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I. M. I.

¡In Voluntate Dei! Deo Gratias.

29-1

Febrero 13, 1931

 

Quien vive en el Querer Divino vive en el centro de su luz, en cambio quien

no vive en Él, vive en la circunferencia de su luz.  Cómo Dios encuentra su

apoyo.  La creación es muda, la criatura es creación parlante.  El eco de

Dios en la criatura.  Dios con manifestar las verdades sale del reposo

y continúa su trabajo.

 

(1) Vida mía, dulcísimo Jesús mío, ¡ah! ven en mi ayuda, no me abandones, con la potencia de tu Santísimo Querer inviste mi pobre alma y quítame todo lo que me turba y me tortura.  ¡Ah! haz que surja en mí el nuevo sol de paz y de amor, de otra manera no siento fuerzas de continuar haciendo el sacrificio de escribir, me tiembla la mano y la pluma no corre sobre el papel, amor mío, si Tú no me ayudas, si no remueves de mí tu Justicia que justamente me abate en el estado doloroso en que me encuentro, me siento imposibilitada de escribir ni siquiera una palabra.  Por eso ayúdame, y yo me esforzaré por cuanto pueda a obedecer a quien me ordena escribir todo lo que Tú me has dicho sobre tu Santísima Voluntad, y como son cosas pasadas haré una pequeña reseña de cada cosa que corresponde a tu Divina Voluntad.

(2) Entonces, sintiéndome oprimida y toda llena de amarguras intensas, mi dulce Jesús haciéndose ver y sosteniéndome entre sus brazos me dijo:

(3) “Hija mía, ánimo, piensa que un Querer Divino reina en ti, que es fuente de felicidad y de alegría continua, pero tus amarguras y opresiones forman las nubes en torno al Sol de mi Voluntad, las cuales impiden que sus rayos brillen en todo tu ser, y que queriéndote hacer feliz se siente rechazar por tus amarguras la felicidad que quiere darte, y a pesar de que tienes a un Sol Divino a tu disposición, en virtud de tus amarguras tú sientes la lluvia que te oprime, que llena hasta el borde tu alma.  Tú debes saber que quien vive en mi Voluntad vive en el centro de la esfera del Sol Divino, y puede decir, el Sol es todo mío, en cambio quien no vive en Ella vive en la circunferencia de la luz que el Sol Divino expande por todas partes, porque mi Querer no puede con su Inmensidad negarse a ninguno, ni quiere negarse, se encuentra como el sol que está obligado a dar luz a todos, aunque no todos la quisieran, ¿y por qué esto?  Solamente porque es luz, y la naturaleza de la luz es darse a todos, a quien no la quiere y a quien la quiere; pero qué gran diferencia hay entre quien vive en el centro de mi Sol Divino, y entre quien vive en su circunferencia, la primera posee las propiedades de la luz y todos sus bienes que son infinitos, la luz la tiene defendida de todos los males, así que el pecado no puede tener vida en esta luz, y si surgen amarguras, son como nubes que no pueden tener vida continua, basta un pequeño vientecito de mi Voluntad para poner en fuga las nubes más densas, y el alma se encuentra sumergida en el centro del Sol que posee.  Mucho más porque las amarguras de quien vive en mi Querer son siempre por causa mía, y Yo puedo decir que estoy amargado junto contigo, y si te veo llorar, lloro junto contigo, porque mi Voluntad me hace inseparable de quien vive en Ella, y siento sus penas más que si fueran mías.  Es más, mi misma Voluntad que reside en el alma llama a mi Humanidad en quien sufre, para hacerla repetir su Vida viviente sobre la tierra, y ¡oh!, prodigios divinos que suceden, las nuevas corrientes que se abren entre el Cielo y la tierra por la nueva Vida de penas que Jesús tiene en su criatura.  Y mi corazón, mientras es humano es divino, posee las más dulces ternuras, son tales y tantos los atractivos y potentes ternuras de mi corazón, que en cuanto veo sufrir a quien me ama, mi amor ternísimo derrite mi corazón y todo se vierte sobre las penas y sobre el corazón de mi criatura amada.  Por eso estoy contigo en el sufrir y hago dos oficios, de actor de penas y espectador, para gozarme los frutos de mis penas que en ella voy desarrollando; por eso para quien vive en mi Divina Voluntad soy Sol y centro de su vida, así que somos inseparables, Yo siento su vida palpitante en Mí, y ella siente mi Vida palpitante en lo íntimo de su alma.  En cambio para quien vive en la circunferencia de la luz que el Sol de mi Divina Voluntad expande por todas partes, no es dueña de la luz, porque se dice verdadera dueña cuando un bien reside en sí misma, y el bien de adentro ninguno se lo puede quitar, ni en vida ni después de muerta, por el contrario el bien de afuera está sujeto a peligro, no tiene poder de tenerlo al seguro, y el alma sufre debilidad, inconstancia, pasiones que la atormentan, y llega a sentirse como lejana de su Creador.  Por eso siempre en mi Voluntad te quiero, para hacerme continuar mi Vida sobre la tierra”.

(4) Después continuaba mis pequeños actos de adoración, de amor, de alabanza, de bendiciones en el Fiat Divino a mi Creador, y conforme hacía mis actos así el Querer Divino los extendía por dondequiera y por todas partes donde se encontraba la Divina Voluntad, que no hay punto donde no se encuentre; y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(5) “Hija queridísima de mi Voluntad, tú debes saber que mi Querer no sabe hacer actos a medias, sino completos, y con tal plenitud que puede decir:  ‘Donde está mi Voluntad está mi acto’.  Y nuestra Divinidad, viendo en nuestra Voluntad Divina extendida la adoración, el amor de su criatura, encuentra su apoyo en su Inmensidad, en cualquier punto quiere apoyarse; entonces sentimos nuestra adoración profunda que la criatura nos ha puesto en nuestra Voluntad y nos apoyamos y reposamos, sentimos que dondequiera nos ama y nos apoyamos en su amor, y así de sus alabanzas y bendiciones.  Así que la criatura en nuestra Voluntad se vuelve nuestro apoyo y nuestro reposo, no hay cosa que más nos agrade que el encontrar nuestro reposo en nuestra criatura, símbolo del reposo que tomamos después de haber creado toda la Creación.

(6) Además de esto, nuestra Divina Voluntad está por todas partes, y Cielo y tierra, y todo, están llenos hasta el tope de Ella, así que todos son velos que la esconden, pero velos mudos, y si en su mutismo elocuentemente hablan de su Creador, no son ellos, sino mi misma Voluntad escondida en las cosas creadas, habla por vía de signos como si no tuviera palabra, habla en el sol por vía de signos de luz y de calor, en el viento dando signos penetrantes e imperantes, en el aire da signos mudos al formarse respiro de todas las criaturas; ¡oh!, si el sol, el viento, el aire, y todas las otras cosas creadas tuvieran el bien de la palabra, cuántas cosas dirían de su Creador.  En cambio, ¿quién es la obra parlante del Ser Supremo?  Es la criatura, Nosotros al crearla la amamos tanto que le dimos el gran bien de la palabra, nuestra Voluntad se quiso hacer palabra de la criatura, quiso salir del mutismo de las cosas creadas, y formando el órgano de la voz en ella formó la palabra para poder hablar, por eso la voz de las criaturas es velo hablante en el cual mi Voluntad habla elocuentemente, sabiamente, y como la criatura no dice ni hace siempre la misma cosa, como las cosas creadas que no cambian jamás acción, sino que están siempre en su puesto para hacer aquella misma acción que Dios quiere de ellos, por eso mi Voluntad mantiene la actitud continua de la multiplicidad de modos que hay en la criatura.  Entonces, se puede decir que no sólo habla en la voz, sino que se hace hablante en las obras, en los pasos, en la mente y en el corazón de las criaturas.  Pero, ¿cuál no es nuestro dolor al ver esta creación parlante servirse del gran bien de la palabra para ofendernos, servirse del don para ofender al donador e impedir el gran prodigio que puedo hacer de gracias, de amor, de conocimientos divinos, de santidad que puedo hacer en la obra hablante de la criatura?  Pero para quien vive en mi Voluntad, son voces que hablan, y ¡oh! cuántas cosas le voy manifestando, están en movimiento y actitud continua, gozo la plena libertad de hacer y decir cosas sorprendentes y cumplo el prodigio de mi Voluntad hablante, amante y obrante en la criatura.  Por eso dame plena libertad y verás lo que sabe hacer mi Querer en ti”.

(7) Después estaba pensando en todo lo que mi dulce Jesús me había dicho, y mi amado Bien ha repetido:

(8) “Hija mía, la sustancia [2] de nuestro Ser Divino es una inmensidad de Luz  purísima, que produce una inmensidad de amor; esta Luz posee todos los bienes, todas las alegrías, felicidad interminable, bellezas indescriptibles, esta luz inviste todo, ve todo, encierra todo, para Ella no existe ni pasado ni futuro sino un acto solo, siempre en acto, que produce tal multiplicidad de efectos de llenar Cielos y tierra.  Ahora, la inmensidad de amor que produce esta nuestra luz, nos hace amar a nuestro Ser y a todo lo que sale de Nosotros con tal amor, de volvernos verdaderos y perfectos amantes, así que no sabemos hacer otra cosa que amar, dar amor y pedir amor.  Para quien vive en nuestra Voluntad, nuestra luz y nuestro amor hacen el eco en la criatura y la transforma en luz y amor, y ¿cuál no es nuestra felicidad al formar los tipos y modelos nuestros de la obra de nuestras manos creadoras?  Por eso sé atenta y haz que tu vida no esté formada de otra cosa que de luz y de amor si quieres volver contento a tu querido Jesús”.

(9) Entonces hacía cuanto más podía por abandonarme toda en la Divina Voluntad, y pensaba en las tantas verdades que el bendito Jesús me había manifestado sobre su Santo Querer; cada verdad abrazaba el infinito y contenía tanta luz de llenar Cielo y tierra, y yo sentía la fuerza de la luz y el peso de lo infinito, que invadiéndome toda con un amor indecible me invitaban a amarlas y a hacerlas mías con ponerlas en práctica.  Pero mientras mi mente se perdía en tanta luz, mi dulce Jesús me ha dicho:

(10) “Hija mía, nuestro trabajo hacia la criatura comenzó con la Creación, y nuestro trabajo está en la palabra, porque conteniendo ella nuestra fuerza creadora habla y crea, habla y forma las obras más bellas y maravillosas.  En efecto, con el trabajo de seis Fiat que pronunciamos fue formada toda la gran máquina del universo, comprendido el hombre que debía habitarlo y ser el rey de las tantas obras nuestras.  Entonces, después de haber ordenado todo, nuestro amor nos llamó al reposo, pero el reposo no es cumplimiento de trabajo, sólo significa un breve alto para volver de nuevo al trabajo.  Ahora, ¿quieres tú saber cuándo reemprendemos de nuevo nuestro trabajo?  Cada vez que manifestamos una verdad volvemos al trabajo de la creación, así que todo lo que fue dicho en el antiguo testamento fueron otros tantos reinicios de trabajo; mi venida sobre la tierra no fue otra cosa que reemprender el trabajo por amor de las criaturas; mi doctrina, las tantas verdades dichas por mi boca, señalaban claramente mi intenso trabajo por las criaturas.  Y así como en la Creación nuestro Ser Divino se reposó, así con mi muerte y resurrección quise reposarme también para dar tiempo a hacer fructificar entre las criaturas los frutos de mi trabajo, pero es siempre reposo, no cumplimiento de trabajo, nuestro trabajo hasta el fin de los siglos estará alternado de trabajo y reposo, de reposo y trabajo.  Ves entonces hija buena qué largo trabajo he debido hacer contigo al manifestarte tantas verdades sobre mi Divina Voluntad, y cómo la cosa que más interesa a nuestro Ser Supremo es el hacerla conocer, por eso no he escatimado nada para un trabajo tan largo, si bien he tomado frecuentemente los pequeños altos de reposo para darte tiempo a recibir mi trabajo y prepararte a las otras sorpresas del trabajo de mi palabra creadora.  Por eso sé atenta en conservar y a no perder nada del trabajo de mi palabra, que contiene un valor infinito que basta para salvar y santificar un mundo entero”.

 

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29-2

Febrero 15, 1931

 

La Vida Divina tiene necesidad de alimentos para crecer en la criatura.

La criatura con su amor forma en Dios mismo su Vida Divina.  El

amor Divino tiene el germen de generar vida continua.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, si bien vivo bajo la opresión de intensas amarguras, de lágrimas continuas, y estoy obligada a vivir del aire malsano de las agitaciones, que me quitan el bello día sereno de la paz gozada siempre por mí.  Estoy resignada, beso la mano que me golpea, pero siento a lo vivo el fuego que me quema de las tantas tempestades que están cayendo sobre mi pobre existencia.  Jesús mío, ayúdame, no me abandones, ¡ah! dame la paz, aquella paz que Tú tanto querías que yo poseyera.  Y si bien Jesús frecuentemente rasga los velos de las densas nubes que me circundan con decirme alguna palabrita, sin embargo, aunque un poco reanimada, después regreso a mi estado inquieto.  Entonces mi dulce Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, ánimo, no temas que Yo te pueda abandonar, siento mi Vida en ti, y si Yo te abandonara, esta Vida mía en ti permanecería sin alimento para hacerla crecer, sin luz para hacerla feliz, faltaría el cortejo real a mi Vida Divina que Yo mismo he formado en ti; porque tú debes saber que mi Vida en Mí mismo no tiene necesidad de nada, ni de crecer, ni está sujeta a decrecer, pero mi Vida que voy formando en la criatura, para hacerla crecer tiene necesidad de alimentos divinos, de modo que poco a poco mi Vida Divina llene toda la criatura.  Por eso no puedo dejarte, y mientras parece que te dejo y parece que todo ha terminado entre tú y Yo, de improviso regreso a mi pequeña hija para ponerte en la boca el alimento de mi Voluntad, porque tú debes saber que mi Voluntad es luz, y al alma que vive en Ella le vienen suministradas las propiedades de la luz, y mientras obra, sus obras se llenan de luz, pero tanto, de desbordarse fuera, de modo que se ve que fueron hechas en las propiedades de la luz de su Creador; si ama, las propiedades del amor Divino llenan el amor de la criatura; si adora, las propiedades de la adoración divina llenan la adoración de la criatura; en suma, no hay acto que haga la criatura, que las propiedades divinas no llenen estos actos.  En mi Voluntad lo humano cesa, queda anulado, y la criatura tiene siempre qué tomar, las propiedades divinas están a su disposición.  ¡Oh! si todos supieran qué significa vivir en mi Querer Divino, el gran bien que les viene, y en el modo más simple”.

(3) Después continuaba mi abandono en el Fiat Divino, y no sabiendo hacer otra cosa, iba diciendo y poniendo mi pequeño ‘te amo’ en los actos divinos, y no sólo esto, sino que decía entre mí:  “Jesús mío, Amor mío, mi ‘te amo’ corra en tu latido, en tu respiro, sobre tu lengua, en tu voz, hasta en las más pequeñas partículas de tu adorable persona”.  Pero mientras esto hacía, mi querida Vida, haciéndose ver me hacía poner mi “te amo” en su corazón, dentro y fuera de toda su Divina Persona, y lo agradecía tanto que me incitaba a repetir cuantos más “te amo” podía, para poder encontrar en todo su Ser el querido “te amo”, y después estrechándome a Sí me ha dicho:

(4) “Hija mía, el amor es vida, y cuando este amor sale del alma que vive en mi Voluntad, tiene virtud de formar en Dios mismo la Vida de amor, y como la sustancia de la Vida Divina es el amor, por eso la criatura con su amor forma en Dios otra Vida Divina, y Nosotros sentimos en Nosotros mismos nuestra Vida formada por la criatura.  Esta Vida que con su amor unido a nuestra Voluntad, porque es Ella la que suministra la potencia para que la criatura pueda llegar a formar la misma Vida Divina toda de amor en Dios, esta Vida es el triunfo de Dios y el triunfo de la criatura, y en acto de triunfo tomamos esta Vida Divina que la criatura ha formado en Nosotros mismos, y la damos para bien de todas las criaturas como precioso regalo que hace a todos la pequeña hija de nuestro Querer, y con ansia esperamos que con su amor venga a formar otras Vidas Divinas en nuestro Ser Supremo.  Hija mía, nuestro amor no es estéril, sino que tiene el germen de generar vida continua, así que conforme tú decías ‘te amo’ en mi latido, en mi respiro, así generaba otro latido, otro respiro, y así de todo lo demás, de modo que Yo sentía en Mí mismo la nueva generación de tu ‘te amo’ que formaba la nueva Vida de mi amor, y ¡oh! cómo me sentía feliz pensando que mi hija me estaba formando dentro de Mí mi misma Vida toda de amor.  Si tú supieras cómo es conmovedor este acto de la criatura que con su amor da Dios a Dios, ¡oh! cómo nos rapta, y sintiéndonos raptados damos otro amor para tener el contento de hacerla repetir nuestras nuevas Vidas de amor.  Por eso ama, ama mucho y harás más  feliz a tu dulce Jesús”.

 

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29-3

Febrero 17, 1931

 

Imposiciones, lágrimas amarguísimas; Jesús la consuela asegurándole

que le concede la gracia de no hacerla caer en los sufrimientos.  El

sufrir voluntario constituye la verdadera víctima.

 

(1) Paso días amarguísimos, mi pobre existencia se desarrolla bajo la pesadilla de una tragedia.  Jesús mío, ¡ayúdame!  ¡No me abandones!  Tú que has sido siempre tan bueno conmigo y que con tanto amor me has sostenido en las luchas de mi vida, ¡ah! no me dejes ahora que las luchas son más tremendas y encarnizadas.  Amor mío, muestra tu potencia, mira ¡oh! Jesús, no son demonios que luchan conmigo, que con una señal de la cruz los haría huir quién sabe a dónde, sino que son superiores que sólo Tú los puedes poner en su lugar; soy la pobre condenada, y yo misma no sé qué he hecho, ¡oh! cómo es dolorosa mi historia.  Me han dicho que me quieren poner otro sacerdote asignado por el Obispo, el cual llamará médicos y hará todas las pruebas que quiera, dejándome abandonada por todos los otros en poder de éste.  Ante tal anuncio he roto en llanto, sin poder cesar de llorar, mis ojos se han vuelto fuentes, toda la noche la he pasado llorando y rogaba a Jesús que me diese la fuerza y que pusiera término a tantas tempestades; mira, decía, Amor mío, ya son dos meses y más en luchas continuas, luchas con las criaturas, luchas contigo para que no me hicieras caer en los sufrimientos, y ¡oh! cuánto me cuesta el luchar con mi Jesús, pero no porque no quisiera sufrir, sino porque así quieren quienes tienen derecho sobre mí, pero ahora no puedo más, y sólo dejaré de llorar cuando me diga que me concede librarme del fastidio que doy al sacerdote, por esto es toda la guerra, y lloraba y lloraba con tal amargura, que me sentía envenenar la sangre en las venas, tanto que a menudo me sentía como sin vida, sin respiro, pero como me sentía así, continuaba a llorar y sollozar.  Entonces mientras me encontraba en un mar de lágrimas, mi dulce Jesús me ha estrechado a Sí entre sus brazos, y con voz tierna como si quisiera también Él llorar me ha dicho:

(2) “Mi hija buena, no llores, mi corazón no puede más, tus lágrimas han descendido hasta el fondo de él, y siento tu amargura tan viva que me lo siento estallar; hija mía, ánimo, tú sabes que te he amado mucho, mucho, y ahora este amor me obliga a contentarte, si hasta ahora te he tenido suspendida del estado de sufrimiento algún día, para hacerlos comprender que mi Voluntad era la de continuar teniéndote como te he tenido durante cuarenta y seis años.  Pero ahora que te quieren poner de espaldas a la pared, me ponen en condición de hacer uso de mi Voluntad permisiva, no querida, de suspenderte del estado de víctima.  Por eso no temas, de ahora en adelante no te comunicaré más mis penas, no me extenderé más en ti de modo que tú quedabas rígida y sin movimiento; por eso quedarás libre sin tener necesidad de ninguno.  Estate tranquila hija, hasta en tanto que no se aquieten y que no quieran que tú caigas en los sufrimientos, no lo haré más.  Ahora, tú debes saber que el estado de sufrimientos en los cuales Yo te ponía correspondían a mi Humanidad, la cual quería continuar su Vida de penas en ti.  Ahora te queda la cosa más importante, mi Voluntad; ¿me das tu palabra de que vivirás siempre en Ella?  ¿Que serás la sacrificada, la víctima de mi Voluntad, que haciéndola dominar en ti no cederás un solo acto de vida a tu voluntad?  Asegúrame hija buena que nada omitirás de lo que te he enseñado a hacer, y de seguir lo que has hecho hasta ahora en mi Fiat.  Éste es el punto culminante de tu Jesús sobre ti, poner a salvo los derechos de mi Voluntad en tu alma.  Por eso hazlo pronto, dime que me contentarás”.

(3) Y yo:  “Jesús mío lo prometo, lo juro, lo quiero, seguir lo que Tú me has enseñado, pero Tú no me debes dejar, porque Contigo sé hacer todo, sin Ti no soy buena para nada”.  Y Jesús ha vuelto a decir:

(4) “No temas, no te dejo; debes saber que te amo y si me han inducido a ceder en que tú no caigas en el estado de sufrimiento, no ha sido otra cosa que un amor grande, intenso, excesivo hacia ti, mi amor al verte llorar tanto ha vencido a mi Voluntad y ha puesto un basta por ahora, pero debes saber que los flagelos lloverán como lluvia tupida, lo merecen, cuando no quieren las víctimas como me agrada a Mí, y en el modo querido por Mí, justamente merecen que sean golpeados severamente, y no te creas que lo haré hoy mismo, pero deja que pase un poco de tiempo y entonces verás y oirás lo que mi Justicia tiene preparado”.

(5) Entonces he pasado el primer día libre sin luchar con mi Jesús, porque habiéndome Él asegurado que no me habría hecho caer en los sufrimientos, no me sentía más incitar, empujar, a que aceptara someterme a las penas que Jesús quería darme.  Por eso mientras la lucha había cesado, me había quedado aún un temor de que mi amado Jesús de improviso me sorprendiera, y para tranquilizarme me ha dicho:

(6) “Hija mía, no temas, te lo ha dicho Jesús, y basta, no soy una criatura que puedo faltar a la palabra, soy Dios, y cuando hablo no cambio, te he dicho que hasta en tanto no se tranquilicen y no quieran las cosas, no te haré caer, y así será, y aunque el mundo se ponga de cabeza, porque mi Justicia quiere castigar a las criaturas, Yo no cambiaré mi palabra, porque tú debes saber que no hay cosa que aplaque más mi Justicia, y que llegue a cambiar los más grandes castigos en reescritos de gracias, que el sufrir voluntario, y se pueden llamar verdaderas víctimas no aquéllas que sufren por necesidad, por enfermedad, por infortunio, todo el mundo está lleno de estos sufrimientos, sino aquéllas que voluntariamente se exponen a sufrir lo que Yo quiero y en el modo como quiero, éstas son las víctimas que me semejan, mi sufrir fue todo voluntario, ninguna pena podían darme, incluso mínima, si Yo no lo quisiera.  Es por eso que casi siempre te preguntaba cuando debía hacerte caer en los sufrimientos, si tú voluntariamente aceptabas, para tener tu sufrir voluntario, no forzado; no es algo grande ante Dios un sufrir forzado o por necesidad, lo que enamora, que rapta y que llega a atar al mismo Dios, es el sufrir voluntario.  Si tú supieras cómo me hería el corazón cuando te ponías en mis manos como una corderita, a fin de que te atara y te hiciera lo que quisiera, te quitaba el movimiento, te petrificaba, puedo decir que te hacía sentir penas mortales, y tú me dejabas hacer, y esto era nada, el nudo más fuerte era que tú no podías salir de aquel estado de penas en el cual tu Sacrificador Jesús te había puesto si no venía mi ministro a llamarte a la obediencia; era esto lo que te constituía verdadera víctima, a ningún enfermo, ni siquiera a los mismos encarcelados les es negado el movimiento y el pedir ayuda en las necesidades extremas, sólo para ti mi amor había preparado la cruz más grande, porque cosas grandes quería y quiero hacer de ti, cuanto más grandes son mis designios tanta más cruz singular forma, y puedo decir que no ha habido jamás en el mundo cruz similar a aquella que con tanto amor tu Jesús había preparado para ti.  Por eso mi dolor es indescriptible al verme contrariado por las criaturas, por cuanta autoridad tienen, en los modos que quiero tener con las almas quieren imponerme las leyes como si ellos las entendieran mejor que Yo.  Por eso mi dolor es grande, y mi Justicia quiere castigar a aquellos que han sido causa de tanto dolor mío”.

 

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29-4

Marzo 2, 1931

 

Cómo el ofrecer el sacrificio de los santos duplica la gloria.  La Divina

Voluntad tiene la virtud de hacer resurgir.  Quien hace la Divina

Voluntad adquiere los derechos a los bienes divinos.

 

(1) Estaba continuando mis actos en la Divina Voluntad, e iba ofreciendo los sacrificios que hicieron los santos del antiguo testamento, los de mi Mamá Celestial, todos los sacrificios de mi amado Jesús, y así uno a uno de todo el resto.  El Divino Querer me los ponía todos en orden ante mi mente, y yo los iba ofreciendo como el más bello homenaje a mi Creador.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2) “Hija mía, no hay cosa sufrida y obrada por todos los santos de la historia del mundo, en que mi Voluntad no haya tomado parte haciéndose actora y concurrente de fuerza, de ayuda, de sostén en aquel sacrificio u obra que hayan hecho.  Ahora, el alma ofreciéndolos a Dios como homenaje de gloria, trae a la memoria aquel sacrificio y obra, y mi Divina Voluntad reconoce lo que ha puesto de suyo en tales actos, y da la virtud de duplicar la gloria de aquel sacrificio, para Dios y para quien ha tenido el bien de sacrificarse y obrar para cumplir mi Divina Voluntad.  El verdadero bien no cesa jamás, ni en el Cielo ni en la tierra, basta una criatura que lo recuerde y lo ofrezca, y se renueva la gloria en el Cielo y descienden los efectos de aquel bien en la tierra a favor de las criaturas.  Por eso la vida del verdadero bien no está sujeta a morir, de hecho, ¿quién es la vida de mi Iglesia?  ¿Quién la alimenta y le hace de Maestro?  Sino el breve curso de mi Vida acá abajo; puedo decir que son mis penas que la sostienen, es mi doctrina quien la enseña, son los sacramentos que la alimentan, así que todo el bien que Yo hice no murió, sino que permanece con la plenitud de la vida, y vida que vivifica, conserva, alimenta y hace crecer continuamente, y se da a quien la quiera.  Y en cuanto la criatura lo recuerda, se pone en relación con mis bienes, y conforme los va ofreciendo así se duplican para darse a ella, y Yo me siento duplicar la gloria de lo que hice por amor de las criaturas.  Mucho más que quien obra en mi Divina Voluntad adquiere la virtud de hacer resurgir; conforme el alma va haciendo sus actos, sus ofrecimientos en Ella, así mi Fiat corre para poner el germen de la luz, y su luz posee la virtud de surgir en cada instante y acto.  Parece como el sol que surge para cada plantita, para cada flor, porque no da la misma cosa a todos, como si surgiera para cada una; da a la plantita un efecto, a la flor un color, y colores distintos uno del otro.  Así son los actos hechos en mi Divina Voluntad, se exponen a los rayos de mi Sol Divino, y reciben el germen de luz, la cual hace surgir en cada acto de criatura tal variedad de bellezas y colores distintos, y un acto llama a surgir al otro.  Así que quien vive en mi Voluntad con el germen renovado de mi luz, me da siempre cosas nuevas, y ella está siempre en acto de resurgir continuamente en el amor, en la gloria y en la misma Vida de su Creador”.

(3) Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, quería abrazar todo para poner en cada cosa creada mi adoración, mi amor, mi gratitud para Aquél que tanto me había amado y que tantas cosas había creado por amor mío.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija buena, quien vive en mi Divina Voluntad y obra en Ella, es tanto el amor de mi Fiat al ver la pequeñez de la criatura que gira en todas las cosas creadas para poner en ellas sus pequeños actos, para decir que no sólo ama esta Divina Voluntad, sino que quiere reconocer todos sus actos como tantas prendas de amor; el amor hace surgir otro amor, y mi Querer da los derechos al alma en los bienes divinos, así que cada acto que hace la criatura es un derecho que adquiere en las propiedades de su Creador.  Entonces sucede que por derecho se siente amar por el Ser Supremo, porque ha puesto su amor en el amor eterno, y ha adquirido el derecho de ser amada; el amor de la criatura y el amor divino se han fundido juntos, y por ambas partes sienten el derecho de amarse, por derecho goza de la luz del sol, por derecho respira el aire, bebe el agua, se alimenta de los frutos de la tierra, y así de todo lo demás.  Y ¡oh! la gran diferencia de quien toma con derecho los bienes divinos, ésta se puede llamar hija, los otros se pueden llamar siervos, y la criatura con estos derechos nos da el amor de hijo, amor de desinterés, amor que dice verdadero amor.  Por eso vive siempre en mi Voluntad, a fin de que sientas en ti, y goces todo el amor de la Paternidad Divina”.

 

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29-5

Marzo 6, 1931

 

Cómo sólo Jesús ha sido el autor del estado de sufrimiento de Luisa,

y porque lo han obligado ha permitido una pausa.  Cómo en Dios

es reposo absoluto, fuera de Dios trabajo.

 

(1) Continúo viviendo entre las amarguras de mi estado presente, el pensamiento de que el bendito Jesús está haciendo llover flagelos, y que los pueblos permanecen desnudos y en ayunas, me tortura; y el pensar que mi amado y sumo Bien Jesús ha permanecido solo en su sufrir, y yo no estoy más junto con Él en las penas, ¡oh, cómo me atormenta!  Me parece que Jesús es todo atención sobre mí para no hacerme caer como antes en los sufrimientos, más bien esconde en Sí todas las penas para dejarme libre.  Y viéndome afligida, me parece que su intenso amor lo hace poner de lado sus penas para poner atención a mi aflicción, y me dice:

(2) “Hija buena, hija mía, ánimo, tu Jesús te ama todavía, nada ha disminuido mi amor por ti, y esto porque no has sido tú quien me ha rechazado el sufrir, no, mi hija no lo habría hecho jamás, te han obligado, y Yo para darte la paz y para hacerles ver que he sido Yo quien te ha tenido en aquel estado de sufrimiento por tan largos años, que no era ni la enfermedad ni otra causa natural, sino mi Paterna bondad que quería tener quien me supliera en la tierra en mis penas, y éstas para bien de todos.  Y ahora que te han obligado a ti y me han obligado también a Mí con sus imposiciones, lo he hecho cesar del todo, dándote una pausa, esto dice claramente que sólo tu Jesús era el autor de tu estado, pero no puedo esconder mi dolor, es tan grande que puedo decir que en toda la historia del mundo no he recibido jamás un dolor similar de las criaturas.  Mi corazón está de tal manera adolorido y desgarrado por este dolor, que estoy obligado a ocultarte el desgarro profundo para no amargarte de más, y además al ver la indiferencia de algunos, y tú sabes quienes son, como si nada me hubiesen hecho, acrecienta mi dolor y obligan a mi Justicia a continuar enviando los flagelos, y continuaré enviándolos; te lo decía antes, que si llegase a tenerte suspendida de tu estado de sufrimiento un solo mes, sentirán y verán cuántos castigos lloverán sobre la faz de la tierra.  Y mientras mi Justicia hará su curso, nos ocuparemos juntos de mi Divina Voluntad, Yo en hacértela conocer, y tú en recibir el bien de sus conocimientos, porque cada conocimiento lleva el crecimiento de la Vida de mi Voluntad en ti, y a cada acto tuyo hecho en el nuevo conocimiento, mi Fiat toma más terreno en tu alma, y en ella extiende mayormente su reino.  Mucho más que las criaturas no tienen poder de entrar en mi Divina Voluntad para perturbarnos y dictarnos leyes, por eso somos libres de hacer lo que queramos, tenemos libertad absoluta, por eso sé atenta en continuar navegando sus mares interminables”.

(3) Entonces, mientras esto decía, mi pequeña inteligencia me la he sentido transportar en un abismo de luz inaccesible; esta luz escondía todas las alegrías, todas las bellezas, aparentemente parecía luz, pero mirando dentro, no había bien que no poseyera.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, nuestro Ser Divino es luz purísima, luz que contiene todo, llena todo, ve todo, obra todo; luz que ninguno puede alcanzar a ver hasta dónde llegan nuestros confines, su altura y profundidad, la criatura se pierde en nuestra luz porque no encuentra su playa, su puerto para salir fuera de Ella.  Y si la criatura toma de ésta nuestra luz, son gotitas apenas que le sirven para llenarse toda de luz, hasta desbordar fuera, pero nuestra luz no disminuye porque la criatura haya tomado de lo nuestro, sino que viene reemplazada al instante por la virtud renovadora de nuestra luz.  Así que nuestro Ser Supremo está siempre a un nivel, en perfecto equilibrio.  Podemos dar cuanto queramos sin perder nada, si encontramos almas que quieran tomar de lo nuestro.  Es más, si encontramos quién quiera tomar, nos ponemos a trabajar, porque tú debes saber que dentro de Nosotros es reposo absoluto, no tenemos qué hacer, no hay ni qué quitar ni qué poner, nuestra felicidad es plena y completa, nuestras alegrías son siempre nuevas, nuestra única Voluntad como obrante en Nosotros nos da el perfecto reposo de las bienaventuranzas de nuestro Ser Divino, que no tiene principio ni tendrá fin.  Así que este abismo de luz que tú ves contiene un abismo de alegría, de potencia, de belleza, de amor, de tantos etcétera, y Nosotros mientras nos felicitamos, nos reposamos en ellas, porque sólo se puede llamar verdadero y absoluto reposo cuando nada falta y nada hay que agregar.  En cambio fuera de nuestra Divinidad sale nuestro trabajo en campo, y este campo son las criaturas; nuestras mismas cualidades divinas que dentro de Nosotros nos dan reposo, fuera de Nosotros mismos nos dan trabajo, y ahora hacemos trabajar a nuestra Voluntad en favor de las criaturas, aquel Fiat Divino que sacamos en campo en la Creación, del cual salieron todas las cosas, no cesa jamás de trabajar; incesantemente trabaja, trabaja conservando todo, trabaja porque quiere ser conocido, porque quiere reinar, trabaja al sacar nuevas almas a la luz del mundo y en ellas forma sus designios admirables para desarrollar su trabajo y para tener ocasión de trabajar siempre, trabaja en el retirar a las almas en el seno de la eternidad.  A nuestra Voluntad Divina la podemos llamar la trabajadora que no escatima jamás su trabajo continuo, y aun a favor de quien no la reconoce.  Trabaja nuestro amor, trabaja nuestra misericordia, nuestra potencia, y también nuestra Justicia trabaja a favor de las criaturas, de otra manera nuestro Ser Supremo no sería un Ser equilibrado y perfecto, sino tendría el defecto de la debilidad si nuestra Justicia se pusiera aparte, arrinconándola cuando tiene toda la razón de hacer su curso para castigar.  Mira entonces, nuestro trabajo son las criaturas, porque habiéndolas sacado de dentro de nuestra hoguera de amor, nuestro amor nos lleva al trabajo para amarlas siempre, siempre.  Porque si cesara nuestro trabajo cesaría el amor y la Creación se resolvería en la nada”.

 

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29-6

Marzo 9, 1931

 

El primer amor de Dios hacia el hombre fue externado en

la Creación.  Amor cumplido en la creación del hombre.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, y como estaba haciendo mis actos en Él para poderme unir a sus actos, toda la Creación se alineaba ante mi mente, y en su mudo lenguaje decía que tantas veces de más me había amado el Querer Divino por cuantas cosas de más había creado, y que ahora tocaba mi turno de amarlo en cada cosa creada, para corresponderle con otros tantos actos míos de amor, a fin de que su amor y el mío no estuvieran aislados, sino que se hicieran dulce compañía.  Ahora, mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha salido del fondo de mi alma, que parecía que estaba tan adentro de ella, que no me era dado verlo y me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestro amor por la criatura fue ‘ab eterno’, dentro de Nosotros la amamos siempre, pero fuera de Nosotros fue externado nuestro primer amor en la Creación.  Conforme nuestro Fiat se iba pronunciando y paso a paso creaba el cielo, el sol, y todo lo demás, así iba externando en cada cosa creada, casi paso a paso nuestro amor contenido desde la eternidad por amor de las criaturas.  Pero debes saber hija mía, que un amor llama al otro; habiéndose externado en la creación del universo y habiendo probado cómo es refrescante, cómo es dulce el desahogo del amor, y sólo con externarlo se desahoga, y se siente cómo es dulce amar, por eso nuestro amor habiéndose comenzado a externar no se dio más paz si no creaba a aquél, por causa del cual había dado principio a externar su amor, como sembrándolo en todas las cosas creadas.  Por tanto rebosaba fuerte dentro de Nosotros, queriendo hacer acto cumplido de amor, llamándo de la nada a aquél para darle el ser y crear en él nuestra misma Vida de amor; si no creábamos en él la Vida de amor para ser amados, no había ninguna razón, ni divina ni humana de externar tanto amor hacia el hombre; si tanto lo amamos era razonable y con derecho que él nos amara, pero no teniendo nada de sí mismo, convenía a nuestra sabiduría el crear Nosotros mismos la Vida del amor para ser amados por la criatura.  Pero escucha hija el exceso de nuestro amor, antes de crearlo no estábamos contentos de haber externado nuestro amor en la Creación, sino que llegó a tanto que poniendo fuera de nuestro Ser Divino nuestras cualidades, pusimos fuera mares de potencia y lo amamos en nuestra potencia, mares de santidad, de belleza, de amor, y así de lo demás, y lo amamos en nuestra santidad, en nuestra belleza, en nuestro amor, y estos mares debían servir para investir al hombre, a fin de que encontrara en todas nuestras cualidades el eco de nuestro amor potente, y nos amara con amor potente, con amor santo, y con amor de belleza raptora.  Por eso cuando estos mares de nuestras cualidades divinas fueron puestos fuera de Nosotros, creamos al hombre enriqueciéndolo de nuestras cualidades por cuanto más podía contener, a fin de que también él tuviera un acto que pudiera hacer eco en nuestra potencia, en nuestro amor, en nuestra bondad, para podernos amar con nuestras mismas cualidades.  Queríamos al hombre, no siervo, sino hijo; no pobre, sino rico; no fuera de nuestros bienes, sino dentro de nuestra heredad, y como confirmación de esto le dábamos por vida y por ley nuestra misma Voluntad.  Ésta es la causa por la que amamos tanto a la criatura, porque tiene de lo nuestro, y no amar las cosas propias es contra la naturaleza y contra la razón”.

 

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29-7

Marzo 16.  1931

 

El cielo y toda la Creación simbolizan la jerarquía

celestial.  Cómo se forma un acto de amor puro.

 

(1) Mi pobre mente me la sentía inmersa en la luz interminable de la Divina Voluntad, y trataba de seguir sus actos hechos en la Creación y decía para mí:  “Quisiera ser cielo para poder extender en todos y por todas partes, y en todos los puntos, y sobre todos, mi amor, mi adoración, mi gloria hacia mi Creador; quisiera ser sol, y tener tanta luz de llenar cielo y tierra y convertir todo en luz, y en esta luz tener mi grito continuo:  te amo, te amo”.  Pero mientras mi mente decía disparates, mi dulce y sumo bien Jesús, haciéndose ver me ha dicho:

(2) “Hija mía, toda la Creación simboliza a Dios, el orden de la diversidad de los santos y de las almas.  Su armonía, la unión que posee toda la Creación, el orden, la inseparabilidad, simboliza la jerarquía celestial con su Creador a la cabeza.  Observa el cielo que se extiende por todos lados y tiene bajo su bóveda azul todas las cosas creadas, imperando sobre todas, de modo que ninguno puede huir de su vista y de su imperio; ¡oh! cómo simboliza a Dios, que donde quiera extiende su dominio y que ninguno puede huir de su vista.  Este cielo contiene todo, pero se ve una gran diversidad en las cosas creadas, algunas están como inmediatas al cielo, y son las estrellas, que si bien desde lo bajo aparecen pequeñas, más allá son tan grandes y con tal variedad de colores y bellezas, y tienen una sinfonía en su curso vertiginoso con toda la Creación, de formar una de las más bellas músicas, su movimiento es sonido tan dulce y vibrante, que no se puede comparar con ninguna de las más bellas músicas de acá abajo.  Estas estrellas parece que viven de cielo, tan uniformadas están con él, símbolo de las almas que vivirán de la Divina Voluntad, estarán ellas tan inmediatas y fundidas con Dios, de recibir todas las variedades de las cualidades divinas, y vivir de ellas en modo de formar el más bello adorno al cielo de su Creador.  Mira todavía hija mía, bajo este cielo, pero como separado de él, entre el cielo y la tierra se ve el sol, astro puesto a beneficio de la tierra, su luz desciende en lo bajo y se eleva a lo alto como si quisiera abrazar cielo y tierra, por eso se puede decir que su luz tocando el cielo vive de cielo, símbolo de aquellas almas escogidas por Dios para hacer descender las gracias del cielo y hacerlas descender sobre la tierra para llamarla a vivir en la Divina Voluntad, y la primera es mi Mamás Celestial, única como el sol que extiende sus alas de luz, y esta luz se eleva en lo alto, desciende en lo bajo para reunir a Dios y al hombre, para reconciliarlo y conducirlo por medio de su luz a su Creador; las estrellas parece que viven para sí, unidas con el cielo divino, en cambio el sol vive de Dios pero se da a todos, su misión es la de hacer bien a todos, así es la Soberana Reina, pero no será sólo este Sol, surgirán otros tantos pequeños soles que tomarán la luz de este gran Sol, y serán aquellos pocos que tendrán por misión el hacer conocer mi Divina Voluntad.  Lo bajo de la tierra, el mar, las plantas, las flores, los árboles, los montes, las selvas floridas, simbolizan a los santos, las almas buenas y todos aquellos que entran en el puerto de la salvación.  Pero ve la gran diferencia:  El cielo, las estrellas, el sol, no tienen ninguna necesidad de la tierra, más bien dan mucho a la tierra, le dan la vida, la sostienen, y no sólo esto, sino que todas las cosas creadas por Nosotros que están en lo alto, están siempre en su puesto, no cambian jamás, ni crecen ni decrecen, porque tienen tal plenitud que no tienen necesidad de nada, en cambio la tierra, las plantas, el mar, y todo lo demás, son cambiantes, ahora hacen una bella aparición, y ahora llegan a desaparecer del todo, tienen necesidad de todo, del agua, de la luz, del calor, de la semilla para reproducirse.  Qué diferencia, las cosas creadas que están en lo alto pueden dar y tienen necesidad sólo de Dios para ser conservadas, en cambio la tierra tiene necesidad no sólo de Dios, sino de todo, y si la mano humana no la trabajara quedaría estéril, sin hacer nada de bien.  Tal es la diferencia, quien vive en mi Voluntad siente sólo la necesidad de Dios para vivir de su Vida, en cambio quien no tiene por principio su Vida, va mendigando apoyo y ayuda de todos, y cuando no los encuentra queda como tierra que no sabe producir nada de bien.  Por eso tu vida y el principio de todos tus actos sea sólo mi Voluntad Divina, si quieres sentir sólo la necesidad de tu Jesús, a Mí me encontrarás siempre pronto, deseoso más Yo de dártelo que tú de recibirlo; en cambio las ayudas de las criaturas vienen dadas con trabajos y de malas, tanto que quien las recibe siente la amargura de la ayuda que le viene dada por la criatura.  En cambio mis ayudas llevan la alegría y la felicidad”.

(3) Después continuaba mi te amo en el Fiat Divino, y pensaba entre mí:  “¿Pero es puro mi amor?”  Y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, para poderme dar un amor puro, una mirada a tu interior lo dice todo, si tu corazón palpita, suspira, desea sólo mi amor, si tus manos obran sólo por mi amor, si tus pies caminan sólo por amor, si tu voluntad quiere sólo mi amor, si tu inteligencia busca siempre cómo amarme, tu te amo con la palabra ¿sabes qué hace?  Recoge todo el amor que tienes dentro de ti y hace uno sólo, y forma un acto de puro amor y completo a tu Jesús, así que tu palabra no hace otra cosa que externar la extensión del amor que tienes dentro de ti; pero si dentro no es todo amor, faltando la fuente pura de adentro, no puede ser ni amor puro, ni completo”.

 

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29-8

Marzo 23, 1931

 

Sentir la propia voluntad es una cosa, quererla es

otra.  El más bello reposo que quiere dar la Divina

Voluntad.  Actos triples en el acto de la criatura.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, pero son tales y tantas las circunstancias en las que actualmente me encuentro, que mi pobre voluntad humana quisiera como salir de todas las partes de mi ser para tener algún acto de vida, y yo siento todo el peso enorme, me siento aplastar, triturar bajo mi humano querer, ¡oh! cómo es verdad que es el más cruel tirano.  Jesús mío ayúdame, no me abandones, no me dejes en poder de mi voluntad, si Tú quieres puedes, ponla bajo el dulce imperio de tu Divina Voluntad.  Y mi amado Jesús haciéndose ver y oír me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, no te preocupes tanto, sentir el peso de la propia voluntad dice nada, es una pena más dolorosa que todas las otras penas, y si tú lo hubieras querido no sería más pena, sino que la pena se cambiaría en satisfacción; sentir es una cosa, querer es otra, por eso quítate el pensamiento de que cometes siempre pecados porque sientes tu voluntad.  Por eso no temas, Yo te estoy mirando, y cuando veo que ella quiere la vida en tus cosas, Yo te doy la pena para hacerla morir de pena, por eso fíate de tu Jesús, porque lo que te hace más mal es la desconfianza, ¡ah! es siempre ella la que me hace estar inquietas a las almas, aun cuando las tengo estrechadas en mis brazos.  Y además, esta pena de sentir el peso de la voluntad humana, ¡oh! cuánto la sintió más a lo vivo tu Jesús, me duró toda la vida, por eso la mía y la tuya unámoslas, y ofrezcámoslas por el triunfo de mi Voluntad en las almas. Haz todo a un lado y ven a reposarte en mi Divina Voluntad, Ella con todo amor te espera en el centro de mi corazón para amarte, y el más bello amor que quiere darte es el reposo en las penas que tú sufres, ¡oh! cómo es dulce y refrescante ver reposar a nuestra hija que amamos y nos ama, y mientras reposa quiere hacer llover sobre ti el celestial rocío de la luz de mi Divina Voluntad; Ella en la unidad de su luz hace siempre un acto, no cesa jamás de hacerlo, y un acto solamente se puede llamar completo cuando no está sujeto a interrupciones, este acto jamás interrumpido dice todo, abraza, ama a todos; desde la altura en la cual este acto jamás dice basta, hace salir una infinidad de efectos, que le hace tener como en un puño cielo y tierra, y comunica a las criaturas el rocío celestial de los efectos de su santidad, de su amor y de su Vida Divina, pero estos efectos para las criaturas se convierten en actos, de modo que siente en sí el acto de la Vida Divina, de la luz, de la santidad, del amor, y la criatura que vive en mi Voluntad de ellos forma su vida, su alimento, y crece bajo la lluvia del rocío celestial, del acto único de su Creador.  Y estos efectos cambiados en actos en la criatura, forman su pequeño sol, que con sus pequeños reflejos dice:  ‘Amor, gloria, honor continuos a quien me ha creado’.  Así que el Sol Divino y el sol formado por mi Voluntad Divina en la criatura se encuentran continuamente, se hieren, se trasforma el pequeño sol en el inmenso Sol del Eterno y forman vida juntos, amándose con amor recíproco y jamás interrumpido.  Este amor continuo embriaga y adormece al querer humano, y da el más bello reposo a la criatura”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y comprendía cómo cuando nos disponemos a hacer un acto, el Querer Divino antes que nosotros hagamos el acto pone su acto primero para dar la vida del acto en la criatura; y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, en cada acto de criatura hay un triple acto:  Primero forma el acto la fuerza creadora; la criatura sobre el acto de la fuerza creadora forma el acto de su amor obrante, que viene alimentado por la fuerza creadora, y según la intensidad del amor de la criatura, su prolijidad, el bien, el valor, que contiene su acto, así recibe más o menos alimento del acto de la fuerza creadora, porque no hay gusto y deleite para Dios, más bello y grato, que alimentar los actos de la criatura, y esto porque viendo de lo nuestro en el acto humano, nos sentimos dueños, reconocidos por ellos, nos los sentimos unidos, no los hijos lejanos sino cercanos, más bien ensimismados con Nosotros, que como tantos hijos nos hacen corona, que justamente quieren de lo nuestro, y Nosotros con todo amor, de buena gana damos nuestro alimento a los actos de ellos, mucho más que alimentados por Nosotros crecerán como nobles hijos dignos de su Padre Celestial.  Ahora, al acto de la fuerza creadora y al acto del amor obrante de la criatura, sigue el acto del amor de cumplimiento; cada acto no se podría decir completo, ni dársele el justo valor, si faltara una coma, un punto, una pincelada cualquiera; un trabajo si no es completo no sólo no se puede dar el valor, sino que no se puede rescatar honor y gloria.  Entonces, después del amor obrante surge el amor de reconocimiento, de agradecimiento y de dar a Dios lo que es de Dios, la criatura ha recibido de Dios el acto primero de su obrar, lo ha seguido con su amor obrante, pero alimentada por Dios lo completa con un amor más grande, con dar a Dios lo que de Dios ha tenido principio.  Éste es el último punto y la más bella pincelada del acto de la criatura, al cual Dios mismo benignamente da su apreciación divina y se siente honrado y glorificado del pequeño don recibido.  Y en virtud de esto, da otras ocasiones de hacer otros actos a la criatura para tenerla siempre  junto y en continua correspondencia”.

 

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29-9

Marzo 30, 1931

 

Las humillaciones, portadoras de gloria.  Las ternuras

del corazón de Jesús.  Un corazón duro es capaz de todos

los males.  Invitación a tomar las migajas de los bienes divinos.

 

(1) Estoy de nuevo bajo la opresión de mis acostumbrados sufrimientos.  Después de un mes de descanso estoy de cabeza, me sentía como vacía de todas las penas, mi dulce Jesús no me hacía caer más en mi estado de rigidez, ni me dejaba inmóvil y sin movimiento; me sentía como si mi vida terminara al quedar sin movimiento y rígida, sin embargo vivía, pero con una vida destrozada, sin el mínimo control de mí misma, esperando con paciencia, que sólo Jesús me podía dar, a aquél que debía llamarme a la obediencia para darme el movimiento y hacerme salir del abismo en que me encontraba; así que viéndome libre, por cuanto amara el dividir las penas junto con Jesús, también mi naturaleza me la sentía triunfante, mucho más que no tenía más necesidad de ninguno, por eso al encontrarme de nuevo atada, impedida dentro del abismo primero, mi pobre naturaleza siente tal repugnancia, que si mi amado Jesús no me ayuda, no me fortalece, no me alienta con gracias especiales, yo no sé qué cosa haría para no caer en aquél estado de sufrimientos.  ¡Ah! Jesús mío ayúdame, Tú que me has sostenido por tantos años en un estado tan doloroso.  ¡Ah! si quieres que yo continúe, continúa Tú a sostenerme y usa tu misericordia sobre esta pobre pecadora, a fin de que no me oponga a tu Santísima Voluntad.  Entones mientras me encontraba entre repugnancias y miedo de ser sorprendida por mis acostumbrados sufrimientos, mi adorable Jesús haciendo ver que sufría mucho me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿qué pasa?  ¿No quieres sufrir más junto conmigo?  Cómo, ¿quieres dejarme solo?  ¿Quieres quitarme los derechos que tantas veces me has dado, de que pudiera hacer de ti lo que Yo quiero?  Hija buena, no me des este dolor, abandónate entre mis brazos y déjame hacer lo que quiero”.

(3) Y yo:  “Amor mío, perdóname, Tú conoces las luchas en que me encuentro, y en qué humillaciones profundas he sido puesta; si las cosas estuvieran como al principio, ¿cuándo te he rechazado algo?  Por eso ten cuidado y piensa ¡oh! Jesús en lo que me haces, y en qué laberinto me pones si me haces caer en los acostumbrados sufrimientos, y si te digo Fiat es tanto el esfuerzo que hago, que me siento morir.  ¡Jesús! ¡Jesús!  Ayúdame”.

(4) Y Jesús:  “Hija mía buena, no temas, la humillación es portadora de gloria, al desprecio de las criaturas surge el aprecio divino, y el abandono de ellas es el llamado de la fiel compañía de tu Jesús, por eso déjame hacer.  Si tú supieras cómo está armada la Divina Justicia, no te opondrías, más bien me rogarías que te hiciera sufrir para perdonar en parte a tus hermanos, serán devastadas otras regiones y la miseria está a las puertas de las ciudades y de las naciones.  Mi corazón siente tales ternuras al ver a qué estado de desolación y de desorden se reducirá la tierra, y esta mi ternura tan sensible por las criaturas viene ofendida por la dureza del corazón humano.  ¡Oh! cómo me es intolerable la dureza del corazón humano, mucho más ante el mío que es todo ternura amorosa y bondad hacia ellos.  Un corazón duro es capaz de todos los males, y llega a tanto de hacer burla de las penas de otros, y cambia las ternuras de mi corazón para él en dolores y llagas profundas.  La prerrogativa más bella de mi corazón es la ternura, todas las fibras, los afectos, los deseos, el amor, los latidos de mi corazón, tienen por principio la ternura, así que mis fibras son tiernas, mis afectos y deseos son ternísimos, mi amor y latidos son tan tiernos, que llegan a derretirme el corazón por ternura, y este amor tierno me hace llegar a amar tanto a las criaturas, que me contento de sufrir Yo, antes que verlos sufrir a ellos; un amor cuando no es tierno es como un alimento sin condimento, como una belleza envejecida que no sabe atraer a ninguno para hacerse amar, y como una flor sin perfume, como un fruto árido sin jugo y dulzura.  Un amor duro, sin ternura, es inaceptable y no tendría virtud de hacerse amar por ninguno.  Por eso mi corazón sufre tanto al ver la dureza de las criaturas, que llegan a cambiar mis gracias en flagelos”.

(5) Después de esto me he encontrado, debido a una fuerza suprema a la cual no me era dado poder resistir, en mi estado doloroso, y si bien sentía gran repugnancia, he tratado de abandonarme en la Divina Voluntad, mi único refugio.  Y Jesús para darme la fuerza, por poco tiempo se ha hecho ver y me ha dicho:

(6) “Hija mía, al crear al hombre nuestra Divinidad puso fuera de Nosotros mismos:  santidad, amor, bondad, belleza, y así de lo demás, que debían servir al hombre para hacerse santo, bueno, bello, y darnos amor por amor.  Ahora, nuestros bienes no han sido del todo tomados por él, y esperan quién los tome.  Por eso ven en nuestros bienes, ven a tomar las migajas de la santidad, del amor, de la bondad, las migajas de la belleza, de la fortaleza; digo migajas en comparación de lo que dejarás, porque nuestros bienes son inmensos y aquello que puede tomar la criatura se pueden llamar migajas respecto de lo que deja, pero a ella la llenarán tanto hasta desbordar fuera.  Nuestro amor sólo está contento cuando ve a la criatura amada en nuestros bienes, llena hasta el borde.  Ahora, estas migajas forman tantos diversos alimentos, uno más bello que el otro, que toma de nuestra mesa celestial, y se nutre abundantemente de estos alimentos divinos, y como nos da de aquél alimento que tomó, así al darnos sus actos quien se ha nutrido de estas migajas divinas que dan de santidad, bondad, fortaleza, amor, y llena de tal belleza, rápidamente reconocemos que es alimento de nuestras migajas que nos da en sus actos, y ¡oh! cómo quedamos contentos de que la criatura nos da sus actos que dan de lo divino, sentimos nuestros perfumes, tocamos nuestra santidad y bondad, y nos sentimos correspondidos por las migajas que le habíamos dado”.

 

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29-10

Abril 2, 1931

 

Lo más precioso que tiene la criatura es la voluntad.

Potencia de las penas voluntarias.  El apoyo.  Cómo

se enciende la llama en el alma y cómo se alimenta.

 

(1) Mi abandono continúa en el Santo Querer, pero por cuan abandonada, siento a lo vivo mis repugnancias al caer en el estado de mis habituales sufrimientos, y estas repugnancias son causadas por las luchas y por las imposiciones que hay sobre mí.  Entonces en la amargura de mi alma decía a mi dulce Jesús:  “Amor mío, quieres hacerme caer en los sufrimientos, hazlo entonces, pero de mi parte no quiero poner mi voluntad, lo harás Tú, estaré contenta, pero de mí no quiero poner nada”.  Y Jesús todo afligido me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿qué hago con tus penas sin tu voluntad?  No tengo qué hacer con ellas, ni podrán servirme para desarmar a la Divina Justicia, ni para aplacar mi justo enojo, porque lo más bello y precioso que tiene la criatura es la voluntad, ella es el oro, todo el resto de ella son cosas superficiales, cosas sin sustancia, y las mismas penas sin valor.  En cambio si corre el hilo de oro de la voluntad espontánea en las penas, tiene virtud de cambiarlas en oro purísimo, dignas de Aquél que todo sufrió voluntariamente, e incluso la misma muerte por amor de las criaturas.  Si Yo quisiera penas sin voluntad, son tan abundantes en el mundo, que cuando las quisiera las podría tomar, pero como falta el hilo de oro de su voluntad, no son para Mí, no me atraen, no me hieren el corazón ni encuentro el eco de mis penas voluntarias en ellas, por eso no tienen virtud de cambiar los flagelos en gracia.  Así que las penas sin voluntad están vacías por dentro, sin plenitud de gracia, sin belleza, sin potencia sobre mi divino corazón, basta un cuarto de hora de penas voluntarias para suplir y sobrepasar a todas las penas más atroces que hay en el mundo, porque éstas son en el orden humano, las voluntarias son en el orden divino.  Y además, de la pequeña hija de mi Querer no aceptaría jamás sus penas sin la espontaneidad de su voluntad; era ésta la que te hacía bella y agraciada a mi vista, que abría la corriente de mis manifestaciones sobre mi Divina Voluntad, y que con fuerza magnética me atraía a hacer mis visitas tan frecuentes a tu alma.  Tu voluntad sacrificada voluntariamente por amor mío era mi sonrisa, mi entretenimiento, y tenía virtud de cambiar mis dolores en alegrías, por eso me contentaré más con tener sólo para Mí las penas, antes que hacerte sufrir sin la aceptación espontánea de tu voluntad.  ¡Oh! cómo te degradarías y descenderías en lo bajo de los hijos del querer humano, perdiendo el noble título, la preciosa característica de hija de mi Voluntad.  En mi Voluntad no existe el esfuerzo, en efecto, ninguno la forzó a crear el cielo, el sol, la tierra, al mismo hombre, sino que lo hizo voluntariamente sin que ninguno le dijera nada, por amor de las criaturas; no obstante sabía cuánto debía sufrir por causa de ellas, así quiero a quien quiera vivir de mi Voluntad; el esfuerzo es de la naturaleza humana, el esfuerzo es impotencia, es mutabilidad, el esfuerzo es el verdadero carácter de la voluntad humana.  Por eso sé atenta hija buena, no cambiemos las cosas y no quieras dar este dolor a mi corazón tan amargado”.

(3) Entonces yo en mi amargura he dicho:  “Jesús mío, sin embargo aquellos que están sobre mí me dicen:  ¿Cómo puede ser posible, por cuatro o cinco personas que han querido hacer el mal, debía mandar tantos castigos?  Mas bien que Nuestro Señor tiene razón, que los pecados son muchos y por eso los flagelos, y tantas otras cosas que dicen y que Tú sabes”.  Y Jesús todo bondad ha agregado:

(4) “Hija mía, cómo se engañan, no es por el pecado de los cuatro o cinco que con tanta perfidia han llegado hasta a las calumnias, estos serán castigados individualmente, sino el puntal que me han quitado, tus sufrimientos me servían de puntal, habiéndoseme quitado el puntal mi Justicia no encuentra quien la sostenga y permaneciendo sin apoyo ha hecho llover en el tiempo que tú has estado libre de tus acostumbradas penas, flagelos continuos y terribles.  En cambio si hubiera estado el puntal, los sucesos habrían sido la décima o la quinta parte.  Mucho más que este puntal estaba formado de penas voluntarias y queridas por Mí, y en las penas voluntarias entra una fuerza divina, podría decir que Yo mismo en tus penas me hacía puntal para sostener mi Justicia, ahora faltándome tus penas me falta la materia para formar el puntal, y por eso mi Justicia queda libre de hacer lo que quiera.  De esto deberían comprender el gran bien que he hecho a todos y al mundo entero al tenerte por tantos años en el estado de penas voluntarias.  Por eso si no quieres que mi Justicia continúe a destrozar la tierra, no me niegues tus penas voluntarias, y Yo te ayudaré, no temas, déjame hacer”.

(5) Después de esto me he abandonado toda en el Fiat Divino, con temor de que yo pudiera negar alguna cosa a Jesús y de poder negarme a hacer siempre la Divina Voluntad.  Este temor me desgarra el alma y me inquieta, y sólo en la presencia de Jesús me siento en paz, pero en cuanto lo pierdo de vista regreso bajo la tempestad de los temores, de los miedos y repugnancias, y mi dulce Jesús para animarme ha agregado:

(6) “Hija buena, ánimo, levántate, no te abatas; ¿quieres saber cómo se forma la Luz de mi Divina Voluntad en tu alma?  Los deseos repetidos son como tantos soplos que soplando sobre tu alma llaman la flama, las gotitas de luz a encenderse dentro de ella, y por cuanto más intensamente deseas, tanto más sopla para alimentar la llama y engrandecerla de más, si cesa el soplo hay peligro que la llama se apague.  Así que para formar y encender la llama se requieren los deseos verdaderos e incesantes, y para madurar y engrandecer la luz se requiere el amor que contiene el germen de la luz, en vano soplarías con tus deseos si faltara la materia inflamable sobre tus soplos repetidos.  Pero ¿quién puede poner al seguro esta llama en modo de hacerla imperecedera, sin peligro de apagarse?  Los actos hechos en mi Divina Voluntad, ellos toman la materia para encender la llama de nuestra luz eterna que no está sujeta a apagarse, y la mantienen siempre viva y siempre creciente, y la voluntad humana ante esta luz se eclipsa y se vuelve ciega, y viéndose ciega no siente más el derecho de actuar y da la paz a la pobre criatura.  Por eso no temas, Yo te ayudaré a soplar, soplaremos juntos, así la llama será más bella y más brillante”.

 

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29-11

Abril 4, 1931

 

El te amo es trueno, la Divina Voluntad es Cielo, nuestra humanidad

es tierra.  Las penas del corazón de Jesús.  Intercambio de vida.

La Divina Voluntad principio, medio y fin.

 

(1) Continúa mi abandono en los brazos de la Santísima Voluntad Suprema, y si bien me siento bajo las densas nubes de amarguras inenarrables, las cuales me quitan lo bello de la Luz divina, y si la siento está atrás de las nubes, sin embargo en cuanto digo mi ‘te amo’ y hago mis actos en el Fiat, se forma el trueno, y haciendo salir su luz deslumbrante desgarra las nubes, y por entre aquellos desgarros entra la luz brillante en mi alma y me lleva la luz de la verdad que Jesús quiere manifestar a su pequeña criatura.  Me parece que por cuanto más repito mi te amo, tanto más seguido trueno y relampagueo, y estos relámpagos rasgando las nubes hieren a mi sumo Bien Jesús, el cual herido me manda su luz como anunciadora de su visita a su hija amargada.  Después, mientras me encontraba en este estado, mi amado Jesús ha venido en un estado que daba compasión, y afligido tenía los brazos destrozados por las graves ofensas recibidas, y lanzándose en mis brazos me pedía ayuda en tantas penas; yo no he sabido resistir, y mientras me lo he estrechado entre mis brazos, me he sentido comunicar sus penas, pero tantas de sentirme morir, entonces he caído en el abismo de mi estado doloroso.  ¡Fiat...!  ¡Fiat...!  Pero el pensamiento de poder aliviar a Jesús con mis pequeñas penas me daba la paz.  Y si bien Jesús me había dejado sola en las penas, después ha regresado y me ha dicho:

(2) “Hija mía, el verdadero amor no sabe hacer nada, ni sufrir, si no hace partícipe a aquella que me ama; cómo es dulce la compañía de las personas queridas en las penas, su compañía me mitiga las penas y me siento como si me dieran de nuevo la vida, y sentirme dar de nuevo la vida por vía de penas es el amor más grande que Yo encuentro en la criatura, y Yo le doy de nuevo mi Vida en correspondencia.  Así que es tanto el amor, que se intercambian el don de la vida la una por el otro.  Pero ¿sabes tú quién me ha atraído en tus brazos para pedirte ayuda en mis penas?  El continuo tronar de tu ‘te amo’, que relampagueando me ha atraído para venirme a arrojar en tus brazos para pedirte alivio.  Además de esto tú debes saber que mi Divina Voluntad es Cielo, tu humanidad es tierra; ahora, conforme vas haciendo tus actos en Ella, tú tomas Cielo, y por cuantos más actos haces, tantos más puestos tomas en este Cielo de mi Fiat, y mientras tú tomas el Cielo, mi Voluntad toma tu tierra, y Cielo y tierra se funden juntos y quedan perdidos la una en el otro”.

(3) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino, y el bendito Jesús ha regresado con el corazón abierto, del cual derramaba sangre, y en aquél corazón divino se veían todas las penas de Jesús, que sufría en todas las partes de su Divina Persona, concentradas todas en el corazón, más bien en él estaba la sede y el principio de todas sus penas que derramándose por toda su santísima Humanidad, como tantos ríos salían de su santísimo corazón llevando el desgarro que sufría toda su Divina Persona.  Y Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, cuánto sufro; mira mi corazón, cuántas heridas, cuántos dolores, cuántas penas esconde.  Él es el refugio de todas las penas, no hay dolor, ni espasmo, ni ofensa que no se vierta en este mi corazón.  Son tantas mis penas, que no pudiendo sostener su acerbidad voy buscando quien quiera aceptar alguna pequeña partecita de estas penas para tener un respiro de alivio, y cuando la encuentro la quiero tanto, que no sé dejarla nunca más, ni me siento más solo, tengo a quién hacer comprender mis penas, a quién confiar mis secretos, y en quién derramar mis llamas de amor que me consumen.  Por eso frecuentemente te pido que aceptes parte de mis penas, porque son muchas; y si no voy a mis hijos a pedir alivio, ¿a quién debo ir?  Quedaría como un padre sin hijos, que, o no tiene prole, o bien los hijos ingratos lo han abandonado.  ¡Ah! no, no, tú no me abandonarás, ¿no es verdad hija mía?”

(5) Y yo:  “Jesús mío, jamás te abandonaré, pero Tú me darás la gracia, me ayudarás en mis condiciones presentes, que Tú sabes cómo son penosas.  Jesús mío, ayúdame, y también yo te digo de corazón, ¡ah! no me abandones, no me dejes sola, ¡oh! cómo siento a lo vivo la necesidad de Ti.  ¡Ayúdame, ayúdame!”  Y Jesús tomando un aspecto más dulce, tomaba mi pobre alma entre sus manos, y en el fondo de ella escribía:  “Pongo mi Voluntad Divina en esta criatura, como principio, medio y fin”.  Y después ha repetido:

(6) “Hija mía, pongo mi Divina Voluntad en tu alma como principio de vida, de la cual descenderán todos tus actos como de un solo punto, que difundiéndose en todo tu ser, en el alma y en el cuerpo, te harán sentir la Vida palpitante de mi Querer Divino en ti, el cual esconderá en Sí mismo, como dentro de un sagrario, todos tus actos, como compañía de su principio Divino.  Ahora con tener mi Divina Voluntad como principio, quedarás toda ordenada en tu Creador, y reconocerás que todo principio viene de Dios, y nos darás la gloria y la correspondencia del amor de todas las cosas creadas que han salido de nuestras manos creadoras.  Con hacer esto abrazarás la obra de la Creación, de la cual fuimos el principio, la vida y la conservadora de ella.

(7) Del principio pasarás al medio, tú debes saber que el hombre sustrayéndose de nuestra Voluntad Divina desconoció el principio y se desordenó, y quedó vacilante, sin apoyo, sin fuerza, a cada paso se sentía empujado a caer como si se sintiera faltar el terreno bajo sus pies, y el Cielo sobre su cabeza en acto de descargarse sobre él en una fiera tempestad.  Ahora se requería un medio para reafirmar la tierra y hacer sonreír al Cielo, y he aquí mi venida sobre la tierra como medio para reunir Cielo y tierra, Dios y hombre.  Por eso quien tiene mi Divina Voluntad como principio, le develará el medio y abrazará toda la obra de la Redención, y me dará la correspondencia del amor y la gloria de todas las penas que sufrí para redimir al hombre.

(8) Ahora, si está el principio y el medio, debe estar el fin; fin del hombre es el Cielo, y quien tiene mi Divina Voluntad como principio, todos sus actos corren en el Cielo, hasta donde debe llegar su alma y como principio de su bienaventuranza que jamás tendrá fin.  Y si tú tienes mi Divina Voluntad como fin, me darás la gloria y la correspondencia del amor con que he preparado una Patria Celestial a las criaturas para su feliz estancia.  Por eso sé atenta hija mía, y Yo sello en tu alma mi Divina Voluntad como principio, medio y fin, la cual te servirá de vida, de guía segura, de sostén, y te conducirá entre sus brazos a la Patria Celestial”.

 

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29-12

Abril 16, 1931

 

El coraje es de las almas decididas.  Seis ángeles con Jesús a la

cabeza.  Los actos hechos en la Divina Voluntad son prendas de

valor infinito, vínculos eternos, cadenas no sujetas a romperse.

 

(1) Mi vida continúa bajo el imperio del Fiat eterno, el cual me envuelve dentro y fuera de mí y me hace sentir su peso infinito, y yo como átomo quedo envuelta por esta infinitud que no tiene límites, y por cuanto lo amo y suspiro, siento a lo vivo el dolor de mi voluntad humana destrozada y casi muriendo bajo el imperio de una Divina Voluntad inmensa y eterna.  Jesús mío, ayúdame y dame la fuerza en el estado doloroso en que me encuentro, mi pobre corazón sangra y busca un refugio en tantas penas, sólo Tú, Jesús mío, puedes ayudarme, ¡ah! ayúdame, no me abandones...  Y mientras la pobre alma se ahogaba en el dolor, mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior crucificado, con seis ángeles, tres a la derecha y tres a la izquierda de su adorable persona, dichos ángeles tenían cada uno su corona entre las manos, adornadas de gemas brillantísimas, en acto de ofrecerlas a Nuestro Señor.  Yo he quedado maravillada al ver esto, y mi amado Jesús me ha dicho:

(2) “Ánimo hija mía, la firmeza es de las almas resueltas a hacer el bien, ellas son imperturbables bajo cualquier tempestad, y mientras oyen el estruendo de los truenos y relámpagos, hasta ser sacudidos por ellos, y quedan bajo la abundante agua que les llueve encima, se sirven del agua para lavarse y salir más bellas, y sin poner atención a la tempestad, están más que nunca resueltas y animosas a no apartarse del bien comenzado.  El desánimo es de las almas indecisas, que no llegan jamás a cumplir un bien.  El coraje le muestra el camino, el coraje pone en fuga cualquier tempestad, el coraje es el pan de los fuertes, el coraje es el luchador que sabe vencer cualquier batalla.  Por eso hija buena, ánimo, no temas; y además ¿de qué temes?  Te he dado seis ángeles para tu custodia, cada uno de ellos tiene la misión de guiarte por los caminos interminables de mi Eterno Querer para hacer que tú pudieras corresponder con tus actos, con tu amor, lo que hizo la Divina Voluntad al pronunciar seis Fiat en la Creación.  Por eso cada ángel tiene en custodia un Fiat y lo que salió de este Fiat, para llamarte a corresponder cada uno de estos Fiat, incluso con el sacrificio de tu vida.  Estos ángeles recogen tus actos y con ellos forman corona, y postrados los ofrecen a la Divinidad como correspondencia de lo que hizo nuestra Divina Voluntad, a fin de que sea conocida y forme su reino sobre la tierra.  Pero esto no es todo, a la cabeza de estos ángeles estoy Yo que te guío y vigilo en todo, y que formo en ti los mismos actos y aquel amor que se requiere para que tú puedas tener amor suficiente para poder corresponder tantas obras grandes de nuestro Querer Supremo.  Por eso no te detengas, hay mucho qué hacer, tienes que seguirme a Mí que no me detengo jamás, tienes que seguir a los ángeles porque quieren cumplir su cometido asignado, tienes qué cumplir tu misión de hija de la Divina Voluntad”.

(3) Después de esto me sentía pensativa, y temiendo pensaba entre mí:  “Las circunstancias de mi vida son dolorosísimas, tanto, que muchas veces me siento sucumbir bajo una tempestad tan grande que no da señas de terminar, más bien parece que arrecia más, y si Nuestro Señor no me da ayuda y gracia sobreabundante, mi debilidad es tanta, que me siento como si quisiera salir de la Divina Voluntad, y si, jamás sea, esto sucede, pobre de mí, todo se perderá”.  Pero mientras esto pensaba, mi adorable Jesús extendiéndome sus brazos para sostenerme me ha dicho:

(4) “Hija mía, tú debes saber que los actos hechos en mi Divina Voluntad son imperecederos e inseparables de Dios, y permanecen como continuo recuerdo de que el alma ha tenido el bien de obrar junto con una Voluntad Divina, y que Dios ha tenido junto con Él a la criatura para hacerla obrar con su misma Divina Voluntad.  Este recuerdo feliz, obrante y santo, nos hace tener siempre ante la vista a Dios y al alma, de modo que quedamos inolvidables el uno y el otro, tanto, que si la criatura tuviera la desventura de salir de nuestra Voluntad, irá vagando, girará lejana, pero sentirá el ojo de su Dios sobre sí que la llama dulcemente, y su ojo mirará hacia Aquél que la mira continuamente; y si bien va vagando, siente la irresistible necesidad, las fuertes cadenas que la atraen a los brazos de su Creador.  Esto le sucedió a Adán, porque el principio de su vida fue hecho en mi Voluntad Divina; a pesar de que pecó y fue expulsado del Edén, que estuvo vagando toda su vida, pero ¿acaso él se perdió?  ¡Ah no!  Porque sentía sobre de sí la potencia de nuestra Voluntad en la cual él había obrado, sentía nuestro ojo que lo miraba y que atraía su ojo a vernos, y el amado recuerdo que las primicias que sus actos habían tenido vida en nuestra Voluntad.  Tú no puedes comprender todo el bien y qué significa obrar en nuestra Voluntad; con obrar en Ella el alma adquiere tantas prendas de valor infinito por cuantos actos hace en nuestro Fiat, y estas prendas quedan en Dios mismo, porque la criatura no tiene capacidad ni lugar dónde tenerlas, tanto es el valor que contienen, y además ¿puedes tú creer que mientras tenemos estas prendas de valor infinito de la criatura, debemos permitir que se pierda aquél a quien pertenecen estas prendas tan preciosas?  ¡Ah no!  ¡No!  Por eso no temas, los actos hechos en nuestro Querer son vínculos eternos, cadenas no sujetas a romperse, y supón que tú salieras de nuestro Querer Divino, lo que no será, tú puedes salir, pero tus actos quedan, no pueden salir, porque han sido hechos en nuestra casa, y la criatura tiene derechos sobre ellos hasta en tanto está en nuestra casa, esto es en nuestra Voluntad, en cuanto sale pierde sus derechos, pero estos actos tendrán tal potencia de hacer volver a aquella que era poseedora de ellos.  Por eso no quieras estropear la paz de tu corazón, abandónate en Mí y no temas”.

 

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29-13

Abril 24, 1931

 

Dios en el obrar requiere de los actos de las criaturas como

pequeño terreno donde apoyar sus obras.  Quién forma el respiro,

el latido de la Creación.  Las obras de Dios son portadoras de vida.

 

(1) Continuaba haciendo mis actos en el Fiat Divino, ¡oh! cómo desearía no dejar escapar nada de lo que ha hecho, tanto en la Creación como en la Redención, para poder hacer competencia con mi pequeño ‘te amo’ incesante, te adoro, te agradezco, te bendigo, y te ruego que venga el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.  Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestro obrar divino, si bien sobreabunda, pero tanto que la criatura no puede llegar a tomar toda la sobreabundancia de los bienes que ponemos en nuestras obras creadoras, sin embargo para obrar requerimos siempre el pequeño obrar de la criatura, y según el más o el menos obrar de ella, así disponemos el más o el menos de los bienes que queremos dar en la obra que queremos hacer en provecho de las criaturas, porque el obrar de ellas nos sirve como pequeño terreno o espacio donde apoyar nuestros bienes; si un terreno o espacio es pequeño, poco podemos poner, si es grande podemos poner mucho, y si queremos poner de más, será incapaz de tomarlo y de comprender lo que Nosotros le hemos dado.  Mira entonces cuán necesario es el pequeño obrar de la criatura para hacer que nuestras obras tengan vida en medio a las humanas generaciones, mucho más que en cuanto la criatura comienza sus pequeños actos, sus plegarias, sus sacrificios para obtener el bien que le queremos dar, así se pone en comunicación con su Creador, abre una especie de correspondencia, y todos sus actos no son otra cosa que cartitas que le hace llegar, en las cuales ahora ruega, ahora llora, y ahora le ofrece su misma vida para moverlo a dar el bien que le queremos dar.  Esto dispone a la criatura a recibirlo, y a Dios a darlo; si esto no fuera faltaría el camino y todas las comunicaciones estarían cerradas, faltaría el conocimiento de Aquél que quiere dar el don, y sería dar y exponer nuestros dones a personas enemigas, que no son ni amadas por Nosotros, ni amantes de Nosotros, lo que no puede ser; mientras que cuando Nosotros queremos hacer una obra elegimos siempre a quien nos ama y amamos, porque el amor es el germen, la sustancia, la vida de nuestras obras, y cuando falta el amor falta la respiración, el latido de una obra y no se aprecia el don recibido, y con no apreciarlo corre peligro de morir al nacer.  He aquí la necesidad de tus actos y del sacrificio, incluso de tu vida, para hacer conocer mi Querer Divino y hacerlo reinar; no hay obra más grande de Ella, y por eso quiero tus actos repetidos, tus oraciones incesantes, y tu sacrificio prolijo de una vida sepultada viva, no es otra cosa que el terreno amplio donde apoyar tanto bien.  Cada acto tuyo es una cartita que nos mandas, y Nosotros leyéndola decimos:  ¡Ah sí, hay quien quiere nuestro Querer sobre la tierra y quien nos quiere dar su misma vida para hacerlo reinar!  Con esto disponemos las cosas, las gracias, los eventos, para llenar tu pequeño terreno, y esperamos que lo agrandes de más para apoyar el gran don del reino de nuestra Voluntad.  Esto sucedió en la Redención, esperé largo tiempo para descender del Cielo a la tierra para dar el tiempo suficiente al pueblo elegido para preparar con sus actos, plegarias y sacrificios, el pequeño terreno donde podía apoyar los frutos de la Redención, que fueron tan sobreabundantes, que las criaturas todavía deben tomar todo, y si más hubieran hecho, más habría dado; y si hubiera querido dar más, sin ni siquiera una coma, un punto de sus actos, habría sido para ellos como un libro ilegible del cual no se conoce la lengua, como un tesoro sin llave que no se conoce lo que está adentro, porque el acto de la criatura es el ojo que lee y la llave que abre para tomar mis dones.  Y además, dar sin ser conocido el bien que se da, habría sido un dolor, y no habría sido digno de nuestra sabiduría.  Por eso sé atenta en seguir mi Voluntad Divina, cuanto más la sigas más la reconocerás y más será sobreabundante en dar sus bienes”.

(3) Después de esto estaba siguiendo mi giro en la Creación para unirme a los actos hechos por la Divina Voluntad en ella, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, el respiro, el latido, la circulación de la sangre de la Creación es el amor, la adoración, la gloria nuestra.  Nosotros poníamos en ella lo que Nosotros somos en Nosotros mismos; nuestra Naturaleza es amor purísimo, y nuestra santidad es tanta, que lo que produce este amor no es otra cosa que adoración profunda y gloria perenne a nuestro Ser Divino.  Por eso poniendo fuera la Creación debíamos poner lo que Nosotros poseemos, no podíamos poner cosas que a Nosotros no pertenecieran, por eso el latido de la Creación es el amor, y conforme late, así la adorna con nuevo amor, que dándole la carrera de la circulación repite incesantemente:  ‘Adoración y gloria a nuestro Creador.’  Ahora la criatura, si gira en las cosas creadas poniendo su amor, pone el suyo y toma nuestro amor, y hace surgir otro amor para esperarla de nuevo para recibir y dar su amor, así que sucede un intercambio y una competencia entre las cosas creadas y la criatura, que uniéndose juntas, dan amor, adoración, gloria a nuestro Ser Supremo.  Por eso si quieres amor, piensa que todas las cosas creadas tienen nuestro mandato de darte amor siempre que reciban el tuyo, así será mantenida la fiesta de nuestro amor entre el Cielo y la tierra, y tú sentirás la felicidad de nuestro amor y te será sustituido el respiro del amor, el latido de la adoración, y circulará en tu sangre gloria perenne a tu Creador.

(5) Tú debes saber que nuestras obras están llenas de vida, nuestra fuerza creadora tiene virtud de poner el germen vital en todas las obras que hacemos, y de comunicarla a las criaturas que hacen uso de ellas.  La Creación está llena de nuestras obras creadoras, la Redención es un campo inmenso de nuestras acciones hechas para que llevaran la vida y el bien que contienen a las criaturas; así que estamos circundados por la magnificencia de nuestras obras, pero tenemos el dolor de que estas obras no son tomadas, y muchas ni siquiera conocidas por las criaturas, y por eso están para ellas como muertas, porque portan vida y producen frutos de vida por cuanto uso hacen de ellas, y tener tantas obras vitales expuestas, tantas propiedades nuestras sin producir los frutos que contienen; y mucho más, ver a las criaturas pobres, débiles y sin la vida del verdadero bien, nos duele tanto que tú no puedes comprender en qué condiciones de dolor nos ponen las criaturas.  Nosotros nos encontramos en las condiciones de un padre, que teniendo muchos hijos prepara el alimento, y mientras lo prepara está todo en fiesta pensando que sus hijos no estarán en ayunas, sino que comerán de lo suyo; después pone la mesa, dispone los platos con la diversidad de alimentos que ha preparado, llama a los hijos a fin de que vengan a degustar los ricos alimentos que ha preparado, pero los hijos no escuchan la voz del padre y la comida queda sin que ninguno la toque.  Cuál no es el dolor de este padre al ver que los hijos no se sientan a su mesa y no se alimentan de los alimentos que él ha preparado, el sólo ver la mesa llena de alimentos le produce dolor.  Así estamos Nosotros al ver que las criaturas no se ocupan de las tantas obras que hemos hecho con tanto amor para ellas.  Por eso, por cuanto más tomes de lo nuestro, más Vida Divina recibirás, nos volverás más contentos y nos cicatrizarás la llaga profunda de la ingratitud humana”.

 

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29-14

Mayo 4, 1931

 

Potencia de la palabra de Jesús.  Los actos repetidos son

como la sabia a las plantas.  Las penas forzadas pierden

la frescura.  Jesús quiere estar libre en el alma.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, su dulce imperio alienta mi pobre voluntad, que si bien frecuentemente quisiera salir como en campo para hacer su vida, dadas las circunstancias dolorosas en las que me encuentro, pero el Fiat omnipotente, con la fuerza irresistible de su luz, se fija sobre la noche de mi voluntad, y me impide el paso, y formando su día de luz en mi alma me atrae para hacer mis pequeños actos en su Querer Divino.  Y yo pensaba entre mí:  “¿Por qué Jesús tiene tanto interés que no interrumpa mis repetidos actos en su adorable Voluntad?”  Y Jesús todo ternura y bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, porque todos los actos que haces en tu interior son actos enseñados y formados por Mí, así que son actos míos, y Yo no quiero que tú te quedes atrás, sin unirte conmigo para seguirlos.  Porque tú debes saber que cuando hago un trabajo en el alma, cuando hablo y enseño, tu Jesús tiene tal potencia, de convertir en naturaleza el bien enseñado y obrado en la criatura, y el bien en naturaleza no se puede destruir, sería como si tú tuvieras el ojo dado a ti por Dios como propiedad de tu naturaleza y no te sirviera para ver; la voz, las manos, los pies, y no te sirvieran para hablar, para obrar y caminar, ¿no serías digna de condena?  Ahora, así como doy los dones en naturaleza al cuerpo, así cuando hablo, mi palabra creadora tiene la potencia de dar al alma, como en naturaleza, el don que intento dar con mi palabra, porque un Fiat mío puede encerrar un cielo, un sol, una plegaria incesante por don, con la cual mi Fiat tiene la potencia de convertir como en naturaleza del alma estos dones.  Por eso lo que tú haces en tu interior son dones en naturaleza que mi palabra ha formado en ti, por eso estarás atenta para no tener inútiles mis dones, Yo los he puesto en ti para hacer que con estos actos repetidos en mi Querer podamos juntos impetrar el gran don de que mi Divina Voluntad venga a reinar sobre la tierra.  Mucho más hija buena, que los actos repetidos son como la sabia a la planta, si la planta no tiene sabia está seca y no puede producir ni flores ni fruta, la sabia es como la sangre vital de la planta, que circulando en ella la conserva, la hace crecer y le hace producir los frutos más bellos y sabrosos, que llegan a formar la gloria y la utilidad del agricultor; pero esta sabia no se forma por sí misma en la planta, es el agricultor que debe estar atento a regarla y cultivarla, pero no una vez, sino siempre, dándole como en naturaleza la sabia suficiente para hacer que la pobre planta encuentre el alimento diario para vegetar y crecer, para poder dar sus frutos a aquél que la cultiva, pero si el agricultor es un holgazán, la planta pierde la sabia y muere.  Ve entonces qué cosa son los actos repetidos, son la sangre del alma, el alimento, la conservación y el crecimiento de mis dones, a los cuales Yo, como Agricultor Celestial no ceso jamás de regarte, por lo que no hay peligro de que pueda ser holgazán, pero tú debes recibir esta sabia vital, y sólo la recibes cuando repites los actos en mi Voluntad en el fondo de tu alma, entonces abre la boca, y Yo regándote te doy la sangre en tu alma para darte el calor divino, el alimento celestial, y agregándote otras palabras mías te conservo y te acreciento mis dones.  ¡Oh! si la planta tuviera razón y rechazara ser regada por el agricultor, ¿qué suerte correría la pobre planta?  ¡La suerte de perder la vida!  Y ¡qué dolor del pobre agricultor!  Por eso el repetir los actos es querer la vida, es tomar el alimento; el repetir es amar, apreciar y apagar las ansias y contentar a tu Agricultor Celestial, que con tanto amor ha trabajado en el campo de tu alma, y conforme te siento repetir tus actos junto Conmigo, o sola, me das los frutos de mi trabajo, y Yo me siento amado nuevamente y correspondido por los tantos dones que te he dado, y me dispongo a darte dones mayores.  Por eso sé atenta y haz que tu constancia sea la fuerza vencedora, que vence y domina a tu Jesús”.

(3) Después de esto me sentía como si debiera caer en mi acostumbrado estado de sufrimiento, y dadas las imposiciones que hay, sentía repugnancia de aceptar, mi pobre naturaleza temblaba y sentía la necesidad de decir junto con mi dulce Jesús:  ‘Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero hágase tu Voluntad no la mía’.  Y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, no quiero en ti las penas forzadas, sino voluntarias, porque las penas forzadas pierden la frescura, la belleza y el dulce encanto de la semejanza con las penas de tu Jesús, que todas fueron sufridas por Mí en forma voluntaria, y son como aquellas flores marchitas, como aquellos frutos inmaduros que la vista desdeña y la boca no puede comer, tanta es la falta de sabor y dureza de aquellas frutas.  Tú debes saber que cuando elijo un alma, Yo formo en ella mi habitación, y quiero ser libre de hacer en mi casa lo que Yo quiero, y de estar como me agrada, no quiero restricciones de parte de la criatura, quiero absoluta libertad, de otra manera me volvería infeliz y estaría obstaculizado en mi modo de actuar; sería la más grande desventura, incluso al más pobre, el no gozar la libertad en su pequeño tugurio, e incurriría en la desventura de un pobre individuo que habiéndose formado con tanto amor una habitación, cuando la ha acondicionado y puesto en orden, entra para habitarla, pero con su dolor le vienen hechas imposiciones y restricciones, y se le dice:  ‘En esta habitación no puedes dormir, en ésta no puedes recibir, en ésta otra no puedes pasar’.  En suma no puede estar como quiere ni hacer lo que quiere, así que pobrecito, se siente infeliz porque ha perdido su libertad, y está arrepentido de los sacrificios que ha hecho para fabricarse esta habitación.  Así soy Yo, cuántos trabajos, cuántos sacrificios, cuántas gracias no he derramado para convertir una criatura en mi habitación, y cuando tomo posesión, más que todo amo y quiero la libertad en mi casa, y cuando encuentro, ahora la repugnancia, ahora las restricciones, en vez de adaptarse la habitación a Mí, Yo me debo adaptar a ella, por eso no puedo desarrollar mi Vida, ni mis modos divinos, ni me es dado el cumplir la finalidad para la cual con tanto amor, me he escogido esta habitación.  Por eso quiero libertad, y si quieres hacerme feliz déjame libre de hacer lo que quiero”.

 

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29-15

Mayo 10, 1931

 

Quien quiere recibir debe dar.  Modos que tiene Jesús.  Los dones divinos,

portadores de paz.  La Divina Voluntad tiene la virtud de fermentar.

Bien que encierra un acto completo de Divina Voluntad.

 

(1) Estoy siempre en la querida heredad de la Divina Voluntad, a donde quiera que dirijo la mente, el paso, la encuentro como Reina imperante, que con su dulce imperio quiere reinar sobre mi pobre alma, y con la voz más elocuente, suave y fuerte, me dice emanando amor, de poder convertir en fuego todo el mundo entero:  ‘Como Reina te espero en cada obra mía, para que tú vengas a formar y extender tu pequeño reino divino en mis mismas obras; mírame, soy Reina, y quien es Reina tiene el poder de dar a sus hijos lo que quiere, mucho más que mi reino es universal, mi poder es sin límites, y como Reina amo el no estar sola en mi reino, sino que quiero el cortejo, la compañía de mis hijos, y de dividir con ellos mi imperio universal.  Por eso tu camino sean mis obras, que como tantas señales te llevarán a tantos encuentros con tu Celestial Reina que te espera para darte sus dones como prenda cierta de su reino”.

(2) Entonces, mientras mi pobre mente se perdía en la inmensa luz de la Divina Voluntad, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(3) “Hija mía, quien quiere recibir debe dar; el dar dispone a la criatura a recibir, y a Dios a dar.  Muchas veces también tu Jesús tiene este modo, cuando quiero algo de la criatura doy, y si quiero grandes sacrificios, doy mucho, para que ella viendo lo mucho que le he dado, se avergonzará y no tendrá el ánimo de negarme el sacrificio que le pido.  El dar es casi empeñar a la persona que recibe, es atraer su atención, su amor, el dar es apreciar, el dar es esperanza, el dar es hacer surgir en el corazón el recuerdo del donador; y ¿cuántas veces personas que no se conocían se vuelven amigos por medio de un regalo?  Ahora, en el orden divino el donador siempre es Dios, quien es el primero en mandar sus dones a la criatura, pero si ella no se mueve a dar nada a su Creador, aunque sea su pequeño amor, su gratitud, un pequeño sacrificio, porque si habíamos dado es porque queríamos, no enviamos más otros dones, porque con no darnos nada ha cerrado la correspondencia y ha interrumpido la bella amistad que debía hacer surgir nuestro don.  Ahora hija mía, dar y recibir son actos primeros e indispensables que claramente indican que Nosotros amamos a la criatura y ella nos ama; pero no basta, se debe saber recibir convirtiendo en naturaleza el bien recibido, comiéndolo y masticándolo muy bien, de modo de convertir el don en sangre del alma.  Este es nuestro propósito al dar nuestros dones, querer ver convertido en naturaleza el don que hemos dado, porque entonces nuestros dones no corren peligro, y nos disponen a dar dones más grandes; y la criatura habiéndolo convertido en naturaleza, pone al seguro nuestro don, queda poseedora y sentirá en sí el bien, la fuente, y convertido en naturaleza el don recibido.  Y así como nuestros dones son portadores de paz, de felicidad, de fortaleza invencible, de aire celestial, por eso sentirá en sí la naturaleza de la paz, de la felicidad, de la fuerza divina, que formarán en sí el aire del Cielo.  Ésta es la causa por la que cuando te hago el gran don de mi palabra después hago silencio, es porque estoy esperando que tú te alimentes y mastiques bien mi palabra, de manera de ver en ti cambiado en naturaleza lo que te he dicho, y cuando veo esto, entonces siento la irresistible necesidad de amor de hablarte de nuevo, porque un don mío llama a otro, no saben estar solos, y Yo tengo siempre qué dar, siempre qué decir y qué hacer con quien convierte en naturaleza mis dones”.

(4) Después de esto estaba pensando en la Divina Voluntad, cómo me parecía difícil que viniera su reino.  Y mi amado Jesús ha continuado:

(5) “Hija mía, así como la levadura tiene la virtud de fermentar el pan, así mi Voluntad es la fermentadora de los actos de la criatura; en cuanto ella llama a mi Voluntad Divina en sus actos, así quedan fermentados por Ella y forman el pan del reino de mi Querer.  Ahora, no basta la levadura para hacer mucho pan, sino se requiere mucha harina, se requiere quien debe unir harina y levadura, se requiere el agua, vínculo de unión para poder revolver harina y levadura, para hacer que la levadura comunique la virtud fermentadora y la harina la reciba, además se requiere el fuego para cocer este pan, pan que se pueda digerir y que alimente.  Ahora, ¿no se requiere más tiempo, más actos para formarlo que para comerlo?  El sacrificio está en el formarlo, comerlo es rápido y se siente el gusto del sacrificio.  Entonces hija mía, no basta la levadura de mi Fiat Divino que tiene virtud de fermentar tus actos, vaciarlos del querer humano para convertirlos en pan de Voluntad Divina, sino se requiere una continuación de actos, de sacrificios y por largo tiempo, de modo que mi Querer con su virtud fermentadora fermentará todos estos actos para formar mucho pan y tenerlo preparado y en reserva para los hijos de su reino.  Cuando todo esté formado, queda disponer los eventos, y esto es más fácil y se hace más rápido, porque está en nuestro poder mover las causas secundarias para hacer lo que Nosotros queremos.  ¿No hice otro tanto por la Redención?  Mis treinta largos años de mi Vida oculta fueron como la levadura en que quedaron fermentados todos mis actos para formar y fermentar el gran bien de la Redención, lo breve de mi Vida pública y mi Pasión fue mi pan fermentado que mi Voluntad Divina formó y fermentó en mis actos, que como pan lo dividió para todos y dio a comer para hacer que todos recibieran el pan de los redimidos, para conquistar las fuerzas necesarias para ponerse a salvo.  Por eso no pienses en nada más, sino en hacer tu deber y no dejar huir ningún acto tuyo en que no se ponga la levadura de mi Divina Voluntad, para que tu ser quede fermentado por Ella, y Yo pensaré en todo lo demás”.

(6) Entonces continuaba pensando:  “¿Pero qué cosa quiere Jesús de este mi pobre estado, y por qué tiene tanto interés que yo caiga en mis habituales sufrimientos con tanta molestia y fastidio que me hace dar a los otros, que podría llamarlo mi martirio?  ¡Oh! cómo es duro tener que hacer con las criaturas, sentir por pura necesidad la necesidad de ellas, esto me humilla tanto que quedo como aniquilada en mi propia nada”.  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:

(7) “Hija mía, ¿quieres saber por qué?  Quiero el cumplimiento de mi Divina Voluntad, y esto es todo para Mí; un acto cumplido de mi Voluntad encierra todo el cielo, el sol, la tierra, e incluso a Mí mismo, no hay amor que no encuentre, bienes que no posea, gloria que no me dé, todo queda concentrado en un acto cumplido en mi Voluntad, y la feliz criatura que lo cumple puede decirme:  ‘Te he dado todo, incluso a Ti mismo, no tengo más que darte’.  Porque mi Divina Voluntad contiene todo, no hay cosa o bien que le huya, por eso cumpliéndola en lo que Yo quiero, la criatura encuentra lo que es en sí misma mi Voluntad, y Yo puedo decir:  ‘Con el darte la gracia de hacerte cumplir un acto en Ella, todo te he dado’.  Más bien con cumplirla, mis penas surgen, mis pasos, mis palabras, mis obras se duplican y se ponen en movimiento para darse a las criaturas, porque mi Divina Voluntad obrante, incluso en la criatura, pone en movimiento todas nuestras obras para hacerlas surgir a nueva vida.  Y tú me preguntas el ¿por qué?  Hija mía, piensa en hacerla y haz que tu vida pueda ser un acto continuado de mi Voluntad”.

 

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29-16

Mayo 16, 1931

 

La Divina Voluntad es la que da forma a los actos de la criatura.  Ímpetu

de amor divino al crear al hombre; toques de las cualidades divinas.

 

(1) Estoy siempre en mi querida heredad del Fiat Divino, me parece que me susurra al oído:  “Como era en el principio, seré siempre, en los siglos de los siglos, también tú si estás en mi Divina Voluntad serás siempre igual a ti misma, jamás cambiarás acción, harás siempre mi Voluntad, y la variedad de tus acciones las podrás llamar efectos de aquel acto primero y único de Ella, que corre en tus actos para hacer de ellos uno sólo, que tiene virtud de producir como sol, el bello arco iris de la variedad de los colores como efecto de su luz, sin cambiar su acto único de dar siempre luz”.  Qué felicidad se siente en el alma al poder decir:  “Hago siempre la Divina Voluntad”.  Ahora, mi pequeña y pobre inteligencia me la sentía absorbida en la luz de la Voluntad Divina, sentía en mí la fuerza única y potente de Ella, y la variedad de sus innumerables efectos haciéndome corona e invistiéndome eran portadores de alegría, de paz, de fortaleza, de bondad, de amor, de santidad, de belleza indescriptible; estos efectos eran como tantos besos de vida que daban a mi alma, de los cuales quedaba poseedora.  Yo he quedado maravillada por esto, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todos los actos hechos por la criatura en la Divina Voluntad son confirmados por Dios como actos divinos, y esta confirmación forma la vida de los mismos actos, y vienen sellados con el sello divino como actos imperecederos, siempre nuevos, frescos, y de una belleza encantadora.  Los actos hechos por la criatura en mi Voluntad, podría llamarlos nueva creación que Yo hago en la criatura; conforme ella va haciendo su acto en mi Voluntad, mi Fiat se impone con su fuerza creadora, y forma ahí su acto, y con derecho lo confirma.  Sucede como sucedió en la Creación, como corría la fuerza creadora de mi Voluntad en el crear tantas cosas, quedaron inmutables, sin cambiarse jamás; ¿acaso se ha cambiado el cielo, las estrellas, el sol?  En absoluto, tal como fueron creados tales son, porque donde mi Querer pone su fuerza creadora, queda la vida perenne de su mismo acto, y como confirmación no se puede cambiar jamás.  Ve entonces qué significa hacer y vivir en mi Divina Voluntad:  ‘Estar bajo el imperio de una fuerza creadora y confirmadora, que pone al seguro todos los actos de la criatura volviéndolos inmutables’.  Así que con vivir en mi Querer ella quedará confirmada en el bien que hace, en la santidad que quiere, en el conocimiento que posee, en el triunfo del sacrificio.  Nuestra Divinidad, de nuestra espontánea Voluntad, está bajo el imperio de un amor que corre irresistiblemente porque quiere dar a la criatura, tanto que al crear al hombre fue creado en nuestro ímpetu de amor por los toques de nuestras cualidades divinas.  Nuestro Ser Divino, siendo purísimo espíritu no tenía ni manos ni pies, nuestras cualidades divinas nos sirvieron de manos para formar al hombre, y volcándose sobre él como un impetuoso torrente lo modelamos, y tocándolo le infundimos los efectos de nuestras cualidades supremas.  Estos toques permanecen en el hombre, y por eso se ven en él ciertas bellas cualidades de bondad, de ingenio, de inteligencia y otras, son la virtud de nuestros toques divinos, que continuando a modelar al hombre producen sus efectos, son nuestras prendas de amor con las cuales lo amasamos, y que a pesar de que él no se recuerda y tal vez ni siquiera nos conoce, continúan su oficio perenne de amarlo.  Y así como cuando se toca un objeto o una persona, quién toca siente la impresión de la persona tocada, por eso, así como nuestros toques de las cualidades divinas quedaron en el hombre, así quedó en nuestras cualidades supremas la impresión de haberlo tocado.  Así que lo sentimos en Nosotros mismos, ¿cómo no amarlo?  Por eso, por cuanto haga el hombre, le vamos al encuentro con nuevos encuentros de amor, y con nuestro agradable estribillo de amarlo siempre”.

 

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29-17

Mayo 19, 1931

 

Escenas del Edén.  Caída del hombre.  La Reina del Cielo aplasta

la cabeza a la serpiente infernal.  Las palabras de Jesús tienen la

virtud comunicativa.  Habla acerca de las dudas y dificultades.

 

(1) Continuaba haciendo mis actos en el Querer Divino uniéndome a sus actos que hizo en la Creación, para darle el homenaje, el amor, la adoración por cada cosa creada por amor de las criaturas, y mi pobre mente se ha transportado al Edén, en el acto de la caída del hombre, cuando la serpiente infernal con su astucia y mentira indujo a Eva a sustraerse de la Voluntad de su Creador, y Eva con sus modos lisonjeros indujo a Adán a caer en el mismo pecado.  Y mientras esto pensaba, mi amado Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi amor no se extinguió por la caída del hombre, sino que se encendió de más, y si bien mi justicia justamente lo castigó y lo condenó, mi amor besando mi justicia, sin dejar pasar un solo instante prometió el futuro Redentor y dijo a la serpiente engañadora con el imperio de mi potencia:  ‘Tú te has servido de una mujer para arrancarme al hombre de mi Divina Voluntad, y Yo por medio de otra mujer que tendrá en su poder la potencia de mi Fiat, abatiré tu orgullo, y con su pié inmaculado te aplastará la cabeza’.  Estas palabras quemaron más que el mismo infierno a la serpiente infernal, y encerró tanta rabia en su corazón, que no podía estar más quieto, no hacía otra cosa que girar y girar la tierra para descubrir a Aquella que debía aplastarle la cabeza, no para hacérsela aplastar, sino para poder con sus artes infernales, con sus astucias diabólicas, hacer caer a Aquella que debía derrotarlo, debilitarlo, y atarlo en los oscuros abismos.  Por eso por cuatro mil años anduvo siempre girando, y cuando veía mujeres más virtuosas y buenas, armaba su batalla, las tentaba en todos los modos, y sólo las dejaba cuando se aseguraba, por medio de cualquier debilidad o defecto, que no era Aquella por medio de la cual debía ser derrotado, y seguía su girar.  Entonces vino la Celestial Criatura que le aplastó la cabeza, y el enemigo sentía tal potencia en Ella, que lo arrojaba por tierra y no tenía la fuerza de acercársele; esto lo consumía de rabia y ponía todas sus armas infernales para combatirla, ¡pero qué!  Hacía por acercarse y se sentía paralizado, se sentía romper las piernas y obligado a retroceder, y desde lejos espiaba sus admirables virtudes, su potencia y santidad, y Yo para confundirlo y hacerlo dudar le hacía ver a la Soberana Celestial, sus cosas humanas, como el tomar alimento, el llorar, el dormir y las demás cosas, y él se persuadía de que no era Aquella, porque siendo tan poderosa y santa no debía estar sujeta a las necesidades naturales de la vida, pero después volvía a dudar y quería regresar al ataque, pero en vano.  Mi Voluntad es potencia que debilita todos los males y todas las potencias infernales, es luz que se hace conocer por todos, y donde Ella reina hace sentir su potencia, que ni siquiera a los mismos demonios les es posible desconocer, por eso la Reina del Cielo era y es el terror de todo el infierno.  Ahora la serpiente infernal siente sobre su cabeza mi palabra fulminante dicha en el Edén, mi condena irrevocable de que una mujer le aplastará la cabeza, por eso sabe que con ser aplastada la cabeza será derrotado su reino sobre la tierra, perderá su prestigio, y todo el mal que él hizo en el Edén por medio de una mujer, será rehecho por otra mujer, y si bien la Reina del Cielo lo debilitó, le aplastó la cabeza, y Yo mismo lo até a la cruz, y por eso no es más libre de hacer lo que quiere, sino sólo a quien desafortunadamente se acerca, de él hace desgarro; mucho más que ve que la voluntad humana no está sujeta a la Divina, y su reino no está formado todavía, teme que otra mujer tenga que terminar de quemarle las sienes para hacer que la condena divina tenga sobre su cabeza aplastada por el pié de la Inmaculada Reina su cumplimiento, porque sabe que cuando Yo hablo mi palabra tiene la virtud comunicativa a otras criaturas.  Entonces, cuando se aseguró que Aquella a la que él temía era la Virgen Santísima, y no pudiéndola combatir más retomó su giro, está observando y como vigía para ver si otra mujer tiene el encargo de Dios, de hacer conocer la Divina Voluntad para hacerla reinar, y habiéndote visto escribir tanto sobre mi Fiat, la sola duda de que esto pudiera ser, ha levantado a todo el infierno contra ti, esta es la causa de todo lo que has sufrido, sirviéndose de hombres malvados, haciéndolos inventar calumnias y cosas que no existen.  Entonces, al verte llorar tanto se ha persuadido que no eres tú quien puede llevarle la ruina que tanto teme para su reino diabólico.  Esto es lo que corresponde a la Reina del Cielo por parte de la serpiente infernal, ahora quiero decirte lo que concierne la parte de las criaturas a favor de Ella.

(3) Hija mía, la Celestial criatura era pobre, sus dotes naturales aparentemente eran comunes, nada de extraordinario aparecía en lo externo; toma por esposo un pobre artesano que gana su pan diario con su modesto trabajo.  Supón que se hubiera sabido por los grandes del mundo, por los doctores y sacerdotes, antes que fuera Madre del Verbo, que Ella era la Madre del futuro Mesías; le habrían hecho una guerra encarnizada, ninguno lo habría creído, habrían dicho:  ‘¿Es posible que no haya habido ni haya mujeres en Israel, que debía ser esta pobre la Madre del Verbo Eterno?  Había una Judith, una Esther y tantas otras’.  Por eso ninguno lo habría creído y habrían puesto dudas y dificultades sin número, si pusieron dudas sobre mi Divina Persona, de no creerme que Yo fuera el Mesías suspirado, y muchos llegan a no creerme todavía que Yo descendí sobre la tierra a pesar de que Yo hice muchos milagros, de inducir a los más incrédulos a creerme, ¡ay! cuando en los corazones entra la dureza, la obstinación, se vuelven incapaces de recibir ningún bien, las verdades, los mismos milagros están para ellos como muertos y sin vida; por eso mucho más la Madre Celestial, que nada de milagroso se veía en su exterior.  Ahora hija mía, escúchame, las dudas más serias, las dificultades más graves que han encontrado en tus escritos son propiamente éstas:  ‘Que Yo te he dicho que te llamaba a vivir en el reino de mi Divina Voluntad, dándote la misión especial y única de hacerla conocer, a fin de que como Yo mismo dije en el Pater Noster, y la Santa Iglesia lo dice hasta ahora:  ‘Venga tu reino’.  Esto es, que tu Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra’.  No dice en el Pater que este reino está sobre la tierra, sino dice venga, y Yo no habría compuesto una oración si no debiera tener sus efectos.  Por eso para llegar a esto, ¿no debía elegir a otra mujer, que la serpiente infernal tanto teme, y que él por medio de la primera mujer me arruinó al género humano, y Yo para confundirlo me sirvo de la mujer para rehacerme de su ruina y hacer surgir el bien a todos, bien que él trató de destruir?  He aquí la necesidad de los preparativos, de las gracias, de mis visitas y comunicaciones.  Esto ha sonado mal ha quien ha leído, por eso, dudas y dificultades, que no puede ser posible que de tantos otros grandes santos ninguno haya vivido en el reino de mi Voluntad, así que es ella sola que se prefiere a todos; y cuando han leído que Yo te ponía junto a la Soberana Reina, porque habiendo vivido Ella en el reino de mi Fiat Divino tú pudieras imitarla, queriendo hacer de ti una copia que la semejara, y te ponía en sus manos para que te guiara, te asistiera, te protegiera, para que pudieras imitarla en todo, les ha parecido tan absurdo, y tergiversando siniestramente el sentido, han dicho, como si te hubiera dicho, como si tú fueras otra reina; cuántos desatinos, no he dicho que tú seas como la Celestial Reina, sino que te quiero similar a Ella, como he dicho a tantas otras almas queridas por Mí, que las quería similares a Mí, pero con esto no se volvían Dios como Yo, y además, siendo la Celestial Señora la verdadera Reina del reino de mi Voluntad, es trabajo suyo el ayudar y enseñar a las afortunadas criaturas que quieren entrar a vivir en él.  Con esto hacen ver como si Yo no tuviera poder de elegir a quien quiero y cuando quiero; pero del resto, el tiempo dirá todo, y así como no pueden desconocer que la Virgen de Nazaret es mi Mamá, así no podrán desconocer que te he elegido para el único propósito de hacer conocer mi Voluntad, y que por medio tuyo me serviré para que el, venga tu reino, tenga su cumplimiento.  Es cierto que las criaturas son instrumento en mis manos y no miro quién sea, sino que miro si mi Divina Voluntad ha decidido obrar por medio de este instrumento, y eso me basta para cumplir mis más altos designios, y de las dudas y dificultades de las criaturas me sirvo a su tiempo para confundirlos y humillarlos, pero no me detengo y sigo adelante en la obra que quiero hacer por medio de la criatura.  Por eso también tú sígueme y no retrocedas.  Del resto se ve del modo de pensar de ellos que han calculado sólo tu persona, pero no han calculado lo que puede hacer mi Divina Voluntad, y lo que sabe hacer, y cuando decide obrar en una criatura para cumplir sus más grandes designios en medio a las humanas generaciones no se deja dictar leyes por ninguno, ni quién debe ser, ni el tiempo, ni el modo, ni el lugar, sino que en modo absoluto actúa, no toma en cuenta a ciertas mentes cortas que no se saben elevar en el orden divino y sobrenatural, ni inclinar la frente ante las obras incomprensibles de su Creador, y mientras quieren razonar con su razón humana, pierden la razón divina y quedan confundidos e incrédulos”.

 

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29-18
Mayo 27, 1931

 

La vida del bien no muere y es defensa de todas las

criaturas.  Un bien prolijo pone al seguro a Dios y al alma.

 

(1) Mi pobre mente nadaba en el mar inmenso del eterno Fiat, yo corría en Él como un pequeño río, y en mi pequeñez quería abrazar su Inmensidad para llenarme toda de un Querer tan santo, para poder tener el contento de poder decir:  “Mi pequeño ser no es otra cosa que un acto solo de Voluntad Divina, mi pequeño querer está lleno dentro y fuera de aquel Querer que llena Cielo y tierra.  ¡Oh! Querer Santo, sé tú la Vida, el Actor y el Espectador de todos mis actos, a fin de que resurgiendo todos en Ti, puedan ser la llamada a todos los actos de las criaturas para hacerlos resurgir en tu Fiat, a fin de que su reino se extienda en todas las criaturas”.  Pero mientras esto hacía, el pensamiento me ha dicho:  “¿Cuál es el bien que hago con llamar a los actos de las criaturas a resurgir en la Divina Voluntad?”  Y mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, el bien no está sujeto a morir, y en cuanto la vida del bien surge, se pone en defensa de todas las criaturas, y si las criaturas dispuestas toman aquel bien, no sólo quedan defendidas, sino que toman la vida de aquel bien, y el bien surge y forma tantas otras vidas por cuantas criaturas lo toman; y para las indispuestas queda siempre en su defensa, esperando que se dispongan.  Los actos hechos en mi Querer adquieren el germen de la luz, y así como la luz, si bien una, tiene virtud de dar luz a cualquier ojo que quiere el bien de la luz para hacerla suya, así los más pequeños actos hechos en mi Querer Divino, como es inmenso y envuelve a todos, el más pequeño acto se convierte en luz y defensa de todos, y no sólo esto, sino que corresponde a su Creador del amor, gloria y adoración que con derecho espera y exige de las criaturas.  Los actos hechos en mi Querer tienen siempre lo prodigioso, y por sí mismos dicen:  ‘Somos la defensa de todos, estamos entre el Cielo y la tierra para defender a las criaturas, y con nuestra luz somos luz de cada mente, somos los defensores de nuestro Creador con repararle con nuestros actos perennes las ofensas que de la tierra se elevan’.  Y además, el bien es siempre bien, ¿crees tú que todo lo que Yo hice estando sobre la tierra ha sido tomado todo por las criaturas?  ¡De ningún modo, cuánto queda todavía!  Pero con esto no se puede decir que no hay bien, pasarán siglos y siglos y vendrá el tiempo que todo el bien que Yo hice tendrá vida en medio a las criaturas, lo que no se toma hoy, otras criaturas lo pueden tomar mañana, en otras épocas, por eso la verdadera vida del bien no se cansa de esperar, y con aire de triunfo dicen:  ‘No estamos sujetos a morir, por eso con certeza vendrá el tiempo en que daremos nuestros frutos, los cuales harán resurgir tantas otras vidas que nos asemejen’.  ¿Tú crees que por no ver ningún efecto de todos tus actos en nuestro Fiat Divino no habrá nada de bien?  De ninguna manera, hoy así parece, pero espera los tiempos y ellos dirán el gran bien que vendrá, por eso continúa y no retrocedas, porque tú debes saber que la prolijidad del bien es sólo la prueba más cierta, que asegura a Dios y al alma del estado en que se encuentra.  Un estado prolijo de paciencia en los sufrimientos y encuentros dolorosos de la vida, una oración continua sin jamás cansarse de repetirla, una fidelidad, constancia e igualdad de modos en todas las circunstancias, forman un terreno suficiente, regado por la sangre del propio corazón, donde Dios se siente llamado por todos los actos de la criatura, como tantas certificaciones de que puede cumplir sus más grandes designios, y la misma criatura siente en la prolijidad de sus actos el dominio de sí misma y la seguridad de que no vacilará.  El bien de un día dice nada, un bien, hoy sí y mañana no, dice debilidad y volubilidad, todos frutos de la voluntad humana, un bien inconstante dice que la criatura no es dueña de aquel bien, aquella virtud, y por eso no están en su poder, el bien se cambia en mal y la virtud en vicio.  Ve entonces que el alma para estar segura que posee un bien, una virtud, debe sentir en sí la vida de aquella virtud, y con constancia férrea de años y años, y por toda la vida debe ejercitarse en aquel bien.  Y Dios se siente seguro de poner de lo suyo y obrar cosas grandes en la constancia de la criatura.  Esto hice con la Reina del Cielo, quise la prolijidad de quince años de vida pura, santa y toda de Voluntad Divina para descender del Cielo a la tierra en su seno virginal; hubiera podido hacerlo antes, pero no quise, quise primero sus actos de confirmación, y la prolijidad de su vida santa, casi para darle el derecho de ser mi Mamá, y a mi sabiduría infinita darle la razón de haber obrado en Ella prodigios inauditos.  Y, ¿no es acaso esta la causa, la larga prolijidad de los largos sufrimientos, porque quería estar seguro de ti, y no de palabra, sino con los hechos; no ha sido acaso la causa de mis tantas visitas y de las tantas verdades que te he manifestado en la prolijidad de tu vida sacrificada?  Puedo decir que me hacía ver y te hablaba en el centro de la hoguera de tu sacrificio, y cuando te oigo decir, ¿es posible Jesús mío, tan largo mi exilio, cómo no tienes piedad de mí?  Y Yo, ¿sabes qué digo?  ‘¡Ah! mi hija no conoce bien el secreto que contiene un sacrificio prolijo’.  Y cuanto más largo, más grandes son nuestros designios por cumplir, por eso fíate de Mí y déjame hacer”.

 

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29-19

Mayo 31, 1931

 

La felicidad de Jesús es encontrar a su criatura en la Divina Voluntad.

Dios se vuelca en la criatura y ella en Dios.  La pequeña casita de Nazaret.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, y mi pobre mente ahora se detiene en un punto y ahora en otro, como si quisiera tomar reposo en cada uno de los efectos de la Divina Voluntad, que si bien su acto es uno, sus efectos son innumerables, tanto, que yo no llego jamás a encontrarlos todos, mucho menos a comprenderlos, y por eso viendo que no me es dado el abrazarlos todos, siendo demasiado pequeña, me detengo en uno de sus efectos para gozármelo y reposarme.  Y mi dulce Jesús que se complace tanto en encontrarme en su adorable Voluntad, detenida para respirarla como vida me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo me es dulce encontrarte en mi Divina Voluntad, y no como aquellas criaturas que se encuentran en Ella forzadas, por necesidad y porque no pueden hacer de otra manera, y mientras están en Ella no la conocen, ni la aman, ni la aprecian; sino que encontrándote te encuentro voluntariamente, la conoces y amas, y llegas hasta a encontrar tu dulce reposo, y me siento muy atraído a ti; mucho más que la misma potencia de mi Voluntad se impone sobre tu Jesús para develarme, y Yo no sé negarle nada, porque podría decir que la única felicidad que me viene de la tierra es encontrar a la criatura en mi Divina Voluntad, y cuando la encuentro quiero corresponderle por la felicidad que me da, primero con hacerla feliz, y después con prepararla y disponerla a hacer un acto en mi Voluntad, preparo el espacio, porque es tanta la grandeza, la santidad, la potencia que contiene un acto hecho en Ella, que la criatura no podría contenerlo si Yo no le diera la capacidad.  Por eso quien vive en mi Querer es inseparable de Mí, porque mientras ha hecho un acto debo prepararla para otro acto, mucho más que Yo no dejo jamás a la criatura en un punto, sino que la hago crecer siempre hasta poder decir:  ‘No tengo más qué darle, estoy contento porque le he dado todo’.  Porque tú debes saber que cada vez que la criatura hace un acto en mi Divina Voluntad se arroja en Ella, y Dios se arroja en la criatura, entonces en el arrojarse recíprocamente Dios comunica su acto nuevo jamás interrumpido, y la voluntad humana queda en poder de la Voluntad Divina y siente nuevo amor, nueva potencia, nueva frescura, con todos los refrigerios divinos, de modo que en cada acto se siente renacer nuevamente en la Vida Divina, sin perder lo que ha recibido en los otros actos adquiere e incorpora en sí la nueva Vida que le ha sido comunicada, tanto que se siente crecer, alimentar con nuevo crecimiento y con alimentos nuevos.  Entonces quien vive en nuestra Voluntad adquiere siempre nuevos conocimientos de su Creador, y el nuevo conocimiento le lleva la corriente del continuo acto nuevo que Dios posee.  No ves tú el cielo, las estrellas, el sol, ¿ves acaso algún cambio en ellos?  O bien después de tantos siglos, ¿no están siempre frescos, bellos, nuevos, como fueron creados?  ¿Y por qué?  Porque están bajo el imperio de la fuerza creadora de nuestro Fiat que los creó, y permanece en ellos como vida perenne.  Por eso la permanencia de mi Voluntad en la criatura produce con su imperio dominante vida nueva de paciencia, de oración, de paz, de sacrificio y de alegrías infinitas.  Así como es mi Voluntad, tal quiere volver a quien vive en Ella”.

(3) Después continuaba pensando en el Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, cuando mi Divina Voluntad hace un acto, Ella no lo retira jamás, más bien se hace vida perenne de su acto.  La misma Creación lo dice, con el hacer continuamente aquellos actos que mi Querer puso en las cosas al crearlas, las cosas creadas se pueden llamar las repetidoras de los actos de mi Divina Voluntad, el cielo está siempre en su lugar, no se retira jamás de ningún punto, y con el estar siempre extendido hace siempre repetidos actos de Voluntad Divina; el sol da siempre luz y está todo afanado en cumplir los innumerables actos de Voluntad Divina que le fueron confiados en su luz, y conforme da el color y el perfume a cada flor, la múltiple dulzura y sabores a los frutos, el desarrollo a las plantas, la luz y el calor a cada criatura, y tantos otros actos que hace, tantos actos de mi Voluntad va cumpliendo, parece que hace su curso con toda la majestad imperante al cumplir tantos actos confiados a él, verdadero símbolo del modo majestuoso e imperante de mi Voluntad.  El mar cuando murmura, el agua cuando se da a las criaturas, la tierra cuando reverdece y produce plantas y flores, tantos múltiples actos de mi Voluntad cumplen, Ella es la motriz de todo y tiene a toda la Creación en acto de hacer cumplir su Voluntad, y por eso son todos felices, no pierden jamás su lugar de honor ni están sujetos a morir, porque mi Voluntad obrante en las cosas creadas les da vida perenne.  Sólo la criatura, quien debía ostentar más en el hacer un continuado acto de mi Voluntad, es la única que sale del motor de Ella y llega hasta ponerse en contra de un Querer tan Santo, ¡qué dolor!  Y ¿qué cuentas no me dará?”

(5) Mi dulce Jesús ha hecho silencio, y retirándose me ha dejado en la luz de su Voluntad, y ¡oh! cuántas cosas comprendía; pero, ¿quién puede decirlas todas?  Mucho más que en Ella se habla con palabras celestiales, y al encontrarme en mí misma debo adaptar las palabras celestiales a las humanas, y temiendo hacer un embrollo me contento con pasar adelante, esperando que si Jesús quiere se adaptará a hablar con las palabras del bajo mundo.  Después de esto continuaba mis actos en el Fiat Divino, y mi pobre mente se ha detenido en la pequeña casa de Nazaret, donde la Reina del Cielo, el Celestial Rey Jesús, y San José, estaban en posesión y vivían en el reino de la Divina Voluntad, así que este reino no es extraño a la tierra, la casa de Nazaret, la pequeña familia que vivía en Ella, pertenecían a este reino y lo tenían en pleno vigor; pero mientras esto pensaba, mi gran Rey Jesús me ha dicho:

(6) “Hija mía, cierto que el reino de mi Divina Voluntad ha existido sobre la tierra, y por eso hay la esperanza cierta que regrese de nuevo en su pleno vigor; nuestra casa de Nazaret era su verdadero reino, pero estábamos sin pueblo.  Ahora tú debes saber que cada criatura es un reino, por eso quien  hace reinar mi Voluntad en ella se puede llamar un pequeño reino del Fiat Supremo, así que es una pequeña casita de Nazaret que tenemos sobre la tierra, y por cuan pequeña, estando en ella nuestra Voluntad reinante, el Cielo no está cerrado para ella, observa las mismas leyes de la patria celestial, ama con el mismo amor, se alimenta con los alimentos de allá arriba, y es incorporada en el reino de nuestras regiones interminables.  Ahora para formar el gran reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, haremos primero las tantas casitas de Nazaret, esto es las almas que la querrán conocer para hacerla reinar en ellas.  Yo y la Soberana Reina estaremos a la cabeza de estas pequeñas casitas, porque habiendo sido Nosotros los primeros que hemos poseído este reino en la tierra, es nuestro derecho que no cederemos a ninguno el ser los dirigentes de ellas.  Entonces estas pequeñas casitas, repetidoras de nuestra casa de Nazaret, formarán tantos pequeños estados nuestros, tantas provincias, que después de que se hayan formado bien, y ordenadas como tantos pequeños reinos de nuestra Voluntad, se fundirán juntos y formarán un solo reino y un gran pueblo.  Por eso para tener nuestras obras más grandes, nuestro modo de actuar es el de comenzar primero solos, al tú por tú con una sola criatura; cuando hemos formado a ésta, la hacemos canal para encerrar en nuestra obra otras dos, tres criaturas, después agrandamos formando un pequeño núcleo, y después lo agrandamos tanto de tomar todo el mundo entero; nuestras obras comienzan en el aislamiento de Dios y el alma, y terminan continuando su vida en medio a pueblos enteros.  Y cuando está el principio de una obra nuestra, es señal cierta que no morirá al nacer, a lo más podrá vivir escondida por algún tiempo, pero después saldrá y tendrá su vida perenne.  Por eso siempre adelante te quiero en mi Divina Voluntad”.

 

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29-20

Junio 5, 1931

 

Cómo es necesario hacerse de amigos en los buenos

tiempos.  Dolor de Jesús por el abandono de los

apóstoles.  La voluntad humana, cárcel de la criatura.

 

(1) Estoy siempre en el mar del Querer Supremo, ¡oh! cuántas cosas bellas se encuentran en Él, están todos los actos de Jesús como en acto, están aquellos de la Soberana Señora, los de nuestro Padre Celestial, que ha hecho y que hará; es un mar no dividido, sino único, interminable, es todo.  En este mar no hay peligros, ni temores de caídas, porque la feliz criatura que entra en él deja sus vestiduras y toma las vestiduras divinas.  Entonces, mientras estaba en este mar, mi dulce Jesús me ha hecho presente cuando en su Pasión los apóstoles se dispersaron, huyeron de Él dejándolo solo y abandonado en medio a los enemigos.  Y mi Sumo Bien Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, el dolor más grande que tuve en mi Pasión, el clavo que más me traspasó el corazón, fue el abandono y la dispersión de mis apóstoles, no tenía un ojo amigo en el cual pudiera poner mi mirada; el abandono, las ofensas, la indiferencia de los amigos, supera, ¡oh! por cuánto a todos los dolores e incluso la muerte que pueden dar los enemigos.  Yo sabía que los apóstoles me debían dar este clavo, y vilmente habrían huido de Mí, pero no puse atención a esto, porque hija mía, quien quiere hacer una obra no debe preocuparse por sus penas, más bien debe hacerse de amigos en los buenos tiempos, cuando todo le sonríe alrededor, paso a paso siembra triunfos y prodigios, y no sólo esto, sino que comunica la fuerza milagrosa a quien se hace su amigo y discípulo, entonces todos se vanaglorian de ser amigos de quien está rodeado de gloria y honor, todos esperan, y cuantos amigos y discípulos se quieren, se tienen, porque la gloria, los triunfos, los buenos tiempos, son imanes potentes que atraen a las criaturas a seguir al triunfador.  ¿Quién quiere seguir y ser amigo o discípulo de un pobre calumniado, humillado, despreciado?  Ninguno, por el contrario sienten miedo, horror de acercarse, y llegan a desconocer a aquél con quien antes tenían amistad, como hizo Conmigo San Pedro.  Así que es inútil esperar amigos cuando la pobre criatura se encuentra bajo la opresión de las humillaciones, desprecios y calumnias, por eso se necesita hacer amigos cuando el Cielo nos sonríe y la fortuna nos quisiera poner sobre el trono, si queremos que el bien, las obras que se quieren tengan la vida y la continuación en las otras criaturas.  Yo con hacerme de amigos cuando sembraba milagros y triunfos, que llegaban a creer que Yo debía ser su Rey sobre la tierra, y que por haber sido mis discípulos debían ocupar los primeros puestos junto a Mí, a pesar que me abandonaron en mi Pasión, cuando mi Resurrección proclamó mi pleno triunfo, los apóstoles volvieron a creer, se reunieron entre ellos y como triunfadores siguieron mi doctrina, mi Vida, y formaron la Iglesia naciente.  Si Yo hubiera puesto atención a que debían huir de Mí y no los hubiera hecho mis discípulos en el tiempo de mis triunfos, no habría tenido quién hablara de Mí después de mi muerte, quién me hiciera conocer.  Por eso es necesario el buen tiempo, la gloria, es también necesario recibir clavos traspasantes y tener paciencia para sufrirlos, para tener material en mis obras más grandes, para que tuvieran vida en medio a las criaturas.  Ahora, ¿no ha sido todo esto una semejanza de mi Vida en tu estado doloroso de humillaciones, de calumnias y desprecios que has pasado?  Yo sentía en ti repetirme el clavo del abandono y dispersión de mis apóstoles, al ver a quien tanto habíamos tenido para asistirte, alejarse de ti y con la voluntad de abandonarte, y viéndote abandonada te veía sola, sola en mis brazos con el clavo del abandono de quien debía sostenerte, y en mi dolor decía:  ‘Mundo malvado, cómo sabes bien repetir las escenas de mi Pasión en mis hijos.’  Y Yo ofrecía tu amargura por el triunfo de mi Voluntad y para ayuda de aquellos que deberían hacerla conocer; por eso ánimo en las circunstancias dolorosas de la vida, pero debes saber que tu Jesús no te abandonará jamás, Yo no sé hacer estas cosas, mi amor no es de naturaleza voluble, sino firme y constante, y lo que digo con la boca me sale de la vida del corazón; en cambio las criaturas dicen una cosa y sienten otra en el corazón, mezclan muchos fines humanos incluso en el hacer amigos, por esto cambian de acuerdo a las circunstancias.  Por eso la dispersión de quienes parecía que querían poner la vida en los buenos tiempos y que vilmente huyen en el tiempo de las humillaciones y desprecios, son todos efectos de la voluntad humana, ella es la verdadera cárcel de la criatura, y es hasta en el arte de saber formar tantas pequeñas estancias, pero todas sin ventanas, porque ella no pretende formar aperturas para recibir el bien de la luz, por eso las pasiones, las debilidades, el miedo, los temores excesivos, la inconstancia, son tantas estancias oscuras de su cárcel, y que ahora queda obstaculizada por una, y ahora por otra, y el miedo la hace temer y alejarse de quien esta poniendo la vida por amor suyo.  Por el contrario, en quien reina mi Voluntad vive en mi morada real, donde hay tanta luz que las penas, las humillaciones, las calumnias, no son otra cosa que escalones de triunfos y de gloria, y cumplimiento de obras grandes y divinas, por eso, en vez de huir del pobre mártir que ha sido arrojado en el polvo por la perversidad humana, se estrecha más a él, esperando con paciencia la hora del nuevo triunfo.  ¡Oh! si en los apóstoles hubiese reinado plenamente mi Voluntad, con certeza no habrían huido en una hora en la que Yo sentía la necesidad de su presencia, de su fidelidad en tantas penas mías; en medio a los enemigos que querían devorarme Yo quería a mis fieles cercanos, porque no hay consuelo mayor que tener un amigo cerca en tiempos de amarguras, Yo habría visto en mis queridos apóstoles cercanos a Mí, los frutos de mis penas, y ¡oh! cuántos dulces recuerdos se habrían suscitado en mi corazón que me habrían servido de bálsamo a mis intensas amarguras, mi Divina Voluntad les habría impedido con su luz el paso para huir de Mí, y entonces se habrían estrechado más a mi alrededor; pero como vivían en la oscura cárcel de la voluntad humana, su mente se oscureció, el corazón se enfrió, el miedo los invadió, en un momento olvidaron todo el bien que habían recibido de Mí, y no sólo huyeron de Mí, sino que se dispersaron entre ellos; todo esto son efectos del querer humano que no sabe mantener la unión, y sólo sabe dispersar en un día el bien que se ha hecho en tantos años, con tantos sacrificios.  Por eso tu único temor sea el de no hacer mi Voluntad”.

 

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29-21

Junio 8, 1931

 

Dios agradece cuando se recuerda lo que hizo en la

Creación.  Los actos repetidos forman el alimento del

alma.  Cómo en la tierra se comienza y en el Cielo se cumple.

 

(1) Siento la fuerza potente del Fiat Divino que me llama en Él a seguir sus actos.  Mi pequeña inteligencia se ha detenido en el Edén, en el acto de la creación del hombre.  ¡Qué acto solemne!  Después de haber creado todas las cosas como preparación, como para festejar a aquél por el cual había creado toda la Creación como morada real donde el hombre debía habitar con toda suntuosidad y comodidad, donde nada debía faltarle, basta decir que era una morada formada por nuestro Padre Celestial, por la potencia de su Fiat Divino.  Y mientras esto pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija bendita, el más dulce recuerdo que más inmensamente agradezco, es cuando la criatura recuerda mi amor en la Creación, de modo especial la del hombre; nuestro amor se desahogó más que una madre cuando pone fuera, a la luz del día a su querido hijo.  Nuestro amor corría, corría para encerrarlo en Él, a fin de que dondequiera, dentro y fuera de sí, pudiese encontrar el apoyo de nuestro amor que le dice:  ‘Te amo, te amo.’  El dulce sonido de nuestro amor le susurra al oído, late en su corazón, resuena fuerte, le da ardientes besos en los labios, apretados abrazos, para llevarlo en nuestros brazos paternos como triunfo de nuestro amor, que a cualquier costo quiere amar a la criatura.  Así que no hay cosa más dulce, más amada, que más agradezcamos, que el recordarnos con cuánto amor creamos al hombre y todas las cosas.  Es tanto nuestro agradecimiento, que a la afortunada criatura que viene ante nuestra Majestad adorable para recordarnos este nuestro amor tan grande, le duplicamos nuestros vínculos amorosos con ella, le damos nuevas gracias, nueva luz, y la llamamos la repetidora de nuestra fiesta, porque en la Creación todo era fiesta para Nosotros y para todos.  Y la criatura con recordarnos lo que hicimos en la Creación pone en fiesta nuestro amor, nuestra potencia, nuestra sabiduría creadora, que con tanta maestría inimitable había creado todo el universo, y después la maestría en el crear al hombre que supera todo.  Por eso todas nuestras cualidades divinas festejan, y mirando a la criatura que con su recuerdo y con su pequeña correspondencia de amor las han puesto en fiesta, hacen competencia entre ellas, y quién le duplica el amor, quién la bondad, quién la santidad, en suma, cada una de nuestras cualidades divinas quiere dar de lo suyo para repetir con ella lo que hacemos en la Creación.  Por eso repite frecuentemente el dulce recuerdo de nuestro amor insuperable que tuvimos en la Creación.  Era una criatura nuestra, una imagen nuestra, un hijo nuestro que sacábamos a la luz, y por eso desahogamos tanto amor, y al sentírnoslo recordar sentimos amarlo más.  Así que toda la Creación no es otra cosa que un desahogo de nuestra Voluntad amante de la criatura, y en su desahogo amoroso va repitiendo:  ‘Fiat, Fiat’, para emperlar la Creación toda con su desahogo de amor.  Mucho más que cada acto, palabra, pensamiento, hecho en nuestro Querer Divino, forman el alimento del alma; el alimento conserva la vida, la hace crecer y le mantiene la fuerza necesaria para poder formar alimentos suficientes para no quedar en ayunas.  Por eso los actos continuados no son otra cosa que alimentos que se preparan de un día para otro, para tener siempre de qué nutrirse; si los actos no se hacen, no tendrá alimento, así que la pobre criatura no tendrá con qué quitarse el hambre, por eso la vida de los actos buenos, santos y divinos morirá en ella; si los actos no son continuados, sino de vez en cuando, tendrá escasos alimentos, y cuando el alimento no es suficiente la vida del bien crece débil, y la debilidad hace perder el gusto y el apetito de nutrirse.  En cambio cuando los actos son continuados, cada acto tiene su ejercicio, quién se hace alimento, quién agua, quién fuego para cocinarlos, quién condimento para hacerse saborear, de manera de estimular el apetito.  En suma, los actos repetidos no son otra cosa que cocina divina, que forman la mesa celestial a la criatura.  Y ¡oh! cómo es bello ver a la criatura que con la continuación de sus actos en nuestro Fiat se prepara alimentos divinos, y se alimenta de los alimentos de su patria celestial; porque tú debes saber que un pensamiento santo llama a otro, una palabra, un acto bueno llama a otro, y uno se sirve del otro para alimentarse, y el alimento forma la vida”.

(3) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad y en el gran bien que se recibe con vivir toda abandonada en sus brazos.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija buena, el gran bien de vivir de un Querer Divino es sorprendente y casi incomprensible a la criatura humana.  Tú debes saber que todo lo que se hace de bueno, de santo en mi Divina Voluntad, no son otra cosa que semillas que germinan en el campo del alma, poniendo como tantas semillas de luz divina, que ponen un principio que no tendrá fin, porque todo lo que se hace en mi Divina Voluntad se siembra, germina, crece de manera admirable sobre la tierra mientras se vive, pero el cumplimiento será formado en el Cielo, el último desarrollo, la variedad de las bellezas, los matices, los colores más bellos y hermosos, le serán dados en la patria celestial.  Así que cada acto hecho en la tierra será un tomar más puesto en el Cielo, un derecho de más, y una posesión anticipada en la morada Celestial.  La criatura, por cada acto de más que haya hecho, llevará consigo nuevas beatitudes, nuevas alegrías comunicadas por mi Querer.  Mi Fiat Divino jamás dice basta a la criatura, la quiere hacer crecer en santidad, en gracia, en belleza, hasta el último respiro de la vida acá abajo, y por eso se reserva de dar la última pincelada y cumplimiento como su pleno triunfo en las regiones Celestiales.  Así que en mi Voluntad no hay pausas, y las circunstancias de la vida, ahora de penas, ahora de humillaciones, y ahora de gloria, forman las carreras para poder siempre correr en Ella, para darle el campo libre de hacerla poner en la criatura nuevas semillas divinas, que el Fiat Divino tomará el empeño de cultivarlas y hacerlas crecer de manera admirable, y darles el cumplimiento en la gloria Celestial.  Así que en el Cielo nada se inicia, sino que todo se comienza en la tierra, y en el Cielo se cumple”.

 

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29-22

Junio 16, 1931

 

Jesús ruega.  La necesidad de poseer un bien para

poderlo comunicar a los demás.  Las pequeñas luces

se entrelazan a la gran luz de la Divina Voluntad.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, si bien bajo la opresión de las privaciones de mi dulce Jesús; pobre de mi corazón, cómo es torturado, afligido porque no encuentra a Aquél que le hace respirar su aire celestial, y palpitar la vida de su mismo latido.  Jesús mío, Vida mía, ¿no me decías Tú mismo que querías que viviera y respirara tu aire divino, y que formara mi vida en tu mismo latido a fin de que la mía se perdiera en la tuya y viviera de tu latido, y por lo tanto de tu amor, de tus penas y de todo Tú mismo?  Pero mientras mi pobre corazón se desahogaba por el dolor de la privación de mi amado Jesús, lo he sentido moverse sensiblemente en mi interior, y con voz clara sus palabras sonaban en mi oído, y decía con ternura indecible:  “Padre Santo, te ruego por mis hijos, y por todos aquellos que me has dado y que yo reconozco que son míos, Yo los estrecho en mis brazos a fin de que queden defendidos y al seguro de la tempestad que están armando contra mi Iglesia”.  Después ha agregado:

(2) “Hija mía, cuántas traiciones habrá, cuántas máscaras se caerán.  Yo no podía soportar más su hipocresía, mi Justicia estaba llena de tantos fingimientos, y por eso no han podido tener más la máscara que los cubrían.  Por eso ruega junto Conmigo, a fin de que se salven aquellos que deben servir a mi gloria, y confundidos los que quieren golpear a mi Iglesia”.

(3) Después ha hecho silencio, y mi pobre mente veía tantas cosas funestas y trágicas, y mientras rezaba mi sumo Bien Jesús ha repetido:

(4) “Hija mía, para comunicar el bien a los demás es necesario poseer la plenitud del mismo bien, porque con poseerlo se conocen los efectos, la sustancia, la práctica de cómo se adquiere aquel bien; por eso tendrá virtud de poderlo infundir en los demás, de saber decir las bellezas, las prerrogativas, los frutos que produce aquel bien.  En cambio, si el alma apenas ha conquistado un sorbo de un bien, de una virtud, y quiere comenzar a enseñarla a los demás, no conocerá a fondo la plenitud de aquella virtud, por eso no sabrá repetir su gran bien, ni dar la práctica de cómo adquirirla; por eso será como un niño, que habiendo aprendido apenas las vocales quiere hacer de maestro a los otros, pobre niño, será el maestro de burla porque no podrá seguir adelante en las enseñanzas.  He aquí por qué los verdaderos santos primero se han llenado ellos de amor, de conocimientos divinos, de paciencia invicta y demás, y cuando se han llenado de tal manera que no pueden contenerlos más dentro de ellos, el desahogo que salía de los bienes que poseían lo han comunicado a los pueblos, y su palabra era fuego, era luz, y enseñaban no en modo superficial, sino en modo práctico y sustancioso el bien que poseían.  Ésta es la causa por la que tantos quieren hacer de maestros y no hacen ningún bien, porque si falta el alimento suficiente en ellos, ¿cómo pueden nutrir a los demás?”

(5) Entonces después de esto me he abandonado toda en el Fiat Supremo, y mi pobre mente se perdía en Él y he quedado como raptada al ver frente a mí al Ser Divino, y una luz interminable dispuesta en innumerables rayos que salían del centro de Él, estos rayos eran entretejidos frecuentemente por pequeñas luces que estaban atadas a los rayos interminables de la Majestad Adorable, las cuales parecían parto de la misma luz, y que se nutrían de luz para formarse la vida de luz y crecer como Dios las quería.  Qué encanto es la Alteza Divina, su presencia rapta, el ojo se pierde en su inmensidad y es tanta su belleza, la multiplicidad de sus alegrías infinitas, que parece que más que tupida lluvia caen de su Ser Divino, así que uno se siente enmudecer y por eso poco o nada se sabe decir.  Entonces, mientras estaba toda inmersa en lo que estaba presente a mi mente, mi amado Jesús me ha dicho:

(6) “Hija de mi Querer Divino, mira, esta Luz inmensa no es otra cosa que las emanaciones de nuestra Voluntad del centro de nuestro Ser Divino; conforme pronunciamos el Fiat, así se extendía para formar con su fuerza creadora cada cosa creada, y para hacer que ninguna cosa saliera de dentro de su luz, permanecía en Ella lo que salía de nuestras manos creadoras.  Así que aquellos entretejidos que tú ves a los rayos de nuestra luz, no son otra cosa que todas las cosas creadas, algunas están como en custodia en nuestra luz a fin de que no sufran ningún cambio, otras, y son las criaturas que viven en nuestro Querer, están no sólo en custodia, sino en acto de recibir continuamente de Dios para crecer, para alimentarse de luz, y con sus pequeñas luces formar entretejidos al mismo Querer Divino para hacerlo obrar en la pequeña luz; así que estas pequeñas luces dan lugar a nuestro Fiat Divino para hacerlo obrar continuamente en ellas, parece que nos dan qué hacer y nos hacen continuar el trabajo que con tanto amor comenzamos en la Creación.  Y cuando la criatura nos da ocasión de continuar nuestro trabajo dándonos libertad de obrar en su pequeña luz, nosotros se lo agradecemos tanto, que volvemos obrante la pequeña luz junto con nuestro trabajo, y no nos sentimos aislados por parte de las criaturas, sino que gozamos lo bello de su compañía y ella goza la nuestra.  Por eso con vivir de Voluntad Divina no nos dejas jamás solos, y tú tendrás el gran bien de gozar nuestra compañía”.

 

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29-23

Junio 23, 1931

 

La Creación manifiesta la Paternidad Divina, y Dios

se siente Padre de quien lo reconoce en sus obras.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos hechos en ella por la Divina Voluntad, me parecía que en cada cosa creada estaba como noble Reina, como centro de vida, la Voluntad adorable, para hacer en cada cosa su dulce encuentro con las criaturas, pero recibía este encuentro quien la reconocía en cada cosa creada.  En este encuentro feliz se abren las correspondencias de ambas partes, se festeja juntos, y la Divina Voluntad da y la criatura recibe.  Pero mientras mi mente se perdía al girar en las cosas creadas, mi sumo Bien Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, toda la Creación manifiesta la Paternidad Divina, la potencia, el amor, la armonía de Aquél que la ha creado.  ¿Pero sabes tú de quién nos sentimos Padre?  De quien recuerda y reconoce toda la Creación como propiedad de su Creador, que queriendo manifestar su Paternidad por las criaturas ha creado tantas cosas bellas por amor suyo, por eso quien lo reconoce para corresponderle amándolo y agradeciéndole, se estrecha en torno a su Padre Celestial como hija que reconoce sus bienes, y que si los ha creado significa que quiere que su hija posea sus posesiones en las posesiones de su Padre.  ¡Si tú supieras cual es nuestra alegría y felicidad al sentirnos Padre, y al ver a nuestros hijos estrechados a nuestro alrededor por medio de nuestras cosas creadas!  Así que la criatura con recordar y reconocer lo que Dios ha hecho por ella nos ama como Padre, y Nosotros la amamos como hija, sentimos que nuestra Paternidad no es Paternidad estéril, sino fecunda.  Así quien recuerda y reconoce lo que hice y sufrí en mi Vida y Pasión, me hace sentir Redentor, y doy a poseer los bienes de la Redención, así que mis penas, mis obras, mis pasos, se ordenan en torno a la feliz criatura para ayudarla, santificarla, y hacerle sentir los efectos en ella de toda mi Vida.  Y por quien reconoce lo que nuestro amor ha hecho y puede hacer en el orden de la Gracia, me siento Amante apasionado y le doy la posesión de mi amor, de manera que sentirá tal amor por Mí de no poder vivir sin amarme, y como el verdadero amor está en el hacer siempre mi Voluntad, Yo hago de ella un prodigio de mi amor y de mi Querer.  ¿Qué dolor no sería para un padre tener hijos y no verlos a su alrededor para amarse recíprocamente, y gozarse el fruto de sus entrañas?  Y si estos hijos no poseyeran los bienes del padre, ¿no sería un dolor mayor?  Tal es nuestra Divinidad, hemos extendido nuestra Paternidad en modo infinito en toda la Creación, como Padre somos todo ojos sobre nuestros hijos para que nada les falte, nuestros brazos sienten la extrema necesidad de amor de estrecharlos a nuestro seno para darles amor y recibir amor, y cuando vemos a la criatura que corre a Nosotros, quiere nuestros abrazos, ¡oh! cómo nos sentimos felices de que nuestra Paternidad es reconocida y puede desarrollar el oficio de Padre hacia nuestros hijos.  Nuestra generación es casi innumerable, sin embargo pocos hijos nos circundan, todos los otros están lejanos de Nosotros, lejanos con el corazón, con la voluntad, lejanos de nuestra semejanza, y en nuestro dolor al ver los pocos hijos en torno a Nosotros decimos:  ‘¿Y nuestros otros hijos dónde están?  ¿Cómo no sienten la necesidad de tener un Padre Celestial, de recibir nuestras caricias paternas, de poseer nuestros bienes?’  Por eso sé atenta, reconoce nuestros bienes, nuestras obras, y sentirás nuestra Paternidad en el cielo adornado de estrellas, que en su callado centelleo te llaman hija y te atestiguan el amor de tu Padre; nuestra Paternidad se extiende en el sol, que con su luz vibrante te llama hija y te dice:  ‘Reconoce en mi luz el gran don de tu Padre, que te ama tanto que quiere que seas la poseedora de esta luz’; nuestra Paternidad se extiende por todas partes, en el agua que bebes, en el alimento que tomas, en la variedad de las bellezas de toda la naturaleza, todas tienen una voz común, todas te llaman hija del gran Padre Celestial, y como hija suya quieren ser poseídas por ti.  Ahora, cuál sería nuestro contento si en todas las cosas creadas por Nosotros, a nuestra voz tierna de llamarte hija, oyéramos tu voz que nos llamara Padre y nos dijera:  Esto es don de mi Padre, ¡oh! cómo me ama, y yo quiero amarlo mucho, mucho”.

 

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29-24

Junio 30, 1931

 

La gracia más grande que Dios hizo al hombre en la Creación, fue

el poder hacer sus actos en la Divina Voluntad.  Cómo este reino

existe, y hay Humanidades que han vivido y lo han poseído.

 

(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino:  “¿Cómo podrá venir su reino sobre la tierra, dados los tiempos tempestuosos que amenazan tempestades, y las tristes condiciones de las generaciones humanas?  Es imposible.  Y me parece que aumenta la imposibilidad la indiferencia e indisposición de aquellos que al menos se dicen buenos, porque no tienen ningún interés de hacer conocer un Querer tan santo, y su Voluntad que quiere dar la gran gracia de querer reinar en medio de las criaturas, entonces, ¿cómo podrá tener vida un bien que no se conoce?”  Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, lo que es imposible a la vista humana, para Dios todo es posible.  Tú debes saber que la gracia más grande que hicimos al hombre en su creación, fue que podía entrar en nuestra Voluntad Divina para poder hacer sus actos humanos, y como el querer humano era pequeño y el Divino grande, por eso tenía virtud de absorber el pequeño en el grande, y de cambiar el humano en el Divino Querer.  Por eso Adán, en el principio de su creación entró en el orden de nuestra Voluntad Divina, y en Ella hizo muchos de sus actos, y mientas con sustraerse de nuestro Querer él salió de dentro de Él, pero sus actos humanos hechos en nuestro Querer quedaron como prenda y derecho del hombre, y como principio y fundamento de un reino divino que él adquiría; en la Divina Voluntad, lo que se hace en Ella es imborrable, Dios mismo no puede cancelar un solo acto de la criatura hecho en el Fiat Supremo.  Ahora, siendo Adán el primer hombre creado, era como consecuencia, siendo él como la raíz, el tronco de todas las generaciones humanas, que ellas heredaran, casi como ramas, lo que poseyera la raíz y el tronco del árbol del hombre; y así como todas las criaturas, como por naturaleza heredaron el germen del pecado original, así heredaron los primeros actos suyos hechos en nuestro Querer, que constituyen el principio y el derecho del reino de nuestro Querer Divino para las criaturas.  Para confirmar esto vino la humanidad de la Virgen Inmaculada a obrar y a seguir los actos de Adán, para cumplir por completo el reino de la Divina Voluntad, para ser la primera heredera de un reino tan santo y para dar los derechos a sus queridos hijos de poseerlo; y para completar todo esto vino mi Humanidad que poseía en naturaleza mi Divina Voluntad, lo que Adán y la Soberana Reina poseían por gracia, para confirmar con el sello de sus actos este reino de la Divina Voluntad.  Así que este reino existe en realidad, porque humanidades vivientes han formado sus actos en Ella, como materiales necesarios para formar este reino, para dar el derecho a las otras humanidades de poseerlo.  Y para confirmarlo mayormente enseñé el Padre Nuestro, a fin de que con la plegaria se dispusieran y adquirieran los derechos para recibirlo, y Dios se sintiera como con el deber de darlo.  Con enseñar el Padre Nuestro, Yo mismo ponía en sus manos el derecho de recibirlo, y me empeñaba en dar un reino tan santo, y cada vez que la criatura recita el Padre Nuestro adquiere una especie de derecho de entrar en este reino, primero porque es oración enseñada por Mí, que contiene el valor de mi oración; segundo, porque es tanto el amor de nuestra Divinidad hacia las criaturas, que ponemos atención en todo, registramos todo, incluso los más pequeños actos, los santos deseos, las pequeñas oraciones, para corresponderlos con grandes gracias; podemos decir que son pretextos, ocasiones que vamos buscando para decirle:  ‘Tú has hecho esto, y Nosotros te damos esto, tú has hecho lo pequeño, y Nosotros te damos lo grande.’  Por eso el reino existe, y si tanto te he hablado de mi Divina Voluntad, no ha sido otra cosa que los preparativos de tantos siglos de mi Iglesia, las oraciones, los sacrificios y el continuo recitar el Padre Nuestro lo que ha inclinado a nuestra bondad a escoger una criatura para manifestarle los tantos conocimientos sobre nuestra Voluntad, sus grandes prodigios, así vinculaba mi Voluntad a las criaturas dándoles nuevas prendas de su reino.  Y conforme tú escuchabas y tratabas de modelarte a mis enseñanzas que te daba, así formabas nuevos vínculos para vincular a las criaturas en mi Voluntad.

(3) Tú debes saber que Yo soy el Dios de todos, y cuando hago un bien no lo hago jamás aislado, lo hago a todos, a menos que, quien no quiere tomar, no toma, y cuando una criatura me corresponde Yo la veo no como una sola, sino perteneciente a toda la familia humana, y por eso el bien de una viene comunicado a las otras.  Ahora, sí existe el reino, humanidades que han vivido lo han poseído y han hecho vida en él, y ahora mi Voluntad quiere reinar en medio de las criaturas, mis mismos conocimientos lo dicen claramente, ¿cómo entonces tú piensas que es imposible que venga este reino?  Para Mí todo es posible, me serviré de las mismas tempestades y de nuevos sucesos para preparar a aquellos que deben ocuparse en hacer conocer mi Voluntad.  Las tempestades sirven para purificar el aire malo, y también para quitar cosas nocivas; por eso Yo dispondré el todo, sé hacer todo, tengo los tiempos a mi disposición.  Por eso deja hacer a tu Jesús, y verás cómo mi Voluntad será conocida y cumplida”.

 

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29-25

Julio 2, 1931

 

La Divina Voluntad tiene virtud de convertir en naturaleza el bien que

se hace.  El regreso de las obras a su Creador.  La Creación tiene un

acto determinado, la criatura un acto creciente.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad para seguir sus actos, y habiendo llegado al punto donde el Celestial Niño se encontraba en Egipto, y la Celestial Mamá arrullándolo trataba de hacerlo dormir, y al  mismo tiempo se ocupaba con sus manos maternas de hacer la ropita al divino Niño, yo uniéndome con su Mamá hacía correr entre sus dedos y en el hilo, mi ‘te amo’ a Jesús, para hacer formar y tejer la ropita junto con mi ‘te amo’, y sobre el pie de la Reina que movía la cuna ponía el mío, para poder también yo arrullar a Jesús y hacerle lo que le hacía su Mamá.  Y mientras esto hacía, el Celestial Niño entre la vigilia y el sueño decía: ‘Mis dos Mamás.’  Entonces yo, recordando esto que está escrito en el volumen 24, pensaba entre mí:  ¿Pero repite todavía mi querido Jesús las dulces palabras, mis dos Mamás?  Después de una tempestad tan terrible, que como granizada devastadora ha golpeado mi pobre alma, quién sabe cuántos defectos he cometido, Jesús no sentirá más aquel tierno amor de decir tan dulcemente, mis dos Mamás.  Y mientras esto pensaba, mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, si tú no has cesado de repetir, de unirte con nuestra Mamá Celestial, de arrullarme, de poner tu ‘te amo’ para Mí en lo que Ella hacía, ¿podría Yo cesar de decir:  ‘Mis dos Mamás’?  En tal caso sería menos que tú en el amarte, mientras que Yo no me dejo superar jamás por el amor de la criatura; y no solo esto, sino que tú debes saber que todo lo que la criatura hace en mi Voluntad, Ella tiene la virtud de convertir en naturaleza el bien que hace, y el verdadero bien, por naturaleza, no se pierde jamás, ni hay cansancio en repetirlo cuantas veces se quiere, ¿acaso te cansas de respirar o latir?  Porque está en la naturaleza, es más, si no quieres hacerlo debes hacer un esfuerzo, pero un esfuerzo que si lo pudieras hacer te costará la vida.  Y es éste el más grande prodigio de mi Voluntad, convertir en naturaleza la plegaria, el amor, la santidad, sus conocimientos, y Yo cuando veo que la criatura se ha dado en poder de mi Voluntad, pero tanto que Ella ha podido cambiar en naturaleza los bienes divinos, mis palabras resuenan en el alma con mi potencia creadora y dan en naturaleza la maternidad, y ¿cómo puedo no repetir, mis dos Mamás?  Cuando Yo hablo es realidad lo que digo, ¿no es acaso verdadero que mi Mamá es mi Madre según el orden natural, y me es también Madre en el orden divino en virtud de la Voluntad Divina que Ella poseía?  Si Ella no poseyera mi Querer no podía ser mi Madre en el orden humano, ni en el orden divino.  ¡Oh! cuántas cosas sabe hacer en quien se hace dominar por Ella, sabe hacer descender el orden divino en el humano, y convierte en naturaleza el orden divino, y con eso hace tantos prodigios de sorprender Cielo y tierra, por eso hazte dominar por mi Voluntad, y Yo haré resonar en ti mi dulce palabra:  Mi querida mamá que mi Fiat me tiene sobre la tierra”.

(3) Después de esto, seguía al Fiat Divino en la Creación y decía entre mí:  “Quiero entrar en el sol para vaciarlo del amor que Dios puso en él por amor de las criaturas, y sobre las alas de su luz volverlo a llevar a mi Creador como correspondencia de mi amor; quiero vaciar el viento, para llevarle la correspondencia del amor impetuoso, del amor gimiente, dominante, a fin de que impere sobre el corazón divino para arrebatarle el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra; quiero vaciar el cielo del amor que contiene para volver a darle el amor que no termina jamás, que jamás dice basta, para tomarlo por todos lados y llevarle la correspondencia de amarlo por todas partes y en todos”.  Pero, ¿quién puede decir todos los disparates que decía en cada cosa creada?  Sería muy largo, por eso no continúo.  Y mientras esto hacía, mi dulce Jesús me ha dicho:

(4) “Hija de mi Voluntad, cómo me es agradable el alma que entra en mi Querer para encontrar en Él todas mis obras, y sobrevolando de una cosa creada a la otra, hace con su pequeña capacidad sus cálculos para encontrar cuánta dosis de amor, de bondad, de potencia, de belleza, y otras cosas más he puesto en cada cosa creada, y como quien está en mi Voluntad lo que es mío es suyo, lo abraza todo y me lo lleva a mi seno, lo pone a mi alrededor como correspondencia de su amor, y Yo me siento regresar el amor que sacamos al crear toda la Creación, la bondad, la potencia, la belleza con que adornamos toda la Creación, y en nuestro énfasis de amor decimos:  ‘La hija de nuestra Voluntad nos regresa nuestras obras, nuestro amor, nuestra bondad, y lo demás, y al mismo tiempo que nos las regresa las deja en su puesto’.  Y nos sentimos repetir la alegría, la felicidad, como si de nuevo pusiéramos fuera toda la Creación.  Ahora, tú debes saber que al crear todo el universo, la variedad de tantas múltiples cosas, pusimos un acto determinado, un basta a cada cosa, de manera que no pueden sobrepasar ningún límite del como fueron creadas, pero aunque fue un acto determinado y no pueden ir más allá, pero fue un acto pleno, tanto, que las criaturas no pueden, ni tienen la capacidad de tomar todo el bien que cada cosa creada contiene.  Tan es verdad, que ¿quién puede decir?:  Yo puedo tomar toda la luz del sol, el cielo no basta sobre mi cabeza, no me alcanzan todas las aguas para quitarme la sed, la tierra no es suficiente bajo mis pies, y tantas otras cosas, y esto porque nuestra Divinidad al hacer un acto, al crear las cosas, es tanto nuestro amor, la sobreabundancia que poseemos, que ponemos la suntuosidad, el lujo, la magnificencia, ninguna obra nuestra se puede decir que es pobre, todas llevan con ostentación, quién un lujo de luz, quién hace ostentación de belleza, quién de variedad de colores y más, parece que dicen en su mudo lenguaje:  ‘Nuestro Creador es inmensamente rico, bello, poderoso, sabio, y por eso todas nosotras como obras dignas de Él, hacemos derroche de lujo en el oficio dado a nosotros por Dios”.

(5) Ahora hija mía, no fue así al crear al hombre, en él no fue puesto un acto determinado, sino un acto siempre creciente, nuestro amor no quiso decir un basta al hombre, habría sido como obstaculizar nuestro amor, detener nuestro arrebato, no, no, nuestro basta no se pronunció en la creación del hombre, no puse un límite, sino un acto siempre creciente, dejando casi a su elección hasta donde quería llegar, poniendo a su disposición nuestro acto creciente a fin de que nuestro desahogo de amor no tuviera un término, sino que pudiera hacer ostentación de lujo, de gracia, de santidad, de belleza, de bondad y demás, por cuanto más le agradara; atábamos nuestro acto creciente a su libre voluntad, para que no tuviera ningún obstáculo para hacer cuanta más ostentación pudiera.  Y para hacer que este nuestro acto creciente tuviera en el hombre todas las ayudas posibles e imaginables, le dábamos también nuestra Voluntad Divina a su disposición, para que pudiera mantener a sus expensas todo el lujo que quisiera, y la sobreabundancia de los bienes de su Creador.  Nuestro amor no quiso decir basta al hombre, decirle, hijo nuestro, hasta aquí puedes llegar; no, no, habría sido como si un padre quisiera decir a su hijo:  ‘Hasta tal día te sentarás en mi mesa, y después basta’.  Esto no sería amor de paternidad sino de autoridad; que el hijo pueda poner un término de recibir los alimentos de su padre, puede darse, pero que el padre le diga que estará en ayunas, no lo hará jamás.  Así es nuestra bondad, jamás diremos basta a la criatura, nuestro acto creciente le servirá de alimento continuo para crecer siempre y conservarse, y si ingrata no se servirá de nuestro acto creciente, don grande dado por su Creador, tendremos el dolor de ver a nuestro querido hijo en ayunas, pobre, y nuestro acto obstaculizado y sin vida, y cambiará nuestro arrebato de amor en arrebato de dolor.  Por eso si quieres que nuestro acto creciente tenga vida en ti, no salgas jamás de nuestra Divina Voluntad, la cual será celosa de hacerte crecer siempre, siempre”.

 

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29-26

Julio 6, 1931

 

El libro del Fiat en el fondo del alma.  El libro del

Fiat en la Creación.  La Divina Voluntad tiene bajo

la lluvia de su acto continuo a todas las criaturas.

 

(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que pensar en la Divina Voluntad, en cada cosa que veo voy encontrando su Vida, y haciendo esto en lo interno, en lo externo no encuentra otra cosa que aquel Fiat Divino que tanto la ama y quiere amor.  Siento la necesidad de encontrarla en todas las cosas para respirarla, para sentir su latido de luz que como sangre circula en el alma, y se constituye vida primaria de mi pobre ser, y donde no sé encontrarla me siento que me falta un latido continuo, una bocanada de aire para facilitar la Vida de la Divina Voluntad en mi alma.  Y rogaba a Jesús que me enseñara a encontrarla en todas las cosas, para hacer que en mí jamás pudiera faltar su Vida perenne.  Y mi sumo Bien Jesús con toda bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad y vive en Ella, forma en su alma el libro del Fiat Divino, pero este libro debe de estar lleno, no vacío, o bien alguna página escrita, si no está lleno terminará pronto de leerlo, y no teniendo qué leer se ocupará de otra cosa, y entonces la Vida de mi Divina Voluntad será interrumpida y como destrozada en la criatura.  En cambio si está lleno, tendrá siempre qué leer, y si parece que termina Yo agregaré otras páginas más sublimes para hacer que jamás le falte la vida, el conocimiento siempre nuevo y el alimento sustancioso de mi Querer Divino.  Así que el interior debe ser como tantas páginas para formar este libro:  Página la inteligencia, página la voluntad y la memoria, página el deseo, el afecto, el latido, página la palabra que debe saber decir lo que ha leído, de otra manera quedará un libro que no hará bien a ninguno, mientras que quien hace un libro, su primer objetivo es propagarlo.  Por eso todo el interior debe estar escrito de páginas de mi Divina Voluntad, y debe estar tan lleno este libro, de no poder encontrar otra cosa que leer sino sólo mi Voluntad.  Ahora, cuando el alma tiene lleno su libro interior, conocerá muy bien el libro exterior de la Divina Voluntad; toda la Creación no es otra cosa que un libro de Ella, cada cosa creada es una página que forma un libro grandísimo y de muchos volúmenes.  Por eso habiendo formado su libro interior y habiéndolo leído muy bien, sabrá leer muy bien el libro exterior de toda la Creación, y en todas las cosas encontrará mi Divina Voluntad en acto de darle su Vida, sus lecciones altísimas y sublimes, y su alimento exquisito y santo.  Sucederá a quien ha formado en su interior este libro del Fiat Divino y leído muy bien, como a quien ha poseído un libro, lo ha leído y releído, ha estudiado bien las cosas más difíciles, ha superado todas las dificultades, dilucidado los puntos más oscuros, de manera que ha consumido su vida sobre aquel libro, si una persona le diera otro libro similar, lo sabrá leer con certeza y reconocerá en aquel libro al suyo.  Mucho más que mi Divina Voluntad ha encerrado a la criatura en su cerco santísimo, y ha puesto en el fondo del alma el libro de su Fiat, y en la Creación ha repetido su libro divino, de modo que uno hace eco en el otro y se entienden admirablemente.  Por esto es necesario reconocer el libro del Fiat Divino en el fondo de la propia alma, leerlo muy bien para hacer de él vida perenne, y así con facilidad podrá leer las bellas páginas y el gran libro de mi Voluntad de toda la Creación”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, mi Querer Divino tiene su acto continuo que no cesa jamás de derramar sobre todas las criaturas su acto continuo y de investirlas con su acto de luz continuo, de santidad, de belleza, de amor, de ayuda, de potencia, de felicidad; es tanto su amor que un acto no espera al otro y a torrentes, más que tupida lluvia, se derraman sobre todas las criaturas.  Este acto continuo es reconocido y recibido por todos los habitantes de la Patria Celestial, de modo que forma la siempre y nueva sorpresa de alegrías inefables y de felicidad sin fin, se puede decir que forman la vida y la sustancia de la bienaventuranza de todos los bienaventurados.  Ahora, como mi Divina Voluntad posee en naturaleza este acto continuo, no puede ni quiere cambiar régimen, así como da en el Cielo este acto continuo de bien, así lo da a toda la Creación y a todas y a cada una de las criaturas, para que todos reciban vida de este su acto continuo; si éste cesara, cesaría la vida de todos, a los más puede haber cambio de efectos, porque obra según las disposiciones de cada uno, y por eso su mismo acto continuo, en quién produce un efecto, en quién otro, y quién, desgraciadamente mientras está bajo la lluvia de este acto continuo de luz, de santidad, de belleza, y de otras cosas, no queda ni siquiera bañado, ni iluminado, ni santo, ni bello, y convierte en sí mismo el acto continuo de bien en tinieblas, en pasiones e incluso también en pecado.  Pero con todo esto mi Querer no cesa jamás su acto continuo de hacer llover sus bienes divinos sobre todos, porque se encuentra en las condiciones en que se encuentra el sol, que a pesar de que los seres humanos no quisieran recibir su luz, ni árboles, ni plantas, ni flores, a los que podría comunicar los admirables efectos que contiene su acto de luz continuo, es decir, de dulzura, sabor, el bello arco iris de todos los colores, continuaría su acto de dar siempre luz; pero si el sol tuviera razón, lloraría con lágrimas de luz ardiente por el dolor de ver en la gran rueda de su luz todos los bienes que en realidad da, pero no son recibidos.  Más que sol es mi Querer Divino, tiene envuelto en su luz infinita a todos y a todo, su naturaleza es de querer siempre dar, y de hecho da; si todos tomasen todos serían santos, el mundo se cambiaría en felicidad, pero con sumo dolor sus bienes no son recibidos, sino rechazados en su misma luz, pero no se detiene, con amor tierno e insuperable continúa su acto continuo de dar lo que su luz posee”.

 

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29-27

Julio 13, 1931

 

El movimiento es signo de vida.  El pasaporte para entrar

en el reino de la Divina Voluntad; el lenguaje y el ciudadano

de él.  La pacificadora entre Dios y la criatura

 

(1) Estaba siguiendo mis actos en la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “¿Cómo se puede saber si reina en la criatura el Fiat Divino y en mi pobre alma, o lo bien o mal que Él reina?”  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “El movimiento es la señal de vida, donde no hay movimiento no puede haber vida.  Por lo tanto para conocer si la criatura posee mi Voluntad, es si en lo íntimo de su alma siente como primer movimiento de todo lo que se desarrolla en ella, solamente mi Voluntad, porque siendo Ella movimiento primario, donde reina hará sentir su primer movimiento divino, del cual penden todos los actos internos y externos, como del centro del primer movimiento de mi Divina Voluntad.  Por este motivo será el primer movimiento, la palabra de orden, el comandante, el regidor, de modo que cada acto estará a la expectativa de recibir el primer movimiento para moverse y obrar.  Por esto, si la criatura siente en sus actos el primer movimiento de mi Querer, es señal de que reina en su alma; pero si en cambio siente en su primer movimiento el fin humano, el propio placer, las satisfacciones naturales, el gusto de agradar a las criaturas, mi Voluntad no sólo no reinará, sino que de Reina hará de sierva, sirviéndola en sus actos, porque no hay acto que pueda hacer la criatura si mi Divina Voluntad no concurre, ya sea dominándola o sirviéndola.

(3) Ahora tú debes saber hija mía, que el pasaporte para entrar en mi reino es la voluntad resuelta de no hacer jamás la propia voluntad, incluso a costo de la propia vida y cualquier sacrificio.  Este acto decidido y verdadero, es como la firma que pone sobre el pasaporte para partir al reino de mi Divina Voluntad, y mientras la criatura firma para partir, Dios firma para recibirla; esta última tendrá tanto valor que todo el Cielo irá a su encuentro para recibirla en el reino del Fiat Divino en el cual ellos viven, y serán todo ojo sobre esta criatura que desde la tierra tiene por vida y por reino la misma Voluntad que ellos tienen en el Cielo.  Pero no basta el pasaporte, sino se debe estudiar la lengua, los modos, las costumbres de este reino divino, y éstos son los conocimientos, las prerrogativas, las bellezas, el valor que contiene mi Voluntad, de otra manera estaría como extranjera, no tomaría amor ni sería amada; si no se sacrifica en estudiar para poder hablar con este mismo lenguaje, y no se adapta a las costumbres de aquellos que viven en este reino tan santo, vivirá aislada, porque no entendiendo la apartarán, y el aislamiento no hace feliz a ninguno.  Además se necesita pasar del estudio a la práctica de lo que se ha aprendido, y después de una larga práctica, al final viene declarada ciudadana del reino de mi Divina Voluntad, y entonces disfrutará todas las felicidades que hay en un reino tan santo, es más, serán propiedad suya, y adquirirá el derecho de vivir en él como en su patria”.

(4) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, quien vive en mi Querer se convierte en la pacificadora entre Dios y las criaturas, todos sus actos, palabras, pasos, sus plegarias, sus pequeños sacrificios, son como tantos vínculos de paz entre el Cielo y la tierra, son como armas pacificadoras que combaten a su Creador con armas de paz y de amor para desarmarlo y hacerlo propicio, y cambiar los flagelos en misericordia.  Y como la humana voluntad formó la guerra para guerrear a Aquél que la había creado, y no solo esto, sino que rompió el acuerdo, el orden y la paz, entonces mi Querer, con la fuerza de su Omnipotencia reinando en la criatura, convierte lo que la criatura hace en vínculos de acuerdo, de orden, de paz y de amor.  Así que de ella sale como una nubecita blanca, que elevándose se expande y se eleva hasta el trono divino, y prorrumpiendo en tantas voces por cuantos actos ha hecho dice:  ‘Gran Dios, paz te llevo de la tierra, y Tú dame tu paz para llevarla como vínculo de paz entre Tú y las generaciones humanas’.  Esta nubecita sube y desciende, desciende y sube y hace el oficio de pacificadora entre el Cielo y la tierra”.

 

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29-28

Julio 17, 1931

 

Lluvia benéfica.  Creación continua de la Divina Voluntad; orden

externo e interno de Ella.  La criatura es llevada en sus brazos.

 

(1) Me sentía toda inmersa en el Fiat, su aire es tan dulce, refrescante, que se siente a cada instante renacer a nueva vida; ¿pero qué cosa se respira en este aire del Querer Divino?  Se respira aire de luz, de amor, de dulzura, de fortaleza, de conocimientos divinos, y así de lo demás, de manera que se siente renovada a vida nueva; este aire benéfico y balsámico, conforme se respira así hace crecer la Vida Divina en la criatura, y como cuando se respira el aire, con el respiro se encierra dentro, y con repetir el respiro se pone fuera, porque es tanta la fuerza del aire, que se puede tener dentro cuanto basta para vivir, lo que sobra, con el mismo respiro se debe poner fuera, ¿pero qué cosa pone fuera?  Lo que ha recibido después que se ha llenado; amor, luz, bondad ha respirado, amor, luz, bondad da.  Pero mientras mi pobre mente se perdía en este aire divino, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, todos los actos buenos que hace la criatura en mi Divina Voluntad se elevan a Dios, porque Ella tiene la potencia divina para atraer arriba, a la patria celestial lo que se hace en su Querer, y después con su misma potencia lo hace descender como lluvia benéfica sobre la misma criatura, de manera que si la criatura ama, bendice, adora, agradece, alaba, Dios la corresponde con nueva lluvia de amor, de bendiciones, lluvia de agradecimientos, porque se ha sentido amar y agradecer por la criatura, y prorrumpiendo en lluvia de alabanzas, la alaba frente a toda la corte celestial.  ¡Oh! cómo nuestra bondad divina está esperando las adoraciones, el agradable te amo de la criatura, para poder dar a nuestro amor el desahogo de poder decirle:  ‘Hija, te amo’.  Por eso no hay acto que la criatura haga por Nosotros, en que nuestra ternura toda paterna no le dé la correspondencia multiplicada”.

(3) Después continuaba mis actos en el Fiat Divino, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la criatura es llevada en brazos por mi Divina Voluntad, y es tanto su amor, que le tiene a su alrededor toda la Creación, como si en acto la estuviera siempre, siempre creando para darle placer y hacerla feliz y decirle:  ‘Mi fuerza creadora mantiene toda esta máquina del universo, si Ella se retirara, el sol como por encanto desaparecería, el cielo y todas las otras cosas se resolverían en la nada, como de la nada salieron, así que mi potencia creadora mantiene el crearla continuamente, y puede decir con toda certeza, propiamente por ti estoy creando el sol para que tu vida, tu camino fueran esparcidos de luz, por ti el cielo azul, a fin de que tu ojo se extienda y se deleite en su extensión, todo estoy creando por ti, mantengo todo en orden porque te amo’.  Mi Divina Voluntad se hace Vida en acto de todas las cosas, las sostiene y conserva, las pone en torno a la criatura para hacerla sentir en todas las cosas y por todas partes su Vida inamovible, su fuerza inmutable, su amor invencible.  Se puede decir que la estrecha por todas partes como triunfo de su amor.  Y no sólo mantiene el orden externo y todas las cosas en acto, como si las estuviera creando, sino que mantiene internamente con su fuerza creadora todo el orden interno de la criatura, así que está siempre en acto de crear el latido, el respiro, el movimiento, la circulación de la sangre, la inteligencia, la memoria, la voluntad; corre como vida en el latido, en el respiro, en todo, sostiene y conserva sin jamás retirarse del alma y del cuerpo.  Ahora, no obstante que mi Suprema Voluntad es todo, hace todo, da todo, no es reconocida, más bien olvidada; podría decir como Yo dije a los apóstoles:  ‘Hace tanto tiempo que estoy con ustedes y no me conocen todavía’.  Tratan de conocer tantas cosas que no forman la vida de la criatura, y mi Voluntad que forma la vida y es acto continuo de vida, de otra manera no podría vivir, no la conocen en nada.  Por eso hija mía sé atenta, reconócela en ti y fuera de ti, en todo, más que tu misma vida, y sentirás cosas admirables, su acto continuo que con amor incansable te ama, y sólo porque te ama te da la vida”.

 

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29-29

Julio 23, 1931

 

Fecundidad de luz.  La Creación, fiesta de Dios y de

la criatura.  La Divina Voluntad régimen y regla.

 

(1) Estoy de regreso en los brazos del Fiat Divino, me parece que su luz inmensa corre como mar a mi alrededor, y conforme yo hago mis actos de amor, de adoración, de agradecimiento, tomo de dentro de esta luz, el amor que posee la Divina Voluntad, pero tomo cuanto puedo tomar, porque como criatura no me es dado el tomarlo todo, pues es inmenso y yo no tengo ni capacidad ni espacio donde encerrar este amor interminable, sin embargo me lleno toda, de modo que a pesar de que soy criatura, mi amor hacia quien me ha creado es pleno y total; así mi adoración, porque los actos hechos en el Querer Divino deben poseer tal plenitud, que la criatura debe poder decir:  “Mi ser se ha resuelto todo en amor, en adoración, nada me ha quedado”.  Y el Creador debe poder decir:  “Todo el amor que podía darme me ha dado, nada se ha quedado para sí”.  Ahora, conforme hacía mis pequeños actos en este mar se formaban las pequeñas olas, que descargándose en mi inteligencia se cambiaban en luz de conocimientos sobre la Divina Voluntad.  Y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad tiene siempre qué hacer con la luz, jamás con las tinieblas; y como la luz es fecunda, da a luz en el alma las verdades que ella posee.  La virtud de la luz es maravillosa y milagrosa, y mientras que al mirarla no se ve otra cosa que luz, por dentro posee la plenitud de los bienes, pero comunica estos bienes no a quien sólo la ve, sino a quien se hace tocar, modelar, estrechar, besar con sus besos ardientes; conforme toca purifica, conforme modela transforma, conforme estrecha así encierra su luz en el alma, y con su fecundidad que no sabe estar jamás ociosa, su trabajo es incesante, comunica el bello arco iris de los colores y bellezas divinas, y con sus besos infunde las verdades más bellas y los secretos inefables de su Creador.  Vivir en la luz de mi Divina Voluntad y no estar al día de las cosas divinas, de nuestros secretos, no sentir la virtud fecundadora de esta luz, sería como si Dios quisiera hacer vida separada de su criatura; en cambio fue este el único objetivo, que queremos que nuestra Voluntad sea también la de la criatura, porque queremos hacer vida junto y permanente con ella.  Por eso sería absurdo vivir en mi Querer y no sentir la fecundidad de los bienes que esta luz posee, la cual es la de hacer vivir del mismo Dios a la criatura”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, por eso en la Creación hubo tantos preparativos, como preparación a una de las más grandes fiestas solemnes, que nuestra Divinidad quería solemnizar con la criatura; desde el principio de su existencia, ¿qué cosa no preparamos para hacer que esta fiesta fuera una de las más solemnes?  Cielos tapizados de estrellas, sol resplandeciente de luz, vientos refrescantes, mares, flores y frutos encantadores con la variedad de tantos sabores y dulzuras.  Después de haber preparado todo creamos al hombre para que festejara, y Nosotros junto con él; era justo que el Señor de la fiesta, que con tanto amor la había preparado, asistiera y gozara junto con él.  Mucho más que la sustancia de la fiesta la forman la compañía de los invitados que se quisieron en la fiesta, y para hacer que esta fiesta no fuera jamás interrumpida entre Nosotros y el hombre, le dábamos nuestra misma Voluntad que regulaba nuestro Ser Divino, a fin de que uno fuera el régimen y la regla entre Dios y la criatura.  En cuanto el hombre se sustrajo de nuestra Voluntad, perdió nuestro régimen y nuestra regla, y terminamos de festejar por ambas partes.  Por eso, conforme tú haces tus actos en Ella y nos recuerdas todo lo que hicimos en la Creación para preparar nuestra fiesta a la criatura, sentimos que nuestro Fiat es tu régimen y tu regla, esto nos ata y estrecha de nuevo y nos forma la nueva fiesta, y nos hace repetir la de la Creación”.

(4) Y yo:  “Mi amado Jesús, por cuanto más quiero vivir en tu Querer y morir antes que no hacer tu Santísima Voluntad, sin embargo me siento mala, sucia, entonces ¿cómo puedo repetirte esta fiesta?  Y Jesús ha respondido:

(5) “Es tanto nuestro amor por quien está decidida a vivir en Ella y hacerla siempre, que se hace pincel de luz, y pintando con su toque de luz y calor, purifica a la criatura de cualquier mancha, a fin de que no se avergüence en nuestra presencia adorable, y la pone con toda confianza y amor a festejar junto con Nosotros.  Por eso déjate pintar por mi Divina Voluntad, aun a costa de sufrir cualquier pena, y Ella pensará en todo”.

 

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29-30

Julio 27, 1931

 

El gran mal de quien no hace la Divina

Voluntad.  Ejemplo de Adán, interesantísimo.

 

(1) Mi abandono en el Santo Querer Divino continúa, y comprendía el gran bien que mi pequeña alma sentía al vivir en poder de un Querer tan Santo.  Él tiene tal celo, la ama tanto, toma empeño de todo, incluso de las cosas más pequeñas de esta criatura, que parece que dice:  “Ninguno me la toque, y hay de quien se atreva”.  Entonces yo pensaba:  Me ama tanto, y yo ¿he tenido alguna vez la gran desventura de oponerme a una Voluntad tan amable y adorable?  Yo dudo fuertemente, en especial en este último periodo de mi existencia, en lo que he pasado, que haya habido alguna ruptura entre mi voluntad y la Voluntad Divina.  Y mientras mi pobre mente estaba afligida por la triste duda, mi dulce Jesús, no soportando el verme angustiada, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, ánimo, aleja de tu mente toda duda y angustia, porque éstas te debilitan y te hacen interrumpir el vuelo hacia aquel Querer que tanto te ama; es verdad que ha habido reflexiones, miedos, faltas de pleno abandono, de modo que tú sentías el peso de tu voluntad como si quisiera salir en campo para hacer su camino, y te volvía como una niña pequeña que teme de todo, tiene miedo de todo, y tanto, que frecuentemente llora, y Yo te tenía estrechada entre mis brazos para sostenerte, y vigilaba más que nunca tu voluntad para tenerla segura.  Por eso hija, verdaderas rupturas entre mi Divina Voluntad y la tuya no hay, ni ha habido, y si, jamás sea, esto hubiera sido, el Cielo te libre hija mía, habrías incurrido en la misma desgracia de Adán.  De cuántos preparativos no fue precedida su existencia, nuestro amor no se daba paz, ponía fuera el cielo y el sol, un agradable jardín y tantas otras cosas, todos actos preparatorios como desahogo de nuestras obras por amor de este hombre, y al crearlo se vertió nuestra Vida Divina en él, haciéndose vida permanente de éste, de manera que nos sentía dentro como vida perenne, y nos sentía fuera en nuestras obras creadas por amor suyo.  Nuestro amor fue tanto, que se hizo revelador de nuestro Ser Divino en el interior del hombre, porque había establecido nuestra Vida permanente en él, y revelador por fuera, de modo que cada cosa creada era una revelación de nuestro amor que le hacía.  Mucho más que en la Creación le fueron dados al hombre, tanto nuestra Vida como todas las cosas creadas de manera permanente, no a intervalos.  Un bien, hoy sí y mañana no, es un amor roto, y la naturaleza de nuestro amor no se adapta a un amor interrumpido, Él es eterno y jamás dice basta.  Así que Adán en cuanto rompió con nuestra Voluntad Divina, se jugó toda la Creación y también nuestra Vida en él; es tan grande la ofensa de sustraerse de nuestra Divina Voluntad, que ponemos a un lado todos nuestros preparativos, el gran bien que habíamos puesto fuera, y nos retiramos del hombre, y con Nosotros queda ofendida toda la Creación.  Así que en cuanto Adán formó la ruptura con nuestra Voluntad, se ofendió el cielo, las estrellas, el sol, el aire que respiraba, el mar, la tierra que pisaba, todos se sintieron ofendidos, porque mi Divina Voluntad es como latido y circulación de sangre de todas las cosas creadas, por eso todos sintieron el dolor de la ruptura del querer humano, sintiéndose tocar el latido del que recibían vida y conservación.  Ahora, si jamás sea, hubiera habido ruptura de voluntad entre la tuya y la mía, habría hecho a un lado mis tantos preparativos hechos en tu alma, mis tantas gracias derramadas y me habría retirado haciéndote a un lado.  Si continúas oyéndome es señal de que mi Voluntad está firme en ti, y la tuya está en su puesto.

(3) ¡Si tú supieras qué significa no hacer mi Divina Voluntad!  La criatura trataría de impedir y de hacer morir aquel movimiento que jamás termina, y dar muerte a los actos santos que mi Voluntad Divina ha establecido cumplir en la criatura.  Ella quiere dar Vida Divina, y mientras está por darla, si la voluntad humana no la recibe y se opone, se hace cuchillo para matar y sofocar esta Vida Divina en su alma; parece que sea nada el no hacer mi Voluntad, mientras que es todo el mal de la criatura, es la ofensa más grande para nuestra Majestad Suprema.  Por eso sé atenta, y tu abandono en Ella sea continuo.

 

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29-31

Agosto 3, 1931

 

Cada acto hecho en el Querer Divino forma el alimento

para hacer crecer la Vida Divina en la criatura.  El

don más grande que hace Dios:  “La verdad.”

 

(1) Estoy siempre ahí, en el centro del Fiat Divino, si bien bajo la opresión de la privación de mi dulce Jesús, ¡oh! cómo es doloroso sentirse huir a aquel Jesús que me ama y amo, y que formando mi vida de fuerza, de amor, de luz, huye de dentro de mi vida su Vida de amor, de fuerza, de luz.  ¡Oh Dios, qué pena, sentir la vida, pero la verdadera Vida no está, qué tortura, qué tormento!  ¡Oh, cómo siento el deseo de repetir:  “No hay dolor similar a mi dolor, cielo y tierra lloren conmigo, y todos imploren el regreso de aquel Jesús que me ama y amo!”  Entonces me abandonaba más que nunca en aquel Fiat Divino que ninguno me puede quitar, ni siquiera el mismo Jesús; si Él se esconde, se me escapa, pero su Querer Divino jamás me deja, está siempre conmigo, y mi pobre mente gira entorno a todo lo que el Fiat Divino ha hecho y hace por amor nuestro, y como pensaba en su gran amor al crearnos, mi amado Jesús saliendo de su escondite me ha dicho:

(2) “Hija mía, la creación del hombre fue el centro donde nuestra Divinidad concentraba todos los bienes que debían surgir en la criatura, poníamos en ella Vida Divina y Voluntad Divina, vida humana y voluntad humana; la vida humana debía servirnos de habitación, y las dos Voluntades fundidas juntas debían hacer vida en común, con sumo acuerdo, más bien la voluntad humana debía tomar de la nuestra para formar sus actos, y la nuestra debía estar en acto continuo de dar de lo suyo para hacer que la voluntad humana quedase modelada y toda uniformada en la Divina Voluntad.  Ahora, no hay vida, tanto humana, espiritual y Divina, que no tenga necesidad de alimento para crecer, para fortalecerse, embellecerse y felicitarse.  Nosotros poníamos nuestra Vida Divina en el hombre porque era incapaz de recibir toda la plenitud de nuestro Ser Divino, pusimos en él cuanto podía contener de nuestra Vida, dándole libertad de hacerla crecer cuanto más pudiera y quisiera, pero nuestra Vida en el hombre, para crecer, tenía necesidad de alimento, he aquí la necesidad de poner en él una Voluntad Divina; nuestra Vida Divina no se habría adaptado a alimentos de voluntad humana.  Por esto todos los actos de la criatura hechos en virtud, y en nuestra Voluntad Divina, servirían para alimentar y hacer crecer nuestra Vida Divina en ella, de modo que conforme iba haciendo sus actos en nuestro Fiat, ahora tomaba nuestro amor y nos alimentaba, ahora tomaba nuestra fuerza, ahora nuestra dulzura infinita, ahora nuestras alegrías divinas para alimentarnos.  Qué orden, qué armonía poníamos al crear al hombre entre él y Nosotros, hasta pedirle nuestros mismos alimentos por medio suyo, no porque tuviéramos necesidad, no, sino para mantener el ímpetu de amor, la correspondencia, la unión inseparable entre él y Nosotros; y mientras él se ocupaba de Nosotros, Nosotros nos ocupábamos de alimentarlo a él y de conservar nuestra amada habitación, y no sólo eso, sino que le dábamos otros dones más bellos para hacerlo más feliz, amarlo de más y hacernos amar más.  ¿Pero quieres saber tú cuáles son nuestros dones más bellos que dimos a la criatura?  Manifestarle un conocimiento de nuestro Ser Supremo, una verdad que nos pertenece, un secreto nuestro, esto es el don más bello que les hacemos; cada uno de estos dones es un vínculo de más que ponemos entre ella y Nosotros, cada verdad nuestra es una propiedad que ponemos en su alma.  Es por esto que en el alma donde reina nuestra Voluntad, encontramos nuestros alimentos divinos, nuestras propiedades por cuanto a criatura es posible, nuestra habitación, por tanto nos encontramos en nuestra casa, en nuestro centro, en medio de nuestras propiedades.  Mira entonces qué significa hacer reinar nuestra Voluntad y el gran bien de hacerte conocer nuestras verdades, cada conocimiento nuestro lleva cada uno un don distinto:  Quién lleva la luz, quién la fuerza, quién la bondad, quién la sabiduría, quién el amor, y así de lo demás, cada uno de ellos vincula a la criatura en modo especial a Dios, y Dios a ella.  Por eso debes saber corresponder a los tantos dones que tu Jesús te ha hecho, y vive siempre en nuestro Querer”.

 

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29-32

Agosto 10, 1931

 

Fealdad de la naturaleza humana sin la Divina Voluntad;

belleza de quien vive en Ella.  Sonrisa del Cielo sobre la tierra.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, siento su fuerza raptora que dulcemente se impone sobre mí, pero sin forzarme, porque las cosas forzadas no le agradan, no son para Él, son cosas que no le pertenecen.  Por eso es todo ojos para hacer que todos mis actos reciban la Vida de la Divina Voluntad y se vuelvan como si fueran actos suyos, y me parece que cada acto mío hecho en su Voluntad adorable es una victoria que hace sobre la pequeñez de mi voluntad.  Entonces pensaba entre mí:  “Cómo es fea la naturaleza humana sin la Divina”.  Y mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, fea es la naturaleza humana que vive sin mi Voluntad, porque ella fue creada por el Ente Divino para vivir unida con el Fiat Divino, así que con vivir sin Él se da un cambio en la naturaleza humana, en éste viene cambiado el orden, la fuerza, el amor, la luz, la santidad, la misma razón; todas estas bellas dotes están en la criatura, porque fueron puestas por Dios como dentro de un sagrario, pero están fuera de su lugar, todos en desorden, y como están fuera de su lugar, una está contra otra, las pasiones combaten a la santidad, la debilidad combate a la fuerza, el amor humano combate al divino, la criatura al Creador, y así de lo demás.  La naturaleza humana sin la Divina Voluntad se transforma en fea, se trastorna, y en su desorden hace guerra a su Creador.  Sucede como al alma y al cuerpo, que han sido creados por Dios para hacer vida juntos, si el cuerpo quisiera hacer vida separada del alma, ¿no le tocaría la triste suerte de sufrir tal transformación de no reconocerse más por lo que era?  Al crear al hombre nuestra Divinidad, concurrió nuestra infinita sabiduría, que como artífice y como perito que posee toda la ciencia del arte de saber crear, en nuestra Omnividencia vio que para hacer que este hombre fuera nuestro honor, y obra digna de nuestras manos creadoras, y nuestra gloria y también la suya, debía ser formado cuerpo y alma, y poníamos nuestra Voluntad como vida primaria del alma y del cuerpo, así que lo que es el alma al cuerpo, nuestra Voluntad debía ser para la una y para el otro.  Así que la criatura ha sido creada y ha tenido en su principio:  Cuerpo, alma, voluntad humana y Divina, todo junto, los cuales debían hacer vida en común con sumo acuerdo.  Y nuestra Voluntad que tenía el primado debía hacerse alimentadora, conservadora y dominadora de esta criatura.

(3) Ahora, si la naturaleza humana sin nuestra Voluntad Divina es fealdad, unida con la nuestra es de una belleza singular y encantadora; en su creación le fue puesto por Nosotros el germen de la luz, y nuestro Fiat, más que madre ternísima, se extiende con sus alas de luz sobre este germen y lo acaricia, lo alienta, lo besa, lo alimenta, lo hace crecer y le comunica con su calor y luz todas las variedades de las bellezas divinas, y la naturaleza humana recibe la participación, si está bajo el influjo impetuoso y continuo de una fuerza, de una santidad, de un amor todo Divino, y crece bella, amable y admirable a todos.  Por eso, la naturaleza humana tal como fue creada por Nosotros, no es fea sino bella, ni Nosotros sabemos hacer cosas feas, pero se puede volver fea con no estar en los modos como fue creada y querida por Nosotros.  Ve entonces cómo es necesario que las criaturas hagan y vivan en nuestra Voluntad, porque Ella entra en el primer acto de su creación.  Entonces, destruido esto, queda desfigurada y sin verdadera vida.  Todas las cosas creadas fueron creadas con dos, e incluso con tres elementos juntos:  El sol posee luz y calor, si la luz quisiera vivir aislada sin calor, sería luz estéril, sin fecundidad, y si el calor quisiera aislarse de la luz, se cambiaría en tinieblas, y quedaría desfigurado el más bello planeta que forma el encanto de todo el universo, y con su luz domina y hace bien a todos.  La tierra esta formada del elemento de tierra y agua, si la tierra quisiera apartar el agua se volvería polvo, y no formaría el sólido pavimento donde el hombre podría levantar edificios, caminar con paso firme, todo vacilaría bajo sus pies; pero no basta, si la tierra no quisiera recibir la semilla en su seno no formaría las bellas flores, la abundancia de los frutos; así que tierra, agua y semilla, deben vivir juntas, una debe ser vida de la otra, deben estar unidas como fue en el principio de su creación, de otra manera darían terror y quedarían sin la vida del bien asignado a ellas por Dios, que debían hacer a las criaturas. Todas las cosas no fueron creadas aisladas, y todo el bien está en mantenerse como fueron creadas por Dios.  Y también las ciencias, si una persona quisiera aprender a leer y no quisiera aprender las vocales, y también la unión de las consonantes, que son los principios, el fundamento, la sustancia, de la que derivan las ciencias, ¿podría aprender a leer?  ¡Jamás!  Podría volverse loco sobre sus libros, pero aprender, nunca.  Ve entonces la estrecha necesidad de ajustarse al modo como han sido formadas las cosas al principio de su existencia, si no se quieren cambiar de bellas en feas, de bien en mal, de vida en muerte.  Ahora, ¿qué cosa puede esperar de bien la criatura si no vive unida con nuestra Voluntad Divina, en la cual fue establecido el principio de su creación?  ¡Oh! si todos lo comprendieran, cómo estarían atentos en hacerse dominar, alimentar, crecer por mi Voluntad, que siendo principio de su existencia formaría en ellos todo lo bello, lo bueno, lo santo y la gran fortuna de la vida acá abajo, y después la gran gloria de su vida allá arriba”.

(4) Después de esto continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y me parecía que estos actos hechos en Ella tenían virtud de unir Cielo y tierra, y de atraer a todos los habitantes celestiales a mirar a la criatura que se hace investir por el Querer Divino, para darle el campo de acción en sus actos.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, no hay cosa más bella, más santa, más agraciada y que posee una fuerza y virtud raptora, que un alma que se hace dominar por mi Divina Voluntad; ella es la sonrisa del Cielo y de la tierra, cada acto suyo forma un éxtasis a su Creador, el Cual siente la fuerza de su Voluntad en la criatura, y dulcemente se deja raptar, y todos los bienaventurados sienten que de la tierra hay quien rapta la Voluntad del Cielo para hacerla suya y vivir en común con ellos.  ¡Oh! cómo se sienten doblemente felices al ver que también en la tierra reina aquel Fiat, que mientras los beatifica y forma su suprema felicidad, reina en un punto de la tierra, obrante y triunfante.  Por eso se ve en aquel punto de la tierra un pedazo de Cielo, una Voluntad Divina obrante, una sonrisa de la Patria Celestial que llama la atención de todo el Cielo sobre aquel punto, para tenerlo defendido y gozarse la sonrisa que forma la Voluntad Divina en aquella criatura, porque los santos son inseparables de todos los actos de Ella, y gozan y toman parte según sus méritos.  Mucho más, porque los actos hechos en mi Divina Voluntad son tantas cadenas de amor que corren entre el Cielo y la tierra, y aman a todos sin hacer a un lado a ninguno, y como ama a todos, es la bien querida de todos.  Por eso hija mía sé atenta, vuela, corre siempre en mi Querer Divino, a fin de que formes la sonrisa del Cielo sobre la tierra; es bello ver sonreír al Cielo, pero como son propiedades suyas la felicidad y la sonrisa, por eso se vuelve más bella la tierra, más atractiva, ya que no es su propiedad la celestial sonrisa que forma mi Divina Voluntad en la criatura”.

 

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29-33

Agosto 22, 1931

 

Mensajeros divinos que portan la bella noticia a la Patria Celestial.

La Divina Voluntad no se contenta con palabras, quiere los hechos.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, y trato por cuanto puedo de unir mis pequeños actos a los de la Divina Voluntad para formar uno sólo con los suyos, casi para poder decir:  “Lo que haces Tú hago yo, me sumerjo en tu luz para extenderme junto Contigo, y así puedo abrazar y amar a todos con tu misma Voluntad”.  Pero mientras esto hacía, mi amado Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, los actos hechos en mi Divina Voluntad tienen tal virtud y potencia, que se transforman en mensajeros divinos, que parten de la tierra hacia el Cielo.  Y como estos mensajeros parten de dentro de mi Divina Voluntad, pero enviados por una criatura que obra y vive en Ella, llevan consigo la entrada libre en nuestra Patria Celestial, y llevan la alegre noticia que la tierra quiere el reino de nuestro Querer, ya que una pequeña exiliada vive y obra en Ella, y no hace otra cosa que servirse de aquel mismo Querer que reina en el Cielo para pedir que descienda a reinar sobre la tierra como reina en el Cielo.  Estos mensajeros de luz, cuántos secretos no esconden; ya por sí misma la luz de nuestro Querer Divino es la secretaria de todas las cosas divinas y humanas, y sabe mantener el verdadero secreto, y mientras aparentemente se ve luz, dentro de esta luz esconde todos los secretos y todas las cosas, ninguno le puede huir.  Esta luz contiene el gran secreto de toda la historia de la Creación, y sólo confía sus secretos a quien quiere vivir en su luz, porque la luz tiene virtud de disponer a la criatura a vivir y a comprender sus secretos divinos, y si es necesario, la dispondrá a poner la vida para hacer dar vida a sus íntimos secretos y al propósito de la Creación, que fue el que nuestra Voluntad reinara como en el Cielo así en la tierra.  Por eso hija mía, si tú estás atenta a vivir siempre de mi Voluntad, Ella te confiará todos los secretos de la historia de la Creación, hará el depósito en tu alma de todas sus alegrías e íntimos dolores suyos, y como secretaria suya, con su luz vibrante transformándose en pincel, pintará en ti el sol, el cielo, las estrellas, el mar, las bellas flores, porque Ella cuando habla no se contenta con las solas palabras; a su inextinguible amor y a su luz interminable no les bastan las palabras, sino que quiere los hechos, y por eso con su virtud creadora, mientras confía sus secretos habla y forma la nueva creación en la criatura, no se contenta con decir sus secretos, sino que quiere hacer las obras que contienen sus secretos.  Por eso en la criatura que vive en mi Voluntad se verán nuevos cielos, soles más brillantes que los de la misma Creación, porque tú debes saber que Ella tiene una inquietud, un deseo ardiente de querer obrar siempre, pero va buscando quién la quiere escuchar, y quién quiere recibir su virtud creadora para no exponer a la inutilidad sus obras, y para estar segura va buscando su misma Voluntad en el alma, y encontrándola encuentra sus obras garantizadas por su mismo Fiat Divino, por eso no toma en cuenta nada y hace sus obras más bellas y los prodigios más grandes.  ¡Oh! potencia de mi Querer Omnipotente, si todos te conocieran te amarían y te harían reinar, y la tierra se cambiaría en Cielo”.

 

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29-34

Agosto 30, 1931

 

Dios quiere consigo a la criatura para darle la sorpresa de nuevos

dones; el amor, el orden, la inseparabilidad de todas las cosas

creadas, y cómo la criatura está vinculada con ellas.

 

(1) Estaba haciendo mis actos en el Querer Divino, rogándole que invistiera todo mi ser, a fin de que pudieran salir de mí latidos, respiros, palabras, plegarias, como tantos actos repetidos de Divina Voluntad.  ¡Oh! cómo amaría ser un acto continuado de Ella para poder decir:  “Tengo en mi poder todos tus actos, tu mismo amor, y por eso hago lo que haces, y no soy menos que Tú al amarte”.  Me parece que el verdadero amor no se sabe restringir, sino que se quiere extender tanto, que quiere en su poder el amor infinito, y como a la criatura no le es dado el poderlo abrazar, recurre a la Divina Voluntad para tenerlo, y sumergiéndose en Ella dice con sumo contento:  “Amo con amor infinito”.  Pero mientras mi pequeña inteligencia se perdía en el Fiat Divino, mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, quien se contenta con el pequeño amor que posee la criatura, no es de la naturaleza del verdadero amor, mucho más que el pequeño amor está sujeto a acabarse, y al contentarse viene a faltar la fuente necesaria que da la vida para alimentar la llama del verdadero amor.  Es por esto hija mía que la Paterna bondad al crear al hombre, le daba toda la libertad de poder venir a Nosotros cuantas veces lo quisiera, no le fue puesto ningún límite, al contrario, para estimularlo mayormente a venir frecuentemente a Nosotros, le prometíamos que cada vez que viniera le sería dada la bella sorpresa de un nuevo don.  A nuestro amor inextinguible le habría sido doloroso si no tuviera siempre qué dar a sus hijos, al contrario, con ansia espera su venida para darles ahora una sorpresa, y luego otra, de dones uno más bello que el otro; nuestro amor quiere tomar un banquete junto con la criatura, y se contenta con prepararlo a sus expensas para tener ocasión de dar siempre.  Hace igual que un padre que quiere la corona de sus hijos a su alrededor, no para recibir, sino para dar y preparar fiestas y banquetes para divertirse junto con sus hijos, ¿qué dolor sería para un padre amante si los hijos no acudieran, o no tuviera qué darles?  Para nuestra Paterna bondad no hay peligro que no tengamos qué darles, pero sí hay peligro de que los hijos no vengan, y nuestro amor delira porque quiere dar.  Y para estar más seguro de que la criatura tiene dónde poner nuestros dones, quiere encontrar en ella nuestra Divina Voluntad, la cual conservará el valor infinito de nuestros dones, y la criatura no se sentirá más pequeña en su amor, en sus oraciones, en sus actos, sino sentirá junto con nuestra Voluntad que corre en ella, una vena infinita, de modo que todo se vuelve infinito para ella:  Amor, oraciones, actos y todo.  Por eso sentirá en sí el contento de que no es menos que Nosotros en amarnos, porque tiene un Querer Divino en su poder y corre en sus actos”.

(3) Después seguía mi giro en los actos que el Fiat Omnipotente había hecho en la Creación, para amar, honrar, y agradecer lo que había hecho en ella, y comprendía el orden, la unión, la inseparabilidad que poseen todas las cosas creadas, y esto sólo porque una Voluntad Divina las domina, así que la Creación toda se puede llamar un solo acto continuo de Voluntad Suprema, la cual siendo una la Voluntad que reina, mantiene la paz, el orden, el amor, la inseparabilidad entre todas las cosas creadas, de otra manera, si no fuera una sola voluntad la que las dominara, sino más de una, no habría verdadera unión entre ellas, por el contrario, el cielo haría guerra al sol, el sol a la tierra, la tierra al mar, y así de lo demás, imitarían a los hombres que no se hacen dominar por un solo Querer Supremo, que no hay verdadera unión entre ellos, sino uno contra el otro.  Jesús mío, Amor mío, ¡oh! cómo quisiera ser un acto solo de tu Voluntad para estar en paz con todos, y poseer la unión, la inseparabilidad del cielo, del sol, de todo, y Tú encontrarías en mí el amor que pusiste en el cielo, en el sol, en todo.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, todas las cosas creadas por Nosotros poseen la fuerza que une y el vínculo de la inseparabilidad; nuestro Fiat Divino, por cuanto sepa hacer cosas distintas una de la otra, de modo que una cosa creada no puede decir, yo soy como la otra, el cielo no puede decir que es sol, el sol no puede decir que es mar, sin embargo no sabe hacer cosas aisladas y separadas entre ellas; le agrada tanto la unión, que las pone en condiciones de que una no puede separarse de la otra, y mientras son distintas y cada una hace su oficio, pero en el movimiento, en el giro que hacen, es tanto el orden y la unión que tienen, que uno es el movimiento, uno es el giro incesante que hacen, pero ¿por qué mi Fiat las hace mover y girar continuamente?  Para darles el curso del amor hacia Aquél que las ha creado y para hacerlas correr hacia las criaturas, para hacerlas ejercitar su oficio de llevar el amor de su Creador a aquellas por causa de las cuales fueron creadas.  Ahora la criatura posee el vínculo de todas las cosas creadas y gira junto con ellas, y he aquí cómo si tú respiras, es el aire que te hace respirar, latir, circular la sangre en tus venas; ahora, el aire te da el respiro, el latido, y se lo toma para dártelo nuevamente, y mientras incesantemente da y toma tu respiro, él gira, corre junto con todas las cosas creadas, y tu respiro gira, corre junto con el aire; tu ojo con llenarse de luz corre en el sol; tus pies corren junto con la tierra.  ¿Pero quieres saber quién tiene el gran bien de sentir a lo vivo la fuerza, la unión, el orden, la inseparabilidad de todas las cosas creadas, y el curso de todo su ser hacia su Creador?  Quien se hace dominar y posee la Vida de mi Voluntad.  Ella nada ha cambiado del cómo tuvieron principio todas las cosas, más bien es la criatura quien ha cambiado las cosas al no hacer mi Voluntad; pero para quien la hace y se hace dominar, tiene su puesto de honor como ha sido creada por Dios, y por eso la encontramos en el sol, en el cielo, en el mar, junto con la unión de todas las cosas creadas.  Y ¡oh! cómo es bello encontrarla junto con todas las cosas creadas por Nosotros, porque sólo por amor suyo fueron creadas por Nosotros”.

 

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29-35

Septiembre 7, 1931

 

El llamado a todas las obras salidas del Fiat.  La vida palpitante

de la criatura en Ella.  Defensas, voces parlantes, asaltantes.

 

(1) Mi pobre mente girando en los actos hechos por la Divina Voluntad, va encontrando todo lo que Ella ha hecho, para reconocerlos, amarlos, apreciarlos y después ofrecerlos como el más bello homenaje a la misma Divina Voluntad, como frutos dignos de sus obras.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo es agradable a mi corazón, y cómo me suena dulce al oído tu encontrar todo lo que ha hecho mi Divina Voluntad, para reconocer sus obras, amarlas, y dárnoslas como el más bello homenaje por el amor que hemos tenido por las criaturas al crear tantas cosas por amor de ellas.  Tu alma con encontrarlas suena la campana como para llamar a todas las obras salidas del Fiat Divino, para decirnos:  ‘Cuántas cosas bellas has creado para mí, para dármelas como dones y prendas de vuestro amor, y yo haciéndolas mías te las doy nuevamente como dones y prendas de mi amor por Vosotros’.  Así que sentimos la vida palpitante de la criatura en nuestras obras, su pequeño amor correr en el nuestro, y la finalidad de la Creación realizada.  Conocer nuestras obras y la finalidad por la cual fueron hechas, es el punto de apoyo de la criatura, donde encuentra una Voluntad Divina en su poder, y es nuestro pretexto para dar otras sorpresas de nuevos dones y gracias”.

(3) Y yo:  “Amor mío, un pensamiento me aflige, temo que me falte la continuación de mis actos en tu Divina Voluntad, e interrumpiendo el sonido de mi campana, Tú, ofendido por mí me hagas a un lado, y no me des más la gracia de hacerme vivir en tu Voluntad”.  Y Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, no temas, tú debes saber que un paso da vida al otro paso, un bien es vida y sostén del otro bien, un acto llama a vida al otro acto, y también el mal, la culpa, es vida de otros males y de otras culpas; las cosas jamás quedan aisladas, sino que tienen casi siempre su cortejo.  El bien es como la semilla, que tiene la virtud generativa, con tal que se tenga la paciencia de arrojarla en el seno de la tierra, ella producirá el diez, el veinte por ciento.  Así la criatura, si tiene paciencia y está atenta a encerrar en su alma la semilla del bien que ella misma ha hecho, tendrá la generación, la multiplicidad, el céntuplo de los actos buenos que ha hecho; ¡y si tú supieras qué significa hacer un acto bueno!  Cada acto es una protección que adquiere y una voz que habla ante nuestro trono de quien ha hecho un bien, cada acto de más de bien, tantos defensores de más tiene la criatura en su defensa, y si las circunstancias de la vida la hacen encontrar en tales estrecheces y peligros que parece que quiera vacilar y caer, los actos buenos que ha hecho toman el aspecto de asaltantes y nos asaltan a fin de que quien nos ha amado y ha tenido un séquito de muchos actos buenos no vacile, y corren en torno a la criatura como sostenedores a fin de que no ceda en la prueba.  Y supón que hubiera habido una secuela de actos hechos en nuestra Voluntad, ¡oh! entonces en cada acto hay un valor, una virtud divina que defiende a la criatura, vemos en cada acto suyo como comprometida nuestra Voluntad, por eso Nosotros mismos nos hacemos defensores y sostenedores de aquella que ha dado vida en sus actos a nuestro Fiat Divino.  ¿Podemos acaso negar nada a Nosotros mismos?  ¿O desconocer nuestra Voluntad obrante en la criatura?  No, no, por eso no temas, más bien abandónate como pequeña recién nacida en nuestros brazos, a fin de que sientas nuestro sostén y la protección de tus mismos actos.  ¿Crees tú que sea nada un bien repetido, continuado?  Son propiedades divinas que se adquieren, son ejércitos que se forman, que hacen conquistar la Patria Celestial.  Sucede a quien ha continuado tantos actos buenos, como a aquél que ha adquirido muchas propiedades, si éste tiene un revés, no le podrá dañar tanto, porque las muchas propiedades llenarán el vacío del revés que ha sufrido; si por el contrario, poco ha adquirido o nada tiene, basta un pequeño revés para lanzarlo sobre el empedrado de la más escuálida miseria.  Igual es el hacer mucho bien, o bien, poco o nada.  Por eso te repito siempre, sé atenta, séme fiel y tu vuelo en mi Voluntad sea continuo”.

(5) Después de esto ha agregado:

(6) “Hija mía, tú debes saber que cuando tú te vas disponiendo a hacer tus actos en mi Divina Voluntad, Ella queda concebida en tu acto, y conforme lo haces, le das el campo para formar su Vida en el acto que haces; y no sólo esto, tus actos nuevos sirven de alimento a aquellos ya hechos.  Porque mi Divina Voluntad siendo vida, siente la necesidad, cuando ha sido encerrada en los actos de la criatura, de aire, de respiro, de latido, de alimento, he aquí la necesidad de nuevos actos, porque éstos sirven para mantener su aire divino, su respiro continuo, su latido no interrumpido y el alimento para crecer mi misma Voluntad en la criatura.  Ve entonces la gran necesidad de la continuación de los actos para hacerla vivir y reinar en la criatura, de otra manera mi Querer se encontraría a disgusto sin su pleno triunfo en todos los actos de ella”.

 

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29-36

Septiembre 12, 1931

 

El verdadero amor forma la hoguera donde consumirse a sí mismo,

para revivir a Aquél que ama.  La jornada de Jesús en la Eucaristía.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, y mientras hacía mis actos pensaba entre mí:  “¿Pero será cierto que mi dulce Jesús agradece la continuidad de mis pequeños actos?”  Y Jesús haciéndose oír me ha dicho:

(2) “Hija mía, un amor interrumpido jamás puede ser heroico, porque con no ser continuo forma muchos vacíos en la criatura, los cuales producen debilidad, frialdad, y casi están en acto de apagar la llama encendida, y por eso le quitan la fortaleza del amor, que con su luz hace comprender a quién es que ama, y con su calor mantiene encendida la llama que produce el heroísmo del verdadero amor, tanto, que se siente feliz de dar la vida por Aquél que ama.  Un amor continuo tiene virtud de generar en el alma de la criatura a Aquél que siempre ama, y esta generación viene formada en el centro de su amor continuo.  Ve entonces qué significa un amor incesante:  ‘Formarse la hoguera dónde consumir y quemarse a sí misma para poder formar en aquella hoguera la Vida de tu amado Jesús’.  Se puede decir:  ‘En el amor continuo consumo mi vida para hacer revivir a Aquél que incesantemente amo’.  ¡Oh! si Yo no hubiera amado siempre a la criatura, y no la amara con un amor que jamás dice basta, jamás habría descendido del Cielo a la tierra para darle mi Vida, con tantas penas y heroísmo por amor suyo.  Fue mi amor continuo que como dulce cadena me atrajo y me hizo hacer el acto heroico de dar mi Vida para conquistar la suya.  Un amor continuo a todo puede llegar, todo puede hacer, facilita todo, y sabe convertir todo en amor.  En cambio un amor interrumpido se puede llamar amor de circunstancia, amor interesado, amor vil, que puede llegar, si las circunstancias cambian, a desconocer e incluso a despreciar a Aquél que amaba.  Mucho más que sólo los actos continuos forman vida en la criatura, ella, en cuanto forma su acto, surge en su mismo acto la luz, el amor, la santidad, la gracia, de acuerdo al acto que hace.  Por eso un amor y un bien interrumpido no se pueden llamar, ni verdadero amor, ni verdadera vida, ni verdadero bien”.

(3) Después ha agregado con un acento más tierno:

(4) “Hija mía, si quieres que tu Jesús cumpla en ti sus amorosos designios, haz que tu amor y tus actos sean continuos en mi Querer, porque Él cuando encuentra la continuidad encuentra su modo de actuar divino, y queda comprometido en el acto perenne de la criatura, y apremiado a hacer lo que ha establecido para ella, encontrando en virtud de sus actos incesantes el espacio, los preparativos necesarios y la misma vida donde poder formar sus admirables designios, y cumplir sus obras más bellas.  Mucho más que cada acto hecho en mi Voluntad es una unión de más que viene formada entre la Voluntad Divina y humana, es un paso de más que hace en el mar del Fiat, es un derecho mayor que el alma conquista”.

(5) Después de esto seguía rogando ante el Tabernáculo de amor, y en mi interior decía para mí:  “¿Qué haces Amor mío en esta prisión de amor?”  Y Jesús todo bondad me ha dicho:

(6) “Hija mía, ¿quieres saber qué hago?  Hago mi jornada, tú debes saber que toda mi Vida pasada acá abajo la encierro dentro de un día.  Comienza mi jornada al concebir y nacer, los velos de los accidentes sacramentales me sirven de fajas para mi infancia, y cuando por la ingratitud humana me dejan solo y buscan ofenderme, hago mi exilio, dejándome sólo la compañía de alguna alma amante, que como segunda madre no se sabe separar de Mí, y me hace fiel compañía.  Del exilio paso a Nazaret, haciendo mi Vida oculta en compañía de aquellos pocos buenos que me rodean.  Y siguiendo mi jornada, en cuanto las criaturas se acercan a recibirme hago mi vida pública, repitiendo mis escenas evangélicas, dando a cada uno mis enseñanzas, las ayudas, los consuelos que le son necesarios, hago de Padre, de Maestro, de Médico, y si se necesita también de Juez; por tanto paso mi jornada esperando a todos y haciendo bien a todos.  Y ¡oh! cuántas veces me toca quedarme solo, sin un corazón que palpite cerca de Mí, siento un desierto a mi alrededor y quedo solo, solo a orar, siento la soledad de mis días que pasé en el desierto acá abajo, y ¡oh! ¡cómo me es doloroso!  Yo que soy para todos latido en cada corazón, que celoso estoy en guardia de todos, sentirme aislado y abandonado.  Pero mi jornada no termina sólo con el abandono, no hay día que almas ingratas no me ofendan y me reciban sacrílegamente, y me hacen terminar mi jornada con mi Pasión y con mi muerte de cruz.  ¡Ah! la muerte más despiadada que recibo en este Sacramento de amor es el sacrilegio.  Así que en este Tabernáculo hago mi jornada al cumplir todo lo que hice en los treinta y tres años de mi Vida mortal.  Y así como todo lo que Yo hice y hago, el primer objetivo, el primer acto de vida es la Voluntad de mi Padre, que se haga como en el Cielo así en la tierra, así en esta pequeña Hostia no hago otra cosa que implorar que una sea mi Voluntad con mis hijos; y te llamo a ti en esta Divina Voluntad en la cual encuentras toda mi Vida en acto, y tú siguiéndola, rumiándola y ofreciéndola, te unes Conmigo en mi jornada Eucarística para obtener que mi Voluntad se conozca y reine sobre la tierra.  Y así también tú podrás decir:  Hago mi jornada junto con Jesús”.

 

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29-37

Septiembre 16, 1931

 

Admirables efectos de la luz de la Divina Voluntad.  Cómo el Cielo

se abre sobre las almas actuantes.  Cómo nuestros actos son como

tantos soplos que hacen madurar el bien.

 

(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que perderse en el Fiat Divino, y ¡oh! cómo me resulta doloroso, cuando aun por breves instantes estoy afligida por cualquier sombra o pensamiento que no sea todo Voluntad de Dios; ¡oh! entonces me siento interrumpir mi felicidad, interrumpir la corriente de la luz, de la paz.  ¡Pobre de mí!  Siento el peso de mi infeliz voluntad.  Por el contrario, si nada que no sea Voluntad de Dios entra en mí, me siento feliz, vivo en la inmensidad de su luz, es más, no sé ni siquiera ver dónde debe terminar esta luz, la cual forma en mí la celestial morada de la paz perenne.  ¡Oh! potencia del Querer Supremo, Tú que sabes cambiar lo humano en divino, lo feo en bello, las penas en alegrías, aun cuando quedaran penas, no me dejes un instante, tus brazos de luz me tengan tan estrechada, que todas las otras cosas, ahuyentadas por tu luz, no osen molestarme e interrumpir mi felicidad.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús, como si quisiera aprobar y confirmar lo que yo pensaba me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo es bella mi Divina Voluntad ¿no es cierto?  ¡Ah! es Ella sola la portadora de la verdadera felicidad, y de la más grande fortuna a la pobre criatura, la cual con hacer su voluntad no hace otra cosa que interrumpir su felicidad, interrumpir la corriente de la luz, y cambiar su fortuna en la más grande desventura; y conforme la criatura se dispone a hacer mi Voluntad, así la va rehabilitando en los bienes perdidos, porque la sustancia de mi Divina Voluntad es luz, y todo lo que obra se puede llamar efectos de esta luz.  Así que quien se hace dominar por Ella, uno será el acto, pero como posee sustancia de luz, sentirá sus tantos efectos, que producirá como efecto de su luz las obras, los pasos, la palabra, los pensamientos, los latidos de mi Voluntad en la criatura; por eso puede decir:  ‘Soy un acto solo de Voluntad Suprema, todo el resto no es otra cosa que los efectos de su luz’.  Los efectos de esta luz son admirables, toman todas las similitudes, todas las formas:  De obras, de pasos, de palabras, de penas, de plegarias, de lágrimas, pero todas animadas por la luz, que forman tal variedad de bellezas, que tu Jesús queda raptado por ellas.  Semejanza del sol que anima todo con su luz, pero no destruye ni cambia las cosas, sino pone en ellas de lo suyo y comunica la variedad de los colores, la diversidad de las dulzuras, haciéndolas conquistar una virtud y belleza que no poseían.  Tal es mi Divina Voluntad, sin destruir nada de lo que hace la criatura, sino que las anima con su luz, las embellece y les comunica su potencia divina”.

(3) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino siguiendo sus actos, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, cada bien sale de Dios madurado, y esta maduración se forma entre Dios y el alma.  Mira, con hacer tus actos te expones a los rayos del Sol Divino, y conforme recibes el calor y la luz, tus actos no permanecen áridos, insípidos, sino madurados, y tú junto con ellos quedas madurada en el amor, en los conocimientos divinos, en todo lo que haces.  Y Yo viéndote madurada en aquellos actos, preparo en Mí otro amor para darte, y otras verdades para decirte, y como de todo lo que sale de Mí nada es estéril, sino que todo es fecundo y bien madurado en la viva llama de mi amor, tú recibes la virtud de formar en ti nuevas maduraciones.  Por eso muchas veces estoy esperando el cumplimiento de tus actos para darte la sorpresa de hacerte conocer otras verdades; éstas, como tantos soplos de luz y de calor acaban de madurar en tu alma los bienes y las verdades que tu Jesús te ha comunicado.  Ve entonces la necesidad de tus actos para disponerte a recibir otros conocimientos sobre mi Fiat Divino, es para hacerme encontrar en ti la continuación de tus actos para volverlos maduros, de otra manera, ¿qué cosa podrías hacer?  Quedarías como sol que mientras recorre la tierra no encuentra ni una flor que colorear, ni un fruto que madurar, así que todos los admirables efectos que contiene el sol quedarían en su luz, y la tierra nada recibiría.  Por eso el Cielo se abre sobre las almas obrantes, la fuerza milagrosa de la luz de mi Querer Divino, no sobre las almas ociosas, sino sobre aquellas que trabajan, que se sacrifican, que aman, que tienen siempre que hacer alguna cosa por Mí.  Es más, tú debes saber que las bienaventuranzas del Cielo se derraman sobre la tierra y van a depositarse en el alma que vive y obra en mi Voluntad, porque no quieren dejarla privada de las alegrías y felicidad celestiales, mientras forma una sola Voluntad con el Cielo; los bienaventurados, mientras nadan en las alegrías divinas nada adquieren de mérito, en cambio para el alma viadora no sólo la felicitan, sino agregan el mérito, porque para quien hace mi Voluntad en la tierra, todo es meritorio, la palabra, la oración, el respiro y las mismas alegrías se convierten en mérito y en nuevas adquisiciones”.

 

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29-38

Septiembre 21, 1931

 

Cómo la Divina Voluntad forma el día en el acto de la criatura, y

cómo con hacer su voluntad se forma el camino para salir; los

pasos dolorosos, la noche de las vigilias.

 

(1) Estaba siguiendo mis actos en el Querer Divino y rogaba a mi sumo Bien Jesús que hiciera surgir en cada acto mío el Sol de la Divina Voluntad, a fin de que pudiera darle en cada acto mío el amor, el homenaje, la gloria, como si le formara en cada acto mío un día de luz divina, de amor, de adoración profunda, comunicado a mí, en mi acto, por su misma Voluntad.  ¡Oh! cómo quisiera decir en cada acto mío, grande o pequeño:  “Hago un día a Jesús para amarlo más”.  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús me ha dicho al repetir su acostumbrada visita a mi alma:

(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es el verdadero día para la criatura, pero para formar este día quiere ser llamada en el acto de ella, porque en cuanto es llamada se encierra en el acto para hacer surgir su día divino, tiene virtud de cambiar el acto, la palabra, el paso, las alegrías y las penas, en días esplendidísimos y encantadores.  Así que mi Voluntad está esperando, en cuanto la criatura surge de su reposo nocturno, para ser llamada a formar su jornada de acción en ella, y como es luz purísima no se adapta a trabajar en el acto oscuro de la voluntad humana, sino que con su luz cambia el acto en día, y forma en él su espléndida jornada llena de acciones heroicas y divinas, con tal orden y belleza, digna sólo de su virtud vivificadora y operadora.  Se puede decir que está esperando detrás de las puertas del acto de la criatura, así como el sol detrás de las ventanas de las habitaciones, en que a pesar de que afuera hay mucha luz, las habitaciones están a oscuras, porque todavía no se abren las puertas; así mi Divina Voluntad, a pesar de que es luz que todo llena, el acto humano esta siempre oscuro si no se le llama a surgir en él.  Por eso llámala a surgir en cada acto tuyo si quieres que forme en ti su bella jornada, y Yo pueda encontrar en ti y en cada acto tuyo mis días de amor que me circunden de alegría y de delicias, que me harán repetir:  ‘Mis delicias son el estarme con los hijos de mi Divina Voluntad’.  Pasaré en ti mis días feliz, no en la infeliz noche de tu voluntad humana, sino en la plena estancia de mi luz y de la paz perenne de mi Patria Celestial.  ¡Ah! sí, repetiré:  ‘Soy feliz en esta criatura, en ella oigo el eco de mi jornada pasada acá abajo sobre la tierra, y el eco de mi jornada que hago en mi prisión en el Sacramento de amor, jornada toda llena de mi Divina Voluntad’.  Así que si quieres hacerme feliz, haz que encuentre en ti la virtud obrante de mi Divina Voluntad, que me sabe formar mis bellos días de luz fulgidísima, todos empapados de alegrías inefables y de felicidad celestial.

(3) Mucho más que la criatura desde el principio de su creación fue puesta por Dios en el día feliz y pacífico de nuestra Voluntad Divina, dentro y fuera de ella todo era luz, mejor dicho pleno medio día, dentro de su corazón, ante sus ojos, sobre su cabeza, y hasta bajo de sus pasos veía y sentía la Vida palpitante de mi Santo Querer, el cual, mientras la tenía inmersa en la plenitud de la luz y de la felicidad, le cerraba todos los caminos y los pasos de la infelicidad humana.  Y la criatura con hacer su voluntad humana se formó las salidas, los caminos infelices, los pasos dolorosos, las densas oscuridades, en las cuales ella misma se formaba la infelicidad, las torturas, el dolor, la noche oprimente, no de reposo, sino de desvelos, de pasiones, de agitaciones y de tormentos, y esto en mi misma Voluntad Divina, y esto porque habiendo sido creada la criatura sólo por Ella y para vivir de Ella y en Ella, no hay lugar para la criatura, ni en la tierra ni en el Cielo, ni en el mismo infierno, fuera de mi Fiat Divino.  Entonces quien trata de vivir en mi Voluntad Divina cierra estas salidas, cada acto suyo en Ella suprime los caminos infelices que se ha formado, hace desaparecer los pasos dolorosos, sofoca la noche, surge el reposo y pone término a todos sus males.  Es más, mi mismo Querer en cuanto ve que quiere vivir en Él, la acaricia, la pone en fiesta y le ayuda a suprimir las salidas, cierra las puertas a sus males, porque no queremos, ni amamos a la criatura infeliz, esto nos deshonra y forma nuestro dolor y el suyo, por eso la queremos ver feliz y de nuestra misma felicidad.  ¡Oh! cómo es doloroso para nuestro corazón paterno poseer inmensas riquezas, alegrías infinitas, y ver a nuestros hijos en nuestra misma casa, esto es, en nuestra misma Voluntad, pobres, en ayunas, e infelices”.

 

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29-39

Septiembre 29, 1931

 

Crecimiento de la criatura ante la Majestad Divina.  El vivir

en la Divina Voluntad es don que Dios hará a la criatura.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad para seguir sus tantos actos hechos por amor nuestro, y habiendo llegado al Edén me he detenido en el acto en que Dios creaba al hombre; ¡qué momentos solemnes!  ¡Qué arrebato de amor!  Así que aquel acto se puede llamar un acto purísimo, completo, sustancioso, jamás interrumpido de amor divino.  El hombre fue formado, tuvo principio, nació, en el amor de su Creador, por eso era justo que debía crecer como fundido y recibiendo el aliento, como una llama, del soplo de quien tanto lo amaba.  Pero mientras esto pensaba, mi dulcísimo Jesús visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, la Creación del hombre no fue otra cosa que un desahogo de nuestro amor, pero tanto, que no lo pudo recibir todo dentro de sí, no teniendo capacidad de poder encerrar en su interior un acto de Aquél que lo sacaba a la luz.  Por lo tanto nuestro acto permanecía dentro y fuera de él, a fin de que le pudiera servir de alimento para poder crecer ante Aquél que con tanto amor lo había creado, y que tanto lo amaba.  Y como no fue sólo nuestro amor que desahogó al crear al hombre, sino todas nuestras cualidades divinas, por eso desahogó la potencia, la bondad, la sabiduría, la belleza, y así de lo demás, por eso nuestro amor no se contentó con amarlo, sino desahogando todas nuestras cualidades divinas, quedaba la mesa siempre preparada y a disposición del hombre, para que cada vez que lo quisiera pudiera venir a sentarse a esta mesa celestial para alimentarse de nuestra bondad, potencia, belleza, amor y sabiduría, y así crecer ante Nosotros con nuestras mismas cualidades divinas, con el modelo de nuestra semejanza, y cada vez que venía a nuestra presencia para tomar los sorbos de nuestras cualidades divinas, Nosotros debíamos arrullarlo sobre nuestras rodillas para hacerlo tomar reposo y hacerle digerir lo que había tomado, a fin de que pudiera alimentarse de nuevo de nuestros desahogos divinos para formar su crecimiento completo de bondad, de potencia, de santidad, de belleza, como nuestro amor lo deseaba y nuestro Querer lo quería.  Nosotros cuando hacemos una obra, es tanto nuestro amor que todo damos y preparamos, a fin de que nada falte a nuestra obra creadora; hacemos obras completas, jamás a medias, y si alguna cosa parece que falta, es la parte de la criatura que no toma todo lo que Nosotros hemos puesto fuera para su bien y para gloria nuestra”.

(3) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, el vivir en mi Voluntad es un don que hacemos a la criatura, don grande que supera en valor, en santidad, en belleza y en felicidad todos los otros dones, en modo infinito e inenarrable.  Cuando hacemos este don tan grande, no hacemos otra cosa que abrir las puertas para hacerla poseedora de nuestras posesiones divinas, lugar donde no tienen más vida las pasiones, los peligros, ni ningún enemigo la puede dañar o hacerle algún mal; este don confirma a la criatura en el bien, en el amor, en la misma Vida de su Creador, y el Creador queda confirmado en la criatura, por tanto se da la inseparabilidad entre uno y el otro; con este don la criatura sentirá cambiada su suerte:  De pobre, rica; de enferma, perfectamente curada; de infeliz, sentirá que todas las cosas se cambian para ella en felicidad.  Hay gran diferencia entre vivir en nuestra Voluntad como don, y entre hacerla, lo primero es premio y nuestra decisión de vencer a la criatura, y con una fuerza invencible e irresistible llenar la voluntad humana con la nuestra en modo sensible, de modo que tocará con la mano y con claridad el gran bien que le viene, y que sólo un loco podría huir de tanto bien, porque mientras el alma es viadora, no se cierran las puertas detrás del don, sino que quedan abiertas para que libremente, no forzada, pueda vivir en nuestro don; mucho más que este don no lo hará nuestra Voluntad por necesidad, sino porque la ama y es toda suya.  En cambio el hacer nuestra Voluntad no es premio, sino deber y necesidad, porque quiera o no quiera debe someterse, y las cosas que se hacen por deber y por necesidad, si se pueden rehuir se rehuyen, porque en ellas no entra el amor espontáneo que hace amar y reconocer nuestra Voluntad como digna de ser amada y conocida, la necesidad esconde el bien que contiene, y hace sentir el peso del sacrificio y del deber.  En cambio el vivir en nuestro Querer no es sacrificio sino conquista, no es deber sino amor, siente en nuestro don a sí misma perdida en Él, y lo ama no sólo como Voluntad nuestra, sino también porque es exclusivamente suya, y no dándole el primer lugar, el régimen, el dominio, no se amaría a sí misma.

(5) Ahora hija mía, es esto lo que queremos dar a las criaturas, nuestra Voluntad como don, porque mirándola y poseyéndola como cosa propia, resultará fácil el hacerla formar su reino.  Este don fue dado al hombre en el Edén, e ingrato nos lo rechazó, pero Nosotros no cambiamos Voluntad, lo teníamos en reserva, y lo que uno nos rechaza, con gracias más sorprendentes lo tenemos preparado para darlo a los otros, no nos preocupa el tiempo, porque los siglos para Nosotros son como un solo punto.  Sin embargo se necesitan grandes preparaciones por parte de las criaturas, conocer el gran bien del don para suspirarlo, pero tiempo vendrá en que nuestra Voluntad será poseída como don por la criatura”.

 

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29-40

Octubre 4, 1931

 

Las dudas, los temores, son heridas al amor.  La Divina Voluntad es un

solo acto.  La más grande de las maravillas.  La noche y el día del alma.

 

(1) Me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús, que clavo desgarrante que ninguno puede quitar ni endulzar para dar un pequeño alivio a tanto martirio.  Sólo su regreso, su amable presencia puede destruir como por encanto el clavo y el dolor, y hace surgir las alegrías más puras que sólo Jesús sabe dar con su amable presencia.  Entonces no hacía otra cosa que abandonarme en los brazos de la Divina Voluntad, rogándole que me develara a Aquél que tanto suspiraba; y mientras esto hacía, mi amable Jesús como relámpago ha alumbrado mi pobre alma y me ha dicho:

(2) “Hija buena, ánimo, tú te oprimes demasiado, y tu opresión te reduce a los extremos y te hace surgir la triste duda de que tu Jesús no te ama, y que tal vez no vendrá más a ti.  No, no, no quiero esa duda; las opresiones, las dudas, los temores, son heridas a mi amor y debilitan tu amor por Mí, quitándote el arrojo y el vuelo de correr siempre hacia Mí para amarme, e interrumpida la corriente continua de amor hacia Mí, tú quedas como una pobre enferma, y Yo no encuentro más el imán potente de tu amor continuo que me atrae a ti.  Ahora, tú debes saber que todos los actos de mi Divina Voluntad, que son innumerables, se reducen todos a un punto y a un acto solo, y esta es la más grande maravilla de nuestro Ser Supremo, formar, poseer, ver todos los actos posibles e imaginables en un solo acto.  Así todos los actos hechos por la criatura en nuestra Voluntad se reducen a un acto solo; ahora, para tener virtud de encerrar todos los actos en un solo acto, debe formar y poseer en sí el amor continuo, mi Voluntad perenne, la cual dará principio y hará partir todos los actos desde dentro de la virtud de un solo acto.  Mira entonces, todo lo que has hecho en mi Voluntad se ha unificado junto en un acto solo, y forman tu cortejo, tu sostén, tu fuerza, tu luz que jamás se apaga, y te aman tanto, que haciéndose brazos te custodian como la amada predilecta de mi Fiat, porque en Él han sido formadas y han recibido la vida; por eso no te oprimas, goza los frutos de mi Querer, y si vez que tardo en venir, espérame con amor paciente, y cuando menos lo pienses Yo te sorprenderé y haré mi acostumbrada visita, y seré feliz de encontrarte en mi misma Voluntad siempre en acto de amarme”.

(3) Después de esto ha agregado:

(4) “Hija mía, nuestro Ser Divino es grande, inmenso, potente, etc., esto no despierta tanta maravilla porque todas estas nuestras cualidades divinas son en naturaleza, las cuales forman todo el conjunto de nuestro Ser Supremo.  Así que en naturaleza somos inmensos en la potencia, inmensos en el amor, en la belleza, en la sabiduría, en la misericordia, y así de lo demás, y como somos inmensos en todas las cosas, todo lo que sale de Nosotros queda en las redes de nuestras inmensas cualidades divinas.  Ahora, lo que despierta la más grande admiración, es ver al alma que vive en nuestra Divina Voluntad, la cual encierra en su pequeño acto el acto poderoso e inmenso de su Creador, ver como ordenados en los pequeños actos del ser finito el amor inmenso, la sabiduría inmensa, la belleza infinita, la misericordia sin límites, la santidad interminable de Aquél que la ha creado.  Lo pequeño encerrar a lo grande es más maravilloso que lo grande que encierra a lo pequeño; a nuestra grandeza le es fácil abrazar todo, encerrar a todos, no se requiere arte ni ingenio, porque de nuestra inmensidad ninguno puede huir, pero que lo pequeño encierre a lo grande, se requiere un arte especial, un ingenio divino que sólo nuestra potencia y nuestro grande amor puede formar en la criatura; si no ponemos de lo nuestro, por sí sola no podría hacerlo, por eso el vivir en nuestro Fiat Divino es la maravilla de las maravillas, es el más grande de los prodigios; el alma se hace tan hermosa, que es un encanto verla, se puede decir que en cada pequeño acto suyo concurre un milagro nuestro, de otra manera no podría ser que lo pequeño encierre a lo grande, y nuestra bondad es tanta, que toma sumo placer y espera con tanto amor que la criatura le dé la ocasión de hacerle hacer este arte divino de milagros continuos.  Por eso el vivir en nuestro Querer te debe importar más que todo, así estarás tú más contenta, y Nosotros más contentos de ti, y serás en nuestras manos creadoras nuestro campo de acción y nuestro trabajo continuo.  Si supieras cuánto nos agrada nuestro trabajo en las almas que viven en nuestro Querer, estarías más atenta a no salir jamás de Él”.

(5) Después seguía mi abandono en el Fiat, pero acompañada de una tristeza por tantas cosas que afligen y que se acumulan en mi pobre mente, pero no es necesario poner sobre el papel ciertos secretos íntimos, es justo que los sepa sólo, sólo Jesús; y mi amado Jesús ha repetido con un acento ternísimo:

(6) “Hija mía, tú debes saber que así como la naturaleza tiene la noche y el día, así el alma tiene su noche, la aurora, el despuntar del día, el pleno mediodía, y su ocaso.  La noche llama al día, y el día a la noche, se puede decir que se llaman recíprocamente.  Ahora, la noche del alma son mis privaciones, pero para quien vive en mi Voluntad son noches preciosas, no de reposo perezoso, de sueño inquieto, no, no, sino noches de reposo activo, de sueño pacífico, porque en cuanto ve que se hace de noche se abandona en mis brazos para apoyar su cabeza cansada sobre mi corazón divino y sentir en él mis latidos para tomar en su sueño nuevo amor y decirme durmiendo:  ‘Te amo, te amo, ¡oh! mi Jesús’.  El sueño de quien me ama y que vive en mi Voluntad, es como el sueño de la pequeña que en cuanto siente que sus ojos se cierran por el sueño, llama medio dormida:  Mamá, mamá, porque quiere sus brazos y su seno materno para dormir, y en cuanto se despierta la pequeña, la primera palabra es mamá, la primera sonrisa, la primera mirada es para la mamá.  Tal es el alma que vive en mi Querer, es la pequeña niña que en cuanto llega la noche busca a Aquél que ama, para tomar nueva fuerza y nuevo amor para amarme más, y ¡oh! cómo es bello verla en el sueño pedir, desear, suspirar Jesús; este pedir, desear y suspirar, llaman al alba, forman la aurora y hacen despuntar el pleno día, el cual llama al Sol, y Yo surjo y formo el curso del día y su pleno mediodía.  Pero tú sabes hija mía, que aquí sobre la tierra las cosas se alternan, sólo en el Cielo es siempre pleno día, porque mi presencia es perenne en medio a los bienaventurados.  Por eso cuando ves que estoy por dejarte, ¿sabes donde me quedo?  Dentro de ti, después instruyo tu alma dándote mis lecciones ante la luz de mi presencia para que las comprendas bien y te sirvan de alimento y de trabajo durante el día, luego Yo me retiro y formo el ocaso, y escondido en ti en la breve noche, me hago actor y espectador de todos tus actos, y mientras para ti parece noche, para Mi es el más bello reposo, porque después de haberte hablado tomo reposo en mi misma palabra, y los actos que tú haces me sirven de arrullo, de alivio, de defensa y de dulce refrigerio a mis espasmos de amor.  Por eso déjame hacer, Yo sé cuando es necesaria la noche o el día para ti y para Mí en tu alma; lo que quiero es la paz perenne en ti, a fin de que pueda cumplir lo que quiero, si tú no estás en paz me siento molestado en mi trabajo, y con dificultad, no con facilidad, voy cumpliendo mis designios”.

 

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29-41

Octubre 8, 1931

 

La Divina Voluntad depositaria de todos los actos de todos los santos.

Cómo Dios y la criatura se dan la mano.  Cuáles son los actos

extraviados de la finalidad de nuestro Creador.

 

(1) Mi pobre mente gira en torno al Sol del Fiat Supremo, y lo encuentro circundado por todas las obras, sacrificios, penas, heroísmos, que han hecho todos los santos antiguos y nuevos, los de la Reina del Cielo, como también lo que ha hecho por amor nuestro el bendito Jesús.  El Querer Divino todo conserva, habiendo sido Él el primer actor de todos los actos buenos de las criaturas, celosamente los custodia, los tiene en depósito en Sí mismo, y se sirve de ellos para glorificarse y para glorificar a aquellos que los han hecho.  Y yo, viendo que todo era de la Voluntad de Dios, siendo Ella también mía, todo era mío, y girando en cada acto los ofrecía como míos para glorificar mayormente al Eterno Querer, y para rogar que venga su reino sobre la tierra.  Pero mientras esto hacía, mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, escucha los admirables secretos de mi Querer, si la criatura quiere encontrar todo lo que ha sido hecho de bello, de bueno, de santo, en toda la historia del mundo, por Mí, por la Mamá Celestial, y por todos los santos, debe entrar en la Divina Voluntad; en Ella todo se encuentra en acto.  Conforme tú ponías atención a cada acto, lo recordabas, lo ofrecías, así el santo que había hecho aquel acto, aquel sacrificio, se sentía llamar por el alma viadora y veía su acto de nuevo palpitante sobre la tierra, y por lo tanto duplicada la gloria a su Creador y a él mismo, y tú que lo ofrecías, cubierta por el rocío celestial del bien de aquel acto santo, y según el propósito noble y alto con que es ofrecido, así más intensa y grande es la gloria y el bien que produce.  ¡Cuántas riquezas posee mi Voluntad!  Están todos mis actos, los de la Reina Soberana, que están todos en espera de ser llamados, recordados, ofrecidos por la criatura para duplicar el bien a favor de las criaturas y para darnos doble gloria, quieren ser recordados, llamados, para palpitar como nueva vida en medio a las criaturas, pero por falta de atención hay quién muera, quién se fatiga por debilidad, quién tiemble por el frío, quién no tiene con qué alimentarse.  Nuestros bienes, actos y sacrificios, no se dan si no son llamados, porque con recordarlos y ofrecerlos se disponen a reconocerlos y a recibir el bien que nuestros actos contienen.  Además, no hay honor más grande que puede dar a todo el Cielo, que ofrecer los actos que hicieron en la tierra, por la finalidad noble, altísima y sublime de que venga el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra”.

(3) Después continuaba pensando en el Querer Divino, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, un acto, una oración, un pensamiento, un afecto, una palabra, para ser aceptos, perfectos, ordenados, completos, deben elevarse a la misma finalidad querida por Dios mismo.  Porque conforme la criatura en su acto se eleva a la finalidad querida por el Ente Supremo, abraza el principio y toma en su acto la finalidad con que Dios la ha creado, Dios y la criatura se dan la mano y quieren y hacen la misma cosa; con hacer esto entra en el acto de la criatura el orden divino, el acto divino, y la misma finalidad con la cual Dios quiere que se haga aquel acto.  Entonces, entrando la finalidad divina, el acto por sí mismo se vuelve completo, santo, perfecto y todo ordenado.  Tal como es el autor de la finalidad de aquel acto, tal se vuelve el acto; en cambio si la criatura no se eleva a la finalidad querida por Dios en su acto, desciende del principio de su creación y no sentirá la vida del acto divino en el suyo, quizá hará muchos actos, pero incompletos, imperfectos, desordenados; serán como actos extraviados de la finalidad de su Creador.  Por eso la cosa que más nos agrada es ver nuestra misma finalidad en el acto de la criatura; se puede decir que ella continúa nuestra Vida sobre la tierra, y nuestra Voluntad obrante en sus actos, palabras, y en todo”.

 

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29-42

Octubre 12, 1931

 

Aliento incesante de Dios.  Vida Divina y acto completo de Dios

en la criatura.  Las copias, el pueblo, los príncipes, la corte

noble, y el ejército real del reino celestial.

 

(1) Siento la fuerza omnipotente del Fiat Divino que toda me inviste, me absorbe y me transforma en su luz; esta luz es amor y hace palpitar en mí la Vida de mi Creador, esta luz es palabra y me da las más bellas noticias del principio de mi existencia, las relaciones, los vínculos de unión, la virtud comunicante, la inseparabilidad que existe hasta ahora entre Dios y yo; pero ¿quién mantiene todo esto en pleno vigor sino el Querer Divino?  ¡Oh! potencia del Fiat Supremo, postrada en la inmensidad de tu luz yo te adoro profundamente, y mi pequeña nada amándote se pierde en Ti.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, sólo mi Querer mantiene y conserva intacto, con un acto continuo, el principio de la creación de la criatura.  Nuestro Ente Supremo daba el principio y animaba su vida con la potencia de nuestro aliento divino, este aliento no debía jamás ser interrumpido, mucho más que cuando Nosotros damos y hacemos un acto no lo retiramos jamás, y esto sirve para formar obras completas del ser que sacamos a la luz.  Este nuestro primer acto, mientras sirve para dar principio y formar la vida, la continuación sirve para hacer de la criatura un acto nuestro completo, y conforme le damos el aliento así formamos en ella nuestros actos continuos para completar nuestra Vida Divina.  Nuestro aliento, en cuanto lo damos, forma paso a paso el crecimiento de esta Vida nuestra en la criatura; nuestro aliento, en cuanto se da, así forma nuestro acto completo de santidad, de belleza, de amor, de bondad, y así de lo demás, y cuando la hemos llenado tanto, de modo que no tenemos más dónde poner del acto nuestro en la criatura, porque ella es limitada, nuestro aliento cesa y termina su vida en la tierra, y para eternizar nuestro aliento en el Cielo, transportamos nuestra Vida formada en ella, nuestro acto completo, a nuestra patria celestial como triunfo de nuestra Creación.  No hay cosas más bellas que estas vidas y actos completos nuestros en la celestial morada, ellas son las narradoras de nuestra potencia, del ímpetu de nuestro amor, son voces que hablan de nuestro aliento omnipotente, que era el único que podía formar la Vida Divina, nuestro acto completo en la criatura.  ¿Pero sabes tú dónde podemos formar esta Vida y este nuestro acto completo, por cuanto a criatura es posible e imaginable de recibir de su Creador?  ¡Ah! sólo en el alma que vive en nuestra Divina Voluntad y se hace dominar por Ella, sólo en ella podemos formar la Vida Divina y desarrollar nuestro acto completo; nuestro Querer dispone a la criatura a recibir todas las cualidades y colores divinos, y nuestro aliento jamás interrumpido, como pincel expertísimo pinta con maestría admirable e inimitable los más bellos matices y forma las copias de nuestro Ser Supremo; si no fuera por estas copias no habría sido una gran cosa la obra de la Creación, ni una gran obra de la potencia de nuestras manos creadoras; crear el sol, el cielo, las estrellas y todo el universo habría sido una bella nada para nuestra potencia, por el contrario, toda nuestra potencia, el arte de nuestras artes divinas, el indescriptible exceso de nuestro intenso amor, es hacer nuestro acto completo en la criatura, con formar nuestra Vida en ella, y es tanta nuestra complacencia, que Nosotros mismos quedamos raptados en nuestro acto que desarrollamos.  Para Nosotros hacer un acto completo es la gloria más grande, que más nos glorifica; es el amor más intenso, que más nos ensalza; es la potencia que nos alaba continuamente.  Pero ¡ay de Mí!  Para quien no vive en nuestro Querer, cuántos actos nuestros interrumpidos, sin cumplimiento, cuántas Vidas Divinas nuestras apenas concebidas, o a lo más nacidas, sin crecer.  Interrumpen la continuación de nuestro trabajo y nos atan los brazos sin poder seguir adelante, nos ponen en la impotencia de un señor que tiene su terreno y le es impedido por sus siervos ingratos hacer el trabajo que se requiere en su terreno, de sembrarlo, de sembrar las plantas que quiere, pobre señor, tener el terreno estéril sin el fruto que podría recibir, por causa de sus siervos inicuos.  Nuestro terreno son las criaturas, y el siervo ingrato es el querer humano, que oponiéndose al nuestro nos pone en la impotencia de formar nuestra Vida Divina en ellas.  Ahora tú debes saber que en el Cielo no se entra si no se posee nuestra Vida Divina, o al menos concebida o nacida, y tal será la gloria, la bienaventuranza del bienaventurado, por cuanto crecimiento ha formado de nuestra Vida en él.  Ahora, ¿cuál será la diferencia de quien apenas ha sido concebida, nacida, o crecida en pequeñas proporciones, con quien nos ha hecho formar Vida completa?  Será tanta la diferencia que se vuelve incomprensible a la criatura humana.  Aquellos serán como el pueblo del reino celestial, en cambio nuestras copias serán como príncipes, ministros, la corte noble, el ejército real del gran Rey.  Por eso quien hace mi Divina Voluntad y vive en Ella, puede decir:  Hago todo y pertenezco aun desde esta tierra a la familia de mi Padre Celestial”.

 

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29-43

Octubre 20, 1931

 

Encuentro de pasos entre Dios y la criatura.  Dios

ha formado a la criatura como centro de la Creación.

 

(1) Mi pequeña existencia gira siempre en el Santo Querer Divino, siento que me atrae siempre más a Sí, y cada palabra suya, luz o conocimiento de Él es una nueva Vida que me infunde, una alegría insólita que siento, y una felicidad sin fin, que no pudiendo contener más porque soy muy pequeña, me siento como si me quisiera estallar el corazón de alegría y de felicidad divina.  ¡Oh! Voluntad Divina, hazte conocer, poseer y amar, para que todos sean felices, pero de felicidad celestial, no terrenal.  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndome su pequeña visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, por cada acto que haces en mi Divina Voluntad, tantos pasos das hacia Dios, y Dios hace sus pasos hacia ti.  El paso de la criatura es la llamada que mueve el paso divino para irle al encuentro, y como no nos dejamos jamás vencer ni superar por sus actos, si ella da un paso, Nosotros damos cinco, diez, porque nuestro amor siendo más grande que el suyo, acelera, multiplica los pasos para hacer más rápido el encuentro y sumergirse el uno en el otro.  Es más, muchas veces somos Nosotros que movemos el paso para llamar al paso de la criatura para venir a Nosotros; queremos a nuestra criatura, queremos darle cualquier cosa de lo nuestro, queremos que nos asemeje, queremos hacerla feliz, y por eso hacemos sonar el paso para llamarla, y quien está en nuestra Voluntad, ¡oh! en cuanto escucha el dulce golpeteo de nuestros pasos, corre para venir a Nosotros, para recibir los frutos de nuestros pasos.  ¿Pero quieres saber cuáles son estos frutos?  Nuestra palabra creadora; en cuanto sucede el encuentro, la criatura se arroja en el centro de nuestro Ser Supremo, Nosotros la recibimos con tanto amor, que no pudiendo contenerlo, la ensimismamos, y con nuestra palabra vertemos sobre ella nuestros conocimientos, haciéndole parte de nuestro Ser Divino.  Así que cada palabra nuestra es un desahogo que hacemos sobre la criatura, y por cuantos grados de conocimiento adquiera por medio de nuestra palabra, tantos grados de participación de más recibe de su Creador.  Ve entonces, cada acto hecho en mi Divina Voluntad es el camino que te formas para mover el paso para formarte toda de Voluntad Divina, y mi palabra te servirá de formación, de luz y de participación de nuestra Divinidad”.

(3) Después de esto mi abandono en el Fiat Divino continuaba, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que la finalidad única de la Creación fue nuestro amor, que saliendo de Nosotros formaba su centro, donde mostrándose debía concentrarse para desarrollar la finalidad por la cual nuestro amor había salido de Nosotros, así que nuestro centro era la criatura, donde fijándose debíamos hacer sentir nuestra Vida palpitante y nuestro amor obrante en ella.  Y toda la Creación debía ser la circunferencia de este centro, casi como rayos solares que debían circundar, embellecer, sostener este centro, que fijándose en Nosotros debían darnos campo para exteriorizar siempre nuevo amor, para hacer más bello, más rico, más majestuoso el centro donde nuestro amor se apoyaba, para hacer de él una obra digna de nuestras manos creadoras.  Ahora, todas las criaturas debían formar unidas el lugar de centro de nuestro amor externado, pero muchas se dispersaron del centro, y nuestro amor quedó suspendido, no tenía donde fijarse para concentrarse, para tener su finalidad primaria, el por qué había salido.  Ahora, el orden de nuestra sabiduría, la vida obrante de nuestro amor externado, no podía tolerar el fracaso de nuestra finalidad, he aquí el por qué en todos los siglos ha estado siempre alguna alma que Dios ha formado como centro de toda la Creación, y en ella nuestro amor se apoyaba y nuestra Vida palpitaba y obtenía la finalidad de toda la Creación; es por medio de estos centros que es mantenida toda la Creación, y la razón de que el mundo exista todavía, de otra manera no tendría ninguna razón de existir, porque faltaría la vida y la causa de todo.  Por eso no ha habido siglo, ni habrá, en que no elijamos almas queridas por Nosotros, más o menos portentosas, que formarán el centro de la Creación, en las cuales tendremos nuestra Vida palpitante y nuestro amor obrante, y según las épocas, los tiempos, las necesidades, las circunstancias, se han ofrecido para bien de todos, se han dado a todos, han defendido a todos, han sido sólo ellas las que han sostenido mis sacrosantos derechos y me han dado campo para mantener el orden de mi sabiduría infinita.  Ahora, tú debes saber que estas almas han sido escogidas por nuestro Ser Divino en cada siglo como centro de toda la Creación, de acuerdo a lo que Nosotros queríamos, al bien que queríamos hacer, y lo que queríamos hacer conocer, y también de acuerdo a las necesidades de los centros desunidos, y esta es la causa de la diversidad de su modo, del decir y del bien que han hecho, pero toda la sustancia de estas almas era mi Vida palpitante y mi amor externado, apoyado y obrante en ellas.  Ahora, en este siglo te hemos escogido a ti como centro de toda la Creación, para hacer el gran bien de hacer conocer con más claridad qué significa hacer nuestra Voluntad, a fin de que todos la suspiraran y la llamaran a reinar en medio a ellos, así los centros separados se unirán al único centro para formar uno solo.  La Creación es parto salido de la potencia de mi Divina Voluntad, y es justo y necesario que todos reconozcan quién es esta Madre que con tanto amor los ha parido y puesto fuera a la luz del día, a fin de que todos sus hijos vivan unidos con la Voluntad de su Madre, y teniendo una sola Voluntad resultaría fácil formar un solo centro, donde esta Madre Celestial haría palpitar nuestra Vida Divina y nuestro amor obrante.  Mucho más que el vicio predominante de este siglo, el ídolo de muchos, es el querer humano, aun en el mismo bien que hacen, y por eso se ve que de dentro del bien salen muchos defectos y pecados, esto indica que la fuente por la cual era animado el bien, no era pura sino viciosa, porque el verdadero bien sabe producir frutos buenos, y en esto se conoce si es verdadero o falso el bien que se hace.  Por eso hay una extrema necesidad de hacer conocer mi Divina Voluntad, vínculo de unión, arma potente de paz, reparadora benéfica de la sociedad humana”.

 

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29-44

Octubre 26, 1931

 

Los actos buenos hechos en la Divina Voluntad se cambian en luz.

Efectos admirables del abandono en los brazos de Jesús.  Quien se

hace dominar por la Divina Voluntad se convierte en pueblo de su reino.

 

(1) Estoy siempre en los brazos de la Divina Voluntad, la cual forma su día de luz en mi pequeña alma, y si bien alguna nube se asoma en este día, la potencia de su luz la fija, y la nube viéndose fijada escapa, se disipa, y parece que dice:  “Se ve que no hay lugar para mí en este día que forma la Voluntad Divina en la criatura”.  Y Ella parece que le responde:  “Donde estoy Yo no hay lugar para ninguna, porque de la criatura quiero hacer un acto solo de mi Voluntad, la cual no admite nada que a Mí no pertenezca”.  ¡Oh! Voluntad Divina, cómo eres admirable, potente y amable, y sumamente celosa donde Tú reinas, ¡ah! ponme siempre en fuga mis miserias, las debilidades, las nubes de mi voluntad, a fin de que mi día sea siempre perenne, y el cielo de mi pequeña alma sea siempre sereno.  Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, el bien es luz, y si este bien se hace en mi Divina Voluntad, se forman tantos rayos por cuantos actos buenos se hacen, y mi Fiat fija estos rayos de luz en la circunferencia de su luz eterna.  Así que estos actos toman lugar en nuestros actos y hacen doble oficio, de alabanza, de adoraciones, de amor perenne hacia nuestra Majestad adorable, y de defensa, de misericordia, de ayuda, de luz hacia el género humano, de acuerdo a las circunstancias en que se encuentra.  Por el contrario si los actos buenos no son hechos en mi Voluntad y con su potencia, por cuanto son luz, no tienen la fuerza de extenderse para fijarse en la circunferencia de nuestra luz, y quedan sin sostén y como rayos divididos, y por eso no tienen vida perenne, y faltando la fuente de la luz hay peligro de que poco a poco se extingan”.

(3) Después de esto, siguiendo mi abandono en el Querer Divino, me sentía toda afligida por la privación de mi dulce Jesús, su privación es como un martillo que siempre golpea para recrudecer mayormente el dolor, y sólo cesa de golpear cuando el Huésped Divino sale de su escondite para hacer su visita a su amada criatura; su dulce presencia, su trato amable, hace resurgir del mismo dolor la alegría, y el martillo detiene su trabajo cruel; pero en cuanto el Celestial Visitante se retira, comienza su golpear de nuevo, y mi pobre alma se siente toda ojos, toda oídos, quién sabe si pudiera verlo y oírlo de nuevo, y ansiosa espera y sigue esperando a Aquél que habiéndome herido, sólo Él tiene el poder de cicatrizar la herida que me ha hecho, ¡ay de mí! demasiado dolorosa.  Pero mientras desahogaba mi dolor, mi dulce Jesús ha regresado y abrazando mi pobre alma me ha dicho:

(4) “Hija, estoy aquí, abandónate en mis brazos y repósate en Mí, tu abandono en Mí llama a mi abandono en ti y forma mi dulce reposo en tu alma.  El abandono en Mí forma la dulce y potente cadena que me ata tanto al alma, que no puedo desvincularme de ella, hasta volverme su amado y dulce prisionero.  El abandono en Mí da a luz la verdadera confianza, y ella tiene confianza en Mí, y Yo tengo confianza en ella, tengo confianza en su amor que jamás disminuirá, tengo confianza en sus sacrificios que no me rechazará jamás nada de lo que quiero, y tengo toda la confianza de que puedo cumplir mis designios.  El abandono en Mí dice que me da libertad y soy libre de hacer lo que Yo quiero, y Yo confiándome a ella le manifiesto mis más íntimos secretos.  Por eso hija mía, te quiero toda abandonada en mis brazos, y cuanto más abandonada en Mí, más sentirás mi abandono en ti”.

(5) Y yo:  “Amor mío, ¿cómo puedo abandonarme en ti si me huyes?  Y Jesús ha agregado:

(6) “El abandono sólo es perfecto cuando viéndome huir te abandonas más, esto no me da lugar para dejarme huir, más bien me ata más”.

(7) Después ha agregado:  “Hija mía, la vida, la santidad, consisten en dos actos:  Dios en dar su Voluntad, y la criatura en recibirla, y después que ha formado la vida en sí de aquel acto de Voluntad Divina que ha recibido, darlo de nuevo como acto de su voluntad, para recibirla de nuevo, dar y recibir, recibir y dar, en esto está todo.  Dios no podría dar de más que su acto continuo de su Voluntad a la criatura; la criatura no podría dar de más a Dios, por cuanto a criatura es posible, que su Voluntad Divina recibida en ella como formación de Vida Divina.  En este modo, dar y recibir, recibir y dar, mi Fiat Divino toma el dominio y ahí forma su reino, y todo el interior de la criatura forma como el pueblo del reino de la Divina Voluntad:  La inteligencia, pueblo fiel que se gloría de ser dirigida por el Soberano Comandante del Fiat Divino, y la multitud de los pensamientos que se estrechan en torno y ambicionan conocer siempre más y amar al gran Rey que se sienta como en un trono en el centro de la inteligencia de la criatura; los deseos, los afectos, los latidos que salen del corazón, aumentan el número al pueblo de mi reino, y ¡oh! cómo se juntan alrededor de su trono, están todos atentos para recibir las órdenes divinas, y poner aun la vida para seguirlas; qué pueblo obediente, y ordenado, es el pueblo del reino de mi Fiat, no hay discusiones, no divergencias, sino toda esta multitud de pueblo del interior de esta afortunada criatura quieren una sola cosa, y como ejército aguerrido se ponen en la fortaleza del reino de mi Querer Divino.  Entonces, cuando el interior de la criatura se convierte todo en pueblo mío, sale fuera del interior y aumenta el pueblo de las palabras, el pueblo de las obras, de los pasos, se puede decir que cada acto que forma este pueblo celestial, contiene la palabra de orden escrita con caracteres de oro:  ‘Voluntad de Dios’.  Y cuando esta multitud de pueblo se mueve para ejercitar cada uno su oficio, ponen enfrente la bandera con el emblema Fiat, seguido de las palabras escritas de viva luz:  ‘Pertenecemos al gran Rey del Fiat Supremo’.  Ve entonces, cada criatura que se hace dominar por mi Querer forma un pueblo para el reino de Dios”.

 

Siempre Deo Gratias

y bendita la Divina Voluntad.

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta

[2] sustancia.

f.   Ser, esencia o naturaleza de algo.

Aquello que constituye lo más importante de algo.  Realidad que existe por sí misma y es soporte de sus cualidades o accidentes.

esencia.

f.   Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas.

Lo más importante y característico de una cosa.

(Diccionario de la Real Academia Española)