[1]

I. M. I.

In Voluntate Dei.  Deo Gratias

 

25-1

Octubre 7, 1928

 

Apertura de la casa de la Divina Voluntad en Corato; entrada de Luisa

en ella.  Similitud del nacimiento de Jesús en Belén.  La lámpara

Eucarística y la lámpara viva de quien hace la Divina Voluntad.

La prisionera cerca del Divino Prisionero.  Agradecimiento

de Jesús por tal compañía.

 

(1) Mi Jesús, vida de mi pobre corazón, Tú que sabes en qué amargura me encuentro, ven en mi ayuda, arrolla en tus llamas a la pequeña recién nacida de tu Querer Divino, a fin de que me des la fuerza para poder comenzar otro volumen y tu Fiat Divino eclipse mi mísera voluntad, a fin de que no tenga más vida y la reemplace tu Voluntad Divina, y Ella misma escriba con los caracteres de su luz lo que Tú, amor mío, quieres que escriba.  Y para no equivocarme, sugiéreme Tú las palabras, y sólo que Tú aceptes comprometerte a serme palabra, pensamiento, latido, y a conducir mi mano con la tuya, puedo hacer el sacrificio de regresar a escribir lo que Tú quieres.  Jesús mío, estoy aquí cerca del tabernáculo de amor, de aquella puertecita adorada que yo tengo el gran honor de mirar, siento tus fibras divinas, tu corazón palpitando, que en cada latido hace salir llamas, rayos de luz interminable, y en aquellas llamas oigo tus gemidos, tus suspiros, tus súplicas incesantes y tus repetidos sollozos porque quieres hacer conocer tu Voluntad para dar su Vida a todos, y yo me siento consumir junto Contigo y repetir lo que haces Tú.  Por eso te ruego que mientras Tú me miras a mí desde dentro del tabernáculo, y yo te miro a Ti desde dentro de mi lecho, refuerces mi debilidad a fin de que pueda hacer el sacrificio de continuar escribiendo.

(2) Ahora, antes de decir lo que me ha dicho Jesús, debo hacer un pequeño paréntesis, que aquí en Corato se ha fundado una casa querida e iniciada por el padre canónigo Annibale Maria di Francia, de venerable memoria, la cual, sus hijos, fieles a la voluntad de su fundador, han seguido y dado el nombre de casa de la Divina Voluntad, como lo quería el venerable padre, el cual quería que yo entrase en dicha casa, y sus hijos e hijas por su bondad, el primer día que la han abierto, las reverendas madres han venido por mí y me han conducido a una habitación, donde abriendo la puerta de dicha habitación yo veo el tabernáculo, escucho la santa misa, estoy propiamente bajo la mirada de mi Sacramentado Jesús.  ¡Oh! cómo me siento feliz, porque de ahora en adelante, si Jesús quiere que continúe escribiendo, escribiré siempre poniendo un ojo al tabernáculo y el otro al papel donde escribo.  Así que te ruego amor mío que me asistas y dame la fuerza de cumplir el sacrificio que Tú mismo quieres.

(3) Ahora, debiéndose abrir esta casa, se veían personas, religiosas, niñas, un ir y venir de gente, todos en movimiento.  Yo me sentía toda impresionada, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, este núcleo de gente que tú ves todo en movimiento por la apertura de la casa de mi Divina Voluntad, es símbolo de aquel núcleo de gente cuando quise nacer en Belén, y los pastores iban y venían para visitarme a Mí, pequeño niño, esto señalaba a todos la certeza de mi nacimiento; así este núcleo de gente todo en movimiento, señala el nuevo nacimiento del reino de mi Divina Voluntad.  Mira cómo todo el Cielo hace eco a mi nacimiento, el cual, los ángeles festejándolo, me anunciaron a los pastores y poniéndolos en movimiento los hacían ir y venir a Mí, y Yo reconocía en ellos a las primicias del reino de la Redención, así reconozco en este núcleo de personas, de niñas y religiosas, el inicio del reino de mi Divina Voluntad.  ¡Oh, cómo exulta mi corazón y goza, y todo el Cielo hace fiesta, así como los ángeles festejaron mi nacimiento, así ellos festejan el inicio del renacimiento de mi Fiat en medio a las criaturas.  Pero mira cómo mi nacimiento fue más descuidado, más pobre, no tuve ni siquiera un sacerdote cerca a Mí, sino sólo pobres pastores.  En cambio en el inicio de mi Querer no sólo hay un núcleo de religiosas y niñas extranjeras, un pueblo que acude a festejar la apertura, sino que hay un Arzobispo y sacerdotes representantes de mi Iglesia, esto es símbolo y anuncio a todos, que el reino de mi Querer Divino será formado con más magnificencia, con pompa y esplendor mayor que el mismo reino de la Redención, y todos, reyes y príncipes, obispos, sacerdotes y pueblos, conocerán el reino de mi Fiat y lo poseerán, por eso también tú festeja este día en el cual, mis, y tus suspiros y sacrificios por hacer conocer mi Divina Voluntad ven los primeros albores y esperan que pronto surja el Sol de mi Fiat Divino”.

(5) Luego, habiendo llegado la noche de este día consagrado a la Reina del Rosario, Reina de las victorias y de los triunfos, pensaba que éste es otro bello signo, que así como la Soberana Señora venció a su Creador, y entretejiéndolo con sus cadenas de amor lo atrajo del Cielo a la tierra para hacerle formar el reino de la Redención, así la corona dulce y potente de su Rosario la hará de nuevo victoriosa y triunfadora hacia la Divinidad, tanto, de conquistar el reino del Fiat Divino para hacerlo venir en medio a las criaturas.

(6) Yo no pensaba de hecho que aquella misma noche debiera ir a la casa de la Divina Voluntad junto a mi prisionero Jesús, sólo le rogaba que no me hiciera saber cuándo sucedería para no profanar con mi voluntad humana este acto, que nada metiese de mío, sino que en todo obrase el Divino Querer.  Eran las 8 de la noche, y fuera de lo acostumbrado vino el confesor, al cual le habían rogado las reverendas madres superioras se impusiera sobre mí, por obediencia, para que yo cediera a consentir con ellas.  Resistí cuanto pude, porque pensaba que si el Señor quisiera que fuera en el mes de abril, estación más caliente, entonces lo pensaría.  Pero el confesor insistió tanto, que debí ceder.  Hacia las nueve y media de la noche fui llevada a esta casa, cerca de mi prisionero Jesús.  Esta es la pequeña historia del por qué me encuentro en esta casa de la Divina Voluntad.

(7) Ahora retomo mi narración:  En la noche quedé sola con mi Sacramentado Jesús, mis ojos estaban fijos en la puertecita del tabernáculo, la lámpara con su temblor continuo me parecía que ahora se quisiera apagar, pero después se reavivaba, y yo sentía un sobresalto en el corazón temiendo que Jesús pudiese quedar a oscuras.  Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me ha estrechado entre sus brazos y me ha dicho:

(8) “Hija mía, no temas, que la lámpara no se apaga, y si se apagara te tengo a ti, lámpara viva, lámpara que con tu temblor, más que temblor de la lámpara eucarística me dice ‘te amo, te amo, te amo.’  ¡Oh, cómo es bello el temblor de tu te amo, me dice amor, y uniéndose con mi Voluntad, de dos voluntades formamos una sola!  ¡Oh, cómo es bella tu lámpara y el temblor de tu te amo, no se puede comparar con la lámpara que arde ante mi tabernáculo de amor.  Mucho más que estando en ti mi Divina Voluntad, formas el temblor de tu te amo en el centro del Sol de mi Fiat, y Yo veo y siento que no una lámpara, sino un sol me está delante.  Sea bienvenida mi prisionera, has venido a hacer compañía a tu Prisionero, los dos estamos en prisión, tú en la cama y Yo en el tabernáculo, es justo que estemos juntos, mucho más que una es la finalidad que nos tiene en prisión, la Voluntad Divina, el amor y las almas.  Cómo me será agradable la compañía de mi prisionera, estaremos juntos para preparar el reino de mi Fiat Supremo.  Pero debes saber hija mía, que mi Amor te ha precedido, Yo me he puesto primero en esta custodia, prisionero, para esperar a mi prisionera y tu dulce compañía.  Mira entonces cómo mi Amor ha sido el primero en correr hacia ti, cómo te he amado y te amo, porque después de tantos siglos de prisión en este tabernáculo no he tenido jamás una prisionera que me hiciera compañía, que me estuviera cerca, cerca, he estado siempre solo, o a lo más en compañía de almas no prisioneras, en las cuales no veo mis mismas cadenas; ahora finalmente ha llegado el tiempo de tener una prisionera, para tenerla continuamente cercana, bajo mis miradas sacramentales, y que sólo las cadenas de mi Voluntad Divina la tienen prisionera.  Compañía más dulce y más agradable no podía tener, por lo tanto, mientras estemos en prisión nos ocuparemos del reino del Fiat Divino y trabajaremos juntos y nos sacrificaremos para hacerlo conocer a las criaturas”.

 

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25-2

Octubre 10, 1928

 

Cuarenta años y más de exilio, virtud y fuerza de un sacrificio prolongado.

Recopilación de materiales para ordenarlos.  Felicidad de Jesús al bendecir

a su pequeña hija prisionera, besos en el Querer Divino.  Decisión de los

sacerdotes de preparar los escritos para la publicación.  Gracias

sorprendentes que Jesús dará a los sacerdotes.

 

(1) Mi vida se desenvuelve ante mi Sacramentado Jesús, y ¡oh! cuántos pensamientos se acumulan en mi mente.  Pensaba entre mí:  “Después de cuarenta años y meses que no había visto el tabernáculo, que no me era dado el estarme ante su adorable presencia Sacramental, cuarenta años no sólo de prisión sino de exilio, y después de tan largo exilio finalmente he regresado, si bien prisionera, pero no más exiliada, como en patria, cerca de mi Sacramentado Jesús, y no una vez al día como lo hacía antes que Jesús me hiciera prisionera, sino siempre, siempre.  Mi pobre corazón, si bien lo tengo en el pecho, se siente consumir ante tanto amor de Jesús.”  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi Sumo Bien Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿crees tú que sea intrascendente el haberte tenido prisionera por cuarenta años y más, sin un gran designio mío?  ¡No, no!  El número cuarenta ha sido siempre significativo y preparativo para obras grandes.  Cuarenta años los hebreos caminaron el desierto sin poder alcanzar la tierra prometida, su patria, pero después de cuarenta años de sacrificios tuvieron el bien de tomar posesión de ella, pero cuántos milagros, cuántas gracias, hasta llegar a alimentarlos con el maná celestial en tal tiempo; un sacrificio prolongado tiene virtud y fuerza de obtener cosas grandes de Dios.  Yo mismo en mi vida acá abajo quise estar cuarenta días en el desierto, apartado de todos, hasta de mi Mamá, para salir en público a anunciar el Evangelio que debía formar la vida de mi Iglesia, esto es, el reino de la Redención; cuarenta días quise permanecer resucitado para confirmar mi Resurrección y poner el sello a todos los bienes de la Redención.  Así he querido para ti hija mía, para manifestar el reino de mi Divina Voluntad he querido cuarenta años de sacrificios, pero cuántas gracias no te he hecho, cuántas manifestaciones, puedo decir que en esta prolijidad de tiempo he puesto en ti todo el capital del reino de mi Querer y todo lo que es necesario para hacerlo comprender a las criaturas.  Así que tu larga prisión ha sido el arma continua, siempre en acto de combatir con tu mismo Creador, para hacer que te manifestara mi reino.

(3) Ahora, tú debes saber que todo lo que he manifestado a tu alma, las gracias que te he hecho, las tantas verdades que has escrito acerca de mi Divina Voluntad, tus penas y todo lo que has hecho, no ha sido otra cosa que una recopilación de materiales para edificar, y ahora es necesario ordenarlos y poner todo en orden.  Y así como no te he dejado sola en recopilar las cosas necesarias que deben servir a mi reino, sino que he estado siempre contigo, así no te dejaré sola para ponerlas en orden y hacer ver el gran edificio que por tantos años he estado preparando junto contigo, por eso nuestro sacrificio y trabajo no ha terminado, debemos seguir adelante hasta que esté terminada la obra”.

(4) Luego, estando cerca de mi Sacramentado Jesús, cada mañana se da la bendición con el Santísimo, y mientras rezaba, mi dulce Jesús que me bendice, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(5) “Hija mía, de todo corazón te bendigo, más bien bendigo a mi misma Voluntad en ti, bendigo tus pensamientos, respiros y latidos, a fin de que pienses siempre en mi Querer, lo respires continuamente y sea tu latido mi sola Voluntad, y por amor tuyo bendigo a todas las voluntades humanas, a fin de que se dispongan a recibir la Vida de mi Eterno Querer.  Hija mía amadísima, si tú supieras cómo es dulce, cómo me siento feliz de bendecir a la pequeña hija de mi Querer; mi corazón exulta al bendecir a aquélla que posee el origen, la Vida de nuestro Fiat, que llevará el inicio, el principio del reino de mi Divina Voluntad.  Y mientras te bendigo, vierto en ti el rocío benéfico de la luz de mi Querer Divino, que adornándote toda, te hará aparecer más bella a mis miradas sacramentales, y Yo me sentiré más feliz en esta custodia al mirar a la pequeña hija mía prisionera, investida y atada por las dulces cadenas de mi Voluntad.  Y cada vez que te bendiga, haré crecer la Vida de mi Querer Divino en ti.  Cómo es bella la compañía de quien hace mi Divina Voluntad, Ella pone el eco en el fondo del alma, de todo lo que hago en esta hostia santa, y Yo no me siento solo en mis actos, siento que reza junto Conmigo, y uniéndose juntas nuestras súplicas, nuestros suspiros, pedimos una sola cosa:  Que la Divina Voluntad sea conocida y que pronto venga su reino”.

(6) Después, desarrollándose mi vida cerca de mi prisionero Jesús, cada vez que se abre la puerta de la capilla, lo que sucede frecuentemente, le mando tres besos o bien cinco a mi Sacramentado Jesús, o bien una pequeña visita, y Él moviéndose en mi interior me dice:

(7) “Hija mía, cómo me son agradables tus besos, siento besarme por ti con los besos de mi mismo Querer, siento dármelos sobre mis labios, sobre mi rostro, en mis manos y corazón, mis mismos besos divinos, todo es divino en el alma donde reina mi Divina Voluntad, y Yo siento en tus actos mi amor que me refrigera, la frescura, la suavidad de mi misma Voluntad Divina que me abraza, me besa y me ama.  ¡Oh, cómo me es agradable mi Divina Voluntad obrante en la criatura, siento que bilocándome en ella me da y pone ante Mí toda la belleza y santidad de mis actos, por eso tanto suspiro el que mi Voluntad sea conocida, para poder encontrar en las criaturas todos mis actos divinos y dignos de Mí”.

(8) Ahora paso a decir que mi dulce Jesús parece que me esperaba aquí, en esta casa, cerca de su tabernáculo de amor, para dar principio a que los sacerdotes se decidieran a preparar los escritos para la publicación, y mientras se aconsejaban entre ellos el modo cómo hacerlo, leían los nueve excesos que tuvo Jesús en la encarnación, que están narrados en el primer volumen de mis escritos.  Ahora, mientras leían, Jesús en mi interior era todo atención para escuchar, y me parecía que lo mismo hacía Jesús en el tabernáculo.  En cada palabra que oía, su corazón latía más fuerte, y en cada exceso de su amor tenía un sobresalto más fuerte aún, como si la fuerza de su amor le hiciese repetir todos aquellos excesos que tuvo en la encarnación, y como si no pudiese contener sus llamas me ha dicho:

(9) “Hija mía, todo lo que te he dicho, tanto sobre mi Encarnación como sobre mi Divina Voluntad y otras cosas, no han sido otra cosa que desahogos de mi amor contenido, pero después de haber desahogado contigo, mi amor continuó quedando reprimido, porque quería levantar más altas sus llamas para investir todos los corazones y hacer conocer lo que he hecho y quiero hacer por las criaturas.  Y como todo lo que te he dicho yace en el anonimato, Yo siento una opresión sobre mi corazón que me comprime e impide que mis llamas se eleven y hagan su camino.  Por eso en cuanto oía leer y tomar la decisión de ocuparse para publicarlos, me sentía quitar la pesadumbre y quitar el peso que comprimen las llamas de mi corazón, por eso latía más fuerte y exultaba y te hacía sentir la repetición de todos aquellos excesos de amor, mucho más que lo que Yo hago una vez lo repito siempre.  Mi amor reprimido es una pena para Mí de las más grandes, que me vuelve taciturno y triste, porque no teniendo vida mis primeras llamas, no puedo sacar fuera las otras que me devoran y me consumen; y por eso a aquellos sacerdotes que se quieren ocupar en quitarme esta pesadumbre con el hacer conocer mis tantos secretos con publicarlos, Yo les daré tanta gracia sorprendente, fuerza para hacerlo y luz para conocer, ellos por primeros, lo que harán conocer a los demás.  Yo estaré en medio a ellos y guiaré todo”.

(10) Ahora me parece que cada vez que los reverendos sacerdotes se ocupan en revisar los escritos para prepararlos, mi dulce Jesús se pone atento para ver lo que hacen y cómo lo hacen.  Yo no hago otra cosa que admirar la bondad, el amor de mi amado Jesús, que mientras se pone atento en mi corazón, hace eco en el tabernáculo y desde allí adentro, en aquella custodia, hace lo que hace en mi corazón.  Yo quedo confundida al ver esto y le agradezco con todo el corazón”.

 

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25-3

Octubre 17, 1928

 

Cómo cada verdad del Fiat posee un encanto sobre el querer humano.

Guerra del Fiat.  Analogía entre la concepción de Jesús, entre la

Eucaristía y entre el Prisionero y la prisionera.

 

(1) Mi pobre mente se perdía en el Querer Divino, todas las verdades que mi sumo bien Jesús me había dicho las sentía como tantos soles, que investían a mi pequeño querer humano, el cual raptado por tanta variedad de luz, no sentía más deseos de obrar.  Y mi Sumo Bien Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, cada verdad que he manifestado acerca de mi Divina Voluntad, no sólo es una Vida Divina que he puesto fuera de Mí, sino que posee un dulce embeleso para embelesar al querer humano, el cual, embelesado por el mío, se sentirá bajo el embeleso de una actividad y dará libre campo de acción a mi Divina Voluntad.  Así que cada verdad sobre mi Divina Voluntad será un ejército aguerrido contra el querer humano, ¿pero sabes tú con qué armas estará dotado este aguerrido ejército?  Con armas de luz, de fuerza, de amor, de belleza, de santidad, para hacer la guerra con todas estas armas a la voluntad humana; ella, de frente a estas armas sufrirá un dulce embeleso y se hará vencer por el Fiat Divino.  Así que cada verdad de más sobre Él es un embeleso mayor que sufrirá el querer humano.  Se puede decir que cada verdad que te he dicho sobre mi Divina Voluntad, son tantas vías para hacerse camino en la voluntad humana, que primero prepararán y después formarán mi reino en medio a las criaturas.

(3) Ahora, así como cada verdad contiene un embeleso, así cada acto hecho por la criatura en mi Voluntad es un encuentro que hace a mi Querer, para recibir toda la fuerza de este embeleso divino, por eso, por cuantos más actos hace de mi Voluntad, tanto terreno humano pierde y adquiere el divino; y si toda se arroja en Ella, le quedará sólo el recordar que tiene un querer, pero que lo tiene en reposo y embelesado por mi Divina Voluntad”.

(4) Después de esto seguía mis actos en el Fiat Divino, y siguiendo sus actos estaba acompañando la concepción de Jesús en el seno materno, y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(5) “Hija mía, cuánta analogía hay entre la concepción que hice en el seno materno y entre aquélla que hago en cada hostia consagrada.  Mira, del Cielo descendí para concebirme en el seno de la Mamá Celestial, del Cielo desciendo para quedar consagrado, escondido dentro de los velos de las especies del pan.  A oscuras, inmóvil, quedé en el seno materno; a oscuras, inmóvil y más empequeñecido quedo en cada hostia.  Mírame, estoy aquí escondido en este tabernáculo, rezo, lloro y no hago oír ni siquiera mi respiro, en los velos sacramentales mi misma Divina Voluntad me tiene como muerto, aniquilado, restringido, comprimido, mientras estoy vivo y doy vida a todos.  ¡Oh abismo de mi amor, cómo eres inmensurable!  En el seno materno estaba oprimido por el peso de todas las almas y de todos los pecados, aquí, en cada hostia, por cuan pequeña sea, siento el peso enorme del fardo de los pecados de cada una de las criaturas, y mientras me siento aplastado bajo la enormidad de tantas culpas, no me canso, porque el verdadero amor no se cansa jamás y quiere vencer con los sacrificios más grandes, quiere exponer su vida por quien ama, es por esto que continúo mi Vida, desde mi concepción hasta que morí, en cada hostia sacramental.

(6) Ahora quiero decirte el agrado que siento porque te tengo cerca de mi tabernáculo, bajo mis miradas sacramentales, y la analogía que hay entre Yo y tú.  Mira, Yo estoy aquí escondido bajo el imperio de mi Voluntad Divina, ¡ah!, es propiamente Ella, su Potencia, lo que contiene el prodigio de esconderme en cada hostia con la consagración.  Tú estás en tu lecho, sólo por imperio de mi Fiat, ¡ah! no son los males corporales los que te tienen impedida, no, sino sólo mi Voluntad que así quiere, que formando de ti un velo me esconde a Mí y me forma una hostia viva, un tabernáculo viviente.  Yo aquí, en este tabernáculo, ruego continuamente, ¿pero sabes tú cuál es mi primera petición?  Que mi Voluntad sea conocida, que su imperio que me tiene escondido impere sobre todas las criaturas y reine y domine en ellas, porque entonces mi Vida Sacramental tendrá su fruto completo, el cumplimiento de tantos sacrificios, el restablecimiento de mi Vida en las criaturas, cuando mi Voluntad sea conocida y forme en ellas su reino.  Y estoy aquí escondido haciendo tantos sacrificios, para esperar el triunfo, el reino de mi Divina Voluntad.  También tú ruegas, y haciendo eco a mi plegaria oigo tu continuo decir, poniendo en movimiento todos mis actos y a todas las cosas creadas, y a nombre de todos y de todo, me pides que mi Voluntad sea conocida y forme su reino; tu eco y el mío es uno solo y una sola cosa pedimos, que todo regrese en el Eterno Fiat, que le sean restituidos sus justos derechos.  Mira entonces cuánta analogía hay entre tú y Yo, pero lo más bello es que lo que quiero Yo, lo quieres tú, estamos los dos sacrificados por una causa tan santa, por eso tu compañía me es dulce y en tantas penas que sufro me vuelve feliz”.

 

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25-4

Octubre 25, 1928

 

El alma que vive en el Fiat hace surgir y pone en campo todas

las obras divinas.  Ejemplo. La bienvenida del Padre Celestial.

 

(1) Mi pequeña y pobre mente me la siento como fija en el Fiat Divino, siento toda la fuerza del dulce encanto de la luz de sus verdades, las encantadoras escenas de todos los prodigios y variedad de bellezas que Él contiene, y aunque quisiera pensar en otra cosa, me falta el tiempo para hacerlo, porque el mar del Querer Divino murmura siempre, y su murmullo ensordece, enmudece a todas las otras cosas y me tiene dentro de su mar para murmurar junto con él.  ¡Oh potencia, oh dulce encanto del eterno Querer, cuán admirable y amable eres!  Quisiera que todos murmurasen junto conmigo, y pedía a la Soberana Reina que me diera el murmullo de su amor, de sus besos, para dárselos nuevamente a Jesús, porque había recibido la comunión y sentía que para complacerlo quería darle los besos de su Mamá.  Y mi siempre amable Jesús moviéndose y haciéndose sentir en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo lo que hizo la Reina del Cielo, todo está en aquel Fiat Divino, el cual tuvo la gloria, el honor de poseerlo, se puede decir que todos sus actos están incluidos en el mar interminable del Querer Divino y nadan en él como nadan los peces en el mar; ahora, el alma que vive en Él hace surgir no sólo todos los actos de mi Mamá Celestial, sino que hace surgir de nuevo y pone en campo todas las obras de su Creador.  Sólo quien vive en mi Querer puede sentarse a la mesa divina, puede abrir todos sus tesoros, puede entrar en el sagrario de los más íntimos secretos de los escondites divinos, y como dueña los toma y los da a su Creador y, ¡oh! cuántas cosas pone en movimiento, las hace surgir y pone en acto todas las obras divinas, y ahora hace una música divina, ahora hace una escena de las más bellas y conmovedoras, ahora pone en movimiento todo su amor y haciéndolo resurgir forma una escena encantadora toda de amor a su Creador; así que ella es la renovadora de todas las alegrías y felicidad a su Creador.  Mira, en cuanto tú querías darme los besos de la Mamá Reina, los has puesto en movimiento y han corrido a besarme.  Para quien vive en mi Divina Voluntad sucede como a una persona que entrase en un palacio real, el rey que lo habita tiene salones de conciertos musicales, objetos para formar las escenas más bellas, obras de arte de variada belleza; ahora, la persona que entra se sienta en el salón del concierto musical y toca, el rey seducido por el sonido corre y va a oír la sonata.  Ahora, aquella persona viendo que el rey goza, pone en movimiento los objetos y pone en campo la escena, el rey queda raptado y si bien sabe que son cosas suyas, pero aquella persona las ha puesto en movimiento para darle placer.  Así es para quien vive en mi Fiat Divino, entra en el palacio real de su Padre Celestial, y encontrando tantas variedades de bellezas las pone todas en movimiento, para regocijar, hacer feliz, amar a Aquél que la ha puesto dentro, y así como no hay bien que no posea mi eterno Querer, así no hay alegría, amor, gloria, que el alma no pueda dar a su Creador y, ¡oh! cómo nos es agradable el ver a esta afortunada criatura en el palacio real de nuestro Querer Divino, que todo quiere tomar, todo quiere poner en movimiento, todo quiere tocar, parece que no está contenta si no toma todo para darnos todo, hacernos las fiestas y renovarnos nuestras alegrías y felicidad.  Y al verla le damos la bienvenida y Nosotros mismos le decimos:  ‘Hija amadísima, pronto, pronto, tócanos una cancioncita divina, repítenos una escena conmovedora de amor, renuévanos nuestra felicidad.’  Y ella, ahora nos renueva las alegrías de la Creación, ahora las de la Soberana Reina, ahora las de la Redención, y termina siempre con su, y nuestro agradable estribillo:  Tu Querer sea conocido y reine como en el Cielo así en la tierra”.

 

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25-5

Octubre 28, 1928

 

Todo lo que ha sido hecho por Dios no ha sido tomado por la

la criatura.  Trabajos de Jesús.  La fiesta de Cristo Rey, preludio

del reino de la Divina Voluntad.

 

(1) Estaba siguiendo mi giro en el Querer Divino para seguir todos sus actos, y mi dulce Jesús haciéndose oír en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo lo que ha sido hecho por nuestra Divinidad, tanto en la Creación como en la Redención y Santificación, no todo ha sido absorbido por la criatura, pero todo está en mi Divina Voluntad en acto expectante para darse a las criaturas.  Si tú pudieses ver todo en mi Fiat Divino, encontrarías un ejército de actos nuestros salidos de Nosotros para darlos a las criaturas, pero como no reina nuestro Querer, no tienen espacio donde ponerlos ni capacidad de recibirlos.  Esta milicia divina, desde hace veinte siglos está esperando ponerse en oficio de ejercicio para llevar a las criaturas los dones, las indumentarias, las alegrías y las armas divinas que cada acto nuestro posee, para hacer junto con ellos un solo ejército divino, una milicia celestial.  Ahora, para hacer que el reino de nuestro Querer Divino reine en medio a las criaturas, es necesario que la criatura absorba en sí todos estos actos de la Divinidad hechos por amor de ella, y los absorba tanto en sí misma, de encerrar en sí todo lo que posee mi Fiat, asimilándolos y consumándolos en sí misma.  Así que mi Divina Voluntad consumada en la criatura, hará reentrar en ella todo este ejército divino, todos los actos nuestros salidos de Nosotros en la Creación, Redención y Santificación por amor de ellas, reentrarán en las criaturas y mi Divina Voluntad asimilada y consumada en ellas se sentirá triunfante y reinará dominante junto con nuestro ejército divino.  Por eso Yo no hago otra cosa en ti que hacerte beber a sorbos continuamente todo lo que por Nosotros se hizo y se hace en la Creación, Redención y Santificación, para poder decir de nuevo como dije en la cruz:  ‘Todo está consumado, no tengo otra cosa qué hacer para redimir al hombre’.  Así repetirá mi Voluntad:  ‘Todo lo he consumado en esta criatura, de modo que todos nuestros actos han sido encerrados en ella, no tengo otra cosa que agregar, todo lo he consumado para que el hombre fuese restaurado y el reino de mi Divina Voluntad tenga su vida y su régimen como en el Cielo así en la tierra’.

(3) ¡Oh! si tú supieras cuántos trabajos estoy haciendo en el fondo de tu alma para formar este primer reino a mi Divina Voluntad, porque cuando haya hecho el primero, de una pasará a la otra, de modo que mi reino será poblado más que todos los demás.  Así que, es tanto mi amor en el formar este reino mío, que quiero encerrar en el alma donde debe reinar mi Divino Querer todo lo que Yo mismo hice en la Redención, lo que hace la Soberana Reina, agrega también lo que hicieron y hacen todos los santos, nada debe faltar en ella de todas nuestras obras, y para hacerlo pongo en movimiento toda nuestra potencia, sabiduría y amor”.

(4) Después de esto estaba pensando en la fiesta de hoy, esto es la fiesta de Cristo Rey, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(5) “Hija mía, la Iglesia no hace otra cosa que intuir lo que debe conocer sobre mi Divina Voluntad y cómo debe venir su reino.  Por eso esta fiesta es el preludio del reino de mi Fiat Divino.  Así que la Iglesia no está haciendo otra cosa que honrar a mi Humanidad con aquellos títulos que con justicia se me deben, y cuando me hayan dado todos los honores que me convienen, pasará a honrar y a instituir la fiesta al reino de mi Divina Voluntad, por la cual mi Humanidad estaba animada.  La Iglesia va poco a poco, y ahora instituye la fiesta a mi corazón, ahora consagra con toda solemnidad el siglo al Cristo Redentor, y ahora pasa con más solemnidad a instituir la fiesta al Cristo Rey.  Cristo Rey significa que debe tener su reino, debe tener pueblos dignos de tal Rey, ¿y quién podrá formarme este reino sino mi Voluntad?  Entonces sí podré decir:  ‘Tengo mi pueblo, mi Fiat me lo ha formado.’  ¡Oh, si las cabezas de la Iglesia conocieran lo que te he manifestado sobre mi Divina Voluntad, lo que quiero hacer, sus grandes prodigios, mis ansias, mis latidos dolientes, mis suspiros angustiosos porque quiero que mi Voluntad reine, que haga felices a todos, restablezca a la familia humana, en esta fiesta de Cristo Rey sentirían no ser otra cosa que el eco secreto de mi corazón, que haciendo eco en el de ellos para atraer su atención y reflexión, sin saberlo me instituyen la fiesta de Cristo Rey.  Cristo..., Rey, ¿y su verdadero pueblo dónde está?  Y dirían:  Apresurémonos a hacer conocer su Voluntad Divina, hagámosla reinar a fin de que demos el pueblo a Cristo que hemos llamado Rey, de otra manera lo habremos honrado con el nombre, pero no con los hechos”.

 

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25-6

Noviembre 4, 1928

 

La verdad es luz que parte de Dios y se

fija en la criatura.  Bendiciones de Jesús.

 

(1) Mi pobre inteligencia se siente como raptada por la luz del Fiat Divino, pero esta luz no lleva sólo calor y luz, sino que es portadora de vida, la cual, concentrándose en el alma forma en ella su vida de luz, de calor y del centro renace la Vida Divina.  Cómo es bello ver que la luz del Eterno Querer tiene virtud de hacer renacer en el corazón de la criatura la Vida de su Creador, y tantas veces por cuantas veces esta Divina Voluntad se abaja para hacer conocer a la criatura otras manifestaciones que le pertenecen.  Mientras mi mente se perdía en esta luz, mi dulce Jesús moviéndose en ella, que parecía que estaba como abismado en dicha luz, me ha dicho:

(2) “Hija mía, por cuantas verdades te he manifestado sobre mi Divina Voluntad, tantas luces se han desprendido de nuestro seno divino y se han fijado en ti, pero sin separarse del centro de tu Creador, porque la luz es inseparable de Dios, se comunica, se fija en la criatura, pero no pierde jamás su centro de donde ha salido.  Cómo es bello ver a la criatura fijada por todas estas luces que tienen virtud de hacer resurgir en la criatura a Aquél que la ha creado, y tantas veces por cuantas verdades le vienen manifestadas.  Y como lo que te he manifestado sobre mi Divina Voluntad son verdades innumerables, tantas que tú misma no puedes llegar a numerarlas todas, tantas luces, o sea tantos rayos luminosos son fijados en ti, que descienden de Dios, pero sin separarse de su seno divino.  Estas luces forman el más bello adorno en ti y el don más grande que podías recibir de Dios, porque estando estas verdades fijadas en ti, te dan el derecho sobre las propiedades divinas, y tantos derechos por cuantas verdades te ha manifestado.  Tú no puedes comprender la gran dote con la cual has sido dotada por Dios con estas verdades, que como tantas luces están fijadas en tu alma.  Todo el Cielo está maravillado al ver tantas luces en ti, todas ellas preñadas de otras tantas Vidas Divinas; y conforme tú las comunicas a las otras criaturas, esta luz se mueve, se fija en los otros corazones pero sin dejarte a ti, y forma la Vida Divina a donde llega.  Hija mía, qué gran tesoro te ha sido confiado con tantas verdades que te he dicho sobre mi Divina Voluntad, tesoro que tiene su fuente en el seno divino, que dará siempre luz sin cesar jamás.  Más que sol son mis verdades, pues el sol da luz a la tierra, la inviste, la fija y con fijarla da a luz sobre su superficie y a cada cosa, los efectos y los bienes que contiene su luz, pero celoso no separa la luz de su centro, tan es verdad, que en cuanto pasa a iluminar otras regiones la tierra queda a oscuras; en cambio el Sol de mis verdades, mientras no se separa de su centro, fijándose en el alma forma en ella el día perenne”...

(3) Después de esto se daba la bendición con el Santísimo Sacramento, y yo le rogaba de corazón que me bendijera, y Jesús moviéndose en mi interior, haciendo eco a lo que hacía Jesús en el Sacramento, levantaba su mano bendita en acto de bendecirme y me ha dicho:

(4) “Hija mía, te bendigo el corazón y sello mi Divina Voluntad en él, a fin de que palpite en todos los corazones tu latido unido con mi Voluntad Divina, para que llame a todos los corazones a amarla; bendigo tus pensamientos y sello mi Divina Voluntad en ellos, a fin de que llame a todas las inteligencias a conocerla; te bendigo la boca, a fin de que corra mi Divina Voluntad en tu voz, y llame a todas las voces humanas a hablar de mi Fiat; toda te bendigo hija mía, a fin de que todo llame en ti a mi Querer Divino, y corra a todos para hacerlo conocer.  ¡Oh! cómo me siento más feliz al obrar, rezar, bendecir, en quien reina mi Querer, en esta alma encuentro la vida, la luz, la compañía, y todo lo que Yo hago súbito surge y veo los efectos de mis actos y no estoy solo si rezo, si obro, sino que tengo la compañía y quien trabaje junto Conmigo.  En cambio en esta prisión sacramental, los accidentes de la hostia son mudos, no me dicen una sola palabra, hago todo por Mí solo, no siento un suspiro que se una con el mío, ni un latido que me ame, más bien es un frío de sepulcro para Mí, que no sólo me tiene en prisión, sino que me sepulta, y Yo no tengo a quién decir una palabra, ni con quién hacer un desahogo, porque la hostia no habla, estoy siempre en silencio, y con una paciencia divina espero los corazones que me reciban para romper mi silencio y gozar un poco de compañía.  Y en el alma donde encuentro a mi Divina Voluntad me siento repatriarme a mi patria celestial”.

 

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25-7

Noviembre 10, 1928

 

Quien vive en el Querer Divino tiene su mar y encerrando todo,

conforme reza murmura el cielo, el sol y las estrellas.  Bendiciones

de Jesús.  Competencia y fiesta de todos al bendecir a la pequeña

hija del Divino Querer.

 

(1) Después de haber pasado varios días de privación de mi dulce Jesús, mi pobre corazón no podía más, lo sentía deshecho y recordaba a lo vivo sus tantas visitas, su amable presencia, su belleza raptora, la suavidad de su voz, sus tantas bellas lecciones, eran tantos recuerdos que me herían, me destrozaban y me hacían suspirar, cansada como pobre peregrina de mi largo camino, por la patria celestial y decía entre mí:  “Todo ha terminado, no oigo más que un profundo silencio, y no veo más que un mar inmenso que debo recorrer sin detenerme jamás, para pedir dondequiera y en todas partes el reino de la Divina Voluntad”.  Y cansada me he puesto a hacer mi acostumbrado giro para seguir sus actos, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha estrechado entre sus brazos para darme fuerza y me ha dicho:

(2) “Hija mía, así como el mar murmura continuamente, así oigo en ti el mar de mi Fiat Divino, y tú con tu oración formas tu continuo murmullo en su mar, y mientras murmura, ahora encierras el sol y murmura luz; ahora encierras el cielo, y conforme murmura encierras las estrellas; ahora encierras el viento y murmura gemidos y gritos de amor; ahora encierras la tierra y murmura flores.  Así que en tu murmullo, ahora haces correr luz, ahora cielo, ahora estrellas, ahora viento y corren lamentos de amor, gemidos inenarrables de corazón herido y gritos de delirios de amor no apagado, y ahora corren todas las florituras creadas por Mí.  ¡Oh, cómo es bello mi, y tu mar!  ¡Oh, cómo queda atrás el mar de la tierra, porque él murmura pero no encierra en su murmullo al cielo, al sol, al viento y a todo, sino sólo los peces, en cambio el mar de mi Querer y el murmullo de tu oración en Él, encierra todas mis obras, porque mi Voluntad Divina, el cielo, el sol, las estrellas, el mar, y todo lo demás, lo tiene todo en Sí, como en su propio puño, y murmurando con tu oración en Ella las encuentras todas.  Y así como el mar además de su murmullo continuo forma sus olas altísimas, así tú en el mar de mi Querer Divino, además del murmullo continuo de tu oración, cuando concentras mayormente tus ansias, tus suspiros porque quieres el reino de mi Divina Voluntad, formas las olas altísimas de luz, de estrellas, de gemidos y de flores, cómo son bellas estas olas, y Yo desde este tabernáculo oigo tu murmullo, el fragor de tus olas que vienen a descargarse en mi mar, y como aquí en el tabernáculo tengo mi mar donde murmuro continuamente con mis oraciones, sintiendo venir tus olas, uno tu mar y el mío que ya es uno solo y vengo a murmurar junto contigo, y en este tabernáculo no me siento más solo, tengo mi agradable compañía y murmuramos juntos, y en nuestro murmullo se escucha:  ‘Fiat, Fiat, Fiat, sea Él conocido, restablecido su reino sobre la tierra”.  Hija mía, el vivir en mi Querer, el rezar en Él, es transportar el Cielo a la tierra y la tierra al Cielo, por eso es nuestro verdadero y total triunfo, nuestra victoria, nuestras conquistas divinas.  Por eso seme fiel y atenta”.

(3) Después de esto se daba la bendición con el Santísimo Sacramento, la cual tengo el bien en este último periodo de mi vida acá abajo, que espero que termine cuanto antes este mi largo exilio, de recibirla todos los días, y mi amable Jesús, en el acto en que se daba la bendición se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(4) “Hija mía, te bendigo, pero no estoy contento con bendecirte Yo solo, por eso llamo a todos junto Conmigo:  Al Padre y al Espíritu Santo, a toda la corte celestial, a fin de que bendigan junto Conmigo a la pequeña hija de mi Querer Divino.  Donde reina mi Voluntad, Cielos y tierra, todos sienten una fuerza potente de unirse Conmigo y de hacer lo que hago Yo, para concentrar sobre ella todos los bienes que mi Divina Voluntad contiene; por eso en cuanto ven que Yo te bendigo, todos se ponen a bendecirte, así que en el Cielo hay una competencia, una especie de fiesta en bendecir a aquélla donde reina mi Querer, y Yo para hacerla más solemne llamo a todas las cosas creadas, a fin de que nadie quede excluido, sino que todos bendigan a mi hija; así que llamo al sol a bendecirte, a fin de que la luz que él te da, te la dé bendiciéndote; llamo al agua a bendecirte, a fin de que conforme la bebas te bendiga; llamo al viento, a fin de que a medida que sopla, sople bendiciéndote; en suma llamo a todos, y mientras te bendicen, encontrando en ti a mi Divina Voluntad, se sienten bendecir desde dentro de ti por la Voluntad de su Creador.  La fuerza de mi Querer Divino llama a todos, une a toda la familia celestial y da la fiesta a todos cuando debe obrar sobre del alma donde reside y domina, por eso en esta mi prisión sacramental, teniendo cerca a mi prisionera, siento las alegrías que puede darme mi Divina Voluntad en el corazón de nuestra pequeña hija.  Así que mis tantos dolores vienen interrumpidos cuando debo bendecirte, cuando desciendo Sacramentado en tu corazón, cuando desde este tabernáculo me siento mirado por ti, y Yo te correspondo con mis miradas pensando que debo hacer o dar alguna cosa a nuestra pequeña recién nacida de nuestro Querer, pongo todo a un lado, aun mis mismos dolores y hago fiesta, porque mi Voluntad Divina posee alegrías sin número y fiesta perenne.  Por eso quiero que también tú te regocijes junto Conmigo, y haciendo eco a mi bendición, bendíceme en el sol, en el agua, en el viento, en el aire que respiras, en el latido que te palpita en el corazón, y Yo sentiré que en todas las cosas creadas tú me bendices”.

 

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25-8

Noviembre 14, 1928

 

Así como la criatura posee la unidad humana, quien

vive en el Querer Divino posee la unidad divina.  Quien

hace la Divina Voluntad se vuelve madre.

 

(1) Me siento toda abandonada en el santo Querer Divino y a pesar de las privaciones de Jesús, mi pobre mente es llevada por una fuerza irresistible a seguir sus actos.  Creo que sea la misma Divina Voluntad que habiendo sojuzgado la mía, hace su curso llamando a todos sus actos, como si en acto los estuviese haciendo, y yo, siguiéndola en sus actos, pensaba en los primeros tiempos de la Creación, cuando todo era felicidad en el hombre, y que estando en la Voluntad de su Creador vivía en su unidad, en la cual todo podía recibir y todo podía dar al Ente Supremo, unidad significa todo.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, Nosotros creamos al hombre con nuestra semejanza, por eso también él posee su unidad humana.  Por eso si habla, si obra, si camina y otras cosas, se pueden llamar los efectos de su unidad, porque una es su voluntad, una su cabeza de la cual todos sus actos dependen, por eso se puede decir que es la fuerza de la unidad de su voluntad que habla, que obra, que camina, como efectos de ella; si el hombre no tuviese esta unidad, todos sus actos estarían en contradicción entre ellos.  Sucede como al sol, desde la altura de su esfera uno es su acto de luz, y como posee la unidad de la luz, dada a él por su Creador, mientras es un solo acto, sus efectos de luz son innumerables.  Ahora, para quien hace y vive en mi Divina Voluntad cesa el querer humano, su vida termina, no tiene más razón de existir, porque comienza la vida de la unidad de la mía, y así como la mía es un solo acto y todo lo que ha creado o puede hacer, se pueden llamar los efectos de este acto solo, por eso el alma viviendo en esta unidad de mi Querer Divino como en su propio centro, se encuentra en todos los efectos del acto único de Él, y ¡oh! cómo es bello ver esta criatura en todos los efectos que sabe y puede producir nuestra Voluntad; ella corre en la luz del sol como efecto de nuestro Querer, en el cielo, en el mar, en el viento, en todo, corre como la voluntad humana corre en todos los actos humanos y como la luz del sol corre en todos sus efectos, así el alma corre en el Fiat en todos los efectos que Él posee y produce.  He aquí por qué el vivir en nuestro Querer es el prodigio más grande, y si nuestra Divinidad quisiera hacer algo más grande, no lo podría, ni encontraría otra cosa más grande, más prodigiosa, más potente, más bella, más feliz, que nuestro Querer para poder dar a la criatura, porque con el dar nuestra Divina Voluntad damos todo, y su potencia hace nuestro eco en el fondo del alma y nos forma nuestras imágenes más bellas, y el eco de la pequeñez humana hace uno solo con el nuestro, de modo que uniéndose a nuestro primer acto, corre y se difunde en todos los efectos que produce el acto único de Dios”.

(3) Después de esto mi amable Jesús se hacía ver como pequeño niño, el cual poniéndome los brazos en mi cuello me ha dicho:

(4) “Mamá mía, mamá mía; quien hace mi Divina Voluntad se vuelve madre, mi Fiat Divino me la embellece, la transforma y la vuelve fecunda, de tal modo de darle todas las cualidades para ser verdadera madre; y Yo me voy formando esta madre con los reflejos del Sol del Querer Divino, y me glorío y tomo tanto gusto con llamarla mamá mía, mamá mía.  Y no sólo la escojo por madre mía, sino que llamo a tantos otros pequeñitos y les doy a mi madre por madre de ellos”.

(5) Y mientras esto decía me hacía ver en torno a mí a tantos pequeños niños y niñas, y el niño Jesús les decía:  “Ésta es mi madre y la vuestra”.  Aquellos pequeños hacían fiesta y se estrechaban todos a mi alrededor junto con Jesús, y Jesús ha continuado:

(6) “Estos pequeños que tú ves no son otra cosa que el primer grupo de hijos de mi Querer Divino, en Él todos serán pequeños, porque mi Divina Voluntad tiene virtud de conservarlos frescos y bellos como han salido de nuestras manos creadoras, y como ha llamado a tu pequeñez a vivir en Ella, es justo que como primera seas la pequeña mamita de los pequeños niños”.

 

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25-9

Noviembre 20, 1928

 

Quien vive en el Querer Divino está en posesión del día perenne,

no conoce la noche y se vuelve dueña de Dios mismo.

 

(1) Me sentía toda abismada en el Fiat Supremo, y mi pobre mente se perdía en tantas verdades sorprendentes para mi pequeña capacidad.  Todas las manifestaciones que mi dulce Jesús me había dicho sobre su Santo Querer se alineaban en mi pobre alma como tantos soles de belleza encantadora, uno distinto del otro, con la plenitud de cada alegría y felicidad que cada verdad poseía, y que mientras parecían distintos estos soles, formaban uno solo.  ¡Qué encanto, qué belleza raptora!  Estos soles asediaban a mi pequeña inteligencia y yo nadaba en esta luz interminable, y como sorprendida pensaba en tantas cosas acerca de la Divina Voluntad, y mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, hija amadísima de mi Querer, quien es hija de Él está en posesión del día perenne que no conoce la noche.  Todo es luz para quien vive en mi Querer, sus propiedades son luz, belleza, alegría y felicidad.  Y esto es nada, Nosotros con dar nuestra Voluntad a la criatura la volvemos dueña de Nosotros mismos, y nos ponemos a su disposición; la hacemos hacer y vencer lo que quiere, porque no es un querer humano el que nos domina, no, sino nuestro mismo Querer, que habiéndose bilocado en la criatura, su hacer, decir y vencer no es visto por Nosotros como cosa extraña a Nosotros, sino como cosa nuestra, y gozamos en hacerla decir, hacer y vencer, mucho más que ella nos vence a Nosotros y Nosotros la vencemos a ella.  Así que con dar nuestra Voluntad a la criatura, y ella con recibirla como vida propia, abrimos una competencia entre ella y Nosotros, ella entra en nuestro campo divino y domina como dueña, y Nosotros gozamos tanto al ver su pequeñez que contiene nuestro eterno Querer, dominadora de nuestros bienes y de Nosotros mismos.  ¿Qué cosa podemos negar a nuestro Querer?  Nada.  Más bien nos deleitamos en poner fuera nuestras más íntimas alegrías, nuestros secretos, nuestras eternas beatitudes para hacer regocijar a la pequeñez de la criatura donde Ella reina, y volviéndola dominadora de ellas, nos entretenemos y abrimos el juego entre ella y Nosotros.  Por eso, cosa más grande no podía dar al hombre al crearlo, que nuestra Voluntad, porque sólo con Ella él podía llegar a donde quisiera y hacer lo que quisiera, hasta volverse dominador de lo que a Nosotros nos pertenece.  Esto no lo hicimos al crear las otras cosas, ellas son dominadas por Nosotros, no pueden hacer lo que quieren, sus derechos son limitados, porque al crear al hombre hubo una arrebato más intenso de amor, y en este arrebato de amor, el Todo se fundió en la nada, y la nada adquirió su vida en el Todo.  Y para tenerlo más seguro le dimos nuestra Divina Voluntad como patrimonio, a fin de que uno fuese el querer, comunes los bienes, por cuanto la criatura es capaz, y tanto el amor del uno y del otro hacerse dominar mutuamente.  Por eso la cosa más bella para Nosotros, que más nos rapta y nos glorifica es el alma donde reina nuestro Querer Divino, porque sólo ella es la que no nos hace decir a nuestro amor basta en el dar, sino que tenemos siempre para dar, siempre para decir, y para gozar de más la volvemos vencedora de Nosotros mismos.  Por eso sé atenta hija mía, si todo quieres, haz que nuestro Querer reine en ti”.

 

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25-10

Diciembre 2, 1928

 

El tabernáculo Eucarístico y el tabernáculo de la Divina Voluntad.

 

(1) Las privaciones de Jesús se hacen más prolongadas, y viéndome privada de Él no hago otra cosa que suspirar por el Cielo.  ¡Oh, Cielo!  ¿Cuándo me abrirás las puertas?  ¿Cuándo tendrás piedad de mí?  ¿Cuándo te llevarás a la pequeña exiliada a su patria?  ¡Ah, sí, sólo allá no lloraré más a mi Jesús!  Aquí, si se hace ver, mientras se cree poseerlo, como relámpago te huye y te toca hacer la larga etapa sin Él, y sin Jesús todas las cosas se convierten en dolor, aun las mismas cosas santas, las oraciones, los Sacramentos, son martirios sin Él.  Después pensaba entre mí:  “¿En qué aprovecha el que Jesús haya permitido hacerme venir cerca de su tabernáculo de amor para estarnos en mudo silencio?  Más bien me parece que se ha escondido de más, que no más me da sus lecciones sobre el Fiat Divino, me parecía que tenía su cátedra en el fondo de mi interior y tenía siempre qué decir, ahora no escucho otra cosa que un profundo silencio, sólo que siento en mí el murmullo continuo del mar de luz del Eterno Querer que siempre murmura amor, adoración, gloria y abraza todo y a todos”.  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús apenas se ha hecho ver en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, soy Yo en el fondo de tu alma que muevo las olas del mar de luz de mi Divina Voluntad, y murmuro siempre, siempre, para conseguir de mi Padre Celestial el reino de mi Voluntad sobre la tierra, y tú no haces otra cosa que seguirme, y si tú no me sigues lo haré Yo solo, -pero tú no lo harás, el dejarme solo-, siendo que mi mismo Fiat te tiene abismada en Él.  ¡Ah! ¿no sabes tú que eres el tabernáculo de mi Divina Voluntad?  ¿Cuántos trabajos no he hecho en ti, cuántas gracias no he derramado para formarme este tabernáculo?  Tabernáculo, podría llamarlo único en el mundo, porque tabernáculos eucarísticos tengo en buen número, y en este tabernáculo de mi Fiat Divino no me siento prisionero, poseo el interminable confín de mi Querer, no me siento solo, tengo quien me haga perenne compañía, y ahora hago de maestro y te doy mis lecciones celestiales, ahora hago mis desahogos de amor y de dolor, ahora festejo hasta entretenerme contigo, así que si rezo, si sufro, si lloro y si festejo, no estoy jamás solo, tengo a la pequeña hija de mi Querer Divino junto Conmigo, y además tengo el gran honor y la conquista más bella, que más me agrada, cual es una voluntad humana toda sacrificada por Mí y como escabel de mi Voluntad Divina, podría llamarla mi tabernáculo predilecto, porque encuentro tanto gusto, que no lo cambiaría con mis tabernáculos eucarísticos, porque en ellos estoy solo, la hostia no me da una Voluntad Divina como la encuentro en ti, que bilocándose, mientras la tengo en Mí la encuentro también en ti, en cambio la hostia no es capaz de poseerla, ni me acompaña en mis actos, estoy siempre solo, todo es frío en torno a Mí, el tabernáculo, el copón, la hostia, son sin vida, por lo tanto no me dan compañía.  Por eso he sentido tanto gusto en tener cerca de mi tabernáculo eucarístico el de mi Divina Voluntad formado en ti, porque sólo con mirarte siento que se rompe la soledad y siento las puras alegrías que puede darme la criatura que hace reinar en ella a mi Divina Voluntad.  He aquí el por qué todas mis miras, mis premuras y mis intereses son por hacer conocer mi Divina Voluntad y hacerla reinar en medio a las criaturas, porque entonces cada criatura será un tabernáculo vivo, no mudo sino hablante, y no estaré más solo, sino que tendré mi perenne compañía, y con mi Divina Voluntad bilocada en ellas tendré mi compañía divina en la criatura.  Entonces tendré mi Cielo en cada una de ellas, porque el tabernáculo de mi Voluntad Divina posee mi Cielo en la tierra”.

 

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25-11

Diciembre 5, 1928

 

Quien hace y vive en el Querer Divino, es como si

hiciera descender el sol a la tierra.  Diferencia.

 

(1) Me sentía toda inmersa en el Querer Divino, mi pobre y pequeña mente me la siento atada a un punto altísimo de luz, que no tiene confines y no se puede ver ni a donde llega su altura, ni donde termina su profundidad; y mientras la mente se llena de luz, está circundada por la luz, tanto, que no ve más que luz, ve que poco toma de esta luz, porque hay tanta, pero su capacidad es tan pequeña que le parece tomar apenas una gotita.  ¡Oh! cómo se está bien en medio a esta luz, porque ella es vida, es palabra, es felicidad, el alma siente todos los reflejos de su Creador y siente que se da a luz en su seno a la Vida Divina.  ¡Oh Voluntad Divina, cómo eres admirable, sólo Tú eres la fecundadora, la conservadora y la bilocadora de la Vida de Dios en la criatura!  Pero mientras mi mente se perdía en la luz del Fiat Supremo, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, el alma que vive en mi Voluntad Divina es más que si hiciera descender el sol a la tierra, ¿qué sucedería entonces?  La noche sería desterrada de la tierra, sería siempre pleno día.  Y con tener siempre contacto con el sol, no sería más un cuerpo oscuro, sino luminoso, y la tierra no mendigaría los efectos del sol, sino que recibiría en sí misma la sustancia de los efectos de la luz, porque sol y tierra harían vida común y formarían una sola vida.  ¡Qué diferencia con que el sol esté en la altura de su esfera y la tierra en su bajeza!  En este caso la pobre tierra está sujeta a la noche, a las estaciones y a pedir al sol el formar las bellas florituras, los colores, la dulzura, la maduración de sus frutos; y el sol no es libre de poder desahogar todos sus efectos sobre la tierra si ésta no se quisiera prestar a recibirlos, tanto, que en ciertos puntos de la tierra el sol no siempre llega, otros puntos son áridos y sin plantas.  Esto no es otra cosa que semejanza de quien hace mi Divina Voluntad y vive en Ella, y de quien vive en la tierra de su querer humano.  La primera hace descender no sólo el Sol de mi Divina Voluntad en su alma, sino a todo el Cielo, así que con este Sol posee el día perenne, día que jamás tiene ocaso, porque la luz tiene virtud de poner en fuga las tinieblas.  Entonces, con este Sol no puede estar la noche de las pasiones, la noche de las debilidades, de las miserias, de las frialdades, de las tentaciones, y si se quisieran acercar para formar las estaciones del alma, este Sol con sus rayos pone en precipitosa fuga a todas las noches y dice:  ‘Aquí estoy Yo, y basta, mis estaciones son estaciones de luz, de paz, de felicidad y de floritura perenne.’  Ella es la portadora del Cielo en tierra.  En cambio para quien no hace mi Divina Voluntad y no vive en Ella, es más noche que día en su alma, está sujeta a las estaciones y a largos tiempos lluviosos que la vuelven siempre turbada y agitada, o bien a largas sequías, tanto, que llega a faltarle los humores vitales para amar a su Creador, y el mismo Sol de mi Divina Voluntad,  siendo que no vive en ella, no es libre de poder darle todo el bien que posee.  ¿Ves qué significa poseer mi Querer Divino?  Es poseer la fuente de la vida, de la luz y de todos los bienes; en cambio quien no lo posee es como tierra que goza los efectos de la luz, y ciertas tierras que a duras penas quedan iluminadas, pero sin efectos”.

 

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25-12

Diciembre 8, 1928

 

Por qué toda la Creación festejó la Concepción de la Soberana Reina.

Cómo la Virgen espera en sus mares a sus hijas para hacerlas reinas.

Verdadero nombre de la Fiesta de la Inmaculada Concepción.

 

(1) Estaba pensando:  ¿Por qué toda la Creación exultó de alegría y festejó tanto a la Inmaculada Reina en su Inmaculada Concepción?  Y mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿quieres saber el por qué?  Porque la Divina Voluntad tuvo el principio de su Vida en la niña Celestial, por lo tanto, el principio de todos los bienes en todas las criaturas.  No hay bien que en mi Divina Voluntad no comience, descienda y ascienda a su fuente.  Entonces, esta Celestial niña habiendo comenzado su vida en el Fiat Divino desde su Inmaculada Concepción, y siendo Ella de la estirpe humana, con mi Voluntad adquirió la Vida Divina y con su humanidad poseía el origen humano.  Entonces tuvo la potencia de unir lo divino y lo humano y dio a Dios lo que el humano no le había dado y negado, cual era su voluntad, y dio a los hombres el derecho de poder ascender a los abrazos de su Creador.  Con la potencia de nuestro Fiat que tenía en su poder ataba a Dios y a los hombres.  Así que toda la Creación, Cielo y tierra, y hasta el infierno, sintieron en la Inmaculada Concepción de esta Virgen niña, recién nacida apenas en el seno de su mamá, la fuerza del orden que Ella ponía en toda la Creación, con mi Voluntad se hermanaba con todos, se abrazaba con todos, amaba todo y a todos, y todos la suspiraban, la amaban y se sentían honrados de adorar en esta privilegiada criatura a la Divina Voluntad.  ¿Cómo no debía festejar toda la Creación, pues hasta entonces el hombre había sido el desorden entre todas las cosas creadas, ninguno había tenido el coraje, el heroísmo de decir a su Creador:  ‘No quiero conocer mi voluntad, te la entrego en don, quiero por vida solamente a tu Querer Divino?’  En cambio esta Virgen Santa donó su voluntad para vivir de la Divina, y por eso toda la Creación sintió la felicidad del orden que por su medio le venía restituida, e hicieron competencia el cielo, el sol, el mar y todos, para honrar a Aquélla que poseyendo mi Fiat, daba el beso del orden a todas las cosas creadas; y mi Querer Divino le ponía en la mano el cetro de Reina Divina y le ceñía la frente con la corona de mando, constituyéndola Emperatriz de todo el universo”.

(3) Entonces yo me sentía como aniquilada en mí misma, las largas privaciones de mi dulce Jesús, que me dejan como sin vida, han quemado el pequeño átomo de mi existencia, el cual, estando continuamente expuesto a los rayos ardientes del Sol del Fiat Divino, se siente secar todos los humores, y mientras se seca no muere ni se consume; así que no sólo me sentía oprimida, sino deshecha.  Y mi dulce Jesús, como si quisiera aliviarme, haciéndose sentir en mi interior, dándome un beso me ha dicho:

(4) “Hija mía, ánimo, no te abatas, quiero que goces tu suerte feliz, porque mi Querer Divino invistiéndote y dardeándote te quita todos los humores humanos y te los cambia en humores de luz divina.  Hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción, mares de amor, de belleza, de potencia y de felicidad desbordan de la Divinidad sobre de esta Celestial criatura, y lo que impide que las criaturas puedan entrar en estos mares es la voluntad humana.  Nosotros lo que hacemos una vez, permanece con el acto continuado de hacerse siempre, sin cesar jamás.  En la Divinidad es naturaleza el dar, sin que jamás termine el acto.  Así que estos mares están desbordando aún, y la Reina Madre espera a sus hijas para hacerlas vivir en estos mares, para convertirlas en tantas pequeñas reinas, pero le está prohibida la entrada a la voluntad humana, no hay lugar para ella, y sólo puede tener acceso quien vive de Voluntad Divina.  Por eso hija mía, puedes entrar cuando quieras en los mares de tu Mamá, mi Divina Voluntad te avala y con Ella tendrás libre el paso y la entrada, es más, Ella te espera, te quiere con Ella, y a Nosotros y a Ella nos volverás doblemente felices por causa de tu felicidad.  Nosotros nos sentimos más felices con dar, y cuando la criatura no toma nuestros bienes, sofoca en Nosotros la felicidad que queremos darle.  Por eso no quiero que estés oprimida, hoy es la fiesta más grande, porque la Divina Voluntad tuvo vida en la Reina del Cielo, fue la fiesta de todas las fiestas, fue el primer beso, el primer abrazo divino que la criatura daba a su Creador en virtud de nuestro Fiat, que la Soberana niña poseía, la criatura que se sentaba a la mesa con su Creador.  Así que hoy es también tu fiesta, en modo especial por la misión que te ha dado mi Divina Voluntad.  Por eso ven a los mares de la Inmaculada Reina a gozar su, y tu fiesta”.

(5) Entonces me he sentido transportar fuera de mí misma en estos mares interminables, pero me faltan palabras para decir lo que he sentido, por eso mejor hago punto y sigo adelante.

(6) Después de esto, el día que el confesor ha leído públicamente lo que está escrito en el 15° volumen sobre la Inmaculada Concepción, mi amado Jesús, conforme oía que leía hacía fiesta en mi interior y me ha dicho:

(7) “Hija mía, cómo estoy contento, se puede decir que hoy mi Mamá Soberana recibe de la Iglesia los honores divinos, honrando en Ella, como primer acto de su vida, la Vida de la Divina Voluntad.  Estos son los honores más grandes que se le pueden dar, porque el querer humano no tuvo jamás vida en Ella, sino siempre, siempre la Divina Voluntad.  El secreto de su Santidad, de su altura, potencia, belleza y grandeza, y todo lo demás, fue mi Fiat, que con su calor extinguió la mancha de origen y la concibió inmaculada y pura, y mi Iglesia, en vez de honrar a mi Voluntad Divina, causa primaria y acto primero, honraba los efectos de Ella y la proclamaba Inmaculada, concebida sin pecado.  Se puede decir que la Iglesia le daba los honores humanos y no los honores divinos, los cuales justamente se merece, porque una Voluntad Divina tuvo Vida continua en Ella.  Y esto era un dolor para Mí y para Ella, porque ni Yo recibía de mi Iglesia los honores de una Voluntad Divina habitante en la Reina del Cielo, ni Ella los honores debidos por haber dado en Ella el lugar para formar la Vida del Fiat Supremo.  Por eso, hoy, con hacer conocer que todo fue en Ella el prodigio de mi Querer, y que todas sus otras prerrogativas y privilegios fueron en orden secundario y como consecuencia de los efectos de aquella Voluntad Divina que la dominaba, se puede decir que hoy se festeja con decoro, gloria divina y magnificencia la fiesta de la Inmaculada Concepción, que se puede llamar con más verdad:  ‘La Concepción de la Divina Voluntad en la Soberana del Cielo”. Y esta Concepción fue la causa de todo lo que es e hizo, y de los grandes prodigios de esta Celestial Niña”.

(8) Después de esto, con un énfasis más tierno ha agregado:

(9) “Hija mía, cómo era bello, deleitable, el ver a esta Celestial niña desde su Inmaculada Concepción, se miraba y se veía su pequeña tierra tomada de la estirpe humana, y dentro de esta pequeña tierra se veía el Sol de nuestro Eterno Querer, que no pudiéndolo contener desbordaba fuera de Ella y se extendía tanto, que llenaba Cielo y tierra.  Hicimos un prodigio de nuestra Omnipotencia para hacer que la pequeña tierra de la pequeña Reinita pudiese encerrar el Sol de nuestro Querer Divino.  Así que se veía tierra y Sol, por eso todo lo que hacía, si pensaba, si hablaba, si obraba, si caminaba, sus pensamientos eran rayos de luz, sus palabras se convertían en luz, todo era luz que salía de Ella, porque siendo su pequeña tierra más pequeña que el Sol inmenso que encerraba, sus actos se perdían en la luz.  Y como esta pequeña tierra de la Soberana Celestial era vivificada, animada y conservada continuamente por el Sol de mi Fiat, se veía siempre florida, pero de las más bellas florituras, que daban en frutos dulcísimos, de atraer nuestras miradas divinas y quedar raptados, pero tanto, que no podíamos hacer menos que mirarla, tanta era la belleza y la felicidad que nos daba.  Toda bella era la Virgencita Inmaculada, su belleza era encantadora y raptora, basta decir que era un prodigio de nuestro Querer para decirlo todo.  ¡Oh! si las criaturas conocieran qué significa vivir de Voluntad de Dios, pondrían la vida para conocerla y vivir en Ella”.

 

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25-13

Diciembre 13, 1928

 

Todas las cosas creadas poseen una dosis de felicidad.

Cómo la privación de Jesús hace resurgir la vida.

                                                            

(1) Estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino, acompañando sus actos hechos en la Creación, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las cosas creadas fueron creadas por Nosotros con una dosis de felicidad, distinta la una de la otra, así que cada cosa creada lleva al hombre el beso, el aire felicitante, la vida de nuestra felicidad; ¿pero sabes tú quién siente descender en su interior todos los efectos de nuestras tantas felicidades esparcidas en lo creado, hasta quedar empapado por ellas como una esponja?  Quien vive en nuestro Querer Divino, nuestras felicidades no le son extrañas, porque teniendo el gusto purificado por nuestro Fiat y no corrompido por el querer humano, su gusto y todos sus sentidos tienen la virtud de gustar todas las felicidades que hay en las cosas creadas, y Nosotros sentimos tal felicidad y alegría al ver a quien hace nuestro Querer como sentarse a la mesa de nuestras felicidades, y alimentarse con tantos bocados distintos por cuantas felicidades hay en las cosas creadas.  ¡Oh, cómo es bello ver feliz a la criatura!”

(3) Mientras estaba en esto Jesús ha hecho silencio, y yo oía el sonido del armonio que tocaba en la capilla, y Jesús ponía atención para oír, y después ha agregado:

(4) “¡Oh, cómo me siento feliz porque este sonido deleita a la pequeña hija de mi Querer, y Yo, oyéndolo también me deleito!  ¡Cómo es bello hacernos felices juntos, hacer feliz a quien me ama es la más grande de mis felicidades”.

(5) Y yo:  “Jesús, Amor mío, mi felicidad para mí eres Tú sólo, todas las otras cosas no tienen ningún atractivo para mí”.

(6) Y Jesús:  “Ciertamente que para ti la mayor felicidad soy Yo, porque contengo la fuente, el principio de todas las alegrías y felicidades, pero gozo al darte las pequeñas felicidades, y así como las siento y las gozo Yo, quiero que las sientas y las goces tú junto Conmigo”.

(7) Entonces pensaba entre mí:  “Si Jesús goza tanto cuando yo gozo de las tantas felicidades que ha esparcido en lo creado, ¿por qué entonces me aflige tanto y me vuelve infeliz, hasta sentirme como si no tuviese vida sin Él?  ¡Y sintiéndome sin vida todas las felicidades pierden la vida en mi pobre alma!”  Y Jesús ha agregado:

(8) “Hija mía, si tú supieras para qué sirven mis privaciones; tú te sientes sin vida privada de Mí, te sientes muerta, sin embargo sobre de aquel dolor y de aquella muerte viene formada mi nueva Vida, y esta nueva Vida te trae las nuevas manifestaciones de la Vida de mi Divina Voluntad, porque siendo tu pena, pena divina, que tiene la virtud de hacerte sentir la muerte, pero sin morir, tiene virtud de hacer surgir de nuevo mi misma Vida, con el encanto de mis verdades.  El dolor de mi privación prepara el lugar a mi nueva Vida y dispone a tu alma a escuchar y comprender las importantes verdades sobre mi Fiat Divino.  Si Yo no te privase frecuentemente de Mí, no habrías tenido las nuevas sorpresas de tu Jesús, sus tantas enseñanzas.  ¿No has visto tú misma, que después que has estado privada de Mí y tú creías que todo había terminado para ti, mi Vida resurgía de nuevo en ti, y todo amor y festivo me ponía a darte mis lecciones?  Así que cuando te privo de Mí, Yo me estoy escondido en ti y preparo el trabajo para darte, y mi nueva Vida para resurgir.  También Yo sufrí la pena de la muerte, para hacer resurgir en la pena de mi muerte a todas las criaturas; la muerte sufrida en orden divino y para cumplir la Divina Voluntad produce la Vida Divina, para hacer que esta Vida Divina la pudiesen recibir todas las criaturas.  Y además, después de que Yo sufrí tantas muertes, quise morir verdaderamente, ¿cuántos bienes no produjo mi Resurrección?  Se puede decir que con mi Resurrección resurgieron todos los bienes de mi Redención, y con ella resurgieron todos los bienes a las criaturas y su misma vida.  Por eso sé atenta y déjame hacer”.

 

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25-14

Diciembre 14, 1928

 

Árbol de la Divina Voluntad.  Acto único de Dios.  Quien

vive en Ella forma el eco en todas las cosas creadas.

 

(1) Estaba pensando en la publicación de los escritos de la Divina Voluntad, y me sentía fastidiada por las tantas preguntas que hacen, y decía entre mí:  “Sólo Jesús sabe mi martirio y cómo me siento torturada cuando se hablaba de personas competentes que querían publicarlos, tanto, que nadie podía llegar a calmar mi interno martirio y a hacerme decir Fiat, sólo Jesús con su encantadora persuasión y con infundirme temor por el gran mal que yo pudiese hacer si saliera mínimamente de la Divina Voluntad, podía inducirme a decir Fiat, y ahora al verla ir tan lento recuerdo mis luchas internas, mi duro martirio por esta publicación, ¿en qué aprovechan las tantas penas sufridas, quién sabe quién verá esta publicación?  Tal vez Jesús me contentará con hacérmela ver desde el Cielo”.  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, me he puesto a rezar, y ante mi mente veía un árbol cargado de frutos que vertían luz, y a mi dulce Jesús crucificado en medio de este árbol, y era tanta la luz de estos frutos que Jesús quedaba eclipsado en ella.  Entonces yo he quedado maravillada y Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, este árbol que tú ves es el árbol de mi Divina Voluntad, y como Ella es Sol, sus frutos se cambian en luz que forman otros tantos soles; el centro de su vida soy Yo y por eso estoy en medio de Él.  Ahora, estos frutos que tú ves son todas mis verdades que he manifestado sobre mi Fiat Divino, y están todas en acto de parir su luz en el seno de las generaciones, y quien debería ocuparse y tener prisa y no lo hace, impide que los frutos de este árbol formen sus partos de luz y el gran bien de esta luz.  Así que tú debes consolarte de tus torturas y martirios, porque entre tú y Yo estamos en orden, ni Yo habría tolerado ninguna sombra de oposición a mi Voluntad en ti, habría sido mi más grande dolor, ni habría podido decir:  ‘La pequeña hija de mi Querer me ha hecho don de su querer y Yo le he hecho don del mío’.  Mientras que este intercambio de voluntades es una de las más grandes alegrías mías y tuyas, y si culpa hay, es de quien descuida.  Por eso no te quieras afligir ni fastidiarte por las preguntas que hacen, Yo estaré en ti para suministrarte la luz y las palabras que se necesitan, tú debes saber que esto es más interés mío que tuyo”.

(3) Después seguía pensando en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, en Nosotros, en nuestra Divinidad, basta un solo acto para hacer todo, aquel acto es voluntad, pensamiento, palabra, obra y paso.  Así que un solo acto nuestro es voz que habla, es mano que obra, es pie que camina, y que envolviendo todo, si la criatura piensa, obra, habla y camina, es la virtud de nuestro acto único que haciendo eco en cada acto de criatura comunica el bien del pensamiento, de la palabra y de todo lo demás, por eso se puede decir que somos el portador de todas las criaturas y de todos sus actos.  ¡Oh, cómo nos sentimos ofendidos cuando nuestro porta voz, pensamiento, obra y paso, no sólo no es hecho para Nosotros sino para ofendernos, las criaturas se sirven de nuestros mismos actos para formar las armas para herirnos!  ¡Ingratitud humana, cómo eres grande!

(5) Ahora, quien hace y vive en nuestro Querer Divino se une a nuestro acto único, y formando un solo acto de voluntad con Nosotros, corre junto con nuestro acto, y junto con Nosotros se hace pensamiento, voz, obra y paso de todos, y ¡oh! cómo gozamos que nuestra virtud invistiendo a la pequeñez humana la hace junto con Nosotros portadora de todos los actos de las criaturas, y ella se sirve de todos nuestros actos para formar armas, no para herirnos sino para defendernos, para amarnos y para glorificarnos; así que la llamamos nuestra guerrera que defiende nuestros derechos”.

(6) Después de esto estaba siguiendo al Fiat Divino en la Creación, sentía que todo quería hacer mío, el sol para darle la gloria de la luz y del calor, el mar para darle la gloria de aquel murmullo que jamás cesa, todo quería en mi poder para poder decir:  “Todo me has dado y todo te doy”. Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(7) “Hija mía, cómo es bello el vivir en mi Querer, tu eco llega a todas partes, donde se encuentra mi Voluntad Divina que está por doquier, allá llega el tuyo, así que tu eco resuena en el sol, en el mar, en el viento, en el aire, y penetrando hasta en el Cielo lleva a tu Creador su misma gloria, amor y adoración; y mi Voluntad Divina no se siente sola en todas las cosas creadas, tiene la compañía del eco de quien vive en mi Querer Divino, y se siente dar todo el amor, la gloria que ha esparcido en toda la Creación”.

 

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25-15

Diciembre 16, 1928

 

Se habla de los nueve excesos de Jesús en la Encarnación.

Contentos de Jesús, su palabra es creación.  Jesús ve

repetir sus escenas.  Preludios de su reino.

 

(1) Estaba haciendo la meditación, y como hoy comenzaba la novena al Niño Jesús, estaba pensando en los nueve excesos que Jesús con tanta ternura me había narrado de su Encarnación, los cuales están escritos en el primer volumen, y sentía una gran repugnancia de recordarlo al confesor, porque él me había dicho al leerlos, que quería leerlos en público en nuestra capilla.  Mientras esto pensaba, mi Niñito Jesús se hacía ver en mis brazos, pequeño, pequeño, que acariciándome con sus pequeñas manitas me ha dicho:

(2) “¡Cómo es bella mi pequeña hija, cómo es bella!  ¡Cómo debo agradecerte el que me hayas escuchado!”

(3) Y yo:  “Amor mío, ¿qué dices?  Yo debo agradecerte a Ti el que me hayas hablado, y que con tanto amor haciéndome de maestro me hayas dado tantas lecciones que yo no merecía”.

(4) Y Jesús:  “Ah hija mía, a cuántos quiero hablar y no me escuchan, me reducen al silencio y sofocan mis llamas, así que debemos agradecernos mutuamente, tú a Mí y Yo a ti.  Y además, ¿por qué quieres oponerte a la lectura de los nueve excesos?  Ah, tú no sabes cuánta vida, cuánto amor y gracia contienen, tú debes saber que mi palabra es creación, y que al narrarte los nueve excesos de mi Amor en la Encarnación, Yo no sólo renovaba mi amor que tuve al encarnarme, sino que creaba nuevo amor para investir a las criaturas y vencerlas para darse a Mí.  Estos nueve excesos de mi amor que te he manifestado con tanto amor de ternura y simplicidad, formaban el preludio a las tantas lecciones que debía darte acerca de mi Fiat Divino para formar su reino, y ahora con leerlos, mi amor viene renovado y duplicado, ¿no quieres tú entonces que mi amor duplicándose desborde fuera e invista otros corazones, a fin de que como preludio se dispongan a las lecciones de mi Voluntad para hacerla conocer y reinar?”

(5) Y yo:  “Mi amado Niño, creo que muchos han hablado acerca de tu Encarnación”.

(6) Y Jesús:  “Sí, sí han hablado, pero han sido palabras tomadas de la ribera del mar de mi amor, así que son palabras que no poseen ni ternura, ni plenitud de vida.  En cambio aquellas pocas palabras que te he dicho, te las he dicho desde dentro de la vida de la fuente de mi amor, y contienen vida, fuerza irresistible y ternuras tales, que sólo los muertos no sentirán moverse a piedad de Mí, pequeño, pequeño, que tantas penas sufrí desde el seno de la Mamá Celestial”.

(7) Después de esto el confesor leía en la capilla el primer exceso de amor de Jesús en la Encarnación, y mi dulce Jesús desde dentro de mi interior ponía atención para escuchar, y atrayéndome a Sí me ha dicho:

(8) “Hija mía, cómo me siento feliz al escucharlos, pero mi felicidad se acrecienta al tenerte en esta casa de mi Voluntad, porque los dos somos oyentes, Yo de lo que te he dicho, y tú de lo que de Mí has escuchado, mi amor se inflama, bulle y desborda, ¡escucha, escucha cómo es bello!  La palabra contiene el aliento, y conforme se habla, la palabra lleva el aliento, que como aire gira de boca en boca y comunica la fuerza de mi palabra creadora y hace descender en los corazones la nueva creación que mi palabra contiene.  Escucha hija mía, en la Redención tuve el cortejo de mis apóstoles, y Yo en medio a ellos era todo amor para instruirlos, no escatimaba fatiga para formar los cimientos de mi Iglesia.  Ahora, en esta casa siento el cortejo de los primeros hijos de mi Querer, y siento repetir mis escenas amorosas al verte a ti en medio a ellos, que con todo amor quieres impartir las lecciones sobre mi Fiat Divino para formar los cimientos del reino de mi Divina Voluntad.  Si tú supieras cómo me siento feliz al oírte hablar de mi Querer Divino, espero con ansia que tomes la palabra para escucharte, para sentir la felicidad que me trae mi Divina Voluntad”.

 

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25-16

Diciembre 21, 1928

 

Mar de amor en los excesos de Jesús.  Ejemplo del mar.

El Querer Divino, rayo de sol que lleva la Vida del Cielo.

La Divina Voluntad obrante.  Felicidad de Jesús.

 

(1) Continúa la novena de la Santa Navidad y continuando a oír los nueve excesos de la Encarnación, mi amado Jesús me ha atraído a Sí, y me hacía ver que cada exceso de su amor era un mar sin confines, y en este mar se levantaban olas altísimas en las cuales se veían correr todas las almas devoradas por estas llamas, cómo los peces se deslizan en las aguas del mar, y así como las aguas del mar forman la vida de los peces, la guía, la defensa, el alimento, el lecho, el palacio de estos peces, tanto que si salen del mar pueden decir:  Nuestra vida ha terminado porque hemos salido de nuestra heredad, de la patria que nos dio nuestro Creador.  Así estas olas altísimas de llamas que salían de estos mares de fuego, con el devorar a estas criaturas querían ser la vida, la guía, la defensa, el alimento, el lecho, el palacio, la patria de las criaturas, y si salen de este mar de amor encuentran la muerte de un solo golpe, y el pequeño niño Jesús llora, gime, ruega, grita y suspira porque no quiere que ninguno salga de estas sus llamas devoradoras, porque no quiere ver morir a ninguno.  ¡Oh, si el mar tuviera razón, más que una tierna madre lloraría por sus peces que le arrancan del mar, porque se siente arrancar una vida que posee y conserva con tanto amor, y con sus olas se arrojaría contra quien osara arrancarle las tantas vidas que posee, que forman su riqueza, su gloria.

(2) “Y si no llora el mar, lloro Yo”, dice Jesús, “al ver que mientras mi amor ha devorado a todas las criaturas, ellas, ingratas, no quieren hacer vida en mi mar de amor, sino que separándose por la fuerza de mis llamas se exilian de mi Patria y pierden el palacio, la guía, la defensa, el alimento, el lecho y aun la vida, ¿cómo no debo llorar?  Han salido y han sido creadas por Mí, y devoradas por mis llamas de amor que tuve al encarnarme por amor de todas las criaturas.  Conforme oigo narrar los nueve excesos, el mar de mi amor se hincha, bulle, y formando olas altísimas forma tanto ruido que quisiera ensordecer a todos, a fin de que nada más pudiesen oír que mis gemidos de amor, mis gritos de dolor, mis sollozos repetidos que dicen:  “No me hagas llorar más, démonos el beso de paz, amémonos y seremos todos felices, el Creador y la criatura”.

(3) Jesús ha hecho silencio y en ese momento veía el Cielo abierto y un rayo de Sol descender de lo alto, que fijándose sobre mí iluminaba a cuantos estaban a mi alrededor.  Y mi siempre amable Jesús ha vuelto a decir:

(4) “Hija de mi Querer, este rayo de Sol que se ha fijado sobre de ti es mi Divina Voluntad que te lleva la Vida del Cielo a tu alma.  Cómo es bello este rayo de Sol que no sólo te ilumina a ti y te lleva su Vida, sino que cualquiera que se te acerca y se queda a tu alrededor siente la Vida de la luz, porque ella como sol se ensancha alrededor y da a aquellos que te circundan el ardiente beso de luz, su respiro, su vida, y Yo me siento feliz dentro de ti, al ver que mi Divina Voluntad se difunde y comienza a recorrer su camino.  Mira, los mares de amor que tú has visto no son otra cosa que mi Voluntad obrante, cuando mi Voluntad quiere obrar, los mares de mi amor se hinchan, bullen, forman sus olas altísimas que lloran, gimen, gritan, ruegan, ensordecen; en cambio cuando mi Fiat no quiere obrar, el mar de mi Amor está calmado, sólo murmura tranquilamente, es continuo su curso de alegría y de felicidad inseparable de Él.  Por eso tú no puedes comprender la alegría que experimento, la felicidad que siento y el interés que tomo de iluminar, de poner mi misma palabra, mi mismo corazón en quien se ocupa en hacer conocer mi Divina Voluntad, es tanto mi interés, que lo arrollo en Mí, y desbordando Yo fuera de él, tomo Yo la palabra y hablo Yo mismo de mi Voluntad obrante en mi Amor.  ¿Crees tú que sea tu confesor quien habla en estas tardes que está hablando al publico sobre los nueve excesos de mi Amor?  Soy Yo que tomo su corazón entre mis manos y lo hago hablar”.

(5) Pero mientras esto decía se daba la bendición, y Jesús ha agregado:

(6) “Hija, te bendigo, todo es felicidad para Mí cuando se trata de hacer un acto mío sobre quien posee mi Divina Voluntad, porque si te bendigo, mi bendición encuentra el lugar donde poner los bienes y los efectos que contiene mi bendición; si te amo, mi amor encuentra en mi Fiat en ti el lugar donde ponerse y desarrollar su Vida de amor, por eso cada cosa que hago sobre ti, en ti y contigo, es una felicidad que siento, porque sé que mi Divina Voluntad tiene lugar para todo lo que te quiero dar y virtud de multiplicar los bienes que te doy, porque Ella es nuestra representante y se ocupa de formar tantas Vidas por cuantos actos hacemos con la criatura donde Ella reina”.

(7) Después de esto estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino, y volvía a recorrer los primeros tiempos de la Creación, para unirme a los actos hechos por nuestro padre Adán en el estado de inocencia, para unirme con él y seguir donde él dejó.  Y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(8) “Hija mía, al crear al hombre di un universo visible donde debía moverse, ver las obras de su Creador hechas con tanto orden y armonía, hechas por amor suyo, y en este vacío hacer también sus obras.  Y así como le di un vacío visible, así le di un vacío invisible, más bello aún para su alma, donde el hombre debía formar sus obras santas, su sol, su cielo, sus estrellas, y haciendo eco a su Creador debía llenar este vacío con todas sus obras.  Pero en cuanto el hombre descendió de mi Divina Voluntad para vivir en la suya, perdió el eco de su Creador, y el modelo para poder copiar nuestras obras.  Así que se puede decir que no hay otra cosa en este vacío que los primeros pasos del hombre, todo el resto está vacío, no obstante debe ser llenado, y por eso espero con tanto amor a quien vive y debe vivir en mi Querer, porque sintiendo la potencia de nuestro eco, y teniendo presentes nuestros modelos, se apresurarán a llenar este vacío invisible que con tanto amor di en la Creación.  ¿Pero sabes tú cuál es este vacío?  Nuestra Voluntad.  Así como di un cielo, un sol a la naturaleza, así di el Cielo, el Sol de mi Fiat al alma.  Y cuando te veo poner tus pasos junto a los pasos de Adán inocente digo:  ‘He aquí que finalmente el vacío de mi Divina Voluntad comienza a recibir las primeras conquistas y las primeras obras de la criatura”.  Por eso sé atenta y sigue siempre tu vuelo en mi Querer Divino”...

 

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25-17

Diciembre 25, 1928

 

La fiesta que prepara la pequeña hija al niño Jesús, cómo

lo vuelve feliz.  Adán, primer sol.  Ejemplo del artífice.

 

(1) Estaba pensando en el nacimiento del niño Jesús y le pedía que viniera a nacer en mi pobre alma.  Y para cantarle himnos de alabanza y hacerle cortejo en el acto de su nacimiento, me fundía en el Santo Querer Divino, y girando en todas las cosas creadas, quería animar el cielo, el sol, las estrellas, el mar, la tierra, y todo, con mi “te amo”, quería poner a todas las cosas creadas como expectantes en el momento de nacer Jesús, a fin de que todas le dijeran “te amo, y queremos el reino de tu Querer sobre la tierra”.  Ahora, mientras esto hacía, me parecía que todas las cosas creadas se ponían atentas en el acto de nacer Jesús, y en cuanto el amado niño salía del seno de su Mamá Celestial, el cielo, el sol y hasta el pequeño pajarito, todos como en coro decían:  “Te amo y queremos el reino de tu Voluntad sobre la tierra”.  Mi te amo en el Querer Divino corría en todas las cosas en las que la Divina Voluntad tenía su vida, y por eso todas alababan el nacimiento de su Creador, y yo veía al niño recién nacido, que arrojándose en mis brazos todo tembloroso me ha dicho:

(2) “Qué bella fiesta me ha preparado la pequeña hija de mi Querer, cómo es bello el coro de todas las cosas creadas que me dicen te amo y quieren que reine mi Voluntad; quien vive en Ella todo puede darme y puede usar todas las estratagemas para volverme feliz y hacerme sonreír aun en medio de las lágrimas, por eso Yo estaba esperándote para tener una sorpresa tuya de amor en virtud de mi Querer Divino.  Tú debes saber que mi Vida sobre la tierra no fue otra cosa que sufrir, obrar y preparar todo lo que debía servir para el reino de mi Divina Voluntad, que debe ser reino de felicidad y de posesión, por eso mis trabajos entonces tendrán sus plenos frutos y se cambiarán para Mí y para las criaturas en dulzuras, en alegrías y en posesión”.

(3) Mientras esto decía ha desaparecido, pero después de poco tiempo ha regresado dentro de una cunita de oro, vestido con una pequeña vestidura de luz, y ha agregado:

(4) “Hija mía, hoy es mi nacimiento y he venido para hacerte feliz con mi presencia, me sería demasiado duro no hacer feliz en este día a quien vive en mi Divina Voluntad, no darle mi primer beso y decirte te amo como correspondencia del tuyo, y estrechándote fuertemente a mi pequeño corazón, hacerte sentir mis latidos que hacen salir fuego que quisiera quemar todo lo que no pertenece a mi Voluntad, y tu latido haciendo eco en el mío me repite tu querido estribillo: ‘Tu Voluntad reine como en el Cielo así en la tierra’.  Repítelo siempre si me quieres hacer feliz y tranquilizar mi llanto infantil.  Mira, tu amor me ha preparado la cuna de oro, y los actos en mi Divina Voluntad me han preparado la vestidura de luz, ¿no estás contenta?”

(5) Después de esto continuaba mis actos en el Fiat Divino, me ponía en el Edén, en los primeros actos de la creación del hombre, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, Adán, primer sol humano, investido por nuestro Querer, sus actos eran más que rayos de sol, que alargándose y extendiéndose debían investir a toda la familia humana, en los cuales se debían ver a todos en uno, como palpitantes en estos rayos, concentrados todos en el centro de este primer sol humano, los cuales, todos debían tener virtud de formar su sol sin salir del vinculo del primer sol, porque teniendo principio la vida de cada uno de este sol, cada uno podía ser sol por sí mismo.  Cómo fue bella la creación del hombre, ¡oh!, cómo superó al universo entero, el vinculo, la unión de uno en tantos era el más grande prodigio de nuestra Omnipotencia, que nuestra Voluntad, una en sí debía mantener la inseparabilidad de todos, la vida comunicativa y que une de todos.  Símbolo e imagen de nuestra Divinidad, que somos inseparables, y que si bien somos Tres Divinas Personas, somos siempre uno, porque una es la Voluntad, una es la santidad, una es nuestra potencia; por eso siempre es visto el hombre, por Nosotros, como si fuera uno solo, a pesar de que debía tener su generación grandísima, pero siempre concentrada en uno, era el Amor increado que venía creado por Nosotros en el hombre y por eso debía dar de Nosotros y semejarse a Nosotros, y nuestra Voluntad única, obrante en Nosotros, debía obrar única en el hombre para formar la unidad de todos y el vinculo inseparable de cada uno.  Por eso el hombre con sustraerse de nuestro Fiat Divino se deformó y desordenó, y no sintió más la fuerza de la unidad e inseparabilidad, ni con su Creador ni con todas las generaciones, se sintió como un cuerpo dividido y despedazado en sus miembros, el cual no posee más toda la fuerza de su cuerpo entero.  He aquí por qué mi Divina Voluntad quiere entrar de nuevo como acto primero en la criatura, para reunir los miembros separados y darles la unidad y la inseparabilidad como cuando salió de nuestras manos creadoras.  Nosotros nos encontramos en la condición de un artífice que ha hecho su bella estatua que hace quedar admirados al Cielo y a la tierra; el escultor ama tanto esta estatua, que ha puesto su vida dentro de ella, así que cada acto o movimiento que ella hace, el escultor siente en sí la vida, el acto, el movimiento de su bella estatua.  El escultor la ama con amor de delirio, no sabe separar su mirada de ella, pero en tanto amor la estatua recibe un encuentro, choca y queda despedazada en los miembros y en la parte vital que la tenía vinculada y unida con el escultor.  ¿Cuál no será su dolor, y qué no hará aquél para rehacer a su bella estatua?  Mucho más que él la ama aún, y al amor delirante se ha agregado el amor doloroso.  Tal se encuentra la Divinidad con respecto al hombre, es nuestro delirio de amor y de dolor porque queremos rehacer la bella estatua del hombre, y como el choque sucedió en la parte vital de nuestra Voluntad, que él poseía, restablecida Ella en él, la bella estatua será rehecha y nuestro amor quedará satisfecho.  Por eso no quiero otra cosa de ti, sino que mi Divina Voluntad tenga su vida”.

(7) Después ha agregado con un acento más tierno:  “Hija mía, en las cosas creadas la Divinidad no creaba el amor, sino las sombras de su luz, de su potencia, de su belleza, etc., así que se puede decir que al crear el cielo, las estrellas, el sol, el viento, el mar, la tierra, eran nuestras obras que poníamos fuera y las flores de nuestras bellas cualidades.  Sólo para el hombre este prodigio grandísimo de crear la vida, y la vida de nuestro mismo amor, y por eso está dicho que fue creado a nuestra imagen y semejanza.  Por eso lo amamos tanto, porque es vida y obra que ha salido de Nosotros, y la vida cuesta más que todo”.

 

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25-18

Diciembre 29, 1928

 

Cielos y soles mudos, cielos y soles hablantes.  Cómo continúa

la creación.  Cómo el Cielo no será más extraño a la tierra.

 

(1) Estaba siguiendo al Fiat Divino en la Creación para hacer compañía a sus actos, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, mira cómo es bella la Creación, qué orden, qué armonía contiene, pero a pesar de su belleza, los cielos, las estrellas, el sol, todos son mudos, no tienen virtud de decir ni siquiera una palabra.  En cambio los cielos, las estrellas, el sol, el viento imperante de mi Divina Voluntad, son todos hablantes y tienen una elocuencia tal, que nadie puede igualar; el ángel, el santo, el docto, delante a los cielos de mi Voluntad hablante quedan mudos y se sienten ignorantes.  Pero, ¿por qué estos cielos y soles son hablantes?  Porque contienen la vida.  ¿Pero sabes tú cuáles son estos cielos y soles hablantes?  Son los conocimientos que te he manifestado sobre mi Divina Voluntad.  Ella no sólo es vida, sino que es la fuente, el origen y la vida de todas las vidas, por eso los cielos de sus conocimientos no podían ser mudos.  Así que cada conocimiento sobre mi Fiat Divino es un cielo, un sol, es un viento distinto el uno del otro, que teniendo la virtud hablante y poseyendo la Vida Divina, tienen virtud de producir nuevos cielos y soles más bellos, y vientos más impetuosos, para investir los corazones y con su dulce gemido, imperante, conquistarlos.  Mira entonces hija mía cómo mi amor ha superado el amor que tuvimos en la Creación, al manifestarte tantos conocimientos sobre mi Divina Voluntad, porque en la Creación un solo cielo, un sol, etc., bastó a nuestro amor; porque queríamos desahogar todo el ahogo de nuestro amor sobre el hombre hablante, y en él queríamos crear los cielos, los soles hablantes en el fondo de su alma, pero con sustraerse de nuestro Querer Divino puso un límite a nuestro amor, y los cielos hablantes no tuvieron más vida en él, pero nuestro amor no dijo basta, a lo más hizo una pausa y esperó, pero no pudiendo contenerse más retomó su creación de los cielos y soles hablantes en la pequeña hija de mi Querer Divino.  Míralos en el fondo de tu alma, todos mis conocimientos sobre mi Fiat, todos en orden y armonía y, quién es cielo y habla, y forma otro cielo; quién es sol y habla, y mientras se hace luz y calienta forma otro sol; quién es mar y forma sus olas hablantes, y mientras habla forma otro mar para investir con sus olas hablantes a todo el mundo, y con su palabra creadora imponerse para hacerse escuchar, para llevar a todos el nuevo mar de paz y de alegría de mi Voluntad; quién es viento, y ahora con su imperio habla para derribar por tierra a los corazones más duros, y ahora habla con sus caricias para no infundir temores, ahora habla con gemidos amorosos para hacerse amar, y mientras habla forma otros vientos y su palabra corre para hacer conocer la Vida, la Potencia de mi Divino Querer; en suma, todos mis conocimientos sobre Él son una nueva creación más bella, más variada que la misma Creación, y mucho más bella porque es hablante, y su palabra es la Vida de mi Divina Voluntad que lleva a la criatura.  Por eso me siento feliz en tu alma, porque estoy en medio de mis cielos, estrellas y soles hablantes, pero mi felicidad se duplica cuando haces el sacrificio de escribir, porque veo que estos cielos hablantes saldrán fuera, y su palabra formará nuevos cielos que llevarán la Vida de mi Fiat Divino en medio a las criaturas.  Entonces el Cielo no será más extraño a la tierra, porque estos soles hablantes formarán la nueva familia celestial sobre la tierra, y su palabra pondrá en comunicación al Creador y a la criatura, los vientos de estos conocimientos pondrán en común las alegrías secretas de la Santísima Trinidad, y volviéndose propietaria de la Santidad y Felicidad divinas, todos los males desaparecerán, y Yo tendré la alegría de ver a la criatura feliz, como salió de nuestras manos creadoras”.

 

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25-19

Enero 1, 1929

 

Páginas de su vida que formarán una época.  Regalo de año nuevo

que quiere Jesús.  Circuncisión.  Decisión por parte de Dios, y

espera la decisión por parte de las criaturas.

 

(1) Estaba pensando qué cosa podía ofrecer al niño Jesús como regalo de año nuevo, y pensaba que quizá sería bueno darle de nuevo mi voluntad como un pequeño escabel para sus piecitos, o bien como entretenimiento en sus pequeñas manitas.  Pero mientras esto pensaba, mi pequeño Jesús se hacía ver en mi interior diciéndome:

(2) “Hija mía, tu voluntad ya es mía, tú ya no eres dueña de ella habiéndomela dado tantas veces, y Yo la tengo ahora como escabel, ahora como entretenimiento en mis manitas, y ahora la encierro en mi corazón como la más bella conquista y como alegría secreta que me alivia mis tantas penas.  ¿Quieres saber qué quisiera como regalo en este día?  Todos tus actos que has hecho en este año en mi Divina Voluntad, estos actos serán tantos soles que me pondrás a mi alrededor, y Yo, ¡oh! cómo estaré contento al ver que la pequeña hija de mi Querer Divino me ha dado por regalo los tantos soles de sus actos, y Yo por correspondencia te daré la gracia de duplicar estos soles de tus actos hechos en mi Querer, para darte la oportunidad de poderme ofrecer un regalo más bello y más rico”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, cada manifestación que te he hecho sobre mi Divina Volunta, es como una página de tu vida, y si tú supieras cuántos bienes encierran estas páginas, cada una de ellas es una corriente entre el Cielo y la tierra, es un sol de más que resplandecerá sobre la cabeza de todos, estas páginas serán portavoces de la patria celestial, son pasos que hace mi Querer Divino para acercarse a las criaturas, por eso estas mis manifestaciones sobre mi Querer, como páginas de vida, formarán una época para las futuras generaciones, en las cuales leerán el reino de mi Fiat, los tantos pasos que ha hecho para venir en medio de ellas, y los nuevos derechos que les cedía para hacerlos reentrar en su reino.  Mis manifestaciones son decretos, y sólo me muevo a manifestar un conocimiento cuando quiero dar aquel bien que manifiesto.  Por eso todo lo que te he dicho acerca de mi Divina Voluntad, son capitales divinos que he puesto fuera, así que serán las páginas más bellas de tu vida, que encerrarán la larga historia de mi Voluntad, y entrelazando la historia del mundo, formarán la época más bella de todos los siglos”.

(4) Después de esto estaba pensando en el dolor acerbo que sufrió el niñito Jesús en la circuncisión, apenas ocho días de nacido y se somete a un corte tan doloroso, y Jesús moviéndose en mi interior ha agregado:

(5) “Hija mía, en la primera época de su vida, Adán, pecando, hizo una herida a su alma, por donde salió mi Divina Voluntad y por donde entraron las tinieblas, las miserias, las debilidades, que formaron la polilla a todos los bienes del hombre.  Así que si bienes tiene sin mi Divina Voluntad, si acaso los tiene, son bienes apolillados, podridos, sin sustancia, por tanto sin fuerza y sin valor.  Y Yo que lo amo tanto, en los primeros días de mi vida acá abajo quise someterme a la circuncisión, sufriendo un corte durísimo, que me arrancó mis lágrimas infantiles, y en esta herida Yo abría las puertas a la voluntad humana, para hacerlas reentrar de nuevo en la mía, a fin de que esta mi herida sanase la herida de la voluntad humana y encerrara de nuevo mi Fiat Divino en ella, el cual le habría quitado la polilla, las miserias, las debilidades, las tinieblas, y en virtud de mi Fiat Omnipotente todos sus bienes quedarían rehechos y restablecidos.  Hija, desde que fui concebido y desde los primeros días de mi nacimiento, Yo me ocupaba del reino de mi Divina Voluntad, y en cómo ponerlo a salvo en medio a las criaturas; mis suspiros, mis lágrimas, mis sollozos repetidos, mis penas, todo era dirigido a restablecer el reino de mi Fiat sobre la tierra, porque sabía que por cuantos bienes le hubiera dado, el hombre no habría sido jamás feliz, ni poseído plenitud de bienes y de santidad, ni con la divisa de su creación que lo constituye rey y dominador, sino que es siempre el hombre siervo, débil, miserable.  En cambio con mi Voluntad y con hacerla reinar en medio a ellos, le habría dado de un solo golpe de fortuna todos los bienes, su morada real y su dominio perdido.  Han pasado cerca de veinte siglos y no he cesado, mis suspiros duran aún, y si tantos conocimientos de mi Divina Voluntad te he manifestado, no son otra cosa que mis lágrimas hablantes y los caracteres imborrables de mis penas y suspiros, que formando palabras se manifiestan a ti, para hacerte poner sobre el papel, con los modos más tiernos y convincentes lo que respecta a mi Querer Divino y cómo quiere reinar como en el Cielo así en la tierra.  Así que nuestra parte Divina ha decidido con decretos incancelables e imborrables, que nuestra Divina Voluntad venga a reinar sobre la tierra, y no hay quien nos aparte, y como señal de esto hemos enviado del Cielo el ejército de sus conocimientos, si esto no fuera, no valdría la pena poner en riesgo los tantos valores de una Voluntad Divina, y así como por tantos siglos han estado escondidos al hombre, así podrían continuar.  Ahora esperamos la parte de las criaturas, que tardan aún en decidirse, especialmente aquellos que difieren el ocuparse en hacer conocer los secretos de mi Querer Divino y el gran bien de sus conocimientos.  Voluntad humana, cómo me eres ingrata, espero tu decisión para darnos el beso y darte el reino que te he preparado, ¿y tú difieres aún?  Hija mía, ruega y por parte tuya no pongas ningún obstáculo a un bien tan grande, que será el desahogo más grande de nuestro Amor”.

 

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25-20

Enero 6, 1929

 

Multitud de gente que no ha llegado a debida estatura porque

está fuera de la heredad del Fiat Divino.  Donde está el Fiat

Divino está la fuerza comunicativa de los bienes divinos.

 

(1) Continúo mi habitual abandono en el Fiat Divino, y mientras seguía sus actos veía una multitud de gente, todos de baja estatura, mal nutridos, enfermizos, raquíticos y algunos llagados; en esta multitud no había ni frescura infantil, ni belleza de edad juvenil, ni dignidad de hombre maduro, parecía una revoltijo de gente sin régimen, sin alimentos suficientes, hambrientos, y que si comían no se saciaban jamás, ¡cuánta compasión despertaba esta gran muchedumbre, que parecía que fuese todo el mundo!  Yo no sabía quiénes eran, ni el significado de su naturaleza por la que ninguno había alcanzado su debida estatura, y mi amado Jesús suspirando ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, qué infeliz muchedumbre, no son otra cosa que la gran turba que se salió de la heredad paterna dada a ellos por su Celestial Padre, pobres hijos sin herencia paterna, no tienen tierras donde estar al seguro, no tienen alimentos suficientes para nutrirse y están obligados a vivir de robos, rapiña, y de alimentos sin sustancia, y por eso les resulta muy difícil el crecer a debida estatura, porque sus miembros no tienen fuerza suficiente para desarrollarse, y por eso están raquíticos, enfermos, hambrientos, sin saciarse jamás, todo lo que toman no se adapta a su crecimiento porque no son alimentos adecuados y establecidos para ellos, ni de su herencia.  Hija mía, la herencia dada por mi Celestial Padre a esta muchedumbre era mi Divina Voluntad, en Ella debían encontrar alimento para crecer a debida estatura, aire balsámico para volverlos sanos y fuertes, el cual debía pintar sobre sus rostros la frescura infantil, la belleza juvenil y la dignidad y gracia del hombre maduro, no había bien que esta herencia no poseyera, del cual el hombre debía ser el dueño, y tener a su disposición todos los bienes que quisiera, en el alma y en el cuerpo.  Por eso, en cuanto el hombre salió de la heredad de mi Divina Voluntad, no encontró más las cosas a su disposición, no fue más dueño, sino siervo y está obligado a vivir con penurias, ¿cómo puede crecer a debida estatura?  He aquí el por qué espero con tanto amor la muchedumbre de quienes deben vivir en nuestra heredad del Fiat Divino.  Nuestra Voluntad nos formará la bella muchedumbre de justa estatura, bella y fresca, que será nutrida con alimentos sustanciosos que los volverán fuertes y desarrollados y formarán toda la gloria de nuestra obra creadora.  Nuestro dolor es grande al mirar a esta turba infeliz y deformada, y en nuestro dolor repetimos:  ‘¡Ah!, nuestra obra no salió de nuestras manos creadoras enferma, sin belleza y sin frescura, sino que era un amor el sólo mirarla, nos extasiaba, tan bella era’.  Pero mientras decimos esto, nuestro amor se inflama, quiere salir fuera, y quiere poner en camino a nuestro Querer Divino para hacerlo reinar en medio a las criaturas, para restablecer bella y graciosa nuestra obra, como salió de nuestras manos creadoras”.

(3) Después seguía pensando en el Fiat Supremo, y ¡oh! cuántas cosas comprendía de Él, me parecía verlo todo majestad, todo luz, haciendo salir felicidad, fortaleza, santidad, amor, y estos desahogos formaban mares interminables que querían verterse sobre las criaturas, pero, ¡ay de mí! éstas no pensaban en recibirlos, y estos mares quedaban suspendidos sobre su cabeza.  Pero mientras mi mente estaba inmersa en el Fiat Divino, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, donde está mi Querer Divino está la fuerza comunicativa de todos los bienes divinos, y como olas impetuosas corren sobre la criatura que lo posee, nuestros desahogos de felicidad, de luz, de fuerza, etc., y tiene virtud de cambiar naturaleza a las cosas más duras, más dolorosas, más amargas, donde está mi Fiat Divino las cosas más duras se hacen blandísimas, los dolores se cambian en alegrías, las amarguras en dulzuras, la tierra se hace Cielo, los sacrificios conquistas.  Tu ejemplo es más que suficiente para convencerte de lo que te digo, mira, si no estuviese en ti mi Querer, inmovilizada como estás, por tan largos años dentro de una cama, sin ver y gozar ni sol, ni aire, ni placeres de tierra, es más, puedes decir que no los conoces, habrías sido la criatura más infeliz, ¡oh! cómo te habría sido duro y amargo tu estado.  En cambio mi Fiat Divino, poseyendo la fuente de la felicidad, desbordándose sobre de ti y corriendo hasta en la médula de tus huesos, te comunica su felicidad, y con su fuerza te adormece todos los males y te vuelve feliz, y ¿si tú supieras cómo estoy contento al verte feliz?  Pero sobre todo verte feliz no en un estado de placer, de diversión, sino confinada dentro de una cama, esto me extasía, me hace llegar a un delirio de amor, me atrae mucho a ti, y en mi delirio de amor te digo:  ‘¡Oh! prodigio de mi Fiat Divino, que vuelve feliz a mi hija en un estado en que el mundo habría gritado infelicidad, desventura, y tal vez que jamás se ha visto y menos entendido.  En cambio con mi Querer Divino es la más feliz de las criaturas, la más pacífica, la dominadora de sí misma, porque dentro de ella corre la vena de la felicidad de mi Fiat, que sabe convertir todas las cosas en gozos y felicidad sin fin’.  Hija mía, mi único contento es ver feliz a la criatura, y como lo que la vuelve infeliz es el querer humano, quitado éste, todas las infelicidades terminan, no tienen más razón de existir, pero lo que hace morir todas las infelicidades humanas es sólo mi Voluntad, delante a Ella todos los males se sienten morir, Ella es como el sol que surge en la mañana, que tiene virtud de poner en fuga las tinieblas de la noche, las tinieblas ante la luz mueren, no tienen más derecho de existir.  Así es de mi Divina Voluntad”.

 

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25-21

Enero 13, 1929

 

Los profetas.  Cómo el reino de la Redención y el del

Fiat se dan la mano.  Necesidad de que se conozca lo

que respecta al reino de la Divina Voluntad.

 

(1) Estaba siguiendo mi giro en los actos del Fiat Divino, y habiendo llegado al punto de acompañar a los profetas cuando el Querer Divino manifestaba a ellos el cómo y el cuándo de la venida del futuro Redentor, y ellos lo suspiraban con lágrimas, oraciones y penitencias, y yo haciendo mío todo lo que ellos hacían, siendo todo esto frutos del eterno Fiat Divino, lo ofrecía para pedir su reino sobre la tierra, pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, cuando un bien es universal y debe y puede llevar bien a todos, es necesario que pueblos enteros, y si no en todos, en gran parte, sepan el bien que deben recibir, y con las oraciones, suspiros, deseos y obras impetren un bien tan grande, de manera que el bien que quieren quede concebido primero en las mentes, en los suspiros, en los deseos, en las obras y hasta en los corazones, y después les viene dado en realidad el bien que suspiraban.  Cuando un bien que se debe recibir es universal, se requiere la fuerza del pueblo para conseguirlo, en cambio cuando es individual o local, puede bastar uno para obtener el intento.  Así que antes de venir sobre la tierra y quedar concebido en el seno de la Soberana del Cielo, puedo decir que fui concebido en las mentes de los profetas, y Yo confirmaba y daba valor a esta especie de concepción en ellos, con mis manifestaciones del cuándo y del cómo debía venir sobre la tierra para redimir al género humano.  Y los profetas, fieles ejecutores de mis manifestaciones, hacían de heraldos, manifestando con sus palabras a los pueblos lo que Yo había manifestado de mi venida a la tierra y concibiéndome en las palabras de ellos hacían volar de boca en boca la noticia de que el Verbo quería venir a la tierra, con esto no sólo quedaba concebido en la palabra de los profetas, sino también quedaba concebido en la palabra del pueblo, de modo que todos hablaban de ello y rogaban y suspiraban al futuro Redentor.  Y cuando fue difundida en los pueblos la noticia de mi venida sobre la tierra, y un pueblo casi entero, a cuya cabeza estaban los profetas, rogaba, suspiraba con lágrimas y penitencias quedando en la voluntad de ellos como concebido, entonces hice venir a la vida a la Reina en la cual debía concebirme en realidad, para hacer el ingreso en un pueblo que desde hacía cuarenta siglos me suspiraba y me deseaba.  Qué delito no habrían cometido los profetas si hubiesen ocultado, escondido en ellos mismos mis manifestaciones sobre mi venida, habrían impedido mi concepción en las mentes, en las oraciones, palabras y obras del pueblo, condición necesaria para que Dios pudiera conceder un bien universal, como era mi venida a la tierra.

(3) Ahora hija mía, el reino de la Redención y el reino de mi Fiat Divino se dan la mano, y siendo también éste un bien universal, que queriendo, todos pueden entrar en él, es necesario que su noticia la sepan muchos y quede concebido en las mentes, en las palabras, en las obras y corazones de muchos, a fin de que se dispongan con las oraciones, con los deseos y con una vida más santa, a recibir el reino de mi Divina Voluntad en medio de ellos; si la noticia no se divulga, mis manifestaciones no hacen de heraldos, ni vuelan de boca en boca los conocimientos sobre mi Fiat Divino que formarán la concepción de Él en las mentes, oraciones, suspiros y deseos de las criaturas, mi Querer Divino no hará el ingreso triunfal de venir a reinar sobre la tierra.  Cómo es necesario que los conocimientos sobre mi Fiat se conozcan, y no sólo eso, sino que se haga conocer que mi Divina Voluntad ya quiere venir a reinar como en el Cielo así en la tierra en medio a las criaturas; y a los sacerdotes, como nuevos profetas les toca el trabajo, y con la palabra, con lo escrito y con las obras, hacer de heraldos para hacer conocer lo que concierne a mi Fiat Divino.  No será menor su delito que el de los profetas si éstos hubiesen escondido mi Redención.  Con no ocuparse por cuanto puedan de lo que respecta a mi Divina Voluntad, ellos serán la causa de que un bien tan grande no sea conocido ni recibido por las criaturas, y sofocar el reino de mi Divina Voluntad, tener suspendido un bien tan grande que no hay otro similar a él, ¿no es acaso un delito?  Por eso te recomiendo, por parte tuya, no omitir nada, y ruega por aquellos que se deben ocupar en hacer conocer tanto bien”.

(4) Después ha agregado con un acento más tierno y afligido:  “Hija mía, ésta era la finalidad por la cual permitía la necesidad de la venida del sacerdote, a fin de que tú pusieras en ellos como sagrado depósito todas las verdades que te he dicho acerca de mi Fiat Divino, y ellos fuesen atentos y ejecutores fieles de lo que Yo quiero, esto es, que hagan conocer el reino de mi Divina Voluntad; puedes estar segura que no habría permitido su venida si no fuese por cumplir mis grandes designios sobre la familia humana.  Y así como en el reino de la Redención dejé a mi Mamá Reina en medio de los apóstoles, a fin de que junto con Ella, ayudados y guiados por Ella pudiesen dar el principio al reino de la Redención; y porque la Soberana Celestial sabía de él más que todos los apóstoles, era la más interesada, se puede decir que lo tenía formado en su materno corazón, así que podía muy bien instruir a los apóstoles en las dudas, en el modo, en las circunstancias, era el verdadero sol en medio de ellos, bastaba una palabra suya para hacer que mis apóstoles se sintieran fuertes, iluminados y reafirmados.  Así para el reino de mi Fiat Divino, habiendo puesto en ti el depósito de él, te tengo aún en el exilio a fin de que como nueva madre, pudiesen los sacerdotes tomar de ti lo que puede servir de luz, de guía, de ayuda, para dar principio a hacer conocer el reino de mi Divina Voluntad.  Pero viendo el poco interés, si supieras cuánto sufro, por eso reza, reza”.

 

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25-22

Enero 20, 1929

 

Cómo la Creación es un ejército divino.

Donde está el Divino Querer hay vida perenne.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, y siguiendo sus actos que hizo en toda la Creación, quería dar la gloria a mi Creador que cada cosa creada contenía, porque a pesar de que cada cosa creada es gloriosa, noble, santa, de origen divino, porque es formada por el Fiat creador, pero cada cosa posee una propiedad distinta la una de la otra, de modo que cada una da su gloria a Aquél que la ha creado.  Entonces, mientras mi pequeña y pobre inteligencia se perdía en la Creación, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, cada cosa creada tiene su oficio especial, según como Dios las ha creado, y todas me son fieles en el oficio que cada una posee, dándome gloria continua y distinta la una de la otra; la Creación es mi ejército divino, unida e inseparable mientras son distintas, y todas corren sin detenerse jamás con el único fin de glorificar a su Creador.  Es como un ejército:  quién la hace de general, quién de capitán, quién de oficial, y quién de pequeño soldado, todos atentos a servir al rey, cada uno en su puesto, en perfecto orden y fieles al ejercicio de cada oficio.  Poseyendo cada cosa creada un acto de mi Voluntad Divina, esto le basta para mantenerse en su puesto en orden perfecto, siempre bellas y siempre nuevas y en acto de glorificar a Aquél que las creó.  Donde está mi Voluntad Divina hay vida perenne, armonía y orden, firmeza inquebrantable, sin que ningún evento pueda apartarla de su puesto y todos felices en el oficio que cada uno posee.  Así habría sido el hombre si la voluntad humana no me lo hubiera arrancado de mi Voluntad, un bello ejército, todo ordenado y cada uno en su oficio, feliz y en acto de glorificarme siempre, y mientras glorificaba a su Creador quedaba él glorificado.  Por eso quiero que mi Fiat Divino regrese a reinar en medio a las criaturas, porque quiero mi ejército, todo ordenado, noble, santo, y con la marca de la gloria de su Creador”.

 

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25-23

Febrero 3, 1929

 

Reconocer la Creación y Redención, es reconocer el dominio

divino. Estrechas uniones que hay entre el Cielo y quien vive en

la Voluntad Divina, y cómo quien vive en Ella es todo una unidad.

 

(1) Mi pobre y pequeña alma nada en el mar amarguísimo de la privación de mi dulce Jesús, y sintiéndome privada de Él, me siento más que nunca suspirar por la patria celestial.  ¡Oh, cómo es amarga la tierra sin Jesús, junto con Él es más soportable, pero sin Él, de hecho no se puede vivir, y si no fuera porque junto al mar de su privación corre más extenso el mar del Fiat Divino, que con su luz disminuye en parte la dureza e intensidad del dolor de la privación de Jesús, quién sabe desde hace cuánto tiempo habría, por la fuerza del dolor, emprendido el vuelo a las regiones celestiales, pero ¡Fiat!, ¡Fiat!  Después estaba siguiendo mi giro en la Creación y Redención, llamando en mi mente a todos los actos hechos por Dios para seguirlos, dando por cada uno de los actos los homenajes, la adoración, el amor, el agradecimiento debidos.  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, con llamar a los actos de la Creación y Redención para conocerlos, seguirlos y honrarlos, la criatura no hace otra cosa que reconocer el dominio divino en todas las cosas, y mi Divino Querer se siente dar los honores, los homenajes a Él debidos, y atraído forma su reino en medio a las criaturas”.

(3) Después de esto sentía que no podía más sin Jesús, me faltaban las fuerzas, estaba de tal manera abatida, que si mis penas internas se pudieran ver habría hecho llorar al Cielo y a la tierra por compasión, pero creo que el Fiat Divino, así como con su Luz me eclipsa a mi dulce Jesús, así eclipsa mis penas, de modo que ninguno sabe nada de mi duro martirio, es un secreto que existe sólo entre mí, Jesús y el Santo Querer Divino, todos los demás ninguno sabe nada, y mirándome bajo la Luz del Fiat, tal vez me crean la más feliz de las criaturas,  ¡Oh! potencia de la Divina Voluntad que sabes cambiar las cosas, y donde estás Tú haces ver todo bello y bueno, más bien con tu luz adornas las penas y las haces ver como perlas raras y preciosas, que encierran dentro mares de alegría y de felicidad, cuántas cosas sabes hacer; ¡oh! Voluntad Divina, bajo tu imperio de luz no se puede hacer otra cosa que callar, amarte y seguirte.  Pero mientras mi pequeña mente se perdía en su luz y bajo la opresión tremenda de la privación de Jesús, en cuanto lo he sentido moverse en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, ánimo, no te abatas, todo el Cielo está fijo sobre ti, y sienten por la fuerza irresistible de mi Fiat tal unión contigo, que no pueden hacer menos que mirarte, amarte y concurrir a todos tus actos.  Tú debes saber que los ángeles, los santos, la Soberana Reina, todos son una unidad, no otra cosa es su ser, que un acto solo de Divina Voluntad, así que no se ve otra cosa en cada uno de ellos que Voluntad Divina, el pensamiento, la mirada, la palabra, la obra, el paso, así que no se ve otra cosa que Fiat, Fiat, y esto constituye toda la plenitud de la felicidad de todos los santos.  Ahora, quien hace y vive en mi Voluntad en la tierra, es similar a los habitantes del Cielo, esto es, toda una unidad, y forma un solo bloque con ellos, de modo que si el alma viadora piensa, los santos piensan junto; si ama, si obra, aman y obran junto, hay tal unión entre esta alma y el Cielo, que forman todos juntos un solo acto de mi Voluntad, tanto, que todos los habitantes celestiales están a la espía para ver lo que hace la criatura en la tierra para hacer que nada se le escape.  Mi Divina Voluntad donde reina tiene su Cielo y tiene virtud de raptar el Cielo a la tierra y la tierra al Cielo, y de formar una sola cosa.  Por eso, ánimo, no te abatas, piensa que tienes que obrar con un Querer Divino, y esto debería volverte contenta”.

 

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25-24

Febrero 10, 1929

 

Quien vive en el Querer Divino le presta su nada, y el Fiat se

sirve de esa nada como espacio para ejercitar su creación.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir todos los actos que el Fiat Divino ha hecho y está continuando en ella, y no sólo eso, sino que mi pobre mente iba buscando todo lo que el Querer Divino había hecho en Adán y en todas las generaciones, antes y después de la Redención.  Me parecía que todos los actos hechos por la Divina Voluntad, tanto en la Creación como en las criaturas, eran más que soles a los cuales debía seguir, abrazar y hacerlos míos, y si bien lo hacía, mi pobre corazón no podía hacer menos de sentir las torturas de la privación de mi sumo bien Jesús, y Él, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, en quien vive en mi Divina Voluntad y sigue sus actos, mi Fiat continua su creación, y en cada acto de mi Fiat que la criatura sigue, Él se pone en actitud de formar sus creaciones, y mi Fiat Divino sólo está contento cuando ve en el alma que vive en Él, alineados y ordenados todos sus actos, como una nueva creación, y por lo tanto un nuevo cielo, un nuevo sol, un mar más bello, una floración más sorprendente.  Y después, como el acto de crear al hombre fue el más bello, el más tierno, hecho en una hoguera de amor, el más intenso, quiere repetir sobre la criatura que vive en mi Querer los actos que  hicimos en el acto de crear al hombre y, ¡oh! cómo se pone en fiesta mi Fiat al repetir sus actos, porque solamente en quien vive en Él puede tener su acto de siempre crear cosas que ha hecho y cosas nuevas, porque el alma le presta su nada escombrada, donde mi Querer se sirve de ella como espacio para crear lo que quiere, casi como se sirvió del vacío del universo para extender el cielo, para crear el sol, poner límites al mar, para dar lugar a la tierra de formar sus bellas floraciones.  Es esta la causa por la que tú giras en los actos de mi Fiat, y en tu mente pasan como tantas olas de luz, en las cuales tú sigues y sientes impresa en ti, como tantas escenas, la creación del hombre en acto de ser creado, la Reina del Cielo en acto de ser concebida, el Verbo que desciende, y tantos otros actos hechos por mi Querer y la Potencia de mi Fiat creador que quiere siempre hacer, siempre dar, sin cesar jamás.  Por eso sé atenta, que se trata de mucho, nada menos debes estar en acto de recibir sobre ti el acto continuado de mi Querer creante; Él no sentirá haber cumplido su trabajo en ti si no ve todos sus actos encerrados en tu alma como testimonio y triunfo de su reinar en ti.  Por eso toda su atención es mirar si todos sus actos tienen vida en ti; pero, ¿sabes cómo vienen creados estos actos en ti?  Tú, con llamarlos, con reconocerlos y amarlos, y mi Querer con pronunciar su Fiat sobre tu llamado y sobre tu amor, forma la vida de sus actos en ti, y es tanta la continuidad de su trabajo en ti, que no se detiene ni siquiera al verte torturada por el dolor de mi privación, porque tiene mucho que hacer, y por eso sigue adelante, y Yo lo dejo hacer, porque tú y Yo en todo debemos cederle el primado a nuestro Querer, por el justo triunfo de su causa, para darle campo de formar su reino”.

 

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25-25

Febrero 17, 1929

 

El alma que vive en el Divino Querer es

inseparable de Él.  Ejemplo de la luz.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en los actos del Fiat Divino, pero con una opresión que me quitaba la vida por las acostumbradas privaciones de mi dulce Jesús.  Todo era fatiga y amargura indecible, me parecía que aquella Divina Voluntad que me daba la vida y que posee mares inmensos de luz, de alegría, de felicidad sin término, para mí se habían atravesado nubes de opresión y de amarguras por las privaciones de Aquél que, habiendo vivido y crecido tanto tiempo juntos, ahora su ausencia me forma las nubes para amargarme la luz y la felicidad de su misma Divina Voluntad.  ¡Oh Dios, qué pena!  Pero mientras seguía los actos del Fiat Divino en este estado, mi amado Jesús moviéndose apenas en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, no te oprimas demasiado, tú debes saber que quien vive en mi Divina Voluntad es inseparable de Ella y de Mí.  Ella es similar a la luz, la cual contiene luz, calor y colores, los cuales, si bien distintos entre ellos, sin embargo son inseparables, la luz no puede ni estar, ni puede tener vida sin el calor, el calor no puede tener vida sin la luz, y los colores vienen formados por la fuerza de la luz y del calor, el uno no puede estar sin el otro, una es la vida, una es la fuerza.  La luz, el calor y los colores comienzan la vida juntos, la continúan sin separase jamás, y si deben morir, todos de un golpe terminan la vida.  Así es la inseparabilidad del alma que vive en mi Divina Voluntad, ella es inseparable de Mí y de todos los actos de mi Fiat Divino, ella entra en la vida de la luz y del calor de mi Querer Divino, y adquiere la vida de su luz y de su calor, y así como su acto incesante, se puede llamar a la multiplicidad e infinitud de sus actos, colores que produce mi Divina Voluntad, así el alma forma un solo acto con Ella.  Tú debes saber que es tal y tanta la inseparabilidad de quien vive en mi Divino Querer, que cuando la eterna Sabiduría creaba el cielo, el sol y todo el universo, tú estabas junto Conmigo y corrías en mi Fiat Divino como luz, calor y colores; me habría cuidado muy bien de hacer un solo acto de mi Voluntad sin mi pequeña hija, o de quien viva en Ella, sería como si me faltase la fuerza de la luz, del calor y de los colores, esto no me puede faltar, y por eso eres inseparable de Mí, por eso ánimo y no te oprimas”.

(3) Entonces yo al oír esto le he dicho:  “Amor mío, si esto fuera, que en todos los actos de tu Divina Voluntad entro yo en medio, Adán antes de pecar poseía tu Fiat, así que cuando él pecó también yo estaba, y esto no me gustaría”.  Y Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, tú debes saber que en mi Divina Voluntad está el acto permisivo y el acto querido; en la caída de Adán estuvo el acto permisivo, pero no querido por Ella; y en el acto permisivo la luz, el calor y multiplicidad de los colores de mi Divina Voluntad se ponen a un lado y quedan intangibles, sin mezclarse en el acto humano, en cambio en el querido forman un solo acto y una sola cosa.  ¿Queda tal vez manchada la luz del sol porque pasa sobre inmundicias?  Ciertamente que no, la luz queda siempre luz y las inmundicias quedan inmundicias, es más, la luz triunfa sobre todo y queda intangible a todo, sea que la pisen, sea que invista las cosas más sucias, porque en su vida de luz no entran cosas extrañas a la luz.  Más que sol es mi Divina Voluntad, Ella, como luz corre en todos los actos humanos, pero queda intangible de todos los males de las criaturas, y sólo entra en Ella quien quiere ser luz, calor y colores, todo lo demás no le pertenece, esto es, quien quiere vivir sólo y siempre de su Divina Voluntad.  Por eso puedes estar segura que tú no entraste en la caída de Adán, porque no fue su caída un acto de luz, sino de tinieblas, las cuales una hace huir a la otra”.

 

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25-26

Febrero 22, 1929

 

Cuando Luisa escribe, el Querer Divino es el que dicta,

se hace actor y espectador.  Orden ordinario y orden

extraordinario que tiene la Divinidad en la Creación.

                                              

(1) Estando en la máxima amargura de la privación de mi dulce Jesús, estaba escribiendo lo que está escrito arriba, y si bien lo hacía con un esfuerzo increíble debido al estado en que me encontraba, sin embargo lo quería hacer para darle como un último testimonio de homenaje a aquel Fiat que con tanto amor se había manifestado conmigo, y ahora, aunque tanto escasea en su decir, no quiero que las pequeñas gotitas de luz que me manifiesta queden perdidas.  Y pensaba entre mí:  “¿Quién sabe y no sea la última gotita de luz que pongo sobre el papel?”  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús ha salido de dentro de mi interior y poniéndome los brazos al cuello me ha estrechado fuertemente en sus brazos y me ha dicho:

(2) “Hija mía, en cuanto te has puesto a escribir me he sentido atraer tan fuerte, que no he podido resistir, de modo que desbordando de ti mi Fiat, me ha puesto fuera para dirigir, mientras tú escribes, lo que te he manifestado sobre mi Querer Divino, esto es un empeño, es derecho sagrado y divino que Él tiene, de ser el actor, el que dicta y el espectador mientras tú escribes, a fin de que todo sea luz y verdades sorprendentes, en modo que se pueda conocer a claras notas los rasgos divinos de mi Voluntad.  Crees que seas tú la que escribe, no, no, tú no eres otra cosa que la parte superficial; la sustancia, la parte primaria, la que dicta, es mi Divina Voluntad, y si tú pudieras ver la ternura, el amor, las ansias con las cuales pone su Vida mi Fiat sobre estas hojas, tú te morirías destrozada de amor”.

(3) Dicho esto se ha retirado en mi interior, y yo como reanimándome del encantamiento de Jesús continué escribiendo, pero me sentía toda luz, sentía que todo se me sugería, que se me ponían las palabras en la boca, yo no sé decir lo que sentía al escribir.  Después de haber terminado de escribir me he puesto a rezar, pero con el clavo en el corazón porque no sabía cuando regresara nuevamente Jesús, y me lamentaba porque aún no me lleva al Cielo.  Entonces recordaba las tantas veces que me había puesto en condiciones de fin de vida, como si estuviera en acto de atravesar las puertas del Cielo, y mientras estaban en acto de abrirse para recibirme en la beata morada, la obediencia se había impuesto sobre mi pobre existencia y cerrándome las puertas era obligada a permanecer en el duro exilio de la vida.  ¡Oh, cómo, si bien santa, es cruel y casi tirana la bendita obediencia en ciertas circunstancias!  Y pensaba entre mí:  “Quisiera saber si ha sido la obediencia o bien no ha llegado el punto final de mi existencia acá abajo”.  Pero mientras esto pensaba y tantas otras cosas se amontonaban en mi mente, con una amargura indecible que parecía que me envenenaba, mi Sumo Bien Jesús, mi amada Vida me ha sorprendido y haciéndose ver de nuevo me ha dicho:

(4) “Hija mía, debes saber que en nuestra Divinidad está el orden ordinario para toda la Creación, y esto no es cambiado por cualquier incidente ni un punto, ni un minuto antes, ni un minuto después, la vida termina cuando está establecido por Nosotros, somos inmutables a este respecto; pero también  en Nosotros está el orden extraordinario, y como somos dueños de las leyes de toda la Creación, tenemos el derecho de cambiarlas cuando queremos.  Pero si las cambiamos debe entrar dentro una gran gloria nuestra y un bien grande a toda la Creación, no por cosas pequeñas cambiamos nuestras leyes.  Ahora hija mía, tú sabes que la obra más grande es establecer el reino de mi Voluntad Divina sobre la tierra, hacerlo conocer, no hay bien que la criatura pueda recibir si no lo conoce, que maravilla entonces es la tuya si hemos cedido a la obediencia para no hacerte morir.  Mucho más que tú por la conexión que tienes con mi Fiat Divino entras en el orden extraordinario, y siendo cada conocimiento de mi Querer Divino tantas Vidas Divinas salidas de nuestro seno, se necesitaba el sacrificio de tu vida para recibirlas y la privación del mismo Cielo, del cual te arrancaba la obediencia.  Además de esto, siendo mi Divina Voluntad, sus conocimientos, su reinar, no sólo el más grande bien a la tierra, sino la gloria completa a todo el Cielo, todo el Cielo rogaba que cedieras a las oraciones de quien te ordenaba, y Yo por atención de mi Querer, mientras te abría las puertas, cedía a sus oraciones.  ¿Crees tú que Yo no conozco tu gran sacrificio, tu martirio continuado de estar lejana de la patria celestial y sólo por cumplir mi Querer en quien te ordenaba, y que este sacrificio me ha arrancado las tantas vidas de los conocimientos de mi Fiat?  Y además, se necesitaba un alma que conociera el Cielo y cómo se hace mi Voluntad Divina en la morada celestial, para poder confiar sus secretos, su historia, su vida, y que apreciándolos hiciera de ellos vida propia y que estuviera dispuesta a sacrificar su vida, para hacer que otros pudiesen conocer un bien tan grande”.

(5) Jesús ha hecho silencio y yo sintiéndome sufriente me lamentaba y reprochaba a Jesús porque no me llevaba con Él al Cielo, y Él:

(6) “Animo hija mía, falta poco de los escritos sobre mi Fiat Divino, mi mismo silencio dice que estoy por cumplir las grandes manifestaciones del Evangelio del reino de mi Divina Voluntad.  Esto hice en el reino de la Redención, los últimos días de mi vida no agregué más, más bien me escondí, y si alguna cosa dije era repetición para confirmar lo que había dicho, porque era suficiente lo que había dicho para hacer que todos pudiesen recibir el bien de ser redimidos, sólo quedaba que lo aprovecharan.  Así será del reino de mi Divina Voluntad, cuando haya dicho todo, de modo que nada pueda faltar para poder recibir el bien de conocerlo y para poder poseer todos sus bienes, entonces no tendré más interés de tenerte sobre la tierra, quedará a ellos el aprovecharlo”.

 

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25-27

Febrero 27, 1929

 

Cómo todos los santos son los efectos de la Divina

Voluntad, en cambio quien viva en Ella poseerá su Vida.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Supremo es continuo, y mientras buscaba seguir por cuanto podía los actos del Querer Divino, abrazando todo y a todos, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, toda la Creación, todos los santos, no son otra cosa que los efectos de mi Divina Voluntad, Ella, si habla crea y forma las obras más bellas, cada pequeño movimiento suyo son perfumes de prodigios que pone sobre las criaturas, su pequeño aliento arroja variedad de bellezas sobre quien lo recibe, verdadera imagen del sol, que sólo con que invista la tierra, con su toque de luz da las tantas variedades de los colores, de dulzuras a todas las plantas.  Ninguno puede negar que sólo conque se haga tocar por su luz, no ha recibido el bien que ella contiene.  Más que sol es mi Divina Voluntad, con solo que se hagan tocar, su toque milagroso debe producir un bien, que perfumándolo y calentándolo con su luz le hará sentir sus benéficos efectos de santidad, de luz y de amor.  Ahora, los efectos de mi Fiat son dados a quien hace mi Divina Voluntad, quien adora sus disposiciones, quien con paciencia soporta lo que Ella quiere, haciendo así la criatura reconoce que existe esta Voluntad Suprema, y Ella, viéndose reconocida, no le niega sus admirables efectos; en cambio quien debe vivir en mi Divino Querer, debe poseer en sí toda la Vida y no sólo los efectos, sino la Vida con todos los efectos de mi Fiat Divino.  Y como no hay santidad pasada, presente y futura en que mi Divina Voluntad no haya sido la causa primaria, en todas las especies de santidad que hay, por eso Ella retiene en Sí todos los bienes y efectos de santidad que ha sacado a la luz del día, así que en el alma que viva en mi Querer, poseyendo su Vida con todos sus efectos, se verán juntas en ella todas las santidades que ha habido y ella podrá decir:  ‘Los otros han hecho una parte de la santidad, yo en cambio he hecho todo, he encerrado todo en mí, lo que ningún santo ha hecho’.  Por tanto se verá en ella la santidad de los antiguos, la de los profetas, la de los mártires, se verá la santidad de los penitentes, las santidades grandes y las pequeñas, y no sólo eso, sino que se verá toda la Creación pintada en ella, porque mi Divina Voluntad nada pierde con sacar sus obras, porque mientras las pone fuera las retiene en Sí como fuente primaria.  Por eso quien vive en Ella, no hay cosa que haya hecho o que hará mi Divino Querer que ella no tendrá en posesión.  Qué encanto y estupor no sería si una criatura pudiese encerrar dentro de sí toda la esfera del sol con toda su luz, ¿quien no diría que ella contiene todos los efectos, los colores, la dulzura, la luz que el sol ha dado y dará a toda la tierra y a todas las plantas, grandes y pequeñas?  Si esto pudiera ser, se asombrarían Cielo y tierra, y todos reconocerían que cada uno de sus efectos que poseen están encerrados en aquella criatura que posee la esfera del sol, porque está la vida con todos los efectos; pero humanamente hablando esto no podría suceder, porque la criatura no podría contener ni la fuerza de toda la luz del sol ni de su calor, quedaría quemada, ni el sol tendría virtud de no quemarla; en cambio mi Voluntad tiene virtud de encerrarse, de empequeñecerse, de engrandecerse, como se quiera hacer se hace, y mientras transforma en Sí a la criatura, la conserva en vida, y dándole todas sus tintas de belleza la vuelve dominadora y poseedora de sus dominios divinos.  Por eso sé atenta hija mía, reconoce el gran bien de la Vida de mi Fiat en ti, que mientras te posee, te quiere volver poseedora de todo lo que a Él pertenece”.

Después de esto ha agregado:

(3) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino no se aparta jamás de los modos de su Creador y de ser nuestra repetidora, porque mientras es una nuestra esencia, una la Voluntad, una la Vida, uno el amor, una la potencia, pero somos distintos en las Tres Personas, así el alma que vive en Ella, uno es su latido, y en cada latido forma tres actos, uno abraza a Dios, el segundo abraza a todas las criaturas, el tercero a sí misma; y así si habla, si obra, en cada cosa que hace forma estos tres actos, que haciendo eco a la Potencia, Sabiduría y Amor de Aquél que la ha creado, abraza todo y a todos”.

 

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25-28

Marzo 3, 1929

 

La Divina Voluntad está siempre en acto de renovar lo que hizo

en la creación del hombre.  Ella contiene la virtud cautivadora.

 

(1) Estaba continuando mi giro en el Fiat Divino, y deteniéndome en el Edén, adoraba a la Voluntad Suprema en el acto de crear al hombre, para unirme a aquella unión de voluntad que existía entre Creador y criatura cuando fue creada.  Y mi sumo Bien Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, la creación del hombre fue el acto más bello, más solemne de toda la Creación.  En la plenitud del arrebato de nuestro Amor creante, nuestro Fiat creaba en Adán a todas las otras criaturas, y en él quedaba en acto de crear siempre y de renovar sobre cada criatura lo que hicimos sobre el primer hombre.  Porque todos sus descendientes, de él debían tener su origen, y por eso nuestro Querer Divino tomaba el empeño de que conforme las criaturas salían a la luz, renovar nuestros desahogos de amor, poner fuera todas nuestras cualidades divinas y hacer nuevos desahogos de bellezas, de gracias, de santidad, de amor sobre cada una de ellas.  Así que cada criatura debía ser una nueva fiesta para Nosotros, la bien salida, la bienvenida, y la feliz agregada en la familia celestial.  ¡Oh! cómo nuestro Fiat Divino gozó al ponerse en acto de dar siempre a la criatura y de renovar la magnificencia, la sublimidad y la insuperable maestría que debía tener sobre de cada criatura!  Pero como Adán se salió de nuestro Querer Divino, sus descendientes perdieron el camino para venir al primer acto de la creación del hombre, y aunque nuestro Querer Divino no ha interrumpido su acto, porque Nosotros cuando decidimos hacer un acto no hay quién nos aparte, así que está siempre en acto de renovar los prodigios de la Creación, pero a pesar de esto no encuentra sobre quién renovarlos, y espera con una firmeza y paciencia divina que la criatura regrese en su Querer para poder renovar su acto, siempre en acto de poder repetir lo que hizo en la creación del hombre.  Y aunque espera a todos, encuentra sólo a su pequeña hija, la recién nacida en mi Querer Divino, que cada día entra en el primer acto de la creación del hombre, cuando nuestro Ser Divino hizo desahogo de todas nuestras cualidades divinas para hacer del hombre el pequeño rey y nuestro hijo inseparable, embelleciéndolo con nuestras divisas divinas, para hacer que todos lo conocieran como el más grande portento de nuestro Amor.  ¡Hija mía, si supieras con cuánto amor espera que cada día tú hagas tu pequeña visita en aquel edén donde nuestro Fiat, llevado por un ímpetu de amor se puso en actitud de fiesta para crear al hombre!  ¡Oh, cuántos actos reprimidos tiene en sí, cuántos suspiros de amor sofocados, cuántas alegrías contenidas, cuántas bellezas encerradas en sí, porque no hay quién entre en este su acto creante para tomar los bienes inauditos que quiere dar!  Y viéndote a ti que en su mismo Querer Divino tienes el camino para llegar al acto de la creación del hombre, ¡oh! cómo se alegra y se siente atraído como por un potente imán para hacerse conocer por las criaturas, a fin de que haciendo reinar mi Divina Voluntad en medio de ellas, encuentren el camino para llegar al primer acto de la creación del hombre, para no tener más reprimidos en sí los bienes que quiere dar a las criaturas.  ¡Oh! si supieran las criaturas cuántos nuevos actos creantes, uno más bello que el otro, está por crear y sacar de sí mi Fiat Divino para verterlos sobre cada una de ellas, cómo se apresurarían por entrar en mi Querer para recomenzar su vida en Él y recibir sus bienes infinitos”.

(3) Después seguía al Santo Querer Divino y pensaba entre mí:  “¿Pero será verdad que yo poseo este Fiat tan santo?  Es verdad que siento que no sé querer ni desear otra cosa, y como un mar que regurgita dentro y fuera de mí, que me envuelve toda en este Fiat Divino y todas las otras cosas siento que no me pertenecen, ¿pero quién sabe si de veras lo poseo?”  Mientras esto pensaba, mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la señal si un alma posee mi Querer es sentirse dominante de sí misma, de modo que sus pasiones no osan moverse, ante la Luz de mi Fiat se sienten impotentes de obrar, como si no tuvieran vida, porque la potencia y santidad de mi Querer todo derriba, y extiende sobre las mismas miserias de la voluntad humana su luz, su santidad, y las más bellas florituras, de modo que convierte admirablemente las mismas miserias en tierra fecunda y bendita, que no sabe producir más espinas sino flores celestiales, frutos dulces y maduros.  Y es tanto el dominio de esta afortunada criatura, que se siente propietaria de Dios mismo, de las criaturas y de todas las cosas creadas; tiene una virtud fascinante, que quien tiene el bien de conocerla, se siente de tal manera unida, que no puede estarse lejano.  Es la Potencia de mi Fiat, que encerrada dentro de ella fascina a Dios y se siente feliz de estarse encerrado en ella; fascina a las criaturas, porque sienten el perfume balsámico de mi Fiat Divino que lleva a sus corazones la paz verdadera y el verdadero bien.  ¿Qué no harían algunos por tener una palabra de ti, que como vida descienda en sus corazones?  Por eso sé atenta y sigue siempre tu vuelo en mi Divina Voluntad”.

 

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25-29

Marzo 8, 1929

 

La Creación es la banda celestial.  El Fiat posee la virtud generativa.

 

(1) Continúo girando en los actos del Fiat Divino, y reuniendo toda la Creación, y pidiendo en cada cosa que venga a reinar el Querer Divino sobre la tierra, las llevaba todas juntas a mi Creador para darle la gloria de toda la Creación y decirle:  “Majestad adorable, escucha, te ruego, el cielo, las estrellas, el sol, el viento, el mar y toda la Creación, te piden que tu Fiat venga a reinar sobre la tierra, haz que una sea la voluntad de todos”.  Pero mientras esto hacía, mi adorable Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, toda la Creación forma la banda celestial, porque cada cosa creada contiene la luz, la potencia de mi palabra Fiat, que produce la más bella música.  Y así como cada cosa creada es diferente de las otras, así mi Querer Divino, conforme las creaba con su palabra creadora, como las hacía diferentes una de la otra, ponía en ellas un sonido distinto, como tantas notas para formar el más bello concierto que ninguna música terrena puede imitar.  La multiplicidad de los sonidos con las notas correspondientes es tanta, por cuantas son las cosas creadas, así que el cielo contiene un sonido, cada estrella tiene su sonido distinto, el sol tiene otro, y así todo lo demás.  Estos sonidos no son otra cosa que la participación de la armonía que posee mi Divina Voluntad, porque Ella en cuanto pronuncia su Fiat, poseyendo la virtud generativa, comunicativa y fecundadora, dondequiera que se pronuncia deja sus bellas cualidades de luz, de belleza y de armonía inalcanzable.  ¿No es tal vez su virtud comunicativa la que ha comunicado tanta belleza, orden y armonía a todo el universo, y que sólo con su soplo alimenta a toda la Creación, manteniéndola  fresca y bella como la creó?  ¡Oh! si las criaturas se hicieran alimentar por el soplo de mi Fiat Omnipotente, todos los males no tendrían más vida en ellas, su virtud generativa y alimentadora les comunicaría la luz, la belleza, el orden y la armonía más bella.  ¿Qué cosa no puede hacer y dar mi Fiat?  Todo.  Ahora hija mía, conforme tú recogías todas las cosas creadas para llevárnoslas como el homenaje más bello, para pedirnos nuestro reino sobre la tierra, teniendo cada cosa en sí, como propiedad, las notas y el sonido, pronto han comenzado su música, tan bella y armoniosa que nuestra Divinidad ha escuchado con atención y ha dicho:  ‘La pequeña hija de nuestro Fiat nos trae nuestra banda celestial, y en su sonido nos dicen, venga el reino de nuestro Querer Divino sobre la tierra.’  Oh, cómo nos suena agradable, cómo desciende hasta lo íntimo de nuestro seno divino, y todo nos mueve a compasión por tantas criaturas sin la Vida de nuestro Fiat.  ¡Ah! sólo quien vive en Él puede mover Cielo y tierra y subir a nuestras rodillas paternas para arrancarnos un bien tan grande, cual es el Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra”.

(3) Después de esto, seguía a la Divina Voluntad en los múltiples efectos que produce en toda la Creación, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, mi Fiat con un solo acto produce tantos efectos, que sostiene toda la Creación; el acto de Él es la vida que da para formar cada una de las cosas creadas, los efectos son los alimentos que suministra como tantos diversos alimentos a cada cosa para mantenerlas bellas y frescas como las ha creado; así que mi Divina Voluntad es la sostenedora, la alimentadora y la vivificadora de toda la Creación.  Ahora, quien vive en mi Querer Divino, junto con Ella sostiene, alimenta y vivifica todas las cosas creadas, es la inseparable de mi Fiat.  La criatura en cuanto obra en Él adquiere el soplo, y soplando junto con mi Fiat mantiene siempre en vida lo que una vez fue hecho, es más, tiene virtud de vivificar y llamar a vida a los tantos actos de mi Voluntad, a los cuales la voluntad humana ha dado la muerte; porque Ella tiene un acto continuado para dar a las criaturas, y cuando estas no han hecho mi Querer, estos actos están muertos para ellos, y quien vive en Él tiene virtud de vivificarlos y conservarlos en vida”.

 

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25-30

Marzo 13, 1929

 

Cómo el amor divino rebozó en la Creación.

La Divina Voluntad no sabe hacer cosas a intervalos.

Cada privación de Jesús es un nuevo dolor.

 

(1) Siento en mí una fuerza, una potencia divina que me atrae continuamente al eterno Querer, como si me quisiera en continua compañía con sus actos para dar a su pequeña recién nacida la vida de estos actos, y tener el placer de sentírselos repetir o bien de repetirlos junto con ella.  Parece que el Fiat Divino goza tanto, festeja, cuando ve en sus brazos de luz a la pequeña recién nacida, o para decirle alguna cosa de su larga historia, o para hacerla repetir junto con Él lo que hace, y el Fiat Divino siente toda la alegría, la felicidad, por haber puesto fuera a la Creación.  Después, su luz ha transportado mi pequeña inteligencia al Edén, en el acto cuando nuestro Creador creaba en un ímpetu de amor la vida del amor en Adán, para amarlo siempre sin cesar jamás, como de hecho no cesó jamás, y para ser amado por él con un amor incesante; quiso amarlo con un amor que jamás dice basta, pero quería ser amado.  Ahora, mientras mi mente se perdía en el amor del Creador y de la criatura, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, en el primer acto de la creación del hombre, nuestro amor regurgitó tan fuerte y levantó tan en alto sus llamas, que hizo oír sus voces arcanas, tan fuertes y penetrantes, que se sintieron investidos el cielo, las estrellas, el sol, el viento, el mar, y todo, por voces misteriosas que gritaban sobre la cabeza del hombre:  ‘Te amo, te amo, te amo’.  Estas voces arcanas y potentes llamaban al hombre, y él sacudido como por un dulce encanto y sintiéndose raptar por cada te amo de Aquél que lo había creado, en su arrebato de amor gritaba también él, en el sol, en el cielo, en el mar y en todo:  ‘Te amo, te amo, te amo, oh mi Creador’.  Nuestra Divina Voluntad que dominaba en Adán, no lo dejaba perder nada, ni siquiera un te amo nuestro que él no respondiese con el suyo; era un amor, un dulce encanto el oírlo, porque la potencia de nuestro Fiat Divino tomaba sobre las alas de su luz el te amo de nuestro hijo, el amado joyel de nuestro corazón, e invadiendo a toda la Creación nos hacía oír en cada cosa creada su te amo continuado, como el nuestro.  Nuestra Divina Voluntad no sabe hacer cosas a intervalos e interrumpidas, sino continuas.  Mientras Adán poseyó su amada heredad de nuestro Fiat, poseyó su acto continuo, se puede decir que hacía competencia con Nosotros, que cuando hacemos un acto no se interrumpe jamás, por eso todo era armonía entre él y Nosotros, armonía de amor, de belleza, de santidad, nuestro Fiat no le hacía faltar nada de todas nuestras cosas.  En cuanto se sustrajo de nuestro Querer perdió el camino para alcanzar nuestras cosas y formó tantos vacíos entre él y Nosotros, vacíos de amor, vacíos de belleza y de santidad, y formó un abismo de distancia entre Dios y él.  Por eso nuestro Fiat quiere regresar como fuente de vida en la criatura, para llenar estos vacíos y hacerla regresar como pequeña recién nacida en sus brazos y darle nuevamente su acto continuo como la creó”.

(3) Después de esto me sentía privada de mi sumo bien Jesús, y sentía tal dolor que no sé explicarlo.  Por eso después de mucho esperar, mi amada vida ha regresado y yo le he dicho:  “Dime amado mío Jesús, ¿por qué la pena de tu privación es siempre nueva?  En cuanto Tú te escondes siento surgir en mi alma una pena nueva, una muerte más cruel, más desgarradora, más que aquellas sentidas otras veces cuando Tú te eclipsas de mí”.  Y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, tú debes saber que cada vez que Yo vengo a ti, Yo te comunico un acto nuevo de mi Divinidad, ahora te comunico un nuevo conocimiento de mi Divina Voluntad, ahora una nueva belleza mía, ahora una nueva santidad mía, y así de todas nuestras divinas cualidades; este acto nuevo que te comunico lleva consigo que cuando quedas privada de Mí, este conocimiento mayor pone en el alma un nuevo dolor, porque por cuanto más se conoce un bien, más se ama; el nuevo amor lleva el nuevo dolor cuando tú quedas privada.  He aquí el por qué cuando quedas privada de Mí sientes que un nuevo dolor invade tu alma, pero este alma, pero este nuevo dolor te prepara a recibir, y se forma en ti el vacío donde poner los nuevos conocimientos de la Divina Voluntad.  El dolor, la nueva muerte desgarradora que tú sufres por mi privación, es el nuevo reclamo que con voz arcana, misteriosa y raptora me llama, y Yo vengo, y por compensación te manifiesto una nueva verdad que te lleva la nueva vida de tu Jesús.  Mucho más que los conocimientos sobre mi Fiat Divino son Vidas Divinas que salen del seno de nuestra Divinidad, y por eso el dolor divino que tú sufres por mi privación tiene virtud de llamar del Cielo a estas Vidas Divinas de los conocimientos de mi Querer a develarse a ti, para hacerlas reinar sobre la faz de la tierra.  ¡Oh! si tú supieras qué valor contiene, qué bien puede producir un solo conocimiento sobre mi Divina Voluntad, lo tendrías como la más preciosa reliquia, y la custodiarías más que Sacramento.  Por eso déjame hacer y abandónate en mis brazos, esperando que tu Jesús te lleve las Vidas Divinas de los conocimientos de mi Fiat”.

 

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25-31

Marzo 17, 1929

 

Lo que Jesús ha manifestado sobre su adorable Voluntad son partos

divinos.  Su dolor cuando ve que no son custodiadas estas verdades.

 

(1) Estaba toda abandonada en el Fiat Divino, mi pobre mente me la sentía inmersa en el mar de su luz interminable, y mi adorable Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad está en acto de formar continuos partos, y en estos partos genera y pare luz, genera y pare otras Vidas similares a Ella, genera y pare santidad y belleza.  La primera generación viene formada en nuestro seno divino, y después salen nuestros partos innumerables.  ¿Pero quieres saber cuando generamos y formamos estos partos?  Cuando queremos poner fuera una verdad, primero como a un amado hijo lo generamos en nuestro seno, y después como parto nuestro lo ponemos fuera, a fin de que descienda en lo bajo de las criaturas en quien la reciba y le dé libertad de hacerla generar, a fin de que produzca otros partos, y entonces todas las criaturas puedan tener a nuestro amado hijo generado en nuestro seno; así que nuestras verdades descienden del Cielo para generar en los corazones y formar la larga generación de mis partos divinos.  Mira entonces hija mía, cada verdad que te he manifestado sobre mi Divina Voluntad era un hijo generado en nuestro seno paterno, que poniéndolo fuera te llevaba el hijo de nuestra Luz, el hijo de nuestra belleza, de nuestra santidad y de nuestro amor, y si te ha sido dada la gracia de ponerlos fuera, ha sido porque han encontrado en ti el lugar y libertad de poder generar, de modo que no pudiendo contener en ti los tantos partos de los hijos de nuestras verdades, los has puesto fuera en quien ha tenido el bien de escucharte.  Por eso quien no tiene en cuenta estas verdades, no las estima, aprecia y ama, se puede decir que es a un hijo nuestro al que no aprecia y ama, la cosa más grande que existe en el Cielo y en la tierra, y con no amarlo y estimarlo vienen a sofocar a estos nuestros hijos y a impedir su generación.  No hay mal más grande que éste, que no se usen todos los cuidados para custodiar una verdad nuestra como al más grande de los tesoros, porque ella es hija nuestra, es la portadora de nuestra Vida en la tierra, y ¿qué bien no puede hacer una verdad nuestra?  Ella contiene la Potencia de nuestro Fiat, y tan vasta que tiene el poder de salvar a un mundo entero.  Mucho más que cada verdad posee un bien distinto para darlo a las criaturas y una gloria a Aquél que la ha generado; impedir el bien y la gloria que nos deberían dar nuestros amados partos, es el más grande de los delitos.  Por eso te he dado tanta gracia, te he suministrado las palabras, he dirigido tu mano mientras escribías, para hacer que los hijos de mis verdades no fueran sofocados y como sepultados en tu alma, y para hacer que nada omitieras me he puesto junto a ti, te tenía en mis brazos como una tierna madre tiene a su pequeña hija, y ahora te atraía con promesas, ahora te corregía, y ahora te reprendía severamente cuando te veía reacia a escribir las verdades que te había manifestado, y tenía interés porque eran Vidas e hijos míos, y que, si no hoy, mañana habrían salido a la luz.  Tú no puedes comprender mi dolor al ver el descuido de quien ha perdido los tres volúmenes de mi Divina Voluntad; ¿cuántas verdades no había dentro de ellos?  ¿Cuántas Vidas no han sofocado y formado la tumba a mis hijos que con tanto amor he sacado de mi seno paterno?  Por parte de quien no ha tenido cuidado, tanto, de llegar a perderlos, siento que han roto el plano de mi Divina Voluntad y su larga historia, dictados con tanto amor para hacerla conocer, que cada vez que me disponía a decirte lo que a mi Fiat pertenecía, era tanto el ímpetu de mi Amor, que sentía que renovaba el acto de toda la Creación, especialmente cuando en este arrebato de nuestro amor venía creado el hombre”.

(3) Yo al oír esto me sentía traspasar el alma y como si me la arrancaran a pedazos y le he dicho:  “Amor mío, si Tú quieres puedes hacer un milagro de tu omnipotencia para hacer que los encuentren, y así no tendrás el dolor de tantas verdades sofocadas y como interrumpida la larga historia de tu Divina Voluntad.  También yo siento que sufro mucho, y ni siquiera sé decir cómo es este dolor”.  Y Jesús ha agregado:

(4) “Es mi dolor que hace eco en el tuyo, es el desgarro de tantas Vidas mías que han sofocado lo que sientes en ti.  Estas verdades extraviadas están escritas en el fondo de tu alma, porque primero las escribía en ti con mi mano creadora, y después te las hacía escribir en el papel, por eso sientes a lo vivo el desgarro de ellas, es mi mismo desgarro que sientes en tu corazón.  ¡Si supieras cuánto sufro!  En cada verdad que con tanto descuido han extraviado de estos volúmenes, siento darme la muerte, y tantas muertes por cuantas verdades había dentro, y no sólo eso, sino la muerte a todo el bien que dichas verdades debían llevar, la muerte a la gloria que debían darme.  Pero me la pagarán con tanto fuego de más en el purgatorio por cuantas verdades han extraviado.  Pero debes saber que si no usan todos los medios para encontrarlos, porque quiero su cooperación, Yo no haré el milagro que algunos quisieran para que los encontraran, y esto por castigo de su negligencia.  Pero estos partos, estas verdades, estos nuestros amados hijos y Vidas nuestras que hemos puesto fuera, no las retiramos, porque lo que sale del seno de nuestra Divinidad, como relator y portador de un gran bien a las criaturas, no viene retirado por Nosotros por la ingratitud y descuido de quien ha extraviado tantas verdades nuestras, por eso cuando el reino de nuestra Voluntad sea conocido sobre la tierra y Ella reinará, entonces haré de modo de manifestar de nuevo lo que ha sido extraviado, porque si no lo hiciera faltaría el enlace, la conexión, y el plano entero del reino del Fiat Divino”.

(5) Yo al oír esto he dicho llorando:  “Así que, Amor mío, si pasa todo esto y debo esperar, cuán largo será mi exilio en la tierra, pero yo me siento tan torturada por tus privaciones, que no puedo más estar lejana de la patria celestial”.

(6) Y Jesús:  “Hija, no te aflijas, no es necesario que te diga el modo, el cómo y a quién debo manifestar si no encuentran lo que se ha perdido, si a ti o a otros, lo que te conviene es hacer, por parte tuya, lo que debes hacer por el reino de mi Divina Voluntad, cuando hayas hecho el último acto que queremos de ti para el cumplimiento de Ella, tu Jesús no esperará ni siquiera un minuto para llevarte en mis brazos a las regiones celestiales.  ¿No hice Yo otro tanto en el reino de la Redención?  Nada omití e hice todo, para que por parte mía no faltase nada para que todos pudiesen recibir el bien de la Redención, y cuando lo hice todo partí para el Cielo sin esperar el resultado, dejando el trabajo a los apóstoles.  Así será de ti, por eso sé atenta y ten ánimo”.

 

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25-32

Marzo 22, 1929

 

Dios en sus obras se sirve de medios humanos.

Cómo en la Creación tuvo campo de acción la Divina

Voluntad, constituyéndose vida de todo.  Cómo la Divinidad

hace de concurrente y espectadora.

 

(1) Mi pobre mente me la siento fijada en el Querer Divino, y pensaba entre mí:  “Pero, ¿cómo podrá venir su reino a la tierra?  Y además, ¿cómo puede venir si no se conoce?”  Mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, Yo en mis obras me sirvo de medios humanos, si bien hago la primera parte, el fundamento y toda la sustancia de la obra que quiero hacer, y después me sirvo de las criaturas para hacer que mi obra sea conocida y tenga vida en medio a las criaturas.  Así hice en la Redención, me serví de los apóstoles para hacerla conocer, para propagarla y recibir y dar los frutos de la Redención.  Y si los apóstoles no hubieran querido decir nada de lo que Yo dije e hice al venir a la tierra, y encerrados en su mutismo no hubieran hecho un paso, ni un sacrificio, ni puesto la vida para hacer conocer el gran bien de mi venida a la tierra, habrían hecho morir mi Redención en el momento de nacer, y las generaciones habrían estado privadas del Evangelio, de los Sacramentos y de todos los bienes que ha hecho y hará mi Redención.  Fue esta mi finalidad por la que en los últimos años de mi vida acá abajo llamé a mi alrededor a los apóstoles, para servirme de ellos como pregoneros de lo que había hecho y dicho.  ¡Oh, si los apóstoles hubieran callado habrían sido reos por las tantas almas perdidas si no hubieran conocido el bien de la Redención, reos por tanto bien no hecho por las criaturas!  En cambio, porque no callaron y pusieron su vida, se pueden llamar, después de Mí, autores y causa de tantas almas salvadas y de todos los bienes que se han hecho en mi Iglesia, que como primeros pregoneros forman sus columnas inquebrantables.  Esta es nuestra costumbre divina, primero hacemos nuestro primer acto en nuestras obras, ponemos todo lo que se necesita, y después las confiamos a las criaturas, dándoles gracias suficientes para que puedan continuar lo que Nosotros hemos hecho, y por eso nuestras obras son conocidas según el interés y la buena voluntad que tienen las criaturas.  Así será del reino de mi Voluntad Divina, te llamé a ti como a una segunda madre mía, y al tú por tú, como hice con Ella en el reino de la Redención, te he manifestado los tantos secretos de mi Fiat Divino, el gran bien de Él y cómo quiere venir a reinar sobre la tierra.  Puedo decir que he hecho todo, y si he llamado a mi ministro a fin de que tú te confiaras con él para hacerle conocer, mi finalidad ha sido para que tuviese interés de hacer conocer tanto bien, y si por parte de quien debiera ocuparse no existiera este interés, el reino de mi Voluntad lo pondría en peligro de hacerlo morir al nacer, quedando ellos como reos de todo el bien que puede traer un reino tan santo; también merecerían que haciéndolos a un lado, llamara a otros como pregoneros y propagadores de los conocimientos de mi Fiat Divino.  Hasta en tanto que no encuentre quién tenga interés, y tenga más en cuenta que a su propia vida el hacer conocer sus conocimientos, el reino de mi Voluntad no puede tener su principio, ni su vida sobre la tierra”.

(3) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino, y mi sumo bien Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, en la Creación fue mi Divina Voluntad la que tuvo su campo de acción, y si bien nuestra Divinidad fue concurrente, porque somos inseparables de Ella, pero el acto primero, la acción, fue toda de nuestra Voluntad, habló y obró, habló y ordenó, Nosotros éramos espectadores de lo que hacía nuestro Querer Supremo, con tanta maestría, orden y armonía, que nos sentimos dignamente glorificados y doblemente felicitados por nuestra misma Voluntad.  Así que siendo obra de Ella toda la fuerza de la Creación y todos los bienes de los cuales fue enriquecida, están todos en mi Suprema Voluntad.  Ella es vida primaria de todo, por eso ama tanto la Creación, porque siente y corre su misma Vida en todas las cosas creadas, tanto, que al crear al hombre, queriendo hacer más desahogo de su potencia, de su amor y de su maestría, quiso encerrar en él todo el arte de la Creación entera, y no sólo eso, sino que quiso superarla dándole tales pinceladas de arte divino, de hacerlo el pequeño dios, y distendiéndose dentro y fuera de él, a la derecha e izquierda, sobre su cabeza y bajo sus pies, lo llevaba en mi Divina Voluntad como desahogo de nuestro amor, y como triunfador y admirador de su maestría insuperable; por eso era derecho de mi Fiat Divino que el hombre viviese sólo y siempre de Voluntad Divina.  ¿Qué cosa no había hecho por él?  Lo llamó de la nada, lo formó, le dio el ser y le dio doble vida, la vida del hombre y la de mi Divina Voluntad, para llevarlo siempre estrechado en sus brazos creadores, para conservarlo bello, fresco, feliz, como lo había creado.  Así que cuando el hombre pecó, mi Fiat se sintió arrancar aquella vida que llevaba en su propio seno, ¿cuál no fue su dolor?  Ella quedó con el vacío de este hijo en su seno, que con tanto amor para tenerlo seguro y feliz le había hecho lugar en su misma Vida.  ¿Y crees tú que en la Redención no fue mi Divina Voluntad que se encarnó para venir a encontrar al hombre perdido?  Fue propiamente Ella, porque Verbo significa palabra, y nuestra palabra es el Fiat, que como en la Creación dijo y creó, así en la Redención quiso y se encarnó, era su seno vacío que reclamaba a este hijo que con tanta crueldad se había arrancado, ¿y qué cosa no hizo en la Redención esta mi Voluntad?  Pero no está contenta aún de lo que hizo, quiere llenar su seno, no quiere ver más a su hijo afeado con la culpa, con su desemejanza, sino quiere verlo adornado con la divisa de la Creación, adornado de su belleza y santidad y tomar otra vez su lugar en su seno divino.  Esto es propiamente el Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra, que el hombre regrese a mi Divina Voluntad, y entonces Ella se tranquilizará cuando vea de nuevo a su hijo feliz, vivir en su casa, con la opulencia de sus bienes, y así podrá decir:  “Mi hijo ha regresado, está vestido con sus vestidos reales, lleva la corona de rey, hace vida junto Conmigo y le he restituido los derechos que le di al crearlo, así que el desorden en la Creación ha terminado, porque el hombre ha regresado en mi Divina Voluntad”.

 

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25-33

Marzo 25, 1929

 

Cómo la Creación corre con una carrera vertiginosa hacia su

Creador.  Quien vive en el Querer Divino es inseparable

de Él.  Orden que Jesús ha tenido al manifestar las

verdades sobre la Divina Voluntad.  Renovación

de la Creación.  Importancia de las verdades.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, sentía la pequeñez de mi pobre alma en medio de todas las cosas creadas, y yo como si tuviese mi movimiento, mi carrera continua en toda la Creación, me siento inseparable de ella, mi voluntad y la de ella es una sola, la cual es la sola y única Voluntad Divina.  Por eso, siendo una sola la voluntad de todos, hacemos una sola cosa y todos corremos como a nuestro primer centro, a nuestro Creador, para decirle:  ‘Tu amor nos ha puesto fuera, y tu mismo amor nos llama nuevamente adentro de Ti, con una carrera vertiginosa para decirte:  ‘Te amamos, te amamos’, para alabar tu amor inextinguible e interminable.’  De modo que saliendo fuera nuevamente de su centro, para continuar nuestra carrera que jamás se detiene, no hacemos otra cosa que entrar y salir de su seno divino para formar nuestro giro de amor, nuestra carrera amorosa a nuestro Creador.  Entonces, mientras corría con toda la Creación para formar mi carrera de amor a la Majestad Divina, mi siempre amable Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino está vinculada con toda la Creación, ni ella puede estar sin esta afortunada criatura, ni la criatura se puede desvincular de las cosas creadas, porque siendo la voluntad de una la de la otra, la cual es mi Divina Voluntad, forman un solo cuerpo, como tantos miembros inseparables entre ellos.  Así que a quien vive en mi Divina Voluntad, la miro y la veo cielo, vuelvo a mirarla y la veo sol, mis miradas raptadas por tanta belleza se fijan más y la encuentran mar, en suma veo en ella todas las variedades de cada cosa creada y digo:  ‘¡Oh potencia de mi Fiat Divino!  Cómo me vuelves bella a aquélla que vive en Ti, Tú le das el primado sobre toda la Creación, Tú le das la carrera tan veloz, más que viento que huye, y sobresaliendo sobre todo es la primera en entrar en mi centro divino para decirme te amo, te glorifico, te adoro, y haciendo su eco en toda la Creación, todos repiten junto a ella sus agradables estribillos’.  Hija mía, por eso tengo tanto amor al manifestarte todo lo que corresponde a mi Divina Voluntad; todo lo que te he manifestado sobre Ella, no es otra cosa que el orden de su reino.  Todo esto debía haber sido manifestado desde el principio de la Creación si Adán no hubiese pecado, porque en cada manifestación mía sobre mi Fiat Divino el hombre debía crecer en la santidad y belleza de su Creador, y por eso me reservaba de hacerlo poco a poco, dándole como tantos sorbos de Vida Divina, para hacerlo crecer según mi Divina Voluntad lo quisiese ; así que el hombre al pecar interrumpió mi hablar y me redujo al silencio.  Después de tantos siglos, queriendo que el hombre regresara en mi Fiat, he vuelto a hablar con tanto amor, más que una tierna madre cuando ama y suspira por dar a luz a su niño, para besarlo, presumirlo, gozárselo y estrecharlo fuertemente a su seno materno, y colmarlo con todos sus bienes y felicidad.  Así he hecho Yo con volver a hablar y manifestarte todo el orden del reino de mi Querer Divino, y el modo que la criatura debe tener en mi reino.  Por eso el manifestarte tantas verdades sobre mi Fiat, no ha sido otra cosa que sacar de nuevo en campo todo el orden y el amor que habría tenido si el hombre no hubiera pecado y mi reino hubiese tenido su vida sobre la tierra.  En mi hablar he tenido tal orden, que una verdad está tan ligada con la otra, que si se quisiera quitar y ocultar alguna verdad, formaría un vacío al reino de mi Fiat Divino y quitaría una fuerza a las criaturas para inducirlas a vivir en mi reino, porque cada verdad que respecta a mi Querer Divino es un puesto que Él toma para reinar en medio de las criaturas, y un camino en el vacío en que ellas se encuentran para tomar posesión de Él.  Por eso todas las verdades que te he dicho tienen tanta conexión entre ellas, que quitando algunas se vería en ese punto como un cielo sin estrellas, o un espacio sin sol, o bien una tierra sin flores, porque en todas estas verdades que te he dicho está la renovación de toda la Creación, y en cada verdad, mi Fiat más que sol quiere salir de nuevo en campo, como salió en la Creación y tomando su campo de acción, con su luz quiere eclipsar todos los males de las criaturas, y extendiendo su velo de luz sobre todos, les quiere dar tanta gracia, de darles su mano creadora para hacerlos entrar de nuevo en el seno de su Querer Divino.  Por eso todo lo que te he dicho sobre mi Divina Voluntad tiene tal importancia, que me cuesta más que toda la Creación, porque es una renovación de ella, y un acto cuando se renueva cuesta doble amor, y para estar más seguros ponemos doble gracia y doble luz para darlas a las criaturas, a fin de que no nos toque un segundo dolor, quizá más doloroso que el primero que tuvimos en el principio de la Creación cuando el hombre pecó y formó en él el fallo de nuestro amor, de nuestra luz y de la preciosa herencia de nuestro Supremo Querer.  Por eso estoy tan atento de que tú nada pierdas de lo que te digo sobre mi Voluntad Divina, porque hay tanta importancia en estas verdades, que ocultando algunas sería como si se quisiera apartar al sol de su puesto, hacer salir al mar de su lugar, ¿qué sería de la tierra?  Piénsalo tú misma.  Tal sería si faltasen todas las verdades que con tanto orden te he manifestado sobre mi Divina Voluntad”.

 

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25-34

Marzo 31, 1929

 

Derechos absolutos del Divino Querer.  Cómo la voluntad humana

cambió la suerte humana y divina.  Si el hombre no hubiera pecado,

Jesús hubiera venido a la tierra glorioso, y con el cetro de mando.

El hombre debía ser el portador de su Creador.

 

(1) Siento en mí la continua potencia del Fiat Divino que me envuelve con tal imperio, que no da tiempo a mi agonizante voluntad de hacer el más mínimo acto, y se gloría no de hacerla morir del todo, porque si esto hiciera perdería su prestigio de obrar sobre una voluntad humana, que mientras está viva se somete a recibir voluntariamente el acto vital del Fiat Divino y se contenta con vivir muriendo para dar vida y dominio absoluto al Supremo Querer, que victorioso de sus derechos divinos extiende sus confines y canta victoriosa sobre la agonizante voluntad de la criatura, la cual, si bien muriendo, sonríe y se siente feliz y honrada de que un Querer Divino tiene su campo de acción en su alma.  Ahora, mientras me sentía bajo el imperio del Fiat Divino, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que son derechos absolutos de mi Fiat Divino el tener el primado sobre cada uno de los actos de la criatura, y quien le niega el primado le quita sus derechos divinos que por justicia le son debidos, porque es creador del querer humano.  ¿Quién puede decirte hija mía cuánto mal puede hacer una criatura cuando llega a sustraerse de la Voluntad de su Creador?  Mira, bastó un acto de sustracción del primer hombre a nuestra Voluntad Divina para cambiar la suerte de las generaciones humanas, y no sólo eso, sino que cambió la misma suerte de nuestra Divina Voluntad.  Si Adán no hubiese pecado, el Verbo Eterno, que es la misma Voluntad del Padre Celestial, debía venir a la tierra glorioso, triunfante y dominador, acompañado visiblemente por su ejército angélico, que todos debían ver, y con el esplendor de su gloria debía fascinar a todos y atraer a todos a Sí con su belleza; coronado como rey y con el cetro de mando para ser rey y cabeza de la familia humana, de modo de darle el gran honor de poder decir:  ‘Tenemos un rey hombre y Dios’.  Mucho más que tu Jesús no descendía del Cielo para encontrar al hombre enfermo, porque si no se hubiera sustraído de mi Voluntad Divina, no debían existir enfermedades, ni de alma ni de cuerpo, porque fue la voluntad humana la que casi ahogó de penas a la pobre criatura; el Fiat Divino era intangible de toda pena y tal debía ser el hombre.  Por lo tanto Yo debía venir a encontrar al hombre feliz, santo y con la plenitud de los bienes con los cuales lo había creado.  En cambio, porque quiso hacer su voluntad cambió nuestra suerte, y como estaba decretado que Yo debía descender sobre la tierra, y cuando la Divinidad decreta, no hay quien la aparte, sólo cambié modo y aspecto, así que descendí, pero bajo vestidos humildísimos, pobre, sin ningún aparato de gloria, sufriente, llorando y cargado con todas las miserias y penas del hombre.  La voluntad humana me hacía venir a encontrar al hombre infeliz, ciego, sordo y mudo, lleno de todas las miserias, y Yo para sanarlo lo debía tomar sobre de Mí, y para no infundirle espanto debía mostrarme como uno de ellos, para hermanarlos y darles las medicinas y remedios que se necesitaban.  Así que el querer humano tiene la potencia de volverse feliz o infeliz, santo o pecador, sano o enfermo.  Entonces mira, si el alma se decide a hacer siempre, siempre mi Divina Voluntad y vivir en Ella, cambiará su suerte y mi Divina Voluntad se lanzará sobre la criatura, la hará su presa y dándole el beso de la Creación cambiará aspecto y modo, y estrechándola a su seno le dirá:  ‘Pongamos todo a un lado, para ti y para Mí han regresado los primeros tiempos de la Creación, todo será felicidad entre tú y Yo, vivirás en nuestra casa, como hija nuestra, en la abundancia de los bienes de tu Creador.’  Escucha mi pequeña recién nacida de mi Divina Voluntad, si el hombre no hubiese pecado, no se hubiese sustraído de mi Divina Voluntad, Yo habría venido a la tierra, pero ¿sabes como?  Lleno de Majestad, como cuando resucité de la muerte, que si bien tenía mi Humanidad similar al hombre, unida al Verbo Eterno, pero con qué diversidad mi Humanidad resucitada era glorificada, vestida de luz, no sujeta ni a sufrir, ni a morir, era el divino triunfador.  En cambio mi Humanidad antes de morir estaba sujeta, si bien voluntariamente, a todas las penas, es más, fui el hombre de los dolores.  Y como el hombre tenía aún los ojos ofuscados por el querer humano, y por eso aún enfermo, pocos fueron los que me vieron resucitado, lo que sirvió para confirmar mi Resurrección.  Después subí al Cielo para dar tiempo al hombre de tomar los remedios y las medicinas, a fin de que curase y se dispusiera a conocer mi Divina Voluntad, para vivir no de la suya, sino de la mía, y así podré hacerme ver lleno de majestad y de gloria en medio a los hijos de mi reino.  Por eso mi Resurrección es la confirmación del Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra.  Después de un tan largo dolor sufrido por mi Divina Voluntad por tantos siglos, por no tener su reino sobre la tierra, su absoluto dominio, era justo que mi Humanidad pusiera a salvo sus derechos y realizase mi y su finalidad primaria, la de formar su reino en medio a las criaturas.

(3) Además de esto, tú debes saber, para confirmarte mayormente, cómo la voluntad humana cambió su suerte y la de la Divina Voluntad con relación a él.  En toda la historia del mundo sólo dos han vivido de Voluntad Divina sin jamás hacer la suya, y fuimos la Soberana Reina y Yo, y la distancia, la diversidad entre Nosotros y las otras criaturas es infinita, tanto, que ni siquiera nuestros cuerpos quedaron sobre la tierra, habían servido como morada al Fiat Divino y Él se sentía inseparable de nuestros cuerpos y por eso los reclamó, y con su fuerza imperante raptó nuestros cuerpos junto con nuestras almas en su patria celestial.  ¿Y por qué todo esto?  Toda la razón está en que jamás nuestra voluntad humana tuvo un acto de vida, sino que todo el dominio y el campo de acción fueron sólo de mi Divina Voluntad.  Su potencia es infinita, su amor es insuperable”.

(4) Después de esto ha hecho silencio y yo sentía que nadaba en el mar del Fiat y, ¡oh, cuántas cosas comprendía, y mi dulce Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, con no hacer mi Divina Voluntad, la criatura pone en desorden el orden que tuvo la Divina Majestad en la Creación, se deshonra a sí misma, desciende en lo bajo, se pone a distancia con su Creador, pierde el principio, el medio y el fin de aquella Vida Divina que con tanto amor le fue infundida en el acto de ser creada.  Nosotros amábamos tanto a este hombre, que poníamos en él, como principio de vida a nuestra Divina Voluntad, queríamos sentirnos raptar por él, queríamos sentir en él nuestra fuerza, nuestra potencia, nuestra felicidad, nuestro mismo eco continuo, y ¿quién más podía hacernos sentir y ver todo esto, sino nuestra Divina Voluntad bilocada en él?  Queríamos ver en el hombre al portador de su Creador, el cual debía volverlo feliz en el tiempo y en la eternidad.  Por eso al no hacer nuestra Divina Voluntad, sentimos a lo vivo el gran dolor de nuestra obra desordenada, nuestro eco apagado, nuestra fuerza raptora que debía raptarnos para darle nuevas sorpresas de felicidad se convirtió en debilidad, en suma, se trastornó.  He aquí por qué no podemos tolerar tal desorden en nuestra obra, y si tanto he dicho sobre mi Fiat Divino, es propiamente ésta la finalidad, que queremos poner al hombre en el orden, a fin de que regrese sobre los primeros pasos de su creación, y corriendo en él el humor vital de nuestro Querer, forme de nuevo a nuestro portador, nuestra morada sobre la tierra, su y nuestra felicidad”.

 

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25-35

Abril 4, 1929

 

Cómo los primeros que vivirán en el Fiat Divino serán

como la levadura del reino de la Divina Voluntad.

 

(1) Mi abandono es en el Querer Santo, que como potente imán me atrae a Sí para suministrarme sorbo a sorbo su Vida, su luz, sus conocimientos prodigiosos, admirables y adorables.  Entonces mi pobre mente se perdía en Él, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, los primeros que harán mi Divina Voluntad y vivirán en Ella, serán como la levadura de su reino.  Sus tantos conocimientos que te he manifestado sobre mi Fiat Divino serán como la harina al pan, la cual encontrando la levadura, queda fermentada cuanta harina se ponga, pero no basta la harina, se necesita la levadura y el agua para formar el verdadero pan, para nutrir a las humanas generaciones.  Así me es necesaria la levadura de los pocos que viven en mi Querer Divino, y la multiplicidad de sus conocimientos, que servirán como masa de luz que darán todos los bienes que se necesitan para alimentar y hacer felices a aquellos que quieren vivir en el reino de mi Divina Voluntad.  Por eso no te preocupes si estás sola y pocos son aquellos que conocen en parte lo que respecta a mi Divina Voluntad, con tal que se forme la pequeña porción de la levadura, unida a sus conocimientos, el resto vendrá por sí solo”.

(3) Después de esto estaba siguiendo los actos del Fiat Divino en la Creación, y mientras seguía sus actos en el cielo, en el sol, en el mar, en el viento, mi dulce Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, mira, todo lo que sirve en modo universal a toda la familia humana es siempre uno, en cambio las otras cosas que no sirven en modo universal son múltiples.  El cielo es uno y se extiende sobre la cabeza de todos, el sol es uno y sirve de luz a todos, el agua es una y por eso se da a todos, y si bien parece dividida en muchas fuentes, mares, pozos, pero donde desciende tiene la fuerza única; la tierra es una y se extiende bajo los pies de todos.  Y así como en el orden natural de la Creación, así en el orden sobrenatural.  Dios es el Ser universal y es uno, y como uno es el Dios de todos se da a todos, envuelve a todos, se encuentra en todos, hace bien a todos y es vida de todos.  Única la Virgen y por eso Madre y Reina universal de todos.  Único tu Jesús, y por eso dondequiera y en modo universal se extiende mi Redención, todo lo que Yo hice y sufrí está a disposición de todos y de cada uno.  Única es la pequeña recién nacida de mi Divina Voluntad, y por eso el universo entero recibirá en modo universal todos los bienes de las manifestaciones y conocimientos de mi Fiat Divino, que como sagrado depósito he puesto en ti, a fin de que más que espléndido sol haga resplandecer sus innumerables rayos para iluminar a todo el mundo.  Así que todo lo que te digo contiene la virtud universal, que se dará a todos y hará bien a todos.  Por eso sé atenta y sigue siempre a mi Divina Voluntad”.

Sea todo para gloria de Dios y para cumplimiento de su Fiat!!!

 

Deo gratias...



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta