[1]

I. M. I.

Fiat!!!

¡In Voluntate Dei!.

Deo Gratias.

28-1

Febrero 22, 1930

 

Quien vive en la Divina Voluntad queda circundado por la Inmutabilidad

divina.  Muerte del bien; sacrificio de la vida para hacerlo resurgir.

 

(1) Estoy siempre en poder del Fiat Divino que sabe conquistar dulce y fuertemente; con su dulzura me atrae en modo irresistible, con su fuerza me vence, de modo que puede hacer de mí lo que quiere.  ¡Oh! Querer Santo, ya que Tú me conquistas, haz que con tu misma fuerza y dulzura te venza a Ti, y cediendo a mis súplicas continuas ven a reinar sobre la tierra, forma tu dulce encanto al querer humano, y todo llegue a ser Voluntad Divina sobre la tierra.

(2) Mientras estaba pensando acerca del Querer Divino, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior y haciéndose ver me ha dicho:

(3) “Hija mía, si tú supieras qué significa darse en poder de mi Divina Voluntad.  El alma queda circundada por nuestra inmutabilidad, y todo se vuelve para ella inmutable:  ‘La santidad, la luz, la gracia, el amor’.  Así que no siente más lo cambiante de los modos humanos, sino la estabilidad de los modos divinos, por eso quien vive en mi Querer Divino se puede llamar cielo que está siempre fijo y estable en su puesto de honor con todas sus estrellas, y si gira, como es todo el conjunto de la Creación que gira, por eso no cambia de puesto, ni varía, sino que queda siempre inmutable el cielo con todas sus estrellas.  Así es el alma que vive en mi Divina Voluntad, podrá girar, hará varias acciones, pero como girará en la fuerza motora de mi Fiat Divino y en el conjunto de mi Voluntad, será siempre cielo, e inmutable en sus bienes y en las prerrogativas con las que la ha dotado mi Suprema Voluntad.  En cambio quien vive fuera de mi Fiat Divino, sin su fuerza motriz, se puede llamar como aquellas estrellas errantes que se precipitan en el espacio, como si no hubiese un puesto fijo para ellas, y son obligadas, como estrellas errantes, a correr como al precipicio, como si se hubieran extraviado de la bóveda del cielo.  Así es el alma que no hace ni vive en mi Divina Voluntad, ella se cambia a cada ocasión, siente en sí tanta variedad de cambios, que siente fastidio de repetir un bien continuado, y si algún resplandor de luz hace salir de sí, es como el centelleo de las estrellas errantes, que rápidamente desaparece.  Se puede decir que la señal para conocer si se vive de Voluntad Divina es ésta:  ‘La inmutabilidad en el bien’; y cambiarse a cada pequeña incitación, es la señal si es que se vive del querer humano”.

(4) Después de esto seguía los actos del Fiat Divino, giraba en las obras de la Creación, en el Edén, en los lugares y personas más notables de la historia del mundo para pedir a nombre de todos el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(5) “Hija mía, el hombre con sustraerse de mi Divina Voluntad, dio muerte a los bienes que mi Querer Divino habría hecho surgir en él si no hubiese sido rechazado.  En cuanto él salió, en ese instante moría el acto continuo de la Vida Divina en el hombre, moría la santidad que siempre crece, la luz que siempre surge, la belleza que jamás se detiene para siempre embellecer, el amor incansable que jamás dice basta, que siempre, siempre quiere dar, mucho más que rechazando a mi Divina Voluntad moría el orden, el aire, el alimento que debía nutrirlo continuamente. Mira entonces cuántos bienes divinos hizo morir en sí mismo el hombre al sustraerse de mi Divina Voluntad; ahora, donde ha estado la muerte del bien, se requiere el sacrificio de la vida para hacer resurgir el bien destruido.  He aquí por qué, justa y sabiamente, cuando he querido renovar el mundo y dar un bien a las criaturas, he pedido el sacrificio de vida, como pedí el sacrificio a Abraham, que me sacrificara a su único hijo, como en efecto lo hizo, pero impedido por Mí se detuvo, y en aquel sacrificio que le costaba a Abraham más que su propia vida, resurgía la nueva generación donde debía descender el Divino Libertador y Redentor, que debía hacer resurgir el bien muerto en la criatura.  Con el andar del tiempo permití el sacrificio de Jacob, con el gran dolor de la muerte de su amado hijo José, y si bien no murió, pero para él fue como si en realidad hubiese muerto; era la nueva llamada al celestial Libertador la que resurgía en aquel sacrificio, que llamaba a hacer resurgir el bien perdido.  Además de esto, Yo mismo al venir a la tierra quise morir, pero con el sacrificio de mi muerte llamaba al resurgimiento de tantas vidas y el bien que la criatura había hecho morir, y quise resucitar para confirmar la vida del bien y la resurrección a la familia humana.  Qué gran delito es hacer morir el bien, tanto, que se requiere el sacrificio de otras vidas para hacerlo resurgir.  Ahora, con toda mi Redención y con el sacrificio de mi muerte, no reinando mi Divina Voluntad, no todo el bien ha resurgido en la criatura, Ella está reprimida y no puede desarrollar la santidad que quiere, el bien sufre intermitencias, ahora surge, ahora muere, y mi Fiat queda con el dolor continuo de no poder hacer surgir todo el bien que quiere en la criatura.  Es por esto por lo que me quedé Sacramentado en la pequeña Hostia, partí para el cielo, pero al mismo tiempo me quedé en la tierra, en medio a las criaturas, para nacer, vivir y morir, si bien místicamente, para hacer resurgir todo el bien en ellas, que el hombre rechazó con sustraerse de mi Divina Voluntad.  Y a mi sacrificio quise unido el sacrificio de tu vida, para hacer resurgir su reino en medio de las generaciones humanas, y desde cada Tabernáculo estoy como espiando para hacer obra completa, Redención y Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra, contentándome con sacrificarme y morir en cada Hostia para hacer resurgir el Sol de mi Fiat Divino, la nueva era y su pleno triunfo.  Yo al partir de la tierra dije:  ‘Voy al cielo y quedo sobre la tierra en el Sacramento, estaré contento de esperar siglos, sé que me costará mucho, ultrajes inauditos no me faltarán, quizá más que en mi misma Pasión, pero me armaré de paciencia divina, y desde la pequeña Hostia haré obra cumplida, haré reinar mi Querer en los corazones y continuaré estando en medio de ellos para gozarme los frutos de los tantos sacrificios que he sufrido.’  Por eso, únete junto Conmigo al sacrificio por una causa tan santa, y por el justo triunfo de que mi Voluntad reine y domine”.

 

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28-2

Febrero 26, 1930

 

Cómo es necesario desear un bien.  Si no se forma el pueblo a la

Divina Voluntad, no puede tener su reino.  Quien vive en el

Fiat es dueño y señor, quien hace su querer es siervo.

 

(1) Estaba pensando en el gran interés que mi siempre amable Jesús tiene de hacer conocer su Santa Voluntad, y decía entre mí:  “Ama, suspira, quiere que venga su reino, y después tarda en hacerlo surgir en medio a las criaturas; si lo quisiera, todo puede, potencia no le falta, en un momento puede arrollar cielo y tierra, ¿quién puede resistir a su potencia?  Ninguno.  Mucho más que en Jesús, querer y poder es lo mismo, ¿por qué entonces tarda hasta ahora?”  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose y haciéndose sentir en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, el suspirar, desear y querer un bien, es disponerse a recibirlo, y cuando se recibe un bien que tanto se ha suspirado, se ama, se aprecia, se custodia, se le considera bienvenido por ser el portador del bien que suspiraba.  No sólo eso, sino que esto es otro exceso de nuestro amor, que hacemos suspirar el bien que queremos dar, porque queremos que la criatura ponga algo de lo suyo, al menos sus suspiros, sus oraciones, su voluntad de querer el bien, para poderle decir:  ‘Mira, te lo has merecido, porque por parte tuya has hecho lo que has podido por obtenerlo, y Nosotros, con todo el corazón te lo damos’, mientras que todo es efecto de nuestra bondad.  Y es esta la causa por la que hacemos saber antes a las criaturas lo que queremos dar; se puede decir que nos ponemos en correspondencia mandando nuestras cartas de aviso, enviamos nuestros mensajeros haciéndolos decir lo que queremos dar, y todo esto para disponerlas, para hacerlas suspirar el gran don que queremos dar.  ¿No hicimos lo mismo para el reino de la Redención?  Fueron cuatro mil años de espera, y por cuanto más se acercaba el tiempo, más urgentes eran los avisos, más frecuentes las cartas, y todo para disponerlos.  Así es para el reino de mi Divina Voluntad, tardo porque quiero que lo sepan, que rueguen, que suspiren que venga a reinar, que comprendan el gran don de Ella, y así poderles decir:  ‘Lo habéis querido, os lo habéis merecido, y Ella ya viene a reinar en medio de ustedes; con conocerla, pedirla y suspirarla, habéis formado su pueblo elegido donde pueda dominar y reinar’.  Sin pueblo no se puede formar un reino, y he aquí la otra causa por la que quiero que se sepa que mi Voluntad Divina quiere reinar sobre la tierra:  ‘Que pidan, que la suspiren, que se dispongan para formar su pueblo donde descienda en medio a ellos y formar su morada real, su sede, su trono.’  Por eso no te debe maravillar que mientras ves tanto interés por parte mía que quiero que mi Voluntad reine, después veas que tarda, son las disposiciones de nuestra sabiduría inalcanzable que todo dispone con orden, y el retardo sirve para poner en camino sus conocimientos que harán de cartas, de telégrafos, de teléfono, de mensajeros, para formar el pueblo a mi Divina Voluntad.  Por eso ruega y tu vuelo en Ella sea continuo”.

(3) Después de esto seguía mi giro en el Fiat Divino, y llegando al Edén me he detenido a pensar en el amor que se intercambiaba entre Dios y Adán inocente, cómo la Divinidad no encontrando ningún obstáculo por parte del hombre, se vertía a torrentes sobre de él, con su amor lo raptaba a Sí con dulces atractivos, haciéndole oír su voz toda suavidad que le decía:  “Hijo, te amo, te amo mucho”.  Y Adán, herido y raptado por el eterno amor repetía su estribillo:  “Te amo, te amo”.  Y lanzándose en los brazos de su Creador se estrechaba tanto, que no sabía separarse, como del único amor que conocía y que vivía sólo para amarlo.  Pero mientras mi mente se perdía en este amor recíproco de Dios y la criatura, mi dulce Jesús, todo bondad me ha dicho:

(4) “Hija mía, qué dulce recuerdo es la creación del hombre.  Él era feliz y Nosotros también, sentíamos el fruto de la felicidad de nuestra obra, sentíamos mucho gusto en amarlo y en ser amados.  Nuestra Voluntad Divina nos lo conservaba fresco y bello, y llevándolo entre sus brazos de luz nos hacía contemplar cómo era bella la obra creada por Nosotros, nuestro amado hijo, y como hijo lo teníamos en nuestra casa, en nuestros bienes interminables, y por consecuencia, como era hijo, actuaba como dueño.  Habría sido contra la naturaleza de nuestro amor no hacer dueño a quien tanto amábamos y nos amaba; en el verdadero amor no hay tuyo y mío, sino todo es en común.  Y además, con hacerlo dueño nada nos venía de mal, nos alegraba, nos hacía sonreír, nos entretenía, nos daba las bellas sorpresas de nuestros mismos bienes, y además ¿cómo no debía ser dueño si poseía nuestra Voluntad Divina que señorea todo y domina todo?  Para no hacerlo dueño debíamos poner en servidumbre a nuestra Voluntad, lo que no podía ser, donde Ella reina no existe servidumbre, sino todo es dominio.  Por eso, hasta en tanto que el hombre vivió en nuestro Fiat Divino, no conoció servidumbre; en cuanto pecó, sustrayéndose de nuestro Querer Divino, perdió el señorío y se redujo a esclavitud.  ¡Qué cambio, de hijo a siervo!  Perdió el mando sobre las cosas creadas, se volvió el siervo de todos.  El hombre con retirarse de nuestro Fiat Divino se sintió sacudido hasta en lo más profundo, y su misma persona la sintió vacilante, sintió qué cosa es debilidad, y se sintió siervo de pasiones que lo hacían avergonzarse de sí mismo, y llegó a perder su dominio.  Así que no estaba más en su poder, como antes, la fuerza, la luz, la gracia, la paz, sino que la debía mendigar de su Creador con lágrimas y oraciones.  ¿Ves entonces lo que significa vivir en mi Querer Divino?  Ser dueña; quien hace su voluntad es siervo”.

(5) Y yo sorprendida por lo que Jesús decía le he dicho:  “Amor mío, por cuan consolador es oírte hablar de tu Querer Divino, otro tanto es doloroso oír los males de la voluntad humana”.  Y Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, si es necesario hablarte de mi Fiat Divino que servirá como invitación, alicientes, voces suaves, dulces y fuertes para llamar a todos a vivir en la morada regia de mi Divina Voluntad, a fin de que no sean más siervos sino dueños, así es necesario hablarte de los males de la voluntad humana, porque Yo no quitaré jamás el libre albedrío al hombre, por eso es necesario que en el reino de mi Voluntad Divina haga montar las guardias, los nobles centinelas que tengan en guardia a las criaturas, haciéndoles conocer el gran mal del querer humano, a fin de que estén muy atentos, y aborreciéndolo, amen la felicidad y el señorío que les da mi Divina Voluntad”.

 

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28-3

Marzo 5, 1930

 

Jesús quiere ver su Fiat palpitante en la criatura.  El vivir en Él es

el llamado a todos los actos en la Unidad Divina.  Qué significa Unidad.

 

(1) Vivo siempre en el dolor de la privación de mi dulce Jesús; ¡qué duro martirio!  Si no fuera porque su Querer Santo ha tomado su lugar, haciéndose sentir continuamente, que mientras me da vida me tiene siempre ocupada y perdida en Él, yo no sé como haría para vivir, pero a pesar de todo esto, los tantos queridos recuerdos de Jesús al que yo creía que no perdería jamás de vista, sus dulces y repetidas visitas, sus tantas estratagemas amorosas, sus tantas sorpresas, que me parecía vivir más en el cielo que en la tierra, al sólo recordarlo son heridas crueles que me hacen más crudo mi doloroso martirio.  ¡Ah Jesús, Jesús!  Cómo te es fácil hacer a un lado y olvidar a quien te ama, y así formas su martirio, y Tú mismo habías dicho tantas veces que me amabas.  ¡Ah Jesús, regresa porque no puedo más!  Pero mientras mi pobre alma sentía la fiebre por querer a Jesús, y delirando desatinaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior y estrechándome entre sus brazos, casi para poner termino a mis desatinos me ha dicho:

(2) “Hija mía, tranquilízate, tranquilízate, estoy aquí, no te he puesto a un lado, ni la naturaleza de mi amor sabe olvidar a ninguno, más bien estoy en ti para dirigir todos tus actos en mi Divina Voluntad, porque no quiero que ningún acto tuyo, aun mínimo, no sea noble y divino y que no tenga el sello de mi Fiat Divino, quiero verlo palpitando en todos tus actos, éste es todo mi empeño, formar la primera copia del alma que debe vivir en mi Querer Divino”.

(3) Dicho esto ha hecho silencio, y yo seguía mi giro en el Fiat Divino, quería recoger todo lo que han hecho las criaturas para encerrar todo en la Divina Voluntad, y mi Sumo Bien Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, el vivir en mi Querer Divino es la llamada a todos los actos de las criaturas en la unidad de Ella.  Todo ha salido de dentro de su unidad, de nuestro acto único que da vida a todos los actos, por eso es derecho nuestro, de justicia, que todo nos regrese para reconocer de dónde han salido.  El reconocer de dónde viene un acto, quién es el que hace salir a vida a tantos actos, en qué modo y cómo, es el más bello homenaje a nuestra potencia y sabiduría, que con un solo acto es vida de todos los actos.  Y sólo quien vive en mi Fiat, abrazando todo junto con Él, toma como en un puño todo, y encerrando todo en aquel Querer en el cual vive, sube a nuestra unidad para traernos todo, y darnos los verdaderos homenajes de todos los efectos de nuestro único acto.  He aquí por qué el girar en nuestra Voluntad Divina no sólo recoge todo, sino comunica tu acto a todas las cosas creadas, de modo que todo el cielo se pone en actitud de adoración junto con tus adoraciones, el sol en actitud de amarnos junto con tu amor, el viento a glorificarnos junto contigo, en suma, todas las cosas creadas, sintiendo en mi Voluntad de la cual están todas investidas, tu acto que haces en Ella, todas se ponen en actitud de amarnos, de adorarnos, darnos gloria y agradecimientos, de modo que sentimos que en nuestro Fiat Divino la criatura nos da la plenitud del amor, la totalidad de la adoración, la gloria completa.  Por eso sigue tu vuelo en mi Querer Divino y no te ocupes de otra cosa, porque en Él tienes mucho qué hacer”.

(5) Entonces yo he quedado pensativa acerca de la unidad del Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, ¿sabes tú qué significa unidad de Voluntad Divina?  Significa que de dentro de esta única Voluntad, no hay cosa de bello, de bueno y de santo que no salga de Ella.  Esta nuestra única Voluntad Divina, una es su unidad, uno es su acto, pero mientras es una se extiende por todas partes la Voluntad, la unidad y el acto; y como se extiende dondequiera, como dentro de un solo aliento hace todo, abraza todo y da vida a todo.  Entonces, quien vive en nuestro Querer se funde en nuestra unidad, y todo lo que hace no sale fuera de Nosotros, sino queda dentro de Nosotros.  En cambio quien vive fuera de Ella, sentimos el dolor del desgarro que hace de sus actos de dentro de nuestra Voluntad, y mientras los arranca no nos los regresa, porque nuestra Voluntad Divina no es una con la suya.  Por eso la gran diferencia de quien vive fuera de nuestro Fiat, todos sus actos son actos divididos y arrancados, no fundidos juntos, por lo tanto no tendrá el bien de sentir en sí la plenitud de la luz, de la felicidad y de todos los bienes, sino que todo será miseria, debilidad y escasez de luz”.

 

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28-4

Marzo 9, 1930

 

Los conocimientos sobre la Divina Voluntad contienen

la ciencia de formar su Vida y el pueblo de su reino.  Al

solo recuerdo de lo que Jesús hizo y padeció, su amor se

renueva, se inflama y desborda fuera para bien de las criaturas.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, me siento estrechada entre sus brazos de luz, y tan fuertemente que no me es dado el separarme ni siquiera un poquito, y mucho menos yo quiero hacerlo, me cuidaría muy bien de separarme de su seno de luz; me parece que sea un acuerdo entre el Querer Divino y yo, que ambos no nos podemos separar.  ¡Oh Querer Santo, cómo eres amable y potente!  Con tu amabilidad me atraes, me raptas, me fascinas, y yo extática no sabría cómo hacer para no estar fija en Ti, y con tu potencia te mantienes firme sobre mi pequeñez, te viertes a torrentes, de modo que he perdido el camino para salir de tu luz interminable, pero feliz pérdida.  ¡Oh Fiat adorable, haz perder a todos el camino, a fin de que no conozcan otro camino que aquél que conduce a tu Divina Voluntad!  ¿Pero cómo podrán hacer las criaturas para conocer un bien tan grande?  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndose oír en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, los conocimientos sobre mi Querer Divino son caminos que pueden conducir a las criaturas a los brazos de luz de mi Fiat Divino.  Los conocimientos son semillas, y esta semilla hace nacer el principio de la Vida de mi Divina Voluntad en la criatura; los conocimientos, cada uno de los cuales será como sorbos de vida, que formarán en la criatura la maduración de esta Vida Divina; por eso te he dicho tantas cosas sobre mi Fiat Divino, cada conocimiento llevará, quién el germen, quién el nacimiento, quién el alimento, quién el respiro, quién el aire, quién la luz y el calor para madurar la Vida de mi Querer en las almas.  Cada conocimiento contiene un grado de más de maduración, por eso, por cuanto más busquen conocer lo que he manifestado sobre mi Fiat Divino, más se sentirán madurados.  Mis conocimientos sobre Él moldearán las almas, y con su toque apagarán los males del querer humano; estos conocimientos harán de madre piadosa, que a cualquier costo quiere sanar a su hijo y verlo sano y bello.  Si supieras qué significa un conocimiento sobre mi Divina Voluntad, ellos contienen la ciencia de formar la Vida de Ella, la ciencia para formar el pueblo de su reino.  Mira, también en el orden natural sucede así, quien quiere hacerse maestro es necesario que conozca lo que concierne a las ciencias, y si no se quiere aplicar a conocer las ciencias, jamás estará maduro para ser maestro, y según los grados de las ciencias que ha estudiado, poseerá más o menos los grados de instrucción:  si pocas ciencias, podrá ser maestro elemental, y si ha estudiado muchas ciencias, podrá ser profesor de escuelas superiores.  Así que según se conoce, tanto en las artes como en las ciencias, tanto más son maduros en aquel bien que conocen, y son capaces de hacer madurar en los demás el bien, las ciencias, las artes que poseen.  Ahora, con el haberte dicho tantos conocimientos sobre mi Divina Voluntad, no ha sido para darte una bella noticia, no, no, ha sido para formar la ciencia de Ella primero en ti, y después en medio a las criaturas, a fin de que conocida esta ciencia divina y toda de cielo, pueda hacer madurar la Vida de mi Fiat Divino y formar su reino”.

(3) Después de esto estaba siguiendo mi giro en el Querer Divino, y ahora me detenía en un punto, y ahora en algún otro de lo que había hecho y padecido mi amado Jesús, y Él, como herido por sus mismos actos que yo le ponía alrededor con decirle:  “Amor mío, mi te amo corre en el tuyo; mira oh Jesús, cuánto nos has amado, sin embargo te falta otra cosa por hacer, no has hecho todo, te falta darnos el gran don de tu Fiat Divino como vida en medio a las criaturas, a fin de que reine y forme su pueblo; pronto, oh Jesús, ¿qué esperas?  Tus mismas obras, tus penas, reclaman el Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra”.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:

(4) “Hija mía, cuando un alma recuerda lo que Yo hice y sufrí en el curso de mi Vida acá abajo, me siento renovar mi amor, por lo cual se inflama y desborda, y el mar de mi amor forma olas altísimas para verterse en modo duplicado sobre las criaturas.  Si tú supieras con cuanto amor te espero cuando giras en mi Querer Divino en cada uno de mis actos, porque en Él todo lo que Yo hice y sufrí, está todo en acto como si realmente lo estuviese haciendo, y Yo con todo amor te espero para decirte: ‘Mira hija, esto lo hice para ti, lo sufrí por ti, ven a reconocer las propiedades de tu Jesús, que son también tuyas’.  Mi corazón sufriría si la pequeña hija de mi Querer Divino no reconociera todos mis bienes; tener ocultos nuestros bienes a quien vive en nuestro Fiat Divino, sería no tenerla como hija, o bien, no tener con ella nuestra plena confianza, lo que no puede ser, porque nuestra Voluntad nos la unifica tanto, que lo que es nuestro es suyo.  Así que para Nosotros sería más bien una pena, y nos encontraríamos en las condiciones de un padre riquísimo que posee muchas propiedades, y los hijos no saben que el padre posee tantos bienes, por lo que no conociéndolos se habitúan a vivir como pobres, a tener modos rústicos, ni se preocupan de vestir noblemente; ¿no sería un dolor para el padre que tiene ocultas sus propiedades a estos hijos?  Mientras que con hacerlas conocer cambiarían hábitos en el vivir, vestir, y usarían modos nobles según su condición.  Si dolor sería para un padre terreno, mucho más para tu Jesús, que es Padre Celestial.  Conforme te hago conocer lo que he hecho y padecido, y los bienes que posee mi Querer Divino, así mi amor crece hacia ti, y tu amor crece siempre más hacia Mí, y mi corazón se alegra al ver a la pequeña hija nuestra rica de nuestros mismos bienes.  Por eso tu girar en mi Querer Divino es un desahogo de mi amor, y me dispone a hacerte conocer cosas nuevas y a darte una leccioncita de más de todo lo que nos pertenece, y te dispone a ti a escucharla y a recibir nuestros dones”.

 

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28-5

Marzo 12, 1930

 

Dios no toma en cuenta el tiempo, sino los actos que hacemos.

Ejemplo de Noé.  El bien que posee un sacrificio prolijo y

continuo.  Cada acto de criatura posee su germen distinto.

 

(1) Mi vuelo en el Fiat Divino continúa, mi pobre mente no sabe estar sin girar en sus actos innumerables, siento que una fuerza suprema me la tiene como fijada en las obras de mi Creador, y ella gira y vuelve a girar siempre, sin cansarse jamás, y ¡oh! cuántas bellas sorpresas encuentra, ahora en la Creación, ahora en la Redención, y en las que me sorprenden el bendito Jesús se hace narrador, y esto no es otra cosa que una invención más grande de su amor.  Después, mientras giraba en el Edén y en los tiempos antes de su venida a la tierra, pensaba entre mí:  “¿Y por qué Jesús tardó tanto tiempo para venir a redimir al género humano?”  Y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestra sabiduría infinita cuando debe dar un bien a la criatura, no cuenta el tiempo, sino los actos de las criaturas, porque ante la Divinidad no existen días y años, sino sólo un día perenne, y por eso no medimos el tiempo, sino que vienen contados por Nosotros los actos que han hecho.  Así que en aquel tiempo que a ti te parece tan largo, no habían sido hechos los actos queridos por Nosotros para venir a redimir al hombre, y sólo los actos determinan hacer venir el bien, y no el tiempo.  Mucho más que obligaban a nuestra Justicia a exterminarlos de la faz de la tierra, como sucedió en el diluvio, que sólo Noé mereció, con el obedecer a nuestra Voluntad y con la prolijidad de su largo sacrificio de fabricar el arca, el salvarse con su familia y encontrar en sus actos la continuación de la nueva generación en la cual debía venir el prometido Mesías.  Un sacrificio prolijo y continuo posee tal atractivo y fuerza raptora sobre el Ente Supremo, que lo hacen decretar dar bienes grandes y continuación de vida al género humano.  Si Noé no hubiese obedecido y no se hubiese sacrificado en cumplir un trabajo tan largo, habría sido arrollado también él en el diluvio, y no salvándose a sí mismo, el mundo, la nueva generación habría terminado.  Mira qué significa un sacrificio prolijo y continuo, es tan grande que pone a salvo a sí mismo y hace surgir la vida nueva en los demás, y el bien que hemos establecido dar.  He aquí el por qué para el reino de mi Divina Voluntad he querido tu largo y continuo sacrificio de tantos años de cama.  Tu largo sacrificio te ponía a ti a salvo, más que arca en el reino de mi Divina Voluntad, e inclina a mi bondad a dar un bien tan grande, como es el de hacerla reinar en medio a las criaturas”.

(3) Después de esto continuaba mi giro en el Fiat Divino para llevar todos los actos de las criaturas en homenaje a mi Creador, y pensaba entre mí:  “Si llego a recoger todo lo que ellas han hecho y encerrar todo en el Querer Divino, ¿no se cambiarán en actos de Divina Voluntad?”  y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, todos los actos de las criaturas, cada uno de ellos posee su germen según como ha sido hecho, si no ha sido hecho en mi Fiat Divino no posee su germen, por lo tanto no podrá jamás ser acto de mi Voluntad, porque en el acto de hacerlo faltaba su germen de luz, que tiene la virtud de cambiarlo en sol, que pone su germen de luz como acto primero en el acto de la criatura.  En los actos de las criaturas sucede como si una persona tiene la semilla de flores, sembrándola tendrá flores, y si siembra la semilla de frutos, tendrá frutos, y ni la semilla de flores dará frutos, ni la de los frutos dará flores, sino que cada una dará según la naturaleza de su semilla.  Así los actos de las criaturas, si en el acto ha estado un fin bueno, una finalidad santa, para agradarme, para amarme, en cada uno de los actos se verá:  en uno el germen de la bondad, en otro el germen de la santidad, el germen de agradarme, el germen de amarme; estos gérmenes no son luz, pero simbolizan:  quién la flor, quién el fruto, quién una plantita y quién una gema preciosa, y Yo siento el homenaje de la flor, del fruto, y así de lo demás, pero no el homenaje que me puede dar un Sol; y recogiendo tú todos estos actos para encerrarlos en mi Fiat, quedan tal como son, cada uno la naturaleza que la semilla le ha dado, y se ven que son actos que puede hacer la criatura, no actos que puede hacer mi Divina Voluntad con su germen de luz en el acto de ellas.  El germen de Voluntad Divina no viene cedido por Ella, sino cuando la criatura vive en Ella, y en sus actos le da el primer puesto de honor”.

 

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28-6

Marzo 24, 1930

 

La criatura no es otra cosa que efecto de los reflejos de Dios.

Amor de Dios al crearla.  La firmeza en repetir los mismos

actos, forma en el alma la vida del bien que se quiere.

 

(1) Estaba haciendo el giro en el Fiat Divino para seguir todos sus actos, y habiendo llegado al Edén, comprendía y admiraba el acto magnánimo de Dios, y su amor exuberante y rebosante en la creación del hombre, y mi siempre amable Jesús, no pudiendo contener sus llamas de amor me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestro amor se apasionó tanto en el acto en que creamos al hombre, que no hicimos otra cosa que reflejar sobre él, a fin de que fuese obra digna de nuestras manos creadoras, y conforme nuestros reflejos llovían sobre él, así en el hombre le venía infundida la inteligencia, la vista, el oído, la palabra, el latido en el corazón, el movimiento a las manos, el paso a los pies.  Nuestro Ser Divino es purísimo espíritu, y por eso no teníamos sentidos, en el conjunto de todo nuestro Ser Divino somos luz purísima e inaccesible, esta luz es ojo, es oído, es palabra, es obra, es paso.  Esta luz hace todo, mira todo, siente todo, escucha todo, se encuentra por todas partes, ninguno puede huir del imperio de nuestra luz.  Por eso, mientras creamos al hombre fue tanto nuestro amor, que nuestra luz llevando nuestros reflejos sobre él lo formaba, y formándolo le llevaba los efectos de los reflejos de Dios.  Ve entonces hija mía con cuánto amor fue creado el hombre, hasta llegar a deshacerse nuestro Ser Divino en reflejos sobre él, para comunicarle nuestra imagen y semejanza; ¿se podía dar amor más grande?  No obstante se sirve de nuestros reflejos para ofendernos, mientras que se debía servir de estos nuestros reflejos para venir a Nosotros, y con estos reflejos dados por Nosotros decirnos:  Cuán bello me creó tu amor, y yo por correspondencia te amo, te amaré siempre, y quiero vivir en la luz de tu Divina Voluntad”.

(3) Después continuaba a seguir los actos en el Fiat Divino, y pensaba entre mí:  “Estoy siempre aquí, repetir, repetir siempre la larga historia de mis actos en el Querer Divino, la larga cantaleta de mi ‘te amo’, ¿pero cuáles son los efectos?  ¡Oh! si pudiese obtener que la Divina Voluntad fuese conocida y reinase sobre la tierra, al menos me sería de ganancia”. Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús me ha estrechado a su corazón divino y me ha dicho:

(4) “Hija mía, la firmeza en el pedir forma la vida del bien que se pide, dispone al alma a recibir el bien que quiere, y mueve a Dios a dar el don que se pide.  Mucho más que con los tantos actos repetidos y oraciones que ha hecho, ha formado en sí la vida, el ejercicio, la costumbre del bien que pide.  Dios, vencido por la firmeza del pedir le hará el don, y encontrando en la criatura, en virtud de sus actos repetidos, como una vida del don que le hace, convertirá en naturaleza el bien pedido, de modo que la criatura se sentirá poseedora y victoriosa, se sentirá transformada en el don que ha recibido.  Por eso tu pedir incesantemente el reino de mi Divina Voluntad formará en ti su Vida, y tu continuo ‘te amo’ forma en ti la Vida de mi amor; y habiéndote Yo hecho el don del uno y del otro, sientes en ti como si tu misma naturaleza no sintiese otra cosa que la virtud vivificadora de mi Querer y de mi amor.  La firmeza en el pedir es certeza de que el don es suyo; y con el pedir para todos el reino de mi Divina Voluntad, es preludio de que los otros pueden recibir el gran don de mi Fiat Supremo.  Por eso continúa repitiendo y no te canses”.

 

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28-7

Abril 1, 1930

 

Qué significa entrar en el acto primero del Querer Divino; las gotitas

que la criatura forma en su mar de luz.  Cómo Dios en todas las cosas

creadas pone tantos actos de amor por cuantas veces se debía servir

de ellas la criatura.  Cómo la vida tiene necesidad de alimento.

 

(1) Mi pobre inteligencia se siente como atraída a navegar el mar inmenso del Fiat Divino, y en su mar va en busca de sus actos para amarlos, adorarlos y hacerles compañía, así que mi pobre mente está bajo el influjo de una fuerza irresistible, que la hace ir siempre vagando en busca de los actos del Supremo Querer.  Pero mientras esto hacía pensaba:  “¿Qué bien hago en girar y volver a girar en el mar del Fiat Divino?”  Y mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, por cuantas veces giras en el mar de mi Querer Divino, tantos puestos tomas en Él, y formas tus gotitas en nuestro mar, las cuales se pierden en él y quedan inseparables, y Nosotros sentimos tus gotitas que nos aman y hacen una sola vida con Nosotros y decimos:  ‘La recién nacida de nuestro Querer nos ama en nuestro mar, no fuera de él, es justo que le cedamos los derechos de hacerla venir cuantas veces quiera a nuestro mar, mucho más que ella no quiere otra cosa que lo que queremos Nosotros, y ésta es la alegría más grande que nos trae, como si nos trajese en su pequeño regazo toda nuestra Divina Voluntad, que desbordándola por todas partes queda eclipsada en su luz, y Nosotros gozamos al ver tu pequeñez encerrada en nuestra luz’.  Y si tú sientes la fuerza irresistible de venir a hacer tus giros en el mar de nuestro Fiat, es la fuerza imperante de Él, que ama tanto el ver tu pequeñez formar las gotitas de luz en su mar.  He aquí lo que significa entrar en el acto primero de nuestro Querer, la criatura que toma su puesto en Él y ahí forma sus gotitas.  Por eso, ten como gran fortuna tu girar siempre en nuestro Fiat”.

(3) Después seguía los actos del Fiat Divino en la Creación, y me parecía que todos palpitaban de amor de su Creador hacia las criaturas.  El cielo, las estrellas, el sol, el aire, el viento, el mar, y todas las cosas creadas están en perfecto acuerdo entre ellas, tanto, que si bien son distintas entre ellas, pero viven como fundidas juntas, tan es verdad, que donde está la luz del sol, en el mismo espacio está el aire, el viento, el mar, la tierra, pero cada una tiene su latido de amor distinto hacia la criatura.  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi siempre amable Jesús estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(4) “Hija mía, nuestro amor en la Creación fue exuberante, pero siempre hacia el hombre, en cada cosa creada poníamos tantos actos de amor por cuantas veces se debía servir de ellas la criatura.  Nuestro Fiat Divino que mantiene el equilibrio en toda la Creación y es vida perenne de ella, en cuanto ve que la criatura está por servirse de la luz del sol, pone en ejercicio a nuestro amor para hacerlo encontrar en la luz que la criatura recibe; si bebe agua, nuestro amor se hace encontrar para decirle mientras bebe:  ‘Te amo’; si respira el aire, nuestro amor le dice repetidamente:  ‘Te amo’; si camina, la tierra le dice bajo sus pasos:  ‘Te amo.’  No hay cosa que la criatura tome, toque o vea, en que nuestro amor no haga su feliz encuentro con la criatura con decirle:  ‘Te amo’, para darle amor.  ¿Pero saber tú cuál es la causa de tanta insistencia de nuestro amor?  Para recibir en cada cosa que tome la criatura el encuentro de su amor.  Por eso el amor infinito quería encontrarse con el amor finito y formar uno solo para poner en la criatura el equilibrio de su amor.  Y como la criatura se sirve de las cosas creadas sin ni siquiera pensar que nuestro amor le va al encuentro en las cosas que toma, para oír nuestro repetido estribillo:  ‘Te amo, te amo’, y se sirve de ellas sin tener una mirada para Aquél que se las manda, el amor de la criatura queda desequilibrado, porque no encontrándose con nuestro amor, pierde el equilibrio y queda desordenado en todos sus actos, porque ha perdido el equilibrio divino y la fuerza del amor de su Creador.  Por eso sé atenta con tu correspondencia de amor para repararme por tanta frialdad de las criaturas”.

(5) Después seguía mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “Pero, ¿para qué sirven las tantas veces que giro y vuelvo a girar en el Fiat Supremo para seguir sus actos?  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, todas las vidas tienen necesidad de alimento, sin alimento ni se forma ni crece la persona, y si éste falta, hay peligro que le sea quitada la vida.  Ahora, el seguir a mi Voluntad, unirse a sus actos, girar y volver a girar en Ella, sirve para formar el alimento para alimentar, formar y hacer crecer su Vida en tu alma.  Ella no sabe alimentarse de otros actos sino de aquellos que se hacen en su Querer, ni se puede formar en la criatura, ni crecer, si no entra en Ella, y con la unión de sus actos forma su parto de luz, para formar su Vida de Divina Voluntad en la criatura.  Y por cuantos más actos de Divina Voluntad forma, tanto más se une con sus actos y vive en Ella, tanto más alimento abundante forma para alimentarla y hacerla crecer siempre más rápido en su alma.  Por eso tu girar en Ella es Vida que forma, es alimento que sirve al desarrollo de la Vida a mi Divina Voluntad en tu alma, y sirve para preparar el alimento para alimentar mi Voluntad en las otras criaturas.  Por eso sé atenta y no quieras detenerte”.

 

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28-8

Abril 12, 1930

 

Los actos hechos en el Querer Divino son muros de luz en torno a Jesús.

El sol, sembrador de amor de su Creador.  El Sol de la Divina Voluntad

forma su Sol en la criatura, y hace de sembrador divino.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y siguiendo sus actos estaba pensando y acompañando las penas amarguísimas de mi dulce Jesús, y decía entre mí:  “¡Oh, cómo quisiera defender e impedir que Jesús recibiese nuevas ofensas!”  Y Él moviéndose en mi interior y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, si me quieres defender de modo que las ofensas no lleguen a Mí, repárame en mi Divina Voluntad, porque conforme tú repares en Ella formarás un muro de luz en torno a Mí, y si me ofenden, las ofensas quedarán por fuera de este muro de luz, no entrarán, y Yo me sentiré defendido por este muro de luz, o sea por mi misma Voluntad y me estaré al seguro.  Así que tu amor en mi Querer Divino me formará muro de amor, de luz; tu adoración, tus reparaciones me formarán muro de luz, de adoraciones y de reparaciones, de modo que el desamor, los desprecios de las criaturas no llegarán hasta Mí, sino que quedarán fuera de estos muros, y si los sentiré, los sentiré como de lejos, porque la hija mía me ha circundado por el muro inexpugnable de mi Divina Voluntad.  Hija mía, el amor, las reparaciones, las oraciones fuera de mi Fiat son apenas gotitas, en cambio en mi Divina Voluntad, las mismas cosas, los mismos actos, son mares, muros altísimos, ríos interminables; tal cual es mi Voluntad inmensa, así vuelve a los actos de la criatura”.

(3) Después seguía al Fiat Supremo en la Creación, y mi mente se perdía en comprender el acto continuo de Él hacia las criaturas, que por medio de las cosas creadas, o directamente nos lleva como en brazos para ser nuestro movimiento, el respiro, el latido, nuestra vida.  ¡Oh, si las criaturas pudiesen ver qué cosa hace esta Divina Voluntad por nosotros, cómo la amarían y se dejarían dominar por Ella.  Pero, ¡ay de mí!  Mientras somos inseparables de la Divina Voluntad, todo nos viene por medio suyo, es más que nuestra misma vida, no se reconoce, no se mira y se vive como si estuviésemos lejanos de Ella.  Después, mientras giraba en la Creación, mi amado Jesús, saliendo de dentro de mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, todas las cosas creadas dicen amor, pero el sol, que con su luz y calor tiene la supremacía sobre todo, es el sembrador de mi amor.  En cuanto surge la mañana así comienza su siembra de amor; su luz y su calor invisten la tierra, y conforme pasa de flor en flor, con su puro toque de luz siembra la diversidad de los colores y de los perfumes, y vierte la semilla del amor, de las diversas cualidades divinas y de sus perfumes amorosos; conforme pasa de planta en planta, de árbol en árbol, así con su beso de luz vierte, dónde la semilla de la dulzura del amor divino, dónde la diversidad de nuestros gustos amorosos, dónde la sustancia del amor divino, en suma, no hay planta, flor, hierba, que no reciba la semilla de nuestro amor que le lleva el sol, se puede decir que pasa su día sembrando amor e irradiando toda la tierra, montes y mares con su luz, siembra dondequiera el amor de la luz eterna de su Creador.  Pero ¿sabes el por qué de esta siembra continua, jamás interrumpida que hace el sol de nuestro amor sobre la faz de la tierra, y en tantos modos?  ¿Tal vez por la tierra?  ¿Por las plantas?  ¡Ah, no, no, todo por las criaturas!  ¡Oh sí, por amor de ellas y para tener la correspondencia del amor de ellas!  Y ¡oh! cómo quedamos heridos y amargados cuando vemos que las criaturas se sirven de las flores, frutos y todas las cosas sin reconocer que en todo lo que toma está la semilla de nuestro amor, que por medio del sol hemos vertido sobre cada cosa creada.  Y a tanto amor se nos niega un te amo”.

(5) Dicho esto ha hecho silencio.  Yo he quedado afligida ante tanto dolor de Jesús y continuaba mis actos en el Fiat Divino, y Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, el sol, si bien incansable en hacer de sembrador de nuestro amor sobre la tierra, en el ocaso, al retirarse para formar el día a otras regiones, parece que da la paz a la tierra, dándole la libertad de producir o no producir la semilla que ha sembrado, reservándose el nuevo asalto de la siembra de amor.  En cambio el Sol de mi Divina Voluntad no deja jamás al alma, en ella pone sus reflejos, y con su luz, más que sol hace de sembrador divino, con sus reflejos forma su Sol en la criatura.  Por eso, para quien vive en mi Querer Divino no hay noches, ni ocasos, ni alba, ni aurora, sino siempre pleno día, porque su luz se da en naturaleza a la criatura, y lo que es naturaleza queda como propiedad.  Mucho más que el Sol de mi Divina Voluntad posee la fuente de la luz, y cuantos Soles quiere formar, tantos forma.  Pero con todo esto, a pesar que para quien vive en mi Querer posee su Sol sin jamás retirarse, el Sol de mi Fiat tiene siempre para dar nueva luz y calor, nueva dulzura, nuevos gustos, nueva belleza, y el alma tiene siempre qué tomar, no hay pausas como con el sol que está bajo la bóveda del cielo, porque no poseyendo la fuente de la luz no puede formar tantos soles según la tierra gira en torno a él.  Pero para el Sol de mi Querer Divino que posee la fuente, su luz golpea siempre, y llamando a la criatura a continuo trabajo con Él, le da siempre su acto nuevo, jamás interrumpido”.

 

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28-9

Abril 18, 1930

 

Cómo todos los primeros actos fueron hechos por Dios en Adán.

Celo del amor Divino.  Garantía y seguridad del Fiat Divino para la

criatura.  Cómo en la Creación del hombre todos estábamos presentes

y en acto. Virtud vivificadora y alimentadora del Querer Divino.

 

(1) Mi pobre alma siente la irresistible necesidad de navegar el mar interminable del Fiat Supremo.  Más que por un imán potente me siento atraída a hacer mi dulce morada en mi amada heredad que mi amado Jesús me ha dado, la cual es su adorable Voluntad; me parece que Jesús me espera ahora en un acto hecho por su Fiat Divino, ahora en otro, para darme sus admirables lecciones.  Entonces mi mente se perdía en el girar en sus actos innumerables, y habiendo llegado al amado Edén, donde todo fue fiesta, mi amado Jesús deteniéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, si tú supieras con cuánto amor fue formada la creación del hombre.  Al sólo recordarlo nuestro amor se inflama y forma nuevas inundaciones, y mientras se pone en actitud de fiesta al recordar nuestra obra, bella, perfecta, y donde se puso tal maestría de arte que ningún otro puede formar una similar, era tan bella que llegó a suscitar en nuestro amor el celo de que toda fuera para Nosotros.  Además, el hombre había sido hecho por Nosotros, era nuestro, entonces el ser celoso era un derecho de nuestro amor; tan es verdad que nuestro amor llegó a tanto, que todos los primeros actos hechos en Adán fueron hechos por su Creador; así que el primer acto de amor fue creado y hecho por Nosotros en Adán, el primer latido, el primer pensamiento, la primera palabra, en suma, en todo lo que él pudo hacer después, estaban nuestros actos primeros hechos en él, y sobre nuestros primeros actos seguían los actos de Adán.  Por eso, si amaba, surgía su amor de dentro de nuestro primer acto de amor; si pensaba, su pensamiento surgía de dentro de nuestro pensamiento; y así de todo lo demás.  Si Nosotros no hubiésemos hecho los primeros actos en él, no habría podido ni hacer nada, ni saber hacer nada; en cambio, con el hacer el Ente Supremo los primeros actos, poníamos en Adán tantas fuentecitas por cuantos actos primeros hicimos en él, de modo que cada vez que quisiera repetir nuestros primeros actos, tuviese a su disposición estas fuentecitas, como tantas fuentes de amor, de pensamientos, de palabras, de obras y de pasos.  Así que todo era nuestro, dentro y fuera del hombre, por eso nuestro celo no sólo era un derecho, sino también justicia que todo debía ser para Nosotros y todo nuestro.  Mucho más que le dábamos nuestro Querer Divino a fin de que nos lo conservase bello, fresco y nos lo hiciera crecer con una belleza divina.  Nuestro amor no estaba contento ni satisfecho con tanto que le había dado, quería continuar dando siempre, no quería decir basta, quería continuar su obra de amor, y para tenerlo Consigo, para tener qué hacer con el hombre, le daba nuestro mismo Querer, a fin de que lo volviese capaz de poder recibir siempre y de tenerlo siempre con Nosotros con una sola Voluntad, con Ella todo estaba garantizado y al seguro para él y para Nosotros.  Así que debía ser nuestro entretenimiento, nuestra alegría y felicidad, objeto de nuestra conversación.  Por eso al recuerdo de la creación del hombre, nuestro amor se pone en actitud de fiesta, pero al verlo sin el depósito de garantía de nuestro Fiat, sin seguridad y por lo tanto vacilante, desfigurado y como lejano de Nosotros, se pone en actitud de tristeza y siente todo el peso de nuestro amor infinito como encerrado en Sí mismo, porque no puede darse a él, pues no lo encuentra en nuestra Divina Voluntad.  Pero esto no es todo, no fue sólo en Adán donde tanto se vertió nuestro amor, sino llegó a hacer todos los primeros actos de los cuales debían tener vida todos los actos humanos, cada criatura que debía venir a la luz del día estuvo presente en aquel acto de la creación del hombre, y nuestro Fiat unido a nuestro amor corría, corría, y abrazando a todos y amando con un solo amor a todos, ponía el primado de nuestros actos en cada una de las criaturas que habrían venido a la existencia, porque para Nosotros no hay pasado ni futuro, sino todo es presente y en acto, si esto no fuese, nuestro Fiat se encontraría restringido y obstaculizado, no podría engrandecer tanto sus llamas para encerrar a todos en su luz, de modo de hacer en todos lo que hace en una sola criatura.  Por eso no fue sólo Adán el afortunado de la Creación, sino todas las otras criaturas venían enriquecidas de todos los bienes, y en él, poseedoras de sus mismos bienes.  Mucho más que todo lo que Dios hace en una sola criatura, todas las otras criaturas adquieren el derecho de nuestros actos, a menos quien no quiera servirse de ellos.  ¿No sucedió esto en la misma Redención?  Como la Soberana del cielo tuvo el bien de concebirme y de darme a la luz, todas las otras criaturas adquirieron el derecho de los bienes de la Redención, y no sólo esto, sino de poderme recibir cada una en sus corazones, y sólo quien ingrata no me quiere, permanece privada de Mí.  Ahora hija mía, Adán con desobedecer a nuestros quereres perdió nuestro reino, y todos los bienes de nuestro Fiat permanecieron para él sin la Vida alimentadora y vivificadora de nuestra Divina Voluntad.  Se puede decir que fue como el destructor de los bienes del reino de mi Divina Voluntad en su alma, porque a todos los bienes, si les falta la virtud vivificadora y el alimento continuo, poco a poco pierden la vida.

(3) Ahora, tú debes saber que para llamar de nuevo a vida a estos bienes en la criatura, se necesitaba quién llamase de nuevo a mi Fiat en su alma y que nada le negase, haciéndolo dominar libremente, y así poderle suministrar de nuevo su virtud vivificadora y alimentadora, para llamar de nuevo a vida los bienes destruidos.  He aquí por esto que mi Divina Voluntad con el dominarte, y tú con hacerte dominar, ha puesto nuevamente su virtud vivificante en tu alma y llamándote a su morada te alimenta, para volver a llamar en ti todos sus bienes; y todos tus actos que haces en Ella, tus giros en sus actos, tu pedir continuamente su reino sobre la tierra, no son otra cosa que alimentos que te da, y constituye el derecho a las otras criaturas de poder recibir de nuevo el reino de mi Divina Voluntad con la vida de todos sus bienes.  Yo cuando quiero hacer un bien a todas las criaturas, pongo la fuente surgidora en una criatura, de esta fuente abro tantos canales y doy el derecho a todos de tomar los bienes que la fuente posee.  Por eso sé atenta y tu vuelo en mi Divina Voluntad sea continuo”.

 

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28-10

Abril 23, 1930

 

Dios al crear al hombre no lo separó de Sí.  Condición de

necesidad de amarlo.  El gran don de la Voluntad Divina.

Orden que Dios tuvo al crear al hombre.

 

(1) Me parece que mi dulce Jesús tiene deseos de hablar del amor rebosante con el cual fue creado el hombre, quiere decir su historia como desahogo de su intenso amor para ser compadecido por su pequeña hija, y decirle la causa por la que nos ama tanto, y el derecho que tiene de ser amado.

(2) Después, girando en los actos de su Querer Divino, y habiendo llegado al Edén ha dicho:

(3) “Hija de mi Querer Divino, quiero hacerte conocer todas las particularidades con las cuales fue creado el hombre, para hacerte comprender el exceso de nuestro amor y el derecho de nuestro Fiat de reinar en él.  Tú debes saber que la condición del amor de nuestro Ser Divino en la creación del hombre, era la necesidad de amarlo, porque todo lo que le dimos no quedó separado de Nosotros, sino fundido en Nosotros.  Tan es verdad, que con el aliento le infundimos la vida, pero no retiramos nuestro aliento de aquél creado en él, sino que lo dejamos fundido con el nuestro, de modo que conforme el hombre respiraba sentíamos y sentimos su aliento en el nuestro.  Si con nuestro Fiat creamos la palabra al pronunciarse sobre sus labios, gran don dado a él desde dentro de nuestro Querer Divino, ésta no quedó separada de nuestro Fiat.  Si creamos en él el amor, el movimiento, el paso, este amor quedó vinculado con nuestro amor, con nuestro movimiento y la virtud comunicativa de nuestros pasos en sus pies.  Así que sentíamos al hombre dentro de Nosotros, no fuera de Nosotros; no el hijo lejano, sino cercano, más bien fundido con Nosotros.  ¿Cómo no amarlo si era nuestro, y su vida estaba en la continuación de nuestros actos?  No amarlo sería ir en contra de la naturaleza de nuestro amor.  Y además, ¿quién es aquél que no ama lo que es suyo y lo que ha sido formado por él?  Por eso nuestro Ser Supremo se encontraba y se encuentra todavía ahora en la condición de necesidad de amarlo, porque el hombre es aún hoy aquél creado por Nosotros, su aliento lo sentimos en el nuestro, su palabra es el eco de nuestro Fiat, no hemos retirado todos nuestros dones, somos el Ser inmutable y no estamos sujetos a cambiar, lo amamos y lo seguimos amando, y es tanto este nuestro amor, que Nosotros mismos nos ponemos en la condición de amarlo.  He aquí por qué nuestras tantas estratagemas de amor, y el último asalto que queremos darle es el gran don de nuestro Fiat, a fin de que lo haga reinar en su alma, porque sin nuestro Querer el hombre siente los efectos de su Vida, pero no descubre la causa, y por eso no pone atención en amarnos, en cambio nuestra Divina Voluntad hará sentir quién es Aquél que le da la vida, y entonces también él sentirá la necesidad de amar a Aquél que es causa primaria de todos sus actos y que tanto la ama”.

(4) Después seguía mi giro en la Creación, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, mira qué orden hay en la creación de todo el universo, hay cielo, estrellas, soles, todos ordenados.  Mucho más al crear al hombre, nuestro Ser Divino extendía en el fondo de su alma el orden de nuestras cualidades divinas como tantos cielos, así que extendíamos en él el cielo del amor, el cielo de nuestra bondad, el cielo de nuestra santidad, de nuestra belleza, y así de todo lo demás.  Y después de haber extendido el orden de los cielos de nuestras cualidades divinas, nuestro Fiat en la extensión de estos cielos se constituyó Sol del alma, que con su luz y calor reflejando en él, debía hacer crecer y conservar nuestra Vida Divina en la criatura.  Y así como nuestras cualidades divinas hacen conocer al Ser Supremo, así estos cielos extendidos en el hombre hacen conocer que él es nuestra habitación.  ¿Quién puede decirte el modo, el amor con el cual nos deleitamos al crear al hombre?  ¡Oh, si él conociera quién es, qué posee, cómo se estimaría más y estaría atento a no manchar su alma, y amaría a Aquél que con tanto amor y gracia lo ha creado!”

 

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28-11

Mayo 2, 1930


La Divina Voluntad corre siempre hacia la criatura para abrazarla

y volverla feliz, y tiene virtud de vaciarla de todos los males.  La

carrera del “te amo” en el Querer Divino.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, su luz me eclipsa, su fuerza potente me encadena, su belleza me rapta, tanto, de sentirme clavada sin poderme apartar de pensar y mirar a un Querer tan Santo.  Su Vida abate la mía y me pierdo en su inmensidad, pero mientras mi mente se perdía en el Fiat omnipotente, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad corre siempre como acto primero de vida hacia la criatura, y corre para felicitarla, para abrazarla, para vaciarla del peso de todos los actos humanos, porque todo lo que no es Voluntad mía en la criatura, es duro, pesado y oprimente, y Ella vacía todo lo que es humano y con su soplo vuelve ligera cualquier cosa.  Por eso la señal si el alma vive en mi Divina Voluntad, es si siente en sí la felicidad, porque Ella es por naturaleza feliz, y no puede dar a quien vive en Ella la infelicidad, porque no la posee, y no puede ni quiere cambiar naturaleza.  Por eso quien vive en mi Fiat siente en sí la virtud felicitante, y en todo lo que hace siente correr una vena de felicidad, la cual vuelve ligero cualquier acto, cualquier pena y sacrificio; esta felicidad lleva consigo el vaciamiento de todos los males y llena a la criatura de fuerza invencible, de modo que con toda verdad puede decir:  ‘Todo puedo, a todo puedo llegar, porque me siento transmutada en la Divina Voluntad que ha desterrado de mí las debilidades, las miserias, las pasiones; mi misma voluntad felicitada por la suya quiere beber a grandes sorbos su felicidad divina, y no quiere saber nada más que de vivir de Voluntad Divina’.  La infelicidad, las amarguras, las debilidades, las pasiones, no entran en mi Voluntad, están fuera de Ella; su aire balsámico endulza y fortifica todo, y por cuanto más el alma vive en Ella y repite sus actos en mi Querer Divino, tantos más grados de felicidad, de santidad, de fuerza y belleza divina adquiere, y también en las mismas cosas creadas siente la felicidad que le llevan de su Creador.  Mi Divina Voluntad quiere hacer sentir la naturaleza de su felicidad a la criatura que vive en Ella, y por eso le da la felicidad en la luz del sol, en el aire que respira, en el agua que bebe, en el alimento que come, en la flor que la recrea, en suma, en todo hace sentir que no sabe dar más que felicidad a la criatura, por eso el cielo no está lejano de ella, sino dentro de ella, porque en cualquier cosa la quiere volver feliz”.

(3) Por eso continuaba mi giro en la Creación para seguir al Fiat Divino en todas las cosas creadas, y dondequiera buscaba poner mi acostumbrado ‘te amo’ para corresponderlo por todo su amor esparcido en todo el universo.  Pero mi mente quería interrumpir mi carrera de mi ‘te amo’ continuo con decirme:  ¿Pero existe en mí la vida de este ‘te amo’ que voy siempre repitiendo?  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús estrechándome a Sí me ha dicho:

(4) “Hija mía, has olvidado que un ‘te amo’ en mi Divina Voluntad tiene la virtud de que dicho una vez no termina jamás de decir ‘te amo’; el ‘te amo’ en mi Divina Voluntad es vida, y como vida no puede cesar de vivir, debe tener su acto continuo.  Mi Fiat no sabe hacer actos finitos, y todo lo que la criatura hace en Él adquiere vida continua, y así como a la vida le es necesario el respiro, el latido, el movimiento continuo para vivir, así los actos hechos en mi Voluntad Divina, teniendo su principio en Ella, se cambian en vida, y como vida adquieren la continuación del mismo acto, sin cesar jamás.  Por tanto tu ‘te amo’ no es otra cosa que la continuación de tu primer ‘te amo’; él, como vida quiere el alimento para crecer, el respiro, el latido, el movimiento para vivir, y con el repetir tu ‘te amo’ siente el latido, el respiro, el movimiento, y crece en la plenitud del amor, y sirve para multiplicar tantas vidas de amor por cuantos ‘te amo’ tú dices.  ¡Si tú supieras cómo es bello el ver tantas vidas de amor esparcidas en toda la Creación por cuantos ‘te amo’ dices!  Por eso un ‘te amo’ llama y reclama con insistencia al otro ‘te amo’.  He aquí el por qué tú sientes una necesidad de amor de seguir la carrera del tu ‘te amo’ ; el verdadero bien jamás queda aislado, mucho más en mi Divina Voluntad que siendo Vida que no tiene principio ni fin, todo lo que en Ella se hace no está sujeto ni a terminar ni a ser interrumpido.  Entonces un ‘te amo’ sirve para mantener y llamar a vida otro ‘te amo’, son pasos de vida de amor que la criatura hace en mi mismo Querer.  Por eso no te detengas y sigue la carrera de tu ‘te amo’ para Quien tanto te ha amado”.

 

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28-12

Mayo 10, 1930

 

Todas las cosas creadas son felices porque han sido creadas por

una Voluntad Divina.  Dios amó al hombre con amor perfecto

y le donó amor, santidad, y belleza completas.

 

(1) Mi pequeña alma continúa su curso en las obras que creó la Divina Voluntad, y mientras miraba la Creación para unirme a los homenajes que dan a mi Creador, veía que todo era felicidad en ellas:  El cielo, feliz en su extensión que se extendía a todos los puntos, parece que su extensión dice plenitud de felicidad, y todas sus estrellas son grados de felicidad que el cielo posee, que elevándose hacia su Creador lo glorifica con la felicidad de su extensión y con tantas categorías de estrellas que posee; el sol es feliz en su luz, en la fecundidad de su calor, en la belleza de sus variados colores, en la dulzura y distintos gustos que posee, ¡oh! cómo es feliz, cómo se eleva a Aquél que lo ha creado para llevarle la gloria, los homenajes de tanta felicidad que posee.  Pero mientras mi mente se perdía en las tantas felicidades que posee la Creación, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las cosas creadas son felices, felices porque han sido creadas por una Voluntad Divina que por Sí misma es eternamente feliz, felices por el oficio que ocupan, felices en el espacio en el cual se encuentran, felices porque glorifican a su Creador.  Ninguna cosa creada por Nosotros ha sido creada infeliz, por eso todas poseen la plenitud de la felicidad.

(3) Ahora, si tanta felicidad pusimos en toda la Creación, al crear al hombre no sólo lo creamos doblemente feliz, dándole la vena de la felicidad en la mente, en la mirada, en la palabra, en el latido, en el movimiento, en el paso, sino que le dimos en su poder la misma felicidad, para que la multiplicara en cada acto bueno, palabra, paso, y lo demás que hubiera hecho, no hubieron límites de felicidad para él como en las cosas creadas, al hombre le fue dada la virtud de crecer siempre más en la felicidad, pero esto siempre y cuando se hiciera dominar por mi Divina Voluntad; sin Ella no puede reinar la felicidad.  ¡Oh, si las cosas creadas pudiesen salir de nuestro Fiat, perderían al instante la felicidad y se cambiarían en obras, las más infelices!  Por eso si quieres ser feliz déjate dominar por mi Querer Divino, porque sólo Él tiene la virtud de dar la felicidad a la criatura, y de cambiar en el néctar más dulce las cosas más amargas.  Hija mía, tú debes saber que Nosotros amamos con amor perfecto a la criatura, y por eso al crearla poníamos en ella felicidad completa, amor, santidad y belleza completa, a fin de que la criatura pudiera ponerse en competencia con Nosotros y correspondernos con felicidad, amor y santidad completos, de modo de podernos deleitar tanto en ella, de poder decir:  ‘Cómo es bella la obra creada por Nosotros’.  Y para estar seguros de que nuestros dones no sufrieran detrimento en la criatura, la confiamos a nuestra Divina Voluntad, a fin de que le sirviera de vida para custodiar en ella nuestra felicidad, nuestro amor, nuestra santidad y belleza, haciéndolos crecer siempre.  Por eso todo el bien del hombre estaba ligado a nuestra Divina Voluntad; rechazada Ésta todos los bienes terminan, no hay desventura más grande que la de no hacerse dominar por mi Divina Voluntad, porque sólo Ella es la conservadora y el llamado de nuestros bienes en la criatura”.

 

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28-13

Mayo 20, 1930

 

Toda la Creación es miembro de Dios, y cómo participa

en todas las cualidades divinas.  La Divina Voluntad,

recolectora de todos los actos que le pertenecen.

 

(1) Estaba según mi costumbre siguiendo los actos de la Divina Voluntad en la Creación.  Comprendía que está totalmente unida con su Creador, y parece que como miembro goza la unión con su cuerpo, y en virtud de esta unión el miembro siente el calor, el movimiento, la vida.  Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, cada cosa creada es un miembro mío distinto, y tal me sirve para mantener el orden, la vida de la Creación, y por medio de ella me sirvo, ahora para hacer uso de la misericordia, ahora de mi potencia y ahora de mi justicia; mucho más que estando la Creación inmersa en mi Divina Voluntad, no se puede mover ni obrar si mi Fiat Divino no le da el movimiento, ni la actitud de obrar.  Ahora, al igual que la Creación, la criatura es miembro de Dios, y hasta en tanto que quede unida con Dios participa de todas las cualidades de Dios, del mismo modo que un miembro unido al cuerpo participa de la circulación de la sangre, del calor, del movimiento del mismo cuerpo.  ¿Pero quién mantiene firme esta unión, permanente y en pleno vigor este miembro de la criatura unido a su Creador?  Mi Divina Voluntad.  Ella es vínculo de unión y comunicación de calor y movimiento, en modo de hacer sentir a cada movimiento la Vida de su Creador, y pone, más que sangre, en circulación con este miembro la santidad Divina, la fuerza, la bondad, en suma, todas las cualidades de su Creador; pero si no está mi Voluntad, será un miembro separado que no puede fluir a la comunicación del cuerpo, y si aparentemente parece unido, será como un miembro paralizado que vivirá con dificultad, sin movimiento, y será de fastidio y de dolor a la cabeza divina, el tener un miembro y no poder comunicar el bien de su Vida”.

(3) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, mi Divina Voluntad es la recolectora de todo lo que le pertenece.  Ella, celosa de sus actos no pierde uno solo, porque cada uno de sus actos contiene un acto infinito, una eternidad toda entera, una interminabilidad que no termina jamás, así que son actos no sujetos a perderse, y mi Fiat cuando forma sus actos es tanto el amor, el celo de su acto, que se lo tiene en su regazo de luz como gloria y triunfo de la potencia de su obrar.  Ahora, cuando el alma vive en mi Divina Voluntad y encierra en Ella sus actos, se vuelve un acto de Voluntad Divina, y entonces repite por sí todos los actos que hace la Divina Voluntad, y le da la gloria, la correspondencia de sus actos divinos, y ¡oh! cómo mi Fiat Divino se siente triunfante de esta criatura, porque encuentra en ella un acto puro de su Voluntad, y se hace recolectora de todo lo que puede hacer esta criatura, no pierde ni siquiera un respiro, porque en todo encuentra su Voluntad obrante, y esto le basta para tener actos dignos de Ella, y la ama tanto que la tiene estrechada en su regazo de luz para darle la Vida continua de su Querer, y para recibir de ella la correspondencia.  Por eso hija mía, sé atenta a recibir esta Vida de Voluntad Divina, para poder decir:  Vida de Voluntad Divina me das, y Vida de Voluntad Divina te doy”.

 

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28-14

Junio 2, 1930

 

La Divina Voluntad es paz y seguridad.  Dudas y temores.  Sólo

Jesús es autor de las leyes.  Necesidad de las venidas de Jesús.

La desconfianza, el acto débil de nuestros siglos.

 

(1) Me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús.  ¡Oh Dios, qué pena!  Es pena sin misericordia, sin alivio, sin apoyo, faltando Jesús falta todo, por eso se siente que falta la Vida de quien puede dar vida; es pena que convierte a todo el pobre ser humano en voces que llaman a Aquél que puede darle la vida; es pena de luz que revela con más claridad quien es Jesús.  Pero mientras nadaba en el duro dolor de su privación, otro dolor se agrega, que me martillaba mi pobre inteligencia, me habían dicho que se dudaba de mis escritos porque se encontraba en ellos que Jesús me había besado, abrazado, y casi diariamente había venido a mí.  Mi pobre mente no soportaba y disparatando decía:  “Mira Amor mío qué significa el no hacerte ver y no darte a conocer a todos, si lo hicieras ellos caerían en la red de no poder estar sin Ti y te harían caer a Ti para no poder estar sin ellos”.  Yo me sentía torturada por las dudas, por temores que no es necesario poner sobre el papel.  Y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, tranquilízate, tranquilízate, tú sabes que jamás he tolerado en ti dudas y temores, porque son harapos viejos de la voluntad humana; mi Fiat Divino, donde Él reina no admite estas miserias, porque por su naturaleza es paz y seguridad, y así vuelve al alma que se hace dominar por su luz.  Por eso Yo no quiero nada más de ti, sino que tu respiro, tu latido, todo tu ser, no sea otra cosa que Voluntad mía y amor.  El amor y la Divina Voluntad unidos juntos forman el más grande ofrecimiento, el más bello homenaje que la criatura puede hacer a su Creador, el acto que más se asemeja a nuestro acto.  Por eso estémonos en nuestro puesto de amarnos siempre y de no interrumpir jamás nuestro amor.  Una Voluntad Divina siempre cumplida y un amor nunca interrumpido, es la cosa más grande que se puede encontrar en el cielo y en la tierra, y esto es sólo de nuestro Ser Divino y de quien se da en poder de nuestro Querer.  Además hija mía, ¿por qué ¿por qué te afliges tanto por lo que han dicho?  Yo soy el autor de las leyes y ninguno me puede someter a ninguna ley, y por eso hago lo que quiero y lo que más me agrada.  El disponer de las almas, el cumplir en quién un designio mío, en quién algún otro, es derecho que he reservado para Mí solo, y además, ¿qué es más, el recibirme Sacramentado cada día, entrar en su boca, descender en el estomago y aun en personas llenas de pasiones para comunicar mi Vida, mi sangre para mezclarla con la sangre de ellos, o dar un beso, un abrazo a quien me ama y vive sólo para Mí?  ¡Oh! cómo es verdad que la vista humana es corta, y hacen grandes las cosas pequeñas, y las cosas grandes las hacen pequeñas por la sola razón de que no son comunes a todos.  Además de esto, todo lo que ha pasado entre Yo y tú, tantas intimidades, tantos excesos de mi amor, mis repetidas venidas, lo requería el decoro de mi Divina Voluntad que debía hacer conocer por medio tuyo.  Si Yo no hubiera venido frecuentemente, ¿cómo podía decirte tantas cosas acerca de mi Divina Voluntad?  Si no hubiera hecho en tu corazón mi sede, como mi templo vivo, no habrían sido tan continuas mis lecciones, por eso deberían comprender que todo lo que he hecho a tu alma debía servir a mi Divina Voluntad, la cual todo merece, y el oír mis tantas condescendencias amorosas debía servir para hacer comprender cuánto amo a la criatura, y cuánto puedo amarla, para elevar a la criatura a mi puro amor y a la plena confianza que debe tener hacia quien tanto la ama, porque si entre la criatura y Yo no hay plena confianza, no se pueden elevar a vivir en mi Divina Voluntad.  La desconfianza siempre pone obstáculo a la unión entre Creador y criatura, es la que le impide el vuelo hacia quien tanto la ama, la hace vivir a ras de tierra, y a pesar de que no caiga, le hace sentir a lo vivo sus pasiones.  Mucho más que la desconfianza ha sido el acto débil en el curso de los siglos, y a veces aun las almas buenas han retrocedido en el camino de las virtudes por causa de la desconfianza, y Yo para quitar este entorpecimiento que produce el espectro de la desconfianza, he querido mostrarme contigo todo amor, y a lo familiar más que padre e hija, para volver a llamar no sólo a ti, sino a todos los demás a vivir como hijos, como arrullados en mis brazos, y Yo he gustado, y también tú, cómo es bello tener a la criatura toda amor y toda confianza Conmigo.  Yo puedo dar lo que quiero, y ella no tiene ningún temor de no recibir lo que quiere, así que puesta en orden la verdadera confianza entre la criatura y Yo, viene quitado el mayor obstáculo para hacer reinar mi Divina Voluntad en sus almas.  Entonces hija mía, Yo sé hacia dónde tienden mis miras, y a qué deben servir, sé lo que hago de grande y bello cuando elijo a una criatura, y ¿ellos qué saben?  Y además, siempre tienen algo que decir sobre mi obrar, mi breve vida acá abajo no fue perdonada cuando mi Santísima Humanidad estaba en medio a ellos y Yo era todo amor para ellos, no obstante si me acercaba demasiado a los pecadores tenían qué decir, decían que no era decoroso para Mí tratar con ellos, y Yo los dejaba decir, y sin dar importancia a su hablar hacía mis actos, me acercaba más a los pecadores, los amaba de más para atraerlos a amarme; si hacía milagros tenían qué decir, pues como me creían hijo de San José decían que no podía salir de un artesano el Mesías prometido, e iban suscitando dudas sobre mi Divina Persona, tanto de formar nubes en torno al Sol de mi Humanidad, y Yo suscitaba los vientos para desembarazarme de las nubes y reaparecía más refulgente en medio a ellos para cumplir la finalidad de mi venida a la tierra, la cual era la Redención.  Por eso no te maraville el que hayan encontrado qué decir sobre el modo como me he comportado contigo, y si bien han formado nubes en torno al modo de obrar que he usado contigo, pero Yo suscitaré mis vientos para desembarazarme de estas nubes, y si aman la verdad conocerán que el modo como me he comportado contigo, a pesar de que no lo he usado con otras almas, era necesario para nuestro amor, porque debía servir a nuestra misma Voluntad para hacerla conocer y hacerla reinar”.

(3) Después ha agregado con un acento más tierno:

(4) “Hija mía, pobrecitos, no están habituados a caminar en los campos de la luz de mi Divina Voluntad, por eso no es maravilla que su inteligencia haya quedado como deslumbrada, pero si se habitúan a mirar la luz verán claro que sólo mi amor podía llegar a tanto; y como amo tanto que se conozca mi Divina Voluntad para hacerla reinar, he querido ser exuberante en el exceso de mi amor que contenía en mi corazón.  Es más, todo lo que he hecho contigo se pueden llamar preludios de lo que haré a aquellos que se harán dominar por mi Fiat.  Pero te digo que así como todos aquellos que tuvieron qué decir sobre mi Humanidad estando en la tierra, y que no se rindieron a creer ante la santidad de mis obras, quedaron en ayunas del bien que Yo vine a traer a todos, y quedaron fuera de mis obras, así será de aquellos que dicen del cómo, del modo de lo que he dicho, si no se rinden, también ellos quedarán en ayunas y fuera del bien que con tanto amor quería traer a todos”.

 

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28-15

Junio 18, 1930

 

Todas las cosas creadas llaman a la criatura a cumplir

la Divina Voluntad.  Dios al crear al hombre lo

ponía dentro de sus recintos divinos.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y mientras mi pobre mente seguía la Creación para hacer compañía a los actos que la Divina Voluntad hace en Ella, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, cada cosa creada llama a la criatura a hacer la Divina Voluntad; son sin voz y hablan, pero hablan según el acto que el Querer Divino desarrolla en ellas, porque cada cosa creada desarrolla un acto distinto de Voluntad Divina, y con ese acto llama a la criatura a cumplir su Divina Voluntad.  Cada cosa creada para este fin, ha tenido de Dios un deleite especial, para atraer con modo misterioso a la criatura a hacer su Divina Voluntad.  He aquí la razón del orden, la armonía de toda la Creación en torno a la criatura, de modo que el sol llama con su luz, y haciendo salir su calor la llama a cumplir la Voluntad de su Creador, y mi Fiat Divino escondido bajo los velos de la luz, llama con insistencia, sin retirarse jamás, a recibir su Vida para poderla desarrollar como la desarrolla en el sol, y casi para asaltarla para hacerse escuchar, inviste a la criatura por todos los lados, a la derecha, a izquierda, sobre la cabeza, se extiende hasta bajo los pies para decirle con su mudo lenguaje de luz:  ‘Escúchame, mírame como soy bello, cuánto bien hago a la tierra, porque una Voluntad Divina reina y domina mi luz, y tú, ¿por qué no escuchas con mi toque de luz, para recibir la Vida del Querer Divino para hacerlo reinar en ti?’  El cielo te habla con el apacible centelleo de las estrellas, el viento con su imperio, el mar con su murmullo y con sus olas alborotadas, el aire te habla en la respiración, en el latido, la florecita con su perfume, en suma, todas las cosas creadas hacen competencia en llamarte a recibir mi Voluntad para hacerla reinar, de modo que cielo y tierra no fuesen otra cosa que un acto de Voluntad Divina.  ¡Oh, si las criaturas escuchasen las tantas voces de la Creación, que si bien mudas, pero reales y siempre en medio a ellas, se rendirían y la harían reinar como reina con su pleno triunfo en todas las cosas creadas por Nosotros!’.

(3) Después seguía mi giro en la Creación, y habiendo llegado al Edén seguía lo que Dios hizo en la Creación del hombre, y mi amado Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, en cuanto llegas a este punto de la creación del hombre, nos sentimos heridos y tenemos presente la escena conmovedora de cómo fue creado por Nosotros; nuestro amor se inflama, se desborda, corre para encontrar al hombre como fue creado por Nosotros; nuestro amor delira y en su delirio quiere abrazarlo, estrecharlo a nuestro seno, bello y santo como salió de nuestras manos creadoras, y no encontrándolo, nuestro amor se cambia en delirio de amor doliente y suspira a aquél que tanto ama.  Tú debes saber que fue tanto nuestro amor al crear al hombre, que apenas creado fue puesto por Nosotros en nuestros recintos divinos, y le dimos como pequeño átomo la voluntad humana inmersa en la inmensidad de la Divina Voluntad, por lo que era como connatural para él, que siendo pequeño átomo debiese vivir de Voluntad Divina.  Nuestra Divinidad le decía:  ‘Te damos nuestra Divina Voluntad a tu disposición, a fin de que tu pequeño átomo de la tuya sienta la necesidad de vivir de su inmensidad, de crecer con su santidad, de embellecerse con su belleza, de servirse de su luz; viéndose pequeño se sentirá feliz de vivir en los recintos de nuestro Fiat para vivir de nuestras cualidades divinas’.  Y Nosotros nos deleitábamos de ver este pequeño átomo de la voluntad humana vivir en nuestros interminables recintos, a cuidado nuestro, bajo nuestra mirada crecía bello y gracioso, de una rara belleza, tanto, de raptarnos y encontrar en él nuestras delicias.  Pero fue breve su felicidad y nuestras alegrías por haber creado al hombre, este átomo del querer humano no quiso vivir de Voluntad Divina, sino de sí mismo, se puede decir que reprimió la nuestra para vivir de la suya, porque por cuanto quisiera salir de nuestra Voluntad, no encontraba ni siquiera un pequeño espacio a donde irse, porque no hay punto donde Ella no se encuentre, así que, aunque no quiso vivir de la nuestra, no tenía a dónde ir, así que mientras estaba en nuestro Fiat Divino, pero vivía como si no estuviera, y voluntariamente vivía de sus miserias y de las tinieblas que se formaba él mismo.  Ésta es la razón de nuestro suspiro continuo, que no tenga más reprimido nuestro Querer, sino que más bien reprima el átomo de su querer para vivir feliz y santo, y poder encontrar en él nuestras delicias”.

 

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28-16

Julio 4, 1930

 

Todas las cosas creadas poseen la virtud repetidora del Fiat Divino.

 

(1) Me sentía aplastar bajo el peso de opresiones tremendas que circundan mi pobre existencia.  ¡Oh, cómo suspiraba la patria celestial!  Habría querido desaparecer de la tierra sin volver a oír ni ver a ninguno; amo, suspiro el lanzarme en los brazos de Jesús para decirle:  “Amor mío, tenme estrechada entre tus brazos, no me dejes más, porque sólo en tus brazos me siento segura y no tengo miedo de nada, Jesús, piedad de mí, Tú que sabes lo que pasa en mi alma no me abandones”.  Y buscaba por cuanto más podía el abandonarme en el Fiat Supremo.  Y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí, haciéndose ver, todo ternura me ha dicho:

(2) “Pobre hija mía, ánimo, debes saber que no estás sola en el sufrir, tienes a tu Jesús que sufre junto contigo, es más, sufre más que tú, porque son cosas que corresponden más a Mí que a ti, y Yo las siento tan a lo vivo que me siento desgarrar mi corazón traspasado.  Pero lo que nos debe consolar es que son cosas del foro externo, entre tú y Yo nada se ha cambiado, las cosas tal como eran son, los juicios humanos no tienen ningún poder en nuestras intimidades y comunicaciones, por eso no nos pueden dañar.  Así que tu vuelo en mi Divina Voluntad no quiero que sea interrumpido jamás; Ella tiene la virtud repetidora, y todas las cosas creadas por Nosotros que hacen continua morada en nuestro Querer, poseen la virtud de repetir el acto continuo recibido de Dios en la Creación, y de dar a las criaturas cada día su acto continuo:  El sol cada día da su luz, el aire se hace respirar continuamente, el agua repite cada día el darse al hombre para quitarle la sed, lavarlo y refrescarlo, y así todas las otras cosas creadas repiten la virtud repetidora de mi Fiat Divino, y si alguna de estas cosas creadas pudieran salir de dentro de Él, perderían al instante la virtud de repetir su acto continuo, que mientras es antiguo es siempre nuevo en provecho de las criaturas.  La señal más cierta de que las cosas creadas están en mi Divina Voluntad, y la señal de que el alma vive en Ella y se hace dominar, es si sus actos, si bien antiguos, tienen virtud como si fuesen siempre nuevos, y que sean continuos sus actos.  En mi Divina Voluntad no hay detenciones, el alma siente la facilidad y virtud de su acto continuo; ¿tal vez se detiene el sol en su curso de dar siempre luz?  Ciertamente que no.  Tal es el alma que vive en mi Divina Voluntad, siente en sí toda la plenitud y convertidos como en naturaleza la virtud vivificadora de los bienes divinos y del acto continuo del Fiat Divino.

(3) Ahora, así como las cosas creadas repiten su acto continuo, así mis actos y los de mi Mamá Celestial, porque fueron hechos en la Divina Voluntad y animados por Ella, poseen la virtud repetidora, y más que sol dardean a las criaturas y hacen llover sobre sus cabezas todos los bienes de todos nuestros actos, que si bien antiguos son siempre nuevos, en provecho de la mísera humanidad, porque poseen el acto continuo.  Pero a pesar de que llueven sobre sus cabezas sin cesar jamás, no son tomados por las criaturas, sólo reciben el fruto de nuestros actos continuos cuando los reconocen, los imploran y los quieren recibir, de otra manera nada reciben.  Sucede como al sol, si la criatura no sale fuera para gozar y recibir el bien de su luz continua, no recibe todo el bien de su luz, lo recibe sólo aquellas veces que se toma el pensamiento de salir; y si alguna otra no abre las puertas, a pesar de que el sol inviste la tierra con su acto continuo de luz, quedará a lo oscuro.  Por eso hija mía, si quieres tomar todo el bien de tu Jesús y de la Soberana del cielo, en nuestro Fiat los encontrarás todos en acto, implóralos sobre de ti, reconócelos, y te sentirás bajo la lluvia de nuestros actos continuos”.

 

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28-17

Julio 9, 1930

 

Valor de la voluntad humana cuando entra en la Divina.  Temores por

causa de juicios competentes.  Respuesta de Jesús y sus enseñanzas.

 

(1) Mi pequeña inteligencia siente la extrema necesidad del Querer Divino, porque sólo Él es mi apoyo, mi fuerza, mi vida.  ¡Oh Voluntad Divina, no me abandones!  Y si yo, ingrata, no he sabido seguir tu vuelo, tu luz, perdóname, y reforzando mi debilidad absorbe en Ti el pequeño átomo de mi existencia, y viva perdida en Ti para vivir sólo y siempre de tu Voluntad Suprema.  Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat Divino, mi dulce Jesús haciendo su pequeña visita a mi alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, estoy Yo contigo, ¿de qué temes?  Si conocieras la belleza, el valor que adquiere la voluntad humana cuando entra y hace continua morada en el Fiat Divino, no perderías un instante de vivir en Él.  Tú debes saber que en cuanto la voluntad humana entra en la Divina, nuestra luz la inviste y la embellece de una rara belleza, el alma queda tan ensimismada que no se siente extraña con su Creador, más bien se siente que ella es toda del Ser Supremo y el Ser Divino es todo suyo, y con libertad de hija, sin temor y con confianza raptora se eleva en la unidad de la Voluntad de su Creador, y en esta unidad, el átomo de la voluntad humana emite su ‘te amo’, y mientras forma su acto de amor, todo el amor divino corre, circunda, abraza, se cambia en el ‘te amo’ de la criatura, y lo hace tan grande cuanto es grande nuestro amor, y Nosotros sentimos en el pequeño ‘te amo’ de la criatura las fibras, la vida de nuestro amor, y Nosotros le damos el valor de nuestro amor, y sentimos en el pequeño ‘te amo’ la felicidad de nuestro amor.  Este pequeño ‘te amo’ no sale más de dentro de la unidad de nuestro Querer, y mientras queda, se expande tanto en la orbita del Fiat, que no hace otra cosa que seguir por todas partes a la Divina Voluntad, y así de todos los otros actos que se propone hacer en nuestra Voluntad.  Tú debes pensar que una Voluntad creadora entra en el acto de la criatura, y por eso debe hacer actos dignos, cuales sabe hacer y convienen a una Divina Voluntad”.

(3) Después me sentía oprimida más que nunca, mi pobre mente estaba entristecida por pensamientos que me aplastaban y me quitaban la bella tranquilidad del día de la paz gozada siempre por mí, y que Jesús mismo tanto estimaba y era celoso de mi paz, y no permitía que ninguna cosa me turbara.  Y ahora oigo que ruidos de tempestad quieren hacer llover sobre mi cabeza, y esto porque habiendo leído personas competentes algún volumen de mis escritos, han encontrado dificultades sobre la intimidad que Jesús había usado conmigo, el verter sus amarguras en mi indigna alma, y tantas otras cosas, que no era de la dignidad divina obrar en este modo con la criatura, y como yo estaba en mi simplicidad, habiéndome asegurado mis pasados confesores y también personas santas y competentes, a las cuales yo, temerosa preguntaba si fuese Jesús o no que obraba así conmigo, y ellos me aseguraban que era Jesús, diciéndome que es su costumbre entretenerse sobre la faz de la tierra con sus criaturas, y yo creía sus aseveraciones, y dándome en poder de Jesús lo dejaba hacer lo que quería de mí, y aunque me sometiera a penas atroces, y aun a la misma muerte, yo me sentía feliz como tantas veces sucedía, porque, contento Jesús, decía, me basta, mucho más que lo que ha hecho conmigo mi dulce Jesús, sea que vertiera, sea que me llevase junto con Él, o cualquier otra cosa que me hiciera, yo no recuerdo jamás haber sentido en mí sombra de pecados, tendencias no buenas y santas, más bien su toque era puro y santo y me sentía más pura, su verter de su boca en la mía, que como una fuentecita salía de la boca de Jesús y se vertía en la mía, a las penas que yo sentía tocaba con la mano cuánto sufre Jesús, cuán feo es el pecado, y habría puesto mil veces la vida, antes que ofenderlo, y me sentía convertir mi pequeño ser todo en reparaciones para poder defender a mi dulce Jesús.  Por eso, al pensar que había sido interpretado tan mal un acto tan santo de Jesús, me sentía tan mal, que no tengo palabras para expresarme.  Entonces el bendito Jesús, teniendo compasión de mí, se ha hecho ver, y todo afligido y ternura me ha dicho:

(4) “Hija mía, no temas, mi modo de obrar es siempre puro y santo, cualquiera que sea, y aunque parezca extraño a las criaturas, porque toda la santidad no está en el acto externo del modo de obrar, sino depende de la fuente de la santidad interna de donde sale, y de los frutos que produce mi modo de obrar, si los frutos son santos, ¿por qué querer juzgar mi modo?  Así me agradaba y por eso lo hacía.  Por los frutos se conoce el árbol, si es bueno, mediocre o malo, y me disgusta sumamente que en vez de juzgar los frutos, han juzgado la corteza del árbol y no la sustancia y la vida del mismo árbol.  Pobrecitos, ¿qué cosa pueden comprender con mirar la corteza de mis modos sin descender a los frutos que he producido?  Quedarán más a lo oscuro y pueden incurrir en la desgracia de los fariseos, que mirando en Mí la corteza de mis obras y palabras, no la sustancia de los frutos de mi Vida, permanecieron ciegos y terminaron con darme la muerte.  Y además, ¿así se da un juicio, sin implorar la ayuda del Autor y Dador de las luces, y sin interpelar a aquella que con tanta facilidad ellos juzgan?  Y además, ¿qué males hacía Yo, y qué era lo que tú recibías cuando Yo vertía de mi boca en la tuya la fuentecita que salía de la fuente de mis amarguras que me dan las criaturas?  No vertía en ti el pecado, sino parte de los efectos y por eso tú sentías la intensidad de las amarguras, la nausea, cómo es fea la culpa, y tú al sentir estos efectos aborrecías el pecado y comprendiendo por ello cuánto sufre tu Jesús, cambiabas tu ser, y también cada gota de tu sangre en reparación para tu Jesús.  ¡Ah! tú no habrías amado tanto el sufrir para repararme si no hubieras sentido en ti los efectos de la culpa, y cuánto sufre tu Jesús al ser ofendido.  Pueden decir que porque lo hacía de la boca, lo podía hacer de otra manera, pero así me agradaba.  Yo he querido hacer contigo como un padre hace con su pequeña hija, porque pequeña se deja hacer lo que quiere, y su padre se vierte en su pequeña, con modos tan afectuosos y amorosos como si encontrase en ella su propia vida, porque sabe que nada rechazaría a su padre, aunque se requiriera el sacrificio de la propia vida.  ¡Ah hija mía! mi delito es siempre el amor y es también el delito de quien me ama; no encontrando otra materia de qué juzgar, juzgan mi demasiado amor, y aquél de mis hijos, que tal vez han puesto la vida por ellos mismos.  Y además, ahora pueden juzgar como quieran, pero ¿cuál no será su confusión cuando vengan ante Mí y conozcan con claridad que he sido propiamente Yo Aquél que he obrado en ese modo condenado por ellos, y que su juicio me ha impedido una gran gloria mía, y un gran bien en medio a las criaturas, cual es el conocer con más claridad qué significa hacer mi Divina Voluntad y hacerla reinar?  No hay delito más grave que el de impedir el bien, por eso hija mía, te recomiendo que no quieras turbarte ni alejar nada de lo que pasa entre Yo y tú, asegúrame que mi obrar tenga su cumplimiento en ti, no me quieras dar ningún dolor por parte tuya.  Yo quería difundir el bien fuera de ti, pero la voluntad humana pone obstáculos a mis designios, por eso ruega que sea vencida la voluntad humana y que no quede sofocado el reino de mi Divina Voluntad en medio a las criaturas.

(5) Pero te digo que los conocimientos sobre mi Divina Voluntad no quedarán sepultados, ellos son parte de mi Vida Divina, y como Vida no están sujetos a morir, a lo más podrán quedar escondidos, pero morir jamás, porque es decreto de la Divinidad que el reino de mi Divina Voluntad sea conocido, y cuando Nosotros decretamos no hay potencia humana que nos pueda resistir, a lo más será cuestión de tiempo.  Y a pesar de las oposiciones y juicios en contra de estas personas competentes, Yo me haré camino, y si éstos con sus juicios querrán sepultar tanto bien y tantas Vidas Divinas de mis verdades, Yo los pondré a un lado y me haré camino, disponiendo a otras personas más humildes y simples, y más fáciles para creer en mis modos admirables y múltiples que Yo uso con las almas, y con su simplicidad, en lugar de encontrar cavilaciones y dificultades, reconocerán como don de cielo lo que Yo he manifestado sobre mi Divina Voluntad, y éstos me servirán admirablemente para propagar en el mundo los conocimientos sobre mi Fiat.  ¿No sucedió lo mismo en mi venida sobre la tierra?  Los sabios, los doctos, las personas de dignidad no quisieron escucharme, es más, tenían vergüenza de acercárseme, su doctrina les hacía creer que Yo no podía ser el Mesías prometido, de modo que llegaron a odiarme y Yo los hice a un lado y escogí humildes, simples y pobres pescadores, los cuales me creyeron y me serví admirablemente de ellos para formar mi Iglesia y propagar el gran bien de la Redención.  Así haré de mi Divina Voluntad, por eso hija mía, no te abatas al oír tantas dificultades que ponen, y no nos separemos en nada de lo que pasa entre tú y Yo, y sigue haciendo lo que te he enseñado que hagas en mi Divina Voluntad.  Yo nada dejé de hacer de lo que debí hacer para la Redención, a pesar de que no todos me creyeron, todo el mal quedó para ellos, a Mí me convenía hacer mi curso que había establecido hacer por amor de las criaturas.  Así harás tú, sigue tu abandono en mi Divina Voluntad y tus actos en Ella, y Yo no te dejaré, estaré siempre junto contigo”.

 

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28-18

Julio 16, 1930

 

La Divina Voluntad es Vida, el amor es alimento.  Un solo acto no

forma vida ni acto completo.  Necesidad de la repetición de los

actos para formar la Vida de la Divina Voluntad.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, ¡oh! sí, yo lo siento que como aire se hace respirar por mi pobre alma, siento su luz purísima que tiene reprimidas las tinieblas de la noche de mi voluntad humana, que en cuanto hace por surgir, por ponerse en acción, la luz de la Divina Voluntad, dulcemente imperante sobre la mía, no sólo reprime las tinieblas para no darles vida, sino potentemente me llama y me atrae a seguir sus actos.  Después, siguiendo sus actos divinos tocaba con la mano cuánto nos ama, porque en cada acto suyo salían mares de amor para las criaturas.  Y mi siempre amable Jesús, haciendo ver su corazón investido por llamas ardientes por amor de las criaturas me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi amor hacia las criaturas es tanto, que no cesa un solo instante de amarlas; si cesara un solo instante de amarlas, toda la máquina del universo y todas las criaturas se resolverían en la nada, porque la existencia de todas las cosas tuvo el primer acto de vida de mi amor pleno, entero, completo, interminable e incesante, y para hacer que mi amor tuviese toda su plenitud, hice salir de Mí, como acto de vida de todo el universo y de cada acto de criatura, mi Voluntad Divina.  Así que mi Voluntad es vida de todo, mi amor es alimento continuo de toda la Creación.  La vida sin el alimento no puede vivir; el alimento si no encuentra la vida no tiene a quién darse ni a quién nutrir.  Por eso toda la sustancia de toda la Creación es mi Voluntad como vida y mi amor como alimento, todas las otras cosas son superficiales y como adorno.  Así que cielo y tierra están llenos de mi amor y de mi Voluntad, no hay punto, donde como viento impetuoso no se derramen sobre las criaturas, y esto siempre, siempre, sin cesar jamás, está siempre en acto para derramarse sobre las criaturas, tanto, que si la criatura piensa, mi Divina Voluntad se hace vida de su inteligencia, y mi amor, alimentándola, la desarrolla; si mira se hace vida de su ojo y mi amor alimenta la luz del ver; si habla, si late, si obra, si camina, mi Voluntad se hace vida de la voz, mi amor alimento de la palabra; mi Divina Voluntad se hace vida del corazón, mi amor, alimento del latido; en suma, no hay cosa que la criatura haga en que mi Voluntad no corra como vida, y mi amor como alimento.  Pero cuál no es nuestro dolor al ver que la criatura no reconoce a quien forma su vida y a quien alimenta todos sus actos”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en el Querer Divino, y en mi mente pensaba entre mí:  “¿Qué gloria doy a mi Dios y qué bien me viene con repetir siempre los mismos actos?”  Y mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, un solo acto no forma vida, ni obras completas en las criaturas, la misma Divinidad en la Creación quiso hacer la repetición de su Fiat por seis veces para formar toda la máquina del universo; podíamos con un solo Fiat hacer todas las cosas creadas, pero no, nos agradó el repetirlo para tomar placer al ver salir de Nosotros, con nuestra fuerza creadora, ahora el cielo azul, ahora el sol, y así todas las otras cosas creadas por Nosotros, y el último Fiat fue repetido sobre del hombre como cumplimiento de toda la obra de la Creación.  Y si bien nuestro Fiat no agregó otro Fiat para crear otras cosas, pero hace siempre su repetición, para mantener y conservar como en su aliento del Fiat todas las cosas en acto, como si las acabase de crear.  Y ¡oh! cómo es necesaria la repetición, con el repetir crece el amor, se duplica el gozo, se aprecia de más lo que se repite, y se siente la vida del acto que se repite.  Ahora, con el continuar tus actos en mi Divina Voluntad, vienes a formar la Vida de mi Divina Voluntad en ti, con repetirlos la haces crecer y la alimentas.  ¿Crees tú que con haberlos repetido alguna vez habrías podido formar su Vida en ti?  No hija mía, a lo más habrías podido sentir su aire balsámico, su fuerza, su luz, pero no formar su Vida; se necesitan los actos que no cesan jamás para poder decir:  ‘Poseo la Vida del Fiat’.  ¿No sucede lo mismo a la vida natural?  No se da una sola vez el alimento, el agua, y se ponen aparte sin darlos nunca más, sino que se dan cada día; si se quiere conservar la vida es necesario alimentarla, de otra manera por sí misma se apaga.  Por eso continúa tus actos en mi Fiat si no quieres que su Vida se apague y no tenga su cumplimiento en ti”.

 

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28-19

Julio 24, 1930

 

La Divina Voluntad está en continua actitud en el Ser Divino.

Prodigio de cuando obra en la criatura.  Agrado de Dios.

 

(1) Mi pobre corazón se encuentra entre dos potencias insuperables, el Fiat Divino y el dolor de la privación de mi dulce Jesús, potentes ambas sobre mi pobre corazón, porque mientras siento toda la amargura de estar privada de Aquél que formaba toda la felicidad de mi pobre existencia, y que ahora faltándome se me ha convertido en intensa amargura, el Querer Divino dominándome me absorbe en su Divina Voluntad para transmutarla en Ella.  Ahora, mientras me encontraba bajo opresiones tremendas, mi dulce Jesús dándome una sorpresa me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, no temas, estoy aquí contigo, y la señal es que sientes en ti la Vida de mi Fiat, Yo soy inseparable de Él.  Tú debes saber que nuestra Voluntad está en continua actitud en nuestro Ser Divino, su movimiento no cesa jamás, sus obras están siempre en acto, por eso está siempre en actividad.  Pero las sorpresas maravillosas que suceden cuando la criatura entra en nuestra Voluntad son encantadoras y prodigiosas; en cuanto ella entra nuestro Querer se encierra en la criatura, y mientras se encierra hasta llenarla toda, no pudiendo ella abrazarla toda ni encerrarla toda dentro de sí, desborda fuera de sí, llenando cielo y tierra, en modo que se ve que la pequeñez de la criatura encierra una Voluntad Divina, la cual mantiene en ella su movimiento incesante y sus obras en operación; no hay cosa más santa, más grande, más bella, más prodigiosa, que el obrar de mi Querer en la pequeñez de la criatura.  Mientras obra, como ella no puede ni encerrarla ni abrazarla toda porque es finita, por eso no tiene capacidad de encerrar lo inmenso y lo infinito, pero toma cuanto más puede contener, hasta desbordar fuera, y mientras desborda, se ve la criatura bajo una lluvia de luz y de varias e insólitas bellezas dentro y fuera, que nuestro Ser Divino por ello toma tanto deleite que nos sentimos raptar, porque vemos a la pequeñez humana, en virtud de nuestro Fiat que la llena, transformada en las bellezas de nuestras cualidades divinas, las cuales tienen tal fuerza que nos raptan y nos hacen gozar en la criatura nuestras puras alegrías y nuestras felicidades indecibles.

(3) Ahora, tú debes saber que cada vez que la criatura llama a mi Querer como vida obrante en ella, y se arroja para permanecer sumergida en Él, es tanta nuestra satisfacción, que todo nuestro Ser concurre y ponemos tal valor por cuanto valor contiene nuestro Ser Divino; mucho más que nuestro Fiat Divino tiene su primer acto de vida en el acto de la criatura, ella no ha sido mas que concurrente, así que como acto nuestro ponemos en él todo el peso de nuestra Vida Divina.  Mira entonces qué significa hacer un acto en nuestra Voluntad, qué significa multiplicarlos y la gran pérdida de quien no obra en Ella”.

 

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28-20

Agosto 2, 1930

 

Todas las cosas creadas están veladas, sólo en el cielo

todo está develado.  Condiciones necesarias y trabajo

que se requiere para conocer las verdades.

 

(1) Estaba pensando en las tantas verdades que el bendito Jesús me había dicho sobre la Divina Voluntad, y que sólo por obedecer había escrito en el papel, y que algunos, leyéndolas, no sólo no quedan raptados por estas verdades, sino me parece que las tienen como verdades que no vale la pena poner atención en ellas; yo me sentía en pena por eso, porque mientras a mí me parecen tantos soles, uno más bello que el otro, capaces de poder iluminar a todo el mundo, para algunos al contrario, parece que no tienen virtud ni siquiera de calentarlo y darle un poquito de luz.  Mientras esto pensaba, mi amable Jesús todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las cosas acá abajo, tanto en el orden sobrenatural como en el orden natural, todas están veladas, sólo en el cielo están develadas, porque en la Patria Celestial no existen velos, sino que las cosas se ven como son en sí mismas, así que allá arriba no debe trabajar la inteligencia para comprenderlas, porque por sí mismas se muestran como son, y si algún trabajo hay que hacer en la bienaventurada morada, si es que se puede llamar trabajo, es el de gozar y felicitarse en las cosas que sin velos ve; en cambio acá abajo no es así, como la naturaleza humana es espíritu y cuerpo, el velo del cuerpo impide al alma el ver mis verdades, los sacramentos y todas las otras cosas están veladas. Yo mismo, Verbo del Padre, tenía el velo de mi Humanidad, todas mis palabras, mi Evangelio bajo formas de ejemplos y de semejanzas, y sólo me comprendía quien se acercaba a escucharme con la fe en el corazón, con la humildad, y con el querer conocer las verdades que Yo les manifestaba para ponerlas en práctica; haciendo esto rompían los velos que escondían mis verdades y encontraban el bien que había en ellas.  Con la fe, con la humildad y con el querer conocer mis verdades, era un trabajo que hacían, y con este trabajo rompían el velo y encontraban mis verdades como son en sí mismas, y por eso quedaban atados a Mí y con el bien que contenían mis verdades.  Otros que no hacían este trabajo, tocaban el velo de mis verdades, no el fruto que había dentro, por eso quedaban en ayunas, de ellas no entendían nada y dándome la espalda se alejaban de Mí.

(3) Así son mis verdades que Yo con tanto amor te he manifestado sobre mi Divina Voluntad; para hacer que resplandezcan como soles develados, cuales son, deben hacer su trabajo, el camino para tocarlas, que es la fe, deben desear quererlas conocer, rogar y humillar su inteligencia para abrirla, para hacer entrar en ellos el bien y la vida de mis verdades; si esto hacen romperán el velo y las encontrarán más que refulgente sol, de otra manera quedarán ciegos, y Yo les repetiré el dicho del Evangelio:  ‘Tenéis ojos y no miráis, oídos y no escucháis, lengua y sois mudos’.  Mira, también en el orden natural todas las cosas están veladas, las frutas tienen el velo de la cáscara; ¿quién tiene el bien de comerlas?  Quien hace el trabajo de acercarse al árbol, de cogerlo, de quitar la cáscara que esconde el fruto, éste gusta y hace del fruto deseado su alimento; los campos están velados de paja, ¿quién toma el bien que aquella paja esconde?  Quien los despoja de aquella paja tiene el bien de tomar el grano para formar el pan, para hacer de él su alimento cotidiano.  En suma, todas las cosas tienen acá abajo el velo que las cubre, para dar al hombre el trabajo y la voluntad, el amor de poseerlas y gustarlas.  Ahora, mis verdades superan en gran medida a las cosas naturales y se presentan a la criatura como nobles reinas veladas en acto de darse a ellas, pero quieren su trabajo, quieren que acerquen los pasos de su voluntad a ellas para conocerlas, poseerlas y amarlas, condiciones necesarias para romper el velo que las esconden, una vez roto el velo, con su luz se hacen camino por ellas mismas, dándose en posesión de quien las ha buscado.  Ésta es la razón por la que quien lee las verdades sobre mi Divina Voluntad y hacen ver que no comprenden lo que leen, es más, a veces se confunden, es porque falta la verdadera voluntad de quererlas conocer, se puede decir que falta el trabajo para conocerlas, y sin trabajo no se adquiere nada, ni merecen tanto bien, y Yo con justicia les niego lo que abundantemente doy a los humildes y que suspiran el gran bien de la luz de mis verdades.

(4) Hija mía, cuántas verdades mías sofocadas por quien no ama conocerlas y no quiere hacer su pequeño trabajo para poseerlas, siento que quisieran, si pudieran, ahogarme a Mí mismo, y Yo en mi dolor estoy obligado a repetir lo que dije en mi Evangelio, y lo hago con los hechos, que quito a quien no tiene o tiene alguna pequeña cosa de mis bienes, y lo dejo en la escuálida miseria, porque éstos, no queriéndolos y no amándolos, los tendrán sin estimarlos y sin fruto, y daré más abundantemente a aquellos que tienen, porque éstos los tendrán como preciosos tesoros, que los harán fructificar siempre más”.

 

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28-21

Agosto 12, 1930

 

El desánimo duplica el peso de las penas.  En qué modo

nos visita Jesús.  El primer motor en Dios es el amor,

y la Divina Voluntad la vida.

 

(1) Estoy bajo el imperio del Fiat Divino que es el único que conoce mis llagas profundas que va siempre exacerbando y multiplicando en mi pobre alma, pero toda mi esperanza es que reine en ella sólo el Querer Divino en las circunstancias dolorosas de mi existencia acá abajo, y que apresuren mi partida a la patria celestial.  Mientras me encontraba bajo la prensa de penas amarguísimas, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, no te abatas, porque el abatimiento llama al desánimo, el cual duplica el peso de las penas, tanto, que la pobre criatura, con este peso duplicado apenas puede arrastrarse en el camino que debe recorrer, mientras que mi Querer quiere que no te arrastres, sino que vueles en su luz interminable.  Y además, el dolor soy Yo, en el cual hago mis pequeñas visitas, el velo es el dolor, pero dentro está mi persona, que escondida dentro del velo del dolor visita a la criatura; la necesidad soy Yo que escondido en ellas hago las más bellas visitas para hacerme ayuda de las necesidades que dispongo.  No es con el sólo hacerme ver que visito a las criaturas, sino en tantos modos que se puede decir que en cada encuentro, en cada circunstancia, en cada cosa que le sucede, grande o pequeña, es una visita que me dispongo a hacerle para darle lo que necesita.  Para quien vive en mi Querer Divino, siendo mi presencia permanente en ella, no sólo la visito, sino le voy ensanchando los confines de mi Querer”.

(3) Después continuaba mis actos en el Fiat Supremo, para poder seguir con mis actos de amor el amor incesante e interminable de mi Creador, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía, si supieras cómo me es dulce tu amor, porque siento en el tuyo el eco nuestro, nuestras fibras divinas, que elevando tu amor en el nuestro, corre, corre tan dulce en nuestro amor al decirnos:  ‘Quiero amaros cuanto y como me has amado; cuantas veces me habéis dicho que me habéis amado quiero decirlo también yo’.  Y es tanto nuestro agrado, porque queremos que la criatura sea la repetidora de nuestro amor, que ensanchamos tanto el amor de la criatura, de modo de sentir en todo nuestro amor el dulce sonido del amor de ella.  Mucho más que en todo lo que hemos hecho por las criaturas, el primer motor, el primer acto ha sido el amor, y como nuestro amor habría sido como fuego sin luz sin nuestra Voluntad, y Ella habría sido como luz sin calor sin nuestro amor, por eso lo que ha dado vida a nuestro amor ha sido el Fiat.  Así que lo que nos movió fue el amor, pero lo que dio y da vida a todo es nuestra Divina Voluntad.  Por esto quien quiere encontrar la verdadera vida debe venir en Ella, en la cual encontrará la plenitud de nuestro amor, y el alma adquirirá las prerrogativas de nuestro amor, que son:  ‘Amor fecundo, amor que surge, amor que todo abraza, amor que todo mueve en amor, amor insuperable y sin término, amor que todo ama y conquista.’  Por eso cuando te siento correr de una cosa creada a otra para poner en ellas tu ‘te amo’, sobre cada uno de los actos de persona para investirlos con tu ‘te amo’, Yo escucho el dulce sonido de tu amor en el nuestro y te amo de más”.

(5) Después ha agregado con un acento ternísimo:

(6) “Hija mía, es tanto nuestro amor hacia las criaturas, que en cada acto que hace corre el nuestro para amarla, y nuestro Querer para formar la vida de su acto.  Así que en cada pensamiento que forma en su mente es un acto de amor que le mandamos, y nuestra Voluntad se presta a formar la vida de su pensamiento; en cada palabra que pronuncia, en cada latido de su corazón, en cada paso que da, son tantos actos de amor nuestro que corren hacia ella, y nuestro Fiat que se presta a formar la vida de su palabra, el latido de su corazón, el paso de sus pies.  Por eso la criatura está cubierta de nuestro amor, vive bajo la dulce tempestad de nuestro amor, sobre de ella pende nuestro amor incesante que la ama tanto, y nuestro Fiat que corre en modo rápido a darle la vida a cada uno de sus actos, aunque fuese el más pequeño.  ¡Oh! si las criaturas supiesen cuánto las amamos, cómo estamos inclinados hacia ellas para amarlas siempre, siempre, que no dejamos escapar ni siquiera un pensamiento suyo en el cual no le mandemos un amor nuestro especial y distinto, cómo nos amarían, y nuestro amor no quedaría como aislado sin el amor de las criaturas.  Nuestro amor desciende continuamente hacia las criaturas, y su pequeño amor no se digna subir hacia su Creador, qué dolor hija mía, amar y no ser amado, he aquí la causa por la que cuando encuentro una criatura que me ama, siento que su amor armoniza con el mío, y conforme desciende mi amor hacia ella, así su amor sube hacia Mí, yo la abundo tanto de gracias, de favores y de carismas divinos, de hacer maravillar a cielos y tierra”.

 

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28-22

Agosto 15, 1930

 

Cómo la vida de la Soberana Reina fue formada en el Sol divino.

 

(1) Estaba pensando en  mi Mamá Celestial en el momento cuando fue asunta al cielo, y ofrecía mis pequeños actos hechos en el Fiat Divino para darle mis homenajes, mis alabanzas, para su honor y gloria.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, la gloria, la grandeza, la potencia de mi Mamá Celestial en nuestra patria es insuperable, ¿sabes por qué?  Su vida en la tierra fue hecha dentro de nuestro Sol divino, no salió jamás de dentro de la habitación de su Creador, no conoció otra cosa que nuestra sola Voluntad, no amó otra cosa que nuestros intereses, no pidió otra cosa que nuestra gloria; se puede decir que formó el sol de su vida en el Sol de su Creador.  Así que quien la quiera encontrar en la celestial morada, debe venir en nuestro Sol, donde la Soberana Reina, habiendo formado su sol, expande sus rayos maternos en provecho de todos, y resplandece de tal belleza que rapta a todo el cielo, sintiéndose todos doblemente felices por tener una Madre tan santa, y una Reina tan gloriosa y potente.  La Virgen es la primera hija, y única, que posee a su Creador, y es la única que ha hecho vida en el Sol del Ente Supremo, y que habiendo tomado su vida de este Sol eterno, no es maravilla que habiendo vivido de luz haya formado su sol fulgidísimo que alegra a toda la corte celestial.

(3) Es propiamente esto lo que significa vivir en mi Divina Voluntad:  ‘Vivir de luz y formar su vida en nuestro mismo Sol.’  Ésta era la finalidad de la Creación, tener a las criaturas creadas por Nosotros, nuestros amados hijos, en nuestra misma casa, alimentarlos con nuestros mismos alimentos, vestirlos con hábitos reales y hacerles gozar nuestros mismos bienes.  ¿Qué padre y madre terrena piensa en poner fuera de su casa al parto de sus entrañas, a sus amados hijos, y no darles su herencia a los propios hijos?  Creo que ninguno, más bien, cuántos sacrificios no hacen para volver ricos y felices a sus propios hijos.  Si a esto llega un padre terreno y una madre, mucho más el Padre Celestial; quería y amaba que sus hijos permanecieran en su casa para tenerlos a su alrededor, para hacerse feliz con ellos y tenerlos como corona de sus manos creadoras, pero el hombre ingrato abandonó nuestra casa, rechazó nuestros bienes y se contentó con ir errante, viviendo en las tinieblas de su voluntad humana”.

 

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28-23

Agosto 24, 1930

 

La Divina Voluntad toma todas las formas para darse

a la criatura.  La creación del hombre, instalación

del centro del amor y del Fiat Divino.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, siento que su potencia invencible me absorbe hacia Sí, y en tantos modos que no puedo hacer menos que seguir sus actos.  Ahora, mientras seguía los actos de la Divina Voluntad hechos en la Creación, mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, es tanto el amor de mi Fiat Divino hacia las criaturas, que toma todas las formas para darse a la criatura:  toma la forma de cielo para permanecer extendido sobre su cabeza, y con el permanecer ahí perennemente distendido, la abraza por todos lados, la guía, la protege, la defiende, sin retirarse jamás, permaneciendo siempre cielo, para formar su cielo en el corazón de la criatura; toma forma de estrellas y dulcemente hace descender su apacible centelleo sobre la criatura, para acariciarla con su beso de luz y dulcemente insinuarse, para que forme las estrellas de las más bellas virtudes en el cielo de su alma; toma forma de sol para irradiarla de luz, y con su calor vibrante descender en el fondo del alma, y con la fuerza de su luz y calor forma las tintas de los más bellos colores para formar el Sol de su Fiat en la criatura; toma la forma de viento para purificarla, y con su imperio, soplando, mantiene encendida la Vida Divina, y conforme sopla así la hace crecer en el corazón de la criatura.  Mi Divina Voluntad se abaja a todo, y es tanto su amor, que de todo aquello que puede servir a la criatura se constituye vida, y llega a tomar forma de aire para hacerse respirar, de alimento para alimentarla, de agua para quitarle la sed, en suma, no hay cosa de la que la criatura se sirva, que mi Querer no corra junto para darse incesantemente a la criatura, pero ¿cómo corresponde a los tantos múltiples modos que mi Fiat toma para asediar a la criatura, a las tantas formas amorosas a fin de que si no la reconoce en un modo la reconozca en el otro; si no le hace brecha una forma, le haga brecha otra, para recibir al menos una mirada, una sonrisa de complacencia, una invitación para hacerla descender en su alma para reinar, un gracias de reconocimiento a sus tantas locuras de amor?  ¡Ah, cuántas veces mi Divina Voluntad queda sin que la criatura le preste ninguna atención!  ¡Qué dolor, cómo queda traspasada!  Pero con todo esto no se detiene, continúa incesantemente con su firmeza toda divina a hacer correr su Vida Divina en todas las cosas creadas, para llevar bajo el velo de ellas su Vida a todos, esperando con paciencia invencible a quien la debe reconocer y recibir, para formar su Vida dentro de las apariencias y forma humana, y así reinar completamente en todas las cosas creadas por Nosotros”.

(3) Después de esto seguía a la Divina Voluntad en los actos de la Creación, y habiendo llegado al Edén donde fue creado el hombre, mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la creación del hombre fue el centro donde nuestro Fiat y nuestro amor se instalaron para tener ahí su sede perenne.  Nuestro Ser Divino tenía todo dentro de Nosotros, el centro de nuestro amor y el desarrollo de la Vida de nuestro Querer; con crear al hombre quiso formar el segundo centro de nuestro amor, para hacer que nuestro Fiat pudiese desarrollar las vidas humanas con su imperio y dominio, como hacía en nuestro Ser Supremo.  Por eso tú debes saber que en el acto de crear a Adán, todas las criaturas venían creadas en él, todas estuvieron presentes, ninguna faltó; amábamos como él y en él a todas las criaturas.  Y cuando con tanto amor formábamos su humanidad, plasmándola y modelándola con nuestras manos creadoras, formando los huesos, extendiendo los nervios, cubriéndolos de carne, formando todas las armonías de la vida humana, en Adán venían plasmadas, manejadas todas las criaturas, en todas formábamos los huesos, extendíamos los nervios y cubriéndolos de carne dejábamos el toque de nuestras manos creadoras, la marca de nuestro amor, la virtud vivificadora de nuestro Querer, e infundiéndole el alma con la potencia de nuestro aliento omnipotente, venían formadas las almas en todos los cuerpos con la misma potencia con la que venía formada el alma de Adán.  Mira entonces cómo cada criatura es una nueva creación, como si hubiésemos creado al nuevo Adán, porque en cada una de ellas queríamos renovar el gran prodigio de la creación, la instalación del centro de nuestro amor, el desarrollo de la Vida de nuestro Fiat.  Fue tanto el exceso de nuestro amor al crear al hombre, que hasta en tanto no venga la última criatura sobre la tierra estaremos en continuo acto de creación, para dar a cada uno lo que fue dado al primer hombre creado, nuestro amor desbordante, el toque de nuestras manos creadoras por la formación de cada una de ellas.  Por eso hija mía, te recomiendo que sepas reconocer y conservar en ti la instalación de nuestro amor y la Vida obrante de nuestro Fiat, y sentirás los prodigios de la continua creación y nuestro amor desbordante, que ahogándote de amor no sentirás otra cosa que amor y Voluntad mía”.

 

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28-24

Agosto 29, 1930

 

Las cosas creadas están preñadas de la Divina Voluntad.

Las cruces forman el camino que conduce al cielo.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, una fuerza invencible me transporta en sus actos divinos, y yo siento y conozco la Divina Voluntad obrante en todas las cosas creadas, la cual me hace la dulce invitación a seguirla en sus actos para tener mi compañía, pero mientras esto hacía, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las cosas creadas están preñadas de mi Divina Voluntad, la cual se dejó en ellas, no para Nosotros que no teníamos necesidad, sino por amor de las criaturas, dándose en tantos modos distintos por cuantas cosas creaba.  Ella, haciendo de verdadera madre quería asaltar a las criaturas con tanto amor por cuantas cosas sacaba a la luz del día, quería darse a cada instante sin interrupción, para darse a sorbos para formar su Vida y extender su reino en cada alma, por eso tú ves que no hay cosa donde mi Fiat no quiera darse, y se puede decir que cada cosa creada forma su trono de amor, de donde hace descender su misericordia, sus gracias, y camino para comunicar su Vida Divina.  Ella está como vigilando para ver qué bien puede hacer a sus hijos si le abren el corazón para recibir sus bienes, y para conformarse a sus modos divinos.  Así que cada cosa creada es una llamada que hace a la criatura para recibir el don que quiere hacerle mi Divina Voluntad, cada cosa creada es un nuevo amor que quiere comunicarle, y un acto de su Vida de más que quiere desarrollar alrededor y dentro de la criatura.  Pero, ¡ay de Mí! cuántas ingratitudes por parte de ellas, mi Divina Voluntad las abraza, se las estrecha a su seno con sus brazos de luz, y ellas huyen de dentro de su luz sin restituirle el abrazo y mirarla para saber quién es que la ama tanto.  Por eso hija mía, sé tú su reparadora, síguela en todas las llamadas que te hace por medio de cada cosa creada, para darle amor por amor y recibir todos los sorbos de su Vida Divina en el fondo de tu alma, para darle la libertad de hacerla reinar”.

(3) Después seguía sus actos y mi abandono en el Querer Supremo, pero mi pobre mente estaba ocupada en los tantos incidentes que Nuestro Señor había dispuesto y dispone sobre mi pobre existencia, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, las cruces, los incidentes, las mortificaciones, los actos, los abandonos de las criaturas, todo lo que se puede sufrir por amor mío, no son otra cosa que piedrecillas que señalan el camino que conduce al cielo, así que en el punto de la muerte la criatura verá que todo lo que ha sufrido le ha servido para formarse el camino, que ha señalado con modos incancelables y con piedras irremovibles la vía recta que conduce a la Patria Celestial.  Y si todo lo que mi Providencia ha dispuesto que sufra, lo ha sufrido para cumplir mi Divina Voluntad, para recibir no la pena sino un acto de su Vida Divina, formará tantos soles por cuantos actos ha hecho y penas ha sufrido, de modo que se verá su camino a derecha e izquierda señalado por soles, que tomándola e invistiéndola con su luz la conducirán a las regiones celestiales.  Por eso los tantos incidentes de la vida son necesarios, porque sirven para formarse el camino y trazarse la ruta del cielo; si no se forman los caminos resulta difícil ir de un país a otro, mucho más resulta difícil llegar a la gloria eterna”.

 

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28-25

Septiembre 20, 1930

 

Las amarguras son el lento veneno del bien.  La Divina Voluntad,

cuna del alma.  Jesús, administrador divino de su Santísima Voluntad.

 

(1) Me sentía toda inmersa en el Fiat Divino, su luz deslumbra mi inteligencia, y mientras me absorbe en su luz me hace seguir sus actos que hizo en la Creación.  Pero mientras esto hacía, sentía una amargura y una opresión tales, que me hacían fatigar en el cumplir mis actos en el Querer Divino.  Y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo me da pena tu amargura, siento que se vierte en mi corazón, por eso, ánimo; no sabes tú que las opresiones, las amarguras, son el lento veneno del bien, el cual produce una fatiga tal, de reducir al alma a una extrema agonía, de modo que siente la agonía en el corazón, y mi amor agoniza en su corazón; siente la agonía sobre sus labios, y agoniza mi plegaria; siente la agonía en las manos, en los pasos, y mis pasos y mis obras se sienten agonizantes.  Mucho más en la criatura que quiere tener por vida mi Divina Voluntad, siendo una su voluntad con la mía, me siento verter su agonía en mi Divina Persona.  Por eso, ánimo, abandónate en mis brazos y Yo haré surgir de mi Divina Voluntad otra luz más brillante, que tomando forma de cuna, te arrullaré en ella para comunicarte mi reposo divino, y con su luz y con su calor destruirá el lento veneno de tus amarguras, cambiándolas en dulzuras y en fuentes de contentos, y reposando en la cuna de mi Divina Voluntad tomarás un dulce reposo, y al despertarte encontrarás que tus amarguras y opresiones han sido desterradas, y te tendré en mis brazos con tu acostumbrada dulzura y serenidad para hacer crecer más en ti la Vida de mi Divina Voluntad”.

(3) Después seguía por cuanto podía mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, las amarguras, las opresiones y todo lo que no pertenece a mi Querer, ocupan un puesto en tu alma, y mi Divina Voluntad no se siente libre para poder extender su luz, ni para que con su virtud creadora y vivificadora haga surgir su Vida en cada partícula y rinconcito de tu alma; se siente rodeada como de nubes, que a pesar de que está el sol, las nubes interponiéndose entre el sol y la tierra impiden que los rayos solares desciendan con la plenitud de la luz a dar luz a la tierra.  Así el Sol de mi Divina Voluntad, se siente estorbado por las nubes de las amarguras y opresiones para extender su luz en el fondo de la criatura y poder decir:  ‘Todo da de mi Voluntad, todo me pertenece, todo es mío’.  Y tu Jesús que ha tomado el empeño de formar un alma toda de mi Voluntad, sufro por eso, y quedo impedido en mi trabajo, porque tú debes saber que Yo soy el administrador divino de mi Fiat en la criatura, y cuando la veo dispuesta a hacer en todo mi Voluntad, en cada acto que hace Yo me pongo al trabajo de preparación; supón que tú quieras hacer un acto de amor, Yo, rápido me pongo a trabajar, en él pongo mi aliento, pongo una dosis de mi amor, lo embellezco con la variedad de las bellezas que Él contiene, y después, divino administrador que soy de mi Querer, suministro mi Voluntad Divina sobre aquel acto de amor, de manera que en aquel acto no se reconoce el acto de la criatura, sino un acto de amor como si hubiese salido del centro de mi Divinidad.  Yo soy demasiado celoso de los actos que la criatura quiere hacer animados por mi Voluntad Divina, no admito disparidad de sus actos con los míos, y para tener esto debo poner en él de lo mío y mi trabajo, y esto en todos sus actos; si quiere hacer actos de adoración, de plegarias, de sacrificio, en ellos pongo mi trabajo, a fin de que su adoración sea el eco de la adoración divina, su oración sea el eco de la mía, su sacrificio sea el repetidor del mío.  En suma, debo encontrarme a Mí mismo en cada uno de los actos de la criatura; tu Jesús, como Señor, poseedor de mi Divina Voluntad, no la administraría si no encontrase la santidad, la pureza, el amor de mi Humanidad en el acto de la criatura.  Por eso quiero encontrarla libre de cualquier nube que pudiese hacer sombra a mi Divina Voluntad.  Por eso sé atenta hija mía, no obstaculices mi trabajo que quiero hacer en tu alma”.

 

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28-26

Septiembre 30, 1930

 

El Edén, campo de luz.  Diferencia entre quien obra en la Divina

Voluntad y quien obra en el humano querer.  El pequeño terreno

de la criatura; el sembrador Celestial.

 

(1) Estaba continuando mis acostumbrados actos en el Querer Divino, y mi pobre mente se ha detenido en el Edén, donde Dios creaba al hombre para dar principio a la vida de la criatura.  Y mi amado Bien Jesús, haciéndose ver todo ternura y bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, el Edén campo de luz en el cual nuestro Ser Supremo creaba al hombre, se puede decir que él fue creado en la luz de nuestro Fiat, su primer acto de vida fue luz, la cual extendía detrás y delante a él, a derecha e izquierda, un campo interminable de luz, él debía recorrer su camino para formar su vida tomando en sus actos tanta luz por cuantos actos hacía, para formar una luz toda propia, como propiedad suya en virtud de sus actos, si bien tomada de mi Divina Voluntad.  Ahora, la diferencia de quien obra en Ella como su principio y fin, en la cual todos sus actos están unidos al principio de la luz donde fue formada su vida, y tuvo su primer acto de vida, la luz tiene en custodia esta vida, la defiende, y nada de extraño deja entrar en su luz para formar uno de los portentos que sólo sabe formar la luz.  En cambio, quien desciende de esta luz entra en la oscura cárcel de su voluntad, y al hacer sus actos toma tinieblas, y toma tantas tinieblas por cuantos actos hace, para formarse una propiedad toda suya de tinieblas.  Las tinieblas no saben custodiar, ni defender a aquél que vive en ellas, y si algún acto bueno hace es siempre tenebroso, porque están atados por tinieblas, y como ellas no tienen virtud de saber defender, entran cosas extrañas a las mismas tinieblas, entran las molestias de las debilidades, los enemigos de las pasiones, los ladrones aguerridos que precipitan a la criatura en el pecado, y llegan a precipitarla en las tinieblas eternas donde no hay esperanza de luz.  ¡Qué diferencia entre quien vive en la luz de mi Divina Voluntad y entre quien vive como aprisionada en su voluntad humana!”

(3) Después continuaba siguiendo el orden que la Divina Voluntad había tenido en la Creación, y mi pequeña y pobre inteligencia se detuvo en el punto cuando Dios creó a la Virgen Inmaculada, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(4) “Hija mía, todos los actos buenos y santos de los profetas, patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana.  La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la santidad de sus virtudes, el calor de su amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este brote, y así fue formada mi Vida Divina y humana para formar la Redención del genero humano.  Mira entonces, en todas nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos?  ¿En el aire?  ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar?  Si esto no fuese, que de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura.  Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de sus verdades, el fruto de sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura.  La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”.

 

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28-27

Octubre 7, 1930

 

Cómo la Redención se debe a la fidelidad de la Virgen Santísima.  La

fidelidad es dulce cadena que rapta a Dios.  El Agricultor Celestial.

Necesidad de la semilla para poder difundir las obras divinas.

 

(1) Estaba siguiendo a la Divina Voluntad, y mi pobre mente estaba ocupada pensando en las tantas cosas que me había dicho mi dulce Jesús sobre el reino de su Fiat Divino, y en mi ignorancia decía:  “¡Oh, cómo es difícil que llegue a reinar sobre la tierra en medio de las criaturas!”  mientras esto pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, la Redención se debe a la fidelidad de la Virgen Reina.  ¡Oh! si no hubiese encontrado a esta celestial criatura que nada me negó, que jamás se rehusó a ningún sacrificio; su firmeza en pedir la Redención sin jamás dudar, su fidelidad sin jamás cansarse, su amor ardiente y fuerte sin jamás detenerse, siempre en su puesto, toda de su Creador, sin jamás apartarse por cualquier cosa o incidente que pudiese ver, por parte de Dios o por parte de las criaturas, formó tales vínculos entre el cielo y la tierra, adquirió tal ascendencia, tal dominio sobre su Creador, que se volvió digna de hacer descender al Verbo Divino sobre la tierra.  A una fidelidad jamás interrumpida, y a nuestra misma Voluntad Divina que tenía su reino en su virginal corazón, no tuvimos la fuerza de rehusarnos.  Su fidelidad fue la dulce cadena que me ató y me raptó del cielo a la tierra.  He aquí el por qué lo que no obtuvieron en tantos siglos las criaturas, lo obtuvieron por medio de la Soberana Reina.  ¡Ah, sí!  Fue solamente Ella la que mereció que el Verbo Divino descendiera del cielo a la tierra, y que recibiera el gran bien de la Redención, de modo que si quieren todos pueden recibir el bien de ser redimidos.

(3) La firmeza, la fidelidad, la irremobilidad en el bien y en el pedir el bien conocido, se pueden llamar virtudes divinas, no humanas, y por eso sería negarnos a Nosotros mismos lo que la criatura nos pide.  Ahora, así en el reino de la Divina Voluntad, queremos encontrar un alma fiel donde podamos obrar, que con la dulce cadena de su fidelidad nos ate por todo y por todas partes de nuestro Ser Divino, en modo de no poder encontrar razón para no darle lo que nos pide, queremos encontrar nuestra firmeza, apoyo necesario para poder encerrar en ella el gran bien que nos pide; no sería decoroso para nuestras obras divinas confiarlas a almas inconstantes y no dispuestas a afrontar cualquier sacrificio por Nosotros, el sacrificio de la criatura es la defensa de nuestras obras, y es como ponerlas al seguro.  Así que cuando hemos encontrado a la criatura fiel, y la obra sale de Nosotros para tomar su lugar en ella, todo está hecho, la semilla ha sido arrojada y poco a poco germina y produce otras semillas, que difundiéndose, quien quiera puede procurarse aquella semilla para hacerla germinar en su alma; ¿no hace así el agricultor?  Si tiene el bien de tener una sola semilla, que puede ser su fortuna, la siembra en su terreno, y aquella semilla germinando puede producir diez, veinte, treinta semillas, y el agricultor no nada más siembra una sola semilla, sino todas aquellas que ha recogido, y tantas veces llega a sembrarlas hasta poder llenar todo su terreno, y llega a poder dar a los demás la semilla de su fortuna.  Mucho más puedo hacer Yo, Agricultor celestial, con tal de que encuentre una criatura en que esté preparado el terreno de su alma, donde pueda arrojar la semilla de mis obras; aquellas semillas germinarán y poco a poco harán su camino, se harán conocer, amar y desear por pocos, y después por muchos, que sea sembrado en el fondo de sus almas la semilla celestial de mi Divina Voluntad.  Por eso hija mía, sé atenta y fiel, haz que esta semilla celestial pueda sembrarla en tu alma, y no encuentre ningún obstáculo para hacerla germinar; si  hay semilla hay la esperanza cierta de que germinando pueda producir otras semillas, pero si la semilla no existe, todas las esperanzas cesan y es inútil esperar el reino de mi Divina Voluntad, como habría sido inútil esperar la Redención si la Celestial Reina no me hubiese concebido como fruto de sus entrañas maternas, fruto de su fidelidad, de su firmeza y sacrificio.  Así que déjame hacer y seme fiel, y Yo pensaré en todo lo demás”.

 

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28-28

Octubre 12, 1930

 

El temor es el flagelo de la pobre nada.  Amor que Dios

tiene con la criatura, hasta ponerla en competencia con Él.  Dios

establecía todos los actos que debían hacer todas las criaturas.

 

(1) Estoy siempre en mi amada y santa heredad del Fiat Divino, siento la extrema necesidad de no salir de ella jamás, porque mi pequeño átomo de mi existencia siente su nulidad, y como nada, no es buena para hacer nada si el Querer Divino no la llena de su Todo, haciéndola hacer lo que Él quiere.  ¡Oh, cómo siento la necesidad de que el Querer Divino me tenga en su Vida, y yo de estarme siempre en Él!  Sentía que no podía vivir sin el Fiat Divino, me sentía toda temor, y mi dulce Jesús con una bondad indecible me ha dicho:

(2) “Hija mía, no temas, el temor es el flagelo de la pobre nada, de modo que la nada es golpeada por los azotes del temor, se siente faltar y perder la vida.  En cambio el amor es el arrojo de la nada en el Todo, que llenándola de Vida Divina, la nada siente la verdadera Vida que no está sujeta a faltar sino siempre a vivir.

(3) Ahora tú debes saber que es tanto el amor que nutre nuestro Ser Divino hacia la criatura, que le damos de lo nuestro para ponerla en condición de poder hacer competencia con su Creador, he aquí el por qué le damos nuestra Voluntad, nuestro amor y nuestra misma Vida, a fin de que las haga todas suyas para llenar el vacío de su nada, y así podernos dar Voluntad por Voluntad, amor por amor, Vida por Vida, y Nosotros, a pesar de que se los hemos dado Nosotros, lo aceptamos como si fueran suyos, gozando el que la criatura nos pueda hacer competencia, ella a darnos y Nosotros a recibir, para darle de nuevo lo que nos ha dado, a fin de que tenga siempre qué darnos, a menos que la criatura no quiera recibir, y entonces sienta el vacío de su nada, sin verdadera vida, sin una Voluntad Divina que la santifique, sin el amor que la hace portar y amar a su Creador, y entonces sobre esta nada caen todos los males, azotes de temor, tinieblas de terror, lluvias de todas las miserias, debilidades, tanto, que se siente faltar la vida.  Pobre nada que no es llenada del Todo”.

(4) Después seguía rezando toda abandonada en el dulce imperio de la Divina Voluntad, y mi amado Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, nuestro sumo Querer al crear al hombre establecía todos los actos que debían hacer todas las criaturas, y se constituía vida de todos estos actos.  Así que no hay acto humano que no tenga su puesto en nuestra Divina Voluntad, y cuando la criatura cumple cada uno de sus actos, Ella sale en campo de acción en el acto humano de la criatura, por eso en el acto de cada una de ellas entra toda la potencia y santidad de una Divina Voluntad.  Cada acto entraba en el orden de toda la Creación, tomando cada uno de ellos su puesto, casi como estrellas, en que cada una tiene su puesto bajo el azul del cielo.  Y como todo fue ordenado y formado por nuestro Fiat Divino en la Creación, todo el género humano con todos los actos de ellos, cuando la criatura hace una acto viene movido todo el orden de la Creación, y nuestro Querer se encuentra en acto como si entonces estuviese creando toda la Creación, porque en Él todo está en acto, y el acto de la criatura entra en su acto y tomando su puesto establecido por Dios, se renuevan los efectos de toda la Creación, y el acto humano entra en la carrera de todas las cosas creadas, y entre ellas tiene su puesto distinto, y está siempre en movimiento en el movimiento divino para adorar y amar a su Creador.  Por eso el obrar de la criatura en nuestra Divina Voluntad se puede llamar el campo fecundo y divino de nuestra misma Voluntad en el pequeño campo de la criatura”.

 

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28-29

Octubre 18, 1930

 

Valor de los besos y abrazos de la Virgen al niño Jesús,

porque poseyendo la Divina Voluntad, todos sus actos

se volvían infinitos e inmensos para Jesús.  Resurrección

de los actos hechos en el Divino Querer.  Efectos del “te amo”.

 

(1) Continúo en mi acostumbrado estado, y deteniéndome en el acto cuando la Soberana Reina dio a luz al niñito Jesús, y estrechándolo a su seno lo besaba y lo volvía a besar, y deleitándose en Él le daba su leche dulcísima, ¡oh, cómo suspiraba el darle también yo mis besos afectuosos y mis tiernos abrazos a mi niñito Jesús!  Y Él haciéndose ver en acto de recibirlos me ha dicho:

(2) “Hija de mi Querer, todo el valor de los actos de mi Mamá Celestial fue porque salían del seno inmenso de mi Divina Voluntad, de la cual Ella poseía su reino, su Vida; no había movimiento, acto, respiro y latido que no estuviera pleno de Querer Supremo, hasta desbordar fuera:  Sus besos amorosos que me daba, salían de la fuente de Él; sus castos abrazos con los cuales abrazaba a mi infantil Humanidad, contenían la inmensidad; su leche purísima con la cual me nutría, Yo chupando a su seno virginal chupaba el seno inmenso de mi Fiat, y en aquella leche chupaba sus alegrías infinitas, sus dulzuras inefables, el alimento, la sustancia, el crecimiento infantil de mi Humanidad, del inmenso abismo de mi Divina Voluntad.  Así que en sus besos Yo sentía el beso eterno de mi Querer, que cuando hace un acto no cesa jamás de hacerlo, en sus abrazos sentía una inmensidad divina que me abrazaba, y con su leche me nutría divina y humanamente, y me daba nuevamente mis alegrías celestiales y los contentos de mi Querer Divino, de los que la tenía toda llena.  Si la Soberana Reina no hubiera tenido una Voluntad Divina en su poder, Yo no me habría contentado con sus besos, de su amor, de sus abrazos y de su leche, a lo más se habría contentado mi Humanidad, pero mi Divinidad, Yo, Verbo del Padre, que tenía lo infinito, lo inmenso en mi poder, quería besos infinitos, abrazos inmensos, leche llena de alegrías y dulzuras divinas, y sólo así quedé apagado, porque mi Mamá poseyendo mi Voluntad Divina, me podía dar besos, abrazos, amor, y todos sus actos que daban de lo infinito.

(3) Ahora, tú debes saber que todos los actos que se hacen en mi Divina Voluntad son inseparables de Ella, se puede decir que forman una sola cosa, acto y voluntad, se puede llamar luz a la voluntad, y al acto calor, que son inseparables la una del otro.  Así que todos aquellos que poseerán como vida a mi Fiat, tendrán en su poder todos los actos de la Mamá Celestial, y Ella tenía en su poder todos los actos de ellos, de modo que en sus besos y abrazos Yo me sentía besado y abrazado por todos aquellos que debían vivir en mi Voluntad, y en ellos me siento volver a besar y abrazar por mi Mamá, todo es en común y en perfecto acuerdo en mi Querer, cada acto humano desciende de su seno y con su potencia lo hace volver a subir al centro de donde ha salido.  Por eso sé atenta y no dejes que se te escape nada que no hagas entrar en mi Divina Voluntad, si quieres darme todo y recibir todo”.

(4) Mi pobre mente continuaba su curso dentro de la Divina Voluntad según las circunstancias en las cuales me encuentro, pero es siempre Ella mi punto de apoyo, mi principio, el medio, el fin de mis actos, su Vida corre en mí como el dulce murmullo del mar que jamás se detiene.  Y yo por correspondencia de homenaje y de amor, le doy el murmullo de mis actos que el mismo Fiat Divino me hace hacer.  Y mi siempre amable Jesús continúa diciéndome:

(5) “Hija mía, cada acto hecho en mi Divina Voluntad forma una resurrección divina en el alma.  la vida está formada no de un solo acto, sino de muchos actos unidos juntos, así que por cuantos más actos se hacen, tantas veces resurge en mi Querer, en modo de poder formar una Vida completa toda de Divina Voluntad.  Y así como la vida humana está formada de tantos miembros distintos para poder formar su vida, y si hubiera un solo miembro no se podría llamar vida, y si faltase algún miembro se llamaría vida defectuosa, así los repetidos actos hechos en mi Querer sirven como si formasen los diversos miembros de Voluntad Divina en la criatura, y mientras sirven para reunir juntos estos actos para formar la Vida, sirven para alimentar la misma vida.  Y así como mi Divina Voluntad no tiene termino, así cuantos más actos se hacen en Ella, tanto más crece su Vida Divina en la criatura.  Y mientras Ésta resurge y crece, la voluntad humana recibe la muerte por estos mismos actos hechos en mi Divino Querer, no encuentra alimentos para alimentarse y se siente morir a cada acto hecho en mi Divina Voluntad.  ¡Pero qué dolor! cuantas veces la criatura hace su voluntad en sus actos, tantas veces hace morir la mía en su acto.  ¡Oh! cómo es escalofriante ver que un querer finito pone fuera de su acto a un Querer infinito que quiere darle vida de luz, de belleza, de santidad”.

(6) Después continuaba mis actos en el Querer Divino con mi acostumbrado estribillo:  “Te amo, te amo en todo lo que has hecho por amor nuestro”.  Pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “Jesús bendito no tomará en cuenta mi estribillo ‘te amo’, ‘te amo’, entonces, ¿en qué aprovecha decirlo?”  Y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(7) “Hija mía, el verdadero amor acompañado también de las palabras te amo, no me da jamás cansancio, porque siendo Yo un complejo de amor, y un acto continuado de amor, que jamás ceso de amar, cuando encuentro mi amor en la criatura, me encuentro a Mí mismo, y la señal de que el amor de ella es parto de mi amor, es cuando es continuo; un amor interrumpido no es señal de amor divino, a lo más puede ser un amor de circunstancias, un amor interesado, que una vez que cesan estas cosas cesa el amor; y también las palabras te amo, te amo, no son otra cosa que el aire que produce mi amor en la criatura, que condensado en ella produce como tantos rayos de fuego hacia Aquél que ama, y Yo cuando oigo decir te amo, te amo, ¿sabes que digo?  Mi hija relampaguea en el aire de su amor hacia Mí, y un relámpago no espera al otro.  Y además, todos los actos continuos son los que tienen virtud de conservar, alimentar y crecer la vida de las criaturas; mira, también el sol surge cada día y tiene su acto continuado de luz, no se puede decir que con el surgir cada día cansa a los hombres y a la tierra, todo lo contrario, todos suspiran el surgir del sol, y sólo porque surge todos los días forma el alimento de la tierra, día por día va poco a poco alimentando la dulzura en los frutos, hasta que los hace llegar a perfecta maduración, alimenta las variadas tintas de los colores a las flores, el desarrollo a todas las plantas, y así de todo lo demás.  Un acto continuado se puede llamar milagro perenne, si bien las criaturas no le ponen atención, pero tu Jesús no puede hacer menos de poner atención, porque conozco la virtud prodigiosa de un acto jamás interrumpido.  Entonces tu amor sirve para conservar, alimentar y hacer crecer la Vida de mi amor en ti; si tú no la alimentas no puede crecer, ni recibir la multiplicidad de las dulzuras y variedad de los colores divinos que mi amor contiene”.

 

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28-30

Noviembre 9, 1930

 

Diferencia entre el amor creado y el amor creante.

Dotes que Dios dio a las criaturas.  Ejemplo.

 

(1) Vivo entre continuas privaciones de mi dulce Jesús, ¡ah! sin Él no encuentro mi centro a dónde emprender el vuelo para reposarme, no encuentro la guía a la que pueda confiarme, no encuentro a Aquél que con tanto amor, haciéndome de maestro, me daba las lecciones más sublimes, sus palabras eran lluvia de alegrías, de amor, de gracias sobre mi pobre alma.  Y ahora todo es silencio profundo.  Quisiera que el cielo, el sol, el mar, toda la tierra, vertieran lágrimas para llorar a Aquél que no encuentro más, y que no sé a donde dirigió sus pasos.  Pero, ¡ay de mí!  ninguno me lo señala, ninguno tiene piedad de mí.  ¡Ah Jesús, regresa, regresa a aquella a la cual Tú mismo le dijiste que no querías otra cosa, sino que sólo viviera para Ti y contigo!  Y ahora, y ahora todo ha terminado, mi pobre corazón está lleno, y quién sabe cuántas cosas quiere decir de la pena que siente por la privación de su Jesús, de su Vida, de su Todo, por eso paso adelante y pongo punto.  Después, mientras me encontraba en el arrebato de las amarguras, estaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, en un instante todo se me hizo presente, y mi siempre amable Jesús haciéndose ver, todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, mi amor no tiene término, y por eso amo a la criatura con amor infinito e insuperable.  Tú dices amarme, ¿pero qué diferencia hay entre el amor creado y el amor creante?  Una imagen de diferencia te la da la Creación, mira el sol, su luz y su calor llenan tu ojo, invisten toda tu persona, sin embargo ¿cuánta luz tomas?  Poquísima, apenas una sombra de la suya, y aquella luz del sol que ha quedado es tan vasta, que puede investir toda la tierra, esto es símbolo de tu pequeño amor creado, que por cuanto te sintieses llena hasta el borde, es siempre pequeño.  El amor de tu Creador, más que sol, queda siempre inmenso e infinito, y señoreando sobre todo lleva a la criatura en su triunfo de amor, haciéndola vivir bajo la lluvia continua de su amor creante.  Otro símbolo es el agua, tú la bebes, ¿pero cuánto bebes en comparación del agua que existe en los mares, en los ríos, en los pozos, en las entrañas de la tierra?  Se puede decir que poquísima, y la que queda simboliza al amor creante, que en virtud propia posee mares inmensos y sabe amar con amor inmenso a la pequeña criatura.  la misma tierra te señala tu pequeño amor, ¿de cuánta tierra tienes necesidad para apoyar tus pies?  Apenas un pequeño espacio, y aquella que sobra, ¡oh! cómo es grande.  Así que entre el amor del Creador y el de la criatura hay una diferencia distante e inmensurable.  Además de esto, debes agregar que el Creador al crear al hombre lo dotó de sus propiedades, así que lo dotó de su amor, de su santidad, de su bondad, lo dotó de inteligencia y de belleza, en suma, de todas nuestras cualidades divinas dotamos al hombre, dándole el libre albedrío para que pudiera poner en comercio nuestra dote, engrandeciéndola siempre más según que más o menos crecía, metiendo también de sus actos en nuestras mismas cualidades divinas, como encargo de trabajo que recibía para conservarse y engrandecer la dote dada por Nosotros, porque nuestra sabiduría infinita no quiso poner fuera la obra de nuestras manos creadoras, parto nuestro e hijo nuestro, sin darle de lo nuestro.  Nuestro amor no soportaría ponerlo fuera, a la luz del día, despojado y sin propiedades, no habría sido obra digna de nuestras manos creadoras, y si nada le hubiésemos dado, nuestro amor no se sentiría tan llevado a amarlo, porque es nuestro, tiene de lo nuestro, y costó tanto a nuestro amor, lo amamos tanto, hasta poner en él mi Vida.  Las cosas cuando nada cuestan y nada se da, no se aman, y es propiamente esto lo que mantiene siempre encendida, siempre viva la hoguera ardiente de nuestro amor, porque mucho dimos y damos todavía ahora a la criatura.

(3) ¿Ves entonces qué gran diferencia hay entre el amor de la criatura y el del Creador?  Si ella nos ama toma de nuestras mismas propiedades dadas a ella para amarnos, pero a pesar de que es pequeño el amor creado comparado al amor creante, sin embargo queremos este pequeño amor, más bien lo suspiramos, lo codiciamos, y cuando no nos lo da damos en delirio.  A Nosotros nos sucede como a un padre amante de su hijo, que dota al hijo con sus propiedades, y este hijo amando a su padre, frecuentemente toma los frutos de las propiedades que le dio y los manda en don a su padre.  ¡Oh! cómo goza el padre, a pesar de que no tiene necesidad, al recibir los dones, en el don se siente amado por su hijo, el don es el amor hablante y obrante de su hijo, y el amor del padre crece siempre por él, y se siente honrado, satisfecho de haber dado sus propiedades a aquél que lo ama y que nutre el afecto por su padre.  ¿pero cuál sería el dolor de este padre si el hijo no le mandase jamás nada de los bienes que le dio?  Quebrantaría el más sacrosanto de los deberes, el amor entre hijo y padre, y convertiría en dolor la alegría, la felicidad de la paternidad.  Más que padre amamos a la criatura, y toda nuestra felicidad está en el ser reamados; y si no nos ama, si él pudiese, convertiría en dolor nuestra paternidad.  Por eso hija mía, cuanto más nos ames, tantos dones de más mandas a tu padre Celestial, los cuales nos son tan agradables, porque son frutos de nuestras propiedades divinas, dadas a ti con tanto amor por tu Creador”.

 

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28-31

Noviembre 20, 1930

 

El temor de perder un bien significa poseerlo.  ¿Quién tiene el

derecho de pedir el reino de la Divina Voluntad?  Alimento para

formar y hacer crecer la Vida de la Divina Voluntad en la criatura.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, si bien con el temor de que por mi infidelidad pudiese tener la gran desventura de ser rechazada de vivir dentro del bello cielo del Fiat Supremo.  ¡Oh Dios, qué pena!  Mi Jesús, no permitas que yo salga de mi amada heredad que Tú con tanto amor me has dado, y que con tanto celo me has tenido siempre custodiada, te lo pido por amor del cielo que con tanto amor extendiste sobre mi cabeza, símbolo del cielo que con amor más grande aún encerrabas en mi pobre alma, cual es tu Voluntad, haz que Ella reine siempre en mí y que su reino se extienda en todo el mundo; te lo pido por aquel amor con el cual creaste el sol que bate continuamente la tierra, sin jamás detener su curso para entregarme tu amor de luz, imagen viva y real del Sol de tu Querer, en el cual, más que en un mar de luz envolvías a tu pequeña hija; te lo pido por el laberinto de penas en las cuales he estado envuelta y asediada, penas que me llenan de hiel continuamente, que me hacen sentirme bajo la lluvia de tempestades que amenazan con sofocarme, penas que no me es dado confiar al papel.  Jesús, Jesús, ten piedad de mí, y haz que reine en mí y en todos tu Divina Voluntad.  Pero mientras desahogaba mi dolor, mi dulce Jesús, mi amada Vida, me ha extendido los brazos para sostenerme y me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, el temor de perder un bien significa poseerlo, conocerlo y amarlo, y poseerlo no por usurpación sino con derecho de propiedad, y cuando un bien se posee con derecho de propiedad, ninguna ley, ni humana ni divina puede con modos legítimos quitar los bienes que se poseen, mucho más que la absoluta Voluntad de tu Jesús es que tú poseas con derecho de propiedad la heredad de mi Fiat Divino, que con tanto amor te he dado, para hacer que pudieses pedir con derecho que su reino venga sobre la tierra, porque sólo quien posee mi Voluntad tiene y puede con derecho pedir que su reino venga sobre la tierra y se extienda por todas partes.  Y como mi Querer llena cielos, sol, mar, y todo, a pesar de que no tienen razón, son dominados libremente por la Fuerza potente y Razón de mi Fiat, del cual jamás se han apartado.  Por eso a nombre del cielo, sol y todo, puedes con derecho pedir su reino, porque la más pequeña cosa y la más grande, animada y dominada por mi Divina Voluntad, es siempre superior al hombre, porque sin Ella el hombre ocupa el último puesto, es él el degradado y el más humillado en medio a todas las cosas creadas, es el más necesitado, el más pobre, que para vivir debe tender la mano a todas las cosas creadas para recibir la caridad de sus benéficos efectos, y a veces le viene negado por expresa Voluntad de quien las domina, es más, pone a los elementos en contra del hombre para hacerle tocar con la mano lo que significa no vivir en la heredad de Ella.  Sólo mi Voluntad da la exaltación a las obras de nuestras manos creadoras, las pone en puesto de honor, las provee de todos los bienes, en modo que de ninguno tendrá necesidad, es más, la vuelve dominante de sí y dominadora de todo; en virtud de mi Voluntad que poseen, todos se inclinan y se sienten honrados de hacerse dominar, por eso no temas, porque el temor vuelve infeliz el bien que se posee y amarga las alegrías más puras, más santas y divinas que hay en mi Fiat.  Mucho más, pues cada acto hecho en mi Divina Voluntad forma el alimento para alimentar los actos pasados hechos en Ella, porque tantos actos unidos juntos han formado su Vida en el alma, y la vida no se puede conservar y crecer sin alimento, por eso un acto sirve para conservar el otro y para formar la Vida de mi Voluntad en la criatura, los repetidos actos forman el agua para regarla, el aire para darle el respiro continuo a esta Vida toda de cielo, el latido para hacerle sentir el continuo latido de mi Querer, el alimento para conservarla en vida.  Y así como el cuerpo no puede vivir sin alimento, sin aire que lo haga respirar continuamente, y sin latido que le dé el movimiento a toda la vida, y no basta haber tomado el alimento alguna vez, respirar y palpitar a intervalos para poder formar la vida humana, sino siempre, siempre, porque sólo los actos continuos tienen virtud de formar vida, de otra manera la vida se apaga, así quien quiere formar en ella la Vida de mi Querer, tiene la necesidad de actos repetidos, de modo que a esta Vida no le debe faltar ni el aire para hacerla respirar, ni el alimento para alimentarla, ni el calor, ni la luz, para hacerle sentir la Vida del cielo en su alma.  Por eso no te preocupes de otra cosa, sino siempre adelante en mi Divina Voluntad”.

 

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28-32

Noviembre 24, 1930

 

Cómo no hay punto donde la Divina Voluntad no ejercite su

acto obrante hacia las criaturas, y éstas los reciben según

sus disposiciones.  Jesús habla de castigos.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, pero mi pobre existencia se desarrolla frecuentemente entre las amarguras de las privaciones de mi dulce Jesús, y mientras lo suspiro, llegando hasta sentir que me falta la vida, porque mi vida es Él, no conozco otra vida ni otro placer que Jesús.  Ahora, si por poco viene, mientras me siento revivir, ¡ah! aquél soplo de vida que me da me lo amarga porque no me dice otra cosa que los grandes castigos que la Divina Justicia tiene preparados, me dice cómo todos los elementos se pondrán en contra del hombre, el agua, el fuego, el viento, las piedras, los montes, se cambiarán en armas asesinas, y fuertes terremotos harán desaparecer muchas ciudades y gente, y en todas las naciones, ni siquiera la nuestra será perdonada, y además, las revoluciones en las cuales son y serán arrolladas, y las guerras que están por estallar, parece que casi todos serán tomados en la red que ellos mismos se están preparando, pero lo dice con tal amargura, y además me deja sin las acostumbradas penas que Él tenía costumbre de comunicarme.  Mientras estaba amargada, seguía mis actos en el Querer Divino, y mi dulce Jesús haciéndose ver me ha dicho:

(2) “Hija mía, elévate, ven en mi Voluntad obrante, Ella es inmensa, pero en su inmensidad no hay punto donde no ejercite actos especiales y distintos hacia el género humano.  Y si bien mi Voluntad es una, una es su inmensidad, uno es su acto, pero en su inmensidad tiene el orden de todos los efectos que como actos salen de un solo acto para verterse sobre de cada criatura, la cual los recibe según sus disposiciones.  Si ella se encuentra dispuesta a amarme, recibe los efectos del amor que está vertiendo mi Querer obrante; si está dispuesta a ser buena, recibe los efectos de su bondad obrante; si está dispuesta a hacerse santa, recibe los efectos de su santidad, así que según sus disposiciones, la inmensidad de mi Fiat vierte sobre cada una de las criaturas sus diversos efectos, que se convierten en actos para ellas, y quien no está dispuesta nada recibe, a pesar de que mi Divina Voluntad está siempre obrante sobre cada una de ellas, y como no quieren recibir el bien que les quiere dar, mi Justicia convierte en castigos estos bienes que la criatura rechaza.  Ésta es la causa de que mi Divina Voluntad, desde dentro de los elementos está como vigilando, para ver si están dispuestas a recibir el bien de su continuo obrar, y viéndose rechazada, cansada arma los elementos contra de las criaturas.  Así que castigos imprevistos y fenómenos nuevos están por suceder, la tierra con su casi continuo temblor advierte al hombre para que tenga cordura, de otra manera se hundirá bajo sus pasos porque no puede sostenerlo más, los males que están por suceder son graves, de otra manera no te habría suspendido frecuentemente de tu acostumbrado estado de victima.  Ahora, la criatura que entra en mi Divina Voluntad, no hay acto que deje huir, ella corre a cada uno de los actos obrantes de Ella, adora sus actos, los agradece, los ama, y honra dondequiera al Supremo Querer, les hace compañía, y en su pequeñez quisiera cubrir todos sus actos con su pequeño amor.  Por eso sólo quien vive en Él puede defender los derechos de un Querer tan santo.  Por lo tanto, te quiero siempre en mi Voluntad, no quieras salir jamás de Ella”.

 

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28-33

Noviembre 30, 1930

 

La causa por la que Dios no es conocido y amado, es  porque piensan

que es el Dios lejano de las criaturas, mientras que es inseparable.

La Divina Voluntad atrae al alma, y ella atrae a sí al Fiat Divino.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos que hace el Fiat Divino en las cosas creadas, y habiendo llegado al Edén, me ha parecido que mi amable Jesús me esperaba para poderme comunicar el amor, la bondad, la santidad, la potencia y todo lo que hizo al crear al hombre, vertiéndose todo en él, hasta llenarlo todo de Sí y de sus cualidades divinas, pero tanto, hasta desbordar fuera, dándole el trabajo, como el más alto honor del hombre, de servirse de su amor, de su bondad, santidad y potencia para desarrollar su vida en los mismos bienes de Aquél que lo había creado.  Yo me sentía como empapada de las cualidades divinas, y mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, el hombre fue creado para ser inseparable de Dios, y si no es conocido y amado, es exactamente porque se piensa que Dios es el Ser lejano del hombre, como si no tuviéramos qué hacer, ni él con Nosotros, ni Dios con él; el creerlo lejano hace que el hombre pierda a Dios, y se pierda todo lo que le di al crearlo, nuestras mismas cualidades divinas quedan debilitadas, sofocadas, y para muchos como si no tuviesen vida; mientras que nuestra Divinidad no está lejana, sino cercana, más bien dentro del hombre, y en todos sus actos somos actores y espectadores, por eso nuestro dolor es grande al ver que las criaturas nos tienen junto, pero creen que estamos lejanos de ellas, y por eso ni nos conocen ni nos aman.  El pensarnos lejanos es el arma asesina que mata el amor de la criatura hacia su Creador, la lejanía rompe cualquier amistad, ¿quién puede pensar en amar, en conocer y esperar a un ser lejano?  Ninguno, y Nosotros somos obligados a repetir:  ‘Estamos con ella, dentro de ella, y parece que no nos conoce, y mientras su amor, su voluntad, con no amarnos están lejanos de Nosotros, dicen que Nosotros estamos lejanos de ella’.  Ésta es la causa por la que algunos que han leído mis intimidades contigo, han llegado hasta dudar, es propiamente esto, porque piensan que soy el Dios lejano, y como lejano no podían desarrollarse tantas intimidades entre Yo y tú.  Ahora hija mía, ¿quieres saber quién hace sentir a Dios vivo en el corazón de la criatura?  Mi Voluntad reinante en ella, porque no dando vida al querer humano, mi Fiat hace sentir a lo vivo su amor, su potencia, su bondad y su santidad, que corren en todos los actos de las criaturas, es por mi Voluntad que no existe el Dios lejano, sino Dios cercano, y es Vida primaria de su vida y de todos sus actos.  Por lo tanto, el vivir en mi Divina Voluntad mantiene en vigor todos los bienes que dimos al hombre al crearlo, y hace de él el trono de Dios y su gloria, donde domina y reina”.

(3) Después de esto continuaba siguiendo todo lo que de admirable y sublime ha hecho el Fiat Divino en la Creación, y decía entre mí:  “Quiero entrar en el sol para encontrar la Divina Voluntad obrante en su luz para darle todo lo bello, lo puro, lo santo, la potencia que puede tener una voluntad humana obrante en su luz; quiero entrar en el azul cielo para abrazarlo y darle mi voluntad obrante en la vastedad de los cielos, en la multiplicidad de las estrellas, para darle la gloria, el amor de un cielo, y tantos actos profundos de adoración por cuantas son las estrellas”.  Y así seguía todas las cosas creadas, pero mientras esto hacía, el pensamiento me ha dicho:  “Las cosas creadas no tienen razón, ellas son velos que esconden aquél Fiat, y que con su razón divina, más que si tuvieran razón, con su potencia las domina, mantiene el perfecto equilibrio y se adora, se ama, se glorifica por Sí mismo”.  Mientras esto pensaba, mi amado Jesús haciéndose ver me ha estrechado entre sus brazos, y todo ternura me ha dicho:

(4) “Mi pequeña hija de mi Querer Divino, mi Voluntad es una, y como tiene la virtud bilocadora, se biloca a cada instante, en cada cosa, en cada acto, en modo que todos la pueden tener como acto y vida propia, sin embargo no pierde jamás su unidad, es siempre una, y con su Fuerza única mantiene donde Ella reina, la unión, la armonía, el orden, la comunicación, la inseparabilidad, y tiene todo en Sí, encerrado dentro de un solo acto, el acto es uno, mi Voluntad es una, pero se distiende dondequiera, sin dejar ni siquiera un átomo de las cosas creadas sin su Vida obrante y vivificante.  ¡Ah, sí, son propiamente velos que la esconden, Ella se vela de luz y extendiéndose en el sol, con su luz va modelando a las criaturas, las abraza, las besa, las calienta, las ama; se extiende en el cielo y se hace toda ojo por cuantas estrellas hay, para mirarlas, y el apacible centellear de ellas son voces silenciosas, como si muy quedito llamaran a las criaturas a la patria celestial; se vierte en el aire, y llenándolo todo se hace respiro de ellas, y se hace respirar y les da la vida.  En todas las cosas creadas corre hacia las criaturas para darles tantos efectos distintos, para llevarles su amor, la vida, la conservación, pero uno es el acto, una es la Voluntad que llena cielo y tierra.

(5) Ahora hija mía, quien hace mi Voluntad y vive en Ella, cuando hace sus actos atrae en sí todos los actos de mi Fiat que ha hecho y que continúa haciendo, y Ella atrae a la criatura, y su acto en el acto suyo, así que en virtud de su única Voluntad, la atrae en el cielo, en el sol, en el aire, en todo, y entonces, ¿sabes qué sucede?  Que no más una sola Razón y Voluntad Divina llenan cielo y tierra, sino que hay otra razón y voluntad humana, que se pierde en la Razón y Voluntad Divinas, se puede decir que ella queda como el velo de las cosas creadas, pero velo que tiene razón y voluntad, pero sacrificada y fundida en la Razón y Voluntad Divinas, y entonces sucede que mi Fiat no está más solo a amarse, honrarse y glorificarse en las cosas creadas, sino que está otra voluntad humana que la ama, la adora, la glorifica, como cielo, como sol, como aire, en suma, dondequiera que Ella se encuentre y en cada cosa distinta donde Ella reina.  Así que, tal como mi Voluntad Divina atrae en Sí a la voluntad humana y en sus actos para hacerse amar, adorar, y glorificar con su mismo amor, adoración y gloria, así la criatura que no quiere vivir más que de mi Voluntad, atrae en sí todos los actos hechos por Ella, y se hace amar, santificar, como sabe amar y santificar una Divina Voluntad, la cual extiende su cielo, forma su Sol, en suma, continúa su arte divino, como lo comenzó y está continuando en la Creación.  ¿Ves entonces qué significa hacer mi Divina Voluntad?  Y no hacerla significa perder su cielo, su Sol, su aire, sus mares de gracia, su arte divino.  Por eso siempre en Ella quiero encontrar a la hija de mi Divina Voluntad”.

 

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28-34

Diciembre 21, 1930

 

Triunfos por parte de la Divina Voluntad cuando la criatura se hace

trabajar por el Fiat Divino.  Intercambio de triunfos de ambas partes.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, me parece que yo lo llamo, porque me faltaría la vida sin Él; me faltaría la vida del bien, la vida del amor, la vida de la luz, la vida de la paz, y mi voluntad humana viéndose sola me daría el asalto y pondría en vida mis pasiones, por eso temo tanto que aun un solo instante quedase privada del Fiat obrante en mí, porque estando Él, mi voluntad se está escondida y no osa moverse delante a una Voluntad tan santa y tan potente.  Así que yo la llamo y Ella me da la mano para llevarme en sus actos, a fin de que la siga y le haga compañía.  Y como todo lo ha creado por amor de las criaturas, cuando se la siente junto, y fundida con Ella, toma tal gusto, que se siente correspondida por las tantas cosas que sacó de sus manos creadoras.  Después, mientras seguía los actos de la Divina Voluntad hechos en la Creación, mi dulce Jesús haciéndose ver, mirándome me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo me es dulce mirar a un alma que se hace trabajar por mi Divina Voluntad, sucede un triunfo para ambos lados.  Mi Voluntad inviste la inteligencia de la criatura y ella se hace investir, en suma, forman un acuerdo por ambas partes, y entonces mi Voluntad forma su triunfo sobre cada uno de los pensamiento de la criatura, y ella adquiere y hace triunfo de los tantos pensamientos divinos en su mente.  Así que mi Divina Voluntad triunfa con dar y tomar posesión de ella, y el alma triunfa con quererlo y recibirlo.  Entonces, si mira, si habla, si late, si obra y camina, son todos triunfos de mi Voluntad sobre la criatura, y ella triunfa y toma posesión de tantos actos divinos.  Entre estos intercambios de triunfos y posesiones se forma tal alegría y felicidad de ambas partes, que tú no puedes comprenderlos todos, porque debes saber que el bien, el triunfo, la posesión, sólo lleva alegría y felicidad cuando se hace entre dos; el bien aislado no ha hecho feliz a ninguno, pues cuando se ve solo pierde todo lo bello de la felicidad, por eso mi Divina Voluntad va buscando a su criatura para formar sus triunfos, para poder formar junto con ella sus alegrías, su felicidad sobre la faz de la tierra”.

 

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28-35

Febrero 8, 1931

 

Acusaciones, calumnias, condena.  A Dios le cuesta más el

querer que el poder.  Efectos de la Divina Voluntad querida, y

efectos de la Divina Voluntad permisiva.  Giro de castigos que

hará por todas las naciones.

 

(1) Hace ya algún tiempo que no escribo, porque mi pobre corazón está lleno de amarguras intensas, hasta arrollarme toda en las olas altísimas y tempestuosas del dolor y humillaciones profundas, no tenía la fuerza de escribir esta página, la más dolorosa de mi existencia acá abajo.  En el ímpetu de mi dolor he repetido muchas veces el dicho de Nuestro Señor:  “Busqué un consolador en tantas penas y no lo encontré, un amigo que dijera una palabra en mi defensa y no estuvo”.  Es más, quien debía sostenerme y darme un respiro de ánimo lo sentía cambiado, como si fuera mi más cruel enemigo.  ¡Ah!  Sí, muy bien puedo repetir con mi dulce Jesús:  “Una jauría de perros me ha circundado para despedazarme y devorarme”.  Creo que los cielos han llorado sobre mi dura suerte, como tantas veces ha llorado conmigo mi dulce Jesús.  ¡Oh! cómo es verdad que sólo Jesús permanece en el dolor y humillaciones, las criaturas saben estar a nuestro alrededor cuando todo nos sonríe y nos trae alegría y honor, pero cuando sucede lo contrario huyen y dejan a la pobre víctima sola y abandonada.  ¡Oh! mi Sumo Bien Jesús, no me dejes sola en un periodo tan doloroso de mi vida, o quédate conmigo o llévame Contigo, me siento ahogada, me faltan las fuerzas, ¡ah, ayúdame, ayúdame oh Jesús!  Pero lo que más me atormenta son las mismas luchas que debo sostener con mi dulce Jesús; por causa de la publicación de la Divina Voluntad me acusan al Santo Oficio de cosas que yo no conozco, ni donde habitan, ni donde están, y están lejanas de mí tanto como el cielo de la tierra; hace cuarenta años que vivo en la cama, se puede decir que soy una pobre sepultada en vida, la tierra no la conozco, no recuerdo haber tenido jamás amor al interés, mi dulce Jesús ha vigilado siempre mi corazón y me lo ha tenido en pleno desapego, sean siempre dadas las gracias al Señor; han acudido también al Santo Oficio por la venida del sacerdote que viene a llamarme a la obediencia en el estado de mis sufrimientos, por consiguiente imposiciones y prohibiciones.  Debido a esto, aquí se inicia una lucha con mi amado Jesús, yo le ruego que me libere o bien que todo lo hiciera Él, esto es, el hacerme caer en las penas y el liberarme cuando a Él le agrade.  Y Jesús todo bondad decía:

(2) “Hija mía, ¿pero crees tú que no lo puedo?  Lo puedo, pero no lo quiero, a Mí me cuesta más el querer que el poder, para Mí el poder es nada, en un instante puedo hacer cielo y tierra, en otro instante lo puedo destruir, tanta es la fuerza de mi Poder, pero destruir un acto de mi Querer, ni lo quiero ni lo puedo, destruiría el orden de los actos de mi Voluntad, que desde la eternidad han sido establecidos por la Divinidad, iría contra mi sabiduría, contra mis mismos designios, contra mi amor, actuaría no como Dios sino como hombre, que fácilmente cambia según las cosas son de su gusto o disgusto, y si le parece y le agrada.  Yo soy el Inmutable, y no cambio en los designios y actos que ha establecido hacer, con suma sabiduría, mi Santa Divina Voluntad.  Y además, no obraría como Dios, sólo porque han querido acusarte de negras calumnias sirviéndose de su autoridad y malvada perfidia, hasta llegar al Santo Oficio, (porque ahí se llega cuando un mal llega al exceso, y que ninguna otra autoridad puede poner remedio, y sólo por esto se ve suma perfidia)  ¿Yo debería cambiar mis designios y los modos que por tan largos años he tenido sobre ti?  ¡Oh! si tú supieras qué dolor han dado a mi corazón, que no pudiendo soportar el desgarro, estoy obligado a golpear a todos aquellos que han contribuido a una acusación tan negra, y no creas que lo haré propiamente hoy, sino que a tiempo y circunstancia mi Justicia está armando su brazo en contra de ellos, ninguno, ninguno será perdonado, es demasiado el dolor que me han dado”.

(3) Y yo:  “Amor mío, si Tú me dejas caer y no me ayudas a liberarme, ¿cómo haré?  Tú no quieres cambiar tus modos que has tenido sobre de mí, y si la autoridad, que quieren diversamente, no querrán ceder a lo que Tú quieres, ¿cómo haré?  Al menos asegúrame que me llevas al cielo y quedaremos Tú, yo y ellos, todos contentos; no ves en qué laberinto me han puesto, soy la acusada, la condenada, como si hubiese llegado a ser la criatura más infame que existe sobre la tierra, y una maldición llueve sobre mi pobre existencia.  ¡Jesús, Jesús, ayúdame, no me abandones, no me dejes sola, si todos han sido tan bárbaros que me han dejado, no me lo harás Tú!  ¿No es verdad, oh Jesús?”  Y era tanto mi dolor que rompía en llanto amarguísimo, y Jesús desahogándose en llanto también Él, me decía:

(4) “Hija mía buena, ánimo, tú debes saber que mi Voluntad Divina obra en dos modos, en modo querido y en modo permisivo; cuando obra en modo querido son designios que cumple, santidad que forma, y la criatura que recibe este acto querido de mi Voluntad, lo recibe dotado de luz, de gracia, de ayuda, nada debe faltar a esta afortunada criatura para cumplir este acto querido por mi Voluntad.  En cambio cuando obra en modo permisivo, y esto sucede cuando las criaturas con el libre albedrío de la voluntad que tienen, buscan atar las manos al Omnipotente, como en esto que quieren de ti, que quieren cambiar las cosas a su modo y no como Yo con tanto amor y para bien de todos he dispuesto hasta hoy, y me obligan a obrar en modo permisivo, y mi Voluntad permisiva es, con justicia y castigo, enceguecedora, y quién sabe a donde irán a precipitarse; así que obraré con mi Voluntad permisiva.  Ya que no quieren en el modo querido por Mí, te tendré suspendida del estado de víctima, y mi Justicia no encontrando su apoyo, se desahogará libremente contra las gentes, estoy haciendo el primer giro por todas las naciones, tanto que frecuentemente te suspendo del estado de víctima porque te veo demasiado amargada por causa mía y por causa de lo que quieren, y por tanta perfidia que han tenido contra ti, y al verte así tan amargada no me da el corazón ponerte en tu habitual estado de penas, que tú con tanto amor recibías, y Yo con amor más grande te comunicaba; por eso paso adelante, pero si tú supieras mi dolor, y en mi dolor voy repitiendo:  ‘Ingratitud humana, cómo eres horrenda’.  Y estoy por reemprender el segundo giro de los castigos por todas las naciones, repitiendo terremotos, mortalidad, fenómenos imprevistos, males de todo género, de arrojar terror y espanto; los castigos lloverán como neblina densa sobre los pueblos y muchos quedarán desnudos y en ayunas, y cuando haya terminado el segundo giro, haré el tercero, y donde más se recrudecerán los castigos, allá serán más encarnizadas las guerras y las revoluciones.

(5) Hija mía, te recomiendo paciencia, ¡ah! no me des el dolor de que tu voluntad se opone a la mía, recuerda cuántas gracias te he dado, con cuánto amor te he querido para vencer tu voluntad para hacerla mía; si quieres hacerme contento asegúrame que no harás jamás, jamás tu voluntad”.

(6) Y yo mientras le aseguro a Jesús que no haré jamás mi voluntad, las circunstancias presentes son tantas, que vivo con un temor continuo que me envenena continuamente, que pudiese incurrir en la gran desgracia de no hacer siempre la Divina Voluntad.  Dios mío, qué pena, qué desgarro a mi pobre corazón, mucho más por mi estado inconstante, porque paso días sin caer en el estado de sufrimientos, y sólo soy torturada porque Jesús me ha dejado, no tendré más el bien de verlo, y en mi dolor voy repitiendo:  “Adiós oh Jesús, no nos veremos más, todo ha terminado”.  Y lloro a Aquél que era para mí más que mi misma vida, y paso dos o tres días en estas torturas.  Y cuando me persuado de que no caeré más en aquél estado de penas, entonces Jesús de improviso me sorprende y me hace caer en los sufrimientos, y entonces soy torturada, ¿cómo haré para obedecer?  Así que, o en un modo o en otro, siento tal tristeza y amargura que no sé yo misma cómo puedo continuar viviendo, y en mi dolor espero que mi dulce Jesús tendrá piedad de mí y llevará a su pobre exiliada a su patria celestial.  Sólo te pido ¡oh! Jesús, que pongas fin a esta tempestad, con tu potencia ordena que se calme y dando luz a quien la ha suscitado, puedan conocer el mal que han hecho, a fin de que se puedan servir para santificarse.

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Deo Gratias.

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta