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I. M. I

Fiat!!!

Siempre y eternamente en

Voluntad de Dios!  Deo Gratias.

26-1

Abril 7, 1929

 

Besos al sol, salida al jardín, competencia entre viento y sol.
Fiesta de toda la Creación.  Nota discordante y nota
de acuerdo.  La nueva Eva.

 

(1) Mi pobre mente está siempre de regreso en el centro del Querer Divino, siento que no puedo hacer menos que navegar su mar interminable y sumergirme siempre más en él, para no ver, sentir y tocar otra cosa que Voluntad Divina.  ¡Oh Voluntad adorable!  Eleva tus altísimas olas hasta las regiones celestiales y transporta a la pequeña exiliada, tu recién nacida, de tu Voluntad en la tierra hasta tu Voluntad en el Cielo.  ¡Ah! ten piedad de mi pequeñez y cumple sobre mí tu último acto en la tierra, para comenzar tu acto continuado en el Cielo.

(2) Ahora, escribo sólo por obedecer y con gran repugnancia.  Después de cuarenta años y más que no había salido al exterior, hoy me han querido sacar al jardín sobre una silla de ruedas; en cuanto he salido he encontrado que el sol me investía con sus rayos, como si quisiera darme su primer saludo y su beso de luz.  Yo he querido corresponderle dándole mi beso, y he pedido a las niñas y a las religiosas que me acompañaban que todas diesen su beso al sol, besando en él a aquella Divina Voluntad que como Reina estaba velada de luz, y todas lo han besado.  Ahora, ¿quién puede decir mi emoción después de tantos años, al encontrarme de frente a aquel sol del cual mi amable Jesús se había servido para darme tantas semejanzas e imágenes de su adorable Voluntad?  Me sentía investida no sólo por su luz, sino también por su calor, y el viento queriendo hacer competencia con el sol me besaba con su vientecillo ligero para refrescar los besos ardientes que me daba el sol; así que sentía que no terminaban jamás de besarme, el sol por una parte y el viento por la otra.  ¡Oh, cómo sentía a lo vivo el toque, la vida, el respiro, el aire, el amor del Fiat Divino en el sol y en el viento!  Tocaba con la mano que las cosas creadas son velos que esconden a aquel Querer que las ha creado.  Ahora, mientras me encontraba bajo el imperio del sol, del viento, de la vastedad del cielo azul, mi dulce Jesús se ha movido en modo sensible en mi interior, como si no quisiera ser menos que el sol, que el viento, que el cielo y me ha dicho:

(3) “Amada hija de mi Querer, hoy todos hacen fiesta por tu salida, toda la corte celestial ha sentido el brío del sol, la alegría del viento, la sonrisa del cielo y todos han corrido para ver qué había de nuevo, y al verte a ti investida por la luz del sol que te besaba, al viento que te acariciaba, al cielo que te sonreía, todos han comprendido que la potencia de mi Fiat Divino movía a los elementos a festejar a su pequeña recién nacida.  Por eso, toda la corte Celestial uniéndose con toda la Creación, no sólo hacen fiesta, sino que sienten las nuevas alegrías y felicidades que por tu salida les da mi Divina Voluntad.  Y Yo, siendo espectador de todo esto, no sólo hago fiesta dentro de ti, sino que no me siento arrepentido por haber creado el cielo, el sol y toda la Creación, más bien me siento más feliz, porque de ella goza mi pequeña hija, se me repiten las alegrías, los contentos, la gloria cuando todo fue creado, cuando Adán inocente no había hecho resonar la nota del dolor de su voluntad rebelde en toda la Creación, que rompió el brío, la felicidad, la dulce sonrisa que para dar a las criaturas tenía mi Divina Voluntad en el sol, en el viento, en el cielo estrellado, porque, hija mía, el hombre con no hacer mi Divina Voluntad, puso en nuestra obra de la Creación su nota discordante, por eso perdió el acuerdo con todas las cosas creadas y Nosotros sentimos el dolor y el deshonor que en nuestra obra haya una cuerda desafinada, que no emite un bello sonido, y este sonido desafinado aleja de la tierra los besos, las alegrías, las sonrisas que contiene mi Divina Voluntad en la Creación, por eso quien hace mi Voluntad y vive en Ella es la nota de acuerdo con todos, su sonido contiene no una nota de dolor, sino de alegría y de felicidad, y es tan armoniosa que todos advierten, aun los mismos elementos, que es la nota de mi Voluntad en la criatura, y poniendo todo a un lado quieren gozarse a aquélla que tiene esa Voluntad de la cual todos están animados y son conservados”.

(4) Jesús ha hecho silencio y yo le he dicho:  “Amor mío, Tú me has dicho tantas veces que quien vive en tu Divina Voluntad es hermana con todas las cosas creadas; quiero ver si mi hermana luz me reconoce, y ¿sabes cómo?  Si mirándola no me deslumbra la vista”.

(5) Y Jesús:  “Ciertamente que te reconocerá, prueba y verás”.

(6) Yo he mirado fijamente en el centro de la esfera del sol, y la luz parecía que acariciaba mi pupila pero sin deslumbrarme, de modo que he podido mirar en su centro su gran mar de luz; cómo era terso y bello, cómo es verdad que simboliza al infinito, al interminable mar de luz del Fiat Divino.  He dicho:  “Gracias oh Jesús que me has hecho reconocer por mi hermana luz”.  Y Jesús ha vuelto a hablarme:

(7) “Hija mía, aun en el respiro es reconocida por toda la Creación quien vive en mi Querer, porque cada cosa creada siente en aquella criatura la potencia del Fiat y la supremacía que Dios le dio sobre toda la Creación.  Mira y escucha hija mía, en el principio, cuando Adán y Eva fueron creados, les fue dado el Edén por habitación, en el cual eran felices y santos; este jardín es semejanza de aquel Edén, si bien no es tan florido y bello.  Ahora, debes saber que he permitido que vinieras a esta casa que está circundada por jardines, para ser la nueva Eva, no la Eva tentadora que mereció ser puesta fuera del Edén feliz, sino la Eva reformadora y restablecedora, que llamará de nuevo el reino de mi Divina Voluntad sobre la tierra.  Ah, sí, tú serás el germen, el cemento a la polilla que tiene el querer humano, tú serás el principio de la era feliz, por eso concentro en ti la alegría, los bienes, la felicidad del principio de la Creación, y amo repetir las conversaciones, las lecciones, las enseñanzas que habría dado si el hombre no se hubiese sustraído de nuestra Divina Voluntad.  Por eso sé atenta, y tu vuelo en Ella sea continuo”.

 

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26-2

Abril 12, 1929

 

La Creación, acto de adoración profunda de la Divina Trinidad.

 

(1) Estaba toda abandonada en el Fiat Divino, su luz eclipsaba mi pequeñez y me transportaba arriba, hasta el seno del Eterno, donde no se veía otra cosa que luz, santidad, belleza, que infundía adoración profunda, tanto, de sentir cambiada mi pequeña existencia en un acto solo de adoración hacia aquel Dios que tanto me ha amado y me ama.  Entonces, mientras mi mente se perdía en la luz del Divino Querer, mi amable Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, la santidad de nuestro Ser Divino; la potencia única de nuestra Voluntad de la cual estamos investidos, de modo que somos distintos en las Personas, pero nuestra Voluntad es siempre una que obra en Nosotros, que domina, que rige; nuestro amor igual, recíproco e incesante, produce en Nosotros la más profunda adoración entre las Divinas Personas, así que todo lo que sale de Nosotros no es otra cosa que actos de adoración profunda de todo nuestro Ser Divino.  Por eso, cuando nuestro Fiat Divino quiso sacar en campo a toda la Creación con su potencia creadora, obradora y vivificadora, en cuanto nuestro Fiat se pronunciaba, así salían de Nosotros actos de adoración profunda, así que el cielo no es otra cosa que un acto de adoración profunda de la inmensidad de nuestro Ser Divino, y por eso por todas partes se ve cielo, de noche y de día, la inmensidad de nuestro Ser hacía salir de nuestro seno la inmensidad de nuestra adoración y extendía sobre el universo el azul cielo para llamar a todos aquellos que habrían habitado la tierra en nuestra única Voluntad, para unificarlos en la inmensidad de nuestra adoración, de modo que en virtud de nuestro Fiat, el hombre se debía extender en la inmensidad de su Creador para formar su cielo de adoración profunda a Aquél que lo había creado.  El sol es un acto de adoración de nuestra luz interminable, el cual es tal y tanto el ímpetu de su adoración profunda, que no se contenta con hacerse ver en lo alto, bajo la bóveda del cielo, sino que del centro de su esfera hace descender sus rayos de luz hasta lo bajo de la tierra, plasmando y tocando todo con sus manos de luz, inviste todo y a todos con su adoración de luz, y llama a plantas, flores, árboles, pájaros y criaturas a formar una sola adoración en la Voluntad de quien las ha creado.  El mar, el aire, el viento, y todas las cosas creadas, no son otra cosa que actos de adoración profunda de nuestro Ser Divino, que, quién de lejos y quién de cerca llaman a la criatura en la unidad de nuestro Fiat a repetir los actos profundos de nuestra adoración, y haciendo suyo lo que es nuestro, puede darnos el sol, el viento, el mar, la tierra florida, como adoraciones profundas que sabe y puede producir nuestra Voluntad única en la criatura.  ¿Qué cosa no puede hacer nuestro Fiat?  Con su fuerza única puede todo, une todo, tiene en acto todo, y une Cielo y tierra, Creador y criatura, y de ellos forma uno solo”.

(3) Dicho esto se ha retirado en la profundidad de su luz y ha hecho silencio.  Entonces yo he seguido mi giro en la Creación, para seguir aquella adoración profunda de mi Creador en todas las cosas creadas.  ¡Oh! cómo se sentía en cada cosa el perfume de la adoración divina, se tocaba con la mano su aliento adorado, se sentía en el viento la adoración penetrante, imperante de nuestro Creador, que invistiendo toda la tierra, ahora como soplo ligero, ahora con oleadas impetuosas, ahora con alientos acariciadores, nos inviste y nos llama a la adoración que el viento posee de su Creador; ¿quién puede decir la fuerza del viento?  Él en pocos minutos recorre todo el mundo, y ahora con imperio, ahora con gemidos, ahora con voces débiles y ahora fuertes, nos inviste y nos llama a unirnos a aquella adoración divina que da a su Creador.  Y siguiendo mi giro veía el mar, en aquellas aguas cristalinas, en aquel murmullo continuo, en sus olas altísimas, Jesús decía que aquel mar no era otra cosa que un acto de profunda adoración de la pureza divina, adoración de su amor que murmura continuamente, y en las olas la adoración de la fuerza divina que mueve como ligera paja a todo y a todos.  ¡Oh! si el Fiat Divino reinase en las criaturas, a todos haría leer en cada cosa creada la adoración distinta que cada cosa posee de nuestro Creador, y unificándonos con toda la Creación, una debía ser la adoración, uno el amor, una la gloria al Ente Supremo.  ¡Oh Voluntad Divina, ven a reinar y haz que una sea la Voluntad de todos...

 

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26-3

Abril 16, 1929

 

Para quien vive en el Fiat, es intercambio de

vida entre el Fiat y el alma.  Amor duplicado.

 

(1) Las privaciones de mi dulce Jesús se hacen más largas, y yo no hago otra cosa que suspirar y gemir por su regreso.  Pero a pesar de que vivo toda abandonada en el Fiat Divino, sus privaciones son heridas tan profundas y amargas, que más que una cierva herida lanzo mis gritos de dolor, para ensordecer Cielos y tierra y mover a todos al llanto por un dolor tan  desgarrador y por una privación tan grande, que me hace sentir el peso de un dolor infinito y de una herida siempre abierta, menos en aquellos pocos momentos en que me habla de su Querer Divino, en donde me parece que se cierra, pero para reabrirse con dolor más acerbo, y por eso estoy obligada en mis escritos a poner mi nota doliente de mi pequeña alma, que más que cierva herida mando mis gritos de dolor para herir a aquel Jesús que me hiere, quién sabe, y a lo mejor herido Él, regrese y ponga tregua a mi nota doliente.  Después, mientras me sentía inmersa en el dolor de su privación y toda abandonada en su Querer, se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Animo hija mía, no te abandones a tu dolor, sino sube más en alto.  Tú sabes que tienes un trabajo que cumplir, y este trabajo es tan grande, que ni siquiera el dolor de mi privación debe detenerte, más bien debe servirte como medio para subir más en la luz de mi Voluntad.  Tu encuentro con Ella debe ser continuo, porque es intercambio de vida que debéis hacer:  Ella se debe dar continuamente a ti, y tú a Ella.  Y tú sabes que el movimiento, el latido, el respiro, deben ser continuos, de otra manera la vida no puede existir, y tú harías faltar tu vida en mi Fiat, y Él sentiría el dolor de que su pequeña hija, su amada recién nacida, le hace faltar en Él su movimiento, su latido, su respiro, sentiría el arrancarse a su recién nacida, que por sentir su vida como Vida suya, la tiene siempre en acto de nacer, sin ponerla fuera de su seno, ni siquiera para hacerla dar un paso, y tú te sentirías faltar la Vida de su movimiento continuo, de su latido, de su respiro; sentirías el vacío de una Voluntad Divina en tu alma.  No, no, hija mía, no quiero ningún vacío de mi Voluntad en ti.  Ahora, tú debes saber que cada manifestación sobre mi Fiat Divino que te hago, son como tantos escalones por los cuales desciende mi Querer en el alma para tomar posesión de ella para formar su reino, y el alma sube al Cielo para transportarlo del Cielo a la tierra.  Por eso es un trabajo grande y no conviene perder tiempo por cualquier razón, aunque fuese santa.  Y tú misma ves cómo Yo mismo me eclipso en mi Querer Divino para darle todo el lugar a Él, y si a veces hago mis escapadas para venir, es sólo para tratar, reordenar y hacerte conocer lo que pertenece a mi Divina Voluntad, por eso sé atenta y tu vuelo en Ella sea continuo”.

(3) Después de esto seguía sintiéndome oprimida por las privaciones de Jesús, y pensaba entre mí:  “Cómo ha disminuido su amor hacia mí, comparado con aquél que me tenía antes, me parece que apenas las sombras me han quedado del amor de Jesús”.  Pero mientras esto pensaba se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(4) “Hija mía, cada acto hecho en mi Divina Voluntad duplica mi amor hacia ti, así que después de tantos actos que has hecho en Ella, puedo decir que mi amor ha crecido tanto, que debo ensanchar tu capacidad, para poderte hacer recibir mi creciente amor que surge en Mí a cada acto que haces en mi Divina Voluntad.  Por eso mi amor es más intenso y centuplicado que el de antes, así que puedes estar segura que mi amor no te faltará jamás, jamás”.

 

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26-4

Abril 21, 1929

 

La Divina Voluntad es plenitud.  Adán antes de pecar poseía

la plenitud de la santidad.  La Virgen y todas las cosas

creadas poseen esta plenitud.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, siento que no puedo hacer menos que estarme en la amada heredad que mi dulce Jesús, con tanto amor me dio diciéndome:  “Hija, te la confío a ti a fin de que jamás salgas de ella, y hagas resonar tu eco continuo de un punto al otro, de modo que todo el Cielo pueda ver que nuestra interminable heredad de nuestro Fiat sobre la tierra no está aislada, sino habitada por nuestra pequeña hija, ella girará siempre en Ella para hacer compañía a todos los actos de nuestro Querer, y en todos sus apartamentos”.  Por eso me es amado y dulce vivir en mi celestial heredad, sentiría que me falta la vida sin Ella.  Ahora, mientras giraba en Ella, mi siempre amable Jesús giraba junto conmigo y todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es toda plenitud, no hay cosa que no posea:  Inmensidad de luz, santidad incomparable, interminabilidad sin confines, generadora incesante, ve todo, siente y plasma todo; todo esto es naturaleza en mi Fiat Divino, por lo que sus actos poseen la plenitud de todos los bienes, por eso, para poder encerrar un solo acto suyo en el fondo del alma, es necesario que se escombre de toda sí misma, regrese al vacío de la nada como en el acto cuando fue creada, a fin de que mi Querer Divino encuentre el espacio de la nada para poder poner un acto suyo de plenitud, el cual poseyendo la virtud generadora incesante, un acto llamará al otro, de modo que nada debe faltar, ni plenitud de luz, de santidad, de amor, de belleza, ni multiplicidad de actos divinos.  Por eso la santidad hecha en mi Querer Divino posee toda la plenitud, pero tanto, que si Dios quisiera darle de más, no encontraría lugar dónde poner otra luz, otra belleza, y Nosotros diremos:  ‘Eres toda bella, no podemos agregarte otra belleza, tan bella eres, eres obra de nuestro Querer y esto basta para ser una obra digna de Nosotros.’  Y el alma dirá:  ‘Soy el triunfo de tu Fiat Divino, por eso soy toda rica y bella, poseo la plenitud de un acto de tu Querer Divino, el cual toda me llena, y si quisieras darme de más no sé donde lo pondría.’  Tal fue la plenitud de la santidad de Adán antes de caer en el laberinto de su voluntad humana, porque poseía el primer acto de nuestro Fiat, generador de su creación, y por eso poseía plenitud de luz, de belleza, de fuerza, de gracia, todas las cualidades de nuestro Fiat se reflejaban en él y lo embellecían tanto, que Nosotros mismos nos sentíamos raptados al mirarlo, al ver en él esculpida tan bella nuestra amada imagen que formaba en él nuestro Ser Divino.  Por eso, a pesar que cayó no perdió la vida ni la esperanza regeneradora de nuestro Fiat, porque habiendo poseído en el principio de su vida la plenitud de su acto, no quiso perder a aquél que lo había poseído.  La Divinidad se sintió de tal manera ligada con Adán, que no se sintió con fuerza para desterrarlo para siempre; para perder lo que una vez ha sido poseído por nuestro Fiat se necesita mucho, nuestra fuerza se sentiría débil, nuestro amor, el fuego que posee se restringiría para no hacerlo, sería el verdadero embarazo divino, perder a aquél que ha poseído un solo acto de la plenitud de nuestra Voluntad.  Tal plenitud de santidad la poseyó la alteza de la Soberana Reina, y por eso ningún vacío hay en Ella, se llenó tanto, que posee mares de luz, de gracias, de belleza, de potencia.  Es tal y tanta su plenitud, que no tenemos dónde poner y Ella no tiene dónde recibir, porque es la única celestial criatura que vivió bajo el imperio del acto de nuestro Fiat Divino, y que puede decir:  ‘Soy un acto de Voluntad Divina, y en esto está todo el secreto de mi belleza, potencia, grandeza, y hasta de mi maternidad.’  ¿Qué cosa no puede hacer un acto de nuestro Fiat?  Puede hacer todo, su prerrogativa es la plenitud de todo; un acto de Él es el sol y posee la plenitud de la luz, y si se pudiera preguntar al sol, ¿quisieras más luz?  Respondería:  ‘Tengo tanta que puedo dar luz a todos, y mientras la doy no la pierdo, porque poseo la fuente de la luz del acto del Fiat Divino”. El cielo es un acto de Él, por eso dondequiera que  se extiende, es tanta su plenitud que no encuentra dónde extender de más su cortina azul.  El viento es un acto de nuestro Fiat Divino, y por eso posee la plenitud del imperio, de la fuerza; ¿quién puede resistir a la fuerza del viento?  Ninguno, hace juego de todo, y con su fuerza imperante destroza ciudades, levanta árboles, y arroja por tierra, como si fueran paja, a todas las cosas.  Toda la Creación, cada cosa creada posee la plenitud del acto de nuestro Fiat, y por eso ninguna es miserable, todas son ricas con la plenitud querida por nuestro Querer Divino, ni ninguna cosa tiene necesidad de nada, son por naturaleza ricas por ellas mismas.  El mar posee la plenitud de las aguas; la tierra, la plenitud de las plantas y de tanta diversidad de ellas, porque todas son partes del acto de nuestro Querer Divino.  Ahora hija mía, el vivir en mi Divina Voluntad es propiamente esto, poseer y gozar la plenitud de los bienes divinos, de modo que nada debe faltar, ni santidad, ni luz, ni belleza; serán los verdaderos partos de mi Fiat adorable”.

 

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26-5

Abril 28, 1929

 

El Fiat Divino vuelve inseparable a la criatura de Dios.

Desbordamiento divino por la criatura.  Todo está al

seguro en quien vive en el Fiat, y todo está en peligro

en quien hace la voluntad humana.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino para seguir sus actos en la Creación, y habiendo llegado al Edén, mi pobre mente se ha detenido en el acto cuando creaba al hombre, e infundiéndole el aliento le infundía la vida, y rogaba a Jesús que diera el aliento a mi pobre alma para infundirme el primer aliento divino de la Creación, a fin de que con su aliento regenerador pudiese recomenzar mi vida toda en el Fiat, de acuerdo a la finalidad para la que me habían creado.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, como en acto de querer infundirme su aliento y me ha dicho:

(2) “Hija mía, es nuestra Voluntad que la criatura vuelva a subir a nuestro seno, entre nuestros brazos creadores para darle nuevamente nuestro aliento continuado, y en este aliento darle la corriente que genera todos los bienes, alegrías y felicidad, pero para poder dar este aliento, el hombre debe vivir en nuestro Querer, porque sólo en Él lo puede recibir, y Nosotros darlo.  Nuestro Fiat tiene tal virtud, de volver inseparable a la criatura de Nosotros, y lo que Nosotros somos y hacemos por naturaleza, ella lo puede hacer por gracia.  Nosotros al crear al hombre no lo poníamos separado de Nosotros, y para tenerlo junto le dábamos nuestra misma Voluntad Divina, la cual le daría el primer acto para obrar junto con su Creador; fue esta la causa de que nuestro amor, nuestra luz, nuestras alegrías, la potencia y belleza nuestras regurgitaron todas juntas, y desbordando fuera de nuestro Ser Divino poníamos la mesa a aquél que habíamos formado con tanto amor con nuestras manos creadoras y generado con nuestro mismo aliento.  Queríamos gozarnos nuestra obra, verlo feliz con nuestra misma felicidad, embellecido con nuestra belleza, rico de nuestra riqueza, mucho más que era Voluntad nuestra el estarnos junto con la criatura, obrar juntos y entretenernos junto con ella; los juegos no se pueden hacer de lejos, sino de cerca.  Entonces, por necesidad de creación y para mantener integra nuestra obra y la finalidad con la cual la habíamos creado, el único medio era dotar al hombre de Voluntad Divina, la cual lo habría conservado como salió de nuestras manos creadoras, y él habría gozado todos nuestros bienes, y Nosotros debíamos gozar porque él era feliz.  Por eso no hay otros medios para hacer que el hombre regrese a su puesto de honor, y que entre de nuevo a obrar junto con su Creador, y que se entretengan mutuamente, que entrar de nuevo en nuestro Fiat, a fin de que nos lo lleve triunfante a nuestros brazos que lo están esperando para estrecharlo fuerte a nuestro seno divino, y decirle:  ‘Finalmente, después de seis mil años has vuelto, has andado errante, has probado todos los males, porque no hay bien sin nuestro Fiat, has probado suficientemente y tocado con la mano lo que significa salir de Él, por eso no salgas más y ven a reposarte y a gozar lo que es tuyo, porque en nuestro Querer todo te fue dado’.  Por lo tanto hija mía, sé atenta, todo te daremos si vives siempre en nuestro Fiat, nuestro aliento tomará placer en darse siempre a ti, para darte nuestras alegrías, nuestra luz, nuestra santidad, y comunicarte la actitud de nuestras obras, a fin de que siempre podamos tener junto a la pequeña hija regenerada por nuestra Divina Voluntad”.

(3) Dicho esto se ha retirado en mi interior, y yo continuaba siguiendo los innumerables actos del Fiat Divino, y el bendito Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, es prerrogativa de mi Querer Divino poner al seguro todo lo que posee; así que cuando entra en el alma, como poseedor de ella, todas las cosas las pone al seguro:  Pone al seguro la santidad, la gracia, la belleza, todas las virtudes, y para hacer que todo esté al seguro, hace sustituir en el alma su santidad divina, su belleza, sus virtudes, todo en modo divino, y poniendo en ello su sello que es intangible de todo cambio, vuelve a la criatura intangible de todo peligro.  Así que para quien vive en mi Querer nada hay que temer, porque Él ha asegurado cada cosa con su seguro divino.  En cambio la voluntad humana hace que todo quede en peligro, aun la misma santidad, las virtudes que no están bajo el dominio continuo de mi Fiat, están sujetas a peligros continuos y oscilaciones continuas; las pasiones tienen el camino abierto para poner todo en desorden y arrojar por tierra las virtudes, la santidad, formadas con tantos sacrificios.  Si no está la virtud vivificadora y alimentadora continua de mi Querer, que cierre todas las puertas y todos los caminos a todos los males, la voluntad humana tiene puertas y caminos para hacer entrar al enemigo, el mundo, la estima propia, las miserias, las turbaciones, que son la polilla de las virtudes y de la santidad, y cuando está la polilla no hay fuerza suficiente para estar firmes y perseverantes en el bien, por eso todo está en peligro cuando no reina mi Divina Voluntad.  Además de esto, es tanto el mal que no reine nuestra Divina Voluntad en medio a las criaturas, que todas las cosas están en continua oscilación, nuestra misma Creación, todos los bienes de la Redención, son intermitentes, porque no encontrando en la familia humana nuestro Fiat reinante, no siempre puede dar los mismos bienes, es más, muchas veces nos debemos servir de la Creación y Redención para armarla en contra del hombre, porque el querer humano se pone en contra del nuestro, y Nosotros por justicia debemos golpearlos, para hacerle comprender que no reinando nuestro Querer, el humano rechaza nuestros bienes y nos obliga a castigarlos; la misma gloria que nos da la criatura por medio de la Creación y Redención, no es fija, cambia a cada acto de voluntad humana.  Así que el pequeño interés que nos debía dar la criatura, de su amor y de su gloria que nos debería dar, porque tanto le habíamos dado, no es ni siquiera renta fija, sino que todo es intermitente, porque sólo nuestra Voluntad tiene virtud de volver irremovibles y continuados sus actos y aquellos donde Ella reina.  Así que, hasta que no reine nuestro Fiat Divino todo está en peligro; la Creación, la Redención, los sacramentos todos están en peligro, porque el humano querer ahora abusa, ahora no reconoce a Aquél que tanto lo ha amado y beneficiado, ahora pisotea bajo sus pies nuestros mismos bienes; por eso, hasta en tanto no reine nuestro Querer que pondrá en medio a las criaturas el orden divino, su firmeza, armonía y su día perenne de luz, de paz, todo estará en peligro para él y para Nosotros, nuestras mismas cosas estarán bajo la opresión del peligro y no podrán dar a las criaturas los bienes abundantes que ellas contienen”.

 

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26-6

Mayo 4, 1929

 

Potencia, encanto, imperio de un alma que vive en el Querer Divino,

cómo todo gira entorno a ella y domina al mismo Creador.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, y mi pobre mente ahora se detiene en un punto, ahora en otro de Él, pero no sabe salir de dentro de la inmensidad de sus confines interminables, es más, no encuentra ni caminos ni puertas para salir de Él.  Y mientras camino en el Querer Divino, lo dejo detrás de mí, y mientras lo dejo detrás se me pone delante con su Majestad, a la derecha y a la izquierda, hasta debajo de mis pies y me dice:  “Soy todo para ti, para darte mi Vida y formarla en ti, así que no hay otra cosa para ti que mi Voluntad Divina y adorable”.  Mientras mi pobre mente se perdía en Él, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino, siente en sí el acto continuo y constante del obrar divino de mi Fiat Divino, este acto continuo generado por su potencia en la criatura, tiene tal fuerza, tal imperio sobre todos, que rapta a todos con su dulce encanto, de modo que todos giran en torno a ella, los ángeles, los santos, la Trinidad Sacrosanta, las esferas celestes y toda la Creación, todos quieren ser espectadores para gozar una escena tan dulce, encantadora y bella, del acto continuo de la criatura en el Fiat Divino, ella entra en el banco del Ente Supremo y unificándose en el acto continuo de su Creador, ella no hace otra cosa que poner fuera, con su acto continuo, las innumerables bellezas, los sonidos más dulces, las rarezas insuperables de las cualidades de su Creador.  Y lo que más rapta es el ver su pequeñez, que toda osada y animosa, sin temer nada, como si quisiera dominar al mismo Creador para darle placer, para raptarlo a sí, para pedirle el reino de su Querer sobre la tierra, toma y pone fuera del banco divino todas nuestras alegrías y felicidad como si quisiera agotarlas, y viendo que no las agota no se cansa, repite su acto continuado, de modo que todos esperan que termine, y no viéndola terminar se ponen en torno a ella, tanto, que ella se vuelve el lugar central, y todos giran alrededor para no perder una escena tan consoladora y jamás vista, esto es, el acto continuo de la pequeñez humana en la unidad del Fiat Supremo.  Mucho más que el obrar continuo es sólo de Dios, y al verlo repetir por la criatura, despierta las más grandes sorpresas, que hacen asombrar a Cielos y tierra.  Pequeña hija mía, si tú supieras qué significa un acto continuo en mi Voluntad, este acto es incomprensible a mente creada, ella es la bilocadora de nuestro acto continuo, ella entra en nuestro acto y hace surgir y pone fuera, mostrando a todos nuestra rara belleza, nuestro amor invencible, nuestra potencia que todo puede, nuestra inmensidad que todo abraza, quisiera decir a todos:  ‘Miren quién es nuestro Creador.’  Y Nosotros la hacemos hacer y gozamos al ver que la pequeñez de la criatura quiere darnos nuestro paraíso, y nuestro Ser Divino, como nuestro y como suyo.  ¿Qué cosa no puede hacer y darnos quien vive en nuestro Fiat?  ¡Todo!  Mucho más, porque estando en la tierra esta feliz criatura, en virtud del libre albedrío tiene la virtud conquistadora, lo que no tienen ni siquiera los santos en el Cielo, y con ésta puede conquistar y multiplicar el bien que quiere.  Y nuestro Querer que la tiene dentro de Sí, la vuelve conquistadora de nuestro Ser Divino”.

 

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26-7

Mayo 9, 1929

 

Cómo era necesario que concentrase en Luisa la santidad humana

para consumarla y dar principio a la Santidad del vivir en el Querer

Divino.  Cómo el sufrir voluntario es algo grande delante a Dios.

 

(1) Había leído en el primer volumen de mis escritos, cómo Nuestro Señor me había dicho que quería que yo aceptara entrar en batalla con el enemigo infernal, en las duras pruebas a que me sometió.  Entonces yo pensaba entre mí:  “Me parece que hay contradicción, porque Jesús me ha dicho tantas veces que quien vive en su Voluntad Divina no está sujeto ni a tentaciones ni a turbaciones, ni el enemigo tiene poder de entrar en el Fiat Divino, porque Éste lo quemaría más que el mismo fuego del infierno, y para no quedar más quemado huye del alma que vive en Él”.  Mientras esto y tantas otras cosas pensaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú te equivocas, no hay contradicciones.  Tú debes saber que debiéndote llamar en modo todo especial a vivir en mi Divina Voluntad, para hacértela conocer, y por medio tuyo hacer conocer a los demás la santidad del vivir en Ella, para hacerla reinar sobre la tierra, era necesario que concentrara en ti toda la santidad humana para consumarla en ti, para dar principio a la verdadera santidad del vivir en mi Querer Divino.  La santidad en el orden humano debía ser el escabel, el trono de la santidad en el orden de mi Divina Voluntad.  He aquí el por qué desde el principio en que te llamé al estado de víctima, y a todo lo que sufriste en aquella época, Yo te lo decía antes para preguntarte si tú aceptabas, y después de que aceptabas entonces te ponía en aquel estado de pena, quería de ti el sufrir voluntario, no forzado, porque era a tu voluntad a la que quería hacer morir, y encender sobre tu voluntad, casi como apagada llamita, el gran fuego del Sol de mi Fiat.  El sufrir voluntario es algo grande delante a nuestra Majestad Suprema, y por eso sobre la muerte de tu querer, ahogado de penas, podía mi Voluntad tener su dominio y disponerte a recibir el bien más grande de sus conocimientos.  ¿No fue mi sufrir todo voluntario –ninguno podía imponerse sobre Mí– lo que formó el gran bien de la Redención?  Así que todo lo que tú sufriste entonces, no fue otra cosa que un completar el orden de la santidad en el modo humano, por eso casi nada te decía de la santidad del vivir en mi Querer Divino, quería completar la una para comenzar la otra cuando vi que nada me negaste de lo que Yo quería, aun a costa de tu vida; y mientras nada me negabas y tu voluntad perdía el camino y se encontraba en continuo acto de morir, la mía hacía su camino y readquiría su Vida en ti, y conforme readquiría su Vida, así se manifestaba narrándote su larga historia, su dolor, y cómo suspira el venir a reinar en medio a las criaturas.  Mi palabra es vida, y conforme, más que un tierno padre te hablaba de mi Fiat, así iba formando su Vida en ti, porque jamás me habrías entendido lo que respecta a mi Querer si no hubieras tenido su Vida en ti, porque de aquello que forma la vida se tiene verdadero interés de comprender y defender, lo que no forma vida entra en el orden secundario, no primario, y no se siente el verdadero amor que se puede tener a la propia vida.  Así que a la misma Vida de mi Fiat formada en ti Yo podía confiar todos sus conocimientos, para poder formar otras tantas Vidas de Él en las criaturas, y después debía hacer de ti lo que hice de Mí:  Yo cuando vine a la tierra observé todas las leyes, me sometía a todos los sacrificios de la ley antigua en modo perfecto, como ningún otro hasta entonces había observado, y después de que todo lo completé en Mí, consumando en mi Humanidad todas las leyes y santidades de modo antiguo, las abolí y di principio a la nueva ley de gracia y a la nueva santidad que traje a la tierra.  Así he hecho contigo:  Concentré en ti las penas, los sacrificios, las batallas de la santidad presente para completarla, y así poder comenzar de nuevo la nueva santidad del vivir en mi Querer, esto es, el ‘Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra.’  Ahora, ¿dónde están las contradicciones que tú dices?  Cuando el alma entra en mi Querer para hacer en Él vida perenne, el enemigo no puede acercarse más, su vista queda cegada por la luz de mi Fiat, ni puede ver lo que la feliz criatura obra en esta luz divina.  La luz se defiende de todo, domina a todos, es intangible, no se deja ofender, ni ofende, y si alguno la quiere tocar o atraparla entre sus manos, con rapidez encantadora huye, y casi burlonamente la salpica de luz; toca todo, abraza a todos para hacer bien a todos, pero no se deja tocar por ninguno.  Así es mi Divina Voluntad, encierra al alma en su luz y con su imperio eclipsa todos los males, y ella viviendo de luz, todo se convierte en luz, en santidad y en paz perenne, así que los males se extravían y pierden el camino, las turbaciones, las tentaciones, las pasiones, el pecado, quedan todos con las piernas rotas y no saben más caminar.  Por eso sé atenta y tu vivir en mi Fiat sea continuo”.

 

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26-8

Mayo 12, 1929

 

Quien vive en el Fiat Divino es el narrador de las obras divinas.

La Ascensión.  Causa por la que no dejó el reino de la

Divina Voluntad sobre la tierra.

 

(1) Continuando mi acostumbrado abandono en el Fiat Divino, estaba siguiendo los actos de Él en la Creación, me parecía que uniéndome a sus actos, ahora hacía un acto de luz, ahora un acto de inmensidad, ahora un acto de potencia, y así de todo lo demás.  Pero mientras esto hacía, mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad y sigue sus actos, es la narradora de todas nuestras obras.  Así que conforme tú giras en el sol para repetir junto con mi Voluntad lo que hice al crear al sol, nos haces la narración de la historia de su luz, y el Ente Supremo al oír repetir por ti toda la historia del sol, lo que encierra, el bien que hace, siente darse toda la gloria de su luz, y como la luz brilla sobre todas las cosas, inviste todo, llena el aire, así oye tu eco cercano y lejano, en lo bajo y en la altura de los cielos, y susurrando a nuestro oído nos haces la narración de la luz, y nos glorifica tanto, que nos das un sol de gloria; oh, cómo quedamos felicitados por parte de la criatura por haber creado un astro tan benéfico para toda la tierra.  ¿Cómo no amar a quien vive en nuestro Fiat Divino?  Ella recoge todas nuestras cualidades y felicidad esparcidas en todo lo creado, y ahora nos hace la narración del cielo y nos dice la historia de su inmensidad, y nos da la gloria del cielo entero; ahora nos dice la historia del mar, y murmura junto con las aguas:  ‘Amor y gloria de todo el mar a mi Creador.’  Ahora nos narra la historia de la tierra florida, y todas las plantas y flores elevan su perfume y nos das la gloria de toda la tierra.  Ahora nos haces la narración de la historia del viento, ahora del aire, ahora del pajarillo que canta, ahora del cordero que bala, en suma, tiene siempre cosas que narrarnos de las tantas cosas que hemos hecho en la Creación, para darnos el amor y la gloria que tuvimos al crearla.  ¡Oh! cómo es dulce y grato el oírte hacer la narración de nuestras obras, nos sentimos duplicar el amor, nuestra gloria; mucho más que, quien nos hace la narración vive en nuestro Querer, el cual, instruyéndola le hace decir los secretos amorosos que hay en todas las cosas creadas”.

(3) Dicho esto ha hecho silencio.  Después, como si no pudiera contener el amor de su corazón divino, ha agregado:

(4) “Hija amada mía, tú eres mi esperanza, la esperanza del reino de mi Divina Voluntad sobre la tierra, aquella esperanza que no dice duda, sino certeza, porque ya en ti encuentra su reino; tus modos, tus prerrogativas, tus narraciones, todo pertenece a mi Fiat Divino, en ti están sus fundamentos, sus conocimientos, por eso espero que su reino se formará y se divulgará sobre la tierra”.

(5) Después de esto estaba pensando cuando Nuestro Señor subió al Cielo, glorioso y triunfante, con su Humanidad no más humillada, sujeta a las penas, con la divisa de Adán caído, sino intangible de toda pena, con la divisa del nuevo Adán inocente, con todas las prerrogativas más bellas de la Creación, vestido de luz e inmortal.  Pero mientras esto pensaba, mi dulcísimo Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, mi Humanidad rehizo en sí, y sobre sí misma todos los males de la humanidad caída, hasta morir, para darle virtud de hacerla resurgir de la muerte a la cual estaba sujeta.  He aquí la causa por la que no dejé el reino de mi Voluntad Divina sobre la tierra, porque faltaba la humanidad del Adán inocente, gloriosa e inmortal para poder impetrarlo y recibir el gran don de mi Fiat.  Por eso era necesario que mi Humanidad primero debía rehacer la humanidad caída y darle todos los remedios para levantarla, después morir y resurgir con las dotes del Adán inocente para poder dar al hombre lo que perdió.  No sólo eso, sino quise subir al Cielo con mi Humanidad bella, vestida de luz como salió de nuestras manos creadoras, para decir al Padre Celestial:  ‘Padre mío, mira cómo mi Humanidad está rehecha, cómo el reino de nuestra Voluntad está al seguro en Ella, soy Yo la cabeza de todos, y quien te ruega tiene todos los derechos de pedir y de dar lo que Yo poseo.’  Hija mía, se necesitaba una humanidad inocente, con todas las dotes con las cuales salió de nuestras manos creadoras para conseguir de nuevo el reino de nuestra Voluntad en medio a las criaturas, que hasta entonces faltaba, y Yo lo adquirí con mi muerte, y subí al Cielo para cumplir, después de mi primer trabajo, el segundo trabajo mío de impetrar y dar el reino de mi Divina Voluntad sobre la tierra.  Son cerca de dos mil años que esta mi Humanidad ruega, y nuestra Majestad Divina, sintiéndose regurgitar de nuevo, más bien, con más intensidad el amor de la Creación que tuvimos al crear al hombre, y sintiéndose raptar y fascinar por la belleza de mi Humanidad, ha desbordado fuera de nuevo, y abriendo los Cielos ha hecho llover a torrentes la lluvia de luz de los tantos conocimientos sobre mi Fiat, a fin de que como lluvia descienda sobre las almas, y con su luz vivifique y sane al querer humano, y transformándolo, arroja la raíz de mi Voluntad en los corazones, y ahí extiende su reino sobre la tierra.  Para venir mi reino sobre la tierra primero debía hacerlo conocer, debía hacer saber que quiere venir a reinar, y Yo, como un hermano mayor de la familia humana, estoy haciendo todas las diligencias necesarias en el Cielo junto a la Divinidad, para darle una adquisición tan grande.  Por eso era necesario que Yo subiera al Cielo con mi Humanidad glorificada, para poder readquirir de nuevo el reino de mi Fiat para mis hermanos e hijos”.

 

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26-9

Mayo 16, 1929

 

Los conocimientos sobre la Divina Voluntad son el ejército, los actos

hechos en Ella son las armas, su luz el palacio real, el Ministro la

Trinidad Santísima.  Ímpetu divino por establecer su reino.

Necesidad divina, silencio de Jesús, dolor de sus secretos.

                        

(1) Continuando mi acostumbrado abandono en el Fiat Divino, estaba pensativa por las privaciones de mi dulce Jesús.  ¡Oh! cómo gemía mi pobre alma bajo el peso infinito de un dolor que hace decir a todas las cosas creadas:  “¿Dónde está tu Jesús, Aquél que tanto te amaba?  ¡Ah! tú sientes que sostiene todo, tocas su belleza que ha puesto sobre toda la Creación, ves su inmensidad que no puedes alcanzar, pero todo esto que tú ves no son otra cosa que las huellas de sus pasos, que a su paso imprimió sobre todas las cosas creadas por Él, pero no está aquí.  Tú, corre, búscalo, y todas nosotras te acompañaremos gimiendo junto contigo para hacerte encontrar a Aquél que tú quieres”.  Yo siento que todos me hablan de Jesús con notas dolientes, que haciendo eco en mi pobre corazón desgarrado por un dolor que yo misma no sé decir, y era tanta la impresión, como si quisiera salir de mi habitual estado.  Pero mientras estaba en esto, mi amable y buen Jesús me ha sorprendido, y poniéndome los brazos en el cuello me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿qué pasa?  ¿Qué pasa?  Cálmate, cálmate, cómo, ¿tal vez tú quieres salir del ejército de mi Divina Voluntad?  Mira qué ejército ordenado, formidable y numeroso, que disponiéndose en orden de batalla en tu alma no te será fácil salir; pero, ¿sabes tú quién es este ejército?  Todos los conocimientos sobre mi Divina Voluntad, porque Ella habiéndose formado su palacio real en ti, no podía estar, ni era decoroso estar sin su ejército.  Este ejército lo hemos sacado de nuestro seno divino para cortejar, defender, y están todos atentos para hacer conocer a todos quién es nuestro Fiat, su Rey divino, cómo quiere descender con todo su ejército celestial en medio a los pueblos para combatir al querer humano, pero no con las armas que matan, porque en el Cielo no hay estas armas asesinas, sino con las armas de luz que combaten para formar la Vida de mi Querer en las criaturas.  Ahora, tú debes saber que las armas de este ejército son los actos hechos en mi Divina Voluntad; ¡mira cómo es bello!  El palacio real es la luz de mi Fiat, el Rey que domina es mi Querer, el Ministro la Trinidad Santísima, el ejército sus conocimientos, las armas tus actos hechos en Él.  Porque conforme tú tenías el bien de conocer un conocimiento suyo y obrabas en virtud de él, en mi Fiat formabas las armas en las manos de cada conocimiento, para dar la vida de este conocimiento a las otras criaturas.  Pero no es todo aún, cada conocimiento posee un arma diversa la una de la otra, así que cada conocimiento que te he dado sobre mi Divina Voluntad posee un arma especial y distinta:  Quién posee el arma de la luz para iluminar, calentar y fecundar el germen de mi Fiat; quién posee el arma de la potencia vencedora que domina e impera; quién el arma de la belleza que rapta y conquista; quién el arma de la sabiduría que ordena y dispone; quién el arma del amor que quema, transforma y consume; quién el arma de la fuerza que arroja por tierra, hace morir y hace resurgir en mi Querer Divino; en suma, cada conocimiento mío es un soldado divino que manifestándose a tu alma se ha hecho poner en sus manos, por ti, el arma de cada oficio que poseen.  Mira qué orden tienen, como son atentos a su oficio y a manejar el arma que cada uno posee para disponer y formar el pueblo del reino de mi Fiat Divino.  Este ejército y estas armas poseen la virtud prodigiosa de lo infinito, de modo que se difunden por dondequiera, y donde hay una luz, aun pequeña, en las criaturas, combaten con armas de luz contra las tinieblas del querer humano para eclipsarlo y darle la Vida de mi Fiat, y donde hay un germen de potencia o de fuerza, corre el soldadito divino con su arma de la potencia y de la fuerza para combatir la potencia y fuerza humana, y hacer resurgir la potencia y la fuerza de mi Divina Voluntad.  Este ejército tiene el arma opuesta a todos los actos humanos para combatirlos, para hacer resurgir sobre el acto humano el acto de mi Querer Divino.  Por eso hija mía, es necesario que tu permanezcas en mi Divina Voluntad para formar armas suficientes, con tus actos hechos en Ella, al gran ejército de sus conocimientos.  Si tú supieras cómo este ejército espera con ansia las armas de tus actos en sus manos para mover batalla y destruir el pobre reino del querer humano, y edificar nuestro Reino de luz, de santidad y de felicidad; mucho más que Yo estoy en ti, en la gran morada de mi Divina Voluntad, en medio a mi ejército, con el continuo consejo del Ministro de las Divinas Personas, como reproductor de nuestras obras, porque Nosotros somos el Ser obrante, y donde estamos queremos obrar siempre, sin cesar jamás.  Por eso es de necesidad que tú estés siempre en nuestro Fiat para unirte a Nosotros en nuestro continuo obrar, y darnos el campo de siempre obrar en ti, porque es propiamente ésta la señal del obrar divino:  Obrar siempre, siempre, sin cesar jamás”.

(3) Después de esto ha hecho silencio, y poco después con un énfasis más tierno ha agregado:

(4) “Hija mía, si tú supieras que ímpetu de amor siento porque quiero establecer el reino de mi Divina Voluntad sobre la tierra, para realizar el único fin por el cual fue creado el hombre; todo lo que ha sido hecho por las Divinas Personas, desde que fue creado el mundo y lo que haremos, nuestro principio será siempre aquél, no lo dejaremos jamás, que el hombre regrese a su herencia del reino de nuestro Fiat que nos rechazó.  Tanto, que en mi misma encarnación, cuando descendí del Cielo a la tierra, la primera finalidad fue el reino de mi Divina Voluntad, los primeros pasos los di en el reino de Ella, esto es, en mi Madre Inmaculada que lo poseía, mi primera morada fue en su seno purísimo, en el cual mi Fiat tenía su dominio absoluto y su reino íntegro y bello, y en este reino de mi Querer que poseía mi Mamá Celestial, comencé y formé mi Vida acá abajo, de penas, de lágrimas y de expiaciones.  Yo lo sabía, sabía que debía ser el Jesús abandonado, no amado ni buscado, pero quise venir porque veía a través de los siglos que mi venida a la tierra debía servir para formar el reino de mi Querer Divino, y por necesidad debía primero redimirlos para obtener mi primera finalidad.  Y Yo desde entonces descendía del Cielo para venir a buscar, encontrar y estrechar a mi seno a los hijos de mi reino, que me habrían buscado, amado, reconocido, hasta llegar a no poder estar sin Mí, y por eso en lo que Yo hacía y sufría, Yo ponía un sello y decía:  ‘Aquí esperaré a los hijos de mi Querer, los abrazaré, nos amaremos con un solo amor, con una sola Voluntad’; y por amor de ellos, las lágrimas, los pasos, las obras, se me cambian en refrigerio, en alegría para mi corazón ahogado de amor.  Hija mía, ¿no sientes tú misma que no puedes estar sin Mí?  Y cuando lean en el mundo estos escritos, quedarán maravillados al oír la larga cadena de mis gracias, mis cotidianas visitas, y por tan largo tiempo, lo que no he hecho a ningún otro, mis largas conversaciones que he tenido contigo, las tantas enseñanzas que te he dado, y todo lo que debía servir al reino de mi Divina Voluntad.  Sentía la irresistible necesidad de reemprender y rehacer contigo todas las conversaciones, de comunicarte las gracias, las enseñanzas que habría dado a Adán inocente si no hubiera rechazado la preciosa herencia de mi Fiat; él rompió mi hablar y me redujo al silencio, y después de seis mil años de silencio sentía la extrema necesidad de reemprender mi hablar con la criatura.  ¡Oh! cómo era doloroso contener tantos secretos en mi corazón, que debía confiarle, y que sólo para ella eran reservados estos secretos, no para otros, y si supieras cuánto me ha costado el callar por tan largo tiempo, mi corazón estaba sofocado y delirante repetía sumisamente:  Ay de Mí, creé al hombre para tener con quién hablar, pero debía poseer mi Divina Voluntad para entenderme, y como me la rechazó me ha vuelto el Dios taciturno, ¡qué dolor siento!  ¡Qué amor sofocado que me hacía desfallecer, y deliraba!  Por eso no pudiendo soportarlo más, lo he querido romper contigo, he roto mi largo silencio, y por eso la necesidad del ímpetu de mi hablar tan prolongado, frecuente y repetido.  Y mientras me desahogo contigo en el decir, siento como si ahora estuviese dando principio a la Creación, y por eso en estos escritos te estoy haciendo escribir el verdadero por qué de la Creación, qué cosa es mi Voluntad, su valor infinito, cómo se debe vivir en Ella, su Reino y cómo quiere reinar para volver a todos santos y felices.  Todos quedarán sorprendidos al leer estos escritos y sentirán la necesidad de que mi Fiat viva en medio a ellos.  La Divinidad siente una irresistible necesidad de completar la obra de la Creación, y ésta será completada con el reinar nuestra Divina Voluntad en medio a las criaturas.  ¿Qué haría una criatura si después de que ha hecho una obra con sacrificios inauditos y por largo tiempo, obra que le cuesta la vida, obra de valor incalculable, y sólo porque le faltase un punto, una pincelada, un color, no puede completar la obra que le cuesta tanto?  Y por cuan bella su obra, por cuan preciosa y de valor incalculable, que formaría su fortuna, su gloria y su felicidad completa, no puede presentarla al público, ni puede decir que es una obra completa porque falta un punto.  Para esta persona la vida se cambiaría en dolor y sentiría el peso de su obra, bella, sí, pero no completa, y por eso se siente infeliz y en vez de gloria se siente humillada, y ¿qué sacrificios no haría?  Pondría la vida para poner aquel punto para dejar completa su obra.  Así nos encontramos Nosotros, nada falta a nuestra obra de la Creación:  cielos, soles, obras y magnificencia de toda especie, pero falta un punto, un punto que me desfigura una obra tan bella, pero este punto es el más importante, es la pincelada más bella, es el color más vivo que falta a la Creación, todos y todo viven en mi Fiat, pero un punto de ella, esto es, la familia humana, está fuera de Él, fuera de mi reino y vive infeliz.  ¡Qué dolor!  Hay lugar para todos en mi Querer, no obstante hay quien vive fuera.  ¡Oh! cómo nos la desfigura y la vuelve incompleta.  Y, ¿qué cosa no haremos para verla completa?  Cualquier sacrificio hija mía, todo estamos dispuestos a hacer; ya he puesto mi Vida en la Redención para poner este punto a la obra creadora.  Y cuando conozcan qué significa Voluntad de Dios, el gran bien que puede hacer, y cómo a Nosotros la cosa que más nos importa es poner a salvo los derechos de nuestro Fiat Divino, y hacerlo reinar para ver a todos felices en nuestra Voluntad, con nuestra misma felicidad, no más se maravillarán de leer en estos escritos, lo que te he dicho y hecho de grande en tu alma, más bien dirán:  ‘A una Voluntad tan santa que todo ha hecho, era justo que se necesitara este desahogo de gracias y tantas enseñanzas sublimes para hacérsela comprender, amar y suspirar en quien debía hacer el primer depósito de su Reino’  Por eso sé atenta, porque se trata de dar los derechos a una Voluntad Divina, para dejar completa la obra de la Creación”.

 

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26-10

Mayo 21, 1929

 

La Divina Voluntad, luz; el amor, calor.  Alimento y desahogo divino.

 

(1) Estoy siempre de regreso en mi amada heredad del Querer Divino, y me parece que voy cosechando en Él, y Jesús muy bueno no deja de darme sus bellas lecciones sobre cada una de aquellas espigas que voy recogiendo; pero mientras giraba iba repitiendo mi estribillo sobre de cada cosa:  “Te amo, haz que mi te amo sea dulce cadena que atando al eterno Fiat lo atraiga, lo violente para hacerlo venir a reinar sobre la tierra”.  Ahora, mientras esto hacía, mi adorado Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es luz, el amor es el calor.  Luz y calor son inseparables entre ellos y forman la misma vida; así hay necesidad de la fusión de mi Voluntad y de mi amor, una voluntad que no ama no es operante, una amor que no tiene voluntad está sin vida.  Empero mi Voluntad tiene el primer acto, se puede decir que su luz hace surgir el calor, Ella hace el primer acto y llama en su luz la vida del amor, y de ellos forma una sola cosa.  ¿Quién puede dividir el calor de la luz?  Ninguno.  Sin embargo, cuanto más grande es la luz, más fuerte es el calor, así que una pequeña luz, apenas si se siente la fuerza del calor; una luz grande da mucho calor y produce efectos admirables.  ¿Cuántos y cuáles efectos produce el sol porque su luz es tanta que abraza toda la tierra?  Se puede decir que es el rey de la tierra, con su luz y con su calor acaricia a todos, abraza todo y hace bien a todos, y sin que pida nada a nadie, porque:  Primero, no tiene necesidad de nada; segundo, porque todos se sentirían impotentes de corresponder al sol por el gran bien que hace a toda la tierra.  He aquí el por qué tú sientes en ti dos potencias infinitas, fundidas en una:  Mi Divina Voluntad y mi amor, y la luz de mi Querer te hace correr para hacerte poner su te amo, que hace salir del seno de su luz, sobre todas las cosas creadas, para ver toda la Creación adornada con su y tu te amo.

(3) Además de esto, la vida tiene necesidad de alimento; mi Voluntad Divina es Vida, mi amor es alimento, cada te amo tuyo es un sorbo de alimento que das a mi Fiat en ti, y cada acto tuyo hecho en mi Querer hace crecer la Vida de Él en ti.  ¡Oh, cómo goza por ello, y crece admirablemente la Vida de mi Querer en la criatura cuando encuentra mucho amor divino, se puede decir que mi Fiat encuentra su alimento, y mi amor encuentra su vida”.

(4) Después de esto continuaba pensando en el Fiat adorable, y mi dulce Jesús ha vuelto a tomar la palabra diciéndome:

(5) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino se encuentra bajo el desahogo continuo de su Creador; es tanto nuestro amor hacia ella, nos rapta tanto al ver nuestro Fiat en la pequeñez de la criatura, que queremos darle siempre, siempre, sin cesar jamás.  Ahora este nuestro desahogo divino la llena tanto, que no le deja ningún vacío en sí misma, de modo que dondequiera que se apoya encuentra siempre la plenitud de nuestro desahogo que la sostiene, de manera que no puede replegarse sobre sí misma, porque nuestro desahogo la sostiene y la lleva como en triunfo en sus brazos.  ¿Pero sabes tú qué cosa desahogamos?  Amor, luz, gracia, santidad, potencia, etc.; ahora, todas estas cualidades nuestras hacen competencia para ver quien lleva en brazos a esta pequeña criatura, parece que se la pelean entre ellas y hacen turno para decir, todos la hemos llevado, y mientras cada una la lleva en sus brazos, si la lleva el amor, la llena tanto de amor, que toma gusto en ver ahogada a la pequeña pequeñita, ahogada en su amor, y sólo se contenta al hacerla pasar a los brazos de la luz cuando la ve desbordar amor, porque quiere ver repetir a la pequeña pequeñita lo que ha hecho su Creador.  La luz toma gusto en ahogarla de luz, la gracia en ahogarla de gracia, la potencia en ahogarla de potencia, pero tanta, de raptar al mismo Creador.  En suma, esta pequeñita criatura vive bajo el desahogo continuo de Dios, que la llena tanto, de sentirse ahogada sin poderlo contener, de modo que está obligada a desbordarlo fuera, así que lo que tú dices de mi Querer Divino no es otra cosa que el desahogo de lo que contienes dentro”.

 

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26-11

Mayo 25, 1929

 

Potencia de quien vive en el Fiat Divino.  Virtud de los

actos hechos en Él.  Todas las generaciones

dependen de los actos hechos por Adán.

 

(1) Continuando mi habitual abandono en el Fiat, me he encontrado fuera de mí misma, y con sorpresa he visto al enemigo infernal junto a mí, como si se quisiera lanzar sobre de mí; yo he sentido tal fuerza, de ponerme sobre de él, y conforme me ponía sobre él así quedaba vencido y hecho pedazos.  Yo me impresionaba y pensaba entre mí:  Desde hace mucho tiempo que no veía al enemigo, es más, si me veía huía de mí, y ahora ¿qué cosa quiere con este acercarse?”  Y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, el alma que posee mi Fiat Divino tiene tal potencia, que hace pedazos la potencia diabólica, y Yo he permitido que tocaras con la mano que sólo con el ponerte sobre de él ha quedado destrozado, a fin de que no le temas, y que él sintiese la potencia de quien posee mi Querer, que dispersa como polvo al viento la fuerza diabólica.  Por eso no pienses en él y continúa la vida en mi Fiat, porque tú debes saber que cada oración, cada acto y movimiento de quien vive en Él, encierra dentro una fuerza y un peso infinito e incancelable, y lo infinito se extiende por todas partes, contiene la virtud productora de todos los bienes, abraza la eternidad, encierra al mismo Dios, por eso un acto hecho en mi Querer es un acto que no termina jamás, y tiene tal potencia que encierra Cielo y tierra.  Nuestro Fiat con su potencia infinita encierra nuestra Divinidad en el acto de la criatura, formando con sus velos de luz la más bella y deliciosa morada real a nuestro Ser Divino”.

(3) Jesús ha desaparecido, y yo me sentía abismada en el abismo de luz del Fiat supremo.  Después de esto estaba siguiendo mis actos en el Fiat Divino, y llegando al Edén pensaba entre mí:  “En este Edén, nuestro primer padre Adán hizo sus primeros actos en el Fiat Divino, así que toda la Creación tuvo el principio dentro de un acto de Voluntad Divina obrante en todas las cosas creadas, como también el primer hombre; Ella extendía la plenitud de su santidad, potencia, belleza y luz en cada cosa, haciéndose actora y espectadora, encerrando todo en un acto solo de su Voluntad Divina.  Cómo era bella la Creación en su principio, una era la Voluntad que obraba, y los diversos actos no eran otra cosa que los efectos de Ella”.  Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, todas las generaciones dependen de los primeros actos hechos por Adán en la plenitud de mi Divina Voluntad,  porque siendo hechos en Ella, eran actos llenos de vida y podían dar principio y vida a todos los otros actos de todas las criaturas.  Y a pesar de que las criaturas no viven de mi Voluntad, sino de la de ellas, es siempre Ella que les da vida, y mientras les da vida la tienen como sofocada y agonizante en sus actos.  Por eso todos los actos de Adán hechos en mi Querer están como acto primero de todos los actos de las criaturas; ¿quién puede destruir un acto hecho en mi Divina Voluntad?  ¿Quién puede quitarle la soberanía, la potencia, la belleza, la vida?  Ninguno.  No hay cosa que no dependa del primer acto, todas las cosas creadas dependen del primer acto hecho por Aquél que las ha creado.  Y si tanto amo, suspiro y quiero que mi Voluntad sea conocida y reine en medio a las criaturas, es propiamente esta la razón, que sean restituidos sus justos y santos derechos, y que así como tuvo principio la Creación toda, así regrese toda en nuestra Divina Voluntad”.

 

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26-12

Mayo 28, 1929

 

Cuando Jesús habla de su Querer se abajan los Cielos;

fiesta de todo el Cielo.  El Divino Querer es corona de la

Creación y de la Redención.  Dolor de Jesús porque

no se conoce el Fiat Divino.

 

(1) Mi pequeña inteligencia no hace otra cosa que navegar en el mar interminable del Fiat Divino, y conforme forma sus olas de luz así murmura su lenguaje celestial y divino, y pone fuera sus secretos, y con palabras arcanas se manifiesta a mi pequeña alma, y muchas veces mi dulce Jesús sale de dentro de aquellas olas de luz, corre, me abraza y se pone la mano en su corazón para sostenerlo, tanto es el ímpetu de su amor porque escucha y habla de su Querer Santísimo.  Ahora, mientras me encontraba en este estado, mi amado Jesús me ha dicho:

(2) “Hija de mi Querer, si supieras qué amor siento cuando me decido a hablarte de mi Fiat Divino; cada vez que te he hablado de Él, los Cielos se han abajado, tanta era la estima y la veneración que sentían, y haciendo homenaje a lo que Yo debía decir, y abajándose, todos se ponían atentos a escucharme, y mientras Yo hablaba sentían en ellos nuevas creaciones de Vidas Divinas, nuevas alegrías, nuevas bellezas, porque cuando se trata de hablarte de otros conocimientos de mi Fiat Divino, todo el Cielo siente la potencia de Él y hacen competencia en escuchar y en recibir los nuevos efectos de aquellos conocimientos.  Así que cuantas veces te he hablado de mi Querer Santísimo, ha sido la fiesta de todo el Cielo, porque se sentía duplicar la felicidad, y sólo el Cielo podía contener todos los admirables efectos, las puras alegrías de un solo conocimiento de mi Fiat.  Sólo así podía hablarte de Él, con el Cielo abajado para recibir sus actos reverentes y los homenajes debidos a mi Divina Voluntad.  Es tanto el amor y el deseo que siento de hacerla conocer, que si fuera necesario me encarnaría de nuevo para obtener que mi Voluntad fuera conocida y reinase sobre la tierra, pero esto no es necesario, porque habiéndome encarnado una vez, mi encarnación está siempre en acto y tiene virtud de reproducir los mismos efectos como si de nuevo me encarnase.  Y ha sido sólo por el decoro de mi Fiat que te he escogido, te he purificado de todo germen de corrupción, me he encerrado en tu alma, no sólo en modo espiritual sino también natural, de modo de servirme de ti como velo para cubrirme, casi como me serví de mi Humanidad como velo para esconder mi Divinidad, y para tenerte a mi disposición te he segregado de todo, te he confinado dentro de una cama y por tan largos años, para darte las sublimes lecciones sobre mi eterno Fiat y hacerte beber sorbo a sorbo sus conocimientos y su Vida.  La historia larga de Él requería tiempo para narrártela y hacértela comprender.  Yo puedo decir que he hecho más que en la Creación y Redención, porque mi Querer encierra la una y la otra y es principio y medio de ellas, y será fin y corona de la Creación y Redención, en modo que sin mi Voluntad, no conocida ni reinante y dominante sobre la tierra, nuestras obras serán obras sin corona e incompletas, he aquí el por qué tanto interés de hacerla conocer.  Nuestras mismas obras hechas con tanto amor y magnificencia, están bajo la opresión de un gemido inenarrable, y casi bajo una humillación profunda, porque la Vida, la sustancia esencial que esconden, no es conocida aún, se conocen los velos, la exterioridad de la Creación y Redención, pero la Vida que esconden es ignorada; ¿cómo pueden dar la Vida que esconden y los bienes que poseen?  Por eso nuestras obras suspiran, reclaman sus justos derechos, que sea conocida mi Divina Voluntad.  ¡Ah! sí, sólo Ella será la gloria, la corona imperecedera y el cumplimiento de nuestras obras.  Ahora, tú debes saber que Yo me encuentro en ti escondido, con el dolor en el corazón, como me encontraba en los últimos años, cuando mi Humanidad vivía acá abajo sobre la tierra, y Yo, Verbo del Padre estaba escondido en Ella.  Después de tantos sacrificios, después de mi tanto decir y ejemplos dados, miraba la tierra, miraba los pueblos y aun a aquellos que me rodeaban sin los efectos de mi venida a la tierra, los frutos, los bienes de mi venida a la tierra escaseaban tanto, que mi corazón era torturado al sentir que me rechazaban los tantos bienes que quería darles, y acrecentaba mi dolor porque veía que habiendo cumplido en mi Humanidad lo que debía hacer para redimirlos, estaba por partir para el Cielo.  Cómo es doloroso querer hacer el bien, aun a costa de la propia vida, y no encontrar a quien dar estos bienes.  Ahora así me encuentro en ti, miro mis y tus sacrificios, miro el orden que he tenido, las tantas lecciones que te he dado, bastante para hacer conocer mi Divina Voluntad, para formar su reino, y si no termino de decir es porque su historia es eterna, y lo que es eterno tiene su decir eterno que no termina jamás, y que el decir de mi Fiat se eternizará en el Cielo.  Miro a aquellos que te circundan y que saben lo que respecta a mi Querer, sin verdadero interés de hacer conocer tanto bien, miro tu misma humanidad que me sirve como cátedra donde imparto mis lecciones, y que tú misma no puedes negar que me sientes mover en ti sensiblemente, hablar, sufrir, y que estoy propiamente en ti para formar mi reino y hacerlo conocer; y mientras te miro veo que ni siquiera tu humanidad debe estar por largo tiempo sobre la tierra, y mi corazón siente la angustia del dolor porque el gran bien que quiere hacer mi Divina Voluntad ni siquiera es conocido, sus conocimientos están como sepultados, y que mientras quieren dar vida, felicidad, luz, quedan como encarcelados entre Yo y tú y en los escritos que con tanta ternura de amor te he hecho escribir.  Por eso hija mía compadece mi dolor, adora mis disposiciones de tenerte aún sobre la tierra, Yo sé que te es muy duro y Yo te compadezco, y mientras nos compadecemos mutuamente hagamos cuanto esté en nosotros para hacer conocer mi Divina Voluntad”.

(3) Después de esto estaba haciendo mis actos en el Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, mi Fiat tiene su acto primero en nuestra Divinidad, su acto primero en la Creación y Redención y en todas las cosas, y por eso tiene el justo derecho de dominar todo y de envolver a todos y de ser la primera rueda, que moviéndose, todo mueve en torno a sí y todo gira a su alrededor.  Así que quien toma mi Voluntad como vida toma todo, y conforme la primera rueda se mueve, así todas las cosas se dan al alma, tanto, que no tiene necesidad de pedir, todas conforme giran en torno a mi Querer se dan a ella.  Por eso la cosa más necesaria es tomar mi Divina Voluntad, y si esto ha hecho, ha hecho todo y ha tomado todo, todo es suyo.  Sucede como a una máquina, si se mueve la primera rueda del centro de ella, todas las ruedas secundarias giran, pero si no se mueve la primera rueda, todas quedan detenidas, y no hay potencia o artífice que tenga virtud de mover las ruedas secundarias, pero si se mueve la primera, por sí mismas las otras giran y hacen su oficio.  Por eso la atención y el arte deben ser para la primera rueda, todo lo demás viene de por sí.  Así es mi Voluntad, quien la posee no tiene necesidad de nada”.

 

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26-13

Mayo 31, 1929

 

El verdadero amor tiene necesidad de un desahogo.  La Creación fue

un desahogo de amor, como también la Redención y el Fiat Divino.

Qué significa un desahogo divino.

 

(1) Mientras escribía pensaba entre mí:  “Cuántos sacrificios para escribir, cuántas noches de vigilia, cuánto tiempo empleado, sólo Jesús ha sido testigo, que teniendo compasión de mí me sostenía, me ayudaba, me inspiraba las palabras, y muchas veces Él mismo me dictaba lo que debía escribir, pero, ¿cuál será la utilidad de tantas premuras de Jesús por hacerme escribir, y de tantas luchas internas por poner sobre el papel lo que Jesús me hacía oír dentro de mí?  ¿Qué utilidad a tantos sacrificios sostenidos?  ¿Quién se tomará el trabajo de leerlos, de hacerlos conocer, a fin de que lleven el bien de tantas verdades sobre la Divina Voluntad en medio a las criaturas?  Creo que ninguno, y todos los sacrificios quedarán en el papel.  Del resto, si he escrito lo he hecho sólo por temor, para no disgustar a Jesús, y sólo y siempre por obedecer.  Luego, con estos pensamientos continuaba escribiendo, y cuando después de haber terminado me puse a rezar, mi dulce Jesús ha salido de mi interior y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, el amor verdadero tiene necesidad de un desahogo, Yo no podía contener más en Mí este desahogo intenso de hacer conocer mi Voluntad, sus conocimientos, su valor inmenso, y el cómo quiere formar su reino sobre la tierra.  Mi corazón se encuentra en el arrebato de las llamas, porque quiero dar esta sorpresa a las humanas generaciones, el reino de mi Divina Voluntad sobre la tierra; sorpresa no esperada por ellos.  Y mi amor contenido gemía, deliraba y era devorado por llamas inextinguibles, porque quería hacer conocer que quería darles este gran bien, bien que sobrepasa todos los demás bienes, cual es el reino de mi Fiat Divino.  Este gran bien lo di al principio de la Creación, porque de nuestra Divinidad no salen jamás bienes u obras incompletas, nos fue rechazado por el hombre, y Nosotros tuvimos el dolor de sentir que se nos rechazaba la vida, la sustancia, los bienes, y la parte más esencial de la Creación, y el hombre volvió, para él, todas nuestras obras incompletas, y no se ha dado más pensamiento de readquirir lo que nos rechazó,  Pero mientras él no lo pensaba, Nosotros lo pensábamos, y esto formaba nuestro martirio de amor, martirio que nos ha durado cerca de seis mil años, martirio secreto que acrecentaba nuestras llamas y nos devoraban tanto, que no pudiendo contenerlas más, he querido venir a ti para romper el secreto, porque sentía la necesidad de hacerte un desahogo de amor y decirte:  ‘Quiero dar lo que el hombre me rechazó, quiero que mi Querer reine sobre la tierra’.  Y para hacerlo venir a reinar debía hacértelo conocer, por eso la necesidad de manifestarte tantos conocimientos de Él.  Entonces, si ningún bien ni utilidad traerán tus sacrificios de escribir, lo que no será, eran necesarios a mi amor y han servido para formar mi desahogo y para aligerarme de las llamas que me devoraban.  Así que cada conocimiento sobre mi Fiat Divino era un desahogo de amor contenido que te hacía, era una nueva creación que Yo ponía fuera, era un unir la Divina Voluntad a la humana, para reordenarla de nuevo según el orden creado por Nosotros.  Era vida que salía de Mí, sustancia y parte esencial para poder formar el reino de mi Divina Voluntad sobre la tierra.  Si tú supieras qué significa un desahogo divino:  Desahogo de amor fue la Creación y, ¡oh, cuántos bienes no salieron de este desahogo!  Cielos, estrellas, soles, mares, tierra florida, y después el hombre, formado con tal arte, que Cielos y tierra se asombran por el modo como está formado el hombre.  Este desahogo habría continuado, y cosas más bellas debían salir de Nosotros, pero el hombre con rechazar nuestra Voluntad Divina nos cerró este desahogo y detuvo nuestras obras, y por cuatro mil años nuestro desahogo no tuvo más salida, pero nuestro amor sentía la necesidad de desahogar, quería sus derechos, quería poner fuera sus llamas vitales, e irrumpiendo su largo desahogo creó a la Virgen Santísima, a la cual siguió la encarnación del Verbo, ¿cuántas maravillas en este segundo desahogo, cuánta utilidad, cuántos bienes no han recibido las criaturas?  Pero este nuestro desahogo quedó a la mitad, y nuestro amor debió contentarse con esperar otros dos mil años para poder irrumpir de nuevo su desahogo y poner fuera todos sus secretos, las maravillas más íntimas de nuestra Divinidad, los dones más grandes que se necesitan para hacer reinar nuestra Voluntad Divina en medio a las criaturas.  Si tú supieras qué significa un desahogo divino, y así como en la Creación nuestro desahogo hizo obras grandes, magnánimas, y es útil y continua su vida; así en el desahogo de la Redención llevará sus admirables efectos, y la vida redentora a las generaciones humanas; así este desahogo de hacer conocer que mi Fiar Divino quiere formar su reino, y todo lo que has escrito sobre sus conocimientos, tendrán vida en medio a las criaturas.  Por eso, por ahora déjame desahogar, y Yo pensaré en cómo volver útil lo que te he manifestado”.

 

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26-14

Junio 4, 1929

 

Conforme el alma va haciendo la Divina Voluntad, así Ésta se dilata y

hace crecer la Vida Divina en el alma, y el alma crece en el seno de su

Padre Celestial.  Quien vive en Ella, llama a lista a toda la Creación.

Quién sale de la Divina Voluntad, él sale pero sus actos quedan.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, siento en mí tal necesidad de vivir en Él, que para mí se ha vuelto más necesario que mi misma naturaleza, es más, la naturaleza me la siento cambiada en Voluntad de Dios, siento que está perdida en Ella, y en todas las cosas, en vez de encontrarme a mí misma, encuentro a aquel Fiat que me dice:  “Yo soy tu vida, corre, corre siempre en Mí, en el mar de mi luz para vivir de mis actos, de mi santidad, de mi felicidad y de todos los bienes que poseo”.  Pero mientras navegaba el mar del Fiat Divino, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, conforme el alma va obrando en mi Querer Divino, así Él se dilata de más en la criatura, de modo que cada acto de más hecho en Él, tanto crecimiento de más hace en ella, así que se ve crecer en modo admirable la Vida Divina en la criatura.  Pero no es todo, conforme crece la Vida Divina en la criatura, al mismo tiempo por cuantos actos de más hace en mi Fiat Divino, tanto más crece la criatura en el seno de su Padre Celestial, el Ser Supremo abre su seno y encierra a esta feliz criatura para hacerla crecer a modo divino, para vestirla con vestidos reales, para proporcionarle el alimento con sus manos, para embellecerla de rara belleza.  Todo el Cielo queda sorprendido, raptado al ver que su Creador crece en su seno a una criatura, y dicen entre ellos:  ‘Alguna cosa grande hará de ella, que la ama tanto y la custodia tanto que la hace crecer en su seno paterno.’  Y todos esperan el pleno crecimiento de esta criatura para ver lo que será de ella.  Por eso el prodigio de vivir de mi Querer es singular, Él comunica tal potencia a quien vive en Él, que entra en todas partes, y Dios mismo ama y quiere crecerla en su seno divino.  Además de esto, es tal y tanta la potencialidad y difusión del acto hecho en mi Divina Voluntad, que dondequiera se difunde:  Se extiende en el cielo y llama como a pasar lista a las estrellas, se extiende en el sol y llama a lista a la luz, inviste el aire, el viento, el mar, y llama a lista a los pájaros, a la fuerza del viento, a las aguas y a los peces, y poniéndolos todos en orden, dice a todos con su acto:  Inclínense y adoremos con doble homenaje a nuestro Creador, aquel Fiat que nos creó está en mi acto, y yo quiero crear con Él nuevo amor, nueva adoración y gloria a nuestro Creador.  Y no sólo se extiende en todas las cosas creadas, sino se extiende en los actos de la Virgen, en todos los actos que Yo hice en la tierra, en los actos de su Creador, en los de todos los santos, desde el primero hasta el último; a todos los llama para pasarles lista y hace correr dentro de ellos la nueva vida de amor, de adoración, de gloria a Aquél que la ha creado.  Se puede decir que dondequiera que está mi Divina Voluntad se extiende el acto de la criatura hecho en la mía, hasta en el infierno sienten la potencia de una criatura que obra en mi Fiat Divino, porque así como todo el Cielo siente la nueva felicidad, la gloria y el nuevo amor del acto de la criatura hecho en mi Querer, así el infierno siente el nuevo tormento de aquella Voluntad Divina que rechazaron, y que mientras está con ellos, con justicia está para atormentarlos, y cada vez que la criatura obra en Ella sienten el peso de la justicia más grave sobre de ellos y se sienten quemar de más.  Así como nada huye de mi Fiat Divino, así nada le huye a quien obra en Él, y cada vez que repite sus actos, tantas veces pasa lista para estar segura de que ninguno falta en su acto de dar la nueva gloria, adoración y amor a aquel Dios tres veces santo, y a aquella Voluntad Divina que con tanto amor le hace lugar para hacerla vivir en Ella, y la hace extenderse en su interminabilidad”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino e iba recogiendo todas las cosas creadas, todos los actos de las criaturas para formar de ellos un solo acto en la unidad de Él, y mi amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, sólo mi Divina Voluntad posee el acto único, y en su unidad abraza todo, hace todo, da vida a todo, pero mientras hace un solo acto, este acto tiene la fuente de todos los actos juntos, que mientras son efectos del acto único, se esparcen en todo lo creado y descienden a bien de las criaturas como actos reales, mientras en la unidad del acto único del Fiat Divino es siempre un solo acto, tanto, que jamás separa de sí un solo efecto, ni lo puede separar, porque todos los efectos forman la unidad de su acto único.  Sucede como al sol, una es la luz, uno es el acto de luz que continuamente manda a la tierra, pero esta única luz en cuanto toca la tierra, los efectos son innumerables y reales, tan es verdad, que conforme la luz toca la tierra se ven los efectos cambiados en actos, de modo que se ve la variedad de los colores a las flores, la diversidad de las dulzuras a los frutos, y tantas otras cosas, ¿acaso el sol ha perdido uno solo de los tantos efectos que como actos reales ha comunicado a la tierra?  Ah, no, celoso los conserva en su solo acto de luz, mucho más que la fuerza, la plenitud y su solo acto de luz está formado por todos los efectos que él posee, así que el sol, símbolo de mi Voluntad Divina, posee innumerables efectos, los da como actos reales a la tierra, sin perder ninguno, y hace siempre un acto solo; si esto hace el sol creado por Nosotros, mucho más lo hace mi Divina Voluntad.  Ahora hija mía, el hombre con hacer su voluntad salió de la unidad de la mía, y todos sus actos perdieron la fuerza de la unidad y permanecen esparcidos, quién en un punto, quién en otro, y divididos entre ellos.  Estos actos humanos no teniendo unidad, no tienen fuentes de efectos ni plenitud de luz, y por eso son símbolos de aquellas plantas y flores que crecen sin sol, y como están esparcidos y divididos entre ellos, no tienen fuerza duradera y crecen míseros y descoloridos.  Así que el hombre con hacer su voluntad pierde la unidad con la mía, pierde la fuente de la vida, pierde la plenitud de la luz.  Ahora, quien vive en mi Querer Divino va recogiendo todos los bienes esparcidos por las criaturas, y de ellos forma un solo acto, y estos actos llegan a ser derecho de quien hace y vive en mi Fiat Divino.  No hay bien que no pueda tomar quien vive en mi Querer, con la fuerza bilocadora de Él, llama, recoge y une todos los actos juntos, y ordenándolos todos en mi Fiat, me da todo y le doy todo”.

(5) Después de esto estaba siguiendo mis actos en el Querer Supremo, y miles de pensamientos se acumulaban en mi mente sobre las tantas maravillas suyas, pero para no extenderme demasiado digo sólo lo que me ha dicho Jesús:

(6) “Hija mía, lo que se hace en mi Divina Voluntad queda perdido en Ella, y así como es inseparable la luz y el calor, y si se extingue la luz queda extinto el calor, y si se da vida a la luz, por su naturaleza la luz hace surgir junto la vida del calor, así los actos de la criatura hechos en Ella son inseparables de mi Querer, mucho más que no está sujeta a extinguirse, porque es luz eterna e inmensa, es por esto por lo que Adán salió de dentro de mi Voluntad cuando pecó, pero sus actos quedaron en Ella, él pudo separarse de sus mismos actos, pero sus actos hechos en mi Querer no pudieron salir, ni separarse, porque ya habían formado su vida de luz y de calor en Ella; lo que entra en mi Voluntad pierde la vida en Ella, forman la misma vida, pierden los derechos de salir y mi Querer dice:  ‘Estos actos han sido hechos en mi casa, en mi luz, los derechos son míos y no hay fuerza ni humana ni divina que pueda hacer salir y separar un acto hecho por la criatura en mi Voluntad.’  He aquí por qué los actos de Adán hechos en Ella antes de pecar, están como acto primero de los cuales depende la Creación y los actos de las generaciones humanas.  Ahora, supón que tú salieras de dentro de mi Voluntad, tú sales y quedas fuera, pero tus actos no salen, ni tienen derecho de salir, ni lo pueden, y hasta en tanto que tú estés en mi Querer, tus actos son míos y son tuyos, pero si tú salieras pierdes los derechos, y como han sido hechos en el reino de mi Divina Voluntad y no en el humano querer, quedan como derechos míos, a pesar de que se ven y son conocidos que han sido hechos por ti.  Ahora, tú debes saber que todo lo que tú haces en mi Fiat, servirá como acto primero a las otras criaturas para vivir en el reino de Ella, como orden, régimen y vida de aquellos que vivan en el reino de mi Fiat; por eso te recomiendo tanto el girar en Él, te vigilo, te acompaño, muchas veces lo hago junto contigo, porque no sólo sirven para ti, sino deben servir como actos primeros y como modelos de quien debe vivir en el reino de mi Fiat Divino”.

 

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26-15

Junio 9, 1929

 

Inseparabilidad de quien vive en la Divina Voluntad.  Ejemplo del

respiro, del sol, cómo dominan todo, van en busca de todo, así es

la Divina Voluntad.  Competencia entre la una y la otra.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino es continuo, y su luz eclipsa tanto mi pequeña inteligencia, que no sé hacer otra cosa que pensar, ahora en una verdad, ahora en otra verdad de la Divina Voluntad, y por cuanto más la pienso, tanto más bella y majestuosa se hace delante a mí, y con un amor indecible, más que una tierna madre, abre su seno de luz y pone fuera un parto de luz para encerrarlo en su pequeña hija.  Mientras me encontraba en este estado, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, así como un respiro es vida del siguiente, tanto, que mientras se hace por sacar el respiro, antes que se haya expulsado todo, llama al otro respiro, así que se puede decir que el respiro tiene su vida y da vida a la criatura porque es continuo, están de tal manera unidos y estrechados entre ellos, que son inseparables; así también el latido del corazón, un latido llama la vida al otro latido, y el latido continuo forma la vida, tanto, que si cesa el respiro y el latido la vida no existe más.  Así es el alma que hace y vive en mi Divina Voluntad, es tal y tanto el ensimismamiento y la unión con Ella, mucho más que como están unidos entre ellos los respiros y los latidos, por eso los actos hechos en mi Fiat Divino son como tantos respiros o latidos que la criatura hace en Dios, de modo que se vuelve el respiro divino, y mi Fiat forma el respiro de ella; por lo tanto son vida que intercambian mutuamente, para formar una sola.  Por eso los actos hechos en nuestra Divina Voluntad son inseparables de Nosotros, y sentimos el contento de respirar nuestra obra, y de sentir nuestra la obra salida de Nosotros, y de hacerla vivir en nuestra casa, y tan unida con Nosotros, de respirar su mismo respiro”.

(3) Después continuaba haciendo mis actos en el Fiat adorable, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, así como el sol desde lo alto de su esfera extiende su gran rueda de luz y abraza la tierra, dándole la vida de sus efectos de luz para hacerla germinar, da el beso de vida de su luz a cada planta, a cada flor, a cada árbol, para sellar sobre cada planta, en quién la vida del perfume, en quién el color, en quién la dulzura, a todos quiere dar su abrazo y beso de vida, no se niega a ninguno, no rechaza a nada, cualquiera que sea la cosa, aun el más pequeño hilo de hierba, más bien, la misma luz queriéndola hacer de reina que se quiere desentrañar, va en busca de todos, quiere reconocer todo para formar en todas las cosas la vida que cada una de las plantas requiere; no se sentiría reina, ni derecho de ser reina si su luz no diese su vida a todo, tanto, que en su gran rueda de luz encierra todo y parece que todos toman de la luz del sol la vida, la belleza, la variedad de los colores, el crecimiento; pasa sobre el mar, sobre los ríos, sobre los montes, para formar en ellos sus tintas argentinas y el horizonte de oro y de plata en el fondo de ellas.  ¡Oh! cómo el sol con su luz domina todo, pero no para oprimir, ni para hacer mal a ninguno, sino para vivificar, para embellecer y para darse como vida de todo; parece que en su mudo silencio dice a todos:  ‘Cuánto os amo, mi amor está extendido cuanto está extendida mi gran rueda de luz, mi amor por la tierra es sustancioso y pleno de vida, jamás me cambio, desde la altura de mi esfera estoy siempre en mi puesto para abrazarla, amarla y darle vida’.  Así que la tierra vive en la gran rueda de su luz, y cada cosa tiene la boca abierta para recibir la vida de los efectos de la luz del sol.  ¡Oh! si jamás sea, el sol se pudiera retirar de la tierra, o la tierra se pudiera oponer a recibir los bienes y la vida de la luz del sol, no habría día, sino noche perenne, y la tierra quedaría sin vida, sin color, lo dulce no existiría, sería más que una escuálida miseria; que cambio funesto, que horror llegaría a ser la tierra.  Tal es mi Divina Voluntad, más que sol para las criaturas; en su gran rueda interminable de luz va en busca de todos para hacerse reconocer y formar en cada criatura su vida de belleza, de santidad, de luz y de dulzura infinita; quiere destruir en ellas todas las amarguras, las fealdades, las miserias, y con su beso de vida, dándoles su aliento quiere cambiarlas en bueno, en bello, en santo.  Pero, ¡ay de Mí! el sol creado por mi Fiat hace tantos prodigios a la tierra, y con su majestad toda suya extiende su manto de luz, de belleza, y a cada toque suyo da la vida que posee a cada una de las cosas, y mi Fiat queda con el dolor de no poder comunicar los bienes que posee y su Vida Divina en las almas, porque ellas se oponen a recibirla y no quieren tomar la luz de mi Querer, y por eso se encuentran como la tierra si se pudiese oponer a recibir la luz del sol, en plena noche, escuálidas, débiles, y muchas dan terror al mirarlas.  Mi Divina Voluntad está preñada de tantas Vidas Divinas, de tantas bellezas y de tantos bienes que quiere darles, se quisiera desentrañar para encerrar en su seno de luz a las criaturas, y hacer de cada una de ellas un prodigio de santidad, de belleza, distintas una de la otra, para formar su cielo en la tierra, pero la voluntad humana se opone, y mi Fiat siente el intenso dolor, más que madre cuando no puede dar a la luz su parto.  He aquí por qué hija mía, mi Voluntad Divina quiere hacerse conocer, quiere formar su reino, porque estos sus hijos vivirán voluntariamente en la suya y de su luz, estarán con las bocas abiertas a recibir sus besos, sus abrazos y sus efectos, para formar su Vida Divina en ellos, entonces sí, se verán los prodigios que sabe hacer y puede hacer mi Querer, todo se cambiará y la tierra se volverá Cielo, y entonces el sol que está bajo la bóveda del cielo y el Sol de mi eterno Querer se darán la mano, es más, se pondrán en competencia para ver quién podrá hacer más prodigios, el sol a la tierra, y mi Voluntad a las almas; pero la mía desahogará de más, tanto, de formar un nuevo encanto de prodigiosas bellezas jamás vistas a todo el Cielo y a toda la tierra”.

 

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26-16

Junio 14, 1929

 

Cuentas con Jesús.  El alma, banco de la Divina

Voluntad.  Recuerdos inolvidables.  El Edén.

 

(1) Estaba siguiendo mi giro en el Fiat Supremo, y mi pequeña mente habiendo llegado al Edén estaba diciendo:  “Majestad adorable, vengo ante Ti para traerte el modesto interés de mi te amo, te adoro, te glorifico, te agradezco, te bendigo, para darte mi pequeño interés porque me has dado un cielo, un sol, un aire, un mar, una tierra florida y todo lo que has creado para mí.  Tú me dijiste que cada día quieres hacer las cuentas conmigo y recibir éste mi modesto interés para estar siempre de acuerdo, y tener al seguro en el pequeño banco de mi alma toda la Creación, dada a mí por Ti como pequeña hija de tu Querer”.  Pero mientras esto hacía, el pensamiento me ha dicho:  “¿Pero cómo puedes tú satisfacer un interés tan grande?”  Y además, ¿qué gran cosa es un te amo, te adoro, te agradezco?”  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, esto fue un acuerdo entre Yo y tú, que Yo ponía en el banco de tu alma toda la Creación, y tú deberías darme el interés de llenarla con tu te amo, te adoro, te agradezco; y como te vi abrumada por un capital tan grande, y temiendo que quisieras rechazarme el gran don, Yo para darte valor para recibirlo te dije:  ‘Me contento con un modesto interés, y haremos cuentas todos los días aquí en el Edén, así estaremos de acuerdo y siempre en paz, y tú no estarás preocupada porque tu Jesús ha puesto en tu banco un capital tan grande’.  Y además, ¿no sabes tú el valor de un te amo dicho en mi Divina Voluntad?  Ella llena el cielo, el sol, el mar, el viento, dondequiera extiende su Vida, así que conforme tú dices tu te amo, te adoro y todo lo demás que puedes decir, mi Fiat extiende tu te amo en el cielo, y tu te amo se hace más extenso que el cielo; tu te adoro se extiende en el sol, y se hace más ancho y más grande que su luz; tu te glorifico se extiende en el viento y gira por el aire, por toda la tierra, y sus gemidos, las ráfagas de viento, ahora acariciadoras, ahora impetuosas, dicen te glorifico; tu te agradezco se extiende en el mar, y las gotas del agua y los serpenteos de los peces dicen, te doy las gracias, y Yo veo el cielo, las estrellas, el sol, el mar, el viento, llenos de tu te amo, de tus adoraciones y similares y digo:  ‘Cómo estoy contento de haber puesto todo en el banco de la pequeña hija de mi Querer, porque ella me paga el interés querido por Mí, y como vive en Él, me da un interés divino y equivalente, porque mi Fiat extiende sus pequeños actos y los vuelve más extensos que toda la Creación’.  Y Yo cuando te veo venir al Edén para darme tu modesto interés, te miro y veo en ti a mi Divina Voluntad duplicada, una en ti y la otra en Mí, mientras es una, y me veo pagar el interés por mi misma Voluntad y Yo quedo satisfecho, y ¡oh! cómo estoy contento al ver que mi Fiat ha dado virtud a la criatura para hacerla duplicar mi Voluntad, para hacerla satisfacer a su Creador.  Hija mía, cuántas cosas inolvidables hay en este Edén, aquí nuestro Fiat creó al hombre y desahogó tanto en amor, que a torrentes se vertió sobre de él, tanto, que oímos aún el dulce murmullo con el cual nos volcamos sobre de él; aquí comenzó la Vida de nuestro Fiat en la criatura, y el dulce y querido recuerdo de los actos del primer hombre hechos en Él, estos actos existen aún en nuestro Querer y son como prendas, que él renacerá para volver a tener el reino de nuestro Fiat; en este Edén está el doloroso recuerdo de la caída del hombre, la salida que hizo de nuestro reino, oímos aun los pasos cuando salió de nuestro Fiat Divino, y como este Edén le había sido dado a él a fin de que viviera en Él, por eso fuimos obligados a ponerlo fuera, y tuvimos el dolor de ver la obra a Nosotros más querida, sin su reino, errante y dolorido, nuestro único alivio fueron las prendas de sus actos que quedaron en nuestro Querer, éstos daban los derechos a la humanidad para reentrar al lugar de donde salió.  He aquí por qué te espero en el Edén, para recibir tu modesto interés, para renovar lo que hicimos en la Creación y recibir la correspondencia de tanto amor no comprendido por las criaturas, y para encontrar un amoroso pretexto para dar el reino de nuestra Divina Voluntad.  Por eso quiero que también a ti te sea querido este Edén, a fin de que nos pidas, nos apresures para que regrese el principio de la Creación, la Vida de nuestro Fiat en medio de la familia humana”.

 

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26-17

Junio 19, 1929

 

La Divina Voluntad y la Vida obrante de Ella en la criatura.

Diferencia entre quien vive y quien no vive en el Fiat.

 

(1) Mi pobre mente se perdía en el Fiat Divino, sentía el dulce encanto de su luz raptora y pensaba entre mí:  “¿Pero qué cosa es esta Divina Voluntad en mi pobre alma?”  Y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, qué fortuna la tuya vivir bajo el dulce encanto de mi Querer Divino, ¿y no sabes tú que Ella cuando toma posesión de la criatura forma su Vida obrante en ella, de modo que así como obra en Sí misma así obra en quien reina?  Y más que Reina se impone sobre todo, se extiende con su luz en la pequeñez de la criatura, y ahí forma su dulce encanto a la voluntad humana para estar más libre de formar su Vida, y como la Vida Divina de mi Fiat está compuesta de actos repetidos, nunca interrumpidos, no está sujeta a detenerse, por eso sientes en ti un acto que no termina jamás, una luz que jamás se apaga, un amor que siempre arde.  No es así para quien no vive en mi Querer, ellos sienten la Vida Divina interrumpida en su interior, sus actos interrumpidos, ahora se sienten de un modo y ahora de otro, su voluntad no está investida por una luz continua que dulcemente la alimente y la arrebate, y que sintiendo lo dulce de mi Querer no se dé ningún pensamiento de salir en campo para obrar humanamente, y si tienen luz es a intervalos.  Símbolo de quien vive en mi Divina Voluntad es quien pudiese estar siempre bajo el sol, su luz no termina jamás, ni tiene necesidad de ser alimentada para no apagarse, así que quien pudiese vivir bajo el sol, sentiría que le llueve siempre luz, y como la luz contiene admirables efectos, se alimentaría de dulzuras, de perfumes, de variedad de colores, de luces, de modo que sentiría formarse en sí misma la vida del sol; en cambio para quien no vive en mi Querer, aunque no fuese malo, es símbolo de quien vive bajo la luz del bajo mundo, la cual no tiene virtud ni fuerza de formar un dulce encanto de luz, de eclipsarla tanto de no poder mirar otra cosa que luz, y está sujeta a apagarse frecuentemente porque no posee en su naturaleza la virtud alimentadora continua, y si no se alimenta su luz termina, y como una luz formada por la criatura no posee ni dulzura, ni colores, ni perfumes, no puede sentir que se forma en sí la vida de aquella luz.  Qué gran diferencia entre quien vive en mi Querer Divino y entre quien vive fuera de Él”.

(3) Sea todo para gloria de Dios, y para bien de mi pobre alma.

 

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26-18

Junio 27, 1929

 

Regalo a San Luis.  Cómo era necesario que enlazara a Luisa en

las manifestaciones sobre la Divina Voluntad.  Transmisión de

humano y divino.  Derechos divinos que adquiere la criatura.

           

(1) Habiendo recibido la santa comunión, la estaba ofreciendo para gloria de San Luis, y ofrecía por regalo a él mismo todo lo que había hecho Nuestro Señor en su Divina Voluntad con su mente, con sus palabras, obras y pasos, para la gloria accidental de San Luis en el día de su fiesta.  Ahora, mientras esto hacía, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, regalo más bello no podías hacerle en el día de la fiesta del querido San Luis, conforme tú ofrecías tu comunión y todos mis actos hechos en mi Divina Voluntad, se formaban tantos soles por cuantos actos hice Yo en Ella estando sobre la tierra, y estos soles han investido a San Luis, de modo que ha recibido tal gloria accidental de la tierra, que más no podía recibir.  El solo ofrecimiento de los actos hechos en mi Divina Voluntad, tiene virtud de formar soles, porque conteniendo Ella la plenitud de la luz, no es maravilla que convierta los actos humanos hechos en Ella en soles”.

(3) Después de esto estaba pensando entre mí:  “¿Cómo será?  En todas las cosas que el bendito Jesús me ha dicho sobre su Divina Voluntad, está siempre enlazada mi pobre persona en medio, muy rara vez ha hablado sólo de su Fiat Supremo”.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

(4) “Hija mía, era necesario que enlazara tu persona en las manifestaciones que te he hecho sobre mi Fiat Divino; primero, porque cada manifestación que te hacía eran vínculos que hacía entre tú y mi Divina Voluntad, eran dones y propiedades que te confiaba, que dotándote venía vinculada la familia humana a la nueva adquisición del reino de Ella.  Si no te enlazara a ti en medio, no hubieran sido ni vínculos, ni dones lo que Yo hacía, sino simples noticias, y por eso para hacerte una manifestación sobre mi Divina Voluntad estaba esperando un acto tuyo, una pequeña pena, aun un solo ‘te amo’ tuyo, para tomar ocasión de hablarte, quería de lo tuyo para darte de lo mío, y poderte dar el gran don de mi Divino Querer.  Y además, todas nuestras obras externas son una transmisión de divino y humano.  En la misma Creación hay una transmisión continua:  Nuestro Fiat creó el cielo, lo adornó de estrellas, pero llamó a vida la materia para hacerlo; creó el sol, pero llamó a vida la luz y el calor como materia para formarlo; creó al hombre, primero formé su estatua de tierra, infundí el alma humana en él, y después cree la vida de mi amor sobre de esta alma, y después se conectó mi Divina Voluntad con la suya para formar su reino en la criatura; no hay cosa salida y creada por Nosotros en la cual no haya esta transmisión de humano y divino, en nuestras obras más bellas:  la Creación, la Inmaculada Reina, el Verbo Humanado, están de tal manera vinculados lo humano y lo divino, que son inseparables, y por eso los cielos están tan impregnados de Dios, que narran mi gloria, la potencia y sabiduría nuestra; la Virgen mi portadora, mi Humanidad el Verbo encarnado.  Ahora, queriendo hacer conocer mi Divina Voluntad, a la primera transmisión que hice en el Edén, que me fue rechazada, para poder salir de nuevo en campo el reino de mi Fiat Divino necesitaba formar la segunda transmisión, y ¿cómo podía hacerla si no enlazaba a otra criatura con vínculos casi inseparables en los conocimientos, en la luz y en la misma Vida de mi Eterno Querer?  Y si no te enlazaba con Ella, conectándote a ti en Ella, y a Ella en ti, no habrías sentido en ti, ni su Vida ni su luz permanente, ni habrías sentido en ti la necesidad de amarla y el ansia de conocerla mayormente.  He aquí el por qué te ponía a ti y a Mí en condición, tú de darme y Yo a darte, y en ese recíproco dar formaba el conocimiento que quería darte, y venía realizada la transmisión de mi Voluntad Divina con la tuya, con volverte conquistadora del gran bien que te hacía”.

(5) Después, continuando mi abandono en el Fiat Divino, que por cuanto me apresuro a recorrerlo todo, no lo logro jamás, más bien veo que me queda tanto por caminar en su mar de luz, que ni siquiera puedo descubrir donde terminan sus confines interminables.  Así que por cuanto me apresuro, mi camino no terminará jamás, tendré siempre qué hacer y caminar en el mar del Eterno Querer.  Luego mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, cómo es grande el mar de mi Querer, no tiene principio ni fin, por eso la pequeñez de la criatura no puede ni recorrerlo ni abrazarlo todo, pero quien vive en Él se encuentra en camino en el centro del mar, que no le será dado jamás salir de dentro de su centro, porque no encontrará jamás ni playa, ni confines de él.  Es más, adelante y atrás, a derecha y a izquierda, no encontrará más que mar de Voluntad Divina, y cada acto que haga en Ella le viene dado un derecho divino, porque habiendo sido hecho su acto dentro y junto con mi Querer Divino, Él, con justicia divina comunica al alma el derecho de la luz divina, el derecho de su santidad, el derecho de su belleza, de su bondad, de su amor.  Ella vive en el mar de mi Querer con derecho, no como extraña, sino como dueña, porque tiene sus actos cambiados en derechos divinos, que la han vuelto conquistadora de mi Divina Voluntad.  Y si tú supieras cuánto gozamos, cómo nos sentimos felices al ver la pequeñez de la criatura vivir en el mar de nuestro Querer, no como extraña, sino como dueña; no como sierva, sino como reina; no pobre sino riquísima, y rica de nuestras conquistas que ha hecho en nuestro Fiat.  Por eso quien vive en nuestro Querer Divino sentirá en sí, con derecho, el dominio de la luz, el dominio de la santidad, el dominio de la belleza y de hacerse bella como quiere, tiene la bondad a su disposición, el amor como sustancia de sus actos, mi Voluntad Divina como vida propia y toda suya, y todo esto con derecho divino dado por Nosotros mismos.  Por eso sé atenta en multiplicar tus actos en nuestro adorable Fiat”.

 

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26-19

Julio 8, 1929

 

Flores que hace surgir la Divina Voluntad.  Canto, murmullo de

de amor continuo, amor delirante y doliente.  Quien hace la Divina

Voluntad forma el mar refrescante al amor divino.

 

(1) Mi pequeñez se pierde y queda sofocada en el mar del dolor de la privación de mi amado Jesús; y sintiéndome sufriente más de lo acostumbrado, suspiraba porque mi naturaleza se deshiciese, para salir de mi cárcel y emprender el vuelo a mi patria celestial; habría querido girar por todas partes en su Santísimo Querer y mover Cielo y tierra, a fin de que todos junto conmigo tuviesen un grito, una lágrima, un suspiro por esta pobre exiliada, a fin de que todos pidiesen el fin de mi exilio.  Pero mientras me desahogaba en mis amarguras, mi amable Jesús ha salido de dentro de mi interior, y dándome un beso y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, tranquilízate, estoy aquí, en ti, pero mientras estoy contigo dejo el campo libre del trabajo a mi Divina Voluntad, y como tiene su acto primero en ti, por eso sucede que adviertes lo que Ella hace en ti, su trabajo, y Yo porque estoy dentro de Ella no sientes que estoy junto en su trabajo, pues soy inseparable de mi Divina Voluntad, y lo que hace Ella hago Yo.  Ahora, tú debes saber que no sólo en tu alma quiere hacer mi Divino Querer su obra, tener su campo de acción, su dominio absoluto, todo suyo, sino también en la tierra de tu cuerpo, sobre tus sufrimientos expande su beso de luz y de calor, y con su luz produce la semilla, con su calor la fecunda y forma el brote, y alimentando con el continuo calor y luz este brote hace surgir las flores de luz, con gran variedad de colores, animados siempre por la luz, porque no sabe hacer ninguna cosa, ni grande ni pequeña, en que no hace correr dentro su luz.  Estas flores no son como las de la tierra, que no tienen luz y están sujetas a secarse, éstas tienen vida perenne porque son alimentadas por la luz de mi Fiat, y es tal y tanta la variedad de la belleza de ellas, que formará el más bello adorno a la tierra de tu humanidad”.

(3) Dicho esto ha hecho silencio, y yo me sentía inmersa en el mar del Querer Divino, y mi dulce Jesús ha vuelto a decir:

(4) “Hija mía, el mar de nuestra Divinidad murmura siempre, sin cesar jamás, ¿pero sabes tú qué dice en su murmullo?  ¡Amor, amor hacia la criatura!  Y es tanto el ímpetu de nuestro amor, que en nuestro murmullo continuo hacemos salir amor, y formamos tales olas altísimas, de poder ahogar Cielo y tierra, a todas las criaturas, a todo en amor, y viendo que no se dejan llenar todas de nuestro amor, con el deseo de ver llenas de nuestro amor a las criaturas, se forma en Nosotros el amor delirante, y en nuestro delirio, haciendo a un lado la ingratitud humana y murmurando, repetimos más fuerte:  ¡Amor, siempre amor a quien desconoce y no toma nuestro amor para hacerse amar y darnos amor!  Ahora, nuestro amor rechazado se pone en actitud de amor doliente, ¿pero sabes tú quién viene a poner refrigerio y calma a nuestros delirios amorosos?  ¿Quién endulza y hace sonreír a nuestro amor doliente?  El alma que vive en nuestro Querer Divino.  Él forma su mar en la criatura, nuestro mar y el suyo se arrojan uno en el otro y uno corre en el otro, y ¡oh! cómo es dulce el murmullo de la criatura en nuestro murmullo, que repite continuamente:  Amor, amor, siempre amor a mi Creador, a mi eterna vida, a Aquél que tanto me ama.  Entonces mira, quien vive en nuestro Fiat Divino es nuestro refrigerio a nuestro amor que nos devora, y forma el mar dulce a nuestro amor doliente.  ¡Oh! prodigio de nuestro Querer Divino, que haciendo uso de su poder forma su mar en la criatura, y poniéndola en competencia con Nosotros, no sólo la hace murmurar continuamente amor, sino que la eleva tanto, que arrojándola en nuestro mar, cuando nos sentimos ahogados, devorados por nuestro amor, que no pudiéndolo contener sentimos necesidad de amor, nos hace desahogar en el mar que nuestro Fiat ha formado en la criatura que vive en Él, y pone tregua a nuestros delirios amorosos, y refrescándonos con su amor nos endulza.  ¿Cómo no amar a aquélla que vive en nuestro Querer?”

 

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26-20

Julio 14, 1929

 

La Divina Voluntad quiere libertad absoluta para formar

su Vida.  Diversos modos de obrar de Nuestro Señor.

 

(1) Continúa mi habitual abandono en el Fiat Supremo, siento que no me da un momento libre, todo quiere para Sí, en modo imperante, pero dulce y fuerte al mismo tiempo, es de tal manera atrayente que el alma se haría poner ella misma sus dulces cadenas para no oponerse en lo más mínimo a lo que el Divino Querer quiere hacer sobre ella y en ella.  Ahora, mientras esto pensaba, mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, no te asombres si mi Divina Voluntad no te deja libre en nada, porque Ella no quiere simples actos y obras, sino vida, y quien debe formar una vida necesita actos continuos, y si cesa el acto continuo la vida no puede crecer, ni formarse, ni tener su verdadera existencia.  He aquí por qué mi Voluntad Divina queriendo formar su Vida Divina en ti, quiere ser libre, quiere libertad absoluta, y con su acto incesante que posee en naturaleza, se vierte sobre la criatura, y extendiéndose con sus alas de luz, más que maternas, inviste cada fibra del corazón, cada uno de los latidos, respiros, pensamientos, palabras, obras y pasos, los calienta con su beso de luz e imprime su Vida en cada acto de la criatura, y mientras destruye la humana se constituye Ella misma Vida Divina en ella.  Y como de la voluntad humana no pueden salir más que actos tenebrosos, mi Voluntad no quiere hacer mezcla, y por eso está muy atenta para formar su Vida de luz en quien libremente le ha dado libertad de hacerla reinar.  Por eso su actitud es admirable, es toda ojo para que nada le huya, y con amor indecible, para ver formada su Vida en la criatura, se hace latido por cada latido, respiro por cada respiro, obra por cada obra, paso por cada paso, también sobre las pequeñas naderías de la criatura corre, se extiende y en ellas pone la potencia de su Fiat, y ahí crea su acto vital.  Por eso sé atenta a recibir su acto continuo, porque se trata de vida, y la vida tiene necesidad de respiro, de latido continuo y de alimento diario.  Las obras se hacen y se ponen a un lado, no tienen necesidad de que se tengan siempre entre las manos para ser obras, pero la vida no se puede poner a un lado, si cesa el acto continuo muere, por eso se necesita el acto continuo de mi Querer, tú recibiéndolo y Él dándotelo, para hacer que su Vida en ti pueda vivir, formarse y crecer con su plenitud Divina”.

(3) Después de esto me sentía oprimida al pensar en mi pobre existencia, especialmente en el estado en el cual me encuentro.  ¡Cuántos cambios he debido sufrir, también por parte de Nuestro Señor!  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, que no es necesario ponerlas por escrito, mi dulce Jesús haciéndose ver en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, mi amor por ti ha sido exuberante, y para conducirte a donde mi Querer Divino te quería, he debido tener diversos modos de obrar en los diferentes períodos de tu vida:  En el primer período mi amor y mi obrar fue para ti tan tierno, dulce, suave, y tan celoso, que sólo Yo quise hacer todo en tu alma, no quise a ningún otro, ni que ninguno supiese lo que Yo hacía en ti y te decía; era tanto mi celo, que te ponía en la impotencia de abrirte con ninguno, ni siquiera con tu confesor, quería estar solo en mi trabajo, libre, no quería que ningún otro entrase en medio, ni que pudiese juzgar lo que Yo hacía.  Me interesaba tanto este período de tu vida, que me estaba al tú por tú contigo, puedo decir que mi amor usó todas las armas divinas, que haciéndote la guerra te asaltaba en todos los modos para que tú no pudieras resistir.  Todo esto era necesario a mi amor, porque sabiendo lo que quería hacer de ti, nada menos que restablecer la Creación, dar los derechos de reinar a mi Divina Voluntad, hacer despuntar la nueva era en medio a la humana familia, por eso usó todas las artes y estratagemas para obtener el intento.  Ahora, después de que me aseguré de ti, y aseguré mi trabajo, se cambió mi modo de obrar, te hice romper el silencio, y fue tal y tanto el ímpetu de mis enseñanzas y de mi decir, que puedo llamarte la cátedra de mi Divina Voluntad, la secretaria de sus más íntimos secretos, que no pudiendo contenerlos todos en ti, te ordenaba manifestarlos a mi ministro.  Y este mi obrar era necesario, de otra manera, ¿cómo se habría conocido mi Divina Voluntad?  Ahora hija mía, en este último período de tu vida, tú sientes otro modo de obrar mío, no te preocupes, déjame hacer, y Yo sabré dar la última mano a mi trabajo.  Ánimo pues, tienes la Divina Voluntad en tu poder, ¿de qué temes?  Así que siempre adelante en mi Querer”.

 

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26-21

Julio 18, 1929

 

Trabajo de Jesús por el reino de la Divina Voluntad.

 

(1) Mientras estaba bajo la opresión de la privación de mi amable Jesús, y resignadísima, ni siquiera pensaba que pudiese manifestarse a mi pequeña alma haciendo su breve visita para darme su sorbo de vida, para no hacerme sucumbir del todo.  Mientras estaba en esto, de improviso se ha movido en mi interior, haciéndose ver todo atento y ocupado en el trabajo, y levantando hacia mí sus ojos resplandecientes de luz, sus ojos se han encontrado con los míos, y teniendo compasión de mi aflicción me ha dicho:

(2) “Hija mía, Yo estoy trabajando en tu alma continuamente, y mientras trabajo estoy concretando a fin de que nada falte, reafirmando para dar a mi trabajo la estabilidad e inmutabilidad divina, y esperando con invencible paciencia que mi trabajo sea conocido, a fin de que todos puedan conocer mi gran amor, el gran sacrificio mío y tuyo, y el gran bien que todos, si quieren, pueden recibir.  Este mi trabajo es la renovación de toda la Creación, es la concentración de todas nuestras obras, es el establecer mi Voluntad Divina en medio a las criaturas, obrante y dominante en medio de ellas.  Cualquiera que conozca este mi trabajo será un reino mío, por lo tanto tendré tantos reinos por cuantos conozcan lo que he hecho y dicho en la pequeñez de tu alma, que fundidos juntos formarán un solo reino; así que mi silencio es concentración de más intenso trabajo que hago en ti.  Entonces, si te hablo es nuevo trabajo que emprendo a hacer, llamándote junto al trabajo dándote conocimiento de lo que hacemos, para poner nuevas tintas de bellezas, de magnificencia y de felicidad en el reino de mi Divina Voluntad que deben poseer las criaturas; si hago silencio, reordeno, armonizo, confirmo lo que he hecho.  Así que mi silencio no te debe ser causa de aflicción, sino ocasión de más trabajo, para llevarse a cabo el reino de mi Voluntad Divina”.

 

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26-22

Julio 24, 1929

 

Cómo la Divina Voluntad tiene el acto primario sobre todas las cosas

creadas.  El Fiat Divino es como la cabeza sobre los miembros.

 

(1) Estaba pensando en el Fiat Supremo, y pensaba:  “Si el Querer Divino quiere formar su reino en medio a las criaturas, entonces, antes de la venida de Nuestro Señor a la tierra, cuando vino, y después de haber venido, ¿en qué modo se encontraba la Divina Voluntad con relación a las criaturas?  Y mi dulce Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Voluntad con su inmensidad ha estado siempre en medio a las criaturas, porque Ella, por su naturaleza, no hay punto donde no se encuentre, y las criaturas no pueden estar sin Ella, sería lo mismo que no tener vida ni percibirla, sin mi Divina Voluntad todas las cosas se resolverían en la nada; mucho más que el acto primero de todas las cosas creadas es mi Fiat Divino, Él es como la cabeza a los miembros, y si uno quisiera decir:  ‘Puedo vivir sin la cabeza’, esto le resultaría imposible, es la más grande de las locuras el sólo pensarlo.  Sin embargo el reinar es una cosa, es el ser reconocida, amada, suspirada y depender de Ella como dependen los miembros de la cabeza, esto es reinar; en cambio estar en medio de las criaturas, no es reinar si no se depende del todo de Ella.  Ahora, mi Divina Voluntad, antes de mi venida a la tierra, si bien con su inmensidad estaba en medio de las criaturas, pero las relaciones que había entre estas y Ella, eran como si viviese en tierra extranjera, y desde lejos recibían las escasas comunicaciones, las breves noticias que les anunciaban mi venida a la tierra.  Qué dolor, estar en medio de ellas y no ser reconocida y tenerla tan lejos de su voluntad como si estuviera en tierra extranjera.  Con mi venida, como Yo la poseía como vida, y mi Humanidad la reconocía, la amaba y la hacía reinar, por medio mío se acercó a las criaturas, y las relaciones que Ella tenía con ellas eran como si no más estuviera en tierra extranjera, sino en sus tierras, pero como no la conocieron ni le dieron el dominio de hacerla reinar, por eso no se puede decir que mi Querer Divino haya formado su reino.  Por eso mi venida a la tierra sirvió para acercar a las dos voluntades, humana y Divina, y ponerlas en íntimas relaciones y aumentar las noticias para hacerla conocer, tanto, que enseñé el Padre Nuestro para hacerlos decir venga tu reino, hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra.  Si mi Querer no vive como en el Cielo así en la tierra, no se puede decir que tiene su reino en medio a las criaturas; he aquí por qué en el tiempo del reino de Ella no sólo estará en medio a las criaturas, sino dentro de cada una de ellas como vida perenne, y para llegar a eso debe ser reconocida como cabeza y vida primaria de cada una de las criaturas, pero como esta cabeza no es reconocida, no fluye en los miembros su fuerza, su santidad, su belleza, ni hace correr en ellos su sangre noble y divina, por eso no se ve la vida del Cielo en las criaturas.  He aquí el por qué amo tanto que mi Divina Voluntad sea conocida, el conocimiento hará surgir el amor, y sintiéndose amada y suspirada se sentirá atraída a venir a reinar en medio a las criaturas”.

 

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26-23

Julio 27, 1929

 

El reino de la Divina Voluntad y el de la Redención han ido

siempre juntos.  Jesús formó los materiales y los edificios, y

no se necesita otra cosa que los pueblos.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir todos los actos que había hecho en Ella la Divina Voluntad, y habiendo llegado al momento cuando el Ser Supremo creó a la Virgen, me he detenido a considerar el gran portento del cual tuvo principio la Redención, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, la Redención y el reino de mi Divina Voluntad han ido siempre juntos; para venir la Redención se necesitaba una criatura que viviese de Voluntad Divina, como vivía Adán inocente en el Edén antes de pecar, y esto con justicia, con sabiduría, por nuestro decoro, a fin de que el rescate del hombre caído estuviese basado sobre el principio del cómo el orden de nuestra sabiduría creaba al hombre.  Si no hubiera una criatura en la cual mi Fiat Divino tuviera su reino, la Redención sería un sueño, no una realidad, porque si en la Virgen no estuviera su total dominio, la Voluntad Divina y humana quedarían como en rivalidad y a distancia de la humanidad, así que la Redención era imposible.  En cambio la Virgen Reina plegó su voluntad bajo la Voluntad Divina y la hizo reinar libremente, con esto, las dos voluntades se fundieron, hicieron las paces, el querer humano recibía el continuo acto del Divino Querer y lo dejaba hacer sin jamás oponerse, así que en Ella el reino de Él tenía su vida, su vigor y su pleno dominio.  Ve entonces cómo comenzaron juntos la Redención y el reino de mi Fiat; es más, podría decir que comenzó primero el reino de mi Fiat, para seguir junto el uno y el otro.  Y así como por un hombre y una mujer que se sustrajeron de mi Querer Divino, tuvo origen el reino del pecado y de todas las miserias de la familia humana, así de una mujer, que en virtud de que hizo reinar a mi Fiat fue hecha Reina del Cielo y de la tierra, unida al Verbo Eterno hecho hombre, tuvo origen la Redención, no excluyendo ni siquiera el reino de mi Divina Voluntad.  Es más, todo lo que fue hecho por Mí y por la Soberana del Cielo no son otra cosa que materiales y edificios que preparan su reino; mi evangelio se puede llamar las vocales, las consonantes, que haciendo de heraldos llamaban la atención de los pueblos a esperar algunas lecciones más importantes, que debían llevarles un bien más grande que la misma Redención; mis mismas penas, mi muerte y mi Resurrección, confirmación de la Redención, es preparativo del reino de mi Querer Divino, eran lecciones más sublimes y ponía a todos atentos para esperar lecciones más altas, y después de tantos siglos ya lo he hecho, son las tantas manifestaciones que te he dado sobre mi Divina Voluntad, y aquello que más te he hecho conocer:  Cómo Ella quiere venir a reinar en medio a las criaturas para restituirles el derecho de su reino perdido, para abundarlos de todos los bienes y de todas las felicidades que Ella posee.  Así que como tú ves, los materiales están ya prontos, los edificios existen, los conocimientos de mi Querer que más que sol deben iluminar su reino y hacer construir por los materiales formados por Mí edificios más vastos, así que no se requiere otra cosa que los pueblos que deben poblar este reino de mi Fiat, y los pueblos se formarán y entrarán conforme se vayan publicando los conocimientos de Él.  Mira entonces:  Dos criaturas que descienden de la Voluntad Divina y dan el campo de acción a la voluntad humana, forman la ruina de las generaciones humanas; otras dos criaturas, la Reina del Cielo que vive por gracia en mi Fiat Divino, y mi Humanidad que vive por naturaleza en Él, forman la salvación y el restablecimiento, y restituyen el reino de mi Querer Divino.  Y así como no se puede dudar que haya venido la Redención, estando conectados juntos la una y el otro, por eso con certeza despuntará el reino de mi Fiat Divino, a lo más puede ser efecto de tiempo”.

(3) Yo al oír esto he dicho:  “Amor mío, ¿cómo puede venir este reino de tu Querer?  No se ve ningún cambio, el mundo parece que no se detiene en su carrera vertiginosa del mal”. Y Jesús ha vuelto a decir:

(4) “¿Qué sabes tú de lo que debo hacer Yo, y cómo puedo arrollar todo para hacer que el reino de mi Divina Voluntad tenga su vida en medio a las criaturas?  Si todo está decidido, ¿por qué dudas?”

 

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26-24

Julio 30, 1929

 

Diferencia entre quien obra santamente en el orden humano, y entre

quien obra en la Divina Voluntad.  Cómo sin Ella se tiene la fuerza de

un niño.  Cómo todo el mal es de la voluntad humana.

 

(1) Mi pobre mente gira siempre en torno y dentro del Fiat Supremo y, ¡oh! cuántas sorpresas, cuántas maravillas de este Querer tan santo.  Mi pequeña inteligencia se pierde en su vastísimo mar, y muchas cosas no me siento capaz, ni tengo palabras para narrarlas, por eso me siento como uno que comiese un alimento, o que viese una cosa bella y no sabe como se llaman.  Si el Querer Divino no hiciera un prodigio para hacerme decir lo que me manifiesta, cuántas cosas de más dejaría en su mismo mar, sin saber decir nada.  Mientras me sentía perdida en el Fiat Divino, mi siempre amable Jesús, haciéndose oír en mi interior, me ha dicho:

(2) “Hija mía, qué diferencia entre quien obra las virtudes santamente, pero en el orden humano, y entre quien obra las virtudes en el orden divino de mi Divina Voluntad.  Los primeros, conforme practican las virtudes, así quedan divididas entre ellas, de modo que se ve la diversidad de sus actos, una virtud se ve paciencia, otra se ve obediencia, una tercera se ve caridad, cada una tiene su distintivo, sin poder fundirse juntas para poder formar un acto solo, que da de divino y abraza lo eterno y lo infinito.  En cambio quien obra en mi Divina Voluntad, su luz tiene la virtud comunicativa y unitiva, que fundiéndose juntas, porque todas son hechas en la fuente de su luz, forman un acto solo, con efectos innumerables, de abrazar con lo infinito de su luz al mismo Creador.  Símbolo del sol, porque es uno, porque posee la fuente de la luz que jamás se apaga, abraza la tierra y con sus innumerables efectos da todas las tintas y comunica la vida de su luz a todos y a todo.  La fuerza que une tiene la virtud comunicativa, en modo que si quieren, todos pueden tomar un bien que se pone a disposición de todos.  En cambio quien obra en el orden humano es símbolo de las luces del bajo mundo, que a pesar de que hay tantas, no tienen virtud de hacer huir las tinieblas de la noche y de formar el pleno día, ni de abrazar con tanta multiplicidad de luz toda la tierra, por eso se pueden llamar luz personal, local, a tiempo y circunstancia.  ¡Oh! si todos supieran el gran secreto de obrar en mi Querer Divino, harían competencia para no dejar huir nada que no pasara por dentro de su luz purísima”.

(3) Yo he continuado siguiendo a la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la criatura sin mi Voluntad es como un niño que no tiene fuerza para poder sostener un peso, y para hacer trabajos tan útiles de poder él mismo mantener su pequeña existencia, y si se le quisiera obligar a tomar un objeto pesado y a sostener un trabajo, el niño, viéndose impotente y sin fuerza, tal vez probaría, pero viendo que ni siquiera puede mover aquel objeto, ni realizar aquel trabajo, rompería en llanto el pobre pequeño y no haría nada, y para ponerlo en fiesta bastaría darle un dulce.  En cambio, quien posee mi Divina Voluntad tiene la fuerza de un hombre adulto, más bien la fuerza divina, y si se le pide que tome el objeto pesado, sin problema lo toma como si nada fuese, mientras el pobre pequeño quedaría aplastado bajo este peso, y si se le pidiera hacer un trabajo, se pondría en fiesta por la adquisición y la ganancia que le será dada, pero si se le quisiera dar un dulce en vez de su ganancia, sentiría indignación y diría:  ‘Dadme la justa ganancia por mi trabajo, porque debo vivir’.  Mira entonces, quien tiene mi Divina Voluntad tiene fuerza suficiente para todo, por eso todo le resulta fácil, el mismo sufrir, sintiéndose fuerte, lo mira como una nueva adquisición.  ¿Por qué tantos no saben sostener nada, y una debilidad de niño parece que les persiste?  Es la fuerza de mi Divina Voluntad que falta, he aquí la causa de todos los males.  Por eso sé atenta hija mía a no salir jamás de mi Divina Voluntad”.

(5) Después continuaba mis actos en el Fiat Divino, y habiendo llegado a cuando Él llamó a vida, a la luz del día, a la Soberana Celestial, pensaba entre mí:  “Dios al crear a la Virgen Santísima, no sólo enriqueció su bella alma con tantos privilegios, sino también debió transformar su naturaleza para volverla pura y santa como es”.  Y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(6) “Hija mía, nada había que agregar a su naturaleza, porque no fue la naturaleza humana la que pecó, sino la voluntad humana, porque la naturaleza humana estaba en su puesto, como salió de nuestras manos creadoras, por eso nos servimos de aquella misma naturaleza de las otras criaturas al crear a la Virgen.  Lo que se contaminó en el hombre fue su voluntad, y como esta naturaleza humana estaba animada, y habitaba en la naturaleza humana esta voluntad rebelde, ella participó y quedó contaminada.  Así que puestas en armonía la Divina Voluntad y la voluntad humana, dándole el dominio, el régimen, como es querido por Nosotros, la naturaleza humana pierde los tristes efectos y queda bella como salió de nuestras manos creadoras.  Ahora, en la Reina del Cielo todo nuestro trabajo fue sobre la voluntad humana, la cual recibió con alegría el dominio de la nuestra, y la nuestra, no encontrando ninguna oposición por parte de la suya, obró prodigios de gracias, y en virtud de mi Querer Divino quedó santificada y no sintió los tristes efectos y los males que sienten las otras criaturas.  Por eso hija mía, quitada la causa, los efectos terminan.  ¡Oh, si mi Divina Voluntad entra en las criaturas y reina en ellas, expulsará todos los males en ellas y le participará todos los bienes en el alma y en el cuerpo!”

 

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26-25

Agosto 3, 1929

 

Cuando Dios decide hacer obras que deben servir a todos,

en su arrebato de amor pone a todos a un lado.  Cómo el

Ser Supremo posee la veta inagotable.

 

(1) Continúo mi habitual abandono en el Fiat Divino, me lo siento como concentrado sobre mi pequeña existencia, siento su inmensidad, su potencia, su fuerza creadora y raptora, que envolviéndome por todas partes no me es dado el poderle resistir, pero me siento feliz de esta mi debilidad, y voluntariamente quiero ser débil para sentir toda la potencia del Querer Divino sobre mi pequeñez.  Pero mientras me sentía abismada en Él, mi dulce Jesús, haciéndose oír y ver me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestra Divinidad cuando se decide a hacer obras universales, al alma que viene elegida como primera, a la cual confiamos una obra que debe servir para el bien de todos, es tanto el arrebato de nuestro amor, que ponemos todo y a todos a un lado, como si ningún otro existiera, y concentramos todo nuestro Ser Divino sobre de ella y le damos tanto de lo nuestro, hasta formar mares en torno a ella y ahogarla en todos nuestros bienes, y queremos dar tanto, porque el arrebato de nuestro amor nos lleva a no detenernos jamás, para ver en ella nuestra obra completa, por medio de la cual todo y todos pueden gozar y tomar los bienes universales que nuestra obra encierra.  Con esto, no que no veamos lo que hacen las otras criaturas, porque nuestra omnividencia e inmensidad nada nos esconde, estamos al día de todo, y de Nosotros parte la vida y las ayudas a todos, pero obramos en modo, y nos comportamos, como si ningún otro existiera.  Así obramos en la Creación, después de haber formado cielos, soles, tierra, ordenando todo con armonía y magnificencia tal de hacer quedar estupefacto, al crear al hombre nos concentramos sobre él, y fue tanto el arrebato de nuestro amor, regurgitó tan fuerte, que formando un velo en torno a Nosotros nos hizo desaparecer todo, mientras que todo veíamos, y nos ocupamos sólo del hombre; ¿qué cosa no vertimos en él?  Todo.  Si en la Creación fue la magnificencia y belleza de nuestras obras, en el hombre fue no sólo la concentración de todas nuestras obras concentradas en él, sino lo que es más, el establecimiento de nuestra Vida.  Nuestro amor regurgitaba, no se daba descanso, quería dar siempre, porque veía en él a todas las generaciones humanas.  Así obramos en la Reina del Cielo, todo fue puesto a un lado, todo el mal de las otras criaturas, y nos ocupamos sólo de Ella, y vertimos tanto que fue la llena de gracia, porque debía ser la Madre universal y causa de la Redención de todos.  Así estamos obrando contigo, para el reino de nuestro Querer Divino estamos haciendo como si ningún otro existiese, si quisiéramos mirar lo que hacen las otras criaturas, los males que cometen, las ingratitudes, el reino de nuestro Querer estaría siempre en el Cielo, y no sólo eso, sino que ni siquiera nos sentiríamos dispuestos a decir una sola verdad de nuestro Fiat Supremo.  Pero nuestro amor, formando su velo de amor a todos los males de las criaturas, nos pone todo a un lado, y regurgitando fuerte no sólo nos hace hablar de Él, sino que es lo que más nos hace decidir el dar el gran don del reino de nuestro Fiat a las criaturas.  Cuando nuestro amor se obstina, parece que no razona y quiere vencer por vía de amor, no de razón, por eso, como si nada mirase u oyese, a cualquier costo quiere dar lo que ha decidido.  He aquí el por qué no ahorra nada y todo se desvive sobre la criatura que viene elegida para el gran bien universal que debe descender en provecho de todas las generaciones humanas.  Esta es la causa de tanto darte y decirte, son desahogos de nuestro amor que nada quiere ahorrar, todo quiere dar con tal de que el reino de nuestra Divina Voluntad reine sobre la tierra”.

(3) Después, mi mente continuaba pensando en tantas cosas sobre la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, nuestro Ser Supremo es veta inagotable, no nos agotamos jamás, ni podemos decir hemos terminado de dar, porque por cuanto damos, tenemos siempre qué dar, y mientras damos un bien, otro surge para ponerse en camino para darse a las criaturas; pero por cuanto somos inagotables, no damos nuestros bienes, nuestras gracias, ni decimos nuestras verdades a quien no está dispuesta, a quien no presta atención en escucharnos para aprender nuestras sublimes lecciones y modelar su vida según nuestras enseñanzas, de modo de ver escrito en ella nuestras enseñanzas y verla enriquecida con nuestros dones, si esto no vemos, nuestros dones no parten de Nosotros, ni nuestra voz llega al oído de la criatura, y si alguna cosa escucha, es como de una voz que viene de lejos, que no comprende claramente lo que Nosotros queremos decirle.  Por eso nuestra veta inagotable queda impedida por las indisposiciones de las criaturas.  ¿Pero sabes tú quién da las verdaderas disposiciones al alma?  Nuestra Divina Voluntad.  Ella la vacía de todo, la reordena, la dispone en modo admirable, en modo que nuestra veta inagotable no cesa jamás de dar y de hacerla oír sus sublimes lecciones.  Por eso hazte dominar siempre por mi Fiat Divino, y nuestra veta inagotable no cesará jamás de verterse sobre de ti, y Nosotros tendremos el contento de hacer surgir de nuestro Ser Divino nuevas gracias, nuevos dones y lecciones jamás escuchadas”.

 

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26-26

Agosto 7, 1929

 

Medios principales para hacer reinar a la Divina Voluntad:

“Los conocimientos”.  Diferencia de quien vive en la Divina

Voluntad y quien vive en el humano querer.

 

(1) Estaba siguiendo mis actos en el Querer Divino y pensaba entre mí:  “¿Cómo podrá venir a reinar la Divina Voluntad?  ¿Cuáles serán los medios, las ayudas, las gracias para disponer a las criaturas para hacerse dominar por Ella?”  Y mi siempre amado Jesús, moviéndose en mi interior, todo bondad y ternura me ha dicho:

(2) “Hija mía, los medios principales para hacer reinar sobre la tierra a mi Fiat Divino son los conocimientos de Él.  Los conocimientos formarán los caminos, dispondrán la tierra para ser reino suyo, formarán las ciudades, harán de telégrafo, de teléfono, de poste, de anunciadores para comunicar entre ciudad y ciudad, entre criaturas y criaturas, entre naciones y naciones, las noticias, los conocimientos importantes sobre mi Divina Voluntad, los conocimientos de Ella arrojarán en los corazones la esperanza, el deseo de recibir tanto bien.  Ésta es una condición forzosa, un bien no se puede querer, ni recibir, si no se conoce, y si se recibiera sin conocerlo, es como si no se recibiese.  Así que los fundamentos, la esperanza, la certeza del reino de mi Divina Voluntad, serán formados por los conocimientos de Ella, por eso he dicho tantos conocimientos, porque ellos serán las riquezas, el alimento y los nuevos soles, los nuevos cielos que poseerán los pueblos del reino de mi Querer.  Ahora, cuando los conocimientos sobre mi Fiat se hagan camino, disponiendo a aquellos que tendrán el bien de conocerlos, mi más que paterna bondad, para mostrar el exceso de mi amor, pondrá en cada criatura, a su disposición, a mi misma Humanidad, y todo el bien que obré, de modo que sentirán tal fuerza y gracia, de hacerse dominar por mi Divina Voluntad, y mi Humanidad estará en medio a los hijos de mi reino, como corazón en medio a ellos, para decoro y honor de mi Fiat, y por antídoto, gracia y defensa a todos los males que ha producido el querer humano.  Es tal y tanto el arrebato de mi amor que quiere que Ella reine, que haré grandes excesos de amor para vencer las voluntades más rebeldes”.

(3) Yo al oír esto he quedado admirada, y como si quisiera dudar de lo que Jesús me había dicho.  Y Él volviendo a hablar ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿por qué lo dudas?  ¿No soy tal vez Yo dueño de hacer lo que quiero y darme como me place darme?  ¿No es tal vez mi Humanidad el primer hermano primogénito que poseyó el reino de mi Divina Voluntad, y como primer hermano tengo el derecho de comunicar el derecho a los otros hermanos de poseerlo, poniéndome Yo a disposición de ellos para darles un bien tan grande?  ¿No soy Yo la cabeza de toda la familia humana, que puedo hacer fluir en los miembros de ella la virtud de la cabeza, y hacer descender el acto vital de mi Voluntad Divina en los miembros?  Y además, ¿no es tal vez mi Humanidad que reside en ti continuamente la que te da tal fuerza y gracia de querer vivir sólo de mi Querer, y te hace sentir tal paz y felicidad de eclipsarte tu querer humano, de modo que él mismo se siente feliz de vivir como sin vida bajo el imperio de mi Divina Voluntad?  Por eso lo que necesito es que conozcan los conocimientos sobre mi Fiat, el resto vendrá por sí mismo”.

(5) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino, me parecía que en Él no hay interrupciones, hay siempre qué hacer, pero un hacer que no cansa sino que fortifica, hace feliz y regocija de su largo camino; pero mientras esto pensaba, mi Sumo Bien Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino camina siempre, porque tiene el giro de la eternidad, que no termina jamás, a su disposición, y no deteniéndose jamás, toma siempre, y si se detuviese, una pequeña parada, un paso de menos, le costaría la pérdida de un paso y de una felicidad divina, porque mi Fiat es un acto siempre nuevo de felicidad, de gracia y de belleza indescriptible e inenarrable, y el alma si camina toma, y si se detiene no toma, porque no habiendo seguido paso a paso el camino de mi Querer Divino, no ha sabido nada de lo que mi Querer ha puesto fuera en aquel paso de felicidad y de belleza.  Y ¿quién puede decirte la gran diferencia de quien vive en mi Divina Voluntad y de quien vive en el querer humano?  Quien vive en la voluntad humana se detiene siempre, su giro es tan pequeño, que si quiere alargar el paso no encuentra dónde poner el pie; a cada paso que hace, toma ahora un disgusto, un desengaño, y siente una debilidad de más, la cual la arrastra también al pecado.  ¡Oh! cómo es breve el giro de la voluntad humana, lleno de miserias, de precipicios y de amarguras, sin embargo aman tanto el vivir en su cerco; ¡qué locura, qué tontería, tanto, de deplorarse!”

 

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26-27

Agosto 12, 1929

 

Magnificencia de la Creación.  El punto negro de la voluntad humana.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en el Querer Divino, y mi dulce Jesús atrayéndome fuera de mí misma, me hacía ver toda la Creación en el acto de salir de sus manos creadoras, cada cosa llevaba la marca de la mano creadora de su Hacedor, así que todo era perfecto, de una belleza encantadora.  Cada cosa creada era animada de viva luz, o como propiedad de naturaleza dada a ella por Dios, o indirectamente comunicada por quien la poseía; todo era luz y belleza.  Pero entre tanta luz y encanto de belleza se veía un punto negro, el cual aparecía tan feo, especialmente porque se encontraba en medio a tantas obras tan bellas, majestuosas y refulgentes, este punto negro suscitaba terror y compasión, porque parecía que por su naturaleza Dios no lo había creado negro, sino bello, más bien primero era una obra de las más bellas creadas por el Ser Supremo.  Pero mientras esto veía, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo lo que fue hecho por Nosotros en la Creación está siempre en acto de hacerse, como si continuamente estuviéramos en acto de hacerlo; es nuestra fuerza creadora, que cuando hace una obra no se retira jamás, queda dentro como acto perenne de vida, ahí forma su latido continuo y su respiro no interrumpido, por eso mientras fue hecho una vez, queda dentro en acto de hacerlo siempre.  Casi como símbolo de la naturaleza humana, que mientras fue formada, una vez comenzando la vida con el latido y con el respiro, por necesidad de vivir debe respirar y latir continuamente, de otra manera cesa la vida.  Somos inseparables de nuestras obras, y nos agradan tanto, que nos deleitamos en hacerlas continuamente, por eso se mantienen majestuosas, bellas, frescas, como si ahí, como en un primer momento recibiesen el principio de vida.  Míralas cómo son bellas, son las narradoras de nuestro Ser Divino y nuestra perenne gloria.  Pero en tanta gloria nuestra, mira, está el punto negro de la voluntad del hombre, que amándolo con más amor lo dotamos de libre albedrío, el cual, abusando quiso respirar y latir en su querer humano, no con el nuestro, y por eso se cambia continuamente hasta ennegrecerse, perdiendo su belleza y frescura, y llega hasta perder la Vida Divina en su naturaleza humana.  Por eso, ¿quién pondrá en fuga la densa oscuridad del querer humano?  ¿Quién le restituirá la frescura, la belleza de su creación?  Los actos hechos en nuestra Divina Voluntad, ellos serán luz que harán huir las tinieblas, y calor que plasmándolo con su calor le destruirán todos los humores malos que lo han afeado.  Los actos hechos en mi Querer serán el contragolpe a todos los actos humanos hechos con la voluntad humana, este contragolpe restituirá la frescura, la belleza, el orden como fue creada la voluntad humana.  Por eso se necesitan muchos actos hechos por la criatura en nuestro Divino Querer, para preparar el contraveneno, la belleza, la frescura, el acto opuesto a todo lo que de mal ha hecho la voluntad humana.  Y entonces en la Creación nuestras obras aparecerán todas bellas, el punto negro desaparecerá y se convertirá en un punto, el más luminoso en medio a la magnificencia de nuestras obras creadas, y nuestra Divina Voluntad tomará el dominio de todo y reinará como en el Cielo así en la tierra.  Por eso sé atenta a obrar en mi Querer Divino, porque a cada acto humano se necesita el acto divino, que con imperio arroja por tierra, purifica y embellece lo que ha hecho de mal la voluntad humana”.

 

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26-28

Agosto 25, 1929

 

Jesús creó el germen del Fiat  Divino al formar

el Padre Nuestro.  Virtud que tiene la luz.

 

(1) Estaba pensando en el Fiat Divino, y en cómo podía establecerse su reino sobre la tierra.  Me parecía imposible, primero porque no hay quien se ocupe de hacerlo conocer, y si alguna cosa se dice o se proyecta, todo se queda en palabras, pero los hechos están, ¡oh! cuán lejanos, y quién sabe qué generación tendrá el bien de conocer lo que respecta a los conocimientos de la Divina Voluntad y su reino; segundo, me parece que la tierra no está preparada, y creo que para tener un bien tan grande, que el reino de la Divina Voluntad, sus conocimientos, dominen la tierra, quién sabe cuántos prodigios se necesiten antes.  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú debes saber que mi venida a la tierra y todo lo que Yo hice en la Redención, mi misma muerte y resurrección, no fue otra cosa que un acto preparatorio al reino de mi Divina Voluntad, y cuando formé el Padre Nuestro, formé el germen del reino de mi Fiat Divino en medio a las criaturas, y si Yo cuando hablo creo y de la nada hago salir las obras más grandes, bellas y maravillosas, mucho más cuando con el imperio de mi plegaria hablante tengo virtud de crear lo que quiero.  Por eso el germen del reino de mi Querer fue creado por Mí en el acto en que rezaba formando y recitando el Padre Nuestro; y si lo enseñé a los apóstoles fue para que la Iglesia, con el recitarlo pudiese regarlo y fecundar este germen, y disponerse a modelar su vida según las disposiciones de mi Fiat Divino.  Mis conocimientos sobre Él, mis tantas manifestaciones, han desarrollado este germen, y como han estado acompañados por los actos hechos por ti en mi Querer Divino, se han formado tantos granos de formar una gran masa, de la cual cada uno puede tomar su parte, siempre y cuando quieran, para vivir de la Vida de la Divina Voluntad.  Así que todo está hija mía, los actos más necesarios, está el germen creado por Mí, porque si no está el germen es inútil esperar la planta, pero si está la semilla, el trabajo que se necesita, la voluntad de querer el fruto de aquella semilla, es seguro que se tendrá la planta, porque teniendo el germen se tiene en propio poder la vida de la planta de aquella semilla; está quien riegue este germen para hacerlo crecer, cada Padre Nuestro que se recita sirve para regarlo; están mis manifestaciones para hacerlo conocer, sólo se necesita quién se ofrezca a hacer de heraldo, y con ánimo, sin temer nada, afrontando sacrificios para hacerlo conocer.  Así que la parte sustancial está, está lo más, se necesita lo menos, o sea la parte superficial, y tu Jesús sabrá hacerse camino para encontrar aquél que cumplirá la misión de hacer conocer en medio a los pueblos mi Divina Voluntad.  Por eso por parte tuya no pongas ningún obstáculo, haz lo que puedas y Yo haré el resto, tú no sabes cómo manejaré las cosas y dispondré las circunstancias, por eso llegas a dudarlo, piensas que mi Fiat no será conocido y su reino no tendrá su vida sobre la tierra”.

(3) Después me he abandonado toda en el Querer Divino para seguir sus actos, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, quien se pone en la unidad de mi Querer se pone en la luz, y así como la luz tiene virtud de descender en lo bajo y de extenderse como manto de luz sobre cada cosa que inviste, así tiene virtud de elevarse a lo alto y de investir con su luz lo que en lo alto se encuentra.  Así quien se pone en la luz de mi Fiat, en su unidad de luz, con sus actos se extiende en lo bajo de todas las generaciones, y con su acto de luz inviste a todos para hacer bien a todos, se eleva en lo alto e inviste todo el Cielo para glorificar a todos.  Por eso en mi Divina Voluntad el alma adquiere el derecho de poder llevar a todos la luz del Eterno Fiat, con el don de sus actos multiplicados por cuantos lo quieran recibir”.

 

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26-29

Septiembre 4, 1929

 

¿Por qué el sol forma el día?  Porque es un acto de Voluntad Divina.

 

(1) Mis días son amarguísimos por la privación de mi sumo y único bien Jesús, puedo decir que mi alimento continuado es el intenso dolor de estar privada de Aquél que formaba toda mi vida acá abajo; cómo es doloroso el recordar que antes respiraba Jesús, latía el latido de Jesús en mi corazón, circulaba en mis venas Jesús, sentía el alimento de Jesús que alimentaba mis obras, mis pasos, en suma, en todo sentía a Jesús, y ahora todo ha terminado y se me ha cambiado en alimento de dolor.  ¡Oh Dios, qué pena! respirar y latir dolor intenso de estar privada de Aquél que me era más que vida propia, sólo el abandono en el Fiat me da la fuerza para soportar un dolor tan grande.  Pero mientras esto sentía, mi dulce Jesús saliendo de mi interior y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, no te abatas demasiado; dime, ¿quién forma el día?  El sol, ¿no es verdad?  ¿Y por qué forma el día?  Porque es un acto de mi Voluntad Divina.  Ahora, conforme la tierra gira, la parte que se aparta del sol queda a oscuras y forma la noche, y la pobre tierra queda lúgubre, como bajo un manto de tristeza, de modo que todos sienten la realidad de la noche y el gran cambio que sufre la tierra con haber perdido el astro benéfico de la luz, esto es, el acto de mi Divina Voluntad que creó el sol y lo conserva con su acto continuo.  Así el alma, hasta en tanto gira bajo el acto continuo de mi Querer, es siempre para ella pleno día; noche, tinieblas, tristeza, no existen.  El acto continuo de mi Fiat, más que sol le sonríe, la mantiene en fiesta; en cambio si gira en su voluntad humana, más que tierra permanece a oscuras, en la noche de su voluntad humana, la cual dominando al alma produce tinieblas, dudas, tristeza, y forma la verdadera real noche a la pobre criatura.  ¿Quién puede decirte el gran bien, el día brillantísimo que produce un acto de mi Divina Voluntad sobre la criatura?  Ella, con su acto continuo produce todos los bienes y la felicidad en el tiempo y en la eternidad, por eso sé atenta, enciérrate toda tú misma dentro de un acto solo de mi Divina Voluntad, no salgas jamás si quieres vivir feliz, y tener en tu poder la vida de la luz y el día que jamás termina.  Un acto de mi Divina Voluntad es todo para la criatura; Ella, con su acto continuo que jamás cesa y jamás se cambia, más que tierna madre tiene estrechada a su seno a aquélla que se abandona en su acto de luz, y alimentándola de luz la hace crecer, como parto suyo, noble y santa, y la tiene defendida en su misma luz”.

 

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26-30

Septiembre 8, 1929

 

El nacimiento de la Virgen fue el renacimiento de toda la humanidad.

 

(1) Mi pobre mente se perdía en el mar inmenso del Fiat Divino, donde se encuentra todo en acto, como si no hubiese ni pasado ni futuro, sino todo presente y todo en acto; así que cualquier cosa que se quiera encontrar de las obras de su Creador en el Divino Querer, mi pequeña alma la encuentra como si en acto la estuviera haciendo, y como estaba pensando en el nacimiento de mi Mamá Celestial, para darle mis pobres homenajes, y llamaba junto a mí a toda la Creación a alabar a la Soberana Reina, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, también Yo quiero alabar junto contigo y con toda la Creación el nacimiento de la Alteza de mi Mamá.  Tú debes saber que este nacimiento encierra en sí el renacimiento de toda la familia humana, y la Creación toda se sintió renacida en el nacimiento de la Reina del Cielo.  Todo saltó de alegría, se sentían felices de tener su Reina, porque hasta entonces se sentían como pueblo al cual le faltaba su Reina, y en su mutismo esperaban aquel día feliz para romper su silencio y decir:  ‘Gloria, amor, honor a Aquélla que viene en medio a nosotros como Reina nuestra, no estaremos más sin defensa, sin quien nos domine, sin fiesta, ya que apareció Aquélla que forma nuestra gloria perenne.’  Esta celestial niña, con tener íntegra en su alma nuestra Divina Voluntad, sin jamás hacer la suya, readquirió todos los derechos del Adán inocente ante su Creador y la soberanía sobre toda la Creación, por eso todos se sintieron renacer en Ella, y Nosotros veíamos en esta Virgen Santa, en su pequeño corazón, todos los gérmenes de las generaciones humanas.  Así que por medio suyo la humanidad readquiría los derechos perdidos, por eso su nacimiento fue el nacimiento más bello, más glorioso; Ella, desde su nacimiento encerró en su corazoncito materno, como en medio de dos alas, a todas las generaciones como hijos renacidos en su virginal corazón, para calentarlos, para tenerlos defendidos, crecerlos y nutrirlos con la sangre de su corazón materno.  He aquí la causa por la que esta tierna Madre Celestial ama tanto a las criaturas, porque todas han renacido en Ella, y siente en su corazón la vida de sus hijos.  ¿Qué cosa no puede hacer nuestra Divina Voluntad donde reina y tiene su Vida?  Ella le encierra todo y a todos, y la hace portadora y dadora de bienes a todos.  Así que todos sienten, bajo su manto azul, el ala materna de su Madre Celestial y encuentran en su materno corazón su lugarcito donde ponerse al seguro.

(3) Ahora hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad renueva su renacimiento y duplica los renacimientos a todas las generaciones humanas; mi Suprema Voluntad cuando vive dentro de un corazón y en él extiende la plenitud de su luz interminable, concentra todo y a todos, hace todo, renueva todo, da nuevamente todo lo que por siglos y siglos no ha podido dar por medio de las otras criaturas.  Así que Ella se puede llamar el alba del día, la aurora que llama al sol, el sol que alegra toda la tierra, la ilumina, la calienta, y con sus alas de luz, más que tierna madre abraza todo, fecunda todo, y con su beso de luz da las más bellas tintas a las flores, la dulzura más exquisita a los frutos, la maduración a todas las plantas.  ¡Oh! si mi Voluntad Divina reinase en medio a las criaturas, ¿cuántos prodigios no obraría en medio de ellas?  Por eso sé atenta, cada cosa que haces en mi Fiat Divino es un renacimiento que haces en Ella, y renacer en Ella significa renacer en el orden divino, renacer en la luz, renacer en la santidad, en el amor, en la belleza, y en cada acto de mi Voluntad, la voluntad humana sufre la muerte, muriendo a todos los males y revive a todos los bienes”.

 

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26-31

Septiembre 15, 1929

 

El sol: símbolo de la Divina Voluntad.  El germen

de la Divina Voluntad en el acto de la criatura.

 

(1) Estaba repitiendo mis actos en el Divino Querer para seguir los suyos en todas sus obras, y pensaba entre mí:  “¿En qué aprovecha repetir siempre los mismos actos, cuál gloria puedo dar a mi Creador?”  Y mi dulce Jesús, saliendo de dentro de mi interior me ha estrechado entre sus brazos para confirmarme y me ha dicho:

(2) “Hija mía, la repetición de tus actos en mi Fiat Divino rompe el aislamiento de Él, y genera la compañía a todos los actos que hace la Divina Voluntad.  Así que Ella no se siente más sola, sino que tiene a quién puede decirle sus penas, sus alegrías y a quién confiar sus secretos.  Y además, un acto repetido continuamente es virtud divina, y tiene virtud de generar los bienes que no existen, de reproducirlos y comunicarlos a todos.  Un acto continuado es capaz de formar la vida y de poder dar vida.  Mira el sol, símbolo de mi Divina Voluntad, jamás deja a la criatura y jamás se cansa de hacer su acto continuado de luz; cada día regresa a visitar la tierra, dando siempre sus bienes, regresa para encontrar con su ojo de luz los bienes ya dados, y que muchas veces no encuentra:  no encuentra la flor que ha coloreado con la belleza de sus tintas, y perfumado sólo con tocarlas con sus manos de luz; no encuentra el fruto, al cual, penetrando en lo íntimo ha comunicado su dulzura y madurado con su calor; cuántas cosas no encuentra el sol después que se ha prodigado con tantos actos, más que maternos, para formar las más bellas florituras y formar tantas plantas, hacer crecer tantos frutos con su aliento de luz y de calor, porque el hombre arrancándolos de la tierra se ha servido de ellos para alimentar su vida.  ¡Oh! si el sol fuese capaz de razón y de dolor, se cambiaría en lágrimas de luz y de fuego ardiente para llorar sobre cada cosa que ha formado y no encuentra, pero a pesar de su dolor no cambiaría voluntad, dejando de comunicar sus bienes a la tierra para formar de nuevo lo que le ha sido quitado, porque es naturaleza suya, por cuanto mal le puedan hacer, de dar siempre su acto de luz, sin cesar jamás, en el cual están todos los bienes.  Así es mi Divina Voluntad, más que sol se prodiga sobre cada criatura para darle vida continua, se puede decir que es su aliento omnipotente de luz y de amor con el cual inviste a las criaturas, las forma y las hace crecer, y si el sol da lugar a la noche, mi Divina Voluntad jamás deja solos a sus amados partos, plasmados, vivificados, formados, crecidos con su aliento y beso ardiente de luz, no hay un instante en el cual mi Divina Voluntad deje a la criatura, y que vertiéndose sobre ella no le comunique sus variadas tintas de belleza, su dulzura infinita, su amor inextinguible, ¿qué cosa no le hace y da mi Divina Voluntad?  Todo, sin embargo no es reconocida ni amada, ni conservan en ellos los bienes que les comunica.  ¡Qué dolor!  Mientras se prodiga sobre cada criatura, no encuentra los bienes que comunica, y en su dolor continúa su acto de luz sobre de ellas sin cesar jamás.  He aquí por qué quien debe vivir en mi Fiat debe tener sus actos repetidos y continuos, para hacerle compañía y endulzarla en su intenso dolor”.

(3) Después de esto continuaba navegando el mar interminable del Fiat Divino, y conforme hacía mis pequeños actos en el Eterno Querer, así se formaban en mi alma tantos gérmenes, y la semilla de estos gérmenes era de luz de Voluntad Divina, variados de tantos colores, pero animados todos de luz, y mi dulce Jesús haciéndose ver, uno a uno comunicaba el aliento a aquellos gérmenes, y conforme se los comunicaba, aquellos gérmenes crecían tanto, de tocar la inmensidad divina.  Yo he quedado maravillada al ver la bondad de mi sumo bien Jesús, que con tanto amor tomaba en sus manos santísimas aquellos gérmenes para comunicarles el aliento, y después los ponía todos en orden en mi alma, y mirándome con amor me ha dicho:

(4) “Hija mía, donde está la fuerza creadora de mi Divina Voluntad, mi aliento divino tiene la potencia de volver inmensos los actos de la criatura, porque mientras la criatura obra en mi Fiat, en su acto entra la fuerza creadora, la cual pone la fuente de la inmensidad divina, y el pequeño acto de la criatura se convierte:  quién en fuente de luz, quién en fuente de amor, otros en fuente de bondad, de belleza, de santidad, en suma, cuantos más actos hace, tantas fuentes divinas más adquiere, y crecen tanto, de perderse en la inmensidad de su Creador.  Sucede como a la levadura que tiene virtud de fermentar la harina, con tal de que al hacer el pan se ponga una pequeña parte de levadura como germen de fermentación.  En cambio si no se pone la levadura, a pesar de que sea la misma harina, el pan no será jamás fermentado, sino ácimo.  Así es mi Divina Voluntad, más que levadura pone la fermentación divina en el acto humano, y el acto humano se vuelve acto divino, y Yo cuando encuentro el germen de mi Divina Voluntad en el acto de la criatura, me deleito en dar mi aliento al acto de ella, y lo elevo tanto, de volverlo inmenso, mucho más que aquel acto lo podemos llamar acto nuestro, Voluntad nuestra obrante en la criatura”.

 

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26-32

Septiembre 20, 1929

 

Sólo Jesús tiene palabras suficientes para hablar de la Divina

Voluntad.  Cómo la criatura puede decir:  “Poseo todo”.

La Divina Voluntad donde reina forma su paraíso.

 

(1) Mi pequeña inteligencia va siempre espaciándose en el mar inmenso del Divino Querer, y apenas sabe retener las gotitas de las tantas variedades e innumerables bellezas que le pertenecen.  ¡Oh! Voluntad inigualable, amable y adorable, ¿quién podrá decir todo lo que Tú eres, y narrar tu larga y eterna historia?  Ni los ángeles, ni los santos tendrán palabras suficientes para hablar de Ti, mucho menos yo que soy la pequeña ignorante, que apenas sé balbucear de un Querer tan santo.  Entonces mientras mi mente se perdía en el Fiat Divino, mi amable Jesús haciéndose ver me ha dicho:

(2) “Hija mía, sólo tu Jesús tiene palabras suficientes para hablarte de mi Eterno Querer, porque en naturaleza divina soy la misma Voluntad; pero debo limitarme en el decir porque tu pequeña capacidad no puede abrazar y comprender y encerrar todo lo que a Ella pertenece, y debo contentarme con hacerte conocer sus gotitas, porque tu mente creada no puede contener su mar inmenso e increado, y estas gotitas de luz las cambio en palabras para adaptarme, por tu pequeña capacidad, y así hacerte comprender alguna cosa de mi Fiat indescriptible e inmensurable.  Basta decir que mi Querer Divino es todo, encierra todo, si le faltara una sola coma de todo lo que existe en el Cielo y en la tierra, no se podría llamar todo.  Por consiguiente la criatura para entrar en mi Fiat debe vaciarse de todo, reducirse a aquel punto cuando su Creador, llamándola de la nada, le daba la existencia, tal como la fuerza creadora de mi Divina Voluntad la creaba, bella, vacía de todo, y sólo llena de la Vida de Aquél que la había creado, así el alma haciéndose investir de nuevo por la fuerza creadora de mi Fiat, su luz y su calor la vaciarán y la dejará bella como la sacó de la nada, y la admitirá a vivir en el todo de mi Voluntad, y la criatura en Ella respirará el todo, se sentirá toda santidad, toda amor, toda belleza, porque el todo de mi Fiat Divino la tendrá en su mar, donde el todo estará a su disposición, ninguna cosa le será dada a mitad o en pequeñas proporciones, porque quien es todo sabe darse todo, no a medida, y sólo en mi Querer la criatura puede decir:  ‘Poseo todo, más bien el todo es mío’.  En cambio quien no vive en mi Querer Divino, no estando su ser bajo el imperio de una fuerza creadora, no puede poseer toda la plenitud de una Vida Divina, ni se sentirá hasta el borde de su alma toda llena de luz, de santidad, de amor, hasta desbordar fuera, y formar mares en torno a ella, de sentirse que el todo es suyo; a lo más sentirá las pequeñas partecitas divinas, la impresión de la gracia, del amor, de la santidad, pero no todo.  He aquí por qué sólo quien vive en mi Fiat es la única afortunada de conservarse en el prodigio de su creación, y de tener los derechos de poseer y vivir en la abundancia de los bienes de su Creador”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en el Querer Divino, y mi amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, quien vive en mi Fiat tendrá el gran bien de poseer un Querer Divino en la tierra, que le será portador de paz imperturbable, de firmeza inmutable.  Mi Fiat la hará crecer en modo divino, en cada acto que haga le dará un sorbo de nuestro Ser Divino, para hacer que no haya ninguna cualidad nuestra que no concentre en esta criatura.  No sólo esto, sino que mi Querer se deleitará en encerrar en ella a mi Divina Voluntad felicitante, con la cual hace felices a todos los bienaventurados, a fin de que ni siquiera Ésta falte en quien vive en Ella, de modo que cuando vendrá a nuestra patria celestial, traerá como triunfo el haber vivido en nuestro Fiat, su paraíso de alegría y de felicidad todas divinas, y mientras vendrá a encontrar otras bienaventuranzas más sorprendentes, porque mi Querer no se agota jamás, tiene siempre qué dar, la criatura encontrará sus alegrías y la felicidad que le ha encerrado mi Voluntad estando en la tierra.  Por eso elévate siempre más en Ella, ensancha tus confines, que por cuanto más de Voluntad Divina tomes en la tierra, tanto más crecerá nuestra Vida en ti, y más felicidad y alegrías encerrarás en tu alma, y por cuanto más traigas, tanto de más te será dado en el Cielo, en nuestra patria celestial”.

 

Sea todo para gloria de Dios y cumplimiento de su Santísima Voluntad.

 

Deo Gratias.



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta