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I. M. I.

Fiat!!!

In Voluntate Dei! Deo Gratias.

27-1

Septiembre 23, 1929

 

Quien vive en la Divina Voluntad, en su

pequeñez encierra el Todo, y da Dios a

Dios.  Los prodigios divinos.

 

(1) La Divina Voluntad me absorbe en todo, y por cuanto siento repugnancia en escribir, el Fiat Omnipotente, con su imperio se impone sobre mí, pequeña criatura, y con su autoridad divina me vence, derriba mi voluntad y poniéndosela como escabel a sus pies divinos, con su imperio dulce y fuerte me induce a escribir un nuevo volumen, mientras que yo creía que debía hacer una pausa.  ¡Oh! Voluntad adorable, imperante y santa, quieres el sacrificio, y yo no me siento con fuerzas de resistir y luchar contra Ti, más bien adoro tus disposiciones, y perdiéndome en tu Santo Querer te pido que me ayudes, fortifiques mi debilidad y no permitas que yo escriba sino lo que quieres, y como quieres Tú; ¡ah, que yo sea tu repetidora y no ponga nada mío!  Y Tú, Amor mío Sacramentado, desde esa custodia santa desde la cual me ves, y en la cual yo te veo a Ti, mientras escribo no me niegues tu ayuda, más bien, ven junto conmigo a escribir, sólo así sentiré la fuerza para comenzar.

(2) Estaba haciendo mi acostumbrado giro en la Creación para seguir todos los actos que el Supremo Querer había hecho en todas las cosas creadas, y mi dulce Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:

(3) “Hija mía, cuando la criatura recorre las obras de su Creador, significa que quiere reconocer, apreciar, amar, lo que Dios ha hecho por amor suyo, y no teniendo qué dar como correspondencia, mientras recorre sus obras toma toda la Creación como en su propio puño, y la da nuevamente a Dios, íntegra y bella para su gloria y honor diciéndole:  ‘Te reconozco, te glorifico por medio de tus mismas obras, pues sólo ellas son dignas de Ti’.  Ahora, es tal y tanta nuestra complacencia al vernos reconocidos por la criatura en nuestras obras, que nos sentimos como si la Creación se repitiese de nuevo para darnos doble gloria, y esta doble gloria nos viene dada porque la criatura reconoce nuestras obras hechas por amor de ella, y dadas a ella como don nuestro para que nos ame.  La criatura con reconocer nuestro don encierra en el cielo de su alma el Todo, y Nosotros vemos en la pequeñez de ella a nuestro Ser Divino con todas nuestras obras; mucho más, porque estando nuestro Fiat Divino en la pequeñez de esta criatura, tiene capacidad y espacio de encerrar el Todo, y ¡oh! prodigio, ver encerrado en la pequeñez humana el Todo, y que osadamente da el Todo al Todo sólo para amarlo y glorificarlo.  Que el Todo de nuestro Ser Supremo sea el Todo, no es para maravillarse, porque tal es nuestra naturaleza divina:  ‘Ser Todo’.  Pero el Todo en la pequeñez humana es la maravilla de las maravillas, son prodigios de nuestro Querer Divino, que donde reina no sabe hacer de nuestro Ser Divino un ser a mitad, sino todo entero.  Y como la Creación no es otra cosa que un desahogo de amor de nuestro Fiat Creante, donde Él reina encierra todas sus obras, y por eso la pequeñez humana puede decir:  ‘Doy Dios a Dios’.  He aquí el por qué cuando nos damos a la criatura queremos todo, también su nada, a fin de que sobre su nada sea repetida nuestra palabra creadora, y formemos nuestro Todo sobre la nada de la criatura; si no nos da todo, su pequeñez, su nada, nuestra palabra creadora no viene repetida, ni es decoro y honor para Nosotros repetirla, porque cuando Nosotros hablamos queremos deshacernos de todo lo que no nos pertenece, y cuando vemos que no se da toda, no la hacemos cosa nuestra, y ella queda la pequeñez y la nada que es, y Nosotros quedamos con nuestro Todo que somos”.

(4) Después de esto continuaba mi abandono en el Supremo Fiat, pero me sentía triste por ciertas cosas que no es necesario escribirlas, y mi siempre amable Jesús, moviéndose a compasión me ha estrechado entre sus brazos, y todo amor me ha dicho:

(5) “¡Oh! cómo me es querida la hija de mi Querer.  Tú debes saber que la tristeza no entra en mi Divina Voluntad.  Ella es alegría perenne que vuelve pacífica y feliz su morada donde reina, por eso esta tristeza, si bien sé que es por causa mía, es cosa vieja de tu voluntad humana, y las cosas viejas no las recibe en tu alma mi Voluntad Divina, porque tiene tantas de las nuevas, que no alcanza el espacio de tu alma para ponerlas todas, por eso fuera tu tristeza, fuera.  ¡Oh! si supieras cuántas singulares bellezas forma en el alma mi Divina Voluntad; donde Ella reina forma su cielo, su sol, su mar y el vientecillo de sus refrigerios y frescuras divinas; Ella, siendo artífice insuperable, tiene en Sí misma la habilidad del arte de la Creación, y cuando entra en la criatura para formar su reino, tiene un deseo excesivo de repetir su arte, y por eso ahí extiende su cielo, forma el sol y todas las bellezas de la Creación, porque donde Ella reina quiere sus cosas, y con su arte las forma y se hace circundar de las obras dignas de mi Fiat, por eso la belleza del alma donde Ella reina es indescriptible.  ¿No sucede esto también en el orden humano?  Cuando se hace un trabajo, con hacerlo no pierde su arte, el arte permanece dentro de la criatura como propiedad suya, y cuantas veces quiere repetir su trabajo, tiene virtud de repetirlo, y si el trabajo es bello, ansía tener ocasión de repetirlo.  Tal es mi Voluntad Divina, el trabajo de la Creación es bello, majestuoso, suntuoso, pleno de orden y armonía indecible, así que va buscando ocasión para repetirlo, y esta ocasión se la dan las almas que le dan la libertad de hacerla dominar y extender su reino en ellas.  Por eso, ánimo, aleja de ti lo que no pertenece a mi Fiat Divino, a fin de que quede libre en su trabajo divino, de otra manera formarías las nubes en torno a ti, las cuales impedirían que mi Luz se engrandeciera y resplandeciera con sus refulgentes rayos en tu alma”.

 

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27-2

Septiembre 28, 1929

 

Primer beso, desahogo entre Madre e Hijo.  Cómo todas las

cosas creadas contienen cada una su desahogo.  Quien vive

en el Fiat es continua creación.  Contento divino.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación y Redención, y mi pequeña inteligencia se ha detenido cuando mi agraciado niñito, en el acto de salir del seno materno se abalanzó a los brazos de la Mamá Celestial, y sintiendo la necesidad de hacer su primer desahogo de amor, estrechó con sus pequeños brazos el cuello de su Mamá y la besó.  También la Divina Reina sintió la necesidad de hacer su primer desahogo de amor hacia el infante divino, y le correspondió el beso materno con tal afecto, de sentir que se le salía el corazón del pecho; eran los primeros desahogos que hacían Madre e Hijo.  Y yo pensaba entre mí:  “¿Quién sabe cuántos bienes encerraban en este desahogo?”  Y mi dulce Jesús haciéndose ver como pequeño niño en acto de besar a su Mamá, me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo sentí la necesidad de hacer este desahogo con mi Mamá, porque todo lo que ha sido hecho por nuestro Ser Supremo no ha sido otra cosa que un desahogo de amor, y Yo concentraba en la Virgen Reina todo nuestro desahogo de amor que tuvimos en la Creación, porque estando en Ella mi Divina Voluntad, era capaz de poder recibir con mi beso este nuestro desahogo tan grande, y de podérmelo corresponder, porque sólo quien vive de mi Voluntad Divina concentra en sí el acto continuado de toda la Creación, y la actitud de volver a verterla en Dios.  A quien posee mi Divina Voluntad todo le puedo dar, y todo puede darme, mucho más que la Creación, habiéndola sacado en un desahogo de amor para darla a la criatura, dura y durará siempre, y quien está en mi Divina Voluntad está como en nuestra casa, recibiendo la continuidad de este nuestro desahogo con el acto de toda la Creación, porque con conservarla como la hicimos, es como si estuviéramos en acto de crearla y de decir a la criatura:  Este nuestro desahogo de haber creado tantas cosas te dice:  ‘Te amé, te amo y te amaré siempre’.  Y el alma que se hace dominar por nuestro Querer Divino, no pudiendo contener este nuestro desahogo de amor tan grande, sobre las alas de Él desahoga también ella y nos dice y repite nuestro estribillo:  ‘En tu Querer te amé, te amo y te amaré siempre, siempre’.  En efecto, ¿no son todas las cosas creadas desahogos de amor que nuestro Fiat, como primer actor hacía a la criatura?  Desahogo de amor es el cielo azul, y con estar siempre extendido, adornado de estrellas, sin jamás decolorarse ni cambiarse, hace brotar nuestro desahogo continuo hacia la criatura.  Desahogo de amor es el sol, y desahoga nuestro amor continuo con llenar de luz toda la tierra, y todos los efectos que produce, que son innumerables, son continuos y repetidos desahogos que hace a la criatura.  Desahogo de nuestro amor es el mar, y conforme murmura repite sus olas altísimas, ahora plácidas, ahora tempestuosas, y conforme produce los tantos peces, éstos no son otra cosa que continuos desahogos de nuestro amor.  Desahogo del amor nuestro es la tierra, y conforme se abre para producir flores, plantas, árboles y frutos, así nuestro amor emprende nuevamente su desahogo ardiente.  En suma, no hay cosa creada por Nosotros donde no esté el desahogo continuo de nuestro amor.  ¿Pero quién está al día de tantos nuestros desahogos?  ¿Quién siente investirse por nuestra Fuerza creadora, y toca con la mano nuestras llamas inextinguibles, hasta sentir la necesidad de corresponder con sus desahogos amorosos a su Creador?  Quien vive en nuestro Fiat Divino.  Para ella es continua creación, siente la Potencia de nuestra Fuerza creadora, que obrando en ella le hace tocar con la mano que su Creador está en acto de crear continuamente por amor suyo, haciéndole sentir sus desahogos jamás interrumpidos para recibir su correspondencia.  Pero quién puede decirte nuestro contento cuando vemos que la criatura, poseyendo nuestro Fiat Divino recibe y reconoce estos nuestros desahogos, y ella no pudiendo contener el gran exceso de amor de nuestros desahogos divinos, en nuestro mismo desahogo de amor forma su desahogo hacia su Creador.  Entonces nos sentimos como correspondidos por todo lo que hicimos en la Creación; oímos que nos dice en su delirio de amor:  ‘Majestad adorable, si estuviera en mi poder quisiera también yo crearte un cielo, un sol, un mar, y todo lo que Tú creaste, para decirte que te amo con tu mismo amor y con tus mismas obras, porque el amor que no obra no se puede llamar amor, pero como tu Querer Divino me hizo don de todo lo que creaste, yo te lo doy nuevamente para decirte que te amo, te amo’.  Entonces la armonía, el intercambio de los dones, el orden, regresan entre Creador y criatura, como fue establecido por Dios en la Creación.  Ahora tú debes saber que el hombre con hacer su voluntad perdió el orden, la armonía, y perdió los derechos del don de la Creación, porque sólo en quien reina mi Divina Voluntad, siendo Ella la creadora de toda la Creación, donde Ella reina, siendo cosa suya, hace don con derecho a la criatura, pero donde no reina se puede llamar una intrusa en sus obras, y por eso no puede hacerla de dueña, ni dar a Dios lo que no es suyo, ni puede sentir todos nuestros desahogos de amor que existen en la Creación, porque no tiene nuestra Divina Voluntad en su posesión que le diga nuestra historia de amor; sin nuestro Querer Divino el hombre es el verdadero ignorante de su Creador, y como el pequeño discípulo sin el maestro.  ¡Oh, cómo es doloroso ver al hombre sin nuestro Fiat!  Mucho más que nuestra Creación es nuestra portavoz, es la portadora de nuestros besos amorosos, de nuestros abrazos afectuosos.  ¡Oh! cómo sentía todo esto mi Humanidad estando sobre la tierra, conforme salía al exterior, el sol me daba el beso que mi misma Voluntad había depositado en su luz para darlo a las criaturas; el viento me daba las caricias, los abrazos que contenía en depósito de mi misma Divina Voluntad; toda la Creación está preñada de carismas divinos para darlos a las criaturas, y mi Humanidad todo recibía, correspondiéndolos para dar desahogo a tantos besos reprimidos, abrazos rechazados y amor no reconocido por tantos siglos, porque no reinando mi Querer Divino, el hombre era incapaz de recibir lo que de bien había puesto mi misma Voluntad en toda la Creación, y mi Humanidad poseyendo mi misma Voluntad Divina, daba el primer desahogo y recibía y daba la correspondencia a todo lo que mi misma Voluntad Divina había puesto en toda la Creación; por eso, en cuanto Yo salía todas las cosas creadas hacían fiesta, y en competencia me daban lo que poseían.  Así que sé atenta, y lo que más te importe sea vivir en mi Divina Voluntad si quieres sentir a lo vivo lo que tu Jesús te dice de mi Fiat Supremo”.

 

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27-3

Octubre 2, 1929

 

Sólo la Divina Voluntad vuelve feliz a la criatura; entrega mutua.

Quien no tiene verdadera voluntad de hacer un bien es

un pobre lisiado, y Dios no quiere servirse de él.

 

(1) Mi abandono y mi vivir en el Fiat Divino continúan, ¡oh! cómo es potente su fuerza creadora, cómo es deslumbrante su luz, que infiltrándose en las fibras más íntimas del corazón, las inviste y acariciándolas se hace lugar y en ellas erige su trono de dominio y de mando, pero con tal dulzura raptora, que la pequeñez de la criatura queda desaparecida, pero feliz de quedar sin vida y perdida en el Fiat Divino.  ¡Oh Voluntad adorable, si todos te conocieran, cómo amarían el perderse en Ti para readquirir tu Vida y ser felices con la misma felicidad divina!  Pero mientras mi pequeñez se perdía en el Fiat Divino, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome fuertemente a su corazón divino me ha dicho:

(2) “Hija mía, sólo mi Divina Voluntad puede volver feliz a la criatura, Ella, con su luz, eclipsa o pone en fuga todos los males, y dice con su poder divino:  ‘Yo soy la felicidad perenne, huyan todos los males, quiero estar libre, porque delante a mi felicidad todos los males pierden la vida’.  Para quien vive completamente en mi Querer Divino, es tanto su amor que transforma las acciones de la criatura, y sucede un intercambio de vida entre Dios y ella, intercambio de acciones, de pasos, de latidos.  Dios queda unido a la criatura y la criatura a Dios, se vuelven seres inseparables, y en este intercambio de acciones y de vida se forma el juego entre Creador y criatura, uno se da en poder del otro, y en este darse en poder mutuamente juegan con modo divino, se hacen felices, hacen fiesta, y Dios y la criatura se glorían, se sienten victoriosos porque ninguno ha perdido, pero uno ha vencido al otro, porque en mi Divina Voluntad ninguno pierde, las pérdidas no existen en Ella.  Sólo de quien vive en mi Querer puedo decir:  ‘Es mi entretenimiento en la Creación, me siento victorioso de abajarme para hacerme vencer por la criatura, porque estoy cierto que ella no se opondrá a dejarse vencer por Mí’.  Por eso tu vuelo en mi Querer sea siempre continuo”.

(3) Después de esto estaba pensando en tantas cosas que el bendito Jesús me había dicho sobre su Divina Voluntad, en los tantos deseos ardientes de Él por hacerla conocer, y que a pesar de tantos deseos de Jesús no se ve nada para obtener su intento, y decía entre mí:  “Qué Sabiduría de Dios, qué misterios profundos, ¿quién puede comprenderlos?  Lo quiere, está doliente porque falta quién tome la iniciativa para hacerla conocer, muestra su corazón anhelante, suspira que su Divina Voluntad se haga camino para hacerse conocer, para formar su reino en medio a las criaturas, y después, como si fuera un Dios impotente, se obstaculizan los caminos, se cierran las puertas, y Jesús tolera, y con paciencia invencible e indecible espera que se abran las puertas y los caminos, toca a los corazones para encontrar quienes serán aquellos que se ocuparán en hacer conocer su Divina Voluntad”.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose ver todo bondad y ternura, de romper los corazones más duros, me ha dicho:

(4) “Hija mía, si supieras cuánto sufro cuando quiero formar mis obras y hacerlas conocer a las criaturas para darles el bien que contienen, y no encuentro quién tenga verdadero ánimo, deseo veraz y voluntad de hacer vida suya mi obra para hacerla conocer, para dar a los demás la vida del bien de mi obra que siente en sí mismo.  Yo cuando veo estas disposiciones en quien debe ocuparse, que Yo con tanto amor llamo y escojo para las obras que me pertenecen, me siento tan atraído hacia él, que para hacer que haga bien lo que Yo quiero me abajo, desciendo en él y le doy mi mente, mi boca, mis manos, y hasta mis pies, a fin de que en todo sienta la vida de mi obra, y como vida sentida, no como cosa extraña a él, pueda sentir la necesidad de darla a los demás.  Hija mía, cuando un bien no se siente en uno mismo como vida, todo termina en palabras, no en obras, y Yo quedo fuera de ellos, no dentro, y por eso quedan como pobres lisiados, sin inteligencia, ciegos, mudos, sin manos y sin pies, y Yo en mis obras no quiero servirme de pobres lisiados, los hago a un lado, y no poniendo atención al tiempo continúo girando para encontrar a los dispuestos que deben servir a mi obra.  Y así como no me cansé de girar los siglos y toda la tierra para encontrar la más pequeña, para poner en su pequeñez el gran depósito de los conocimientos de mi Divina Voluntad, así no me cansaré de girar y volver a girar la tierra para encontrar a los realmente dispuestos, que apreciarán como vida lo que he manifestado sobre el Fiat Divino, y éstos harán cualquier sacrificio para hacerlo conocer.  Por eso no soy el Dios impotente, sino más bien aquel Dios paciente, que quiero que mis obras se hagan con decoro y por personas que lo hagan voluntariamente, no forzadas, porque la cosa que más aborrezco en mis obras es que la criatura lo haga forzadamente, como si Yo no mereciera sus pequeños sacrificios; y por decoro de una obra tan grande, cual es el hacer conocer mi Divina Voluntad, no quiero servirme de pobres lisiados, porque quien no tiene verdadera voluntad de hacer un bien, es siempre una herida que hace a su alma dejándola lisiada, sino quiero servirme de personas que suministrándoles mis miembros divinos, la hagan con decoro, como merece una obra que tanto bien debe aportar a las criaturas y gran gloria a mi Majestad”.

 

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27-4

Octubre 7, 1929

 

Cómo el Fiat Divino es inseparable de sus

obras.  Momento terrible de la caída de Adán.

 

(1) Me sentía inmersa  en el Fiat Divino, su luz me circundaba por todas partes, por dentro y por fuera, y mi dulce Jesús haciéndose ver me ha estrechado entre sus brazos, y acercándose a mi boca, desde la suya me mandaba su aliento a la mía, pero tan fuerte que yo no podía contenerlo.  ¡Oh! cómo era suave, dulce, fortificante el aliento de Jesús, yo me sentía renacer a nueva vida, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo lo que sale de nuestras manos creadoras contiene conservación y creación continua; si nuestro acto creador y conservador se retirase del cielo, del sol, y de todo el resto de la Creación, todo perdería la vida, porque siendo la Creación la nada, necesitan en ellos la obra del Todo para conservarse.  He aquí por qué nuestras obras son inseparables de Nosotros, y lo que no está sujeto a separarse se ama siempre, se tiene siempre bajo la mirada, y forman una sola cosa la obra y Aquél que la ha creado.  Nuestro Fiat que se pronunció en el acto de crear todas las cosas, se quedó en acto de decirse siempre, para constituirse acto y vida perenne de toda la Creación.  Nosotros al obrar, no es como en el hombre que no pone su respiro, su latido, su vida, su calor, en su obra, y por eso su obra se puede separar de él, ni la ama con amor invencible y perfecto, porque de lo que se vuelve separable, el hombre puede hasta llegar a olvidarse de su obra.  En cambio, Nosotros en nuestras obras, es vida que ponemos, y se ama tanto, que para conservarla hacemos correr siempre nuestra Vida en nuestra obra, y si vemos peligro, como fue del hombre, ponemos nuestra Vida para salvar la vida que corre en nuestra obra.

(3) Ahora hija mía, tu vivir en nuestro Fiat Divino comenzó al pedirte tu voluntad, que tú voluntariamente me cediste, y Yo cuando te vi darme tu querer me sentí victorioso, y dándote mi aliento quise pronunciar mi Fiat Omnipotente en el fondo de tu alma para renovar el acto de la Creación; este Fiat lo repito siempre para darte vida continua en Él, y conforme se repite te conserva a ti y mantiene su Vida en ti.  He aquí por qué me sientes que frecuentemente dándote mi aliento renuevo tu alma, y la inseparabilidad que siento es mi Voluntad Divina que me hace amar con amor perenne lo que hemos depositado en ti; cada vez que se repite mi Fiat, cada verdad suya que te manifiesta, cada conocimiento suyo o palabra que te dice, es un amor que surge en Nosotros para amarte de más y para hacerse amar.  Es nuestro Fiat creador  y conservador que amando su Vida y lo que ha hecho en ti, se pronuncia siempre para conservar su Vida y la belleza de su obra.  Por eso sé atenta a recibir continuamente la palabra de mi Fiat, que es portador de creación, de vida y de conservación”.

(4) Después de esto estaba haciendo mi giro para seguir los actos del Fiat Divino en la Creación, y habiendo llegado al Edén me he detenido en el acto cuando el hombre rechazó la Voluntad Divina para hacer la suya.  ¡Oh! cómo comprendía bien el gran mal de hacer la voluntad humana, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(5) “Hija mía, cierto que fue terrible el momento de la caída de Adán; en cuanto rechazó nuestro Querer Divino para hacer el suyo, nuestro Fiat estaba en acto de retirarse del cielo, del sol, y de toda la Creación para resolverla en la nada, porque aquél que había rechazado nuestra Divina Voluntad, no merecía más que nuestro Fiat mantuviera el acto continuo de creación y conservación en toda la Creación, hecha por amor del hombre y dada a él como don de su Creador.  Si no hubiera sido porque el Verbo Eterno ofreció sus méritos previstos del futuro Redentor, como los ofrecí para preservar a la Virgen Inmaculada de la culpa original, todo se hubiera ido a la ruina; el cielo, el sol, se habrían retirado en nuestra fuente, y retirándose nuestra Divina Voluntad, todas las cosas creadas hubieran perdido la vida.  Pero presentándose el Verbo humanado ante la Divinidad, y haciendo presentes sus méritos previstos, todas las cosas se mantuvieron en su puesto, y mi Fiat continuó su obra creadora conservadora, esperando a mi Humanidad para hacerle el don legítimo que merecía, tan es verdad, que se hizo solemne promesa al hombre, después de su caída, que habría descendido el futuro Redentor para salvarlo, a fin de que rogara y se dispusiera a recibirlo.  Todo hizo nuestra Voluntad, y con justicia tenía derecho sobre todo; el hombre con hacer su voluntad humana le quitaba sus derechos divinos, por eso no merecía que el sol le diese la luz, y conforme la luz lo investía se sentía arrancar los derechos de su luz, cada cosa creada que tomaba y gozaba, eran tantos desgarros que le hacía.  Si no hubiera sido por mi Humanidad, para el hombre todo hubiera estado perdido.  Por eso el no hacer mi Divina Voluntad encierra todos los males, y perder todos los derechos, del Cielo y de la tierra; el hacerla encierra todos los bienes, y hace adquirir todos los derechos humanos y divinos”.

 

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27-5

Octubre 12, 1929

 

Con vivir en el Divino Querer, el querer humano asciende y el

Divino desciende.  Cómo se adquieren las prerrogativas divinas.

 

(1) Estaba haciendo mi acostumbrado giro en el Fiat Divino, y llamando todo lo que había hecho en la Creación y Redención, los ofrecía a la Majestad Divina para impetrar que la Divina Voluntad fuese conocida, a fin de que reine y domine en medio a las criaturas.  Pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “¿Cuál es el bien que hago con repetir siempre estos giros, actos y ofrecimientos?  Y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, cada vez que giras en nuestras obras y te unes a los actos que hizo mi Fiat en la Creación y Redención para ofrecérnoslos, tú das un paso hacia el Cielo y mi Divina Voluntad da una paso hacia la tierra, así que conforme tú subes, Ella desciende, y mientras queda inmensa se empequeñece y se encierra en tu alma para repetir junto contigo tus actos, tus ofrecimientos, tus oraciones, y Nosotros sentimos que nuestro Querer Divino ruega en ti; sentimos salir de ti su respiro; sentimos su latido, que mientras late en Nosotros, al mismo tiempo late en ti; sentimos la potencia de nuestras obras creadoras, que alineándose en torno a Nosotros, ruegan con nuestro poder divino que nuestra Divina Voluntad descienda a reinar sobre la tierra; mucho más, porque en lo que tú haces no eres una intrusa, o bien un individuo que no ocupando ningún oficio no tiene ningún poder, sino que has sido llamada, y en modo especial te ha sido dado el oficio de hacer conocer nuestra Divina Voluntad, y de impetrar que nuestro reino sea constituido en medio a la familia humana.  Por eso hay gran diferencia entre quien ha recibido un oficio de Nosotros, y entre quien no ha recibido ningún empeño.  Quien ha recibido un oficio, todo lo que hace lo hace con derecho, con libertad, porque tal es nuestra Divina Voluntad, ella representa a todos aquellos que deben recibir el bien que queremos dar por medio del oficio a ella dado, así que no eres sólo tú la que das un paso hacia el Cielo, sino todos aquellos que conocerán mi Divina Voluntad, y Ella descendiendo, desciende por medio tuyo en todos aquellos que la harán reinar, por eso el único medio para obtener el reino del Fiat Divino, es servirte de nuestras obras para obtener un bien tan grande”.

(3) Después continuaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al punto cuando llamó de la nada a la Soberana Reina, me he detenido a comprenderla, toda bella, majestuosa, sus derechos de Reina se extendían a todas partes, Cielo y tierra doblaban las rodillas para reconocerla como Emperatriz de todos y de todo, y yo desde el fondo de mi corazón veneraba y amaba a la Soberana Señora, y de pequeña cual soy quería dar un salto sobre sus rodillas maternas para decirle:  “Mamá Santa, toda bella Tú eres, y tal eres porque viviste de Voluntad Divina.  ¡Ah! Tú que la posees, pídele que descienda sobre la tierra y venga a reinar en medio a tus hijos”.  Pero mientras esto hacía, mi adorado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, mi Madre, aunque no hubiera sido mi Madre, sólo porque hizo perfectamente la Divina Voluntad y no conoció otra vida, y vivió en la plenitud de Ella, en virtud del vivir siempre de mi Fiat habría poseído todas las prerrogativas divinas, lo mismo habría sido Reina, la más bella de todas las criaturas, porque donde reina mi Fiat Divino quiere dar todo, no se queda con nada, es más, la ama tanto, que haciendo uso de sus estratagemas amorosas se esconde, se empequeñece en la criatura, amando el hacerse dominar por ella.  En efecto, ¿no fue un dominar lo que hizo la Soberana del Cielo de mi Querer Divino, que llegó a hacerme concebir y a esconderme en su seno?  ¡Oh! si todos conocieran qué sabe hacer y qué puede hacer mi Querer Divino, harían todos los sacrificios para vivir sólo de mi Voluntad”.

 

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27-6

Octubre 15, 1929

 

Cómo todos están a la expectativa de la narración de la

historia de la Divina Voluntad.  Vacío de los actos de la

criatura en la Divina Voluntad.

 

(1) Me sentía inmersa en el Fiat Divino; ante mi pobre mente veía toda la Creación y los grandes prodigios obrados por la Divina Voluntad en Ella.  Parecía que cada cosa creada quisiera narrar lo que poseía del gran Fiat Divino para hacerlo conocer, amar y para glorificarlo.  Mientras mi mente se perdía en mirar la Creación, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, todos están a la expectativa de la narración del gran poema de la Divina Voluntad, y como la Creación fue el primer acto externo del obrar de mi Fiat, por eso contiene el principio de su historia de cuanto ha hecho por amor de la criatura.  He aquí la causa por la que queriéndote decir toda la historia de mi Querer Divino, he encerrado dentro toda la historia de la Creación, con tantos particulares y modos simples y especiales, para que tú y todos conozcan qué cosa ha hecho y qué quiere hacer mi Fiat Divino, y sus justos derechos por los que quiere reinar en medio a las generaciones humanas.  Todo lo que se hizo en la Creación no es conocido del todo por las criaturas, el amor que tuvimos al crearla, cómo cada cosa creada lleva una nota de amor distinta la una de la otra y encierra dentro un bien especial a las criaturas, tan es verdad, que la vida de ellas está atada con vínculos indisolubles con la Creación, y si la criatura se quisiera sustraer de los bienes de la Creación, no podría vivir; ¿quién le daría el aire para respirar, la luz para ver, el agua para beber, el alimento para nutrirse, la tierra sólida para hacerla caminar?  Y mientras mi Divina Voluntad tiene su acto continuo, su Vida y su historia para hacerse conocer en cada cosa creada, la criatura la ignora y vive de Ella sin conocerla.  Por eso todos están a la expectativa, la misma Creación, porque quieren hacer conocer un Querer tan santo, y el haberte hablado de la misma Creación con tanto amor, y de lo que mi Fiat Divino hace en Ella, muestra su gran deseo de que quiere ser mejor conocida, mucho más que el bien no conocido, no lleva vida ni los bienes que posee.  Por eso mi Voluntad está como estéril en medio a las criaturas, no puede producir la plenitud de su Vida en cada una de ellas, porque no es conocida”.

(3) Después de esto sentía en mí una fuerza interna que quería seguir todos los actos que el Fiat Divino había hecho en la Creación y Redención, pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “¿Cuál es el bien que hago, que en todo quiero seguir al Querer Divino?”  Y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, tú debes saber que todo lo que mi Querer Divino ha hecho, tanto en la Creación como en la Redención, lo ha hecho por amor de las criaturas, y para que éstas, conociéndolo, subieran en su acto para mirarlo, amarlo y unir el acto de ellas al suyo para hacerle compañía, y poner aunque sea una coma, un punto, una mirada, un te amo, a las tantas obras grandes y prodigios divinos que mi Fiat en el ímpetu de su amor ha hecho para todos.  Ahora, cuando tú lo sigues en sus actos, siente tu compañía, no se sentirá solo, siente tu pequeño acto, tu pensamiento que sigue su acto, así que se siente correspondido; en cambio si tú no lo siguieras, sentiría el vacío de ti y de tus actos en la Inmensidad de mi Querer Divino, y con dolor gritaría:  ‘¿Dónde está la pequeña hija de mi Querer?  No me la siento en mis actos, no gozo sus miradas que admiran lo que hago para darme un gracias, no oigo su voz que me dice te amo, ¡oh! cómo me pesa la soledad’.  Y te haría oír sus gemidos en el fondo de tu corazón diciéndote:  ‘Sígueme en mis obras, no me dejes solo’.  Entonces, el mal que harías sería formar el vacío de tus actos en mi Divina Voluntad; y si lo haces, harías el bien de hacerles compañía, y si supieras cuánto apreciamos la compañía en el obrar, estarías más atenta.  Y así como mi Fiat Divino sentiría el vacío de tus actos si no lo sigues, así sentirías tú el vacío de sus actos en tu voluntad, y te sentirías sola, sin la compañía de mi Voluntad Divina que ama el ocuparte tanto, para no hacerte sentir más que tu querer vive en ti”.

 

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27-7

Octubre 18, 1929

 

Belleza de la Creación.  Dios está, para quien vive en la Divina

Voluntad, en acto de crear siempre.  La criatura que vive

en el Querer Divino duplica su amor hacia Dios.

Los dos brazos:  Inmutabilidad y firmeza.

 

(1) Me sentía en la inmensidad de la luz del Fiat Divino, y en esta luz se veía alineada toda la Creación como parto de Él, que queriéndose recrear de sus obras, parecía como si estuviese en acto de crearlas y de hacerlas siempre con el conservarlas; y mi amable Jesús, saliendo de dentro de mi interior en acto de mirar la Creación para glorificarse por medio de sus obras, me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo es bella la Creación, cómo nos glorifica, cómo alaba la potencia de nuestro Fiat; no es otra cosa que un acto solo de nuestro Querer Divino, y si se ven tantas cosas distintas la una de la otra, no son otra cosa que los efectos de su único acto que jamás cesa y que contiene su acto obrante continuo.  Y como nuestro acto posee en naturaleza, como propiedad toda suya:  luz, inmensidad, imperio y multiplicidad de efectos innumerables, por eso no es maravilla que en cuanto nuestro Fiat formó su único acto, salieron inmensidad de cielo, sol brillantísimo, vastedad de mar, viento imperante, belleza de flores, especies de todo género, potencia, que como si fuera un soplo ligero, con él mantiene suspendida a toda la Creación como una pequeña pluma, sin ningún apoyo, encerrada sólo en su fuerza creadora.  ¡Oh potencia de mi Fiat, cómo eres insuperable e inalcanzable!  Ahora, tú debes saber que sólo en el alma donde reina mi Querer Divino, siendo que Él reina en toda la Creación, lo que hace el alma se une al acto único que hace mi Querer en la Creación, para recibir el depósito de todo el bien que fue hecho en ella, porque esta gran máquina del universo fue hecha para darla a la criatura, pero a aquélla que habría hecho reinar a nuestro Querer Divino; es justo que no salgamos de nuestra finalidad prefijada, y que la criatura reconozca y reciba nuestro don; ¿pero cómo puede recibirlo si no está en nuestra casa, esto es, en nuestra Divina Voluntad?  Le faltaría la capacidad de recibirlo y el espacio dónde contenerlo, por eso sólo quien posee mi Querer Divino puede recibirlo.  Él se deleita con su único acto, como si estuviese en acto de crear por amor de ella, le hace sentir su acto continuo de crear el cielo, el sol, y todo, y le dice:  ‘¡Mira cuánto te amo, sólo por ti continúo creando todas las cosas, y para tener de ti la correspondencia me sirvo de tus actos como materia para extender el cielo, como materia de luz para formar el sol, y así de todo lo demás; por cuantos más actos hagas en mi Fiat, tanta más materia me suministras para formar en ti cosas más bellas!’  Por eso tu vuelo en mi Querer no se detenga jamás, y yo tomaré ocasión para siempre obrar en ti”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en el Querer Divino, y haciendo míos todos sus actos hechos en la Creación y Redención, los ofrecía a la Divina Majestad como el más bello don que pudiera darle como correspondencia de mi amor, y decía entre mí:  “¡Oh! cómo quisiera tener un cielo, un sol, un mar, una tierra florida, y todo lo que existe, todo mío, para poder dar a mi Creador un cielo mío, un sol que fuese mío, un mar y una floritura, que le dijeran te amo, te amo, te adoro”.  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús, estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(4) “Hija mía, para quien vive en nuestro Querer, todo es suyo; siendo uno su querer con el nuestro, lo que es nuestro es suyo, así que puede decirnos con toda verdad:  ‘Os doy mi cielo, mi sol, y todo’.  El amor de la criatura se eleva en nuestro amor y se pone a la par con Nosotros ; en nuestro Fiat Divino la criatura duplica nuestro amor, nuestra luz, nuestra potencia, felicidad y belleza, y nos sentimos amados no sólo con nuestro mismo amor duplicado, sino con amor potente, con amor que nos rapta, con amor que nos hace felices, y Nosotros, viéndonos amados con amor duplicado por parte de la criatura que vive en nuestro Querer, nos sentimos, por amor suyo, de amar a todas las criaturas con amor duplicado, porque la criatura en nuestro Fiat, su acto pierde la vida y adquiere nuestro acto como suyo, nuestro acto posee la fuente de la luz, de la potencia, del amor, la fuente de la felicidad y belleza, y el alma puede duplicar, triplicar, multiplicar cuanto quiere nuestras fuentes, y Nosotros, como está en nuestro Querer, la hacemos hacer, le damos toda la libertad, porque lo que hace queda todo en nuestra casa, nada sale de nuestros confines divinos e interminables, por eso no hay ningún peligro de que la fuente de nuestros bienes pueda recibir daño alguno.  Por eso si tú estás siempre en nuestro Querer Divino, lo que es nuestro es tuyo, y puedes darnos como tuyo lo que quieras”.

(5) Después me sentía afligida por muchas cosas que no es necesario ponerlas sobre el papel, y mi adorable Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, ánimo, no quiero que te aflijas, quiero ver en tu alma la paz y la alegría de la patria celestial, quiero que tu misma naturaleza dé un perfume de Voluntad Divina, que es toda paz y felicidad.  Ella se sentiría en ti a disgusto y como comprimida en su luz y felicidad si no hay en ti paz y felicidad perenne.  Y además, ¿no sabes tú que quien vive en mi Fiat Divino se forma dos brazos?  Uno es la inmutabilidad, el otro brazo es la firmeza de obrar continuamente.  Con estos dos brazos tiene atado a Dios, en tal modo que no se puede desvincular de la criatura, y no sólo eso, sino que goza con que la criatura lo tenga atado a ella.  Así que no hay razón para afligirte, cualquiera que sean las cosas, cuando tienes a un Dios que es todo tuyo.  Por eso tu pensamiento sea de vivir en aquel Fiat que te dio la vida para formar Vida en ti, y Yo pensaré en el resto”.

 

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27-8

Octubre 21, 1929

 

Comparación entre la venida del

Verbo a la tierra y la Divina Voluntad.

 

(1) Me sentía pensativa sobre el Fiat Divino, miles de pensamientos se agolpaban en la mente de lo que mi dulce Jesús me había dicho sobre Él, especialmente sobre su reinar, y decía entre mí:  “¿Pero ahora reina sobre la tierra la Divina Voluntad?  Es verdad que se encuentra por todas partes, no hay punto donde no exista, ¿pero tiene su cetro, su absoluto dominio en medio a las criaturas?”  Y mientras mi mente se perdía en tantos pensamientos, mi amable Jesús saliendo de dentro de mí me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad reina.  Ella se compara a Mí, Verbo Eterno, que descendiendo del Cielo me encerré en el seno de mi Madre Celestial; ¿quién sabía algo?  Ninguno, ni siquiera San José lo sabía, al principio de mi Concepción, que Yo ya estaba en medio de ellos, sólo mi inseparable Mamá estaba al día de todo.  Así que el gran portento de mi descendimiento del Cielo a la tierra había sucedido en realidad, y mientras con mi Inmensidad existía por todas partes, Cielos y tierra estaban inmersos en Mí, con mi persona estaba encerrado en el seno materno de la Inmaculada Reina, ninguno me conocía, era ignorado por todos.  He aquí, hija mía, el primer punto de comparación entre Yo, Verbo Divino, cuando descendí del Cielo, y mi Divina Voluntad que hace su primer paso para venir a reinar sobre la tierra.  Así como Yo di mis primeros pasos hacia la Virgen Madre, así Ella da sus primeros pasos en ti, y como te pidió tu querer y tú lo cediste, formó súbito su acto primero de concepción en tu alma, y conforme te manifestaba sus conocimientos dándote como tantos sorbos divinos, formaba su Vida y daba principio a la formación de su reino.  Pero por tanto tiempo, ¿quién sabía algo?  Ninguno, sólo Yo y tú estábamos al día de todo, y después de algún tiempo estuvo al día mi representante de lo que sucedía en ti, aquél que te dirigía, símbolo de mi representante San José que debía figurar como mi padre ante las criaturas, que antes que Yo saliera del seno materno tuvo el gran honor y don de conocer que Yo ya estaba en medio de ellos.

(3) Después de los primeros pasos hice el segundo:  Fui a Belén a nacer, fui reconocido y visitado por los pastores de aquel lugar, pero no eran personas influyentes, se quedaron con la bella noticia que Yo ya había venido a la tierra, así que no se ocuparon en hacerme conocer, en divulgarme por todas partes, y Yo continué siendo el Jesús escondido e ignorado por todos, pero por cuan ignorado Yo ya estaba en medio a ellos; esto es símbolo de mi Divina Voluntad:  Frecuentemente han venido a ti, de lejos y de cerca otros representantes míos, los cuales han escuchado la bella noticia del reino de mi Divina Voluntad, sus conocimientos y cómo quiere ser reconocida, pero quién por falta de influencia, y quién por voluntad, no se han ocupado en divulgarla y ha quedado desconocida e ignorada, a pesar de que ya existe en medio de ellos, pero como no es conocida no reina, reina sólo en ti, así como Yo estaba solo con mi Mamá Celestial y con mi padre putativo San José.

(4) El tercer paso de mi venida sobre la tierra, el exilio, y en éste me tocó que vinieron los santos magos a visitarme, los cuales hicieron un poco de rumor al buscarme; esta búsqueda de Mí dio temor a Herodes, y en vez de unirse para venir a encontrarme, quería tramar contra mi Vida para asesinarme, y Yo fui por necesidad obligado a exiliarme.  Símbolo de mi Divina Voluntad, frecuentemente parece que hacen rumor, que la quieren hacer conocer con publicarla, ¿pero qué?  Quién es presa del temor, quién teme comprometerse, quién no acepta el sacrificarse, ahora con un pretexto y ahora con otro, todo termina en palabras, y mi Divina Voluntad queda exiliada de en medio a las criaturas.  Y así como no me fui al Cielo, sino que me quedé en el exilio en medio a las criaturas, sólo con mi Divina Madre y con San José que me conocían muy bien y formaba su paraíso en la tierra, para los demás era como si no existiera, así mi Fiat, habiendo formado en ti su Vida con todo el cortejo de sus conocimientos, si no recibe los efectos, la finalidad por la que se ha hecho conocer, ¿cómo puede partir?  Porque Nosotros cuando decidimos hacer una obra, un bien, no hay quién nos aparte, así que a pesar del exilio y de su esconderse, como hice Yo, que después de treinta años de Vida oculta hice mi Vida pública y me hice conocer, así mi Querer Divino no podrá quedar siempre escondido, sino que tendrá su intento de hacerse conocer para reinar en medio a las criaturas.  Por eso sé atenta y aprecia el gran don de mi Divina Voluntad en tu alma”.

 

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27-9

Octubre 24, 1929

 

En la Divina Voluntad el alma tiene todo en su

poder, porque encuentra la fuente de las obras

divinas, y las puede repetir cuanto quiere.

 

(1) Me sentía toda abandonada en el Fiat Divino, siguiendo y ofreciendo todos sus actos, tanto de la Creación como aquellos de la Redención, y llegando a la Concepción del Verbo decía entre mí:  “Cómo quisiera, en el Querer Divino, hacer mía la Concepción del Verbo para poder ofrecer al Ente Supremo el amor, la gloria, la satisfacción, como si otra vez el Verbo se concibiera”.  Pero mientras esto decía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(2) “Hija mía, en mi Divina Voluntad el alma tiene todo en su poder, no hay cosa que nuestra Divinidad haya hecho, tanto en la Creación como en la Redención, de la que nuestro Fiat Divino no posea la fuente, porque Él no pierde nada de nuestros actos, es más, es la depositaria de todo; y quien posee nuestro Querer Divino posee la fuente de mi Concepción, de mi nacimiento, de mis lágrimas, de mis pasos, de mis obras, de todo; nuestros actos no se agotan jamás, y conforme hace memoria y quiere ofrecer mi Concepción, viene renovada mi Concepción como si de nuevo me concibiera, resurjo a nuevo nacimiento; mis lágrimas, mis penas, mis pasos y obras resurgen a nueva vida y repiten el gran bien que Yo hice en la Redención.  Así que quien vive en nuestro Querer Divino es la repetidora de nuestras obras, porque así como de la Creación nada se ha perdido de lo que fue creado, así de la Redención, todo está en acto de surgir continuamente, ¿pero quién nos da el impulso?  ¿Quién nos da la ocasión de mover nuestras fuentes para renovar nuestras obras?  Quien vive en nuestro Querer.  En virtud de Él la criatura toma parte en nuestra fuerza creadora, por eso todo puede hacer resurgir a nueva vida; ella, con sus actos, con sus ofrecimientos, con sus súplicas, mueve continuamente nuestras fuentes, las cuales, movidas como por un agradable vientecillo, formando olas y desbordando fuera nuestros actos, se multiplican y crecen al infinito.  Nuestras fuentes están simbolizadas por el mar, si el viento no lo agita y no vienen formadas las olas, las aguas no desbordan fuera y las ciudades no quedan bañadas.  Así nuestras fuentes de tantas obras nuestras, si nuestro Fiat Divino no las quiere mover, o quien vive en Él no se da pensamiento de formar ningún vientecillo con sus actos, si bien están llenas hasta el borde, pero no desbordan fuera para multiplicar sus bienes en provecho de las criaturas.

(3) Además de esto, quien vive en nuestro Fiat Divino, conforme va formando sus actos, estos suben al principio de donde salió la criatura, no quedan en lo bajo, sino suben a lo alto para buscar el seno de Aquél de donde salió el primer acto de su existencia, estos actos se alinean en torno al principio que es Dios como actos divinos.  Dios, al ver los actos de la criatura en su Divina Voluntad, los reconoce como actos suyos y se siente amado y glorificado como Él quiere, con su mismo amor y con su misma gloria”.

 

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27-10

Octubre 27, 1929

 

Por qué no podía venir el reino de la Divina Voluntad antes

de la venida de Nuestro Señor a la tierra.  El injerto de

Jesucristo y el injerto de Adán.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación, e iba siguiendo todos los actos hechos por el Fiat Divino desde el Edén hasta el descendimiento del Verbo Divino a la tierra; pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “¿Y por qué no vino el reino de la Divina Voluntad a la tierra antes de que descendiese el Hijo de Dios del Cielo a la tierra?”  Y mi dulce Jesús, tomando ocasión de lo que yo pensaba, más bien me parece que cuando tiene ganas de hablarme me da las reflexiones, me suscita las dudas, las dificultades, el deseo de saber tantas cosas sobre su reino; en cambio, cuando no quiere hablarme, mi mente calla, no sé reflexionar nada y recorro en su luz los actos de la Divina Voluntad.  Entonces mi amable Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, el reino de mi Divina Voluntad no podía venir a la tierra antes de mi venida, porque no había ninguna humanidad que poseyera, por cuanto a criatura es posible, la plenitud de mi Fiat Divino, y no poseyéndola no había ningún derecho, ni según el orden divino, ni según el orden humano.  El Cielo estaba cerrado, las dos voluntades, humana y Divina estaban como en hostilidad; el hombre se sentía imposibilitado para pedir un bien tan grande, tanto que ni siquiera lo pensaba; y Dios, por derecho de justicia estaba imposibilitado para darlo.  Dios y la criatura se encontraban antes de mi venida a la tierra, como la tierra y el sol:  La tierra no poseyendo la semilla, que rompiéndola forma el brote para poder formar la planta de aquella semilla; y el sol no encontrando el brote, no puede comunicar los efectos que posee para poder formar con su virtud vivificadora el desarrollo y la formación de aquella planta.  Así que tierra y sol están como extraños entre ellos, se puede decir, si tuvieran razón, que se mirarían como en rivalidad, porque la tierra no puede producir y recibir aquel bien, y el sol no lo puede dar.  Así se encontraba la humanidad sin el germen de mi Fiat, y si no está el germen es inútil esperar la planta.  Ahora, con mi venida sobre la tierra, el Verbo Divino se vistió de carne humana, con esto formó el injerto al árbol de la humanidad.  Mi Humanidad se prestó como semilla al Verbo Eterno, y mi Voluntad Divina formó el injerto nuevo con mi voluntad humana, con esto comenzó, siendo Yo la cabeza de todas las generaciones humanas, el derecho de ambas partes, humana y divina, ellos de poder recibir el reino de mi Divina Voluntad, y Dios de poderlo dar.  Ahora, así como cuando se hace un injerto, no de inmediato se asimila la fuerza de los nuevos humores, sino va poco a poco asimilándolos, por eso da pocos frutos al principio, pero conforme se va formando así los frutos crecen, son más abundantes y sabrosos, hasta que se forma el árbol entero cargado de ramas y de frutos.  Tal es el injerto hecho por Mí al árbol de la humanidad, son cerca de dos mil años y la humanidad no ha recibido todos los humores de mi injerto, pero hay razón para esperar, porque está la semilla, el injerto, por eso la criatura lo puede pedir, y Dios se encuentra en la condición de darlo, porque está mi Humanidad, que poseyendo en virtud del Verbo hecho carne a mi Divina Voluntad por naturaleza, ha restituido los derechos al hombre y a Dios.  Por eso todo lo que Yo hice en la Redención, no es otra cosa que preparativo, riego, cultivo, para dar desarrollo a este injerto celeste hecho por Mí entre las dos voluntades, humana y Divina.  Entonces, ¿cómo podía venir el reino de mi Divina Voluntad antes de mi venida a la tierra, si faltaba el injerto, el principio de su Vida, y el obrar en acto en el alma, y su primer acto en el acto de la obra humana para extender su reino en cada acto de ellas?  Es verdad que mi Fiat Divino con su Potencia e Inmensidad extendía su imperio dondequiera, pero en la voluntad humana no se encontraba como principio de vida, sino sólo por potencia e inmensidad, se encontraba en las condiciones que se encuentran sol y tierra:  El sol inviste la tierra con su luz, da sus efectos, pero la tierra no se vuelve sol, y el sol no se vuelve tierra, porque sol y tierra no se funden juntos, de modo de formar la vida el uno en la otra, y por eso son siempre cuerpos extraños que no se asemejan, y por cuanto el sol la ilumina, la calienta, comunica sus admirables efectos, no comunicando su vida, ni la tierra cede sus derechos de vida en el sol, la tierra será siempre tierra y el sol será siempre sol.  Así se encuentra y se encontraba mi Divina Voluntad, hasta en tanto que el hombre no ceda la suya en la mía, la mía no puede poner su principio de vida en la voluntad humana, la fusión de la Una y de la otra no puede suceder, la criatura será siempre criatura sin la semejanza y la Vida de su Creador en el fondo de su alma, que sólo puede formarla mi Fiat Divino.  Así que siempre habrá desemejanza, distancia, a pesar de que mi Querer Divino la ilumina y le comunica sus admirables efectos por su bondad y liberalidad, y por efecto de potencia y de inmensidad que por su naturaleza posee.

(3) Mucho más que Adán con pecar, con el hacer su voluntad humana, no sólo formó la polilla a la raíz del árbol de la humanidad, sino que agregó el injerto, y este injerto comunicó todos los malos humores que en el curso de los siglos debía producir en el árbol de la humanidad el injerto de Adán.  En un principio un injerto no puede producir ni grandes bienes ni grandes males, sino sólo el principio del mal o del bien, en efecto, Adán no hizo todos los males de las generaciones humanas, pero apenas hizo el injerto, y fue causa de torrentes de males, mucho más que no tuvo pronto el injerto contrario de mi venida a la tierra, sino que debieron pasar siglos y siglos, así que los humores malos crecían y los males se multiplicaban, por eso no se pensaba en el reino de mi Voluntad.  Pero cuando Yo vine a la tierra, con mi Concepción formé el injerto contrario al árbol de la humanidad, y los males comenzaron a detenerse, los malos humores a destruirse, así que hay toda la esperanza de que el reino de mi Divina Voluntad pueda formarse en medio de las generaciones humanas.  Las tantas verdades que te he manifestado sobre mi Fiat Divino son sorbos de vida, de los cuales, quién riega, quién cultiva, quién aumenta los humores al árbol de la humanidad injertado por Mí.  Así que si en el árbol de mi Humanidad ha entrado la Vida de mi Fiat Divino y ha formado el injerto, hay todo para esperar que mi reino tenga su cetro, su justo dominio y su mando en medio a las criaturas.  Por eso ruega y no dudes”.

 

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27-11

Octubre 30, 1929

 

Quien vive en el Querer Divino puede girar en todas

las obras de Dios, y adquiere los derechos divinos.

 

(1) El dulce encanto del Fiat Omnipotente, con su luz me tiene como eclipsada en Él, y yo no sé ver otra cosa que todos sus actos, para poner en ellos, como sello, mi “te amo” sobre cada uno para pedirle el reino de su Divina Voluntad en medio de las criaturas.  Ahora, ante mi mente veía una gran rueda de luz que llenaba toda la tierra, y mientras el centro de la rueda era toda una luz, al derredor de ella sobresalían tantos rayos por cuantos actos había hecho el Fiat Divino, y yo pasaba de un rayo a otro para poner en ellos el sello de mi “te amo”, para dejarlo en cada rayo y pedirle continuamente el reino de su Divina Voluntad.  Ahora, mientras esto hacía, mi siempre amable Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Divino Querer y forma sus actos en Él, estos actos permanecen como trabajo de la criatura que ponen a Dios en condición de cederle los derechos de un reino tan santo, por consiguiente los derechos de hacerlo conocer y hacerlo reinar sobre la tierra, porque el alma que vive en mi Fiat readquiere todos los actos de Él hechos por amor de las criaturas; Dios la vuelve conquistadora no sólo de su Querer, sino de toda la Creación, no hay acto de Él en el cual la criatura no ponga su acto, aunque fuera un ‘te amo’, un ‘te adoro’, etc.  Entonces, habiendo puesto de lo suyo, Dios queda todo empeñado y mi Fiat se siente feliz de que finalmente ha encontrado a la afortunada criatura a la que puede dar lo que Él quería dar con tanto amor desde el principio de la creación de todo el universo.  Por eso la criatura con vivir en mi Querer Divino entra en el orden divino, se vuelve propietaria de sus obras, y con derecho puede dar y pedir para los demás lo que es suyo, y como vive en Él, sus derechos son divinos, y con derecho divino, no humano, pide, cada acto suyo es una llamada que hace a su Creador y con su mismo imperio divino le dice:  ‘Dame el reino de tu Divina Voluntad a fin de que pueda darlo a las criaturas, para que reine en medio a ellas y todas te amen con amor divino y todas reordenadas en Ti.’  Ahora, tú debes saber que cada vez que giras en mi Voluntad para poner de lo tuyo, es un derecho divino de más que adquieres para pedir un reino tan santo; he aquí el por qué mientras giras en Ella se te ponen delante todas las obras de la Creación, y todas las de la Redención se alinean en torno a ti esperándote para recibir cada una tu acto, para darte la correspondencia del acto de nuestras obras, y tú las vas encontrando una por una para reconocerlas, abrazarlas, para poner en ellas tu pequeño ‘te amo’, tu beso de amor para hacer adquisición de ellas.  En nuestro Fiat no hay tuyo ni mío entre Creador y criatura, sino que todo es común, y por eso con derecho puede pedir lo que quiere.  ¡Oh! cómo me sentiría afligido y doliente si mis tantas penas y actos míos hechos estando en la tierra, la pequeña hija de mi Querer Divino ni siquiera los reconociera, ni busca cortejar con su amor y con su acto el mío; ¿cómo podría darte el derecho si no los reconocieras?  Mucho menos podrías hacerlos tuyos.  El reconocer nuestras obras es no sólo derecho que cedemos, sino posesión.  Por eso si quieres que mi Divina Voluntad reine, gira siempre en nuestro Fiat, reconoce todas nuestras obras, desde la más pequeña a la más grande, pon tu pequeño acto en cada una de ellas, y todo te será concedido”.

 

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27-12

Noviembre 6, 1929

 

Jesús, centro de la Creación.  La palabra, desahogo del alma;

valor de ella.  Quién es la portadora de las obras de Dios.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y me parece que toda la Creación y las tantas obras que encierra son mis amadas hermanas, pero tan vinculadas conmigo que somos inseparables, porque una es la Voluntad que nos anima, y todo lo que hizo mi dulce Jesús estando en la tierra forma mi vida, así que me siento como empastada con Jesús y con todos sus actos.  Entonces me sentía circundada por todo, y en el centro de todas las cosas veía a mi dulce Jesús taciturno, que si bien en medio a tantas obras, todo era silencio y no tenía a quién decir una palabra, las obras más bellas estaban mudas para Él.  Entonces, atrayéndome a Él me ha dicho:

(2) “Hija mía, Yo soy el centro de toda la Creación, pero centro aislado, todo me está alrededor, todo depende de Mí, pero como las cosas creadas no tienen razón no me hacen compañía, me dan gloria, me honran, pero no rompen mi soledad:  el cielo no habla, el sol es mudo, el mar alborota con sus olas, calladamente murmura, pero no habla.  Es la palabra la que rompe la soledad, dos seres que intercambian con palabras sus pensamientos, los afectos, y lo que quieren hacer, es la alegría más bella, la fiesta más pura, la compañía más dulce; sus secretos manifestados en palabras forman la más amada armonía.  Y si estos dos seres se combinan en sus sentimientos, en los afectos y uno ve su voluntad en el otro, es la cosa más grata que puede existir, porque el uno siente su vida en el otro.  Gran don es la palabra, es la desembocadura del alma, el desahogo del amor, es la puerta de comunicación, es el intercambio de las alegrías y de los dolores; la palabra es la corona de las obras.  En efecto, ¿quién formó y coronó la obra de la Creación?  La palabra de nuestro Fiat, conforme hablaba salían los portentos de nuestras obras, una más bella que la otra; la palabra formó la corona más bella a la obra de la Redención, ¡oh! si Yo no hubiese hablado el evangelio no existiría, y la Iglesia no tendría qué enseñar a los pueblos.  El gran don de la palabra tiene más valor que todo el mundo entero.

(3) Ahora hija de mi Querer Divino, ¿quieres tú saber quién rompe mi soledad en medio a tantas obras mías?  Quien vive en mi Divina Voluntad, esta criatura viene en medio a este centro y me habla, me habla de mis obras, me dice que me ama por cada una de las cosas creadas, me abre su corazón y me habla de sus íntimos secretos, me habla de mi Fiat Divino y de su dolor porque no lo ve reinar, y mi corazón al oírla siente su mismo amor y dolor en ella, se siente como retratado, y conforme habla, mi corazón divino se inflama de amor, de alegría, y no pudiendo contenerlo abro mi boca y hablo, hablo largamente; abro mi corazón y vacío mis más íntimos secretos en el suyo, le hablo de mi Querer Divino como fin único de todas nuestras obras, y mientras hablo siento la verdadera compañía, pero compañía hablante, no muda, compañía que me entiende, que me hace feliz y que puedo volcarme en ella.  ¿No han sido tal vez desahogos de amor, transfusiones de vida del uno en el otro lo que hacíamos con todo lo que te manifestaba de mi Querer Divino y que mientras te hablaba servía para entretenernos y para formar la más dulce y agradable compañía?  Un alma que vive en mi Divina Voluntad es todo para Mí, me suple al mutismo de mis obras; ella me habla por todo, me hace feliz, y Yo no me siento solo, y teniendo a quién dar el gran don de mi palabra, no quedo más el Jesús mudo que no tiene a quién decir una palabra, y que si quiero hablar, si no está mi Fiat no soy entendido, sino el Jesús que habla y que tiene su compañía”.

(4) Después, mi pobre y pequeña mente continuaba perdiéndose en el Fiat Divino, y mi amable Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, mi Divina Voluntad simplifica a la criatura, la vacía tanto de todo lo que a Ella no pertenece, que no queda otra cosa del ser humano que un complejo de simplicidad:  simple la mirada, la palabra, los modos, los pasos; en ella, como dentro de un espejo se ve el sello de la simplicidad divina, por eso cuando mi Querer Divino reine sobre la tierra, no existirá más el fingimiento, la mentira, que se puede llamar principio de todo mal, mientras la simplicidad, como principio de todo verdadero bien, será la característica que mostrará que aquí reina la Divina Voluntad.  Ahora, tú debes saber que es tanto nuestro amor por quien se hace dominar por nuestro Fiat Divino, que todo lo que queremos que haga la criatura viene formado primero en Dios mismo, y después pasa en ella, y como su voluntad y la nuestra es una, lo tiene como acto suyo y nos lo repite cuantas veces lo queremos.  Así que quien vive en nuestro Querer Divino es la portadora de nuestras obras, la copiadora y la repetidora continua de ellas.  Con el ojo de luz que posee, dado por mi Querer, mira fijamente en su Creador para ver qué cosa está haciendo, para absorberlo en sí para decirle:  ‘No quiero hacer otra cosa sino lo que hace vuestra Majestad adorable’.  Y Nosotros nos sentimos doblemente felices, no porque no seamos felices sin la criatura, porque en Nosotros la felicidad es naturaleza, sino porque vemos a la criatura feliz, que en virtud de nuestro Querer se acerca a nuestra semejanza, ama con nuestro amor y nos glorifica con nuestras mismas obras.  Sentimos que la Potencia creadora de nuestro Fiat nos reproduce y forma nuestra Vida y nuestras obras en la criatura”.

 

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27-13

Noviembre 10, 1929

 

Sólo los pequeños entran a vivir en la Divina Voluntad.  Ejemplo

del niño.  Diferencia entre la creación del universo y la del hombre.

 

(1) El Fiat Divino me absorbe toda en su luz, y esta luz para darme su primer acto de vida, me palpita en el corazón y me hace sentir el latido de su luz, el latido de su santidad, de su belleza y potencia creadora, y mi pequeña alma me la siento como una esponja toda empapada en estos latidos divinos, y no pudiendo contenerlo todo por mi pequeñez, y sintiéndose quemada por los rayos ardientes del Sol del Fiat Divino, penando va repitiendo:  Fiat, Fiat, ten piedad de mi pequeñez, siento que no puedo contener tu luz, soy demasiado pequeña, por eso Tú mismo forma el vacío, ensánchame, así podré contener más luz, a fin de no quedar sofocada por esta luz, que no me es dado el poderla abrazar toda para encerrarla en mi pequeña alma.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija, ánimo, es verdad que eres demasiado pequeña, pero tú debes saber que en mi Fiat Divino sólo los pequeños entran a vivir en su luz, y a cada acto que hacen estos pequeños en mi Divina Voluntad, sofocan la voluntad de ellos, dándole una dulce muerte al querer humano, porque en la mía no hay ni puesto ni lugar para hacerlo obrar; el querer humano no tiene ni razón ni derecho, pierde su valor ante una Voluntad, razón y derecho Divino.  Sucede entre Voluntad Divina y humana, como podría suceder a un pequeño niño, que por sí solo le parece que sabe decir y que puede hacer alguna cosa, pero si es puesto junto a uno que posee todas las ciencias y es perito en las artes, el pobre pequeño pierde su valor, queda mudo y no sabe hacer nada, y queda fascinado y extasiado del bello decir y del buen obrar del sabio.  Hija mía, así es como sucede, el pequeño sin el grande se siente que es alguna cosa, en cambio ante el grande se siente más pequeño de lo que es.  Mucho más ante la alteza e Inmensidad de mi Divina Voluntad.

(3) Ahora, tú debes saber que cuantas veces el alma obra en mi Divina Voluntad se vacía de la suya, y forma tantas puertas para hacer entrar por ellas a la mía; sucede como a una casa que pudiese poseer el sol dentro de ella, cuantas más puertas haya, tantos rayos de más salen por cada una de las puertas; o bien como un metal que fuera perforado, puesto de frente al sol, cuantos más agujeros tiene, cada pequeño agujero se llena de luz y posee el rayo de luz.  Tal es el alma, cuantos más actos hace en mi Divina Voluntad, tantas entradas de más le da, en modo de dejarla toda irradiada de la luz de mi Fiat Divino”.

(4) Después de esto estaba siguiendo mi giro en la Creación para seguir los actos del Fiat Supremo hechos en ella, y mi dulce Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, hay gran diferencia entre la creación de todo el universo y la creación del hombre; en la primera estuvo nuestro acto creativo y conservativo, y después que fue todo ordenado y armonizado, nada de nuevo agregamos más.  En cambio, en la creación del hombre no sólo ha estado el acto creativo y conservador, sino que se agregó el acto activo, y de una actividad siempre nueva, y esto porque el hombre era creado a nuestra imagen y semejanza, y siendo el Ente Supremo un acto nuevo continuado, también el hombre debía poseer el acto nuevo de su Creador, que en algún modo lo asemejase, y por eso dentro y fuera de él quedó nuestro acto activo de continua novedad, y en virtud de este nuestro acto activo el hombre puede ser, y es, nuevo en los pensamientos, nuevo en las palabras, nuevo en las obras, ¿cuántas novedades no salen del género humano?  Y si el hombre no da su acto nuevo continuado sino a intervalos, es porque no se hace dominar por mi Divina Voluntad.  ¡Cómo fue bella la creación del hombre, en ella estuvieron nuestro acto creativo, conservador y activo, le infundimos como vida en su alma a nuestra Divina Voluntad, y pusimos como sangre de su alma nuestro amor.  Es por esto por lo que lo amamos tanto, porque él no sólo es obra nuestra, como todo el resto de la Creación, sino que posee parte de nuestra Vida, en modo real, sentimos en él la vida de nuestro amor, y ¿cómo no amarlo?  ¿Quién no ama las cosas propias?  Y si no las amara iría contra naturaleza.  Por eso nuestro amor hacia el hombre da en lo increíble; pero la razón es clara, lo amamos porque ha salido de Nosotros, es hijo nuestro y parto de Nosotros mismos.  Y si el hombre no nos cambia su amor con el nuestro, si no nos cede su voluntad para retener la nuestra, es más que un bárbaro y cruel en contra de su Creador y contra de sí mismo, porque no reconociendo a su Creador y no amándolo, se forma dentro y fuera de sí un laberinto de miserias, de debilidades y pierde su verdadera felicidad.  Con rechazar nuestra Divina Voluntad se pone a distancia con su Creador, destruye el principio de su creación, consumiendo la sangre de nuestro amor en su alma, para hacer correr el veneno de su voluntad humana.  Por eso, hasta que nuestra Voluntad no sea reconocida y no forme su reino en medio a las criaturas, el hombre será siempre un ser desordenado y sin la semejanza de Aquél que lo ha creado”.

 

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27-14

Noviembre 14, 1929

 

Cómo los derechos de la Creación son justos y santos; ejemplo del

sol, y cómo quien vive en la Divina Voluntad es el verdadero sol.

 

(1) Estoy siempre en mi amada heredad del Fiat Divino, cuanto más adentro estoy, más siento amarla, cuanto más camino en ella, tanto más se descubre, más se hace conocer y me dice:  “Vive siempre en tu preciosa heredad, que con tanto amor te ha sido dada; ella es tuya, será siempre tuya, inseparable de ti, jamás permitiré que mi pequeña hija no sienta el latido de mi luz, el respiro de mi aire balsámico, la Vida de mi Divina Voluntad”.  Pero mientras mi pequeña mente se perdía en el Querer Divino, mi amable Jesús saliendo de dentro de la misma luz del Fiat Divino me ha dicho:

(2) “Hija mía, el sol, porque posee la fuerza de la unidad de su luz, dada a él por su Creador, ella no está sujeta a dividirse, ni siquiera a perder una pequeña gota de luz; así que en virtud de esta fuerza única de luz que posee el sol, no hay cosa que toque, que invista, a la que no dé sus preciosos efectos.  El sol parece que se divierte con la tierra, da su beso de luz a cada una de las criaturas, a cada planta, abraza a todos con su calor, parece que sopla y comunica los colores, la dulzura, los sabores, y mientras más generoso en dar sus efectos, otro tanto es celoso de no ceder a ninguna cosa una sola gota de luz de la tanta luz que posee, ¿y por qué esto?  Porque quiere mantener los derechos de su creación y no perder nada de lo que Dios le donó.  ¡Oh, si el sol perdiese su luz, iría a terminar poco a poco en no ser más sol!  Los primeros derechos del cómo fueron creadas todas las cosas, comprendido el hombre, son sagrados, son santos y justos, y con justicia todas se deberían mantener en el primer acto como fueron creadas; sólo el hombre no supo mantener el gran honor del cómo fue creado por Dios, pero le costó demasiado caro, y por eso sobre él llovieron todos los males.

(3) Ahora hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad posee los derechos de su creación, y por eso vive más que sol en la unidad de su Creador, ella es la reproductora de los efectos de la unidad divina, en esta unidad recoge todo, abraza a todos, calienta a todos, y con el soplo de la unidad divina produce todos los efectos que hay en el reino de la gracia en los corazones de las criaturas.  Pero mientras más que sol se divierte al tocar todo, con sus toques da santidad, virtud, amor, dulzura divina, quisiera encerrar a todos en la unidad de su Creador; pero mientras quiere dar todo, celosa se conserva los derechos de su creación, esto es la Voluntad de su Creador como su primer acto y principio de su creación, y dice a todos:  ‘Yo no puedo descender de dentro del Fiat Divino, ni quiero perder ni siquiera una gota de Él, perdería mis derechos, lo que no quiero hacer, más bien suban todos y una será la Voluntad de todos, así haremos vida común, pero hasta en tanto que estéis en lo bajo de la voluntad humana, como sol os daré los efectos de la Voluntad Divina, pero su Vida será siempre mía, rogando y esperándoos a todos en la Voluntad de nuestro Creador’.  Quien vive en mi Divina Voluntad es el verdadero sol, del cual aparentemente no se ve otra cosa que luz, y no se siente mas que calor, pero dentro de aquella luz y calor, ¿cuántos bienes no hay?  ¿Cuántos efectos?  Dentro de aquella luz y calor está encerrada la vida y los bienes de la tierra.  Así quien vive en mi Fiat Divino, aparentemente se ve criatura, pero dentro hay una Voluntad Divina que sostiene todo, Cielo y tierra, y que no quiere tener ociosa a aquella que posee tanto bien”.

 

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27-15

Noviembre 20, 1929

 

La paz es el perfume, el aire, el aliento de Jesús.  Las obras de Dios

están todas ordenadas.  Cómo hace primero las cosas menores y

después las mayores.  Ejemplo de la Creación y de la Redención.

 

(1) Estaba pensativa por esta bendita impresión de las verdades acerca de la Divina Voluntad, y a cualquier costo habría querido impedir que publicaran cosas que me corresponden, y tantas otras cosas que me ha dicho mi amado Jesús; siento un clavo fijo en el alma que me amarga hasta la médula de mis huesos.  Entonces pensaba entre mí:  “El bendito Jesús podía hablar primero de su adorable Voluntad, y después todo lo demás, así me ahorraría este dolor que tanto me traspasa”.  Pero mientras desahogaba mis amarguras, mi siempre amable Jesús, todo bondad me ha estrechado entre sus brazos y me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, no pierdas la paz, ella es mi perfume, mi aire, es el efecto que produce mi aliento.  Así que en el alma en que no hay paz, Yo no me siento en mi morada real, me encuentro a disgusto, mi misma Divina Voluntad que en naturaleza es paz, se encuentra como el sol cuando las nubes se ponen frente a la luz e impiden que el sol resplandezca en su plenitud sobre la tierra.  Se puede decir que cuando el alma no es toda paz, no importando cuales sean las circunstancias, es para ella una jornada lluviosa, y el Sol de mi Voluntad se siente como impedido de comunicarle su Vida, su calor, su luz. Por eso tranquilízate y no formes nubes en tu alma, ellas me hacen mal y no puedo decir:  ‘Estoy en esta criatura con la paz perenne, con mis alegrías y con mi luz de mi patria celestial.’  Ahora hija de mi Querer, tú debes saber que Yo soy orden, y por eso todas mis obras son ordenadas; mira cómo la Creación es ordenada:  La finalidad de la Creación era el hombre, no obstante no creé al hombre primero, si lo hubiera hecho no habría sido ordenado, ¿dónde poner a este hombre?  ¿Dónde apoyarlo?  Sin sol que lo iluminara, sin el pabellón del cielo que le hiciera de estancia, sin plantas que lo alimentaran, todo era desorden, y mi Fiat reordenó y creó todo, y después de que formó la más bella habitación, creó al hombre.  ¿No se ve en esto el orden de tu Jesús?  Ahora, también para ti debía tener el orden, y si bien nuestra primera finalidad era el hacerte conocer nuestra Voluntad Divina, a fin de que reinase en ti como Rey en su propia morada real, y dándote sus lecciones divinas pudieses ser portavoz para hacerla conocer a los demás, pero era necesario, como en la Creación, preparar el cielo en tu alma, adornarlo de estrellas con los tantos conocimientos de las bellas virtudes que te he manifestado, Yo debía descender en lo bajo de tu voluntad humana para vaciarla, purificarla, embellecerla y reordenarla en todo.  Se puede decir que eran tantas especies de creaciones que hacía en ti, debía hacer desaparecer la antigua tierra desordenada de tu voluntad humana para volver a llamar el orden del Fiat Divino en el fondo de tu interior, que haciendo desaparecer la tierra antigua de todo tu ser, hiciera resurgir con su fuerza creadora, cielos, soles, mares de verdades sorprendentes.  Y tú sabes cómo todo esto ha sido madurado con la cruz, con el segregarte de todo, haciéndote vivir en la tierra como si para ti no fuese tierra, sino Cielo, teniéndote siempre absorbida, o Conmigo, o en el Sol de mi Fiat Divino.  Así que todo lo que he hecho en ti no ha sido otra cosa que orden que se necesitaba para darte el gran don de mi Voluntad Divina, como le fue dado al primer hombre en el principio de su creación, y por eso hubieron tantos preparativos, porque debían servir a aquel hombre que debía poseer el gran don de nuestra Voluntad como su predilecta heredad; símbolo éste de los grandes preparativos hechos en tu alma.  Por eso adora mis disposiciones y agradéceme siendo fiel.

(3) Otro ejemplo es mi Redención, y cómo es necesario hacer las obras secundarias para obtener el intento de formar las obras primarias de una finalidad prefijada.  Mi descenso a la tierra con el tomar carne humana, fue propiamente esto, de alzar nuevamente a la humanidad y dar los derechos a mi Voluntad Divina de reinar en esta humanidad, porque con el reinar en la mía, los derechos de ambas partes, humanos y divinos, readquirían el vigor.  Sin embargo se puede decir que Yo no dije casi nada, apenas alguna palabra haciendo entender que Yo había venido al mundo sólo para hacer la Voluntad del Padre Celestial, para hacer comprender su gran importancia, y en otras circunstancias dije:  ‘Es mi Madre, mis hermanas, y me pertenecen aquellos que hacen la Voluntad de mi Padre.’  Del resto callé y mientras era propiamente este el fin de constituir el reino de mi Voluntad Divina en medio de las criaturas, porque era justo que no sólo debía poner a salvo a las criaturas, sino debía poner también a salvo a mi Divina Voluntad dándole nuevamente sus derechos sobre toda carne, como lo había dado sobre la mía, de otra manera habría sido un desorden en la obra de la Redención; ¿cómo venir para poner a salvo a las criaturas, y nuestros derechos divinos, aquellos de nuestro Fiat, dejarlos ir a la ruina?  Esto no podía ser.  Pero a pesar de que la primera finalidad era de ajustar las partidas de mi Divina Voluntad, me conformé con ser como médico celeste, y dar medicina, remedios, hablaba de perdón, de desapego, instituía Sacramentos, sufrí penas atroces, hasta morir; se puede decir que era la nueva creación que preparaba para que las criaturas pudiesen recibir a mi Voluntad Divina como Rey en medio a su pueblo para hacerla reinar.  Así he hecho contigo, primero te he preparado, te he hablado de cruces, de virtudes, de amor, para disponerte a escuchar las lecciones de mi Fiat, a fin de que conociéndolo lo amases, y sintiendo en ti el gran bien de su Vida, quisieras dar su Vida a todos, haciéndolo conocer, amar y reinar”.

 

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27-16

Noviembre 26, 1929

 

Cada acto que se hace en la Divina Voluntad es una

Vida Divina que se encierra.  Cómo rapta a Dios.

 

(1) Me sentía muy afligida por las continuas privaciones de mi dulce Jesús, sin Él sentía que todo me faltaba; con Jesús todo es mío, todo me pertenece, me parece que estoy en casa de Jesús, y Él dulcemente, con una suavidad admirable me dice:

(2) “Todo lo que es mío es tuyo, es más, no quiero que me digas:  Tu cielo, tu sol, las tantas cosas tuyas creadas, sino debes decirme:  Nuestro cielo, nuestro sol, nuestra Creación, porque en mi Voluntad Divina tú creabas Conmigo, y continuando tu vida en Ella te ponía junto Conmigo a conservarla.  Por eso hija mía, todo es nuestro, y si tú no consideras tuyo todo lo que es mío, te pones a debida distancia y haces ver que no eres una de la familia celestial, y que no vives en casa de tu Padre Divino, y romperías el vínculo familiar con tu Jesús”.

(3) Así que sin Él me siento puesta fuera de su familia, fuera de su casa, y ¡oh! qué cambio funesto y doloroso siento en mi pobre alma, me siento privada de Aquél que es el único que puede darme vida, siento el verdadero abandono y qué significa estar sin Jesús.  ¡Oh, cómo me pesa el exilio y siento a lo vivo la necesidad extrema de mi patria celestial!  Pero mientras en mi mente se agolpaban tantos pensamientos abrumadores que herían a mi pequeña y pobre alma, y la reducían como si estuviera en extrema agonía, mi amada Vida, mi dulce Jesús, como sol ha despuntado, los pensamientos opresivos han huido, y con un acento dulce me ha dicho:

(4) “Hija mía, ánimo, no te abatas demasiado, ¿no sabes tú que debes recorrer tu camino en mi Divina Voluntad?  Y este camino es largo, y estas opresiones, estos pensamientos que te abruman, son altos que haces, y si bien no sales de Ella, pero el camino que deberías hacer de algún modo viene interrumpido, y tu Jesús no quiere esta interrupción, quiere que camines siempre, sin detenerte jamás, porque tú debes saber que cada paso que haces en mi Divina Voluntad, son Vidas Divinas que encierras, así que un paso de menos, es una Vida Divina que no viene formada, y tú privas a nuestro Ser Supremo de la gloria, del amor, de la felicidad y complacencia que nos puede dar otra Vida nuestra, ¡y si supieras qué significa darnos la gloria, el amor, la felicidad de nuestra misma Vida!  Con la fuerza de nuestro mismo Querer, porque la afortunada criatura tiene el gran bien de vivir en Él, nos sentimos raptar, y es tal y tanta su fuerza raptora, que Nosotros bilocamos nuestro Ser Divino y lo encerramos en el paso, en el acto, en el pequeño amor de la criatura, para tener el sumo contento de recibir por medio de ella nuestra Vida, nuestra gloria y todos nuestros bienes.  Por eso cuando tú caminas siempre en nuestro Querer, sentimos el dulce encanto de tu rapto que nos haces, en cambio cuando no caminas, no sentimos el dulce encanto de tu rapto, el dulce pisar de tus pasos y decimos:  ‘La pequeña hija de nuestro Querer no camina, y por eso no sentimos el dulce rapto de sus actos’.  Y yo solícito te reclamo diciéndote:  ‘Hija, camina, no te detengas, nuestro Fiat es movimiento continuo y tú debes seguirlo’.

(5) Ahora, tú debes saber que ésta es la gran diferencia entre quien vive en nuestro Divino Querer, y entre quien está resignada y en las circunstancias hace nuestra Divina Voluntad:  La primera son Vidas Divinas que nos ofrece por medio de sus actos; la otra, en el obrar encierra los efectos de nuestro Querer, y Nosotros no sentimos nuestra misma fuerza raptora que nos rapta en sus actos, sino sólo los efectos; no sentimos todo nuestro amor, sino una pequeña partecita de él; no encontramos la fuente de nuestra felicidad, sino apenas su sombra; y de la Vida a los efectos hay tal diferencia, como entre las vidas y las obras.  ¿Quién puede decir que la obra tiene todo el valor que puede poseer una vida de criatura?  Mucho más que no se puede comparar la Vida Divina que se forma por la criatura en mi Divina Voluntad, y sus obras fuera de Ella”.

 

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27-17

Noviembre 30, 1929

 

Condición del hombre antes de pecar.  Cómo en cada

acto suyo buscaba a Dios, encontraba a su Creador, daba

y recibía.  La voluntad humana es noche para el alma.

 

(1) Estaba según mi costumbre comenzando mi giro en la Divina Voluntad, y quería reordenar todas las inteligencias creadas en orden a Dios, desde el primero al último hombre que vendrá sobre la tierra, y decía:  “Pongo mi te amo sobre cada pensamiento de criatura, a fin de que en cada pensamiento pida el dominio del Fiat Divino sobre cada inteligencia”.  Pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “¿Cómo puedo yo llegar a cubrir con mi te amo cada pensamiento de criatura?”  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, con mi Querer puedes todo y puedes llegar a todo.  Ahora, tú debes saber que el hombre antes de la culpa, en cada pensamiento suyo que hacía, en cada mirada, palabra, obra, paso, latido, daba a Dios su acto, y Dios daba al hombre su acto continuado, así que las condiciones de él eran de siempre dar a su Creador y de siempre recibir.  Había tal armonía entre Creador y criatura, que ambos no podían estar si el Uno no daba y el otro no recibía, para dar nuevamente su acto, aunque fuese un pensamiento, una mirada; por eso cada pensamiento del hombre buscaba a Dios y Dios corría para llenar su pensamiento de gracia, de santidad, de luz, de vida, de Voluntad Divina.  Se puede decir que el más pequeño acto del hombre amaba y reconocía a Aquél que le había dado la vida, y Dios lo amaba correspondiéndole con su amor y con hacer crecer en cada pequeño y gran acto del hombre su Vida Divina.  El hombre era incapaz de recibir toda junta la Vida Divina, era demasiado estrecho, y Dios se la daba a sorbos en cada acto que hacía por amor suyo, tomando deleite en darle siempre, para formar en él su Vida Divina.  Así que cada pensamiento y acto del hombre desembocaba en Dios y Dios vertía en él; este era el verdadero orden de la Creación:  Encontrar en el hombre, en cada acto suyo, a su Creador, para poderle dar su luz y lo que había establecido darle.  Nuestra Divina Voluntad que estaba en Nosotros y en él, se hacía portadora del uno y del otro, y formando en él el pleno día, ponía en común los bienes del Uno y del otro.  ¡Cómo eran felices las condiciones del hombre cuando nuestro Fiat Divino reinaba en él, se puede decir que crecía sobre nuestras rodillas, adherido a nuestro pecho, de donde tomaba su crecimiento y su formación!  He aquí por qué quiero que en mi Querer Divino cada acto de criatura tenga tu te amo, para llamar nuevamente el orden entre Creador y criatura, porque tú debes saber que el hombre con el pecar no sólo rechazó nuestro Fiat, sino que rompió el amor hacia Aquél que tanto lo había amado, se puso a distancia con su Creador, y el amor lejano no puede formar vida, porque el verdadero amor siente la necesidad de ser alimentado por el amor de Aquél que ama y de estarse de tal forma cercano que le resulta imposible el separarse.  Así que la vida del amor creado por Nosotros al crear al hombre, quedó sin alimento y casi muriendo; mucho más que cada acto humano que hacía sin nuestra Voluntad Divina, eran tantas noches que formaba en su alma:  si pensaba era noche que formaba, si miraba, hablaba y otras cosas más, todo era tinieblas que formaban una noche oscura.  Sin mi Fiat no puede haber día, ni sol, a lo más alguna pequeña llamita que trabajosamente le alumbra el paso.  ¡Oh! si supieran qué significa vivir sin mi Querer Divino, aunque no fuesen malos y hagan algún bien; la voluntad humana es siempre noche para el alma, que la oprime, la amarga, le hace sentir el peso de la vida.  Por eso sé atenta, no dejes escapar nada que no entre en mi Fiat Divino, el cual te hará sentir el pleno día que te restituirá el orden de la Creación, llamará nuevamente la armonía que pondrá en vigor el dar continuo de tus actos y el recibir continuado de tu Creador, y abrazando a toda la familia humana podrás impetrar que regrese el orden del como fueron creadas, que cese la noche de la voluntad humana y surja el pleno día de mi Divina Voluntad”.

 

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27-18

Diciembre 3, 1929

 

Diferencia entre la santidad fundada en las

virtudes y la fundada en la Voluntad Divina.

 

(1) Mi pequeña mente se perdía en el Fiat Supremo y pensaba entre mí:  “¿Cuál será la diferencia que hay entre quien ha fundado su santidad en las virtudes y entre quien la ha fundado sólo en el Querer Divino?”  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior, suspirando me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¡si supieras qué diferencia hay!  Escucha, y además tú lo sabes, la tierra florida es bella, la variedad de las plantas, de las flores, de los frutos, de los árboles, la diversidad de los colores, de las dulzuras, de los gustos, todo es bello, pero, ¿sabrías encontrar una planta, una flor, aunque sea de las más preciosas, que no esté circundada de tierra, la cual tiene a cada raíz en su regazo, pegada a su pecho para alimentarla?  Se puede decir que al hombre le resulta imposible tener una planta si no la confía a su madre tierra.  Tal es la santidad fundada en las virtudes, la tierra humana debe poner de lo suyo, cuántas satisfacciones humanas en las obras más santas, en las virtudes que practican; la tierra de la estima, de la gloria humana corre siempre y ahí forma su pequeño lugarcito, de modo que se ven las virtudes como tantas bellas flores perfumadas, de color tan vivo, que despiertan admiración, pero a su alrededor, en la parte de abajo, hay siempre un poco de tierra humana, así que la santidad fundada en las virtudes se puede llamar tierra florida, y según las virtudes que practican, quién forma la flor, quién la planta, quién el árbol, y tienen necesidad de agua que las riegue y de sol que las fecunde y les comunique los diversos efectos que a cada una requiere, cual es mi Gracia, de otra manera pasarían peligro de morir en el momento de nacer.  En cambio la santidad fundada en mi Querer Divino es sol, está en lo alto, la tierra no tiene nada que hacer con ella, ni tiene necesidad de agua para alimentar su luz; su alimento lo toma directamente de Dios, y en su movimiento de luz continuo produce y alimenta todas las virtudes en modo divino; las satisfacciones humanas, aun santas, la vanagloria, la estima propia, han perdido el camino, no tienen razón de existir, porque sienten a lo vivo la Voluntad Divina que todo hace en ellos y reconocen que este Sol Divino, abajándose, habita en ellos y alimentándolos con su luz los hace sufrir su transformación para formar una sola luz con este Fiat Divino.  Además de esto, su luz tiene virtud de eclipsar dulcemente el querer humano, porque está vetado el que aun un átomo de tierra entre en mi Querer Divino, son naturalezas contrarias, luz y tierra, tinieblas y luz; se puede decir que se rechazan mutuamente, ni la luz puede soportar un solo átomo de tierra y por eso la eclipsa, le sirve de centinela, de defensa para que todo se vuelva Voluntad Divina en la criatura, y así como el sol todo da a la tierra, pero nada recibe, y es causa primaria de sus bellas florituras, así quien funda su vida, su santidad en mi Querer, junto con Él son los alimentadores de la santidad fundada en las virtudes”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino para encontrar todos los actos de las criaturas pasadas, presentes y futuras, para pedir a nombre de todos el reino de la Divina Voluntad, pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, todo lo que de bueno ha sido hecho desde el principio del mundo fuera de mi Divina Voluntad, son pequeñas luces, como efectos de mi Fiat Divino, porque a pesar de que no han obrado dentro de Él, conforme las criaturas se disponían a hacer el bien, sus rayos se fijaban sobre ellos, y a sus reflejos se formaba la pequeña llamita en sus almas, porque siendo mi Querer luz eterna e inmensa, no sabe producir más que luz.  Estas llamitas, como efectos de Él, están en torno al Sol de mi Divina Voluntad como honor y gloria de sus efectos y como frutos del buen obrar de las criaturas, porque conforme ellas quieren hacer el bien, así  sus rayos se fijan sobre ellas y da los efectos del bien que quieren hacer, se puede decir más que sol, que en cuanto encuentra la buena semilla en la tierra, su luz la calienta, la acaricia y le comunica los efectos para formar la planta de aquella semilla.  No hay bien sin mi Querer; así como no hay color, dulzura, madurez, sin los efectos de la luz del sol, así no puede haber bien sin Él.  ¿Pero quién puede formar el sol con sus actos?  Quien vive en mi Divina Voluntad, Ella no fija sólo sus rayos sobre esta criatura, sino que hace descender todo su Sol y con su virtud creadora y vivificadora forma otro Sol en el acto de la criatura.  ¿Ves entonces la gran diferencia que hay?  Como entre plantas y sol, como entre sol y llamitas”.

 

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27-19

Diciembre 10, 1929

 

Perfecto equilibrio de Dios en sus obras.  Triple equilibrio.

 

(1) Me sentía toda abandonada en la Divina Voluntad, y al seguir haciendo mis actos en Ella, he oído una voz que me susurraba al oído:  “¡Cómo estoy cansado!”  Yo me he sentido sacudida por esta voz y quería saber quién era el que estaba cansado, y mi dulce Jesús moviéndose y haciéndose oír en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, soy propiamente Yo, que siento todo el peso de tanto esperar, y me produce tal cansancio, de sentir todo el peso de querer hacer el bien, y por indisposición de quien lo debe recibir no poderlo hacer.  ¡Oh! cómo es duro querer hacer el bien, tenerlo preparado y listo para darlo, y no encontrar quien lo reciba.

(3) Ahora tú debes saber que mi Fiat cuando se pone en actitud de obrar, tiene la misma potencia, sabiduría, inmensidad y multiplicidad de efectos que produce su único acto; sólo con que se decida a salir en su campo divino de acción, su acto posee perfecto equilibrio entre el uno y el otro, y contiene el mismo valor, peso y medida.  Mi Divina Voluntad al salir en su campo de acción en la Creación, hizo alarde de tanta magnificencia de obras, tanto que el mismo hombre es incapaz de numerarlas todas y de comprender el justo valor de cada obra, y a pesar de que las ve, las toca y goza sus benéficos efectos, también se puede llamar el primer ignorante de la Creación.  ¿Quién puede decir cuánta luz y calor contiene el sol?  ¿Cuántos efectos produce y de qué cosa está formada esta luz?  Ninguno.  No obstante todos lo ven y sienten su calor, y así de todas las otras cosas.  Ahora, mi Redención se da la mano con la Creación, y posee tantos actos por cuantos posee la Creación, están en perfecto equilibrio la una y la otra, porque un acto de mi Divina Voluntad fue la Creación, y un acto de Ella fue la Redención.  Ahora, debiendo hacer otro acto en el gran Fiat Voluntas Tua como en el Cielo en la tierra, están preparados en mi Fiat Divino tantos otros actos, de modo que tendrán el triple equilibrio de actos, el mismo valor, peso y medida.  Y viéndome obligado a esperar, y sintiendo en Mí la multiplicidad de los actos que quiero hacer, y no haciéndolos porque el reino de mi Fiat no es conocido, ni reina sobre la tierra, siento tal cansancio que doy en delirio y digo:  ‘¿Será posible que no quieran recibir mis bienes?’  Y quedo afligido porque mis actos, la Potencia de mi Divino Querer, su luz, su felicidad y belleza no se hermanan con las criaturas y no corren en medio a ellas.  Por eso, compadéceme si me ves y me oyes taciturno, es tanto el cansancio que siento por tanto esperar, que me reduce al silencio”.

 

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27-20

Diciembre 16, 1929

 

Jesús de nada tenía necesidad, poseyendo en Sí mismo la

fuerza creadora de todos los bienes.  Cómo el Divino Querer

es portador de todas las cosas creadas.  La virtud generadora.

 

(1) Estaba siguiendo mi giro en el Fiat Divino para unirme a todos los actos hechos por Él por amor de todos nosotros, sus criaturas; pero habiendo llegado al punto donde mi amable Jesús descendió en lo bajo de los actos humanos, como el mamar la leche de su Mamá, y tomar el alimento, el beber el agua, y abajarse hasta el trabajo, yo me admiraba al ver que Jesús, por su naturaleza no tenía necesidad de nada, porque poseyendo en Sí mismo la fuerza creadora de todos los bienes, no debía hacer menos que servirse de sus mismas cosas creadas por Él; pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose ver y oír en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú tienes razón que de nada tenía necesidad; pero mi amor habiendo descendido de la altura de los Cielos a lo bajo de la tierra, no sabía estar quieto ni detenido, sentía la irresistible necesidad de sacar mi amor, y de amar en aquellos mismos actos que la criatura hacía por necesidad, Yo los hacía para hacer correr mi amor hacia ellos, y así poderle decir:  ‘Mira cuánto te he amado, he querido descender en tus más pequeños actos, en tus necesidades, en tu trabajo, en todo, para decirte que te amo, darte mi amor y recibir tu amor’.  Pero, ¿quieres saber la causa primaria por la que me abajé a hacer tantos actos bajos y humanos?  La necesidad en Mí no existía, pero lo hacía para cumplir en cada acto la Divina Voluntad; todas las cosas se presentaban ante Mí tal como eran en sí mismas, de donde habían salido, selladas por el Fiat Divino, y Yo las tomaba porque eran queridas por Él.  Se puede decir que había una competencia entre mi Divina Voluntad que por naturaleza, como Verbo del Padre Celestial poseía en Mí, y entre mi misma Divina Voluntad esparcida en todo lo creado.  Así que en todas las cosas Yo no conocía, ni veía otra cosa que mi Divina Voluntad, era Ella mi alimento, mi agua, mi trabajo, todo me desaparecía y era siempre con mi Divina Voluntad con la que tenía que hacer; y mientras mi Divina Voluntad me hacía descender en los actos humanos de las criaturas, Yo llamaba a todos los actos humanos de cada una de ellas, a fin de que recibieran el gran don de hacer descender mi Querer Divino como acto primero y como vida de sus actos.  ¡Oh! si las criaturas mirasen las cosas creadas tal como son en sí mismas, su origen, quién las alimenta y conserva, y quién es el Portador de tantas cosas que sirven a la vida humana, ¡oh! cómo amarían mi Querer Divino y tomarían la sustancia de las cosas creadas; en cambio miran la exterioridad de las cosas y por eso apegan a ellas su corazón y se alimentan de la cáscara de ellas, y pierden la sustancia que se encuentra en las cosas creadas, salidas de Nosotros para hacerlas cumplir tantos actos de nuestra Divina Voluntad.  Pero con mi dolor estoy obligado a ver que las criaturas no toman el alimento, el agua, ni hacen el trabajo para recibir y cumplir mi Querer Divino, sino por necesidad y para satisfacer su voluntad humana, y mi Fiat Divino es puesto fuera de sus actos, mientras que creamos tantas cosas para poner como en el banco a nuestra Divina Voluntad en medio a las criaturas, y ellas no sirviéndose de esto, la tienen como en acto de continua bancarrota; todo el bien que deberían tomar si en todas las cosas cumpliesen y tomasen mi Querer Divino queda para ellas malogrado, y Nosotros quedamos con el dolor de no verla como dominadora y Reina en los actos humanos de las criaturas”.

(3) Después continuaba mi abandono en el Fiat Divino, sentía la gran necesidad de Él y de estarme siempre en su mar de luz, para no salir jamás, me lo sentía como latido, como respiro, como aire que me infundía la vida y mantenía en mí el orden, la armonía, la dispersión de mi pequeño átomo en su mar divino.  Pero mientras mi pequeña mente estaba llena de pensamientos de Divina Voluntad, mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, no hay orden, ni reposo, ni verdadera vida, sino en mi Fiat Divino, porque la vida de cada una de las criaturas, su primer acto de vida, viene formado en el seno de su Creador y después, como parto nuestro lo ponemos fuera, a la luz del día, y así como tenemos en Nosotros la virtud generadora, el hombre, como hijo nuestro lleva consigo la semilla que genera, y con esta semilla la criatura forma tantos otros partos, y conforme va desenvolviendo su vida, así forma el parto de sus santos pensamientos, de sus castas palabras, el bello encanto de sus obras, el dulce pisar de sus pasos, los refulgentes rayos de sus latidos, y todos estos partos, en cuanto vienen formados por las criaturas, toman el camino para subir a su Creador para reconocerlo como su Padre, amarlo, cortejarlo, y formar su larga filiación como gloria nuestra y de nuestra virtud generadora.  Pero para fecundar, nuestra virtud generadora necesita nuestra Divina Voluntad como dominante en el parto salido de Nosotros, de otra manera hay peligro de que se transforme en bruto, y de perder la virtud generadora del bien, y si genera, genera las pasiones, las debilidades, el vicio, y éstos no solo no tienen virtud de subir a Nosotros, más bien están condenados como partos que no nos pertenecen”.

 

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27-21

Diciembre 18, 1929

 

Arrebato de amor.  Especialidad de los tres arrebatos de amor

de Nuestro Señor.  El amor devorante y cómo devoraba

a todas las almas.  Lágrimas de Jesús niño.

 

(1) Estaba pensando en la Encarnación de mi dulce Jesús en el seno materno de la Soberana Celestial, y mi dulce Jesús, saliendo de mi interior me ha estrechado entre sus brazos con una ternura indecible y me ha dicho:

(2) “Hija mía, arrebato de amor fue la Creación, y fue tan grande y tan intenso, que desbordando de nuestro Ser Divino invistió todo el universo y se difundió por todas partes, y nuestro Fiat pronunciándose y obrando en esta nuestra carrera de amor, que corría, corría sin poderse detener, hasta que se esparció dondequiera y dio su beso de amor a todas las criaturas que aún no existían; su beso de amor fue beso de alegría, de felicidad, que imprimía sobre todas las generaciones.  Y nuestro Fiat Divino que corría junto no se contentó sólo con besos, sino que pronunciándose formó soles, cielos, estrellas, mares y tierra, y todo lo que se ve en el gran vacío del universo.  Así que el arrebato de nuestro amor en la Creación fue un arrebato de amor festivo, de felicidad, de alegría, con el cual debíamos acariciar y hacer felices a todas las criaturas.  En cambio al encarnarme en el seno materno, nuestro arrebato de amor, no pudiendo contenerlo, desbordó de Nosotros he hizo la misma carrera de la Creación, fue arrebato de amor de ternura, de compasión, de misericordia, y ponía en riesgo la Vida de un Dios para reencontrar al hombre y darle sus besos de amor, tiernos, compasivos, sus besos de perdón, y encerrando la vida de todas las criaturas en su mar de amor, les daba el beso de vida, poniendo su Vida de amor para dar vida al hombre.  Nuestro amor llegó al exceso en la Encarnación, porque no fue como en la Creación amor que festeja, que se regocija, sino amor doliente, amor penante, amor sacrificado, que dará la Vida para hacer presa de la vida del hombre.  Pero nuestro amor no está contento aún, pon la mano sobre mi corazón y siente cómo me late fuerte, hasta sentírmelo romper, pon atento tu oído y escucha como desborda, casi como mar en tempestad, que formando sus olas altísimas quiere desbordar fuera para invadir todo y a todos; quiere hacer su tercera carrera de arrebato de amor, y en este arrebato quiere formar el reino de mi Divina Voluntad.  Este nuestro arrebato de amor unirá a aquél de la Creación y el de mi Encarnación y formará con ellos uno solo, y será arrebato de amor triunfante, y dará su beso de amor triunfador, de amor conquistador, de amor que vence todo para dar su beso de paz perenne, su beso de luz que pondrá en fuga la noche del querer humano y hará surgir el pleno día de mi Querer Divino, que será portador de todos los bienes.  ¡Cómo lo suspiro!  Me desborda tanto mi amor, que siento la necesidad de desbordarlo fuera.  Y si tú supieras qué alivio siento cuando desahogando contigo te hablo de mi Querer Divino, el arrebato de mi amor que me da la fiebre delirante se calma, y sintiendo refrigerio me pongo a la obra para hacer que todo sea Voluntad mía en tu alma.  Por eso sé atenta y déjame hacer”.

(3) Después de esto, mi pobre mente se perdía en el amor de mi dulce Jesús, y veía ante mí una gran rueda de luz que quemaba más que el fuego, la cual contenía tantos rayos por cuantas criaturas habían salido y saldrán a la luz del día, y estos rayos investían a cada una de las criaturas, y con una dulce fuerza raptora las raptaban en el centro de la gran rueda de luz, donde estaba Jesús que las esperaba en el regazo de su amor para devorarlas, pero no para hacerlas morir, sino para encerrarlas en su pequeña Humanidad, para hacerlas renacer, crecer y alimentarlas con sus llamas devoradoras para darles vida nueva, la vida toda de amor; mi pequeño Jesús, apenas concebido encerró en Sí el gran parto de todas las generaciones, más que una tierna madre que encierra su parto para sacarlo a la luz formado por su amor, pero con penas inauditas, y aun con la muerte.  Entonces mi tierno Jesús, en medio a aquella vorágine de llamas, pequeño, pequeño me ha dicho:

(4) Mírame y escúchame. Hija mía, en medio a esta vorágine de llamas Yo no respiro otra cosa que llamas, y en mi respiro siento que las llamas de mi amor devorante me traen el respiro de todas las criaturas, mi pequeño corazoncito palpita llamas, las cuales, alargándose raptan los latidos de todas las criaturas y me las deposita en el corazón, y siento todos los latidos palpitando en mi pequeño corazón.  Todo es llamas:  Llamas arrojan mis pequeñas manitas, mis inmóviles piecitos.  ¡Ah, mi amor, cómo es exigente!  Para encerrarme todo y para hacerme dar vida a todos me ha puesto en medio a un fuego devorador, y ¡oh! cómo siento a lo vivo las culpas, las miserias, las penas de todos.  Soy pequeño aún, y sin embargo nada se me ahorra.  Puedo decir: ‘Todos los males han caído dentro y fuera de Mí’.  Y en medio a estas llamas devoradoras, cargado de tantas penas, miro a todos y exclamo llorando:  ‘Mi amor me ha dado nuevamente a todos, me los dio en la Creación y huyeron de Mí; ahora, al concebirme en el seno de mi Mamá me los dona nuevamente, ¿pero estoy seguro que no huirán?  ¿Serán míos para siempre?  ¡Oh, cómo sería feliz si no me huyera ninguno; sus penas me serían refrigerio si todos mis amados hijos, mi amado parto concebido en mi pequeña Humanidad estuviese al seguro; y llorando y sollozando miraba a la cara a cada uno para enternecerlos con mis lágrimas y repetía:  ‘Amados hijos, no me dejen, no se alejen más de Mí, soy vuestro Padre, no me abandonen, ¡ah! reconózcanme, al menos tengan compasión del fuego que me devora, de mis lágrimas ardientes, y todo por causa vuestra, porque os amo demasiado, os amo como Dios, os amo como Padre apasionado, os amo como Vida mía’.  ¿Pero sabes tú pequeña hija de mi Querer Divino, cuál fue el interés más grande de mi amor?  Devorar en las criaturas su voluntad humana, porque es el origen de todos los males, y a pesar de todas sus llamas devoradoras, esta voluntad formaba nubes para no dejarse quemar.  ¡Oh, lo que más me torturaba era la voluntad humana que no sólo formaba nubes, sino formaba las escenas más dolorosas en mi misma Humanidad.  Por eso ruega que mi Divina Voluntad sea conocida y reine, y entonces me podrás llamar el Jesús feliz, de otra manera mis lágrimas no cesarán, tendré siempre que llorar la suerte de la pobre humanidad, porque yace bajo la opresión de su mísera voluntad”.

 

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27-22

Diciembre 22, 1929

 

Cómo las obras más grandes no se pueden hacer estando solo,

morirían al nacer.  Las tres cárceles de Jesús.  Las dos mamás.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, y mi tierno Jesús se hacía ver como pequeño niño en mi corazón, o en el seno de la Mamá Celestial, pero muy pequeño y con una belleza raptora, todo amor, con su rostro bañado en lágrimas, y llora porque quiere ser amado, y sollozando dice:

(2) “¡Ah!  ¿Por qué no soy amado?  Yo quiero renovar en las almas todo el amor que tuve al encarnarme, pero no encuentro a quién darlo.  Al encarnarme encontré a mi Reina Mamá que me daba campo para desahogar mi amor y para recibir en su corazón materno todo el amor que me rechazaban las criaturas.  ¡Ah, era Ella la depositaria de mi amor rechazado, la dulce compañía de mis penas, su amor ardiente era el que me enjugaba las lágrimas!  Las obras más grandes no se pueden hacer por alguien solo, sino que se necesitan al menos dos o tres, como depositarios y alimento de la misma obra, sin alimento las obras no pueden tener vida, hay peligro de que mueran al nacer.  Tan es verdad, que en la Creación estuvimos las Tres Divinas Personas al crearla, y después hicimos al hombre como depositario de nuestra obra; pero no contentos, porque las obras por sí solas no llevan felicidad, le dimos la compañía de la mujer.  En la Encarnación, las Tres Divinas Personas fueron concurrentes y en mi compañía, más bien inseparables de Mí, con el agregado de la Reina Celestial, y fue Ella la Divina depositaria de todos los bienes de la Encarnación.  Mira entonces cómo me es necesaria, para formar mis obras, la compañía de la criatura, que se ponga a mi disposición para recibir el gran bien que quiero darle.  Por eso, ¿quieres tú ser mi segunda mamá?  ¿Quieres tú recibir el gran bien de la renovación de mi Encarnación, como dote del reino de mi Fiat Divino?  Así tendré dos mamás, la primera que me hizo formar el reino de la Redención, la segunda que me hará formar el reino de mi Divina Voluntad”.

(3) Y poniendo sus pequeñas manitas sobre mi cara, acariciándome me decía:

(4) “¡Mi mamá, mi mamá!  El amor materno supera todos los amores, así que tú me amarás con amor de madre insuperable”.

(5) Después de esto ha hecho silencio queriendo ser arrullado en mis brazos, y después ha continuado:

(6) “Hija mía, tú debes saber a dónde me conduce el exceso de mi amor; al descender del Cielo a la tierra me condujo dentro de una prisión estrechísima y oscura, cual fue el seno de mi Mamá, pero mi amor no estuvo contento, en esta misma prisión me formó otra cárcel, cual fue mi Humanidad, que encarceló a mi Divinidad; la primera cárcel me duró nueve meses, la segunda cárcel, la de mi Humanidad, me duró treinta y tres años.  Pero mi amor no se detuvo, ya casi para terminar la cárcel de mi Humanidad, me formó la cárcel de la Eucaristía, la más pequeña de las cárceles, una pequeña hostia en la cual mi amor encarceló mi Humanidad y Divinidad, en la cual debía contentarme con estarme como muerto, sin hacer sentir ni respiro, ni movimiento, ni latido, y no por pocos años, sino hasta la consumación de los siglos.  Así que fui de cárcel en cárcel, estas son inseparables de Mí, por eso puedo llamarme el Divino encarcelado, el Celestial prisionero.  En las dos primeras cárceles, en la intensidad de mi amor maduré el reino de la Redención; en la tercera cárcel, la de la Eucaristía, estoy madurando el reino de mi Fiat Divino.  Por eso te llamé a ti a la cárcel de tu cama, a fin de que juntos, prisioneros los dos, en nuestra soledad, poniéndonos de acuerdo, podamos hacer madurar el bien del reino de mi Querer.  Si me era necesaria una Mamá para la Redención, así también necesito una mamá para el reino de mi Fiat, y mi amor exigente ha querido a esta madre encarcelada, para tenerla a mi disposición.  Por eso Yo seré tu prisionero no sólo en la pequeña hostia, sino también en tu corazón, y tú serás mi amada prisionera toda atenta a escucharme y a romper la soledad de mi larga prisión.  Y a pesar de que estemos prisioneros, seremos felices, porque maduraremos el reino de la Divina Voluntad para darlo a las criaturas”.

 

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27-23

Diciembre 24, 1929

 

Cuando Jesús habla de sus verdades hace salir luz. Las verdades leídas

y releídas son como el fierro forjado.  Carrera en la Divina Voluntad.

 

(1) Estaba pensando en todo lo que mi dulce Jesús, con tanta bondad se benigna decir a mi pobre alma, y que releyéndolas en las circunstancias, hacen salir luz, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, cuando Yo hablo hago salir luz de verdad, y quiero que sea aceptada y acariciada por el alma; si esta Luz es aceptada y puesta en el puesto de honor en el interior de ella, llama a otra luz, así que una llama a otra, de otra manera regresa a su fuente.  Y cuando el alma vuelve a leerlas si están escritas, y a ponderarlas, mis verdades son como el fierro forjado, que con golpearlo se incendia y hace salir chispas de luz; en cambio, si no es golpeado, el fierro es duro, negro y un metal helado.  Así es de mis verdades:  ‘Si el alma las lee y relee para extraer de ellas la sustancia que hay dentro, mis verdades que han sido comunicadas a su alma, que simboliza el fierro, lo negro y su hielo, queda incendiada, y con el ponderarlas da los golpes sobre de sí misma, porque ha recibido el bien de oír mi verdad, la cual sintiéndose honrada centellea luz de otras verdades.  Pero si mis verdades manifestadas son puestas en el olvido, y no son puestas en un puesto de honor, quedan como sepultadas, pero los vivos no se sepultan, porque ellas son luz, que poseen y llevan vida, por eso, vendrá el tiempo, porque ellas no están sujetas a morir, en que otros harán tesoro de ellas y condenarán a aquellos que las han tenido olvidadas y como sepultadas.  Si tú supieras cuánta luz hay en todo lo que te he manifestado acerca de mi Divina Voluntad, y cuánta más luz resplandecería si fueran leídas y releídas, tú misma quedarías eclipsada y maravillada por el gran bien que harían”.

(3) Después seguía mis actos en el Querer Divino, y pensando en la soledad de Jesús en el seno de su Mamá, Él ha agregado:

(4) “Hija mía, cómo me es dulce y agradable la compañía de la criatura, pues fue por ella que descendí del Cielo a la tierra, para encontrarla y para hacerla mía, así que teniéndola en mi compañía me siento como compensado por mi descendimiento a la tierra.  Pero debes saber que si estoy contento con la simple compañía de la criatura que me ama y busca romper mi soledad, no estoy contento sólo con la compañía de quien vive en mi Querer Divino, la quiero siempre junto Conmigo, como espectadora de mis lágrimas infantiles, de mis gemidos, de mis sollozos, penas, obras y pasos míos, y también de mis alegrías, porque quiero hacer depósito de todo esto en ella.  Porque estando mi Voluntad en ella, me sería demasiado duro si no la tuviere siempre junto Conmigo, hacerla estar al día de todo.  Mi Divina Voluntad siente la irresistible necesidad de participar a la criatura todo lo que hace en mi Humanidad, a fin de que no sea una Voluntad dividida la que reina en Mí y la que reina en la criatura.  Esta es la causa por la que en cada acto mío te llamo y quiero que conozcas lo que he hecho y lo que hago, para hacerte don de ello y poder decir:  Quien vive en mi Querer Divino no me deja jamás, estamos estrechados y somos inseparables”.

(5) Y yo:  “Amor mío, tu carrera de amor no se detiene jamás, corres, corres siempre, y yo me siento que no soy capaz de hacer mis carreras de amor como las haces Tú, soy demasiado pequeña y no tengo el vuelo de correr dondequiera para amarte”.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, también tú puedes hacer las carreras de amor en el mar inmenso de mi Divina Voluntad, harás como hace la nave, cuando quiere navegar el mar ella se arroja en el mar, las aguas se abren, le dan el paso y mientras camina veloz, deja atrás de sí una estela blanca como señal de que la nave pasó por aquel punto de mar, que después poco a poco se desvanece y nada queda que señale que la nave pasó, pero a pesar de esto la nave ha hecho su carrera en el mar, y ha llegado a donde se había prefijado ir.  Así el alma, si quiere amar se arrojará en el mar de mi Fiat Divino y formará su carrera de amor, girará toda la eternidad y no hará como la nave, que nada queda en el mar porque pasó, sino que orgullosas las aguas se cierran detrás no dejando ninguna huella de que la nave pasó, sino que en el mar de mi Querer Divino, conforme el alma se arroja para hacer su carrera, nuestras aguas divinas regurgitan y en su gosrgoteo forman la estela, la cual no se desvanece sino que queda la huella y señala a todos su carrera de amor hecha en nuestro mar, en modo que Nosotros podemos decir:  ‘Por aquí pasó e hizo su carrera de amor quien vive en nuestro Querer, porque lo que se hace en Él queda imborrable’.  Así si quieres hacer tus adoraciones, si quieres embellecerte, si quieres santificarte, si quieres ser potente, sabia, arrójate en nuestro Querer y mientras harás tu carrera quedarás toda amor, toda bella, toda santa, adquirirás la ciencia, conocerás quién es tu Creador, y todos tus movimientos serán adoraciones profundas y dejarás en nuestro mar tantas estelas por cuantas diversas carreras has hecho en el Fiat Divino, de modo que Nosotros diremos:  ‘En esta carrera que hizo en nuestro mar la pequeña hija de nuestro Querer Divino, formó la estela de la santidad, y Nosotros la santificamos y ella quedó santa; en esta otra carrera se arrojó en el mar de nuestra belleza y formó su estela, y Nosotros la embellecimos y ella quedó embellecida; en esta otra carrera formó la estela de nuestros conocimientos, y ella nos conoció y Nosotros le hablamos y nos hicimos conocer, y le hablamos largamente de nuestro Ser Divino, nuestra palabra la ató, la ensimismó con Nosotros, y sentimos la irresistible necesidad de hacernos conocer siempre más, y de hacerle el don más grande el de manifestarle nuestras verdades.  Así que en cada carrera que haces en nuestro Fiat Supremo, tomas siempre de lo nuestro, y nuestro amor desbordando nos habla de ti y nos señala tus carreras con su gorgoteo, como señal de que tú has estado en nuestro mar divino”.

 

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27-24

Diciembre 25, 1929

 

Cómo el nacimiento de Jesús fue el renacimiento de la Divina

Voluntad en su Humanidad, y todo lo que hizo eran renacimientos

de Ella, formados en Él para hacerla renacer en las criaturas.

Jesús fue el verdadero sacrificado de su Querer.

 

(1) Estaba pensando en cuando mi dulcísimo Jesús niño penando de amor salía del seno de su Mamá Celestial, ¡qué alegría para Ella el poderlo estrechar entre sus brazos, besarlo y ponerse en competencia en amar a Aquél que tanto la amaba!  Pero mientras tantos pensamientos se agolpaban en mi mente acerca del santo nacimiento del infante divino, lo he sentido moverse en mi interior, y saliendo fuera se ha puesto entre mis brazos y poniendo sus pequeñas manitas en mi cuello me ha dicho:

(2) “Hija mía, también tú bésame y estréchame, y Yo te beso y te estrecho a Mí, y amémonos con tal competencia de amor de no terminarla jamás”.

(3) Y abandonándose en mis brazos como pequeño niño ha guardado silencio.  ¿Pero quién puede decir los abrazos de amor, los besos afectuosos?  Creo que es mejor pasarlo en silencio.  Después, retomando la palabra ha agregado:

(4) “Hija mía, mi nacimiento en el tiempo fue el renacimiento de mi Divina Voluntad en mi Humanidad, y como renacía en Mí, traía la alegre nueva del renacimiento en las humanas generaciones.  Mi Fiat es eterno, pero se puede decir como si naciera en Adán para formar la larga generación de su renacimiento en la criatura, pero como Adán rechazó esta Voluntad Divina, con rechazarla impidió los tantos renacimientos que debía hacer en cada criatura, y con amor constante e invencible esperó a mi Humanidad para renacer de nuevo en medio de la humana familia.  Por eso todo lo que Yo hice en todo el curso de mi Vida, las lágrimas infantiles, mis gemidos y sollozos, no eran otra cosa que renacimientos de mi Divina Voluntad que eran formados en Mí para hacerla renacer en las criaturas, porque habiendo renacido en Mí, y poseyéndola como mía, tenía el derecho y el poder de darla y hacerla renacer en la criatura.  Así que todo lo que hacía mi Humanidad:  Pasos, obras, palabras, penas, aun mi respiro y mi misma muerte, formaban tantos renacimientos de mi Divina Voluntad por cuantas criaturas habrían tenido el bien del renacimiento de mi Fiat Divino.  Siendo Yo la cabeza de la familia humana, y ella mis miembros, Yo como cabeza llamaba con mis actos a los tantos renacimientos de mi Querer Divino en Mí, para hacerlos pasar a renacer en mis miembros de las criaturas.  Por eso en cada acto que Yo hice, aun mi misma Vida Sacramental, cada una de las Hostias consagradas son continuos renacimientos de mi Supremo Querer que prepara a la criatura.  Por tanto Yo soy el verdadero sacrificador [2] de una causa tan santa, que mi Querer reine.  Soy propiamente Yo el que formé en Mí su reino, y haciéndolo renacer tantas veces en Mí por en cuantas criaturas debía renacer, formaba su imperio santísimo y su reinar en medio a mis miembros.

(5) Ahora hija mía, después que puse al seguro el reino de mi Divina Voluntad en mi Humanidad, debía manifestarlo para hacerlo conocer, por eso vine a ti y comencé a narrarte la larga historia de mi Fiat Divino.  Ahora tú debes saber que tantas manifestaciones he hecho y haré, tantas verdades, tantas palabras he dicho, por cuantos renacimientos Ella hizo en mi Humanidad; estarán en perfecto equilibrio sus renacimientos en Mí y sus conocimientos que te manifiesto; cada renacimiento de mi Querer Divino hecho en Mí y en cada hostia consagrada, encontrará una manifestación y una verdad suya que la confirma, y le dará el renacimiento en la criatura, porque en Dios la palabra forma la vida del bien que quiere formar en la criatura, nuestra palabra es portadora de vida, ¿no fue acaso nuestra palabra Fiat la que pronunciándose creó el cielo, el sol y todo lo que se ve en el universo entero, y también la misma vida del hombre?  Mientras no pronunciamos Fiat todo estaba en Nosotros; en cuanto se pronunció pobló cielos y tierra de tantas obras bellas y dignas de Nosotros, y daba principio a la larga generación de vidas humanas.  Mira entonces que todo lo que te digo acerca de mi Divina Voluntad llevará con la potencia de mi palabra creadora sus tantos renacimientos hechos en Mí en medio a la familia humana.  Esta es la gran razón de una historia tan larga y de mi hablar tan continuado, Ella estará equilibrada con todo lo que fue hecho por Nosotros en la Creación y con todo lo que hice en la Redención; y si parece que alguna vez hago silencio, no es porque haya cesado mi decir, sino porque hago reposo, pues es mi costumbre reposarme en mi misma palabra y obras que salen de Mí, como hice en la Creación, no siempre se pronunció, decía Fiat y hacía un alto y después lo pronunciaba de nuevo; así hago en ti, hablo, te doy mi lección y tomo reposo, primero para gozarme en ti los efectos de mi palabra y para disponerte a recibir la nueva vida de mi lección.  Por eso sé atenta y tu vuelo en mi Divina Voluntad sea continuo”.

 

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27-25

Diciembre 29, 1929

 

Cómo Jesús al descender del Cielo a la tierra formó el nuevo

Edén.  Cómo la Divina Voluntad ha sido siempre Reina.

 

(1) Mi pequeña inteligencia me la sentía raptar y como transportar a mirar en el regazo de mi Mamá Celestial a mi pequeño recién nacido Jesús, que ahora llora y ahora gime, y ahora todo entumecido tiembla de frío, y ¡oh! cómo quisiera mi pequeña alma deshacerse en amor para calentarlo y para calmarle el llanto, pero mi celestial y gracioso niño llamándome junto con Él en los brazos de su Mamá me ha dicho:

(2) “Mi hija del Divino Querer, ven a escuchar mis lecciones.  Al descender del Cielo a la tierra para formar la Redención, debía formar el nuevo Edén, debía restablecer el primer acto y el principio de la creación del hombre en mi Humanidad.  Así que Belén fue el primer Edén; Yo sentía en mi pequeña Humanidad toda la fuerza de nuestra potencia creadora, el arrebato de nuestro amor con el cual fue creado el hombre, sentía las fibras de su inocencia, de su santidad, de su dominio, con las cuales él estaba investido.  Sentía en Mí a aquel hombre feliz, ¡oh, cómo lo amaba!  Porque habiendo perdido su puesto de honor, Yo retomaba su puesto, porque me convenía primero poner en Mí el orden del cómo fue creado el hombre, y después descender en su desventura para levantarlo y ponerlo a salvo.  Por eso estaban en Mí dos actos continuados, fundidos en uno, el Edén feliz con el cual debía poner en vigor toda la belleza, la santidad, la sublimidad de la creación del hombre; era él inocente y santo, y Yo sobrepasándolo no sólo era inocente y santo, sino era el Verbo Eterno, y teniendo en Mí toda la potencia posible e imaginable, y Voluntad inmutable, debía reordenar todo el principio de la creación del hombre y levantar nuevamente al hombre caído, de otra manera no obraría como Dios, ni lo amaría como obra nuestra salida y creada en un arrebato de nuestro amor.  Nuestro amor se sentiría detenido y como impotente, lo que no puede ser, si no hubiera ajustado toda la condición del hombre caído y la condición del cómo fue creado.  Habría sido una afrenta a nuestra Creación y nos habrían acusado de debilidad si no hubiésemos regenerado del todo al hombre.  Por eso Belén fue mi primer Edén, en el cual hacía y abrazaba todos los actos que hizo Adán inocente y que habría hecho si no hubiese caído; nuestra Divinidad esperaba con justicia mi correspondencia en lugar de él, y conforme iba rehaciendo lo que debería haber hecho el Adán inocente, así me abajaba y extendía la mano para levantarlo.  Entonces mi Humanidad no hacía otra cosa que conforme giraba y me detenía, formaba nuevos Edenes, porque en Mí estaban todos los actos del principio de la creación del hombre, y en cualquier parte que me detenía podía formar un nuevo Edén con mi inocencia y santidad.  Así que Edén fue Egipto, Edén fue Nazaret, Edén fue el desierto, Edén fue Jerusalén, Edén fue el monte Calvario, y estos Edenes que formaba llamaban al reino de mi Divina Voluntad a reinar, y estos son pruebas ciertas que así como cumplí el reino de la Redención y está haciendo su giro para establecerse por todo el mundo, así estos Edenes en los cuales fueron hechos por Mí todos los actos como si el hombre no hubiese caído, seguirán los actos de la Redención y harán su giro para establecer el reino de mi Fiat Divino.  Por eso te quiero siempre junto Conmigo, a fin de que me sigas en todos mis actos, y todo lo ofrezcas para hacer que mi Divina Voluntad reine y domine, porque esto es lo que más interesa a tu Jesús”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, mi Divina Voluntad obraba en Mí como Reina, porque realmente siempre ha sido tal, porque Ella por naturaleza es Reina, en nuestra misma Divinidad tiene el primer puesto, rige y domina todos nuestros atributos, no hay acto nuestro en que no tenga su puesto de Reina.  Así que es Reina en el Cielo, en la tierra, en la Creación, en todo y en todas partes reina.  Por eso el querer que el hombre hiciera nuestra Voluntad Divina y que le diese el puesto de Reina, era el honor más grande y el amor más insuperable que le dábamos, y reinando una sola Voluntad lo hacíamos sentar a nuestra mesa celestial, participándole nuestros bienes divinos.  Lo queríamos feliz, y queríamos la gloria de ver feliz a aquél que con tanto amor habíamos creado con nuestras manos creadoras.  Nuestro Querer Divino y nuestro amor no podían ni contentarse ni detenerse con la sola obra de la Redención, sino que quieren ir más adelante hasta tener la obra cumplida, mucho más que no sabemos hacer obras a la mitad, y teniendo los siglos a nuestra disposición podemos llegar a donde queremos”.

 

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27-26

Enero 2, 1930

 

Diversidad de actos y efectos del Fiat Divino.  Cuántos

bienes puede producir un acto de Él.  Ejemplo del sol.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y siguiendo mi giro en sus obras me sentía circundada por ellas, y cada una esperaba que yo la reconociera como obra de mi Creador para vincularnos con vínculos inseparables; me parecía que la Divina Voluntad con su luz corriese en toda la Creación, como corre nuestra sangre en el cuerpo, así corría también en todos los actos, palabras, pasos, penas y lágrimas de Jesús, y yo iba en busca de todo como cosas mías para amarlas y reconocerlas como cosas que me pertenecen.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad está en comunicación con todas las cosas creadas por Nosotros, porque Ella es de todos y pertenece a todos; siendo una la Voluntad que domina y obra, todas las cosas le son como miembros al cuerpo, de los cuales la Cabeza es Dios, que tiene tantos vínculos a todas las cosas, porque en ellas corre nuestro Divino Querer como acto primario de vida, que le son inseparables.  Sólo la voluntad humana, si quiere obrar por sí sola, sin la unión de la nuestra, puede romper esta bella unión, este vínculo de inseparabilidad entre Dios, entre las cosas creadas, y entre las criaturas, por eso mi Divina Voluntad es la portadora a la criatura de todos nuestros actos hechos en la Creación y en la Redención, es la reveladora de nuestros secretos; siendo una la Voluntad nuestra con la criatura que vive en Ella, ¿cómo puede esconderse?  Y Yo hija mía, cómo me sentiría mal si no te pusiera al día de mis lágrimas, de las penas más íntimas y de lo que Yo hice estando sobre la tierra, y en mi dolor diría:  ‘Ni siquiera la pequeña hija de mi Querer conoce todo lo que he hecho y sufrido para tener la correspondencia, aunque sea de su pequeño y repetido te amo y hacerle el don de lo que me pertenece’.  Entonces, cada cosa que tú conoces de Mí y amas como tuya, Yo te hago don de ella, y haciendo fiesta digo:  Tengo siempre qué dar a mi hija, y ella tiene siempre qué recibir, por eso estaremos siempre juntos, porque estamos ocupados en el intercambio que hacemos, Yo en dar y ella en recibir”.

(3) Después de esto seguía mi giro en todos los actos buenos hechos desde el principio de la Creación por todas las criaturas, no excluido mi primer padre Adán, para ofrecerlos para obtener el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, no hay cosa buena que no salga de mi Divina Voluntad, pero hay diferencia entre actos y efectos de Ella.  La Creación fue un acto de mi Fiat, y ¡oh! cuántas cosas bellas no salieron, cielos, soles, estrellas, aire que debía servir para la vida natural de la criatura; mar, viento, todo fue plenitud y multiplicidad de obras, porque un acto de mi Divina Voluntad es capaz de llenar todo y de hacer todo.  La creación del hombre fue un acto de Ella, ¿y qué cosa no encerró en la pequeña circunferencia del hombre?  Inteligencia, ojos, oídos, boca, palabra, corazón, y hasta nuestra semejanza, por la cual lo hacíamos el portador de su Creador, ¿cuántos prodigios no encierra?  No sólo eso, sino le fue puesta toda la Creación en torno para servirlo, como si un primer acto de nuestro Fiat hecho en la Creación quisiera servir al segundo acto hecho al crear al hombre.  Otro acto de nuestra Voluntad Divina fue la creación de la Virgen Inmaculada, fueron tales y tantos los prodigios obrados en Ella, que Cielos y tierra quedaron estupefactos, tanto que llegó a hacer descender al Verbo Divino sobre la tierra, lo que formó otro acto de mi Fiat, el cual fue mi Encarnación, y tú sabes que fue portador de todos los bienes a la familia humana.  Todo el resto de los bienes que ha habido en medio de las criaturas, virtudes, oraciones, obras buenas, milagros, son efectos de mi Querer Divino, los cuales obran según las disposiciones de las criaturas, y por eso son siempre limitados, no con aquella plenitud que llena Cielos y tierra.  En cambio los actos de mi Fiat Divino son independientes de ellas, y por eso se ve la gran diferencia entre actos y efectos.  Y esto se ve muy bien también en el sol y entre los efectos que él produce; el sol como acto está siempre fijo en su plenitud de luz, que con majestad llena la tierra, jamás cesa de dar su luz y su calor, en cambio los efectos del sol, que se puede decir que están a disposición de la tierra, son inconstantes, ahora se ve la tierra florida con la variedad de tantos colores, y ahora se ve despojada y sin belleza, como si el sol no tuviese la virtud comunicativa para comunicar siempre sus admirables efectos a la tierra, mientras que se puede decir que la culpa es de la tierra.  Al sol no le falta nunca nada, aquél de ayer, es hoy y será.  Ahora, cuando te veo girar aun en los efectos de mi Fiat Divino, como si no quisieras perder nada, para encerrarlos en Él y darle los homenajes, el amor de los efectos que produce, para pedirle que venga a reinar sobre la tierra, tú dispones a nuestro Querer a formar otro acto de Él, porque tú debes saber que el Fiat Voluntas Tua come in Cielo cosí in Terra, será otro acto de nuestro Fiat Supremo, no será un efecto, sino un acto, pero con tal magnificencia que todos quedarán asombrados.  Ahora, tú debes saber que el hombre fue creado por Nosotros con este prodigio, que debía poseer en él nuestro acto continuo de Voluntad Divina; con rechazarla perdió el acto y se quedó con los efectos, porque sabíamos que así como la tierra no puede vivir sin tener al menos los efectos que produce el sol si no quiere vivir en la plenitud de su luz y de su calor, así el hombre no podía vivir al menos sin los efectos de nuestra Divina Voluntad, ya que había rechazado la Vida de Ella.  Por lo tanto su reino no será otra cosa que llamar nuevamente el acto continuo de nuestro Fiat Divino obrante en la criatura.  Esta es la razón de mi largo hablar sobre Él, no es otra cosa que el principio del acto continuo de mi Fiat Divino que no termina jamás cuando quiere obrar en la criatura, y es tan múltiple en las obras, en la belleza, en la gracia y en la luz, que no se ven los confines.  Por eso sigue girando en todo lo que ha hecho y produce mi Fiat Divino, no te canses jamás si quieres obtener un reino tan santo”.

(5) Después ha agregado:  “Hija mía, así como los efectos son producidos por la sola y única Voluntad mía, y obran según las disposiciones de la criatura, así los actos de nuestro Querer Divino, independientes de ellas, son producidos por la unidad del acto único de nuestro Fiat Divino.  Así que en Nosotros es siempre uno nuestro acto, porque en Nosotros no hay sucesión de actos, y si a la criatura le parece que ahora hacemos la Creación, ahora la Redención, y ahora que queremos formar el reino de nuestra Divina Voluntad en medio de las criaturas, es la manifestación que les hacemos de lo que posee nuestro solo y único acto, que mientras a ellos les parece que hacemos y sacamos tantos actos distintos, para Nosotros todo estaba encerrado en un solo acto.  En la unidad de nuestro Querer Divino que encierra un solo acto, nada le puede huir, encierra todo, hace todo, abraza todo y es siempre un solo acto.  Así que, tanto los efectos que produce nuestro Fiat, como los actos de Él, parten siempre de la unidad del solo y único acto nuestro”.

 

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27-27

Enero 7, 1930

 

Intercambio de dones entre Dios y la criatura.  Cómo quien

vive en el Querer Divino es el banco Divino sobre la

tierra y forma un resplandor de Cielo.

 

(1) Me sentía toda abandonada en el Fiat Supremo, y pensaba entre mí qué cosa podría dar a mi amado Jesús, y Él rápidamente:  “Tu voluntad”.  Y yo:  “Amor mío, ya te la di, y habiéndola dado creo que no soy más dueña de dártela, ya que es tuya”.  Y Jesús:

(2) “Hija mía, cada vez que tú quieras hacerme el don de tu querer, Yo lo acepto como un nuevo don, porque Yo dejo la voluntad humana en su libre albedrío, de modo que la criatura puede estar en acto de dármela siempre, y Yo tantas veces la acepto por cuantas veces me la da, porque ella tantas veces se sacrifica por cuantas veces me hace el don, y Yo al ver que la criatura es constante en hacerme su don continuado, veo que hay verdadera decisión por parte suya, y ama y estima el don de mi Voluntad, y Yo, conforme ella me hace el don continuo de la suya, le hago el don continuo de la mía, y ensanchando su capacidad, porque la criatura es incapaz de tomar toda la interminabilidad de mi Querer, voy aumentando continuamente más santidad, más amor, más belleza, más luz y más conocimiento de mi Divina Voluntad.  Así que en el intercambio que hacemos, tú de tu voluntad y Yo de la mía, duplicamos los dones, y queda tantas veces vinculada por cuantas veces hacemos el intercambio.  Así que Yo tengo siempre qué darte, y tú también, porque en mi Divina Voluntad las cosas no terminan jamás, surgen a cada instante, y habiéndome dado tu voluntad, al contacto de la mía la tuya adquiriere las prerrogativas de la mía, de poderse dar continuamente a tu Jesús”.

(3) Después seguía los actos del Fiat Divino, acompañándolos con mi “te amo”, y comprendía la gran diversidad de la grandeza y magnificencia de las obras del Fiat Divino, y de mi pequeño “te amo”, ¡oh! cómo me sentía pequeña y verdaderamente recién nacida apenas ante aquel Fiat que todo puede y todo abraza; y mi amable Jesús, estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(4) “Hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad es mi banco sobre la tierra, y conforme dices tu ‘te amo’ Yo lo invisto con el mío, y de pequeño se vuelve grande, se difunde en el infinito, de modo que las riquezas de mi amor se vuelven inmensurables, y Yo las pongo en el banco de tu alma, y conforme continúas tus actos, así los invisto con los míos y los pongo en tu banco para tener mi banco divino sobre la tierra.  Por eso tus pequeños actos hechos en mi Querer Divino me sirven para darme qué hacer, para hacer correr nuestras cualidades divinas que son infinitas en tus pequeños actos que son finitos, mezclarlos juntos y hacer de ellos tantos actos nuestros y ponerlos en el banco de tu alma, a fin de que nuestro Querer encuentre en ti su Cielo.  ¿No sabes tú que quien debe vivir en nuestro Fiat Divino debe ser un resplandor de Cielo?  Que abajándose sobre la tierra, pero tanto de quitar cualquier distancia, de modo que en aquel punto de la tierra en que se encuentre aquella afortunada criatura se debe ver Cielo, no tierra; ni mi Divina Voluntad estaría sin su Cielo, ya Ella misma se lo formaría y los habitantes del Cielo se abajarían para rendir homenaje a aquel Fiat, del cual reconocen su existencia.  Por eso todos los bienaventurados quedan admirados al ver un resplandor de Cielo sobre la tierra, pero rápido cesa su estupor cuando ven que aquella Divina Voluntad que forma su Cielo y toda su felicidad, se encuentra reinante en aquella criatura, propiamente en aquel punto donde ven que los habitantes del Cielo abajándose circundan a aquella criatura para alabar a mi Fiat Supremo.  Por eso sé atenta hija mía, y si esto te digo es para hacerte conocer el gran bien de hacerte conocer mi Querer, y cómo quiere formar su reino en ti, a fin de que me agradezcas y lo reconozcas”.

 

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27-28

Enero 10, 1930

 

Quien vive en el Divino Querer pertenece a la familia divina.

Diversidad de modos en que se puede pertenecer a Dios.

Ejemplo de un reino.  Quién vive en Dios, y quién fuera de Dios.

 

(1) Me sentía, si bien abandonada en el Fiat Divino, también toda aniquilada, pero tanto, que me veía más pequeña que un átomo y pensaba entre mí:  “Cómo soy miserable, pequeña e insignificante”.  Y mi adorable Jesús interrumpiendo mi pensamiento, haciéndose oír y ver me ha dicho:

(2) “Hija mía, seas pequeña o grande, perteneces a nuestra familia divina, eres un miembro de ella y esto te basta, más bien es todo para ti y es la gloria y el honor más grande que podrías poseer”.

(3) Y yo:  “Amor mío, todos hemos salido de Ti y todos te pertenecemos, así que no es maravilla que te pertenezca”.

(4) Y Jesús:  “Es cierto que todos me pertenecen por vínculos de creación, pero hay gran diferencia para quien me pertenece no sólo por vínculos de creación, sino con vínculo de fusión de Voluntad, esto es, que la mía es la sola y única voluntad suya; de éstos puedo decir que me pertenecen con vínculos de verdadera familia nuestra, porque la voluntad es la cosa más íntima que puede existir, tanto en Dios como en la criatura, es la parte esencial de la vida, es la dirigente, es la dominadora que tiene virtud de vincular con vínculos inseparables a Dios y a la criatura, y de esta inseparabilidad se reconoce que pertenece a nuestra familia divina.  ¿No sucede esto dentro de un reino?  Todos pertenecen al rey, pero en cuántos diversos modos pertenecen, quién pertenece como pueblo, quién como ejército, quién como ministro, quién como centinela, quién como cortesano, quién como reina del rey, y quién como hijo.  Ahora, ¿quién pertenece a la familia real?  El rey, la reina, los hijos; todos los demás del reino no puede decirse que pertenecen a la familia real, pero pertenecen al reino, están obligados a la ley, a la sujeción, y a los rebeldes se les mete a la cárcel.  Por lo tanto, a pesar de que todos le pertenecen, pero en cuántos diversos modos.  Sólo quien vive en nuestro Querer Divino vive en medio a Nosotros; nuestro Fiat Divino nos la trae en su regazo de luz a lo íntimo de nuestro seno divino, no podemos ponerla fuera de Nosotros, para hacerlo deberíamos poner nuestro Querer Divino fuera de Nosotros, lo que no podemos hacer ni queremos hacerlo;.es más, estamos contentos de tenerla, de cuidarla como nuestro amado recuerdo de cuando nuestro amor desbordante sacó fuera la Creación, porque quería que la criatura viviera en nuestra heredad de la Divina Voluntad, y que con sus inocentes sonrisas se entretuviera con su Creador.  Y si te ves pequeña, es el amor exuberante de mi Fiat, que es todo atención y celo sobre ti y no te concede un acto de tu voluntad humana, así que lo humano no tiene crecimiento y tú te sientes siempre pequeña, y esto es porque mi Querer quiere formar su Vida en tu pequeñez, y cuando crece su Vida Divina, la vida humana no tiene razón de crecer; por eso te debes contentar con quedar siempre pequeña”.

(5) Después seguía mi abandono en el Santo Querer, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, quien vive en mi Fiat Divino vive en Dios, por eso posee y puede dar los bienes que posee.  El Ser Divino la circunda por todas partes, de modo que no ve, no oye, no toca otra cosa que Dios, en Él se hace feliz, sólo a Él comprende y conoce, todo le desaparece y sólo le queda el recuerdo de que mientras se encuentra en su Dios, es viadora aún, y como viadora debe abogar por sus hermanos, porque encontrándose en condición de dar los bienes que posee, debe dar según las disposiciones de las criaturas.  No recuerdas tú, años atrás cuando te hacía ver que te ponía en mi corazón y todo te desaparecía, y tú te lo gozabas y no querías salir más, y Yo para hacerte recordar que eres viadora te sacaba a la puerta de mi corazón, si bien entre mis brazos para hacerte ver los males del genero humano a fin de que tú abogaras por ellos, y tú te disgustabas Conmigo porque no querías salir de mi corazón.  Era el principio del vivir en mi Querer Divino que tú sentías en mi corazón, exento de cualquier peligro, libre de todos los males, porque Dios mismo se pone en torno a la feliz criatura para tenerla defendida de todo y de todos.  En cambio para quien hace mi Voluntad Divina y no vive en Ella, se encuentra en condición de poder recibir pero no de dar, y como vive fuera de Dios, no en Dios, ve la tierra, siente las pasiones que la ponen en peligro continuo y le dan una fiebre intermitente, por la que ahora se sienten sanos, ahora enfermos, ahora quieren hacer el bien, y ahora se cansan, se aburren, se fastidian, y dejan el bien.  Son propiamente como aquellos que no tienen una casa dónde estar al seguro, sino que viven en medio de la calle, expuestos al frío, a la lluvia, al sol ardiente, a los peligros, y viven de limosna.  Justa pena de quien podía vivir en Dios, y en cambio se contenta con vivir fuera de Dios”.

 

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27-29

Enero 16, 1930

 

Cómo en la Creación, Redención y reino de la Divina Voluntad, la parte

obrante es de la Divina Voluntad, y las tres Divinas Personas son concurrentes.

La Creación quiere narrar la historia de la Divina Voluntad.  Quien vive en Ella

recibe todo, puede dar todo, y toma parte en todas las cualidades divinas.

 

(1) Estaba siguiendo al Fiat Divino en la obra de la Creación y, ¡oh! cómo me parecía bella, pura, majestuosa, ordenada, digna de Aquél que la había creado; me parecía que cada cosa creada tenía que decirme su pequeña historia que encerraba de aquel Fiat que le había dado la vida, y que sacándolas a la luz del día, debían narrar para hacer conocer lo que sabían de la Divina Voluntad, y unidas juntas debían narrar la larga historia de aquel Fiat que no sólo las había creado, sino que conservándolas les daba el trabajo de narrar su larga historia, dando a cada cosa creada una lección para narrar a las criaturas, para hacer conocer aquella Divina Voluntad que las había creado.  Pero mientras mi pobre mente se perdía en mirar la Creación, y quería escuchar las tantas bellas lecciones que quería darme cada cosa creada sobre el Fiat Divino, mi dulce Jesús saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:

(2) “Pequeña hija de mi Eterno Querer, quiero hacerte saber que la obra de la Creación, de la Redención y la del reino de nuestro Querer, es todo obra de nuestro Fiat Supremo.  Él tomó la parte obrante y las Tres Divinas Personas tomaron la parte concurrente, pero fue a nuestro Fiat Divino al que le dimos el trabajo de crear la Creación, de formar la Redención y de restablecer el reino de nuestra Divina Voluntad.  Porque en las obras que salen de dentro de la Divinidad es siempre nuestro Querer Divino el que toma la parte activa, si bien todo nuestro Ser Divino concurre junto, porque Él tiene virtud y oficio dirigente y obrante de todas las cosas nuestras.  Así como tú tienes las manos para obrar y los pies para caminar, y si quieres obrar no te sirves de los pies sino de las manos, si bien todo tu ser es concurrente a la obra que quieres hacer, así es de nuestro Ser Divino, no hay parte de Nosotros que no concurra, pero nuestra Voluntad Divina toma la parte dirigente y obrante.  Mucho más que Ella tiene su sede en la Divinidad, su Vida corre en nuestro seno divino, es Vida nuestra, y mientras sale de nuestro seno divino, más bien sale y queda, lleva fuera de Nosotros la virtud creadora de lo que quiere hacer, dirigir y conservar.  Ahora, como tú ves todo es obra de nuestro Fiat Divino, y por eso todas las cosas creadas están como tantos hijos que quieren decir la historia de su Mamá, porque sintiendo su Vida en ellas, y conociendo el origen de donde vienen, sienten la necesidad de decir cada una de ellas quién es su Mamá, cuán buena es, cómo es bella y cómo ellas son felices y bellas porque han sido dadas a luz por una Madre como Ella.  ¡Oh! si las criaturas poseyeran como vida a mi Divina Voluntad, conocerían tantas bellas cosas de Ella, y conocerla y no hablar de Ella les resultaría imposible, así que no harían otra cosa que hablar de Ella, amarla, y exponer su vida para no perderla”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, nuestra Divina Voluntad es todo, y estando por todas partes, el alma que vive inmersa en Ella no hace otra cosa que tomar continuamente de Dios, y Dios está en acto continuo de verterse dentro de ella, pero tanto, que no sólo la llena, sino que no pudiendo contener todo dentro, forma mares en torno a ella, porque nuestro Querer Divino no estaría contento si al alma que vive en Él no pudiese hacerle parte de todas las partículas de nuestras divinas cualidades, por cuanto a criatura es posible, de modo que el alma debe poder decir:  ‘Todo me das, y todo te doy, en tu Querer Divino puedo darte todo Tú mismo’.  He aquí por qué quien vive en nuestro Fiat es nuestra inseparable, su pequeñez nos la sentimos correr en nuestra potencia y se llena de potencia nuestra hasta no poder más, y honra nuestra potencia porque la pone en condiciones de comunicarse a la criatura.  Nos la sentimos correr en nuestra belleza, y se llena de belleza; en nuestro amor, y se llena de nuestro amor; en nuestra santidad y queda llena de ella.  Pero mientras queda llena, nos honra, porque nos pone en condición de embellecerla con nuestra belleza divina, de llenarla con nuestro amor, de sellar nuestra santidad, en modo de poner en actitud todas nuestras cualidades divinas, en una palabra, nos pone en condición de obrar y darnos qué hacer para comunicarnos a ella, porque no nos conviene tenerla en nuestra Divina Voluntad disímil de Nosotros; será pequeña, no puede encerrar todo nuestro Ser Divino, pero participarle todas nuestras cualidades divinas por cuanto a criatura es posible, en modo que nada le debe faltar, esto es posible, por eso nada queremos negarle, y además, lo negaríamos a nuestra Divina Voluntad, y sería lo mismo que negárnoslo a Nosotros mismos, lo que Nosotros mismos queremos hacer.  Por eso sé atenta hija mía, en nuestro Fiat encontrarás la verdadera finalidad para la que fuiste creada, tu origen, tu nobleza divina, encontrarás todo, recibirás todo, y todo nos darás”.

 

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27-30

Enero 20, 1930

 

Cómo es bello el vivir en el Querer Divino.  El alma pone a

Dios en condición de repetir sus obras.  Cómo el Fiat

Divino hace de actor y espectador.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad, y habiendo llegado al momento cuando fue creada la Reina del Cielo, donde la Divinidad se quitaba la vestidura de justicia, y como vistiéndose para fiesta renovaba el acto solemne del principio de la Creación, llamando a vida a la noble criatura, que con vivir en el Querer Divino, –finalidad única por la cual Dios había creado al hombre, que no debía salir de la casa de su Padre, porque sólo nuestro querer humano nos pone fuera de Dios, de su habitación, fuera de sus bienes, de su Santidad, de su luz–  Dios al crear a la Virgen Santa retomaba la fiesta de la Creación, sus dulces sonrisas, sus santos coloquios con la criatura, y desbordó tanto en amor, que rápido la hizo Reina de todo el universo, ordenando a todo y a todos que como a tal la honrasen, y postrados a sus venerables pies la reconocieran y alabaran como Reina.  Entonces yo, según mi costumbre, alababa a mi Madre Reina, saludándola a nombre de todos Reina del Cielo y de la tierra, Reina de los corazones, y celestial Emperatriz que impera sobre todo y hasta en su Creador.  ¡Ah! le decía, con tu imperio universal impera sobre todos, a fin de que la voluntad humana ceda los derechos a la Divina Voluntad; impera sobre nuestro Dios, a fin de que el Fiat Divino descienda en los corazones y reine como en el Cielo así en la tierra.

(2) Mientras esto hacía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y se unía conmigo a ensalzar a la Mamá Celestial como Reina, y estrechándome a Sí me ha dicho:

(3) “Hija mía, cómo es bello el vivir en mi Querer Divino; todo lo que ha sido hecho por Dios, lo tiene como presente, y la criatura encuentra todo lo que ha hecho su Creador, y toma parte en sus obras, y puede tributarle los honores, el amor, la gloria de aquel acto a su Creador.  Se puede decir que quien vive en nuestro Fiat Divino nos pone en condición de renovar nuestras obras más bellas, y ella se hace renovadora de nuestras fiestas.  La creación de la Virgen dice claramente qué significa y qué puede hacer nuestro Querer Divino; en cuanto se posesionó de su virginal corazón, no esperamos ni siquiera un minuto, sino que en el instante la hicimos Reina; era a nuestra Voluntad a la que coronábamos en Ella, porque no era conveniente que una criatura que poseyese nuestro Querer, no tuviese la corona de reina y el cetro de mando.  Nuestra Divina Voluntad no quiere escatimar nada, todo quiere dar a quien le hace formar su reino en su alma.  Tú debes saber que así como tú, en mi Fiat encuentras presente la creación de la Soberana Señora y la alabas como Reina, así Ella te encontraba a ti presente, en el mismo Fiat Divino y oía tus alabanzas.  La Mamá no quiere ser menos que la hija, y desde entonces te ensalzaba a ti para honrar a aquel Querer Divino que debía poseerte, y para corresponderte por tus alabanzas, cuántas veces llama al cielo, al sol, a los ángeles, y a todo a alabar a su pequeña hija que quiere vivir en aquel Fiat que formó toda su gloria, su grandeza, belleza y felicidad”.

(4) Después seguía mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, cuando mi Querer Divino reina en el alma, Él toma la parte obrante y dirigente, no hay cosa que ella haga, en que mi Querer Divino no ponga su acto primero para llamar a su acto divino sobre el acto de la criatura; así que si piensa, ahí forma su primer pensamiento y llama toda la santidad, la belleza, el orden de la inteligencia divina, y como la criatura no es capaz, ni tiene vacío suficiente para recibir nuestra inteligencia, mi Fiat, cada vez que hace su acto primero en la inteligencia de la criatura, con su potencia va ensanchando la capacidad de ella para encerrar nueva inteligencia divina en la mente de la criatura.  Por eso se puede decir que mi Querer, donde reina, es el primero en respirar, el primero en latir, el primer acto de la circulación de la sangre, para formar en la criatura su respiración divina, su latido de luz, y en la circulación de la sangre la total transformación de su Querer Divino en el alma y en el cuerpo.  Y mientras esto hace, da virtud y vuelve capaz a la criatura para poder respirar con el respiro divino, palpitar con su latido de luz, y sentirse circular en todo su ser, más que sangre, toda su Vida Divina.  Por eso donde reina mi Querer es el actor continuado, que jamás cesa de obrar, y haciéndose espectador goza sus escenas divinas que Él mismo desarrolla en la criatura, y ella presta su ser como materia en sus manos, para hacerle desarrollar las escenas más bellas y deleitables, que mi Fiat quiere hacer en el alma donde mi Querer Divino domina y reina”.

 

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27-31

Enero 26, 1930

 

Cada palabra dicha por Jesús sobre su Fiat, es como un

hijo que sale de su seno, y tiene la fuerza comunicativa de

comunicarse a toda la Creación.  Imperio de la oración

hecha en la Divina Voluntad.

 

(1) Mi vuelo continúa en el Fiat Divino, y yo comprendo más cómo cielo y tierra están llenos de Él, no hay cosa creada que no sea portadora de una Voluntad tan Santa.  Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las cosas creadas, por fuerza de mi Divina Voluntad en la cual ellas viven, advierten cuando mi Querer Divino quiere manifestar una verdad que le pertenece, un conocimiento suyo, o bien que quiere hacer una obra suya; siendo una la Voluntad que domina toda la Creación, sienten en ellas la virtud comunicativa, creadora y conservadora que quiere obrar y darse a conocer, por eso sienten como si otra hermana se agregara en medio a ellas y festejan a la recién llegada; así que cada palabra que te he dicho sobre mi Querer Divino ha sido un Fiat pronunciado por Nosotros, el cual ha salido como un hijo del seno de nuestro Querer.  Este Fiat es el mismo Fiat de la Creación, que formando su eco hace sentir su fuerza vital donde reside nuestra Voluntad.  Cuando nuestro Fiat quiere obrar, quiere pronunciarse con hacerse conocer y manifestar otras verdades suyas, sucede como a una familia cuando ven que su madre está por dar a luz otros hijos, toda la familia festeja, porque la familia se hace más numerosa, y cada vez que se acrecienta otro hermanito o hermanita hacen fiesta, y gozan del recién llegado en medio a ellos.  Tal es la Creación, habiendo salido del seno de mi Divina Voluntad, todas mis obras forman una familia, y están de tal manera ligadas entre ellas, que parece que no pueden vivir la una sin la otra, mi Voluntad las tiene de tal manera unidas, que las vuelve inseparables, porque todas sienten que una es la Voluntad que las domina.  Ahora, oyendo un decir tan prolongado de mi Fiat, los tantos conocimientos que te va manifestando, sienten que se acrecienta el número de la divina generación de mi Fiat en medio a ellos, entonces la familia de la Creación se siente engrandecer y festeja el preludio del reino de mi Querer Divino.  Por eso cuando te hablo de mi Fiat, y Él se pronuncia con manifestarse, los cielos reverentes se abajan para recibir el nuevo parto y su hijo en medio a ellos, para tributarle los honores y festejar al recién llegado.  Hija mía, mi Voluntad Divina cuando quiere pronunciarse, se extiende dondequiera y hace oír su eco y su fuerza creadora en todas las cosas donde Ella reina”.

(3) Después de esto seguía rezando para que el bendito Jesús se apresurara en hacer venir el tan suspirado reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, y mi amado Jesús, como herido por tal petición, que Él mismo tanto suspira de ver el triunfo del Querer Divino sobre la tierra, me ha dicho:

(4) “Hija mía, las oraciones hechas en mi Querer Divino para obtener el advenimiento de su reino sobre la tierra, tienen un gran imperio sobre Dios.  Dios mismo no puede desentenderse ni puede no escucharla favorablemente, porque la criatura rogando en mi Fiat Divino, sentimos la fuerza de nuestro Querer, que con su imperio ruega, con su inmensidad se extiende dondequiera, y abrazando la fuerza universal, la oración se extiende por todas partes, de modo que nos sentimos cercados por todos lados, sentimos nuestra misma Voluntad en Nosotros que ruega, y de oración se cambia en orden y dice:  ‘Quiero’.  E imperando sobre nuestro Ser Divino con su dulce imperio, decimos:  ‘Queremos’.  Por eso las oraciones hechas en nuestro Fiat Divino se pueden llamar decisiones, órdenes, que llevan el reescrito firmado de lo que se quiere, y si no se ve al instante lo que se quiere, es porque estamos disponiendo las causas secundarias para sacar de Nosotros lo que hemos decidido dar.  Por eso no hay que dudar, porque tarde o temprano verá descender del cielo lo que con decisión le ha sido concedido.  Por eso continúa las oraciones en nuestro Fiat, oraciones que mueven Cielos y tierra, y hasta al mismo Dios, si amas ver mi reino sobre la tierra, y Yo rogaré junto contigo para obtener el intento.  Mucho más que el único fin de la Creación fue propiamente esto:  Que nuestro Querer Divino debía reinar como en el Cielo así en la tierra”.

 

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27-32

Enero 30, 1930

 

Así como se desarrolló la Redención, así se desarrollará

el reino de la Divina Voluntad.  Analogía entre una y otra.

Sobresalto de alegría y de dolor de Jesús.

 

(1) Estaba pensando en cómo podía venir el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, en qué modo se podrá desarrollar, y quiénes serán los primeros afortunados que tendrán un bien tan grande.  Y mi dulce Jesús haciéndose ver me ha estrechado a Sí, y dándome tres besos me ha dicho:

(2) “Hija mía, del mismo modo como se desarrolló el reino de la Redención, así se desarrollará el reino de mi Voluntad.  Se puede decir que la Redención va haciendo el giro por todo el mundo, giro que aún no ha cumplido del todo, porque no todos los pueblos conocen mi venida a la tierra, y por eso están privados de sus bienes; Ella va preparando y disponiendo los pueblos al gran reino de mi Divina Voluntad.

(3) Ahora, así como mi Redención tuvo su principio no en todo el mundo, sino en el centro de la Judea, porque en esta nación estaba el pequeño núcleo de aquellos que me esperaban, estaba Aquélla que me había escogido por Madre, estaba san José que debía ser mi padre putativo, en esta nación me había manifestado a los profetas haciéndoles conocer que vendría a la tierra.  Era justo que donde se conocía fueran los primeros en tenerme en medio a ellos, y si bien fueron ingratos y muchos no me quisieron conocer, pero, ¿quién puede negar que mi Mamá Celestial, los apóstoles, los discípulos, fueron de la nación hebrea y que fueron ellos los primeros anunciadores que expusieron su vida para hacer conocer a las otras naciones mi venida a la tierra y los bienes que hay en mi Redención? Así será del reino de mi Fiat Divino; los países, las provincias, el reino, que hayan sido los primeros en conocer los conocimientos de mi Divina Voluntad y su expresa Voluntad de querer venir a reinar en medio a las criaturas, serán los primeros en recibir los bienes que traerá su reino; y después, haciéndose camino con sus conocimientos hará su giro en medio de las generaciones humanas.  Hija mía, hay mucha analogía del modo como se desarrolló la Redención y el cómo se desarrollará el reino de mi Divina Voluntad.  Mira, en mi Redención escogí una Virgen, aparentemente no tenía ninguna importancia según el mundo, ni de riqueza, ni de altura de dignidad o de puestos que la señalaran, la misma ciudad de Nazaret no era importante, una pequeña casita era toda su habitación, pero a pesar de que la escogí de Nazaret, quise que perteneciera a la ciudad capital de Jerusalén, en la cual estaba el cuerpo de los pontífices y sacerdotes que entonces me representaban y anunciaban mis leyes.  Para el reino de mi Divina Voluntad he escogido otra virgen, que aparentemente no tiene ninguna importancia, ni de grandes riquezas, ni de altura de dignidades, la misma ciudad de Corato no es ciudad importante, pero pertenece a Roma, donde reside mi representante en la tierra, el romano Pontífice, del cual parten mis leyes divinas, el cual, así como se hace un deber el hacer conocer a los pueblos mi Redención, así se hará un deber el hacer conocer el reino de mi Divina Voluntad.  Se puede decir que la una y el otro irán a la par en el modo y en el cómo, cómo se debe desarrollar el reino de mi Fiat Supremo”.

(4) Después de esto seguía mi giro en el Querer Divino, y habiendo llegado al Edén rogaba a Jesús que pronto restableciera la finalidad de la creación del hombre como salió de sus manos creadoras; pero mientras esto hacía, mi amado Jesús, haciéndose oír en mi interior, me hacía sentir que su corazón divino se estremecía fuertemente, y todo ternura me ha dicho:

(5) “Hija mía, cada vez que se menciona el Edén, mi corazón se sobresalta de alegría y de dolor al recordar el modo, el cómo fue creado el hombre, su estado feliz, su belleza raptora, su soberanía, nuestras y sus alegrías inocentes con las que nos deleitábamos juntos, cómo era bello nuestro hijo, parto digno de nuestras manos creadoras; ahora, al recordar esto, es tan dulce y agradable a mi corazón, que no puedo hacer menos de estremecerme de alegría y de amor; pero después, al verlo cambiado en su suerte y descendido de su felicidad en los males de su voluntad humana, porque nuestra Divina Voluntad era el preservativo a todos sus males y la conservadora del como salió de nuestras manos creadoras, que poniéndolo en competencia con su Creador lo ponía en condiciones de poder dar su amor, sus alegrías inocentes a Aquél que lo había creado.  Entonces, al verlo infeliz, mi sobresalto de alegría súbito viene seguido de un sobresalto de fuerte dolor.  Y si tú supieras cómo me es agradable tu regresar a este Edén para ponerme delante lo que de bello, de santo, de grande se hizo en la creación del hombre, me das el contento, la alegría de hacerme repetir mi sobresalto de alegría, y de poner un calmante a mi sobresalto de dolor, que si no hubiera sido seguido por la esperanza cierta de que mi hijo, en virtud de mi Fiat debe regresarme feliz, dándome sus alegrías inocentes como fue establecido por Nosotros al crearlo, mi sobresalto de dolor no tendría tregua, y daría gritos tan fuertes que haría llorar a los mismos Cielos.  Por eso al oír tu continuo estribillo:  ‘Quiero el reino de tu Querer Divino’, mi corazón divino se siente detenido el estremecimiento de dolor, y estremeciéndome de alegría digo:  ‘La pequeña hija de mi Querer quiere y pide mi reino’.  Pero, ¿por qué lo quiere?  Porque lo conoce, lo ama y lo posee, por eso ruega que lo posean las otras criaturas.  Porque siendo mi Divina Voluntad principio de vida de la creación del hombre, Ella sola le da la capacidad de poder recibir todo de su Creador, y de poderle dar todo lo que quiere, que Él quiere.  Mi Fiat tiene virtud de cambiar las condiciones del hombre, su fortuna, con Él todo le sonríe, todos lo aman, todos lo quieren servir, y se tienen por afortunados de servir a mi Querer Divino en él, esto es, en la criatura donde reina mi Divina Voluntad”.

 

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27-33

Febrero 6, 1930

 

Efectos de vivir en el Querer Divino y en el querer

humano.  Cómo el modo de obrar en el alma simboliza

la Creación.  Cómo primero hace las cosas pequeñas

y después las grandes.

 

(1) Continúo mi abandono en el Querer Divino, mi pobre mente está siempre llena con lo que respecta a un Querer tan Santo, es más, me parece que mis pensamientos se arrojan en su mar de luz, y después salen como tantos mensajeros, que llevan tantas bellas noticias de dentro de aquel mar donde han estado, y quién quiere decir una cosa, y quién otra de aquel Fiat, del cual se glorían de conocerlo y de recibir de Él la vida.  Yo me deleito en escucharlos, y muchas veces no sé decir con palabras las tantas bellas noticias que mis pensamientos me traen del mar de luz del Querer Divino, y siento la necesidad de que Jesús me guíe, que me sugiera las palabras, de otra manera no sabría decir nada.  Después, mientras me encontraba en el mar del Fiat Divino, mi dulce Jesús, haciéndose ver en acto de ayudarme a cambiar en palabras lo que mi mente pensaba, me ha dicho:

(2) “Hija mía, los efectos del vivir en mi Querer Divino son admirables.  Mi Fiat tiene a la criatura siempre dirigida hacia el Cielo y la hace crecer no de tierra, sino de Cielo, y como mi Voluntad es una con la misma Voluntad que obra en la criatura, esta mi misma Voluntad pone al alma en orden a su Creador y le va manifestando quién es Aquél que la ha creado, cuánto la ama, y cómo quiere ser amado, y poniéndola de frente a los reflejos divinos, hace deleitar a su Creador a vía de reflejos, para que haga crecer y pintar su imagen en aquélla que posee y hace una su voluntad con la de Aquél que la ha creado.  Y como mi Fiat la tiene siempre vuelta hacia el Cielo, no tiene tiempo de mirar la tierra, porque está absorbida por el Ente Supremo, y aunque la mirase, todas las cosas se convierten en Cielo, porque donde Ella reina tiene virtud de cambiar naturaleza a las cosas.  Por eso para la criatura que vive en mi Querer Divino, todo es Cielo, crece para el Cielo, porque el Cielo de mi Divina Voluntad reina en su alma.  En cambio quien vive de voluntad humana está siempre vuelta hacia sí misma, y con el mirarse a sí misma, el querer humano le va descubriendo lo que es humano, y la pone a los reflejos de lo que existe en el bajo mundo, de modo que se puede decir que vive de tierra y crece sin la semejanza de Aquél que la ha creado.  Hay tal diferencia entre una y otra, que si las criaturas la pudiesen ver, todos amarían y suspirarían vivir en mi Fiat, y aborrecerían el vivir de voluntad humana y lo tendrían como la más grande desventura, que les hace perder la finalidad y el origen por el cual fueron creadas.  Sucedería como a un rey que depone su corona, sus vestidos reales, desciende de su morada real y viste con harapos sucios, se alimenta de alimentos inmundos y vive en un establo junto con las bestias de sus pasiones.  ¿No sería para llorar la suerte de aquél?  Tal es quien se hace dominar por su voluntad humana”.

(3) Después de esto seguía pensando a las tantas cosas que mi amado Jesús ha obrado en la pobre y pequeña alma mía, a sus tantos modos amorosos, que el querer decirlos todos me sería imposible.  ¿Quién puede decir lo que pensaba, y la causa por la que mi pequeña inteligencia estaba como llena de lo que me había sucedido en mi existencia?  Pero mientras me encontraba en poder de tantos pensamientos, mi sumo y único bien Jesús, estrechándome toda a Él, con ternura indecible me ha dicho:

(4) “Hija mía, mi modo de obrar en tu alma simboliza toda la Creación.  Obra grande fue la Creación, pero como nuestras obras son ordenadas, nos contentamos primero con crear las cosas pequeñas, el cielo, las estrellas, el sol, el mar, las plantas y todo lo demás, esto es, pequeñas en comparación de la creación del hombre, que todo debía superar y tener la supremacía sobre todo; y cuando las cosas deben servir a aquél que las debe dominar y ser el rey de ellas, por cuanto fuesen o parecieran grandes, son siempre pequeñas en comparación de aquél a quien deben servir.  Entonces, después de que el universo fue creado y todas las cosas estaban en su puesto de orden, esperando a aquél, a quien como un ejército ordenado, debían alinearse en torno a él para servirlo y obedecer sus órdenes, creamos al hombre.  Todas las cosas creadas y su mismo Creador se volcaron sobre de él para cantarle nuestros eternos amores y decirle:  ‘Todos tenemos la marca de nuestro Creador y la ponemos sobre de ti, que eres su imagen’.  Cielos y tierra hicieron fiesta completa, y nuestra misma Divinidad festejó con tanto amor la creación del hombre, que al sólo recordarlo rebosa tan fuerte nuestro amor, que desbordando forma mares inmensos en torno a Nosotros.

(5) Ahora, el reino de mi Divina Voluntad es más grande que la obra de la Creación, y por eso se puede decir que es la llamada a nuestro Ser Divino a obrar más que en la misma Creación.  Por eso todo lo que hice al principio en tu alma simboliza la Creación, te quise toda para Mí y toda mía para estar libre de hacer lo que Yo quisiera; quise el vacío de todo en tu alma para poder extender mi cielo; el tanto hablar sobre las virtudes que te decía eran estrellas, que practicadas por ti, en el modo querido por Mí, me servía de ellas para adornar el cielo que había extendido en ti.  Así que quería reparar en ti y rehacerme de todo lo que de mal e indigno había hecho la familia humana; para llamar al sol de mi Fiat Divino era necesario preparar con decoro a aquélla que debía recibir, por primera, la Vida de mi Divina Voluntad.  He aquí el por qué hacía correr los mares de gracia, las más bellas florituras, casi como en la creación del hombre, en el cual debía reinar mi Fiat Divino; así en ti, todo lo que Yo hacía se ponía a la expectativa para cortejar como un ejército divino el sol de mi Eterno Querer.  Y como en la Creación abundamos tanto en el crear tantas cosas que debían servir al hombre, porque este hombre debía hacer reinar en él a mi Divina Voluntad, así en ti, todo ha sido hecho para que Ella encontrase su puesto de honor y de gloria.  Por eso era necesario que primero debía prepararte con tantas gracias y enseñanzas, como cosas pequeñas en comparación del gran sol de mi Querer Divino, que con tantas manifestaciones suyas, mientras se hacía conocer formaba su Vida para reinar y formar su primer reino en la criatura.  Así que no te maravilles, es el orden de nuestra sabiduría y providencia, que primero hace las cosas pequeñas y después las grandes, por cortejo y por decoro de las cosas grandes.  ¿Qué cosa no merece mi Fiat Divino?  ¿Qué no se le debe?  ¿Y qué cosa no ha sido hecha por Él?  Por eso cuando se trata de Ella o de hacerla conocer, Cielos y tierra se postran reverentes y todos adoran en mudo silencio un solo acto de mi Divina Voluntad”.

 

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27-34

Febrero 11, 1930

 

El hombre fue creado para vivir familiarmente con Dios y en su

casa; pero habiéndose sustraído de su Voluntad, por bondad de

Dios le fue dada la justificación.

 

(1) Mi pobre mente sufre el dulce encanto del refulgente sol del eterno Fiat, y ¡oh! cuántas bellas escenas conmovedoras desarrolla en mí, que si yo las pudiese decir como las veo, todos sufrirían el dulce encanto y en coro dirían:  “Queremos hacer la Divina Voluntad”.  Pero ¡ay de mí!  Soy siempre la pequeña ignorante, y apenas balbuceando sé decir alguna cosa.  Pero al comprender el gran bien de este Querer Divino y el cómo nadamos en sus olas altísimas de luz, de belleza indecible, de santidad inalcanzable, pensaba entre mí:  “¿Cómo es posible que no se conozca un bien tan grande?  Y mientras nadamos dentro ignoramos el gran bien que nos circunda, que nos inviste por dentro y por fuera, que nos da la vida, y sólo porque lo ignoramos no gozamos los admirables efectos de todos los grandes bienes que contiene un Querer tan Santo  ¡Ah! devélate, oh Fiat Omnipotente, y la faz de la tierra se cambiará”.  Y además pensaba:  “¿Por qué Nuestro Señor bendito no se ha complacido en manifestar, desde el principio de la Creación, las tantas cosas admirables que quiere hacer y dar a las criaturas esta Santísima Voluntad?”  Y mientras mi mente se perdía como raptada en el dulce encanto del Querer Divino, mi amor, mi vida Jesús, el celestial maestro que cautiva con su bello hablar sobre su mismo Querer, haciéndose ver me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, la criatura no puede vivir, ni el alma ni el cuerpo, sin mi Divina Voluntad, y como es su primer acto de vida, por eso se encuentra en las condiciones o de recibir su acto de vida continua de Ella, o de no poder tener existencia; y como el hombre fue creado para vivir en la opulencia de los bienes de esta Divina Voluntad, su preciada herencia, por eso él debía vivir de Nosotros y en nuestra casa, como un hijo que vive con su padre, de otra manera, ¿cómo podía ser nuestro entretenimiento, nuestra alegría y felicidad, si no debía vivir cerca, junto con Nosotros en nuestra Divina Voluntad?  Un hijo lejano no puede formar la alegría de su padre, su sonrisa, su diversión, su familiar conversación; de lejos no se puede jugar juntos, ni sonreír de felicidad, es más, la sola lejanía rompe el amor y lleva la amargura de no poder gozar de aquél a quien se ama.  Mira entonces, el hombre fue creado para vivir a lo familiar con Nosotros, en nuestra casa, en nuestra misma Voluntad, para asegurarnos nuestras y sus alegrías y felicidad perenne.  Pero el hombre, nuestro hijo, mientras era feliz en la casa de su Padre se rebeló y salió de su casa paterna, y con hacer su voluntad perdió la sonrisa de su Padre, sus alegrías puras, y como no podía vivir sin el concurso de nuestra Divina Voluntad, la hicimos de Padre y le dimos la legitimación de nuestra Divina Voluntad, no más como vida que lo llevaba en su regazo para volverlo feliz y santo, sino como concurrente para conservarlo con vida; no para hacerlo feliz como antes, sino para darle las cosas de estrecha necesidad y según se hubiese comportado; sin mi Voluntad Divina no puede haber vida.  He aquí el por qué de mi Fiat Divino se conoce tan poco, porque las criaturas sólo conocen de Ella su legitimación, y muchas veces esta legitimación ni siquiera es del todo reconocida, porque quien vive de legitimación no vive en la casa de su Padre, está lejano de Él, y muchas veces se encuentra en las condiciones de estropear con actos indignos la misma legitimación recibida.  Por eso no te maravilles si poco se conoce de mi Divina Voluntad, si no se vive en Ella, si no se está en continuo contacto de recibir su Vida que hace feliz, que santifica, y que estándole cerca abre sus secretos y hace conocer quién es, qué puede darle, y cómo suspira por tener en su regazo a la criatura para formar en ella su Vida Divina.  Mucho más que el hombre con hacer su voluntad se puso en condición de siervo, no de heredero, y el siervo no tiene derecho a la herencia de su amo, sino a la mísera paga para vivir con penurias la vida.  Por eso hija mía, se puede decir que contigo he abierto las puertas para hacerte entrar a vivir en nuestra casa, en nuestra Divina Voluntad, y teniéndote con Nosotros te hemos manifestado tanto de nuestro Querer Divino, no como legitimada, sino como nuestra afortunada heredera”.

(3) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, mucho más que aquél poco que se ha escrito en toda la historia del mundo acerca de mi Divina Voluntad, habiendo conocido de Ella sólo la legitimación, han escrito de Ella lo que han conocido de mi Fiat después de la culpa, en qué relaciones está con las criaturas a pesar de que la ofenden y no viven en nuestra casa.  En cambio, qué relaciones había entre mi Fiat y Adán inocente antes de pecar, nada han escrito; y, ¿cómo podían escribir si ninguno ha vivido en mi Divina Voluntad como en su casa?  ¿Cómo podían conocer sus secretos y el gran prodigio que puede hacer la Vida obrante de un Querer Divino en la criatura?  Por eso podían y pueden decir de mi Fiat Divino que dispone todo, que ordena, que concurre, pero decir de mi Querer Divino cómo obra en Sí mismo, en su casa, la potencia de su inmensidad que en un instante hace todo, envuelve todo, como en Sí mismo así en la criatura, esta es ciencia que hasta ahora la criatura ignoraba; no podía ser escrita sino después de las manifestaciones de mi Fiat Divino, y a quien llamaba a vivir en nuestra casa como hija nuestra, cercana dentro de mi Querer, no lejana, que pudiéndonos entretener con ella la poníamos al tanto de nuestros secretos más íntimos.  Y si hubiéramos querido manifestar lo que respecta a nuestra Voluntad con relación a la criatura y no viviese en Ella, no nos habría entendido, habría sido para ella como un dialecto extraño e ininteligible”.

 

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27-35

Febrero 17, 1930

 

La Divina Voluntad es el latido, la criatura el corazón;

la Divina Voluntad es el respiro, la criatura el cuerpo.

Inseparabilidad de la una y de la otra.

 

(1) El Querer Divino continúa ocupando mi pequeña inteligencia, y yo sumergiéndome en Él siento su fuerza vivificadora, que dentro y fuera me circunda, y mi dulce Jesús que parece que se esconde dentro de las olas altísimas de luz de su Querer Divino, frecuentemente se mueve en estas olas de luz, y haciéndose ver, con ternura indecible me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es latido sin corazón, la criatura es corazón, Ella es el latido.  Mira que unión inseparable hay entre mi Fiat y la criatura:  el corazón es nada, no tiene ningún valor sin el latido, con el latido se constituye vida de la criatura, pero el latido no puede palpitar sin el corazón.  Tal es mi Divina Voluntad, si no tiene la nada del corazón de la criatura, no tiene donde formar su latido de vida para desarrollar y formar su Vida Divina.  Entonces mira, mi Divina Voluntad no teniendo corazón, lo ha creado en la criatura para tener su corazón dónde poder formar su latido.  Además de esto mi Divina Voluntad es respiro sin cuerpo, la criatura es el cuerpo, Ella es el respiro; el cuerpo sin el respiro está muerto, así que quien forma el respiro de la criatura es mi Divina Voluntad, por eso se puede decir:  ‘El cuerpo de Ella es el de la criatura, y el respiro de ella es el de mi Querer Divino’.  Mira qué gran unión hay entre una y la otra, unión que no puede separarse, porque si cesa el respiro cesa la vida.  Por eso mi Divina Voluntad es todo para la criatura:  es palabra sin boca, es luz sin ojo, es oído sin orejas, es obra sin manos, es paso sin pies, y por eso el alma que vive en mi Querer Divino le sirve de boca, de ojo, de orejas, de manos y de pies.  Ella se restringe para encerrase en la criatura, mientras permanece inmensa, y victoriosa forma en ella su reino, sirviéndose de ella como si fuese su cuerpo, donde late, respira, habla, obra y camina.  Por eso el dolor de mi Fiat Divino es incomprensible porque las criaturas no se prestan para hacerlo desarrollar todas sus operaciones en ellas, para hacerlo reinar, y lo obligan al silencio y a la inactividad, y con paciencia divina e indecible espera a quien debe vivir en su Querer para reemprender su hablar y su obrar divino, para formar su reino en medio a las criaturas.  Por eso sé atenta hija mía, escucha el hablar de mi Fiat Divino, dale la vida en todos tus actos, y verás los portentos inesperados que mi Divina Voluntad hará en ti”.

Sea todo para gloria de Dios y para cumplimiento de su Santísima Voluntad.

 

Deo Gratias

 

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta

[2] Sacrificador en el sentido del que ofrece algo material a Dios con la mira de realizar un ideal.