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I. M. I.

Fiat!!!

In Voluntate Dei!

31-1

Julio 24, 1932

 

Jesús con su palabra genera su santidad, bondad, etc., en la criatura.

Locuras de amor para ponerla a la par y en competencia con Él.

 

(1) Vida mía dulcísima, Jesús, mi celestial maestro, toma mi pequeña alma en tus manos, y si quieres continúa tus lecciones divinas sobre tu Voluntad, siento la extrema necesidad de ser alimentada por tu palabra, y además, Tú mismo me has acostumbrado así, Tú mismo me has dado esta forma de vida, me has hecho vivir de Ti y de tu dulce palabra.  Ciertamente que no me he formado yo este modo de vivir, no, sino Tú, ¡oh, Jesús! tanto, que yo te sentía más a Ti que a mí, y cuando Tú callas me siento despedazar esta vida, y si bien es el más duro de los martirios, sin embargo estoy pronta, si quieres cesar tu decir, diré ¡Fiat!, ¡Fiat!, ¡Fiat!  Pero ten piedad de mí y no me dejes sola y abandonada.

(2) Después me sentía toda abandonada en los brazos de la Divina Voluntad, y no suspiraba otra cosa que el Cielo, me parece que no me queda nada más que hacer, sino terminar mi vida en la Divina Voluntad en la tierra para reiniciarla en el Cielo.  Y mi Celestial Jesús visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(3) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú te oprimes demasiado y Yo no lo quiero, al estar oprimida en medio de tantos bienes míos, haces ver que pones más atención a ti misma que a los bienes que tu Jesús te ha dado, y con ello haces ver que no has comprendido aún los dones y los bienes que tu Jesús te ha dado.  Tú debes saber que cada palabra mía es un don, y por ello encierra un bien grande, porque mi palabra tiene la virtud creadora, comunicativa, formadora, y conforme viene pronunciada por Nosotros, así forma el nuevo bien para dar a la criatura; mira, por cuantas palabras te he dicho y cuantas verdades te he hecho conocer, tantos dones te daba, y tales dones encierran bienes divinos, distintos uno del otro, y el todo está en que sale de Nosotros la palabra, en la cual viene formado el bien que queremos sacar de Nosotros, cuando este bien ha salido, con seguridad tendrá su vida en medio de las criaturas, porque estos dones están animados y formados por nuestra potencia creadora, y conservados dentro de nuestra misma palabra para asegurar el bien que queremos dar, y nuestra palabra moverá cielo y tierra para dar el fruto del bien que posee.

(4) Ahora hija mía, tú debes saber otra sorpresa de nuestro decir, supón que Yo te hablo de mi santidad, esta mi palabra encierra el don de la santidad divina para dar a la criatura, por cuanto a criatura es posible; si hablo de la bondad divina, mi palabra encierra el don de la bondad; si hablo de la Voluntad Divina, encierra el don de nuestra Voluntad; en suma, la cosa que dice nuestra palabra de bello, de bueno, de grande, de santo, ese bien encierra.  Ahora escucha una característica de nuestras estratagemas amorosas, es como si no nos contentáramos jamás de formar nuevas invenciones de amor para dar a la criatura.  Por tanto, si nuestra palabra dice santidad, es porque queremos dar el don de nuestra santidad divina, a fin de que ella esté a la par con nuestra santidad y pueda estar en competencia con Nosotros, y ¡oh! nuestro contento cuando vemos a nuestra santidad divina obrante en la criatura, y si escuchamos que ella dice:  ‘Siento impresa en mí la santidad de mi Creador, cómo me siento feliz al poder amarlo con su misma santidad’.  ¡Oh! entonces nuestro amor da en la locura, y se vierte sobre ella, de modo tan exuberante, que llegamos a los excesos; y así si nuestra palabra dice bondad, Voluntad Divina, es porque queremos dar el don de nuestra bondad y Voluntad Divina, a fin de que ella pueda estar a la par con nuestra bondad y Voluntad, y pueda sostener la competencia con el Ente Supremo.  Tú no puedes comprender cuál es nuestro contento al ver a la criatura dotada de nuestras cualidades divinas, de las que nuestra palabra es portadora, y como es nuestra costumbre dirigir a una criatura nuestra palabra, pero ella es tan fecunda, potente y llena de luz, que hace como el sol formado por una de nuestras palabras, que con un golpe de luz ilumina a todos y da el bien que la luz posee.  Ahora, ¿por qué te oprimes si ves que tu Jesús frecuentemente hace uso de su palabra para agregar dones a dones?  Y estos dones no sólo tendrán vida en ti, sino en tantas otras criaturas, porque poseen la fuerza generativa, dan y generan, para dar y generar de nuevo.  Nuestra palabra es parto de nuestro seno, por tanto es hija nuestra, y como hijas llevan el bien que han generado en su Padre.  Así que en vez de oprimirte, piensa más bien que tu Jesús quiere hacerte nuevas sorpresas con sus palabras divinas, a fin de que te dispongas a recibir tanto bien”.

(5) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y mi dulcísimo Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, cuando el alma se hace dominar, investir, sojuzgar por mi Divina Voluntad, de modo que cada partecita de su ser, tanto en el alma como en el cuerpo, todas poseen mi Voluntad obrante, de modo que la mente la posee animada por su ciencia, la voz la posee hablante, las manos la poseen obrante, los pies poseen sus pasos divinos, el corazón la posee amando, y como sabe amar mi Voluntad, ahora, todo esto unido forma la santidad divina en la criatura, y entonces encontramos todos nuestros derechos en ella, derechos de creación, porque todo es nuestro, encontramos los derechos de nuestra santidad, de nuestras obras, derechos de nuestro Fiat Divino, de nuestra bondad, de nuestro amor, en suma, no hay cosa nuestra que no encontremos en ella como derecho nuestro, y la criatura encuentra en correspondencia sus derechos en su Creador, porque siendo una la Voluntad de ambas partes, los derechos de uno son los derechos del otro.  He aquí qué significa vivir en nuestro Querer, recibir nuestra santidad, el amor, la ciencia, nuestra bondad, con derecho, porque no se puede hacer menos que darlas, porque son propiedad suya, como lo son de nuestro Fiat, porque su vida vive ya en Él.  Mucho más, que quien vive en mi Voluntad crece siempre en la santidad, en el amor, en nuestra belleza y así de lo demás, este continuo crecer forma en la criatura un acto nuevo para dar a su Creador, Nosotros le damos a ella el acto nuevo que poseemos en naturaleza, y ella nos lo da a Nosotros en virtud de nuestra Voluntad, y ¡oh! el contento de ambas partes, la felicidad que se siente al poder recibir de la criatura, y Nosotros poder dar, dar y recibir mantiene el alimento de la correspondencia, conserva la unión siempre creciente, y es como el soplo que mantiene siempre encendido el fuego y viva la llama del amor, sin peligro de poder apagarse.  Por ello siempre adelante en mi Voluntad, y todo irá bien”.

 

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31-2

Agosto 7, 1932

 

La luz de la Divina Voluntad hace perder la vida a todas las demás

cosas, da la frescura divina, y quien vive en Ella es confirmado en

el bien y adquiere el derecho de ciudadano del Cielo.

 

(1) Estoy en los brazos de la Divina Voluntad, si bien bajo el tormento de las privaciones de mi dulcísimo Jesús; sin Él las horas son siglos, los días son interminables, y ¡oh! cómo lloro al no tener su dulce y amable presencia, y siento toda la dureza de mi largo exilio.  Pero mientras gimo y suspiro, el Fiat Divino hace correr su luz sobre mi dolor, y calmándolo me hace correr en las olas eternas de sus actos para unir los míos con los suyos, y hacer de ellos uno solo.  ¡Ah! me parece que no me da tiempo ni siquiera para dolerme de estar privada de Aquél que tanto me ama y amo, su luz se impone sobre todo, eclipsa y absorbe todo, quiere todo para Sí, no permite perder tiempo, aun sobre las cosas más santas, cual es la privación de Jesús.  Pero mientras nadaba en el mar del dolor, mi querida vida apenas como relámpago que huye, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija buena, ánimo, déjate guiar por la luz de mi Divina Voluntad, la cual te sabrá convertir los dolores, las penas, mis mismas privaciones en paz perenne, y en conquistas divinas.  La naturaleza de su luz es eclipsante, corroborante, fortificante, y donde llega su luz, el dolor pierde la fuerza y la vida, y lo cambia en conquistas y en alegrías, porque la fuerza de su luz supera todo, y donde toma su puesto todas las otras cosas pierden la vida; y si delante a la luz de mi Divina Voluntad se sienten otros efectos y deseos, significa que la plenitud de su luz no es plena en el alma, ni reina en ella en modo absoluto; su reino es reino absoluto, no condicionado, por ello tiene el derecho supremo de absorber todo, de hacer perder la vida a todas las otras cosas y de convertir todo en Voluntad Divina.  Tú debes saber que cada vez que la criatura hace sus actos en mi Voluntad, un rocío benéfico le cae encima, el cuál le conserva la frescura divina y le da el opio a todo aquello que no pertenece a Ella, y ¡oh! cómo es bello verla siempre fresca en sus actos, fresca en su amor, en su dolor, en espera de recibir su rocío para recibir el opio, para convertirlo en dulce conquista del Querer Divino.  La frescura vuelve amable, atrayente, tanto a una persona como a un objeto; las cosas viejas no gustan a nadie, y por eso Yo amo tanto a quien vive en mi Divina Voluntad, porque siento en ella nuestra frescura divina, nuestros suaves perfumes, en suma, es cosa nuestra, y tu Jesús encierra en su corazón divino a esta amada criatura, y la voy formando, creciendo toda de mi Voluntad.  Así que esta noble legión de los hijos de mi Querer, será formada en mi corazón santísimo, como tantas reinitas, hijas del gran Rey”.

(3) Después continuando mi estado de opresión por las privaciones de mi dulce Jesús, pensaba entre mí:  “Sin embargo, a pesar de que estoy privada de Aquél que es para mí más que mi misma vida, no obstante siento una profunda paz, ni temo nada, ni tengo ningún temor de si es por culpa mía que el Celestial Jesús me priva de Él, ni tengo ningún miedo de que me pudiese perder, no siento ninguna otra cosa en mi pequeña alma, sino un mar plácido, que si bien murmura, pero su murmullo no es otro que, ‘te amo’, y este mi pequeño ‘te amo’ no te pide otra cosa sino que venga el reino de tu Voluntad sobre la tierra, y sin jamás dejar de murmurar, formo mis pequeñas olas, muy frecuentemente, para librarme de mi exilio y tomar el Cielo por asalto para encerrarme en mi patria celestial”.  ¡Pero qué, todo es en vano, mis olas caen en mi mar y continúo plácidamente murmurando, ‘te amo, te amo!’  Y pongo al Cielo y a la tierra a pedirte tu Fiat.  Pero mientras mi mente pensaba desatinos, mi Sumo Bien Jesús, estrechándome entre sus brazos, todo ternura me ha dicho:

(4) “Mi recién nacida de mi Voluntad, parece que vas buscando cómo turbarte, pero Yo no lo quiero, no quiero las tempestades en el mar de tu alma, sino paz perenne.  Los temores, los miedos, las dudas, son las tempestades, y éstas impedirían el continuo murmullo de tu plácido ‘te amo’, que debe correr y murmurar siempre para vencer a tu Creador, a fin de que mande su Querer a descender sobre la tierra para hacerlo reinar.

(5) Ahora, tú debes saber que en quien se hace dominar por mi Voluntad y vive en Ella, los males pierden la vida; el temor de ofenderme, los miedos, las turbaciones, pierden la semilla para renacer, el alma y el cuerpo quedan confirmados en el bien, se encuentra en las condiciones de los bienaventurados, para los cuales el mal no tiene más vida, porque en las regiones celestiales, en mi Voluntad, el mal absolutamente no puede entrar, así que quien vive en Ella, se puede llamar y adquiere el derecho de ciudadano del Cielo, y si se encuentra sobre la tierra, es como un ciudadano extraviado de la patria celestial, en la que lo tiene mi Divina Voluntad para sus grandes designios, y para bien de la miserable humanidad.  Pero a pesar de que está sobre la tierra no pierde los derechos de ser ciudadano del Cielo, ni de no vivir con las mismas propiedades de la patria celestial, y si bien se siente como extraviada, pero por derecho debe poseer el Cielo en su alma, para vivir no de tierra, sino de Cielo.  ¡Ah! el vivir en mi Voluntad llama el Cielo a la tierra, y su luz escribe sobre su frente, con caracteres imborrables:  ‘Amor perenne, paz imperturbable, confirmación de todos los bienes, hija del Ente Supremo’.  Por esto siempre en mi Voluntad te quiero, a fin de que goces las propiedades de tu patria celestial, que son:  Amor continuo, suma paz y Voluntad Divina como vida de todos los bienaventurados”.

 

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31-3

Agosto 14, 1932

 

Quien no vive en la Divina Voluntad, se encuentra en las

condiciones de los ociosos ante la luz del sol.  Quien

vive en Ella posee a la Santísima Trinidad en acto.

 

(1) Estaba pensando en la Divina Voluntad y cómo quien se hace dominar por Ella, dándole el pleno dominio, todos los derechos son suyos y todo lo que los demás obtienen por piedad, por misericordia, por bondad de Dios, ella lo obtiene por derecho:  Por derecho obtiene la santidad, porque Aquélla que la domina es Santa y tiene virtud de transformar alma y cuerpo en santidad, en bondad, en amor, así que todas las victorias, las conquistas, los derechos, son suyos y como dueña toma el Cielo por asalto.  ¡Qué gran diferencia entre quien vive en la Divina Voluntad y entre quien vive de voluntad humana!  Pero mientras esto pensaba, mi adorable Jesús repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija bendita, la diferencia entre una y otra es grande e incalculable; para quien no vive en mi Voluntad, Ella es como el sol para los ociosos, por cuanto los inviste con su luz y los saetea con su calor, ellos no hacen nada, nada aprenden y nada ganan, y vuelven estéril para ellos la luz del sol, y como están sin hacer nada, se cansan, se aburren de la misma luz y buscan la oscuridad como reposo de su infeliz ociosidad.  En cambio para quien trabaja, la luz es obrante:  Es luz al ojo para hacerle ver lo que debe hacer, porque por cuanta luz tenga afuera, si su ojo no tiene la vida de la luz, de nada le servirá la luz que la circunda, y si no tiene la luz externa, de nada le aprovechará tener la vida de la luz en su ojo; mi paterna bondad ha puesto tal unión entre la luz externa que puede tener la criatura, y la de su ojo, que una no puede obrar sin la otra; es luz para las manos si quiere obrar, si quiere escribir, si quiere leer, y así de lo demás.  Así que la primera parte obrante en la criatura la toma la luz, sin ella, le resultaría sin duda difícil poder hacer algún bien, y poderse ganar un trozo de pan para vivir.  Ahora, tal es la luz de mi Voluntad para quien no vive en Ella, Ella inviste y existe para todos, más no es obrante ni dominante en el acto de la criatura, ésta, con toda su luz permanece ociosa, no aprende nada de divino, ni hace ninguna conquista, y las cosas más bellas la cansan y la fastidian.  La voluntad que quiere vivir en la mía es como el ojo lleno de luz, que se vuelve capaz de unificarse con la luz de mi Voluntad, que poniéndose de acuerdo entre ellas, hacen y forman trabajos y obras prodigiosas, capaces de hacer maravillar Cielos y tierra.  Ve entonces qué significa vivir en mi Voluntad:  No estar ocioso, ponerse de acuerdo la pequeña luz del alma con la luz del Fiat eterno, para volverlo obrante en sus actos, y así formar la inseparabilidad entre uno y otro”.

(3) Por eso la multitud de pensamientos sobre la Divina Voluntad continuaba en mi mente, y mi Celestial Jesús ha agregado:

(4) “Hija bendita, mi Voluntad produce la luz en el alma, la luz genera el conocimiento, luz y conocimiento se aman y generan al amor.  Así que donde reina mi Voluntad Suprema reina la Trinidad Sacrosanta en acto.  Nuestra Divinidad adorable es llevada por naturaleza, en modo irresistible, sin jamás cesar, a generar continuamente, y el primer acto generador lo hacemos en Nosotros mismos.  El Padre me genera continuamente, y Yo, su Hijo, me siento generado continuamente en Él, el Padre Celestial me genera y me ama, Yo soy generado y lo amo, y del uno y otro procede el amor.  En este acto generativo que no cesa jamás, se encierran todos nuestros conocimientos admirables, nuestros secretos, nuestras felicidades, los tiempos, nuestras disposiciones, nuestra potencia y sabiduría, todo cuanto la eternidad encierra, en un solo acto generador que forma todo el conjunto de nuestro Ser Divino.  Por ello, este nuestro amor recíproco que forma a la Tercera Persona de nuestro Ente Supremo, inseparable de Nosotros, parece que no se contenta con nuestro acto generador en Nosotros, sino que quiere generar fuera de Nosotros mismos, en las almas, y he aquí que la tarea la confiamos a nuestra Voluntad animada por nuestro amor, que descienda en las almas y vaya a formar con su luz nuestra generación divina, pero esto lo puede hacer en quien vive en nuestro Querer, fuera de Él no hay lugar para formar nuestra Vida Divina, nuestra palabra no encontraría el oído para hacerse escuchar, y faltando nuestros conocimientos, el amor no encontraría la sustancia para generar, y he aquí a nuestra Trinidad Santísima desordenada en la criatura.  Por eso sólo nuestra Voluntad es la que puede formar nuestra generación divina, por eso sé atenta a escuchar lo que te quiere decir esta luz, para darle el campo a su acto generador”.

 

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31-4

Agosto 21, 1932

 

Deseo de Jesús y necesidad que siente del “te amo” de la criatura.

Cómo su amor queda frustrado.  El amor, sangre del alma.

Anemia que existe en el mundo.

 

(1) Estaba girando en los actos de la Divina Voluntad, y ¡oh! cómo quisiera dar la correspondencia de mis actos a sus actos, y siendo demasiado pequeña e incapaz de poder hacer actos equivalentes como correspondencia de los suyos, salgo con mi pequeño “te amo”, pero a pesar de que es pequeño, Jesús lo quiere, lo espera para decirme:  “La recién nacida de mi Voluntad ha puesto de lo suyo en nuestros actos, así que no están más solos, sino que tienen la compañía de aquélla por causa de la cual fueron creados, y ésta fue, y es, nuestra Voluntad, para dar el campo de acción a la criatura en nuestros mismos actos, para poderle decir:  Amamos y obramos dentro de un solo campo”.  Pero pensaba entre mí:  “¿Qué tiene de especial, este mi pequeño “te amo” que Jesús quiere y tanto ama?”  Y mi amado Jesús, todo bondad me ha dicho:

(2) “Pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que Yo amo tu ‘te amo’ y estoy siempre en acto de esperarlo, Yo te amo siempre, no ceso jamás de amarte, y si tú haces interrupciones en el amarme, siento que Yo te doy mi amor continuo, y tú no me lo das, y mi amor se siente como robado por ti.  En cambio cuando mi ‘te amo’ corre, y el tuyo se hace pronto encontrar para darme y recibir mi ‘te amo’, el mío se siente pagado, y sucede que tu ‘te amo’ no da tiempo al mío, y el mío no da tiempo al tuyo, se da una carrera, una competencia de amor entre Creador y criatura.  Mucho más, cuando veo que estás por decirme ‘te amo’, mi Voluntad inviste tu ‘te amo’ para hacerlo de pequeño grande, y Yo encuentro mi amor en el tuyo, ¿cómo no debo amarlo y quererlo?  Hija, son mis acostumbradas estratagemas, mis industrias, que doy para recibir, éste es mi comercio, amo, doy amor para recibir amor, y cuando no soy amado mi comercio fracasa, y como mi pasión es el amor, no me canso, ni me retracto, vuelvo a empezar, repito, repito las industrias, abundo de estratagemas y de ternuras para rehacerme de mi amor frustrado en la criatura.  ¡Oh! si supieras cómo queda herido y doliente mi corazón cuando Yo digo ‘te amo’ y ella no escucha la llamada que le hace el mío para tener el suyo.  Además de esto, tú debes saber que el amor es la sangre del alma, como mi Voluntad es la vida, y así como en el orden natural la vida no puede funcionar sin la sangre, y la sangre no puede circular si no tiene una vida, y según la abundancia de la sangre así goza de salud, así en el orden sobrenatural, el alma, mi Divina Voluntad, no puede funcionar sin la sangre del amor, cuanto más amor tanto más se sentirá fuerte, robusta, activa en el obrar, de otro modo sufrirá de anemia y podrá terminar en tisis, así que cuando no hay la sangre suficiente del amor, mi misma Voluntad por cuanto es vida, se vuelve enferma en el alma e inoperante, porque le falta la sangre del amor para funcionar; todas las virtudes se vuelven anémicas, y en vez de paciencia, de fortaleza, de santidad, se verán todas descoloridas estas virtudes, cambiándose en defectos.  Por esto hay mucha anemia en el mundo, porque falta la sangre pura de mi amor, y como consecuencia van al encuentro de una tisis terrible, que los lleva a la ruina del alma y del cuerpo.  He aquí porque amo tanto tu ‘te amo’, y lo quiero en todos mis actos, en todas las cosas creadas, en cada acto de criatura, para poder formar mucha sangre como antídoto y remedio para la anemia que existe, y esto será preparativo al reino de mi Voluntad.  Por ello siento la necesidad de tu amor, es verdad que es pequeño, pero Yo no veo si es pequeño o grande, más bien miro si ha sido hecho en la potencia de mi Voluntad, ya que los actos más pequeños me los hace grandes y los inviste de tal belleza de sentirme raptado.  Por tanto te baste saber que lo quiero, me agrada, me vuelve feliz, para hacerlo, si es pequeño o grande es mi problema, y este tu ‘te amo’ lo quiero en el latido de tu corazón, en el aire que respiras, en el cielo, en el sol, en suma, en todo.  ¡Oh! cómo quisiera ver que tu ‘te amo’ inviste Cielo y tierra, criaturas y Creador”.

 

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31-5

Agosto 28, 1932

 

Alternativas Divinas, trabajo y reposo.  Cómo Dios toma a la criatura

siempre por vías de amor.  Amor universal y amor especial.

 

(1) Mi pequeña mente continúa perdiéndose en el Querer Divino, me parece que no sé estar si no me arrojo en sus olas para encontrar en acto lo que ha hecho por amor nuestro, pero en medio de tanta inmensidad de amor, mi corazón tenía sus gemidos dolorosos por las privaciones de mi dulce Jesús, su silencio profundo; siento que en mi alma, si bien hay un aire puro, un cielo tersísimo cubierto de centellantes estrellas de todos los colores, un sol fulgidísimo, que con su luz golpea continuamente sobre mi pequeñez, para hacer que todo fuese en mí Voluntad Divina, todo es paz y serenidad, no hay ni siquiera un ligero soplo de viento que pueda hacer ruido, más todo esto es efecto y propiedad del Fiat eterno, sin embargo decía entre mí:  “Me parece que me falta el Rey, me falta Aquél que con un amor que no sé describir, todo ha obrado y ordenado en mí, y faltándome Él me siento sola; pero dime, ¿por qué me has dejado?  ¿Por qué no hablas?”  Y mi querido Jesús haciéndose herir por mis gemidos y sosteniéndome en sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, no te maravilles, es mi costumbre, que después del trabajo quiero encontrar descanso en mi mismo trabajo, en medio de mis mismas obras, que más que suave lecho se prestan en acto de adoración profunda y en mudo silencio a darme reposo; el reposo después del trabajo es la recompensa del trabajo, es el gusto y contento que sabe dar el sacrificio.  ¿No hice lo mismo con la Creación?  Primero la creé con mi Fiat, porque nuestra palabra es obra, es paso, es todo, y después, todo ordenado y realizado, encontré el más bello y dulce reposo; éstas son las alternativas de nuestro Ser Supremo, trabajo y descanso, el trabajo nos llama al descanso, y el descanso nos llama al trabajo.  Entonces, ¿no quieres tú que descanse en tu alma?  Todo lo que ves en ti no es otra cosa que trabajo de tu Jesús, cada palabra que te decía era un trabajo que Yo hacía, y de dentro de mi palabra formaba la nueva creación en ti, más bella que la misma Creación, porque aquélla debía servir a los cuerpos, ésta debía servir a las almas para darles la Vida de mi Voluntad.  Si no hiciera la alternancia de trabajo y reposo, sería señal de que no me has dado la libertad de obrar con mi fuerza creadora mi trabajo en tu alma, por tanto habría continuado mi trabajo hasta que obtuviese mi fin, para después descansar.  Yo, si no termino, no descanso, y si después del descanso vuelvo al trabajo, es porque tomo nuevos trabajos, no quieres tú que me repose bajo este cielo tan sereno, estas estrellas y sol que me llueven encima como dulces refrigerios, que haciéndome los más bellos arrullos me invitan al descanso y en mudo silencio me dicen:  ‘¡Cómo son bellas tus obras, tu Voluntad obrante, tu potencia creadora que nos ha dado la vida!  Somos obras tuyas, descansa en nosotras y nosotras formaremos tu gloria, tu adoración perenne’.  Ante palabras tan dulces tomo reposo, y al mismo tiempo vigilo y conservo mi trabajo, y preparo otros trabajos para hacer; y si supieras cuál es el primer trabajo que realizo después del descanso; abro mi trabajo con decirle a la criatura un dulce ‘te amo’ mío, quiero iniciar mi trabajo con mi amor, a fin de que la criatura sintiéndose herir y raptar por la fuerza irresistible de mi amor, me deja hacer y me da el campo de acción en su alma; y Yo la tomo siempre, inicio mis trabajos, pido sacrificios por vía y fuerza de amor, mi amor la felicita, la inviste, la absorbe, la embriaga, y de frente a mi amor, ebria como está me hace hacer lo que quiero y llega a sacrificarme la propia vida, porque un ‘te amo’ mío saliendo del fondo de mi Divinidad, que contiene la inmensidad que se encuentra por todas partes, la infinitud que no termina jamás, la potencia que todo puede, la sabiduría que dispone todo, todo lo que existe siente la fuerza de mi ‘te amo’, y todos lo dicen junto Conmigo:  Se lo dice el Cielo con toda la corte celestial, lo dicen las estrellas y su centellear se cambia en ‘te amo’.  El sol, el viento, el aire, el agua, le dicen ‘te amo’, porque habiéndolo dicho Yo, mi ‘te amo’ ha resonado en todo y en todas partes, y todos lo dicen junto Conmigo, y la criatura se siente bajo la lluvia de un ‘te amo’ inmenso, y sintiéndose ahogada por mi amor me deja hacer, se queda sin aliento, y se presta para hacerme cumplir mis obras más bellas; y si bien también ella siente la necesidad de decirme ‘te amo’, pero ve que el suyo es demasiado pequeño de frente al mío, porque no tiene las armas de la inmensidad, potencia e infinitud, sin embargo no quiere quedarse atrás, y utiliza la industria de decirlo en la potencia de mi Voluntad, y ¡oh! cuánto me agrada, y me es un incentivo no sólo al trabajo, sino a repetirle un ‘te amo’ mío directo y especial, porque es verdad que amo a todos, mi amor no cesa nunca para nadie, pero cuando quiero hacer trabajos especiales, nuevas obras, proyectos diferentes, no me contento con mi amor general, sino que agrego un amor especial y distinto, que mientras sirve para atraer a la criatura, sirve como materia, como terreno donde formar mi trabajo y extender mis obras.  Por eso déjame hacer, Yo sé cuándo es necesario el trabajo, la palabra, el silencio y el reposo”.

 

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31-6

Septiembre 4, 1932

 

La correspondencia, necesidad del amor divino.  La

Divina Voluntad obrante, continuación de la Creación.

 

(1) Estoy siempre en el mar del Querer Divino, el cual me hace presente toda la Creación.  Qué teatro inmenso, en el cual hay escenas tan conmovedoras, que a claras voces revelan el gran amor de Dios hacia las criaturas, y que raptan el corazón a amarlo.  Y pensaba en la gran ingratitud humana, pues la criatura no se deja raptar para amarlo.  Y mi dulce Jesús sorprendiéndome, con su corazón lleno de amor, me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, la Creación fue hecha por nuestro Ente Supremo para dar amor, y para recibir la correspondencia del amor de las criaturas.  No hay cosa creada por Nosotros en la que no haya sido esta nuestra finalidad, hacerla para recibir en ella la correspondencia, de otra manera nuestras obras no habrían sido obras comunicativas, fructíferas, alimentadoras y llenas de vida para hacer feliz al hombre, habrían sido como obras pintadas, que a lo más cautivan la vista, pero que no harían bien a nadie.  En cambio con querer la correspondencia, Nosotros poníamos en marcha la comunicación de la luz para darles la vida de la luz, el aire para darles la vida de la respiración, el agua, el alimento, el fuego para darles la vida y el bien que ellos poseen, y así de todo lo demás, ¡cuántos actos de vida poníamos en torno a la criatura para hacer crecer, alimentar y sostener su vida!  Ahora, querer su correspondencia era una necesidad de nuestro amor, las obras sin correspondencia son obras sin cortejo, que no son apreciadas, y aunque se sirvan de ellas quedan obras aisladas, como si no fuesen agradecidas; la correspondencia no toma la obra sólo para servirse de ella, sino que entra dentro de ella para reconocer a Aquél que por amor suyo la ha creado; la correspondencia da vida a la gratitud, al agradecimiento, se puede decir que la correspondencia mantiene la conversación, la amistad, la correspondencia entre el donador y entre quien recibe el don, de otra forma todo queda despedazado.

(3) Ahora escucha hija mía otro arrebato de nuestro intenso amor hacia el hombre.  Para tener esta correspondencia, al crearlo poníamos en él nuestra Voluntad obrante unida con la suya, a fin de que así como nuestra Voluntad en la obra de la Creación hizo tantas obras por amor suyo, así en su alma, poseyendo nuestra Voluntad Divina, en virtud de Ella pudiese tener igual fuerza y poder para darnos la correspondencia por Nosotros querida.  Nuestro Fiat obrante en la Creación y obrante en la criatura, debía poner en juego al humano querer para servirse de todos sus actos, pequeños y grandes para formar la justa correspondencia de todas sus obras que había hecho en la Creación, mucho más que sabía el número, la variedad, la belleza, el peso de todas sus obras; en la criatura obrante no debía hacer menos que obrar con la misma multiplicidad, suntuosidad y belleza de lo que había obrado en el universo, y así corresponderse Él mismo de sus obras externas, y sus obras internas hechas en el fondo del alma.  La Voluntad Divina debía servirse de la voluntad humana como materia en sus manos, para continuar su Creación.  He aquí por qué el hombre con rechazar nuestra Voluntad hizo cesar su Vida obrante en sus actos, de los cuales podía servirse para continuar su creación en ellos, y transformarlos en cielos, en estrellas, en soles, en mares, etc., obstaculizó nuestra obra, la detuvo, arruinó nuestras dulces armonías, las queridas correspondencias que sólo en virtud de nuestro Querer podían existir; todo podíamos hacer en él si nuestra Voluntad tuviera su Vida obrante en él.  He aquí por qué nuestra urgencia, nuestros suspiros, las insistencias, nuestros dolores, para que la tierra humana pudiese volverse nuestro campo de acción, en el cual nuestro Querer tuviese plena libertad de hacer lo que quiere.  Y no creas que sólo el Ente Supremo quiere la correspondencia en sus obras, también la criatura, la primera finalidad en sus obras es la correspondencia, si hay esto, o al menos lo espera, tiene manos y pies para moverse, boca para hablar, fuerza para sacrificarse, tiempo para obrar, pero si no hay correspondencia, le parece que no tiene ni manos, ni pies, ni boca, ni fuerza, ni tiempo, se siente que la vida muere para aquella obra.  Parece que la correspondencia sea nada, más no es verdad, más bien es el principio y la vida de cada obra, por eso la correspondencia es una necesidad de mi amor, y me hace continuar la obra de la Creación”.

(4) Después de esto, continuaba mi abandono en el Fiat Divino, y una multitud de pensamientos, dudas y dificultades surgían en mi mente.  Y mi Celestial Maestro ha agregado:

(5) “Hija mía, mi Voluntad tiene virtud de hacer la concentración de todo el ser humano en un solo acto.  Si obra con su virtud unitiva concentra en ella los pensamientos, el corazón, los pasos, y todo, de modo que la criatura siente que no es sólo la obra, sino todo su ser investido por su fuerza obrante, que siente el imperio de mi Voluntad obrante, y entre todos hacen una sola cosa.  Esta fuerza unitiva vuelve dominante y ordenada a la criatura, porque la primera dote que sabe dar mi Fiat es el dominio de sí mismo y el orden, y entonces toma su dominio divino y se convierte en materia moldeable en sus manos, que se presta a sus obras maravillosas.  En cambio sin mi Voluntad, la criatura no posee la fuerza unitiva en sus actos, y por tanto se ve toda dispersa y sin orden, y se ve como materia dura que no cede a las formas que nuestro Querer le quiere dar”.

 

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31-7

Septiembre 8, 1932

 

Prodigio del nacimiento de la Reina del Cielo.  Vías de

comunicación entre Creador y criatura.  Quién forma la nobleza.

 

(1) Mi pequeña mente hace siempre sus giros dentro y fuera del Querer Divino, y por cuanto giro a su alrededor no me canso jamás, siento una fuerza misteriosa que alentándome no me dice basta, sino dice:  “Corre, busca sus actos, ámalos, adóralos, bésalos, y transforma los tuyos en los suyos, y forma toda tu vida de Voluntad Divina”.  Y si no sé decir nada, en mis correrías y giros digo mi pequeño estribillo, “te amo, te adoro, te bendigo, oh, Voluntad adorable en todas tus obras.”  Y siendo hoy la natividad de la Reina del Cielo, me he detenido a pensar en el gran portento de su nacimiento, del cual parecía que Cielos y tierra estaban pendientes para adorar este prodigio divino.  Y mi sumo bien Jesús, con amor y ternura indecibles me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Voluntad, el nacimiento de mi Mamá Celestial encierra todas las maravillas, todos los prodigios juntos, ¿pero sabes por qué?  No nacía Ella sola, la Pura, la Santa, la Bella, la Inmaculada, no, no, sino que junto con la Celestial niñita nacía en Ella mi Voluntad Divina, concebida ya y encerrada en Ella para formar su Vida obrante y creciente en la graciosa niña.  Encerrarse mi Voluntad para nacer junto, servirse del órgano de la Celestial criatura para obrar y formar su Vida Divina, esto fue un prodigio que sólo el eterno amor, la Divina sabiduría y potencia podían obrar, no era solamente la vida que se daba, ni el sólo don de librarla de la mancha de origen, esto habría sido nada para nuestra potencia, lo que hizo maravillar y que llamó la atención de todos, era mi Voluntad que nacía junto con Ella en el mundo, tanto que Cielos y tierra quedaron conmocionados, se pusieron atentos, sentían una fuerza misteriosa, la misma fuerza que los dominaba y conservaba toda la Creación, era nuestra misma Voluntad que movía todo y se ponía a Sí misma y a toda la Creación al servicio y disposición de esta recién nacida niñita.  Así que este nacer de mi Voluntad junto con Ella, fue el origen que llamó a todos los demás prodigios a concentrarse en Ella.  Donde reina mi Fiat no hay bien que no encierre, ni prodigio que no realice, quiere hacer desahogo de su amor y potencia con el formar su Vida obrante y poner de lo suyo por cuanto a criatura es posible contener.  Por ello admira y agradece a nuestro Ser Supremo, que llega a tanto amor hacia esta recién nacida niña, de hacer renacer en Ella nuestra Voluntad no nacida, que no tiene ni principio ni fin, ni límites en sus confines”.

(3) Después seguía el obrar de la Divina Voluntad en todas las cosas creadas, y mi amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, las cosas creadas fueron hechas por Nosotros para formar muchos caminos, para hacer que el hombre se pudiese servir de ellos para venir a Nosotros, porque los dejamos todos abiertos a fin de que cuando quisiere venir no tuviese necesidad ni de tocar, ni de abrir para venir a Nosotros.  Era nuestro hijo, era justo y razonable que tuviese todos los caminos abiertos para ir a su Padre Celestial, y entretenerse juntos para amarlo y ser amado, y como hijo pedirle gracias y favores, ¿pero sabes qué hizo el ingrato hijo?  Él mismo cerró los caminos, formó las barreras y con el pecado formó las puertas, cerrando las correspondencias con quien le había dado la vida.  Ahora, ¿quieres tú saber quién vuelve a abrir las puertas, a quemar las barreras?  Quien me ama y vive en mi Divina Voluntad; el amor y mi Fiat son fuerzas potentes que queman y quitan todo, y abren todos los caminos para poner de nuevo al hijo lejano en los brazos de su Padre Celestial.

(5) Ahora, tú debes saber que todas las virtudes, las obras buenas, el amor, el hacer mi Divina Voluntad, forman la nobleza del hombre, pero la sustancia de esta nobleza es la riqueza de mi Gracia, todo el bien viene fundado sobre Ella, del que se hace fuente y conservadora de todo el bien que se puede hacer, de otro modo se puede decir noble de origen, como lo es el hombre, pero como le falta la riqueza se encuentra casi por necesidad haciendo actos indignos de su nobleza; de hecho, si uno es noble y no es rico, no puede vestir como noble, ni vivir en palacios, así que su nobleza se reduce al solo recuerdo de que era noble; así quien no posee la riqueza de mi Gracia, todo el bien se reduce a escuálidas virtudes, que muy frecuentemente hacen ver que no es rico de paciencia, de oración, de caridad, y así de lo demás.  Ahora, el bien forma la nobleza, la riqueza de mi Gracia la conserva, mi Voluntad forma al Rey que domina y con maestría divina regula y ordena todo”.

 

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31-8

Septiembre 18, 1932

 

La página escrita en la Divina Voluntad, historia de la criatura.

Dios no nos quiere siervos, sino príncipes de su reino.  El amor

Divino en busca de todas las criaturas para amarlas.

 

(1) Mi abandono continúa en el Querer Divino, me siento esconder por sus olas eternas, en las cuales todo esconde, nada se le escapa de su inmensidad, así que quien quiere encontrar todo, abrazar todo, escuchar la historia de todos, debe entrar en este mar del Fiat Supremo.  Pero mientras mi mente se perdía en Él, mi dulce Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija bendita, mi Voluntad encierra todo, mejor dicho, para cada criatura tiene su página escrita del cómo se debe desarrollar su historia y formar su vida, y esta página escrita fue ‘ab eterno’ escrita en la luz de nuestra Voluntad, así que la vida de cada criatura, en el tiempo tuvo su principio, pero en nuestro Ente Supremo no tuvo principio, y fue amada por Nosotros con amor sin principio y sin fin.  Así que la Creación toda no existía aún, y Nosotros ya la amábamos, porque ya estaba dentro de Nosotros, teníamos encerrado dentro del sagrario de nuestra Divinidad el gran parto de todas las criaturas, veíamos en cada una de ellas nuestra página escrita, sus vicisitudes, su pequeña historia, y según lo que estaba escrito, lo más o menos que debía ser cumplida y glorificada nuestra Voluntad Santísima, así más intensamente la amábamos.  Tú no existías, pero nuestra Voluntad te encerraba, y Nosotros amándote te dábamos el lugar, el descanso sobre nuestras rodillas paternas, te dábamos las diversas lecciones sobre nuestro Fiat, y ¡oh! cuánto gusto nos daba el verte escuchar y escribir en tu alma, como copiando, lo que estaba escrito en nuestra página eterna, porque tú debes saber que lo que queremos que la criatura haga de nuestra Voluntad, primero viene hecho por Nosotros, formado por Nosotros en nuestro mismo Querer, y después, desbordándose de Nosotros quiere hacerlo y formarlo en la criatura, haciendo de ella su campo de acción divina.  Es tanto nuestro amor, que no queremos que ella haga otra cosa, sino lo que hemos hecho Nosotros, dándole el modelo de nuestro acto, a fin de que lo copie, y cuántas ayudas, asistencia no damos mientras hace la copia, dándole nuestra misma Voluntad como acto suyo, como materia prima, a fin de que la copia resulte según nuestro designio.  Ahora, quien hace su voluntad, cada uno de sus actos no hacen otra cosa que arruinar nuestro proyecto, hacer tachaduras sobre nuestra página escrita, cada palabra nuestra escrita contenía un amor especial y eterno, contenía el desarrollo de su vida según nuestra semejanza, en la que debía encerrar su historia de amor y de cumplimiento de su Voluntad Divina hacia su Creador.  El querer humano no hace otra cosa que desfigurar esta página, alterar nuestra semejanza, y en lugar de formar la copia de nuestra página escrita con tanto amor para ella, se ha formado su página escrita con notas de dolor, de confusión y con una historia tan vil y baja, que los siglos no la recordarán, y el Eterno no encontrará en ella el eco de la historia escrita en su página, en la cual debía ser ensalzada su historia divina en la criatura.

(3) Hija mía, hay un conocimiento equivocado en el bajo mundo, y creen que la criatura puede vivir como apartada de Nosotros, ¡qué equivocación!  ¡Qué equivocación!  Toda la Creación no es otra cosa que una herencia salida de Nosotros, por tanto es nuestra, nos pertenece, tanto, que si bien la hemos puesto fuera, pero la hemos dejado inseparable de Nosotros, y queremos el honor, la gloria de nuestra herencia, y que las criaturas no sean viles siervos nuestros, sino hijos y como tantos príncipes de nuestro reino, y este principado le venía dado de la inseparabilidad de nuestra Voluntad, tanto que la criatura no puede hacerse a un lado de ella, ni puede vivir, ni separarse, ni siquiera en el mismo infierno, a lo más, quién la tiene obrante y quién la tiene conservadora de su ser sin darle la oportunidad de hacerla obrar el bien.  Vivir sin mi Voluntad sería como el vivir el cuerpo sin el alma, cosa que sería imposible, y se ve que cuando un miembro es amputado del cuerpo no tiene movimiento, pierde el calor y se pudre porque falta el alma, así sería si faltase mi Voluntad, todo se reduciría a la nada.

(4) Ahora, el vivir en mi Voluntad es exactamente esto, sentirse correr en todo el ser, en todos los actos, la luz, la fuerza divina, la Vida de mi Voluntad, porque donde no esta su Vida obrante, aquel acto permanece sin Vida, sin Calor, sin fuerza y luz divina, está como muerto para el bien, y cuando no tiene el bien adentro, se forma el mal y termina por pudrirse.  ¡Oh! si la criatura se pudiese ver sin la Vida obrante de mi Querer, se vería tan deforme, que ella misma tendría horror a verse, por ello déjate llevar siempre por las olas eternas de mi Querer, en el cual encontrarás tu página escrita, tu historia tejida con tanto amor sobre ti, y así no te hará más impresión lo que de ti hemos dispuesto, encontrarás todo como cosas que te pertenecen y que por necesidad absoluta deben formar tu vida, llenar tu historia y satisfacer a nuestra necesidad de amor, que ‘ab eterno’ queríamos hacer conocer nuestra Voluntad.  Sé fiel y no obstaculices nuestro amor, danos la libertad de realizar nuestros admirables designios formados sobre ti”.

(5) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija buena, quien hace y vive en mi Querer se eleva en la unidad de mi Voluntad, y desciende con Ella en todas las cosas para darnos su amor en cada una de ellas, en todas las criaturas y actos de ellas”.

(7) Y yo:  “Amor mío, por cuanto hago por amarte en todas las criaturas y en todos sus actos, queriéndolos cubrir todos con mi amor, a fin de que Tú no recibas sino amor de todos, no obstante veo que no todos te aman, esto es un dolor para mí, porque pienso que mi amor no tiene fuerza vital, y por ello no sé hacerte amar por todos”.

(8) Y Jesús:  “Hija mía, es la fuerza de la unidad de mi Querer que te arroja sobre todos y sobre todo, para amar en todo y darme la correspondencia del amor de todos, y si no me aman, no puedo decir que el tuyo no lo recibo, más bien en tu amor oigo las notas del amor que todos me deberían dar, y ¡oh, cómo estoy contento!  Tú debes saber que éste es nuestro oficio divino:  De la altura de nuestro único y solo acto que jamás interrumpimos, desciende nuestra luz, amor, potencia y bondad, y va buscando todos los actos, los latidos, los pasos, las palabras, los pensamientos, para plasmarlos, investirlos, sellarlos con nuestro amor; sentimos la irresistible necesidad de amor de ir en busca de todo y de todos, y no nos dejamos escapar nada, ni siquiera un latido, si no le damos un ‘te amo’ nuestro, sin embargo no nos aman, más bien hay quien escapa de la lluvia de nuestro amor, pero con todo esto continuamos, no nos detenemos, porque nuestra naturaleza divina es amor y debe amar, y sentimos el contento, la felicidad que nuestro amor nos da con el amar, que tiene virtud de amar a todos, de extenderse a todos y dondequiera; no habría plena felicidad en Nosotros si nuestro amor sufriera de impotencia de poder amar todo, o bien detenerse si no se viese correspondido.  Así tú, continúa amándonos por todos, y a arrollar a todos en nuestro amor, y a pesar de que no obtengas todo tu intento, oirás las notas de nuestro amor felicitante, porque quieres amarnos por todos”.

 

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31-9

Septiembre 25, 1932

 

La Divina Voluntad llama la Vida de nuestro Señor

en el alma, el abandono llama sus obras.  Derecho

que da la Divina Voluntad a quien vive en Ella.

 

(1) Estoy siempre en los brazos del Querer Divino, como una pequeña niña que quiere ser arrullada en los brazos de la mamá para tomar su dulce sueño, y si la mamá no la arrulla, la pobre pequeña no se siente segura, se oprime y llora, e implora los brazos de la madre como lecho y reposo, y sólo se tranquiliza cuando obtiene el intento.  Tal soy yo, soy la pequeña niña recién nacida apenas, y siento la gran necesidad, para estar segura, de los brazos del Fiat para ser arrullada y defendida, y siendo inexperta en su mar divino, porque soy apenas recién nacida, siento la necesidad de ser guiada e instruida de lo que debo hacer en su misma Voluntad.  Y como me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús, y por otros incidentes que me han sucedido, mi sumo bien Jesús, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña recién nacida de mi Querer, ven entre mis brazos, tú tienes razón que sólo en mis brazos puedes estar segura, no hay peligros en mi Voluntad, que más que mamá te tiene estrechada a su seno, te alimenta con su luz y con su amor; en Ella no hay opresiones, ni  tristeza, ni temor, éstas son cosas fuera de mi Voluntad, no dentro de Ella, donde no hay otra cosa que paz, alegría, actitud continua, hay tanto qué hacer, que el alma no encuentra ni tiempo, ni lugar para oprimirse, y además, la opresión es falta de abandono total en mis brazos, el abandono produce el dulce sueño, y en el mismo sueño sueña con Aquél que ama y que la ama tanto que la tiene estrechada a su seno; en cambio la opresión, el temor, produce la vigilia y la criatura se vuelve toda ojos para mirarse a sí misma, no a Aquél que ama y es todo ojos para ella.  Tú debes saber que el hacer y el vivir en mi Voluntad, llama mi Vida a formarse en ti, y el abandono total en Mí, llama a mis obras, y quien no vive abandonada obstaculiza en ella mi Vida y mis obras, y Yo me sentiría mal si no pudiese desarrollar lo que quiero hacer en la criatura.  Por ello abandónate totalmente en Mí, y Yo pensaré en todo”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en la Creación para poner en ella mi correspondencia de amor por todo lo que ha creado y conserva sólo por puro amor, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la gran mole del mundo unida a la gran mole Divina gira continuamente, animada por nuestro movimiento incesante, nos gira alrededor para volver a darnos la gloria, el honor, el amor, con el cual la sacamos fuera de Nosotros.  Así que estamos en medio a nuestras obras que mientras nos giran, alaban con voces secretas y arcanas nuestro Ser Supremo.  Por lo cual Nosotros sentimos en las cosas creadas nuestra Vida esparcida en ellas, sentimos volver a darnos el latido de nuestro amor, la profundidad de nuestra adoración, el cortejo de nuestra gloria, la aureola de nuestra fúlgida belleza, la vida de nuestra luz.  Ahora, quien gira en nuestras obras se une para darnos todo lo que nos da toda la Creación, mi Divina Voluntad le da el lugar en todas las cosas creadas para hacer que lo que hacen ellas, lo haga también ella, y sucede que conforme gira, así toma más amor, más luz de conocimiento, se embellece de más, es un encanto el ver que conforme gira toma en sí la Vida de su Creador y la copia, y mi Fiat Divino le da el derecho de tener su puesto de honor en sus obras.  Quien vive en nuestra Voluntad es inseparable de Nosotros, y desde la más grande hasta la más pequeña obra por Nosotros creada, su fuerza creadora y unitiva la une con todo, con vínculo indisoluble y perenne”.

 

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31-10

Octubre 9, 1932

 

Dios creó al hombre en un éxtasis de amor.  La Creación, ajuar del

hombre.  El dulce sonido de la campanilla, éxtasis recíproco del Creador

y de la criatura.  Prodigio de la Concepción de la Virgen.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y cuanto más me abandono, tanto más siento su fuerza que me fortifica, su Vida que anima la mía, su luz que me conforta, me ilumina y haciéndose reveladora me revela a Aquél en cuyos brazos estoy toda abandonada, y con atracción potente me hace girar en sus obras, ama y quiere que su pequeña hija sea espectadora de lo que ha hecho por amor de las criaturas.  Ahora, mientras giraba, mi divino y soberano Jesús, deteniéndome en el acto de la creación del hombre me ha dicho:

(2) “Hija mía, qué dulce recuerdo la creación del hombre, él fue creado en un éxtasis de nuestro amor; fue tanto nuestro amor, que quedamos raptados delante a nuestra misma obra que sacábamos a la luz; nos raptaba la belleza con que lo habíamos investido, nos raptaba la santidad con que lo habíamos llenado, nos raptaba la forma, la armonía con que lo habíamos formado, sus prerrogativas, cada una de sus cualidades era un éxtasis de amor que sentíamos y que nos raptaba a amarlo; así que nuestro amor quedó sacudido, sojuzgado, y poniéndonos en éxtasis, hacía surgir en Nosotros el amor obrante e imperecedero hacia el hombre, y en este éxtasis de amor, raptados como estábamos, no nos ocupábamos de nada, no se ponían límites, desahogábamos tanto en el amarlo y en enriquecerlo de todos los bienes, que no le dejamos ningún vacío, a fin de que su amor fuese pleno para Nosotros, y así nos pudiera raptar para amarlo continuamente; por eso el sólo recuerdo de como fue creado el hombre, nos repite nuestro éxtasis amoroso hacia él.  Ahora, quien gira en nuestra Voluntad, en cuanto encuentra nuestras obras, que fueron como preparativo para después crear al hombre, toca la campana para llamar a todas las criaturas a reconocer este amor de Dios hacia el hombre, y su dulce sonido llama nuestra atención, reaviva nuestro amor, y hace surgir en Nosotros nuestro éxtasis de amor hacia él.  Éxtasis significa volcarse totalmente sobre quien se ama, y quien viene en nuestra Voluntad, tiene la fuerza de hacernos sufrir nuestro éxtasis de amor a fin de que nos volquemos en ella, y Nosotros ponemos con nuestra potencia a la criatura en éxtasis para Nosotros, a fin de que nada le quede, y toda se vuelque en nuestro Ser Supremo.  Acontece un volcarse recíproco, el uno en el otro, por ello no hay cosa que nos guste más, que ver a la criatura en aquella misma Voluntad en la que fue creado.  Contemplar nuestras obras, conocerlas, sentir los latidos de nuestro amor que cada cosa creada posee, era el ajuar que preparábamos y dábamos al hombre al crear tantas cosas y toda la Creación.  Ahora, ¿quién recibe la vida del bien que las cosas creadas contienen?  Quien hace uso de este ajuar tan espléndido, y con derecho; quien las conoce, y conociéndolas encuentra nuestro amor palpitante, nuestra Voluntad obrante, y las ama y ama en ellas a aquel Ente Supremo que tanto la ama.  Por eso sé atenta y constante en el girar en nuestras obras, a fin de que nos demos la mano en el amarnos, nos pongamos mutuamente en éxtasis, y con provecho harás uso del gran ajuar que con tanto amor te ha dado tu Creador”.

(3) Después, mi pequeña mente se extendía en los actos hechos por la Divina Voluntad, y pasando de un acto al otro, llegué a la Concepción de la Virgen Santísima.  ¡Oh Dios!  Los Cielos quedan mudos ante este acto cumplido de la Divina Voluntad; los ángeles parecen tartamudos, y por cuanto dicen, parece que no saben decir todo sobre este prodigio tan grande.  ¡Ah! sólo Dios puede hablar de él, porque es el autor del prodigio que obró en esta Concepción.  Y mientras yo permanecía maravillada, mi amable Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(4) “Hija mía, la Concepción de la Virgen Inmaculada fue un acto nuevo de nuestra Voluntad, nuevo en el modo, nuevo en el tiempo, nuevo en la gracia; en Ella fue renovada toda la Creación.  En nuestra Omnividencia e inmensidad llamamos a todas las criaturas, todos sus actos buenos presentes, pasados y futuros como si fuesen uno solo, a fin de que sobre todos y sobre todo fuese formada esta Concepción, para dar el derecho a todos, y darles el derecho no con las palabras, sino con los hechos sobre todo.  Cuando nuestra Voluntad hace un acto que debe servir al bien universal de todos, no hace a ninguno a un lado, y haciendo uso de su Omnipotencia reúne todo junto, criaturas y sus actos, fuera del pecado, porque el mal no entra en nuestros actos, y cumple el acto que quiere hacer.  Mira, tus actos también contribuyeron, pusiste tu parte, por ello con derecho eres su hija, y la Virgen Reina con derecho es tu Mamá.  ¿Pero sabes por qué tenemos este modo de sacar a la luz a esta Santa Criatura?  Para renovar a toda la Creación, para amarla con nuevo amor y para poner al seguro a todos y todo bajo las alas de esta Criatura y Madre Celestial.  Nuestras obras no las hacemos jamás aisladas, sino que partimos siempre de nuestro acto único y solo, y mientras es único une todo y hace todo como si fuese uno solo.  Es esta nuestra Omnipotencia, nuestra fuerza creadora, en un solo acto hacer todo, encontrar todo, y hacer bien a todos”.

 

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31-11

Octubre 16, 1932

 

La Divina Voluntad, de todos los siglos forma uno solo.

Ella simplifica, forma el vacío, y forma la Naturaleza

Divina y su camino en la voluntad humana.

 

(1) El Querer Divino va tejiendo siempre en mi alma su Vida Divina, con su dulce encanto la hace crecer, la modela, la alimenta, y con sus alas de luz la cubre, la esconde, a fin de que ningún soplo de viento la pueda dañar y pudiese impedir el crecimiento de su Vida en mi alma.  ¡Oh! si no fuese por la Divina Voluntad, que más que tierna y amorosa madre me tiene en sus brazos, cubierta con su luz en las circunstancias de mi vida, ¡ay de mí, demasiado dolorosas!  Yo no sé que cosa haría, pero su luz me calma, me fortifica y sigo adelante.  ¡Oh! Voluntad adorable, cuánto debo agradecerte por un bien tan grande, te ofrezco la infinitud de tu mismo Querer para agradecerte como mereces.  Ahora, mientras mi mente se sentía bajo su luz, mi amado Jesús repitiendo su breve visita a mi alma, me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, cómo es bello ver a la criatura crecer bajo las alas de luz de mi Voluntad; ella, envuelta en esta luz no ve, no siente, no toca sino a su madre luz que la tiene envuelta, y si las criaturas la hieren, la golpean, la afligen, se siente adentrar más y estrecharse por sus brazos de luz, y responde con la sonrisa de la luz a quien la quiere amargar y herir, y burlándose de ellos confunde su perfidia humana.  ¡Oh!  Potencia de mi Voluntad obrante,  Ella se escapa de todo, triunfa sobre todo, y con su luz forma su trono de gloria imperecedera en el alma que le da la libertad de obrar.  Tú debes saber que su potencia es tanta, que de todos los siglos forma uno solo, y su imperio se extiende dondequiera, y de todos los actos forma un solo acto.  Los siglos desaparecen delante a su poder, y todos los actos buenos de las criaturas no son otra cosa que tantos átomos, que unidos forman un solo acto, los cuales reconocen su potencia y postrados a sus pies forman la gloria, la adoración de las humanas generaciones a esta Voluntad Suprema.  Símbolo de ello es el sol, que no es otra cosa que tantos átomos de luz, que unidos forman el sol que da luz a toda la tierra; pero aquellos átomos están armados de una potencia divina, y cada uno contiene una potencia maravillosa, tanto que sólo con tocar la tierra, las plantas, comunican bienes y efectos maravillosos que forman una vida distinta en cada planta y flor.  Así los actos de las criaturas, si bien son átomos, contienen la potencia maravillosa de mi Voluntad, por lo tanto están preñados de admirables efectos.  Tú debes saber que cuando la criatura se dispone a hacer un acto en mi Voluntad, Ella arma su potencia y simplifica, forma el vacío, y forma Naturaleza Divina en la voluntad humana, y como triunfadora forma su camino en la voluntad de la criatura, y camina, camina siempre, y sólo se detiene y le viene impedido el paso, cuando el querer humano le pone las barreras con el hacer, no la mía, sino su voluntad.  ¡Qué delito, impedir el camino, el paso a mi Querer en la voluntad de la criatura!  Por ello creé a las criaturas, para formarme tantos caminos en las voluntades humanas, para poder tener mi camino continuo, y por tanto mi acto obrante en ellas, y quien impide mi camino quisiera impedirme la continuación de mi Creación, obstaculizar mis pasos, atarme las manos a fin de que no obre.  ¡Ay! el no hacer mi Voluntad parece que sea cosa de nada, sin embargo es el más grande de los delitos, que clama venganza delante de la Majestad Divina para las pobres criaturas, especialmente cuando se conoce que mi Voluntad quiere que se haga una acción, que quiere un sacrificio, y no haciéndolo es como si se quisiera rebatir la verdad, y esto es pecado contra el Espíritu Santo y clama venganza delante de Dios.  Conocer mi Voluntad y no hacerla, es cerrar el Cielo, romper las relaciones divinas, y no reconocer el dominio divino que cada criatura está obligada a conocer y someterse a lo que mi Querer quiere, aun cuando le costase la vida.  Por ello sé atenta, adora mi Voluntad y lo que ha dispuesto de ti, si quieres contentar a tu Jesús”.

 

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31-12

Octubre 21, 1932

 

La criatura, cielo tachonado de estrellas.  La Creación encerrada

en la criatura.  La práctica del bien forma la vida del bien en

la criatura.  Señal de si Jesús vive en el alma.

 

(1) Estoy siempre en poder del Fiat Divino.  Él me espera en todas las cosas creadas para duplicar el amor que tuvo al crear tantas cosas para mí, parece que el Querer Divino suspira el amor de su amada criatura para poder encontrar el pequeño apoyo de amor donde apoyar su gran amor.  Por lo que, cielos, soles, vientos, no son otra cosa que llamadas insinuantes y continuas para decirnos:  “Yo te he precedido con mi amor, tú no me dejes sin el tuyo”.  Pero mientras escuchaba que todos me llamaban a amar a mi Creador, mi amado Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, así como creé un cielo que se extiende sobre tu cabeza, tachonado de estrellas, así creé un cielo dentro de ti, y este cielo es tu alma que se extiende dondequiera, desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies, no hay parte de ti donde este cielo no se extienda, así que hay un cielo fuera, y un cielo dentro, más bello aún, y todo lo que hace este cielo por medio de tu naturaleza, esto es, si piensa, si habla, si obra, si sufre, no son otra cosa que estrellas fulgidísimas con las cuales se va adornando este cielo del alma; el sol que resplandece dentro de él es mi Voluntad, el mar que corre es mi Gracia, el viento mis sublimes verdades que forman los prados floridos de las más bellas virtudes, la Creación está toda encerrada en la criatura.  No era ni de nuestra sabiduría, ni de nuestro potente amor, crear la Creación sólo por fuera de la criatura, y por dentro, la parte vital y sustancial de ella, sin cielo, estrellas y soles, no, no, cuando Nosotros hacemos una obra la llenamos dentro y fuera de nuestras obras y de nuestra misma Vida, pero tanto, que no debe haber partícula de su ser en que no deba sentir nuestra Vida y la fuerza de nuestras obras creadoras.  Por ello amamos tanto a la criatura, porque es obra nuestra, y dejamos nuestra Vida en ella para conservar lo que Nosotros habíamos hecho.  He aquí el por qué quien no sienta en sí la Vida de mi Divina Voluntad, significa que la conoce teóricamente, pero no en la práctica, porque cuando se conoce un bien y se practica, tiene la virtud de formar la sustancia de la vida del bien que se conoce, de otra forma quedaría sin práctica, como una pintura dibujada, que no teniendo vida no tiene virtud de formar su vida en quien la mira.  Mi Voluntad es vida, nuestras obras son obras vivas, no muertas, sin embargo para quien no las conoce, o no busca conocerlas, o no las ponga en práctica, pueden ser para ella obras muertas y sin vida.  Por ello es la práctica lo que espero de la criatura para realizar, formar y hacer crecer la Vida de mi Querer, y volver vivas para ella nuestras obras”. [2]

(3) Después de esto sentía un temor, una duda, de si en mi alma estuviese mi dulce Jesús, o bien se había retirado dejándome sola y abandonada.  ¡Ay de mí!  Qué espina cruel que hiere y hace sentir la muerte más despiadada, pero mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(4) “Hija mía, no temas, para tranquilizarte quiero decirte la señal de cuando estoy en ella y cuando parto:  Si el alma se somete a mi Voluntad, la ama, le da el primer lugar, es señal que Yo moro en ella, porque mi presencia tiene la virtud de tener a la voluntad humana sometida a la mía; en cambio, si se siente rebelde a mi Voluntad, entonces es señal cierta de que Yo me he retirado.  Por ello tranquilízate y no temas”.

 

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31-13

Octubre 30, 1932

 

Quien vive en nuestra Voluntad Divina emite tres actos:

Concurrente, asistente y receptor.  Todas las cualidades

divinas llaman continuamente a quien vive en su Voluntad,

para formarla y hacerla crecer semejante a ellas.

 

(1) El mar del Querer Divino continúa murmurando en mi alma, ¡oh! cómo es dulce, penetrante y arrollador su murmullo, me arrolla tanto, que murmuro junto con él como si fuese mío este mar divino, y fundida en él no sé hacer otra cosa que lo que hace la misma Voluntad Suprema.  Pero mientras murmuraba amor, adoración, alegrías, felicidad, belleza, las cuales como tantas venas entraban en mí, mi dulce Jesús visitando a su pequeña hija me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tu pequeñez en el mar interminable de nuestro Querer es nuestra alegría más grande, tú debes saber que quien vive en Él realiza tres actos:  Concurrente, asistente y receptor.  En el primero concurre con los mismos actos de su Creador, siendo una la Voluntad de uno con la del otro, esta Divina Voluntad no hay cosa que haga, en la que no ponga a la criatura a concurrir juntamente en su obrar, y he aquí que mi Querer no está más solo, siente la inseparabilidad de quien vive en Él, en sus actos siente una voluntad finita en la Infinita, que ama juntamente y concurre en la multiplicidad y acto incesante de nuestras obras, así que quien vive en nuestra Voluntad rompe nuestra soledad, y como connatural nos la sentimos concurrir en nuestro mar divino, y con el derramarse continuo de su pequeñez en Nosotros, adquiere los derechos de nuestro Querer para hacer lo que Él hace.  ¡Ah! tú no puedes comprender cuál es nuestro contento, nuestra alegría al sentir a la criatura concurrir con Nosotros para no hacer otra cosa, sino sólo lo que Nosotros hacemos.  Del acto concurrente surge el acto asistente, concurre y asiste, no hay cosa que Nosotros hagamos que ella no conozca y asista, así que ¿cómo escondernos de quien ya está con Nosotros, concurre y tiene su lugar en nuestro Querer?  ¿Pero concurrirá y asistirá solamente?  ¡Ah, no!  Otro acto surge, y es aquél de recibir como suyo, y como nuestro, la infinitud de nuestro amor y de nuestras obras, tanto, que su pequeñez no tiene donde poner un amor y un obrar tan grande, y por eso ella se queda en nuestro Querer con todo el depósito de los bienes que ha recibido, y esto con derecho, porque tiene de lo suyo.  Tú debes saber que todo lo que se hace en nuestra Voluntad es tan grande, que la criatura es incapaz de poderlo poseer y restringirlo en sí misma, por ello siente la necesidad de servirse de la misma Voluntad en la que ha obrado para tener el depósito.  Mucho más que todo lo que hace la criatura en nuestro Querer, aun el pequeño ‘te amo’, los pequeños ofrecimientos de sus acciones, su pequeñez en poder de nuestra Voluntad, no son otra cosa que puestos que toma en nuestra Voluntad, y por cuanto más puesto toma, tantos más derechos adquiere, y siente en sí la fuerza divina que continuamente la rapta, le da el vuelo para hacer que su vida venga formada toda en la Divina Voluntad.  Y como este modo de vivir debía ser de todas las criaturas, esta era la finalidad de nuestra Creación, pero con suma amargura nuestra vemos que casi todos viven en lo bajo de su voluntad humana.  Ahora, quien vive en lo alto de nuestro Querer, ve el gran mal de quien vive en lo bajo, y teniendo a su disposición nuestro acto receptor, esto es la infinitud de nuestro amor y la multiplicidad de nuestras obras, las pone a nuestra disposición y de las criaturas, a fin de que Nosotros quedemos correspondidos del amor de todos, y ellas reciban gracias, luz, amor, por cuanto corresponde a su pequeñez.  Así que entre el Cielo y la tierra tenemos a la intermediaria junto a Nosotros, y junto a las criaturas, que con la potencia de nuestro Fiat Divino quiere vincular Cielo y tierra, y ¿cómo no contentar a quien vive en nuestra Voluntad?  Sería como si quisiésemos descontentarnos a Nosotros mismos”.

(3) Después continuaba mi abandono en el Querer Supremo, y ¡oh!, cómo me sentía feliz al pensar que en el Fiat yo concurría a todo lo que hacía el Ente Supremo, mi voluntad fundida en la Suya era el gran secreto, y el portentoso prodigio, que mi pequeñez era tomada como en el lazo de hacer y concurrir a todo lo que hace la Majestad Divina; ni yo me podía hacer a un lado, ni Ellos se podían deshacer de mí, porque era su misma Voluntad quien me había puesto en medio, la cual era tan inmensa que yo no encontraba el camino para salirme de ahí, y dondequiera que pudiese ir encontraba a la Divina Voluntad obrante, que me encerraba en su misma obra para concurrir, no era yo una intrusa, Ella misma me había extendido los brazos para tenerme como su conquista, mucho más que de ambas partes había suma felicidad, yo en estarme, y el Querer Divino de tener mi pequeñez atada en Sí.  Por lo tanto no sé decir con claridad cómo me extendía en esta luz interminable, y mientras estaba toda sorprendida, mi querida vida, mi soberano Jesús, ha agregado:

(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, el vivir en mi Voluntad es una llamada continua que hacemos a la criatura en nuestras cualidades divinas.  Nuestro Ser está siempre obrante y nuestros atributos están siempre en movimiento, pero como nuestro Querer es lo que forma la obra y el movimiento dentro de nuestro Ser, por ello quien vive en Él escucha que nuestro Querer la llama ahora en la potencia, ahora en nuestra sabiduría, ahora en nuestro amor, ahora en la misericordia, ahora en la justicia, bondad y belleza divinas, en suma, todos nuestros atributos con voces potentes llaman a la criatura dentro de ellos, para que se forme y crezca según sus cualidades; se sentirían deshonrados, si se pudiese dar, que quien vive con aquel mismo Querer con el que están animados, no fuese conforme a ellos, no gozara sus prerrogativas, porque toleran la pequeñez, ésta no los perjudica, porque se sabe que lo finito no puede alcanzar jamás lo infinito, así que la pequeñez, más bien le da más honor, porque todo lo bello y lo bueno que ven en ella es todo obra suya, pero que sea diferente de ellos, eso jamás. He aquí por qué el susurro y el grito continuo que escucha quien vive en nuestra Voluntad, son las llamadas continuas que nuestro Ente Supremo, por medio de sus cualidades, hace a su amada criatura, primero porque no quiere y no sabe estar, y no puede estar solo, porque nuestra Voluntad siendo una, tiene tal virtud de unión y de inseparabilidad, que todo lo que libremente entra en Ella pierde la virtud separativa, y nuestra suma bondad siente la necesidad de amor de tener consigo lo que es suyo, y que forma una partecilla de su misma Voluntad.  He aquí por qué nuestras cualidades divinas reclaman a quien está animada por su misma Voluntad en el movimiento y obras de ellas, para hacer vida juntos, si no la tuviesen con ellas sentirían como si se la arrancaran de su Voluntad.  ¿No fue una ruptura lo que hizo el primer hombre desde dentro de nuestra Voluntad, con el sustraerse de Ella?  Y este desgarro fue tan grave, que trastornó todo el orden de la Creación para él, y llegó a rechazar a su Creador con toda la corriente de sus gracias divinas.  Por ello quien vive en nuestro Querer es la reparación de este desgarro tan doloroso que nos costó tanto, y nuestro Ser Divino pone todos nuestros atributos en torno a ella, a fin de que no se nos repita la misma situación, y viviendo junto con Nosotros quedamos felices, ella y Nosotros, y si tú quisieras dudar de esto que digo, es señal de que no has comprendido bien cuánto amo a la criatura, y para tenerla conmigo y toda mía, mi amor me hace llegar a los excesos, al delirio y a las locuras; además tengo todo el derecho de amarla, porque es mía y hecha por Mí, y si tú eres mía, Yo soy tuyo, y por eso también tú tienes el derecho de amarme, y si no me amas faltarías a un deber sacrosanto hacia quien te ha dado el ser y te ama tanto.  Por ello, de ambas partes amémonos siempre y mucho, y el amor no se estará tranquilo, hará surgir nuevas estratagemas de amor”.

 

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31-14

Noviembre 6, 1932

 

Dios hace hechos y no palabras.  Quien obra en la Divina

Voluntad obra en la eternidad, quien obra fuera de Ella

obra en el tiempo.  Las palabras de Jesús son obras.

 

(1) Mi pequeña mente se sentía llena de las dulces lecciones de mi amable Jesús, y pensativa quería suscitarme dudas y temores, y si bien sé que cuando Jesús quiere, hace llegar al alma adonde quiere y como quiere, ni hay leyes para Él, ni se hace dictar leyes por nadie, ni presta atención a los intereses humanos, más bien hace siempre cosas nuevas para confundirlos, ni permite que nadie se adelante a la potencia de su amor, quienquiera que sea, por cuantas dudas y dificultades puedan decir y hacer, más bien se burla de ellos y los hace permanecer en su decir y realiza los hechos con el alma que ha elegido, pero con todo ello, mi fragilidad recordaba mis dolorosas vicisitudes y me sentía turbada y decía:  “Quién sabe cuántas dudas surgirán sobre este modo de hablar de Jesús”.  Y me sentía toda afligida y oprimida, pero Jesús que vigila mi pobre alma, repitiendo su visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija bendita, no te preocupes por nada, mi Voluntad tiene la virtud de hacer morir todo aquello que a Ella no pertenece, y de cambiar en vida de luz las mismas debilidades y miserias de la criatura, todo lo que te digo no es virtud de ella, sino es virtud y potencia de mi Voluntad que todo puede; mi Voluntad es simbolizada por el sol, que conforme surge pone en fuga las tinieblas, las hace desaparecer y morir, y conforme inviste la tierra, así da a todas las cosas su vida de luz, así mi Querer, en cuanto la criatura se hace investir por la potencia de su luz, así las tinieblas la dejan, sus males mueren y son cambiados en vida de luz, y quien esto no comprende significa que es analfabeto, y por ello no comprende ni qué cosa es mi Voluntad, ni qué puede hacer, ni a dónde puede llegar quien vive en Ella y que se hace investir de su luz.  Por ello déjalos hablar, Yo haré las obras y ellos quedarán con las palabras, si no han hecho un estudio profundo, ¿qué quieres que comprendan?  Quizá sean doctos, doctores de otras cosas, pero de mi Voluntad serán siempre ignorantes, por ello dejémoslos a un lado y pensemos en hacer no palabras, sino hechos verdaderos.

(3) Tú debes saber que quien obra en mi Divina Voluntad, sus obras, sus actos, sus adoraciones, su amor hacia Dios, vienen hechos y formados en el ámbito de la eternidad, porque mi Divina Voluntad es eterna, y todo lo que se puede hacer en Ella no sale de dentro de la eternidad, y quedan confirmadas para siempre como obras, adoraciones, amor divino y perenne, se pueden llamar obras de la criatura transfundidas en Dios, en las cuales Dios mismo ha obrado, lo humano no entra ni en el Querer Divino ni en la eternidad, y si entra debe perder la vida para readquirir la vida y las obras de Dios mismo, por eso quien vive en nuestro Querer es visto por Nosotros no en el tiempo, sino en la eternidad, y por decoro y honor nuestro sus actos deben ser actos nuestros, su amor, amor nuestro.  Sentimos que la criatura viene en nuestro Querer para darnos la ocasión de hacernos obrar y de darle nuestro amor para hacernos amar con nuestro mismo amor.  Todo debe ser nuestro y todo lo que hace debe ser acuñado con la imagen de su Creador, en cambio quien obra fuera de mi Voluntad Divina obra en el tiempo, ama, adora en el tiempo, viene visto en el tiempo, y todo lo que se hace en el tiempo, son obras sin confirmación, más bien deben esperar el juicio para ser, o confirmadas o condenadas, o bien purificadas por el fuego del purgatorio, y son vistas como obras de criaturas en las cuales puede faltar plenitud de santidad, plenitud de amor y plenitud de valor infinito.  Todo lo contrario para quien vive y obra en nuestra Voluntad, siendo actos nuestros, todo es plenitud de santidad, de amor, de belleza, de Gracia, de luz y de Valor infinito.  Hay tal distancia entre el uno y el otro, que si todos la comprendiesen, ¡oh! cómo estarían atentos a vivir en nuestro Querer, a fin de que quedaran vacíos del acto humano y llenos del acto obrante de una Voluntad Divina.  Por eso sé atenta, y no hagas nada que no sea cernido y vaciado por la luz de mi Voluntad, y me darás el sumo contento de ponerme a la obra, y de hacerme obrar como el Dios que soy.  Por eso en Ella te espero siempre, para dar el paso para venirte al encuentro, para extenderte los brazos, a fin de que obre en ti, para abrir la boca y entretenerme contigo en dulce conversación para manifestarte los arcanos secretos de mi Fiat Supremo”.

(4) Después de esto estaba pensando en todo lo que mi sumo Bien Jesús me había dicho, como si quisieran surgir en mí dudas y dificultades, y Él con una maestría indecible me ha dicho:

(5) “Mi buena hija, no te maravilles de lo que te digo, todo es posible a mi Voluntad, lo imposible no existe, con tal de que la criatura se haga conducir por Ella todo está hecho.  Tú debes saber que todo lo que te digo debe servir para formar, ordenar, armonizar el reino de mi Divina Voluntad; estoy repitiendo el modo que tuve en la Creación:  ‘Pronunciaba el Fiat y callaba, y si bien dicen días, en aquellos tiempos el día no existía, por tanto podían ser también épocas en las que formé la gran máquina del universo, hablaba y obraba, y era tanta mi complacencia de la obra que producía mi palabra, que con un Fiat mío me disponía y me raptaba otro Fiat mío, y después otro más, tanto que mi Fiat sólo se detuvo cuando vio que nada faltaba a su obra, más bien todo era suntuosidad, belleza, orden y armonía, y para gozarme mis obras quedé como vida y haciendo guardia a mi mismo Fiat.  Mi mismo Fiat con su potencia me ató en mis obras, y me volvió inseparable de ellas.  El todo está en pronunciar mi primer Fiat, dar mis primeras lecciones, depositar en el alma la potencia y la obra de mi Fiat, y cuando he comenzado, puedo decir que no me detengo más, hasta terminar la obra.  ¿Qué habrías dicho si hubiese hecho la Creación a la mitad?  No habría sido una obra digna de Mí, ni un amor exuberante el mío, por ello un Fiat atrae y rapta al otro, forma en la criatura el vacío dónde poner el orden, la armonía de mi Fiat obrante, la dispone y se impone sobre Mí para hacerme dar otras lecciones, para poder formar tantos actos juntos, los cuáles unidos entre ellos forman la nueva creación más bella, más esplendorosa que la máquina del universo, la cual debe servir para el reino de mi misma Voluntad.  Por ello cada palabra mía es una obra, es un desahogo de amor de más, es un poner fin a mi primer Fiat comenzado, el cual, dándose la mano el primero y el último que será pronunciado, formarán la trama de la nueva creación de mi reino en el fondo del alma, el cuál trasmitido a la posteridad será portador del mismo universo, de bienes, de santidad, de gracias a las humanas generaciones.  Mira entonces qué significa una palabra de más, una palabra de menos, una lección de más, una lección de menos.  Son obras, las cuales si no vienen recibidas, con no tomarlas en cuenta, mi Fiat no atrae y rapta a pronunciar otros Fiat, y por lo tanto no será completa, y Yo esperaré y repetiré mis lecciones, y si las repito es señal de que no han tenido en cuenta lo que te he dicho, y Yo no quiero que falte nada, porque está establecido todo lo que debo decirte sobre mi Voluntad.  Por ello sé atenta y déjame hacer lo que quiero”.

(6) Después de esto estaba pensando en lo que está escrito al principio de este capítulo, esto es, que quien obra en la Divina Voluntad obra en la eternidad, quien obra fuera de Ella obra en el tiempo, y pensaba entre mí:  “¿Y por qué esta gran diferencia?”  Y mi sumo amor Jesús ha agregado:

(7) “Hija mía, es fácil comprenderlo.  Supón que te fuese dado un metal de oro, con el cual tú, trabajándolo, formarías tantos bellos objetos de oro, pero si en vez del oro te fuese dado un metal de cobre, de fierro, tú no podrías cambiar el cobre y el fierro en metal de oro, por tanto harías objetos de cobre, o bien de fierro.  Ahora compara los objetos de fierro con los de oro, ¿cuál es la diferencia de valor?  Si bien has empleado el mismo tiempo en trabajarlos, has hecho objetos similares, mas por la diversidad del metal, los de oro superan en modo sorprendente en valor, en belleza, en finura, a los de fierro.  Ahora quien obra aun el bien con su voluntad humana, puesto que se encuentra en el tiempo viviendo su vida, se puede decir que todo lo que hace son obras temporales, sujetas a mil miserias, serán siempre obras humanas de mínimo valor, porque les falta el hilo de oro de luz de mi Voluntad.  En cambio quien obra en Ella, tendrá el hilo de oro en su poder, no sólo esto, sino tendrá a su Creador obrante en su acto, tendrá no el tiempo, sino la eternidad en su poder.  Por tanto la diferencia entre Voluntad Divina y humana, no hay parangón que rija entre la una y la otra.  Es propiamente esto el vivir en mi Voluntad, Ella tiene el acto primero y obrante en la criatura, hace como un maestro que quiere desarrollar el tema que ha dado a su alumno, él mismo le da el papel, le pone la pluma en la mano, pone su mano sobre la misma mano del discípulo y desarrolla el tema, escribiendo juntamente la mano del maestro y la del discípulo.  Ahora, ¿no se debe decir que el maestro ha estado obrando, y ha puesto en aquel tema su ciencia, su bella caligrafía, de modo que ninguno podrá encontrar sombra de defecto?  Sin embargo el alumno no se ha apartado, ha recibido la obra del maestro, se ha hecho conducir la mano sin ninguna resistencia, más bien feliz al ver las bellas ideas, los preciosos conceptos en los cuales se sentía raptar.  Ahora ¿no se debe decir que el afortunado discípulo posee el valor, el mérito del trabajo de su maestro?  Así le sucede a quien vive en mi Voluntad:  La criatura debe recibir el acto que quiere hacer mi Querer, no se debe hacer a un lado, y Ella debe poner lo necesario que conviene a su acto divino, y es tanta nuestra bondad, que la hacemos poseedora de nuestros mismos actos.  En cambio, a quien no vive en nuestro Querer, le sucede como cuando el maestro da el tema a su discípulo, pero no se hace él actor del tema del discípulo, lo deja a su libertad, de modo que puede cometer errores y lo hace según su pequeña capacidad, porque no siente sobre y dentro de sí, ni la capacidad, ni el acto obrante de su maestro, y el tema no es otro, porque nuestra Gracia no deja jamás a la criatura aun en el pequeño bien que hace, y según las disposiciones de la criatura, se presta o como acto obrante, o como acto asistente, porque no hay bien que se haga que no venga ayudado y sostenido por la Gracia Divina”.

 

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31-15

Noviembre 13, 1932

 

Industrias y comunicaciones de Jesús en el Sacramento.

Quién forma su paraíso y quién forma su purgatorio.

 

(1) Me sentía toda abismada en mi nada, y sintiéndome privada de mi dulcísimo Jesús, sentía mi nada vacía de su vida, sin apoyo y sin fuerza, y habiendo recibido la santa Comunión, sentía que no tenía qué ofrecer a Jesús, y me sentía oprimida y amargada, y Él compadeciéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, tu nada con tu Jesús es todo y puedes darme todo, porque tú debes saber que Yo no desciendo solo cuando me recibes en el Sacramento, sino que desciendo con todas mis obras, y así como te hago dueña de mi Vida Sacramental, así te hago dueña de todas mis obras, por lo tanto, si quieres, tienes mucho que darme, porque tienes mis obras en tu poder, mucho más que mi Vida Sacramental que recibes en la hostia santa, está circundada por los actos que me hizo mi Humanidad cuando me recibí a Mí mismo al instituir el Santísimo Sacramento, y circundado por los actos que me hizo mi Mamá Celestial cuando me recibió Sacramentado, y circundado por todos los actos de aquellos que viven de mi Voluntad, porque estos actos son inseparables de Mí, y quedan unidos Conmigo como parte de mi misma Vida.  Por ello todo me puedes dar, porque ellos sirven para cubrir tu miseria, para suplir a tu amor, para que no sientas vergüenza de que viniendo a ti no tengas qué darme, más bien como tú te sirves de ellos para dármelos y poderme complacer, y amarme por medio de estos actos, ellos se bilocan y se convierten en actos tuyos y actos míos, actos de la Soberana Reina y de las almas que viven de mi Voluntad, de modo que Yo en vez de tener uno, tengo dos, y mi Vida Sacramental queda circundada por dobles actos, por doble amor, por mayor gloria.  Éstos son mis comercios que hago cuando me comunico a las almas:  ‘Doy de lo mío para tener el doble de ellos, y así me ingenio para comerciar mi misma Vida Sacramental, para recibir la correspondencia de Ella’.  Pero ¡ay de Mí!  Cuántos no se sirven de Ella, y ellos permanecen sin tener, ni saber qué darme, y Yo quedo sin nuevo cortejo, en ayunas de sus actos, y con el dolor de no poderme ni siquiera ingeniar en mis comercios amorosos.  Esto no me lo harás tú, porque si vengo no es sólo por venir, sino es más bien porque quiero darme y recibir por cuanto puede la criatura, esto forma mi satisfacción, mi contento y mi paraíso en el Santísimo Sacramento; darme y nada recibir de ellas forma mi purgatorio en mi pequeña prisión de la hostia sacramental, purgatorio que me forma la ingratitud humana.  Por esto sé atenta, y con valor y sin ninguna reserva dame de lo mío y toda tú misma a Mí, a fin de que pueda decir:  ‘Todo le he dado, y todo me ha dado’.  Así formarás mi contento y mi comercio de amor”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y me parecía que todas las cosas creadas me invitaban, una después de la otra, para hacerse conocer como obras del Fiat Omnipotente, en las cuales esperaba mi pequeña correspondencia de amor, y por cuan pequeña, la quería, lo exigía, para obtener su finalidad por haber puesto fuera toda la Creación.  Y mientras buscaba seguir a la Divina Voluntad, mi amable Jesús repitiendo su breve visita, me ha dicho:

(4) “Hija mía bendita, todo lo que nuestra paterna bondad ha obrado en la Creación y Redención, no ha recibido aún la correspondencia de la criatura, y la razón es porque nuestra finalidad por la cual fue creada la Creación, fue que el hombre cumpliese en todo nuestra Voluntad, aquella misma Voluntad obrante en la Creación debía obtener su acto continuo obrante en la criatura, de modo que el eco de una debía formar el mismo eco en el otro, en modo de formar uno solo.  Pero mi virtud obrante de mi Voluntad, permanece sola con toda su magnificencia, potencia, sabiduría y belleza, permanece en las esferas celestiales, pero en el hombre es reprimida y como no tiene mi Voluntad obrante en él, no tiene el oído para escuchar el eco de su virtud obrante en la Creación.  Por esto, no habiendo obtenido la finalidad, nuestras obras están sin correspondencia, la finalidad forma la correspondencia de cualquier obra pequeña o grande que se haga.  Y tú debes estar convencida de que ninguno, tanto en el orden divino como en el humano, obra sin finalidad y para obtener su correspondencia, la finalidad se puede llamar el principio y la vida de una obra, la correspondencia el cumplimiento.  ¡Oh! cuántas obras no tendrían principio si no estuviese la finalidad, y cuántas dejarían a medias si no se tuviese la seguridad de la correspondencia.  La correspondencia hace soportar sacrificios inauditos y da el heroísmo excesivo a Dios y a las criaturas.  Ahora si mi Divina Voluntad no forma su reino en las almas, y ellas no le dan la libertad de hacerse dominar con su virtud creadora y obrante, verdadera correspondencia no nos será dada, y por tanto estaremos siempre en espera y veremos nuestras obras más bellas como a medias y sin el cumplimiento de nuestra finalidad, así que falta la cosa más bella, el acto más importante, faltándonos la finalidad por la cual todas las cosas fueron creadas.  Mira entonces como es necesario que venga el reino de mi Divina Voluntad, mucho más que no habiendo tenido la verdadera correspondencia, nuestra obra creadora ha permanecido como suspendida, y no ha podido seguir adelante en la obra de la Creación, porque está establecido que de la creación externa que ellas poseen, debía proseguir la creación interna en el fondo de las almas, y esto se podía hacer si mi Voluntad tuviera el primer lugar, la libertad de obrar en la voluntad humana, y no teniéndola, no puede seguir adelante en su obra creadora, queda obstaculizada no pudiendo crear en ella los nuevos cielos, estrellas, soles, y así de lo demás para corresponderse por aquellos que le dio en la creación de todas las cosas, y el no poder seguir adelante en nuestras obras, no poder proseguir lo que hemos establecido hacer en las criaturas en virtud de nuestra Voluntad.  ¿Cómo podemos correspondernos si aún no hemos terminado de hacer lo que queremos, y no está terminada la obra de la Creación comenzada desde hace tantos siglos?  Porque en la obra de la Creación va incluido todo junto lo que debía hacer mi Fiat en todas las criaturas, para poderse llamar obra nuestra terminada.  Y si nuestro Querer aún no ha hecho todo lo que quiere hacer, ¿cómo puedo decir que he terminado mi obra, mucho menos corresponderse de todo lo que ha hecho?  Por ello, cuando Nosotros obtengamos la finalidad de que la criatura haga en todo nuestra Voluntad y viva en Ella, y ella tenga por finalidad vivir de nuestra Voluntad y hacerla reinar para darle el campo a la magnificencia de sus obras, entonces, cuando la finalidad de uno será la del otro, entonces podremos recibir la verdadera correspondencia de todo lo que hemos hecho por amor de las criaturas.  Por eso sé atenta y siempre adelante en mi Voluntad”.

 

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31-16

Noviembre 20, 1932

 

Dios en sus obras ponía la felicidad para volver feliz a la

criatura.  Cada acto hecho en la Divina Voluntad es una

obra, un paso, un amor que Dios cede a la criatura.

 

(1) Estoy siempre girando en los actos de la Divina Voluntad, y mientras me parece haber girado en sus obras, y comprendido todo lo bello, lo santo, los bienes infinitos que contienen, al girar de nuevo me siento analfabeta, pequeña ignorante y veo que hay mucho aún por comprender, tomar y aprender de las obras de la Voluntad Suprema.  Pero mientras mi pequeña inteligencia quedaba como raptada al mirar la magnificencia de sus obras, mi Celestial Rey Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, todas mis obras contienen valor y bienes infinitos, por eso mientras te parece que has comprendido todo, regresando nuevamente en medio a nuestras obras, encuentras que te falta mucho y mucho por comprender, y esto sucede porque lo infinito no puede ser encerrado en lo finito, a lo más se puede llenar, pero encerrar todo el infinito le será imposible, y siendo tu inteligencia finita, se agota delante al infinito, se llena, y le parece que ha comprendido todo, pero no es verdad, es más bien, que habiéndose llenado no tiene dónde poner los otros conocimientos divinos; pero después, pensándolos y volviéndolos a pensar forma el nuevo lugarcito en su inteligencia, y encontrándose de nuevo en medio a nuestras obras, encuentra nuevas cosas para tomar y aprender.  He aquí por que tú te sientes siempre analfabeta cada vez que te encuentras de frente a la magnificencia de nuestras obras divinas.

(3) Tú debes saber que tanto en las obras de la Creación como en las de la Redención, Nosotros poníamos en cada una de ellas la plenitud de la Felicidad, de la luz, de la Gracia, de la bondad y así del resto de todas las cualidades divinas, y todas estas prerrogativas en acto de derramarse sobre la criatura para volverla feliz.  La felicidad de nuestras obras, como aire celestial, lleva el perfume, el embalsamamiento divino a quienquiera que se acerca para comprenderlas, y desbordándose de ellas comunican los bienes infinitos que poseen.  Nosotros poníamos a la criatura por medio de nuestras obras, bajo la lluvia de nuestra felicidad, para volverlas felices, pero como no se acercan para comprenderlas son infelices y sienten el aire venenoso de su voluntad humana.  Ninguno obra con la finalidad de volverse infeliz o de ser portador de infelicidad y de no tomar lo útil, el bien de su obra, mucho más el Ente Supremo que todo ha hecho para formar la escalera de la felicidad a la criatura.  Ahora, nuestro único contento es ver a la criatura en medio de nuestras obras para unificarse, gozárselas, comprenderlas y formarse la norma de cómo debe actuar en sus obras, y como nuestra Voluntad no sabe hacer obras diferentes, repite en la criatura el facsímil de nuestras obras”.

(4) Después de esto continuaba sintiéndome toda inmersa en la Divina Voluntad, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, no te maravilles, todo es posible en mi Voluntad, con Ella la criatura tiene el todo en su poder y todo puede hacer, más bien siente su imperio sobre su ser, y ningún acto sale de ella si no es investido por un acto, poder y fuerza divina.  Lo humano muere en nuestra Voluntad, pero muerte feliz y gloriosa, muere para resurgir con la vida de los actos de un poder divino y de una Voluntad que no es suya, y es tanto el imperio que siente sobre sí, que si le viniera dado hacer otras cosas con su propio querer, aun santas y buenas, ella no las haría jamás, se contentaría de estar aun siglos sin hacer nada, en vez de hacer un solo acto, en que no sienta sobre su acto el imperio del acto obrante de mi Voluntad, porque en Ella, la criatura comprende con claridad qué significa un acto solo de mi Voluntad obrante en su acto, que comparado con sus miles de actos, sin el acto divino, serían casi nada.

(6) Tú debes saber que en cuanto la criatura entra en nuestro Querer, nuestra bondad es tanta y gozamos tanto de tenerla con Nosotros, que le cedemos nuestras obras, nuestros pasos, nuestro amor, por cuanto a criatura es posible; así que cada vez que hace un acto en la Divina Voluntad, adquiere, ahora un paso nuestro, ahora una obra, ahora toma nuestro amor, nuestra bondad en su poder, y toda feliz nos dice:  ‘En vuestro Querer tengo vuestro amor en mi poder, por tanto puedo amaros mucho, mi amor no es disímil del vuestro, así que puedo amaros cuanto os amáis Vosotros mismos; tengo vuestras obras en mi poder para glorificaros, y vuestros pasos en los míos para recorrer el mismo camino que Vosotros recorristeis en busca de todas las criaturas, para conducirlas a todas ante vuestra adorable Majestad’.  Y como nuestro Ente Supremo con su inmensidad se encuentra por todas partes, por eso es vida de cada obra, paso de cada pie, y latido de cada corazón, la criatura que vive en nuestra Voluntad, habiéndole cedido de lo nuestro, nos la sentimos caminar junto con Nosotros en los pasos de todos, en las obras de cada uno, y nos ama en el latido de cada corazón, y cuando ve que las criaturas nos ofenden, ¡ah! ella como fiel nuestra nos quisiera esconder en su pequeñez, y poner su vida, que es también nuestra, para nuestra defensa.  ¡Oh! ¿cómo no amar a esta criatura?  En nuestra Voluntad hay prodigios inauditos, y como no es conocida, no es de extrañar que no crean lo que te digo, pero tú no te detengas, sigue su luz y haz que tú seas su presa feliz”.

 

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31-17

Noviembre 27, 1932

 

La voluntad humana es como papel en el cual viene acuñada la

imagen divina, y Dios pone en él el valor del número que quiere.

Ejemplo.  Dios encerrado en el acto de la criatura.

 

(1) Estoy siempre en manos del Fiat Divino, mi pequeñez no se cansa de girar en torno y dentro de Él, con la esperanza cierta de consumirme en su luz, y con el apetito de adentrarme siempre más en sus conocimientos para poder probar nuevos gustos divinos, porque cada conocimiento de más, es un gusto de más que se recibe, y estimula el apetito para querer gustar otro.  A veces se siente un hambre insaciable que no se sacia jamás, y se quisiera estar siempre con la boca abierta para recibir este alimento celestial.  Por eso mi mente estaba tan llena de las tantas cosas que respectan a la Divina Voluntad, que si yo quisiera escribirlo todo, no sé dónde tomaría el papel, por ello me limito por cuanto puedo, y como alguna duda serpenteaba en mi mente, mi celestial maestro Jesús, visitando a su pequeña recién nacida me ha dicho:

(2) “Hija bendita, un acto tiene más valor cuando se conoce el bien que hay dentro, y cuanto más se conoce, tanto más adquiere, porque la criatura hace aquel acto sobre la base del valor que conoce, y nuestra paterna bondad no sabe engañar, ni burlar a ninguno, si hacemos conocer que está aquel valor en aquel acto, es porque queremos dar el valor por Nosotros manifestado, y la señal cierta es el mismo conocimiento, que ya posee por sí mismo, aquel valor.  Nosotros hacemos como un rey que toma un papel que no tiene valor y escribe, dónde cien, dónde mil, dónde un millón, el papel sigue siendo el mismo, tiene la misma forma, pero según el número así posee su valor, por eso quien da el valor al papel es el número y la imagen del rey, el cual sirve como moneda del reino.  Ahora así hacemos Nosotros:  El papel es el acto de la criatura, el conocimiento es nuestra imagen divina, el valor es el número que ponemos.  Por lo tanto, ¿qué maravilla si decimos que un acto solo en nuestra Voluntad supera en valor a todos los actos juntos de todas las otras criaturas hechos fuera de Ella?  Es nuestra imagen que se acuña sobre el papel en el acto humano, y el valor de nuestro conocimiento que le pone el número; ¿no somos Nosotros libres de poner el número que queremos sobre el papel del humano querer?  Si es libre el rey de poner el número que quiere sobre un vilísimo papel, mucho más Nosotros para formar la moneda que debe correr en nuestra patria celestial.  Además de esto, nuestra Voluntad fue un don gratuito que dimos al hombre, nada nos pagó para tenerlo, ni él tenía monedas o medios suficientes para pagarnos, sino el vilísimo papel de su voluntad humana, que por su desventura ni siquiera nos la quiso prestar para poder tener nuestro gran don, y además, Nosotros éramos su Padre ternísimo y amantísimo, y entre padre e hijos no se hacen cuentas, porque se sabe que el padre debe dar a los hijos, y ellos están obligados con deber de justicia a amar y tener con estima lo que les da el padre.  He aquí por qué la necesidad de los conocimientos sobre la Divina Voluntad, y los revelamos poco a poco a fin de que la criatura aprecie este don tan grande, que gratuitamente le queremos dar.  El conocimiento genera el apetito, el deseo de conocer más, y el humano querer se dispone poco a poco a recibir la transformación, la unificación de la Divina Voluntad, y Nosotros sin hacer cuentas, ni fijarnos si nos puede pagar o no, ponemos nuestra imagen y el número incalculable de un valor divino, y estaremos contentos al ver a nuestros hijos ricos y felices, con nuestra misma felicidad y riqueza divina”.

(3) Además de esto, mi dulcísimo ha agregado:

(4) “Hija mía, tú debes saber que conforme la criatura obra en nuestra Voluntad, recibe en su acto la fecundidad divina, la cual forma el germen divino en todos sus actos, que difundiéndose en toda el alma, forma el germen divino en el pensamiento, en la palabra, en todo, de modo que se ve en su pequeño acto el dulce encanto de su Creador, feliz de dar vida con su amable presencia al acto de la criatura.  ¡Oh, si se pudiese ver por todos la dulce sorpresa, el prodigio inaudito, el Ente Supremo encerrado en el breve giro del acto humano, quedarían de tal manera sorprendidos, que todo el prodigio del universo sería nada en comparación de éste.  Por ello hay gran diferencia entre quien obra en mi Voluntad, y entre quien obra sin Ella:  La primera es manantial, cuya fuente se puede gloriar que jamás se termina su agua, y que puede dar agua a quien quiere sin jamás secarse; la segunda es fuente que no brota y se seca.  La primera es tierra fecunda y sus prados están siempre floridos, la segunda es tierra estéril que apenas produce alguna planta selvática.  La primera tiene el sol a su disposición, el cuál le hace beber sus grandes sorbos de luz, de dulzura, de santidad, de paciencia invicta, de heroísmo, de sacrificios; la segunda tiene la noche que le da sus sorbos para mantener sus pasiones, para debilitarlo y hacerle perder la vista del Cielo.  La diferencia entre una y otra es grande, por eso sé atenta y haz que mi Voluntad Divina te consuma y te transforme toda en su luz”.

 

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31-18

Diciembre 6, 1932

 

Valor de un acto hecho en la Divina Voluntad.  Cómo se vuelve

potente sobre todos y es la única trabajadora que mueve

todo para hacer amar a su Creador.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continua, su fuerza raptora, dulcemente rapta, inviste y absorbe, y mi pequeña alma se siente pequeña, pequeña, apenas un átomo, también siente su inmensidad que no le es dado encerrar en su pequeño cerco; pero a pesar de mi pequeñez no quiere estar ociosa, quiere amar, bendecir, glorificar, agradecer a Aquél que la ama tanto, que le ha dado su misma Voluntad Divina a su disposición.  Pero mientras mi mente se perdía en Ella, mi Celestial Soberano Jesús visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú no puedes comprender todo el valor que contiene un acto hecho en mi Divina Voluntad.  Es tanto su valor, su grandeza, que la misma criatura que lo ha hecho no lo puede encerrar todo dentro de sí misma, se llena y no pudiéndolo contener se desborda fuera, y corre en la misma inmensidad del Fiat eterno, y todo lo que Él envuelve y que encierra en su inmensidad repiten el mismo acto de la criatura, así que si tú amas, adoras, me bendices, me agradeces, das la ocasión a todas las cosas creadas para repetir tu acto, de modo que cielos y tierra, sol y viento, mares y ríos, plantas y flores, todos a coro dicen, os amamos, os adoramos, os rogamos, y así de todo lo demás, es como un eco que resuena en todo y en todos, y con su fuerza investidora que posee mi Voluntad, absorbe y hace que todas las cosas reciban el mismo acto que ha hecho la criatura en mi Voluntad, y, ¡oh! qué dulce sorpresa, qué encanto maravilloso, el que un acto impere sobre todo y hace repetir a todos su acto, este pequeño átomo que entra en nuestro Querer se vuelve potente sobre todos, y dulcemente da a todos su mismo acto para hacer amar a su Creador.  Por eso nuestro Ente Supremo siente que la criatura que entra en nuestro Querer mueve todo, hace correr su voz en todas las cosas, y no queriendo estar sola, inviste, impera, y hace decir a todas las cosas que son investidas por el Fiat lo que ella quiere:  ¿Quiere amar?  Y hace decir a todas las cosas amor.  ¿Quiere adorar, bendecir?  Y todos se prestan para adorar y bendecir, en suma, es la que manda sobre toda la Creación, y Nosotros la dejamos hacer.  Es nuestro mismo Querer que quiere que esto haga, su misma potencia, su imperio del cual ha sido investida, y Nosotros nos deleitamos tanto al ver la pequeñez de la criatura correr en nuestra inmensidad, y sentimos la compañía de la criatura, porque darnos compañía significa reconocer que ya estamos junto con ella, reconocer el acto que hace, su valor, a fin de que pueda decirnos cuánto nos ama, porque por cuanto más conoce que su acto es grande, más nos da, y más nos sentimos amados, y más la amamos.  Así que es solamente ella la que viene de la tierra a romper nuestra soledad, y la única trabajadora que quiere mover todas las cosas para hacernos amar, bendecir, agradecer; es verdad que las otras criaturas están en nuestra Voluntad Divina, pero no conociendo que estamos con ellas, por quién obran, y el valor de sus obras, viven como extrañas y como lejanas de Nosotros, y esto es un gran dolor para Nosotros, el tener hijos, tenerlos en nuestra casa, esto es en nuestra Voluntad, como si no los tuviésemos, y que no reconozcan a Aquél que les da la vida y los ama tanto.  Esto no sucede para quien ya conoce que vive en nuestra Voluntad, nos conocemos mutuamente, vivimos como entre hijos y padre, más bien ella vive en Nosotros, y Nosotros en ella, y formamos una sola Voluntad”.

 

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31-19

Diciembre 16, 1932

 

El bien hace surgir en naturaleza la gloria, y esta gloria se hace

narradora de aquélla que lo ha hecho.  Cada ‘te amo’ es un

triunfo de Jesús, y cómo para ser amado pone en

él su amor escondido.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, si bien bajo la opresión de las repetidas privaciones de mi amado Jesús, a pesar de que la luz del eterno Fiat no me deja nunca, sus oleadas de luz me invisten dentro y fuera de mí, y se hacen latido, respiro, movimiento, alimento de mi pequeña alma.  ¡Ay! si no fuera por la Divina Voluntad que como vida se sustituye a todo, aun al mismo Jesús, de un golpe terminaría la vida, y la misma luz me llevaría al Cielo, pero, ¡ay de mí! decía entre mí:  “Cómo es prolongado mi exilio, ¿cuál es el bien que hago, y aunque lo hiciera, qué gran cosa es el bien que podría hacer?”  Mientras esto pensaba, mi amada Vida, el dulce Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, mi Voluntad te está consumiendo en su luz para formar en ti su copia divina, y es tanto su celo, que no cesa un instante de mandarte luz, para no darte tiempo de hacer tu voluntad sino siempre la mía.  Y además, ¿qué gran cosa es el bien que haces?  El todo está en el obrar el bien, él es la sustancia de la santidad y el sol que resplandece por medio de sus santas palabras, obras y pasos en medio a las criaturas, que mientras da luz a sí mismo y lo calienta, da luz y calienta a quien le está junto.  El bien produce la gloria imperecedera en la tierra y en el Cielo, ¿quién puede jamás quitar la gloria de un bien que uno ha hecho?  Ninguno, ni Dios, ni las criaturas, más bien en el acto bueno surge de dentro de sí, como naturaleza, la gloria que el mismo acto contiene, tanto que muchas veces lo olvidan las criaturas, pero el bien obrado permanece como vida en medio de ellas, y no es fácil olvidarlo; por eso cada bien hecho canta la gloria y se hace narrador de quién lo ha hecho.  Así que si tú hicieras aunque fuera un solo acto bueno estando en vida, toda la eternidad te cantaría una gloria mayor”.

(3) Después seguía mi giro en el Querer Divino, según mi costumbre animaba a todas las cosas creadas con mi pequeño ‘te amo’, y quería dejarlo impreso en todas las cosas, a fin de que se hiciese voz y pidiese el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.  Y Jesús bendito, sorprendiéndome de nuevo ha agregado:

(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que es tanto el afán, el delirio de querer amar y ser amado por las criaturas, que escondido, sin hacerme advertir, pongo en el fondo de sus almas una dosis de mi amor, y según sus disposiciones así aumento la dosis, y sintiendo en ellas mi amor, me dicen con el corazón, ‘te amo, te amo’.  Yo al sentirme amado, triunfo en el amor de la criatura, así que en cada ‘te amo’ suyo es un triunfo que obtengo, y si bien lo he puesto Yo sin dejarme ver, no me fijo que ha sido un artificio mío para hacerme amar, me fijo más bien que ha pasado por el canal de ellas, esto es, de su voluntad, de su voz, y sintiéndome herir lo miro como amor que me viene de la criatura.  Así que cada uno de tus ‘te amo’ es un triunfo de más que haces obtener a tu Jesús, y conforme tú buscas cubrir Cielo y tierra, las cosas animadas e inanimadas con tu ‘te amo’, Yo miro todo cubierto por la belleza del amor de la criatura, y quedando raptado digo con todo el énfasis de mi amor:  ¡Ah sí, cómo estoy contento!  Ya soy amado, y mientras Yo triunfo en su amor, ella triunfa en mi amor”.

(5) Dicho esto ha hecho silencio, y era tanto el ímpetu de su amor, que como desvanecido buscaba reposo en mis brazos.  Y después como restablecido, ha repetido con un énfasis más fuerte:

(6) “Hija mía queridísima, tú debes saber que lo que quiero y que más me interesa, es que quiero hacer conocer que Yo amo a la criatura, quiero decir al oído de cada corazón:  ‘Hijo, te amo’.  Y estaría contento si oyese que me responde con mi mismo estribillo:  ‘Jesús, te amo’.  Siento la irresistible necesidad de amar y de ser amado, ¡oh! cuántas veces quedo sofocado en mi amor, porque mientras Yo amo, no sintiendo que me amen mi amor no encuentra desahogo, y quedo ahogado en mi mismo amor.  He aquí por qué amo tanto tu ‘te amo’, conforme tú lo dices toma la forma de una llamita reparadora, que viniendo en mi gran fuego de amor me trae el alivio, y esparciéndose como rocío benéfico sobre las llamas que me queman, lleva la tranquilidad a mi amor, a mis delirios, a mis afanes amorosos, porque si he sido amado puedo dar lo mío, y pudiendo dar lo mío mi amor se desahoga.  Hija mía, Cielos y tierra están llenos y colmados de mi amor, no hay punto donde mi amor no sienta la necesidad de desbordarse para bajar su nivel y correr, y correr en busca de corazones para decirles su palabrita:  ‘Hijo, te amo, te amo tanto, y tú, dime que me amas’.  Y es todo oídos para escuchar si la criatura le dice que lo ama, si esto le viene afirmado, siente calmado su amor en ella, y ahí toma su dulce reposo.  En cambio si no le viene afirmado, corre, recorre cielo y tierra, no se detiene si no encuentra quién le dice que lo ama.  Ahora, cada ‘te amo’ de la criatura es un desahogo a mi amor, el cual entrando en el mío se incorpora en mi mismo amor, y tiene virtud de abrirlo, mientras queda todo entero cual es, y formando como las fisuras forma los caminos para hacer desahogar mi amor; pero este amor sólo es puro cuando está animado por mi Voluntad.  ¿Ves entonces qué cosa es tu larga cantaleta de tu ‘te amo’?  Son tantos desahogos que das a tu Jesús, y me llaman al reposo en tu alma, por eso quiero que me digas siempre tu ‘te amo’, lo quiero ver en todas las cosas que he hecho por ti, amo escucharlo siempre, siempre, y cuando no me lo dices, suspirando digo:  ‘¡Ay de Mí, ni siquiera la pequeña hija de mi Querer me da el continuo desahogo para poderme desahogar en su pequeño amor, y quedo todo afligido y espero tu amado estribillo, ‘te amo, te amo’.  Ámame hija mía, ámame, ten piedad de mi corazón herido que sufre, se agita, delira, y anhelante te pide amor, y delirando te abrazo, te estrecho fuerte, fuerte a mi corazón para hacerte sentir cómo ardo en amor, a fin de que sintiendo mis llamas, esto te mueva a piedad de Mí y me ames.  ¡Oh! hazme feliz, ámame, cuando no soy amado me siento desdichado en mi amor, y por ello llego al delirio, y cuando un corazón piadoso se mueve a piedad de Mí y me ama, me siento cambiar la desventura en felicidad.  Y además, cada ‘te amo’ tuyo no es otra cosa que un pequeño leño que arrojas en el océano inmenso de mi amor, que convirtiéndose en llamita acrecienta un grado de más de amor para tu sufriente Jesús”.

 

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31-20

Diciembre 21, 1932

 

Intercambio de dones, de voluntad entre Dios y el alma. Renacimiento

continuo en la Vida Divina, vínculo de esponsalicio, fiesta de todos.

La Divina Voluntad tiene asediada a la criatura.

 

(1) Me siento como una pequeña niña en los brazos de la Divina Voluntad, ¡oh! cómo me parece verdad que soy la pequeña recién nacida, que mientras estoy por nacer, otro acto suyo de Voluntad Divina se vierte sobre mí, o bien otro conocimiento suyo que me manifiesta, y yo renazco nuevamente en aquel acto y en aquel conocimiento como a una vida nueva en su Voluntad Divina, que primero no tenía en mi poder, ni siquiera la conocía, y en el acto de recibirlo yo me siento renacida de nuevo, pero mientras estoy por renacer me da otro acto suyo, me inviste de otro conocimiento suyo, y yo estoy siempre en acto de renacer.  ¡Oh! potencia del Fiat Supremo, Tú no sabes dejar jamás a la criatura, más bien me parece que me pones en el laberinto de tu luz inmensa, en acto de darle siempre nueva vida, y yo siento la necesidad de recibir de Ti tu Vida continua, por lo tanto quedarme perdida en Ti, pero feliz pérdida, porque no es pérdida sino conquista de nueva Vida Divina que hace la criatura.  Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat Divino, mi Maestro Celestial, visitando a su pequeña recién nacida, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija, mi amor es tanto, que estoy siempre en acto de hacer don de mi Voluntad en todos los actos que hace la criatura para recibir el don de la suya, Yo soy el primero en cederle el don de la mía, estoy al acecho para ver cuándo la criatura está por hacer un acto para darle el don de mi Voluntad en su acto, a fin de que en vista del gran don que le hago me dé el pequeño don de su querer.  Ahora, con este mi don de mi Querer que voy dando en todos los actos de la criatura, recibe un acto nuevo de Vida Divina, y la hago renacer en aquel acto nuevo que le doy, y ella siente la nueva Vida Divina que adquiere, y mientras está por formarse en aquella Vida Divina, Yo no espero, sino que prontamente le hago de nuevo el don de mi Querer, y así voy alternando la vida de la criatura, con el dar mi don y con querer recibir el suyo, a fin de que sienta el crecimiento y el renacimiento continuo de su vida en la Divina.  Ahora, es tan grande este don que hago, que mientras estoy por hacerlo, los Cielos se maravillan y reverentes se abajan para adorar un don tan grande, y alaban a su Creador por tanta generosidad, y todos se ponen atentos para ser espectadores del cómo se desenvuelve este don en el acto de la criatura, y cuando ven el nuevo renacimiento que hace en la Vida Divina, ellos están temblorosos al ver el gran portento, pues renace a nueva Vida Divina por cuantas veces le viene dado este don de mi Voluntad, y ¡oh! cómo me agradecen por tanta bondad mía, porque todos se sienten más felices al ver este don de mi Querer obrante en el acto de la criatura.  Se puede decir que en este intercambio de voluntad, en estos dones recíprocos de ambas partes, sucede un esponsalicio entre el alma y Dios, esponsalicio repetido, siempre nuevo, y cuando hay boda todos hacen fiesta a los nuevos esposos, y alaban a su Creador, porque con este don de mi Fiat no es sólo un don que hago, sino que junto con el don doy mi Vida, que forma el vínculo de la inseparabilidad, en el cual consiste la sustancia del verdadero esponsalicio entre lo humano y lo Divino, y ¡oh! la suma ingratitud de quien no recibe el don de mi Querer en su acto, especialmente al ver mis premuras porque quiero darlo, ruego y suplico que lo reciban, y muchas veces me ingenio para procurar nuevos incidentes, circunstancias no esperadas, para tener nuevas ocasiones para poderles dar más frecuentemente mi don del Fiat, y cuando veo que no lo aceptan, me siento cambiar en dolor mis industrias de amor, y podría decir que los Cielos lloran junto Conmigo, porque cuando actúa este don de mi Voluntad en el acto de la criatura, los Cielos están comprometidos junto con Ella, y todos sienten, o la fiesta si viene aceptado, o el dolor si viene rechazado.  Por eso sé atenta, no quiero otra cosa sino que en tus pequeños actos, en todo lo que haces, si oras, si sufres, si trabajas, en todo, que el intercambio sea continuo, que tomes el don de mi Voluntad y me des la tuya.  ¡Oh! cómo me volverás feliz, Yo seré todo ojos sobre tu acto, a fin de que tenga todos los requisitos de un acto digno de mi Divina Voluntad”.

(3) Después me sentía toda investida por el Querer Divino, lo sentía palpitante en mi pequeña alma, su aire celestial y balsámico formaba el cielo en mí y probaba la felicidad de allá arriba, más bien me sentía más feliz que los ciudadanos celestiales, porque ellos no tienen un don de acto de Voluntad Divina como conquista, como nuevo renacimiento en Dios, sino que tienen el don de Ella sólo para hacerse felices y beatificase, pero como conquista no, yo en cambio puedo hacer nuevas conquistas y puedo encerrar en mi acto una Voluntad Divina obrante.  Pero mientras mi mente desvariaba, el dulce Jesús sorprendiéndome ha agregado:

(4) “Hija bendita, quiero decirte la razón por la que quiero que la criatura reciba el don de mi Voluntad en todos sus actos, y me dé otras tantas veces la suya, porque si en un acto sucede este intercambio y en otro no, en el acto donde no hay intercambio se forma el vacío en el alma, y este vacío es llenado de miserias, de debilidades, de pasiones, con esto, la Vida Divina queda despedazada y como separada en ella, así que los verdaderos renacimientos no pueden suceder, porque faltaría el alimento, la materia prima del acto continuo de mi Fiat que forma estos nuevos renacimientos en Dios, mucho más que sólo Ella posee y forma el acto continuo, por eso sin su acto continuo es imposible recibir tan grandes dones y bienes de hacer maravillar Cielos y tierra”.

(5) Entonces al escuchar esto he dicho:  “Dime Amor mío, ¿por qué te interesa tanto el que quieres la voluntad de la criatura y quieres dar la tuya?”  Y Jesús:

(6) “¿Quieres saber el por qué?  Porque con tomar su voluntad pongo a la criatura al seguro, y con darle la mía la tomo por todos lados y pongo al seguro mi Vida en ella, y como mi Voluntad Divina no hay cosa o persona en que no tenga sus vínculos de dominio y de conservación, la afortunada criatura la siento junto Conmigo en todo y en todos, y entonces puedo decir con los hechos, no con las palabras:  ‘Lo que es mío es tuyo, y todo lo he hecho por ti’.  Con esto mi finalidad está realizada, mi obra creada con tanto amor, cual es la criatura, no me preocupa más, ni hay más peligro porque mi Divina Voluntad la tiene asediada en sus infinitos confines, así que no queda otra cosa que gozármela y volvernos felices, con una felicidad jamás interrumpida por ambas partes.  He aquí por qué hasta en tanto no vea a la criatura dotada con el don de mi Fiat, no me doy paz, estoy en guardia continua, porque sé que su querer puede traicionarla a ella y a Mí, por eso debo utilizar estratagemas, industrias amorosas, debo trabajar siempre, para Mí no hay descanso.  En cambio cuando su querer está en mi poder y el mío en su poder, Yo reposo sobre su suerte, no hay más peligro, y si quiero el intercambio continuo entre Yo y ella, es para tener ocasión de tener qué hacer, ocasión de decir y de entretenerse dulcemente en conversación, y como quiero darle siempre de lo mío, uso el pretexto de querer el intercambio de la suya para darle de nuevo mi Voluntad, pero la suya ya era mía, y la mía ya era suya, sólo que con darla de nuevo, acreciento nueva Vida Divina y gracias más sorprendentes.  Por eso siempre en mi Querer te quiero, y así podremos estar seguros, tú de estar siempre Conmigo, y Yo contigo”.

 

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31-21

Diciembre 25, 1932

 

El nacimiento del Niñito Jesús fue universal, nació en todo y en

cada uno.  Para tenernos seguros vino a cubrirnos con la

vestidura de su Humanidad.  Ejemplo del sol.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y siendo hoy el día de la Santa Navidad he pasado toda la noche sin ver a mi celestial niño, y sentía un quebranto en el corazón sin Aquél que forma mi vida y mi todo.  ¡Ah! vivir sin Él es vivir como si no se tuviese vida, torturada, sin fuerza, sin apoyos, lo que forma la más terrible de las muertes para la pobre y pequeña alma mía, y entre las ansias y el temor, rogaba al Querer Supremo que me develara a Aquél que me amaba y que formaba mi duro martirio.  Mientras tanto, mi mente ha quedado como raptada por una luz inmensa que llenaba Cielos y tierra, y ¡oh! maravilla, veía al pequeño niño divino renacido en cada cosa creada, en cada corazón, en todo, el pequeño niñito Jesús multiplicado, bilocado, renacido en modo infinito, en todo y en cada uno, así que todos tenían el bien de sentir nacido en ellos al celestial niño.  ¡Oh! cómo era bello verlo pequeño, pequeño en el sol, en las estrellas, en todos los elementos, en todas las criaturas, que todos alababan y tenían el gran honor, el bien inmenso de tenerlo renacido en cada uno, y de poseer como propia la dulce prenda del niñito Jesús.  Ahora, entre la maravilla y el estupor veía que también en mí había nacido Aquél que con tantos suspiros y ansias buscaba, y me lo estrechaba fuertemente entre mis brazos, y Él me dejaba hacer, es más, gozaba de que hiciera eso, y todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija mía, ámame, ámame, he nacido para amar y para ser amado, y para obrar como Dios mi nacimiento es universal, no habría obrado como Dios si no hubiese renacido en modo universal, de modo que todos pueden decir con los hechos:  ‘El Celestial niño ha nacido para mí, es mío, y es tan verdadero que ya lo poseo’.  Mi amor quedaría obstaculizado si no hubiese podido renacer en todos, mi potencia limitada, mi inmensidad restringida si no fuese universal mi nacimiento, y no es maravilla, conforme mi Divinidad llenaba Cielos y tierra, así incorporándose en mi pequeña Humanidad, la multiplicaba y bilocaba de modo que me hacía renacer en todos y en cada uno.  Son nuestros modos divinos e infinitos que tenemos, que todos deben tomar el bien que hacemos, y ser preñados de nuestras obras.  Mucho más, que Yo bajado del Cielo a la tierra quise tomar carne humana para glorificar completamente la gloria del Padre Celestial, para suplir a todo lo que el hombre no había hecho, he aquí por qué quiso renacer mi pequeña Humanidad aun en las cosas creadas, porque el hombre no nos había dado la gloria, la correspondencia del amor por el que habíamos creado un cielo, un sol y tantas otras cosas, y mi Humanidad renaciendo en ellas glorificaba a mi Padre Celestial completamente por toda la obra de la Creación.  El hombre con rechazar mi Divina Voluntad se había vuelto impotente para todo, y Yo venía para ser su salvador, reparador, glorificador, defensor, y lo cubría dentro de la vestidura de mi Humanidad, para tenerlo seguro, y en cada cosa responder Yo por él a mi Padre Celestial.  Era tanto mi amor, que mi Divinidad para dar un desahogo a mi amor, me llevaba a nacer en cada corazón y en todas las cosas, tan es verdad, que los primeros en reconocerme y en alabarme fueron las cosas creadas, porque sintiendo mi nacimiento en ellas exultaron de alegría y me hicieron fiesta, ¿pero sabes tú quiénes son aquellos que me hacen fiesta al nacer en sus corazones?  Aquellos que poseen mi Divina Voluntad, éstos advierten pronto que Yo he nacido en sus corazones, y me hacen fiesta perenne, en cambio los demás me hacen llorar, me causan dolor, y con el pecado me preparan el cuchillo para herirme o para matarme”.

(3) Después de esto he quedado toda sumergida en su amor, la escena conmovedora del nacimiento del celestial niño, tanto universal como en cada uno, me hacía comprender quién sabe cuántas cosas, pero creo que sea mejor pasarlas en silencio, porque no sabiéndolas decir bien podría decir disparates.  Ahora, a fin de hacer la fiesta al celestial niño me abandonaba toda en la Divina Voluntad, y Él, regresando de nuevo, era tan gracioso, con una belleza tan especial, que no se encuentra otra semejante, y todo amor, encerrándose en mi corazón como lugar de su nacimiento, repetía en mí sus llantos infantiles, los gemidos amorosos, sus repetidos sollozos.  ¡Oh! cómo era conmovedor el verlo ahora llorar, ahora sollozar, ahora gemir, y hacía el primer ingreso de renacimiento  en cada uno y en todo, con las armas de sus lágrimas, con las estratagemas de sus sollozos, con las oraciones de sus gemidos, con esto se hacía raptor y a base de raptar con la fuerza de un Dios que poseía, entraba en los corazones para formar su nuevo renacimiento.  ¡Oh Cielos! inclínense y junto conmigo amen y adoren al celestial niño.  Pero mientras mi mente se perdía en un misterio tan grande, el dulce niñito entre las lágrimas y los sollozos mezclados con una celestial actitud de sonrisa ha agregado:

(4) “Hija bendita, mi nacimiento no sólo fue universal, porque como Dios no podía obrar de otro modo, me encontré en las condiciones del sol, que, quieran o no quieran, todas las cosas creadas, la Creación toda y todas las criaturas deben recibir su luz, su calor; desde lo alto de donde desciende con su imperio de luz y con su supremacía que posee sobre todos y sobre todo, parece que el sol dice en su mutismo, pero más fuerte que si hablase:  ‘O me recibes con amor, o te invisto con los derechos que poseo de darte luz, y si no me quieres recibir te circundaré por todos lados, de modo que no podrás huir de mi luz y tendré la gran gloria de haber dado mi luz a todos’.  Símbolo de mi nacimiento, el sol, porque también él renace en todos los días, para todo y para cada uno, y Yo no sólo renazco en modo universal, sino que mientras renazco hago una invasión, no sólo renazco en el corazón, sino que invado la mente con mis pensamientos, los ojos con mis lágrimas, la voz con mis gemidos, de modo que hago la invasión universal de todas las criaturas, la tomo por todos lados, a fin de que no me pueda escapar; si me reciben con amor, mi Vida no sólo nace en ellas, sino que crece en modo sorprendente, si después no me reciben con amor, renazco en ellos con mis derechos de Dios que poseo, pero no crezco en ellos, permanezco pequeño y solo, y me quedo a reserva, esperando, quién sabe si con mis gemidos y lágrimas se muevan a amarme, y si esto no logro, mi Vida se cambia para ellos en justicia.  Y ¡oh! cómo me destroza mi corazoncito el ver mi nacimiento todo amor cambiado en justicia para la pobre criatura.  Por eso, ya que he nacido en ti, dame el bien de hacerme crecer, así me cambiaras en alegrías mis lágrimas y mis gemidos”.

 

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31-22

Enero 6, 1933

 

Quien obra en la Divina Voluntad, Dios se esconde en la criatura

con todos sus actos; agradecimiento que siente por quien le hace

producir su Vida.  Derechos de ambas partes.

La pequeña embarcación.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos que la Divina Voluntad había hecho en ella, y me parecía que cada cosa creada me daba la entrada para recibir mi acto y ponerlo como cortejo y correspondencia para la Divina Voluntad que poseían como actora y conservadora de las cosas creadas.  Ahora, mientras esto hacía, el celestial niñito me ha hecho su breve visita y me ha dicho:

(2) “Hija mía, en quien hace la Divina Voluntad, al hacer sus actos se vierte en Ella, no hay parte de su ser que no tome lugar en el Querer Supremo, y entonces, todo lo que Dios ha creado, todo lo que ha hecho y hará, estando todo encerrado en mi Querer, como un solo acto se vierte todo sobre el acto de la criatura, de modo que el acto de ella queda lleno, embellecido, circundado de todo lo que ha hecho y hará mi Voluntad, tanto, que se ven en el acto de la criatura impresos, fundidos, circundados, todos los actos divinos.  Cuando mi Voluntad obra, tanto en nuestra Divinidad, cuanto en el acto humano, no sabe, ni quiere separar un acto suyo del otro acto, sino que los une todos juntos y forma el nuevo acto que quiere hacer, se puede decir que todo nuestro Ser Divino con todos nuestros actos nos vertemos sobre la criatura, nos escondemos en ella, nos encerramos, mientras permanecemos en nuestra inmensidad y potencia interminable cual somos.  Sin embargo nuestra felicidad queda duplicada por parte de la criatura, porque nos ha dado la ocasión de bilocar nuestra Vida junto con nuestros actos, y Nosotros recibimos la gloria, el honor, el amor de nuestra misma Vida, y de todos nuestros actos por parte de quien se hace poseer por nuestra Voluntad.  Nos sucede como al sol, que cuando desde la altura de su esfera se da a la tierra, parece que da sólo luz, pero no es verdad, junto con la luz da todo lo que posee, y tan es verdad, que se ve la tierra florida con tanta variedad de colores, variedad de dulzuras, de sabores, ¿quién ha dado tanta belleza, tantas sustancias, tantos colores?  ¿Sólo la luz?  ¡Ah, no!  Es porque la luz ha dado las sustancias, las propiedades que posee la luz.  Se puede decir que la tierra es rica, embellecida por las propiedades que posee el sol, pero mientras el sol da, nada pierde de lo que posee.  ¡Oh! si el sol tuviese razón, cómo se sentiría más feliz, más glorificado por el gran bien que hace a la tierra.  Reproducir nuestra Vida, nuestros actos en nuestra amada criatura, para Nosotros es felicidad, y nos sentimos como agradecidos hacia ella, porque nos ha dado el campo para hacer uso de nuestra potencia comunicativa para reproducirnos en ella”.

(3) Entonces yo al oír esto pensaba entre mí:  “¿Y si estuviese el pecado, las pasiones, cómo puede recibir este gran bien la criatura?”  y Jesús ha agregado:

(4) “Hija bendita, cuando el alma se da en poder de mi Voluntad, Ella tiene la virtud de hacer perder la vida del mal, no hay pecado o pasiones que no sientan darse más que por armas mortales la muerte, más bien, por sí mismas mueren, en cuanto mi Voluntad reina en el alma así se sienten perder la vida.  Ella es para el mal como el hielo a las plantas, que las quema, las seca y las hace morir; es como la luz a las tinieblas, las cuales en cuanto aparece la luz, desaparecen y mueren, es más, ni siquiera se sabe dónde han ido; mi Voluntad es como el calor al frío, el frío muere bajo la virtud del calor.  Si el hielo, la luz, el calor, tienen virtud de hacer morir las plantas, las tinieblas, el frío, mucho más mi Divina Voluntad tiene virtud de hacer morir todos los males juntos; pero si el alma no se hace dominar siempre por mi Voluntad, donde no reina siempre Ella no puede comunicar todos los bienes y convertir en Vida Divina todo el conjunto de la criatura, y donde falta la Vida Divina surge el mal, y puede suceder como a las plantas si se retira la fuerza del hielo, las plantas si bien penosamente, comienzan a reverdecer; si se retira la luz, las tinieblas surgen de nuevo; y si se retira el calor, el frío adquiere de nuevo su vida.  He aquí por qué la gran necesidad de hacer siempre, siempre mi Voluntad y de vivir en Ella si quieres desterrar todos los males y erradicar también las raíces de las pasiones.  Mucho más que mi Querer Divino quiere dar siempre a la criatura, pero para dar está a la expectativa, para ver cuando obra en su Voluntad, porque cada acto que hace en Ella adquiere un derecho divino, así que por cuantos actos hace, tantos derechos adquiere en el mar de mi Fiat, y Ella adquiere tantos derechos sobre la criatura, estos derechos de ambas partes vuelven dueños a Dios y a la pobre criatura, y mi Voluntad bilocada y encerrada en el alma, por cuanto es capaz de contener, como quiere dar siempre, la lleva a navegar en el mar inmenso de su Querer que reina en Dios mismo, y volviéndola más capaz toma de su mar y agranda el marecillo de su Querer en el fondo del alma, se puede decir que hace de ella su pequeña embarcación, para ir a veranear en su mar inmenso de su Querer, y según se dispone y obra, así encierra nuevas dosis de Voluntad Divina.  Por eso siempre en Ella te quiero, así me darás el derecho de poderte siempre dar y tú de siempre recibir”.

 

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31-23

Enero 14, 1933

 

La página de la vida.  La Creación, página celestial.  El ‘te amo’,

puntuación de estas páginas.  El artífice y el escritor divino.

 

(1) Estaba según mi costumbre girando por toda la Creación, para encontrarme con la Divina Voluntad dominante en ella, y corresponderle con mi amor a su tanto amor por mí, al crear tantas cosas por amor mío, y me parecía que cada cosa creada estaba a la expectativa de recibir la marca de mi te amo, esto era un derecho, un tributo, una pequeña señal que exigían de la tierra a aquella Voluntad que tanto había dado a todas la criaturas, y que era su actriz y conservadora; pero mientras esto hacía, parecía que mi dulce Jesús, con sus mismas manos tomaba mi ‘te amo’ y lo ponía como sello a aquellas cosas creadas hacia las que yo lo dirigía, y poniéndolas a parte, esperaba que siguiera el trabajo del ‘te amo’ a todas las otras cosas creadas, y yo maravillándome al ver el interés de Jesús, su esperar, pensaba entre mí:  “¿Pero qué gran cosa es mi pequeño ‘te amo’, que llega a ser la ocupación y el interés de Jesús?”  y Él, deteniéndose para hablarme me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ¿sabes qué cosa es tu ‘te amo’?  Él es como la puntuación a una carta, una carta sin puntuación es una confusión, sin ideas precisas, sin expresiones formadas, de modo que quien lo lee, no encontrando el verdadero sentido puede tener las ideas que quiera, bellas o feas, como le plazca, por ello, faltando la puntuación se puede llamar un escrito sin verdadero valor, y claramente habla de la ignorancia y el poco valor de quien lo ha escrito.  Y sin embargo ¿qué es un punto, una coma, una interrogación y todo el resto de la puntuación?  Se puede decir nada en comparación del trabajo, de la extensión de una carta.  Tal es tu ‘te amo’, es la puntuación a la carta de tu vida, de tus palabras, obras, pasos, y hasta de tu corazón, la puntuación de tu ‘te amo’ pone el orden en todos tus actos, pone las ideas precisas, da las expresiones más bellas y te hace conocer a Aquél, por amor del cual viene formada la página y la carta de tu vida.  Pero esto es nada aún, este punto, esta pequeña coma de tu ‘te amo’, sube a lo alto y pone la puntuación a nuestra página divina, nuestras cartas celestiales de toda la Creación.  Qué cosa es toda la Creación sino nuestra página divina puesta fuera de Nosotros, y nuestras letras celestiales impresas en toda la página de la Creación, puntuada con tal orden y armonía, con las ideas más precisas, con las expresiones más bellas y conmovedoras, hechas con tal valor de arte, que ningún artífice puede imitar.  Ahora, tu ‘te amo’ se une a la puntuación divina y puntuando conoce el valor de nuestras letras, aprende a leer nuestra página, comprende con ideas justas cuánto hemos hecho por amor suyo, y recibe las expresiones más bellas y conmovedoras de su Creador y nos da el pequeño tributo, nos paga el pequeño interés que Nosotros con amor de justicia esperamos de la criatura.  No sólo, como el ‘te amo’ tiene virtud por su naturaleza de convertirse en luz, Yo con todo amor tomo estos puntos y comas de tu ‘te amo’, y pongo tu pequeña luz sobre nuestra puntuación divina, y viendo toda la Creación, siento tales estrecheces de amor, porque veo la puntuación de la pequeña hija de mi Querer unida a nuestra puntuación celestial.  Pero dime hija mía, ¿por qué me dices te amo y quieres investir todas las cosas creadas, mis mismos actos con tu ‘te amo’?”

(3) Y yo:  “Porque te amo y quiero ser amada por Ti”.

(4) Y Él:  “Entonces, porque me amas me dices ‘te amo’, ¿y no es esto el más grande de mis contentos, de mis suspiros, de mis ansias, de mis delirios, ser amado por la criatura?  Ahora, debes saber que a cada ‘te amo’ tuyo, Yo te susurro al oído del corazón,

‘te amo’, y pongo mi puntuación celestial a la página y letras de tu vida, ¿no estás contenta?”

(5) Y yo:  “Amor mío, no me basta sólo tu puntuación, no, no estoy contenta, puede bastarte a Ti únicamente mi puntuación, porque siendo yo pequeña y buena para nada no sé hacer otra cosa, pero Tú que sabes hacer todo, para dejarme contenta quiero que Tú mismo formes la página y las letras de mi vida”.

(6) Y Jesús:  “Sí, sí, te contentaré y podría decirte que lo estoy haciendo.  Ahora, debes saber que para tener una página escrita se necesita el papel, la tinta, la pluma, todo es materia prima para formar una página escrita, si falta una el escrito no puede tener vida.  Ahora, el papel es mi Divina Voluntad, la cual como fundamento de todo debe formar la página de la vida.  Mira, puedo decir que mi Voluntad se extendió como fundamento de toda la Creación, más que papel para recibir nuestros caracteres distintos de nuestro amor incesante, en el cual poníamos más que caracteres imborrables nuestras cualidades y obras divinas, nuestros caracteres vienen formados de obras y amor incesante.  Así el alma debe poseer como fondo de todo mi Divina Voluntad, pero no basta, se necesita el amor incesante para formar la tinta para escribir sobre este papel de luz, pero papel y tinta no son suficientes para formar los caracteres, se necesita la pluma de las obras santas, la diversidad de los sacrificios, las circunstancias de la vida para formarse la pluma y así escribir los caracteres ordenados, las expresiones más bellas y conmovedoras que ahora hacen llorar, y ahora llenan el corazón de alegría, de modo que quien los pueda leer se sentirá transformado y dada nuevamente la vida del bien que posee aquella página, y Yo, artífice y escritor divino, cuando encuentro papel, tinta y pluma, así como formé y escribí la página de la Creación, así me ocupo con sumo deleite mío en formar y escribir la página de esta criatura, quizá más bella que la misma página de la Creación.  Por eso ten siempre listo papel, tinta y pluma, y Yo te prometo escribir la página de tu vida, en la cual se verá que Yo sólo he sido Aquél que la he formado y escrito, y así quedarás contenta tú, y contento Yo”.

 

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31-24

Enero 18, 1933

 

Soledad en que es puesto Jesús por parte de aquellos que lo reciben

Sacramentado, sus lágrimas, sus dolores.  Las especies mudas y las

especies vivientes.  Continuación de la Vida de Jesús en la criatura.

 

(1) Habiendo recibido la santa Comunión, estaba haciendo mis acostumbrados agradecimientos, y mi Sumo Bien Jesús se hacía ver afligido y taciturno como si sintiera la necesidad de compañía, y yo estrechándome a Él trataba de consolarlo con ofrecerme a estar siempre unida con Él, para no dejarlo jamás solo, y Jesús parecía todo contento y para desahogar su dolor me ha dicho:

(2) “Hija mía, seme fiel en no dejarme jamás solo, porque la pena de la soledad es la más oprimente, porque la compañía es el alimento del desahogo de quien sufre, en cambio sin compañía se sufre el dolor y se está obligado a sentir el hambre, porque falta quien le dé el desahogo del alimento, falta todo, y quizá falta quien pudiese ofrecer el alivio, aunque fuera una medicina amarga.  Hija mía, cuántas almas me reciben Sacramentado en sus corazones y me ponen en soledad, me siento en ellas como dentro de un desierto, como si no les perteneciese, me tratan como extraño, ¿pero sabes por qué no toman parte en mi Vida, en mis virtudes, en mi santidad, en mis alegrías y en mis dolores?  Compañía significa tomar parte en todo lo que hace y sufre la persona que le está cerca, por tanto recibirme y no tomar parte en mi Vida, es para Mí la soledad más amarga, y quedando solo no puedo decirle cuánto ardo en amor por ellas, y por eso queda aislado mi amor, aislada mi santidad, mis virtudes, mi Vida, en suma, todo es soledad en Mí y fuera de Mí.  ¡Oh! cuántas veces desciendo en los corazones y lloro, porque me veo solo, y cuando desciendo, viéndome solo, me siento no atendido, no apreciado, no amado, tanto, que estoy obligado por su desatención a reducirme al silencio y a la tristeza, y como no toman parte en mi Vida Sacramental, me siento apartado en sus corazones, y viéndome que no tengo qué hacer, con paciencia divina e invencible espero la consumación de las especies sacramentales, dentro de las cuales mi Fiat eterno me había aprisionado, dejando apenas los rastros de mi descendimiento, porque nada he podido dejar de mi Vida Sacramental, quizá sólo mis lágrimas, porque no habiendo tomado parte en mi Vida faltaba el vacío donde poder dejar las cosas que me pertenecen, y que Yo quería poner en común con ellas.  Por eso se ven tantas almas que me reciben Sacramentado y no dan de Mí, son estériles de virtud, estériles de amor, de sacrificio, pobrecillas, se alimentan de Mí, pero como no me hacen compañía quedan en ayunas.  ¡Ay! en qué estrechura de dolor y de cruel martirio es puesta mi Vida Sacramental, muchas veces me siento ahogado de amor, quisiera liberarme y suspiro descender en los corazones, pero ¡ay de Mí! estoy obligado a salir de ellos más sofocado que antes.  ¿Cómo podía desahogarme si ni siquiera han puesto atención a las llamas que me quemaban?  Otras veces la plenitud del dolor me inunda, suspiro un corazón para tener un alivio a mis penas, ¡pero qué! quisieran que Yo tomase parte en las de ellas, no ellas en las mías, y lo hago, escondo mis dolores, mis lágrimas para consolarlas, y Yo quedo sin el alivio suspirado.  ¿Pero quién puede decirte los tantos dolores de mi Vida Sacramental, y cómo son más los que me reciben y me dejan en soledad en sus corazones, pero soledad amarga, que los que me hacen compañía?  Y cuando encuentro un corazón que me hace compañía, pongo en comunicación mi Vida con ella, dejándole el depósito de mis virtudes, el fruto de mis sacrificios, la participación de mi Vida, y Yo la escojo como mi morada, para escondite de mis penas y como lugar de mi refugio, y me siento como correspondido por el sacrificio de mi Vida Eucarística, porque encuentro quién rompe mi soledad, quién me enjuga las lágrimas, quién me da libertad para que pueda desahogar mi amor y mis dolores, son ellas quienes me sirven como especies vivientes, no como las especies sacramentales que nada me dan, solamente me esconden, el resto lo hago todo Yo solo, no me dicen una palabra que rompa mi soledad, son especies mudas.  En cambio en las almas que me sirven como especies vivientes, desarrollamos la vida juntos, palpitamos con un solo latido, y si la veo dispuesta le comunico mis penas y continúo en ella mi Pasión, puedo decir que de las especies sacramentales paso a las especies vivientes para continuar mi Vida sobre la tierra, no solo, sino junto con ella.  Tú debes saber que no están más en mi poder las penas, y les voy pidiendo por amor a estas especies vivientes de las almas, que me suplan en lo que a Mí me falta.  Por eso hija mía, cuando encuentro un corazón que me ama y me hace compañía, dándome la libertad de hacer lo que quiero, Yo llego a los excesos, no me fijo en nada, doy tanto, que la pobre criatura se siente ahogar por mi amor y por mis gracias, y entonces no queda más estéril mi Vida Sacramental cuando desciendo en los corazones, no, me reproduce, bilocando y continuando mi Vida en ella, y éstas son mis conquistadoras que suministran a este pobre indigente de penas, su vida y me dicen:  ‘Amor mío, Tú tuviste tu turno de penas y terminó, ahora es mi turno, por eso déjame que te supla y que yo sufra en lugar tuyo’.  Y ¡oh! cómo quedo contento por esto, mi Vida Sacramental queda en su puesto de honor, porque reproduce otras Vidas suyas en las criaturas.  Por eso siempre junto conmigo te quiero, a fin de que hagamos vida juntos y tú tomes a pecho mi Vida y Yo tome la tuya”.

 

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31-25

Enero 22, 1933

 

Jesús no quiere hacer cuentas con las criaturas.  El jardinero

celestial; la voluntad humana campo de Jesús; dote y

herencia que Dios da a la criatura.

 

(1) Estaba pensando en el Querer Divino, y miles de pensamientos se agolpaban en mi mente y decía entre mí:  “¿Pero por qué Jesús ama tanto el querer mi voluntad?  Si ama el darme la suya yo gano, al tener una Voluntad Divina en mi poder, poseo todo, encierro todo, aun al mismo Dios, pero querer Él la mía, nada más por intercambio de la suya, es para maravillarse, ¿en qué cosa le podrá beneficiar, serle de utilidad una voluntad tan débil e insignificante, que sabe producir más mal que bien?  Se ve que Jesús no entiende de cuentas, ni sabe dar, o mejor dicho, no quiere dar el justo valor a lo que da, a la correspondencia que recibe, porque con tal de obtener su intento, no se fija si obtiene poco o nada en comparación de lo mucho que ha dado, pero aquí se ve que su amor es verdadero amor, porque es desinteresado”.  Pero mientras mi mente desatinaba, mi dulcísimo Jesús se hacía ver que estaba todo atento en escuchar mis disparates, y complaciéndose todo me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, si Yo quisiera hacer las cuentas a la criatura, no tendría jamás nada que darle, porque, en primera, lo que ella me puede dar, todo le ha sido dado por Mí, por lo tanto dándome no me da otra cosa que lo mío, y por ello mi amor me hace siempre hacer a un lado las cuentas; hacer cuentas con las criaturas, sería obstruir mi amor y hacerlo perder la libertad de darles lo que quiere dar a la criatura, y se encontraría a disgusto.  Además de esto, para darte mi Divina Voluntad es necesario que des la tuya, porque dos voluntades no pueden reinar dentro de un corazón, se harían guerra mutuamente, y la tuya sería de obstáculo a la mía, y por tanto no sería libre de hacer lo que quiere, y Yo para volver libre a la mía, con tanta insistencia te pido la tuya, pero esto no es todo aún, tú debes saber que tu voluntad estando en ti es débil, insignificante, pero en cuanto llega a mis manos creadoras y transformadoras, cambia de aspecto, Yo la vuelvo potente, la vivifico y encierro en ella el valor productor del bien, y Yo me sirvo de esto para no estar ocioso, y haciéndome celestial jardinero trabajo en este campo de tu voluntad y la hago un bello prado florido y un jardín de mis delicias.  Así que lo que en tus manos es insignificante y quizá aun dañino, en las mías cambia naturaleza y me sirve para divertirme y tener un poco de tierra a mi disposición para formar las más bellas flores.  Y además, para poder dar, Yo quiero lo pequeño, lo insignificante, también como pretexto para poder dar lo grande y así decir:  ‘Me ha dado y he dado’.  Es verdad que me ha dado lo pequeño, pero eso tenía, y despojándose aun de lo pequeño por Mí, es el don más grande, y lo confío a la exuberancia de mi amor a fin de que supla lo que le falta a la criatura”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad y mientras buscaba seguir sus actos, mi amado Jesús me ha dicho:

(4) “Hija mía bendita, tú debes saber que conforme tú buscas seguir los actos de mi Divina Voluntad, tú te pones en camino en Ella, y mi Fiat te viene al encuentro para recibirte, para darte sus actos, a fin de que los hagas uno con los tuyos, y Yo recibo las dulces sorpresas de tus atenciones, el encanto de tu amor, y Yo no te pierdo nunca de vista y asisto a las escenas más conmovedoras de tu nada en el Todo, de tu pequeño ser en el Grande, de lo finito en el infinito, parece un alternarse mutuo entre Dios y la criatura, y en este sucederse, uno se vierte en el otro por puro amor.  Ahora, tú debes saber que cuando sacamos a la luz del día a la criatura, Nosotros le dimos la dote, el ajuar de nuestras partículas divinas.  La dote es nuestra Voluntad, no pusimos un límite, más bien le dimos la libertad de aumentar su dote; ahora, los actos que hace en nuestra Voluntad son nuevas propiedades que adquiere, aparte de las que le ha dado su Creador, y Nosotros en el énfasis del amor le decimos:  ‘Cuantos más actos hagas en nuestro Querer, tanto más campo divino te daremos para darte el lugar dónde poner tus actos, así tú trabajarás en nuestro campo celestial, y Nosotros te daremos cuanto más campo quieras, basta con que no lo tengas vacío, y sé atenta en ponerlo en circulación, más bien tendremos el gran contento de ver tus propiedades más extensas’.  Nosotros hacemos como un padre cuando da su dote al hijo, este hijo trabaja, se sacrifica tanto, de modo que aumenta su dote, extiende más sus propiedades, y el padre goza más que si fuesen suyas las propiedades y la fortuna del hijo.  Así hacemos Nosotros, más aún, cuando la vemos toda atención, pronta a cualquier sacrificio, Nosotros no la dejamos sola, sino que trabajamos junto, le prestamos todo lo que se necesita, Voluntad, santidad, nuestros actos, todo, para tener el contento de ver a nuestra hija poseedora de muchas propiedades”.

 

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31-26

Enero 29, 1933

 

Potencia de las verdades, pasos de ambas partes,

Dios y la criatura.  Aspecto insólito del Ente Supremo.

 

(1) Estaba pensando en las tantas verdades que mi adorable Jesús me ha manifestado sobre la Divina Voluntad, y ¡oh! cuántos pensamientos se agolpaban en mi mente, de sorpresa, de alegría, de conmoción sobre estas verdades, me parecía que descendían del Cielo todas ordenadas para llenar la tierra, y su trabajo era el formar el camino en ellas mismas, para hacernos entrar nuevamente en estas verdades, y ellas se levantaban como muros alrededor de las criaturas para no dejarlas salir.  Y mi celestial Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que cada verdad que he manifestado sobre mi Divina Voluntad, no ha sido otra cosa que un acercamiento de más hacia las criaturas, nuestro Ser Supremo, conforme hablaba así daba un paso de más hacia ellas, ponía una partícula divina de más a su disposición y ponía nuevos vínculos de unión y de amor, nuestra palabra es siempre parto nuestro, es nuestro Verbo que ponemos en camino del Cielo para buscar a nuestra suspirada criatura, y nuestra Trinidad Sacrosanta atraída por la potencia del Verbo, porque es inseparable de Nosotros, damos nuestros pasos junto, y paso a paso nos acercamos a donde nuestra palabra llega.  Ahora tú debes saber que cuando nos decidimos a manifestar una verdad por medio de nuestro Verbo, como es una parte de Nosotros mismos que ponemos fuera, nuestro Ente Supremo toma un aspecto insólito, una nueva alegría nos inviste, sale de Nosotros una fuerza comunicativa de nuevas bienaventuranzas; todo el Cielo al ver nuestro aspecto insólito, intuye ya que estamos por sacar una palabra nuestra de verdad, porque los primeros en festejar las verdades que sacamos, somos las Tres Divinas Personas, y después todo el Cielo junto con Nosotros.  Son los dones del gran Rey, que sabe mover todo, inviste todo, es nuestra palabra que tiene virtud creadora, vivificadora, transformadora, y a veces derriba, tritura, hace pedazos todo, y sobre las ruinas hace surgir la vida de nuestra palabra y ahí forma las cosas más bellas, la nueva creación, las obras de magnificencia que hacen maravillar al Cielo y tierra, ¿qué cosa no puede nuestro Fiat?  Todo, ¿y qué no hará la cadena de tantos Fiat nuestros?  Nuestro Fiat transformado en palabra de verdad posee virtud invencible, potencia inalcanzable, firmeza inamovible del bien que quiere formar en la potencia de mi Fiat hablante.  Tú no puedes comprender el gran don y el gran bien que encierra una sola palabra mía de verdad divina, pero lo comprenderás con el tiempo, cuando veas los hechos, las obras que han producido mis verdades, porque mis verdades no sólo tienen la potencia de atraer a nuestro Ser Divino a su lado, de hacernos dar los pasos, y muchas veces nos hacen también correr para acercarnos a las criaturas, sino que les dan a ellas las gracias para hacerles dar los pasos y hacerlas correr al encuentro de Aquél que ya está viniendo para encontrarse, y darle el gran bien que pronunció nuestro Fiat.  Así que nuestras verdades obran potentemente sobre nuestro Ser Divino cuando las sacamos, porque si salen quieren dar la vida y el bien que poseen, y mientras tanto quieren disponer a las criaturas a acercarse a la fuente de donde han partido, para transformarlas en el bien de la misma verdad.  El todo está en si sale de Nosotros una nueva verdad, a lo más podrá pasar tiempo, siglos, esto es nada, ya que están armadas no sólo de potencia, sino de paciencia invicta y divina, y no se cansan de esperar, son infatigables, son inflexibles, primero deben dar lo que tienen de bien, la vida que poseen, y después triunfantes y victoriosas envían al Cielo los frutos que han conquistado.  Por eso hija mía, sé atenta en escuchar mis verdades, primero debes pensar de dónde vienen, quién te las trae, el bien que te quieren hacer, los pasos de acercamiento de ambas partes, y no querer dudar porque no ves en el mundo los efectos, el bien, la vida que poseen mis verdades, el tiempo hará y dirá todo, por ahora toma tu parte, en el resto pensará tu Jesús.

(3) Además de esto, tú debes saber que primero formamos el apoyo, el lugar, el alma donde deben descender nuestras verdades, y después nos decidimos a sacarlas de dentro de nuestro seno paterno, porque nuestro Ente Supremo al sacar de Nosotros las verdades, que para las criaturas se cambian en obras, al sacarlas no las dejamos en el aire y ociosas, no, nuestra sabiduría no hace jamás cosas inútiles, si las sacamos deben ser portadoras del bien que encierran, he aquí por qué la necesidad del apoyo donde nuestra bondad las dirige, para comenzar prontamente su trabajo de participación y de transformación del bien que poseen, quizá sea una sola alma al principio, y después se difunden tanto, de formar ejércitos de vidas del bien que nuestras verdades poseen, y cuando han formado estos nobles ejércitos, nuestras verdades nos las llevan a nuestro regazo en nuestra patria celestial.  Son ellas las conquistadoras que pueblan el Cielo, hacen de mensajeros, recorren la tierra, arrojan la semilla, la trabajan, la recogen y triunfantes para ponerla al seguro, la llevan a las regiones celestiales, son incansables, jamás se detienen si no han obtenido su intento.  Por eso sé atenta y no transgredas nada de lo que tu Jesús te ha enseñado”.

 

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31-27

Febrero 12, 1933

 

Dios posee en su naturaleza la fuerza creadora, necesidad de

amar.  Dios, prisionero voluntario de la criatura.  El

divino pescador, pesca diaria.

 

(1) Estaba siguiendo mis actos en el Querer Divino y sentía una fuerza potente que me arrollaba, me unificaba, me fundía en las mismas obras divinas.  Podría decir que mi ser se había empequeñecido tanto, que se perdía en el mar inmenso que sentía desbordar dentro y fuera de mí, sus olas eternas me elevaban y me sumergían, y yo sentía más la Vida Divina que la mía, y mi siempre amable Jesús que derriba y levanta, que da la muerte y en el mismo instante hace renacer a nueva vida, visitando a su pequeña hija me ha dicho:

(2) “Hija bendita, nuestro amor es exuberante, y por cuanto más damos más queremos dar a las criaturas, es más, en el dar nuestro amor nos desborda por todas partes y quisiera ahogarlas de amor, de santidad, de belleza, de luz, de bondad nuestra, cuanto más damos más crece en Nosotros la pasión de amarlas y de hacernos amar.  Tú debes saber que nuestro Ente Supremo posee en naturaleza la fuerza creadora, la virtud Redentora y la Vida que todo vivifica y santifica.  Ahora, al crear la Creación, obramos solos, sin la criatura, pero después de creada, nuestro amor es tanto hacia ella, que queremos continuar y desarrollar la fuerza creadora junto con ella, y mientras con el conservar la Creación es como si en acto la estuviésemos creando, esta fuerza creadora unifica e inviste a las almas y continúa la creación en el interior de cada una, ¿y qué cosa creamos?  Nuevos cielos de amor, nuevos soles de conocimientos, nuevos mares de gracias, nuevo aire de santidad, nuevos vientos de refrigerio que embalsaman a la criatura, nueva Vida siempre creciente de nuestra Voluntad Divina, nuevas flores de belleza, de santos deseos, en suma, el eco de la creación de todas las cosas, nuestra virtud creadora hace eco en las almas, y con una sabiduría y bondad toda nuestra, creamos siempre, sin cesar jamás; si cesara, lo que no puede ser, deberíamos restringir esta nuestra naturaleza creadora que tiene virtud de crear siempre.  Pero más que todo esto, nuestra Alteza Divina se abaja tanto, descendemos en el fondo de las criaturas, y ahí desarrollamos juntamente nuestra virtud creadora, solos no queremos obrar, la soledad nos destrozaría los brazos, y pondría un límite a nuestra fuerza y virtud creadora.  Nosotros para poder amar más, Nosotros mismos nos hemos formado una ley de amor, y hemos creado en Nosotros la necesidad de amar, así que amar en Nosotros es necesidad, pero necesidad querida, no forzada por alguien, y es esta necesidad de amar la que nos hace hacer tantas cosas inauditas, nos hace llegar a excesos y locuras hacia las criaturas.  Habría sido absurdo y no modos de un Ser perfecto, cual es el nuestro, crear las cosas y los seres vivientes y no amarlos, más bien primero los amamos, hacemos correr como acto primero nuestro amor, y después los sacamos a la luz como parto, desahogo y triunfo de nuestro amor, si esto no fuese así, la Creación nos habría sido de peso insoportable y no de gloria y de honor, las cosas que no se aman se rehuyen; en cambio Nosotros las amamos tanto, que nos encerramos en ellas, haciéndonos prisioneros voluntarios para formar nuestra Vida Divina en la criatura y llenarla de Nosotros, por cuanto son capaces, y para hacer que la amásemos más y para ser más amados, queremos que lo sepa y la queremos en nuestra compañía, para hacer que ella misma vea y toque por sí misma lo que estamos haciendo, y cómo desarrollamos nuestra Vida Divina en su alma; nuestro amor no se da reposo, y según las disposiciones y cooperación de la criatura, ahora desarrollamos la fuerza creadora, ahora la redentora, y ahora la santificadora, según sus necesidades y la correspondencia que nos da, pero todo esto siempre junto con ella, jamás solos; queremos usar la virtud creadora, pero queremos que la conozca y reciba; queremos usar la virtud redentora si el pecado la tiraniza, pero queremos que sienta el bien que queremos hacerle, y lo reciba con amor y gratitud; Queremos usar la virtud santificadora, pero queremos que se preste a recibir la transformación de nuestros santos actos en los suyos, para recibir nuestra virtud santificadora.  Si el alma no estuviese junto con Nosotros y no uniera su pequeño trabajo a nuestro gran trabajo, para Nosotros sería como si quisiésemos desarrollar nuestro trabajo de amor sobre cosas inanimadas, que no sienten y no saben nada del bien que reciben, y para ellas sería como el Dios lejano, que ni conocen, ni aman.  Tú debes saber que nuestro amor es tanto, que todas las criaturas nadan y están dentro de este mar inmenso de nuestro amor, y como si no estuviésemos contentos de tanta inmensidad de este nuestro amor, nuestro Ente Supremo se hace pescador y va pescando las pequeñas gotitas de amor de las criaturas, sus pequeños actos, los pequeños sacrificios, las penas sufridas por amor nuestro, un te amo de corazón que nos ha dicho.  Todo pescamos de dentro de nuestro mismo mar para darnos el contento, la felicidad de la correspondencia del amor de la criatura, y lo anhelamos tanto que de ello hacemos nuestra pesca diaria y preparamos nuestra mesa celestial.  El amor verdadero tiene virtud de transformar las cosas, pone un dulce encanto a nuestras pupilas divinas y nos vuelve bellos, graciosos, simpáticos, los pequeños actos amorosos de las criaturas, en modo que nos rapta, nos hiere, nos felicita.  Nosotros nos volvemos raptores, haciendo de ellos nuestra más agradable conquista, por eso si quieres hacernos felices y ser portadora a tu Dios de alegrías y de felicidad, ama, ama siempre, no ceses jamás de amarnos, y para estar más segura, enciérrate toda tú misma en el Fiat Divino, el cual nada dejará que hagas que no sea amor para tu Creador”.

 

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31-28

Febrero 24, 1933

 

La verdad es semilla; agricultor celestial y  sembrador

humano.  Inmutabilidad de los modos divinos.  Para qué

sirven las penas y las contradicciones.

 

(1) Mi pequeña mente estaba toda ocupada con las tantas verdades que el bendito Jesús me había manifestado sobre la Divina Voluntad, y cada una de ellas se me presentaba como un portento distinto uno del otro, pero portento divino, no humano, no de tierra sino de Cielo y estaban todas como en acto de querer asaltar a la criatura para comunicarle y transformarla en su portentosa virtud toda celestial y divina, pero mientras mi mente estaba ocupada de esta forma, pensaba entre mí:  “Sin embargo, ante verdades tan celestiales y divinas, en las cuales la sombra de lo humano no existe, tan amables, tan penetrantes, santas, llenas de luces, cada una de las cuales encierra la Vida, el amor, la santidad de Aquél que las ha manifestado, hay quien leyendo alguna cosa de estas verdades las pone en duda, ponen dificultades, y Tú lo sabes, oh Jesús, a Ti todo es conocido”.  Y me sentía toda oprimida y suspiraba a mi dulce Jesús para decirle mi pena, y Él sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, no te aflijas por esto, tú debes saber que para conocer una verdad se necesita amarla, el amor hace surgir el apetito, el apetito da el gusto, el gusto hace surgir el hambre de comer de ella hasta saciarse y masticar muy bien la sustancia de un alimento, o sea de mis verdades, la masticación produce la fácil digestión, en modo que se siente la posesión del gran bien que posee y produce mi verdad, y entonces las dudas cesan, las dificultades se disuelven como nieve ante los rayos de un sol ardiente.  Ahora, si apenas las han tocado sin comerlas con un estudio profundo, con un amor que produce el apetito, ¿qué maravilla que tengan dudas y dificultades?  ¡Oh! cómo habrían hecho mejor diciendo:  ‘No es alimento para nosotros, ni tenemos voluntad de comerlo’, en lugar de hacer juicios.  Pero se sabe que mis verdades encuentran lugar, más en los corazones simples que en los doctos.  Esto sucedió en mi Redención, con mi dolor, ningún docto me siguió, sino todos los pobres, ignorantes y sencillos.  Tú debes saber que mis verdades son semillas que Yo, agricultor celestial continúo sembrando en las almas, y si hago mi siembra, con certeza debo recoger el fruto.  Muchas veces me sucede a Mí como al pobre sembrador que arroja su semilla en la tierra, la cual por falta de humedad, la tierra no tiene la fuerza de comerse la semilla para digerirla y convertirla en tierra, y de la sustancia que ha absorbido de la semilla dar al pobre agricultor el diez, el veinte, el ciento de la semilla que se ha comido; otras veces, mientras arroja la semilla, por falta de lluvia la tierra se hace dura sobre la semilla, y no encuentra el camino para hacer salir la vida, la sustancia de la semilla que encierra, y el pobre agricultor debe tener paciencia para recibir la cosecha de sus semillas.  Sin embargo, con haber sembrado la semilla, ha hecho ya una cosa y puede tener esperanza, quizá una lluvia dé la humedad a la tierra, la cual poseyendo la sustancia de su semilla hará surgir lo que ha sembrado, o bien, quitando la dureza, removiéndola, forma los caminos para reproducir su semilla, así que el sembrador a pesar de que la tierra no produce súbito la multiplicidad de la semilla que ha recibido, el tiempo, las circunstancias, la lluvia, puede hacer producir una cosecha más abundante, que no se esperaba.  Ahora, si el agricultor a pesar de todas las dificultades de la tierra puede esperar y recibir una abundante cosecha, mucho más Yo, agricultor celestial, habiendo sacado de mi seno divino tantas semillas de verdades celestiales para sembrarlas en el fondo de tu alma, y con la cosecha llenar todo el mundo.  ¿Quieres entonces tú creer que por dudas y dificultades de algunos, que quién como tierra sin humedad, y quién como tierra endurecida, Yo no debo tener mi cosecha sobreabundante?  Hija mía, te equivocas, el tiempo, las personas, las circunstancias cambian, y lo que hoy se puede ver negro, mañana se podrá ver blanco, porque muchas veces se ve según las predisposiciones que tienen, y según la vista larga o corta que la inteligencia posee.  ¡Pobrecitos! se necesita compadecerlos, pero el todo está en que Yo he hecho ya la siembra, la cosa más necesaria, más sustanciosa, más interesante, era manifestar mis verdades.  Si mi trabajo lo he hecho, la parte principal ha sido puesta en acción, he encontrado tu tierra para arrojar mi semilla, el resto vendrá por sí, y las dudas, las dificultades, las penas, servirán como al pobre agricultor podrían servir la leña, el fuego, para cocer la semilla cosechada y hacerla su alimento.  Así pueden servirme a Mí y a ti como soles para hacerlas madurar en los corazones, como leña y fuego para darlas no con las solas palabras, sino con la práctica y con el sacrificio del fuego de la propia vida cocerlas, para convertirlas en alimento dulcísimo y ponerlo en la boca de las criaturas.  Hija mía, si Yo hubiese querido prestar oídos a lo que se decía de Mí, y a las contradicciones que hacían a las verdades que manifesté cuando vine a la tierra, no habría formado ni la Redención, ni manifestado mi Evangelio.  Sin embargo eran los más doctos, la parte noble, aquellos que habían estudiado las escrituras y que enseñaban al pueblo la religión, los dejé decir y soporté con amor y paciencia invicta sus continuas contradicciones, y me serví de las penas que me dieron como leña para quemarme y consumirme sobre la cruz por amor de ellos y de todos.  Así hoy, si Yo quisiera prestar oído a lo que dicen sobre las verdades de mi Divina Voluntad, habría tenido que poner fin a las manifestaciones sobre Ella y a los designios que quiero cumplir con manifestarlas; pero no, no sufrimos de mutabilidad, el obrar divino es inmutable, el obrar humano tiene esta debilidad y obra según la estima que le dan los demás, pero Nosotros no, cuando decidimos no hay quien nos aparte, ni todas las criaturas, ni todo el infierno, pero esperamos con nuestro amor inextinguible, tiempos, circunstancias y personas que deben servirnos para lo que hemos establecido.  Por eso no quieras preocuparte, y haciendo tuyo nuestro modo divino, si es necesario pon el sacrificio de tu vida para obtener que mi Divina Voluntad sea conocida y reine en todo el mundo”.

(3) Mi dulce Jesús ha hecho silencio y yo continuaba pensando en la imposibilidad de que la Divina Voluntad pueda reinar como en el Cielo así en la tierra, y Jesús suspirando ha agregado:

(4) “Hija bendita, lo que es imposible a los hombres, todo es posible para Dios, y si fuese imposible que mi Voluntad pudiese reinar como en el Cielo así en la tierra, mi bondad toda paterna no habría enseñado la oración del Padre Nuestro, porque hacer pedir cosas imposibles no lo habría hecho, ni Yo lo habría recitado con tanto amor, poniéndome a la cabeza de todos, ni la habría enseñado a los apóstoles a fin de que la enseñasen a todo el mundo como la oración más bella y la más sustanciosa de mi Iglesia.  Cosas imposibles Yo no las quiero, ni pretendo de la criatura, ni Yo mismo les hago las cosas imposibles.  Por  lo tanto, si fuera imposible que mi Voluntad Divina reinara como en el Cielo así en la tierra, habría enseñado una oración inútil y sin efecto, y Yo cosas inútiles no sé hacer, a lo más espero aun siglos, pero debo hacer surgir el fruto de mi oración enseñada, mucho más que gratuitamente, sin que ninguno me lo hubiese dicho, que Yo diera este gran bien de que mi Voluntad se hiciese como en el Cielo así en la tierra, Yo mismo como una segunda creación, sin que nadie me rogara, Yo extendí los cielos, creé el sol y todo.  Así por mi Voluntad, todo espontáneo Yo dije:  ‘Rueguen que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra”.  Y cuando espontáneamente se dice rueguen que esto suceda, sin que ninguno me lo haya pedido, significa que primero observé todo en mi Omnividencia, ponderé muy bien las cosas y cuando vi que esto era posible, entonces me decidí a enseñar el Padre Nuestro, queriendo la voluntad humana unida a la nuestra, que suspirase que viniese a reinar como en el Cielo así en la tierra.  Así que todo lo que he manifestado sobre mi Voluntad, está encerrado en aquellas solas palabras:  ‘Hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra’.  En estas pocas palabras están encerrados abismos de gracias, de santidad, de luz, y abismos de comunicaciones y transformaciones divinas entre Creador y criatura.  Hija mía, era el regalo que hacía tu Jesús a las generaciones humanas, como cumplimiento de mi Redención, mi amor no estaba contento aún, mis penas no me habían dado plena saciedad, quería, quería dar aún, quería ver mi Cielo en la tierra en medio de mis hijos, por eso pocos días antes de partir para el Cielo, decidí primeramente dar mi Voluntad como en el Cielo así en la tierra, y después enseñé el Padre Nuestro, en el cual Yo quedé comprometido de dar este gran don, y tu Jesús cuando se compromete, no se hecha para atrás, por eso no tengas dudas, y si los demás dudan, déjalos hacer, qué saben ellos de cómo debo desarrollar las cosas, Yo tengo poder y querer en mis manos, y esto me basta, y tú queda en paz y sigue siempre mi Querer, confíate a tu Jesús y verás”.

 

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31-29

Marzo 5, 1933

 

La voluntad humana reduce al alma a jirones y forma

las pequeñas ciudadelas desordenadas, sin rey y sin

defensa.  Llanto de Jesús.

 

(1) Mi pobre mente, mientras navegaba el mar del Fiat Divino, según mi pequeña capacidad, comprendía su valor, su santidad y el gran prodigio que la criatura, con tal que viviese en Ella, puede encerrar en ella una Voluntad tan Santa e Interminable, y se hace portadora y poseedora de este Querer tan santo, que incluye y encierra todo.  Que lo grande encierre lo pequeño no hay nada de maravilloso, pero que lo pequeño encierre lo grande, da en lo increíble, y sólo Dios puede hacer estos prodigios.  Bondad Divina, cómo eres admirable, y más que madre tierna y amorosa que quiere encerrarse en el hijo para ponerlo al seguro, y hacerse repetidora de la vida de su mismo parto, para tener la gloria de poder decir:  “El hijo es en todo semejante a su madre”.  Pero mientras mi mente se regocijaba en las puras alegrías del Fiat Divino, un triste torbellino ha afligido mis alegrías, y comprendía el gran mal y la afrenta terrible que se hace a Dios cuando erigiéndonos como nuestros propios jueces hacemos nuestra voluntad.  Y el amado Jesús repitiendo su breve visita, todo amargado me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, ¡Ay, la voluntad humana!, ella hace la guerra a Dios y se hace la guerra a sí misma, las armas que mueve contra su Creador la hieren a sí misma, y su alma queda como un cuerpo hecho pedazos delante de Dios; cada acto de voluntad humana la divide de su Creador, de su santidad, de su fuerza, potencia, de su amor e inmutabilidad.  Sin mi Divina Voluntad la criatura se vuelve como una ciudad asediada, que los enemigos la obligan a morir de hambre, y a martirizarla en todos sus miembros, con esta diferencia, que los carniceros que le arrancan los miembros es la propia voluntad, no son los enemigos que la atormentan, sino ella misma, se hace enemiga de sí misma.  Si tú supieras el dolor que siento cuando veo a las almas hechas pedazos, cada acto de su voluntad es una división que forma entre Dios y ella, es un apartarse de la belleza de su creación, es un enfriarse del verdadero y puro amor, es extraviarse de su origen, es un prepararse si la voluntad se precipita en el mal grave, o un infierno anticipado, o un purgatorio si el mal es leve.  La voluntad humana es como la gangrena al cuerpo, que tiene virtud de hacer caer la carne a pedazos, y de deformar la belleza de la criatura.  Pobres almas sin mi Voluntad Divina, porque sólo Ella tiene la virtud unificadora que unificando todo junto, el pensamiento, el deseo, el afecto, el amor, la voluntad humana, da la bella forma unitiva al alma de la criatura.  En cambio, sin mi Voluntad, el pensamiento quiere una cosa, la voluntad otra, el deseo quiere otra, el afecto otra, de modo que se debaten entre ellos, se pelean, se dividen, ¡ah! no hay paz ni unión sin mi Voluntad, falta quién ponga el cemento para reunir las partes divididas y volverla fuerte contra todos los males que pueden surgir.  Por eso tu Jesús no hace otra cosa que llorar sobre las ruinas de estas más que Jerusalenes trastornadas, que en lugar de reconocer a su Mesías lo desconocieron y le dieron la muerte.  Así mi Voluntad viene desconocida mientras está en medio de ellas y en ellas, y forman de sus almas pequeñas ciudades trastornadas que me obligan a repetir la amenaza, que de ellas no quedará piedra sobre piedra, porque sin mi Voluntad son ciudades sin rey, por tanto no tienen ni quién las proteja, ni quién las defienda, ni quién les suministre los alimentos necesarios para hacer el bien y para no hacerlas familiarizarse en el mal.  Y Yo lloro sobre su suerte, y ruego que reconozcan mi Voluntad, la amen y la hagan reinar, y tú ruega junto Conmigo”.

(3) Después de esto seguía los actos que mi dulce Jesús hizo estando sobre esta tierra, y le rogaba de corazón que en virtud de sus actos hiciese conocer a todos su Voluntad, y siguiéndolo por los caminos que recorría, mi mente se ha detenido en el acto cuando mi eterno amor Jesús atravesaba los campos y se complacía en mirar las flores y tomarlas con sus manos creadoras, y yo quería poner mi ‘te amo’ sobre cada flor a fin de que se cambiasen en voces y flores parlantes que pidiesen que su Querer fuese conocido y amado.  Y Jesús haciéndose oír, todo bondad ha agregado:

(4) “Hija bendita, quiero decirte mis dolores y el secreto de mi corazón, tú debes saber que la voluntad humana fue el clavo más traspasante de mi corazón, Yo al recorrer los caminos, los campos, veía los campos floridos, los árboles cargados de frutos y sentía las alegrías de mi Creación, y aquellos campos floridos me simbolizaban, más que flores, las bellezas, la vivacidad, la frescura y el bello colorido de la criatura, y Yo gozaba con ello, pero súbito el clavo del querer humano me las hacía ver transformadas en flores marchitas, descoloridas, secas, caídas sobre el tallo en acto de morir, el perfume cambiado en un mal olor, y los frutos de los árboles, amargos y podridos, símbolo del mal en el que reduce la voluntad humana a la criatura, la obra más bella de nuestras manos creadoras.  Yo tenía un dolor y aquellas flores me arrancaban las lágrimas de los ojos, porque me sentía clavar con más fuerza el clavo del querer humano.  Y es tan fuerte mi dolor, que espero tu ‘te amo’ para que me pida que se conozca el bien de mi Voluntad, y el mal de la voluntad humana, a fin de que se haga la mía y aborrezcan la de ellos.  Muchas veces miraba el cielo azul cubierto de estrellas, y el sol con su majestad resplandeciendo de luz que dominaba toda la tierra, símbolo del cielo del alma y el sol de mi Voluntad que debía resplandecer dentro de este cielo tan encantador, que debía dominar con su luz el cielo del alma y la bella tierra florida de sus cuerpos, y mi corazón tenía estremecimientos de alegría, pero qué, eran breves instantes, pronto el clavo del querer humano salía en campo y formando nubes negrísimas, cargadas de truenos, relámpagos, granizo, ocultaba el sol, ocultaba la bella vista del cielo sereno y descargándose sobre la pobre criatura devastaba el cielo del alma y la tierra de sus cuerpos, arrojando dondequiera desolación y horror.  Puedo decir que no di un paso cuando viví aquí abajo, que el clavo del querer humano no me traspasase, desde que nací hasta que morí, fue propiamente él quien formó mi más duro y continuo martirio, porque me transformó de bella en fea la más bella obra creadora, y Yo en todo lo que hacía y sufría, tenía siempre como meta la voluntad humana para ponerla a salvo.  Y ¡oh! cómo amo a quien llama a mis actos, se une junto conmigo, y sobre el fuego de mi mismo sacrificio y de mi amor se sacrifica a sí misma, para obtener el gran bien de que mi Voluntad sea conocida y domine el querer humano, fuente de todos los males de la pobre criatura.  Por eso siempre junto conmigo te quiero, no me dejes jamás solo para poder repetir mi Vida en ti”.

 

 

Deo Gratias.



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta

[2] He aquí la parte fundamental de toda la obra de Luisa:  No basta el ‘saber’, el ‘conocer’ acerca de la Divina Voluntad, sino que debemos hacerla vida, pues un conocimiento lo tenemos, lo poseemos en nuestra mente, lo podemos usar en tiempo y circunstancia, pero no se convierte en vida; la vida no es así, siempre se manifiesta y no podemos dejar de sentirla, pues si se pudiera, estaríamos muertos.