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I. M. I.

In Voluntate Dei! Deo G.

30-1

Noviembre 4, 1931

 

La confianza forma los brazos y los pies del alma.  Dios continúa

el trabajo de la creación en el alma que hace su Voluntad.

La Voluntad Divina cemento de la humana voluntad.

 

(1) Jesús mío, centro y vida de mi pequeña alma, mi pequeñez es tanta, que siento la extrema necesidad de que Tú, Amor mío, me tengas estrechada entre tus brazos y te muevas a piedad de mi gran debilidad.  Soy pequeña, y Tú sabes que las pequeñas tienen necesidad de fajas para afirmarse los miembros y de la leche de la mamá para alimentarse y crecer, y yo siento la viva necesidad que Tú me fajes con las fajas del amor, y estrechándome a tu pecho divino me des por alimento la leche de tu Divina Voluntad para alimentarme y crecer.  Escucha, ¡oh! Jesús, siento la necesidad de tu Vida para vivir; quiero vivir de Ti, y entonces Tú escribirás, no yo, y podrás escribir lo que quieras y como quieras.  Por eso el trabajo es tuyo, no mío y yo sólo te prestaré mi mano y Tú harás todo el resto.  Así quedamos de acuerdo, oh Jesús.  Entonces, abandonándome en los brazos de Jesús escuchaba susurrarme al oído su voz dulcísima que me decía:

(2) “Mi pequeña hija, por cuanto más abandonada estés en Mí, tanto más sentirás mi Vida en ti, y Yo tomaré el puesto de vida primaria en tu alma.  Debes saber que la verdadera confianza en Mí forma los brazos del alma, y los pies para subir hasta Mí y estrecharme tan fuerte, de no poderme separar de ella, por lo tanto quien no tiene confianza no tiene brazos ni pies, así que es una pobre lisiada, por eso tu confianza será tu victoria sobre Mí, y Yo te tendré estrechada en mis brazos, pegada a mi pecho para darte la leche continua de mi Divina Voluntad.

(3) Ahora, tú debes saber que cada vez que el alma hace mi Voluntad, Yo me reconozco a Mí mismo en la criatura, reconozco mis obras, mis pasos, mis palabras, mi amor; por ello sucede que el Creador se reconoce a Sí mismo y sus obras en la criatura, y la criatura obrando se proyecta en el Creador y se reconoce en Él.  Este reconocerse recíprocamente, Dios y el alma, llama al primer acto de la Creación, y Dios sale de su reposo y continúa el trabajo de la Creación con esta criatura que vive y obra en mi Querer, porque nuestro trabajo no ha terminado, sólo hemos tomado un reposo, y la criatura, con hacer nuestra Voluntad nos llama al trabajo, pero dulce llamada, porque para Nosotros el trabajo es nueva felicidad, nuevas alegrías y prodigiosas conquistas.  Por eso no hacemos otra cosa que continuar nuestros desahogos de amor, de potencia, de bondad y de sabiduría inalcanzable, los cuales dieron principio en la Creación, y la criatura siente que su Dios no reposa para ella, sino que continúa el trabajo de su obra creadora; y conforme obra en nuestro Querer, así siente sobre su alma la lluvia del amor obrante de Dios, su potencia y sabiduría que no están inactivas, sino que trabajan en su alma.  ¡Oh! si tú supieras el agrado, el placer que sentimos cuando la criatura nos llama al trabajo:  Con llamarnos nos reconoce, con llamarnos nos abre las puertas, nos da el dominio y nos da toda la libertad de hacer lo que queremos en su alma.  Por lo tanto haremos un trabajo digno de nuestras manos creadoras, por eso no dejes escapar jamás nuestra Voluntad Divina si quieres que nuestro trabajo sea continuo, Ella será tu portavoz y el nuestro, donde tú emitirás tu voz para llamarnos, y Nosotros oiremos el dulce susurro, y rápido descenderemos en nuestro mismo Querer en tu alma para continuar nuestro trabajo, porque tú debes saber que los actos continuos forman vida y obras completas, lo que no es continuo se puede llamar efecto de mi Querer, no vida que se forma en la criatura, y los efectos poco a poco se desvanecen y se queda en ayunas.  Por eso, ánimo y confianza, y siempre adelante a navegar el mar de la Divina Voluntad”.

(4) Después de esto estaba siguiendo los actos que mi sumo bien Jesús había hecho en su Humanidad cuando estaba en la tierra, y haciéndose oír ha agregado:

(5) “Hija mía, mi voluntad humana no tuvo ningún acto de vida, sino que estaba en acto de recibir el acto continuo de mi Divina Voluntad, que Yo como Verbo del Padre Celestial poseía, por eso todos mis actos y penas, oraciones, respiros, latidos que hacía, recibiendo mi voluntad humana la Vida de la Voluntad Divina, formaba tantas ataduras para volver a anudar las voluntades humanas a la mía, y como estas voluntades humanas eran como habitaciones, algunas en ruinas, otras lesionadas, y otras reducidas a escombros, mi Voluntad Divina obrando en mi Humanidad, con mis actos preparaba las ayudas para sostener a las que se encontraban en peligro de caer, para cimentar las lesionadas, y para volver a construir sobre los mismos escombros las habitaciones destruidas.  Yo nada hacía para Mí, no tenía ninguna necesidad, hacía todo para rehacer, rehabilitar las voluntades humanas, mi única necesidad era el amor y que quería ser amado.  Ahora, para recibir todas mis ayudas y todas mis penas y obras como obras actuantes, voz hablante, y mensajeros que ayudan, la criatura debe unir su voluntad a la mía, y rápidamente se sentirá atada de nuevo con la mía, y todos mis actos se dispondrán alrededor para hacer su oficio, para sostener, cimentar, y levantar nuevamente la voluntad humana.  En cuanto la criatura se une y se decide a hacer mi Voluntad Divina, todos mis actos, como ejército aguerrido se ponen a defensa de la criatura, y forman la barca de seguridad en el mar tempestuoso de la vida.  Pero para quien no hace mi Voluntad, podría decir que nada recibe, ni puede recibir, porque sólo Ella es la dadora de todo lo que Yo hice por amor de las criaturas”.

 

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30-2

Noviembre 9, 1931

 

Dios tiene establecidos los actos de la criatura.  Acto obrante e incesante

de la Divina Voluntad.  Quien no hace la Divina Voluntad queda sin

Madre y permanece huérfana y desamparada.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, ¡oh! con qué ternura me espera en su regazo materno para decirme:  “Hija de mi Querer, no me dejes sola, tu Mamá te quiere junto; quiero tu compañía en el trabajo incesante que hago para todas las criaturas.  Yo hago todo para ellas, no las dejo un instante, porque si las dejara perderían la vida.  Sin embargo hay quien no me reconoce, es más, me ofenden, mientras que Yo soy toda para ellas.  ¡Oh! cómo es dura la soledad, por eso te suspiro hija mía, ¡oh, cómo me es querida tu compañía en mis actos!  La compañía vuelve dulce el trabajo, aligera el peso y es portadora de nuevas alegrías”.

(2) Pero mientras mi mente se perdía en la Divina Voluntad, mi amable Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(3) “Hija mía, mi Voluntad es incansable, queriendo mantener la vida, el orden, el equilibrio de todas las generaciones y del universo entero, no puede ni quiere cesar en su trabajo, mucho más que cada movimiento es como dado a luz por Ella y atado con vínculos inseparables.  Imagen del aire que mientras ninguno lo ve, también da a luz el respiro en las criaturas, y es inseparable de la respiración humana, ¡oh! si el aire detuviera su trabajo de hacerse respirar, de un golpe cesaría la vida de todas las criaturas.  Más que aire es mi Voluntad, el aire no es mas que un símbolo, imagen, y que produce la vida de la respiración por la virtud vital de mi Querer Divino, mientras que la mía es Vida en Sí misma e increada.  Ahora, Dios tiene establecidos todos los actos de las criaturas y el número de los actos de ellas; por eso el empeño de estos actos, porque establecidos por Dios vienen tomados por mi Divina Voluntad, los ordena y pone su Vida dentro de ellos, pero, ¿quién da el cumplimiento a estos actos establecidos por el Ser Supremo?  Quien coopera y se hace dominar por la Voluntad Divina, con la cooperación y con su dominio siente el vínculo y la inseparabilidad de Ella, y siente correr su Vida Divina en sus actos.  Mientras que cuando no coopera pierde el dominio de mi Voluntad Divina, y en vez de hacer la mía, hace su voluntad, y cada acto de voluntad humana forma un vacío para lo divino en el alma.  Estos vacíos desfiguran a la pobre criatura, y como ha sido hecha para Dios, sólo Él puede llenar estos vacíos, porque los actos, cuyo número está establecido, debían servir para llenarla del Ser Divino.  ¡Oh! cómo son horribles estos vacíos, se ven en ellos vías torcidas, actos sin principio divino y sin vida, por eso no hay cosa que arruine más a la criatura que su voluntad.  Ahora, mi Voluntad es acto obrante e incesante dentro y fuera de la criatura, pero, ¿quién recibe su acto operante?  Quien la reconoce en todos sus actos, quien la reconoce, la ama, la estima, la aprecia; con ser reconocida, mi Voluntad hace tocar con la mano su acto operativo e incesante, y la criatura siente los brazos de Ella en los suyos, la potencia de su movimiento en los suyos, su virtud vivificadora en su respiro, la formación de su Vida en el latido de su corazón, por todas partes, por dentro, por fuera, se siente vivificar, tocar, abrazar, besar por mi Voluntad.  Y Ella, en cuanto ve que la criatura siente sus abrazos amorosos, se la estrecha más a su seno divino y va formando sus dulces cadenas de inseparabilidad entre Ella y su criatura amada.  Parece que se siente pagada con ser reconocida por su trabajo incesante, y con su potencia quita el velo que la escondía a la criatura, y le hace conocer quién es quien forma la vida de todos sus actos.  Por eso cuanto más la reconozcas, tanto más sentirás cuánto te ama y tú la amarás más.

(4) Además de esto, tú debes saber que el alma sin mi Divina Voluntad es como una flor cortada de la planta; pobre flor, le han quitado la vida, porque no está más unida a la raíz, y separada de ella no recibe más los humores vitales, que como sangre circulaban y la mantenían viva, fresca, bella, olorosa; ha perdido la raíz que como madre la amaba, la alimentaba y la tenía estrechada a su seno, y mientras la raíz se está bajo tierra, como sepultada viva para dar vida a las flores, hijas suyas, y hacerlas hacer una bella aparición, tanto de llamar la atención humana con su dulce encanto, pero como es cortada de la planta, como si hubiera perdido a la madre, parece que se pone en actitud de tristeza, pierde su frescura y termina por marchitarse.  Tal es el alma sin mi Divina Voluntad, se separa de la raíz divina, que más que madre la amaba, la alimentaba, y mientras vive como sepultada, vive en todos sus actos y en el fondo de su alma para suministrarle los humores divinos, que como sangre hace circular en todos sus actos para mantenerla fresca, bella, perfumada por sus virtudes divinas, de formar el más bello y dulce encanto a la tierra y a todo el Cielo.  Por lo tanto en cuanto se separa de mi Divina Voluntad, pierde a su verdadera Mamá, que con tantos cuidados maternos la custodiaba, la tenia estrechada a su seno, la defendía de todos y de todo, y termina por desfigurarse y marchitarse a todo lo que es bien, y llegan a sentir la triste melancolía porque viven sin Aquélla que la ha generado, sin la vida, las caricias de su Mamá.  Así que se pueden llamar pobres huérfanas abandonadas, sin tutela, y quizá en manos de enemigos y tiranizada por las pasiones del propio yo.  ¡Oh! si la raíz tuviera razón, ¿cuántos gritos desgarradores de dolor no emitiría al verse arrancar la vida de sus flores, y que la han obligado, como madre estéril, a permanecer sin la corona de sus hijos?  Pero si no llora la planta, llora mi Voluntad al ver a tantos hijos suyos huérfanos, pero huérfanos voluntarios, que sienten todas las penas de la orfandad, mientras que su Madre vive y no hace otra cosa que llorar y llamar a la corona de sus hijos en torno a Sí”.

 

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30-3

Noviembre 16, 1931

 

Cada acto humano es un juego, una prenda para vencer las

gracias celestiales.  El acto humano es tierra donde el Querer

Divino pone su semilla.  Cómo el amor constituye un derecho.

 

(1) Me siento en poder de la Divina Voluntad, pero no forzada, sino voluntaria, y siento la viva necesidad de lograr también yo una presa que me haga feliz en el tiempo y en la eternidad, y por eso en todos mis actos trato de tomar presa a la luz de la Divina Voluntad, a su santidad, a su misma Vida.  Por eso la llamo, la tomo para raptarla en mis actos, para encerrarla en ellos y poder decir:  “Cada acto mío es una presa y una conquista que hago”.  Presa y conquista de Voluntad Divina, mucho más, que habiendo apresado la mía, sin voluntad no puedo vivir, por lo tanto es justo y derecho, que yo haga presa de la suya, y en este tomarnos como presa recíprocamente me parece que mantenemos la correspondencia, el juego, y el amor de ambas partes se enciende más.  Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús parecía que se complacía al oír mis desatinos, y yo decía entre mí:  “Además soy pequeña y recién nacida apenas, si digo desatinos no es gran cosa, más bien hay que compadecerme, porque los pequeños es fácil que digan desatinos, y muchas veces el amado Jesús se deleita de los desatinos hechos por puro amor, y toma ocasión de ellos para dar una leccioncita, como de hecho lo ha hecho”.  Visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, es cierto que todo lo que pasa entre el Creador y la criatura, los actos que ella hace, y lo que recibe de Dios, sirve para mantener la correspondencia, para conocerse más, para amarse más y para mantener el juego entre uno y otro, para conseguir el intento de lo que quiere Dios de la criatura, y de lo que ella quiere de Dios.  Así que cada acto es un juego que se prepara para hacer las más bellas victorias y tomarse en prenda recíprocamente.  El acto sirve como materia para jugar y como prenda para tener qué dar a quien vence.  Dios con dar pone su prenda, la criatura con hacer su acto pone la suya y organizan el juego, y nuestra bondad es tanta, que nos hacemos débiles para hacer vencer a la criatura, otras veces nos hacemos fuertes y vencemos Nosotros, y esto lo hacemos para ponerla en el punto de que haciendo más actos, ponga más prendas y así poder vencer para rehacerse de la derrota.  Además, ¿cómo se podría mantener la unión si nada debíamos dar, y nada debía darnos la criatura?  Mira entonces, cada acto es un empeñarnos para dar gracias mayores, y una correspondencia que abres entre el Cielo y la tierra, y un juego donde llamas a tu Creador a entretenerse contigo.  Mucho más que cada acto hecho por la Divina Voluntad en el acto de la criatura, es una semilla divina que germina en ella, el acto prepara la tierra donde mi Voluntad arroja su semilla para hacerla germinar en planta divina, porque de acuerdo a la semilla que se arroje en el seno de la tierra, esa planta nace;  si la semilla es de flores, nacen flores; si la semilla es de fruto, nace el fruto.  Ahora, mi Divina Voluntad en cada acto de criatura arroja una semilla diferente, dónde arroja la semilla de la santidad, dónde la semilla del amor, en otros la semilla de la bondad, y así de lo demás, cuantos más actos hace en Ella, tanta más tierra prepara donde mi Querer pone su semilla distinta para llenar la tierra de estos actos humanos.  Entonces, quien se hace dominar por mi Voluntad Divina es bella, es hermosa, cada acto suyo conteniendo la variedad de semillas divinas, es una nota de su Creador:  Un acto dice santidad, otro misericordia, otro justicia, sabiduría, belleza, amor, en suma, se ve una armonía divina, con tal orden que señala el dedo de Dios obrante en ella.  ¿Ves entonces la necesidad del acto de la criatura para poder encontrar la tierra dónde poner nuestra semilla divina?  De otra manera, ¿dónde la pondríamos?  Nosotros tierra no tenemos, por eso nos la debe formar con sus actos, para poder con nuestras semillas germinar nuestro Ser Divino en la criatura.  Por eso quien hace y vive en nuestro Querer Divino, se puede llamar aquél que reproduce a su Creador, y alberga en ella a Aquél que la ha creado”.

(3) Después continuaba mis actos en el Divino Querer, y mi pequeñez quería abrazar todo en mi abrazo de amor, para poder hacer correr mi pequeño amor en todas las cosas y por todas partes.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha continuado:

(4) “Hija mía, amar significa poseer y querer hacer suya a la persona o al objeto que se ama.  Amar significa vínculo, o de amistad o de parentesco o de filiación, de acuerdo más o menos a la intensidad del amor.  Así que si entre la criatura y Dios no hay ningún vació de amor divino, si todos sus actos corren hacia Dios para amarlo, si del amor tienen principio y en el amor terminan, si mira todas las cosas que pertenecen al Ser Supremo como suyas, esto dice amor de hijo hacia su Padre, porque en este modo no se sale ni de las propiedades divinas ni de la habitación del Padre Celestial, porque el amor verdadero constituye un derecho en la criatura, derecho de filiación, derecho de participación de bienes, derecho de ser amado.  Cada acto suyo de amor es una nota vibrante que late en el corazón divino y con su sonido dice ‘te amo, y ámame’, y el sonido no termina si no escucha la nota de su Creador, que haciendo eco al sonido del alma le responde, ‘te amo oh hijo’.  ¡Oh! cómo esperamos el ‘te amo’ de la criatura para hacerla tomar su lugar en nuestro amor, para tener el dulce gusto de poderle decir, ‘te amo, oh hijo’, y así poderle dar mayor derecho de amarnos y de hacerlo pertenecer a nuestra familia.  Un amor interrumpido y que no hace suyas nuestras cosas, ni las defiende, no se puede llamar amor de hijo, a lo más podrá ser amor de amistad, amor de circunstancia, amor de interés, amor de necesidad, que no constituye un derecho, porque sólo los hijos tienen derecho de poseer los bienes del Padre, y el Padre tiene el sacrosanto deber, incluso con leyes divinas y humanas de hacer poseer los bienes a sus hijos.  Por eso ama siempre, a fin de que encuentres en todos tus actos el amor, el encuentro, el beso de tu Creador”.

 

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30-4

Noviembre 29, 1931

 

Arrojo e imperio de los actos hechos en la Divina

Voluntad.  Intercambio de vida entre Creador y criatura.

Dulce murmullo en el Ser Divino.

 

(1) Siento el santo deber, la fuerza irresistible, la necesidad extrema de vivir en la habitación dada a mí por el Celestial Jesús, esto es, su adorable Voluntad, y si alguna vez hago las pequeñas salidas, ¡oh! cuánto me cuestan, siento que todos los males me llueven encima, y sintiendo el gran contraste que hay entre el vivir en mi querida habitación donde el amado Jesús me ha dado mi lugar, y fuera de ella, me vuelvo a tomar mi lugar que Él me ha asignado, y bendigo a Aquél que me ha dado una habitación tan feliz y me ha dado el gran bien de hacerme conocer su Santísima Voluntad.

(2) Pero mientras mi pequeña inteligencia navegaba el gran mar del Fiat Supremo, mi amado Bien Jesús se ha hecho oír en mi pobre alma, y me ha dicho:

(3) “Hija mía, estar en la habitación de mi Divina Voluntad es estar en su puesto de honor, dado por Dios cuando la criatura fue puesta fuera a la luz del día, y a quien está en su puesto Dios no le hace faltar nada, ni santidad, ni luz, ni fuerza, ni amor.  Es más, pone a disposición de la criatura lo que quiere tomar de dentro de la fuente divina, así que vive en la abundancia de todos los bienes, todos los actos hechos en la Divina Voluntad tienen la virtud operativa de Dios, el Cual se siente, por su misma potencia, atraído a obrar en el acto de la criatura, y por eso estos actos tienen virtud de arrojarse con tal ímpetu e imperio en el mismo mar de la Divina Voluntad, para moverla y ponerla en actitud de duplicar su gloria, y hacerla obrar nueva bondad, nueva misericordia, nuevo amor y luz hacia todas las criaturas, así que con sus actos, no hace otra cosa que girar el motor divino para hacerlo obrar.  Es verdad que por Nosotros mismos somos movimiento continuo que produce obras incesantes, pero también es verdad que con hacer ella sus actos en nuestro Querer, entra en este movimiento, pone en él de lo suyo, y nuestro movimiento se siente poner a girar y mover por la criatura para producir nuestras obras, y sentimos su acto inmediato con todas nuestras obras.  Por eso sentirla junto con Nosotros, con nuestros actos, es la gloria y la felicidad más grande que podemos recibir.  ¿Te parece poco que le demos a ella la virtud de mover todo nuestro Ser Divino?  Y así como gozamos por que está en su puesto, así le hacemos hacer lo que quiere, porque estamos seguros que no hará sino lo que queremos Nosotros.  Todo al contrario para quien vive de voluntad humana, sus actos no tienen poder divino, están sin impulso, quedan en lo bajo y muchas veces amargan a su Creador”.

(4) Después de esto decía entre mí:  “¡Oh! cómo quisiera dar a mi Jesús, para atestiguarle mi amor, tantas vidas por cuantos actos yo hago”.  Y mi Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, tú debes saber que en cada cosa que hace la criatura, damos el acto de vida que sale de Nosotros, si piensa, le damos la vida del pensamiento de nuestra Inteligencia; si habla, le damos en su voz la vida de nuestra palabra; si obra, corre la vida de nuestras obras en la suya; si camina, damos la vida de nuestros pasos en los suyos; mira, son dos actos de vida que deben concurrir en cada uno de los actos de la criatura:  Primero el acto de Vida Divina, e inmediatamente el acto de ella.  Ahora, si en todas las cosas que hace, las hace por amor de Quien le da la vida, se forma un intercambio de vida; vida damos y vida recibimos.  Y aunque hay gran diferencia entre los actos de Vida nuestra y los de la criatura, sin embargo quedamos glorificados y satisfechos, porque eso nos puede dar, y eso nos da, mucho más que todos los actos hechos por ella para darnos el intercambio de vida, quedan no fuera de Nosotros, sino dentro de Nosotros, como testimonios de vida perenne de la criatura; sentimos el intercambio de su vida a la Vida que le hemos dado.  En nuestro Ser Divino, en nuestro Querer y en nuestro amor, nos lleva el dulce murmullo de la vida de sus pensamientos en nuestra Inteligencia, el suave murmullo de su palabra en nuestra voz, sus obras murmuran dulcemente en nuestras obras, y el pisar de sus pasos, conforme caminan, así murmuran amor y testimonios de vida a mi Creador.  Y Nosotros, en nuestro énfasis de amor decimos:  ‘¿Quién es quien murmura en nuestro Ser Divino con la vida de sus actos?  Quien está en nuestro Querer y obra por puro amor nuestro’.  Pero cuál no es nuestro dolor cuando damos vida a los actos de la criatura y nada recibimos, estos actos suyos quedan fuera de Nosotros y como dispersos, porque falta la corriente de nuestro Querer y de nuestro amor que nos los trae, y estos actos, la mayor parte llevan el sello de la ofensa a quien les ha dado la vida.  ¡Oh! si las criaturas comprendieran con claridad qué significa hacer su voluntad, morirían de pena al comprender el gran mal en el cual se precipitan, y el gran bien que pierden con no hacer nuestra Voluntad Divina.  Sé atenta hija mía si no quieres perder los ojos del alma, cual es mi Voluntad, y perdidos éstos, tú misma no comprenderás tu gran desventura, como no la comprenden tantas otras criaturas que se juegan la Divina Voluntad para hacer la propia; pero ¿para hacer qué?  Para volverse infelices”.

 

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30-5

Diciembre 6, 1931

 

El bien de la prolijidad del tiempo.  Dios cuenta las horas y los minutos

para llenarlos de gracias.  Quien hace la Divina Voluntad rompe el velo

que esconde a su Creador.  Baño de luz que da la Divina Voluntad.

 

(1) Me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús y como cansada de mi largo exilio, y pensaba entre mí:  “Jamás lo habría creído, una vida tan larga.  ¡Oh! si hubiera sido más breve, como tantas otras, no habría pasado tanto, pero ¡Fiat!  ¡Fiat!”  Sentía que mi mente quería desatinar, por eso he rogado a Jesús que me ayudara y le he jurado que quiero hacer siempre su Voluntad adorable.  Y el Soberano Jesús alejando las tinieblas que me circundaban, ha hecho su visita a mi alma y me ha dicho con ternura indecible:

(2) “Hija buena, ánimo, como tu Jesús te quiere dar más y recibir más de ti, permito la prolijidad del tiempo.  No hay comparación posible entre quien me ha dado pruebas por pocos años, y quien por largos años.  Un tiempo prolongado dice siempre de más:  Más circunstancias, más ocasiones, más pruebas, más penas, y mantenerse fiel, constante, paciente en tantas circunstancias, y no por poco sino por largo tiempo, ¡oh! cuántas cosas dice de más.  Tú debes saber que cada hora de vida bajo el imperio de mi Divina Voluntad, son nuevas Vidas Divinas que se reciben, nuevas gracias, nuevas bellezas, nuevas ascendencias hacia Dios, correspondientes a nueva gloria.  Nosotros medimos el tiempo por lo que damos, y esperamos la correspondencia del acto de la criatura para dar de nuevo; y a la criatura le es necesario el tiempo para digerir lo que le hemos dado, y así hacerla dar otro paso hacia Nosotros; si nada agrega a lo que le hemos dado, Nosotros no damos súbito, sino que esperamos su acto para dar de nuevo.  Por eso no hay cosa más grande, más importante, más aceptable ante Nosotros, que una vida larga, santamente vivida, ya que cada hora es una prueba más de amor, de fidelidad, de sacrificio que nos ha dado, y Nosotros contamos también los minutos, a fin de que ninguno de ellos no sea llenado de gracias y de nuestros carismas divinos.  A una vida breve, pocas horas podemos contar, y no le podemos dar gran cosa, por eso déjame hacer, y quiero que quedes contenta de lo que Yo hago, y si quieres estar contenta piensa que cada hora de tu vida es una prenda de amor que me das, la cual servirá para empeñarme en amarte de más, ¿no estás contenta?”.

(3) Después de esto estaba siguiendo mis actos en la Divina Voluntad y sentía sobre mí el imperio, su inmensidad que toda me arrollaba dentro, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija amada de mi Voluntad, el vivir en Ella significa reconocer su Paternidad, y sintiéndose hija quiere estar abrazada, estrechada sobre las rodillas de su Padre, y vivir en su casa, y con derecho, porque se reconoce como parto suyo, que con tanto amor lo ha generado y dado a la luz, y mira todas las otras cosas como extrañas, y sin el dulce vínculo, ni de Paternidad ni de filiación; por eso ve con claridad que saliendo de la casa de su Padre, será una hija extraviada que no tendrá ni siquiera un nido donde poder formar su habitación.  Quien hace y vive en mi Querer Divino rompe los velos de nuestra potencia, y encuentra que su Creador potentemente la ama y atrae con su potencia a su criatura para hacerse amar potentemente, desgarrando el velo encuentra el sagrario de la potencia divina y no teme más, porque si es potente, es potente para amarla y para hacerse amar, y amando con amor potente, se hace osada y rompe el velo de la sabiduría divina, de la bondad, de la misericordia, del amor y de la justicia, y encuentra como tantos sagrarios divinos que sabiamente la aman, y con una bondad ternísima y excesiva, unida a misericordia inaudita, la aman, encuentra el amor rebosante, que inmensamente la ama, y siendo el Ser Divino orden, la ama con justicia, y la criatura pasando de un sagrario a otro, no fuera sino dentro de estos velos, siente los reflejos de su Creador y lo ama sabiamente, con bondad y ternura, unidas a misericordia, que no teniendo necesidad su Dios, lo dirige para bien de todas las generaciones, y sintiéndose el amor que le rebosa en el seno, ¡oh! cómo quisiera deshacerse en amor para amarlo, pero la justicia conservándola le da el amor justo por cuanto a criatura es posible y la confirma en vida.  Hija mía, cuántas cosas esconden estos velos de nuestras cualidades divinas, pero a ninguno es dado el romper estos nuestros velos, sino a quien hace y vive en nuestro Querer, ella sola es la afortunada criatura que no ve a su Dios velado, sino como Él es en Sí mismo.  Pero como no somos reconocidos cuales somos en Nosotros mismos, de nuestro Ser Supremo tienen ideas tan bajas e incluso también torcidas, y esto es porque no teniendo en ellos nuestra Voluntad, no sienten en sí mismos la Vida de Aquél que los ha creado, tocan nuestros velos, pero no lo que hay dentro, y por eso sienten nuestra potencia como opresiva, nuestra luz eclipsante como en acto de alejarlos de Nosotros y ponerlos a distancia, sienten nuestra santidad velada que les da vergüenza, y desconfiados viven inmersos en su pasiones, pero la culpa es toda de ellos, porque existe una sentencia dicha por Nosotros en el paraíso terrenal:  ‘Aquí no se entra, este es lugar sólo para quien hace y vive en nuestra Voluntad’, y por eso las primeras criaturas fueron puestas fuera, poniendo un ángel de guardia a fin de que les impidiera la entrada.  Nuestra Voluntad es paraíso terrestre en la tierra, y celestial en el cielo de las criaturas, y se puede decir que un ángel es puesto a guardia de Ella.  Quien no la quiere hacer, y no quiere vivir en sus brazos y hacer vida común en su habitación, sería un intruso si esto hiciera, pero ni siquiera lo puede hacer, porque nuestros velos se hacen tan densos que no encontraría el camino para entrar; y así como un ángel le prohíbe el ingreso, así otro ángel guía y da la mano a quien quiere vivir de nuestra Voluntad.  Por eso conténtate con morir miles de veces antes que no hacer nuestra Voluntad, tú debes saber que Ella es toda ojos sobre la feliz criatura que quiere vivir de Ella, y conforme hace sus actos, así le hace su baño de luz divina; este baño la refresca y le hace sentir los refrigerios divinos, y así como la luz, conforme se forma, así produce por propia naturaleza suya, dentro de sus velos de luz, fecundidad, dulzura, gustos, colores, así que mientras aparentemente parece sólo luz, dentro esconde tantas bellas riquezas e innumerables cualidades, que ningún otro elemento puede decirse similar a ella, es más, es de la luz que imploran la fecundidad y el bien que cada elemento debe hacer en el orden en el cual ha sido puesto por Dios.  La luz se puede llamar el alma de las cosas creadas, símbolo de nuestra luz increada de nuestro Fiat Divino que anima todo.  Por eso con este baño de luz divina, mientras está por hacer sus actos en Ella, el alma se siente endulzar, embalsamar, fortalecer, purificar e investir por el bello arco iris de los colores divinos que vuelven al alma tan agraciada, hermosa y bella, que Dios mismo se siente raptar por una belleza tan especial.  Este baño de luz es como el preparativo para poder atravesar el umbral y romper el velo que esconde nuestro Ser Divino a las criaturas humanas.  Mucho más, que es nuestro interés, que quien viva en nuestro Querer nos asemeje, y no haga nada que sea indigno de nuestra Majestad tres veces Santa, por eso piensa en que, cada vez que te dispongas a hacer tus actos en su luz interminable, mi Voluntad te da un baño de luz, a fin de que seas atenta a recibirlo”.

 

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30-6

Diciembre 8, 1931

 

La Reina del Cielo retira los actos buenos de las criaturas

en sus mares de gracia.  La inmutabilidad de Dios

y la mutabilidad de la criatura.

 

(1) Continúo mi abandono en el Fiat Divino, sus dulces cadenas me estrechan tanto, pero no para quitarme la libertad, no, no, sino para volverme más libre en los campos divinos y para tenerme defendida de todos y de todo, así que yo me siento más segura encadenada por la Divina Voluntad.  Y mientras hacía mis actos en Ella, sentía la necesidad de mi Mamá Celestial, que me ayudara y que sostuviera mis pequeños actos, a fin de que pudieran encontrar la complacencia y la sonrisa divina.  Y el Celestial Consolador que nada sabe negarme cuando se trata de agradarle, visitando mi pobre alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestra Mamá Celestial tiene el primado sobre todos los actos buenos de las criaturas. Ella, como Reina, tiene el mandato y el derecho de retirar todos los actos de ellas en sus actos; es tanto su amor de Reina y de Madre, que en cuanto la criatura se dispone a formar su acto de amor, así desde la altura de su trono hace descender un rayo de su amor, inviste y circunda el acto de amor de ellas para poner en él el suyo como primer amor, y en cuanto es formado, lo pone nuevamente en su mismo rayo de amor en la fuente de su amor y dice a su Creador:  ‘Majestad adorable, en mi amor que siempre surge para Ti, está el amor de mis hijos fundido en el mío, que Yo, con derecho de Reina, he retirado en mi mar de amor, para que puedas encontrar en mi amor el amor de todas las criaturas’.  Si las criaturas adoran, si ruegan, si reparan, si sufren, descienden de la altura de su trono, el rayo de la adoración, el rayo de su oración, el rayo de su reparación, emite el rayo vivificante de dentro del mar de sus dolores, e inviste y circunda la adoración, la oración, la reparación, los sufrimientos de las criaturas, y cuando han hecho y formado el acto, el mismo rayo de luz los eleva hasta su trono y se funden en la fuente de los mares de la adoración, de la oración, de la reparación, de los dolores de la Mamá Celestial, y repite:  ‘Majestad Santísima, mi adoración se extiende en todas las adoraciones de las criaturas, mi plegaria ruega en la plegaria de ellas, repara con sus reparaciones, y como Madre, mis dolores invisten y circundan sus penas, no me sentiré Reina si no corro y pongo mi acto primero sobre todos los actos de ellas, ni gustaré las dulzuras de Madre si no corro para circundar, ayudar, suplir, embellecer, fortificar todos los actos de las criaturas, y así poder decir:  Los actos de mis hijos son uno con los míos, los tengo en mi poder junto a Dios para defenderlos, ayudarlos y como prenda segura que me alcanzarán en el Cielo”.

(3) Por eso hija mía, tú jamás estás sola en tus actos, tienes a la Mamá Celestial junto contigo, que no sólo te circunda, sino que con la luz de sus virtudes alimenta tu acto para darle la vida, porque tú debes saber que la Soberana Reina, desde su Inmaculada Concepción, fue la primera y única criatura que formó el anillo de conjunción entre el Creador y la criatura, roto por Adán.  Ella aceptó el divino mandato de vincular a Dios y a los hombres, y los vinculaba con sus primeros actos de fidelidad, de sacrificio, de heroísmo de hacer morir su voluntad en cada acto suyo, no una vez, sino siempre, para hacer revivir la de Dios.  De esto brotaba una fuente de amor divino que cimentaba a Dios y al hombre y todos los actos de ellos, así que sus actos, su amor materno, su dominio de Reina, son cemento que corre, que consolida los actos de las criaturas para volverlos inseparables de los suyos, a menos que algún ingrato rechace recibir el cemento del amor de su Mamá.  Por lo tanto, tú debes estar convencida que junto a tu paciencia está la paciencia de la Mamá Reina, que circunda, sostiene y alimenta la tuya en torno a tus penas; te circundan sus dolores que sostienen y alimentan como aceite balsámico la dureza de tus penas, en resumen, en todo.  Ella es la Reina hacendosa que no sabe estar ociosa en su trono de gloria, sino que desciende, corre como Madre en los actos y necesidades de sus hijos, por eso agradécele por sus tantos cuidados maternos, y agradece a Dios que ha dado a todas las generaciones una Madre tan santa, amable, y que ama tanto, que llega a ser la que recoge todos los actos de ellos para cubrirlos con los suyos, y para suplir a lo que en ellos falta de bello y de bueno”.

(4) Después continuaba mi acostumbrado giro en las cosas creadas, para seguir lo que había hecho la Divina Voluntad en ella, y ¡oh! cómo me parecía bella y encantadora, cada vez que giro en ella encuentro sorpresas que me raptan, noticias que antes no había entendido, el antiguo y el nuevo amor de Dios que jamás se cambia.  Pero mientras mi mente se extendía en los horizontes de la Creación, mi amable Jesús sorprendiéndome ha agregado:

(5) “Mi pequeña hija de mi Querer, cómo son bellas nuestras obras, ¿no es verdad?  Todo es solidez, equilibrio perfecto, inmutabilidad que no está sujeta a cambiarse ni puede mudarse.  Mira, toda la Creación dice y revela nuestro Ser Divino, nuestra firmeza en nuestras obras, nuestro equilibrio es universal en todas las cosas, y por cuantas cosas agradables y desagradables pueden suceder, nuestra inmutabilidad está siempre en su puesto de honor.  Nada hemos cambiado del cómo fue creada, y si la criatura ve y siente tantos y múltiples cambios, es ella que se cambia, se cambia a cada circunstancia, y como está dentro y fuera de ella el cambiarse, siente como si nuestras obras se cambiaran para ella, son sus cambios que la rodean los que tienen fuerza para alejarla de nuestra inmutabilidad.  Todo es continuado y equilibrado en Nosotros; lo que hicimos en la Creación continúa todavía, y como todo fue hecho para quien debía vivir de nuestra Voluntad, en cuanto la criatura se pone en orden con Ella, nuestra obra creadora desarrolla en ella su acto continuado, y siente la vida de nuestra inmutabilidad, el perfecto equilibrio de nuestras obras, nuestro amor que la ama siempre sin jamás cesar.  Donde encontramos nuestra Voluntad continuamos la obra de nuestra Creación, no porque la nuestra sea interrumpida, porque no se hace nuestra Voluntad, no, no, no hay peligro, es porque falta en ellos la causa por la que fueron creados, cual es el hacer nuestra Voluntad, y por tanto no tienen ojos para ver nuestro perfecto equilibrio, que está sobre ellos para equilibrar sus obras y hacerlos inmutables junto con nuestra inmutabilidad, ni oídos para escuchar qué cosa dicen nuestras obras, ni manos para tocarlas y recibir nuestro amor continuado que les ofrecemos, por eso ellos mismos se hacen como extraños en la casa de su Padre Celestial, y nuestros actos continúan, hacen su curso, pero para ellos quedan como suspendidos y sin efectos”.

 

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30-7

Diciembre 14, 1931

 

Quien hace la Divina Voluntad es llevada entre los brazos

de su inmensidad.  El hombre fortaleza de Dios.  Diferencia

entre quien vive y entre quien hace la Divina Voluntad.

 

(1) Estoy siempre de regreso en el Querer Divino.  Mi pequeña alma me parece que toma su vuelo en su luz para consumirse y perder mi vida en ella, ¿pero qué?  Mientras me consumo resurjo a nuevo amor, a nueva luz, a nuevo conocimiento, a nueva fuerza, a nueva unión con Jesús y con su Divina Voluntad.  ¡Oh! feliz resurrección que tanto bien lleva a mi alma, me parece que mi alma en la Divina Voluntad, está siempre en acto de morir para recibir la verdadera vida y formar poco a poco la resurrección de mi voluntad en la suya.  Después mi sumo Bien Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestra Voluntad es el punto primero y el apoyo irremovible e inquebrantable de la criatura, ella es llevada entre los brazos de nuestra inmensidad, de modo que dentro y fuera de ella nada vacila, sino todo es firmeza y fortaleza insuperables, por eso no queremos otra cosa sino que se haga nuestra Divina Voluntad, para encontrar en el fondo de su alma nuestro sagrario divino, el fogón que siempre arde y jamás se apaga, la luz que forma el día divino y perenne.  Y como nuestra Voluntad cuando reina en la criatura se desembaraza de todo lo que es humano, por eso sucede que del centro de su alma nos da actos divinos, honores divinos, oraciones y amor divino, que poseen fuerza invencible y amor insuperable, tanto, que conforme tú en mi Querer querías abrazar todas las obras de aquellos que están en el Cielo, y de las criaturas que están en la tierra, para que todas pidieran que se haga la Divina Voluntad como en el Cielo así en la tierra, todas las obras quedaban marcadas por el gran honor de pedir que mi Fiat sea la vida de cada criatura, y que en ellas reine y domine, y nuestra Divinidad recibía el honor más grande, que todas las obras pidieran la vida, el reino de la Divina Voluntad.  Ningún reescrito de gracia es concedido por Nosotros si no está firmado con la firma de oro de nuestro Querer, las puertas del Cielo no se abren sino a quien quiere hacer nuestra Voluntad, nuestras rodillas paternas no se adaptan a tomar en nuestros brazos, para hacerla reposar en nuestro seno amoroso, sino a quien viene como hija de nuestro Querer.  He aquí por esto la gran diferencia que nuestro Ser Supremo tuvo al crear el cielo, el sol, la tierra y lo demás, con el crear al hombre; en las cosas creadas puso un basta, de modo que no pueden ni crecer ni decrecer, si bien les puso toda la suntuosidad, belleza y magnificencia de obras salidas de nuestras manos creadoras, en cambio al crear al hombre, debiendo tener nuestra sede en él, y por tanto nuestra Voluntad dominante y obrante, no puso un basta, no, sino le di virtud de hacer multiplicidad de obras, de pasos, de palabras, pero una diferente de la otra.  Nuestra Voluntad en el hombre quedaría obstaculizada si no le diera virtud de hacer obras siempre nuevas, no sujeto a hacer una sola obra, de decir la misma palabra, de caminar sobre un mismo camino, él fue creado por Nosotros como rey de la creación, porque debiendo habitar en él su Creador, el Rey de reyes, era justo que aquél que formaba la habitación a nuestro Ente Supremo, debía ser el pequeño rey que debía dominar las mismas cosas creadas por Nosotros, y él mismo por amor nuestro debía tener el poder de hacer no una sola obra, sino muchas obras nuevas, ciencias para poder iniciar cosas nuevas, también para dar honor a Aquél que lo habitaba dentro, y que entreteniéndose con él en familiar conversación, le enseñaba tantas cosas bellas que hacer y que decir.  Por eso nuestro amor al crear al hombre fue insuperable, pero tanto, que debía arrollar todos los siglos para dar amor y pedir amor, y formar en él el reino de nuestra Divina Voluntad.  No tenemos otra mira sobre las criaturas, ni pedimos otro sacrificio, sino que hagan nuestra Voluntad, y esto para darle el derecho de rey de sí mismo y de las cosas creadas, y para poder habitar en él con nuestro decoro y honor como nuestra fortaleza y palacio real que nos pertenece”.

(3) Después de esto, continuando mi abandono en el Querer Divino, mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía buena, tú debes saber que nuestra Voluntad tiene su Vida, su dominio, su sede, su centro, en nuestro Ser Divino, forma una sola cosa con Nosotros y nuestra misma Vida, de su centro emanan sus rayos plenos de su Vida que llena Cielo y tierra.  Ahora quien vive en nuestro Querer, sus actos vienen formados en el centro de su Vida, es decir en nuestro Ser Divino, en cambio quien hace sólo nuestra Voluntad, hace también el bien, pero no vive en Ella, sus actos son formados en los rayos que emanan de su centro.  Hay diferencia entre quien pudiera obrar en la luz que el sol expande del centro de su esfera, y entre quien pudiera subir a su centro de luz, ésta sentiría la consumación de su ser y el resurgimiento de su ser en aquel centro de luz, de modo que le resultaría difícil separarse de dentro de aquella esfera de luz, en cambio los otros que obran en la luz que llena la tierra, no sienten la fuerza intensa de la luz que los consume, ni la fuerza de resurgir en la misma luz, a pesar de que hace el bien, permanece tal cual es.  Tal es la diferencia entre quien vive y quien hace mi Voluntad; por tanto, cuantos actos hace en Ella, tantas veces resurge a Vida Divina, y consume y muere a lo que es humano.  Cuán bellas son estas resurrecciones en el alma, basta decir que vienen formadas por la sabiduría y maestría del Artífice Divino, y esto lo dice todo, todo lo bello y todo lo bueno que podemos hacer de la criatura”.

 

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30-8

Diciembre 21, 1931

 

Un acto continuado es como juez, orden y centinela de la criatura.

Quiénes son las depositarias de Jesús.  Campos y mares divinos.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, su potencia se impone sobre mí, y quiere que yo lo reconozca en cada uno de mis actos, como vida de mi acto, para poder extender con su potencia los nuevos cielos de belleza, de amor, para poder reconocer en mi acto el acto suyo, que no sabe hacer cosas pequeñas sino grandes, que deben maravillar a todo el cielo y que puedan hacer competencia con todas sus obras.  En cambio, si yo no lo reconozco, mi acto no se presta a recibir la potencia del acto de la Divina Voluntad, y mi acto queda acto de criatura y su potencia queda aparte.  ¡Oh! Voluntad Divina, haz que yo te reconozca siempre, para poder encerrar en mi acto tu potencialidad obrante y glorificante de obras de tu Voluntad adorable.  Después, mientras esto pensaba, mi amado Jesús ha hecho su breve visita a mi pobre alma, y me ha dicho:

(2) “Hija mía, el reconocer lo que puede hacer mi Voluntad en el acto de la criatura, forma el acto divino en ella, y en este acto, como fondo pone el principio divino, y conforme se va formando así la inviste de su inmutabilidad, de modo que la criatura sentirá en su acto un principio divino que no termina jamás, y una inmutabilidad que jamás se cambia, oirá en sí el sonido de la campana de su acto continuado que hace su curso continuo.  Esta es la señal si el alma ha recibido en sus actos el principio divino:  ‘La continuación’, un acto prolijo dice que Dios habita en ella y en sus actos, dice confirmación en el bien, porque es tanto el valor, la gracia, la potencia de un acto continuado, que llena los pequeños vacíos de intensidad de amor, las pequeñas debilidades a que la naturaleza humana está sujeta.  Se puede decir que un acto, una virtud continuada es como el juez, el orden, el centinela de la criatura.  Por eso me importa tanto que tus actos sean continuos, porque tienen de lo mío dentro, y  si no son continuos Yo sentiría deshonrado mi acto en el tuyo.  Mira hija mía, es tanto el ímpetu de amor, que quiero ser reconocido en todo lo que he hecho por amor de las criaturas, pero esto no por otra cosa sino para dar, siento una necesidad de dar, quiero formar las depositarias de mi Vida, de mis obras, de mis penas, de mis lágrimas, de todo, pero éstas no salen de Mí si no son reconocidas, con no reconocerlas me impiden el acercarme para poner en ellas lo que con tanto amor quiero dar, y además quedarían sin efectos, serían como tantos ciegos que no ven lo que los rodea.  En cambio, el reconocer es vista al alma, que hace surgir el deseo y el amor, y por lo tanto la gratitud hacia Mí que tanto quiero dar, y con celo custodian mi tesoro depositado en ellas, y en las circunstancias se sirven de mi Vida como guía, de mis obras para confirmar sus obras, de mis penas como sostén de las penas de ellas, y de mis lágrimas para lavarse si están manchadas, y ¡oh! cómo estoy contento de que se sirvan de Mí y de mis obras para ayudarse.  Fue esta mi finalidad al venir a la tierra, para quedar como su hermanito en medio a ellas, y dentro de ellas como ayuda en sus necesidades.  En cuanto me reconocen, Yo no hago otra cosa que reflejar en ellas para sellar el bien que han conocido, casi como sol, que con reflejar, con su luz sobre las plantas y sobre las flores comunica la sustancia de la dulzura y de los colores, no aparentemente sino en realidad.  Entonces, si quieres recibir mucho, trata de conocer lo que hizo y hace mi Voluntad en la Creación, y lo que hizo en la Redención, y Yo seré magnánimo y nada te negaré de lo que te hago conocer.  Es más, debes saber que si no me detengo ahora para hacerte de maestro, para hacerte conocer tantas otras cosas que me pertenecen, es porque quiero darte todavía lo que te hago conocer.  No quedaría contento si no tuviese qué dar, y siempre cosas nuevas para dar a mi hija, por eso espero con ansia que pongas en su lugar en tu alma lo que has conocido, a fin de que lo tengas como cosa tuya, y mientras las pones en su lugar, para ayudarte a ordenarlas te voy acariciando, modelando, fortificándote, ensancho tu capacidad, en suma renuevo lo que hice en la creación de la primera criatura.  Mucho más que siendo cosas mías que tú has conocido y que quiero ponerlas en ti, no quiero fiarme de ninguno, ni siquiera de ti, quiero ser Yo mismo, con mis mismas manos creadoras preparar el lugar y ponerlas en ti, y para tenerlas seguras las circundo con mi amor, con mi fuerza y pongo por guardia mi luz.  Por eso sé atenta, no dejes escapar nada, y así me darás el campo para poderte hacer las más bellas sorpresas”.

(3) Después de esto, mi pequeña inteligencia continuaba navegando el mar interminable de la Divina Voluntad, y mi sumo Bien Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, Nosotros tenemos campos y mares divinos interminables, que están llenos de alegrías, de bienaventuranzas, de bellezas encantadoras de toda especie, y poseen la virtud de hacer surgir alegrías siempre nuevas y bellezas tales, que una no asemeja a la otra, pero en estos nuestros mares y campos divinos, aunque hay cosas y bienaventuranzas innumerables, no tenemos vidas que palpiten, mientras que Nosotros somos vida y latido de todo, también de nuestras alegrías; nos falta el latido de la criatura que palpite en el nuestro y como vida llenen estos nuestros campos y mares innumerables.  Ahora, ¿quieres tú saber quién nos da su vida, no una cosa nueva, pues tenemos tantas?  Quien viene a vivir en nuestra Voluntad, porque Ella, desbordando de Nosotros nos forma nuestros campos y mares divinos, llenos de todas las felicidades posibles e imaginables, y la criatura viene a ellos como vida, y tenemos el gran contento y la gran gloria que nos puede dar una vida, y si bien esta vida ha salido de Nosotros, pero es libre de estar o no estar en nuestros campos divinos, y ella pierde, sacrifica su libertad humana, y en nuestra Voluntad toma la libertad divina, y como vida vive en nuestros campos y mares sin confines.  Y ¡oh! cómo es bello ver esta vida que agranda su puesto en medio a los apretados grupos de nuestras felicidades y alegrías, y en ellas arroja su semilla, su grano de trigo, imagen de su voluntad que ahí forma su espiga, tan alta, pero como realidad, y no aparente, de la vida palpitante y obrante en nuestro campo celestial, o bien como pececito, símbolo también de su voluntad, que como vida palpita, nada en nuestro mar, vive y se nutre, se entretiene, nos hace miles de bromas y recrea, no como alegría sino como vida, a su Creador.  Hay gran diferencia entre aquellas que nos pueden dar nuestras alegrías, y aquellas que nos puede dar una vida.  Y por esto podemos decir:  ‘Nuestros campos están desiertos, nuestros mares están sin peces’.  Porque falta la vida de las criaturas para llenarlos, para poder dar y recibir vida por vida, pero vendrá el tiempo que estarán llenos, y tendremos el pleno contento y la gran gloria de tener en medio a nuestras muchas alegrías, multitudes de vidas que vivirán dentro de estos campos y nos darán vida por vida.

(5) Ahora, tú debes saber que estos nuestros campos y mares están a disposición de aquellos que viven en la tierra y que quieren hacer vida en nuestra Divina Voluntad, no para aquellos que viven en el Cielo, porque ellos no pueden agregar ni siquiera una coma de más de lo que han hecho, estos son las vidas gozosas en nuestros campos divinos, no las vidas obrantes, se puede decir de ellos:  ‘Lo que ha hecho ha hecho’.  En cambio, son las vidas obrantes y conquistantes de la tierra las que suspiramos, y que mientras están en la tierra entren en estos nuestros campos y obren y hagan de conquistadoras en modo divino, mucho más, que desde que el hombre pecó, salió de nuestra Voluntad, y le fueron, con justicia, cerradas las puertas de estos nuestros campos. Ahora queremos abrir estas nuestras puertas, después de tantos siglos, a quien quiera entrar, no forzarlas, sino libremente, para hacerlos poblar estos nuestros campos divinos, para dar una nueva forma, un modo de vida todo nuevo a la criatura, y poder recibir, no obras de ella, sino en cada acto suyo, vida formada en nuestra misma Vida.  Esta es la causa de mi tanto hablar sobre mi Voluntad, la fuerza de mi palabra creadora las dispondrá, les dará el deseo, cambiará la voluntad humana, y sabiendo que quiero abrir las puertas, tocarán, y Yo rápido les abriré a fin de que Yo mismo quede satisfecho, y tenga mi pueblo afortunado que me dará a cambio de mi Vida que he dado por ellos, su vida a cambio de la mía.  Jamás he hablado sin obtener nada, o en vano, hablé en la Creación, y mi palabra sirvió para formar las cosas admirables de todo el universo, hablé en la Redención, y mi palabra, mi Evangelio, sirve de guía a mi Iglesia, sirve de luz, de sostén, se puede decir que mi palabra es la sustancia y mi Vida palpitante en el seno de la Iglesia.  Ahora, si he hablado y hablo todavía sobre mi Divina Voluntad, no será en vano, no, sino que tendré sus admirables efectos, y la Vida de mi Voluntad conocida, obrante y palpitante en medio a las criaturas.  Por eso déjame hacer y Yo dispondré las cosas de modo que mi palabra no será palabra muerta, sino viva, que dará vida con todos sus admirables efectos.  Mucho más, que estos nuestros campos y mares celestiales harán de madre a las almas afortunadas que quieran vivir en ellos, las educarán en modo divino, las nutrirán con alimentos exquisitos tomados de la mesa celestial y las crecerán de manera noble y santas, que en todos sus actos, pasos y palabras se verá claramente escrito:  ‘Son similares a su Creador’.  Dios oirá la melodía de su voz en la palabra de ellas, su potencia en sus obras, su dulce movimiento de los pasos que corren junto a todos porque los quiere consigo, en los pasos de ellos, y como raptado dirá:  ‘¿Quién es quien me asemeja?  ¿Quién sabe imitar mi voz dulce, armoniosa y fuerte de poder sacudir Cielo y tierra?  ¿Quién tiene tanta fuerza de raptarme en sus obras para hacerme obrar junto con ella?  ¿Quién es?  ¿Quién es?’  ¡Ah! es quien vive en nuestros campos divinos, es justo que nos asemeje en todo, por cuanto a criatura es posible, es nuestra hija, y basta, dejémosla que nos imite, que nos asemeje, será nuestra gloria de nuestra obra creadora, la suspirada de su Padre Celestial, estas almas formarán la nueva jerarquía en la patria celestial, donde hay un puesto reservado para ellos, que a ningún otro es dado ocupar”.

 

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30-9

Diciembre 25, 1931

 

Deseo de Jesús de la compañía de la criatura.  Extrema necesidad del

niño Jesús de ser amado con amor divino por su Madre Celestial.

 

(1) Me siento como inundar por el mar de luz de la Divina Voluntad, ¡oh! cómo quisiera ser en verdad el pececito en este mar, de modo de no ver mas que luz, tocar, respirar, vivir de luz, ¡oh! cómo sería feliz de oírme decir que soy la hija del Padre Celestial.  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi querida vida, el dulce y soberano Jesús, visitando mi pequeña alma, hacía ver que de dentro de su adorable persona salían mares de luz interminable, y de dentro de ella salían almas que poblaban la tierra y todo el Cielo, y Jesús llamándome me ha dicho:

(2) “Hija mía, ven en esta luz, aquí te quiero, la virtud de mi luz, su movimiento como fuente de vida, no hace otra cosa que hacer salir de dentro de su seno de luz almas, es decir, vida de criaturas, su potencia es tanta, que conforme se mueve hace salir almas, y Yo quiero a mi amada junto Conmigo, en el seno de mi luz, es decir de mi Voluntad, porque conforme las almas vengan formadas y salgan fuera, no quiero estar solo, quiero tu compañía a fin de que reconozcas el gran portento de la creación de las almas, nuestro amor excesivo, y como te quiero en mi Voluntad quiero ponerlas en ti, confiártelas, no dejarlas solas mientras peregrinan la tierra, quiero tener junto Conmigo quién me las proteja y defienda.  ¡Oh! cómo es dulce la compañía de quien tiene cuidado de las vidas salidas de Mí, me es tan grato, que hago, a quien vive en mi Voluntad, depositaria de la creación de las almas, canales por los cuales las hago salir a la luz, y canales para hacerlas entrar de nuevo a nuestra patria celestial.  Todo quiero dar a quien quiere vivir en mi Fiat, su compañía, necesidad a mi amor, a mis desahogos y a mis obras, que quieren ser reconocidas; hacer y no ser reconocidas, son como obras que no saben producir triunfo, ni cantar victoria y gloria.  Por eso no me niegues tu compañía, negarías un desahogo de amor a tu Jesús, y a mis obras les faltaría el cortejo y el contento de la criatura, y quedarían como obras aisladas, y mi amor contenido se cambiaría en justicia”.

(3) Después de esto estaba pensando en el nacimiento del Niñito Jesús, especialmente en el acto cuando salió del seno materno, y el celestial Infante me ha dicho:

(4) “Hija queridísima, tú debes saber que en cuanto salí del seno de mi Mamá sentí la necesidad de un amor y afecto divinos.  Yo dejé a mi Padre Celestial en el Empíreo, que nos amábamos con amor todo divino, todo era divino entre las Tres Divinas Personas:  Afectos, santidad, potencia, y así de lo demás.  Ahora, Yo no quise cambiar modos viniendo a la tierra, mi Divina Voluntad me preparó la Madre Divina, de modo que tuve Padre Divino en el Cielo, y Madre Divina en la tierra, y en cuanto salí del seno Materno, sintiendo extrema necesidad de estos afectos divinos, corrí a los brazos de mi Mamá para recibir, como el primer alimento, el primer respiro, el primer acto de vida a mi pequeñita humanidad, su amor divino, y Ella hizo salir de Sí los mares de amor divino que mi Fiat había formado en Ella, y me amó con amor divino, como me amaba mi Padre en el Cielo.  Y ¡oh! cómo estuve contento, encontré mi paraíso en el amor de mi Mamá.  Ahora, tú sabes que el verdadero amor jamás dice basta, si pudiera decir basta perdería la naturaleza del verdadero amor divino, y por eso, desde los brazos de mi Madre, mientras tomaba el alimento, el respiro, el amor, el paraíso que Ella me daba, mi amor se extendía, se hacía inmenso, abrazaba los siglos, buscaba, corría, llamaba, deliraba, porque quería las hijas divinas, y mi Voluntad para tranquilizar a mi amor, me presentó a mis hijas divinas, que en el transcurso de los siglos me habría formado, y Yo las miré, las abrasé, las amé y recibí el respiro de sus afectos divinos, y vi que la Reina Divina no habría quedado sola, sino que habría tenido la generación de mis y sus hijas divinas.  Mi Voluntad sabe cambiar y dar la transformación y formar el noble injerto de humano en divino.  Por eso cuando te veo obrar en Ella, me siento dar y repetir el paraíso que me dio mi Mamá cuando de niño me recibió en sus brazos.  Quien hace y vive en mi Divina Voluntad, hace surgir y forma la dulce y bella esperanza de que su reino vendrá sobre la tierra, y Yo me deleitaré en el paraíso de la criatura que mi Fiat ha formado en ellas”.

(5) Y mientras mi mente continuaba pensando en lo que Jesús me había dicho, con un amor más intenso y tierno ha agregado:

(6) “Mi buena hija, nuestro amor corre continuamente hacia la criatura, nuestro movimiento amoroso que no cesa jamás corre en el latido del corazón, en los pensamientos de la mente, en el respiro de los pulmones, en la sangre que circula, corre, corre siempre y vivifica con nuestra nota y movimiento de amor el latido, el pensamiento, el respiro, y quiere el encuentro del amor palpitante, del respiro amante, del pensamiento que recibe y nos da amor, y mientras nuestro amor corre con rapidez inalcanzable, el amor de la criatura no se encuentra con el nuestro, se queda atrás, y no sigue la carrera de nuestro amor que corre sin jamás detenerse, y no viéndonos ni siquiera seguir mientras continuamos a girar en el latido, en el respiro, en todo el ser de la criatura, delirantes exclamamos:  ‘Nuestro amor no es conocido, ni recibido, ni amado por la criatura, y si lo recibe es sin conocerlo’.  ¡Oh! cómo es duro amar y no ser amado.  Sin embargo si nuestro amor no corriera, cesaría al instante la vida de ellas; sucedería como al reloj:  si tiene cuerda hace oír su tic tac, y admirablemente señala las horas y los minutos, y sirve para mantener el orden del día, el orden público, si termina la cuerda, el tic tac no se oye más, queda detenido, como sin vida, y puede haber muchos desordenes por causa del reloj que no camina.  La cuerda de la criatura es mi amor, que conforme corre esta cuerda celestial, late el corazón, circula la sangre, forma el respiro, se pueden llamar las horas, los minutos, los instantes del reloj de la vida de la criatura, y al ver que si no hago correr la cuerda de mi amor, no pueden vivir, y no obstante que no soy amado, mi amor continúa su curso, pero poniéndose en actitud de amor doloroso y delirante.  Ahora, ¿quién nos quitará este dolor y endulzará nuestro delirio amoroso?  Quien tendrá por vida nuestra Divina Voluntad.  Ella como vida formará la cuerda en el latido, en el respiro y así de lo demás de la criatura, formará el dulce encuentro con nuestro amor, y nuestra cuerda y la de ellas caminarán juntas.  Nuestro tic continuo será seguido del tac de ellas, y nuestro amor no estará más solo en el correr, sino que tendrá su curso junto con la criatura.  Por eso no quiero otra cosa, que Voluntad mía, Voluntad mía en la criatura”.

 

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30-10

Enero 3, 1932

 

Certeza de la venida del reino de la Divina Voluntad a la tierra.  Todas

las dificultades se derretirán como nieve frente a un sol ardiente.

La voluntad humana es la estancia oscura de la criatura.

 

(1) Mi abandono continúa en el Fiat Divino, pero me sentía preocupada por el pensamiento, ¿cómo podrá venir este reino de la Voluntad Divina?  El pecado abunda, los males empeoran, las criaturas me parecen indispuestas para recibir un bien tan grande, tanto, que no hay alma, por cuan buena fuera, que verdaderamente quiera ocuparse en hacer conocer lo que respecta a la Divina Voluntad.  Si Dios no obra un prodigio de su Omnipotencia, el reino del Fiat Divino podrá estar en el Cielo, pero para la tierra es inútil pensarlo.  Mientras esto y otras cosas pensaba, mi amado Jesús haciendo su acostumbrada visita a mi alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo es posible para Nosotros.  Las imposibilidades, las dificultades, los obstáculos insuperables de las criaturas, se disuelven ante nuestra Majestad Suprema como nieve frente a un sol ardiente; todo está en si Nosotros queremos, todo lo demás es nada.  ¿No sucedió así en la Redención?  El pecado abundaba más que nunca, apenas un pequeño núcleo de gente suspiraba al Mesías, y en medio de este núcleo, cuántas hipocresías, cuántos pecados de todas las especies, frecuentemente idolatraban, pero estaba decretado que Yo debía venir a la tierra, y frente a nuestros decretos, todos los males no pueden impedir lo que queremos hacer.  Un acto solo de nuestra Voluntad nos glorifica más de lo que nos ofenden todos los males y pecados que cometen las criaturas, porque nuestro acto de Voluntad es divino e inmenso, y en su inmensidad abraza toda la eternidad, todos los siglos, se extiende a todos; por eso no es de nuestra infinita sabiduría el no dar vida a un solo acto de nuestra Voluntad por los males de las criaturas, Nosotros nos ponemos de nuestro lado divino y hacemos lo que debemos hacer, y a las criaturas las dejamos en el lado humano, y haciendo de Soberanos, señoreamos todo y a todos, aun sobre el mal, y ponemos fuera nuestros decretos.

(3) Ahora, así como fue decreto nuestro mi venida sobre la tierra, así es decreto nuestro el reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, más bien se puede decir que el uno y el otro es un solo decreto, y que habiendo cumplido el primer acto de este decreto, nos queda por cumplir el segundo.  Es verdad que nos sujetamos a la buena disposición de las criaturas para dar el gran bien que puede producir un acto de nuestra Voluntad, y por eso, a lo más tomamos tiempo y nos abrimos camino en medio a sus males para disponerlos.  Es verdad que los tiempos son tristes, los mismos pueblos están cansados, se ven cerrados todos los caminos, no encuentran caminos de salida, aun para los necesarios medios naturales, las opresiones, las exigencias de los gobernantes son insoportables, justa pena por haber elegido por gobernantes hombres sin Dios, de mala vida, sin justo derecho para ser cabezas, que merecían más una cárcel que el derecho de regir.  Muchos tronos e imperios han sido arrollados, y los pocos que han permanecido están todos vacilantes y a punto de destruirse, así que la tierra permanecerá casi sin rey, en manos de hombres inicuos.  Pobres pueblos, pobres hijos míos, bajo el régimen de hombres sin piedad, sin corazón, y sin la gracia de poder servir de guía a sus dependientes; se está repitiendo la época del pueblo hebreo, que cuando Yo estaba próximo a venir sobre la tierra, estaba sin rey, y estaba bajo el dominio de un imperio extranjero, hombres bárbaros e idólatras que ni siquiera conocían a su Creador, sin embargo era esta la señal de mi próxima venida en medio a ellos.  Entre aquella época y ésta, en muchas cosas se dan la mano, y la desaparición de los tronos y de los imperios, es el anuncio de que el reino de mi Divina Voluntad no está lejano.  Debiendo ser una reino universal, pacífico, no habrá necesidad de rey que lo domine, cada uno será rey para sí mismo; mi Voluntad será para ellos ley, guía, sostén, vida y Rey absoluto de todos y de cada uno, y todas las cabezas arbitrarias y sin derecho se reducirán a pedazos, como polvo al viento.  Las naciones continuarán debatiéndose entre ellas, quién para guerra, quién para revoluciones entre ellas y contra mi Iglesia, tienen un fuego que las devora en medio a ellas que no les da paz, y no saben dar paz, es el fuego del pecado y el fuego del hacer sin Dios lo que no les da paz, y no harán jamás la paz si no llaman a Dios en medio a ellos, como régimen y vínculo de unión y de paz, y Yo los dejo hacer, y haré tocar con la mano qué significa hacer sin Dios.  Pero esto no impide que venga el reino de mi Fiat Supremo, estas son cosas de la criatura, del bajo mundo, que mi potencia cuando quiere, arroja por tierra y destruye, y hace surgir de la tempestad el cielo más sereno y el sol más refulgente.  En cambio, el reino de mi Divina Voluntad es de lo alto, de los Cielos, formado y decretado en medio a las Divinas Personas, ninguno nos lo pueda tocar ni destruir.  Primero lo trataremos con una sola criatura, formando el primer reino en ella, después con pocos, y después, haciendo uso de nuestra Omnipotencia lo divulgaremos por todas partes.  Estate segura, no te preocupes porque los males empeorarán, nuestra potencia, nuestro amor vencedor que tiene virtud de siempre vencer, nuestra Voluntad que todo puede y que con paciencia invicta sabe esperar incluso siglos, pero lo que quiere y debe hacer vale más que todos los males de las criaturas; ante su potencia invencible y su valor infinito, serán como gotitas de agua los males de ellas, como tantas pequeñeces que servirán al triunfo de nuestro amor y a la mayor gloria de nuestra Voluntad cumplida.  Y después, cuando tengamos la gran gloria de formar este reino dentro de una sola criatura, ella será como sol, que todos tienen derecho de gozar y poseer su luz, más que sol dará el derecho a todas las criaturas de hacer poseer un reino tan santo, y Nosotros con sabiduría infinita abundaremos de gracias, de luz, de ayudas, de medios sorprendentes, para que hagan reinar el reino de mi Voluntad en medio a ellos.  Por eso déjame hacer, si te lo ha dicho Jesús, es suficiente, es como si ya estuviera hecho.  Todas las criaturas y todos los males juntos no tienen poder ni derecho sobre nuestra Voluntad, ni pueden impedir un solo acto de nuestra Voluntad querida con decretos de nuestra sabiduría”.

(4) Después seguía pensando en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, mi Voluntad es luz, la voluntad humana es la estancia oscura en la cual vive la pobre criatura; en cuanto mi Querer entra en esta estancia oscura, así queda toda investida de esta luz que todo ilumina, incluso los más remotos y pequeños escondites del alma.  Se hace luz del pensamiento, de la palabra, de las obras, de los pasos, pero con una diversidad maravillosa; el pensamiento toma una variedad de colores animados por la luz, la palabra toma otra variedad de colores, la acción, el paso, otras variedades de colores, y conforme repite el pensamiento, la palabra, la acción, el paso, animados por la luz de mi Voluntad, así se forman los matices de los colores divinos, y la belleza es que todos los colores están animados por la luz.  ¡Oh! cómo es bello ver a la criatura animada por el arco iris de nuestros colores divinos, es una de las escenas más bellas que ella nos presenta, y nos hace gozar, la miramos y vemos que no son otra cosa que los reflejos de nuestros pensamientos, de nuestras acciones, y así de lo demás, que ha formado la variedad de nuestros colores divinos, y nuestra Voluntad  que hace alarde de luz en los actos de la criatura, que con su dulce encanto nos rapta y nos hace espectadores de nuestros actos, y ¡oh! cómo esperamos con todo amor la repetición de estas escenas tan bellas y deleitables”.

 

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30-11

Enero 7, 1932

 

La Divina Voluntad puede ser querida, ordenada,

obrante y cumplida.  Ejemplo:  La Creación.

 

(1) Continúo siguiendo al Querer Divino, lo siento siempre sobre de mí, en acto de encerrase en mis actos para tener el contento de decirme:  “Tu acto es mío, porque dentro está mi Vida que lo ha formado”.  Me parece que con una paciencia invicta, pero paciencia amorosa, dulce, amable, que rapta mi pobre alma, numera, observa cuando debo obrar, dar un paso y lo demás, para encerrar su Vida obrante y el mover su paso en el mío, como si se quisiera encerrar en mi acto, si bien permanece inmensa cual es.  ¿Pero quién puede decir lo que experimento y siento bajo el imperio de la Divina Voluntad?  Soy siempre la pequeña ignorante que apenas sé decir el a, b, c, de la Divina Voluntad.  En muchas cosas me faltan las palabras, mientras que mi mente está llena y quién sabe cuántas cosas quisiera decir, pero hago por decirlo y no encuentro las palabras para expresarme, y por eso sigo adelante.  Después, mi dulce Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi Voluntad tiene modos sorprendentes y diferentes de obrar, y obra según las disposiciones de las criaturas.  Muchas veces hace conocer lo que Ella quiere, pero deja a decisión de las criaturas el hacerlo o no hacerlo, y ésta se llama Voluntad querida.  Otras veces, al querer agrega la orden, y da gracias duplicadas para hacer que se cumpla dicha orden, y esto es de todos los cristianos, el no hacer esto significa no ser ni siquiera cristianos.  El otro modo es obrante, en éste, desciende en el acto de la criatura y obra como si el acto de la criatura fuera acto suyo, y por eso como acto suyo pone en él su Vida, su santidad, su virtud operativa; pero para llegar a esto, el alma debe estar habituada a la Voluntad querida y ordenada, éstas preparan el vacío en el acto humano para recibir el acto obrante del Fiat Divino, pero no se detiene ahí, el acto obrante llama al acto cumplido y completo, y éste es el acto más santo, más potente, más bello, más refulgente de luz que puede hacer mi Divina Voluntad, y siendo su acto completo, todo lo que ha hecho viene encerrado en este acto, de modo que se ve correr y encerrado en él:  El cielo, el sol, las estrellas, el mar, las bienaventuranzas celestiales, todo y todos”.

(3) Y yo como sorprendida:  “¿Pero cómo puede ser que un solo acto pueda encerrar todo?  Parece increíble”.

(4) Y Jesús ha agregado:  “¿Cómo que increíble?  ¿No puede acaso mi Voluntad hacer todo y encerrar todo, tanto en el grande como en el más pequeño acto?  Tú debes saber que en los actos cumplidos de mi Voluntad, entra la inseparabilidad de todo lo que ha hecho y hará, de otra manera no sería un acto solo, sino que estaría sujeto a sucesión de actos, lo que no puede ser, ni en nuestro Ser Divino, ni en nuestra Voluntad, y la Creación es un ejemplo palpable:  Todas las cosas creadas son inseparables entre ellas, pero distintas una de la otra, mira el cielo, acto cumplido del Fiat, el cual por la parte de arriba sirve de escabel a la patria celestial, donde corren todas las felicidades y alegrías, ocupado por todos los ángeles y santos y donde formamos nuestro trono.  Ese mismo cielo forma la bóveda azul sobre la cabeza de las criaturas, y en el mismo espacio se ven multitud de estrellas, pero no se extienden más allá del cielo; más abajo está el sol, el viento, el aire, el mar, pero bajo aquel mismo espacio de cielo, y mientras cada uno hace su oficio, es tanta su inseparabilidad, que al mismo tiempo y en el mismo lugar se siente y se ve que el sol golpea con su luz, el viento sopla y da sus ráfagas refrescantes, el aire se hace respirar, el mar hace oír su murmullo, parece que están fundidos juntos, tanta es su inseparabilidad, tanto, que la criatura en el mismo tiempo y lugar puede gozar el cielo, el sol, el viento, el mar, la tierra florida.  Los actos cumplidos de mi Divina Voluntad no están sujetos a separarse, porque de la Voluntad única de donde han salido, han salido con la fuerza y potencia unitiva, por eso no es ninguna maravilla si en los actos cumplidos que hace en la criatura encierra todo, y se ven delineadas como si se pudiera ver dentro de un vidrio todas sus obras, mientras que cada cosa está en su lugar, pero se reflejan con una potencia admirable en el acto cumplido de mi Voluntad en el acto de la criatura.  Es esta la razón que en un acto cumplido de mi Voluntad, tanto en la criatura como fuera de ella, es tanto el valor, que por cuanto damos quedamos siempre por dar, porque no tiene la capacidad de tomar todo el valor que contiene.  Se llena hasta el borde, derrama fuera, se forma los mares alrededor, ¿y qué cosa ha tomado?  Se puede decir que poquísimo, porque este acto encierra el infinito y la criatura es incapaz de tomar el valor de un acto infinito de mi Fiat Divino, sería más fácil que encerrara toda la luz del sol en el breve giro de su pupila, lo que también es imposible, puede llenarse el ojo de luz, pero cuántos mares de luz no quedan fuera de su pupila, ¿por qué?  Porque hay un Fiat Divino en aquel sol, por lo cual a todas las pupilas no les es dado encerrarlo, tomarán cuanta luz quieran, pero agotarla jamás; tendrán siempre qué tomar; verdadera imagen de un acto cumplido de mi Voluntad en la criatura.  Por eso sé atenta y haz que Ella sea la vida en tus actos”.

 

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30-12

Enero 12, 1932

 

Giro en la Divina Voluntad.  Garantías, anticipos y compromisos

por parte de las criaturas.  Capital de parte del Creador.  Eco

que forma la Divina Voluntad en las criaturas.

 

(1) Estaba según mi costumbre haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, sentía que en Ella y con Ella podía abrazar todo, recordar todo, admirar todo lo que había hecho la Divina Voluntad.  Era el teatro infinito que se presentaba ante mi pequeña mente, que con escenas divinas e innumerables, hacía gustar dulzuras indecibles y las escenas más bellas y encantadoras que la potencia del Fiat Divino ha puesto fuera, en el giro de la Creación, Redención y Santificación.  Parece que es un giro que ha hecho en el curso de los siglos, y en este giro ha hecho tantas cosas bellas, maravillosas, de hacer estremecer Cielo y tierra, y este giro lo ha hecho para hacernos girar a nosotros alrededor, para hacernos conocer cuánto puede hacer, y sabe hacer por amor nuestro.  Entonces, mientras giraba en el giro infinito del Querer Divino, mi amable Jesús visitando a su pequeña recién nacida me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, si tú supieras cuánto gozo al verte girar en el infinito giro de mi Fiat Supremo, y al ver que te detienes como suspendida frente a sus prodigios, a sus obras admirables y adorables, a sus escenas encantadoras y que raptan, en mi ímpetu de amor digo:  ‘Cómo estoy contento de que mi hija sea espectadora y goce las escenas admirables de Aquélla que la ha creado.’  Pero esto no basta, tú debes saber que para adquirir una propiedad, se requiere que quien la quiere ceder, debe dar la libertad a quien debe tomarla, de visitarla, llevarla casi de la mano para hacerle conocer todos los bienes que hay en ella, las fuentes que posee, la rareza y preciosidad de las plantas, la fertilidad del terreno, y esto sirve para enamorar a quien la debe adquirir; y quien debe adquirirla es necesario que dé los anticipos, haga los compromisos relevantes para comprometer a aquél que debe ceder la propiedad, a fin de que no pueda retractarse.

(3) Ahora, hija bendita, queriendo dar el reino de mi Divina Voluntad, es necesario que tú gires en sus propiedades divinas, y Yo, llevándote de la mano, te hago conocer sus mares interminables, los bienes, los prodigios, las maravillas sorprendentes, las alegrías, las felicidades, cosas todas de valor infinito que posee, a fin de que tú conociéndolo lo ames, y te enamores tanto, que no sólo no sabrías vivir si él, sino que darías la vida para adquirir un reino tan santo, pacífico y bello.  Pero no es todo aún, se requiere tu parte, tus garantías, tus anticipos y compromisos.  Y nuestro amor y bondad es tanta, que quieren dar nuestra Voluntad como propiedad que le pertenece a la criatura, que pone a su disposición lo que Ella ha hecho, a fin de que se sirva de ello como garantías y compromisos equivalentes para recibir un don tan grande.  Ahora, cuando tú giras en la Creación y ves el cielo y te regocijas al ver la bella bóveda azul tapizada de estrellas, el sol rebosante de luz, y reconozcas y sientas al Fiat Divino palpitante todavía, que lo ha creado por amor de las criaturas, y tú haciendo salir de tu corazón tu pequeño amor, ama a Aquél que tanto te ha amado, tu amor se sella en el acto del cielo, en la luz del sol, y nos da como prenda el cielo, por anticipo las estrellas, por compromiso el sol, porque fue creado para ti, y basta que poseas como vida tuya nuestra Voluntad, y ya todo es tuyo y puede ser el válido compromiso para obtener su reino.  Y así conforme gires en todas las otras cosas creadas, las reconozcas y nos ames, y cuantas veces repitas tus giros, tantas veces repites las prendas, haces los compromisos, y nos comprometes a disponer las cosas, a dar gracias, ayudas, para dar como reino el gran don del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra.  Nosotros sabemos que la criatura no tiene qué darnos, y nuestro amor se impone para darle nuestros actos como si fueran suyos, poniendo en sus manos nuestras obras como moneda divina, para que tenga medios suficientes para poder contratar con nuestro Ser Supremo.  Pero si no tiene nada, tiene su pequeño amor, desprendido del nuestro en el acto de crearla, por eso tiene una partecita del amor infinito de Dios, y cuando la criatura nos ama, pone el infinito en actitud, sentimos la fuerza magnética de la partecita de nuestro amor infinito, que haciéndose sentir nos ama en ella, se eleva, se extiende, llega hasta Nosotros y quiere entrar en el infinito de donde salió, ¡oh! cómo nos rapta, y en el ímpetu de nuestro amor decimos:  ‘¿Quién puede resistir a la fuerza de nuestro amor infinito que sale de la criatura y nos ama?’  Dar cielos y tierra nos parece poco para corresponderla por su pequeño amor, que si bien es pequeño, posee la partecita del infinito, y esto nos basta.  ¡Oh! cómo es dulce y querida la preciosa prenda del amor de la criatura, y como no hay cosa que en el giro de los siglos no haya salido de nuestra Voluntad, tu girar en la creación del hombre es una visita que le haces, para conocer lo que obró, y conocer en qué mares de gracias, de santidad, de amor fue puesto en el acto de ser creado, y tú quisieras hacer todo tuyo aquel amor para amarnos, y nos comprometes con los mismos actos con los cuales creamos al hombre.  Y así cuando giras en la creación de la Virgen, en sus mares de gracias, en mi venida a la tierra y en todo lo que Yo hice y sufrí, tú pones por compromiso a la Reina del Cielo, mi misma Vida y todos mis actos.  Mi Voluntad es todo, y para darse a la criatura quiere ser reconocida, quiere tener qué hacer, quiere contratar con ella, y cuanto más la visites en sus actos, tanto más se encuentra empeñada y comprometida y comienza el desembolso de su capital; todas las verdades, los conocimientos que te he dado sobre la Divina Voluntad, ¿no ha sido acaso capital que he puesto en tu alma?  Y es tan exuberante, que puede llenar de luz, de amor, de santidad, de gracias, de paz, todo el mundo entero, ¿y no ha sido acaso después de un giro que has hecho en sus actos, que ya te esperaba con todo amor para darte sus prendas y anticipos de que su reino habría venido sobre la tierra?  Tú dabas tus prendas y mi Fiat te daba las suyas, se puede decir que cada verdad y palabra que decía respecto a Él, eran disposiciones que tomaba de cómo formar este reino, leva que llamaba para formar su ejército, capital que desembolsaba para mantenerlo, alegrías y delicias para atraerlos, fuerza divina para vencerlos, porque primero Nosotros hacemos los actos, ordenamos todo, y después mostramos y hacemos conocer los actos que hemos hecho.  Y como este bien lo queremos dar a las criaturas, es necesario, justo y razonable que nos entendamos al menos con una criatura, a fin de que de una pase a la otra.  Nosotros no hacemos nuestras obras en el aire, sino queremos un pequeño apoyo donde formar nuestras obras más grandes, ¿no fue nuestro pequeño apoyo la Reina del Cielo en la obra grande de la Redención, que después se extendió a todos y a quien la quiera?  Por eso tu vuelo en mi Voluntad sea continuo, a fin de que intercambiemos, tú tus garantías y Ella sus capitales, para acelerar su reino sobre la faz de la tierra”.

(4) Después de esto me sentía más de lo acostumbrado toda inmersa en el Fiat Divino, y mi soberano Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, rápidamente se conoce cuando mi Divina Voluntad obra en el alma, en cuanto Ella obra extiende en el ser humano suavidad, dulzura, paz, fortaleza, firmeza, antes de que obre sopla e imprime su Fiat Omnipotente, el cual extiende su cielo en torno a la obra que quiere hacer, parece que sin su cielo mi Voluntad no sabe obrar, y mientras obra hace resonar su eco dulce, armonioso en las Tres Divinas Personas, poniéndolas al día de lo que está haciendo en el alma, porque siendo una la Voluntad que está obrando en ella, con la de las Divinas Personas, sucede que lo que hace en las Divinas Personas, hace resonar su eco potente en la criatura, y en este eco le lleva los admirables secretos, las dulzuras inefables, el amor inseparable, como se aman las Divinas Personas, el dulce acuerdo entre Ellas.  Este eco es el portador de las cosas más íntimas del Ente Supremo a la criatura; donde está obrando mi Voluntad, el eco de uno se funde en el otro, el de arriba se hace revelador divino, aquel de abajo, resonando en Dios, tiene virtud de hablar potentemente con los modos divinos del bien de las criaturas y del mismo amor con que Ellos la quieren.  Mi Voluntad con su potencia forma las dulces cadenas, y funde y transforma a Dios y a la criatura, de manera que Dios se siente rehecho en la criatura, y ella se sienta rehecha en Dios.  ¡Oh! Voluntad mía, cómo eres admirable y potente, extiende tus dulces cadenas y ata a Dios y a las criaturas, a fin de que todos regresen a mi seno divino”.

 

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30-13

Enero 12, 1932

 

Modos dominantes, hablantes y felicitantes de la Divina Voluntad.

Cómo el cielo queda atrás.  Victoria de Dios y conquista de la

criatura.  La Divina Voluntad recolectora de sus obras.  Ejemplo

de una madre que llora a su hijo lisiado.

 

(1) Mi pequeña alma continúa navegando el mar interminable del Fiat Divino, y ¡oh! cómo quedo sorprendida, porque mientras me parece que he hecho un largo camino, hago por mirar y no encuentro otra cosa que pocos pasos en comparación de los que me quedan por hacer.  Su interminabilidad es tanta, que aunque debiera caminar siglos me encontraría siempre al principio, y hay tanto por conocer del Querer Divino, que encontrándome en su mar me siento siempre la pequeña ignorante que apenas ha aprendido las vocales de la Divina Voluntad, y tal vez las consonantes las iré a aprender en la patria celestial, que espero alcanzar pronto.  ¡Oh! cómo quisiera mover a piedad a todo el Cielo, para que termine mi largo exilio; pero del resto ¡Fiat! ¡Fiat! ¡Fiat! Y mi siempre amable Jesús, teniendo compasión de mí, me ha estrechado entre sus brazos diciéndome:

(2) “Hija bendita, ánimo, no te aflijas demasiado, por ahora quiero que tu Cielo sea mi Divina Voluntad, Ella será tu patria celestial en la tierra, y no dejará de felicitarte y de darte las puras alegrías de allá arriba; donde Ella reina tiene múltiples modos para dar nuevas sorpresas de alegrías, de contentos, para hacer que el alma que la posee pueda gozar su paraíso en la tierra, y por eso ahora toma modos dominantes, y su dominio se extiende en la mente, en la palabra, en el corazón, en todo el ser de la criatura, hasta en el más pequeño movimiento, y ¡oh! cómo es dulce su dominio, es dominio y vida, es dominio y fuerza, es dominio y luz que se hace camino, y su luz aleja las tinieblas, quita las barreras que pueden impedir el bien, y su dominio pone en fuga a los enemigos, en suma, la criatura se siente llevada por el dominio de la Divina Voluntad, y mientras es dominada queda dominadora de sí misma, de sus actos y de la misma Divina Voluntad que mientras domina e impera, es tanta su suavidad, fuerza y dulzura, que se funde con la criatura y quiere que domine junto, porque su dominio es pacífico, y a todos los actos que hace la criatura da su beso de paz dominante.  Este beso, suavidad y dulzura raptan la voluntad humana en la Divina y extienden el dominio juntos para formar el reino divino en el fondo del alma.  No hay cosa más bella, más querida, más grande, más santa, que sentir correr el dominio de mi Voluntad en todos los actos, y en todo el conjunto de la criatura, podría decir que el Cielo queda atrás ante el dominio de mi Voluntad en el corazón de la criatura viadora, porque en los santos no tiene nada qué agregar, no queda otra cosa que hacerlos felices continuamente; en cambio en el alma viadora hay obras que puede hacer, nueva vida que puede infundir, nuevas conquistas que puede adquirir para agrandar y extender mayormente su dominio.  El dominio total de mi Voluntad Divina en la criatura es nuestra victoria continuada, por cada acto suyo que hace en ella con su dominio, tantas victorias hacemos, y la criatura queda vencedora de mi Divina Voluntad en sus actos; en cambio en el Cielo no tenemos nada qué vencer, porque todo es nuestro, y cada bienaventurado cumple su trabajo en el acto de expirar, por eso nuestra obra conquistante es sobre la tierra, en las almas viadoras, no en el Cielo; en el Cielo no tenemos ni qué perder ni qué adquirir.

(3) Ahora, cuando mi Divina Voluntad se ha asegurado su total dominio en la criatura, toma su modo hablante, tú debes saber que cada palabra suya es una creación, donde Ella reina no sabe estar ociosa, y como posee la virtud creadora no sabe hablar si no crea, ¿pero qué cosa crea?  Quiere crearse a Sí misma en la criatura, quiere hacer desahogo de sus cualidades divinas, y lo hace palabra por palabra, casi como hizo en la Creación del universo, en que no dijo una sola palabra, sino tantas palabras por cuantas cosas distintas quiso crear.  El alma nos cuesta más que todo el universo, y cuando está segura de su dominio, no ahorra sus palabras, más bien, conforme la criatura recibe el acto de su palabra creadora, así ensancha su capacidad y prepara otra.  Así que habla y crea la luz, habla y crea la dulzura, habla y crea la fuerza divina, habla y crea su día de paz, habla y crea sus conocimientos, cada palabra suya es portadora de creaciones del bien que Ella posee y revela; su palabra se hace anunciadora de los bienes que quiere crear en el alma.  ¿Quién puede decirte el valor que posee una sola palabra de mi Divina Voluntad?  ¿Y cuántos cielos, mares de riquezas, variedad de bellezas pone en la afortunada criatura que posee su dulce y feliz dominio?

(4) Ahora, después del trabajo surge la alegría, la felicidad.  Mi Voluntad por su naturaleza está llena de alegrías innumerables, Ella ve a la criatura que se ha prestado a recibir la creación de sus palabras y, ¡oh! cómo se siente feliz, porque ve que cada creación recibida da a luz una alegría y felicidad sin fin, y Ella pasa del modo hablante al modo felicitante, y para hacer que la criatura goce de más, no se aparta, no, sino que se felicita junto, y para hacerla gozar más, le va explicando la naturaleza y diversidad de las alegrías que ha creado en su alma sólo porque la ama y quiere verla feliz, y como las alegrías, la felicidad, en la soledad no son plenas, parece que mueren, por eso me deja junto contigo para poderte felicitar siempre y preparar las nuevas alegrías con el trabajo de mi palabra creadora.  Por eso nuestra única fiesta y felicidad que tenemos sobre la tierra, es el alma que se hace poseer por el dominio de mi suprema Voluntad, en ella encuentra lugar nuestra palabra, nuestra Vida, nuestras alegrías, se puede decir que la obra de nuestras manos creadoras está en el orden, donde fue establecido por nuestra sabiduría infinita, esto es en nuestra Divina Voluntad, está en su puesto de honor.  Por el contrario quien se hace dominar por la voluntad humana, está en el desorden y es nuestro continuo fallo de nuestra obra creadora.  Por eso sé atenta hija mía, y haz feliz a quien quiere volverte feliz en el tiempo y en la eternidad”.

(5) Después de esto continuaba nadando en el mar de luz del Fiat Divino, me sentía ahogar de luz, y eran tantos sus conocimientos, que yo no sabía a cuáles de ellos poner atención, dada mi pequeñez no sabía dónde ponerlos, y se perdían en su misma luz, y yo quedaba sorprendida sin saber de nada, y mi dulce maestro Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, mi Voluntad es la recolectora de todas sus obras, en su luz todo esconde, con su luz las defiende y pone a salvo todas sus obras, esta luz, ¿cuánto no hace por poner a salvo a la criatura, a la obra más bella de nuestras manos creadoras, y para hacerla regresar bella, preciosa como la sacamos?  La recoge en su seno de luz, y le pone tanta luz encima, de hacerle desaparecer todos los males:  Si está ciega, por vía de luz le da la vista; si está muda, por vía de luz le quiere dar la palabra; la luz la toma por todos los lados, y le da el oído si es sorda; si lisiada la endereza; si es fea, a vía de luz la hace bella.  Una madre no hace cuanto hace mi Divina Voluntad para hacer bella y regenerar a su criatura, sus armas son de luz, porque no hay potencia que la luz no esconda y bien que no posea.  Qué no haría una madre que habiendo dado a luz un bello niño, que la raptaba con su belleza, y la madre se sentía feliz en la belleza del hijo, pero que una desventura lo golpea y lo deja ciego, mudo, sordo, lisiado; pobre madre, ve a su hijo y no lo reconoce más, el ojo apagado que no la ve más, no escucha más su voz argentina que la hacía estremecer de alegría al oírse llamar mamá; sus piecitos que corrían para ir a su regazo, con dificultad se arrastran.  Este hijo es el dolor más traspasante para una pobre madre, ¿y qué no haría si supiera que su hijo pudiera regresar de nuevo a sus rasgos originales?  Recorrería todo el mundo si pudiera obtener esto, y le sería dulce el poner la propia vida con tal que pudiera ver a su hijo bello como lo dio a luz; pero pobre madre, no está en su poder restituir la belleza original a su querido hijo, y será siempre su dolor y la espina más traspasante de su corazón materno.  Tal se ha vuelto la criatura con hacer su voluntad:  Ciega, muda, lisiada, nuestra Voluntad la llora con lágrimas de luz ardiente de nuestro amor, pero lo que no puede hacer la madre por su hijo lisiado, a mi Voluntad Divina no le falta el poder, Ella, más que madre pondrá a disposición sus capitales de luz, que poseen la virtud de restituir todos los bienes y belleza de la criatura.  Ella, Madre tierna, amante y vigilante de la obra de sus manos, que más que hijo queridísimo lo sacó a luz, recorrerá no todo el mundo, sino todos los siglos para preparar y dar los remedios potentes de luz, que vivifica, transforma, endereza y embellece, y sólo se detendrá cuando vea en su regazo materno, bella como la sacó, la obra de sus manos creadoras, para rehacerse de tantos dolores y gozársela para siempre. ¿No son acaso remedios los tantos conocimientos sobre mi Voluntad?  Cada manifestación y palabra que digo es una fortaleza que pongo en torno a la debilidad de la voluntad humana, es un alimento que preparo, es una carnada, un gusto, una luz, para hacerla readquirir la vista perdida.  Por eso sé atenta y no pierdas nada de lo que mi Voluntad te manifiesta, porque a su tiempo todo servirá, nada se perderá.  ¿Crees tú que Ella no lleva cuenta incluso de una palabra de lo que dice?  Todo numera y nada pierde, y si en tu alma ha formado su cátedra para poner sus verdades, sin embargo la cátedra principal la tiene reservada en Sí misma, como el más grande tesoro que le pertenece, de modo que si tú pierdes cualquier palabra o manifestación que le pertenece, conserva en Sí el original, porque lo que concierne a mi Divina Voluntad es de valor infinito, y lo infinito no puede, ni está sujeto a perderse; es más, celosa conserva en los archivos divinos sus verdades.  Por eso, aprende también tú a ser celosa y vigilante, y a apreciar sus santas lecciones”.

 

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30-14

Enero 24, 1932

 

Cada visita de Jesús es portadora de verdades celestiales.  Quien vive

en la Divina Voluntad está bajo la lluvia del acto nuevo de Dios.

Ejemplo de la flor.  Cada acto hecho en la Divina Voluntad

es un escalón.  Oficio de madre.

 

(1) Me sentía toda pensativa sobre las tantas verdades que Jesús bendito me ha dicho sobre su Divina Voluntad, y mientras sentía en mí el sagrado depósito de sus verdades, sentía al mismo tiempo un santo temor del cómo las custodiaba en mi pobre alma, y muchas veces malamente expuesto, sin la atención que conviene a verdades que contienen valor infinito, y ¡oh! cómo quisiera imitar a los bienaventurados, que mientras conocen tanto de la Divina Voluntad, no dicen nada a ninguno de los pobres viadores, se las tienen todas con ellos, se beatifican, se felicitan, pero de allá arriba no mandan ni siquiera una palabra para hacer conocer una sola verdad de las muchas que conocen.  Pero mientras esto pensaba, mi amable Jesús, visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, cada palabra que te he dicho sobre mi Divina Voluntad, no han sido otra cosa que tantas visitas que te he hecho, dejando en ti la sustancia del bien que cada una de mis palabras contiene, y no fiándome de ti, porque tú eres incapaz de custodiar una sola palabra mía, me dejaba Yo en custodia del valor infinito de mis verdades que ponía en tu alma.  Por eso tus temores no son justos, estoy Yo en guardia de todo, son verdades celestiales, cosas de Cielo, desahogos de amor reprimidos de mi Voluntad, y de tantos siglos.  Y antes de decidirme a hablarte, ya me había decidido a quedarme en ti para custodiar lo que ponía en ti, tú entras en el orden secundario, el primer custodio soy Yo.  Ahora, siendo estas mis visitas portadoras de cosas celestiales, te las llevarás contigo a la patria celestial como triunfo de mi Voluntad, y como garantía de que su reino no sólo vendrá sobre la tierra, sino que ha establecido el principio de su reinar.  Aquellas que quedarán sobre el papel quedarán como memoria perenne de que mi Voluntad quiere reinar en medio a las humanas generaciones, y serán estímulos, incitaciones, súplicas divinas, fuerza irresistible, mensajeros celestiales, conductores del reino de mi Fiat Divino, y también reproches potentes a quien debería ocuparse en hacer conocer un bien tan grande, y que por indolencia y por vanos temores no las dejarán girar por todo el mundo, a fin de que lleven la jubilosa nueva de la era feliz del reino de mi Voluntad.  Por eso abandónate en Mí y déjame hacer”.

(3) Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, en la cual todo lo que ha hecho en la Creación está todo en acto, como si ahora la estuviera creando, para darlas como desahogo de su amor a la criatura, y como soy demasiado pequeña no puedo tomarlas todas juntas, y voy poco a poco hasta donde puedo llegar; y el divino amor me espera en cada cosa creada para repetir y duplicar el acto creante y decirme:  “Mira cuánto te amo, para ti las creé, por ti conservo el acto creante en acto, para decirte no sólo con palabras, sino con los hechos:  ‘Te amo’, te amo tanto que estoy ahogado de amor, ansío, deliro, porque quiero ser amado, tanto, que con crear la Creación antes que a ti, te preparaba el camino todo de amor, con mantener el acto creante en acto, te digo a cada instante te amo y quiero amor”.  Por eso yo recorría las cosas creadas, para no dejar doliente al artífice amoroso por no haber yo recibido su amor que había puesto en cada cosa creada, y que lo había puesto por mí, y habiendo llegado al acto exuberante del amor de la creación del hombre, yo me sentía bajo la lluvia de este amor intenso, y mi siempre amable Jesús me ha dicho:

(4) “Hija bendita, nuestro modo con las criaturas no se cambia jamás, como fue al principio al externarse en la creación, así continúa y continuará siempre, siempre.  Ahora, quien entra en nuestra Voluntad toca con la mano nuestro acto creante, siempre en acto, y nuestro amor siempre nuevo en acto de darse a la criatura; pero no es sólo nuestro amor, sino el gran amor nuestro, nos hace sacar de nuestro seno y pone en vida sobre de ellas nueva bondad, nueva potencia, nueva santidad, nueva belleza, de modo que tenemos a la criatura bajo la lluvia de nuestros actos nuevos, siempre nuevos y siempre en acto.  Así que toda la Creación está siempre en acto de repetirse y de darse a ellas.  Y así como nuestros modos son siempre iguales y no se cambian jamás, lo que hacemos con los bienaventurados en el Cielo, alimentando su bienaventuranza con nuestro acto nuevo sin jamás cesar, así hacemos para quien vive en nuestra Divina Voluntad en la tierra, alimentamos su vida con nueva santidad, nueva bondad, nuevo amor, la tenemos bajo la lluvia de nuestros actos nuevos y siempre en acto, con esta diferencia:  Que los bienaventurados nada adquieren de nuevo, sólo nadan en las nuevas alegrías de su Creador; en cambio la afortunada viadora que vive en nuestro Querer, está siempre en acto de hacer nuevas conquistas.  Entonces, quien no hace y no vive en nuestra Voluntad Divina se vuelve extraña de la familia celestial, no conoce los bienes de su Padre Celestial, y apenas las gotitas toma del amor y de los bienes de su Creador, ella misma se vuelve hija ilegítima que no tiene plenos derechos en las posesiones de su Padre Divino.  Sólo mi Voluntad da el derecho de filiación, y la libertad de tomar lo que quiere de la casa de su Padre Celestial.  Quien vive en nuestra Voluntad es como la flor que permanece en la planta, y la madre tierra siente el deber de dar lugar a la raíz de la flor en su propia casa, de alimentarla con sus humores vitales que ella posee, de tenerla expuesta a los rayos del sol para darle color, y espera el rocío nocturno para que su flor reciba humores suficientes para hacerla resistir los besos ardientes del sol, para hacerla desarrollar y recibir el colorido y el perfume más intenso y más bello; así que la madre tierra se puede decir que es el alimento y la vida de la flor.  Así es el alma que vive en nuestra Voluntad, debemos darle el lugar en nuestra casa, y más que madre alimentarla, crecerla, y darle tanta gracia de poder sostener y estar expuesta delante y dentro a la luz ardiente de la inmensidad de nuestra Voluntad.  En cambio quien no hace y no vive en Ella, es como la flor arrancada de la planta y puesta en los floreros, pobre flor, ya ha perdido a su mamá que con tanto amor la alimentaba, la tenía expuesta al sol para calentarla y darle color, y si bien hay agua en el florero, no es la madre que se la da, por eso no es agua que alimenta, y con todo y que es conservada en el florero, pero está sujeta a marchitarse y morir.  Tal es el alma sin mi Voluntad, le falta la Mamá Divina que la ha generado, le falta la virtud alimentadora y fecundadora, le falta el calor materno que la calienta y con su luz le da sus pinceladas de belleza para hacerla bella y florida.  Pobre criatura sin las ternuras y el amor de quien le ha dado la vida, cómo crecerá débil y sin belleza, y como marchita en el verdadero bien”.

(5) Después de esto giraba en la Divina Voluntad para encontrar todos los actos de las criaturas para poner en ellos mi te amo, y pedir en cada acto de criatura el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, mi Divina Voluntad en el acto de la criatura cuando es invocada, quita la aspereza a la voluntad humana, endulza sus modos, reprime los modos violentos, y con su luz calienta las obras entumidas por el frío del humano querer.  Así que quien vive en mi Divina Voluntad prepara la gracia preventiva a las humanas generaciones para hacer que la conozcan, y cada acto suyo en Ella forma el escalón para subir, primero ella y junto las criaturas a los conocimientos del Fiat Supremo.  Así que quien vive en mi Divina Voluntad, Ella le da las virtudes maternas y le da el oficio de hacer hacia Dios y hacia las criaturas el oficio de verdadera mamá.  Ve entonces la necesidad de tus actos en mi Voluntad, para formar una escalera larga que debe tocar el Cielo, de modo de violentar con su misma fuerza divina, que mi Fiat venga sobre la tierra y forme su reino, haciendo encontrar sobre esta escalera el primer pueblo que lo reciba y se preste a hacerlo reinar en medio a ellos.  Sin escalera no se puede subir, por eso es necesario que una criatura la haga para dar el campo para hacer subir a los otros, y para hacer que ésta se preste, debemos darle el oficio de madre, que amando a las criaturas como hijas suyas, las cuales le han sido dadas por mi Divina Voluntad, ella acepte el mandato y no ahorre ni fatigas, ni sacrificios, y si es necesario aun la misma vida por amor de estos hijos.  Mucho más que al dar el oficio de madre, mi Querer Divino dota al alma de amor materno y la hace sentir en el propio corazón estos hijos, y le da ternura divina y humana para vencer a Dios y a la criatura, y unirlos juntos para hacerlos hacer su Divina Voluntad.  No hay honor más grande que podamos dar a la criatura que la maternidad, ella es portadora de generaciones y le damos la gracia de formarse nuestro pueblo predilecto.  Y si bien la maternidad dice dolor, pero sentirá la alegría toda divina de ver salir de dentro del dolor los hijos de mi Voluntad.  Por eso repite siempre tus actos, y no retrocedas, el retroceder es de los viles, de los mediocres, de los inconstantes, no de los fuertes, mucho menos de los hijos de mi Voluntad”.

 

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30-15

Enero 30, 1932

 

La Divina Voluntad espía, centinela, Madre y Reina.  Su aliento

forma en el alma el apoyo de amor para encerrar sus verdades.

Éxtasis de amor del Creador, alimentos que da a sus dones.

 

(1) Estaba siguiendo los actos del Fiat Divino, y me parecía que en cada acto suyo que yo seguía me preparaba su aliento de amor, que contenía en Sí y que suspiraba por hacerlo salir de Sí, para hacerlo prisionero en mi pobre alma, y yo sintiendo su amor, desde dentro de su mismo amor hacía salir mi amor hacia quien tanto me amaba, y suspiraba su nuevo aliento de amor para decirle con afecto más intenso:  “Te amo”.  Me parecía que es tanto el deseo de la Divina Voluntad de querer ser amada, que Ella misma pone en el alma la dosis de su amor para hacerse amar, y después espera el amor de la criatura para poderle decir:  “Cómo estoy contenta de que me ames”.  Pero mientras esto pensaba, mi adorado Jesús, haciendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú debes saber que nuestro amor da en lo increíble.  Nuestra Divina Voluntad es la espía de la criatura, y va espiando cuando ella está dispuesta a recibir su aliento de amor contenido, porque Ella sabe que la criatura no posee una gran cantidad de amor divino, apenas tiene una partecita del amor infinito cuando fue creada, y si ésta no ha sido alimentada, está como el fuego cuando está bajo las cenizas, que aunque el fuego existe, las cenizas lo tienen cubierto y reprimido, de modo que no hace sentir ni siquiera el calor.  Amor humano no queremos, y por eso nuestra Voluntad Divina usa sus estratagemas amorosas, espía las disposiciones y hace salir su aliento, éste, como ligero vientecillo pone en fuga las cenizas que ha producido el querer humano, la partícula de nuestro amor infinito se reaviva, se enciende; mi Querer Divino continúa mandando su aliento y agrega otro amor divino, el alma se siente vaciar, calentar, prueba los refrigerios amorosos, y desde dentro de la partícula del amor infinito que posee nos ama, y nos da como suyo nuestro amor divino.  Tú debes saber que es tanto el amor de esta mi Divina Voluntad, que usa todas las artes, la hace de espía y le da su aliento, le hace de Madre y la arrulla en sus brazos, le hace de centinela y la vigila, le hace de Reina y la domina, le hace de Sol y la ilumina, y se presta hasta a servirla, y cuando quiere poner en ti sus conocimientos, sus verdades, aun una sola palabra que dice, te infunde tanto su aliento, que forma en ti, primero, su apoyo de amor, de luz, para encerrar sus verdades dentro del apoyo de su amor y de su luz que ha formado en ti.  Así que confía sus verdades a su mismo amor, a su luz, sabiendo que sólo su amor podrá tener verdadero interés de conservarlas, de incitarte a fin de que no queden ocultas.  ¡Oh! si no fuera por este mi apoyo de amor que encierra todos los conocimientos de mi Fiat, cuántas cosas habrías sepultado en tu alma, sin que ninguno supiera nada.  Esta es la causa por la que antes de que te deba manifestar sus verdades hace el trabajo en torno a ti, para prepararte, para ponerte nuevo amor, para formar el nuevo apoyo a sus verdades, y ponerlas en el banco seguro de su amor divino.  Y si te espero en sus actos con tanto amor, son acostumbrados pretextos, ocasiones que vamos buscando para encontrar la coma, el punto de la criatura para darle nuevo amor, nuevas gracias, pero mucho más porque queremos su compañía; sin quien quiere hacer nuestra Voluntad no sabemos estar, Ella misma nos la lleva entre sus brazos a nuestros actos, a fin de que esté con Nosotros, y con todo lo que Nosotros hacemos”.

(3) Después de esto seguía mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al punto de la creación del hombre, me he detenido para ser espectadora de aquel amor con que el Artífice Divino lo había creado.  Y mi sumo Bien Jesús ha agregado:

(4) “Pequeña hija de mi Divina Voluntad, a los pequeños nos sentimos llevados a decir nuestros inefables e infinitos secretos, queremos decir nuestra historia, mucho más, que entra su origen en medio, para hacerle tocar con la mano con cuál amor ha sido amada y vuelta a amar por Nosotros su pequeñez, porque ella estaba presente, ya estaba en Nosotros en el acto de la creación del hombre, y esto para hacerla festejar y Nosotros festejar junto el acto solemne de su creación.  Ahora, tú debes saber que nuestro Ser Supremo se encontró en el acto de crear a la criatura en una especie de éxtasis profundo, nuestro amor raptó a nuestro Ser Divino, nuestro amor nos raptó y nuestro Fiat se puso en acto de obrar con su virtud creadora, y fue en este éxtasis amoroso que fueron puestas fuera de Nosotros todas las gracias, los dones, las virtudes, las bellezas, las santidades y así de lo demás, con los que debían ser dotadas y enriquecidas todas las criaturas; nuestro amor no se contentó, sino cuando puso en orden, fuera de Nosotros, todo lo que debía servir a todas y a cada una de las criaturas, todas las diversidades de santidades y especialidad de bellezas y dones para ser cada una la copia de su Creador.  Estas dotes y riquezas están ya a disposición de todos, así que cada criatura al nacer ya tiene lista su dote, que Dios desde que fue creado el hombre sacaba de Sí para cada uno.  Pero cuántos no la conocen, ni hacen uso de los derechos que Dios les ha dado, y mientras son ricos llevan una vida pobre, y están tan lejanos de la verdadera santidad, como si no fueran seres salidos de aquel Dios tres veces santo, que no sabe hacer otra cosa que criaturas santas, bellas y felices, similares a Él; pero no terminarán los siglos, ni vendrá el último de los días, si todo lo que hemos sacado en nuestro éxtasis de amor no es tomado por las criaturas, porque se puede decir que poquísimo ha sido tomado de lo que hemos puesto a su disposición.  Pero escucha hija buena otro exceso de nuestro ardiente amor:  Al poner fuera de Nosotros las dotes, las gracias, los dones, no los separamos de Nosotros; fuera de Nosotros, sí, pero inseparables de Nosotros, a fin de que la criatura tomando nuestros dones, con nuestra inseparabilidad recibiera el alimento continuo para alimentar nuestros dones, nuestra santidad, nuestra belleza, nuestras gracias, así que, junto con nuestros dones volvíamos a la misma criatura inseparable de Nosotros, porque ella no tiene los alimentos necesarios y santos para alimentar nuestros dones, y Nosotros nos ofrecimos a dar dones y alimentos para alimentar nuestra santidad, nuestras gracias celestiales.  Así que estamos en acto continuo de estar junto con ella para darle ahora el alimento para alimentar nuestra santidad, ahora el alimento para alimentar nuestra Fortaleza, ahora el alimento distinto para alimentar nuestra belleza, en suma estamos en torno a ella y siempre ocupados en dar los diversos alimentos a cada don que le hemos dado, y esto sirve para conservar, crecer y coronar nuestros dones, y junto queda coronada la feliz criatura con nuestros, y en nuestros mismos dones.  Por lo tanto, dar un don a la criatura sirve para empeñarnos con ella, no solo de alimentarlo, sino le damos por prenda nuestro trabajo, nuestra inseparabilidad y nuestra misma Vida, porque si queremos nuestra semejanza debemos dar nuestra Vida, para poder producir nuestra semejanza en ella, y esto lo hacemos con mucho gusto, es más, nuestro amor nos repite nuestro éxtasis y nos hace dar todo, para hacernos tomar la pequeñez de la criatura, que es también nuestra, y que de Nosotros salió.  De esto puedes comprender cuáles son nuestras premuras, nuestros éxtasis de amor, cuando damos no un don, sino nuestra misma Voluntad por vida de la criatura, alimentar nuestros dones es una cosa, alimentar nuestra Voluntad es otra.  Ya la criatura en virtud de Ella nos rapta continuamente a sí, y Nosotros sufrimos continuos éxtasis de amor, y en estos éxtasis no hacemos otra cosa que desahogar amor a torrentes, mares de luz, gracias indescriptibles, nada viene dado a medida, porque no sólo debemos alimentarla, sino que debemos tenerla cortejada y honrada con honores divinos en la criatura.  Por eso hija mía, sé atenta, y haz que de ti nada salga de humano, para poder también tú honrar con actos divinos a mi Voluntad en ti”.

 

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30-16

Febrero 6, 1932

 

Quien vive en la Divina Voluntad, Dios la hace crecer con rasgos

y modos divinos.  La carrera en el Fiat.  Los actos hechos en Él

son puestos sobre la balanza eterna y guardados en el banco divino.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, me siento siempre el pequeño átomo que voy de arriba para abajo, como errante en sus actos para encontrar su Vida y la mía en sus actos, y mi átomo no se detiene, corre, corre siempre, porque siento la extrema necesidad de encontrar la vida en el Fiat.  De otra manera siento que no puedo vivir sin su Vida, y sin sus actos me siento en ayunas, y por eso debo correr para encontrar vida y alimento.  Mucho más, que la Divina Voluntad me espera con un amor indecible en sus actos para preparar su alimento a su pequeña hija.  Pero mientras mi mente se perdía en su luz, el dulce y Soberano Celestial Jesús, haciendo su escapadita a su pequeña hija me ha dicho:

(2) “Hija bendita, cómo es bella tu carrera en nuestra Voluntad, y si bien eres el pequeño átomo, podemos hacerte crecer como Nosotros queremos; a los pequeños se les puede hacer crecer con nuestros rasgos que nos semejan, les enseñamos nuestros modos divinos, nuestra ciencia celestial, de modo que ella olvida los modales rústicos y la ignorancia de la voluntad humana.  De aquellos que son grandes, están ya formados, y poco o nada podemos rehacer, y además están acostumbrados a vivir como grandes, según el querer humano, y para destruir las costumbres se requieren los milagros, si es que se logra.  En cambio con los pequeños nos resulta fácil, no nos cuesta tanto, porque no tienen costumbres radicadas, a lo más algún movimiento fugaz, que basta una palabrita nuestra, un soplo de nuestra luz para hacer que no lo recuerde más.  Por eso sé siempre pequeña si quieres que mi Divina Voluntad, haciéndote de verdadera Madre, te haga crecer, a fin de que sea toda nuestra gloria y también tuya.  Ahora, tú debes saber que un acto repetidamente renovado forma la costumbre, y como un acto que no cesa jamás es sólo del Ente Supremo, por eso si la criatura se siente en posesión de un acto que repite siempre, significa que Dios en aquel acto ha encerrado su Vida, su modo; un acto continuo es Vida y acto divino, y sólo quien vive en mi Voluntad Divina puede sentir en sí la potencia, la virtud, la fuerza milagrosa de un acto que no cesa jamás, porque habiéndola hecho crecer Nosotros, no es fácil apartarse de nuestros modos, y de no sentir en sí la Vida y los actos continuos de Aquél que la ha hecho crecer, por eso tu correr, el sentir siempre la extrema necesidad de encontrar nuestra Vida y la tuya en el Fiat, en sus actos, y Nosotros que corremos en ti para estarnos en nuestros actos incesantes, y mientras Nosotros corremos tú corres junto, a fin de que nuestros actos que están en ti hagan vida común con nuestros actos que están fuera de ti, y así como tú sientes la extrema necesidad, así sentimos Nosotros la extrema necesidad de amor de hacer girar tu pequeñez en todos los actos de nuestro Fiat, porque no siendo tú capaz de encerrarlos todos en ti, con tu girar en ellos tomas parte por cuantos más puedes.  Por eso corre, corre siempre, más bien digo corramos siempre, porque no hay gracia más grande que puedo dar a la criatura, que hacerle sentir en sí la virtud de un acto continuo”.

(3) Después continuaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, cada vez que formas un acto tuyo en el acto de mi Divina Voluntad, tantos vínculos de más formas en Ella, quedando confirmada tantas veces por cuantos actos haces en el Fiat Divino, y Ella queda confirmada tantas veces de más en ti, y cada vínculo y confirmación que haces, mi Voluntad agranda sus mares en torno a ti, y por confirmación, como sello, pone una verdad suya, un conocimiento suyo y te manifiesta un grado de valor de más que mi Voluntad contiene, ¿pero sabes tú qué hacen en tu alma estos vínculos, confirmaciones, verdades, conocimientos, valores de más que tú vienes a conocer?  Hacen crecer la Vida de mi Voluntad en ti, y no sólo eso, sino que repitiendo tus actos, tendrán tantos grados de valores de más por cuanto has conocido de más, tus actos vienen puestos en la balanza del valor divino, y tanto valen por cuanto has conocido, y por cuanto valor ha sido comunicado por Nosotros en tu acto.  Así que tu acto de ayer, repitiéndolo hoy, no tiene el mismo valor de ayer, sino que ha conquistado el nuevo valor que Nosotros hemos hecho conocer.  Por eso la repetición de los actos, acompañados de nuevas verdades y conocimientos, adquieren día a día nuevos grados siempre crecientes de valor infinito.  Nosotros, a los actos de la criatura hechos en nuestra Voluntad, no sólo los ponemos en nuestra balanza eterna para darles el peso de un valor infinito, sino los conservamos en nuestro banco divino para darles el céntuplo, por eso cada vez que repites tus actos, tantas veces vienes a poner tus moneditas en nuestro banco divino, y entonces adquieres tantos derechos de más qué recibir de Nosotros.  Ve entonces hasta dónde llega el exceso de nuestro amor, que nos queremos hacer deudores de la criatura, recibiendo las moneditas de sus actos en nuestro banco inmenso, y que aunque poseemos tanto, sin embargo amamos el recibir las pequeñas moneditas para darle el derecho de darle de lo nuestro.  Nuestro amor a cualquier costo quiere tener qué hacer con la criatura, quiere estar en continua relación con ella, y esto a fuerza de dar, y quizá también de perder; cuántas veces, mientras Nosotros queremos darle, queremos hacerle conocer tantas bellas cosas nuestras, queremos hacerle sentir qué dulce y potente es nuestra palabra, y ella se muestra fría, indiferente, si es que no nos voltea la espalda, y nuestro amor queda como derrotado por parte de la ingratitud humana, pero la hija pequeña no lo hará jamás, ¿no es verdad?  Tu pequeñez te hace sentir la extrema necesidad de tu Jesús, de su amor, y de su Voluntad”.

 

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30-17

Febrero 10, 1932

 

Trabajo de Dios en el alma que vive en la Divina Voluntad.

Acuerdo entre Dios y la criatura.  Vigilancia de Jesús para

tener la compañía de la criatura en sus obras.

 

(1) Mi dulce Jesús con su fuerza raptora me atrae siempre en su adorable Voluntad, para hacerme recorrer la multiplicidad de sus obras, que parece que me esperan para darme alguna cosa de más de lo que me han dado, y yo quedo sorprendida de tanta bondad y generosidad divina.  Y el amado Jesús para infundir en mí mayor amor y deseo de seguir los actos de la Divina Voluntad, me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, cada vez que te elevas en Ella para unirte a cada acto que ha hecho, y al suyo unir el tuyo, el acto divino surge y te da un grado de gracia, de amor, de santidad, un grado de Vida Divina y de gloria; estos grados unidos forman la sustancia necesaria para formar la Vida Divina en la criatura:  quién forma el latido, quién el respiro, quién la palabra, quién el ojo, quién la belleza, quién la santidad de Dios en el fondo del alma.  Nuestros actos surgen conforme se acerca la criatura, para dar lo que poseen, con ansia la esperan para ponerse en actitud de surgir, para formar sus desahogos divinos, para ponerse y repetir los actos en ella.  Así que quien se une con los actos de nuestra Voluntad Divina, nos da ocasión de ponernos a trabajar, ¿pero para hacer qué cosa?  Formar nuestra Vida con nuestro trabajo en la criatura.  Tú debes saber que la criatura con elevarse en nuestra Divina Voluntad, deja todo y se reduce en su nada, esta nada reconoce a su Creador y el Creador reconoce la nada que sacó a la luz, no la nada llena de cosas que a Él no pertenecen, no, y encontrándola nada la llena del Todo.  He aquí lo que significa vivir en mi Voluntad, despojarse de todo, y ligera volar al seno del Padre Celestial, para hacer que esta nada reciba la Vida de Aquél que la creó.  Además de esto, nuestra Voluntad es nuestra Vida y nuestro alimento, y como Nosotros no tenemos necesidad de alimentos materiales, por eso Ella nos da el alimento de sus obras santas, y como la criatura es una de nuestras obras, queremos encontrar en ella nuestra Voluntad como vida, a fin de que no sólo ella, sino todas sus obras nos sirvan de alimento, y Nosotros por correspondencia le damos el alimento de las nuestras.  Este alimentarnos de los mismos alimentos forma el acercamiento entre Dios y la criatura, este acercamiento produce paz, comunicación de bienes, inseparabilidad; parece que el aliento divino sopla en la criatura y el de ella en Dios, y los une tanto, de sentirse como si el aliento del uno fuera uno solo con el del otro.  Por eso sucede un acuerdo de Voluntad, acuerdo de amor, de obras, sentimos aquel aliento que sacamos en la creación del hombre, que interrumpió al hacer su voluntad, renacido de nuevo en la criatura, nuestra Voluntad tiene virtud y oficio de regenerar en ella lo que ha perdido con el pecado, y de reordenarla como salió de nuestras manos creadoras”.

(3) Después de esto estaba girando en las obras de la Creación y Redención y mi Soberano Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, nuestras obras sufren el aislamiento si no son reconocidas como obras hechas por amor de las criaturas, porque no hubo otro objetivo al crear tantas obras maravillosas en la Creación, que darles tantos testimonios de amor.  Nosotros no teníamos ninguna necesidad, todo fue hecho con un amor intenso para ellas.  Ahora, si este nuestro amor no es reconocido en cada cosa creada, nuestras obras quedan solas, sin cortejo, sin honores y como separadas de las criaturas, así que el cielo, el sol, las otras cosas creadas están solas, lo que Yo hice en la Redención, mis obras, mis penas, mis lágrimas y todo lo demás están aisladas.  Ahora, ¿quién forma la compañía a nuestras obras?  Quien las reconoce y girando en ellas encuentra nuestro amor palpitante para ella, que suspira su compañía para dar y recibir amor; tanto, que cuando tú giras en nuestra Voluntad para encontrar nuestras obras, y reconocer nuestro amor y poner el tuyo, me siento tan atraído que casi siempre te espero en cada obra para gozar tu compañía, tu cortejo, y me siento como correspondido por lo que he hecho y sufrido, y cuando alguna vez tú tardas en venir, Yo espero y me pongo a vigilar desde dentro de mis obras, para ver cuando estás por venir, para gozarme tu dulce compañía.  Por eso sé atenta, no me hagas esperar”.

 

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30-18

Febrero 16, 1932

 

Los actos hechos sin la Divina Voluntad están vacíos de lo infinito.

Se necesita hacer todo y esperar los eventos para hacer venir el

reino de la Divina Voluntad.  Los actos hechos en Ella parten

para el Cielo como propiedad de la Patria Celestial.

 

(1) Estaba continuando mis actos en la Divina Voluntad para encontrar todos sus actos y fundirlos juntos, y así poder decir:  “Hago lo que Ella hace”.  ¡Oh! qué felicidad se siente al pensar que yo estoy haciendo lo que hace la Divina Voluntad.  Y mi amable Jesús, visitando a su pequeña hija me ha dicho:

(2) “Hija buena, si tú supieras qué vacío se forma en el acto de la criatura cuando no está lleno del todo de mi Voluntad, así que en aquel acto falta la plenitud de la santidad, falta lo infinito, y como falta lo infinito se ve un abismo de vacío que sólo lo infinito podía llenar, porque la criatura con todos sus actos ha sido hecha para lo infinito, y cuando en sus actos corre mi Voluntad, le pone lo infinito y se ve el acto de ella lleno de luz, que lo tiene en su regazo de luz, y con la infinitud dentro que lo vuelve acto completo.  Por el contrario, cuando en el acto de la criatura no entra mi Voluntad como vida, principio, medio y fin, el acto está vacío, y ninguno puede llenar el abismo de aquel vacío, y si está el pecado, se ve en aquel acto un abismo de tinieblas y de miserias que hace horrorizar, ¡ah! hija mía, cuántos de estos actos vacíos de lo infinito han habido a lo largo de los siglos, lo infinito rechazado por el acto humano.  Mi Voluntad Divina tiene derecho sobre cada acto de criatura, y para venir a reinar quiere que quien viva en Ella vaya encontrando todos estos actos vacíos para rogarle, presionarla que en cada acto ponga lo infinito, a fin de que reconozca en cada acto su acto para hacer que su dominio sea completo, y aunque estos actos fueran actos pasados, hay siempre, para quien vive en mi Voluntad, el poder hacer y reparar, porque en Ella está la potencia de poder ajustar y rehacer todo, con tal que encuentre una criatura que se preste; y mucho más, porque son actos de criatura sin mi Voluntad, así que otra criatura unida con mi Voluntad puede ajustar, ordenar cada cosa.  Por esto hija mía, te lo he dicho otras veces y lo repito:  ‘Hagamos todo lo que se requiere para hacer conocer la Divina Voluntad y hacerla reinar’.  Nada debe faltar de parte nuestra:  Oraciones, sacrificio de la propia vida, tomar en la mano todos los actos de las criaturas para llamarlas a poner de lo suyo, a fin de que estén mi te amo y el tuyo, mi plegaria y la tuya, que griten:  ‘Queremos la Divina Voluntad’.  Así que la Creación toda y todos los actos estarán todos cubiertos de Voluntad Divina, y Ella se sentirá llamada por cada acto de criatura desde todos los puntos, desde cada cosa creada, porque Yo y tú hemos hecho ya la llamada, queriendo poner aun el sacrificio de la vida en cada cosa y en cada acto, para que venga a reinar.  Esto será potencia ante el trono de Dios, fuerza magnética, imán irresistible, el que todos los actos griten que quieren la Divina Voluntad reinante en medio a las criaturas, ¿pero quién es el que grita?  Yo y la pequeña hija de mi Querer.  Entonces, como raptada descenderá a reinar.  He aquí el por qué los giros y más giros en la Creación, en mis mismos actos, en los de la Mamá Celestial, para empeñar a nuestros mismos actos divinos por un reino tan santo, y en aquellos de las criaturas para copiarlos y poner lo que les pueda faltar, pero todos deben tener una sola voz, directa, o indirectamente por medio de quien quiere hacer el sacrificio de hacerse suplidora y reparadora, para obtener que venga a reinar en medio a las generaciones.  Por eso, lo que te hago hacer y que hago Yo junto contigo, son actos necesarios, preparativos, formaciones, sustancias, capitales que se requieren, cuando todo hayamos hecho por parte mía y por parte tuya, de modo que nada falte, podremos decir:  ‘Todo hemos hecho, no nos queda otra cosa qué hacer’.  Así como Yo dije en la Redención, todo he hecho para redimir al hombre, mi amor no sabe qué otra cosa inventar para ponerlo a salvo, y me fui al Cielo esperando que tomara el bien que con el sacrificio de mi Vida les había formado y dado, así cuando nada más nos quede por hacer por el reino de mi Voluntad sobre la tierra, también tú podrás venirte al Cielo, esperando en la Patria Celestial que las criaturas tomen las sustancias, el capital, el reino que ya está formado del Fiat Supremo.  Por eso te digo siempre sé atenta, no omitas nada; cuando no se puede hacer otra cosa, hagamos nuestra parte, el resto, las circunstancias, los eventos, las cosas, diversidad de personas harán el resto, y como está ya formado, saldrá de sí e irá adelante en su reinar.  Una cosa se necesita, más sacrificio para formarlo, que para sacarlo se hace rápido, pero para formarlo se requiere quién ponga la propia vida y el sacrificio de una voluntad sacrificada con actos continuos en la mía”.

(3) Después de esto ha hecho silencio y después ha agregado:  “Hija mía, tú debes saber que cada acto de criatura tiene su puesto en torno a Dios, así como cada estrella tiene su puesto bajo la bóveda del cielo, así los actos de ellas, cada uno tiene su lugar, pero ¿quienes son los que van por el camino regio como propiedad de la Patria Celestial, y toman los puestos más honorables y dan gloria divina a su Creador?  Los actos hechos en mi Voluntad.  Cuando uno de estos actos parten de la tierra, se inclinan los Cielos, todos los bienaventurados le salen al encuentro y acompañan aquel acto al puesto de honor en torno al trono supremo.  En ese acto se sienten todos glorificados, porque la Voluntad eterna ha triunfado en el acto de la criatura, y ahí ha puesto su acto divino.  En cambio los actos no hechos en mi Voluntad, y quizá aun buenos, no parten por el camino regio, parten por las vías tortuosas y hacen una larga parada para ir al purgatorio, y ahí esperan a la criatura para purificarse juntos a vía de fuego, y cuando terminan de purificarse, entonces parten para el Cielo para tomar su puesto, pero no en los puestos de primer orden, sino en los puestos secundarios.  ¿Ves la gran diferencia?  Los primeros actos, no apenas formados, no quedan ni siquiera junto con la criatura, porque siendo cosa de Cielo no pueden quedar sobre la tierra, y por eso rápidamente emprenden el vuelo a su patria, y no sólo eso, sino que todos los ángeles y santos reclaman en el Cielo lo que ha sido hecho por la Divina Voluntad como cosa de ellos, porque todo lo que es hecho por Ella, tanto en la tierra como en el Cielo, todo es propiedad de la Patria Celestial.  Por eso cada pequeño acto suyo es reclamado por todo el Cielo, porque todos son fuentes de alegrías y bienaventuranzas eternas, que pertenecen a ellos.  Todo lo contrario para quien no obra en mi Voluntad”.

 

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30-19

Febrero 24, 1932

 

Renacimientos continuos de la criatura en la Divina Voluntad.

La criatura se vuelve protectora de las obras divinas.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos de la Divina Voluntad, la cual más que madre me tiene estrechada entre sus brazos, circundada de su luz para infundirme su Vida de Cielo, me parece que es toda atención para tener su gran gloria de tener una hija toda de Voluntad Divina, que no ha tomado otro alimento, que no conoce otra ciencia, ni otra ley, ni otros gustos o placeres, que su sola Voluntad, y por eso para tenerme ocupada y alejada de todo me hace tantas sorpresas, me dice tantas cosas bellas, una más bella que la otra, pero siempre cosas que le pertenecen, de modo que mi pobre mente queda como raptada y abismada en sus brazos de luz; y como todo lo que ha hecho, a pesar que lo haya puesto fuera, todo lo tiene concentrado en Sí, tanto, que si se ve dentro de su Voluntad, se encuentra un solo acto, si se ve fuera se encuentran obras y actos innumerables que no se pueden numerar, yo sentía en Ella el principio de mi existencia, como si en aquel punto estuviera por salir a la luz, y yo he quedado sorprendida, y mi amado Jesús, haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, nacida y renacida en mi Querer, cada vez que con plena conciencia te abandonas en sus brazos de luz y permaneces dentro, tantas veces renaces en Ella, y estos renacimientos son uno más bello y atrayente que el otro.  Por eso te he llamado tantas veces la pequeña recién nacida de mi Voluntad, porque mientras renaces, vuelves a renacer, porque Ella no sabe estar ociosa con quien vive junto con Ella, sino que quiere ocuparse siempre con renacer en modo continuo en la criatura, absorbiéndola continuamente en Sí, tanto, que mi Fiat renace en ella y ella renace en mi Voluntad.  Estos renacimientos de ambas partes, son vidas que se intercambian mutuamente, y este es el testimonio de amor más grande, el acto más perfecto, renacer, intercambiarse la vida mutuamente para poderse decir el uno al otro:  ‘Mira cuánto te amo, que te doy, no actos, sino vida continua.’  He aquí el por qué hija mía, para quien vive en mi Divina Voluntad, Ella pone a esta afortunada criatura en el primer acto de su creación, siente su principio en Dios, la virtud creadora, vivificadora y conservadora de su aliento omnipotente, que si se retira regresa a su nada de donde salió, y por eso siente a lo vivo su renacimiento continuo en los brazos de su Creador, y sintiéndose en su principio, la criatura restituye a Dios el primer acto de vida que de Él recibió, que es el acto más santo, más solemne, más bello, acto de Dios mismo”.

(3) Después de esto seguía mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y ¡oh! cómo quisiera abrazar todo, también lo que han hecho todos los bienaventurados, para dar en cada acto un honor y gloria a Dios y a los santos, y servirme por medio de los mismos actos hechos por ellos para honrarlos, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, cuando la criatura recuerda, honra, glorifica lo que ha hecho su Creador por amor suyo, y su Redentor para ponerla a salvo, y todos los santos, se vuelve protectora de todos estos actos.  El cielo, el sol y toda la Creación se sienten protegidos por la criatura, mi Vida terrenal de acá abajo, mis penas, mis lágrimas, sienten un refugio en ella y encuentran a su protectora, los santos encuentran en su recuerdo, no sólo la protección, sino los actos de ellos mismos vivificados, renovados en medio a las criaturas, en suma, se sienten dar nuevamente la vida en sus actos.  ¡Oh! cuántas bellas obras y virtudes quedan como sepultadas en el bajo mundo, porque no hay quien las recuerde y honre.  El recuerdo llama las obras del pasado y las hace como presentes, ¿pero sabes tú qué sucede?  Sucede un intercambio, la criatura se vuelve protectora con su recuerdo, y todas nuestras obras, la Creación, la Redención, y todo lo que han hecho los santos, se hacen protectores de su protectora, se ponen en torno a ella para protegerla, defenderla, le hacen de centinela, y mientras se refugian en ella para ser protegidos, cada obra nuestra, todas mis penas, y todas las obras y virtudes de mis santos, hacen competencia turnándose en hacerle guardia de honor para que quede defendida de todo y de todos.  Y además, no hay honor más grande que tú puedas dar, que cuando pides en cada acto el reino de la Divina Voluntad, se sienten llamados y puestos a hacer de mensajeros entre el Cielo y la tierra, de un reino tan santo.  Tú debes saber que pasado, presente y futuro, todo debe servir al reino del Fiat Divino.  Ahora tu recuerdo, el pedir por medio de nuestras obras, virtudes y actos de todos este reino, todos se sienten puestos al servicio de Él y toman su oficio y puesto de honor.  Así que tu girar es necesario porque sirve para preparar el reino de la Divina Voluntad.  Por eso sé atenta y continúa”.

 

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30-20

Marzo 6, 1932

 

Quien vive en la Divina Voluntad siente la necesidad de girar en

torno a las obras divinas, y cómo todas las obras divinas giran

en torno a la criatura.  La finalidad, germen de luz.

 

(1) Seguía mi giro en las obras divinas, mi pobre mente la siento como fija en torno a las obras de mi Creador, y hace su carrera casi continua en torno a ellas, porque siendo obras hechas por amor mío, siento el deber de reconocerlas, de servirme de ellas como escalera para subir a Aquél que tanto me ha amado, me ama, y darle mi pequeño amor porque quiere ser amado.  Pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “¿Y por qué mi mente debe correr siempre?  Me parece que una fuerza potente está sobre mí y mantiene mi carrera”.  Y mi dulce Jesús, haciéndome su pequeña visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo gira alrededor de la criatura:  Gira el cielo y no la deja huir de debajo de su bóveda azul, gira el sol y con sus giros de luz le da luz y calor, gira el agua en torno a la criatura, el fuego, el aire, el viento, dándole cada elemento las propiedades que contienen; mi misma Vida y todas mis obras están en continuo giro en torno a las criaturas para estar en continuo acto de darme a ellas, es más, tú debes saber que en cuanto el niño es concebido, mi concepción gira en torno a la concepción del niño para formarlo y tenerlo defendido; y en cuanto nace, mi nacimiento se pone en torno al recién nacido para girarle alrededor y darle las ayudas de mi nacimiento, de mis lágrimas, de mis gemidos, y hasta mi respiro gira alrededor para calentarlo.  El recién nacido no me ama, pero inconscientemente, y Yo lo amo hasta la locura, amo su inocencia, mi imagen en él, amo lo que debe ser, mis pasos giran en torno a sus primeros pasos vacilantes para reafirmarlos, y siguen girando hasta el último paso de su vida, para tener custodiados en el giro de mis pasos sus pasos.  En suma, mis obras giran en torno a sus obras, mis palabras en torno a las suyas, mis penas en torno a sus penas, y cuando está por dar el ultimo suspiro de su vida, mi agonía le gira en torno para sostener la suya, y mi muerte con fuerza inexpugnable gira en torno para darle ayudas inesperadas, y con celo todo divino se estrecha en torno para hacer que su muerte no sea muerte, sino verdadera vida para el Cielo; y puedo decir que mi misma Resurrección gira en torno a su sepulcro, esperando el tiempo propicio para llamar con el imperio de mi Resurrección su resurrección del cuerpo a vida inmortal.  Ahora, todas las obras salidas de mi Voluntad, todas giran y giran en torno, por cuyo fin fueron creadas.  Detenerse significa no tener vida y no producir el fruto establecido por Nosotros, lo que no puede ser, porque el Ser Divino no sabe hacer ni obras muertas, ni obras sin fruto.  Entonces quien entra en mi Divina Voluntad toma su puesto en el orden de la Creación, y siente la necesidad de girar junto con todas las cosas creadas, siente la necesidad de hacer sus rápidos giros en torno a mi concepción, a mi nacimiento, a mi edad infantil, y a todo lo que Yo hice sobre la tierra.  Y lo bello es que mientras ella gira en torno a todas nuestras obras, las obras nuestras giran en torno a ella, en suma, hacen competencia en girarse recíprocamente, pero esto es todo efecto y fruto de mi Querer Divino, que siendo movimiento continuo, quien está en Él siente la vida de su movimiento, por eso la necesidad de correr juntos, más bien te digo, si tú no sientes la carrera continua de girar en torno a nuestras obras, es señal de que tu vida no es permanente en mi Voluntad, sino que haces las salidas, las escapadas, y por eso la carrera cesa, porque falta quién les dé la vida de correr, y conforme entras en Ella, así te pone en el orden y sigues la carrera, porque otra Voluntad Divina obrante ha entrado en ti.  Por eso sé atenta, porque debes tener qué hacer con una Voluntad Omnipotente, que corre siempre y todo abraza”.

(3) Después de esto pensaba entre mí:  “¿Cuál será el bien, la utilidad de esta mi carrera, de este girar y girar en los actos de la Divina Voluntad?”  Y el Celestial Rey Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, tú debes saber que cada acto de criatura contiene el valor de la finalidad con la cual anima su acto, la finalidad es como la semilla, que sepultada bajo la tierra se pulveriza con la tierra, pero no para morir sino para renacer y formar la plantita cargada de ramas, de flores y frutos que a aquella semilla pertenecen.  La semilla no se ve, está escondida en la plantita, pero por los frutos se conoce la semilla, si es buena o mala.  Tal es la finalidad, es semilla de luz, y se puede decir que queda como sepultada y se pulveriza en el acto de la criatura.  Y si la finalidad es santa, todos los actos que vienen de aquella finalidad, todos serán actos santos, porque está la primera finalidad, la primera semilla que anima y da vida al séquito de los actos de la primera finalidad, y estos actos forman la vida de la finalidad, en los cuales se ven flores y frutos de verdadera santidad.  Y hasta en tanto la criatura con todo el conocimiento de su voluntad no destruye la primera finalidad, puede estar segura que sus actos son encerrados en la primera finalidad.  Ahora tu carrera en mi Divina Voluntad tendrá la finalidad que tú quieres, que se forme su reino, y por eso todos tus actos vienen concentrados en mi Fiat, y convirtiéndose en semillas de luz, todos se vuelven actos de mi Voluntad, los cuales elocuentemente, con voces arcanas y divinas, piden este reino tan santo en medio a las humanas generaciones”.

 

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30-21

Marzo 13, 1932

 

La prisionera y el Prisionero divino.  La Virgen, anunciadora,

mensajera, conductora del reino de la Divina Voluntad.  Quien

vive en la Divina Voluntad forma la creación parlante.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, pero siento a lo vivo mi pobreza extrema, mi nulidad, el dolor continuo de las privaciones de mi dulce Jesús.  Si no fuera por su Querer Divino que me sostiene, y que frecuentemente me hermana con el Cielo, de modo que me infunde nueva vida, yo no habría podido seguir adelante sin Aquél que frecuentemente se desaparece, se esconde, y yo quedo sobre la hoguera del amor a esperarlo, que me consume lentamente, y entonces repite su breve visita cuando llego a los extremos.  Entonces pensaba entre mí:  “Jesús me ha aprisionado y atado con cadenas, que no hay peligro que se puedan romper, soy en realidad la pobre prisionera.  ¡Oh! cómo quisiera a mi Mamá Celestial en mi compañía, a fin de que bajo su guía pudiera vivir como se necesita vivir en la Divina Voluntad.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha repetido su breve visita, y todo ternura me ha dicho:

(2) “¡Mi querida prisionera!  Cómo estoy contento porque te he aprisionado y atado, porque mis ataduras y mis cadenas dicen que mi amor, sólo por tenerte a mi disposición, ha usado ataduras y cadenas para volverte prisionera sólo para Mí, ¿pero sabes?  El amor quiere quien lo iguale, si te he hecho prisionera, primero me he hecho prisionero Yo por ti en tu propio corazón, y no queriendo estar solo, te hice prisionera, en modo de poder decir:  ‘Somos dos prisioneros, que el uno no sabe estar sin el otro’.  Así podremos preparar el reino de mi Divina Voluntad.  Las obras hechas a solas no son agradables, pero la compañía las vuelve agradables, empuja al trabajo, endulza el sacrificio y forma las obras más bellas, y al verte llamar a nuestra Mamá Celestial como tu guía, tu prisionero Jesús ha exultado de alegría al tener su dulce compañía en nuestro trabajo.  Tú debes saber que fue Ella la verdadera y celestial prisionera de mi Divina Voluntad, así que conoce todos los secretos, los caminos, posee las llaves de su reino, es más, cada acto que hacía la Reina Prisionera, preparaba en su acto el puesto para recibir los actos de la criatura hechos en la Divina Voluntad, y ¡oh! cómo la Soberana Celestial está a la expectativa y muy atenta para ver si la criatura obra en mi Fiat, para tomar con sus manos maternas estos actos y encerrarlos en sus actos como prendas de que se quiere el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.  Así que este reino fue ya formado por Mí y por la Celestial Señora, ya existe, sólo que se debe dar a las criaturas; para darlo es necesario conocerlo, y como Ella es la criatura más santa, más grande y que no conoció otro reino que el de mi Divina Voluntad, ocupa el primer lugar en Ella, y por derecho la Celestial Reina será la anunciadora, la mensajera, la conductora de un reino tan santo, por eso ruégale, invócala, y Ella te servirá de guía, de maestra, y con amor todo materno recibirá todos tus actos y los encerrará en los suyos, y te dirá:  ‘Los actos de mi hija son como los actos de su Mamá, por eso pueden estar con los míos para duplicar el derecho de las criaturas para que se les dé el reino de la Divina Voluntad’.  Y como este su reino, Dios lo debe dar y la criatura lo debe recibir, se requieren los actos de ambas partes para obtener el intento, por eso Aquélla que tiene más ascendencia, más poder, más imperio sobre el corazón divino, es la Soberana del Cielo, sus actos estarán a la cabeza seguidos de los otros actos de las criaturas cambiados en divinos en virtud de mi Voluntad, para dar el derecho a ellas de recibir este reino, y Dios al ver estos actos se sentirá movido a darlo por aquel amor que tuvo en la Creación, que todo lo creó para hacer que su Voluntad se hiciera como en el Cielo así en la tierra, y que cada criatura fuera un reino de su Voluntad, para que tuviera su total dominio.  Por eso siempre adelante en el obrar y vivir en el Fiat Supremo”.

(3) Después de esto, mi mente se perdía en el Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, el alma que entra en mi Voluntad se convierte en luz, y todos sus actos sin perder nada de su diversidad, de su naturaleza, y de lo que son en sí mismos, son vivificados y animados por la luz, así que cada acto, si bien distintos entre ellos, tienen por vida la luz de mi Fiat, y Él se deleita ahora en formar con su Vida de luz el pensamiento, la palabra, la obra, el paso, y así de lo demás, y el alma como cielo primero animado por el Fiat, forma con sus actos el sol, las estrellas, el mar que siempre murmura, el viento que gime, que habla, que ulula, que silva, que acaricia y que forma sus refrigerios de luz divina a su Creador, a sí misma, y desciende hasta lo bajo de las criaturas, y como la luz es fecunda y tiene la virtud que por sí misma se expande por todas partes, forma las más bellas floraciones, pero toda investida de luz.  Y he aquí que mi Divina Voluntad repite su amada Creación en el alma que vive en su luz, es más, más bella aún, porque si la Creación es muda, y si habla elocuentemente es siempre en su mudo lenguaje, por el contrario la creación que forma en el alma es toda parlante, habla el sol de sus obras, el mar de sus pensamientos, el viento de sus palabras, el pisar de sus pasos, que conforme camina deja las flores de sus virtudes, y todo lo que hace, hablan como estrellas brillantes, que con su destello ruegan, aman, alaban, bendicen, reparan y agradecen continuamente, sin jamás detenerse, a aquel Fiat Supremo que con tanto amor se deleita de formar en ellos la bella creación parlante, animada toda de su luz divina.  Por eso no es maravilla si tu Jesús forma su continua morada en medio a esta creación hablante que me forma mi Divina Voluntad, sería más maravilla si Yo no estuviera en ella, porque faltaría el Señor, el Rey que con tanto amor se la ha formado.  ¿Para qué formarla si Yo no debiera morar dentro y gozarme mi agradable creación parlante?  Mucho más que en esta creación parlante hay siempre qué hacer, siempre qué agregar.  Cada acto suyo es una voz de más que adquiere, y que con toda elocuencia me habla de mi amor y de su amor, y Yo debo escucharla; y no sólo esto, sino quiero gozarme sus gustos que ella me da.  Me agradan tanto que los suspiro, y por eso no puedo ponerlos aparte.  Además hay siempre qué dar, y siempre qué tomar, por eso no puedo dejarla ni siquiera un instante sin Mí, a lo más ahora hablo y ahora hago silencio, ahora me hago sentir y ahora me estoy escondido, pero dejar a quien vive en mi Divina Voluntad no puedo.  Por eso está segura que hasta en tanto tú no salgas de Ella, tu Jesús no te deja, estará siempre contigo, y tú estarás siempre Conmigo”.

 

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30-22

Marzo 20, 1932

 

Tres condiciones necesarias para obtener el reino de la Divina Voluntad.

Cómo todos viven en la Divina Voluntad.  Modo diverso de vivir.

 

(1) Estaba pensando en la Divina Voluntad y decía entre mí:  “Si Nuestro Señor ama tanto el hacer conocer un Querer tan santo, y quiere que reine en medio a las criaturas, ¿por qué entonces quiere que se ruegue para obtenerlo?  Mientras que una vez que lo quiere lo puede dar, incluso sin tanto pedirlo.  Y mi dulce Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, el conocer mi Divina Voluntad es la cosa más grande que Yo puedo dar y la criatura puede recibir, y su reinar es la confirmación de su gran don, y el desarrollo de su Voluntad conocida.  Por eso es necesario pedirlo; con pedirlo se dispone, forma en sí la morada real dónde recibirlo; con pedirlo adquiere el amor para amarlo, adquiere las dotes de sacrificio que se requieren para poseerlo, y conforme se pide, el querer humano pierde su terreno, se debilita, pierde la fuerza y se dispone a recibir el dominio del Querer Supremo, y Dios viendo que le ruegan se dispone a darlo.  Se necesitan las disposiciones de ambas partes para dar nuestros dones celestiales, ¡cuántos dones queremos dar!  Pero como no son pedidos los retenemos en Nosotros mismos, esperando darlos cuando sean pedidos.  El pedir es como si se abriera el comercio entre el Creador y la criatura; si no se pide, el comercio está cerrado, y nuestros dones celestiales no descienden para ponerse en giro sobre la faz de la tierra, por eso, la primera necesidad indispensable para obtener el reino de la Divina Voluntad, es pedirlo con plegarias incesantes, porque conforme se pide, así nos llegan las cartitas, ahora de premuras, ahora de súplicas, ahora de acuerdo que quieren hacer con nuestra Voluntad, hasta que llegue la última carta del acuerdo final.

(3) Segunda necesidad, más indispensable que la primera, para obtener este reino, es necesario saber que se puede tener.  ¿Quién puede pensar en un bien, desearlo, amarlo, si no sabe que lo puede obtener?  Ninguno.  Si los antiguos no hubieran conocido que debía venir el futuro Redentor, ninguno lo habría pensado, ni pedido, ni esperado salvación, porque la salvación, la santidad de aquellos tiempos estaba fijada, concentrada en el futuro Salvador Celestial.  Fuera de esto no se podía esperar ningún bien.  Conocer que se puede tener un bien forma la sustancia, la vida, el alimento de aquel bien en la criatura.  He aquí el por qué los tantos conocimientos sobre mi Voluntad que te he manifestado, a fin de que se pueda conocer que pueden tener el reino de mi Voluntad.  Cuando se conoce que un bien se puede tener, se usan las artes, las industrias, y se empeñan los medios para obtener el intento.

(4) El tercer medio necesario es conocer que Dios quiere dar este reino, esto pone los fundamentos, la esperanza cierta para obtenerlo, y forma los últimos preparativos para recibir el reino de mi Divina Voluntad.  Un bien que se quiere y suspira, saber que quien lo puede dar, ya lo quiere dar, se puede llamar el último golpe de gracia, y acto final para obtener lo que se quiere.  En efecto, si Yo no te hubiera manifestado que puedo dar, y quiero dar mi Voluntad Divina dominadora y reinante en medio a las criaturas, tú habrías sido indiferente, como todos los demás, a un bien tan grande, así que tu interés, tus plegarias, han sido efectos y partos de lo que has conocido.  Y Yo mismo cuando vine sobre la tierra, los treinta años de mi Vida oculta, se puede decir que aparentemente no hice bien a ninguno, ni siquiera uno me conoció; estaba en medio a ellos inobservado, todo el bien se desarrollaba entre Yo y el Padre Celestial, mi Celestial Madre y el amado San José, porque sabían quién era Yo; todos los otros nada.  En cambio cuando salí de mi ocultamiento, y abiertamente me hice conocer diciendo que era propiamente Yo el Mesías prometido, su Redentor y Salvador, y si bien con hacerme conocer me atraje calumnias, persecuciones, contradicciones, ira, odio de los hebreos, y la misma Pasión y muerte, todos estos males que como lluvia tupida llovían sobre Mí, tuvo origen porque Yo haciéndome conocer, afirmaba lo que Yo era en realidad, el Verbo Eterno descendido del Cielo para salvarlos.  Tan es verdad, que mientras estuve en la casa de Nazaret, no conociendo quién fuera Yo, ninguno me dijo nada, ni me calumniaron, ni me hicieron algún mal; en cuanto me develé, todos los males me llovieron encima.  Pero el hacerme conocer era necesario, de otra manera habría regresado al Cielo sin cumplir la finalidad por la cual vine a la tierra.  En cambio con el hacerme conocer, a pesar que me atrajo tantos males, en medio a esta vorágine de males formé a mis apóstoles, anuncié el Evangelio, obré prodigios, y mi conocimiento instigó a mis enemigos a hacerme sufrir tantas penas hasta darme la muerte de cruz.  Pero obtuve mi intento, que muchos me conocieran en medio a tantos que no quisieron conocerme, y de cumplir mi Redención.  Yo lo sabía, que con hacerme conocer, la perfidia y soberbia de los hebreos me habrían hecho tanto, pero era necesario hacerme conocer, porque una persona, un bien si no se conoce, no es portador de vida, ni de bien.  El bien, la verdad no conocidos, quedan obstaculizados en sí mismos, sin fecundidad, como tantas madres estériles que termina con ellas su generación.  Ve entonces cómo es necesario que se conozca que puedo dar el reino de mi Voluntad y que quiero darlo.  Puedo decir que hay la misma necesidad como aquélla de hacer conocer que Yo era el Hijo de Dios que vino sobre la tierra.  Es también verdad que muchos al conocer esto, repetirán lo que me hicieron cuando hice conocer que Yo era el suspirado Mesías; calumnias, contradicciones, dudas, sospechas, desprecios, como ya lo han hecho en cuanto se inició la impresión con la que se iniciaba el dar a conocer mi Divina Voluntad; pero esta no es la causa principal, es el bien, que poseyendo la fuerza que hiere al mal, las criaturas, el infierno, sintiéndose heridos se arman contra el bien y quisieran aniquilar el bien, y a aquélla o a aquél que quiere hacer conocer el bien.  Pero a pesar de todo lo que han querido hacer al principio del querer nacer el conocimiento de mi Voluntad y que quiere reinar, que la han como sofocado, sin embargo ha dado sus primeros pasos, y lo que no creían algunos otros lo han creído, los primeros pasos llamarán a los segundos, a los terceros, y así poco a poco, a pesar que no faltarán aquellos que suscitarán contradicciones y dudas, pero es de absoluta necesidad que se conozca mi Divina Voluntad, que puedo darla, y quiero darla.  Estas son condiciones, que sin ellas Dios no puede dar lo que quiere dar, y la criatura no puede recibir.  Por eso ruega, y no des marcha atrás en hacer conocer mi Divina Voluntad.  El tiempo, las circunstancias, las cosas, las personas, cambian, no son siempre las mismas, por eso lo que no se obtiene hoy, se podrá obtener mañana, y será para confusión de quien ha sofocado un bien tan grande.  Pero mi Voluntad triunfará y tendrá su reino sobre la tierra”.

(5) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, y toda me abandonaba en sus brazos divinos, y mi amado Jesús ha agregado:

(6) “Hija buena, tú debes saber que mi Divina Voluntad posee y contiene dentro de Sí todo, todas las alegrías, todas las bellezas, de Ella todo sale y sin perder nada todo contiene en Sí, se puede decir que lleva a todos y todo en su regazo inmenso de luz.  Así que todos viven en Ella, con esta diferencia, que quien con toda su voluntad quiere vivir en Ella, y se hace dominar por su dominio, vive como hija, y como hija es constituida heredera de las alegrías, de las bellezas, de los bienes de su Madre, de modo que esta Madre Divina está toda atenta a embellecer, enriquecer, y a hacer gozar a su hija.  En cambio quien quiere vivir de voluntad humana y no se hace dominar por su dominio, vive en esta Santa Voluntad, pero vive no como hija, sino como extraña, y todas las alegrías se convierten para la criatura en amargura, las riquezas en pobreza, las bellezas en fealdad, porque viviendo como extraña vive como apartada de los bienes que mi Divina Voluntad posee, y justamente merece que nada posea de bien, su querer humano que la domina le da lo que tiene, pasiones, debilidades, miserias.  Nada huye de mi Divina Voluntad, ni siquiera el infierno, y como no la han amado en vida, han vivido como miembros separados de Ella, pero siempre dentro, no fuera, ahora, en aquellas tétricas prisiones, las alegrías, la felicidad, las bienaventuranzas de mi Divina Voluntad se convierten en penas y tormentos eternos, por eso el vivir en mi Voluntad no es nuevo como algunos creen, todos viven en Ella, buenos y malos, si se quiere decir nuevo, es el modo de vivir, quién la reconoce como acto continuo de vida, quién le da el dominio en todos sus actos, porque el vivir en Ella es la santidad de cada instante que recibe la criatura, se puede decir que crece continuamente en santidad, pero santidad dada por mi Voluntad, crecida junto con Ella, así que siente por vida, más a mi Voluntad que a su misma vida.  En cambio quien no vive en Ella, a pesar de que está dentro no la reconoce en cada acto suyo, y vive como si viviera lejano de Ella y no recibiera el acto continuo de su vida, a pesar que lo recibe.  De esta manera no se forma la santidad del vivir en mi Querer, sino a lo más la santidad de las circunstancias, así que se acuerdan de mi Divina Voluntad cuando las oprime una necesidad, un dolor, una cruz, entonces se oyen exclamar:  ‘Sea hecha la Divina Voluntad.’  Y en todo el resto de su vida, mi Voluntad ¿dónde estaba?  ¿No estaba ya con ellas contribuyendo a todos sus actos?  Estaba, pero no la reconocían.  Sucede como a una madre que vive en su palacio, la cual ha dado a luz muchos hijos, algunos de estos están siempre junto a la madre, la cual infunde en los hijos sus modos nobles, los nutre con alimentos delicados y buenos, los viste con vestidos decentes, les confía sus secretos y los hace herederos de sus bienes.  Se puede decir que la madre vive en los hijos y los hijos en la madre, se hacen felices mutuamente y se aman con amor inseparable; los otros hijos viven en el palacio de la madre, pero no están siempre junto a ella, encuentran placer en vivir en estancias lejanas de la de su madre, por eso no aprenden sus modos nobles, no visten con decencia, los alimentos que toman les hacen más mal que bien, y si alguna vez van a la madre no es por amor, sino por necesidad.  Por eso la gran diferencia entre uno y otro de estos hijos, pero a pesar de todo esto, en el palacio de la madre viven el uno y otro.  Así es, todos viven en mi Voluntad, pero sólo quien quiere vivir de Ella, vive en Ella como hijo con su Madre, todos los demás, a pesar que viven en Ella, ni siquiera la conocen, otros viven como extraños, otros la conocen para ofenderla”.

 

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30-23

Marzo 27, 1932

 

Condiciones para asegurar la venida del reino del Fiat sobre la tierra.

Las manifestaciones sobre la Divina Voluntad serán ejército

aguerrido de amor, armas, redes para vencer a la criatura.

 

(1) Me sentía inmersa en el Querer Divino, y ¡oh! cuántos pensamientos se agolpaban en mi mente, y su luz formaba sus olas, una seguía a la otra, y estas olas se convertían en voz, en murmullo, en música celestial, pero ¡oh! cómo es difícil retener el lenguaje de aquella luz interminable.  Cuando se está dentro de Ella parece que se comprende mucho, pero en cuanto se retira queda sólo alguna gotita y el dulce, inolvidable y amado recuerdo de haber estado en la luz del eterno Fiat.  Si el bendito Jesús no obrara un milagro, abajándose Él con modo más adaptable a la naturaleza humana, yo nada habría sabido decir.  Entonces veía en mi mente el cuadro del reino de la Divina Voluntad, y quería que Jesús me dijera cuáles eran sus condiciones para estar segura de su venida, y mi Maestro Celestial, visitando a la pequeña recién nacida de su Querer me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, las condiciones absolutas, necesarias y de suma importancia, que forman la vida y el alimento para asegurar el reino de mi Divina Voluntad, es pedir de la criatura grandes sacrificios y prolijidad de continuo sacrificio; entonces nuestra bondad, en virtud del sacrificio que pide, debe dar gracias sorprendentes a quien pide este sacrificio, de modo que a la criatura fascinada por mi amor, por mis dones y por mis gracias, le parecerá nada el sacrificio que Yo le pido, a pesar de conocer que su vida ha terminado, que no tendrá más derecho sobre sí misma, y que todos los derechos serán de quien le pidió el sacrificio; si no conociera toda la magnitud del sacrificio que acepta, no tendría todo el valor, porque por cuanto más se conoce la grandeza, el peso del sacrificio, tanto más valor viene puesto dentro.  El conocimiento pone el valor exacto y completo en el sacrificio, por el contrario quien no conoce todo el peso de un sacrificio, ¡oh! cuánto disminuye el valor, la gracia, el bien que debe obtener, además nuestro amor queda herido, nuestra potencia se siente impotente ante una criatura a la que le pedimos grandes sacrificios, haciéndole conocer el peso a que se debe someter, y ella, sólo por nuestro amor y para cumplir nuestra Voluntad, acepta todo.  El sacrificio prolijo trae la prolijidad de la oración, y ¡oh! cómo nuestros oídos se ponen atentos, nuestras miradas quedan raptadas al ver que en medio de la hoguera del sacrificio querido por Nosotros, ruega, y ¿qué cosa pide y quiere?  Lo que Nosotros queremos:  ‘Que nuestra Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra.’  ¡Ah! si ella pudiera, arrollaría Cielo y tierra, quisiera todo en su poder para hacer que todos pidieran lo que quiere, a fin de que su sacrificio obtenga la finalidad y lleve el fruto querido por Dios.  Nuestra paterna bondad es tanta, que nos resulta imposible no oír favorablemente el propósito de un sacrificio prolongado y una plegaria prolija.  Estas son las condiciones por parte de las criaturas, y esto lo hemos hecho contigo y queremos que lo conozcas, porque Nosotros no damos nuestras cosas a los ciegos, que por su ceguera no conocen los bienes que le son dados, ni aquellos que le están alrededor, mucho menos a los mudos, que por su mutismo no tienen palabras para manifestar nuestras verdades y nuestras gracias.  La primera cosa que damos es el conocimiento de lo que queremos hacer de ella, y después damos y hacemos lo que hemos dispuesto.  El conocimiento se puede llamar el principio, el vacío, la semilla donde poner el sacrificio, nuestras cosas, y hacer surgir la bella oración que nos debilita, nos encadena con cadenas, con ataduras inseparables, y nos hace dar lo que quiere.  Mucho más que siendo nuestra Voluntad vida y obra que da vida a todo y a todos, para venir a reinar sobre la tierra quería de parte de la familia humana una vida de criatura a su disposición, y que sin oponerse estuviera en poder de su Voluntad Divina, a fin de que de ella hiciera lo que quiere; esto le servirá de apoyo y condición para asegurar su reino por parte de las criaturas.  Ahora vienen las aseguraciones por parte de Dios, pero ¿a quién podía hacerlas sino a quien había pedido el sacrificio?  Así que mi gran prolijidad en manifestar tantas verdades sobre mi Divina Voluntad, mi largo decir sobre su reino y sobre el bien que quiere y debe hacer, su prolongado dolor de cerca de seis mil años porque quiere reinar y la han rechazado, las muchas promesas que quiere dar de bienes, de felicidad, de alegría si la hacen reinar, no han sido otra cosa que aseguraciones que he dado a la criatura de este reino de mi Fiat, y estas aseguraciones venían hechas y selladas en la cosa más bella, más sagrada, más preciosa, esto es en el centro de la hoguera de tu sacrificio querido por Nosotros.  Puedo decir que no me canso jamás de hacer aseguraciones, digo, vuelvo a decir siempre con nuevos modos, nuevas verdades, nuevas formas, semejanzas sorprendentes siempre sobre mi Divina Voluntad, jamás habría dicho tanto si no fuera cierto que mi reino debía tener su dominio sobre la tierra.  Por eso es casi imposible que un decir mío tan prolijo, y un sacrificio tuyo tan continuo, no deban tener los suspirados frutos de parte de Dios y de parte de las criaturas, por eso continúa tu vuelo en aquel Fiat que tiene potencia de hacerse camino, de abatir todas las dificultades, y a fuerza de amor hacerse los más fieles amigos y defensores de sus más despiadados enemigos”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, mi concepción, mi nacimiento, mi Vida oculta, mi evangelio, los milagros, mis penas, mis lágrimas, mi sangre derramada, mi muerte, reunido todo junto, formaron un ejército invencible para cumplir mi Redención.  Así todas mis manifestaciones sobre mi Divina Voluntad, desde la primera hasta la última palabra que diré, deben servir para formar el ejército aguerrido, todo de amor, de fuerza invencible, de luz irresistible, de amor que transforma, ellas colocarán en torno a la criatura una red, que si quieren salir caerán dentro, se enredarán tanto, que no sabrán cómo salir, y mientras tratará de salir, mis tantas manifestaciones sobre Ella continuarán cubriéndola, de modo de hacer más extendida su red, entonces, viéndose enredada tomará gusto de las tantas bellezas de verdad, y se sentirá feliz de haber sido enredada en la red de tantas verdades mías manifestadas.  ¡Así que ellas formarán el cumplimiento del reino de mi Divina Voluntad!  Por eso cada manifestación mía sobre Ella es un arma que debe servir para completar un reino tan santo.  Si Yo la manifiesto y tú no la dices, harás faltar las armas necesarias, por eso sé atenta.

(4) Además de esto, tú debes saber que cada palabra salida de la increada sabiduría contiene vida, sustancia, obra, enseñanzas, así que cada verdad manifestada sobre nuestra Divina Voluntad tendrá en nuestro reino su propio oficio, muchas verdades tendrán el oficio de formar y hacer crecer la Vida de la Divina Voluntad en la criatura, otras ocuparán el oficio de alimentarla, otras harán de maestro, otras verdades tendrán el oficio de defensores, de modo que se pondrán como un ejército en torno a la criatura para que ninguno la pueda tocar.  Ve entonces la necesidad de mi decir tan prolijo y de las tantas verdades que he manifestado, es un reino que debo formar, el cual no se forma con pocas palabras, con pocos actos y oficios; ¡se requieren tantas!  Y cada verdad mía tiene virtud de ocupar un oficio para mantener el orden perfecto, paz perenne, será el eco del Cielo y nadarán dentro de un mar de gracias, de felicidad, bajo un sol que no conoce nubes, el cielo será siempre sereno.  Mis verdades sobre mi Divina Voluntad serán las únicas leyes que dominarán a las criaturas que entrarán a vivir en este reino, leyes no de opresión sino de amor, que dulcemente se harán amar, porque en ellas encontrarán la fuerza, la armonía, la felicidad, la abundancia de todos los bienes.  Por eso ánimo y siempre adelante en mi Divina Voluntad”.

 

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30-24

Abril 2, 1932

 

El poder divino pondrá un límite a los males del hombre, y les

dirá:  Basta, hasta aquí.  Nuestro Señor muestra con los

hechos que quiere dar el reino de su Voluntad.

 

(1) Estoy siempre de regreso en el Santo Querer Divino, no puedo hacer otra cosa, porque siendo vida, la vida se siente siempre, se siente el respiro, el movimiento, el calor; así es la Divina Voluntad, en cuanto se siente, así se siente su Vida, su calor, su movimiento y todo lo que Ella encierra, con esta sola diferencia, que cuándo se pone atención en una cosa que como vida encierra, y cuándo en alguna otra.  Entonces pensaba entre mí:  “¿Cómo es que la criatura puede regresar bella y santa como salió de las manos creadoras de Dios, para realizar el reino de su Fiat en medio a la familia humana?”  Y mi amado Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, todas las obras de nuestro Ser Supremo son perfectas y completas, ninguna obra nuestra está a medias.  La Creación está toda completa y perfecta, es más, hay muchas cosas que no son de absoluta necesidad, sino como lujo y ostentación de nuestra potencia, amor y magnificencia.  ¿Sólo el hombre, por quien todas las cosas fueron creadas, debe quedar como nuestra obra imperfecta e incompleta, sin la finalidad por la cual fue creado, la cual es que nuestro Fiat tenga su reino en cada criatura?  ¿Y esto porque pecó y quedó manchado y afeado, que lo volvió como una habitación a punto de derrumbarse, expuesto a los ladrones y a sus enemigos?  ¿Como si nuestra potencia fuera limitada y no tuviera todo el poder de hacer lo que quiere, como quiere y cuando quiere?  Quien piensa que el reino de nuestra Voluntad no puede venir, pone en duda la misma potencia suprema.  Todo podemos, el querer nos puede faltar, pero cuando lo queremos nuestro poder es tanto, que lo que queremos hacemos, no hay cosa que se pueda resistir frente a nuestra potencia; así que tenemos poder de rehabilitarlo, de hacerlo más bello que antes, fortalecer y ponerle cemento a su habitación derrumbada, de modo de volverla más fuerte que antes, y con el soplo de nuestro poder encerrar en los oscuros abismos a los ladrones y enemigos suyos.  Así que el hombre, aunque se salió de dentro de nuestra Divina Voluntad, no dejó de ser obra nuestra, y si bien se desordenó, nuestra potencia por decoro de nuestra obra, que debe ser perfecta y cumplida como Nosotros la queremos, con su poder pondrá un límite a sus desórdenes, a sus debilidades, y le dirá con su imperio:  ‘Basta, hasta aquí, regresa al orden, toma tu puesto de honor como obra digna de tu Creador.’  Son prodigios de nuestra Omnipotencia que obrará, y que el hombre no tendrá fuerza de resistir, pero sin esfuerzo, espontáneo, alentado y atraído por una fuerza suprema, por un amor invencible.  ¿No fue un prodigio de nuestra potencia la Redención querida por nuestra Voluntad y por nuestro amor, que sabe vencer todo, incluso las ingratitudes más negras, las culpas más graves, y corresponder en amor donde el hombre ingrato lo ha ofendido de más?  Si se trata del hombre, ciertamente que no podrá levantarse con todas las ayudas de mi Redención, porque no está dispuesto a tomarlas, muchos no cesan de ser pecadores, débiles, ensuciados con las culpas más graves.  Pero si se trata de mi potencia, de mi amor, cuando las dos balanzas desborden un poco de más y lo toquen con voluntad de vencerlo, el hombre se sentirá sacudido y arrojado por tierra, de manera que resurgirá del mal en el bien y entrará de nuevo en nuestra Voluntad Divina de donde salió, para tomar su heredad perdida.  ¿Sabes tú dónde está el todo?  El todo está en si nuestra Voluntad lo quiere y con decretos divinos lo ha decidido; si esto hay, todo está hecho, y es tan cierta esta decisión, que ya están los hechos.  Tú debes saber que cuando vine sobre la tierra, mientras hacía el oficio de Redentor, al mismo tiempo todo lo que hacía mi Santa Humanidad encerraba tantos actos de mi Voluntad Divina como depósito para dar a la criatura, Yo no tenía necesidad porque era la misma Divina Voluntad, así que mi Humanidad hacía como una madre ternísima, encerraba en Sí tantos partos de mi Voluntad por cuantos actos hacía, para darlos a la luz y parirlos en el seno de los actos de las criaturas, para formar en sus actos el reino de los actos de mi Fiat.  Por eso está como una madre, esperando con un amor que la hace sufrir, el dar a luz estos sus partos divinos.  El otro hecho es que Yo mismo enseñé el Pater Noster, a fin de que todos rogaran que venga mi reino, para que se haga mi Voluntad como en el Cielo así en la tierra.  Si no debiera venir habría sido inútil enseñar tal oración, y Yo cosas inútiles no sé hacer, y además las tantas verdades manifestadas sobre mi Divina Voluntad, ¿no dicen claramente que su reino vendrá sobre la tierra, no por obra humana sino por obra de nuestra Omnipotencia?  Cuando Nosotros queremos todo es posible, tan fácilmente hacemos las cosas pequeñas como las grandes, porque toda la virtud y potencia está en nuestro acto, no en lo bien que recibe el acto de nuestra potencia.  En efecto, cuando estaba sobre la tierra, como en todos mis actos corría mi potencia, se volvía potente el toque de mis manos, el imperio de mi voz, y así de todo lo demás, y con la misma facilidad llamé a vida a la niña muerta hacía pocas horas, que llamé a vida a Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, el cual ya se había corrompido y despedía un hedor insoportable; ordené que le quitaran las vendas y después lo llamé con el imperio de mi voz:  ‘Lázaro, ven fuera.’  A mi voz imperante Lázaro resucitó, la corrupción desapareció, el hedor cesó y regresó sano y vigoroso como si no hubiera muerto.  Verdadero ejemplo de cómo mi potencia puede hacer resurgir el reino de mi Fiat en medio a las criaturas, este es un ejemplo palpable y cierto de cómo mi potencia, a pesar de que el hombre esté corrompido, el hedor de sus culpas más que a cadáver lo infecte, se puede llamar un pobre vendado que tiene necesidad del imperio divino para quitarse las vendas de sus pasiones, pero si el imperio de mi potencia lo inviste y quiere, su corrupción no tendrá más vida, y resurgirá sano y más bello que antes.  Por eso, a lo más se puede dudar que mi Divina Voluntad lo quiera, porque podría no merecer tanto bien, pero que mi potencia no lo pudiera, eso jamás”.

 

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30-25

Abril 9, 1932

 

Jesús va modelando a la criatura para hacerla resurgir en la nueva

vida de su verdad.  Sólo Jesús podía manifestar tantas verdades

sobre la Divina Voluntad, porque posee su fuente.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, me siento la pequeña niña que sorbo a sorbo es nutrida de este alimento celestial, el cual produce en mi alma, fuerza, luz, suavidad indescriptible, y además, cada verdad que mi amado Jesús manifiesta a su pequeña recién nacida es una de las escenas más conmovedoras y deliciosas, y de las más bellas que pone en mi mente como portadora de las beatitudes de la patria celestial, por eso me sentía inmersa en tantas verdades del Fiat Supremo, y mi siempre amable Jesús visitando a su pequeña niña me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que si nuestro Ente Supremo diera a la criatura todo el cielo, el sol, la tierra, el mar, no daría tanto como cuando comunica las verdades sobre la Divina Voluntad, porque todas las otras cosas permanecerían en lo externo de las criaturas, mientras la verdad penetra en las más íntimas fibras de su alma, y Yo voy plasmando los latidos, los afectos, los deseos, la inteligencia, la memoria, la voluntad, para transformarla toda en la vida de la verdad, y mientras la voy plasmando, voy repitiendo los prodigios de la creación del hombre, y con el toque de mis manos destruyo los gérmenes del mal y hago resurgir los gérmenes de la nueva vida, la criatura siente mi toque y conforme la voy plasmando, siente la nueva vida que le viene dada.  Mientras el cielo, el sol, el mar no tienen la virtud transformadora de formar de la criatura un cielo, un sol, un mar, todo el bien se reduce a lo externo y nada más.  ¿Ves entonces cuántos bienes encierras con haberte manifestado tantas verdades?  Por eso sé atenta en corresponder a un bien tan grande”.

(3) Después continuaba pensando en las tantas verdades sobre la Divina Voluntad, cuántas alegrías, cuántas transformaciones divinas.  Han sido propiamente ellas las reveladoras del Ente Supremo, jamás habría conocido a mi Creador, a mi Padre Celestial, si las santas verdades no hubieran hecho de mensajeras, llevándome las tantas bellas noticias de su adorable Majestad, y mientras se agolpaban en mi mente tantas verdades, una duda ha surgido en mí:  “¿Ha sido Jesús quien  me ha manifestado tantas verdades, o el enemigo, o mi fantasía?”  Y Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(4) “Mi buena hija, ¡cómo!  ¿Dudas?  La multiplicidad de las tantas verdades sobre mi misma Divina Voluntad es prueba segura de que sólo tu Jesús podía decir tantas cosas sobre el mismo tema, con argumentos variados y fuertes, porque poseyendo la fuente no es maravilla que te lo haya manifestado a ti, y en tantos modos, podría decir las pequeñas gotas de luz de los conocimientos sobre mi adorable Voluntad, digo gotas para Mí, confrontándolas a lo mucho y al mar infinito que me queda por decir, porque si Yo quisiera hablar toda la eternidad, tengo tanto qué decir sobre los conocimientos que pertenecen a mi Fiat Supremo, que no terminaría jamás, pero para ti lo que he manifestado han sido mares, porque lo que son gotas para Mí, que soy un Ser infinito, es mar para ti que eres criatura finita.  Por eso la sola prolijidad y mi tanto decir, es la prueba más cierta y más convincente, de que sólo tu Jesús podía tener tantas razones y que sólo Él puede conocer tanto lo que pertenece a mí mismo Querer.  El enemigo no posee la fuente, y además él tocaría una tecla que lo quemaría más, porque la cosa que más odia y que más lo atormenta es mi Divina Voluntad, y si estuviera en su poder pondría la tierra pies arriba, usaría todas las artes y astucias para hacer que ninguno conociera e hiciera mi Voluntad; mucho menos tu fantasía, tan limitada y pequeña, ¡oh! cómo súbito quedaría apagada la luz de la razón, y cuando hubieras dicho dos o tres razones, habrías hecho como aquellos que quieren hablar y se sienten enmudecer y no saben seguir más adelante, por eso confusa te reducirías al silencio.  Por eso sólo tu Jesús tiene la palabra siempre nueva, penetrante, plena de frescura divina, de suavidad admirable, de verdad sorprendente, por lo cual la inteligencia humana está obligada a inclinar la frente y decir:  ‘Aquí esta el dedo de Dios.’  Por eso reconoce un bien tan grande, y tu punto de centro en todas las cosas sea sólo mi Voluntad”.

 

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30-26

Abril 13, 1932

 

La naturaleza humana que se hace dominar por la Divina

Voluntad, es campo de su acción, y tierra florida.  La

Divina Voluntad posee la inseparabilidad.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos de la Divina Voluntad, como una niña estrechada entre los brazos de la mamá, la cual me tiene tan estrechada entre sus brazos de luz, que no me deja ver, sentir o tocar otra cosa que la Divina Voluntad.  Y yo pensaba entre mí:  “¡Oh! si yo estuviera libre de la cárcel de mi cuerpo, mis vuelos serían más rápidos en el Fiat, habría conocido más, de hecho sería un solo acto con Ella, pero mi naturaleza me parece que me lleva a hacer interrupciones, como si me pusiera obstáculos y me hiciera sentir fatiga para correr siempre en la Divina Voluntad”.  Pero mientras esto pensaba, mi divino Maestro Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija bendita, tú debes saber que para quien vive en mi Divina Voluntad, Ella tiene virtud de tener ordenada la naturaleza de la criatura, y en vez de ser obstáculo, le es de ayuda para poder hacer más actos de Voluntad Divina, más bien sirve como tierra a las flores, que se presta para formar las bellas floraciones, las que casi la esconden y la cubren con la variedad de sus bellezas, a las cuales el sol les comunica la variedad de los más bellos colores y las va abrillantando con su luz.  Si no fuera por la tierra, a las flores les faltaría el lugar para formarse la vida para poder nacer y hacer su bella aparición, y el sol no encontraría a quién comunicar el desahogo de sus bellos colores y de sus puras dulzuras.  Así es la naturaleza humana para el alma que vive en mi Divina Voluntad, es como tierra fecunda y pura, que se presta para dar el campo de acción y hacerla formar no solo las bellas floraciones, sino para hacer aparecer tantos soles por cuantos actos va haciendo.  Hija mía, es un encanto de belleza ver la naturaleza humana que vive en mi Divina Voluntad, cubierta y escondida como bajo de un prado florido, todo investido de luz fulgidísima, el alma por sí sola no habría podido formar tantas variedades de belleza, mientras que unida encuentra las pequeñas cruces, las necesidades de la vida, las variedades de las circunstancias, ahora dolorosas, ahora alegres, que como semillas se sirve de ellas para sembrarlas en la tierra de la naturaleza humana para formar su campo florido.  El alma no tiene tierra y no podría producir ninguna floración; en cambio unida con el cuerpo, ¡oh! cuántas más bellas cosas puede hacer, mucho más que esta naturaleza humana fue formada por Mí, la plasmé parte por parte, dándole la más bella forma, puedo decir que hice de artífice divino y puse en ella tal maestría, que ninguno otro puede alcanzar.  Así que la amé, veo todavía el toque de mis manos creadoras impreso sobre la naturaleza humana, por eso también ella es mía, me pertenece.  El todo está en el acuerdo completo:  Naturaleza, alma, voluntad humana, y Divina; cuando está esto, que la naturaleza se presta como tierra, la voluntad humana está en acto de recibir la Vida de la Voluntad Divina en su actos, se hace dominar en todo, no conoce otra cosa en todas sus cosas sino sólo mi Voluntad, como vida, actora, portadora, conservadora de todo, ¡oh! entonces todo es santo, todo es puro y bello, mi Fiat está sobre ella con su pincel de luz para perfeccionarla, divinizarla, espiritualizarla.  Por eso tu naturaleza no puede ser obstáculo a los vuelos en mi Voluntad, más bien puede servirte de obstáculo tu querer, al cual debes tener siempre en la mira para no darle vida, que de tu tierra no hay que temer, aquella, si tiene recibe, y da lo que ha recibido, es más, da de más y cambia las semillas en flores, en plantas, en frutos, y si no tiene se está en su mudo silencio y queda como tierra estéril”.

(3) Después agradecía a Jesús por su bella lección y me sentía contenta de que mi naturaleza humana no podía dañarme, más bien me podía ayudar a hacer crecer la Vida de la Divina Voluntad en mi alma, y continuaba mis giros y vuelos en sus actos, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, mi Divina Voluntad posee la inseparabilidad de todos sus actos y efectos, tanto si obra sola en Sí misma y fuera de Sí misma, tanto si obra en la criatura o la criatura obra en Ella, o bien para llevar a cabo lo que quiere mi Divina Voluntad.  En este modo de obrar pone de lo suyo y lo retiene como acto y propiedad suyos, inseparables de Ella.  Ahora, si la criatura vive en mi Divina Voluntad, estos actos se vuelven propiedad común de la una y de la otra; si después se sale, pierde sus derechos, primero porque fueron hechos en nuestra casa, y después la sustancia, la vida del acto, la santidad, la belleza, las prerrogativas que se requieren para poder formar un acto nuestro, han sido puestos por nuestro Querer Divino, la criatura no ha hecho otra cosa que asistir y concurrir con su voluntad de obrar junto con la nuestra, pero de sustancia nada ha puesto de lo suyo.  Por eso si persiste en vivir en nuestro Querer, señorea junto; si sale, con justicia nada le toca, pero si vuelve a entrar adquiere de nuevo el derecho de señorear.  Pero hay gran diferencia entre quien vive en mi Divina Voluntad y obra junto, y entre quien no viviendo en Ella sigue y cumple en las circunstancias lo que quiere mi Fiat, ésta toma en su acto mi Voluntad limitada, y en cuanto termina el acto así queda, no sigue más adelante, y si bien también estos actos son inseparables de Ella, pero se ve en estos actos que no tienen el obrar continuo; limitada tomaron mi Divina Voluntad, y limitada quedó; en cambio quien vive en Ella y obra, su acto adquiere el acto incesante de obrar continuamente, éstos estarán siempre obrantes en mi Fiat, no perderán jamás la actitud, cual es el obrar de mi Querer, que no cesa jamás, así se hacen los actos de la criatura.  Por eso siempre en mi Fiat te quiero, si quieres tomarlo no limitado y como a gotas, sino como mares, de manera de quedar tan llena, que no tocarás ni verás otra cosa que mi Divina Voluntad”.

 

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30-27

Abril 23, 1932

 

Cómo la criatura es llamada por la Divina Voluntad.  Cuantas

veces hace sus actos en Ella, tantas veces renace en sus actos.

Competencia entre Creador y criatura.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, siento su llamada en todos sus actos, esto es, en el cielo, en el sol, en el mar, en el viento, en los actos que hizo en la Redención, porque no hay cosa que exista, que del Querer Divino no haya salido, y me llama para decirme:  “Todo lo he hecho para ti, ven a gozar y a poseer todo lo que con tanto amor he creado para ti, no te vuelvas extraña de todo lo que a ti pertenece, no dejes aisladas y desiertas nuestras y tus posesiones, ven y haz resonar tu voz, a fin de que resuene en todas nuestras cosas creadas, haznos oír el dulce pisar de tus pasos, la soledad nos abruma, la compañía nos pone en fiesta y nos da las dulces sorpresas de las alegrías que nos puede dar nuestra amada criatura”.  Pero mientras mi mente giraba en sus obras, mi siempre amable Jesús, visitando mi pobre alma, todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, como todas las cosas creadas fueron hechas para las criaturas, en cada una de ellas mi Divina Voluntad se quedaba para llamarlas, porque no quería quedar sola, sino que quería a aquélla por la cual las cosas fueron hechas, para darle los derechos sobre ellas, y así no quedar defraudada en su finalidad por la cual las había creado.  Ahora, ¿quién escucha esta llamada?  Quien posee mi Voluntad como vida.  El eco de mi Voluntad que está en las cosas creadas forma el mismo eco en el alma que la posee, y entre sus mismos brazos la lleva donde mi Querer la llama, y como tiene sus derechos dados por Mí, si ella ama, todas las cosas creadas dicen amor; si adora, dicen adoración; si agradece, dicen agradecimientos, de modo que se ve moverse en el cielo, en el sol, en el mar, en el viento, en todo, aun en el pequeño pajarito que canta, el amor, la adoración, el agradecimiento de la criatura que posee mi Divina Voluntad, cómo es basto el amor y todo lo que puede hacer y decir, Cielos y tierra están en su poder.  Pero esto es nada todavía, tú debes saber que el alma que posee mi Divina Voluntad, en su acto entra su Omnipotencia divina y potencia verdadera, lo que significa difundirse en todos y todo, llamar a todos en aquel acto, con su imperio hacerse sentir por todos, llamar la atención de todos, de modo que sienten la potencia obrante de mi Fiat en el acto de la criatura, porque puedo llamarlo no acto suyo, sino mío, y quien se encuentra en posesión de Él, como son los ángeles, los santos, la Creación, sienten correr una vena de su potencia y se ponen todos atentos para recibirla, e inclinándose adoran, agradecen, aman la Divina Voluntad obrante.  Un acto de Ella es la cosa más grande, más bella para todo el Cielo y para toda la tierra; un acto suyo, como posee potencia completa, tanto si obra en el acto humano, como si obra solo, puede llevar innovaciones, transformaciones sobre todo y hacer resurgir cosas nuevas, que antes no existían.  Así que un acto en mi Divina Voluntad toma lugar en el orden divino, y con su imperio potente impera sobre todos, impera con su amor atrayente, con su belleza raptora, con sus alegrías y dulzuras infinitas, es un acto que encierra el conjunto de todo, y aquellos que no sienten lo bello de él están obligados a sentir el peso de la justicia divina sobre ellos, pero todos sentirán el toque de la potencia de un acto de mi Voluntad, ninguno será excluido.  Y sólo estos actos se alinean para dar continuo homenaje a Dios mismo, porque los que más dan gloria a Dios y homenaje continuo, son los actos hechos en el Fiat, porque son actos hechos por Dios mismo, y toman parte en su acto incesante”.

(3) Después de esto estaba haciendo mis actos en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, el alma que vive en mi Voluntad está en continuo acto de renacer en los actos que hace en Ella, si ama está en acto continuo de renacer en el amor divino, y mientras nace forma la vida del amor en ella, y como vida toma el primado en todo su ser, de modo que su latido, su respiro, el movimiento, la mirada, el paso, la voluntad, y todo lo demás, se vuelve amor, y cuantas veces renace, tantas veces más crece el amor, este amor como vida y en acto de siempre nacer y crecer, tiene la fuerza raptora y que hiere, y mientras nos hiere nos rapta, pero con nuestra misma potencia divina, y Nosotros sintiéndonos heridos desbordamos amor de nuestras heridas, y herimos a nuestra amada criatura, y en cada renacimiento duplicamos nuestro amor por ella.  Así si repara, y cuantas veces repara en nuestra Voluntad, tantas veces renace en la reparación divina y forma la vida de la reparación en su alma, así que el respiro, el movimiento, la voluntad y todo su ser adquiere la vida de la reparación; y como no es con un solo acto que nos repara, sino con una vida entera, como vida tiene la potencia que desarma, y desarmándonos convierte los flagelos en gracias, así de todo lo demás que la criatura puede hacer en nuestra Divina Voluntad, son vida que adquiere, las cuales son alimentadas por nuestra fuentes divinas.  Así si nos alaba en nuestra Divina Voluntad, nos agradece, nos bendice, forma una vida entera de agradecimientos, de alabanzas y de bendiciones hacia su Creador, y cada vez que lo hace, mientras renace en estos actos y crece, forma la plenitud de la vida, de modo que el respiro, el latido, si piensa, si habla, si da un paso, si circula la sangre por sus venas, todo el conjunto de la criatura, no hay partícula de su ser que no diga os agradezco, os alabo, os bendigo.  ¡Oh! cómo es bello verla, que posee tantas vidas por cuantas veces permanece en sus mismos actos hechos en nuestro Fiat Divino, que por cuantas vidas posee sentimos en su latido tantos latidos en uno, tantos respiros, movimientos y pasos en uno, y cada uno, quién dice amor, quién reparaciones, quién agradecimientos, quién alabanza y quién bendiciones; estos renacimientos y vidas forman la más bella armonía en la afortunada criatura que ha tenido el bien de adquirirlas; es tanta nuestra complacencia, que nuestra mirada está siempre fija en verla, nuestros oídos siempre atentos a escucharla, la potencia de nuestro Querer llama nuestra atención continua, y en cuanto nos dice os amo, así Nosotros le repetimos, te amamos, ¡oh! hija.  En cuanto nos repara, así nos la estrechamos al corazón; conforme nos agradece, alaba y bendice, así le vamos repitiendo:  ‘Te agradecemos que nos agradezcas, te alabamos que nos alabes, te bendecimos que nos bendigas’. Podemos decir que nos ponemos en competencia con ella, Cielos y tierra se maravillan de que el Creador se ponga en competencia con su amada criatura.  Por eso siempre en mi Voluntad te quiero, porque en Ella nos das qué hacer y qué decir y formas nuestro desahogo de amor”.

 

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30-28

Abril 30, 1932

 

El vivir en la Divina Voluntad es un don.  Ejemplo del pobre y

ejemplo del rey.  Cómo el don es exceso de amor y magnanimidad

de Dios, el cual ni pone atención, ni quiere hacer cuentas

del gran valor que da.

 

(1) Me sentía inmersa en el Querer Divino, una multitud de pensamientos preocupaban mi mente, pero siempre sobre el mismo Fiat, porque en Él no se puede pensar en otra cosa, su dulce encanto, su luz que todo inviste, sus tantas verdades que como formidable ejército se alinean alrededor, alejan todo lo que a Él no pertenece.  La feliz criatura que se encuentra en la Divina Voluntad se encuentra como en una atmósfera celestial, toda feliz, en la plenitud de la paz de los santos y si quiere alguna cosa, es sólo que todos conocieran un Querer tan amable, tan santo, quisiera que todos vinieran a gozar su felicidad, pero pensaba entre mí:  “Pero, ¿cómo puede ser que las criaturas puedan venir a vivir en la Divina Voluntad para poder formar su santo reino?  Y mi amado Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¡cómo eres pequeña!  Se ve que tu pequeñez no se sabe elevar en la potencia, inmensidad, bondad y magnanimidad de tu Creador, y desde tu pequeñez mides nuestra grandeza y generosidad.  Pobre pequeña, te pierdes en nuestras interminables posesiones, y no sabes dar el justo peso a nuestros modos divinos e infinitos.  Es cierto que humanamente hablando, la criatura rodeada por los males, tal como está, vivir en mi Querer, formar su reino en medio a ellas, es como si quisiera tocar el Cielo con el dedo, lo que es imposible, pero lo que es imposible a los hombres es posible a Dios.  Tú debes saber que el vivir en nuestra Voluntad es un don que nuestra magnanimidad quiere dar a las criaturas, y con este don la criatura se sentirá transformada de pobre en rica, de débil en fuerte, de ignorante en docta, de esclava de viles pasiones, dulce y voluntaria prisionera de una Voluntad toda santa que no la tendrá prisionera, sino reina de sí misma, de los dominios divinos y de todas las cosas creadas.  Sucederá como a un pobre que viste míseros harapos, habita en una cuartucho sin puertas, por lo tanto expuesto a los ladrones y enemigos, no tiene pan suficiente para quitarse el hambre y está obligado a mendigarlo; si un rey le diese por don un millón, el pobre cambiaría su suerte y no daría más el aspecto de un pobre mendigo, sino de un señor que posee palacios, villas, viste con decencia, tiene alimentos abundantes, y está en condiciones de poder ayudar a los demás.  ¿Qué ha cambiado la suerte de este pobre?  El millón recibido en don.  Ahora, si una vil moneda tiene virtud de cambiar la suerte de un pobre infeliz, mucho más el gran don de nuestra Voluntad, dada como don cambiará la suerte infeliz de las generaciones humanas, menos de quien voluntariamente quiera quedarse en su infelicidad.  Mucho más que este don fue dado al hombre en el principio de su creación, e ingrato nos lo rechazó con hacer su voluntad, sustrayéndose de la nuestra.  Ahora, quien se dispone a hacer nuestro Querer prepara el puesto, el decoro, la nobleza donde poder poner este don tan grande e infinito, nuestros conocimientos sobre el Fiat ayudarán y prepararán en modo sorprendente a recibir este don, y lo que no han obtenido hasta hoy, lo podrán obtener mañana.  Por eso estoy haciendo como haría un rey que quisiera elevar una familia, con vínculo de parentesco, a su familia real; para hacer esto se toma primero un miembro de ella, lo tiene en su morada real, lo hace crecer, se nutren juntos, lo adiestra en sus modos nobles, le confía sus secretos, y para hacerlo digno de sí, lo hace vivir de su voluntad, y para estar más seguro y para no hacerlo descender a la bajeza de su familia, le hace don de su querer, a fin de que lo tenga en su poder.  Esto que el rey no puede hacer, Yo lo puedo hacer bilocando mi Voluntad parar hacer de Ella don a la criatura.  Por eso el rey tiene los ojos fijos sobre ella, la va siempre embelleciendo, la viste con vestidos preciosos y bellos de modo que se siente enamorado, y no pudiendo seguir así, la vincula con vínculo duradero de casamiento, de manera que el uno se vuelve don del otro.  Con esto, ambas partes tienen el derecho de reinar y aquella familia adquiere el vínculo de parentesco con el rey, y el rey, por amor de aquélla que se ha donado a él, y que él se ha dado a ella, llama a aquella familia a vivir en su morada real, dándole el mismo don que ha dado a aquélla que ama tanto.  Así hemos hecho Nosotros, primero hemos llamado a una de la familia humana a vivir en la morada real de nuestro Querer; poco a poco le hacíamos don de sus conocimientos, de sus secretos más íntimos, y al hacer esto sentíamos contentos y alegrías indecibles, y sentíamos cómo es dulce y querido hacer vivir a la criatura en nuestro Querer, y nuestro amor nos empujó, más bien nos violentó a hacerle don de nuestro Fiat Omnipotente, mucho más que nos había hecho don del suyo, ya estaba en nuestro poder, y nuestra Voluntad Divina podía estar segura y en su puesto de honor en la criatura.  Ahora, después que hemos hecho don de nuestro Fiat a un miembro de esta familia humana, ella adquiere el vínculo y el derecho de este don, porque Nosotros no hacemos jamás obras y dones para una sola, sino que cuando hacemos obras y dones los hacemos siempre en modo universal, por lo tanto este don estará listo para todos, con tal que lo quieran y se dispongan.  Por eso el vivir en mi Voluntad no es propiedad de la criatura, ni está en su poder, sino que es don, y Yo lo doy cuando quiero, a quien quiero, y en los tiempos que quiero.  Él es don de Cielo dado por nuestra gran magnanimidad y por nuestro amor inextinguible.  Ahora, con este don, la familia humana se sentirá de tal manera vinculada con su Creador, que no se sentirá más lejana de Él, sino de tal manera cercana como si fuera de su misma familia y conviviera en su misma morada real.  Con este don se sentirá de tal manera rica, que nunca más sentirá las miserias, las debilidades, las pasiones turbulentas, sino que todo será fuerza, paz, abundancia de gracia, y reconociendo el don, dirá en la casa de mi Padre Celestial:  ‘Nada me falta, tengo todo a mi disposición, siempre en virtud del don que he recibido’.  Los dones los damos siempre por efecto de nuestro gran amor y por nuestra suma magnanimidad; si esto no fuera, o quisiéramos poner atención en si la criatura lo merece o no, si ha hecho sacrificios, entonces no sería más un don, sino un pago, y nuestro don se volvería como derecho y esclavo de la criatura.  Mientras que Nosotros y nuestros dones no somos esclavos de ninguno.  En efecto, el hombre no existía todavía, y antes de que él fuera ya habíamos creado el cielo, el sol, el viento, el mar, la tierra florida y todo lo demás para hacer de ello don al hombre.  ¿Qué cosa había hecho para merecer dones tan grandes y perennes?  Nada, y en el acto de crearlo le dimos el gran don que superó todos los otros, nuestro Fiat Omnipotente, y si bien lo rechazó, Nosotros sin embargo no interrumpimos el darlo, no, sino que lo tenemos guardado para dar a los hijos el mismo don que nos rechazó el padre.  El don viene dado en el exceso de nuestro amor, el cual es tanto, que no sabe hacer, ni pone atención a las cuentas, mientras que el salario que se da si la criatura hace las obras buenas, se sacrifica, se da con justa medida y según merece, no así en el don.  Por eso, quien pueda dudar significa que no entiende de nuestro Ser Divino, ni de nuestra generosidad, ni hasta dónde puede llegar nuestro amor, pero queremos la correspondencia de la criatura, la gratitud y su pequeño amor”.

 

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30-29

Mayo 8, 1932

 

La criatura con hacer su voluntad impide el curso a los dones

de Dios, y si pudiera lo pondría en la inmovilidad.  Dios en

todas sus obras da el primer puesto a la criatura.

 

(1) Continuaba pensando acerca de la Divina Voluntad, y en los graves males del humano querer, y cómo éste, sin la Vida del Fiat está sin guía, sin luz, sin fuerza, sin alimento, ignorante porque no tiene al maestro que le enseña la ciencia divina.  Así que sin Ella la criatura nada conoce de su Creador, se puede decir que es analfabeta, y si conoce alguna cosa, son apenas las sombras o cualquier vocal, pero no con claridad, porque sin la Divina Voluntad no hay luz, sino siempre noche.  He aquí la causa que de Dios se conoce tan poco, el lenguaje celestial, las verdades divinas, no son entendidas porque no reina como vida, ni como acto primero la Divina Voluntad.  Me parecía ver la voluntad humana frente a mi mente, como muriendo de hambre, andrajosa, idiota, toda manchada, vacilante y envuelta en densas tinieblas, y como no está habituada a vivir de luz y a mirarla, cada pequeña luz de verdad le eclipsa la vista, la confunde y se ciega de más.  ¡Oh! cómo hay que llorar sobre la gran desventura de la voluntad humana, sin la Divina parece que le falta la vida del bien y los alimentos necesarios para vivir.  Pero mientras esto pensaba, mi Celestial Maestro Jesús, haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, es tan grave el hacer la propia voluntad, que sería un mal menor si la criatura impidiera el curso del sol, del cielo, del viento, del aire, del agua, y a pesar de que impidiendo este curso sucedería tal desorden y terror que el hombre no podría vivir más, no obstante este gran mal sería nada frente al grave mal de hacer la propia voluntad, porque con esto impide el curso no a las cosas creadas, sino a su mismo Creador.  Adán con sustraerse de nuestra Voluntad detuvo el curso de los dones que debía dar a su amada criatura, si hubiera podido, habría forzado a Dios a la inmovilidad.  Nuestro Ente Supremo al crear a la criatura quería estar en correspondencia continua con ella, quería dar ahora un don y ahora otro, quería darle tantas bellas sorpresas, jamás interrumpidas.  En cuanto hace su voluntad, sin hablar dice a su Creador:  ‘Retírate, no tengo dónde poner tus dones, si Tú me hablas no te entiendo, tus sorpresas no son para mí, yo me basto a mí misma’.  Y con razón dice esto, porque sin mi Voluntad, que es su vida primaria, ha perdido la vida y la capacidad dónde poner mis dones, de comprender nuestro lenguaje celestial, y se hace extraña a nuestras más bellas sorpresas.  La criatura, con no hacer nuestra Voluntad pierde la Vida Divina, el acto más bello, más interesante, más necesario de su creación y del como fue creado por Dios.  He aquí por qué en cuanto el hombre se sustrajo de nuestro Fiat, se desordenó, de modo que a cada paso vacilaba porque se separó, rechazó el acto vital de su vida, y del acto estable y permanente que debía vivir con él como una sola vida, cual es nuestra Divina Voluntad.  De modo que nos sentimos inmovilizados por el hombre, porque queremos dar y no podemos, queremos decir y no nos entiende, y como si de lejos hiciéramos oír nuestros dolorosos lamentos con decirle:  ‘¡Oh! hombre basta, vuelve a llamar en ti aquella Voluntad que rechazaste, Ella no toma en cuenta tus males, y si la llamas está pronta a tomar posesión y a formar su reino en ti, reino de dominio, de paz, de felicidad, de gloria, de victoria para Mí y para ti’.  No quieras ser más esclavo ni vivir en el laberinto de tus males y miserias, así no te crié, sino te crié rey de ti mismo, rey de todo.  Por eso llama a mi Voluntad como vida, y te hará conocer tu nobleza y la altura de tu puesto en que fuiste puesto por Dios.  ¡Oh! ¡cómo estarás contento, y contentarás a tu Creador!”

(3) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, por lo tanto, sólo siente la verdadera vida en sí cuando entra en mi Divina Voluntad, porque en Ella la criatura ve con claridad su nada, y como esta nada siente la necesidad del Todo, es decir de Aquél que la trae de la nada para vivir, y conforme se reconoce, el Todo la llena de Sí.  Esta nada siente la verdadera vida, se encuentra en contacto inmediato de la santidad, de la bondad, potencia, amor y sabiduría Divina, reconoce en sí la potencia de la obra creadora, su vida palpitante y la necesidad extrema de esta Vida Divina.  De otra manera siente como si en sí no hubiera vida.  Es sólo mi Voluntad que hace reconocer su verdadera nada a la criatura, y a esta nada le va infundiendo su aliento continuamente para mantener siempre encendida la Vida Divina en ella, para hacerla crecer como obra digna de nuestras manos creadoras.  Por el contrario, sin nuestra Voluntad la criatura se siente como si fuera alguna cosa, y el Todo queda fuera de la nada”.

(4) Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y mi pobre mente se perdía en la multiplicidad de sus obras, las cuales corrían en busca del hombre para abrazarlo y alinearse en torno a él para defenderlo, prestarle todas las ayudas, felicitarlo y hacerle sentir sus amorosos lamentos, sus notas dolorosas hasta en el fondo del corazón, porque mientras el Fiat Divino en todo lo que hace busca al hombre, quiere encontrarlo, amarlo, y él en sus actos no lo busca, no lo circunda, ni le hace oír sus notas amorosas, ni sus dulces lamentos por querer a Aquél que tanto la amó y al que debería amar.  Ahora mientras me perdía en sus obras divinas, mi dulce Jesús ha vuelto a decir:

(5) “Hija mía, todas nuestras obras ad extra han sido hechas y serán hechas sólo para las criaturas, nuestra finalidad es sólo para ellas, porque Nosotros no tenemos necesidad.  Por eso en el obrar que hacemos brilla en nuestro acto la criatura, corre en él como finalidad de nuestro obrar, y como en el efecto y en cada acto, la causa que nos mueve a obrar es la criatura, por eso en todas nuestras obras el primer puesto es ocupado por ella, ella brilla y corre en nuestro acto, por eso podemos decir:  ‘Tú estabas con Nosotros cuando extendíamos el cielo y formamos el sol, en aquel azul y en aquella luz te dábamos el lugar de honor y tú corrías en ellos.  En cada acto del Verbo hecho sobre la tierra, en cada pena, en cada palabra, tú tenías tu puesto central y corrías en ellos como propiedad tuya.  Ahora, no dábamos a la criatura en nuestro acto el puesto para hacerla estar inútilmente y para hacerla correr en ellos casi holgazaneando, no, no, el ocio no ha hecho santo a ninguno, lo poníamos en nuestros actos para que dentro de ellos pusiera sus actos; el nuestro debía servir como modelo, como espacio para poder poner dentro, con más seguridad, sus actos.  También Nosotros trabajamos, amar es trabajar, y nuestro trabajo, como es amor, es obrante, vivificante, creante, sostiene todo y a todos.  Por eso, a pesar de que la criatura tiene su puesto en nuestras obras, ¡oh! cuántas obras nuestras se ven vacías de los actos de las criaturas, es más, ni siquiera las conocen y viven como si nada les hubiéramos dado; por eso nuestras obras tienen un dolor y llaman incesantemente a aquélla, que mientras tiene su puesto en ellas, no se vale de ellas, ni con su amor trabaja junto con el trabajo de su Creador.  Sin embargo no finalizarán los siglos sin que nuestras obras no tengan la finalidad para la que fueron hechas, esto es, la criatura dentro de ellas obrando como centro de sus actos.  Y estos serán aquellos que harán reinar mi Divina Voluntad como vida en sus almas”.

 

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30-30

Mayo 15, 1932

 

Cómo los conocimientos sobre la Divina Voluntad formarán el ojo y la

capacidad para mirar y recibir el don del Fiat Divino, y acostumbrarán

a las criaturas a vivir como hijas.  Desorden de la voluntad humana.

 

(1) Estoy siempre de regreso en el Fiat Supremo, y sintiendo en mí el dulce encanto de su luz, de su paz, de su felicidad, ¡oh! cómo quisiera que el mundo entero conociera tanto bien, a fin de que todos rogaran que viniera su reino sobre la tierra.  Pero mientras esto decía, pensaba para mí:  “Si el vivir en el Querer Divino es un don que debe dar a las generaciones humanas, Jesús ama tanto, quiere, suspira que se conozca esta Voluntad Divina para hacerla reinar, ¿por qué no se apresura a dar este don?”  Y mi Sumo Bien Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú debes saber que si bien ardo por el deseo de ver reinar mi Divina Voluntad, sin embargo no puedo dar este don, si antes con las verdades que he manifestado, conociéndolas las criaturas, tendrán el gran bien de formar la vista para ser capaces de comprenderlo, y por lo tanto disponerse para recibir un don tan grande.  Se puede decir que ahora les falta el ojo para ver y la capacidad para comprenderlo, y por eso primero he manifestado tantas verdades sobre mi Divina Voluntad, y conforme las criaturas conozcan estas mis verdades, así ellas formarán la órbita dónde poner la pupila dentro, y animarla con la luz suficiente para poder mirar y comprender el don que más que sol les será donado y confiado.  Si Yo quisiera darlo hoy, haría como si quisiera dar un sol a un ciego:  Pobrecito, con todo y el sol donado sería siempre ciego, no cambiaría su suerte, ni recibiría ningún bien, más bien tendría un dolor, tener un sol por don y ni siquiera verlo, ni recibir de él sus benéficos efectos.  En cambio uno que no fuera ciego, cuántos bienes no recibiría al tener un sol por don a su disposición, su fiesta sería continua, y se pondría en condiciones de dar luz a los demás, y sería rodeado y amado por todos para obtener el bien de la luz que él posee.  Entonces, dar hoy el gran don de mi Divina Voluntad, que más que sol cambiará la suerte de las generaciones humanas, sería darlo a los ciegos, y darlo a los ciegos sería darles dones inútiles, y Yo cosas inútiles no sé dar.  Por eso espero con paciencia divina y delirante que mis verdades hagan el camino, preparen las almas, entren en ellas y formen el ojo animado por luz suficiente, que puedan no sólo mirar el don de mi Fiat, sino que tengan capacidad para encerrarlo en ellas, a fin de que ahí forme su reino y extienda su dominio.  Por eso, paciencia y tiempo hacen hacer las cosas como conviene y como amerita nuestra soberanía en el obrar.  Nosotros hacemos, nuestro Ser Supremo, como haría un padre que quiere dar un gran don a su pequeño hijo, el padre llama al pequeño y le hace ver el don y le dice:  ‘Este regalo está preparado para ti, será tuyo.’  Pero no se lo da, el hijo queda sorprendido, raptado al ver el don que su padre le quiere dar, y estando junto al padre le ruega que le dé el don, y no sabe separarse, ruega y vuelve a rogar porque quiere el regalo.  En tanto, el padre viéndolo junto a él, aprovecha para instruir al hijo para hacerle comprender la naturaleza del don, el bien, la felicidad que recibirá por este don.  El hijo ante las manifestaciones del padre, se vuelve maduro y capaz no sólo de recibir el don, sino de comprender qué cosa encierra de bien, de grande, el don que debe recibir.  Por eso se estrecha más junto al padre, ruega y vuelve a rogar, suspira el don, llega a llorar y no sabe estar más sin el don, se puede decir que ha formado en sí, con sus ruegos y suspiros, con el adquirir los conocimientos del don que su padre le ha dado, la vida, el espacio donde como en sagrado depósito recibir el don.  Esta tardanza del padre para dar el don a su hijo ha sido amor más grande, él ardía, suspiraba por dar el don a su hijo, pero lo quería capaz y que comprendiera el don que recibía, y en cuanto lo ve maduro para recibir un bien tan grande, rápidamente se lo da.  Así hacemos Nosotros, más que padre suspiramos por dar el gran don de nuestra Voluntad a nuestros hijos, pero queremos que conozcan lo que deben recibir, los conocimientos de Ella maduran y vuelven capaces a nuestros hijos de recibir un bien tan grande.  Las tantas manifestaciones que he hecho serán los verdaderos ojos del alma para poder mirar y comprender lo que nuestra paterna bondad desde hace tantos siglos quiere dar a las criaturas.  Mucho más que los conocimientos que he manifestado sobre mi Divina Voluntad, en cuanto sean conocidos por las criaturas, arrojarán en ellas la semilla para hacer germinar el amor de filiación hacia su Padre Celestial, sentirán nuestra paternidad, que si quiere que hagan su Voluntad, es porque las ama y quiere amarlas como hijas para participarles sus bienes divinos.  Por tanto nuestros conocimientos sobre el Fiat Divino las harán habituarse a vivir como hijas, y entonces cesará toda maravilla, porque nuestro Ente Supremo da el gran don de nuestra Voluntad a sus hijos.  Es derecho de los hijos recibir las propiedades del padre, y es deber del padre dar sus bienes a los hijos.  Quien quiere vivir como extraño no merece las posesiones del padre, mucho más que nuestra paternidad ansía, suspira, arde por el deseo de querer dar este don, a fin de que una sea la Voluntad con sus hijos.  Entonces sí, nuestro amor paterno reposará cuando veamos la obra salida de nuestras manos creadoras en el seno de nuestro Querer, en nuestra casa, y nuestro reino poblado por nuestros queridos hijos”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, me parece que no sé estar si no pienso en Ella, y mi Celestial Maestro ha agregado:

(4) “Hija bendita, todos los actos que hace mi Divina Voluntad están de tal manera unidos entre ellos, que son inseparables, de manera que si se quieren encontrar, a primera vista se encuentra un solo acto, pero entrando más adentro se encuentran tantos actos distintos el uno del otro, pero tan fundidos y atados juntos que no pueden separarse; esta fuerza de unión y de inseparabilidad forma la naturaleza del obrar divino.  La misma Creación lo dice, si una sola estrella se pudiera separar de su puesto, en el cual está unida junto con todas las otras creadas, se precipitaría y provocaría un trastorno general en todas las otras cosas creadas, tal es la inseparabilidad y unión que tienen todas juntas, todas tienen vida, si bien distinta entre ellas, y forman la bella armonía de toda la Creación, separadas se pueden decir que pierden la vida y ponen trastorno por todas partes.  Así es la voluntad humana separada de la Voluntad de su Creador, no sólo se precipita ella, sino que va provocando trastorno por todas partes, y si pudiera trastornaría todo y el mismo orden de su Creador, no sería de maravillar, la voluntad humana creada por Nosotros y separada de la nuestra, sería como una estrella separada de su puesto, donde poseía la fuerza divina, la unión de común acuerdo y de todos los bienes con su Creador.  Separándose pierde la fuerza, la unión y los bienes para vivir, por eso, por necesidad le toca la suerte de precipitarse y de provocar trastorno por todas partes.  Ahora, el vivir en mi Divina Voluntad, en cuanto el alma hace su primer acto, así siente la fuerza y la unión de todos los actos del Fiat Divino, así que un acto comprende y encierra todos los otros actos, y siente la necesidad de continuar sus actos para concatenarse juntos para desarrollar la fuerza de la Voluntad Divina que siente en sí, que como vida no sabe estar sin hacerse sentir, quiere respirar, latir, obrar, un acto llama al otro y así forma la secuencia de los actos con la unión de los actos de mi Voluntad.  Para formar una vida no basta un acto, un respiro, un latido, no, se requiere el continuo respirar, palpitar y obrar, y conforme el alma vive en mi Voluntad Divina, así la hace respirar y palpitar, y mi Fiat forma su Vida entera de obras, por cuanto a criatura es posible de contener en sí.  Por eso si quieres su Vida en ti, haz que tus actos sean continuos en Ella”.

 

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30-31

Mayo 22, 1932

 

Escenas agradables que forma el alma a su Creador.

La Divina Voluntad dará a la criatura el don de la

ciencia infusa, que le será como ojo divino.

 

(1) Mi pobre mente nada en el mar inmenso de la Divina Voluntad, en este mar se murmura continuamente, ¿pero qué cosa se murmura?  Amor, alabanzas, agradecimientos, y el Ente Supremo se hace encontrar con su murmullo al de la criatura, y da amor para recibir amor; qué dulce encuentro entre el Creador y la criatura, que se dan amor recíprocamente, y en este intercambio de amor se forman las olas de amor, de luz, de bellezas indescriptibles, las cuales la pobre criatura no siendo capaz de encerrarlas todas en sí, se siente ahogar, y mientras ha tomado quién sabe cuánto, el ahogo que siente le impide decir lo que siente en sí, de los secretos inefables de amor, de luz, de conocimientos divinos, que el murmullo del Eterno ha encerrado en su alma.  Pero mientras me perdía en tantos conocimientos de no saber decirlos, me siento balbuceante, me faltan las palabras adecuadas, y para no decir disparates sigo adelante.  Entonces, mi amable Jesús, compadeciendo mi incapacidad y pequeñez, me ha estrechado a Sí entre sus brazos y me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú tienes razón en decir que tu pequeñez se siente ahogar bajo la inmensidad de mi luz, de mi amor y de las innumerables verdades que contiene nuestro Ser adorable y santo, pero nuestra potencia e inmensidad se deleita en llenar tanto a la criatura de luz, de amor, de variados conocimientos nuestros, de santidad, hasta ahogarla, es una de las escenas más bellas, ver a la criatura como ahogada en nuestra inmensidad, que quiere hablar y se ahoga de luz, de amor, de verdades sorprendentes.  ¡Oh! cómo es bello que quiere hablar de lo que siente, y nuestras olas la invisten y la reducen al silencio.  Sin embargo Nosotros con este modo hacemos desahogo de Nosotros con nuestra amada criatura, y hacemos como un maestro que quiere hacer desahogo de su ciencia a su pequeño discípulo, pone fuera todo lo que sabe y el discípulo escucha, se llena la mente, el corazón; pero como han sido tantas las cosas que le ha dicho, no sabe repetir nada, pero le sirve para apreciar y amar al maestro y saber hasta donde puede llegar la altura de su ciencia.  Estando bajo su dirección le sirve al maestro para hacerse conocer y rescatar la atención, el afecto y la fidelidad del discípulo.  Así hacemos Nosotros para hacernos conocer y para hacernos amar, cuando vemos a la criatura vacía de todo, que no quiere otra cosa que nuestra Divina Voluntad, nos deleitamos tanto, hasta ahogarla de luz, de amor y de nuestras verdades que nos pertenecen, y después le vamos desmenuzando poco a poco lo que le habíamos infundido todo junto, y así también nos deleitamos de adaptarnos a su pequeña capacidad.

(3) Ahora, tú debes saber que quien vive en la Divina Voluntad, readquirirá, entre tantas prerrogativas, el don de la ciencia infusa, don que le servirá de guía para conocer nuestro Ser Divino, que le facilitará el desarrollo del reino del Fiat Divino en su alma, le servirá de guía en el orden de las cosas naturales, será como la mano que la guía en todo y hará conocer la vida palpitante del Querer Divino en todas las cosas creadas y el bien que continuamente le ofrece.  Este don fue dado a Adán en el principio de su creación, junto con nuestra Divina Voluntad poseía el don de la ciencia infusa, de modo que conocía con claridad nuestras verdades divinas, y no sólo esto, sino todas las virtudes benéficas que poseían todas las cosas creadas para bien de la criatura, desde la cosa más grande hasta el más pequeño hilo de hierba.  Ahora, en cuanto rechazó nuestra Divina Voluntad con hacer la suya, nuestro Fiat retiró su Vida y el don del cual había sido portador, por lo tanto quedó a obscuras sin la verdadera y pura luz del conocimiento de todas las cosas.  Ahora, con regresar la Vida de mi Voluntad en la criatura, regresará su don de la ciencia infusa.  Este don es inseparable de mi Divina Voluntad, como es inseparable la luz del calor, y donde Ella reina forma el ojo lleno de luz en el fondo del alma, la cual, mirando con este ojo divino, adquiere el conocimiento de Dios y de las cosas creadas por cuanto a criatura es posible.  Así que retirándose mi Voluntad el ojo queda ciego, porque Aquélla que animaba la vista ha partido, es decir, no es más Vida obrante de la criatura.  Sucede como al cuerpo, mientras que el ojo está sano ella ve, distingue los colores, los objetos, las personas, pero si la pupila se oscurece y pierde la luz, permanece ciego, por eso no sabe distinguir más nada, a lo más se ayudará del oír para saber y comprender alguna cosa, pero su luz se ha apagado y se ha terminado.  Quizá tendrá el ojo, pero no más lleno de vida de luz, sino de densas tinieblas que son portadoras de dolor a la vista perdida.  Así es mi Voluntad, donde Ella reina concentra en el alma este don de la ciencia infusa, que más que ojo ve y comprende, pero sin esfuerzo, las verdades divinas, los conocimientos más difíciles de nuestro Ente Supremo, pero con una facilidad maravillosa, sin artificio y sin estudio, mucho más las cosas naturales, ninguno puede conocer la sustancia, el bien que hay dentro, sino quien las ha creado, por eso no es ninguna maravilla si nuestro Querer Divino se hace revelador, en el alma donde reina, de nuestro Ser Divino y de las cosas que Él mismo ha creado, y no reinando todo es tinieblas para la pobre criatura, nuestros hijos son ciegos y no conocen, ni aman a Aquél que los ha creado, que más que padre los ama y suspira el amor de sus hijos.  Mi Voluntad Divina, donde reina, no va con las manos vacías, sino lleva todos los bienes que posee, y si ingratos la obligan a retirarse, todo se lleva Consigo, porque es inseparable de sus bienes.  Ella hace como el sol, en cuanto surge en la mañana hace don de su luz y de sus benéficos efectos a la tierra, y cuando se retira en la tarde, toda la luz se la lleva consigo, nada queda, ni siquiera una gota de luz por la noche, y ¿por qué?  Porque no puede, ni le es dado el poder separar una sola partícula de luz, porque es inseparable de su luz y donde va, con la plenitud de luz que posee forma el pleno día.  Por eso sé atenta, porque donde reina mi Voluntad quiere hacer cosas grandes, quiere dar todo, no se adapta a hacer cosas pequeñas, sino que quiere formar el pleno día y desahogar en dones, y con magnificencia”.

 

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30-32

Mayo 30, 1932

 

La Divina Voluntad busca el acto de la criatura para formar su Vida

en ella.  Diferencia entre los Sacramentos y la Divina Voluntad.

Cómo Ella es vida y aquellos son los efectos de Ella.

 

(1) Mi pequeña mente continúa navegando el mar inmenso del Fiat Divino, me parece que en todas las cosas, y también sobre el Ente Supremo tiene el primer puesto de dominio y de mando, y dice:  “En vano me huyes, en todas las cosas puedo decir estoy aquí, Yo soy, estoy aquí por ti, para darte vida, soy el insuperable, ninguno me puede superar ni en el amor, ni en la luz, ni en mi inmensidad, en la cual formo tantas Vidas de Mí mismo por cuantas Vidas quiero dar a las criaturas”.  ¡Oh! potencia del Querer Divino, que en tu inmensidad buscas el acto de la criatura para formar tantas Vidas de Ti en cada uno de los actos de ellas; y ¡oh, en cuántos de estos actos no te reciben y te rechazan, y tu Vida queda sofocada en Ti, en tu inmensidad, pero Tú sin jamás cansarte, con amor que todo vence, continúas tu búsqueda de los actos humanos para dar tu Vida, y bilocarla a cada instante.  Pero mientras mi mente se perdía en el mar del Fiat, mi Celestial Maestro Jesús, visitando a su pequeña hija me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, cada acto de la criatura hecho en mi Voluntad es un paso que da para acercarse a Dios, y Dios a su vez da un paso para acercarse a ella, se puede decir que el Creador y la criatura están siempre en camino el uno hacia el otro, no se detienen jamás, y mi Voluntad desciende en el acto de la criatura para formar su paso de Vida Divina y ella sube en el Fiat, en las regiones divinas para hacerse conquistadora de luz, de amor, de santidad, y conocimientos celestiales.  Así que cada acto, palabra, respiro, latido en mi Voluntad, son tantos pasos de Vida Divina que hace la criatura, y Ella suspira estos actos para tener su campo de acción, para poder formar tantas Vidas Divinas en la criatura.  Fue esta la finalidad de la Creación, formar nuestra Vida en la criatura, tener nuestro campo de acción divino en ella, y por eso amamos tanto que haga nuestra Divina Voluntad, para poner a salvo nuestra Vida, no en Nosotros, pues no tenemos necesidad de ninguno, somos más que suficientes a Nosotros mismos, sino en la criatura.  Este era el gran portento que queríamos y queremos hacer en virtud de nuestra Voluntad, formar nuestra Vida en la vida de la criatura, por eso si esto no hacemos, la Creación quedaría sin nuestra finalidad inicial, sería un obstáculo a nuestro amor, una amargura continua el observarla y ver una obra tan grande y de tanta magnificencia, y no realizada, y fallida nuestra finalidad.  Y si no estuviera en Nosotros la certeza que nuestra Voluntad debe reinar en la criatura para formar nuestra Vida en ella, nuestro amor quemaría la Creación toda y la reduciría a la nada, y si tanto soporta y se tolera, es porque vemos más allá de los tiempos nuestra finalidad realizada.

(3) Ahora, en cuanto la criatura hace su voluntad así retrocede y da un paso hacia atrás de su Creador, y Dios retrocede, y se forma una distancia infinita entre uno y otro.  Ve entonces la necesidad de perseverar en modo continuo de obrar en mi Divina Voluntad, para disminuir la gran distancia entre Dios y la criatura, producida por la voluntad humana, y no te creas que sea distancia personal, Yo estoy por todas partes, en todos, en el Cielo y en la tierra, la distancia que forma el querer humano sin el mío, es distancia de santidad, de belleza, de bondad, de potencia, de amor, son distancias infinitas que sólo mi Querer obrante en la criatura puede reunir y unir juntos y volver inseparables el uno del otro.  Esto sucedió en la Redención, cada manifestación que Nosotros hacíamos sobre la venida del Verbo a la tierra, era un paso que dábamos hacia el género humano, y conforme lo suspiraban y rogaban y manifestaban al pueblo nuestras manifestaciones, profecías y revelaciones, así daban tantos pasos hacia el Ente Supremo, así aquellos estaban en camino hacia Nosotros y Nosotros hacia ellos, y conforme se acercaba el tiempo de deber descender del Cielo a la tierra, así aumentábamos los profetas para poder hacer más revelaciones, para poder apresurar el camino de ambas partes, tan es cierto, que en los primeros tiempos del mundo no hubo ningún profeta, y nuestras manifestaciones eran tan escasas que se puede decir que se daba un paso cada siglo.  Esta tardanza de camino producía frialdad por parte de las criaturas, y casi se tenía por todos como un modo de decir, una cosa absurda mi venida a la tierra, no una realidad.  Así como se piensa hoy sobre el reino de mi Voluntad, un modo de decir, y casi como una cosa que no puede ser.  Posteriormente vinieron después de Moisés los profetas, casi en los últimos tiempos, cerca de mi venida a la tierra, con los cuales después de nuestras manifestaciones se apresuró el camino de ambas partes, y después vino la Soberana del Cielo, la cual no sólo caminó, sino corrió para apresurar el encuentro con su Creador, para hacerlo descender y hacerlo cumplir la Redención.  Mira entonces como mis manifestaciones sobre la Divina Voluntad son pruebas ciertas de que Ella camina para venir a reinar sobre la tierra, y que la criatura a la cual han sido hechas, con una constancia férrea camina y corre para recibir el primer encuentro, para darle su alma y hacerla reinar, y así darle el paso para hacerla reinar en medio a las criaturas.  Por eso tus actos sean continuos, porque sólo los actos continuos son los que apresuran el camino, superan todo obstáculo, y son los únicos vencedores que vencen a Dios y a la criatura”.

(4) Después de esto continuaba la multitud de mis pensamientos sobre la Divina Voluntad, y habiendo recibido la santa Comunión pensaba entre mí:  “¿Qué diferencia hay entre los Sacramentos y la Divina Voluntad?”  Y mi Soberano Jesús rompiendo sus velos eucarísticos se ha hecho ver, y dando un suspiro doloroso me ha dicho:

(5) “Hija mía bendita, la diferencia es grande entre el uno y la otra.  Los Sacramentos son los efectos de mi Voluntad, en cambio Ella es Vida, y como Vida, con su potencia creadora forma y da vida a los Sacramentos.  Los Sacramentos no tienen virtud de dar vida a mi Voluntad, porque Ella es eterna, no tiene ni principio ni fin.  En cambio mi Voluntad adorable ocupa siempre el primer puesto en todas las cosas, y poseyendo la virtud creadora en su naturaleza, crea las cosas y su misma Vida donde quiere, cuando y como quiere.  Se puede decir que la diferencia es como una imagen entre el sol y los efectos que produce el sol, éstos no dan vida al sol, sino que reciben la vida del sol y deben estar a su disposición, porque la vida de los efectos viene producida por el sol.  Y además, los Sacramentos se reciben a tiempo, lugar y circunstancia:  El bautismo se da una sola vez y no más, el Sacramento de la penitencia se da cuando se cae en el pecado, mi misma Vida Sacramental se da una sola vez al día, y la pobre criatura en este intervalo de tiempo no siente sobre sí la fuerza, la ayuda de las aguas bautismales que la regeneran continuamente, ni las palabras sacramentales del sacerdote que la fortalecen de manera continua con decirle:  ‘Yo te absuelvo de tus pecados’, ni encuentra en sus debilidades y pruebas de la vida, ni siquiera a su Jesús Sacramentado que pueda recibirlo en todas las horas del día.  En cambio mi Divina Voluntad poseyendo el acto primero de vida y de poder dar vida, con su imperio tiene el acto continuo sobre la criatura, a cada instante se da como vida, vida de luz, de santidad, de amor, vida de fortaleza, en suma, para Ella como vida no existen tiempos, circunstancias, lugares, horas, no hay restricciones, ni leyes, especialmente porque debe dar vida y la vida se forma con actos continuos, no a intervalos.  Y por eso en el ímpetu de su amor, con su imperio continuo, se puede decir que es bautismo continuado, absolución jamás interrumpida, y comunión a cada instante.  Mucho más que esta nuestra Voluntad fue dada al hombre en el principio de su creación como vida perenne habitante en él.  Esta era la sustancia, el fruto de la Creación, nuestra Voluntad que debía formar nuestra Vida en la criatura.  Con esta Vida Nosotros dábamos todo, no había cosa de la que él pudiera tener necesidad, que no pudiera encontrar en nuestra Voluntad, se puede decir que habría tenido a su disposición todo lo que quisiera:  ayuda, fuerza, santidad, luz, todo venía puesto en su poder, y mi Voluntad tomaba el empeño de darle todo lo que quería, con tal que le diera el dominio y la hiciera habitar en su alma; por eso no era necesario instituir los Sacramentos cuando fue creado el hombre, porque en mi Voluntad poseía el principio y la vida de todos los bienes; los Sacramentos como medios de ayuda, de medicina, de perdón, no tenían ninguna razón de existir; pero cuando el hombre rechazó nuestra Voluntad, retirándose Ella el hombre quedó sin Vida Divina, por lo tanto sin la virtud alimentadora, sin el acto continuo de recibir nueva y creciente vida, y si no moría del todo, eran los efectos que de acuerdo a sus disposiciones, circunstancias y tiempos, le daba mi Divina Voluntad.  Ahora viendo nuestra paterna bondad que el hombre iba siempre precipitándose más, para darle un sostén, una ayuda, le dio la ley como norma de su vida, porque en la Creación no le dio ni leyes, ni ninguna otra cosa, sino mi Voluntad Divina, la cual con dar vida continua le daba en naturaleza nuestra ley divina, de modo que debía sentirla en sí mismo como vida propia, sin tener necesidad que Nosotros le dijéramos, ni mandáramos.  Mucho más que donde reina mi Voluntad no hay leyes, ni mandatos, las leyes son para los siervos, para los rebeldes, no para los hijos; entre Nosotros y aquellos que viven en nuestro Querer, todo se resuelve en amor.  Pero con toda la ley el hombre no se rehizo, y como nuestro ideal de la Creación había sido el hombre, y sólo por él todo fue hecho, por eso quise venir a la tierra en medio a ellos, y para darles apoyos más válidos, medicinas más saludables, medios más seguros, ayudas más potentes, instituí los santos Sacramentos, y éstos obran a tiempos y circunstancias, y según las disposiciones de las criaturas, como efectos y obras de mi Divina Voluntad.  Pero si con todo este gran bien el alma no hace entrar a la Divina Voluntad en ella como vida, tendrá siempre sus miserias, una vida mediocre, sentirá a lo vivo sus pasiones, la santidad, la misma salvación estarán siempre peligrando, porque sólo mi Voluntad que se da como vida continua forma el dulce encanto a las pasiones, a las miserias y forma los actos opuestos de santidad, de fortaleza, de luz, de amor, en los males de las criaturas, de manera que el querer humano, sintiendo el dulce encanto, siente correr en sus males lo bello, lo bueno, lo santo del acto continuo de vida, que bajo su suave y dulce imperio le da mi Voluntad y se deja hacer lo que Ella quiere, porque un acto continuo que da vida perenne no puede jamás ser alcanzado por otros actos, ayudas y medios, por cuan fuertes y santos sean, para hacer el bien que puede hacer un acto continuo.  Por eso no hay mal mayor que la criatura pueda hacerse, ni ofensa más grande que pueda hacer a nuestra paterna bondad, que el no hacer reinar a nuestra Voluntad en ella.  Si estuviera en su poder nos induciría a destruir toda la Creación, porque la criatura fue hecha porque debía ser nuestra habitación, y no sólo ella, sino todas las cosas creadas:  Cielos, sol, tierra, todo, siendo obras salidas de nuestra Alteza Suprema, teníamos el derecho de habitarlas, y con habitarlas las conservamos con decoro, bellas y siempre nuevas, como en el acto en que las sacamos a la luz.  Ahora, la criatura con no hacer nuestra Voluntad, se pone fuera de nuestra habitación y nos sucede a Nosotros como sucedería a un rico señor, que queriéndose fabricar un grande y bello palacio, cuando lo ha terminado va a habitarlo, y se cierran las puertas en su cara, se le lanzan las piedras encima, de manera que es obligado a no poner un pié dentro, y a no poder habitar las habitaciones formadas por él, ¿no merecería que fuera destruida por aquél que la ha formado?  Pero no lo hace, porque ama su obra, sino espera y espera, quién sabe y a lo mejor pueda vencer con amor, y por sí misma le abra las puertas para hacerlo entrar dándole la libertad de hacerlo habitar.  En tales condiciones nos pone la criatura al no hacer reinar nuestra Voluntad en su alma, nos cierra la puerta en la cara y nos lanza las piedras de sus culpas contra Nosotros, y Nosotros con paciencia invencible y divina esperamos, y no queriendo en sí nuestra Voluntad como vida, con paterna bondad le damos los efectos de Ella, como son las leyes, los sacramentos, el evangelio, las ayudas de mis ejemplos y plegarias, pero todo este gran bien no puede igualar el gran bien que puede hacer mi Voluntad como vida perenne de la criatura, porque Ella es todo junto:  Leyes, sacramentos, evangelio, vida.  Ella significa todo, poder dar todo, poseer todo, y esto basta para poder comprender la gran diferencia que hay entre mi Voluntad como vida continua en la criatura, y entre sus efectos que puede producir no en modo perenne, sino a circunstancia, a tiempo, en los mismos Sacramentos, y si bien los efectos pueden hacer gran bien, pero jamás pueden llegar a producir todos los bienes que puede producir la Vida de mi Divina Voluntad reinante y dominante en la criatura, por eso sé atenta hija mía, y dale la santa libertad de hacer lo que quiere en tu alma”.

 

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30-33

Junio 12, 1932

 

Para quien vive en la Divina Voluntad, todas las obras de Dios las

encuentra en acto y hechas para ella.  Quien vive en la Divina

Voluntad forma el oficio de vientecillo en las obras divinas.

 

(1) Mi pequeña alma gira siempre en el Fiat Divino, siente la irresistible necesidad de vivir en Él, porque en Él encuentro todo a mi disposición, todo es mío, es más, siento como una invitación secreta que todas las cosas creadas me hacen en el fondo de mi corazón, que con voces mudas me dicen:  “Ven en medio a nosotras, ven a poseernos y a gozar las tantas bellas obras que hizo por ti y para darnos a ti nuestro Creador”.  ¡Oh! qué dulce encanto tiene todo lo creado mirado a través de los velos de la Divina Voluntad.  Pero mientras mi pequeña alma era envuelta en el dulce encanto de todo lo creado, mi amado Jesús repitiéndome su amada visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, para quien vive en mi Divina Voluntad todo es presente, el pasado y el futuro no existen para ella, todo está en acto, y como entra en el orden divino, nuestra paterna bondad no quiere dar un amor pasado que tuvo en la Creación, ni un amor que debe venir, esto no haría camino en el corazón de la criatura, porque a ella le parecería que el amor que salió de nuestro seno en la Creación, sería como un amor y obra no directa para ella, y aquellos por venir, como amores y obras de esperar, mucho más que en Nosotros tampoco existe pasado y futuro.  Pasado y futuro es para quien vive fuera de nuestra Voluntad, porque mira sólo lo externo de nuestras obras, no dentro de ellas, mientras quien vive en Ella ve nuestras obras dentro de Nosotros, y ve nuestra creación continua y para cada criatura.  Así que a la feliz criatura que vive en nuestro Querer, le hacemos ver y tocar con la mano nuestro acto de extender el cielo, de crear el sol, el viento, el aire, el mar, y así de lo demás, todo para ella, la cual ve y comprende con claridad nuestro intenso amor en cada cosa creada para ella, nuestra potencia y sabiduría en ordenarlas por amor suyo, de manera que se siente comprometida y como ahogada bajo las olas de nuestro amor, potencia, sabiduría y bondad de cada cosa creada, y mientras se siente ahogada, ve que no da señales de terminar la Creación para ella, no dice jamás basta, sino que continúa, continúa siempre el acto creante, y ella viendo que nuestro acto creante y obrante no cesa jamás, hace eco a nuestro amor y no cesa jamás de amarnos.  ¡Oh! cómo es bello encontrar en la criatura un amor continuo que jamás termina, así como no termina el nuestro; antes bien, viéndose ahogada por nuestro amor continuo de sostener el acto creante por amor suyo, para correspondernos hace uso de sus estratagemas para imitarnos y nos dice:  ‘Majestad Suprema, ¡oh! si tuviera poder también yo haría tantos cielos, soles y todo lo que sabéis hacer Vosotros, por amor vuestro, pero ya que no puedo os doy cielo y sol y todo lo que me habéis dado, para deciros que quiero amaros mucho, mucho’.  Y ¡oh! cómo quedamos contentos, correspondidos, porque la criatura se sirve y nos da de nuestro amor, habiéndolo hecho suyo para amarnos.  Por eso en nuestra Voluntad no hay cosas desemejantes entre Creador y criatura, si ama, se sirve de nuestro amor para amarnos; si obra, obra en nuestras obras, no ama, ni obra fuera de nuestro amor y de nuestras obras, podemos decir que nuestro amor es suyo y el suyo es nuestro, y nuestras obras las hemos hecho juntos.  Es por esto que vivir en nuestro Querer nos felicita a Nosotros y a la criatura, porque Nosotros la creamos porque queremos tener qué hacer con ella, estar juntos, obrar juntos, felicitarnos y amarnos juntos.  Nuestra finalidad no era tenerla lejana, no, no, sino junta y fundida con Nosotros, y para tenerla absorbida le dábamos nuestro acto creante y obrante, el cual, conforme creaba la cosas, así formaba sus olas de amor y abría venas de felicidad en la criatura, de modo que debía sentir dentro de sí, no sólo nuestra Voluntad, nuestra Vida palpitante y obrante, sino el océano de nuestras alegrías y felicidad, tanto, de sentirse el paraíso en su alma.  Y no sólo la Creación está siempre en acto, sino también la Redención está siempre en acto, y quien vive en mi Voluntad Divina siente el acto continuo de mi descendimiento del Cielo a la tierra, y propiamente para ella, por amor suyo, desciendo, me concibo, nazco, sufro y muero, todo es por ella, y para no quedarse atrás Yo desciendo y ella me recibe, se concibe en Mí, renace Conmigo, hace vida junto Conmigo y muere Conmigo para resurgir Conmigo.  No hay cosa que Yo haya hecho que ella no quiera hacer junto Conmigo.  Así que la siento inseparable de la Creación, inseparable de la Redención, y de todo lo que hice, y si es inseparable de todas nuestras obras, de mi misma Vida, ¿qué cosa no debo dar a quien vive en nuestra Voluntad?  ¿Cómo no debo concentrar todo en ella?  Si no lo hiciera mi amor no lo soportaría, por eso si quieres todo, vive en mi Voluntad, Yo no sé dar cosas a medias, sino todo, y tendrás el gran bien de sentir en ti nuestro obrar en acto continuo, y ¡oh! cómo comprenderás cuánto has sido amada por tu Creador, y cuánto estás obligada a amarlo”.

(3) Después de esto me he abandonado toda en los brazos de la Divina Voluntad, pero mi mente, por ciertos dolorosos recuerdos estaba inquieta, y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí ha venido y me ha bendecido.  Su bendición ha sido como rocío benéfico, el cual me ha puesto en perfecta calma, y me sentía como una pequeña niñita toda tímida, salida y liberada de una tempestad, y mi amado Jesús todo bondad me ha dicho:

(4) “Mi hija buena, ánimo, no temas, porque el ánimo es el arma potente que mata la timidez y pone en fuga todo temor, haz todo, todo a un lado y ven en mi Divina Voluntad a formar tu vientecillo a todas nuestras obras, ellas están todas en orden en nuestro Fiat, pero no se mueven, quieren el vientecillo de la criatura para dirigirse hacia ellas, y si el vientecillo es fuerte corren, vuelan para ser portadores del bien que cada obra nuestra posee.  Así que el alma que entra en nuestra Voluntad, en cuanto entra se une con nuestros actos para hacer los suyos en los nuestros, y en cuanto se une, así forma el vientecillo y con la misma fuerza de nuestra Voluntad mueve, llama, rapta, fuerza con su dulce y penetrante vientecillo todas nuestras obras y las pone en camino hacia las criaturas.  ¡Oh! cómo quedamos contentos, cómo suspiramos este dulce y refrescante vientecillo que la criatura nos lleva en nuestro Querer.  Por eso sé atenta, no quieras perder la paz, de otra manera no podrás venir a nuestra Voluntad a formar tu vientecillo, los dulces refrigerios, la frescura a nuestro ardiente amor y el movimiento a nuestras obras, porque en nuestro Querer no entran sino las almas pacificas, para los otros no hay puesto, y no sintiéndote seguir sus pasos, y sus obras no cortejadas por tu vientecillo, con dolor dice:  ‘¡Oh! la hija de mi Voluntad ha quedado atrás, y me ha dejado sola sin su compañía.  Ahora hija mía, tú debes saber que nuestro Ser Divino, en cuanto creó al hombre, se quedó sobre él en acto de llover de Nosotros santidad, luz, amor, bondad, belleza, y así de lo demás, entonces con sustraerse de nuestra Voluntad Divina se sustrajo de debajo de nuestra lluvia.  Por eso el alma que está en nuestra Voluntad, así como con sus actos en los nuestros nos forma el vientecillo y mueve todas nuestras obras, Nosotros formamos la lluvia y nos derramamos primero sobre la afortunada criatura, y después sobre todos.  Y así como el vientecillo favorable en nuestro Fiat llama la lluvia, la invoca, la suspira de nuestro Ser Supremo, así el obrar de la voluntad humana fuera de la nuestra forma el viento contrario y aleja nuestra lluvia benéfica, y nos la hace quedar en el aire, he aquí por qué se ven muchas criaturas como tierras áridas, sin flores y sin frutos.  Pero esto no daña a quien vive en nuestro Querer Divino, ella se aparta de todos y viene a vivir con su familia divina, y siente sobre de sí nuestra continua lluvia que forma sobre de ella nuestra Divinidad”.

 

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30-34

Junio 17, 1932

 

Quien vive en la Divina Voluntad, obra, encierra y entrelaza

sus actos con los de la Virgen y los de Nuestro Señor, y

forma una unión entre todas las cosas que

pertenecen a la Divina Voluntad.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, siento su fuerza Omnipotente que toda me inviste, y mi pequeña alma como deshecha, de modo que no quiero, no siento, no toco otra cosa que la Divina Voluntad, y si alguna pequeña nube inviste mi mente, su luz divina súbito, casi sin darme tiempo me inunda y me la pone en fuga, y yo, o me arrojo en los brazos de mi Mamá Celestial como a mi refugio, o bien en los brazos de mi dulcísimo Jesús, para reencontrar mi querida Vida y ruego, ahora al uno, ahora a la otra que me encierren en medio a sus actos para poder estar segura y defendida de todo y de todos.  Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi sumo Bien Jesús, estrechándome entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija bendita, mis actos y los de la Reina Mamá, nuestro amor, nuestra santidad, están en acto de espera continua de encerrar tus actos en medio de los nuestros, para darles la forma de nuestros actos, y poner sobre tus actos el sello de los nuestros, porque tú debes saber que los actos de la Soberana del Cielo están entrelazados con mis actos, por eso son inseparables, y quien vive en nuestro Querer Divino viene a obrar en medio a nuestro entretejido, y ahí quedan encerrados en medio a nuestros actos, los cuales los tienen en custodia como triunfo y obras del Fiat Santo, nada entra en nuestros actos si no son parto de Él.  Ve entonces dónde viene formada la santidad de quien vive en nuestra Voluntad, en medio a nuestra santidad, ama en medio de nuestro amor, y obra en medio a nuestras obras; así que quien obra en nuestro Querer sentirá como en naturaleza la inseparabilidad, ella de nuestros actos y Nosotros de los suyos, así como es inseparable la luz del calor, y el calor de la luz, y por eso son nuestro triunfo continuo, nuestra gloria, nuestra victoria sobre la voluntad humana, son nuestras propiedades divinas, que Nosotros formamos en ella, y ella forma en Nosotros.  El querer humano y el Querer Divino se besan continuamente, se funden juntos, y Dios desarrolla su Vida en la criatura y ella desarrolla su vida en Dios.  Además de esto, quien vive en mi Voluntad, no hay cosa que pertenezca a mi Fiat en que la criatura no adquiera sus derechos:  Derecho sobre nuestro Ser Divino, derecho sobre su Mamá Celestial, sobre de los ángeles, de los santos, derecho sobre del cielo, del sol, de la Creación toda.  Y Dios, la Virgen y todos, adquieren el derecho sobre de ella.  Sucede como cuando dos jóvenes esposos se unen con vínculo indisoluble, en que ambas partes adquieren el derecho sobre sus mismas personas, y sobre todo lo que a ambos pertenece, derecho que ninguno les puede quitar.  Así para quien vive en nuestro Querer, forma el nuevo, verdadero, real matrimonio con el Ser Supremo, y con esto viene formada una unión con todo lo que a Él pertenece.  ¡Oh! cómo es bello ver a esta criatura desposada con todos, la amada, la preferida, la amada de todos, y con derecho todos la quieren, suspiran el gozarla y tenerla junto con ellos, y ella ama a todos, da el derecho a todos sobre de ella, y se da a todos; es la nueva y gran parentela que ha adquirido de su Creador.  ¡Oh! si se pudiese ver desde la tierra, verían que Dios la lleva entre sus brazos, la Soberana Reina la alimenta con el alimento exquisito del Querer Divino, ángeles y santos la cortejan, el cielo se extiende para cubrirla y protegerla, y ay de quien la toque; el sol la fija con su luz y la besa con su calor, el viento la acaricia, no hay cosa creada por Nosotros que no se preste a hacer su oficio en torno a ella.  Mi Voluntad mueve todo alrededor de ella, a fin de que todos y todo la sirvan y la amen.  Por eso quien vive en Ella da qué hacer a todos, y todos sienten la felicidad de poder extender su campo de acción dentro y fuera de la afortunada criatura.  ¡Oh! si todas las criaturas comprendieran qué significa vivir en mi Divina Voluntad, ¡oh! cómo todos ambicionarían y harían competencia de hacer en Ella su celestial morada”.

(3) Entonces me sentía más que nunca toda abandonada en la inmensidad de la luz del Querer Divino, y veía y sentía dentro a mi dulce Jesús, todo atento a la pequeñez de mi pobre alma, tenía cuidado de todo, me quería dar todo, hacer todo, de manera que se veía que con el toque de sus dedos me formaba el latido, animaba el respiro, el movimiento, tenía en orden los pensamientos, las palabras y todo, pero con tanto amor y ternura que raptaba, y Jesús bendito al verme maravillada me ha dicho:

(4) “Mi pequeña hija, no te asombres de mis tantas atenciones y ternuras amorosas que hago dentro y fuera de ti.  Tú debes saber que en el alma donde reina mi Divina Voluntad, Yo me sirvo a Mí mismo, así que por decoro de mi Divinidad y santidad presto estos actos míos, como si fuera a mi misma Vida, por eso pongo la intensidad de mi amor, el orden de mis pensamientos, la santidad de mis obras, y al ver la docilidad de la criatura que se presta como hija a recibir los oficios de su padre, sus ternuras amorosas, la Vida del padre en su hija, ¡oh! cómo me siento feliz y honrado de servirla, mucho más que me sirvo a Mí mismo en mi hija, y quien se sirve a sí mismo no es esclavitud, sino honor, gloria, es saberse custodiar en la dignidad, en la santidad, en el orden de su estado, sin descender en lo bajo.  La servidumbre comienza cuando se sirve a otras personas, pero servirse a sí mismo es mantener la alteza de su estado.  Por otra parte, donde reina mi Divina Voluntad es mi interés que todo lo que hace la criatura sean actos dignos de Ella, y que sean parto de mis actos, no sería conveniente, la Voluntad Divina y los actos humanos, por eso Yo me ofrezco a hacer todo para servir a mi misma Voluntad”.

(5) Después de esto, mientras seguía mi abandono en los brazos de Jesús, Él ha agregado:

(6) “Hija bendita, mi Humanidad amó tanto a la familia humana, que la llevé y la llevo todavía en mi corazón y estrechada entre mis brazos, y cada pena, obra, oración que hacía eran nuevos vínculos de unión entre Yo y ellos.  Así que todo mi Ser y todo lo que Yo hacía, corría, corría como torrente impetuoso hacia cada una de las criaturas, que deshaciéndose en amor se constituían vínculos de unión, de amor, de santidad, de defensa, que formando voces arcanas de amor insinuante, sufriente, delirante, decía a cada uno de ellos:  ‘Os amo hijos míos, os amo mucho, y quiero ser amado.’  Mi Humanidad reordenaba y establecía la verdadera unión entre Creador y criatura, y vinculaba a todas entre ellas como miembros unidos con la cabeza, y era Yo mismo el que me hacía cabeza de toda la familia humana.  Por eso la virtud tiene por sí misma la fuerza vinculadora de vincularse con Dios, y no sólo esto, sino de vincularse con las criaturas, de modo que una ejercita la paciencia, y entonces su paciencia se vincula con todos aquellos que tienen paciencia y dispone a los otros a tener paciencia; así quien es obediente, humilde, caritativo, forman las diversas categorías en mi Iglesia.  Qué decirte además de los vínculos extensísimos que forma quien hace y vive en mi Divina Voluntad, como Ésta se encuentra en el Cielo y en la tierra, en todas partes pone sus vínculos, con sus actos vincula Cielo y tierra, y llama a todos a vivir de Voluntad Divina”.

 

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30-35

Junio 26, 1932

 

Sublimidad y potencia del sacrificio.  Cómo Dios cuando

quiere dar un gran bien, pide el sacrificio de la criatura;

ejemplo de Noe y de Abraham.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad para encontrar todo lo que ha hecho, para hacer míos sus actos para poder decir:  “Yo estaba y estoy contigo, y hago lo que haces tú, así que lo que es mío es tuyo, y lo que han hecho los santos en virtud tuya es también mío, porque tú eres la fuente que se derrama por todas partes y produce todos los bienes.  Y mientras giraba, he llegado al punto de la historia del mundo cuando Dios pedía de Noé el sacrificio de fabricar el arca.  Y yo ofrecía aquel sacrificio como si fuese mío, para pedir el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, pero mientras esto hacía, el bendito Jesús deteniéndome en aquel punto de la historia me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo el bien de la historia del mundo está fundado en el sacrificio querido para las criaturas por mi Voluntad suprema, y cuanto más grande es el sacrificio que pedimos de ella, tanto más bien encerramos dentro.  Y estos grandes sacrificios los pedimos cuando con sus pecados merecen que el mundo fuera destruido, haciendo salir de dentro del sacrificio, en vez de la destrucción, la nueva vida de las criaturas.  Ahora, tú debes saber que en este punto de la historia del mundo, merecía que las criaturas no existieran más, todos debían perecer.  Noé con aceptar nuestro mandato y con disponerse al gran sacrificio, y por tan largos años, de fabricar el arca, recompró el mundo y todas las futuras generaciones; conforme se sacrificaba en un tiempo tan largo, de esfuerzos, de trabajos, de sudores, así desembolsaba las monedas, no de oro o de plata, sino de todo su ser en acto de seguir nuestro Querer, así ponía bastantes monedas para recomprar lo que estaba por destruirse.  Así que si el mundo existe hasta ahora, lo deben a Noé, que con sus sacrificios y con hacer nuestra Voluntad como Nosotros queríamos que la hiciera, salvó al hombre y todo lo que debía servir al hombre, un sacrificio prolijo, querido por Dios, dice cosas grandes, bienes universales, dulce cadena que ata a Dios y a los hombres.  Nosotros mismos no queremos huir del laberinto de esta tan larga cadena que la criatura nos forma con un sacrificio prolijo, más bien, nos es tan dulce y querida que nos hacemos atar por ella misma como le parece y guste.  Ahora, Noé con su sacrificio prolijo recompró la continuación de las generaciones humanas.

(3) Después de otro periodo de tiempo de la historia del mundo, vino Abraham, y nuestro Querer le ordenó que sacrificara a su hijo.  Era un sacrificio duro para un pobre padre, se puede decir que Dios ponía a prueba al hombre, y exigía una prueba inhumana y casi imposible de cumplir, pero Dios tiene el derecho de pedir lo que quiera, y cualquier sacrificio que quiera.  Pobre Abraham, fue puesto en tales aprietos que le sangraba el corazón y sentía en sí mismo la muerte, el golpe fatal que debía vibrar sobre su único hijo; el sacrificio era exuberante, tanto que nuestra paterna bondad no quiso la ejecución, sino el cumplimiento, sabiendo que él no habría podido vivir, habría muerto por el dolor después de un acto tan desgarrador, de matar a su propio hijo, porque era un acto que superaba las fuerzas de la naturaleza humana, pero Abraham todo aceptó, no puso atención a nada, ni al hijo, ni a sí mismo, que se sentía consumir de dolor en el propio hijo.  Si nuestro Querer, así como lo mandó no hubiera impedido el acto fatal, a pesar de que hubiera muerto junto con su amado hijo, habría ya hecho el sacrificio querido por Nosotros.  Ahora, este sacrificio fue grande, exuberante y único, querido por Nosotros en la historia del mundo.  Y bien, este sacrificio lo elevó tanto, que fue constituido por Nosotros cabeza y padre de las generaciones humanas, y con el sacrificio de sacrificar a su hijo, desembolsó monedas de sangre y de dolor intenso para recomprar al futuro Mesías para el pueblo Hebreo y para todos.  En efecto, después del sacrificio de Abraham, lo que no hacíamos antes, nos hacíamos oír frecuentemente en medio a las criaturas; el sacrificio tiene virtud de acercarnos a ellas, formamos los profetas, hasta en tanto que vino el suspirado Mesías.

(4) Ahora, después de otro tiempo larguísimo, queriendo dar el reino de nuestra Voluntad, queríamos el sacrificio donde apoyarlo, y que mientras la tierra está inundada por los pecados y merece ser destruida, el sacrificio de la criatura la recompra, y con el suyo y en su sacrificio vuelve a llamar la Divina Voluntad a reinar, y hace renacer en el mundo la Vida nueva de mi Querer en medio a las criaturas.  He aquí el por qué pido el sacrificio prolijo de tu vida sacrificada dentro de un lecho, y esto era nada, porque otras almas han estado dentro de un lecho de dolor, era la nueva cruz que no he pedido ni dado a ninguno, la que debía formar tu martirio diario, y tú sabes cuál es, que tantas veces te has lamentado conmigo.  Hija, cuando quiero dar un bien grande, un bien nuevo a las criaturas, doy cruces nuevas y quiero sacrificio nuevo y único, cruces que el humano no se sabe dar razón, pero está mi razón divina, la cual el hombre está obligado a no investigarla y a inclinar su frente y adorarla.  Y además se trataba del reino de mi Voluntad, y mi amor debía inventar y querer cruces nuevas y sacrificios jamás recibidos para poder encontrar pretextos, apoyo, fuerza, monedas suficientes y cadena larguísima para hacerse atar por la criatura.  Y la señal cierta cuando queremos dar un bien grande y universal al mundo, es pedir de una criatura un gran sacrificio, y la prolijidad en él son aseguraciones y certezas del bien que queremos dar, y cuando encontramos quien acepta, lo hacemos un portento de Gracia, y en su sacrificio formamos la vida de aquel bien que queremos dar.  Así que mi Voluntad quiere formar su reino en el sacrificio de las criaturas, circundarse de él para estar seguro, y con su sacrificio deshacer la voluntad humana y erigir la suya, y con esto viene a formar tantas monedas de luz divina ante nuestra Divinidad para recomprar el reino de nuestra Divina Voluntad y darlo a las generaciones humanas.  Por eso no te maravilles de tu largo sacrificio, ni de lo que hemos dispuesto y hacemos en ti, era necesario a nuestra Voluntad, y no estés pensativa porque no ves ni sientes en los otros los efectos de tu sacrificio, es necesario que con tu sacrificio hagas la compra con nuestra Divinidad, y cuando hayas contratado con Dios, la compra es segura, a su tiempo con certeza tendrá la vida el reino del Querer Divino, porque la compra fue hecha con el sacrificio de una perteneciente a la familia humana”.

 

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30-36

Junio 29, 1932

 

Prodigios y secretos que encierra el vivir en la Divina

Voluntad.  Escenas conmovedoras.  Generación de los

actos divinos en la criatura.  Custodia y celo divino.

 

(1) Estoy entre los brazos del Fiat Divino, su dominio se extiende en todo y sobre mi pequeñez, pero su imperio no es esclavitud, no, sino unión, transformación, de modo que la criatura siente que domina junto, y haciéndose dominar adquiere la virtud de dominar la misma Voluntad suprema.  Pero mientras mi mente nadaba en el mar del Fiat Divino, en modo que me sentía como ahogada por sus olas, mi Celestial Jesús visitando mi pobre alma me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el vivir en mi Querer encierra tantos prodigios y secretos de hacer maravillar Cielo y tierra.  Tú debes saber que conforme la pequeñez de la criatura entra en Él, se pierde en su inmensidad, y la Divina Voluntad la recibe en sus brazos para hacer de ella conquista, y el querer humano se hace conquistador de la Divina.  Ahora en estas conquistas de ambas partes, la Divina Voluntad festeja la conquista de la humana, dándole el uso que quiere, y la voluntad humana festeja la gran conquista hecha de la Divina, y queriéndole dar el uso que quiera, la envía al Cielo como conquista suya y portadora de nuevas alegrías y felicidad que posee.  Mi Voluntad conquistada por el alma no se queda atrás, bilocándose, queda y parte para su patria celestial sólo para secundar a aquélla que la ha conquistado, y lleva la nueva conquista que ha hecho del querer humano, y las alegrías y felicidad que encierra la Divina Voluntad conquistante; mi Voluntad felicitante y beatificante que está en el Cielo, y mi Voluntad conquistadora que está en la tierra se funden juntas e inundan las regiones celestiales con las nuevas alegrías que posee mi Divina Voluntad conquistadora, porque tú debes saber que las alegrías de mi Voluntad conquistadora son muy distintas y diversas de aquéllas de mi Voluntad felicitante, las alegrías de mi Voluntad conquistadora no están en poder de los bienaventurados, sino en poder de la criatura, que las debe mandar desde la tierra y vienen formadas en medio de la hoguera del dolor y del amor, y sobre el aniquilamiento del propio querer.  En cambio las alegrías felicitantes están en poder de ellos, y son frutos y efectos de la celestial morada en la cual se encuentran.  Hay gran diferencia entre las alegrías de mi Voluntad conquistante y las de mi Voluntad felicitante, puedo decir que no existen en el Cielo mis alegrías conquistantes, sino sólo en la tierra, y ¡oh! cómo es bello ver a la criatura, que cuantas veces hace sus actos en mi Querer, tantas veces se hace conquistadora de Ella y la hace partir para el Cielo, para el purgatorio, en medio a las criaturas terrestres, por donde quiere, mucho más que estando mi Voluntad por todas partes y por todos lados, no debe hacer otra cosa que bilocarse para dar el fruto, las alegrías de la nueva conquista que la criatura ha hecho de Ella.  Hija mía, no hay escena más conmovedora, más deliciosa, más útil, que ver la pequeñez de la criatura venir en nuestra Voluntad Divina, hacer sus pequeños actos y hacer su dulce conquista de una Voluntad Inmensa, Santa, Potente, Eterna, que todo encierra, puede todo y posee todo.  La pequeñez de la criatura al verse conquistadora de un Fiat Divino tan interminable, queda sorprendida, no sabe dónde ponérsela, quisiera encerrarla toda en sí pero le falta el espacio, por eso toma por cuanto puede, hasta llenarse toda, pero ve que le quedan mares inmensos aún, y haciéndola de playa quisiera que todos tomaran un bien tan grande, por esto la envía al Cielo como sagrado derecho de la patria celestial a cualquiera que la quiera, y con ansia se dispone a hacer otros actos en Ella para readquirirla tantas veces por cuantos actos va haciendo.  Es el verdadero comercio Divino que forma Dios y la criatura entre el Cielo y la tierra.

(3) Después mi mente continúa perdiéndose en aquel Fiat que quiere siempre darse a la criatura, y que mientras da no termina jamás de dar.  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la voluntad humana es la fuente y sustancia de la vida de la criatura, de ella toma la vida de sus obras, los pensamientos de su mente, la variedad y multiplicidad de sus palabras.  Si la vida humana no tuviera una voluntad libre, sería una vida sin fuente y sin sustancia, así que perdería todo lo bello, la perfección, el entrelazado admirable que puede tejer la vida humana.  Así la Divina Voluntad donde reina se hace fuente, sustancia y vida de los actos hechos en Ella, por eso en cuanto piensa, habla, obra, camina, esta fuente se difunde en los actos de la criatura, y pone en ellos la sustancia divina, y ¡oh! la variedad de estos actos distintos entre ellos en santidad, en belleza, en luz, en amor, cuando esta fuente se difunde en los actos de ella, hace siempre actos nuevos y forma la armonía del obrar divino en la criatura.  Ahora, tú debes saber que toda nuestra premura es por estos actos, porque en ellos se forma la generación de nuestros actos divinos en el fondo de la criatura, y ¡oh! nuestro contento porque podemos continuar la generación de nuestros actos, y en esta generación nos sentimos Dios obrante, no el Dios atado que no podemos desarrollar la generación de nuestros actos, porque en ella no está nuestra Voluntad.  Por eso a nuestra premura se agrega nuestra custodia y celo de estos actos, tu Jesús se está dentro y en torno de la criatura para custodiarla, mi celo tiene la mirada fija para mirarlos, para felicitarme y tomarme todo el gusto que posee la generación de sus actos obrantes en ella.  Por otra parte nuestra Voluntad posee un valor infinito, y no custodiar un solo acto de Ella sería ir en contra de Nosotros mismos.  Es más, tú debes saber que siendo fuente y sustancia de nuestro Ser Supremo, nuestra potencia, santidad, bondad y todos nuestros atributos se hacen corona en torno a nuestra Voluntad y a todos sus actos, para depender de Ella y hacerle homenaje y custodia de todos sus actos que hace, tanto en Nosotros como en la criatura.  Por eso sé atenta y déjate dominar por mi Querer si no quieres perder jamás a tu Jesús que tanto suspiras, amas y quieres”.

 

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30-37

Julio 9, 1932

 

Hambre que produce la Divina Voluntad.  Prisión del

amor.  Dios forma la persecución del amor a la criatura.

 

(1) Me siento bajo el imperio de la Divina Voluntad, y si algún minuto no siento su imperio, me siento sin vida, sin alimento, sin calor, siento que la Vida Divina termina, porque no está ni quien la forma, ni quien la alimenta, y en mi dolor voy repitiendo:  “Jesús, ayúdame, sin tu Querer yo muero de hambre, ¡ah! hazme sentir su dulce imperio, a fin de que alimentándome tu Vida viva en mí y yo viva de Ti”.  Y mi amado Jesús teniendo piedad de mí, todo amor y ternura me ha estrechado entre sus brazos y me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, ánimo, no te abatas, la Vida Divina formada y alimentada por mi Querer no puede morir, y si sientes hambre, es más bien que no siempre escuchas mi decir sobre las otras maravillas y novedades que posee mi Voluntad, este mi decir interrumpido te hace sentir el hambre del alimento siempre nuevo que Ella posee, pero esto te prepara a recibir el nuevo alimento de sus conocimientos, para hacerte crecer y alimentar sólo de Querer Divino, ni tú te sujetarías a tomar otro alimento, sentirías repugnancia y te contentarías con morir de hambre, porque quien lo ha gustado tantas veces, no se sabe adaptar a tomar otros alimentos.  Pero esta hambre es también una fortuna, porque te puede servir como medio para llegar a la patria celestial, y tú debes saber que el único alimento de estas divinas regiones es el acto nuevo, jamás interrumpido de mi Divina Voluntad.  Este alimento posee todos los gustos, todas las delicias, es el alimento diario y de todos los instantes de la celestial Jerusalén.  Y además, el sentir hambre dice vida, no muerte, por eso espera con paciencia invicta el alimento de mi Voluntad, el cual te rehará del hambre sufrida, con tal abundancia, que no serías capaz de tomarlo todo”.

(3) Y yo interrumpiendo el hablar de Jesús, he dicho:  “Amor mío, el corazón me sangra al decírtelo, a mí más bien me parece que no tienes más aquel amor continuado por mí, que te hacía siempre decir, y haciéndome tantas nuevas sorpresas encantadoras de tu Ser y de tu Querer, yo sentía y tocaba con la mano tu amor palpitante por mí, tanto que estaba obligada a decir:  ‘Cuánto me ama Jesús.’  Ahora, por este tu decir interrumpido me parece que no soy siempre amada por ti, y pasar de un amor continuo a un amor interrumpido es el más crudo de los tormentos, y voy repitiendo:  ¡No soy amada, no soy amada por Aquél que tanto amo!”  Y Jesús, interrumpiéndome ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿qué dices?  Tú debes saber que cuando la criatura nos ama, si no la amaramos obraríamos contra la naturaleza de nuestro Ser Divino, ser amado y no amar no es del Ente Supremo, y si esto se pudiera dar, y fuésemos capaces de pena, el amor de la criatura nos pondría en una prisión de tormentos, y se volvería nuestro perseguidor, no nos daría paz hasta en tanto que fundidos juntos, el amor del uno y del otro se besaran y reposaran juntos.  ¡Ah! tú no sabes qué significa amar y no ser amado por aquél o aquélla que se ama, toda la pena, la inquietud la lleva quien no ama, porque quien ama está en su puesto, cumple el más sacrosanto de los deberes.  En tal estado se encuentra nuestro Ser Divino, porque amamos mucho y el hombre no nos ama, nuestro amor persigue a aquél que amamos, lo pone en prisión, lo atormenta, no le da paz, la inquietud es la señal cierta de que la criatura ha sido puesta en la mira de nuestro amor, que quiere vencer por medio de perseguir el amor de la criatura.  Por eso tranquilízate, si tú nos amas, nuestro amor te ama primero a ti, y es tanta la inseparabilidad de nuestro amor y el tuyo, que el tuyo forma el pequeño calor, y el nuestro, alimentando al tuyo, forma la inmensidad de la luz, de manera que el uno y el otro pierden la virtud de separarse, y como si fueran una sola naturaleza viven siempre juntos para formar una la vida de la otra.  Por eso si mi decir no es continuo, no significa amor interrumpido, no, sería interrumpido si no sintieras el querer hacer aun a costa de tu vida mi Voluntad, esto sería no tenerla más en tu poder, y si mi bondad ha llegado a tanto, de dártela en tu poder, esto te asegura que mi amor es continuo por ti, porque tú debes saber que quien hace y vive en mi Querer Divino, no es otra cosa que la Vida obrante de Dios mismo en la criatura.  Nuestro amor es tanto por quien se hace dominar por nuestro Querer Divino, que se hace dulce prisionero de ella; se restringe, se empequeñece y toma un sumo placer:  Amar, obrar en su alma.  Pero mientras se restringe queda inmenso y obra con modos infinitos, como amamos y obramos en Nosotros mismos, porque nuestra naturaleza es aquélla, la inmensidad, la infinitud, y todo lo que hacemos queda inmenso e infinito como somos, y ¡oh! nuestro contento que mientras nos restringimos en su pequeñez, damos curso al amor y a nuestras obras, y ella queda llena, derrama fuera, llena Cielo y tierra y Nosotros tenemos la gran gloria y honor de amar y obrar como Dios en su pequeñez, y si tú supieras qué significa un solo acto de amor, una sola obra hecha por Nosotros en ti, tú morirías de alegría, y no te bastaría toda la eternidad para agradecernos por tanto bien.  Por eso déjame hacer, hazme hacer lo que quiero de ti, y está segura que quedaremos contentos tú y Yo”.

 

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30-38

Julio 14, 1932

 

Atmósfera celestial, Jesús se pone en guardia del acto de la criatura;

trabajo del uno y del otro.  Los actos hechos en la Divina Voluntad

miran y abrazan los siglos, y son los cuidadores y los

centinelas de las criaturas.

 

(1) Estoy siempre ocupada del y en el Querer Divino, en Él hay siempre qué trabajar, pero no es un trabajo que cansa, no, más bien da fuerza, hace crecer la Vida Divina, e inunda de alegría, de paz, se siente una atmósfera celestial dentro y fuera.  Pero mientras nadaba en las olas eternas del Divino Querer, mi sumo Bien Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija bendita, soy Yo quien forma la atmósfera celestial dentro y fuera de la criatura, porque en cuanto ella entra en mi Querer Divino, Yo me pongo en guardia del acto que va haciendo, y ella forma el terreno con sus actos, y Yo formo la semilla divina para arrojarla en el acto de la criatura.  Así que sus actos sirven como tierra, y Yo, Agricultor Celestial, con llenarla con mis semillas, me sirvo de ello para recoger la cosecha de los trabajos que se hacen en mi Voluntad.  ¿Ves entonces para qué sirve la continuación de los actos hechos en la Divina Voluntad?  Sirven para darme el trabajo y la ocasión de no dejar jamás a la criatura, porque me da siempre qué hacer, y Yo no quiero, ni puedo dejar vacío un terreno tan precioso, formado en mi Voluntad, y expuesto a los rayos vivificantes del Sol Divino.  Por eso Ella te llama al trabajo en mi Querer, y tú me llamas a Mí, y ¡oh! cómo es dulce trabajar juntos en mi Fiat, es un trabajo que no cansa; más bien es portador de reposo y de las más bellas conquistas”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, tú debes saber que nuestros actos que hacemos en la criatura contienen tres actos en uno, el acto conservante, el acto que alimenta y el primer acto creador.  Con estos tres actos en uno damos la vida perenne a nuestros actos, y la criatura que los posee siente en sí la fuerza creadora, la cual le quita todas las debilidades de la naturaleza humana; el alimentador la tiene siempre ocupada al darle su alimento para impedirle que tome otro alimento, y la preserva de todos los males, este alimento es como el embalsamamiento que impide la corrupción; y el acto conservante reafirma y conserva el bien puro y bello.  Estos tres actos nuestros en uno, son como fortalezas inexpugnables que damos a la criatura que hace reinar nuestra Voluntad en ella, que la vuelven de tal manera fortificada, que ninguno la puede dañar”.

(4) Después de esto mi pequeña mente continuaba mi giro en la Divina Voluntad, buscando sus actos para encerrar mis actos en los suyos y hacer de ellos uno solo, y todo esto es el contento de mi largo exilio, poder obrar junto con el Querer Supremo, hacer desaparecer mis actos en los suyos, me siento que tomo como en un puño el Cielo, correr en ellos las bienaventuranzas eternas, de modo que no me siento ni lejana ni extraña de mi amada patria celestial.  Entonces, mientras mi mente estaba como llena de pensamientos sobre la Divina Voluntad, mi Sumo Bien Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:

(5) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, quiero que sepas que por cada acto tuyo en Ella, tantas veces regeneras y creces en modo todo nuevo en nuestro Fiat, así que tú sientes el Cielo, y el Ente Supremo tiene el gran contento de regenerar en el acto de la criatura.  Formar nuestra Vida en el acto de ella es nuestra fiesta, nuestros suspiros, unimos todas nuestras estratagemas de amor y recibimos la completa gloria que nos puede dar la criatura.  Ahora, tú debes saber que el sacrificio con voces potentes llama a Dios, y el hacer nuestra Voluntad lo hace descender en el alma para hacerlo obrar como el Dios que es”.

(6) Y yo:  “Amor mío, a pesar que trato de obrar siempre en tu Querer, y ruego y vuelvo a rogar que venga su reino sobre la tierra, nada se ve todavía”.

(7) Y Jesús:  “Hija buena, esto dice nada, porque tú debes saber que las plegarias, los actos hechos en nuestro Querer, en cuanto entran en nuestro acto divino tienen tal potencia que deben llevar a las criaturas el bien que contienen.  Ellos se ponen en guardia de los siglos, y los ven con mucho amor, y con paciencia invicta esperan y esperan, y con la luz que poseen llaman a la puerta de los corazones, se hacen luz a las mentes y sin jamás cansarse, porque no están sujetos ni a cansancio, ni a disminuir de potencia, hacen como los vigilantes, los fieles centinelas que no se apartan sino cuando han dado el bien que poseen.  Estos actos son los poseedores de mi Querer, y en modo absoluto lo quieren dar a las criaturas, y si una les huye, a otra la toman en la mira; si un siglo no los recibe, ellos no se detienen, ni se marchan, porque les hemos dado los siglos en su poder y forman y formarán nuestro ejército divino en medio a las generaciones humanas para formar el reino de nuestra Voluntad.  En estos actos está lo humano coronado por la potencia divina, y dan el derecho a las criaturas de poseer este reino; en estos actos está nuestra Voluntad obrante, y da el derecho a Dios de reinar y dominar con nuestro Fiat Omnipotente en la criatura; ellos son como anticipo y capital que pagan a Dios por las criaturas, y tienen derecho de dar a las generaciones humanas lo que han pagado, y como sol que ni se retira, ni se cansa jamás de golpear la tierra con su luz para dar los bienes que posee, así ellos, más que soles giran por cada corazón, giran los siglos, están siempre en movimiento, no se dan jamás por vencidos hasta en tanto que no han dado mi Voluntad obrante que poseen, mucho más que saben con certeza que obtendrán el intento y la victoria.  Por eso si nada ves, no te preocupes, tú continúa tu vida y tus actos en mi Voluntad, esto es lo más necesario de todo, formar la moneda para pagar por tus hermanos un reino tan santo.  Y además, tú debes saber que mi misma Vida pasada sobre la tierra, y mis mismos actos, se encuentran en las mismas condiciones, Yo pagué por todos, y mi Vida y lo que hice está a disposición de todos, y se quieren dar a todos para dar el bien que poseen.  Y si bien partí para el Cielo, partí y quedé para girar en los corazones, en los siglos, para dar a todos el bien de mi Redención.  Son cerca de veinte siglos, y mi Vida y mis actos continúan girando, pero no todos han sido tomados por las criaturas, tanto, que varias regiones no me reconocen aún, así que mi Vida, la plenitud de mis bienes y de mis actos, no se retiran, corren y giran siempre, abrazan los siglos como uno solo para dar a todos el bien que poseen.  Por eso es necesario hacer, pagar, formar el capital, el resto vendrá de por sí.  Por eso sé atenta, y tu vuelo en mi Fiat sea continuo”.

 

Deo Gratias.

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta