también como al agua que comunica sus efectos a la tierra, pero no la fuente de su vida; tan cierto que cuando no llueve la tierra queda seca y no tiene fuerza para producir un hilo de hierba.  Y por eso la tierra no poseyendo ni la vida del sol, ni la del agua, tiene necesidad de que el sol comunique sus efectos diariamente, y que el agua frecuentemente la bañe para conservarse y poder producir.  Así sucede para los actos de mi Querer Divino, Él quiere darse a fin de que la criatura se vuelva sol para poder formar su Vida, y no encontrando su Voluntad, en su dolor, llevado por los excesos de su bondad, comunica sus efectos que sirven para conservar el objeto de sus dolores.  Ninguno puede decirte qué valor, qué potencia, qué santidad, luz e inmensidad contiene un acto de mi Fiat Divino sino tu Jesús, y sólo quien posee un Querer Divino puede contener los actos de Él, por eso sólo el Fiat puede elevar a la criatura a la Santidad y nobleza Divina que da la semejanza de su Creador; todos los demás, por cuan buenos y alabados por habilidad, ingenio, doctrina, actividad, quedarán siempre como tierra que, no poseyendo ni fuente de luz, ni de agua, les serán dados como a pobres mendigos los efectos de mi Supremo Querer”.

 

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22-23

Septiembre 3, 1927

 

Hasta en tanto que el alma no haga reinar a la Voluntad

Divina, será siempre infeliz y estará inquieta.  Diversidad

de martirio de alma y de cuerpo.

 

(1) Estaba navegando el mar de luz del Fiat Divino siguiendo sus actos, y ¡oh! cómo comprendía que todo el bien estaba en Él.  Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, hasta que la criatura no haga reinar mi Divina Voluntad en ella, será siempre infeliz, siempre inquieta, porque sentirá en sí, por cuan buena sea, santa, docta, rica, que le falta la plenitud de la felicidad y el mar de la paz, con los cuales por ningún lado la pueden turbar y romper su felicidad.  Por tanto podrá ser la felicidad a medias y dividida su paz, pero como no es entera, la mitad que le falta tendrá el camino abierto para llevarle la infelicidad y la turbación.  Mira, también en el orden natural sucede así:  Uno es rico no le falta nada, posee sus diez, veinte millones o bien millares de millones, pero conociendo que podría adquirir otro y ser más rico todavía, se siente inquieto, infeliz, y poniendo como de lado sus riquezas es todo pies, todo obras, todo palabras, todo ojo a las otras riquezas que quisiera adquirir.  Pobrecito, ¿cómo puede ser feliz, pacífico, si le falta la fuente de los bienes que le diga:  ‘Repósate, todo es tuyo y todo lo que quieres está en tu poder’?  Otro es rey, pero cuánta infelicidad bajo aquella corona:  Temores de poder perder su reino, esperanzas y avidez por adquirir otros reinos, de dominar a costa de guerras sobre todo el mundo; así que el poseer un reino no es otra cosa que un camino abierto para volver infeliz e inquieto al pobre rey.  Un tercero es docto, pero no poseyendo todas las ciencias, sabiendo que puede poseer otras ciencias, no descansa, ni se siente feliz y pacífico, ¿cuántas veces delante de otro más erudito que él se siente humillado y siente la infelicidad porque le falta la plenitud de la ciencia?  Así sucede en el orden sobrenatural:  Aquél tal es bueno, pero no siente en sí que posea la fuente de la bondad, porque siente que ante algunas circunstancias su paciencia es débil, su firmeza en el bien es intermitente, su caridad frecuentemente claudica, su oración es inconstante.  Esto lo hace infeliz, inquieto, porque ve que su bondad no es entera, está como a la mitad, y ve que la otra mitad que le falta sirve para torturarlo y para hacerlo infeliz.  Pobrecito, cómo se ve claro que le falta el reino de mi Divina Voluntad, porque si reinara en él poseería la fuente de la bondad que le diría:  ‘Repósate, todo está en tu poder, fuente de paciencia, de firmeza, de caridad, de oración’.  Y sintiendo en sí la fuente, se sentiría extender dentro y fuera de él el mar de la felicidad y de la paz, y la infelicidad e intranquilidad no encontrarían más el camino para entrar en él.  Otro es santo, pero ante algunas circunstancias no siente en sí la fuente de la santidad, la luz que todo hace conocer, todo lo señala, el camino, la felicidad; el conocimiento de Dios no es pleno, el heroísmo de las virtudes vacilan en él, entonces, con toda su santidad no es feliz, ni pacífico, porque faltando el total dominio de mi Fiat Divino, le falta la fuente de la luz que eclipsa el germen de todos los males y lo sustituye por la fuente de la felicidad y de la paz.  He aquí por qué hasta en tanto que las criaturas no hagan reinar mi Divina Voluntad, en el mundo no se tendrá ni siquiera la idea, ni conocimiento verdadero de lo que significa paz verdadera y plenitud de felicidad.  Todas las cosas, por cuan buenas y santas, no tendrán su plenitud, porque faltando el dominio y el reinar de mi Supremo Querer, falta quién comunique la fuente de todas las felicidades, que siendo fuente se puede tomar lo que se quiere y como se quiere.  He aquí el por qué de mis premuras para que mi Voluntad sea conocida y forme su reino en medio a las criaturas, porque quiero verlas felices, pero con aquella felicidad con la que las saqué  al crearlas y fueron puestas fuera del seno de su Creador que posee todas las felicidades posibles e imaginables”.

(3) Después de esto seguía el santo Querer Divino y sintiéndome privada de mi dulce Jesús deliraba, porque quería Aquél que haciéndome desvariar me hacía probar el más duro martirio, tanto de no poder más.  Y mi siempre amable Jesús, saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, el martirio del alma es más grande, más noble, contiene un valor tan grande, que comparado con el del cuerpo, ¡oh! cómo queda atrás, este es limitado, es pequeño de frente al del alma.  El alma es luz, el cuerpo es materia, y martirizándose el cuerpo, la sangre que vierte no se extiende, no se difunde lejos, sino que baña sólo aquel pequeño espacio de tierra donde se encuentra, por eso sus efectos son limitados y son a lugar, a tiempo y a persona.  En cambio el del alma es luz, y cuando esta luz viene exprimida, puesta bajo la prensa, la luz se difunde, se eleva, se extiende siempre más.  ¿Quién puede  restringir y cercar la luz del sol?  ¡Ninguno!  ¿Quién puede impedir que sus rayos solares invistan toda la tierra y hagan sentir su calor a todos?  ¡Ninguno!  No hay potencia contra la luz, no hay armas que puedan herirla y matarla, todas las potencias juntas son impotentes contra la luz, quieran o no quieran están obligadas a dejarla hacer su camino y hacerse investir.  Y si alguno, enfermo de locura, pensara en detenerla, la luz con una potencia toda suya y natural se reiría de él y vencedora le rociaría más luz.  Ahora, el alma es más que sol, y cuando sufre mi privación, conforme gira y queda exprimida bajo el peso de ella, tantos rayos de más adquiere para extenderse y ensancharse de más.  Y como es pena de una Vida Divina, el alma haciendo la Divina Voluntad, en este martirio ofrece el acto más bello y su luz se extiende tanto, que ninguno la puede alcanzar, porque entra en medio a este martirio causado por la privación de tu Jesús, una Voluntad Divina.  La materia no entra de hecho en este martirio, sino que todo es luz:  Luz es tu Jesús, luz es mi Voluntad, luz es tu alma, que forman tal encanto de luz, que cielo y tierra quedan investidos y a todos llevan el beneficio del calor y de la luz.  Por eso el martirio del cuerpo es nada en comparación a éste”.

 

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22-24

Septiembre 4, 1927.

 

Cómo toda la Creación queda investida por

los actos hechos en la Divina Voluntad.

 

(1) Estaba siguiendo mi giro por toda la Creación, e investía cielo, sol, mar, en suma todas las cosas creadas con mi te amo, te adoro, te bendigo, para dar gloria a mi Creador en toda la Creación.  Ahora mientras esto hacía, mi dulce Jesús se ha movido dentro de mí y me ha dicho:

(2) “Hija mía, escucha junto Conmigo todas la armonías de la Creación, escucha, el mar murmura, pero en aquel murmullo se oye una nota más bella, el te amo, el te adoro, el te bendigo, la gloria que la pequeña hija de mi Querer murmura junto con el mar, y haciendo murmurar todo el mar hace decir a las aguas sus amorosos estribillos a su Creador.  ¡Oh! cómo adquiere el mar otras notas de armonía, de belleza, otros sonidos más bellos, porque mi pequeña hija emite su voz en mi Divina Voluntad y vuelve al mar hablante y da la gloria del mar a su Creador.  Escucha, también el sol en su luz que llueve del cielo e inviste toda la tierra, llueve junto a tus notas amorosas, tus agradables estribillos, ‘te amo, te glorifico, te bendigo, te adoro’, porque siendo una la Voluntad Divina que reina en ti, así reina en el sol y ¡oh! cuan elocuente habla la luz, cómo corre en el calor el amor a su Creador, cuántas nuevas armonías y notas no suyas adquiere, porque está la pequeña hija del Supremo Querer que pone sus actos en Él, y haciendo una su voluntad con toda la Creación, suministra su voz y sus actos a todas las cosas creadas; escucha, la naturaleza del mar, del sol, no tienen virtud de hablar, y encontrar que quien vive en mi Querer comunica su voz y sus actos a ellos es la cosa más sorprendente, es la gloria más grande que puedes dar a tu Creador.  Así que no hay cosa creada que no quede investida por tus actos, y Yo me complazco de escuchar tus notas y tus repetidos estribillos en el cielo, en el aire, en el viento, en el agua que llueve, en el pajarito que canta, en todo, y quiero que también tú junto Conmigo escuches tus mismas armonías que formas en toda la Creación.

(3) Hija mía, el más pequeño movimiento, incluso el más pequeño respiro hecho en mi Divina Voluntad, es todo de Dios, y siendo suyo, en él encuentra todo lo que es suyo:  Encuentra la Santidad Divina en el acto hecho en mi Fiat Divino, encuentra su luz, encuentra su bondad, su amor, su potencia, en aquel acto no falta nada de lo que a Dios pertenece, por eso se pueden llamar actos divinos, porque son los más bellos, los más santos y los más agradables, y ante estos actos todos los otros actos, por cuan buenos sean, pierden su valor, su gusto y jamás me pueden agradar.  Sucede como a un Señor riquísimo que posee riquezas, jardines, haciendas, con los frutos más bellos que ninguno los puede igualar.  Ahora, este señor, sabiendo que ninguno otro tiene los frutos y las cosas buenas como las suyas, si los hijos, los siervos le llevan los frutos de sus jardines, él los agradece, los gusta con amor comiendo a saciedad, pero si le llevan frutos de otras haciendas, él no los gustará porque verá pronto la gran diferencia, los encontrará defectuosos, amargos y de dar disgusto, y se lamentará con los suyos de que han osado llevarle cosas y frutos no suyos.  Así nos sucede a Nosotros, todo lo que se hace en nuestra Divina Voluntad son cosas nuestras, frutos de nuestras posesiones interminables, y como cosas nuestras no encontramos nada que no sea digno de nuestra Divinidad y por eso tomamos todos los gustos al recibirlos.  En cambio, lo que viene hecho fuera de nuestro Divino Querer es cosa a Nosotros extraña, falta el sello Divino, son sin plenitud de gustos, de luz, de santidad, de dulzura.  El querer humano aun a las cosas más buenas pone siempre la parte amarga, que desagrada las cosas más bellas, y por eso viendo que no son cosas de nuestras haciendas, frutos de nuestra Voluntad Divina, las ponemos aparte y muchas veces ni siquiera las miramos.  Por eso te recomiendo que nada te escape en que no entre en la luz de mi Fiat Supremo, a fin de que todo sea cosa nuestra y sumamente agradable a Nosotros”.

 

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22-25

Septiembre 8, 1927

 

Cómo toda la Creación está fija en Dios y es relatora del Ser Supremo.

El dolor De la separación fue sufrido en modo divino por Jesús

y María.  Significado de los cuarenta días en el desierto.

 

(1) Continúo mi vuelo en el Supremo Querer, el cual teniendo como en su propio puño toda la Creación, estoy obligada a volar de una cosa creada a la otra para encontrar aquella gloria que puedo dar a mi Creador por medio de ellas y para corresponderlo con mi amor por todo lo que ha hecho por amor mío y de todos.  Ahora mientras esto hacía, mi amado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, cuando nuestra Divinidad creó toda la Creación, la dejó toda vinculada a Sí.  Así que se puede decir que el cielo tiene su relación con Dios, en Dios está fijado y desde dentro de Dios expande su inmensidad.  Las estrellas están vinculadas en Dios y desde dentro de Dios adornan de oro el firmamento.  En Dios está vinculado el sol, y del seno Divino expande su luz que inviste toda la tierra.  No hay cosa creada que no tenga sus vínculos con Dios, y mientras salen fuera, de Dios no se apartan.  Dios es celoso de sus actos y los ama tanto que no permite que sean separados de Él y por eso los tiene todos fijados en Sí como gloria perenne de sus mismos actos, como relatores de su Ser a las criaturas, que con voz muda hablan con hechos de quién es Aquél que las ha creado.  Dicen con los hechos que es luz purísima e interminable, amor que jamás se extingue, ojo que todo ve, todo siente y penetra, esto lo dice el sol.  Dicen también las cosas creadas:  “Mírenos y con los hechos les diremos”.  Y por eso no hablamos, porque los hechos son más que las palabras y potencia que todo puede, es inmensidad que todo envuelve, es sabiduría que todo ordena, es belleza que todo rapta.  La Creación es la continua narración del Ser Supremo, de quien recibe vida continua.  Entonces conforme tú giras de una cosa creada a la otra, quedas vinculada por medio de ellas con tu Creador y recibe las relaciones de luz, de amor, de potencia, etc., que cada uno posee”.

(3) Entonces yo al oír esto he dicho:  “Amor mío, las cosas creadas no tienen razón, ¿cómo pueden darme sus relaciones y darte tanta gloria?” Y Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, las cosas creadas están en relación y vinculadas Conmigo como los miembros a la cabeza, y actúan como los miembros que tienen vida de la cabeza.  Mira, tú tienes manos, pies, ellos no tienen razón, ni hablan, pero porque tienen vida de la cabeza las manos obran, los pies caminan, están a disposición de lo que quiere la cabeza y forman su más grande gloria; y entonces las manos y los pies no tendrían ni obras, ni pasos, si fueran separados del cuerpo, porque perderían la vida que les comunicaba la cabeza.  Así es de toda la Creación, si bien no tienen ni razón ni palabra, pero como están unidos con Dios como los miembros a la cabeza, ella recibe la vida de su Creador y por eso todas las cosas creadas son obrantes y sus actos son incesantes y están a nuestra disposición, más que cuando tú tienes tus miembros a disposición de tu cabeza, y como tus manos tienen virtud de comunicar tus obras a las otras criaturas, así las cosas creadas tienen virtud de comunicar el bien que poseen a las criaturas y a quien vive en mi Querer Divino.  Estando con ella la Voluntad que las anima, sienten que pertenece al cuerpo de toda la Creación, y por eso le comunican todas sus relaciones que tienen con la Cabeza, y con gran amor la vinculan con ellas.  Por eso sé constante en el vivir en mi Divina Voluntad si quieres hacer vida común con tu Jesús y con toda la Creación y darme toda la gloria que incesantemente me dan todas mis obras”.

(5) Después de esto estaba siguiendo el Santo Querer en el acto cuando mi dulce Jesús se separó de la Soberana Reina para ir al desierto, y mientras compadecía al uno y al otro pensaba para mí:  “¿Cómo pudo separarse mi Soberana Reina por cuarenta días de su querido Hijo?  Ella que lo amaba tanto, ¿cómo pudo hacer para estar sin Él?  Yo que no tengo su amor sufro tanto por algunos días que me priva de Él, ¿qué pudo ser de mi Mamá?”  Mientras esto pensaba mi adorado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(6) “Hija mía, los dos sufrimos al separarnos, pero nuestro dolor fue sufrido en modo divino, no humano, y por eso no se separa ni de la felicidad, ni de la paz imperturbable.  Feliz partí al desierto, feliz quedó la Alteza de mi Mamá Celestial, porque el dolor sufrido al modo divino no tiene virtud de ensombrecer mínimamente la divina felicidad, que contiene mares de alegría y de paz interminable, son como las gotitas de agua en el inmenso mar los dolores sufridos al modo divino, que la fuerza de las olas tienen virtud de cambiarlos en felicidad.  El dolor sufrido en modo humano tiene virtud de despedazar la verdadera felicidad y de turbar la paz, el modo divino jamás.  Mucho más que mi Mamá Reina poseía el Sol de mi Voluntad por gracia y Yo lo poseía por naturaleza, así que el Sol quedó en Ella y quedó en Mí, pero los rayos no se separaron porque la luz es inseparable, por eso en la misma luz Ella quedó en Mí y seguía mis actos, y Yo quedé en Ella como su centro de vida.  Por tanto la separación mientras fue verdadera, pero fue aparente; en sustancia estábamos fundidos juntos e inseparables, porque la luz de la Divina Voluntad ponía en común nuestros actos como si fueran uno solo.  Y después Yo fui al desierto para llamar de nuevo a mi misma Voluntad Divina, que por cuarenta siglos las criaturas habían desterrado de en medio de ellas, y Yo por cuarenta días quise estarme solo, para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana en los cuales la mía no había poseído su reino en medio a la familia humana, y con mi misma Voluntad Divina la quise llamar de nuevo en medio a ellos para hacer que reinara.  Al regresar del desierto la deposité en mi Mamá con todos los actos de Voluntad Divina que las criaturas habían rechazado y tenido como en el desierto, a fin de que fuera Ella la fiel depositaria, la reparadora y la imploradora del Reino de mi Voluntad.  Sólo la Soberana Señora podía poseer este depósito tan grande, porque poseía en Sí la misma Voluntad Divina en la cual se podía contener la misma Voluntad desterrada por la criatura.  ¿Cómo podíamos ocuparnos de nuestro dolor de separarnos por cuarenta días, cuando se trataba de reintegrar, de llamar de nuevo a nuestra Divina Voluntad a reinar en medio a las criaturas?  En nuestro dolor éramos más que felices porque queríamos poner a salvo el Reino del Fiat Supremo, y la Celestial Reina estaba esperando con ansias mi regreso para recibir el depósito del nuevo sol, para corresponder con su amor todos sus actos que la ingratitud humana había rechazado.  Ella hizo de verdadera Mamá a mi Divina Voluntad, haciendo al mismo tiempo de verdadera Madre a las criaturas, implorando para todos la vida, la felicidad, la alegría de poseer el Reino del Eterno Fiat.

(7) Hija mía, el número de cuarenta días de mi vida aquí abajo es simbólico y significativo.  Cuarenta días desde que nací quise estar en la gruta de Belén, símbolo de mi Voluntad Divina que mientras estaba en medio de las criaturas, estaba como escondida y fuera de la ciudad de sus almas, y Yo para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana, quise estar por cuarenta días fuera de la ciudad en una vil choza a llorar, gemir y orar, para llamar de nuevo mi Voluntad Divina a la ciudad de las almas para darle su dominio, y después de cuarenta días salí para presentarme al templo y revelarme al santo anciano Simeón; era la primera ciudad que llamaba al conocimiento de mi Reino, y fue tanta su alegría que cerró los ojos a la tierra para abrirlos a la eternidad.  Cuarenta estuve en el desierto, y después, súbito hice mi vida pública para dar a las criaturas los remedios y los medios para alcanzar el reino de mi Querer.  Cuarenta días quise estar sobre la tierra después de mi Resurrección para confirmar el reino del Fiat Divino y sus cuarenta siglos de reino que debía poseer.  Así que todo lo que Yo hice en este mundo, el primer acto era el restablecimiento de Él, todas las otras cosas entraban en el orden secundario, pero el primer anillo de conjunción entre Yo y las criaturas era el reino de mi Voluntad.  Por eso cuando se trata de Ella no ahorro nada, ni luz, ni sacrificios, ni manifestaciones, ni felicidad, son mares que pongo fuera de Mí para hacerla conocer, reinar y amar”.

 

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22-26

Septiembre 14, 1927

 

Cómo Dios es celoso de los actos que se hacen en la Divina

Voluntad.  La Gracia es la Vida bilocada de Dios en el alma.

Nuestro Señor llama al alma a seguir sus actos.

 

(1) Estaba toda abandonada en el Fiat Divino y en Él hacía mis actos, y ante mi mente se formaba un mar interminable, y yo dentro de aquel mar formaba con mis actos mi pequeño mar, como si el agua se profundizara más en lo bajo, se agrandaba elevándose alrededor como cerco para darme espacio para poner mis actos en medio de él, para hacerme formar dentro del mismo mar mi pequeño mar.  Yo he quedado sorprendida al ver que aquel mar, mientras parecía de agua era de luz, sus olas altísimas formaban el encanto más bello, el murmullo más dulce y suave que música.  Y mi dulce Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, el alma que obra en mi Divina Voluntad obra en Dios mismo, y en Él mismo quedan sus actos.  El mar que tu ves es el Ser Supremo, que celoso de todo lo que se puede hacer de santo en mi Querer, extiende el mar interminable de su Ser en torno al alma para recibir los actos de ella, y dentro de Él mismo los deja como pequeño mar del alma de los actos que ha hecho en su Divina Voluntad.  Es tal y tanta nuestra complacencia y nuestro amor por quien vive en nuestro Querer Divino, que conforme la vemos obrar nos abajamos a ella haciéndonos cerco alrededor para hacerla obrar dentro de Nosotros, y ella se eleva hasta Nosotros y sus actos toman puesto junto a nuestros actos, felicitándonos y glorificándonos como nos felicitamos y glorificamos Nosotros mismos”.

(3) Después de esto seguía la Divina Voluntad en todo lo que ha hecho en la Creación, para después seguir aquellos de la Redención, y mi adorado Jesús me hacía presente lo que había hecho al venir a la tierra, y yo lo seguía paso a paso, y siguiendo su infancia en el acto cuando lloraba y chupaba la leche en los brazos de la Soberana Reina le decía:  “Cariño mío, quiero investir tus lágrimas con mi te amo, para rogarte en cada lágrima tuya el Reino de tu Voluntad Divina, y en cada gota de leche que te da nuestra Mamá Celestial quiero hacer correr mi te amo, a fin de que si Ella te nutre con su leche, yo te nutro con mi amor, para pedirte en cada gotita de leche que tú tomas el Reino de tu Fiat Divino”.  Y después decía a mi Mamá:  “Di junto conmigo, quiero el reino de tu Querer en cada gotita de leche que te doy, en cada lágrima tuya y vagido, en cada beso mío que imprimo sobre tu bello rostro gracioso”.  Dicho por Ti, ¡Jesús dará su reino!  Y la Soberana Señora me contentaba al decirlo junto conmigo, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, en cada acto que hacía por Mí mi Mamá Celestial, que eran de continuo, Yo la correspondía con un grado de Gracia, porque Yo no me dejo ni vencer ni superar por los actos de la criatura, soy el Insuperable y por eso si mi querida Mamá me daba amor, actos, pasos, palabras, Yo le daba en cada grado de Gracia una Vida Divina, porque la Gracia no es otra cosa que la Vida bilocada de Dios que se da a las criaturas, por eso, qué gran diferencia entre un acto que puede dar la criatura y una Vida Divina que da Dios a cada acto de ellas.  Por eso la Reina del Cielo era riquísima, con tantas Vidas Divinas que recibía a cada instante, y Ella se servía de estas Vidas Divinas para cortejar, honrar, amar con Vidas Divinas a su Hijo, su Jesús, su Todo.

(5) Ahora tú debes saber el por qué te llamo y te hago presente todo aquello que Yo hice en mi Vida estando sobre la tierra, haciéndote ver ahora que lloro y tiemblo de frío, ahora que estoy en los brazos de mi Mamá repitiendo aquellos actos infantiles de chupar la leche, de bañar sus manos maternas con mi llanto, de besarnos, y así de todo lo demás, es porque quiero tus actos, tu amor, junto con los de mi Madre, y que todos mis actos sean seguidos por tus actos para darte también a ti tantos grados de Gracia por cuantos actos me hagas, y esto por decoro, honor y cortejo de mi Voluntad que quiere formar su Reino en ti.  Ella no es menos que mi Humanidad, y por eso merece los mismos honores que me dio mi inseparable Mamá, y por eso quiero tus actos que sigan a los míos, para poderte dar tantas veces mi vida divina. Por eso sé atenta y sígueme fielmente”.

(6) Sea todo para gloria de Dios y para el triunfo del reino del Fiat Supremo

 

DEO GRATIAS!!



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta