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I. M. I.

Fiat!!!

In Voluntate Dei!  Deo Gratias

 

32-1

Marzo 12, 1923

 

Las cosas creadas son la corteza que cubre a la Divina Voluntad.

Ejemplo de un rey disfrazado.  La Creación y la Redención están

siempre en acto para llamar a la criatura a obrar juntos.

 

(1) Mi Celestial Soberano Jesús, escóndeme dentro de tu corazón divino, a fin de que, no fuera de Ti, sino dentro del sagrario de tu corazón, yo dé principio al presente volumen; la pluma será la luz de tu Querer Divino entintada en la hoguera de tu amor, y Tú dictándome lo que quieres decirme, yo haré de simple oyente, y te prestaré el papel de mi pequeña alma a fin de que Tú mismo escribas lo que quieras, como quieras y cuanto quieras.  Cuida mi amable Maestro en no dejarme escribir nada de mí, de otra manera diré miles de disparates.  Y Tú, Soberana Reina, escóndeme bajo de tu manto, tenme defendida de todo, jamás me dejes sola, a fin de que pueda cumplir en todo la Divina Voluntad.

(2) Después continuaba pensando en el Fiat adorable y me sentía circundada por todas las cosas creadas, las cuales, cada una decía:  “Yo soy la Divina Voluntad, lo que tú ves por fuera de nosotras son sus velos, la vestidura que la cubre, pero dentro de nosotras está su Vida palpitante y obrante, y ¡oh! cómo nos sentimos gloriosas, honradas, porque formamos la vestidura a la Divina Voluntad:  El sol le forma la vestidura de luz, el cielo la vestidura azul, las estrellas la vestidura de oro, la tierra la vestidura de flores, en suma, todas las cosas tienen el honor de formar la vestidura a la Divina Voluntad, y todas en coro hacemos fiesta”.

(3) Yo he quedado maravillada, sorprendida, y decía entre mí:  “¡Oh, si también yo pudiera decir que soy la vestidura de la Divina Voluntad, cómo me sentiría feliz!”  y mi gran Rey Jesús, visitando a su pequeña hija me ha dicho:

(4) “Mi buena hija, Rey, Creador, Voluntad Divina, significa dominar, investir y tener nuestra Vida dentro de cada cosa creada por Nosotros; crear significa extender la propia vida, esconder nuestra Voluntad creadora en la misma cosa creada por Nosotros.  Esto es crear, llamar las cosas de la nada, encerrar en ellas al Todo para conservarlas en la integridad de la belleza como las hemos creado.  Ahora, tú debes saber que mi Voluntad es como un rey disfrazado en cada una de las cosas creadas, si las criaturas lo reconocen bajo aquellos vestidos, se revela y abunda en el dar sus actos divinos y sus dones reales, que sólo puede dar este Emperador Celestial; si no es reconocido, se queda inobservado, escondido sin hacer estrépito, ni alarde de su real persona, ni abunda en el dar sus dones, que sólo puede dar un Querer tan santo, y las criaturas tocan la vestidura, pero de Él y de sus dones no saben nada y nada reciben, y mi Fiat queda con el dolor de no haber sido reconocido, y con la pena de no haber dado sus dones divinos, porque no conociéndolo faltaba la capacidad y la voluntad de recibir dones reales.  Yo hago como un rey, que disfrazándose va en medio a los pueblos; si le ponen atención, a pesar de que no lleva los vestidos reales lo conocerán por los modos, por el rostro, y poniéndose a su alrededor le darán los honores de rey y pedirán dones y favores, y el rey premiará la atención de aquellos que lo reconocen disfrazado, y les dará de más de lo que quieren; a aquellos que no lo reconocen pasará inobservado sin darles nada, mucho más, que ellos mismos no le piden nada creyéndolo uno cualquiera del pueblo.  Así hace mi Voluntad cuando es reconocida bajo las vestiduras de las cosas creadas, Ella se revela y no espera como el rey a que le pidan dones y favores, sino que Ella misma dice:  ‘Estoy aquí, ¿qué quieres?’  Y sobreabunda en el dar dones y favores celestiales, y sigue más adelante del rey, bilocándose da a la criatura que la ha conocido su misma Vida, lo que no hace el rey.  Ahora, también tú puedes decir soy Voluntad de Dios, y hacer de ti la cáscara, la vestidura que esconda a mi Divina Voluntad, no sólo si la reconoces en todas las cosas creadas, sino si la reconoces en ti, si le das el dominio en todos tus actos, y todo lo que hace la cáscara de tu ser lo pones a su servicio para hacer crecer su Vida en ti, Ella te llenará tanto, que no quedará de ti más que el solo vestido, y se servirá de él para cubrirse y serás más feliz que todas las cosas creadas, porque serás el velo viviente, que dividirás junto con Ella sus alegrías, su felicidad, y también sus infinitos dolores, porque quiere ser vida de cada criatura, pero ingratas no le dan el pleno dominio.  En suma, harás siempre vida junto, haciéndoos perenne compañía, formando una sola vida”.

(5) Después de esto continuaba siguiendo los actos hechos por la Divina Voluntad en la Creación, y como está siempre en acto de crearla en virtud de la conservación que incesantemente ejercita en cada cosa creada, yo la encuentro siempre en el acto creante, para decir con los hechos a todos y a cada uno:  “Cuánto os amo, propiamente por ti estoy creando toda esta máquina del universo, ¡ah, reconoce cuánto te amo!”  pero lo que más me sorprendía era que el eterno Fiat me esperaba, me quería junto en el acto creante para decirme:  “Ven en mi acto, hagamos juntos lo que estoy haciendo”.  Yo me sentía toda confundida, y mi eterno amor Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(6) “Pequeña hija de mi Querer, ánimo, ¿por qué te confundes?  En mi Voluntad no hay tuyo ni mío, el acto del uno debe unificarse con el del otro y hacer uno solo, es más, en cuanto la criatura entra en nuestro Querer, queda confirmada en el acto que mi Fiat está haciendo.  Es tanto su amor, sus industrias amorosas, que quiere decir a la criatura:  ‘Lo hemos hecho juntos’.  Así que el cielo distendido, el sol resplandeciente de luz y todo lo demás, es tuyo y mío, tenemos derechos en común, por eso tengo siempre presente el acto, porque quiero a la criatura junto Conmigo, aquella por la cual, sólo por amor suyo estoy siempre obrando, para oír que me dice en el mismo acto que estoy haciendo:  ‘Te amo, te amo, te amo’.  No tener un te amo en obras tan grandes y maravillosas, no ser reconocido, sería como si nuestro amor quedase vencido, ¡pero no, no!  Entre tantos debemos encontrar alguno que esté junto con Nosotros amando y obrando, que nos dé la pequeña correspondencia, para hacer que nuestro amor encuentre su desahogo y su felicidad por parte de la criatura, y en cuanto ella entra en nuestro Fiat, queda confirmada y vinculada en sus actos divinos, en modo que su virtud vinculadora vincula a Dios y a la criatura.

(7) Y así como en la Creación, así en la Redención no hay actos pasados, sino todos son actos en acto y presentes; para el Ente Supremo el pasado y el futuro no existen, así que tu Jesús está siempre en acto de concebir, de nacer, de llorar, de sufrir, de morir y resucitar, todos estos actos míos en acto continuo, sin cesar jamás, asedian a cada una de las criaturas, la ahogan de amor, y por desahogo de mi ardiente amor voy repitiendo:  ‘Mira, sólo por ti desciendo del Cielo y me concibo y nazco, y tú, ven a quedar concebida junto Conmigo, para nacer junto Conmigo a la nueva vida que te trae tu Jesús, mírame, lloro por ti, sufro por ti, ten piedad de mis lágrimas y de mis penas, suframos juntos a fin de que repitas lo que hice Yo, y modeles tu vida con la mía para poderte decir:  ‘Lo que es mío es tuyo, eres la repetidora de mi Vida’.  Y así si muero, la llamo a morir junto Conmigo, pero no para hacerla morir, sino resurgir con la misma Vida de Aquél que tanto la ama.  Por lo tanto mi Vida es continuamente repetida, un amor pasado o futuro no me satisfaría, ni sería amor y redención de un Dios, es el acto presente el que tiene virtud de herir, de conquistar y de disponer a exponer la vida por amor de quien en acto la está poniendo por ella.  Pero hay una gran diferencia por parte de las criaturas, quien me escucha y toma todo lo que hemos hecho tanto en la Creación cuanto en la Redención, en acto de hacerlo, forma su vida junto con Nosotros, siente correr en sus actos nuestros actos divinos, todo habla de Dios para ella.  En cambio quien las mira como cosas pasadas, sólo tiene el recuerdo, y el recuerdo no ha formado ni Vida Divina, ni heroísmo de santidad.  Por eso toma las cosas como en realidad son, siempre en acto, para amarte siempre y siempre amarme”.

 

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32-2

Marzo 19, 1933

 

Alimento que da a la criatura el Ser Supremo, que sirve

para hacer crecer al alma y hacer crecer la Vida Divina en

el alma.  La Divina Voluntad, depositaria de todos y de todo

 

(1) Estoy siempre en poder del Fiat Divino, su amor es tanto, que no me deja un instante sin alimentar mi pobre mi alma, pero para alimentarme me quiere Consigo en poder de sus actos, para preparar juntos el alimento que quiere darme.  Después, siguiendo sus actos me he detenido en el acto cuando Dios creaba al hombre, y mi sumo Bien Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, nuestra bondad suprema no se contentó con amar al hombre, con darle todo el universo a su disposición, sino que para dar desahogo a nuestro intenso amor, poníamos nuestras cualidades divinas para alimentar su alma, así que poníamos nuestra potencia, sabiduría, bondad, amor, santidad, fuerza, como su alimento celestial y divino.  Así que cada vez que venía a Nosotros le poníamos nuestra mesa celestial para alimentarlo y saciarlo; no hay cosa que más nos una, nos identifique con la criatura que el alimento, el cual llega a convertirse en sangre, calor, fuerza, crecimiento y vida de ella, así nuestra Divinidad, queriendo alimentarla con nuestras cualidades divinas, se hacía calor, fuerza, crecimiento y vida de la criatura.  Pero esto no bastó, este alimento digerido no sólo hacía crecer a la criatura toda bella y santa con las virtudes de los alimentos que tomaba, sino que servía para hacer crecer la Vida Divina, la cual no se adapta a alimentos humanos, sino que quiere sus mismos alimentos divinos para crecer y formar su misma Vida en el fondo del interior del alma.  Mira, ¿se puede dar amor más grande, unión más íntima e inseparable, que exponer nuestro Ser Divino, nuestras cualidades inmensas e infinitas por alimento, para hacerla crecer con nuestras similitudes?  Y además, servirnos de ellas para suministrarle los alimentos para no hacernos quedar en ayunas en su alma, y así pueda decir:  ‘Dios alimenta mi alma, y yo con el alimento que me da alimento su Vida y la hago crecer en mí’.  El amor sólo está contento cuando puede decir:  ‘Tú me has amado, y yo te he amado; lo que tú has hecho por mí, yo lo he hecho por ti’.  Y como sabemos que la criatura no nos puede igualar jamás, le damos de lo nuestro, y así igualamos las partes y quedamos contentos y felices, ella y Nosotros, porque el verdadero amor sólo se siente feliz y satisfecho cuando puede decir:  ‘Lo que es tuyo es mío’.  Y no creas que esto fue para el primer hombre, lo que hacemos una vez lo continuamos siempre, todavía ahora estamos a disposición de las criaturas, cada vez que se une con nuestra Voluntad, que pierde la suya en la nuestra, que la hace dominar, son como tantas visitas que viene a hacer a nuestro Ser Supremo, y Nosotros, ¿la dejaremos ir en ayunas?  ¡Ah! no, no sólo la alimentamos, sino que le damos de lo nuestro, a fin de que tenga alimentos suficientes para crecer como nuestro Querer la quiere, y a fin de que no le falten los medios necesarios para hacer crecer siempre más nuestra Vida en ella.  Mucho más, que por parte nuestra no le hacemos faltar jamás nada, más bien damos siempre en modo sobreabundante, si falta alguna cosa será siempre por parte de la criatura, pero por Nosotros, jamás”.

(3) Después de esto mi pobre mente continuaba a perderse en el Querer Divino, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, mi Divina Voluntad es depositaria de todo lo que ha sido hecho por Nosotros, y de todo lo que han hecho las criaturas, ni siquiera un pensamiento, una palabra, las obras más grandes como las más pequeñas, los pasos, los latidos, los respiros, las penas, todo lo tiene depositado en Ella, nada se le escapa, así que todo lo que tú haces toma puesto en mi Voluntad, ni tú puedes esconder nada, porque con su inmensidad te envuelve, con su potencia es actriz de todo lo que tú haces, y con sus derechos divinos es dueña de poseer, de conocer, y de conservar todo lo obrado por las generaciones humanas, y de premiarlas y de castigarlas según merezcan.  Es tanta su bondad y potencia al mismo tiempo, que así como no pierde ni una estrella, ni una gota de luz que posee el sol, ni una gota de agua del mar, así no pierde ni siquiera un pensamiento de criatura, y aunque lo quisiera perder no lo puede, su omnividencia lo encuentra en acto en su Voluntad.  ¡Oh! si las criaturas comprendiesen que una Voluntad Divina recibe en depósito todo lo que hacen y piensan, cómo estarían atentas a que todo fuese santo y recto, y llamarían a esta Voluntad Suprema como vida de todo lo que hacen, a fin de que ningún juicio desfavorable pudiesen recibir sus actos, porque estarían en depósito en el mismo Querer Divino como actos y efectos suyos, a los cuales nadie puede tener la audacia de juzgarlos, y serán premiados como actos de un Querer Divino obrante en la criatura.

(5) Además de esto, como la Divina Voluntad es depositaria de todos y de todo, así la voluntad humana es depositaria de todos sus pensamientos, palabras, obras y pasos, etc., nada pierde de todo lo que hace, más bien forman una sola cosa con ella, y queda escrito y sellado con caracteres imborrables cada uno de los pensamientos, palabras, penas sufridas, todo; se puede dar que la memoria no lleve cuenta de todo, muchas cosas las ha olvidado, pero la voluntad todo esconde y nada pierde, así que es la depositaria y portadora de todos sus actos.  Así que el Querer Divino es depositario y portador de todos y de todo, y el querer humano es depositario y portador individual de sí mismo.  ¡Qué triunfo será eternamente, qué honor y gloria de quien santamente ha pensado y obrado!  Y qué confusión de quien ha depositado en el querer humano pecados, pasiones, obras indignas, y se volverá él mismo portador de sus mismos males.  Y si los males son graves será pasto de las llamas infernales, y si menos graves, será pasto de las llamas purgantes, que por camino de fuego y de penas purificarán aquella voluntad humana ensuciada, pero no podrán restituirle el bien, las obras santas que no ha hecho.  Por eso sé atenta, porque todo viene numerado y escrito, ni tú ni Nosotros perdemos nada, aun un pensamiento, una palabra, tendrá su vida perenne, y serán como fieles amigos e inseparables de la criatura, por eso es necesario que te formes los amigos santos y buenos, a fin de que puedan darte paz, felicidad y gloria perenne”.

 

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32-3

Marzo 26, 1933

 

La pequeñez en la Voluntad Divina.  Cómo las obras más grandes, Dios

las hace gratuitamente.  Ejemplo:  la Creación y Redención, así el reino

de la Divina Voluntad.  En la Encarnación los Cielos se abajan.

 

(1) Me siento como asediada, investida por la luz del Eterno Querer, mi pequeñez es tanta, que temiendo de mí misma no hago otra cosa que esconderme siempre más en esta dulce morada.  ¡Oh! cómo desearía destruir esta mi pequeñez, a fin de no sentir otra cosa que al Querer Divino, pero comprendo que no lo puedo, ni Jesús quiere que sea del todo destruida, sino que la quiere pequeña, pero viva, para poder obrar dentro de un querer vivo, no muerto, para poder tener su pequeño campito de acción en mi pequeñez, la cual siendo pequeña, incapaz, débil, con razón debe prestarse a recibir el gran obrar del Fiat Divino.  Ahora, en esta morada a veces todo es silencio, pacífico, con una serenidad que ni siquiera un soplo de viento se siente, otras veces sopla un leve vientecillo que refresca y fortifica, y el Celestial Habitante Jesús se mueve, se deja ver, y con todo amor habla de su morada y de lo que ha hecho y hace su amable y adorable Querer.  Mientras estaba en esto, mi amada Vida haciéndose ver me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, tú debes saber que la pequeñez de la criatura nos sirve como espacio donde poder formar nuestras obras, nos sirve como la nada de la Creación, y porque es nada, llamamos a vida dentro de ella nuestras obras más bellas; queremos que esta pequeñez esté vacía de todo lo que a Nosotros no pertenece, pero viva, a fin de que sienta cuánto la amamos, y sienta la vida de las obras de nuestra Voluntad que desarrolla en ella, por eso te debes contentar con quedar viva sin que tú seas la dueña, porque éste es el gran sacrificio y heroísmo de quien vive de Voluntad Divina, sentirse viva para sufrir el dominio divino, a fin de que haga lo que quiere, como quiere, cuanto quiere, éste es el sacrificio de los sacrificios, el heroísmo de los heroísmos.  ¿Te parece poco sentir la vida del propio querer para servirse no a sí mismo, como si no tuviera derechos, perder la propia libertad voluntariamente para que sirva a mi Voluntad, dándole sus justos derechos?”

(3) Jesús ha hecho silencio, y después, como si leyera en mi alma ciertas dudas pasadas mías acerca de la Divina Voluntad, ha agregado:

(4) “Hija mía, las más grandes obras hechas por nuestro Ente Supremo, todas han sido hechas gratuitamente, sin tomar en cuenta si las criaturas se las merecían o nos lo sugirieran; si pusiéramos atención a esto nos convendría atarnos los brazos y no hacer más obras, porque las criaturas ingratas no nos glorificarían; y quedarnos sin ni siquiera tener el bien de hacernos glorificar y alabar por nuestras mismas obras, ¡ah no, no! una sola obra nuestra nos glorifica más que todas las obras unidas juntas de todas las generaciones humanas, un acto cumplido de nuestra Voluntad llena Cielo y tierra, y con su virtud y potencia regenerativa y comunicativa nos regenera tanta gloria que no termina jamás, y que a las criaturas apenas las gotitas les es dado comprender.  En efecto, ¿qué mérito tenía el hombre cuando creamos el cielo, el sol, y todo lo demás?  Él no existía aún, nada nos podía decir, así que la Creación fue una obra grande, de magnificencia maravillosa, toda gratuita de Dios.

(5) Y la Redención, ¿crees tú que el hombre la mereciese?  De ninguna manera, fue toda gratuita, y si nos rogó fue porque Nosotros le hicimos la promesa del futuro Redentor, y no fue él el primero en decírnoslo, sino Nosotros, era nuestro decreto todo gratuito que el Verbo tomase humana carne, y fue cumplido cuando el pecado, la ingratitud humana galopaban y llenaban toda la tierra, y si alguna cosa pareció que hacían, eran apenas gotitas que no podían bastar para merecer una obra tan grande, que da en lo increíble, que un Dios se haga similar al hombre para ponerlo a salvo, y que por añadidura lo había ofendido tanto.

(6) Ahora, la obra grande de hacer conocer mi Voluntad a fin de que reine en medio a las criaturas, será una obra nuestra toda gratuita; y aquí está el engaño, que creen que habrá mérito y la parte de las criaturas, ¡ah! sí, estará, como las gotitas de los hebreos cuando vine a redimirlos, pero la criatura es siempre criatura, por eso nuestra parte será toda gratuita, que abundándola de luz, de gracia, de amor, la arrollaremos en modo que sentirá una fuerza jamás sentida, amor jamás probado, sentirá más viva nuestra Vida palpitante en su alma, tanto, que le será dulce el hacer dominar a nuestra Voluntad.  Esta nuestra Vida existe todavía en el alma, le fue dada por Nosotros desde el principio de su creación, pero está tan reprimida y escondida, que está como si no la tuviese, está como el fuego bajo las cenizas, que cubierto y como aplastado bajo de ellas no hace sentir el beneficio de la vida de su calor, pero supón que un viento fuerte aleja las cenizas del fuego, y éste hace ver y sentir su vida; así el viento fuerte de la luz de mi Fiat pondrá en fuga los males, las pasiones, que como cenizas esconden la Vida Divina en ellas, y sintiéndola viva tendrán vergüenza de no hacer dominar a nuestra Voluntad.  Hija mía, el tiempo dirá todo, y los que no creen quedarán confundidos”.

(7) Después de esto seguía la Divina Voluntad en la Encarnación del Verbo, para hacer correr mi amor, mi adoración y agradecimiento en este acto tan solemne y lleno de ternura y de amor excesivo que, Cielo y tierra son sacudidos y quedan mudos, no encontrando palabras dignas para alabar un exceso de amor tan sorprendente, y mi dulce Jesús con una ternura que me hace romper el corazón me ha dicho:

(8) “Hija amadísima, en mi Encarnación fue tanto el amor, que los Cielos se abajaron y la tierra se elevó; si los Cielos no se abajaban, la tierra no tenía virtud de elevarse, fue el Cielo de nuestro Ente Supremo que llevado por un exceso de amor, el más grande jamás oído, se abajó, besó la tierra elevándola a Sí, y se formó las vestiduras de mi Humanidad para cubrirse, ocultarse, identificarse, unificándose juntos para hacer vida común con ella; y formando no un solo exceso de amor, sino una cadena de continuos excesos, restringía mi inmensidad en el pequeño cerco de mi Humanidad, para Mí la potencia, la inmensidad, la fuerza, eran naturaleza, y usarlas no me habría costado nada, lo que me costó fue que en mi Humanidad debía restringir mi inmensidad y quedarme como si no tuviese ni potencia, ni fuerza, mientras estaban conmigo e inseparables de Mí, y debía adaptarme a los pequeños actos de mi Humanidad, y sólo por amor, no porque no podía, así que descendí en todos los actos humanos para elevarlos y darles la forma y el orden divino.  El hombre con hacer su voluntad destruyó en sí el modo y el orden divino, y mi Divinidad cubierta por mi Humanidad vino a rehacer lo que él había destruido; ¿se puede dar amor más grande hacia una criatura tan ingrata?”

 

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32-4

Abril 2, 1933

 

El respiro y el latido de Dios es el “te amo”.  Su amor es generativo

y obrante.  El más grande prodigio es encerrar su Vida en la criatura.

 

(1) Mi pequeña alma siente la necesidad extrema de vivir entre los brazos del Fiat Divino, y como soy recién nacida apenas, soy débil y no sé dar un paso por mí misma, y si quisiera probar a hacerlo no tendría éxito, y corro peligro de hacerme mal, por eso, temiendo de mí misma me abandono de más en sus brazos diciéndole:  “Si quieres que haga, hagámoslo juntos, porque por mí no sé hacer nada”.  Y entonces siento en mí un amor continuo, un movimiento, un respiro que no son míos, pero tan fundidos que no sé decir bien si es mío o no es mío, y mientras estaba pensativa, mi soberano Jesús sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que nuestro Ser Divino no es otra cosa que una sustancia toda de amor, así que como consecuencia, todo, dentro y fuera de Nosotros, todo es amor, por lo que nuestro respiro es amor, y el aire que respiramos es amor; nuestro latido es amor, y mientras palpitamos amor, forma la circulación de puro amor en nuestro Ser Divino, con una carrera que no se detiene jamás, y esta circulación mientras conserva nuestra Vida en el puro y perfecto equilibrio de amor, da amor a todos y quisiera amor de todos, y todo lo que no es amor no entra en Nosotros, ni puede entrar, ni encontraría el lugar donde ponerse, la plenitud de nuestro amor quemaría todo lo que no fuese puro y santo amor.  ¿Pero quién dirige esta nuestra Vida toda de amor?  La luz, la santidad, la potencia, la omnividencia, la inmensidad de nuestra Voluntad que llena Cielo y tierra de nuestro Ser Supremo, de manera que no hay punto donde no se encuentre, porque no sabe hacer otra cosa que amar y dar amor, pero no es un amor y Voluntad estéril, no, no, es fecundo y genera continuamente, es obrante y dentro de un solo respiro de amor forma las obras más bellas y maravillosas, los prodigios más inauditos, tanto, que todas las ciencias humanas se sienten ignorantes ante nuestra más pequeña obra, y confundidas enmudecen.  Ahora escúchame hija buena, el gran prodigio de nuestra Vida en la criatura, que ningún otro, por cuanto amor y potencia tenga puede decir:  ‘Yo puedo bilocarme, y mientras quedo lo que soy, puedo formar otra vida mía dentro de una persona que amo’.  Sería una locura y un absurdo el decirlo, ni el ángel, ni el santo tienen este poder, sólo tu Dios, tu Jesús tiene este poder, porque nuestro Ser es plenitud, es totalidad, es todo y llena todo, y en la inmensidad en la cual se encuentra, que todo envuelve, respira y con un simple respiro formamos nuestra Vida Divina en la criatura, y nuestra Voluntad la domina, la alimenta, la hace crecer y forma el gran prodigio de encerrar nuestra Vida Divina en el pequeño cerco del alma de la criatura.  He aquí el por qué tu ‘te amo’ continuo es nuestro, es el respiro de nuestra Vida, es nuestro latido que no sabe palpitar otra cosa que te amo, te amo, te amo, esto sirve al mantenimiento de nuestra Vida, que no sabe hacer otra cosa que amar, dar amor y querer amor, así que mientras es nuestro este ‘te amo’, es nuestro respiro y también tuyo, que mientras te damos amor nos das amor, y fundidos juntos se entrelazan nuestro ‘te amo’ con el tuyo, se encuentran, se identifican y se escucha un solo ‘te amo’, mientras que son dos, que raptándose mutuamente forman uno solo.  ¿Pero quién siente esta Vida viva y palpitante en ella?  Quien vive en nuestra Voluntad, ella siente la nuestra, y Nosotros sentimos la suya, y hacemos vida juntos, todas las otras criaturas la tienen ahogada y viven como si no la tuviesen, y mi amor da y no recibe, y vivo en ellos con un amor doliente y delirante, sin ni siquiera conocerme que estoy en ellos, por eso sé atenta y tu ‘te amo’ sea continuo, porque no es otra cosa que un desahogo del mío”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en la Creación, y en virtud de la inmensidad de la Divina Voluntad, sentía su Vida palpitante en las cosas creadas, que con amor indecible esperaba el latido del “te amo” de mi pequeñez.  Entonces yo pensaba entre mí:  “¿Cuál será la diferencia que hay entre el modo en el cual Dios está en la Creación, y el modo con el cual está en el alma de la criatura?”  Y mi siempre amable Jesús, todo bondad ha agregado:

(4) “Hija mía, hay una gran diferencia entre la una y la otra:  En las cosas creadas nuestra Divinidad está en acto creante y conservante, ni agrega ni quita nada de lo que ha hecho, porque cada una de las cosas creadas posee la plenitud del bien que encierra, el sol posee la plenitud de la luz, el cielo la totalidad de la extensión de su manto azul, el mar la plenitud de las aguas, y así de todo lo demás, todos pueden decir:  ‘No tenemos necesidad de nada, es tal la abundancia que poseemos, que podemos dar sin agotarnos, y por eso damos gloria perfecta a nuestro Creador’.  En cambio en la criatura humana, nuestro acto divino es creante, conservante, obrante y creciente, nuestro amor no dijo basta para ella, no, sino que quiere siempre dar y obrar cosas nuevas, y si nos corresponde, nuestra virtud obrante está siempre en movimiento, ahora le damos nuevo amor, ahora nueva luz, ahora nueva ciencia, nueva santidad, nueva belleza, nuestra virtud obrante no cesa jamás, queremos dar siempre, y con el dar obramos.  Con crear a la criatura abríamos el comercio entre el Cielo y la tierra y poníamos en tráfico nuestro modo obrante, Nosotros a dar y ella a recibir, y lo que es más, la queremos junto a obrar, no queremos hacerlo solos, si fuésemos capaces de dolor, nos amargaría nuestra felicidad si no la tuviésemos junto con Nosotros, y de nuestro amor y acto obrante surge nuestro acto siempre creciente, así que la criatura está bajo la lluvia de nuestro amor y acto creante, conservante, obrante y creciente”.

 

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32-5

Abril 9, 1933

 

Es tanto el amor divino, que llega a agotarse en sus obras.  Celo

de la Divina Voluntad.  El pequeño camino de la criatura en Ella.

 

(1) El Querer Divino se extiende siempre en torno a mí y dentro de mí, el celo de su luz maravillosa es tanto, que no quiere que entre en mí sino lo que le pertenece, para hacerme cumplir y crecer la Vida de la Divina Voluntad, y para hacerme mirar sus modos divinos a fin de que los pudiese copiar, contentándose con suministrarme lo que se necesita para poderme decir:  “Las obras de nuestra hija serán pequeñas, porque la criatura jamás nos puede alcanzar, pero están modeladas y semejan a las nuestras”.  Pero mientras mi mente seguía la luz de la Divina Voluntad, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía, un acto sólo se dice completo cuando quien obra agota en él todo lo que era necesario para cumplirlo, si falta alguna cosa, o se puede agregar algo, jamás se puede decir obra completa.  Así ha sido siempre nuestro modo de obrar, hemos agotado todo:  Amor, potencia, maestría, belleza, para volver plena, perfecta, completa la obra salida de Nosotros.  No que Nosotros nos agotemos, porque el Ente Supremo no se agota jamás, pero en la obra que hemos hecho, nada entraba de más para volverla completa, y si quisiéramos poner de más, habría sido inútil y no provechoso lo que podíamos meter.  Esto lo hemos hecho en la obra de la Creación, en la Redención, y de los designios que hacemos de la santidad de cada una de las criaturas.  ¿Quién puede decir que le falta alguna cosa a la Creación?  ¿Quién puede decir que nuestro amor obrante no se agotó en la Redención, que fue tanto, que aún hay mares interminables que las criaturas pueden tomar y que no han tomado, y estos mares rebosan en torno a ellas porque quieren darles su fruto, esconderlas en sus olas para hacer que el amor, las obras, las penas infinitas del Dios humanado tomen vida en ellas?  Si no nos agotamos no estamos contentos, el amor agotado nos trae el reposo y la felicidad, pero si tenemos algo más que dar, que hacer en nuestras obras, nos deja como despiertos, somos todo ojo, nuestro Ser Divino está todo en movimiento sobre lo que estamos haciendo, para dar tanto, hasta en tanto que no encuentre nuestro acto cumplido con la plenitud de nuestro agotarnos.  Ahora, en la Creación y en la Redención no hubieron oposiciones a nuestro amor, ni impedimento para podernos agotar para volver completas nuestras obras, porque obrábamos independiente de todos, ninguna voluntad humana entró en medio para impedirnos el podernos agotar como queríamos, toda la lucha la sufrimos por parte de las criaturas, por cada uno de los diseños de santidad que queremos cumplir de ellas, y ¡oh! en qué estrechuras nos ponen si la voluntad humana no está unida con la nuestra, si no se da en nuestras manos en modo que podamos manejarla como queremos para darle la forma establecida por Nosotros, para cumplir nuestros designios y así agotarnos con formar nuestro acto completo, ¡ah! Nosotros no podemos dar lo que queremos, sino apenas las migajas, las pequeñas chispas de nuestro amor, porque el querer humano está siempre en acto de rechazarnos y de hacernos la guerra. Por eso cuando encontramos una voluntad que se presta, abundamos, sobreabundamos tanto en el dar, que nos ponemos sobre de ella más que una madre sobre su niño, para hacerlo crecer bello y gracioso, para poder formar de él su gloria, el honor del niño y el bien del mundo entero.  Así Nosotros, no la dejamos un instante, damos siempre para tenerla no sólo ocupada, sino para no darle tiempo de poderse ocupar de otra cosa, de modo que podemos decir:  ‘Todo es nuestro, podemos agotarnos sobre de esta criatura’.  Y como nuestro amor es exigente, con justicia quiere que ella, en todos sus actos, ponga todo lo que puede:  Su amor, toda su vida, para poder decir:  ‘Tú te has agotado por mí, tanto, que no puedo contener lo que me has dado, así también yo me agoto por Ti’.  Y así va modelándose con nuestras obras, y copia nuestros actos divinos.  Es por esto el celo de la Voluntad Divina, la luz que te golpea dentro y fuera de ti, porque quiere todo para Sí, y que tu voluntad mientras la sientes viva, no debe tener vida, a fin de que la mía forme su Vida en ella y cumpla sus actos divinos, y así poderse dar la gloria de que todo lo que quería dar ha dado; me he agotado en esta criatura y ella se ha agotado por Mí.  No hay felicidad más agradable, ni fortuna más grande, que el agotamiento de ambas partes, de Dios y de la criatura, ¿pero quién produce todo este bien?  Un acto de nuestra Voluntad obrante y cumplida”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en el Fiat Divino, y siguiendo sus actos he llegado al edén, donde el amor divino me ha detenido, y el soberano Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, nuestro Ser Divino es luz purísima, y nuestros atributos tantos soles distintos el uno del otro, pero tan unificados juntos e inseparables, que nos hacen corona.  Ahora, al crear a la criatura, venía puesta en estos soles inmensos para formar su pequeño camino; pero, ¿quién viene a formar este pequeño camino?  Quien vive de nuestra Voluntad.  Nuestros atributos divinos se alinean a derecha e izquierda de ella, le hacen valla para darle el paso y hacerla caminar, para hacerla formar su pequeño camino, y mientras camina no hace otra cosa que recoger gotitas de luz, de las cuales queda toda embellecida, y es un encanto el verla, así que se alimenta de luz, la luz la embellece, y ella no se entiende ni sabe hablar de otra cosa sino de luz.  Mis atributos se cierran a su alrededor y aman a esta criatura como a la pupila de sus ojos, sienten la vida de ella en ellos, y su vida en ella, y se dan el trabajo de hacerla crecer cuanto más bella puedan, y de no dejarla salir un paso del camino que le han formado en su luz interminable, así que quien vive en nuestra Voluntad se puede llamar el pequeño camino en la Voluntad Divina, esto en el tiempo, pero en la eternidad no será el pequeño camino, sino largo, más bien no se detendrán jamás, porque esta luz no tiene término, y tendrán siempre camino para caminar, para tomar nuevas bellezas, nuevas alegrías, nuevos conocimientos de esta luz que jamás termina.  Nuestro amor más que nunca desahogó en este Edén al crear al hombre, y por cumplimiento de nuestro desahogo y para tenerlo más seguro, le formamos el camino a recorrer en la luz de nuestros atributos, pero él se salió porque no quiso hacer nuestra Voluntad, pero nuestra bondad fue tanta, que no cerró este camino, sino que lo dejó abierto a quien quiera vivir sólo de Voluntad Divina”.

 

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32-6

Abril 16, 1933

 

Cómo en todas las cosas creadas, Dios tiene siempre un

‘te amo’ que decirnos.  Cómo Jesús en todos los actos de

su Vida encerraba amor, conquistas y triunfos.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en el Querer Divino; siento que soy la pequeña mariposa que gira siempre en torno y dentro de su luz y de su amor ardiente, queriendo girar tanto, hasta que quede quemada y consumida por su luz divina, para llegar a sentirme una sola cosa con su Santísima Voluntad, y como el primer punto de partida es la Creación, sobre la cual mientras giro, encuentro siempre nuevas sorpresas de amor, por eso quedo maravillada, y mi sumo Jesús para hacerme comprender mayormente, me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo me es agradable tu giro en los actos que hizo nuestro Ser Supremo en la Creación, por eso me siento como raptado y obligado por mi amor a narrarte nuestra historia de amor que tuvimos en la Creación y en todo lo demás que hemos hecho sólo por puro amor hacia las criaturas; venir en nuestros actos es lo mismo que venir a nuestra casa, y no decirte nada de las tantas cosas que tenemos que decir, sería como mandarte en ayunas, lo que nuestro amor no sabe hacer ni quiere hacer.  Ahora, tú debes saber que nuestro Fiat se pronunció y extendió esta bóveda azul, y nuestro amor la entretejió de estrellas, poniendo en cada estrella un acto de amor continuo hacia las criaturas, así que cada estrella dice:  ‘Tu Creador te ama, no cesa jamás de amarte, estamos aquí, no nos apartamos ni siquiera un poco para decirte siempre te amo, te amo’.  Pero sigue adelante, nuestro Fiat creó el sol, lo llenó de tanta luz de poder dar luz a toda la tierra, y nuestro amor, poniéndose en competencia con el sol, lo llenó de tantos efectos, que son innumerables:  Efectos de dulzura, variedad de belleza, de colores, de gustos, los cuales la tierra, sólo porque es tocada por esta luz, recibe como vida estos admirables efectos y su admirable e incesante estribillo:  Te amo con mi amor de dulzura, te amo y quiero hacerte bella, quiero embellecerte con mis colores divinos, y si embellezco a las plantas por ti, a ti te quiero hacer más bella aún.  Mira, en esta luz desciendo hasta ti para decirte te amo con gusto, tomo gusto en amarte y soy todo oídos para oír que me dices te amo.  Puedo decir que el sol está lleno de mis continuos y repetidos te amo, pero ¡ay de Mí!  La criatura no se da ningún pensamiento, ni pone atención en recibir este nuestro amor incesante en tantos modos y variadas formas que bastarían para ahogarla y consumirla de amor, pero no nos detenemos, seguimos adelante, nuestro Fiat creó el viento, y nuestro amor lo llenó de efectos, así que la frescura, las oleadas, el silbido, los gemidos, los aullidos del viento, son repetidos te amo que decimos a la criatura, y en la frescura le damos nuestro amor refrescante, en las oleadas le damos la respiración con nuestro amor, hasta gemir y aullar con nuestro amor imperante e incesante, y así de lo demás.  El mar, la tierra, fueron creados por nuestro Fiat, los peces, las plantas que produce el mar y la tierra son los efectos de nuestro amor, que potentemente y repetidamente dice te amo en todas las cosas, te amo por todas partes, te amo en ti, y a tanto amor mío, ¡ah! no me niegues tu amor.  No obstante parece que no tienen oídos para escucharnos, ni corazón para amarnos, y por eso cuando encontramos quien nos escucha, la tenemos como desahogo de nuestro amor y como pequeña secretaria de la historia de la Creación”.

(3) Dicho esto ha hecho silencio, y yo continuaba en los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado a los de la Redención, mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, escucha mi larga historia de amor, podría decir que es una cadena interminable de amor incesante, jamás interrumpida:  Creé a la criatura para amarla, para tenerla unida Conmigo, y no amándola iría en contra de mi misma Voluntad, obraría contra mi misma naturaleza que es toda amor, y además, la creé porque sentía la necesidad de externar mi amor y de hacerle oír el dulce susurro continuo:  ‘Te amo, te amo, te amo’.  Tú debes saber que desde que fui concebido, y en todo el curso de mi Vida, en todos los actos que hacía, encerraba dentro amor, conquista, triunfo, mi obrar era muy diverso del de las criaturas, el hacer y no hacer, el sufrir, y no sufrir estaba en mi poder, mi omnividencia no me escondía nada, y Yo primero ponía mi Voluntad en mis actos, encerraba plenitud de santidad, plenitud de amor, plenitud de todos los bienes, y después, con todo conocimiento me disponía a obrar o sufrir, según Yo mismo quería, y con esto me volvía conquistador y triunfador de mis actos, ¿pero sabes para quien hacía estas conquistas y estos triunfos?  Para las criaturas, las amaba demasiado y quería dar, quería ser el Jesús vencedor, dándole Yo mismo mis conquistas y mis triunfos para vencerlos, así que mi Vida acá abajo no fue otra cosa que un acto continuo de amor heroico que jamás dice basta, de conquistas y de triunfos, para volver felices a mis hijos, y esto lo hacía en todo, si me ponía en camino, Yo tenía la virtud de poderme encontrar de una ciudad a la otra sin hacer uso de mis pasos, pero quise caminar para poner en cada paso mi amor, y así en cada paso que daba corría, corría y me volvía conquistador y triunfador de mis pasos, ¡oh! si las criaturas me pusieran atención, habrían oído en mis pasos el grito continuo:  ‘Corro, corro en busca de las criaturas para amarlas y para ser amado’.  Así si trabajaba con San José para procurar lo necesario a la vida, era amor que corría, eran conquistas y triunfos que hacía, porque me bastaba un Fiat para tener todo a mi disposición, y haciendo uso de mis manos para una pequeña ganancia, los Cielos quedaban admirados, los ángeles quedaban raptados y mudos al verme abajar a las acciones más humildes de la vida.  Así mi amor tenía su deshago, llenaba, desbordaba en mis actos, y Yo era siempre el divino conquistador y triunfador.  Para Mí el tomar el alimento no era necesario, pero lo tomaba para hacer correr más amor y hacer nuevas conquistas y triunfos, así que daba el curso a las cosas más humildes y bajas de la vida, que para Mí no eran necesarias, pero lo hacía para formar tantas vías distintas para hacer correr mi amor y formar nuevas conquistas y triunfos sobre mi Humanidad, para hacer de Ella un don a quien tanto amaba, y por eso, quien no recibe mi amor y no me ama, forma mi más duro martirio y pone en la cruz a mi amor.  Pero sigo adelante, para formar la Redención bastaba una lágrima, un suspiro, pero mi amor no habría quedado contento pudiendo dar y hacer de más, habría quedado obstaculizado en sí mismo y no habría podido darse la gloria de decir:  ‘Todo he hecho, todo he sufrido, todo te he dado, mis conquistas son sobreabundantes, mi triunfo es completo’.  Puedo decir que he llegado hasta confundir a la ingratitud humana con mi amor, con mis excesos y con penas inauditas, por eso, Yo mismo en cada pena ponía la intensidad del dolor más intenso y acerbo, las confusiones más humillantes, las barbaries más crueles, y después de que las circundaba de todos los efectos más dolorosos, que sólo un Hombre y Dios podía sufrir, me exponía a sufrirla, y ¡oh! las admirables conquistas en mis penas y el pleno triunfo que hacía mi amor, ninguno habría podido tocarme si Yo no lo quisiera, y aquí está todo el secreto, mis penas eran voluntarias, queridas por Mí, y por eso contienen el milagroso secreto, la fuerza vencedora, el amor que compunge, y tienen virtud de arrollar todo el mundo y cambiar la faz de la tierra”.

 

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32-7

Abril 23, 1933

 

La Vida de Jesús fue un continuo abandono en las manos del Padre.

Quien vive en la Divina Voluntad jamás interrumpe su camino.

Ejemplo del reloj.  Toma el Cielo en un puño y por asalto.

 

(1) Continúo pensando en las penas de mi apasionado Jesús, y habiendo llegado al último instante de su Vida, he oído resonar en el fondo de mi corazón:  “En tus manos, ¡oh! Padre, encomiendo mi espíritu”.  Era la más sublime lección para mí, el llamado a todo mi ser en las manos de Dios, el pleno abandono en sus brazos paternos, y mientras mi mente se perdía en tantas reflexiones, mi penante Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi Vida acá abajo, como comenzó así terminó, desde el primer instante de mi concepción fue un acto mío continuado, puedo decir que a cada instante me ponía en las manos de mi Padre Celestial, era el homenaje más bello que le daba su Hijo, la adoración más profunda, el sacrificio más heroico y completo, el amor más intenso de filiación que le daba; mi pleno abandono en sus manos volvía mi Humanidad hablante, y con voz imperante, que pedía todo y obtenía todo lo que Yo quería; mi Padre Celestial no le podía negar nada a un Hijo suyo abandonado en sus brazos, mi abandono de cada instante era el acto más agradable, tanto, que quise coronar el último aliento de mi Vida con las palabras:  ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’.  La virtud del abandono es la virtud más grande, es comprometer a Dios a que tome el cuidado del abandonado en sus brazos, el abandono dice a Dios:  ‘Yo no quiero saber nada de mí mismo, esta mi vida es tuya, no mía, y la tuya es mía’.  Por eso si quieres obtener todo, si me quieres amar de verdad, vive abandonada en mis brazos, hazme oír el eco de cada instante de mi Vida:  ‘En tus manos toda me abandono’.  Y Yo te llevaré en mis brazos como la más querida de mis hijas”.

(3) Después de esto estaba siguiendo todo lo que ha hecho la Divina Voluntad, y sentía sus actos en mí, en orden, uno después del otro, y yo debía seguirlos.  Entonces yo he quedado sorprendida, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que quien hace mi Divina Voluntad y vive en Ella, no puede hacer menos que tener siempre presente todos los actos hechos por la misma Voluntad, porque Ella tiene todo en Sí y siempre en acto todo lo que ha hecho, por lo tanto, no es maravilla que en el alma donde Ella reina tenga todos sus actos con todo el orden que ha tenido al crearlos, y la criatura con toda facilidad los sigue uno por uno para unirse junto, como si quisiera hacer lo que ha hecho mi misma Voluntad; si se encuentra junto, ¿cómo puede abstenerse de hacer lo que Ella hace, y de poner en campo de acción, fundida con Ella, su pequeño amor, su adoración, su gracias, sus atenciones y maravillas por obras tan grandes?

(5) Es más, tú debes saber que mi Voluntad da la cuerda al alma, y ella se presta a recibirla, en esta cuerda vienen tomadas todas nuestras obras, y ella siguiendo la cuerda, sigue y se pone al día en todas nuestras obras.  Sucede como al reloj, si se da cuerda mueve las manecillas, señala los minutos, las horas, y quien lo posee tiene el bien de conocer todas las horas del día, pero si no se le da cuerda, el reloj nada señala, es como si no tuviera vida, y quien lo posee no tiene el bien de conocer las distintas horas de la jornada.  Ahora, a quien hace reinar nuestra Voluntad, la podemos llamar nuestro reloj, que dándole la cuerda señala los minutos y las horas de nuestras obras, y tiene el bien de estar en conocimiento de las horas del día de nuestra Divina Voluntad.  Ahora, si se le da cuerda, el reloj camina hasta que se termina la cuerda, no interrumpe su camino, así el alma si recibe la cuerda de mi Voluntad, debe hacer su camino, y si se quiere detener no puede, porque la cuerda mueve los engranes de su alma y la hace seguir adelante en el gran día de las horas de nuestras obras.  Por eso sé atenta para recibir el gran bien de esta cuerda divina si quieres conocer las horas del día del Fiat Supremo.  Mucho más que cuando el alma se dispone a hacer mi Voluntad y seguirla, todo lo que Ella ha hecho, hace competencia para entrar en aquél acto, porque siendo un acto solo, no tiene actos separados, por eso todo lo que ha hecho en el orden de la Creación, de la Redención, en los ángeles, en los santos, todo encierra en la obra de la criatura que obra en Ella, porque si se da, no se da a mitad, sino toda entera, y así como el sol si se da a la tierra, no se da a mitad, sino todo entero, con la plenitud de su luz, y por eso suceden maravillas sobre la faz de la tierra, así mi Voluntad, si la criatura la llama como vida en sus actos, Ella se da con toda la plenitud de su luz, santidad, potencia y obras suyas, si no llevase todo, sería entrar en la criatura y en sus actos como un rey sin cortejo, sin ejército, sin potencia creadora, y por lo tanto tener ociosas nuestras maravillas que podemos hacer, ¡ah, no, no!  Quien obra en nuestra Voluntad debe poder decir:  Tomo el Cielo en un puño, tomo el Cielo por asalto y lo encierro en mi acto”.

 

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32-8

Abril 29, 1933

 

Quien hace el querer humano toma tierra, y quien hace el Divino toma Cielo.

Cómo Jesús sabe hacer todas las artes.  Gusto que toma en trabajar.

La criatura es la noble princesa que desciende de la altura del Cielo.

 

(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, siento que para mí es una extrema necesidad el vivir en Él, y si no lo hiciera me sentiría faltar la tierra bajo los pies, el cielo sobre la cabeza, el aire para respirar, el sol que me ilumina y calienta, el alimento que me nutre, así que, ¿cómo podría vivir?  Y si viviese, ¿qué vida infeliz sería la mía?  Dios mío, líbrame de vivir un solo instante fuera de tu Voluntad.  Pero mientras esto pensaba, el siempre amable Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, el vivir fuera de mi Divina Voluntad es vivir sin la conexión de la Vida Divina, apartada del Cielo, como si no tuviera conocimiento, amistad, relación con su Padre Celestial, se puede decir que mientras sabe que tiene Padre, pero no lo conoce, vive como lejano y por eso no participa en sus bienes divinos, mucho más, que en cada acto de voluntad humana que hace, siempre toma tierra, y a ésta conoce y ama, y participa en las infelicidades que produce el terreno que va adquiriendo con sus actos humanos, así que la voluntad humana sin la conexión con la Divina, sabe producir mucha tierra, la que siembra pasiones, espinas, pecados, y recoge miserias, tristezas, que le amargan la vida.  Por eso, cada acto de voluntad humana no hace otra cosa que tomar un poco de tierra, en cambio cada acto que hace de mi Voluntad, la criatura pierde el terreno humano y adquiere el terreno del Cielo, por eso a cada acto que va haciendo de Querer Divino, toma Cielo y va agrandando sus propiedades celestiales, y Yo mismo le suministro la semilla, y haciéndome agricultor celestial siembro junto con ella las más bellas virtudes, y ahí formo mi habitación, mi refugio, mis delicias, y no encuentro diferencia en estarme en el Cielo junto con los santos en las regiones celestiales, o estarme en el cielo de esta criatura, es más, siento más placer en estarme en el cielo de la voluntad humana en la tierra, por la razón de que en él tengo que trabajar para poder engrandecer de más este cielo, así que puedo hacer nuevas adquisiciones, recibir nuevo amor, y el trabajo, si bien es sacrificio, pero tiene virtud de producir nuevas invenciones, nuevas bellezas, nuevas artes; es del trabajo de donde surgen las cosas más estrepitosas, las ciencias más altas y profundas, y Yo que entiendo de todas las artes, de todas las ciencias, trabajo en este cielo y en él formo los trabajos más bellos, las invenciones más artísticas y nuevas, y comunico las ciencias más altas y profundas, así que ahora me hago maestro y enseño las ciencias más sublimes, ahora artífice y formo las estatuas vivas en este cielo, ahora la hago de agricultor y mis manos creadoras cambian, transforman el pequeño terreno de la criatura en cielo, siento gran placer en usar todas las artes y me divierto, porque ahora hago un trabajo y ahora otro, y ahora invento cosas nuevas, y las novedades llevan siempre más placer, más gusto y más gloria, y estos cielos terrestres servirán también de nueva sorpresa y contento a toda la corte celestial; donde reina mi Voluntad Divina como vida en la criatura, Yo todo puedo hacer, ella se vuelve en mis manos materia prima para poder desarrollar mis trabajos divinos, y el poder trabajar es para Mí la cosa más agradable, es el reposo más dulce, parece que se alternan juntos trabajo y reposo.  Ahora, en el Cielo, en mi patria celestial no hay trabajos, ni de parte mía, ni de parte de las criaturas, quien entra en aquellas regiones celestiales pone su basta y se dice a sí misma:  ‘Mi trabajo ha terminado, lo que he hecho está hecho, no puedo agregar ni siquiera una coma de más a mi trabajo, a mi santidad’.  Y Yo no puedo hacer nuevas conquistas en sus almas, porque la muerte dice confirmación, no pueden hacer un paso más adelante, por eso no hay trabajos en la patria celestial, sino que todo es triunfo y gloria, puedo decir que toda la suntuosidad que hago de dar nuevas alegrías, nueva felicidad y bienaventuranzas continuadas, con las que tengo raptado a todo el Cielo, es todo por parte mía, pero de ellos no me es dado adquirir más nada.  He aquí el por qué me agradan más, porque las conquistas, los trabajos, los gustos que encuentro en estos cielos terrestres del querer humano, no pueden existir donde todo es triunfo y gloria, ni siquiera en las regiones de mi patria divina, por eso sé atenta y no salgas nunca de mi Voluntad, y Yo te prometo no suspender jamás mis trabajos divinos en tu alma”.

(3) Después seguía pensando en el gran bien que trae la Divina Voluntad a la criatura, y mi soberano Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, tú debes saber que es tanto nuestro amor y el deseo ardiente de tener junto con Nosotros a la criatura, que no apenas creada le asignamos el puesto real en nuestra Voluntad Divina, así que cada una de las criaturas tiene su puesto de honor en nuestra morada divina, así que su principio, su primer acto de vida, tanto en la eternidad como en el tiempo, es en nuestro Fiat; ella no estaba en el mundo y Nosotros la amábamos, y mirándola con amor, no sólo le dábamos el puesto, sino que poníamos en su cortejo a nuestro amor, nuestra santidad, nuestra potencia, luz y belleza, ella es la noble princesa que desciende de la altura de los Cielos para navegar el exilio, pero nuestro Querer no la deja, desciende junto con ella, se cierra a su alrededor, navega el exilio junto con ella, en cada acto que hace, penas o alegrías, o encuentros, pone en ellos su primer acto divino, a fin de que mantenga su nobleza y su estado de princesa, y cuando la ha llenado de todos los bienes, tanto que no tiene más espacio dónde poner más bienes, la lleva nuevamente al Cielo, en las alturas de las esferas, y como triunfador la muestra a toda la corte celestial.  Es esto lo que quiere hacer y sabe hacer mi Voluntad Divina de la criatura, pero con nuestro dolor vemos que en cuanto desciende en el exilio, no piensa más en su puesto regio, ni en la nobleza de su origen, y quisiera desvincularse de nuestra Voluntad, que más que tierna madre la lleva estrechada entre sus brazos, y sirviéndose de las puertas de los sentidos que le hemos dado, desciende en lo bajo de su voluntad humana; estas puertas se las habíamos dado para que volviera a subir a Nosotros, a fin de que desde su exilio pudiese hacer sus escapaditas al seno de su Creador, ella en cambio se sirve de ellos para hacer sus escapaditas en las miserias, en las debilidades, en las pasiones, las cuales le quitan su nobleza y no se reconoce más que es la princesa del Cielo, sino la sierva de la tierra.  Pero a pesar de esto no cerramos nuestras puertas, las cuales son nuestro amor, nuestra paterna bondad, nuestra compasiva misericordia, las expectativas que hacemos, y no apenas vemos que cierra sus puertas para venir en nuestra Voluntad, vamos a su encuentro, abrimos las nuestras, y mirándola de bella fea, con los vestidos de princesa desgarrados, sucios, no le hacemos ningún reproche, sino con compasión toda paterna le decimos:  ‘¿Dónde has estado?’  Pobre hija, cómo te has reducido, ¿has visto cuánto mal has hecho con vivir en lo bajo de tu voluntad humana, desunida de la nuestra?  Has caminado sin guía, sin luz, sin alimento, sin defensa, por eso no lo hagas más, a fin de que encontrándote rehagas el bien perdido’.  Nosotros lo sabemos, que la criatura sin nuestra Voluntad Divina no puede hacer ningún bien, es como si quisiera ver sin ojos, caminar sin pies, vivir sin alimento.  Por eso sé atenta en no salir jamás de mi Querer Divino si quieres encontrar la fuerza, la luz, el apoyo y a tu mismo Jesús a tu disposición”.

 

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32-9

Mayo 7, 1933

 

La voluntad, símbolo del soplo, que o enciende o apaga.

La Divina Voluntad pone sus actos en el acto de la criatura.

 

(1) Mi abandono continúa en el Querer Divino, y mi pobre mente muchas veces está bajo el imperio de dos corrientes, esto es, el gran bien de la Divina Voluntad que eleva al alma sobre todo y la lleva hasta los brazos de su amado Padre Celestial, donde todo es alegría, fiesta y sonrisas divinas, las cuales embriagan al alma, y ésta olvida todo, la tierra, las miserias, porque en la Divina Voluntad ni siquiera el recuerdo se puede tener del mal, de otra manera no sería plena la felicidad; y en la otra corriente el abismo del querer humano, que arroja al alma en todas las miserias, y la lleva casi a los brazos del demonio, a fin de que la tiranice como le plazca.  Pero mientras esto pensaba, mi soberano Jesús haciéndose sentir junto a mí me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, en cuanto el alma entra en mi Querer, Él con su imperio le dice:  ‘Olvida todo, hasta la casa de tu madre tierra, aquí se vive de Cielo, no hay lugar para las miserias y para la infelicidad, mi luz destruye todo, y los males los transforma en bien’.  Tú debes saber que la voluntad es símbolo del soplo, el cual tiene virtud de encender o apagar; si la voluntad es de encender, soplando sobre una pequeña chispa puede encender un gran fuego; si después se quiere apagar, soplándole le quita la vida y la reduce a cenizas.  Tal es la voluntad humana, si quiere la mía sopla en todos sus actos, y mi Voluntad con su potencia anima este soplo, y sus pequeños actos, como pequeñas chispas se cambian en llamas, y conforme repite los actos, así repite el soplo, de modo de formarse la pequeña criatura una llama de luz de Voluntad Divina.  En cambio si quiere hacer su voluntad, conforme la hace sopla y apaga todo y permanece en una noche profunda, sin ni siquiera el bien de las pequeñas chispas, así que quien vive en mi Voluntad adquiere la luz en naturaleza, y en todos sus actos ve luz y le hablan de luz; en cambio, quien hace la suya, adquiere las tinieblas y la noche en naturaleza, y de todos sus actos hace salir tinieblas que le hablan de miserias, de miedos, de temores, que le vuelven la vida insoportable”.

(3) Después mi mente seguía pensando en la Divina Voluntad, y me la sentía dentro y fuera de mí toda atenta, tanto que me quería dar todo, y hacer todo junto conmigo, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Pequeña hija de mi Voluntad, tú debes saber que en cuanto el alma se decide a vivir en mi Voluntad, es tanto su amor hacia ella, que conforme se dispone a hacer un acto, mi Fiat pone lo suyo en aquel acto, de modo que el querer humano queda como campo, y mi acto como vida.  Así que conforme palpita, pone su latido divino; conforme respira, pone su respiro; conforme está por hablar, pone su palabra en la voz de la criatura; conforme piensa, pone su pensamiento; y así si obra, si camina, pone su movimiento y sus pasos, así que mi Divina Voluntad es la que pone de sus actos en los actos de la criatura.  He aquí el por qué su amor incesante, sus atenciones incansables, porque quiere formar su Vida entera por cuanto a criatura es posible, en ella quiere encontrar su santidad, su latido, su respiro, su palabra, y así de todo lo demás, ¿y cómo lo puede encontrar si no lo da y pone continuamente?  Por eso, hay tanta compenetración entre la Divina Voluntad y la criatura que quiere vivir en Ella, que se vuelven inseparables la una y la otra, ni mi Querer toleraría la más mínima separación en quien se presta a hacerla formar su Vida.  Por eso sé atenta, y tu vuelo sea continuo en mi Divina Voluntad”.

 

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32-10

Mayo 14, 1933

 

Puesto de amor que el alma tiene en su Creador, y puesto

que Dios tiene en el alma.  La santidad es formada por

los grados del amor.  Semilla que arroja Jesús; cómo

primero hace los actos y después las palabras.

 

(1) Me sentía toda inmersa en el Fiat Supremo, y repitiendo mi giro en Él, en cuanto me unía a sus actos me sentía venir sus oleadas de amor, que vertiéndose sobre de mí me traían el amor de mi Creador.  ¡Oh! cómo me sentía feliz al sentirme amada por Dios, creo que no haya felicidad mayor, ni en el Cielo ni en la tierra, que la criatura ocupe un puesto en el seno del Padre Celestial, el cual hace surgir sus olas de amor para amarla.  Pero mientras me sentía bajo de estas olas, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el girar en nuestros actos que hemos hecho, tanto en la Creación como en la Redención por amor de las criaturas, hace surgir nuevo amor de dentro de nuestro Ser Divino, e inviste a aquella que se une con nuestros actos divinos; ella con unirse con nuestras obras, prepara el lugarcito donde recibir nuestras olas de amor, y conforme las recibe, también ella nos ama con nuevo amor, y forma sus olas de amor a su Creador, de modo que ella tiene su lugarcito de amor en nuestro Ser Divino, y Nosotros tenemos nuestro puesto en la criatura.  Tú debes saber que la verdadera santidad viene formada por los grados de amor con los cuales sois amados por Dios, y de este amor se toma posesión cuando la criatura ama.  Cuando recibe el amor divino y ella ama, Dios se dispone a amarla de más con nuevo amor; ser amada por Dios con nuevo amor, es el acto más grande que Dios hace para la criatura, y toda la santidad, la gloria, es constituida por cuantas veces ha sido amada por Dios, y por cuantas veces ella lo ha amado.  Porque tú debes saber que nuestro Ente Supremo ama a todos y siempre en modo universal y general, a esto agrega un amor especial y directo hacia quien amándola nos da su amor; así que si la criatura ha sido amada por Dios con amor especial una vez, tres, diez, cien, según el número, tantos grados de santidad adquiere, y por lo tanto de gloria.  Mira, el girar en mi Voluntad, unirte a sus actos, nos llama a amarte con amor especial y nuevo, y Dios te llama a ti para hacerse amar con tu amor nuevo y especial, y Dios mismo será tu testigo que dirá a todo el Cielo y a la tierra:  ‘Es verdad, la he amado, pero me ha amado’.  Puedo decir que mi amor llamaba al suyo, y el suyo llamaba al mío a amarnos, por eso quien vive en nuestra Voluntad pone al seguro nuestro amor, no tenemos el dolor de que nos pueda ser rechazado, más bien, la señal de que lo ha recibido es que nos responde dándonos su amor”.

(3) Después estaba pensando en la Divina Voluntad, y miles de pensamientos se acumulaban en mi mente, de dudas, de ansias, de certezas, de suspiros por querer la Divina Voluntad como vida primaria de mi vida, quería su dulce imperio dentro y fuera de mí.  Ahora, mientras esto hacía, mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que cuando Yo manifiesto un bien, una verdad, es la señal más cierta de que quiero dar aquel bien, o el don de una verdad mía como propiedad de la criatura, si esto no fuese, Yo la ilusionaría, la engatusaría, le haría perder el tiempo en mil deseos inútiles, sin la posesión del bien que le he hecho conocer.  Yo no sé ilusionar a nadie, ni hacer cosas inútiles, más bien primero decido dar el bien, y después manifiesto la naturaleza de dicho bien, y mientras lo manifiesto pongo la semilla en el fondo del alma, a fin de que ella comience a sentir el principio de la nueva vida del bien que le he hecho conocer, y lo continuo de mis manifestaciones que le hago conocer, sirve para hacer germinar la semilla, a rociarla y regarla para formar la vida entera del don que quiero darle, y la señal de que el alma ha aceptado y agradecido la nueva vida del don que quiero darle, es que Yo continúo manifestando las diversas cualidades, las bellas prerrogativas, el valor inmenso que posee mi don, y después de que estoy seguro que ya posee toda entera la vida del don que quería darle, entonces le hago conocer mis miras, el trabajo que he hecho en ella, y el don que ya posee; mi sabiduría es infinita, mis industrias de amor son innumerables, primero hago los hechos y después las palabras que sirven para enseñar a la criatura el cómo hacerla recibir, conservar y servirse del bien que le he dado y hecho conocer.  Dar un bien sin hacerlo conocer es como si se quisiese dar el alimento a los muertos, y Yo jamás he tenido qué hacer con los muertos, sino con los vivos; hacerlo conocer y no darlo sería una burla, no sería modo de nuestra naturaleza divina.  Por eso, si tantas verdades te he manifestado sobre mi Divina Voluntad, es porque quiero darte el don de su Vida obrante en ti, si esto no fuera, jamás te habría dicho tanto, mi solo decir es mensajero, portador y depositario del gran don de mi Divina Voluntad, no sólo a ti sino al mundo entero.  Por eso sé atenta, a fin de que mi semilla se espolvoree en ti hasta cambiarse en naturaleza, y entonces sentirás con los hechos el bien del reinar de mi Voluntad en tu alma.

(5) En efecto, ¿no hice así con mi Madre Celestial?  Primero la formé, la preparé, la doté, preparé el puesto, extendí mi Cielo en el fondo de su alma, la hice conocer tantas cosas, y conforme se las hacía conocer le hacía el don de ellas, podría decir que Madre e Hijo primero hicimos los actos, y cuando nada faltaba a mi santidad, a mi decencia divina, al nuevo Cielo que venía a habitar sobre la tierra, entonces le manifesté el secreto, que ya la había elegido por Madre mía, y en cuanto le manifesté el secreto, así se sintió Madre de su Creador.  Mira entonces la necesidad de manifestar lo que quiero hacer con la criatura, a fin de que Dios y la criatura quieran la misma cosa, tan es así, que mi misma encarnación no sucedió primero, sino en el acto mismo en que supo que Yo la quería por Madre mía y Ella aceptó serlo.  Por eso se necesita gran atención cuando hago conocer un bien que quiero hacer a la criatura, ella no sabe mis miras dónde van a terminar, Yo no hago conocer todo al principio, sino voy poco a poco, manifestando y obrando para llegar al punto donde quiero, y si no está atenta y no me sigue, puede ser que quede a medio camino, y Yo tendré el dolor de no poder dar mis dones y de no poder cumplir mis designios”.

 

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32-11

Mayo 25, 1933

 

La Divina Voluntad es milagro permanente.  Quien

vive en Ella es la portadora de las obras divinas,

y sus campos son la Creación y la Redención.

 

(1) Estoy siempre en torno al Fiat Supremo, su dulce imperio, sus potentes atractivos, su beso de luz, con los cuales hace el encuentro a todos mis actos para ponerlos en ellos y encerrase dentro para formar su Vida, es el más dulce encanto a mi pequeña alma, y entre la maravilla y el estupor exclamo:  “¡Oh Voluntad Divina, cuánto me amas, hasta abajarte en mi pequeño acto para encerrar en él tu Vida obrante!”  Pero mientras mi mente se perdía en Ella, mi dulce Jesús, que gozaba también Él el atractivo, los modos admirables de su Querer, todo ternura y bondad me ha dicho:

(2) “Hija amadísima de mi Voluntad, mi Querer Divino es por Sí mismo un milagro continuado; descender en la bajeza del acto de la criatura para formar en él su acto, su Vida, es el más grande de los milagros, que a ninguno le es dado poderlo hacer; su virtud investidora penetra dondequiera, con su beso de luz rapta el acto de la criatura, lo mueve, lo transforma, lo conforma, y con su virtud milagrosa forma su acto en el acto de la criatura, y sin destruir el de la criatura, más bien se sirve de él como espacio para colocar su acto, como vacío para formar su Vida, tanto, que por fuera se ve el acto humano, pero por dentro las maravillas, la santidad, el gran milagro del acto divino.  Por lo tanto, quien hace mi Voluntad y vive en Ella, no tiene necesidad de milagros, vive bajo la lluvia de los milagros de mi Querer, y posee en sí misma la fuente, el manantial que transforma a la criatura en la virtud milagrosa de mi Divina Voluntad, de modo que se ve en ella milagro de paciencia invicta, milagro de amor perenne hacia Dios, milagro de oración continua y sin cansarse jamás, y si se ven penas, son milagros de conquistas, de triunfos, de gloria que encierra en sus penas.  Para quien vive en mi Voluntad, Ella quiere dar al alma el milagro del heroísmo divino, y en las penas pone el peso y el valor infinito, pone la marca, el sello de las penas de tu Jesús.

(3) Tú debes saber hija mía, que es tanto nuestro amor hacia quien vive en la Divina Voluntad, que le hacemos don de todo lo que hicimos en la Creación y Redención, y ella hace suyo todo lo que es nuestro, y como es suyo y nuestro, y como cosa connatural en sus actos, y busca la Divina Voluntad, ahora se encuentra en el cielo, en el sol, en el mar, y así de lo demás, siente en sí toda la santidad de nuestras obras, que son también suyas, y sintiéndose fundida con Ella, comprende qué significa tener un cielo siempre extendido, un sol que siempre da luz, un mar que siempre murmura, un viento que con sus ráfagas lleva a todos las caricias de su Creador, y ella se siente cielo, estrellas, sol, mar, viento, y ¡oh! cómo nos ama, y con la fuerza raptora de su amor, que es amor nuestro, viene a deponer todo ante nuestro trono divino, y ¡oh! cómo nos sentimos raptar por sus notas y corrientes de amor que nos hace, podemos decir que si esta criatura la tenemos en la tierra, la tenemos para hacerla ser la portadora de nuestras obras, Nosotros las hemos esparcido en la Creación, y ella parece que nos las recoge para venir a decirnos:  ‘Cuánto me habéis amado’.  Y cuánto nos ama, pero es más bella cuando pasa al reino de mis actos de la Redención, con cuánto amor pasa de un acto al otro, cómo los besa, los abraza, los adora, los agradece, los encierra en su corazón y toda amor me dice:  ‘Jesús, tu Vida terminó sobre la tierra, quedaron tus obras, tus palabras, tus penas, ahora me toca a mí continuar tu Vida, por eso todo lo que Tú hiciste debe servir a mi vida, de otra manera no puedo formar de mí misma otro Jesús, si no me das todo no puedo ni formar, ni continuar tu Vida en la tierra’.  Y Yo todo amor le digo:  ‘Hija mía, todo es tuyo, toma de Mí lo que quieras, es más, por cuanto más tomes más estaré contento y más te amaré’.  Pero lo más bello de esta feliz criatura, que mientras quiere todo, toma todo, siente que no puede contener lo que ha recibido, y viene a su Jesús y me da todo, se vierte toda en Mí, también su pequeñez, su pequeño querer, y ¡oh! cómo estoy contento, puedo decir que son intercambios continuos de vida que hacemos, Yo a ella, y ella a Mí.  Es tanta la fuerza de la unión de quien vive en nuestra Voluntad, entre ella y Nosotros, que ni Nosotros la podemos poner a un lado en todas nuestras obras, ni ella se puede poner; si esto pudiera ser, sucedería como si se quisiera dividir la luz del sol en dos, lo que es imposible, dividir la unidad de su luz, y si uno quisiera intentar dividirla, quedaría burlado, y la luz con la fuerza de su unidad se reiría de él; o bien como si se quisiera rasgar el cielo, separar la fuerza del viento, la unidad del aire, todas cosas imposibles, porque toda su vida, la fuerza que poseen está en la unidad.  En tal condición se encuentra quien vive en nuestra Voluntad, toda su fuerza, su valor, lo bello de ella, su santidad, está en la fuerza única y unidad con su Creador.  Por eso sé atenta, y tu vida sea en Nosotros, con Nosotros y con nuestras obras”.

 

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32-12

Mayo 28, 1933

 

Precipicio, puertas e infierno viviente del querer humano.  Puertas,

escaleras y paraíso viviente de la Divina Voluntad.  Necesidad de

sus conocimientos, grandeza que adquiere.  La hija del gran Rey.

 

(1) Mi pobre mente muchas veces se debate entre la infinita belleza, potencia, valor y prerrogativas innumerables del eterno Querer, y entre los precipicios, fealdades y males del querer humano.  Dios mío, qué contraste, si todos lo pudiesen ver estarían dispuestos a perder la vida antes que hacer la propia voluntad.  Y mientras me sentía toda temerosa por los graves males en los cuales me podía precipitar mi voluntad, mi amado Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ánimo, es necesario que te haga conocer hasta donde se puede llegar teniendo por vida a mi Divina Voluntad, y en qué abismo se precipita quien se hace dominar por el propio querer, es más, cada mal que te hago conocer de él, es una puerta que te hago cerrar a la voluntad humana y una guardia que te doy, a fin de que si tú quisieras entrar de nuevo y descender en el precipicio del querer humano, la guardia te impida el paso y mantenga cerrada la puerta, y cada vez que te hago conocer otros males del querer humano, no son otra cosa que defensas y guardias que agrego, a fin de que no te dejen descender en el fondo de su abismo, porque tú debes saber que cada mal de la voluntad humana, no son otra cosa que tantas puertas distintas que ella posee para descender en el reino de los males, de los vicios, de los terrores espeluznantes del infierno viviente, hasta volverse nauseante e insoportable a Dios y a sí misma, y Yo con hacer conocer sus males, no hago otra cosa que amurallar las puertas y poner en ellas mi sello y decir:  ‘Esta puerta no se abre más’.  Ahora, así como la voluntad humana tiene sus puertas, sus escaleras para descender en el abismo de los males, no para subir, así mi Divina Voluntad tiene sus puertas, sus escaleras para subir a sus cielos, a sus bienes inmensos, y forma el paraíso viviente de quien la posee; cada conocimiento de Ella es una puerta que se abre, es una escalera que se forma, es un camino que se te pone delante, que tú debes recorrer para poseer con los hechos lo que has conocido.  Mira entonces el gran bien de los tantos conocimientos que te he manifestado, son tantas puertas que te facilitan la entrada en su reino, y en cada puerta he puesto un ángel como custodio, a fin de que te dé la mano y te conduzca segura en las regiones de la Divina Voluntad; cada conocimiento es una invitación y una fuerza divina que te cede, y te hace sentir la necesidad extrema, la necesidad absoluta de vivir de Voluntad Divina.  Ella, conforme se hace conocer te extiende los brazos para tomarte, y te conduce entre ellos en aquel mismo conocimiento que te ha manifestado, lo adapta a tu capacidad, modela tu alma a fin de que entre en ti como humor vital, como sangre, como aire, y produzca en ti la vida, los bienes que su conocimiento posee, y haciéndose conductora, más que una madre te está a guardia para ver cuando su hija ha absorbido la última gota del bien que le ha hecho conocer, para abrirle su seno de nuevo y derramarse en su hija, y hacerle conocer otro valor, otros efectos que contiene la Vida de mi Querer, y repite su trabajo porque quiere ver en ella el valor de su Vida, los efectos, la sustancia de sus bienes.  Ahora, los conocimientos sobre mi Divina Voluntad instruyen al querer humano, y éste adquiere ciencia y razón, por lo que entiende que no sólo es justicia el hacerla reinar y dominar como vida primaria en su alma, sino es un bien sumo que recibe, honor y gran gloria que este Querer Santo, con el dominar, llegue a darle el estado de realeza divina, porque se siente hija del gran Rey, así que la realeza también es suya.

(3) Cuando la criatura ha llegado a comprender todo esto por caminos de conocimientos y de lecciones que le ha dado mi Querer Divino, todo está hecho, mi Voluntad ha vencido al querer humano, y éste ha vencido a la Divina Voluntad.  Los conocimientos sobre de Ella son tan necesarios, que sirven para disecar los humores malos y los sustituyen con los humores santos, ellos son como soles que lanzan dardos al querer humano y le comunican su vida, su santidad, y el deseo ardiente de poseer el bien que conoce.  Por eso sé atenta a escuchar sus lecciones, y corresponde a un bien tan grande.”

 

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32-13

Junio 4, 1933

 

Quien vive en la Divina Voluntad recibe la fuerza creadora

de la creación continua.  Acuerdo con la Divina Voluntad.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, soy recién nacida apenas y siento la necesidad de estarme en sus brazos para beber a grandes sorbos la leche de sus verdades, para recibir las oleadas de su luz, el dulce refrigerio de su calor, siento que también el Querer Divino quiere tenerme en sus brazos, estrechada a su seno de luz para poderme infundir el acto continuo de su Vida obrante en mí, porque vida significa tener actos que no cesan jamás, de otra manera no se podría llamar vida.  Por eso, si yo no quisiera estar en sus brazos para recibir estos continuos reflejos de su Vida, o no me quisiera tener, no podría formar su Vida en mí, y entonces la palabra vida se reduciría a palabras no en realidad, o bien en una pintura pintada.  Jesús mío, ¡ah! no lo permitas, y haz que se forme su Vida real en mi alma.  Pero mientras buscaba estarme en los brazos de la Divina Voluntad, mi soberano Jesús, visitando mi pequeñez me ha dicho:

(2) “Hija de mi corazón, tú tienes razón de que sientes la extrema necesidad de estar en los brazos de la Divina Voluntad, porque estar en sus brazos significa ponerse a su disposición y empeñarla para formar su Vida en la criatura, y si no se pone en sus brazos, se pone como a gran distancia, y la vida no se forma de lejos, sino de cerca, más bien fundida con la misma vida que se quiere recibir; ninguna madre concibe a su hijo de lejos, sino dentro de su mismo seno, ninguna semilla germina y forma su planta si no se funde y esconde bajo tierra.  Así, decir:  ‘Quiero formar la Vida de la Divina Voluntad en mí y no estarse en sus brazos, unida con Ella para vivir de su mismo aliento omnipotente, es imposible’.  Tú debes saber que nuestro Ente Supremo usa la misma potencia creadora que usó en la Creación, y la continúa usando en los actos que la criatura hace en la Divina Voluntad.  Cada acto que hace en Ella sufre una nueva creación, y mi Fiat, en virtud de su potencia creadora, queda concebido en el acto de la criatura.  Sucede un alternarse continuo, ella presta el acto, y mi Voluntad Divina crea y se concibe en su acto, y mientras se concibe forma su Vida y la hace crecer con el alimento de su luz y de su amor.  Los Cielos quedan admirados, y es tanta la maravilla, que enmudecen ante un acto solo de la criatura que dentro contiene la fuerza creadora de la concepción del Fiat Divino; y así como ella con el estarse en sus brazos se pone a nuestra disposición, así con tenerla en nuestros brazos nos ponemos a su disposición, y nos da su dulce garantía, para hacer lo que Nosotros queremos, así que su vida, sus actos, son tantas garantías que nos da, y Nosotros teniendo sus garantías nos sentimos seguros de poder poner fuera nuestra Virtud creadora y obrar como Dios en el acto de la criatura.  Tú debes saber que cuando obra nuestra Voluntad, tanto en Nosotros mismos, cuanto en el acto humano, no pone jamás a un lado su Virtud creadora, ni la puede poner, porque la posee en naturaleza, por eso su hacer es siempre creación, por lo tanto quien vive en nuestra Voluntad recibe en sus actos su acto creante, y ¡oh! cuantas maravillas suceden.  Por eso sé atenta, reverente y agradecida, recibe en ti, en tus actos, esta Virtud creante que quiere hacer cosas grandes, no pequeñas, y que son las únicas dignas de nuestra adorable Voluntad.

 

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32-14

Junio 15, 1933

 

 

La intención forma la vida de la acción, forma el velo

para esconder la acción divina.  El actor escondido.

 

(1) Mi pobre mente está siempre ocupada por el Fiat Divino, que no sólo quiere hacerse vida, sino también alimento, porque no basta la vida, pues sin tener con qué saciar el hambre, sería morir de hambre.  He aquí el por qué frecuentemente me da el alimento suculento y celestial de alguna otra verdad que respecta al Querer Divino, a fin de que no sólo me alimente, sino que haga crecer su Vida en mí, y ¡oh! cuántas veces siento la necesidad de que el bendito Jesús me diga alguna cosa que respecta a su Querer, porque me siento morir de hambre, y mi amable Jesús, porque Él mismo quiere y me da esta hambre, al visitar mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, tu deseo de ser alimentada por mi palabra alimentadora me hiere el corazón, y Yo, herido, corro a ti para darte mi alimento divino que sólo Yo puedo darte.  Mi palabra es vida y forma en ti la Vida Divina, es luz y te ilumina y queda en ti la virtud iluminadora que te da siempre luz, es fuego y te hace surgir el calor, es alimento y te alimenta.

(3) Ahora, tú debes saber que Yo no miro la acción externa de la criatura, sino la intención que forma la vida de la acción, ella es como el alma de la acción, ésta se vuelve como el velo de la intención.  Sucede como el alma al cuerpo, que no es el cuerpo el que piensa, el que habla, palpita, obra y camina, sino que el alma da vida al pensamiento, a la palabra, al movimiento, así que el cuerpo es velo del alma, la cubre y se hace portador de ella, pero la parte vital, la acción, el paso, es del alma.  Tal es la intención, verdadera vida de las acciones.  Ahora, si tú llamas a mi Divina Voluntad como vida de tu mente, como latido de tu corazón, como acción de tus manos y así de todo lo demás, tú formarás la vida de la inteligencia de mi Voluntad en tu mente, la vida de sus acciones en tus manos, su paso divino en tus pies, de modo que todo lo que hagas servirá de velo a la Vida Divina que con tu intención has formado en el interior de tus actos, ¿pero qué cosa es esta intención?  Es tu voluntad que haciendo una llamada a la mía se vacía de sí misma, y forma el vacío en su acto para dar el puesto a la acción de mi Voluntad, y ella haciéndose velo esconde en las acciones, aun en las más ordinarias y naturales, la acción extraordinaria de un Dios, tanto, que de fuera se ven acciones comunes, pero si se quita el velo del querer humano se encuentra encerrada la Virtud obrante de la acción divina, y esto forma la santidad de la criatura, no la diversidad de las acciones, no las obras que hacen rumor, no, sino la vida común, las acciones necesarias de la vida, de las cuales la criatura no puede prescindir, todas son velos que pueden esconder nuestra Voluntad, y hacerse campo donde Dios mismo se abaja para hacerse actor escondido de sus acciones divinas.  Y así como el cuerpo vela al alma, así la voluntad vela a Dios, lo esconde y forma por medio de sus acciones ordinarias la cadena de las acciones extraordinarias de Dios en su alma.  Por eso sé atenta, llama en todo lo que haces a mi Voluntad, y Ella no te negará jamás su acto, para formar en ti, por cuanto a criatura es posible, la plenitud de su santidad”.

 

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32-15

Junio 25, 1933

 

Si reina la Divina Voluntad, Dios se busca a Sí mismo y se

encuentra en la criatura; la criatura se busca en Dios

y se encuentra en su centro divino.

 

(1) Mi pobre y pequeña inteligencia la sentía llena por tantos pensamientos respecto a la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “¿Y por qué Jesús tienen tanto interés, insiste, suspira, pide y quiere que se pida que venga a reinar su Divina Voluntad?  Es verdad que para la criatura será la adquisición más grande, tener un su poder un Querer inmenso, una potencia que no se agota jamás, un amor que siempre arde, una luz que no se extingue jamás, una santidad que da en lo increíble y siempre crece, se puede decir que no le queda otra cosa qué desear, ni poseer, porque todo lo posee, pero para Dios, ¿cuál puede ser su ganancia, su gloria, su honor?”  Así, mientras esto y otras cosas pensaba, mi soberano Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, hija amadísima de mi Voluntad, la razón, la causa, la finalidad por la que tanto suspiro que mi Divina Voluntad tome su puesto, su dominio y la haga de soberano en la criatura, es porque nuestro Ente Supremo va en busca de encontrarse a Sí mismo en la pequeñez humana.  Piensa bien qué significa un Dios que va en busca de Sí mismo, pero, ¿dónde?  ¿Tal vez en la extensión de los cielos?  No.  ¿En la inmensidad de la luz que llena toda la tierra?  No.  ¿Acaso en la multiplicidad de las aguas del mar?  No.  Sino en el pequeño corazón humano, queremos esconder nuestra inmensidad, nuestra potencia, nuestra sabiduría y todo nuestro Ser Divino en la criatura; escondernos en las cosas grandes no es una gran cosa, pero en las pequeñas desahogamos más en amor, potencia, etc., y como podemos todo y hacer todo, nos deleita más y tomamos más gusto en el escondernos en la pequeñez humana que en las cosas grandes, y si no encontramos nuestra Voluntad en la criatura, no podemos ni buscarnos ni encontrarnos en ella, nos faltaría el lugar dónde poner todos nuestros atributos divinos, y se sentirían impotentes para esconder nuestra Vida Divina donde no está nuestra Voluntad.  Mira entonces la razón por la que queremos, suspiramos que la criatura suspire y ruegue vivir del Querer Divino, es porque andamos en busca de Nosotros mismos en ella, y queremos encontrarnos como en nuestro propio centro.  ¿Y te parece poco la gran ganancia que hacemos, la gloria, el honor que recibimos, que el pequeño corazón humano esconda nuestra Voluntad y a nuestra misma Vida para darnos duplicado amor, doble potencia, sabiduría, bondad, para ponerse en competencia con Nosotros mismos?  Si esto no comprendes significa que aún eres ciega en los caminos interminables de mi Divina Voluntad.  Ahora, si Nosotros con querer que nuestro Fiat reine en las criaturas, buscamos y encontramos a Nosotros mismos en ella, la criatura con quererla, se busca a sí misma en Dios y en Él se encuentra.  Mira entonces qué intercambio, qué trabajo de ambas partes, qué estratagemas e ingenios amorosos, Dios que continuamente se busca en la criatura, ¿pero dónde se encuentra?  En el centro de ella, así que se busca, se llama en donde su mismo amor lo llama, donde su misma Vida reside; y la criatura imita a su Dios, gira y vuelve a girar, se busca y se vuelve a buscar, se llama y se vuelve a llamar, pero ¿dónde se encuentra?  En el centro Divino.  Esto muestra el intercambio de vida entre la una y el otro, la misma Voluntad que domina a la criatura y a Dios, el mismo amor con el cual son animados, así que no es maravilla que lo que hace uno hace el otro, y sólo nuestra Voluntad sabe hacer estos prodigios, sin Ella todo es estéril, todo es obstáculo por parte de Dios y por parte de las criaturas, sentimos que somos prisioneros de Nosotros mismos, y ella se siente aprisionada por su voluntad humana, sin vuelo y toda obstaculizada en sí misma y sin Vida Divina.  Ahora, estando todo esto, ¿no es justo que no queramos otra cosa sino que nuestra Voluntad domine y reine?”

 

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32-16

Junio 29, 1933

 

En la Divina Voluntad no hay interrupciones; Ella se hace

repetidora de la Vida Divina.  Trabajo que le viene confiado.

Dios se adapta a la pequeñez humana.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, siento que si no continuara me faltaría la vida para vivir, el alimento para quitarme el hambre, la luz para ver, los pies para caminar, ¡ay de mí! quedaría inmovilizada, envuelta en una noche profunda, perdería la vía y quedaría a medio camino.  Dios mío, mi Jesús, Mamá Santa, libérenme, y cuando me vean en peligro de detenerme, vengan en mi ayuda, denme la mano a fin de que no me detenga, o bien llévenme al Cielo, donde no hay estos peligros de interrupciones, y yo pueda darme la gloria de decir:  “Jamás me he detenido, y por eso no me ha faltado jamás ni alimento, ni luz, ni Aquél que mientras me conducía, con su dulce decir me instruía y me raptaba”.  Pero mientras mi mente estaba abismada en la Divina Voluntad, mi sabio maestro Jesús, sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, quien vive en mi Divina Voluntad siente la necesidad de no interrumpir jamás su camino, no hay peligro de detenerse, ni en la tierra ni en el Cielo, porque siendo Ella eterna, sus caminos y sus pasos son interminables, y quien vive en Ella recibe en naturaleza el bien de poder caminar siempre.  Detenerse en mi Voluntad sería hacer faltar un acto de vida a nuestra Vida Divina que va formando en su alma, porque tú debes saber que quien vive en mi Voluntad Divina llega a tanto, y puede tanto, hasta repetir nuestra Vida Divina; nuestro Fiat da todo lo necesario a la criatura que vive en Ella, que con sus actos se hace la repetidora de la Vida misma de Dios, y si tú supieras qué significa repetir nuestra Vida, la gloria, el honor, el amor que nos da, el bien que hace descender sobre todas las generaciones; es incalculable lo que hace, y sólo nuestra Voluntad tiene esta potencia, de hacer este prodigio tan grande, que a ninguno le es dado, de hacerse repetidora de nuestra misma Vida Divina en la criatura”.

(3) Entonces yo al oír esto he dicho:  “Amor mío, ¿qué dices?  ¿Cómo es que se puede llegar a tanto?  Me parece que llega a lo increíble”.  Y Jesús interrumpiéndome ha agregado:

(4) Hija mía, no te maravilles, todo es posible a mi Voluntad, aun el repetir nuestra Vida.  Tú debes saber que nuestro Ente Supremo, en su naturaleza tiene virtud de poderse repetir cuantas veces quiere, como en efecto repetimos nuestra Vida Divina entera por cada individuo, por cada cosa creada, dondequiera, en cada lugar y por todas partes, nuestra inmensidad nos lleva, nuestra potencia nos forma, y de nuestra Vida única que poseemos, repite, biloca, multiplica tantas Vidas Divinas nuestras, que sólo quien no la quiere no la toma, de otra manera lo que se dice:  ‘¿Dónde está Dios?  En el Cielo, en la tierra y en todo lugar’, se quedaría en palabras, pero no en los hechos.  Ahora, quien vive en nuestra Voluntad, con sus actos se hace concurrente de nuestra Vida, que continuamente se repite por amor de las criaturas, y por eso nos sentimos repetir nuestra Vida por su pequeñez, y ¡oh! el contento, la felicidad que sentimos, y cómo nuestro amor encuentra su desahogo, su correspondencia, al sentir su misma Vida repetida por su amada criatura, y en su énfasis de amor y de alegría indecible que sentimos, decimos:  ‘Todo le hemos dado y todo nos ha dado, no podía darnos más, porque sentimos que por dondequiera que nos lleva nuestra inmensidad, ella aparece por todas partes, no hay punto en que no se hace sentir, y ¡oh! cómo es dulce y agradable oírla por todas partes en nuestra Vida que posee, ‘te amo, te adoro, te agradezco, te bendigo’.  Así que el trabajo que confiamos a quien vive en nuestro Querer, es de repetir nuestra misma Vida Divina, por eso sé atenta y tu camino sea continuo”.

(5) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, si tú supieras las dulces y agradables sorpresas que nos hace la criatura en nuestra Voluntad, ella es pequeña, y encontrándose en nuestro Fiat se encuentra circundada por una inmensidad que no tiene fin, por una potencia que no tiene límites, por un amor que no sólo la envuelve toda, sino que se siente que ella misma no es otra cosa que amor, nuestra belleza la inviste y queda raptada.  Así que la pequeña mueve el piecito y mira la inmensidad que la circunda, y mientras mueve el paso quiere tomar quién sabe cuánto de nuestra inmensidad, pero qué, no logra tomar más que pocas gotitas de nuestra potencia, amor y belleza nuestras, las cuales, si bien gotas, pero bastan para llenarla tanto, hasta desbordar fuera, hasta formarse en torno ríos de amor, de potencia y de belleza nuestra, y la pequeña se afana, se fatiga por querer tomar de más, pero no puede, porque le falta el espacio dónde poder encerrar lo que quiere tomar, y nuestro Ente Supremo la hace hacer, es más, gozamos de sus esfuerzos y de sus afanes, nos deleitamos, le sonreímos, y la pequeña nos mira pidiéndonos ayuda, porque siente la necesidad de extenderse de más en nuestra inmensidad, potencia y amor, ¿pero sabes por qué?  Nos quiere dar de más, quiere el contento de decirnos:  ‘Mis esfuerzos, mis afanes son, porque quiero deciros que os amo de más, ¡oh! cómo estaría contenta si pudiera poseer todo vuestro amor para poder deciros:  Os amo tanto por cuanto me amaste’.  Esta pequeña con sus esfuerzos, con sus afanes, con su decir, nos hiere, nos rapta, nos encadena, y entonces ¿sabes qué hacemos?  Tomamos a la pequeña y nos adaptamos a ella, con un prodigio de nuestra omnipotencia hacemos correr nuestra inmensidad, nuestra potencia, santidad, amor, belleza, bondad, de modo que nuestro Ser Divino queda dentro y fuera de ella, inseparable de ella, y se ve que todo es suyo, y la pequeña en su énfasis de amor nos dice:  ‘Cómo estoy contenta y feliz, puedo deciros que vuestra inmensidad es vuestra y mía, y Os amo con amor inmenso, con amor potente, a mi amor no le falta nada, ni vuestra santidad, ni vuestra bondad, ni vuestra belleza que todo rapta, vence y obtiene’.  No contentar a la pequeñez humana en nuestra Voluntad nos resulta imposible, y como por su pequeñez no puede adaptarse a Nosotros, Dios se adapta a ella, y nos resulta fácil, porque no hay elementos extraños a Nosotros, sino que todo es nuestro, a lo más será pequeña, pero esto no importa, será más cosa nuestra el hacerla cuanto más bella podamos.  En cambio quien no vive en nuestra Voluntad Divina, hay tantos elementos extraños a Nosotros en su pequeñez humana:  voluntad, deseos, afectos, pensamientos que no son nuestros, y se puede decir que ella debería adaptarse a Nosotros con el quitarse lo que no es nuestro, de otra manera no podrá comprender nuestra Voluntad, mucho menos podrá elevarse y entrar en sus esferas celestiales, y por lo tanto quedará vacía de Dios, llena de miserias en las estrechuras de la vida humana.  Cuántas vidas se encontrarán sin crecimiento de Vida Divina porque no han hecho mi Voluntad, ni se han ocupado en comprender lo que significa vivir de Ella, y el gran bien que pueden recibir.  Por eso serán tantos ignorantes y analfabetas de su Creador”.

 

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32-17

Julio, 8, 1933

 

Cada acto hecho en la Divina Voluntad es anillo de unión,

vínculo de estabilidad, fecundidad perenne.  Qué significa

un acto cumplido en la Divina Voluntad.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, soy siempre pequeña y tengo necesidad de mi Mamá eterna, la cual es la Divina Voluntad, necesidad de que me lleve siempre en sus brazos, que use conmigo todos los cuidados, me defienda, me asista, me alimente, y con su dulce imperio tenga mi querer humano reprimido, vivo pero sin vida, recibiendo en sus actos la actitud de la Voluntad Suprema.  Pero mientras me reposaba en sus brazos, sentía arcanas delicias y el reposo de la patria celestial.  Y mi soberano Jesús haciéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, cómo estoy contento de encontrarte en los brazos de mi Divina Voluntad, Yo estoy seguro y tú también cuando estás en sus brazos, y mientras tú reposas Ella trabaja en lugar tuyo, y sus trabajos son divinos y de valor infinito, y Yo al verte poseedora de sus trabajos, gozo y hago fiesta diciendo:  ‘¡Oh, cómo es rica mi hija’.  Debes saber que cada acto de Voluntad Divina que la criatura experimenta y voluntariamente se presta a recibir, es un anillo de unión que forma y adquiere con su Creador, se puede decir que este anillo encierra dentro a Dios y al alma, los une, los hace vivir de una sola Vida y forma la inseparabilidad del uno y del otro, así que por cuantos actos de mi Voluntad, tantos anillos, de modo que se ve una larga cadena en la cual quedan, ambas partes, entrelazadas y unidas juntas, y no sólo es anillo, sino es vínculo de estabilidad y de inmutabilidad divina, así que la criatura no está más sujeta a cambiarse, tan firme y estable se siente en el seno de su Padre Celestial; así que puede decir con toda seguridad:  ‘Mi morada está en Dios, ni sé, ni conozco otra cosa sino a mi Creador.’  Ahora, este anillo de unión y este vínculo de estabilidad produce fecundidad perenne, la criatura con esta fecundidad genera continuamente amor, bondad, fuerza, gracia, paciencia, santidad, todas las virtudes divinas, las cuales poseen la virtud bilocadora, de modo que mientras la criatura las posee, las puede bilocar, dándolas a quien quiera y a quien las quiera.  En cambio quien no hace obrar a mi Divina Voluntad, sus actos son como anillos rotos, los cuales no tienen virtud de contener a Dios y a la criatura, y como están rotos huyen de dentro de Ella, y por lo tanto no pueden formar ni vínculo de estabilidad, ni fecundidad, sino que son actos estériles que no producen generación de bien”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “Pero, ¿cómo se cumple un acto completo de Querer Divino, y qué cosa significa?”  Y mi amado Jesús, siempre bueno con esta pequeña ignorante ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿cómo se cumple un acto completo de Querer Divino?  Tú debes saber que para formar este acto completo se necesita la potencia de mi Voluntad, la criatura por sí sola no puede hacerlo, por eso sucede que mi Voluntad inviste la pequeñez humana, y la humana se presta a dejarse investir, haciéndose presa la una de la otra.  Ahora, en este investir, la potencia de mi Fiat vacía a la criatura de todo lo que a Él no pertenece, y la llena hasta el borde del Ser Divino, de manera que siente en sí la plenitud de la Vida de su Creador, no hay partecita, aun la más pequeña, que no quede llena, de modo que se siente correr como a torrentes la Vida Divina en todo su ser, así que siente en sí misma la plenitud, la totalidad del Ente Supremo, por cuanto criatura es capaz.  Por lo tanto, teniendo en sí esta plenitud y totalidad, no tiene ni qué agregar, ni qué quitar a su acto, porque por todos los lados posee a Dios, el cual no sabe hacer actos incompletos, y la criatura poseyéndolo se pone en las condiciones divinas de no poder hacer sino actos completos.  Mira entonces qué significa y cómo se puede hacer un acto completo, se debe poseer a Dios con toda su plenitud, y el Dios obrante en su acto.  Estos actos completos tienen tal potencia que llaman la atención de todos, y los Cielos se inclinan para ver qué cosa hace de grande su Creador en el acto de la criatura.  Ahora, poseyendo esta plenitud y totalidad divina, sucede que todo lo que hace, saliendo de un fondo que todo posee y que nada le falta, si reza, su oración posee la plenitud del valor divino, sus virtudes son completas y alimentadas por la Vida que posee, así que si quiere dar sus actos, o a Dios como homenaje, o a las criaturas como ayuda, dará al mismo Dios en sus actos.  Imagina tú misma cuál será el gran bien que estos actos cumplidos en mi Querer producirán”.

 

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32-18

Julio 30, 1933

 

Quien hace la Divina Voluntad le forma su habitación, la cual

sirve de custodia, de defensa y de comodidad a la misma Divina

Voluntad.  Sus conocimientos forman su Vida.

 

(1) Estoy siempre en poder del Querer Divino, siento su Vida palpitante en mí como portadora de bondad, de luz hablante, que mientras es muda habla con los hechos, habla con el siempre amarme, habla con formar su Vida, habla con hacerla crecer, habla con hacerse oír, ¡oh! dichoso mutismo que sabes convertir en voces arcanas tu movimiento, tu santidad, tu amor, todo tu ser en voz obrante.  Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat, mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que quien hace mi Voluntad Divina forma la habitación a mi Querer Supremo, y como una habitación no tiene razón, ni es dueña de hacer lo que quiere, y sólo sirve de custodia, de defensa y para comodidad de quien la habita, así el alma pierde su razón en la razón divina, cede los derechos de señorío voluntariamente a mi Divina Voluntad, y permanece en custodia, en defensa y para comodidad de mi Querer Divino, el cual desarrolla su Vida como mejor le place.  Ahora, la voluntad humana con hacer la mía no sólo se cambia en habitación para la mía, sino quedará una habitación honrada, a la cual mi Fiat adornará con adornos divinos, esta su habitación formará su morada real, por la cual los mismos ángeles quedarán admirados, hará desahogo de su amor, de su santidad, de su luz, de su belleza increada, y ahí formará su Vida, pero Vida obrante en la voluntad de la criatura; obrar en Nosotros cosas grandes son derechos que tenemos en nuestra naturaleza, nuestra potencia no tiene límites, todo puede y a todo puede llegar, y si tantas cosas no las hacemos, es porque no las queremos, no porque no podamos, pero armar nuestra potencia con el volvernos obrantes en el pequeño cerco de la voluntad humana, podemos decir que ponemos más amor, más arte divino, más potencia, porque en ella debemos restringir lo que en Nosotros es inmenso, por eso nuestro amor desahoga de más en el volvernos obrantes en la criatura, y ella sentirá mi Voluntad habitante en ella, de modo que dondequiera se sentirá correr su Vida Divina, en sus obras, en sus pasos, en su corazón, en su mente, hasta en su voz, de su ser formará tantas estancias para dar oportunidad a mi Divina Voluntad de hacerla ahora hablar, ahora obrar, ahora caminar, ahora amar, en suma lo que quiere”.

(3) Después continuaba pensando en las tantas verdades que Jesús me había dicho sobre su Divina Voluntad, y mi amado Bien Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, toda vida tiene necesidad de alimento, no sólo esto, sino de materia adecuada para formarse aquella vida, debe tener su principio, su crecimiento.  Sólo en Nosotros las cosas no tienen principio, pero en la criatura cada cosa tiene su principio, por lo tanto, para tener principio la Vida obrante de mi Divina Voluntad en la criatura, debía suministrar la materia prima para formarla, ¿pero sabes tú cuáles son estas materias primas?  Los primeros conocimientos y verdades que te he manifestado sobre mi Divina Voluntad, ellos han formado el humor, el calor y el primer acto de vida para dar principio a su Vida.  Ahora, después de haber formado el principio de esta Vida, era necesario formarla, hacerla crecer y alimentarla, así que conforme han seguido mis manifestaciones sobre mi Querer, quién ha servido para formarla, quién para hacerla crecer y quién para alimentarla.  Si Yo no hubiera continuado mi decir sobre Él, podía quedar ahogada, o bien una Vida sin crecimiento, porque ella no se alimenta de otra cosa, sino sólo de verdades y conocimientos que le pertenecen.  Mira entonces la necesidad de mi prolongado decir sobre mi Fiat, era necesario para hacerlo conocer a la criatura, era necesario para formar su Vida y no hacerle faltar el alimento divino de sus mismas verdades, que son las únicas que le pueden servir para alimentarse, porque fuera de la criatura mi Voluntad no tiene necesidad de nada y de ninguno, por Sí misma en su naturaleza es vida, alimento y todo, en cambio en la criatura, queriendo su parte concurrente, por vía de conocimientos y verdades que le pertenecen forma su Vida más o menos según ella conoce, y estos conocimientos forman una unión indisoluble entre el uno y la otra, la sustancia, el calor, el crecimiento, el alimento de la Vida de mi Voluntad en la criatura.  He aquí por qué regreso a mi decir, porque sirve a mi misma Voluntad en ti, y a ti para hacértela conocer más, amar y apreciar.

(5) Ahora, cuando las criaturas oigan que mi largo decir, mis visitas casi continuas, mis tantas gracias, servían para formar la Vida de mi Voluntad Divina en ti, no más se maravillarán de los modos que he tenido, de las gracias que he hecho, de las tantas verdades que he dicho, era Vida que debía formar y la vida tiene necesidad de actos continuados; ¿qué vida puede decir que no tiene necesidad de actos continuados?  Ninguna, las obras no tienen necesidad de actos continuos, pero la vida los necesita, el respiro, el latido, el movimiento continuo, un alimento que cada día la sostiene, un vestido que la cubre, una habitación que la tiene al seguro.  Mira entonces cómo todo lo que he hecho y haré era necesario para Mí, para formar esta Vida de mi Voluntad Divina, y era necesario para ti, para recibirla y poseerla, y para no hacerle faltar nada de lo que convenía a una Vida Divina.  Cuando Yo obro, obro con sabiduría, orden y armonía divina, ¿debía decirte que quería formar esta Vida de mi Divina Voluntad en ti sin hacértela conocer, sin darte las materias divinas para formarla, y el alimento continuo para hacerla crecer?  Yo no sé hacer estas cosas, si digo qué quiero, debo dar todo lo que es necesario, y en modo sobreabundante para hacer que la criatura pueda hacer lo que quiero.  Y como las criaturas no conocen mi modo de obrar, se maravillan, dudan, y algunos llegan a condenar mi obrar, y la criatura que he tomado en la mira para cumplir mis grandes designios, que ayudarán a todo el mundo entero, porque la Vida de mi Voluntad Divina obrante en la criatura no está sujeta ni a morir, ni a terminar, sino que tendrá su perpetuidad en medio a las generaciones humanas.  Por eso déjame hacer y sigue siempre tu vuelo en mi Divina Voluntad”.

 

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32-19

Agosto 6, 1933

 

Cómo la Celestial Reina crecía junto con la Divina Voluntad,

y cómo poseía el sol hablante.  Alegrías de Dios en la

creación del hombre, poder que le daba.

 

(1) Estoy siempre en los brazos del Fiat Divino, el cual ahora me detiene en una obra suya, y ahora en alguna otra, parece que me quiere hacer comprender bien lo que ha hecho por amor nuestro, por eso, mientras giraba en sus obras me ha detenido en el acto de la Concepción de la Virgen, veía cómo la Divina Voluntad tenía su primer puesto y crecía y se difundía en aquellos pequeños miembros conforme crecía la misma pequeña Reinita, crecían juntas las dos, ¡qué feliz crecimiento, qué gran prodigio!  La Divina Voluntad abajarse, encerrarse en la pequeñez de la Virgen Santa para crecer junto.  Pero mientras yo quedaba admirada, mi amado Maestro divino, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, el hacer vivir a la Celestial Reina en el Fiat Divino fue el acto más grande, más heroico, más intenso de amor que hizo nuestro Ente Supremo, y aunque nuestros bienes son inmensos e innumerables, con dar nuestra Voluntad para vivir en Ella, no podíamos darle de más, ni agregar otra cosa, porque con Ella le dábamos todo, y formaba en Sí misma la fuente y el manantial de todos los bienes divinos, por cuanto a criatura es posible.  Ahora, la Soberana Pequeña con crecer junto con nuestra Voluntad, conforme crecía así formaba en su alma, en su corazón, en sus obras y pasos, tantos soles hablantes, que con voces de luz y de amor irresistible nos hablaban, nos hablaban tanto, nos hablaban de amor, nos hablaban de nuestro mismo Ser Divino, nos hablaban del género humano, nos hablaban sus pasos, sus manitas, los latidos de su corazón, que con voz de luz llegaba hasta nuestro seno divino, y hablaba hasta dentro de Nosotros mismos.  Su decir no cesaba jamás, porque viviendo en la Reina Celestial nuestro Querer, tenía su Ser todo hablante, que no con voces humanas, sino con voces arcanas y divinas tiene siempre qué decir, que no se agota jamás, mucho más que el Fiat Divino es palabra, y palabra obrante, palabra creadora; ¿cómo podía cesar su decir si lo tenía en su poder?  Por lo tanto su decir nos tenía asediados, raptados, circundados por todos los lados, ocupados, en modo que se volvía irresistible e invencible para darle lo que quería, su palabra era potente y hacía ceder a nuestra potencia, era suave y dulce y hacía que nuestra justicia se replegara, era luz y se imponía sobre nuestro Ser Supremo, sobre nuestro amor, sobre nuestra bondad, en suma, no había cosa nuestra que dulcemente no se plegara ante las voces potentes de esta Celestial Criatura”.

(3) Pero mientras mi dulce Jesús esto decía, me hacía ver a la Celestial Reina, que de dentro de su corazón salía un Sol que invadía toda la corte celestial, toda la tierra, y sus rayos estaban formados de luz fulgidísima, de voces que hablaban a Dios, a los santos y a los ángeles, a todas las criaturas de la tierra.  Así que mi Mamá Celestial posee todavía su decir continuo, su Sol hablante que con voces de luz hablante habla a su Dios y lo ama y glorifica divinamente, habla a los santos y les hace de Madre beatificante y portadora de alegrías a toda la corte celestial, habla a la tierra y como Madre nos forma el camino para conducirnos al Cielo; y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Mira entonces lo que significa vivir de Voluntad Divina, se adquiere el hacer, el decir, el amor continuo; lo que sale de dentro de mi Voluntad tiene virtud obradora, iluminadora y continuadora, y por eso son actos triunfadores que vencen a Dios”.

(5) Después de esto continuaba mi giro en los actos del Fiat Divino, y me he detenido en la creación del hombre, y ofrecía los mismos actos divinos que hizo al crear al hombre, y los de Adán inocente, para impetrar el reino de la Divina Voluntad, y mi sumo Bien Jesús ha dicho:

(6) “Hija mía bendita, conforme ofrecías nuestros actos al crear al hombre, y los de Adán inocente para impetrar el reino de mi Divina Voluntad, así nos has repetido las alegrías que sentimos al crear al hombre, y has formado nuevos vínculos de unión entre la Voluntad Divina y humana, son los mismos actos nuestros que formaron el lugar donde crear al hombre y le suministraron la vida para animarlo, así los mismos actos nuestros formarán el camino para hacerlo reentrar en nuestra Voluntad.  Por eso el ofrecimiento de nuestros actos, que están armados de potencia, nos hacen decidir a dar lo que la criatura pide, mucho más que son portadores de alegrías, pero tanto que nos ponen en fiesta y, ¿quién no sabe que en las fiestas se abunda en el dar dones nunca dados?  Ahora, tú debes saber que en ninguna otra cosa creada por Nosotros sentimos tanta alegría como al crear al hombre, ¿pero sabes por qué?  Ni al cielo, ni al sol, ni a las estrellas, ni al viento, ni a todo lo demás, dábamos el poder de podernos dar nuestro latido, nuestra Vida, nuestro amor; si dábamos, dábamos Nosotros, pero ellas no tenían ningún poder de darnos nada, por eso la alegría del recibir, no, no existe en las otras cosas creadas, a lo más la alegría de dar, porque no estando la correspondencia la alegría queda aislada y sin compañía, en cambio al crear al hombre le dábamos el poder de darnos nuestra Vida, nuestro latido eterno que palpita y da amor, nuestra alegría fue mucha al dar este poder al hombre, de sentir nuestro latido en él y de dar nuestra Vida a su disposición para podernos amar con una Vida Divina; así que el hombre podía felicitarnos y correspondernos con sus alegrías, y alegrías que podían estar a la par con las nuestras.  Ahora, al ver nuestra Vida en él, al sentir nuestro latido palpitar en él, sentimos tal alegría que quedábamos estáticos ante un portento tan grande de la creación del hombre, y ahora, ofreciéndonos estos actos nuestros, nos sentimos repetir las alegrías y el dulce recuerdo de su creación.  Por eso repite tus ofrecimientos si quieres darnos alegrías e inclinarnos a dar nuestra Voluntad reinante sobre la tierra”.

 

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32-20

Agosto 13, 1933

 

Delirio y pasión divina del Querer Divino por querer vivir

junto con la criatura.  Su acto nuevo y el Pintor divino.

Qué significa vivir en el Querer Supremo.

 

(1) Estoy siempre de regreso en los brazos de la Divina Voluntad, parece que suspira el tenerme siempre con Ella para darme su Vida continua, y yo suspiro por recibirla, sin Ella sentiría que me falta la tierra bajo los pies, el latido en mi corazón, y sufriría un hambre tremenda, sin que ninguna otra cosa me pudiera dar ni siquiera una migaja para saciar el hambre.  ¡Oh! Voluntad Divina, si quieres volverme feliz vivamos juntas, y pueda encontrar en mí la felicidad de tu misma Vida.  Pero mientras mi mente se perdía en el Fiat, mi amado Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, podría decir que es un delirio, una pasión divina de mi Voluntad, que quiere hacer vida junto con la criatura, cediendo la suya para tener la pequeñez humana, pero, ¿sabes por qué?  Tú debes saber que mi Querer Divino tiene siempre pronto un acto nuevo para dar a la criatura, pero si no vive junto, no se habitúa a hacer sus actos unida con mi Querer para formar de ellos uno solo, y no lo puede dar, primero porque no sería digna de recibirlo, segundo porque no entendería el valor del gran don que recibe, y no tendría virtud de absorberlo en sí como vida propia.  Con el vivir junto con mi Divina Voluntad se adquiere nueva vida, modos divinos, ciencia celestial, penetración de las cosas más profundas, en suma, como mi Fiat es el Maestro de los maestros y el que crea la ciencia más alta, hace conocer las cosas, no veladas, sino como son en realidad, por lo tanto, viviendo junto con la criatura no la quiere tener ignorante, la instruye, le hace sus sorpresas, le cuenta su historia divina, y esto la transforma y la vuelve capaz de recibir su acto nuevo que mi Querer le quiere dar, y el alma en cada acto que hace unida con Ella, adquiere una nueva prerrogativa de semejanza divina.  Con el vivir junto con mi Querer el alma se afina, se embellece, y se vuelve en nuestras manos creadoras como la tela adecuada en manos del pintor, que por cuánto más bella, más fina es la tela, tanto más bella queda la imagen que quiere pintar sobre esa tela, parece que sus pinceles y sus colores adquieren más arte, son más capaces, mucho más porque ponen a lo vivo los colores sobre de una tela finísima.  Así que la tela se cambia en imagen, que dando a lo vivo los colores adquiere tal valor, de volverse admirada quién sabe por cuántos pueblos.  Ahora, más que pintor divino es mi Voluntad, y no se cansa jamás de dar nueva belleza, santidad y ciencia nueva, y está esperando un acto hecho junto con Ella para enriquecerla, para hacerse conocer de más y hacer uso de sus pinceles divinos, para elevarla a tal altura y especial belleza, de hacerla ser admirada quién sabe por cuántas generaciones, de modo que todas la llamarán bienaventurada, y quien tiene el bien de mirarla se sentirá feliz; todos los actos nuevos recibidos de Dios, en virtud de que ha obrado en mi Querer, la alabarán y ensalzándola la harán conocer como la obra más bella de mi Fiat Divino; su quererse abajar a vivir con la criatura, su delirio divino, es señal de que quiere hacer cosas grandes de ella y dignas de su potencia creadora, por eso vivir junto con mi Fiat es la fortuna más grande, y debería ser el delirio, la pasión vehemente y la ambición de todos”.

(3) Después de esto oía en mí y fuera de mí el mar murmurante del Fiat Divino, ¡oh! cómo es dulce, suave su murmullo, murmura y habla, murmura y acaricia a su amada criatura, murmura y la besa, y estrechándola entre sus brazos le dice:  ‘Te amo.’  Y pide amor.  No hay cosa más bella, más agradable, que el que un Querer tan Santo le diga ‘te amo’, y pide por correspondencia el pequeño amor de la criatura.  Yo me sentía correr este murmullo divino como vida en todo mi ser, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿quieres saber qué significa hacer y vivir en mi Voluntad Divina?  Conocer dónde se encuentra, con quién tiene qué hacer, qué puede recibir, no olvidar el bien que ha recibido, todo esto es señal de que el alma vive en mi Divina Voluntad, porque decir que vive en Ella y no conocer dónde se encuentra la morada divina que se presta a hacerle de habitación, sería no apreciar, porque las cosas, las personas, los lugares cuando no se conocen, no se aprecian, decir vivo en el Querer Divino y no saberlo es absurdo, y si no lo conoce no es una realidad, sino un modo de decir, mientras que la primera cosa que hace mi Voluntad es develarse, hacerse conocer a quien quiere vivir junto con Ella.  Por lo tanto, conociendo dónde se encuentra, conoce qué tiene que hacer con un Querer tan Santo que quiere todo para darle todo.  Por eso se pone en acto de recibir su santidad, su luz, y se pone en acto de vivir de los bienes de Aquél que convive junto, porque conociéndolo no siente más el deseo de abajarse en su voluntad humana, mucho más que ya no es suya.  Con este conocimiento la criatura adquiere el oído para escucharlo, la voz para hablar de él, la mente para comprenderlo, la confianza en modo divino para pedir todo y recibir todo, así que no ignora los bienes que posee, más bien es toda ojo para custodiarlos y agradece a Aquél que tanto se ha abajado a vivir con ella.  Ahora, si alguno lee estas líneas que te he hecho escribir y no comprende lo que está escrito, y quedando maravillado pondrá en duda verdades tan sacrosantas, y hasta dónde puede llegar la criatura con vivir junto con mi Querer, es señal de que no vive con Él; ¿cómo lo puede comprender si no tiene en sí esta Vida tan Santa, no ha probado jamás sus delicias, no ha escuchado jamás sus bellas lecciones, su paladar no ha gustado jamás este alimento celestial que sabe dar mi Voluntad?  Por eso ignoran lo que sabe hacer y dar mi Fiat, y si lo ignoran, ¿cómo pueden comprenderlo?  Cuando un bien no se conoce, si no se sienten al menos las disposiciones de quererlo creer, lleva la ceguera de la mente y la dureza del corazón, y se puede llegar aun a despreciar aquel bien, que para quien lo conoce y lo posee forma su fortuna y su gloria, y daría su vida humana para poseer la Vida de mi Fiat y sus bienes que ha conocido, y conociéndolo es toda oído para escucharlo, es toda ojo para mirarlo, es toda corazón para amarlo, es toda lengua para hablar de Él, más bien quisiera tener quién sabe cuántas lenguas para decir el bien que conoce, las prerrogativas de Aquél que posee como vida, porque la suya no le basta para poder decir todo lo que conoce.  Por eso cuando quiero dar un bien, un don, especialmente el gran don de mi Voluntad como vida en la criatura, la primera cosa que hago es la de hacerla conocer, no quiero dar la luz y ponerla en lugar oculto como si no la tuviera, ni mis dones para esconderlos y como para sepultarlos en ella, ¿en qué aprovecharía darlos?  Y si no los conoce, ¿cómo podría la pobre criatura corresponderme, amarlos y apreciarlos?  Si doy es porque quiero que hagamos vida junto y unidos gocemos el bien que le he dado.  Es más, tu Jesús se hace vigilante centinela para custodiar lo que he dado a mi amada criatura.  Así que conocer significa poseer, poseer significa conocer, para quien no conoce, las verdades se vuelven difíciles y sin vida.  Por lo tanto sé atenta y goza lo que tu Jesús te ha dado y hecho conocer”.

 

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32-21

Agosto 20, 1933

 

La Divina Majestad se inclina hacia la criatura cuando la ve

dispuesta a hacer un acto de su Voluntad.  Diferencia que hay

entre quien hace la Divina Voluntad, y entre quien vive en Ella.

Cómo queda mezclada en el Fiat.

 

(1) Mi pobre mente continúa recorriendo el mar del Fiat, me parece que estoy siempre dentro, pero abarcarlo todo no me es dado, soy demasiado pequeña e incapaz, y mientras camino, ¡oh, cuánto me queda por caminar y comprender!  Toda la eternidad no será suficiente para recorrerlo todo, pero mientras mi mente se perdía en su inmensidad, mi amado Bien Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, es cierto que toda la eternidad no te bastará para recorrer el inmenso mar de mi Querer, mucho menos las pocas horas de tu vida; te basta estar dentro para ser feliz, sé atenta para tomar las gotitas que tu pequeña capacidad puede tomar, porque tú debes saber que es tanto nuestro contento cuando vemos a nuestra criatura que está dentro de nuestro mar del Fiat, y que quiere comprender más y encerrar en sí otro conocimiento suyo para poder formar un acto más de Vida de nuestra Voluntad, que nuestra adorable Majestad se inclina hasta lo bajo de la criatura, y tocando con nuestras manos creadoras su pequeña inteligencia, la volvemos capaz, y con nuestra potencia formamos el espacio donde debe encerrar el nuevo acto de nuestra Voluntad, porque no hay acto más grande, que más nos glorifica y nos ama, que un acto cumplido de nuestra Voluntad en la criatura, tanto que los Cielos se abajan, toda la Creación se inclina y adoran a mi Voluntad cumplida en la pequeña criatura.  Ella misma, que invade todo y no hay punto donde no se encuentre, llama todo, cielo y tierra a hacer honor a sus actos cumplidos en la pequeñez humana”.

(3) Después seguía pensando en la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “¿Pero qué diferencia hay entre quien hace la Divina Voluntad y entre quien vive en Ella?”  Y mi amable Jesús todo bondad ha agregado:

(4) “Hija mía, hay gran diferencia entre la una y la otra, quien vive en mi Divina Voluntad posee la Vida de Ella, y recibe vida continua de Dios para conservar, alimentar y hacer crecer esta Vida de mi Voluntad en la criatura, Vida posee y Vida recibe.  En cambio quien hace mi Divina Voluntad recibe los efectos de Ella, y entre la Vida y los efectos hay tal distancia, que no hay comparación posible.  ¿No hay diferencia entre la vida y la obra?  La vida palpita, piensa, habla, ama, camina, y repite cuantas veces quiere lo que posee como vida, en cambio la obra, siendo efecto de la vida, no palpita, no piensa, no habla, no ama, no camina, ni es capaz de repetirse, y puede darse que la misma obra con el tiempo se consuma y no se encuentre más, cuántas obras hechas, quién sabe con cuánto ruido, no existen más, en cambio la vida no se consume, y si se consume el cuerpo por la muerte, es por poco tiempo, pero el alma no muere, ni puede consumirse aunque lo quisiera.  Mira entonces que gran diferencia hay entre la vida y los efectos que puede producir la vida, los efectos se producen a tiempo, circunstancias y lugares, en cambio la vida no se interrumpe jamás, palpita siempre y tiene en su poder el poder producir diversos efectos según las circunstancias.  Ahora, quien vive en mi Voluntad, poseyendo la Vida de Ella, tiene en su poder, y siempre, no a intervalos:  Santidad, gracia, sabiduría, bondad, todo, y como es Vida que posee, tanto en el alma como en el cuerpo, de modo que todas las más pequeñas partecitas de su ser contienen el Fiat Omnipotente, y corre más que sangre en toda la criatura, tanto, que si palpita, palpita Fiat; si piensa, en sus pensamientos está impreso el Fiat; si habla, se escucha en su voz correr mi Fiat y habla de Él; si obra, sus obras están mezcladas con mi Fiat, y si camina, sus pasos dicen Fiat; es Vida hija mía, y como Vida se la debe sentir en todo su ser, no puede hacer menos que sentirla.  No así para quien hace mi Voluntad, para percibirla la debe invocar, rogar, pero, ¿cuándo la invoca?  En las circunstancias dolorosas de la vida, en las necesidades, cuando se ve acosada por enemigos, casi como aquellos que llaman al médico cuando están enfermos, pero si están bien el médico es siempre un extraño para ellos, por lo que la Vida perenne de mi Querer Divino no existe en ellos, y por eso son cambiantes en el bien, la paciencia, la oración, la luz, no las sienten como vida en ellos, y por lo tanto no sienten la necesidad de poseerlas como propiedad suya, ni las aman con verdadero amor, porque cuando los actos no son continuos no se tiene el dominio sobre de ellos, ni se tienen en propio poder, por lo que el amor queda roto, por eso la diferencia es grande entre la vida y los efectos, la vida hace sentir la necesidad de vivir de Voluntad Divina, en cambio los efectos no, si se tienen, se tienen, si no se tienen quedan indiferentes, por eso el querer siempre mi Voluntad significa que se posee la Vida de Ella”.

 

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32-22

Septiembre 2, 1933

 

Canales, comercio entre el Cielo y la tierra, comercio

del alma que vive en la Divina Voluntad.  Competencia

de amor entre criatura y Creador.

 

(1) Soy siempre el pequeño átomo en el Querer Divino, recién nacida apenas y siento la extrema necesidad de ser alimentada y crecer en sus brazos paternos, de otra manera surge en mí el querer humano para formar su vida infeliz.  Dios mío, ten piedad de mí y no permitas que yo conozca ni adquiera otra vida sino la de tu Voluntad, y sintiéndome afligida, oprimida por las casi continuas privaciones de mi dulce Jesús, que me tienen sacrificada sobre la hoguera de un dolor, y que sólo Dios es testigo de un martirio tan duro, por lo que tenía temor de que mi infeliz querer humano me hiciera una jugarreta, y mi amado Jesús para infundirme ánimo, sosteniéndome en sus brazos porque no podía más, me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ánimo, aleja de tu corazón todo temor, esta es el arma que, o mata o hiere el amor y hace perder la familiaridad con tu Jesús, y Yo, ni sé estar, ni quiero estar con quien quiere vivir de mi Voluntad, sin intimidad, sería como si no fuese una sola cosa Conmigo, si esto fuera no podría decir que es una la Voluntad que nos ánima y forma tu vida y la mía, sino que debería decir:  ‘Tú tienes tu voluntad, y Yo tengo la mía’.  Y Yo no quiero esto, porque el vivir en mi Querer no existiría más en ti, más bien quiero que en cada pena que sufras, aun en mi privación, en cada cosa que hagas de todo tu ser, llames siempre a mi Voluntad, a fin de que todos tus actos formen el canal donde Ella pueda encontrar el camino, el lugar dónde encerrar sus bienes y hacerlos correr en abundancia, según el canal que has preparado; cada acto que tú haces puede ser un canal de gracias, de luz, de santidad, que prestes a mi Voluntad, la cual te hará propietaria de los bienes que encierra en tus actos, y los hará correr para bien de todos.  Mira entonces para qué debe servirme tu ser, tus penas, tus actos, deben servir como tantos canalitos en los cuales pueda poner siempre de lo mío; el poner de lo mío es felicidad para Mí, es el darme qué hacer, es el sentirme amado y conocido.  Y es tanto mi deseo de poner en los actos de la criatura mis propiedades divinas, para volverla dueña, que estoy a la espía, hago de vigilante centinela, uso todas mis atenciones amorosas para ver si sus actos están vacíos del querer humano y si hace la llamada a mi Divina Voluntad, la cual encontrando el vacío en los actos humanos, se sirve de ellos como canales para poner en ellos las gracias más grandes, los conocimientos más sublimes, la santidad que más los asemeja, y con esto forma la dote divina a su amada criatura”.

(3) Luego de esto ha hecho silencio, y después ha agregado con un acento más tierno:

(4) “Hija mía, tú debes saber que para quien vive en mi Divina Voluntad no hay tiempo que perder, ni se puede poner atención a ciertas minucias, a temores, a opresiones, a agitaciones, a dudas, quien tiene que hacer lo más, lo menos lo debe hacer a un lado, quien debe tomar el sol y gozárselo, es necesario que no ponga atención a las pequeñas luces, y quien posee el día no debe poner atención a la noche, porque el sol es más que las pequeñas luces y el día tiene más valor que la noche, y si quiere poner atención al uno y al otro, corre peligro de no gozar toda la plenitud de la luz del sol, ni haga todo lo que puede hacer el día, y puede ser que por poner atención a lo menos, pierda lo más.  Mucho más que mi Divina Voluntad para quien vive en Ella, quiere estar siempre en acto de dar, y la criatura debe estar siempre en acto de recibir, y si se quiere poner atención a otras cosas, mi Voluntad es obligada a hacer pausas en el dar, porque no la encuentra atenta a recibir lo que quiere dar, y esto es interrumpir la corriente divina, y si supieras qué significa, cómo estarías atenta.

(5) Además de esto, tú debes saber que conforme la criatura hace sus actos en mi Divina Voluntad, entra en los bancos divinos y hace su comercio de valor infinito, ella como viene en nuestro Querer, si bien es pequeña, pero viene como dueña, y se hace dueña de lo que nuestros bancos divinos poseen y toma cuanto más puede tomar, y como lo que toma no lo puede encerrar todo dentro de sí, lo deja en depósito junto con nuestros mismos tesoros, y Nosotros la hacemos hacer, gozamos con su comercio, y es tanta nuestra bondad, que le damos el interés a las adquisiciones que ha hecho.  Así que, cada vez que hace sus actos en nuestro Querer, abre el comercio entre el Cielo y la tierra, y pone en comercio nuestra santidad, potencia, bondad, amor, y Nosotros para no quedarnos atrás de nuestra amada criatura, ella sube y Nosotros descendemos en lo bajo del querer humano, y abriendo nuestro comercio hacemos la adquisición del querer humano, comercio tan querido y agradable para Nosotros, y así hacemos competencia y nos conquistamos mutuamente.  Hija buena, vivir en nuestro Querer y no tener ella qué hacer con Nosotros y Nosotros con ella, ni tener qué decir, ni hacernos sentir, nos resulta imposible, si esto fuera no sería más Vida nuestra que desarrollamos en la criatura, sino un modo de decir, no una realidad.  La vida siente la necesidad absoluta de moverse, de hacerse sentir, de respirar, de palpitar, de hablar, de dar calor; ¿cómo se puede sofocar una vida, estar, vivir, y no hacerse sentir?  Esto le es imposible a Dios y a la criatura.  Por eso no te alarmes cuando oyes que todo es silencio en ti, son breves incidentes, porque soy Yo mismo el que siento la necesidad de hacer sentir que mi Vida existe en ti.  Estar y no hacerme sentir sería mi más crudo martirio, lo puedo hacer por poco, pero no siempre, por eso no estés pensativa, vive toda abandonada en Mí, y Yo pensaré en todo”.

 

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32-23

Septiembre 10, 1933

 

Nuestro Señor desembolsa el precio para comprar su Divina

Voluntad, para darla a las criaturas.  El baño en el Querer

Divino.  El marecillo del alma y el gran mar de Dios.

 

(1) Estaba siguiendo a la Divina Voluntad en sus actos, tanto de la Creación como de la Redención, veía cómo todos tenían una conexión con la voluntad humana para que pudiera tener su puesto la Divina, y como muchos actos humanos huían de recibir la santidad del acto divino, no dándole el primer puesto, pensaba entre mí:  “Cómo es difícil que el Fiat Supremo extienda su reino en los actos humanos de las criaturas, porque parece que no reconocen ni siquiera el acto divino que corre en ellos, por lo tanto no lo aprecian ni le dan la supremacía debida, más bien parece que los actos humanos son como un pueblo sin rey, sin orden, y muchos son enemigos de los actos divinos que les quieren dar la vida, porque mientras corren en ellos no los reconocen”.  Dios mío, decía entre mí, ¿cómo puede ser que tu Voluntad forme su reino?  Y mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome, todo ternura, ahogado de amor, como si tuviera necesidad de un desahogo me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Voluntad, no hay que tener dudas, es más que cierto que mi Querer tendrá su reino en medio a las criaturas, como fue cierto mi descendimiento del Cielo a la tierra.  Yo, haciéndola de rey, debía constituir el reino a mi Fiat, el cual el hombre había rechazado, por eso mi Divinidad unida a mi Humanidad descendía del Cielo para comprar mi Divina Voluntad para las criaturas; cada acto que hacía era un adelanto del precio que se requería, y que daba a la Divina Majestad para volver a comprar lo que el hombre había rechazado y perdido, así que cada acto mío, pena, lágrima, y la misma muerte de cruz, no fue otra cosa que desembolsar el precio suficiente para comprar mi Voluntad Divina y darla a las criaturas.  Así que si la compra fue hecha, pagado el precio, la Divinidad aceptó, y fue concluido el pago con el sacrificio de mi Vida, ¿cómo no debe venir su reino?  Tú debes saber que conforme mi Humanidad obraba, sufría, oraba, así mi Fiat Divino descendía en lo bajo de mis actos humanos y formaba su reino, y como Yo era la cabeza, el hermano mayor de todas las generaciones humanas, el reino pasaba a mis miembros, a mis hermanos menores.  Pero primero era necesaria la Redención, porque ésta debía servir para labrar el terreno de las voluntades humanas, para purificarlas, prepararlas, embellecerlas, y para hacerles conocer cuánto le ha costado a este Hombre y Dios la compra que ha hecho de esta Voluntad Divina para darla a las criaturas, a fin de que puedan recibir la gracia de poder recibir el gran don de ser dominadas por mi Voluntad; si no hubiera estado primero la Redención, faltaría el desembolso del precio y el acto preparatorio para un bien tan grande.  Es más, te digo que la Divinidad, antes de que Yo descendiera del Cielo había decretado la Redención y el reino de mi Voluntad, debiendo servir la una al desembolso de la otra, porque siendo Ella Divina y de valor infinito, se necesitaba un Hombre Dios que pudiese pagar y adquirir un Querer Divino, para darlo de nuevo a quien lo había perdido, y si esto no fuese, no me habría movido del Cielo para venir sólo a redimir, sobre todo que me interesaba más el restituir los derechos a nuestra Voluntad ofendida y rechazada que la misma Redención, y además no habría actuado como Dios si ponía a salvo a mis criaturas, y mi Voluntad la hacía a un lado, no dándole los derechos debidos y de restituirle su reino en medio a las criaturas.  Por eso está cierta, vendrá su tiempo, me armaré de potencia y de amor, y sonará la hora del triunfo del reino de mi Fiat, y además, lo dicen mis tantas verdades que he manifestado sobre mi Divina Voluntad, ¿para qué decirlas si no debiera venir su reino?  Habría sido un jueguito mi largo decir, o bien un bien individual, pero no, no, puedo decir que mi hablar era el continuo desembolso que hacía para hacer conocer qué cosa es mi Voluntad, y que debe venir a formar su reino divino.  Por eso sé atenta, sufre y ruega por una finalidad tan santa”.

(3) Después de esto continuaba sumergiéndome en el Fiat Divino, sentía la necesidad de entrar en su mar para tomar los alimentos necesarios para alimentar y conservar su misma Voluntad en mi alma, el nuevo acto que Ella tiene, y que también en mí siente la necesidad de tener su acto nuevo continuado, sus refrigerios infinitos.  Por lo tanto, mientras me sumergía en su mar divino, mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija bendita, tu pequeño riachuelo de mi Querer encerrado en ti, siente la necesidad de arrojarse en el gran e inmenso mar de mi Voluntad.  Así que para quien vive en mi Querer, tiene por su pequeñez el marecito de mi Querer dentro de sí, y el mar inmenso fuera de sí, y el pequeño siente la necesidad de arrojarse en el grande para engrandecer siempre más su pequeño mar, y esto lo hace cada vez que quiere hacer los actos en mi Voluntad, ella viene a hacer su baño en el grande, y mientras se baña toma los alimentos, los refrigerios divinos, nuestra frescura, en modo que se siente renovar toda a nueva Vida Divina, y como mi Voluntad tiene la virtud comunicativa, no hace salir de su gran mar a la criatura si no la ha llenado hasta el borde de nuevos actos de su Voluntad.  Mira entonces, Ella está esperando tus actos para darte su baño y comunicarte sus nuevas prerrogativas que tú no poseías, y si supieras qué significa tomar un nuevo baño en el mar de mi Querer Divino, cada vez que lo toma se siente renacida a nueva vida, adquiere nuevos conocimientos de Aquél que la ha creado, se siente amada de más por su Padre Celestial, y surge en sí nuevo amor por Aquél que ama, en suma, es la hija que conoce y quiere conocer más a su Padre, y no quiere hacer nada sin su Voluntad; es el Padre Divino que llama a su hija para tenerla junto con Él, para formar en ella su modelo, por eso sé atenta y no dejes huir ningún acto que no tome posesión en mi Fiat Supremo”.

 

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32-24

Septiembre 17, 1933

 

La Divina Voluntad es el motor y la asaltante, da vida, llama

a vida  y hace surgir el recuerdo de todo.  Campamento divino.

El movimiento de mi Voluntad Divina forma su Vida en la criatura.

 

(1) Estoy bajo las olas eternas del Querer Divino, y me parece que quiere que ponga atención a estas olas, las reconozca, las reciba en mí, las ame, para decirme:  “Soy el Querer eterno que te estoy encima, que te circundo por todas partes, invisto tu movimiento, tu respiro, tu latido, para hacerlos míos, para hacerme el lugar y así poder distender mi Vida en ti; soy el inmenso que me quiero restringir en la pequeñez humana, soy el potente que me deleito en formar mi Vida en la debilidad creada, soy el santo que quiero santificar todo, ponme atención y verás qué sé hacer, y qué haré en tu alma”.  Pero mientras mi mente estaba toda ocupada por el Querer Divino, mi siempre amable Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi Voluntad es el motor que con constancia férrea asalta a la criatura por todos lados, dentro y fuera, para tenerla Consigo, y formar el gran prodigio de formar su Vida Divina en la criatura; Ella, se puede decir que la ha creado para formar y repetir su Vida en ella, y a cualquier costo quiere lograr su intento, y en todas las cosas gira en torno a ella y parece que le dice:  ‘Mírame, soy Yo, conóceme, vengo para formar mi Vida en ti, y haciéndola de asaltante, la asalta dentro y fuera, en modo que quien le presta atención siente a mi Divina Voluntad regurgitante dentro y fuera de sí, que está formando el prodigio de su Vida Divina, a la cual no le es dado de resistir a su potencia, y ¿sabes qué cosa hace esta mi Divina Voluntad?  Da vida, llama a vida a todo, hace surgir en esta Vida todo lo que ha hecho y todo lo que ha sido hecho de bien por todas las criaturas, suscita el dulce recuerdo de sus obras, como presentes y en acto, como si las repitiera, nada huye de esta Vida, siente la plenitud de todo, y ¡oh! cómo la criatura se siente feliz, rica, potente, santa, siente la compañía de todos los actos buenos de los demás y por todo ama, glorifica al Fiat Divino como si fueran suyos, y mi Querer se siente dar por ella sus obras, o sea el amor, la gloria de sus obras divinas, y repetir con el recuerdo la gloria y el amor de las otras criaturas.  ¡Oh! cuántas obras puestas en el olvido, cuántos sacrificios, cuántos actos heroicos olvidados que han sido hechos por las generaciones humanas, que no se piensan más, y por lo tanto no hay ni la repetición continua de la gloria, ni quién renueve el amor de aquellos actos, y mi Divina Voluntad formando su Vida en la pequeñez humana, hace surgir el recuerdo de todo; para dar y para recibir todo, concentra todo en ella y forma su campamento divino.  Por eso sé atenta a recibir estas olas de mi Querer, ellas se verterán sobre ti para cambiar tu suerte, y si tú las recibes, serás la más afortunada criatura”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “¿Pero cómo se puede formar esta Vida Divina en el alma?  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la vida humana está compuesta de alma y cuerpo, de miembros, distintos el uno del otro, pero ¿quién es el movimiento primario de esta vida?  La voluntad, así que sin ella no podría hacer las bellas obras, ni adquirir ciencia, ni ser capaz de enseñarla, por eso todo lo bello de la vida desaparecería de la criatura, y si belleza, dote, valor, ingenio posee, se debe atribuir al movimiento de orden que tiene la voluntad sobre la vida humana.  Ahora, si este movimiento de orden lo toma mi Divina Voluntad sobre la criatura, se forma dentro de ella la Vida Divina, así que con tal que la criatura se someta a recibir el movimiento de orden de mi Voluntad, dentro y fuera de sí, como movimiento primario de todos sus actos, ya viene formada mi Vida Divina, y toma su puesto regio en el fondo del alma.  El movimiento dice vida, y si el movimiento tiene principio de una voluntad humana, se puede llamar vida humana, si en cambio el principio es de mi Voluntad, se puede llamar Vida Divina.  Mira cómo es fácil formar esta Vida con tal que la criatura lo quiera:  Yo no quiero, ni pido jamás de la criatura cosas imposibles, más bien primero las facilito, las vuelvo adaptables, factibles, y después las pido, y mientras las pido, para estar más seguro de que pueda hacer lo que quiero, me ofrezco Yo mismo a hacer junto con ella lo que quiero que haga, puedo decir que me pongo a su disposición a fin de que encuentre fuerza, luz, gracia, santidad no humana sino divina, Yo no pongo atención ni a lo que doy ni a lo que hago, cuando la criatura hace lo que quiero la abundo tanto, de hacerle sentir no el peso, sino la felicidad del sacrificio que sabe dar mi Divina Voluntad.

(5) Y así como la vida humana tiene su vida, sus miembros distintos, sus cualidades, así nuestro Ser Supremo tiene sus cualidades purísimas, no materiales, porque en Nosotros no existe materia que forme nuestra Vida; unidas juntas santidad, potencia, amor, luz, bondad, sabiduría, omnividencia de todo, inmensidad, etc., forman nuestra Vida Divina, ¿pero quién constituye el movimiento, quién regula, quién desarrolla con un movimiento incesante y eterno todas nuestras cualidades divinas?  Nuestra Voluntad, Ella es el motor, la dirigente que da a cada una de nuestras cualidades la vida obrante, así que si no fuese por nuestra Voluntad, nuestra potencia estaría sin ejercicio, nuestro amor sin amar, y así de todo lo demás.  Mira entonces cómo el todo está en la Voluntad, y por eso con darla a la criatura damos todo, y como son nuestras pequeñas imágenes creadas por Nosotros, nuestros alientos, las pequeñas llamitas de amor esparcidas por Nosotros en todo lo creado, por eso le dimos una voluntad libre unida a la nuestra, para formar nuestros facsímiles queridos por Nosotros, no hay cosa que más nos glorifique, que más nos ame, que nos vuelva contentos, que encontrar nuestra Vida, nuestra imagen, nuestra Voluntad en nuestra obra creada por Nosotros, por eso el todo lo confiamos a la potencia de nuestro Fiat para obtener el intento.

(6) Hija mía, tú debes saber que tanto en nuestra Divinidad en el orden sobrenatural, cuanto en el orden natural de las criaturas, hay una virtud en naturaleza, una prerrogativa innata, de querer producir vida, imágenes que lo asemejen, y por eso una manía de amor, un deseo ardiente de derramarse a sí mismo en la vida y obra que se produce; en toda la Creación no hay cosa que no nos asemeje:  El cielo nos asemeja en la inmensidad; las estrellas en la multiplicidad de nuestras alegrías y bienaventuranzas infinitas; en el sol está la semejanza de nuestra luz; en el aire la semejanza de nuestra Vida que se da a todos, es de todos y ninguno le puede huir, aunque lo quisieran; en el viento que mientras se hace sentir, ahora con ímpetu, ahora como acariciando dulcemente a las criaturas y a todas las cosas, pero no lo ven, nuestra potencia y omnividencia que todo vemos, todo sentimos y como en un puño encerramos todo, pero no nos ven; en suma no hay cosa en que no esté una similitud nuestra, todas nuestras obras dan de Nosotros, nos alaban y cada una tiene el oficio de hacer conocer cada una de las cualidades de su Creador.  Ahora, en el hombre no era solamente obra que hacíamos, sino vida humana y Vida Divina que creamos en él, por eso anhelamos, queremos, suspiramos el reproducir en él la Vida y nuestra imagen, llegamos hasta ahogarlo de amor, y cuando no se deja ahogar, porque es libre de sí mismo, llegamos a perseguirlo de amor, no haciéndole encontrar paz en todo lo que huye de Nosotros; no encontrando a Nosotros mismos en él, le movemos guerra incesante, porque queremos nuestra imagen bella, nuestra Vida reproducida en él.  Todas las cosas son hechas e injertadas por Nosotros, también en el orden natural hay esta virtud de querer producir cosas y vida similar; mira, una madre genera un niño, todas sus ansias y deseos es que lo quiere similar a sí, y suspira por verlo similar a sus padres, y si el niño es similar a ellos, ¡oh! cómo están contentos, es su orgullo, lo quieren hacer ver por todos, lo hacen crecer con sus costumbres, con sus modos, en suma, este niño se vuelve su preocupación y su gloria, pero si en cambio es desemejante de los padres, feo, deforme, ¡oh! cómo quedan amargados, atormentados y llegan a decir con sumo dolor:  ‘Parece que no sea hijo nuestro, de nuestra sangre’.  Casi quisieran esconderlo para no hacerlo ver a ninguno, sintiéndose humillados y confundidos, y este niño será la tortura de sus padres por toda la vida.  Todas las cosas poseen la virtud de reproducir cosas similares, la semilla produce otra semilla, la flor otra flor, el pájaro otro pajarito, y así de todo lo demás; no producir cosas similares es ir contra naturaleza divina y humana.  Por eso el no tener a la criatura similar a Nosotros es uno de nuestros más grandes dolores, y sólo quien viva de nuestra Voluntad podrá ser de alegría, y portadora de gloria y de triunfo para nuestra obra creadora”.

 

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32-25

Septiembre 24, 1933

 

La Humanidad de Nuestro Señor, sagrario y custodia de

todas las obras de las criaturas.  El amor jamás dice basta.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, no puedo hacer menos que oír el murmullo de su Vida, sería no tener más vida el no oír su murmullo que murmura y da luz, murmura y fortifica, murmura y hace sentir su Vida que calienta y transforma en la suya.  Voluntad Divina, cómo eres amable, admirable, ¿cómo no amarte?  Después seguía sus obras, las cuales, conforme las seguía, así se vertían sobre mí para darme amor y para decirme:  ‘Somos obras tuyas, hechas para ti, tómanos, poséenos y haznos tuyas, a fin de que en lo que haces tengas listo el modelo de las nuestras’.  Y mientras seguía las obras de la Redención, mi dulce Jesús deteniéndome me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, en todas nuestras obras hubo siempre un exceso de amor hacia el hombre, y un exceso me impulsaba para hacer otro.  No me bastó descender del Cielo a la tierra para rehacerlo de nuevo, cada acto que hacía, cada pena, puedo decir que también cada respiro, era dirigido a él, lo llamaba en mi omnividencia, me lo estrechaba en mis brazos, lo modelaba de nuevo para restablecerlo y darle la nueva vida que le había traído del Cielo, lo hermanaba conmigo para ponerlo en la filiación de mi Padre Celestial.  Pero esto no me bastó, para tenerlo más seguro hice de mi Humanidad la depositaria de todas las obras, sacrificios y pasos del hombre.  Mira como todo tengo encerrado en Mí, y esto me lleva a amarlos doblemente en cada acto que hacen.  Con el Encarnarme en el seno de la Inmaculada Reina formé esta mi Humanidad, y me constituí cabeza de la familia humana para unificar a todas las criaturas Conmigo, y hacerlas miembros míos, por eso todo lo que hacen es mío, en el sagrario de mi Santa Humanidad encierro todo, custodio tanto el pequeño bien como el grande, ¿pero sabes por qué?  Porque pasando en Mí les doy el valor como si fueran obras, oraciones y sacrificios míos, la virtud de la cabeza desciende en los miembros, hace una mezcla de todo, y doy el valor de mis meritos a ellos.  Así que la criatura se encuentra a sí misma en Mí, y Yo como cabeza me encuentro en ellas.  ¿Pero crees tú que mi amor dijo o dice basta?  ¡Ah! no, jamás dirá basta, la naturaleza del amor divino es de formar siempre nuevas invenciones de amor, para dar amor y recibir amor, si esto fuera, que dijera basta, sería poner un límite y encerrar en nuestro cerco divino a nuestro amor, pero no, el nuestro es inmenso, y por su naturaleza debe siempre amar, he aquí el por qué después a mi Humanidad quiero hacer seguir el extenso campo de mi Divina Voluntad, la cual hará cosas increíbles por amor de las criaturas.  He aquí por qué sus conocimientos, su querer reinar, si no reina cómo puede ser generosa, ostentar en sus sorpresas de amor, por eso sé atenta y verás qué cosa sabe hacer mi Voluntad”.

 

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32-26

Octubre 1, 1933

 

Escenas encantadoras que Jesús goza en el alma que vive en su

Voluntad.  Llamadas continuas que hacen Dios y la criatura.

 

(1) El Querer Divino no me deja jamás, me parece que siempre está dentro y fuera de mí, como en acto de sorprenderme, porque quiere poner su acto en todo lo que hago, si ruego, si sufro, si trabajo, y también si duermo quiere darme su reposo divino en mi sueño, quiere darse siempre para obrar y en cada cosa me llama diciéndome:  “Hazme descender en lo bajo de tus actos, y Yo te haré subir en la altura de los míos, nos pondremos en competencia, tú a subir y Yo a descender”.  ¿Pero quién puede decir lo que dice la Divina Voluntad en mi alma?  Su amor excesivo, su condescendencia, su continuo ocuparse de mi pobre alma; pero mientras me encontraba bajo el imperio del Querer Divino, derramándose sobre de mí, mi sumo Bien Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, no hay escena que más me conmueva y me rapte, que el ver a la pequeñez humana bajo el imperio de mi Voluntad, lo divino en lo humano, lo grande en la pequeñez, lo fuerte en lo débil, aquel esconderse el uno en el otro, vencernos mutuamente, es tan bello, tan encantador, que encuentro las puras alegrías, la felicidad divina que puede darme la criatura, si bien veo que es mi Voluntad la que me las da, pero me las da por medio del canal de la voluntad humana; si tú supieras cuánto me deleito, para darme placer te harías vencer siempre por mi Voluntad, puedo decir que dejo el Cielo, mientras quedo en él, para venir a gozar las puras alegrías que me sabe dar mi Voluntad Divina en el pequeño cerco de la criatura en la tierra.  Tú debes saber que quien hace mi Divina Voluntad, y deja que su Vida corra en sus actos, llama continuamente a Dios y a todos sus atributos, Dios se siente llamar siempre por la criatura, ahora lo llama porque quiere su potencia, ahora porque quiere su amor, ahora porque quiere su santidad, su luz, su bondad, su paz imperturbable, en suma, está siempre llamándolo porque quiere de lo suyo, y Dios está siempre esperándola para dar lo que pide, y para corresponderle, se siente llamado y la llama, para darle confianza y decirle:  ‘¿Qué otra cosa quieres de mi Ser Divino?  Toma lo que quieras, es más, en cuanto tú me llamas, Yo ya te preparo mi potencia, mi amor, mi luz, mi santidad que se necesitan en tu acto’.  Así que Dios llama al alma, y el alma llama a Dios, y este llamarse siempre mutuamente, la criatura para pedir y recibir, y Dios para dar, forma la Vida de mi Voluntad en la criatura, la madura, la hace crecer y forma el dulce encanto a su mismo Creador.  Un acto continuado encierra tal potencia, que Dios no se sabe desvincular de la criatura, ni ella de Dios, más bien sienten la irresistible necesidad de permanecer unidos el uno con el otro, y sólo mi Voluntad sabe producir estos actos continuos que no cesan jamás, y forman el verdadero carácter del vivir en mi Voluntad.  En cambio un carácter cambiante, un obrar interrumpido, es la verdadera señal de vivir del querer humano, el cual no sabe dar ni firmeza, ni paz, y no sabe producir otra cosa que espinas y amarguras”.

 

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32-27

Octubre 15, 1933

 

Maestría y arte divinos.  El pequeño paraíso de Dios.  Laberinto

de amor, virtud generadora del Fiat.  Dios en poder de la criatura.

 

(1) Mi abandono en el Fiat continúa, siento su aliento Omnipotente que soplándome quiere hacer crecer, engrandecer su Vida en mí, quiere llenarme tanto, de no hacer quedar de mi ser humano más que el solo velo que lo recubre.  Entonces pensaba entre mí:  “¿Pero qué cosa gana este Querer Santo, que tiene tanto interés de formar su Vida en la criatura, que mueve Cielo y tierra para obtener el intento, y qué diferencia hay entre la Divina Voluntad como vida, y entre la Divina Voluntad como efecto?”  Y mi siempre amable Jesús, estrechándome entre sus brazos, con una bondad indecible me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no hay cosa más bella, más santa, más agradable y que más nos agrada y glorifica, que el formar la Vida de nuestro Querer Divino en la criatura; en ella viene formado un pequeño paraíso, donde nuestro Ente Supremo se deleita en descender para hacer ahí su morada.  Mira, en lugar de un paraíso tenemos dos, en los que encontramos nuestras armonías, la belleza que nos rapta, las puras alegrías que duplican nuestra felicidad por causa de haber formado una Vida nuestra de más en el pequeño cerco de la criatura.  En este paraíso, por cuan pequeño, por cuanto criatura puede ser capaz, encontramos todo, todo es nuestro, es más, encontramos la pequeñez que más nos enamora y miramos nuestro arte divino, que en lo pequeño, con la virtud de nuestra potencia, hemos encerrado lo grande, podemos decir que con nuestro laberinto de amor hemos cambiado las cosas, lo grande en lo pequeño y lo pequeño en lo grande; sin un prodigio divino nuestro no podíamos formar ni nuestra Vida ni nuestro paraíso en la criatura; ¿y te parece poco tener una Vida nuestra de más y un paraíso duplicado a nuestra disposición para hacernos felices mayormente?  Tú debes saber que ni el cielo, ni el sol, ni toda la Creación nos cuesta tanto, no hemos puesto ni tanta maestría de arte, ni tanto amor, cuánto hemos puesto en formar nuestra Vida toda de Voluntad nuestra en la criatura, para formarnos un paraíso de más donde señorear a nuestro antojo y gozar nuestras delicias.  El cielo, el sol, el mar, el viento y todo, narran a Aquél que los ha creado, nos señalan, nos hacen conocer, nos glorifican, pero no nos dan una Vida nuestra, ni nos formamos otro paraíso, más bien sirven a aquél o aquélla, en la cual nuestra paterna bondad ha tomado el empeño de formar nuestra Vida en ella, y nos cuesta tanto, que nuestro Fiat usa su virtud obrante y repetidora de su Fiat continuo sobre de su afortunada criatura para cubrirla con su potencia, de modo que un Fiat no espera al otro, de manera que si le infunde el aliento le dice Fiat, si la toca repite Fiat, si la abraza usa su Fiat obrante y la va modelando, y como mezclando en su Vida Divina.  Se puede decir que con su aliento forma su Vida en la criatura, y con su virtud creadora la regenera y forma en ella su pequeño paraíso, ¿y qué cosa no encontramos en Él?  Basta decirte que encontramos todo lo que queremos, y esto es todo para Nosotros.  Ve entonces la gran diferencia que hay entre la Divina Voluntad como vida, y aquella como efecto; como vida, todos los bienes, las virtudes, la oración, el amor, la santidad, se convierten en naturaleza en la criatura, son manantiales que se forman en ella, que siempre surgen, de modo que siente en sí la naturaleza del amor, de la paciencia, de la santidad, así como naturalmente siente en sí la mente que piensa, el ojo que ve, la boca que habla, ningún esfuerzo en esto, porque Dios los ha dado en naturaleza, y se siente dueña de hacer con ellos lo que quiere.  Así, con poseer la Divina Voluntad como vida, todo es santo, todo es sagrado, las fatigas terminaron, la inclinación al mal no existe más, y a pesar que cambia acción, y ahora hace una cosa, y ahora otra, la virtud unitiva de mi Voluntad las une juntas y forman un solo acto, con la distinción de tantas variadas bellezas por cuantos actos ha hecho, y llega a sentir que su Dios es todo suyo, hasta sentir que en el exceso de su amor se ha dado en poder de la criatura, en virtud de la Divina Voluntad que posee como vida se lo siente como parto suyo, y lo hace crecer con tal fineza de amor y de adoración profunda, que queda como naturalmente absorbida en su Creador, que ya es todo suyo, y es tanta la plenitud de amor, la felicidad que siente, que no pudiendo contenerla quisiera dar a todos la Divina Voluntad como vida, para volver a todos felices y santos.

(3) No así para quien no la posee como vida, sino sólo como virtud o efecto, todo es cansancio y siente el bien a tiempo y circunstancia, cesa la circunstancia y siente el vacío del bien, y este vacío produce inconstancia, variedad de carácter, cansancio, siente la infelicidad del querer humano, no goza de paz ni sabe dar paz a ninguno, siente en sí el bien como si se sintiese los miembros dislocados o en parte separados, que no es dueña de servirse de ellos y debe estar sujeta a los demás para hacerse servir; el no vivir de mi Voluntad es el hacerse esclavo y sentir todo el peso de la esclavitud”.

 

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32-28

Octubre 22, 1933

 

Jesús encuentra su Cielo en la criatura; su Mamá Celestial y

todos en el Todo, y el Todo en todos.  La Divina Voluntad se

hace reveladora y cede su Ser Divino a la criatura.

 

(1) Me sentía pequeña, pequeña, tanto de no saber dar un paso, y habiendo recibido la santa Comunión, sentía la necesidad, como pequeña, de refugiarme en los brazos de Jesús para decirle:  “Te amo, te amo mucho”, no sabiendo decirle otra cosa porque soy demasiado ignorante, pero mi dulce Jesús esperaba que le dijera otra cosa, y yo he agregado:  “Jesús, te amo junto con el amor de nuestra Mamá Celestial”.  Y Jesús me ha dicho:

(2) “Cómo me es dulce, refrescante, el sentirme amar con el amor de la hija y de nuestra Mamá juntos, siento sus ternuras maternas, sus ímpetus de amor, sus castos abrazos, sus besos ardientes, que vertiéndose en la hija, Mamá e hija me aman, me besan y me estrechan entre sus brazos con un solo abrazo; encontrar a la hija junto con mi Mamá Celestial que me quiere amar y me ama como me ama mi Mamá, son mis más amadas delicias, mis desahogos de amor, y encuentro la más agradable correspondencia a los tantos excesos de mi amor.  Pero dime, ¿junto con quién otro me quieres amar?”

(3) Y ha hecho silencio, esperando que yo le dijera junto con quién otro lo quisiera amar.  Y yo, un poco cohibida he agregado:  “Mi divino Jesús, quiero amarte junto con el Padre y con el Espíritu Santo”.  Pero parecía que no estaba contento aún.  Y yo:  “Quiero amarte junto con todos los ángeles y santos”.

(4) Y Él:  “¿Y con quién otro?”

(5) Y yo le dije:  “Con todos los viadores y hasta la última criatura que exista sobre la tierra, quiero llevarte a todos y a todo, hasta el cielo, el sol, el viento, el mar, para amarte junto con todos”.  Y Jesús todo amor, que parecía que no podía contener sus llamas ha agregado:

(6) “Hija mía, he aquí mi cielo en la criatura, la Trinidad Sacrosanta que cede su amor para amarme junto con ella, los ángeles y santos que hacen competencia en ceder su amor para amarme junto con ella, este es el gran acto, llevar a todos en el Todo que es Dios, y al Todo en todos.  Tu pequeñez, tus modos infantiles, en mi Divina Voluntad abrazan todo y a todos, quieres darme todo, hasta a la misma Trinidad adorable, y como eres pequeña, ninguno quiere negarte nada, más bien se unen contigo y aman junto con la pequeñita, y con el llevarme a todos en el Todo, y con amarme, difundes el Todo en todos.  Siendo mi amor vínculo de unión y de inseparabilidad, Yo encuentro todo en el alma, mi paraíso, mis obras y a todos, y puedo decir:  ‘Nada me falta, ni el Cielo, ni mi Mamá Celestial, ni el cortejo de los ángeles y santos, todos están Conmigo, y todos me aman’.  Estas son estratagemas e industrias amorosas de quien me ama, que llama a todos, pide amor de todos para amarme y hacerme amar por todos”.

(7) Después de esto continuaba pensando en el Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:

(8) “Hija mía bendita, quien posee mi Voluntad como vida, siente en sí el movimiento divino, Dios se mueve en el Cielo, y ella siente su movimiento, nuestro movimiento es obra, es paso, es palabra, es todo, y como nuestra Voluntad es una con la que posee la criatura, se siente correr dentro de sí el mismo movimiento con el cual Dios se mueve, por lo tanto la obra, el paso, la palabra divina, mi misma Voluntad, lo que hacen en Nosotros hacen en la criatura, de modo que siente dentro de sí no sólo la Vida, sino la nobleza y el modo de Aquél que la ha creado, así que no siente la necesidad de pedirlo, porque se siente poseedora, nuestra Voluntad la ocupa tanto, que le da su amor para hacerse amar, su palabra para hacerla hablar, su movimiento para hacerla mover y obrar, y ¡oh! cómo es fácil que sepa lo que quiere de ella, no hay secretos, ni cortinas para quien vive en nuestra Voluntad, sino que todo está develado, podemos decir que no nos podemos esconder de ella, porque nuestra misma Voluntad nos devela; ¿quién puede esconderse de sí misma?  ¿De no saber sus secretos y lo que quiere hacer?  Ninguno.  De los otros se puede esconder, pero de sí misma le será imposible.  Tal es nuestra Voluntad, se hace reveladora y pone al día a la criatura de lo que hace, de lo que quiere hacer, y le hace grandes sorpresas de nuestro Ser Divino; pero, ¿quién puede decirte hasta dónde puede llegar la criatura y qué cosa puede hacer con poseer como vida a nuestra Voluntad?  Sucede la verdadera transformación y consumación de la criatura en Dios, y Dios toma la parte activa y dice:  ‘Todo es mío y todo hago en esta criatura’.  Es el verdadero esponsalicio divino en el cual Dios cede su Ser Divino a su amada criatura; en cambio quien vive de voluntad humana, sucede como quien descendiendo de la nobleza de su familia toma por esposa una aldeana, rústica, mal educada, éste poco a poco perderá sus modos nobles y educados, y adquirirá modos aldeanos y rústicos, que no se reconocerá más.  Qué distancia entre quien vive de Voluntad Divina y entre quien vive de voluntad humana, los primeros forman el reino celestial sobre la tierra, enriquecidos de bondad, de paz, de gracias, se pueden llamar la parte noble.  Los segundos forman el reino de las revoluciones, de las discordias, de los vicios, que no tienen paz y no saben dar paz”.

 

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32-29

Octubre 30, 1933

 

La Voluntad Divina guía del alma, y ella es la recolectora de las obras

de su Creador. Quien vive en la Divina Voluntad recibe la transmisión

de lo que ha sido hecho primero en Dios, y después comunicado a ella.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación, y me parecía que todas las cosas creadas querían el gran honor de ser ofrecidas como homenaje y gloria a su Creador, y yo pasaba de una cosa a otra, y me sentía tan rica porque tenía tantas cosas qué dar a Aquél que tanto me ama, y que mientras todo había hecho para mí, yo podía dar todo a Dios para poderle decir:  ‘Te amo por medio de tus obras, las cuales están preñadas de tu amor, y me enseñan a amarte’.  Pero mientras esto hacía, mi sumo Bien Jesús, sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Cómo es bello encontrar a nuestra hija en medio de nuestras obras, sentimos que se quiere poner en competencia con Nosotros.  Nosotros para amarla hemos creado todo para ella, y todo le hemos dado, a fin de que las poseyera, las gozara y fueran las narradoras de nuestra potencia, y las portadoras de nuestro amor, y por eso ella en cada cosa creada siente nuestro amor que la abraza, que la besa, y que moldeándola le dice fuerte y tiernamente, ‘te amo’, siente nuestros abrazos de amor con los que la estrechamos a nuestro seno divino, y ella en medio a tanto amor se pierde, se confunde, y para hacernos la competencia hace nuestro mismo camino que hicimos al crear tantas cosas para descender a ella, y poniéndose en camino en cada cosa creada, siente qué cosa hicimos para ella y cómo la amamos, y ella nos repite a nosotros lo que hicimos para ella, nos repite nuestros abrazos amorosos, nuestros besos ardientes, nuestros ímpetus de amor, y ¡oh! nuestros contentos al ver que la criatura sube a Nosotros y nos trae lo que con tanto amor le dimos y le damos.  Nuestra Voluntad le hace de guía y la lleva hasta Nosotros para hacernos dar la correspondencia de lo que le hemos dado, así que quien vive en nuestra Voluntad es la recolectora de todas nuestras obras, y nos las trae a nuestro seno para decirnos:  Os amo con vuestro mismo amor, os glorifico por medio de vuestra potencia, todo me habéis dado y todo os dono”.

(3) Después continuaba mi giro en la Divina Voluntad, y habiendo llegado al edén pensaba entre mí:  “¡Oh! cómo quisiera el amor, la adoración de Adán inocente, para poder también yo amar a mi Dios con el mismo amor con el cual amó a la primera criatura creada por Él; y mi dulce Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(4) “Hija mía bendita, quien vive en mi Divina Voluntad, encuentra en Ella lo que quiere, porque todo lo que se hace en Ella, nada sale fuera, sino que todo permanece dentro, junto con Ella, inseparable de Ella, más bien forman su misma Vida, así que Adán, de todo lo que hizo en mi Divina Voluntad, nada pudo llevarse consigo, a lo más el feliz recuerdo del cómo había amado, de los mares de amor que lo inundaban, de las puras alegrías que había gozado, y de lo que había hecho en nuestro Fiat, que le servía para amargarlo de más; un acto hecho en nuestra Voluntad, un amor, una adoración formada en Ella, es tan grande que la criatura no tiene capacidad, ni lugar dónde ponerlo, por eso sólo en mi Voluntad se pueden hacer y poseer estos actos.  Por lo tanto, quien entra en Ella encuentra en acto todo lo que Adán inocente hizo en Ella, su amor, sus ternuras de hijo hacia su Padre Celestial, la Paternidad Divina que por todos los lados cubría a su hijo para amarlo.  Todo hace suyo y ama, adora y repite lo que hizo Adán inocente; mi Divina Voluntad no se cambia, ni se muda, cual era, tal es y será; con tal que la criatura entre en Ella y haga vida junto con Ella, no pone límites, ni impone los confines, más bien dice:  ‘Toma lo que quieras, ámame como quieras’.  En mi Fiat lo que es tuyo es mío, sólo fuera de Él comienzan las divisiones, las separaciones, los alejamientos, y el principio de vida del tuyo y mío.  Es más, tú debes saber que todo lo que debe hacer la criatura en nuestra Voluntad, viene hecho primero en Dios, y ella en el acto de hacerlos recibe la transmisión del amor y de los actos divinos en ella, y continúa haciendo lo que ha sido hecho en nuestro Ser Supremo.  Cómo son bellas estas vidas que reciben la transmisión de lo que ha sido hecho primero en Nosotros, son nuestras obras más bellas; la magnificencia de la Creación, el cielo, el sol, quedan atrás, ellas sobrepasan a todas, son la santidad absoluta decidida por Nosotros, que no nos pueden huir, Nosotros le damos tanto de lo nuestro que la ahogamos de nuestros bienes, en modo que no encuentra el vacío de pensar si debe corresponder o no, porque la corriente de la luz y del amor divino la tienen asediada y como fundida en su Creador, y le damos tal conocimiento de las cosas, que le sirve de libre arbitrio, a fin de que nada haga forzado, sino de voluntad espontánea y resuelta, por eso estas celestiales criaturas son nuestra ocupación, nuestro trabajo continuo, las tenemos siempre ocupadas, porque nuestra Voluntad no sabe estar en ocio, porque Ella es vida, trabajo y movimiento perenne.  Por eso quien vive en Ella tiene siempre qué hacer, y da siempre qué hacer a su Creador”.

 

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32-30

Noviembre 10, 1933

 

La Divina Voluntad no cambia ni acción, ni modo, lo que hace

en el Cielo hace en la tierra, su acto es universal y único.  Quien

no vive de la Divina Voluntad, reduce al ocio al Artífice

divino, y escapa de sus manos creadoras.

 

(1) Mi pobre mente parece que no sabe hacer otra cosa que pensar en la Divina Voluntad, siento sobre mí una fuerza potente, que no me da tiempo a pensar y a querer otra cosa, sino sólo aquel Fiat que es todo para mí.  Después pensaba entre mí:  “¡Oh! cómo quisiera hacer y vivir de Voluntad Divina, como se hace y se vive en el Cielo”.  Y mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, en mi patria celestial reina el acto único y universal, una es la Voluntad de todos, lo que quiere uno quiere el otro, ninguno cambia acción ni Voluntad, cada bienaventurado siente como vida propia a mi Querer, y con el tener todos una sola Voluntad, forma la sustancia de la felicidad de todo el Cielo.  Mucho más que mi Divina Voluntad no sabe hacer, ni puede hacer actos interrumpidos, sino continuos y universales, y como en el Cielo Ella reina con su pleno triunfo y con la totalidad de su dominio, todos sienten como en naturaleza su Vida universal, y están llenos hasta el borde de todos los bienes que Ella posee, a lo más puede ser según la capacidad de cada uno, y del bien que han hecho en vida, pero ninguno podrá cambiar ni Voluntad, ni acción, ni amor.  La potencia de mi Divina Voluntad tiene a todos los bienaventurados absorbidos, identificados, fundidos en Sí misma, como si fueran uno solo.  ¿Pero crees tú que el acto universal de Ella se extiende sólo en el Cielo, y su Vida palpitante y comunicativa a cada criatura?  No, no, lo que hace en el Cielo hace en la tierra, no cambia ni acción, ni modo, su acto universal se extiende a cada uno de los viadores, y quien vive en Ella siente su Vida Divina, su santidad, su latido increado, que mientras se constituye vida de la criatura, con su movimiento incesante se vierte siempre en ella, sin cesar jamás, y la feliz criatura que la hace reinar se la siente por todas partes, por dentro y fuera su acto universal la tiene circundada por todos lados, de modo que no puede ir fuera de mi Voluntad, y su continuo dar la tiene ocupada siempre en recibir, así que aunque lo quisiera no tiene tiempo de hacer o de pensar en otra cosa.  Por eso la criatura puede decir y puede estar convencida, que como se vive en el Cielo, así ella vive en la tierra, sólo hay diferencia de lugar, pero uno es el amor, una es la Voluntad, una la acción.  ¿Pero sabes tú quién no siente la Vida del Cielo en su alma, y no siente el acto universal, la fuerza única de mi Voluntad?  Quien no se hace dominar por Ella, no dándole libertad de reinar, ésta sí que cambia acción, amor, voluntad, a cada momento, pero no es mi Voluntad que cambia, Ella no puede cambiar, sino que es la criatura la que cambia, porque viviendo de voluntad humana no tiene virtud, ni capacidad de recibir el acto universal y único de mi Voluntad, y, pobrecita, se siente mutable, sin firmeza en el bien, siempre una caña vacía que no tiene fuerza de resistir a cada pequeño soplo de viento; las circunstancias, los encuentros, las criaturas, le sirven de viento para ponerla en giro, ahora para hacer una acción, ahora alguna otra, ahora a amar una cosa, ahora otra, y por eso se ve ahora triste, ahora alegre, ahora toda fervor, y ahora toda frialdad, ahora inclinada a las virtudes, ahora a las pasiones, en suma, en cuanto cesa la circunstancia así cesa el acto en ellas.  ¡Oh! voluntad humana, cómo sin mi Voluntad eres débil, cambiante, pobre, porque te falta la vida del bien que debería animar tu voluntad, por eso la vida del Cielo está lejana de ti.  Hija mía, no hay desgracia mayor, ni mal que merezca ser más llorado, que el hacer el propio querer”.

(3) Después seguía pensando:  “¿Pero por qué Dios tiene tanto interés en que se haga la Divina Voluntad?  Y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, ¿quieres saber por qué tengo tanto interés en que se haga mi Voluntad?  Porque esta fue la finalidad por la que creé a la criatura, y no haciéndola me destruye la finalidad por la que la creé, me quita mis derechos que con toda razón y sabiduría divina tengo sobre ella, y se pone en contra mía, ¿no te parece grave que los hijos se pongan en contra del padre?  Y además, Yo creé a la criatura para que fuese y formase la materia prima en mis manos para poderme deleitar y formar de esta materia mis más grandes trabajos y mis más bellas obras, a fin de que me sirvieran para adornar mi patria celestial, y recibir de ellas mi más grande gloria.  Ahora, esta materia de la criatura se me escapa de mis manos, se pone en contra mía, y a pesar de tantas materias que he formado, no puedo hacer mis trabajos establecidos y me reducen al ocio, porque no estando mi Voluntad en ellas, no se prestan a recibir mis trabajos, se vuelven como piedras duras, que por cuantos golpes se les puedan dar, no tienen la suavidad de recibir la forma que se quiere dar, se rompen, se reducen en polvo bajo los golpes, pero no me es dado el formar el más pequeño objeto, y permanezco como aquel pobre artífice, que habiéndose formado tantas materias primas, oro, fierro, piedras, las toma en sus manos para formar las más bellas estatuas que había establecido, y estas materias no se prestan, más bien se ponen en contra de él y no le es dado desarrollar su bello arte, así que las materias sirven sólo para obstaculizar el espacio, pero no para cumplir sus grandes designios, y ¡oh! cómo le pesa el ocio a este pobre artífice.  Así soy Yo, porque no estando mi Voluntad en ellas, no son capaces de recibir mis trabajos, no hay quién las vuelva blandas, ni quién las cueza para recibir mi virtud creadora y obradora, y si tú supieras qué significa saber hacer, poder hacer, tener materias para hacer, sin poder hacer nada, llorarías Conmigo por tanto dolor y por una afrenta tan grave; ¿te parece poco ver tantas criaturas que ocupan la tierra, y porque falta en ellas la Vida obrante de mi Voluntad, no me es dado desarrollar mi arte y hacer lo que quiero?  Por eso lo que más te debe importar es hacer vivir sólo a mi Voluntad Divina en tu alma, porque sólo Ella sabe disponer a las almas para recibir toda la habilidad de mi arte, y así no pondrás a tu Jesús en el ocio, sino que seré el trabajador asiduo, para formar de ti lo que quiero”.

 

 

“Deo Gratias Sempre ed in Eterno”.

 

 

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta