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I.  M.  I.

Fiat!!!

In Voluntate Dei!  Deo Gratias

 

33-1

Noviembre 19, 1933

 

Quien se dispone a hacer la Divina Voluntad forma el pasaporte,

la vía, el tren.  Jesús quiere rehacerse a Sí mismo en la

criatura.  El firmante y el motor celestial.

 

(1) Mi soberano celestial Jesús, y mi gran Señora Reina del Cielo, vengan en mi ayuda, pongan a esta pequeña ignorante en medio a vuestros corazones santísimos, y mientras yo escribo, mi querido Jesús me sugiera lo que debo escribir, y mi Mamá Celestial, como a hija suya, me lleve la mano sobre el papel, de modo que mientras escribo estaré en medio de Jesús y de mi Mamá, a fin de que ni siquiera una palabra de más escriba de lo que ellos me dicen y quieren.  Con esta confianza en el corazón doy principio a escribir el volumen 33, tal vez será el último, pero no lo sé, si bien tengo toda la esperanza de que todo el Cielo tenga compasión de la pequeña exiliada, y que pronto la hagan repatriarse con ellos, pero del resto ¡Fiat! ¡Fiat!

(2) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, vida y centro de mi pobre existencia, y mi dulce Jesús repitiendo su fugaz visita me ha dicho:

(3) “Mi buena hija, tú debes saber que en cuanto el alma se dispone a hacer mi Divina Voluntad, forma el pasaporte para entrar en los interminables confines del reino del Fiat; pero, ¿sabes tú quién te presta lo necesario para formarlo, y quién se presta a firmarlo y darle el valor de pasaje en mi reino?  Hija, es tan grande el acto de disponerse a hacer mi Voluntad, que mi misma Vida, mis méritos, forman el papel, la escritura, y tu Jesús es el firmante para hacerla conocer y darle libre entrada; se puede decir que todo el Cielo corre en ayuda de quien quiere hacer mi Voluntad, y Yo siento tanto amor que tomo lugar en la afortunada criatura y me siento amado por ella por mi misma Voluntad.  Ahora, viéndome amado por ella por mi misma Voluntad, mi amor se hace celoso y no quiere perder ni siquiera un respiro, un latido de amor de esta criatura.  Imagina tú misma mis premuras, las defensas que tomo, las ayudas que doy, las estratagemas amorosas que uso, en una palabra quiero rehacerme en ella, y para rehacerme me expongo Yo mismo para formar otro Jesús en la criatura, por eso pongo todo mi arte divino para obtener mi intento, no ahorro nada, hago todo, doy todo, donde reina mi Voluntad no puedo negar nada, porque me lo negaría a Mí mismo.

(4) Ahora, el disponerse a hacer mi Voluntad forma el pasaporte, el comenzar el acto forma la vía que debe recorrer en Ella, vía de Cielo, santa, divina, por eso a quien entra en Ella Yo le susurro al oído del corazón: ‘Olvida la tierra, ya no es más tuya, de ahora en adelante no verás otra cosa que Cielo, mi reino no tiene confines, por lo tanto tu vía será larga, por eso conviene que con tus actos apresures el paso para formarte muchas vías y así tomar mucho de los bienes que hay en mi reino.  Entonces, el comenzar el acto forma la vía, el cumplirlo forma el tren, y Yo cuando veo formado el tren hago de motor para ponerlo en veloz camino, y ¡oh! cómo me es bello, agradable, pasear en estas vías que la criatura se ha hecho en mi Voluntad.  Estos actos hechos en mi Voluntad son siglos que encierran de méritos y de bienes incalculables, porque está el motor divino que camina, el cual tiene tanta velocidad que en minutos encierra los siglos, y vuelve de tal manera rica a la criatura, bella y santa, de darnos el honor ante toda la corte celestial, señalándola como el más grande prodigio de su arte creador.

(5) Además de esto, conforme la criatura va formando su acto en mi Divina Voluntad, así las venas del alma se vacían de lo que es humano, y corre en ellas, podría decir, una sangre divina, la cual hace sentir en sustancia las virtudes divinas en la criatura, que tienen virtud de correr casi como sangre en la misma vida que anima a su Creador, que los vuelve inseparables Uno de la otra, tanto que quien quiere encontrar a Dios lo puede encontrar en su puesto de honor en la criatura, y quien quiere encontrar a la criatura la encontrará en el centro Divino”.

 

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33-2

Noviembre 26, 1933

 

Las obras de Dios preparan la mesa a la criatura, y viviendo en

su Querer Divino hace de reina en los mares del Ente Supremo.

Quien hace su querer se aparta de todos y queda solo, y

queda la abandonada y la extraviada de la Creación.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en las obras del Fiat Divino, y como soy demasiado pequeña siento la necesidad de ser llevada entre sus brazos, de otra manera, o me extravío en la inmensidad y multiplicidad de sus obras, o no sé seguir adelante, pero como me quiere hacer conocer sus obras, dónde se encuentra su amor hablante y operante, y dice cuánto y cómo me ha amado, por eso me lleva entre sus brazos y me conduce por las interminables vías de su Santa Voluntad; pero esto no basta, en cada obra suya encierra en mí, por cuanto puedo contener, el amor de cada obra, quiere oír en mí el sonido del amor que cada obra contiene; yo también soy una obra suya, un acto de su Voluntad, y habiendo hecho todo por amor mío quiere que encierre en mí todos los sonidos y teclas de amor que contienen sus obras.  Entonces mientras giraba en sus obras, el amado Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no puedes comprender cuánto me agrada verte girar en las obras creadas por Nosotros, ellas están preñadas de amor, y conforme tú giras en medio de ellas, ellas desbordan amor y te dan el amor del que están llenas, y es esta una de las razones por las que quiero que gires en nuestras obras, ellas preparan la mesa de nuestro amor a las criaturas, y se sienten honradas por tener una hermanita en medio de ellas, que se alimenta y que forma en ellas tantos sonidos de amor a su Creador por cuantas obras fueron creadas.  Pero esto no es todo, mi Divina Voluntad no se contenta con hacerla girar en nuestras obras, sino que después que la ha hecho girar haciéndole conocer tantas cosas de la Creación y llenándola hasta el borde de amor, la conduce entre sus brazos al seno del Ente Supremo, el cual como una pequeña piedrita la arroja en los mares interminables de sus atributos, y la pequeña hija de nuestro Querer ¿qué hace?  Como una piedra arrojada en el mar hace encrespar todas las aguas del mar, así ella mueve todo el mar de nuestro Ser Divino, y mientras nada en Él se ahoga de amor, de luz, de santidad, de sabiduría, de bondad, y así de lo demás, y ¡oh! cómo es bello verla, oírla que dice mientras se siente ahogada:  ‘Todo tu amor es mío, y yo lo pongo en acto de rogarte que hagas venir el reino de tu Voluntad sobre la tierra.  Tu santidad es mía, tu luz, tu bondad, tu misericordia es mía, no es mi pequeñez que te ruega, no, sino tus mares de potencia, de bondad que te ruegan, que te presionan, que te asaltan, y quieren tu Voluntad reinante sobre la tierra’.  Así que se ve la pequeñez de la criatura hacer de reina en nuestro Ser Divino, reunir juntas nuestra inmensidad y potencia y hacernos pedir a Nosotros mismos lo que ella quiere y Nosotros queremos, ella comprende bien que no hay otro bien que nuestra Voluntad, y para obtener el intento nos la hace pedir por la infinitud de nuestras cualidades divinas, y se ve la pequeña niña, pequeña y potente, enriquecida con las prerrogativas de nuestras cualidades divinas, como si fueran suyas, que le da tal encanto de belleza de raptarnos, debilitarnos, para hacernos hacer lo que ella quiere y Nosotros queremos, ella se vuelve nuestro eco, y no sabe decirnos otra cosa ni pedir otra cosa, sino que nuestra Voluntad invada todo y forme una sola Voluntad con todas sus criaturas.  Así que cuando la criatura ha entendido qué significa Voluntad Divina y siente correr en ella su Vida, no siente más necesidad de nada, porque poseyendo mi Querer posee todos los bienes posibles e imaginables, le queda sólo el delirio, las ansias, los suspiros porque quiere que mi Voluntad abrace a todos y se constituya vida de todos, y esto porque ve que mi Voluntad eso quiere, y esto quiere su pequeñez”.

(3) Después seguía pensando en la Divina Voluntad, y el gran mal que lleva el hacer la voluntad humana, y mi amado Jesús suspirando ha agregado:

(4) “Hija mía, quien hace la propia voluntad se aparta de todos y obra por sí mismo, no hay quién le ayude, ni quién le dé la fuerza, ni quién le dé la luz para hacer lo mejor de lo que hace, así que todos la dejan en poder de sí misma, aislada, sin apoyo, y sin defensa, se puede llamar la desamparada, la extraviada de la Creación, justa pena de quien quiere hacer su voluntad, sentir todo el peso de la soledad en la que ella misma se ha metido, y la falta de todas las ayudas, y ¡oh! el dolor que siento al ver tantas criaturas apartadas también de Mí, y Yo para hacerle sentir qué significa hacer sin mi Voluntad, me quedo como lejano, haciéndole sentir todo el peso del querer humano, el cual no le da jamás descanso y se vuelve su más cruel tirano.  Todo lo contrario para quien hace mi Voluntad, todos están con ella, el Cielo, los santos, los ángeles, porque por honor y respeto de mi Querer Divino todos tienen el deber de ayudar a aquella criatura y sostenerla en aquellos actos donde entra mi Voluntad.  Ella misma la pone en comunicación con todos, y a todos manda que ayuden, defiendan, y le hagan el cortejo de su compañía, ya le sonríe la gracia, la luz brilla en su alma, y le suministra el mejor, el más bello de sus actos, Yo mismo quedo empeñado en quien hace mi Voluntad y hago correr en su actos los míos, para tener el honor, el amor, la gloria de mis actos en el acto de la criatura que ha obrado en mi Voluntad, es por eso que siente la conexión con todos, la fuerza, el apoyo, la compañía, la defensa de todos.  Así que quien hace mi Voluntad y vive en Ella, se puede llamar la reencontrada de la Creación, la hija, la hermana, la amiga de todos.  Ella hace como el sol que desde la altura de su esfera hace llover luz, y extendiéndose contiene todo en su luz, se da a todos, no se niega a ninguno, y como fiel hermana se abraza con todas las cosas, y da como prenda de su amor a cada cosa creada su benéfico efecto, constituyéndose vida del efecto que da:  En quién forma la vida de la dulzura, en otras cosas creadas la vida del perfume, en otras la vida de los colores, y así de lo demás.  Así mi Voluntad, desde la altura de su trono hace llover su luz, y donde encuentra la criatura que la quiere recibir para hacerse dominar, la circunda, la abraza, la calienta, la modela para hacerla madurar, y así encerrar su Vida admirable como si fuera vida de la criatura, y con esta Vida todo y todos están con ella, como todo es de mi Voluntad adorable”.

 

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33-3

Diciembre 10, 1933

 

La primera palabra que pronunció Adán.  Cuál fue la primera

lección que Dios le dio.  La Divina Voluntad operante en el hombre.

 

(1) Soy siempre la pequeña ignorante del Ser Supremo, y cuando el Querer Divino me sumerge en sus mares, veo que apenas las vocales, si acaso, conozco de su Majestad adorable, es tanta mi pequeñez que apenas algunas gotas sé tomar de tanto que posee el Creador.  Entonces girando en las obras del Fiat Divino me he detenido en el Edén, donde se me ha hecho presente la creación del hombre y pensaba para mí:  “Cuál pudo ser la primera palabra que Adán dijo cuando fue creado por Dios”.  Y mi Sumo Bien Jesús, visitándome con su breve visita, todo bondad, como si Él mismo quisiera decírmelo me ha dicho:

(2) “Hija mía, también Yo siento el deseo de decirte cuál fue la primera palabra pronunciada por los labios de la primera criatura creada por Nosotros.  Tú debes saber que apenas Adán sintió la vida, el movimiento, la razón, vio a su Dios ante él, comprendió que Él lo había formado, sentía en sí, en todo su ser todavía frescas las impresiones, el toque de sus manos creadoras, y agradecido, en un ímpetu de amor pronunció su primera palabra:  ‘Te amo Dios mío, Padre mío, autor de mi vida’.  Pero no fue sólo la palabra, sino que el respiro, el latido, las gotas de su sangre que corrían por sus venas, el movimiento, todo su ser unido, a coro dijeron:  ‘Te amo, te amo, te amo’.  Así que la primera lección que aprendió de su Creador, la primera palabra que aprendió a decir, el primer pensamiento que tuvo vida en su mente, el primer latido que formó en su corazón, fue:  ‘Te amo, te amo’.  Se sentía amado y amó.  Podría decir que su te amo no terminaba jamás, fue tan prolongado que sólo fue interrumpido cuando tuvo la desgracia de caer en pecado.  Por eso nuestra Divinidad se sintió herida al oír sobre los labios del hombre, te amo, te amo, era la misma palabra que Nosotros habíamos creado en el órgano de su voz que nos decía:  ‘Te amo’.  Era nuestro amor, creado por Nosotros en la criatura que nos decía te amo, ¿cómo no quedar herido, cómo no corresponderlo con un amor más abundante, mas fuerte, digno de nuestra magnificencia?  En cuanto lo oímos decir te amo, así Nosotros le repetimos ‘te amo’, pero en nuestro ‘te amo’ hicimos correr en todo su ser la Vida obrante de nuestra Divina Voluntad, así que encerramos en el hombre, como dentro de nuestro templo, nuestra Voluntad, para que encerrada en el círculo humano, mientras permanecía en Nosotros, obrara cosas grandes y fuera Ella el pensamiento, la palabra, el latido, el paso, la obra del hombre; nuestro ‘te amo’ no podía dar cosa más santa, más bella, más potente, que pudiera formar la Vida del Creador en la criatura, que nuestra Voluntad obrante en él, y ¡oh! cómo nos resultaba agradable ver que nuestra Voluntad tenía su puesto de actriz, y el querer humano deslumbrado por su luz gozaba su paraíso, y dándole plena libertad lo hacía hacer lo que quería, dándole el primado en todo, y el puesto de honor que a un Querer tan Santo convenía.  Ve entonces cómo el principio de la vida de Adán fue un acto pleno de amor hacia Dios de todo su ser, qué lecciones sublimes, cómo el principio del amor debía correr en todo lo obrado por la criatura.  La primera lección que recibió de nuestro Ser Supremo en la correspondencia de su ‘te amo’, fue que mientras la amaba tiernamente respondiéndole ‘te amo’, le daba la primera lección sobre nuestra Divina Voluntad, y mientras lo instruía le comunicaba la Vida de Ella y la ciencia infusa de qué significaba nuestro Fiat Divino, y cada vez que nos decía ‘te amo’, nuestro amor le preparaba otras lecciones más bellas sobre nuestro Querer; él quedaba raptado y Nosotros nos deleitábamos en conversar con él, y hacíamos correr sobre él ríos de amor y de alegrías continuas, así que la vida humana era encerrada por Nosotros en el amor y en nuestra Voluntad.  Por eso hija mía, no hay dolor más grande para Nosotros que ver nuestro amor como destrozado en la criatura y nuestra Voluntad obstaculizada, sofocada, sin su Vida obrante y como sometida al humano querer.  Por eso sé atenta y en todas las cosas ten por principio el amor y mi Divina Voluntad”.

 

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33-4

Diciembre 18, 1933

 

Cómo la criatura ha sido formada por Dios ab eterno, amada con eterno

amor.  La voluntad humana es el trastorno de las obras de su Creador.

 

(1) Mi pobre mente continúa navegando el mar infinito del Fiat, y por cuanto se camina no termina jamás, el alma en este mar siente a su Dios, el cual la llena hasta el borde, toda de su Ser Divino, de modo que puede decir:  “Dios me ha dado todo Sí mismo, y si no me es dado el encerrar en mí su inmensidad es porque soy pequeña”.  Ahora, en este mar se encuentra en acto el orden, la armonía, los misterios arcanos de cómo ha creado Dios al hombre, y ¡oh! los prodigios son inauditos, el amor es exuberante, la maestría es insuperable, hay tanto de misterioso, que ni el hombre mismo, ni la ciencia pueden repetir con claridad sobre la formación del hombre.  Por eso he quedado sorprendida de las magnificencias y prerrogativas que posee la naturaleza humana, y mi amado Jesús al verme tan sorprendida me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, terminará tu maravilla si viendo bien en este mar de mi Querer ves dónde, quién, cómo y cuándo fue creada cada criatura.  ¿Dónde?  En el seno eterno de Dios.  ¿Quién?  Dios mismo le daba origen.  ¿Cómo?  El Ente Supremo, Él mismo formaba la serie de sus pensamientos, el número de sus palabras, el orden de sus obras, el movimiento de sus pasos y el continuo palpitar de su corazón, así que Dios le daba tal belleza, orden y armonía de poderse encontrar Él mismo en la criatura, con tal plenitud que ella no encontraría lugar para poner algo de lo suyo, que no le hubiera sido puesto por Dios, Nosotros al verla quedábamos raptados al ver que en el pequeño cerco humano, nuestra potencia había encerrado nuestro obrar divino, y en nuestro énfasis de amor le decíamos:  ‘Cuán bella eres, tú eres obra nuestra, tú serás nuestra gloria, el desahogo de nuestro amor, el reflejo de nuestra sabiduría, el eco de nuestra potencia, la portadora de nuestro eterno amor’.  Y la amábamos con amor eterno, sin principio y sin fin; ¿y cuándo fue formada esta criatura en Nosotros?  Ab eterno, por eso ella no existía en el tiempo, pero en la eternidad ha existido siempre, tenía su puesto en Nosotros, su vida palpitante, el amor de su Creador.  Así que la criatura ha sido siempre para Nosotros nuestro ideal, el pequeño espacio dónde desarrollar nuestra obra creadora, el apoyo de nuestra Vida, el desahogo de nuestro eterno amor.  He aquí el por qué tantas cosas humanas no se comprenden, no se saben explicar, porque está lo obrado de lo incomprensible divino, están nuestros misteriosos arcanos celestiales, nuestras fibras divinas, por lo cual sólo Nosotros sabemos los misteriosos secretos, las teclas que debemos tocar cuando queremos hacer cosas nuevas e insólitas en la criatura, y como no conocen nuestros secretos ni pueden comprender nuestros modos incomprensibles que habíamos puesto en la naturaleza humana, llegan a juzgar a su modo, y no saben comprender lo que Nosotros estamos obrando en la criatura, mientras está obligado a inclinar la frente a lo que él no comprende.

(3) Ahora, quien no hace nuestra Voluntad pone en desorden todos nuestros actos, ordenados ab eterno en la criatura, por eso se desfigura y forma el vacío de nuestros actos divinos formados y ordenados por Nosotros en la humana criatura.  Nosotros nos amábamos a Nosotros mismos en ella, la serie de nuestros actos formados por nuestro puro amor, y poniéndola fuera en el tiempo, la queríamos como concurrente en lo que Nosotros habíamos hecho, pero para que la criatura tuviera esta habilidad se requería nuestra Voluntad, que dándole su virtud divina la hacía hacer en el tiempo lo que habíamos hecho Nosotros sin ella en la eternidad, no era ninguna maravilla si el Ser Divino la había formado en la eternidad, el mismo Querer Divino confirmaba y repetía en el tiempo, es decir, continuaba su obra creadora en la criatura.  Pero sin mi Voluntad Divina, ¿cómo puede elevarse, conformarse, unificarse, semejarse a aquellos mismos actos que Nosotros con tanto amor habíamos formado y ordenado en ella?  Por eso la voluntad humana no hace otra cosa que trastornar nuestras obras más bellas, romper nuestro amor, vaciar nuestras obras, las cuales permanecen en Nosotros, porque Nosotros nada perdemos de lo que habíamos hecho, todo el mal queda para la pobre criatura, porque siente el abismo del vacío divino, sus obras son sin fuerza y sin luz, sus pasos son vacilantes, su mente confusa.  Así que, ella queda sin mi Voluntad, como un alimento sin sustancia, como un cuerpo paralizado, como un terreno sin cultivar, como un árbol sin fruto, como una flor que manda feo olor.  ¡Oh! si nuestra Divinidad estuviera sujeta a las lágrimas, lloraríamos amargamente a aquélla que no se hace dominar por nuestra Voluntad”.

 

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33-5

Enero 2, 1934

 

Cuando el alma hace la Divina Voluntad, Dios puede hacer libremente

lo que quiere hacer en ella, obra las cosas más grandes, porque

encuentra capacidad, espacio para lo que quiere dar a las criaturas.

 

(1) Mi pequeña alma, si bien nada en el mar de la Divina Voluntad, también siente el clavo traspasante de la privación de mi dulce Jesús.  Dios mío, ¡qué pena desgarradora que tortura mi dolorosa existencia!  ¡Oh! cómo quisiera verter ríos de lágrimas, quisiera si me fuera posible, transformar la inmensidad de la misma Divina Voluntad en llanto amargo para mover a piedad a mi dulce Jesús, que se va de mí sin ni siquiera decirme adiós, sin decirme el lugar de su morada, ni hacerme ver el camino, la huella de sus pasos para poderlo alcanzar.  ¡Dios mío!  ¡Jesús mío!  ¿Cómo no te mueves a compasión de esta pequeña exiliada atormentada sólo por ti, y por causa tuya?  Pero mientras deliraba por su privación, pensaba entre mí en la Divina Voluntad y temía que no estuviera en mí su dominio, su Vida, y por eso mi eterno amor Jesús me deja, se esconde y no se ocupa de mí, y de corazón le pedía perdón, y mi amado Jesús, después de mucho esperar, teniendo compasión de mí porque no podía más, por poco tiempo ha regresado y mirándome con amor, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, se ve que eres pequeña, y basta que Yo haga una pequeña pausa para que te extravíes, temas, dudes, te oprimas, pero ¿sabes dónde te extravías?  En mi misma Voluntad, y Yo viéndote en Ella no me doy prisa en venir, porque sé que estás en lugar seguro.  Ahora, tú debes saber que cuando el alma hace mi Divina Voluntad, Yo puedo hacer libremente lo que quiero en el alma, obrar las cosas más grandes, mi Querer me la vacía de todo y me forma el espacio donde puedo poner la santidad de un acto infinito mío, y el alma se pone a nuestra disposición, nuestra Voluntad la ha madurado y la ha vuelto adaptable y factible a recibir la virtud creadora y obrante de nuestro Ser Supremo.  En cambio, cuando no se hace mi Divina Voluntad, Nosotros debemos adaptarnos, restringirnos, no podemos ser magnánimos según nuestro modo divino, debemos dar sorbo a sorbo nuestras gracias, mientras podemos dar ríos.  ¡Oh! cómo nos pesa obrar en quien no hace nuestra Voluntad, si queremos hacernos conocer, se vuelve incapaz, porque la inteligencia humana sin nuestra Voluntad es como un cielo brumoso, que oscureciendo la bella luz de la razón está como ciega frente a la luz de nuestros conocimientos, así que estará en medio de la luz, pero incapaz de comprender nada; será siempre analfabeta de frente a la luz de nuestras verdades; si queremos dar nuestra santidad, bondad y amor, los debemos dar a pequeñas dosis, como desmenuzados, porque el querer humano está lleno de miserias, de debilidades y defectos, por eso se hace incapaz y también indigno de recibir nuestros dones, y lo que le queremos dar; pobre querer humano, sin nuestra Voluntad no se sabe adaptar a recibir la virtud de nuestras obras creadoras, los fuertes abrazos de su Creador, nuestras estratagemas amorosas, las heridas de nuestro amor, y muchas veces cansa nuestra paciencia divina y nos obliga a no poder darle nada, y si nuestro amor nos obliga a dar alguna cosa, es para ella como un alimento que no sabe digerir, porque no estando unida con nuestra Voluntad le falta la fuerza y la virtud digestiva para digerir lo que pertenece a Nosotros; por eso se ve rápidamente cuando no está nuestra Voluntad en el alma, el verdadero bien no es para ella, ante la luz de mis verdades se ciega y se vuelve más tonta, no ama el conocerlas, más bien las ve como si a ella no pertenecieran.  Todo lo opuesto para quien hace y vive en mi Voluntad”.

 

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33-6

Enero 14, 1934

 

Dulce encanto de ambas partes:  De Dios y de la criatura.

Cómo adquiere el poder de hacer suya la Divina Voluntad.

Las penas sonríen ante la gloria, los triunfos, las

conquistas.  Jesús oculto en las penas.

 

(1) Estoy bajo la lluvia del Fiat Divino, que bañándome toda, dentro y fuera y penetrándome hasta la médula de los huesos, hace decir a todo mi pobre ser, Fiat, Fiat, Fiat.  Me siento entre sus brazos, y conforme lo llamo con mi decir incesante para que forme su Vida en mis actos, su latido en mi corazón, su respiro en el mío, su pensamiento en mi mente, así un destello de luz sale de mí y quisiera como atar al Santo Querer Divino para hacerlo todo mío, a fin de que estuviera en mi poder el formar su Vida en mí, toda de Voluntad Divina.  Entonces me sentía pensativa por este mi modo de hacer, y mi Sumo Bien Jesús repitiendo su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que en cuanto la criatura invoca, llama a mi Fiat implorando su Vida para formarla en la suya, así hace salir luz y forma el encanto a Dios que rapta su pupila divina, la cual, raptada, mira a la criatura y forma la correspondencia de su dulce encanto y el vacío en el acto de la criatura para poder dar y encerrar en el acto de ella la Divina Voluntad, la cual mientras forma, desarrolla su Vida, la feliz criatura adquiere el poder de hacerlo suyo, y como es suyo lo ama potentemente, más que vida propia.  Hija mía, hasta en tanto que mi Voluntad no es tenida como vida propia, exclusivamente suya, que ninguno la pueda quitar a pesar de que sabe que es un don recibido de Dios, pero a pesar de que es recibido ya es afortunada y victoriosa por tener la posesión, jamás se puede amar como conviene a mi Divina Voluntad, ni sentir la necesidad de su Vida, ni Ella podrá desarrollar plenamente con toda libertad su Vida Divina en la criatura.  Por eso el llamarla te dispone, al hacerla tuya se hará conocer y sentirás el gran bien de poseer su Vida y la amarás como merece ser amada, y serás celosa de custodiarla con tal atención, de no perder ni siquiera un respiro de Ella”.

(3) Después, encontrándome un poco más sufriente que lo acostumbrado, pensaba para mí:  “¡Oh! cómo quisiera que mis penas me formaran las alas para poder volar a mi patria celestial”.  Y en lugar de afligirme, mis pequeñas penas me hacían fiesta, y yo me sentía pensativa por esto, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, no te asombres, las penas frente a la gloria sonríen, se sienten triunfantes al ver las conquistas que han adquirido, las penas confirman y establecen la gloria más o menos grande en la criatura, y según las penas, así se siente pintar las más bellas y variadas tintas de belleza, y viéndola transformada en la belleza más rara, festejan.  Así que las penas en la tierra lloran, ante las puertas del Cielo comienzan su sonrisa eterna que no termina nuca más; las penas en la tierra son portadoras de humillaciones, ante las puertas de la  eternidad son portadoras de gloria; en la tierra vuelven infeliz a la pobre criatura, pero con el secreto milagroso que poseen, trabajan en las más íntimas fibras y en todo el ser humano el reino eterno, de modo que cada pena toma su oficio distinto, quién se hace cincel, quién martillo, quién lima, quién pincel, quién color, y sólo dejan a la criatura confiada a ellas, cuando cada pena ha cumplido su trabajo y triunfantes la conducen al Cielo, y sólo la dejan cuando ven cambiada cada pena en distintas alegrías y en felicidad continua, pero solamente cuando la criatura las recibe con amor y sienten y reciben en cada pena el beso, los abrazos y los fuertes apretones de mi Divina Voluntad, sólo entonces las penas poseen esta virtud milagrosa, de otra manera se vuelven como si no tuvieran instrumentos apropiados para cumplir su trabajo.  Pero, ¿quieres saber tú quién es la pena?  La pena soy Yo, que me escondo dentro de ella para formar los profundos trabajos para mi patria celestial, y correspondo con usura la breve morada que me han dado sobre la tierra.  Me he hecho prisionero en la pobre cárcel de la criatura para continuar mi Vida de penas aquí abajo, es justo que esta mi Vida reciba sus alegrías, su felicidad, su intercambio de gloria en las regiones celestiales, por eso cesen tus maravillas al ver que tus penas sonríen ante las victorias, ante los triunfos y ante las conquistas”.

 

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33-7

Enero 28, 1934

 

El Ente Supremo y la criatura se hermanan en la tierra, se hermanan

en la gloria.  Poder sobre el mismo Jesús.  Quien obra en la Divina

Voluntad adquiere la fuerza unitiva, comunicativa y difusiva.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino, y mi pobre mente ahora se detenía en un punto de sus actos divinos, ahora en algún otro, para mirar en quién la belleza, en quién la potencia, en quién la interminabilidad, y lo demás de la Divina Voluntad creadora.  Me parecían todas las cualidades supremas expuestas en todo lo creado para amar a las criaturas, para hacerse conocer, hermanarse con ellas y tomarlas como en su regazo y llevarlas al seno del Creador, de donde todo había salido, así que todos los actos de la Divina Voluntad son ayudas poderosas, reveladoras a quien se hace dominar por ellos, y se hacen portadores de las almas a la patria celestial.  Después he llegado a detenerme cuando el Fiat Divino hizo el acto solemne de la creación del hombre, y mi amado Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, detengámonos juntos a mirar con cuánta maestría, suntuosidad, nobleza, potencia y belleza fue creado el hombre, todas nuestras cualidades divinas se volcaron sobre él, cada una de ellas quiso desahogar y verterse más que lluvia tupida sobre él, porque querían hermanarse con ellos.  Todas pusieron manos a la obra:  Nuestra luz se volcó sobre él para formar su hermano de luz, la bondad se vertió para formar su hermano todo bondad, el amor se volcó para llenarlo de amor y formar su hermano todo amor, la potencia, nuestra sabiduría, la belleza, la justicia, se volcaron sobre él para formar su hermano potente, sabio, justo y de una belleza encantadora, y nuestro Ser Supremo gozaba al ver todas nuestras cualidades divinas trabajando para hermanarse con el hombre, y nuestra Voluntad, que tomando vida en el hombre, mantenía el orden de nuestras mismas cualidades divinas para hacerlo cuanto más agraciado y más bello podían.  Así que nuestra ocupación era el hombre, nuestra mirada estaba fija sobre él para hacernos imitar, copiar y hermanarlo con Nosotros, y esto no sólo al crearlo, sino por todo el curso de su vida, nuestras cualidades se ponían al continuo trabajo de mantener el hermanamiento con aquél que tanto amábamos, y después de haberlo hermanado en la tierra, preparábamos la gran fiesta de hermanarnos en la gloria en la patria celestial, hermanamiento de alegría, de bienaventuranza, de felicidad continua, por eso lo amo tanto, porque fue creado por Nosotros, por eso es todo nuestro; lo amo porque nuestro Ser Divino corre siempre sobre él y se vierte sobre él más que torrente impetuoso para dejar de lo nuestro y volver a tomar la nueva carrera para siempre dar.  Entonces, como él posee de lo mío, por eso me amo a Mí mismo en él, lo amo porque está destinado a poblar el Cielo y a ser mi hermano de gloria, que nos glorificaremos mutuamente.  Yo seré su gloria como vida, y él será mi gloria como obra mía.  Por esto amo tanto el que se haga y se viva en mi Voluntad, porque con Ella mis cualidades divinas encuentran su puesto de honor y pueden mantener el hermanamiento con la criatura, sin Ella no encuentran puesto, ni saben dónde ponerse, el hermanamiento queda interrumpido y mi Vida queda sofocada.  Hija mía, qué cambio funesto, cuando la criatura se sustrae de mi Voluntad Yo no encuentro más mi imagen, ni mi Vida creciente en ella, mis cualidades se avergüenzan de estar hermanadas con ella, porque el querer humano desunido del Divino todo lo ha trastornado y entorpecido.  Por eso lo que más te importe sea el no salir de mi Voluntad, con Ella estarás hermanada con todo lo que es santo, serás la hermana de todas nuestras obras y tendrás en tu poder a tu mismo Jesús”.

(3) Después de esto continuaba mis actos en el Querer Divino, y mi Soberano Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, todo lo que se hace en mi Voluntad queda fundido con Ella, adquiere la fuerza unitiva, comunicativa y difusiva, y así como nuestros actos divinos se extienden a todos, no hay criatura que sea puesta a un lado, así quien obra en nuestro Querer, junto con nuestro acto se extiende a todos, quiere hacer bien a todos y queda honrado y glorificado por haber sido portador universal de bien a todo y a todos”.

(5) Y yo:  “Amor mío, sin embargo no se ve en las criaturas el fruto de tanto bien universal, ¡oh! si todos lo recibieran, cuántas transformaciones habría en el bajo mundo”.  Y Jesús ha repetido:

(6) “Esto significa que no lo reciben con amor, y sus corazones son como tierra estéril que no tiene ninguna semilla generadora, a la cual nuestra luz no puede llevar la fecundidad.  Sucede como al sol, que a pesar de que ilumina y calienta toda la tierra, pero si no encuentra la semilla para fecundarla no puede comunicar su virtud generativa y productiva, y a pesar que con su luz y calor ha plasmado aquellas tierras, ningún bien han recibido, han permanecido como estaban, en su esterilidad, pero con esto el sol ha quedado honrado y glorificado porque a todo ha dado su luz, ninguno ha podido huir de ella, y queda triunfante sólo porque ha dado su luz en modo universal a todos y sobre todo.  Así son nuestras obras, nuestros actos, sólo porque poseen la virtud extensible de poderse dar en modo universal a todos y de hacer bien a todos, es el más grande honor y la más grande gloria para Nosotros, no hay honor mayor, gloria más grande que poder decir:  ‘Soy el portador de bien a todos, en mi acto tomo en mi mano a todos, abrazo a todos, y tengo virtud de generar el bien sobre todo”.  Y como mi ideal es la criatura, por eso la llamo en mi Voluntad a fin de que junto con Ella se vuelva extensible a todos, y conozca con cuánto amor y cómo obra mi Voluntad”.

 

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33-8

Febrero 4, 1934

 

Amor de Dios oculto en la Virgen.  La Paternidad Divina le da la

Maternidad Divina, y genera en Ella las generaciones humanas como

sus hijos.  La inmensidad Divina vuelve inseparables todas sus obras.

 

(1) Mi abandono continúa en el Querer Divino, y encontrando todo lo que ha hecho Él, el pequeño átomo de mi alma gira y vuelve a girar para dar también un pequeño te amo mío por todo lo que en el giro de la eternidad ha hecho por amor de todas las criaturas, y mi amado Jesús me ha detenido en las olas de amor interminable de la Concepción de mi Mamá Celestial, y todo bondad me ha dicho:

(2) “Pequeña hija de mi Querer, tu te amo, por cuan pequeño sea, hiere a nuestro amor, y de aquellas heridas que nos hace nos da ocasión para hacer salir nuestro amor escondido, y hacerse revelador de nuestros íntimos secretos y de cuánto hemos amado a las criaturas.  Tú debes saber que Nosotros amábamos a todo el género humano, pero estábamos obligados a tener oculto en nuestro Ser Divino todo el fuego inmenso de nuestro amor, porque no encontrábamos en ellos ni belleza que raptara nuestro amor, ni amor que hiriéndonos hiciera salir nuestro amor para inundarlos para hacerse conocer, amarlos y hacerse amar, más bien estaban inmersos en el letargo de las culpas, tanto de hacernos horrorizar al sólo verlos.  Pero nuestro amor ardía, lo amábamos y queríamos hacer llegar nuestro amor a todos, ¿cómo hacer?  Debíamos usar una gran invención de nuestro amor para llegar a esto, y he aquí cómo:  Llamamos a vida a la pequeña Virgencita María, y creándola toda pura, toda santa, toda bella, toda amor, sin mancha de origen, y haciendo concebir junto con Ella nuestra misma Voluntad Divina, a fin de que entre Ella y Nosotros hubiera libre acceso, perenne unión e inseparabilidad.  Ahora, la Celestial Reina con su belleza nos raptaba, y nuestro amor corría, corría; con su amor nos hería y nuestro amor desbordando se escondía en Ella, y mirando a través de su belleza y de su amor a todas las criaturas, nuestro amor se desahogaba y amaba con amor oculto en esta Celestial Reina a todas las criaturas.  Así que a todos amamos en Ella, a través de su belleza no nos parecen más feas, nuestro amor no estaba más restringido en Nosotros, sino difundido en el corazón de una criatura tan santa, que comunicándole nuestra Paternidad Divina y amando a todos en Ella, adquirió la Maternidad Divina para poder amar a todos como hijos suyos, generados por su Padre Celestial; en cuanto sentía que Nosotros amábamos a todas las criaturas en Ella, así sentía que nuestro amor formaba la nueva generación de todo el género humano en su corazón materno.  ¿Se puede dar invención más grande de amor, estratagemas más amorosas, que el que nuestra Paterna bondad para amar a las criaturas, y también a aquéllas que nos ofendían, eligiera de esta misma estirpe a una criatura, formarla cuanto más bella podíamos a fin de que nuestro amor no pudiese encontrar obstáculos para poder amar a todos en Ella, y hacerla amar a todos?  En esta Celestial Reina todos pueden encontrar nuestro amor escondido en Ella, mucho más que poseyendo nuestra Voluntad Divina nos dominaba y nos hacía amar a todos, y Nosotros con nuestro dulce imperio la dominábamos a Ella para ser la Madre más afectuosa de todas.  El verdadero amor no sabe estar sin amar y usa todas las artes, toma ocasión de las más pequeñas cosas, como de las más grandes para amar, nuestro amor ahora se esconde, ahora se hace patente, ahora directamente, y ahora por vía indirecta, para hacer conocer que amamos con amor incesante a aquélla que sacamos del fondo de nuestro amor.  Don más grande no podíamos dar a todas las generaciones, que dar a esta inigualable criatura como Madre de todos, y como portadora de nuestro amor escondido en Ella, para darlo a todos sus hijos”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, el pensamiento de que mi Mamá Celestial poseía en su materno corazón el amor escondido con el cual me amaba mi Creador, me llenaba de alegría, y el pensar que yo era mirada por Dios desde dentro de mi querida Madre Celestial, a través de su santidad y de su belleza raptora, ¡oh! cómo me sentía feliz y llena de confianza, porque ya no debía ser amada y mirada sola, sino amada y mirada junto con mi Mamá.  ¡Ah! Ella para hacerme amar más por mi Jesús me cubrirá con sus virtudes, me vestirá con su belleza y esconderá mis miserias y mis debilidades.  Pero un pensamiento quería afligir mi alegría:  “Que Nuestro Señor hizo esto mientras la Reina del Cielo vivió sobre la tierra, pero cuando se la llevó al Cielo esta invención de amor divino terminó”.  Y mi dulce Jesús regresando ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, nuestras obras continúan siempre y son inseparables de Nosotros, así que nuestro amor oculto continúa en la Reina del Cielo y continuará siempre, no sería obrar como Dios si todo lo que hacemos pudiera separarse de Nosotros y no tener vida perenne. Por eso Nosotros amamos, nos vertemos sobre las criaturas, parece que nuestro amor parte de Nosotros, pero no, parte y queda con Nosotros, y el amor que se vuelca sobre las criaturas es inseparable de Nosotros y vuelve inseparable a aquélla que ha recibido nuestro amor, así que todas nuestras obras:  Cielo y tierra, criaturas que salen a la luz del día, parece que parten de Nosotros, pero no, todas son inseparables de Nosotros, y esto es en virtud de nuestra inmensidad, que envolviendo todo, no hay punto donde no se encuentra y vuelva inseparable todo lo que Nosotros hacemos, por eso ni nuestras obras se pueden separar de Nosotros, ni Nosotros de ellas, se puede decir que forman un solo cuerpo para Nosotros, y nuestra inmensidad y potencia es como circulación de la sangre que mantiene a todo y a todos la vida, a lo más pueden ser obras distintas una de la otra, pero separables jamás”.

(5) Entonces yo al oír esto, maravillándome he dicho:  “Sin embargo Amor mío, los réprobos ya están separados de Ti, pero también ellos son obras salidas de Ti, ¿cómo es entonces que no te pertenecen más?”

(6) Y Jesús:  “Te equivocas hija mía, no me pertenecen por vía de amor sino por vía de justicia, mi inmensidad que los envuelve tiene su poder sobre ellos, y si no me pertenecieran, mi justicia que castiga no tendría qué castigar, porque si las cosas no me pudieran pertenecer al instante perderían la vida, pero si esta vida existe es que hay quién la conserva y quién justamente la castiga.  Por eso nuestro amor escondido hacia cada criatura la Soberana Señora lo posee todavía en el Cielo, es más, es su más grande triunfo y contento, porque siente que su Creador ama en su materno corazón a todas las criaturas, y Ella haciendo de verdadera Madre, cuántas veces me las esconde en su amor para hacerlas amar, en sus dolores para hacerlas perdonar, en sus oraciones para hacerles dar las gracias más grandes.  ¡Ah! Ella es la que cubre y que sabe cubrir y disculpar a sus hijos ante el trono de nuestra Majestad, por eso hazte cubrir por tu Mamá Celestial, la cual pensará en las necesidades de su hija”.

 

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33-9

Febrero 10, 1934

 

Quien vive en la Divina Voluntad crece en sus brazos, la cual

con su fuerza la forma como la pequeña vencedora.  Ella es la

pequeña reina que con su Jesús en el corazón repite su Vida.

 

(1) Me siento la pequeña hija, pero tan pequeña que siento la extrema necesidad de que la Divina Voluntad, más que Madre mía me lleve entre sus brazos, me ponga las palabras en la boca, me suministre el movimiento a mis manos, me sostenga el paso, me forme el latido en el corazón y el pensamiento en mi mente.  ¡Oh! Voluntad Divina, cuánto me amas, me siento verter tu Vida en mí para darme vida, y siento cómo está en espera de querer los átomos de mis actos para investirlos con su fuerza creadora y decirme:  “Los átomos de mi hija me igualan, porque poseen mi fuerza invencible”.  Pero mientras mi mente quedaba sorprendida al ver los inventos amorosos y maternos de la Divina Voluntad, mi siempre amable Jesús que está siempre en guardia para ser espectador de lo que hace el Querer Divino en mí, me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija, tú debes saber que mi Supremo Querer mira a quien quiere vivir en Él como parto suyo, que quiere crecer en sus brazos, con sus cuidados maternos, y en cuanto ve que su pequeña quiere dar de sí con sus pequeñas obras para decirle que la ama, esta Madre Divina se estrecha al pecho a su hija y fortifica con su fuerza el movimiento, la palabra, el paso de su hija, esta fuerza la inviste toda, la transforma, y si bien pequeña, se ve pequeña y fuerte, pequeña y vencedora, y esta Madre toma gusto de hacerse vencer por su pequeña hija, así que se ve fuerte en el amor, fuerte en el sufrir, fuerte en el obrar, la fuerza es la aureola de esta criatura, ella es la invencible ante Dios y sobre de sí misma, sus debilidades y pasiones tiemblan ante esta pequeña vencedora, Dios mismo sonríe y cambia la justicia en amor, en perdón ante la infantil fuerza de esta criatura; es la fuerza de su Mamá, su cuidado continuo, que la vuelven fuerte e invencible.  Por eso si quieres ser la vencedora sobre todo, crece en los brazos de mi Voluntad, Ella se verterá en ti y sentirás su Vida palpitante en ti, y te crecerá a su semejanza y serás su honor, su triunfo y su gloria”.

(3) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, y ante mi mente se presentaban las escenas más bellas del obrar divino, todas como en acto de darse a mí para hacerse conocer, para recibir mi pequeño amor, mi gratitud y mi agradecimiento, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, para quien vive en mi Voluntad todos los tiempos son los suyos, y Yo amo el sentirme repetir por ella lo que no me han hecho y lo que me han hecho las criaturas, porque con tanto amor he obrado por ellas, por eso quien vive en mi Voluntad encuentra en acto la Creación, y ella en el cielo azul, en el sol brillante, en las estrellas centelleantes, me da sus besos, su amor filial, y ¡oh! cómo me siento contento de que en tantas cosas creadas encuentro el amor, los besos, el acto reconociente de mi hija, y Yo todas las cosas las convierto para ella en alegría, en defensa, en propiedad suya.  ¡Oh! cómo es bello ser reconocido, amado en aquellas mismas obras, porque las hemos hecho porque hemos amado; encuentra la pequeña época del Adán inocente, y ella junto con él me dan sus inocentes abrazos, sus castos besos, su amor de hijo, y Yo, ¡oh! cómo me siento feliz porque veo mi Paternidad reconocida, amada, honrada, ¡oh! cómo es bello sentirme Padre, y como tal sentirme amado por mis hijos, y Yo correspondo con mis besos, mis paternos abrazos, y le doy como derecho de propiedad suya la alegría infinita de mi Paternidad.  ¿Qué cosa no daré a mis hijos después de que he sido amado y reconocido como Padre?  Todo, no les negaré nada, y ellos me dan el derecho, la alegría de mis hijos.  Para quien vive en mi Voluntad no sé negarle nada, si esto hiciera me lo negaría a Mí mismo, por eso doy todo, y ella me repite las escenas de darme todo.  Por eso en Ella hay intercambios de obras, amor recíproco, que forman tales escenas conmovedoras de formar el paraíso de Dios y del alma.  ¡Oh! mil y mil veces bienaventurado quien viene a vivir en la celestial morada de mi Voluntad.  Tú debes saber que quien hace la Divina Voluntad, entra en Ella como reina, y como tal viene delante a Nosotros cortejada por todas nuestras obras, así que hace suya la Concepción de la Virgen y fundiéndose con Ella y con Nosotros, nos da lo que Nosotros le dimos a Ella, y lo que Ella nos dio a Nosotros, y nos sentimos dar el amor, la gloria de los mares inmensos con los cuales dotamos a esta Virgen, y remover todos sus actos como si en acto nos los estuviera repitiendo, y ¡oh! qué abismos de gracia se renuevan entre el Cielo y la tierra.  El alma en nuestra Voluntad, Ella la pone en condiciones de hacerla ser la repetidora de sus obras, y mientras las repite dota con ellas a aquélla que le ha dado la ocasión, y como la criatura es incapaz de darnos todo en un acto, lo que en Nosotros se forma en un acto solo, su pequeñez va extendiendo en nuestra Voluntad, y ahora toma una obra nuestra, y ahora otra, y con el dominio que le da nuestra Voluntad, desciende en la Encarnación del Verbo, y ¡oh! cómo es bello verla investida de su amor, embellecida con sus lágrimas, adornada con sus heridas, poseedora de sus plegarias, todas las obras del Verbo la circundan dentro y fuera, y lo que es más, convertidas para ella en alegrías, en bienaventuranzas, en fuerza, con la inseparabilidad de su Jesús, que como en un templo sagrado, que tiene en su corazón, para hacerla la repetidora de su Vida.  Y ¡oh! qué escenas conmovedoras hace ante Dios, con su Jesús en el corazón ruega, sufre, ama junto con Jesús, y en su pequeñez infantil dice:  ‘Poseo a Jesús, Él me domina y yo a Él, es más, yo le doy lo que Él no tiene, mis penas para formar su Vida completa en mí; Él es pobre de penas porque glorioso no puede tenerlas, y yo lo suplo en lo que no tiene, y Él me suple en lo que a mí me falta’.  Así que en nuestra Voluntad la verdadera reina es la criatura, todo es suyo, y nos da tales sorpresas de nuestras obras, que nos rapta y forma nuestra felicidad que la criatura nos puede dar en nuestra Voluntad Santísima”.

 

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33-10

Febrero 24, 1934

 

La criatura con hacer su voluntad pierde la cabeza, la razón

divina, el orden, el régimen.  Jesús es cabeza de la criatura.

 

(1) Mientras continuaba mi giro en la Divina Voluntad, su dulce imperio, su fuerza irresistible, su amor y su luz inextinguible se vierten sobre mi pequeñez, la cual como raptada se encuentra en el mar de la Divina Voluntad, y ¡oh! las dulces sorpresas, sus modos siempre nuevos, su belleza raptora, su inmensidad que lleva como en su regazo a todos y a todo; pero lo que más impresiona es su amor por la criatura, parece que es toda ojo para mirarla, toda corazón para amarla, toda manos y pies para llevarla estrechada a su seno y para darle el paso.  ¡Oh! cómo suspira el dar su Vida a la criatura a fin de que pueda vivir de la suya, parece que sea un delirio que tiene, un empeño que ha tomado, una victoria que a cualquier costo quiere obtener, que su Vida forme la vida de la criatura.  Entonces mi mente se perdía en medio de este espectáculo de amor de la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija mía, el hombre con hacer su voluntad perdió la cabeza, la razón divina, el régimen, el orden de su Creador, y como perdió la cabeza, todos los miembros querían hacer de cabeza, pero no siendo oficio de los miembros tener virtud y habilidad de hacer de cabeza, no supieron tener el régimen, ni el orden entre ellos, y un miembro se puso contra el otro y se dividieron entre ellos, así que quedaron como miembros separados, porque no poseían la unidad de la cabeza.  Pero nuestro Ente Supremo amaba al hombre, y viéndolo sin cabeza, nos daba pena y era el más grande de los deshonores a nuestra obra creadora, no podíamos tolerar un desgarro tan grande en aquél que tanto amábamos.  Por eso nuestra Voluntad Divina nos dominó, y nuestro amor nos venció, y haciéndome descender del Cielo a la tierra me constituí cabeza del hombre y reuní todos los miembros esparcidos bajo mi cabeza, y los miembros adquirieron el régimen, el orden, la unión y la nobleza de la cabeza.  Así que mi Encarnación, todo lo que hice y sufrí, y mi misma muerte, no fue otra cosa que camino que hice para buscar estos miembros esparcidos, y hacer fluir de la virtud de mi cabeza divina, la vida, el calor y la resurrección de los miembros muertos, para formar de todas las humanas generaciones un solo cuerpo bajo mi cabeza divina; cuánto me costó, pero mi amor me hizo superar todo, afrontar todas las penas y triunfar sobre todo.  Ahora hija mía, mira entonces qué significa no hacer mi Voluntad, perder la cabeza, dividirse de mi cuerpo, y como miembros separados, a duras penas y a tientas caminar aquí abajo como tantos monstruos, de dar piedad.  Todo el bien de la criatura está concentrado en mi Voluntad Divina y forma nuestra gloria y la de las humanas generaciones; he aquí el por qué nuestro delirio, nuestro empeño, y queremos vencer por vía de amor y de sacrificios inauditos, para que la criatura viva en nuestra Voluntad.  Por eso sé atenta y contenta a tu Jesús”.

 

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33-11

Marzo 4, 1934

 

Los actos hechos en la Divina Voluntad forman los caminos,

abrazan los siglos.  Quién forma la cárcel.  El Ingeniero

Divino y el Artífice insuperable.

 

(1) Mi pobre inteligencia gira siempre en el Fiat Divino para encontrarme con sus actos, fundirme con ellos, cortejarlos, amarlos y poderle decir:  “Tengo el amor de tus actos en mi poder, por eso te amo como me amas Tú, y lo que haces Tú hago yo”.  ¡Oh! cómo es bello poder decir:  “He desaparecido en la Divina Voluntad, y por eso su fuerza, su amor, su santidad, su obrar, son míos, hacemos un solo paso, tenemos un solo movimiento y un solo amor”.  Y la Divina Voluntad toda en fiesta parece que dice:  “Cómo estoy contenta, no estoy más sola, siento en Mí un latido, un movimiento, una voluntad que corre en Mí, y fundida junto Conmigo no me deja jamás sola, y hace lo que hago Yo”.  Entonces, mientras mi mente se perdía en el Querer Divino, pensaba entre mí:  “Pero qué bien hacen estos actos míos hechos en la Divina Voluntad, mientras que yo no hago nada Ella hace todo, y como estoy junto, dentro de Ella, me dice que hago lo que Ella hace, y lo dice con razón, porque estando en Ella y no hacer lo que Ella hace es imposible, porque su potencia es tanta, que inviste mi nada y la hace hacer lo que hace el Todo, no puede hacer ni sabe hacer de manera diferente”.  Entonces mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, cómo es bello, honor más grande no puede recibir la criatura que aquél de ser admitida dentro de Ella; los instantes, los más pequeños actos hechos en Ella, abrazan los siglos, y como son divinos, están investidos de tal poder, que lo que se quiere hacer con ellos, todo se puede hacer y todo obtener, el Ser Divino queda atado en estos actos, porque son actos suyos y debe darles el valor que merecen.  Además de esto, tú debes saber que los actos hechos en mi Voluntad forman los caminos que deben servir a las almas para hacerlas entrar en Ella, y son tan necesarios, que si primero no surgen almas heroicas que vivan en Ella para formar los caminos principales de su reino, las generaciones no encontrando los caminos, no sabrán cómo hacer para entrar en mi Voluntad.  Hija mía, para formar una ciudad primero se forman los caminos que forman el orden que debe tener una ciudad, y después se ponen los fundamentos para construirla; si no se forman los caminos, las salidas, las comunicaciones que debe tener, hay peligro de que en vez de una ciudad, los ciudadanos puedan formarse una cárcel, porque no siendo dotada de caminos, no saben por dónde salir; mira cómo son necesarios los caminos.  Ahora, la ciudad sin caminos es la voluntad humana, que encerrada en su cárcel ha cerrado todos los caminos para entrar en la ciudad celestial de mi Divina Voluntad.  Ahora, el alma que entra en Ella rompe la cárcel, derriba la infeliz ciudad sin caminos, sin salidas, y unida con la potencia de mi Querer, Ingeniero Divino, forma el plano de la ciudad, ordena los caminos, las comunicaciones, y haciéndola de artífice insuperable, forma la nueva ciudadela del alma, con tal maestría, de formar las vías de comunicación para hacer entrar a las otras almas y formar tantas ciudades para poder formar un reino, la primera será el modelo de las otras.  Ve entonces para qué sirven los actos hechos en mi Voluntad, me son tan necesarios, que sin ellos faltaría el camino para hacerla reinar.  Por eso siempre en mi Voluntad te quiero, no salgas jamás si quieres volver contento a tu Jesús”.

 

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33-12

Marzo 11, 1934

 

Quien no vive en la Voluntad Divina la pone en soledad y la

reduce al silencio.  Quién es el templo de Dios.  La Divina

Voluntad templo del alma.  La pequeña hostia.  Señal para

conocer si se vive en la Divina Voluntad.

 

(1) Me parece oír el eco continuo del Fiat Divino que resuena en mi alma, que con su potencia invencible llama mis pequeños actos en sus actos para formar uno solo, y parece que se deleita con su criatura, no se siente solo, tiene a quien contar sus alegrías y sus dolores, en suma, no se siente ni en soledad ni reducido al silencio; en cambio con quien no vive en el Querer Divino siente el peso de la soledad, y si quiere hablar y confiar sus secretos no es entendido, porque falta la luz de su Voluntad que le hace entender su lenguaje celestial, y ¡oh! cómo queda dolorido por eso, porque mientras es todo voz y todo palabra, no tiene a quién decir nada.  ¡Oh! Voluntad adorable, hazme vivir siempre en Ti, a fin de que rompa tu soledad y te dé campo para hacerte hablar.  Pero mientras mi mente se perdía en los bastos horizontes del Fiat Divino, mi dulce Jesús repitiendo su visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, es verdad que quien no vive en nuestra Voluntad la pone en soledad y la reduce al silencio; tú debes saber que cada criatura es un trabajo nuevo y distinto que tenemos que hacer, y por eso nuevas cosas que decir; y si no vive en nuestro Querer sentimos que aquella criatura está lejana de Nosotros, porque su voluntad no está en la nuestra, por eso por parte de ella nos sentimos solos, impedidos en nuestro trabajo, y si quisiéramos hablar, es como si quisiéramos hablar a los sordos, a los mudos.  Por eso quien no vive en nuestro Querer es nuestra cruz, nos impide el paso, nos ata los brazos, echa por tierra nuestras obras más bellas, y Yo que soy el Verbo me reduzco al silencio.

(3) Ahora, tú debes saber que el alma en gracia es el templo de Dios, pero cuando el alma vive en nuestra Voluntad, Dios se hace templo del alma, y ¡oh! la gran diferencia entre la criatura templo de Dios, y entre Dios templo del alma; el primero es un templo expuesto a los peligros, a los enemigos, sujeto a pasiones, muchas veces nuestro Ente Supremo se encuentra en estos templos como en los templos de piedra, no cuidado, no amado como conviene, y la pequeña lamparita de su amor continuo que debía tener como homenaje a su Dios que reside en ella, sin el aceite puro está apagada, y si jamás sea, cae en pecado grave, nuestro templo se derrumba y queda ocupado por ladrones, nuestros enemigos y suyos, que lo profanan y de él hacen masacre.  El segundo templo, es decir Dios templo del alma, no está expuesto a peligros, los enemigos no pueden acercarse, las pasiones pierden la vida, el alma en este nuestro templo divino es como la pequeña hostia que tiene consagrado en ella a su Jesús, la cual con el amor perenne que toma, recibe y se alimenta, forma la lámpara viva que siempre arde, sin que jamás se apague; este nuestro templo ocupa su puesto real, su Querer completo y es nuestra gloria y nuestro triunfo; y la pequeña hostia, ¿qué hace en este nuestro templo?  Ruega, ama, vive de Voluntad Divina, suple a mi Humanidad sobre la tierra, toma mi puesto de penas, llama a todo el ejército de nuestras obras para hacernos cortejo, la Creación, la Redención las tiene como suyas y hace de comandante sobre ellas, y ahora nos las pone como ejército alrededor en acto de oración, de adoración, ahora como ejército en acto de amarnos y glorificarnos, pero ella siempre a la cabeza para hacer lo que quiere que hagan nuestras obras, y termina siempre con su estribillo tan agradable a Nosotros:  ‘Tu Querer sea conocido, amado y reine y domine en el mundo entero’.  Así que todas las ansias, los suspiros, los intereses, las premuras, las plegarias de esta pequeña hostia que vive en nuestro templo divino son:  Que nuestro Fiat abrace a todos, haga a un lado todos los males de las criaturas, y con su soplo omnipotente se haga lugar en los corazones de todos para hacerse vida de cada criatura; ¿se puede dar oficio más bello, más santo, más importante, más útil al Cielo y a la tierra, que el de esta pequeña hostia que vive en nuestro templo?  Además de esto, nuestro amor, nuestra potencia, hacen todos los desahogos, todas las industrias, todas las estratagemas con quien vive en nuestra Voluntad:  Nuestro amor se hace pequeño y se encierra en el alma para formar su Vida, y de ésta quedan sólo los despojos para quedar cubierta; nuestra potencia se hace inmensa cual es, y se forma templo suntuoso para tenerla dentro, al seguro, y gozar de su compañía.  Para quien hace nuestra Voluntad ella está siempre ocupada de Nosotros, y Nosotros siempre estamos ocupados de ella, por eso trata de encontrarte siempre en nuestra Voluntad”.

(4) Después de esto seguía pensando en el Querer Divino, y mi amado Jesús ha agregado:

(5) “La señal si el alma vive en mi Voluntad, es si todas las cosas internas y externas son portadoras de mi Voluntad, porque decir que posee su Vida y no sentirla es imposible, por eso se la sentirá en el latido, en el respiro, en la sangre que circula en sus venas, en el pensamiento que formula en su mente, en la voz que da vida a su palabra, y así de lo demás.  Entonces el acto interno haciendo eco al externo, hace encontrar mi Voluntad en el aire que respira, en el agua que bebe, en el alimento que toma, en el sol que le da luz y calor, en suma, lo interno y lo externo se dan la mano y forman tantos actos para formar la Vida de mi Voluntad en ellos, un solo acto no forma vida, sino actos continuos y repetidos forman la vida.  Además, en mi Voluntad todo está presente, como en acto de hacer todo lo que ha sido hecho por Nosotros, y la criatura en Ella entra en la potencia de nuestros actos presentes y hace lo que hacemos Nosotros, ella queda investida con nuestra fuerza creadora, por nuestro amor que siempre surge, comprende que es propiamente para ella que todo hace, y ¡oh! cómo ama y cómo quiere hacer todo para su Creador, en cambio fuera de nuestro Fiat, lo que nosotros hemos hecho se ven como cosas pasadas, hechas para todos, no para ella sola, por eso el amor no se despierta, duerme, queda como en letargo y piensan en un amor lejano, no en acto.  Por eso hay tal diferencia entre quien vive en mi Voluntad y entre quien vive fuera de Ella, que no hay comparación que valga.  Por eso sé atenta y agradéceme por el gran bien que te he hecho de hacerte conocer qué significa vivir en mi Querer”.

 

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33-13

Marzo 25, 1934

 

La oración en la Divina Voluntad se hace portavoz de los actos del Fiat

Divino.  La Humanidad de Nuestro Señor posee la virtud generadora.

El amor divino consiste en reproducirse en todos y en cada uno.

 

(1) Mi pobre mente parece que no sabe estar sin ir en busca de los actos hechos por la Divina Voluntad, si esto no hiciera me parece que me faltaría el lugar donde morar, el alimento para nutrirme, el aire para respirar, el paso para poderme mover en sus interminables confines.  ¡Ah! son los actos de la Voluntad Divina que mientras yo busco, me llaman, y unificándose conmigo parece que me susurran al oído:  “Estamos en tu poder, y con la potencia de estos actos tienes monedas suficientes para pedir, para impetrar el reino de nuestro Fiat Supremo; para obtener un Querer Divino se requieren actos divinos, y la criatura conforme viene en Él, nuestros actos se extienden alrededor de los suyos y nuestro acto toma como en triunfo el acto de ella, y pide junto con ella el triunfo, el dominio de nuestra Voluntad sobre la tierra”.  Pero mientras mi mente gozaba la vista encantadora de mis pequeños actos circundados por los mares de los actos divinos, mi pequeño amor rodeado por el mar del amor divino, que con voz arcana e incesante no sabían pedir otra cosa que Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, mi Soberano Jesús sorprendiéndome, todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, cómo es dulce, consolador, potente, oír a mi Voluntad con todos sus actos, en el pequeño acto, amor, adoración de la criatura, pedir el Fiat reinante sobre la tierra.  Ella se sirve del pequeño amor de la criatura como portavoz para hacerla resonar en todos sus actos, para hacerla pedir su reino, no quiere hacerlo sola, sino que quiere la intermediación de ella para hacerlo.  Pero ¿quieres saber para qué sirve esta plegaria que contiene potencia, valor, y armas divinas que nos hacen guerra con modos incesantes?  Sirve para llamar a Dios sobre la tierra para hacer vida en cada criatura, sirve para hacer rogar a mi misma Voluntad Divina y a todas sus obras, que venga a reinar sobre la tierra, sirve para preparar el lugar en Dios mismo a la criatura, es una oración divina, prodigiosa, que sabe obtener todo”.

(3) Después de esto seguía mi abandono en los brazos de Jesús, su corazón Divino se estremecía muy fuerte de amor, de alegría, de felicidad y de dolor, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, todos los actos de mi Humanidad poseen la virtud generativa, por lo tanto la mente piensa y genera pensamientos santos, piensa y genera luz, ciencia, sabiduría, conocimientos divinos, verdades nuevas, y mientras genera se vierte a torrentes en las mentes de las criaturas, sin jamás cesar de generar, así que cada criatura tiene en su mente el desván de estos mis hijos generados por mi mente, con la diferencia que, quién los tiene honrados, cortejados, dándoles la libertad de hacerlos producir el bien que poseen, y quién los tiene sin cuidarlos y como sofocados; mis miradas generan miradas de amor, de compasión, de ternura, de misericordia, no pierdo jamás de vista a ninguno, mis miradas se multiplican por todos, y ¡oh!, la potencia de mis miradas, con cuánta piedad se vuelcan sobre las miserias humanas, es tanta que para ponerlos a salvo encierra en mi pupila a la criatura para tenerla defendida y circundada de afecto y de ternura indecible, de hacer maravillar a todo el Cielo; mi lengua habla y genera palabras que dan vida, enseñanzas sublimes, genera plegarias, habla y genera heridas y dardos de amor para dar la generación de mi ardiente amor a todos y hacerme amar por todos; mis manos generan obras, llagas, clavos, sangre, abrazos, para hacerme obra de cada uno, bálsamo para endulzar sus llagas, clavos para herirlos y purgarlos, sangre para lavarlos, abrazos para abrazarlos y llevarlos como en triunfo en mis brazos.  Toda mi Humanidad genera continuamente para reproducirla en cada criatura, nuestro amor divino consiste propiamente en esto, en reproducirse en todos y en cada uno, y si no tuviéramos la virtud generativa no podría ser una realidad, sino un modo de decir, mientras que en Nosotros primero hacemos los hechos, y si usamos el decir es para confirmar los hechos.  Mucho más que mi Humanidad es inseparable de mi Divinidad, la cual posee en naturaleza la virtud generativa, y está sobre las criaturas como una madre con los brazos abiertos y genera en modo admirable su Vida en ellas.  Pero ¿sabes tú quién recibe los efectos, el fruto completo de este mi generar continuo?  En quien reina mi Voluntad, la cual no sólo recibe la generación de mis actos, sino los reproduce en modo admirable”.

 

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33-14

Abril 28, 1934

 

La Divina Voluntad en cada acto que hace, llama a todas las

criaturas para dar el bien que su acto contiene.  Ejemplo del sol.

 

(1) Estoy siempre en mi querida heredad del Fiat, siento su dulce imperio que me tiene absorbida y tan investida, que no me deja tiempo para dolerme de las privaciones de mi amado Jesús, para mí demasiado dolorosas.  La multiplicidad e infinitud de sus actos continuos se imponen sobre mí, para tenerme presente y participarme el bien que contienen y decirme cuánto me aman, y preguntarme:  Y tú ¿cuánto nos amas?  Entonces mi mente se perdía y quedaba raptada al ver que siempre quería darme de lo suyo, y por eso me quería presente en sus actos; ¡qué bondad, qué amor!  Después, mi Soberano Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tu Jesús tiene el trabajo de manifestar los secretos de mi Voluntad Divina, y manifestar su amor que da, porque no sabe estar ni puede estar si no da de lo suyo de manera continua a la criatura.  Tú debes saber que cuando mi Voluntad hace un acto, llama en su acto a todas las criaturas, las quiere a todas Consigo para dar a cada una el bien que posee aquel acto, así que todas son encerradas en su acto, y reciben el bien de la herencia divina, con esta diferencia, que quien está en nuestra Voluntad voluntariamente y por amor, de él queda poseedora, y quien no está, el bien no queda perdido, sino que espera a su heredera, quién sabe y se decida a hacer vida en nuestra Voluntad para darle la posesión, y por generosidad toda divina le damos el interés del bien que le habíamos asignado, esto es, los efectos, para hacer que no muera de hambre de los bienes de su Creador, porque nuestra Voluntad posee en naturaleza la virtud universal, y por eso en cada acto suyo llama a todos, abraza a todos, envuelve a todos, y da a todos sus bienes divinos.  Símbolo e imagen es el sol, que habiendo sido creado por mi Fiat con su virtud universal, da su luz a todos, no la niega a ninguno, y si alguno no quisiera tomar el bien de su luz, el sol no destruye la luz que a aquél tal pertenece, ni la puede destruir, sino que espera hasta que aquél tal se decida a tomar el bien de la luz, y entonces no se niega, rápido se da, y hasta en tanto que no se decida a tomar directamente el bien de la luz, le da el interés por medio de las otras cosas creadas en las cuales el sol tiene su acto primero, en todas las cosas creadas, a quién da la fecundidad y la maduración, a quién el desarrollo y la dulzura, no hay cosa creada a la cual el sol no le dé de lo suyo, por eso la criatura tomando el alimento, sirviéndose de las plantas, toma los efectos y los intereses que le da la luz que a él pertenece y que voluntariamente no toma.  Más que sol es mi Voluntad, en todos los actos que hace llama y tiene presentes a todas las criaturas, y a todas da sus bienes divinos.

(3) Ahora quien vive en nuestra Voluntad, como posee como propiedad suya el bien que en cada acto mi Querer le ha dado, siente en sí la naturaleza del bien, ya que el bien está en su poder; la bondad, la paciencia, el amor, la luz, el heroísmo del sacrificio están a su disposición, y si tiene la ocasión de ejercitarlos, sin esfuerzo los ejercita, y si no tiene la ocasión de ejercitarlos los posee siempre, como tantas nobles princesas que forman el honor, la gloria de las propiedades que le ha dado mi Voluntad.  Sucede como al ojo que posee la vista, si es necesario que vea, que se ayude con la vista, lo hace, si no es necesario no pierde la vista, sino que tiene su ojo como gloria y honor porque posee su ojo que ve.  Poseer mi Voluntad y no poseer las virtudes como en naturaleza suya, es casi imposible, sería como un sol sin calor, como un alimento sin sustancia, como una vida sin latido.  Por eso quien posee mi Voluntad posee todo, como dones y propiedades que lleva consigo mi Querer Divino”.

 

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33-15

Mayo 6, 1934

 

Primer propósito de la Redención:  Restablecer la Vida de

la Divina Voluntad en la criatura.  Dios hace las cosas

menores para dar el lugar a sus obras mayores.

 

(1) Estoy bajo las olas altísimas del Fiat Divino, el cual, las cosas y todos sus actos divinos, hace ver y tocar con la mano que todos tienen origen del Querer Divino, y todos son portadores de un Querer tan Santo.  Así que el fin primario de Dios, tanto en la Creación como en la Redención, no fue otro su objetivo que formar su Vida palpitante de Voluntad Divina en cada criatura y en todo, quería su puesto regio, la inserción de todas las cosas y de cada acto en su Voluntad, y con justicia y con razón, siendo Ella la autora de todo y de todos, ¿qué maravilla que quiera su lugar de derecho en todo?  Después, siguiendo a la Divina Voluntad en sus actos, he llegado a la Redención, y mi amado Jesús deteniéndome y suspirando me ha dicho:

(2) “Hija mía, el fin primario de la Redención, en nuestra mente divina, fue el restablecer el reino de la Divina Voluntas en la criatura; era esto de divino que habíamos puesto en ella, nuestra Voluntad obrante, el acto más noble, más bello, y que en virtud de esto Nosotros amábamos a la criatura hasta la locura, porque tenía de lo nuestro, Nosotros nos amábamos a Nosotros mismos en ella, y por eso nuestro amor era perfecto, pleno e incesante, y como si no nos pudiéramos separar de ella, sentíamos a nuestra misma Voluntad que desde dentro de la criatura nos imponía a amarla, y si descendí del Cielo a la tierra, fue el imperio, la potencia de mi Fiat que me llamó, porque quería sus derechos y ser restablecido y puesto a salvo su acto noble y divino.  Nos habría faltado el orden y habríamos actuado contra natura si descendiendo del Cielo hubiera puesto a salvo a las criaturas, y a nuestra Voluntad, lo que de divino y nuestro acto más bello puesto en ellas, principio, origen y fin de todo, no ponerlo a salvo y restituirle su reino en ellas.  Pero, ¿quién hay que no piense en salvarse primero a sí mismo y después a los demás?  Ninguno, y si no puede salvarse a sí mismo, es señal de que no tendrá ni virtud, ni poder de salvar a los demás.  Con restablecer el reino de mi Voluntad en la criatura, Yo hacía el acto más grande, acto que sólo puede hacer un Dios, esto es, poner a salvo mi misma Vida en la criatura, y salvándome a Mí mismo todos eran puestos al seguro, no más peligros, porque tenían una Vida Divina en su poder, en la cual habrían encontrado todos los bienes que quisieran.  Por eso mi Redención, mi Vida, mis penas, mi muerte, servirán para disponer a las criaturas a un bien tan grande y como preparativo al gran portento del reino de mi Voluntad en las generaciones humanas, y si aún no se ven los frutos, la vida de él, esto no dice nada, porque en mi Humanidad está el germen, la Vida de mi Fiat, y este germen posee la virtud de formar la gran generación de tantas otras semillas en los corazones, para regenerar en ellos el restablecimiento de la Vida de mi Voluntad en las criaturas.  Por eso no hay acto hecho por el Ente Supremo que no salga de nuestra Voluntad, y es tanto su amor, que se pone como vida en nuestro acto, y como vida reclama sus derechos, porque quiere desarrollar su Vida; por eso, ¿cómo podía Yo venir a redimir si no restituía estos derechos a mi Voluntad?  Estos derechos para venir a redimir le fueron restituidos en mi Madre Celestial, en mi Humanidad, y sólo porque tuve estos primeros derechos pude venir a redimir, de otra manera no encontraría ni el camino, ni el lugar dónde descender, y mi Humanidad se comprometió con Ella, por vía de penas, a restituirle estos derechos de hacerla reinar a su tiempo en la familia humana.  Por eso tú ruega, y unida Conmigo no escatimes el sacrificio de tu vida por una causa tan santa y divina, y de amor más heroico y grande hacia todas las criaturas”.

(3) Entonces he quedado pensativa por lo que está escrito arriba y pensaba para mí:  “¿Cómo puede ser que mientras dice que su fin primario de su venida sobre la tierra fue para establecer el reino de la Divina Voluntad, si bien estaba unida junto la Redención, mientras los frutos de la Redención se ven abundantemente, y los de su Fiat reinante no se ven casi nada aún?”  Y Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, sería absurdo y contra el orden divino no dar el primado a nuestra Voluntad, como de hecho lo dimos.  Puedo decir que primero comenzó el reino de la Voluntad Divina en mi Madre Celestial, después en mi misma Humanidad, la cual poseía toda la plenitud de la Voluntad Suprema, y después vino la Redención, y como Yo y la Reina del Cielo, en virtud de este reino que poseíamos en su pleno vigor, representábamos a toda la humana familia, como cabezas para reunir todos los miembros esparcidos, por eso pudo venir la Redención.  Fue propiamente de adentro del reino de mi Voluntad que saqué la Redención; si Yo y mi Madre no lo hubiéramos poseído, habría sido un sueño y quedado en nuestra mente divina.  Ahora, siendo la Cabeza, el Rey, el Salvador y el verdadero santificador del género humano, lo que hay en la Cabeza tienen derecho los miembros, lo que posee la Madre, tienen derecho de heredar los hijos, he aquí por eso la Redención:  La Cabeza quiere sanar los miembros y vincularlos por vía de penas y de muerte para disfrutar en ellos las virtudes de la Cabeza; la Madre quiere reunir a los hijos, hacerse conocer, para constituirlos herederos de lo que Ella posee; he aquí la necesidad del tiempo, de modo que del reino de mi Voluntad salió la Redención como acto primero, y la Redención servirá como medio potente para comunicar a los miembros el reino que posee la Cabeza, el uno y el otro se dan la mano.  Y si amo tanto, quiero, insisto que las criaturas en todas las cosas tengan sólo por principio únicamente mi Voluntad.  Yo que poseo su Vida y que debía descender del Cielo a la tierra, y que tanto me debía costar, ¿no debía dar el primado a mi Voluntad?  ¡Ah! hija mía, esto quiere decir que no se conoce a fondo, mientras que tiene más valor un acto de mi Voluntad que todas las criaturas juntas, y es tan cierto, que de mi Voluntad tuvo vida la Redención, mientras la Redención no tenía virtud de dar vida a mi Voluntad.  Mi Fiat es eterno, no tuvo principio ni en la eternidad, ni en el tiempo, mientras la Redención tuvo su principio en el tiempo, y como mi Querer no tiene principio, y es el único que puede dar vida a todo, por eso posee en su naturaleza el primado sobre todo, y no hay cosa que hagamos en que no tengamos nuestro fin primario:  ‘Que nuestra Voluntad tenga su Vida dominante, obrante y reinante’.  Pero tú dices que los frutos de la Redención se ven, mientras que de aquellos del reino de la Divina Voluntad no se ve nada; esto dice que no se comprenden nuestros modos divinos; hacemos las cosas menores para dar lugar a nuestras obras mayores y para efectuar nuestro fin primario.  Escúchame hija mía, en la Creación nuestra finalidad primaria era el hombre, pero en vez de crear al hombre, primero creamos cielos, soles, mares, tierra, aire, vientos, como habitación dónde poner a este hombre y hacerle encontrar todo lo que era necesario para hacerlo vivir; en la misma creación del hombre primero hicimos el cuerpo y después le infundimos el alma, más preciosa, más noble, y que contiene más valor que el cuerpo; muchas veces es necesario hacer primero las obras menores, para preparar la decencia, el puesto a nuestras obras mayores.  ¿Qué maravilla entonces, que al descender del Cielo a la tierra, en nuestra mente divina nuestro fin primario era constituir el reino de nuestra Voluntad en medio a la familia humana?  Mucho más que la primera ofensa que nos hizo el hombre fue propiamente dirigida a nuestra Voluntad, por eso con justicia, nuestra primera finalidad debía ser dirigida a afianzar la parte ofendida de nuestra Voluntad y a restituirle su puesto real, y luego venía la Redención; y la Redención vino en modo sobreabundante, con tales excesos de amor de hacer estremecer Cielo y tierra.  Pero, ¿por qué primero?  Porque debía servir para preparar con decencia, con decoro, con suntuosidad, con el ajuar de mis penas y de mi misma muerte, como reino, como ejército, como habitación y como cortejo para hacer reinar mi Voluntad.  Para sanar al hombre se requerían mis penas, para darle la vida se requería mi muerte, sin embargo habría bastado una lágrima mía, un suspiro mío, una sola gota de mi sangre para salvar a todos, porque todo lo que Yo hacía estaba animado por mi Voluntad Suprema.  Puedo decir que era Ella en mi Humanidad que corría en todos mis actos, en mis penas más desgarradoras, para buscar al hombre y ponerlo a salvo, ¿cómo entonces se puede negar el primer propósito de un Querer tan santo, tan potente, que abraza todo, y que no hay vida, ni bien sin Él?  Por eso es absurdo el sólo pensarlo.  Por lo tanto quiero que en todas las cosas la reconozcas como acto primero de todo, así te pondrás en nuestro orden divino, que no hay cosa en que no demos el primado a nuestra Voluntad”.

 

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33-16

Mayo 12, 1934

 

Extrema necesidad del abandono en el Querer Divino,

virtud de Él.  Cómo todos giramos en torno a Dios; sólo la

voluntad humana va vagando y es la turbadora de todos.

 

(1) Mi abandono en el Fiat es una necesidad extrema de mi pobre corazón, porque me hace sentir su Paternidad y Maternidad Divina, que con sus brazos de luz me tiene estrechada a su seno para verterse en mí como Madre ternísima, que ama con amor inseparable a su hija, pero tanto, que quiere generar su Vida en su hija.  Parece que sea un delirio, una pasión divina de esta Madre Santa, que la vuelve toda ojo, toda atención y premura, toda corazón, y en continuo acto de trabajar para concebir, nacer y crecer su Vida en su hija toda abandonada en sus brazos.  Así que el abandono en la Divina Voluntad facilita los cuidados y vuelve realizables las premuras de esta Madre Celestial, de formar su Vida toda de Voluntad Divina en la criatura.  Mamá mía bella, ¡ay! no me separes de tu seno de luz a fin de que pueda sentir tu Vida en mí, que pintándome continuamente me haga conocer cuánto me amas, quién eres Tú y cuán bella, amable y adorable eres.  Pero mientras mi mente se perdía en el abandono total en el Querer Divino, mi dulce Jesús repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, cuanto más se comprende de mi Querer, tanto más se goza de su belleza y santidad, y tanto más se recibe de sus bienes, y el abandono en Él destruye todos los obstáculos y estrecha al alma tan fuerte entre sus brazos, que sin esfuerzo mi Fiat puede regenerar su Vida Divina en la criatura; el verdadero y pleno abandono dice con los hechos:  ‘Haz de mí lo que quieras, mi vida es la tuya, y de la mía no quiero saber nada más’.  Así que el abandono tiene virtud de poner a la criatura en poder de mi Divina Voluntad.  Porque tú debes saber que todas las cosas y la misma naturaleza humana toman del movimiento eterno de Dios, de modo que todo gira a su alrededor, toda la Creación, el respiro, el latido, la circulación de la sangre, están bajo el imperio del movimiento eterno, y como todos y todo tienen vida de este movimiento, son inseparables de Dios, y como tienen vida, con una carrera unánime giran en torno al Ente Supremo, así que el respiro, el latido, el movimiento humano, no está en poder de ellos el respirar, latir, moverse, quieran o no quieran, estando bajo el movimiento incesante del Eterno, sienten también ellos el acto incesante del respiro, del latido y del movimiento, se puede decir que hacen vida junto con Dios y con todas las cosas creadas que le giran en torno sin jamás detenerse; sólo la voluntad humana, habiéndola creado con el gran don del libre albedrío para que pudiera decirnos que libremente nos amaba, no obligada como es obligado el respiro a respirar, el corazón a latir y a recibir el movimiento de su Creador, sino por voluntad querida, no forzada, pudiera amarnos y estarse junto con Nosotros para recibir la Vida obrante en nuestro Querer; era el honor y el don más grande que dábamos a la criatura, y ella, ingrata, se aparta de nuestra unión e inseparabilidad, y por lo tanto de la unión de todos y de todo, y por eso se pierde, se degrada, se debilita, pierde la fuerza única, y es la única en toda la Creación que pierde su curso, su puesto de honor, su belleza, su gloria, y va vagando separada de su puesto que tiene en nuestra Voluntad que la llama, la suspira a su puesto de honor, así que todos tienen un puesto, también el respiro y el latido humano, y como todos y todo tienen un puesto, no pierden jamás la vida y su movimiento incesante, ninguno se siente pobre, débil, sino ricos en el movimiento eterno de su Creador.  Sólo la voluntad humana, porque no quiere estar en el puesto real de nuestro Querer Divino, es la extraviada y la más pobre de todos, y así como se siente pobre, se siente infeliz, y es la turbadora de la humana familia.  Por eso si quieres ser rica, feliz, no desciendas jamás de tu puesto de honor, que es dentro de nuestra Voluntad, entonces tendrás todo en tu poder, fuerza, luz, y también mi misma Voluntad”.

 

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33-17

Mayo 20, 1934

 

La Divina Voluntad consume todo, como dentro de un solo aliento

todos los actos hechos en Ella, y forma de ellos uno solo.  La Divina

Voluntad forma las vestiduras de la Humanidad de Nuestro

Señor y la hace presente a las criaturas.

 

(1) Me sentía pobre, pobre de amor, pero con la voluntad de quererlo amar mucho; había recibido al dulce Jesús Sacramentado, y Él estaba como ahogado de amor y yo apenas unas gotitas nada mas, sin embargo me pedía amor para darme amor, pero ¿cómo hacer para poderlo igualar de algún modo?  Entonces he pensado entre mí:  “Mi Mamá Celestial quiere que yo ame mucho a nuestro Jesús, por eso estas gotitas mías de amor las quiero verter en sus mares de amor, y así le daré y le diré:  Te amo tanto que te amo como te ama tu Mamá”.  Ahora me parecía que la Soberana Señora se alegraba y se sentía feliz de que su hija amaba a Jesús con su amor, y Él más contento todavía, porque se sentía amado por mí con el amor de su Mamá, y todo contento me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que quien vive en mi Fiat no está jamás solo en sus actos, está incorporado en todo lo que mi Mamá ha hecho, hace y hará, tanto en Sí misma como en todas las criaturas, así que Yo sentía en el amor de mi Madre el amor de mi hija, y en el amor de la hija el amor de mi Madre Divina.  ¡Oh! cómo eran bellas tus pequeñas gotitas de amor investidas por los mares de amor de mi Mamá.  Para quien vive en mi Querer, Yo siento correr el Cielo en sus actos, en su amor, en su voluntad, y siento a la criatura en el Cielo, y sus actos, su amor, su voluntad, investir el empíreo, invadir a todos y formar un solo acto, un solo amor y una sola voluntad, y todo el Cielo se siente amado y glorificado en la criatura, y ella se siente amada por todo el Cielo.  En mi Voluntad todo es unidad, la separación no existe, ni existe distancia de lugares o tiempos, los siglos desaparecen en mi Querer y con su potencia devora todo en un solo respiro, y de todo forma un solo acto continuado.  Qué fortuna para quien vive en mi Querer que puede decir:  ‘Yo hago lo que se hace en el Cielo, y mi amor no es diferente de su amor’.  Sólo para quien no vive en mi Querer, sus actos son separables, sufren de soledad, y son diferentes de nuestros actos, porque no estando investidos por su poder, que tiene virtud de convertir en luz lo que se hace en Él, por eso no siendo luz no pueden incorporarse con los actos de nuestra Voluntad, que siendo luz inaccesible sabe convertir todo en luz, y no es maravilla que luz y luz se incorporen juntas”.

(3) Después me he abandonado en los brazos del niño Jesús, así se hacía ver, y Él ahogado de amor se abandonaba en los míos para gozarse del amor de nuestra Mamá que yo le daba, y después ha agregado:

(4) “Hija mía, si tú me ves niñito es en virtud de mi Voluntad Divina que posee en Sí misma todos los periodos de mi Vida aquí abajo, mis lágrimas, mis penas y todo lo que Yo hice, por eso Ella en cualquier instante repite los diversos periodos de mi Vida, para dar a las criaturas sus admirables efectos, y ahora me forma niñito para dar los frutos de mi infancia, mi amor ternísimo, tanto que llego a llorar por tener el amor de ellas, y hacerme recibir la ternura, la compasión a mis lágrimas; ahora me forma muchacho, con belleza encantadora para hacerme conocer y raptarlas a amarme; ahora joven, para encadenarlas con unión inseparable; ahora crucificado, para hacerme reparar y compadecer, y así de todo el resto de la Vida de mi Humanidad acá abajo.  ¡Oh! potencia y amor inseparables de mi Voluntad, lo que Yo hice en el pequeño giro de treinta y tres años, después de los cuales me fui al Cielo, Ella lo hará por siglos y siglos, teniendo lista mi Vida para darla a cada criatura.

(5) Ahora, tú debes saber que si la santa Iglesia tiene el gran honor de tener almas que tienen el bien de verme, de oírme hablar como si Yo estuviera de nuevo viviendo junto con ellas, todo se debe a mi Voluntad Divina, es Ella que forma mis vestiduras y me hace como presente a las criaturas; mi Humanidad está encerrada en su inmensidad, y tiene en virtud de Ella el acto presente, como si en acto naciera y me da la vestidura de niño, crezco y me da la vestimenta de muchacho, toda mi Vida está en su poder, y la forma que me quiere dar, en cualquier edad que me quiere mostrar, me forma la vestidura y mantiene toda mi Vida como acto presente en medio a las criaturas.  Mi Voluntad tiene a tu Jesús viviente, y según sus disposiciones así me da las vestiduras, y me da a ellos y les hace oír que Yo lloro, sufro, continúo a nacer y a morir, y ardo de amor porque quiero ser amado.  ¿Qué cosa no hace mi Voluntad?  Ella hace todo, no hay cosa en la cual no tenga su primado, su virtud conservadora y el equilibrio perfecto y continuo, sin cesar jamás, de todas nuestras obras.  Hija mía, con dolor digo que lo que falta es el conocimiento de lo que hace mi adorable Voluntad, el gran bien que continuamente ofrece a las criaturas, y por eso quiere ser conocida.  Y porque no es conocida, no es ni apreciada ni amada, y no le dan el primado a todas nuestras obras, mientras mi Voluntad es la fuente primaria y todas nuestras obras son como tantas fuentecitas que reciben y toman la vida y los bienes que dan a las criaturas.  ¡Oh! si se conociera qué significa Voluntad de Dios, el bien que lleva a las criaturas, la tierra quedaría transformada y tan atraída, que quedaría con su mirada fija para mirarla y para recibir sus bienes perennes, pero como no es conocida ni siquiera piensan en Ella, y pierden en parte sus bienes, porque quieran o no quieran, conozcan o no conozcan, crean o no crean, es mi Fiat Divino que da vida, movimiento y todo, es el que mueve toda la Creación.  Y por eso amo tanto que sea conocido lo que Ella hace y puede hacer, toda su historia divina, para poder abundar con nuevos dones y hacer alarde de amor con más abundancia hacia las criaturas, porque para hacer esto he querido el sacrificio de tu vida, sacrificio que no he pedido a ninguno, sacrificio que te cuesta tanto, si bien tú calculas este sacrificio cuando surgen las dificultades, las circunstancias, pero Yo lo calculo todos los días, mido la intensidad, la dureza y la pérdida de vida diaria a la que tú te sometes.  Hija buena, este sacrificio tuyo era necesario a mi Voluntad para hacerse conocer, para dar sus conocimientos, quería servirse de ti como canal para hacerse conocer, y tu sacrificio como arma potente para hacerse vencer, para develarse, abrir su seno de luz y manifestar quién es Ella.  Mucho más que la criatura con hacer su voluntad humana, rechazaba y perdía la Vida de la Divina Voluntad, por eso era necesario que una criatura se sometiera al sacrificio de perder su vida, perdiendo la autoridad sobre sí misma, para hacer que mi Querer se moviera a hacerse conocer para restituir su Vida Divina.  Es siempre así en nuestro obrar, cuando queremos sobreabundar de más hacia la criatura, pedimos el sacrificio de una criatura como pretexto, y después hacemos conocer el bien que queremos hacer, y el bien viene dado según los conocimientos que adquieran.  Por eso sé atenta y no te quieras ocupar de pensamientos inútiles del por qué de tu estado, era necesario a nuestra Voluntad y basta, y tú debes estar contenta y agradecerle.”

 

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33-18

Junio 16, 1934

 

La voluntad humana, creada reina en medio a la Creación.

Todo corre entre los dedos de nuestro Creador.

 

(1) Continúo mi abandono en el Fiat Divino, sus actos son para mí como tantos alimentos, que alimentándome siento el crecimiento de su Vida en mí, su fuerza que imponiéndose sobre mi voluntad humana la conquista y la rapta en la suya para decirle:  “Vivamos juntos y tú serás feliz de mi misma felicidad, te he sacado fuera, a la luz del día, no para tenerte lejana, sino junto Conmigo en mi misma Voluntad, si te he creado es porque sentía la necesidad de amarte y de ser amado, así que tu creación era necesaria a mi amor, al apoyo de mi Voluntad, como mi pequeño campito; quiero hacer desahogo de mis obras, de mi maestría, y esto para formar y dar desahogo a mi amor”.  ¡Oh! Voluntad adorable, cómo eres amable y admirable, así que me quieres en Ti para dar vida a tu desahogo de amor, y si amas tanto que la criatura viva en tu Querer Divino, por qué no nos creaste como el cielo, el sol, sin voluntad, a fin de que pudiéramos hacer lo que Tú quieres.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija bendita, tú debes saber que la cosa más bella creada por Nosotros fue la voluntad humana, entre todas las cosas creadas es la más bella, la que más nos semeja, por eso se puede llamar la reina entre todas, como de hecho lo es.  Todas las cosas son bellas:  Bello es el sol, que con su luz vivificadora alegra y sonríe a todos, con su luz se hace ojo, mano y paso de todos; bello es el cielo que con su manto estrellado cubre a todos; pero por cuán bellas sean todas las cosas creadas, ninguna puede darse el lujo de habernos hecho el más pequeño acto propio para amarnos, ni hay ningún desahogo de correspondencia, todo es mudo silencio, y todo lo que hacemos, lo hacemos solos, ningún eco que nos responda a los tantos mares de amor que hay en todas las cosas creadas, ni siquiera el más pequeño desahogo nos es dado, porque el desahogo es formado entre dos voluntades que tienen razón y conocen si hacen bien o mal.  Por eso la voluntad humana fue creada reina en medio a la Creación, reina de sí misma, desahogo de amor con su Creador, reina de todas las cosas creadas; libremente puede hacer un mundo de bienes, prodigios de valor, heroísmo de sacrificio si se pone de parte del bien, pero si se pone de parte del mal, como reina puede hacer un mundo de ruinas y puede precipitarse desde el más alto puesto hasta lo bajo de las más grandes miserias.  Por eso entre todas las cosas amamos la voluntad humana, porque la hicimos reina, puede decirnos que nos ama, puede alimentar nuestro desahogo de amor, puede ponerse en competencia con Nosotros:  Nosotros a amarla y ella a amarnos, por eso la dotamos de tales prerrogativas hasta darle nuestra semejanza, ella no es otra cosa que simple acto, sin embargo es la mano, el pie, la voz de su ser humano.  Si la criatura no tuviera voluntad sería similar a las bestias, esclava de todos, sin la marca de la nobleza divina; nuestra Divinidad, purísimo Espíritu, no hay sombra en Nosotros de materia, no obstante investimos a todos y a todo, y somos la vida, el movimiento, el pie, la mano, el ojo de todos, la vida humana corre en medio a nuestros dedos como actor y espectador, respiro y latido de cada corazón, y lo que Nosotros somos para todo y para todos, la voluntad humana lo es para sí misma; se puede decir que por las prerrogativas que posee, ella se puede espejear en Nosotros, y Nosotros encontramos nuestro pequeño espejo en ella, nuestra potencia, sabiduría, bondad y amor pueden formar sus reflejos en el simple acto de la voluntad humana.  ¡Oh! voluntad humana, cómo has sido creada bella por tu Creador, bello es el cielo, el sol, pero tú los superas, y aunque no tuvieras nada más de bello, sólo porque puedes decirnos que nos amas, posees la más grande gloria, el encanto que puede raptar a tu Creador”.

 

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33-19

Junio 24, 1934

 

Quien vive en nuestra Voluntad siente el latido divino en sus obras,

conoce su intención, obra junto y es la bienvenida en nuestro Fiat.

 

(1) Me siento entre los brazos de la Divina Voluntad, la cual con una bondad insuperable me hace presente todo lo que ha hecho por amor de las criaturas, para recibir el placer de hacérmelo conocer, y para ser renovada la gloria de todo lo que ha hecho por amor nuestro, y como todo lo ha hecho por puro amor, parece que no está contenta si no se siente conocida y amada por quien fue la causa de que hiciera obras tan grandes y de magnificencia indescriptible.  Pero mientras mi mente se perdía en la multiplicidad de tantas obras divinas, mi siempre amable Jesús, repitiendo su visita me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija, nuestro amor, nuestras obras, quieren tener vida en la criatura, quieren hacerse sentir palpitantes, para darles el amor y los frutos que contienen nuestras obras, las cuales como pariendo en ellas, éstas producen también amor y frutos divinos.  Todo lo que Nosotros hemos hecho está siempre en acto, y nosotros llamamos a la criatura en el acto que estamos obrando para hacerla conocer nuestras obras, cuánto amor contienen, con cuánta sabiduría y potencia han sido formadas, y cómo en todo lo que hacemos, nuestra mira es siempre ella; nada hemos sacado de Nosotros si no palpitaba amor y llamaba al latido de la criatura para hacernos amar, Nosotros de nada teníamos necesidad, porque poseemos en Nosotros mismos, en nuestro propio Ser Divino todos los bienes posibles e imaginables, y poseyendo la virtud creadora, cuantos bienes queremos crear están en nuestro poder, por eso todas nuestras obras externas fueron hechas para ella, para darle amor, para hacer conocer quién es el que la ha amado tanto, y como escalera para hacerla subir a Nosotros y darnos su pequeño amor; Nosotros nos sentimos robados por quien no nos conoce, y por quien no nos ama nos sentimos traicionados.  Ahora hija mía, ¿quieres saber quién recibe nuestro latido de las cosas creadas, nuestra atención, los conocimientos, y nos da su latido y su correspondencia de amor?  Quien vive en nuestra Voluntad.  Conforme la criatura entra en Ella, con sus alas de luz como brazos se la estrecha a su seno, y como posee su acto incesante dice:  ‘Mírame cómo estoy obrando, más bien hagámoslo juntos a fin de que conozcas lo que hago, mi amor distinto entre una cosa creada y la otra, y tú recibas todos estos grados de mi ardiente amor, de manera de cubrirte y hacerte quedar ahogada de amor, pero tanto, que no sabrás decir mas que me amas, me amas, me amas; si tú no conoces no serás capaz de recibir la plenitud del amor, ni gustar los frutos de nuestras obras.  Ahora quiero decirte otra sorpresa:  En cuanto la criatura entra en nuestra Voluntad, en lo que hemos hecho en la Creación, en la Redención, en todo, no sólo queda en modo admirable enriquecida de las obras de su Creador, sino que nos da la nueva gloria, como si nuestras obras fueran repetidas de nuevo.  Todo lo que hemos hecho pasa por el canal de la criatura, como es nuestra Voluntad que esto sucediera, y nos sentimos repetir, en virtud de Ella, la gloria como si extendiéramos un nuevo cielo, como si hiciéramos una nueva creación, y conforme la sentimos venir en nuestro Querer, le damos la bienvenida y desbordando nuevo amor le decimos:  ‘Ven, toca con la mano lo que hemos hecho, nuestras obras están vivas para ti, no muertas, y con conocerlas repetirás la nueva gloria y la nueva correspondencia de amor’.  Es verdad que nuestras obras nos alaban y nos glorifican por sí mismas, más bien somos Nosotros mismos que nos alabamos y glorificamos continuamente, pero la criatura en nuestra Voluntad nos da alguna cosa de más, nos da su voluntad obrante en nuestras obras, su inteligencia para conocerlas y su amor para amarnos, por lo tanto sentimos la gloria de que una voluntad humana nos repite la gloria, como si nuestras obras fueran repetidas.  Por eso siempre en mi Fiat Divino te quiero, para recibir sus secretos y beber a grandes sorbos sus admirables conocimientos.  Con el ser conocido se comunica la vida, se repiten las obras, y se obtiene la finalidad”.

 

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33-20

Junio 29, 1934

 

La atención, ojo del alma.  En la Divina Voluntad no hay ciegos.

El imán, la impresión de la imagen divina en nuestros actos.

Dios se hace prisionero de la criatura.

 

(1) El Querer Divino no me deja jamás sola, me parece que me mira siempre para investir mi pensamiento, mi palabra, el más pequeño de mis actos, pero quiere mi atención, quiere que yo sepa que quiere investir mis actos, y que mirándonos mutuamente Él da y yo recibo, y si no pongo atención me reprende, pero con un modo tan dulce de sentirme destrozar el corazón, y me dice:

(2) “La atención es el ojo del alma que sabe conocer el don que quiero darle, y dispone la acción a recibir mi investidura.  Yo no quiero dar mis bienes a los ciegos, quiero que los veas y los sepas, ¿pero sabes por qué?  Con verlo aprecias mi don, y con saberlo lo conoces y lo amas, y Yo te hago sentir a lo vivo mi luz, mi potencia, mi amor, y siento repetir en tu pequeño pensamiento, palabra y acción, lo que sabe hacer, cómo sabe amar mi misma Voluntad Divina, por eso la primera cosa que Yo hago a quien quiere vivir en Ella, es dar el ojo para mirarnos recíprocamente y conocernos, cuando nos hemos conocido todo está hecho, el vivir en mi Voluntad Divina está asegurado con su pleno vigor”.

(3) Entonces mi mente se perdía en un mar de luz y de pensamientos, y mi dulce Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(4) “¡Ah! hija mía, el vivir en mi Voluntad es el vivir de Cielo, es sentir en el alma la vida de la luz, del amor, la vida de la acción divina, la vida de la plegaria; lo que hace, para ella todo es vida palpitante en sus actos.  Tú debes saber que quien hace la Divina Voluntad y vive en Ella, se vuelve el imán de los actos divinos, su pequeño movimiento, pensamiento y obras, quedan imantados por un imán tan potente de imantar a su Creador, de modo que este imán lo atrae tanto que no puede alejarse de la criatura.  Nuestro Ser Supremo siente imantada la mirada, y está siempre mirándola; siente el imán en los brazos, y la tiene estrechada a su seno; imanta nuestro amor y derramamos tanto, que llegamos a sentir que nos ama como nos amamos Nosotros mismos.  Ahora, cuando la criatura nos ha formado este imán, nuestro amor llega a los excesos, cuando forma sus actos, incluso el más mínimo, acuñamos en ellos nuestra imagen divina y los hacemos pasar como actos nuestros, con la marca de nuestra Imagen Suprema y los ponemos en nuestros tesoros divinos, como monedas nuestras que nos ha dado la criatura, y si tú supieras qué significa poder decir que nuestro Ser Supremo ha recibido de la criatura nuestras monedas, nuestras porque lo asegura nuestra imagen acuñada por Nosotros mismos, te estallaría el corazón de puro amor.  Dar Nosotros a las criaturas es un poder que tenemos, porque poseyendo todo, dar no es otra cosa que un desahogo de nuestro amor, pero poner en condiciones a la criatura de poder dar a Nosotros, y darnos actos nuestros, no suyos, monedas acuñadas con nuestra imagen, es el amor que supera todo, que no pudiéndolo contener, en nuestro énfasis de amor decimos:  ‘Tú nos has herido, el imán de tus actos nos ha raptado y nos ha vuelto dulces prisioneros en tu alma, y Nosotros te pagaremos con la misma moneda de herirte, raptarte y aprisionarte en Nosotros’.  Por eso hija mía, te quiero toda atenta, a fin de que veas y conozcas bien lo que quiere hacer mi Divina Voluntad en ti”.

 

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33-21

Julio 8, 1934

 

Qué se necesita para formar la Vida de la Divina Voluntad

en la criatura.  Velo que la esconde, intercambio de vida.

 

(1) Me parece que el Querer Divino, con ojo indagador va siempre mirando si en todo mi interior corre como acto primero su adorable Voluntad, y con un celo admirable y divino inviste todo, todo circunda, no ve si el acto es pequeño o grande, sino que observa si corre en él la Vida de su Voluntad, porque todo el valor y la grandeza de un acto estriba en si está dentro su Voluntad, todo el resto se reduce, por cuán grande fuera, a un sutilísimo velo que basta para cubrir y esconder el gran tesoro, la Vida incomparable de la Divina Voluntad.  Ahora, mientras mi mente estaba toda ocupada en la Divina Voluntad, mi Sumo Bien Jesús, que parece que toma un gusto indecible cuando quiere hablar de su Voluntad, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, para hacer que un acto me sea agradable y mi Voluntad pueda formar Vida entera en él, todo el interior de la criatura debe estar concentrado en mi Fiat:  La voluntad, debe quererlo; el deseo, debe ardientemente desear lo que quiere el querer; los afectos, las tendencias, deben apetecer y tender sólo a recibir la Vida de mi Voluntad en el acto de ellos; el corazón, amar y encerrar en su latido la Vida de mi Voluntad; la memoria, recordarlo; la inteligencia, comprenderlo; así que todo debe estar concentrado en el acto en el cual mi Voluntad quiere formar su Vida.  Ahora, así como para formar una vida se necesita voluntad, deseo, corazón, afectos, tendencias, memoria, inteligencia, de otra manera no se podría llamar vida entera y perfecta, así mi Divina Voluntad queriendo formar su Vida en el acto de la criatura, quiere todo junto lo de la criatura concentrado en su acto o Vida que quiere formar, de otra manera no se podría decir vida entera y perfecta.  He aquí el por qué mi Voluntad quiere todo, para poder poner la vida de su amor en el amor de la criatura, sus deseos y tendencias divinas en los de ella, su latido increado en el latido creado, su memoria eterna en la memoria finita, en suma todo, quiere ser libre en todo para poder formar Vida entera, no a mitad, y conforme la criatura cede de lo suyo, así mi Voluntad Divina hace el cambio de la suya, y entonces su Vida es fecunda y genera en el velo de la criatura que la cubre:  Amor, deseos, tendencias, memoria toda suya, y forma el gran prodigio de su Vida en ella, de otra manera no se podría decir vida, sino simple adhesión a mi Voluntad, ni siquiera en todo, sino en parte, por eso no llevaría ni los efectos ni los bienes que Ella posee.  Imagen sería el sol si su luz no poseyera calor, dulzuras, gustos, perfumes, colores, no podría formar el bello arco iris de los colores, la variedad de las dulzuras, la suavidad de los gustos y perfumes; si los da a la tierra es porque los posee, y si no los poseyera no sería verdadera vida de luz, sino luz estéril sin fecundidad.  Así la criatura, si no cede el puesto de todo su interior a mi Voluntad, no podrá poseer su amor que jamás se apaga, las dulzuras y gustos divinos, y todo lo que compone la Vida de mi Voluntad.  Por eso no te reserves nada de ti y para ti, y nos darás la gran gloria de tener una Vida de nuestra Voluntad sobre la tierra, velada por tus despojos mortales, y tú el gran bien de poseerla, sentirás en tus despojos, como rápido mar, correr la felicidad, las alegrías, la firmeza en el bien, el amor que siempre ama, las dulzuras, los gustos, las conquistas de tu Jesús serán también tuyas.  Tus despojos continuarán el oficio de penas aquí abajo, pero tendrán una Vida de Voluntad Divina que las sostendrán, y se servirá de ello para desarrollar la Vida de sus conquistas y victorias divinas en los despojos humanos.  Por eso siempre adelante en mi Voluntad”.

 

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33-22

Julio 15, 1934

 

Quien vive en la Divina Voluntad se pone en condiciones de recibir y

de poder dar siempre a su Creador.  Quien ruega desembolsa la

moneda, forma el vacío y adquiere la capacidad de poseer lo que pide.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad, y mi pequeño querer humano perdido en Ella, ardía en deseos de encontrar todos sus actos para hacerlos míos, para poder dominar sobre todo, y tener en mi poder una gloria infinita, un amor eterno, actos innumerables, distintos el uno del otro, que no terminan jamás, para poder siempre dar amor, gloria y obras a mi Creador.  Como hija de su Voluntad siento la necesidad de poseer todo, para tener el amor que jamás dice basta, y actos divinos dignos de la Majestad Suprema.  Y mi siempre adorable Jesús, casi para confirmarme lo que yo pensaba me ha dicho:

(2) “Hija mía, para quien hace mi Voluntad y vive en Ella, todo es suyo, Ella si se da a la criatura no se da sola, sino que lleva todas sus obras, porque son inseparables de Ella, y se sirve de ellas para hacer mover, alimentar, felicitar, enriquecer con sus riquezas inmensas a aquélla que vive en Ella, y ponerla en condiciones de poder recibir siempre de la criatura.  Si mi Querer Divino no pudiera dar todo, y siempre dar y siempre recibir de quien vive en su Querer, no sería verdadera vida feliz en Ella, porque la sustancia de la felicidad viene formada por las nuevas sorpresas, por los intercambios de dones, por las variadas y múltiples obras, poseyendo cada una, una fuente de variadas alegrías, que el uno hace don al otro, y recíprocamente se declaran el amor, el uno se vierte en el otro, y en este verterse se comunican los secretos, y la criatura hace los nuevos descubrimientos de la Divinidad y adquiere otros conocimientos del Ente Supremo; la vida en mi Voluntad no es un juego, sino vida obrante y de actividad continua.  Es más, tú debes saber que no hay cosa que haya sido hecha por Dios, por los santos y por todos, que no se dé a quien vive en mi Querer, porque no hay cosa de bien que a Él no pertenezca, y así como tú sientes la necesidad de poseer todo, así todos sienten la necesidad de darse a ti, pero ¿sabes por qué quieren pasar por el canal del querer humano?  Para dar el bien que poseen y ser duplicado el bien, la gloria de sus actos a su Creador.  Así que como tú deseas encontrarlos, así nuestras obras y las de todo el Cielo desean ser encontradas, parece que dicen uno detrás del otro:  ‘Y a mí, y a mí, no me pases de largo, tómame en tu poder, únenos todos juntos a fin de que uno sea el amor de todos, la gloria a aquella Voluntad Suprema que nos ha dado la luz en su regazo y nos ha dado la vida’.  Por eso el vivir en mi Voluntad es el prodigio de los prodigios, es la unidad de todo, es poseer todo, recibir y dar todo, y como quiero siempre dar a la criatura, ardientemente la suspiro en mi Fiat para darle lo que quiero y para dejar cumplidos mis deseos”.

(3) Después de esto pensaba entre mí:  “¿Pero cuál bien recibo, y qué gloria doy a mi Dios con pedir siempre que su Voluntad sea conocida y tome su puesto real que le corresponde en las criaturas?  Me parece que no sé pedir otra cosa, me parece que Jesús mismo está cansado de oírme decir la misma historia:  Quiero tu Fiat como vida, para mí y para todos”. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, tú debes saber que cuando la criatura ruega incesantemente para obtener un bien, adquiere la capacidad de poseer aquel bien, y poseyéndolo tendrá virtud de hacerlo poseer por los demás.  La plegaria es como el desembolso de la moneda para comprar el bien que quiere, la plegaria forma la estima, el aprecio, el amor que se requiere para poderlo poseer.  La plegaria forma el vacío en el alma donde poder encerrar el bien querido, de otra manera, si Yo lo quiero dar no tendrá dónde ponerlo, y además no puedes darme gloria mayor que pedirme que mi Voluntad sea conocida y reine; esta es mi misma plegaria, es el suspiro y el latido de mi corazón, son mis ansias ardientes, y tú debes saber que es tanto mi amor por querer hacer conocer mi Voluntad, que no pudiendo retenerlo se vierte sobre de ti, y te hago decir:  ‘Venga tu Fiat, tu Voluntad sea conocida’.  Así que soy Yo que ruego en ti, no eres tú, son mis desahogos de amor, mis desahogos amorosos que sienten la necesidad de unificarme con la criatura para no estar solo rogando por un bien tan grande, y para dar más valor a esta plegaria, pone en tu poder mis obras, toda la Creación, mi Vida, mis lágrimas, mis penas, a fin de que no sea una plegaria sólo de palabras, sino plegaria avalada por mis obras, Vida, penas y lágrimas mías.  ¡Oh! cómo suena dulce a mi oído tu estribillo, tu cántico amoroso en el cual hace eco el mío:  ‘Venga tu Fiat, tu Voluntad sea conocida’.  Y si esto no hicieras, sofocarías mi plegaria en ti, y Yo quedaría amargado y quedaría solo, solo a orar.  Pero debo decirte aún, ¿sabes quién siente la necesidad de encontrar todas mis obras y penas para pedirme que mi Voluntad sea conocida y reine?  Quien la ha conocido y la ama; en vista del gran bien no puede abstenerse de pedir repetidamente que todos la conozcan y la posean, por eso piensa que Yo estoy contigo y ruego junto contigo cuando sientes que no puedes hacer otra cosa que rogar por el triunfo de mi Voluntad”.

 

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33-23

Julio 20, 1934

 

Todo lo que sale de Dios, todo es inocente y santo.

Cómo la Creación es un acto solo de Voluntad Divina.

Quién es la triunfadora en el espacio del universo.

 

(1) Mi pequeña inteligencia siente la fuerza irresistible del Querer Divino que la llama, la quiere en medio a toda la Creación para hacerme ver y comprender la armonía, el orden de todas las cosas creadas, y cómo cada una da su tributo a su Creador.  No hay cosa creada, por cuan pequeña o grande, destinada a ocupar el gran espacio de la atmósfera, que no dé su distinto tributo a Aquél que la ha creado, y a pesar de que no tienen razón, que están mudas, sin embargo con el no cambiar jamás acción, con no apartarse jamás del puesto en el cual Dios las ha puesto, es gloria perenne que dan.  Entonces pensaba entre mí:  “También yo ocupo el espacio del gran vacío de la Creación, y ¿puedo decir que estoy en el puesto querido por Dios?  ¿Mi voluntad hace siempre un acto solo de Voluntad de Dios como hace toda la Creación?”  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, todo lo que sale de nuestro Ente Supremo, todo es inocente y santo, de nuestra santidad y sabiduría infinitas no pueden salir seres o cosas con sombra de mancha y que no contengan la utilidad de un bien, todas las cosas creadas sienten en su naturaleza la virtud creadora, y por eso el tributo continuo y la gloria que nos corresponde porque las hemos puesto fuera a la luz del día, ni Nosotros sabemos hacer cosas manchadas mínimamente, ni cosas inútiles, así que todo lo que es creado por Nosotros, todo es santo, puro y bello, y por todos recibimos el tributo, y nuestra Voluntad su acto completo.  Hija mía, no hay cosa creada, animada o inanimada, que no comience la vida cumpliendo nuestra Voluntad y dándonos su tributo.  La Creación toda no es otra cosa que un acto solo de nuestra Voluntad, está en su puesto regio, y si bien inconsciente, también Ella tiene su Vida obrante de luz en el sol, su Vida obrante de fuerza e imperio en el viento, Vida obrante de inmensidad en la inmensidad del espacio, en cada cosa creada desarrolla su Vida, y tiene en su regazo a todos y a todo, de modo que ninguno se puede mover, ni hacer un movimiento si no lo quiere, y los velos de las cosas creadas nos dan el tributo continuo y la gran gloria del gran honor porque vienen dominadas por nuestra Voluntad.  Ahora queda la criatura, ¿quién puede decir, quitada la mancha original, que el recién nacido no es inocente y santo?  ¿Y si se agrega el Bautismo, un periodo de la vida del niño, hasta en tanto el pecado actual no entra en su alma, no sea el niño un acto de mi Voluntad?  Y si camina, si habla, si piensa, si mueve sus manitas, queridos y dispuestos todos estos pequeños actos por mi Voluntad, ¿no son tributo y gloria que recibimos?  Quizá sean inconscientes, pero mi Voluntad recibe de aquella pequeña naturaleza lo que Ella quiere, es sólo el pecado el que hace perder la santidad y pone fuera de la criatura la Vida obrante de mi Voluntad, porque si no hay pecado, Nosotros la llevamos en el regazo, la circundamos de nuestra santidad, y por eso no podrá hacer menos de sentir en ella la Vida obrante de mi Voluntad.  Ve entonces cómo todos y todo tienen principio y nacen junto con mi Voluntad inocentes, santos y dignos de Aquél que los ha creado, pero ¿quién conserva esta inocencia y santidad?  Quien está siempre en su puesto en mi Voluntad, ella sola es la triunfadora en el espacio del universo, es la abanderada y reúne todo el ejército de la Creación para llevarle a Dios con voz hablante y con pleno conocimiento la gloria, el honor y el tributo de todo y de todos.  Por eso se puede decir que mi Voluntad es todo para la criatura, es su primer acto de nacer, es la continuación de su conservación, no la deja jamás, o por vía de amor o por vía de gracia, o por vía de obras obrantes, así como quien de voluntad vive y conoce que vive en Ella, y si el pecado la arrolla tampoco la deja, la envuelve con su dominio en su justicia castigadora, así que la criatura y todas las cosas son inseparables de mi Voluntad, por eso lo que más te importe sea mi Voluntad, reconócela como vida, como madre que te hace crecer y te alimenta y quiere formar de ti su más grande gloria y honor”.

 

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33-24

Julio 24, 1934

 

Dios ha establecido las verdades que debe manifestar sobre la

Divina Voluntad.  Ella biloca, repite, acecha la Vida Divina.

Cómo la Creación no terminó, sino que continúa.

 

(1) Me sentía toda inmersa en el Querer Divino, todas las verdades que le pertenecen y que me han sido manifestadas, se agolpaban en mi mente, y querían decir y decir para hacerse conocer.  Pero ¡ay de mí!  Su hablar era de Cielo, demasiado alto, muchas palabras me faltan para poder repetir sus lecciones celestiales, sólo oía que eran portadoras de santidad de Cielo y de alegrías divinas.  Pero mientras me sentía toda inmersa en el Fiat, mi siempre amable Jesús, con un amor indecible me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, como a hija suya siento la necesidad de amor de que la hija conozca sus secretos; si no hiciera esto frecuentemente quedaría sofocado por las olas altísimas de amor que salen de Mí, así que el hablarte de mi Voluntad es para Mí refrigerio, es alivio, es bálsamo, que mitigan mis llamas para no hacerme quedar sofocado y quemado por mi amor.  Soy Jesús todo amor, y mi más grande amor lo manifiesto hablando de mi Querer Divino.  ¿Pero sabes por qué?  La esencia de nuestra Vida viene reconocida con hablar de Él, y mi Fiat en mi palabra biloca y repite nuestra Vida en medio a las criaturas, no hay gloria más grande para Nosotros, ni real plenitud de desahogo de nuestro amor excesivo, que ver nuestra Vida bilocada para darse, tomar posesión, hacerlas nuestro lugar de centro, por cuanto la criatura es capaz; es un reino de más, de amor y de Voluntad nuestra que adquirimos.  Así que nuestra obra creadora no ha terminado, sino que continúa, pero no creando nuevos cielos y soles en el universo, no, no, sino que nuestro Fiat Divino se ha reservado el continuar la Creación en virtud de su potencia creadora, que en cuanto pronuncia su Fiat, crea, biloca, repite nuestra Vida en medio a las criaturas; continuación de Creación más bella no puede haber, por eso préstame atención y escúchame.  Nuestra Majestad Suprema tiene establecido ‘ab eterno’ todas las verdades de la Divina Voluntad que debe manifestar, las cuales están como tantas reinas en nuestro Ente Divino, esperando con amor invicto tomar el camino para la tierra para llevar como reinas el gran bien a las criaturas de estos conocimientos de nuestro Fiat, las cuales tendrán el oficio de maestros para formar a las criaturas según las verdades que anuncian.  Estas reinas de mis verdades darán el primer beso de la Vida del Fiat, y estarán dotadas de virtudes transformadoras para transformar en la misma verdad a aquellos que las escuchan, y se quedarán con ellos, prontas a sus necesidades para ayudarlos, para instruirlos, serán todo amor para ellas, dispuestas a darle lo que quieran, siempre y cuando las escuchen, y se harán conducir y manejar por ellos.  Ahora, de todas las verdades sobre nuestra Voluntad, no todas han salido, y aquellas que faltan esperan con ansia partir de dentro de nuestra Divinidad para cumplir su oficio y ser portadoras y transformadoras del bien que poseen, y cuando todas las verdades que hemos dispuesto sacar sean manifestadas, todas juntas estas nobles reinas, asaltarán a nuestro Ser Divino, y como ejército invencible, con nuestras mismas armas divinas nos vencerán, y obtendrán el triunfo del reino de la Divina Voluntad sobre la tierra; el resistirlas nos será imposible, y con vencer a Dios vencerán también a las criaturas.  He aquí el por qué continúa aún mi decir, porque todas las reinas no han salido fuera de nuestra Divinidad para cumplir su oficio.  Y así como el hablar de mi Voluntad es continuación de la creación del Fiat que creó el universo, y así como entonces la creación del universo fue preparación a la creación del hombre, así hoy, mi hablar sobre mi Fiat no es otra cosa que continuación de la creación para preparar la suntuosidad, la decencia a mi reino y a aquellos que lo poseerán.  Por eso sé atenta y no dejes escapar nada, de otra manera sofocarías un acto de mi Voluntad y me obligas a repetir mis lecciones”.

 

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33-25

Agosto 5, 1934

 

Historia de amor de Dios, la Creación encerrada

en el hombre.  Notas dolorosas en el amor divino.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y pasando de una obra a otra he llegado a la creación del hombre, y mi dulce Jesús, deteniéndome, con un amor indecible que no podía contener me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi amor me hace sentir la necesidad de hablar de la creación del hombre, toda la Creación está llena de nuestro amor, y dice, si bien en mudo lenguaje, y si no habla lo dice con los hechos, y es la más grande narradora de nuestro amor hacia el hombre, y cuando en todo fue extendido nuestro amor, de modo que no debía encontrar punto donde nuestro amor no lo cubriera y corriera hacia él, y más que sol no lo flechara; cuando todo estuvo completo en la Creación, creamos al hombre, pero antes de crearlo, escucha la historia de nuestro amor hacia él:  Nuestra Majestad adorable había establecido el constituir al hombre rey de toda la Creación, darle el dominio sobre todo y hacerlo señorear sobre todas nuestras obras, pero para decirse verdadero rey, de hecho no de palabras, debía poseer en él todo lo que habíamos esparcido en la Creación, así que para ser rey del cielo, del sol, del viento, del mar y de todo, debía poseer dentro de él un cielo, un sol, y así lo demás, de modo que la Creación debía reflejar en él, y él debía, poseyendo las mismas cualidades, reflejar en la Creación y dominarla.  En efecto, si no tuviera un ojo lleno de luz, ¿cómo podía gozarse la luz del sol y tomar de ella cuanto quisiera?  Si no tuviera pies y manos para recorrer la tierra y tomar lo que la tierra produce, ¿cómo podría decirse rey de la tierra?  Si no tuviera el órgano respiratorio para respirar el aire, ¿cómo podría servirse de él?  Y así de todo lo demás.  Por eso, antes de crear al hombre miramos toda la Creación, y en nuestro énfasis de amor exclamamos:  ‘Cómo son bellas nuestras obras, pero entre todas haremos al hombre más bello, concentraremos todo en él, de modo que la Creación la encontraremos fuera y dentro de él.  Y conforme lo íbamos modelando, así encerrábamos en él el cielo de la razón, el sol de la inteligencia, la rapidez del viento en el pensamiento; la extensión del espacio, la fuerza, el imperio en la voluntad; el movimiento en el alma, en la cual encerrábamos el mar de la Gracia, el aire celestial de nuestro amor y todos los sentidos del cuerpo como la más bella floración.  ¡Oh! hombre, cómo eres bello, pero no contentos con esto poníamos en él el gran Sol de nuestra Voluntad, y dándole el gran don de la palabra, a fin de que fuera con los hechos y con las palabras el elocuente narrador de su Creador; era él nuestra imagen, la cual Nosotros nos complacíamos en enriquecerla de nuestras más bellas cualidades.  Pero no contentos de todo esto, fuimos presas de un amor tan exuberante hacia él, que nuestra inmensidad lo envolvía por todas partes, dondequiera y a cada instante nuestra Omnividencia lo veía en cada cosa, y hasta en las fibras de su corazón nuestra potencia lo sostenía, llevándolo por todas partes en nuestros brazos paternos; nuestra Vida, nuestro movimiento, palpitaba en su latido, respiraba en su respiro, obraba en sus manos, caminaba en sus pies, y llegaba a hacerse escabel hasta bajo sus pasos; nuestra paterna bondad para tener al seguro a este nuestro amado hijo, lo ponía en condiciones de que él no se podía separar de Nosotros, ni Nosotros de él.  ¿Qué más podíamos hacer y no hicimos?  He aquí por qué lo amamos tanto, porque mucho nos costó, desembolsábamos por él nuestro amor, nuestra potencia, nuestra Voluntad, y poníamos en actitud nuestra sabiduría infinita, y no queríamos otra cosa mas que nos amara y que libremente viviera en todo en nuestra Voluntad, y reconociera cuánto lo hemos amado y hecho por él.  Estas son nuestras pretensiones amorosas, ¿quién, cruel, querrá negárnoslas?  Pero ¡ay de Mí!  Existe desgraciadamente quien nos las niega y forma sus notas dolorosas en nuestro amor.  Por eso sé atenta y tu vuelo en nuestra Voluntad sea continuo”.

(3) Después de esto continuaba mi giro en la Creación, y no sabiendo hacer otra cosa ofrecía a Dios la extensión del cielo para adorarlo, el centelleo de las estrellas como genuflexiones profundas, la luz del sol para amarlo, pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “Pero el cielo, las estrellas, el sol, no son seres animados, no tienen razón, ¿cómo pueden hacer lo que yo quiero?”  Y mi amado Jesús, siempre benigno ha agregado:

(4) “Hija mía, para crear la Creación primero se necesitó nuestra Voluntad querida y decidida de crearla, y cuando nuestra Voluntad quiso, entonces convirtió en obras lo que quiso.  Así que en cada cosa creada está nuestra Voluntad querida y obrante, la cual quedó siempre en acto de querer y obrar.  Por eso ofreciendo a nuestra Majestad Suprema el cielo, el sol y lo demás, se ofrece no la cosa material y superficial que se ve, sino la misma Voluntad querida y obrante de Dios que hay dentro de cada cosa creada, y si no tienen razón, hay dentro una razón divina y una Voluntad querida y obrante de Dios que todo anima, y ofreciéndolas nos ofrece el acto más grande, la Voluntad más santa, las obras más bellas y no interrumpidas, sino continuas, en las cuales están las adoraciones más profundas, el amor más perfecto, la más grande gloria que la criatura nos puede dar, por medio de nuestra Voluntad querida y obrante en toda la Creación, y si el cielo, las estrellas, el sol, el viento, no entienden nada, lo entiende mi Voluntad y la tuya, que queremos servirnos de ellas, y basta”.

 

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33-26

Septiembre 24, 1934

 

Quien vive en la Divina Voluntad se vuelve miembro de Ella,

y adquiere la inseparabilidad de todas las obras de su Creador.

 

(1) Me siento como si nadara en el inmenso abismo de la Divina Voluntad, y como soy demasiado pequeña hago por tomar, y no logro otra cosa que tomar pequeñas gotitas de Ella, y lo poco que tomo queda en mí, e inseparables del Fiat Supremo, y me hacen sentir la inseparabilidad de Él y de todos sus actos.  ¡Oh! Voluntad Divina, Tú amas tanto a quien vive en Ti, que no quieres hacer nada, ni sabes hacer nada, si no haces tomar parte en eso a aquélla que ya en Ti vive, es tanto tu ímpetu de amor que dices:  “Lo que hago Yo, debes hacer tú que vives en Mí”.  Me parece que te volverías infeliz si no pudieras hacer y decir:  “Lo que hace la criatura hago Yo, lo que hago Yo hace ella”.  Pero mientras mi mente se perdía en Ella y sentía los fuertes vínculos de su inseparabilidad, mi dulce Jesús repitiendo su visita a mi alma me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que es tal y tanta la inseparabilidad de quien vive en mi Voluntad de Ella, que no hay cosa que haga en el Cielo y en toda la Creación, en que no le dé parte a quien vive en Ella.  Así como el cuerpo posee la inseparabilidad de sus miembros, y lo que hace un miembro, todos los otros miembros se concentran en el miembro que obra, están al día de todo, y todos toman parte, así quien vive en mi Voluntad se vuelve miembro de Ella, y como connatural de ambas partes sienten tal inseparabilidad, y lo que hace uno hace el otro.  Entonces, mi Querer en el Cielo felicita, beatifica, con sus sonrisas de amor encanta a toda la corte celestial y hace gustar alegrías inauditas; en la tierra, en quien vive en su Querer, desarrolla su Vida obrante, santifica, fortifica, y haciéndole de conquistadora hace tantas conquistas por cuantos actos, latidos, palabras, pensamientos, pasos, hace en Ella.  Ahora en el Cielo, los bienaventurados sienten y toman parte en la Vida obrante y conquistante que hace mi Voluntad sobre la tierra en las almas que viven en Ella, sienten la inseparabilidad de sus actos, respiros y latidos, y la felicidad de mi Voluntad conquistante, por lo cual se sienten las nuevas alegrías, las bellas sorpresas que sabe dar mi Fiat conquistante en las criaturas, y como son conquistas de una Voluntad Divina, se sienten los bienaventurados, que ya viven de Ella, conquistadores de sus bienes y obras suyas, y ¡oh! cuántos nuevos mares de felicidad gozan.  Y he aquí que el Cielo se siente inseparable hasta de los respiros de la criatura que vive en mi Voluntad sobre la tierra, y la criatura siente en virtud de Ella la inseparabilidad de las alegrías y felicidad del Cielo, la paz de los santos es suya, la firmeza y confirmación en el bien se convierten en naturaleza, la vida del Cielo la siente correr en sus miembros, más que sangre en sus venas, todo es inseparable para quien vive en mi Voluntad, del cielo, del sol, de la Creación toda, no hay cosa que pueda separarse de ella, parece que todos y todo le dicen:  ‘Somos inseparables de ti’.  Mis mismas penas sufridas sobre la tierra, mi Vida, mis obras, le dicen:  ‘Somos tuyas’.  La circundan, la invisten y toman el puesto de honor, y se vinculan con modos inseparables de ella.  He aquí el por qué la criatura que vive en mi Querer se siente siempre pequeña, porque sintiendo la inseparabilidad de tantas obras mías, grandes e innumerables de mi amor, de mi luz y santidad, es la verdadera pequeña en medio a todas mis obras, pero pequeña afortunada, amada por todos, que llega hasta dar las bellas, las nuevas conquistas, las nuevas alegrías al Cielo.  Por eso si quieres todo, vive siempre en mi Querer y te sentirás la criatura más feliz”.

 

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33-27

Octubre 7, 1934

 

Amor recíproco entre Dios y la criatura, intercambio de

acciones, laberinto de amor en el que viene puesto quien

vive en el Fiat.  Dios, sembrador del campo de las almas.

 

(1) Estoy bajo las olas eternas del Fiat Divino, y mi pobre mente siente su dulce encanto, su potencia y virtud obrante, que invistiéndome me hace hacer lo que hace Él, me parece que con su ojo de luz da vida y hace surgir todo, y con su imperio domina sobre todo, lleva cuenta de todo, ni siquiera un respiro se le escapa, da todo y quiere todo, pero con tanto amor que llega a lo increíble, y lo que maravilla más es que quiere que la criatura sepa lo que hace para tenerla inseparable de Sí y hacerla hacer lo que hace la misma Divina Voluntad.  Yo he quedado encantada, mi pequeñez se perdía y si no fuera porque mi dulce Jesús me sacudía haciéndome su visita, hubiera permanecido ahí quién sabe cuanto, y todo bondad y amor me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, no te asombres, todo es posible para quien vive en mi Voluntad.  Hay un amor recíproco de ambas partes, entre Dios y la criatura, pero tanto que la pequeñez humana llega a querer y a hacer suyos los actos de Dios, y como suyos los ama tanto, que pondría la vida para defender, amar y darles toda la gloria, el primer puesto de honor a uno solo de estos actos divinos.  Dios en correspondencia hace suyos los actos de la criatura, se encuentra a Sí mismo en estos actos, el desahogo de su amor, la altura de su santidad, y ¡oh! cómo los ama, y en este amor recíproco se aman tanto, que quedan aprisionados el uno en el otro, pero prisión voluntaria, que mientras los vuelve inseparables se sienten felices, porque Dios se siente amado y encuentra su puesto en la criatura, y ella se siente amada por Dios y tiene su puesto en el Ente Supremo.  No hay felicidad mayor para la criatura que poder decir y estar segura de ser amada por Dios, y no hay felicidad mayor para Nosotros, que ser amados por quien fue creado por Nosotros sólo para amarnos y para cumplir nuestra Voluntad.  Ahora, la criatura mientras se encuentra en su Creador, quisiera que todos lo amaran, que lo reconocieran, y en virtud del Fiat Divino por el cual está animada, quiere hacer surgir y llama nuevamente a todos los actos de las criaturas en Dios para decirle:  ‘Todo te doy, y por todos te amo’.  Por lo tanto se hace junto con el Querer Divino pensamiento por cada inteligencia, mirada por cada ojo, palabra por cada voz, latido por cada corazón, movimiento por cada obra, paso por cada pie, ¿qué cosa no me quiere dar quien vive en mi Voluntad?  A todos y todo, por eso dice a mi Voluntad:  ‘Siento la necesidad de poseer tu amor, tu potencia, para poder tener un amor que te diga por todos:  Te amo’.  Así que en ella nuestra Voluntad nos hace encontrar el amor y la correspondencia de todos los actos de las criaturas.  ¡Oh! Voluntad mía, en qué potencia y en qué laberinto de amor arrojas al alma que vive en ti, es tal y tanta, que la pequeñez humana se siente ahogada de amor, y como refrigerio siente la necesidad de encontrar a todos para decir su continuo estribillo:  ‘Te amo, te amo’ como desahogo del gran amor que le da mi Divina Voluntad.  Esta es nuestra Vida toda de amor, nuestra historia tejida ab eterno toda de amor, y así debe de ser quien vive en nuestra Voluntad, debe haber tal acuerdo entre ella y Nosotros, de formar un solo acto y un solo amor.  Ahora hija mía bendita, quiero hacerte conocer cómo amamos a las criaturas, y nuestros continuos desahogos de amor que derramamos sobre ellas; nuestro primer acto de nuestra felicidad es amor y dar amor, si no damos amor nos falta el respiro, el movimiento y el alimento a nuestro Ser Supremo; si no damos amor, y con los hechos amamos, detendríamos el curso a nuestra Vida Divina, lo que no puede ser.  Por esto nuestros inventos, las industrias, las estratagemas de amor son innumerables, y amor no sólo de palabra sino de hechos y obras que jamás cesan.  Ahora, así como en la Creación creamos un sol que con su luz obrante y calor da luz a todos, transforma la faz de la tierra y va sembrando en cada planta, en quién el color, en quién el perfume, en quién la dulzura, no hay cosa en la que el sol no ponga su efecto, casi como semilla de maduración para volver a todas las plantas aptas para alimentar al hombre y darle placer con tantos gustos, casi innumerables.  Así nuestro Ser Supremo, reservándose para Sí la parte más noble del hombre, la cual es el alma, más que sol fijamos su interior, lo dardeamos, lo modelamos, y conforme lo tocamos, más que luz solar, ponemos la semilla del pensamiento en la inteligencia, la semilla de nuestro recuerdo en la memoria, la semilla de nuestra Voluntad en la suya, la semilla de la palabra en la voz, la semilla del movimiento en las obras, la semilla de nuestro amor en el corazón, y así de todo lo demás.  Ahora, si nos pone atención trabajando el campo de su alma junto con Nosotros, porque jamás retiramos nuestro Sol Divino, de noche y de día estamos sobre él más que tierna madre, ahora para alimentarlo, ahora para calentarlo, ahora para defenderlo, ahora para trabajar juntos, y para cubrirlo y esconderlo en nuestro amor.  Entonces haremos una bella cosecha que les servirá para alimentarse de Nosotros, y alabarnos nuestro amor, nuestra potencia y sabiduría infinita, y si no nos pone atención, queda sofocada nuestra semilla divina, sin producir el bien que posee, y él queda en ayunas, sin los alimentos divinos, y Nosotros quedamos en ayunas de su amor.  Cómo es doloroso sembrar sin recoger, pero a pesar de todo esto, es tanto nuestro amor, que no lo dejamos, continuamos a dardearlo, a calentarlo, casi como sol que no se cansa de hacer su pasadita de luz, a pesar que no encuentra ni plantas, ni flores dónde poner la semilla de sus efectos.  ¡Oh! cuántos bienes de más haría el sol si no encontrara tantas tierras estériles, pedregosas y abandonadas por el hombre.  Así Nosotros, si encontráramos más almas que nos pusieran atención, daríamos tantos bienes de transformar a las criaturas en santos vivientes y en copias fieles de Nosotros.  Pero en nuestra Voluntad Divina no hay peligro de que no reciba nuestra semilla diaria, y que no trabaje junto con su Creador en el campo de su alma.  Por eso siempre en mi Fiat te quiero, no pienses otra cosa, así haremos una bella cosecha, y tú y Yo tendremos alimentos abundantes, para poder abastecer a los otros, y seremos felices de una sola felicidad”.

 

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33-28

Octubre 21, 1934

 

La característica y propiedad de la Divina Voluntad es la

espontaneidad.  Todo lo bello, lo santo, lo grande, está en ella.

 

(1) Estoy siempre en camino en el Fiat Divino, mi pequeña inteligencia no se detiene jamás, corre, corre siempre para poderme encontrar, por cuanto me es posible, junto al curso de los actos incesantes que hace la Divina Voluntad por amor de las criaturas; pensar que Ella me ama siempre, y no cesa jamás de amarme, y yo no correr en su amor para amarla, no lo puedo, siento que le hago un agravio, es más, me siento en el laberinto de su amor, y sin esfuerzo la amo y quiero investigar su amor para ver cuánto me ama de más, y quedo sorprendida al ver sus mares inmensos de amor, y mi amor, gotitas apenas, y lo que es más, tomadas de su mismo mar.  Por eso me conviene estar en su mismo mar y decirle:  “Tu amor es mío, por eso amémonos con un solo amor”.  Así me tranquilizo, y el Querer Divino está contento, es necesario tomar de lo suyo, ser atrevida, de otra manera quedo sin dar nada, con un amor tan pequeño que muere sobre los labios.  Pero mientras mi mente disparataba, mi dulce Jesús, mi amada vida, haciendo su breve visita, parecía que sentía gusto de escucharme, y me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija, el amor, los actos, los sacrificios espontáneos, sin ser forzados, que me hace la criatura, me son tan agradables, que para gozármelos más los encierro en mi corazón, y es tanto mi contento que voy siempre repitiendo:  ‘Cómo son bellos, cómo es dulce su amor’.  ¡Ay! encuentro en ellos mi modo divino, mis penas espontáneas, mi amor que siempre ama, sin que ninguno me obligue o me ruegue.  Tú debes saber que una de las características más bellas, y como su legítima propiedad y virtud en naturaleza que posee mi Divina Voluntad, es la espontaneidad, todo es espontáneo en Ella, si ama, si obra, si con un solo acto da vida y conserva todo, no es forzado, ni se hace rogar por ninguno, su movimiento es:  ‘Quiero y hago’.  Porque lo forzado dice necesidad, y Nosotros no tenemos necesidad de nada, ni de ninguno; lo forzado dice falta de potencia, mientras que somos potentes por naturaleza y todos dependen de nuestra potencia, y en un instante podemos hacer todo, y en otro instante, si queremos, podemos derribar todo; lo forzado dice falta de amor, mientras que es tal y tanto nuestro amor, que llega a lo increíble.  Es por esto que todo creamos sin que ninguno nos rogara o nos dijera nada, y en la misma Redención, ninguna ley estaba sobre Mí, ninguno podía obligarme a sufrir tanto hasta morir, mi ley fue el amor y la virtud obrante de mi espontaneidad divina, tanto, que las penas primero se formaban en Mí, les daba la vida, y después invistiendo a las criaturas, ellas me las daban, y Yo con aquel amor espontáneo con el que les había dado la vida, así las recibía, ninguno habría podido tocarme si Yo no lo quisiera.  Así que todo lo bello, lo bueno, lo santo, lo grande, está en el obrar con modos espontáneos, mientras quien obra y ama forzado, pierde lo más bello, y se pueden llamar y son obras y amor sin vida, y por consecuencia sujetas a los modos cambiantes, mientras que la espontaneidad produce la firmeza en el bien.

(3) Ahora hija mía, la señal si el alma vive en mi Voluntad Divina es amar, obrar, y también sufrir espontáneamente, el esfuerzo no existe; mi Voluntad que la tiene Consigo le comunica su espontaneidad para tenerla Consigo en su amor que corre en sus obras que jamás cesan, de otra manera le sería de fastidio tenerla en su regazo de luz sin la característica de su modo espontáneo; más bien la criatura es toda ojos para ver mi Fiat Divino porque no quiere quedarse atrás, sino que quiere correr junto para amar con su amor y para encontrarse en sus obras para corresponderle, y para alabar su potencia y magnificencia creadora.  Por eso, corre, corre siempre, y haz que tu alma, sin esfuerzo, se arroje en mi Querer Divino para recorrer juntos sus caminos amorosos y llenos de estratagemas por amor de las criaturas”.

 

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33-29

Noviembre 5, 1934

 

El verdadero amor en la criatura se forma el lugarcito en las

obras divinas, para poder encerrar la Vida de la Divina Voluntad.

 

(1) Siento una fuerza irresistible que no me deja jamás inmóvil, y parece que cada cosa creada, todo lo que ha hecho mi dulce Jesús, ha hecho y sufrido, me dice:  “Para ti las he creado, por amor tuyo, y tú, ¿nada quieres poner por amor mío, nada de lo tuyo en lo que he hecho por ti?  He llorado por ti, he sufrido, he muerto por ti, y tú nada quieres poner en mis lágrimas, en mis penas, en mi muerte, todo mi Ser te busca a ti, y tú, ¿no quieres investir y buscar todas mis cosas para investirlas y encerrarlas en tu te amo?  Yo soy todo amor, y tú no quieres ser toda amor para Mí”.  Yo quedo confundida y mi pobre mente toma el curso de los actos hechos de la Divina Voluntad para poder decir:  “También yo he puesto de lo mío en tus actos, aunque sea un pequeño te amo, pero en mi te amo me pongo toda yo misma”.  Pero mientras hacía mi curso, mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que el verdadero amor en la criatura me pone en condiciones de hacerme olvidar todo, y de disponerme a conceder que venga a reinar mi Voluntad sobre la tierra, no que Yo sufra de olvido, lo que no puede ser en Mí, sería defectuoso, más bien siento tanto gusto en el verdadero amor de la criatura cuando encuentro que todas las partículas de su ser me dicen que me aman, y desbordando este su amor por mí, me inviste y corre en todo mi Ser, en mis obras, y como mezclándose Conmigo me hace sentir por todas partes su amor.  Yo para gozarme este amor de la criatura hago a un lado todo, y como si lo olvidase, me inclina tanto, que me dispone y se impone sobre Mí para darle cosas sorprendentes y lo que quiere, y hasta el reino de mi Voluntad; el verdadero amor tiene tal potencia que llama a mi Voluntad como vida en el ser humano.  Tú debes saber que cuando extendí el cielo, cree el sol, desde entonces, en mi Omnividencia, veía tu amor correr en el cielo, investir la luz del sol y en todas las cosas creadas formarte un lugarcito para amarme, y ¡oh! cómo gozaba, y mi Voluntad desde entonces corría hacia ti y hacia aquellos que me habrían amado, para darse como vida en aquel lugarcito de amor.  Ve entonces, mi Voluntad recorría los siglos, los reducía a un solo punto, todos en acto, y encontraba el puesto de amor dónde poner su Vida para continuarla con toda su Majestad y decoro divinos.  Yo vine sobre la tierra, ¿pero sabes en quién encontraba el lugarcito para encerrar mi Vida?  En el verdadero amor de la criatura.  Desde entonces Yo ya veía tu amor, que haciéndome corona investía toda mi Humanidad y corría en mi sangre, en todas mis partículas, casi fusionándose Conmigo.  Todo estaba en acto para Mí y como presente, y mis lágrimas encontraban el lugarcito donde verterse, mi amor, mis penas, mi Vida, el refugio dónde poderse estar en lugar seguro, y mi muerte encontraba hasta la resurrección en el amor verdadero de la criatura, y mi Voluntad Divina encontraba su reino donde reinar.  Por eso si quieres que mi Divina Voluntad venga a reinar como vida en las criaturas, hazme encontrar tu amor por todas partes, dondequiera y en cada cosa házmelo sentir siempre, con esto formarás la hoguera dónde quemar todo, la cual consumiendo todo lo que no es de mi Voluntad, formará el lugar dónde poderse encerrar mi Voluntad, y entonces todas mis obras encontrarán lugar, su escondite dónde poder continuar el bien y la virtud obrante que poseen, y así haremos los dos intercambio de puesto, tú encontrarás tu lugarcito en Mí y en todas mis obras, y Yo lo encontraré en ti y en todos tus actos.  Por eso siempre adelante en mi Divina Voluntad para formar la hoguera del amor donde te quemarás a ti, y a todos los impedimentos que impiden su reinar en medio a las criaturas”.

 

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33-30

Noviembre 18, 1934

 

Amor de Dios en la Creación, la gloria que le habría dado si tuviera razón.

Sacrificio que hace el amor de su gloria, su grito continuo.  El ejército

armado de amor, intercambio de amor entre Dios y la criatura.

 

(1) Estoy siempre en busca de los actos que continuamente hace la Divina Voluntad, y como no se encuentra jamás sin hacer nada, sino siempre en acto obrante, ¡oh! cómo es bello poder decir a mi Creador que su Fiat Divino me ama tanto, que está extendiendo el cielo, creando el sol, dando vida al viento y a todas las otras cosas porque me ama, y es tanto su amor que me dice con los hechos y con las palabras:  “Por ti hago esto, no hice sino hago; a Nosotros tanto nos cuesta el crear como el conservar nuestras obras”.  Después giraba en la Creación, y el cielo, las estrellas, el sol y todo, parecía que me venían al encuentro con su estribillo:  “Por ti nos ha creado nuestro Creador, porque te ama, por eso ven a amar a quien tanto te ha amado”.  Yo me perdía en las cosas creadas, y mi siempre amable Jesús haciéndose encontrar, deteniéndome me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer Divino, nuestro amor fue tanto, y lo es todavía en la Creación, que si la criatura pusiera atención quedaría ahogada por nuestro amor, y no sabría hacer otra cosa que amarnos.  Escucha hija mía hasta dónde llega nuestro amor por la criatura, Nosotros creamos la Creación toda sin razón, ¡oh! si le hubiésemos dado la razón, ¿qué gloria no nos habría dado un cielo siempre extendido, sin jamás apartarse de su puesto, porque esa era nuestra Voluntad?  Un sol que mientras actúa fielmente, sin jamás cambiarse de administrador de nuestra luz, de nuestro amor, de nuestra dulzura, de nuestros perfumes y de todos nuestros bienes, sin cambiar jamás acción, y sólo porque así queríamos Nosotros, si tuviese razón, ¿qué gloria no nos habría dado?  Un viento que siempre sopla imperante en el gran vacío del universo, un mar que siempre murmura, si tuvieran razón, ¿qué gloria no nos habrían dado?  Pero no, el grito de nuestro amor gritó más fuerte que nuestra gloria, y casi nos impidió dar la razón a la Creación, y gritando fuerte nos dijo:  ‘Es por amor de la criatura que hemos creado todo, por eso a ella la razón, a fin de que venga al cielo para correspondernos en amor incesante y en perenne gloria porque extendemos un cielo sobre su cabeza, y en cada estrella oigamos su grito de amor que nos ama con amor inquebrantable; venga en el sol y transformándose en él como si fuera suyo, nos corresponda con amor de luz, con amor de dulzura, y nos dé la correspondencia de amor por la administración de nuestros bienes que el sol le da’.  Por eso queremos a la criatura en todas las cosas creadas con derecho de justicia, para que nos dé la correspondencia que nos habría dado si toda la Creación tuviese razón.  He aquí el por qué la dotamos de razón, y queremos que nuestra Voluntad la domine y tenga su puesto real como lo tiene en la Creación, a fin de que unificándola con todas las cosas creadas, comprendiese todas nuestras notas de amor hacia ella, y nos correspondiese con sus notas de amor incesante y de gloria perenne.  Nosotros jamás cesamos de amarla con los hechos y con las palabras, y ella está obligada a amarnos siempre y no quedarse atrás, sino venirnos al encuentro y poner su amor sobre nuestras mismas notas amorosas.

(3) Además de esto, nuestro amor que jamás dice basta quiere siempre dar a la criatura, no queda contento si no encuentra nuevas invenciones de amor para decirle:  ‘Te he amado siempre con amor obrante’.  Por eso en cada cosa creada nuestro Fiat ponía dentro y las investía de un amor distinto el uno del otro, dónde ponía la potencia de su amor para decirle te amo potentemente, en otra ponía la dulzura de nuestro amor, y dónde la amabilidad, y dónde la suavidad, y dónde nuestro amor que rapta, que ata, que vence, de modo que la criatura no nos habría podido resistir, en suma, en cada cosa creada poníamos el arma de nuestro amor distinto.  Podemos decir que nuestro Fiat ponía en la Creación un ejército armado de amor, con armas, la una más potente que la otra, y dotando a la criatura de razón debía comprender y recibir todas estas armas de amor por medio de las cosas creadas, y quedando ella investida por estas especialidades de armas de amor, debía podernos decir, no sólo con las palabras, sino con los hechos, como hacemos Nosotros:  ‘Te amo con amor potente, mi amor es dulce, es amable y suave para Ti, tanto que me siento languidecer, desfallezco, siento la necesidad de tus brazos para sostenerme, y sostenida por Ti siento que mi amor te rapta, te ata, te vence, son tus mismas armas de amor con las cuales me has armado que te aman, que mueven batalla para amarnos’.  Hija mía, cuánto amor oculto contiene la Creación y como la criatura no se eleva en nuestra Voluntad, no viene a vivir en Ella, con todo y que tiene razón no comprende nada, y Nosotros quedamos sin la correspondencia debida a Nosotros con justicia; y nuestro amor, ¿qué hace?  Con paciencia invencible espera y continúa su grito, pues quiere ser amado por la criatura, porque por amor suyo sacrificó una gloria interminable que habría recibido si hubiese dado la razón a toda la Creación.  Por eso sé atenta a vivir en nuestro Querer Divino, a fin de que haciéndose revelador de nuestro amor te ceda las armas para hacernos amar con las cualidades de nuestro mismo amor, y ¡oh! cómo estaré contento, y también tú estarás contenta”.

 

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33-31

Noviembre 25, 1934

 

Vivir en la Divina Volunta es como si se viviera entre padre e hijo.

Sus actos son visitas al Padre Celestial.  Abismo divino en el

cual es puesto quien vive en la Divina Voluntad.

 

(1) Estoy siempre de regreso en la heredad celestial del Fiat Divino, en cada acto que hago me parece que regreso a los brazos de mi Padre Celestial, pero, ¿para hacer qué?  Para recibir una mirada, un beso, una caricia, una palabrita de amor, un conocimiento de más de su Ser Supremo, para poderlo amar de más, y no sólo para recibir, sino también para darle la correspondencia de sus ternuras paternas.  En el Querer Divino no se hace otra cosa que:  Dios desarrollar su Paternidad con un amor tierno e indecible, como si estuviera esperando a la criatura para arrullarla en sus brazos y decirle:  ‘Debes saber que Yo soy tu Padre, y tú eres mi hija’.  ¡Oh! cómo amo la corona de mis hijos en torno a Mí, con ellos en torno a Mí me siento más feliz, me siento Padre, y no hay contento mayor que poseer una prole numerosa que manifieste el amor y la filiación a su Padre; y la criatura con entrar en el Querer Divino, no hace otra cosa que ser la hija para su Padre, en cambio fuera del Querer Divino, los derechos de paternidad y de filiación cesan.  Pero mientras mi mente se perdía en la multitud de tantos pensamientos sobre el Fiat Divino, el Soberano Celestial Jesús, mi amada vida, sorprendiéndome con un amor más que paterno, en acto de tomarme entre sus brazos me ha dicho:

(2) “Hija mía, hija mía, si tú supieras cuáles son mis ansias, mis suspiros, y cómo espero y espero verte regresar en mi Voluntad, tú estarías más atenta a regresar más a menudo, mi amor llega a ponerme inquieto cuando no te ve saltar en mis brazos para darte mi amor, mis ternuras paternas, y recibir las tuyas, pero ¿sabes cuando saltas a mis brazos?  Cuando viéndote pequeña, pequeña, quieres amarme y no sabes amarme, me dices un ‘te amo’, y tu ‘te amo’ forma el salto para lanzarte en mis brazos, y como ves que tu ‘te amo’ es pequeño, osada tomas mi amor y me dices un ‘te amo’ grande, grande, y Yo gozo de que mi hija me ama con mi amor, y me deleito mucho de hacer intercambio, mis actos con los de la criatura; además, en mi Voluntad no es a los extraños que doy, con los que debo usar el peso, la medida, sino que doy a mis hijos, por eso hago que tomen lo que quieran.  Así que en toda ocasión te recuerdo que hagas correr tus actos en mi Voluntad; tu plegaria, tus penas, tu ‘te amo’, tu trabajo, son visitas que haces a tu Padre para pedir alguna cosa, y Él para decirte:  ‘Dime, ¿qué quieres?’  Y ten por seguro que siempre obtendrás otros dones y favores”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y yo sentía la necesidad extrema de reposarme entre sus brazos, para reanimarme de sus tantas privaciones, pero con mi sorpresa, veía al dulce Jesús con un pincel en la mano, y con una maestría admirable pintaba en mi alma, a lo vivo, los actos de la Divina Voluntad hechos en la Creación y Redención, y después tomando la palabra ha agregado:

(4) “Mi Voluntad encierra todo, dentro y fuera de Sí, y donde Ella reina no sabe estar, ni puede estar sin la vida de sus actos, porque sus actos se pueden llamar los brazos, el paso, la palabra de mi Voluntad, por lo tanto, estar mi Voluntad en la criatura sin sus obras, sería como una vida despedazada, lo que no puede ser, por eso Yo no hago otra cosa que pintar sus obras, a fin de que donde esté la Vida vengan concentradas sus obras, mira entonces en qué abismo divino se encuentra la criatura que posee mi Voluntad, dentro de sí siente su Vida con todas sus obras concentradas en su pequeñez, por cuanto a criatura es posible, fuera de sí siente su interminabilidad, de la cual no se ven los confines; como mi Voluntad posee la fuerza comunicativa, la criatura se siente como bajo de una lluvia tupida, que como lluvia le pone encima sus obras, su amor, la multiplicidad de sus bienes divinos.  Mi Divina Voluntad encierra todo y quiere dar todo a la criatura, quiere poder decir:  Nada he negado, todo he dado a quien vive en mi Voluntad”.

 

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33-32

Enero 20, 1935

 

El vivir en el Querer Divino hace sentir la Paternidad

de su Creador, y siente el derecho de ser hija suya.

Tres prerrogativas que adquiere quien vive en Él.

 

(1) Mi pobre mente se pierde en el Querer Divino, pero tanto, que no sé decir lo que comprende, ni lo que experimento en la celestial morada del Fiat Divino, sólo sé decir que siento la Paternidad Divina, que con todo amor me espera entre sus brazos para decirme:  “Estamos como entre hijos y Padre, ven a gozar mis ternuras Paternas, mis tratos amorosos, mis dulzuras infinitas, déjame que te haga de Padre, no hay gusto mayor que sienta, que el poder desarrollar mi Paternidad, y tú, ven sin temor, ven a darme tu filiación, dame el amor, las ternuras de hija.  Siendo mi Voluntad una con la tuya, a Mí me da la Paternidad sobre ti, y a ti te da el derecho de hija”.  ¡Oh! Voluntad Divina, cómo eres admirable y potente, sólo Tú tienes la virtud de unir cualquier distancia y desemejanza con nuestro Padre Celestial, me parece que es propiamente esto el vivir en Ti, sentir la Paternidad Divina y sentirse hija del Ente Supremo.  Pero mientras mi mente estaba llena de tantos pensamientos sobre Ella, mi dulce Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, vivir en mi Voluntad es propiamente esto, adquirir el derecho de hija, y Dios adquirir la supremacía, el mando, el derecho de Padre, sólo Ella sabe unir a uno y a la otra y formar una sola vida.  Ahora, tú debes saber que quien vive en mi Querer Divino adquiere tres prerrogativas:

(3) 1°.- ‘Derecho de Vida Divina’.  Todo lo que hace es vida que siente, si ama siente la vida del amor, y como vida se la siente correr en la mente, en el respiro, en el corazón, en todo, siente la virtud vital que forma en sí no el acto que está sujeto a cesar, sino la continuación de un acto que forma la vida; si ruega, si adora, si repara, siente la vida incesante de la plegaria, de la adoración, de la reparación divina, no humana, que no está sujeta a interrupción, así que cada acto hecho en mi Voluntad es un acto vital que el alma adquiere, en Ella todo es vida, y el alma adquiere la vida del bien que hace en Ella, qué gran diferencia entre un bien que posee la vida, y un bien o acto que en cuanto lo hace, termina la vida de aquel acto, como vida lo tiene en su poder y siente la continuación de la vida de aquel bien, en cambio como acto no lo tendrá en su poder, ni sentirá la continuación de él, y lo que no es continuo no se puede llamar vida.  Sólo en mi Voluntad se encuentran estos actos llenos de vida, porque tienen por principio la Vida Divina, la cual no está sujeta a terminar, y por eso puede dar vida a todo y a todos, en cambio fuera de Ella todas las cosas, incluso las obras más grandes, encuentran el fin, y ¡oh! qué bella prerrogativa que sólo mi Voluntad puede dar, sentir en el alma cambiados sus actos en Vida Divina perenne.

(4) 2°.-  Ahora, a la primera prerrogativa sigue la 2ª, esto es:  ‘El derecho de propiedad.’  Pero, ¿quién es el que la da?  ¿Quién la constituye propietaria?  Mi misma Voluntad, porque en Ella no hay pobreza, todo es abundancia:  Abundancia de santidad, de luz, de gracias, de amor, y como éstas las posee como vida, es justo que posea como suyas estas propiedades divinas, así que se siente dueña de la santidad, dueña de la luz, de la gracia, del amor, y de todos los bienes divinos, y sólo en mi Voluntad existe este dominio, fuera de Ella se da todo con medida y sin volverlas propietarias, qué diferencia entre uno y otro.

(5) 3°.-  De la segunda nace la 3ª prerrogativa:  ‘Derecho de gloria.’  No hay cosa que haga, pequeña o grande, natural o sobrenatural, que no tenga el derecho de gloria, derecho de glorificar en cada cosa, incluso en el respiro, en el latido, a su Creador, derecho de quedar glorificados ellos mismos en la gloria de Aquél que no hay gloria que de Él no venga.  Por eso en mi Voluntad encontrarás todo, y todo a tu disposición, y con derecho no humano sino Divino, del cual mi misma Voluntad ama cederte estos sus derechos divinos, amando a la criatura como su verdadera hija”.

 

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33-33

Febrero 24, 1935

 

La razón es el ojo del alma, es luz que la hace conocer lo bello

de sus obras buenas.  Cuáles son los derechos de la Divina

Voluntad, cómo en Ella no hay intenciones sino actos.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos de la Divina Voluntad, y si bien entre las intensas amarguras de las privaciones de mi dulce Jesús, que más que mar inundan mi pobre alma, su luz inaccesible que no me es dado ni encerrarla toda en mi alma, ni comprenderla, no me deja jamás, es más, superando el mar de mis amarguras, se sirve de ellas como victoria y conquista que hace sobre mi pobre voluntad humana.  Después, pensaba entre mí que todo el valor, todo el bien, me parece que es todo de la Divina Voluntad, y a mí no me queda nada, pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús, mi amada vida, haciéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que Nosotros dotamos a la criatura de razón para que conociera el bien y el mal que hiciera, y en cada acto que hiciera, si bueno, fuera dotada de nuevo mérito, nueva gracia, nueva belleza y mayor unión con su Creador; si malo, por él sufriera una pena, la cual hace sentir la debilidad y el alejamiento de Aquél que la ha creado.  La razón es el ojo del alma, y luz que mientras abre camino a la criatura, le hace conocer lo bello de sus obras buenas, los frutos de sus sacrificios, y sabe afligirla cuando hace el mal.  La razón tiene esta virtud:  Si la criatura obra el bien, se siente en su puesto de honor, y como rey de ella tiene al orden, y en virtud del mérito que adquiere siente la fuerza y la paz; y si hace el mal, se siente toda perturbada y esclava de sus mismos males.  Ahora si la criatura hace los actos buenos en mi Voluntad Divina en virtud de la razón que tiene, le damos el mérito de actos divinos, el mérito le viene dado según lo que conoce y según la voluntad humana quiere obrar:  Si quiere obrar en la nuestra, ella se eleva tanto que no queda en lo bajo de las acciones humanas, aun buenas, sino que viene en nuestro Querer Divino, y como esponja se sumerge dentro e impregna sus actos de luz, de santidad, de amor, de modo que su acto desaparece en el nuestro y reaparece nuestro acto divino, por eso con justicia debe correr el merito divino, y como en nuestra Voluntad Divina pierde el prestigio humano, se cree que la criatura no haga nada, pero no es verdad, si Ella obra es en virtud del hilo del querer humano que ha recibido en sus manos, que forma el triunfo y sus conquistas sobre el acto de la criatura, y la razón humana que voluntariamente viene a ceder sus derechos recibidos, como homenaje y sujeción a Aquél que la ha recibido, y esto es más que hacer, porque Dios ha recibido la correspondencia de los dones más bellos que dio a la criatura, esto es la razón y la voluntad, con esto nos da todo lo que puede darnos, nos reconoce, se despoja de sí misma, nos ama con amor puro, y es tanto nuestro amor que la vestimos de Nosotros mismos, le damos nuestras obras, de modo que Nosotros y ella podemos decir:  ‘Hagamos juntos’.  Nos pondremos en las condiciones en que la criatura no podrá hacer nada sin nuestra Voluntad, y es tanta nuestra bondad, que aun cuando la criatura hace el bien humanamente, como en el bien corre siempre la razón, le damos el mérito humano, porque es nuestra costumbre el no dejar sin premio ningún acto bueno de la criatura.  Se puede decir que somos todo ojo sobre ella para ver en qué debemos recompensarla”.

(3) Después de esto ha hecho silencio, y yo continuaba pensando en cómo esta Divina Voluntad es toda ojo sobre nosotros, nos ama tanto y no nos deja un instante, y mi dulce Jesús ha vuelto a decir:

(4) “Hija mía, mi Divina Voluntad es todo para la criatura, sin Ella no podría vivir ni siquiera un minuto, todos sus actos, movimientos y pasos, se pueden llamar desembocaduras, partos que le hace mi Querer, y la criatura los recibe, los siente en sí misma y no conoce ni quién los desemboca, ni quién da vida a su vida, y por eso para muchos es como si mi Voluntad no estuviera para ellos, y no le dan los debidos derechos que conviene darle.  Por eso es necesario que se conozca cuáles son estos derechos de mi Querer Divino, para hacer que conociéndolos puedan corresponderle y conocer quién es Aquélla que es Vida de su vida, y que ellos no son otra cosa que la vestidura, las estatuas animadas de Ella.  Ahora, los derechos son innumerables:  Derecho de creación, derecho de conservación, de animación continua, todo lo que ha creado y que sirve al bienestar del hombre, constituye un derecho suyo sobre de él, por eso el sol, el aire, el viento, el agua, la tierra, y todo, han sido creados y dados al hombre por mi Voluntad, así que por cuantas cosas le ha dado, tantos derechos de más tiene sobre el hombre; mi Redención, el perdón después de la culpa, mi Gracia, el buen obrar, son derechos mayores que Ella adquiere sobre él.  Se puede decir que está como unida en mi Voluntad, sin embargo no es conocida.  ¡Qué dolor el no ser reconocida!  Ahora, para tener el triunfo, la Vida de mi Voluntad en la criatura, es necesario que se conozca qué cosa ha hecho, qué hace por amor de ellas, y cuáles son sus justos derechos, y cuando haya conocido esto, se pondrá en orden con mi Querer, sentirá quién es quien le da la vida, quién se mueve en su movimiento, quién late en su corazón, y mientras recibirá de Ella la Vida que forma su vida, dará a Ella como homenaje, amor y gloria, aquella misma Vida que forma en ella, y mi Voluntad recibirá sus derechos y regresará a su seno de luz todo lo que es suyo, que con tanto amor le había dado, en suma se sentirá renacida de nuevo en sus brazos a aquélla que con tanto amor había creado.  ¡Oh! si todos conocieran los derechos de mi Voluntad, su amor ardiente y constante, que es tanto, que mientras le da la vida la pone fuera a la luz del día, más que madre es tanto su celo de amor, que no la deja ni un instante, la inviste dentro y fuera, por encima y por abajo, a derecha e izquierda, y aunque la criatura no la conociera, ni la amara, Ella con heroísmo divino continúa amándola y haciéndose vida y portadora y dadora de los actos de la criatura.  ¡Oh! Voluntad mía, sólo Tú sabes amar con amor heroico, fuerte, increíble e infinito a aquélla que creaste, y que ni siquiera te reconoce.  ¡Ingratitud humana, cómo eres grande!”

(5) Entonces sentía que tocaba con la mano el gran amor del Fiat Divino, y pensaba entre mí:  “¿Cómo se puede vivir en Él, tal vez poniendo siempre la intención de vivir en Él?”  Y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(6) “Mi buena hija, el vivir en mi Voluntad no son intenciones, las intenciones sirven cuando no se pueden hacer los actos, porque falta quien tiene virtud de dar vida a todo lo que de bien quiere hacer la criatura, y esto está fuera del vivir en mi Querer, y Yo doy el mérito a ellas no como actos, sino como santas intenciones.  En cambio en mi Voluntad está la virtud vivificadora, actora y obradora, de modo que todo lo que la criatura quiere hacer, encuentra quién forme la vida a sus actos, siente la fuerza vivificadora que vivifica su acto y lo convierte en obra.  Por eso en mi Voluntad todas las cosas cambian, todas las cosas poseen la vida, el amor, la plegaria, la adoración, el bien que se quiere hacer, todas las virtudes están llenas de vida, por lo tanto no sujetas a terminar, a cambiarse, porque quien les suministra la vida las tiene consigo para que hagan vida juntos, y Yo les doy el mérito de obras animadas por mi Voluntad.  Qué diferencia entre las intenciones y las obras, la intención simboliza a los pobres, a los enfermos, que no pudiendo quisieran al menos con la buena voluntad ejercitar la caridad, propagar el bien, hacer quién sabe cuántas bellas cosas, pero la pobreza, la enfermedad, se los impiden y los hacen casi prisioneros, sin poder hacer el bien que quieren hacer.  En cambio el obrar en mi Divina Voluntad simboliza al rico, que teniendo la riqueza a su disposición, la intención no tiene valor, porque si quiere puede hacer la caridad, puede ir donde quiere, puede hacer el bien a todos, ayudar a todos.  Son tales y tantas las riquezas de mi Querer, que la criatura se pierde en Ella, y a manos llenas puede tomar lo que quiere para ayudar a todos, y sin hacer ni estrépito, ni ruido, casi como luz silenciosa lleva la ayuda y se retira”.

 

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33-34

Marzo 10, 1935

 

Todo lo que se hace en la Divina Voluntad, no queda en

lo bajo de la tierra, sino que parte para el Cielo para

tomar su puesto real en la patria celestial.

 

(1) Estoy siempre de regreso en el mar interminable de la Divina Voluntad, para tomar sus gotitas que alimentan, conservan y hacen crecer la Vida de la Divina Voluntad que siento en mí, así que cada verdad que le pertenece, es una comida que Jesús me da, toda celestial y divina, para alimentarme a mí y al Fiat Supremo, cada verdad es una nube de Cielo que desciende en mí, y circundándome espera hasta que yo cumpla mis actos para llevárselos a la patria celestial.  Después, mientras me perdía en su luz divina, mi amado Bien Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el Cielo está siempre abierto para quien vive en mi Voluntad, Ella se abaja y hace junto con la criatura lo que ella hace:  Ama junto, obra, ruega, sufre, adora, repara, y ama tanto estos actos hechos junto con Ella, que no los deja en lo bajo de la tierra, sino que se los lleva a la morada celestial, para hacerlos tomar su puesto real como conquistas hechas en el bajo mundo, que pertenecen a Ella y a su amada criatura.  Lo que se hace en mi Querer pertenece al Cielo, la tierra no es digna de poseerlo, y ¡oh! la seguridad, la felicidad que adquiere la criatura, pensando que sus actos están en poder del Fiat Divino y se encuentran en el Cielo como su propiedad, no humana sino divina, los cuales la esperan porque quieren cortejarla y formar su trono de gloria.  Es tanto el amor, su celo, la unión que siente con estos actos hechos en su Querer, que no los deja ni siquiera en la criatura, sino que se los tiene Consigo, como partes de su Vida y partes de la criatura, para gozárselos y sentir el gusto de ser amado, y como un anticipo que debe darle de la gloria en la patria celestial.  Estos actos hechos en mi Querer hacen de narradores de la historia de amor que hay entre el Creador y la criatura, y no hay gusto mayor que oír narrar cuánto he amado, cómo mi amor llega al exceso, hasta abajarme a querer hacer junto con ella lo que hace, y no sólo esto, sino que me narra su amor porque ha recibido mi acto en el suyo, por eso se forma un amor recíproco entre uno y otro, que nos felicita mutuamente.  ¡Oh! cómo es bello ver que mientras ella todavía vive en el exilio, sus actos están en el Cielo, como conquistas mías que he hecho en la voluntad humana, y ellos toman cada uno su oficio, quién me ama como Yo sé amar, quién me adora con adoraciones divinas, y quién me forma las músicas celestiales para alabarme, elogiarme y agradecerme por el gran portento del obrar de mi Voluntad.  Por eso sé atenta y no dejes escapar nada en lo que no llames a la mía, a fin de que lo que hagas quede animado por mi Divina Voluntad”.

(3) Luego seguía pensando en el Fiat Supremo, y miles de pensamientos se agolpaban en mi mente, y mi amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, la criatura fue creada por Nosotros toda en orden a Nosotros, por eso es su deber sacrosanto, que en cada acto que hace, llame a Aquél que la ha creado para darle el dominio y el puesto real en su acto que por derecho le corresponde, y así el acto de la criatura recibiría el honor de poseer en su acto una fuerza, una luz, un acto divino.  Es nuestra Voluntad que debe estar llena toda del Ser Divino, y si esto no hace nos niega un derecho nuestro, nos pone fuera de sus actos, y sus actos quedan actos humanos, vacíos de fuerza y de luz divina, con unas tinieblas tan densas, que su inteligencia ve tantas sombras negras, que a tientas da algún paso; justa pena de quien puede encender la luz y no la enciende, de quien puede llamar la fuerza y no la llama, y mientras se sirve del acto y de la obra conservadora y actuante de Dios, lo pone fuera de su acto.  Ahora, es nuestro decreto que ninguno entra al Cielo si su alma no está llena hasta el borde, toda de nuestra Voluntad y de nuestro amor, basta un pequeño vacío de esto, para que el Cielo no se abra para ella, he aquí la necesidad del Purgatorio, para vaciarse por vía de penas y de fuego de todo lo que es humano, y llenarse por vía de ansias, de suspiros y de martirios, de puro amor y de Divina Voluntad, para poder entrar en la patria celestial, y sin adquirir con tantas penas, ni mérito, ni gloria mayor, sino sólo las condiciones que se necesitan para ser admitido en la morada Celestial.  En cambio, si lo hubieran hecho en la tierra con llamar nuestra Vida en sus actos, cada acto sería una gloria mayor, una belleza de más, sellado por las obras de su Creador.  ¡Oh! con cuánto amor son recibidas estas almas que en sus actos han dado lugar al acto divino, al encontrarse con Nosotros, Nosotros nos reconocemos en ella y ella se reconoce en Nosotros, y reconociéndonos mutuamente es tal y tanta la felicidad de ambas partes, que todo el Cielo queda sorprendido al ver las alegrías, la gloria, las bienaventuranzas que el Ente Supremo derrama sobre esta afortunada criatura.  Por eso siempre te quiero en mi Voluntad y en mi amor, a fin de que el amor consuma todo lo que a Mí no pertenece, y mi Voluntad con su pincel de luz forme nuestro acto en tu acto”.

 

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33-35

Marzo 19, 1935

 

La Voluntad Divina y el querer humano son dos

potencias espirituales.  Todo el hombre está en la

voluntad.  Jesús no enseña ni quiere cosas imposibles.

 

(1) Me siento como arrollada en las olas eternas del Querer Divino, siento su movimiento continuo que como vida murmura continuamente, pero ¿qué cosa murmura?  Murmura amor y da amor a todos, murmura y felicita, murmura y fortifica, murmura y da luz, murmura y da vida a todos, conserva a todos, y forma el acto de todos, inviste todo, envuelve y esconde todo en Sí para darse a todos y recibir todo.  ¡Oh! potencia del Querer Divino, cómo quisiera poseerte como vida en el alma, vivir de Ti para no conocer otra Vida que la tuya, pero ¡oh! cómo estoy lejana de ello, demasiado se necesita para llegar a vivir de Voluntad Divina.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús, mi amada vida, sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, dime, ¿qué quieres?  ¿Quieres tú que mi Voluntad reine y viva en ti como Vida?  Si verdaderamente lo quieres todo está hecho, porque es tanto nuestro amor y el deseo ardiente de que la criatura posea nuestra Voluntad como vida, para hacerla vivir de Ella, que en cuanto su voluntad humana verdaderamente lo quiere, así la nuestra llena el querer humano de nuestro Supremo Querer para formar en él su Vida, y vivir en ella como en su propio centro.  Tú debes saber que la Voluntad Divina y la humana son dos potencias espirituales, la Divina, inmensa, de una potencia inalcanzable; la humana, pequeña potencia, pero aunque pequeña tiene su potencia, y siendo las dos espirituales, la una se puede verter en la otra y formar una sola vida; toda la potencia está en el querer, y siendo potencia espiritual tiene espacio para poder poner dentro de su voluntad el bien que quiera, y también el mal.  Así que lo que quiere la voluntad eso se encuentra dentro de ella:  Si quiere la propia estima, la gloria, el amor a los placeres, a las riquezas, se encontrará dentro de su querer la vida de la estima propia, de la gloria, la vida de los placeres, de las riquezas, y si quiere el pecado, también el pecado formará su vida.  Mucho más si quiere la Vida de nuestra Voluntad en la suya, querido, ordenado por Nosotros con tantos suspiros, si de veras la quiere tendrá el gran bien de poseer nuestra Voluntad como vida, y si esto no fuera, la santidad del vivir en mi Querer sería una santidad difícil y casi imposible, y Yo no sé ni enseñar cosas difíciles, ni quiero cosas imposibles, más bien es mi costumbre facilitar por cuanto es posible a la criatura las cosas más arduas y los sacrificios más duros, y si es necesario pongo de lo mío para hacer que la pequeña potencia de su querer venga sostenida, ayudada, animada por la invencible potencia del mío, y así volver fácil el bien, o la Vida de mi Querer que quiere poseer la criatura, y es tanto mi amor, que para facilitarla mayormente le susurro al oído del corazón:  ‘Si de veras quieres hacer este bien, lo haré Yo junto contigo, no te dejaré sola, pondré a tu disposición mi gracia, mi fuerza, mi luz, mi santidad, seremos dos en hacer el bien que quieres poseer’.  Por eso no se necesita mucho para vivir de mi Voluntad, el todo está en el querer, si éste se decide y lo quiere firmemente y perseverantemente, ya ha vencido a la mía y la ha hecho suya.  ¡Oh! ¿cuántas cosas puede encerrar el querer humano siendo potencia espiritual que mucho cosecha y nada pierde, se asemeja a la luz del sol, cuántas cosas no contiene el sol mientras que no se ve otra cosa que luz y calor?  Sin embargo los bienes que encierra son casi innumerables, y se ve que conforme toca la tierra, así comunica bienes admirables, sin embargo no se ve otra cosa que luz; así es la voluntad humana, cuántos bienes no puede encerrar si quiere, puede encerrar amor, santidad, luz, reparaciones, paciencia, todas las virtudes y también a su mismo Creador.  Siendo potencia espiritual tiene virtud y capacidad de encerrar todo lo que quiere, y no sólo tiene la potencia de encerrar el bien que quiere, sino de transmutarse en el bien que encierra.  Así que la voluntad humana se cambia en la naturaleza del bien que quiere, y aunque muchas cosas que verdaderamente quiere no las haga, en la voluntad quedan como hechas, y se ve que a la ocasión de hacer aquel bien que quería, poseyendo la vida de ese bien, con prontitud, con todo amor, sin dudar un instante hace aquel bien que desde hacía tanto tiempo quería hacer; símbolo del sol que no encontrando ni la semilla, ni la flor, no da ni el bien de madurar la semilla, ni el bien del color a las flores, pero en cuanto le viene dado tocarlas con su luz, poseyendo la vida, rápidamente da la maduración a la semilla, el color a las flores.  La voluntad humana posee con caracteres indelebles todo lo que hace y que quiere hacer, y si la memoria olvida, pero la voluntad nada pierde, contiene el depósito de todos sus actos sin que pueda perder nada.  Por eso se puede decir:  ‘Todo el hombre está en la voluntad.’  Si ésta es santa, también las cosas más indiferentes son santas para él; si es mala, tal vez aun el bien se cambia para él en acto perverso, por eso si quieres verdaderamente mi Voluntad Divina como vida, no se necesita mucho, mucho más que unida a la tuya está la mía que lo quiere, hay una potencia que todo puede, y por parte tuya se verá con los hechos si en todas las cosas te comportaras como poseedora de una Voluntad Divina.  Por eso sé atenta hija mía, y tu vuelo sea siempre continuo en el Fiat Supremo”.

 

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33-36

Abril 12, 1935

 

Quien vive en la Divina Voluntad deja sus despojos, se reduce a

la nada, y el Todo forma su Vida en la nada.  No hay voluntad

que no posea su vida.  Cómo nos amó la Celestial Reina en su

Concepción, prodigios que hizo el Querer Divino en Ella.

 

(1) Me siento el pequeño átomo, más bien la nada perdida en el Todo del Querer Divino.  ¡Oh! cómo este Todo siente en la nada de la criatura su Vida libre, la potencia obrante, su virtud creadora que todo lo que quiere puede hacer dentro de esta nada.  Se puede decir que esta nada es el juego del Fiat Divino, que con su dominio la inviste, la atrae, la rapta, la llena, y la nada todo se deja hacer, y nada pierde de los bienes que recibe.  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, cuando el alma vive en mi Divina Voluntad, deja sus despojos, se vacía de todo, de modo que queda la pura nada, y mi Querer la inviste, la llena del Todo, la domina y forma en ella los prodigios de santidad, de gracia, de belleza, dignos de su potencia creadora.  Pero lo que es más, en este vacío de la nada genera su amor, y ahí forma su Vida Divina, y se vuelve dominadora de la nada y de su misma Vida Divina formada en ella, y ¡oh! su amor por esta nada llega a tanto, que la vuelve al mismo tiempo dominadora junto con el Fiat Supremo, y como su dominio le viene del Todo que posee, siente su misma virtud dominadora, y domina a la misma Divina Voluntad, así que ambas son dominantes, pero con sumo acuerdo, poseyendo un solo amor y una sola Voluntad.  El querer humano siente su vida en la mía, y no hace nada si no siente mi acto obrante que quiere obrar, para hacerlo junto, y la mía siente mi Vida en la suya, y con su dominio se impone sobre la nada para hacerla obrar en el Todo.  Así que en cuanto la criatura se decide con una firme voluntad a vivir en la mía, mi Querer da principio a formar su Vida en ella, no hay voluntad que no posea su vida, por medio de la cual desarrolla su bondad, su potencia, su santidad, la plenitud de su amor; la vida es la manifestación de la voluntad que posee, es el vestido que la cubre, es el sonido de su voz, es la narradora de sus maravillas, de su infinitud, de su potencia, por eso mi Divina Voluntad no se contenta con hacer vivir a la criatura en Ella, la nada en el Todo, no, no, sólo se contenta cuando encierra el Todo en el nada y ahí forma su Vida obrante y dominadora, y hace de la nada lo que quiere.  He aquí el por qué cuando te hablo de mi Voluntad, es tu Jesús que te habla, porque Yo soy su Vida, su voz, su representante, el narrador de mi Fiat que esconde en Mí.  Por esto el prodigio más grande es formar mi Vida Divina en la nada de la criatura, y que sólo mi Querer tiene esta virtud, porque poseyendo la fuerza creadora, se puede crear a Sí misma, su Vida en quien la quiere recibir.  Ahora, poseyendo mi Vida, el alma toma parte en mi santidad, en mi amor, y ¡oh! cómo es bello oír que la nada dice junto con el Todo, amor, gloria y con la fuerza dominadora que siente, se difunde en los actos divinos y domina junto con mi Voluntad.  Para Nosotros no hay contento mayor que sentir la nada obrante y dominante en nuestro Ser Divino, por eso sé atenta de vivir siempre en mi Voluntad”.

(3) Después de esto seguía mi giro en la Divina Voluntad, y habiendo llegado a la Inmaculada Concepción, mi dulce Jesús me ha detenido diciéndome:

(4) “Hija mía, quiero hacerte penetrar más adentro en la Inmaculada Concepción de mi Madre Santísima, sus prodigios, cómo amó a su Creador y cómo por amor nuestro amó a todas las criaturas.  La pequeña Reina en el acto de quedar concebida, comenzó su vida junto con la Divina Voluntad, y por lo tanto junto con su Creador, por eso sentía toda la fuerza, la inmensidad, el ímpetu del amor divino, y era tanto, que se sentía perdida, ahogada de amor, y no sabía hacer otra cosa que amar a Aquél que tanto la amaba, se sentía amada, pero tanto, hasta darle su Voluntad en su poder para tenerla como vida propia, que se puede llamar el más grande amor de Dios, el amor más heroico, el amor que sólo puede decir:  ‘No tengo más que darte, todo te he dado’.  Y la pequeña Reina se servía de esta Vida para amarlo por cuanto era amada, no perdía un instante sin amarlo y trataba de igualarlo en amor.  Ahora, nuestra Voluntad Divina que posee la omnividencia de todo, nada le esconde, hizo presente a esta Santa Criatura todas las humanas generaciones, cada culpa que habían hecho y que debían hacer, y desde el primer instante de su Concepción, la celestial pequeña, que no conocía otra vida que la sola Voluntad Divina, comenzó a dolerse con dolor divino por cada culpa de criatura, tanto, que formaba en torno a cada culpa de ellas un mar de amor y dolor divino.  Mi Voluntad que no sabe hacer cosas pequeñas, formaba en su bella alma mares de dolor y de amor por cada culpa y por cada criatura, por eso la santa Virgencita desde el primer instante de su vida, era Reina de dolor y de amor, porque nuestra Voluntad que todo puede, le daba tal dolor y amor, que si no la hubiera sostenido con su potencia, habría muerto por cada culpa y tantas veces consumida de amor por cuantas criaturas debían existir.  Y nuestra Divinidad comenzó a tener, en virtud de nuestra Voluntad, el dolor divino y el amor divino por todos y por cada uno.  ¡Oh! cómo nos sentimos satisfechos y pagados por todos, y en virtud de este dolor y amor divino, nos sentimos inclinados hacia todos; su amor era tanto, que dominándonos nos hacía amar a aquellos que Ella amaba, tanto que el Verbo Eterno, en cuanto vino a la luz esta excelsa criatura, corrió para venir a buscar al hombre y salvarlo.  ¿Quién puede resistir a la potencia obrante de nuestra Voluntad en la criatura, y qué cosa no puede hacer y obtener de cuánto quiere?  ¡Oh! si todos supieran el gran bien que hicimos a las humanas generaciones con darles a esta Celestial Reina, fue Ella quien preparó la Redención, que venció a su Creador y que fue la portadora del Verbo Eterno sobre la tierra, ¡ah! todos se estrecharían en torno de sus rodillas maternas para implorar de Ella aquella Divina Voluntad de la cual posee la Vida”.

 

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33-37

Mayo 14, 1935

 

Quien hace la Divina Voluntad no tiene necesidad de leyes.

Quien vive en Ella da trabajo a todos:  Al Padre Celestial,

a la Madre Celestial y al mismo Jesús.

 

(1) Estoy en los brazos de mi adorable Querer Divino, si bien inmersa en el dolor de la privación de mi dulce Jesús bendito, las horas son siglos sin Él, qué pena, qué muerte continua, sin piedad ni misericordia, justamente me castiga porque he sido muy ingrata y no he correspondido.  Pero ¡ay! Amor mío, esconde mis miserias en tus llagas, cúbreme con tu sangre, mis penas las uno a tus penas a fin de que griten juntas:  “Perdón, piedad de esta pobre criatura”.  Pero sin Ti no puedo más, y mientras desahogaba mi dolor, mi dulce Jesús movido a compasión de mi prolongado martirio, como relámpago que huye me ha hecho su breve visita y me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ánimo, no te alarmes, mi Divina Voluntad te da todo en tu poder, de modo que puedes decir todo es mío; mis penas, mis llagas, mi sangre, todo es tuyo, así que no tienes necesidad de pedírmelas, sino tómalas y sírvete de ellas para tus necesidades, tan es verdad, que en quien reina mi Divina Voluntad no hay necesidad de leyes, sino que siente en sí misma la naturaleza cambiada en ley divina.  Así como en naturaleza siente la fuerza del respiro, del latido, así siente la fuerza de la ley como parte sustancial de su vida; y como mi ley es ley de amor, de santidad, de orden, por eso siente en sí la naturaleza del amor, de la santidad, del orden.  Donde reina mi Voluntad, es tanto su amor, que transforma en naturaleza los bienes que quiere dar a la criatura, a fin de que sea propietaria de ellos, ninguno se los puede quitar, y Yo mismo me hago custodio de los dones concedidos en naturaleza a esta criatura”.

(3) El dulce Jesús ha hecho silencio, y mi mente nadaba en el mar de la Divina Voluntad, y retomando su decir ha agregado:

(4) “Hija mía, tú debes saber que quien vive en mi Voluntad da trabajo a todos; mi Padre Celestial viendo a la criatura en su Querer Divino, se pone alrededor para formar el trabajo de su imagen y semejanza, mucho más que encontrando su Voluntad en ella, encuentra las materias adaptables que se prestan a recibir su trabajo para formar la más bella imagen que le asemeje, y ¡oh! su contento que con su trabajo puede producir imágenes suyas.  Da el trabajo a la Madre Celestial, porque encontrando mi Voluntad Divina en la criatura, encuentra quién le haga compañía, quién reciba su Maternidad como hija, encuentra a quién puede comunicar su fecundidad, sus actos hechos en mi Querer, encuentra en quién puede hacer su modelo y su copia fiel, y ¡oh! el contento de esta Madre Celestial, su trabajo asiduo, sus cuidados, sus premuras maternas porque puede hacer de verdadera Madre y porque puede dar su herencia, y siendo una la Voluntad de la Madre y de la hija, puede hacerse comprender y poner en común sus gracias, su amor, su santidad; en su trabajo se siente feliz porque encuentra quién la corteja, quién la asemeja y vive de su misma Voluntad Divina.  Quien vive en Ella es su hija predilecta, su preferida, su secretaria, se puede decir que en virtud de mi Querer Divino posee un imán potente que atrae de tal manera las miradas de esta Madre Celestial, que no puede apartarlas de ella, y la gran Señora para tenerla segura, trabaja poniéndole alrededor sus virtudes, sus dolores, su amor y la misma Vida de su Hijo.  Pero esto no es todo, Yo, tu Jesús, en cuanto veo que el alma ha puesto a un lado su voluntad para vivir de la mía, me pongo a trabajar para formar mis miembros; mi cabeza es santa y siento la necesidad de los miembros santos para apoyar mi cabeza, y así poder comunicar su virtud en ellos, y ¿quién puede formarme los miembros santos sino mi Voluntad?  Por eso mi trabajo es incesante hacia quien vive en Ella, se puede decir que me pongo en guardia dentro y fuera de ella, a fin de que ninguno entre para interrumpir mi trabajo, y para formarme estos miembros repito el trabajo de concebirme de nuevo para regenerarlos; renazco para hacerlos renacer; lloro, sufro, predico, muero, para comunicar mis humores vitales y divinos en estos miembros, a fin de que queden fortificados y divinizados, dignos de mi cabeza santísima, y ¡oh! mi contento, que si bien trabajo, repito mi Vida y formo las repetidoras de Ella; ¿pero qué cosa no haría y daría en quien vive en mi Voluntad?  Ella me encierra en la criatura para hacerme trabajar y hacerme formar miembros dignos de mis manos creadoras, y en cuanto el alma recibe mi trabajo, así me siento feliz y correspondido por la obra de la Creación y Redención.  Ahora, los ángeles, los santos, viendo al Padre Celestial, a la Soberana Reina y a su Rey, todos atentos en trabajar en esta criatura, también ellos quieren ayudarnos en el trabajo, y alineándose en torno a la afortunada criatura trabajan en defenderla, alejan a los enemigos, la libran de los peligros y forman muros de fortaleza, a fin de que ninguno la pueda molestar.  Ve entonces como quien vive en mi Querer Divino da trabajo a todos, y todos se ocupan de ella”.

 

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33-38
Mayo 26, 1935

 

El temor, virtud humana; el amor, virtud divina.  La confianza

rapta a Jesús.  Quien hace la Divina Voluntad se encuentra

con todas las obras divinas y queda confirmado en ellas.

 

(1) Si bien me siento abandonada en los brazos del Querer Divino, pero mi mente la sentía llena de aprensiones y temores, pero los ofrecía a mi dulce Jesús a fin de que los invistiera con su Fiat y me los cambiara en paz y amor, y Él haciéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el temor, aun cuando sea santo, es siempre virtud humana, rompe el vuelo del amor y hace nacer el miedo y el cansancio al caminar en el camino del bien, hace mirar siempre a derecha e izquierda, y llega a temer de Aquél que tanto la ama, quita el dulce encanto a la confianza que la hace vivir en los brazos de su Jesús, y si teme demasiado pierde a Jesús y la hace vivir de sí misma.  En cambio el amor es virtud divina, y con su fuego tiene la virtud purificadora de purificar al alma de cualquier mancha, la une y la transforma en su Jesús, y le da tal confianza, de hacerse raptar por su Jesús, el dulce encanto de la confianza es tal y tanto, que se raptan recíprocamente, y uno no puede estar sin el otro, y si mira, mira sólo si ama a Aquél que tanto la ama.  Así que todo su ser viene encerrado en el amor, y como el amor es hijo inseparable del Querer Divino, por eso da el primer puesto de dominio a mi Divina Voluntad.  Ella se extiende en todos los actos de la criatura, humanos y espirituales, ennoblece todo, y si bien los actos humanos quedan en la forma y materia de la cual son formados, no sufren ningún cambio externo, todo el cambio queda en el fondo de la voluntad humana, quedando todo lo que hace, aun las cosas más insignificantes, cambiadas en divino y confirmadas por la Divina Voluntad.  Su trabajo es incesante y sobre todo lo que hace la criatura extiende su morada de paz, y como verdadera Madre no hace otra cosa que enriquecer con conquistas divinas a su amada hija.  Por eso aparta cualquier temor, en mi Querer no tienen razón de existir ni temores, ni miedos, ni desconfianza, no son cosas que nos pertenezcan, y tú no debes hacer otra cosa que vivir de amor y de mi Voluntad.  Tú debes saber que una de las más puras alegrías que me puede dar la criatura, es la confianza en Mí, con ella me la siento hija mía, y puedo hacer lo que quiero, puedo decir que la confianza me hace conocer quién soy Yo, que soy el Ser Inmenso, mi bondad sin término, mi misericordia sin límites, y por cuanta más confianza encuentro, más la amo y más abundo sobre las criaturas”.

(3) Después seguía mi abandono en el Querer Divino, y le rogaba que se vertiera sobre mi pequeña alma y me hiciera resurgir toda en el Fiat Divino.  ¡Oh! cómo quisiera ser un acto solo de Divina Voluntad, y mi dulce Jesús retomando su decir me ha dicho:

(4) “Hija mía, tú debes saber que todas las cosas creadas, y todo lo que hice y sufrí en la Redención, corren en pos de la criatura para decirle:  ‘Te traemos el amor de tu Creador para recibir el tuyo, somos sus mensajeros que mientras descendemos en lo bajo de la tierra, volvemos a subir a lo alto para llevar como en triunfo tu pequeño amor a nuestro Creador’.  Pero ¿sabes el gran bien que recibes?  Tú quedas confirmada en su amor y en sus obras, en su Vida, en sus penas, en sus lágrimas, en todo.  Así que, hija mía, tú te encuentras y corres en todas nuestras obras, nuestra Voluntad te lleva por todas partes, y Nosotros nos encontramos confirmados en ti; sucede un intercambio de actos y de vida, la criatura en el Creador y el Creador en la criatura, ella se hace repetidora de los actos divinos.  Gracia más grande no podría hacer, ni la criatura recibir, esta confirmación en nuestras obras reproduce en ella todos nuestros bienes.  Nuestra santidad, bondad, amor, nuestros atributos vienen trasmitidos a ella, y Nosotros raptados la contemplamos, y en nuestro énfasis de amor decimos:  “Bello, santo, perfecto es nuestro Ser en nuestra inmensidad, luz, potencia, sabiduría, amor, bondad interminable, pero bello también ver encerrada esta nuestra inmensidad de atributos en la criatura.  ¡Oh! cómo nos glorifica y nos ama, parece que nos dice:  ‘Soy pequeña, no me es dado el encerrar y contener toda tu inmensidad, pero tal cual Tú eres, tal soy yo, tu Divina Voluntad te ha encerrado en mí, y te amo con tu mismo amor, te glorifico con tu luz, te adoro con tu santidad, todo puedo dar porque poseo a mi Creador’.  ¿Qué cosa no puede hacer mi Voluntad Divina en la criatura cuando se hace dominar por Ella?  Todo.  Por eso sé atenta si quieres todo y dar todo”.

 

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33-39

Mayo 31, 1935

 

La potencia Divina no tiene límites.  Certeza de que

debe venir el reino de la Divina Voluntad.  Cómo la

Redención y su reino son inseparables.

 

(1) Estoy entre los brazos de mi amable Jesús, el cual me circunda tanto de su Santo Querer, que no sabría vivir sin Él, lo siento dentro de mí, que con su dulce imperio domina sobre todo mi interior, y con un amor indecible se hace vida de mi pensamiento, de mi latido y respiro, y piensa, late, respira junto conmigo, y parece que me dice:  “Cómo soy feliz de que tú sientas, conozcas que la vida de tu pensamiento, de tu latido, de toda tú, soy Yo, tú me sientes en ti y Yo te siento en Mí, somos felices los dos con hacer una sola cosa; esta es mi Voluntad, que la criatura sienta, conozca que estoy junto con ella, me abajo a todos sus actos y los hago junto con ella para darle la semejanza de mi Vida y de mis actos divinos; cuánto me duele cuando me ponen aparte y no reconocen mi dominio, y que soy propiamente Yo quien forma su vida”.  Mientras tanto pensaba entre mí:  “Me parece imposible que pueda venir el reino de la Divina Voluntad, ¿cómo puede venir si los males abundan en modo espantoso?”  Y mi dulce Jesús disgustándose me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, si tú dudas de esto, no crees ni reconoces mi potencia que no tiene límites y cuando quiero todo puedo.  Tú debes saber que al crear al hombre fue puesta nuestra Vida en él, y él era nuestra habitación.  Ahora, si no ponemos a salvo esta nuestra Vida, con su decoro, con su dominio, con nuestro pleno triunfo, haciéndonos conocer que estamos en esta habitación, y que ella se siente honrada de ser dominada y habitada por un Dios, si esto no hacemos significa que nuestra potencia es limitada, su poder no es infinito, y quien no tiene la potencia para salvarse a sí mismo, mucho menos puede salvar a los demás, es más, el verdadero bien, la potencia que no tiene límites, primero sirve y pone a salvo a sí mismo y después se vierte en los demás.  Ahora, con venir a la tierra, sufrir y morir, vine a poner a salvo al hombre, esto es, a mi habitación, ¿no te parecería extraño aun a ti, si mientras ponía a salvo la habitación, el propietario, el habitante de ella sin sus derechos, sin dominio y sin poder ponerse a salvo?  ¡Ah! no, no hija mía, habría sido absurdo y sin el orden de nuestra sabiduría infinita; la Redención y el reino de mi Voluntad son uno, inseparables entre ellos.  En mi venida a la tierra vine a formar la Redención del hombre y al mismo tiempo vine a formar el reino de mi Voluntad para salvarme a Mí mismo, para retomar mis derechos que por justicia me son debidos como Creador.  Y así como en la Redención me expuse a tantas humillaciones, a penas inauditas hasta morir crucificado, me sometí a todo para poner a salvo mi habitación y restituirle toda la suntuosidad, la belleza, la magnificencia con la cual la había formado, para que de nuevo fuera digna de Mí, y cuando parecía que todo había terminado y mis enemigos satisfechos de que me habían quitado la Vida, mi potencia que no tiene límites volvió a llamar a la vida a mi Humanidad, y con resucitar todo resurgía junto Conmigo, las criaturas, mis penas, los bienes adquiridos para ellas, y en cuanto mi Humanidad triunfó sobre la muerte, así mi Voluntad resurgía y triunfaba en las criaturas, esperando su reino.  Si mi Humanidad no hubiera resucitado, si no hubiera tenido esta potencia, la Redención habría fallado y se podría dudar que fuera obra de un Dios, así que fue mi Resurrección la que hizo conocer quién era Yo, y puso el sello a todos los bienes que vine a traer a la tierra; así mi Divina Voluntad será el doble sello, la transmisión en las criaturas de su reino que poseía mi Humanidad, mucho más que para las criaturas formé este reino de mi Voluntad Divina en mi Humanidad, ¿por qué entonces no debo darlo?  A lo más será cuestión de tiempo, y para Nosotros los tiempos son un punto solo, nuestra potencia hará tales prodigios, abundará al hombre de nuevas gracias, nuevo amor, nueva luz, que nuestras habitaciones nos reconocerán, y ellos mismos por voluntad espontánea nos darán el dominio, y nuestra Vida estará al seguro, con sus plenos derechos en la criatura.  Con el tiempo verás lo que sabe hacer y puede hacer mi potencia, cómo sabe conquistar todo y arrojar por tierra a los más obstinados rebeldes, quién jamás puede resistir a mi potencia, que con un solo soplo derribo, destruyo y rehago todo como más me place.  Por eso tú ruega y sea tu grito continuo:  Venga el reino de tu Fiat, y tu Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra”.

 

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33-40

Junio 6, 1935

 

Quien vive en el Querer de Dios tiene a Dios mismo en su poder.  La

Reina del Cielo gira por todas las naciones para poner a salvo a sus hijos.

 

(1) Mi pobre mente continúa su vuelo en la luz interminable del Querer Divino, no hay cosa ni en el Cielo, ni en la tierra que no sea parto suyo, y todo y todos tienen algo que decir de Aquél que los ha generado, más bien no se cansan jamás de narrar su origen eterno, su santidad inalcanzable, su amor que siempre genera, sin cesar jamás, su Fiat que siempre habla, habla a la mente, habla en el corazón, habla sobre la lengua, y ahora habla con voz articulada, ahora con gemidos, ahora suplicante, ahora con imperio, ahora con tal dulzura de conmover los corazones más duros y más obstinados.  Dios mío, qué potencia contiene tu Querer, ¡ah! haz que yo viva siempre en Él, pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndome su breve visita, con una bondad indecible me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¡mi Voluntad!  ¡Mi Voluntad!  Es todo, hace todo, da todo; ¿quién puede decir que no ha recibido todo de Ella?  Tú debes saber que la misma criatura, tanto de santidad posee por cuanto está en orden, en relación con mi Voluntad; tanto más se eleva a la unión con Dios por cuanto más está unida con Ella; su valor, sus méritos, son medidos por las relaciones que ha tenido con mi Voluntad, así que todo el fundamento, la base, la sustancia, el origen de los bienes en la criatura, dependen de cuántos actos ha hecho de mi Voluntad, de cuánto conoce de Ella.  Así que si en todos sus actos ha hecho entrar mi Querer, puede decir:  ‘Todo es santo, todo es puro y divino en mí’.  Y todo le podemos dar, también nuestra Vida en su poder; en cambio si nada ha hecho de mi Voluntad, y nada conoce, no tenemos qué darle, porque nada merece, porque le falta la semilla de generar el bien que nos pertenece, por eso ningún derecho de recibir la paga de su Padre Celestial; si no ha trabajado en nuestro campo, podemos decir:  ‘No te conozco’.  Por eso, si en todo, o al menos en parte, no ha hecho nada de mi Voluntad, el Cielo está cerrado para la criatura, no tiene ningún derecho a la Patria Celestial. Esta es la causa por la que insistimos tanto que nuestra Voluntad se haga siempre, que sea conocida, porque queremos poblar el Cielo de nuestros amados hijos, y como todo ha salido de Nosotros, queremos que todo nos regrese a nuestro regazo divino”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y rogaba que se apresurara, y que con su Omnipotencia que todo puede, venciera todos los obstáculos e hiciera venir su reino, y que su Voluntad reinara como en el Cielo así en la tierra.  Pero mientras esto pensaba, ante mi mente mi dulce Jesús hacía ver tantas cosas funestas y horripilantes, ante las cuales se conmovían los corazones más duros y quedaban aterrados los más obstinados, todo era terror y espanto.  Yo he quedado tan afligida de sentirme morir, y rogaba que evitara tantos flagelos.  Y mi amado Jesús, como si tuviera piedad de mi aflicción me ha dicho:

(4) “Hija mía, ánimo, todo servirá para el triunfo de mi Voluntad, si golpeo es porque quiero sanar, mi amor es tanto, que cuando no puedo vencer por vía de amor y de gracias, trato de vencer por vía de terror y de espanto, la debilidad humana es tanta, que muchas veces no cuida mis gracias, se hace la sorda a mis voces, se ríe de mi amor, pero basta tocarle la piel, quitarle las cosas necesarias para la vida natural, que abaja su altanería, se siente tan humillada que se hace un harapo, y Yo hago lo que quiero, sobre todo si no tienen una voluntad pérfida y obstinada, basta un castigo, verse a la orilla del sepulcro, para que regrese a mis brazos.  Tú debes saber que amo siempre a mis hijos, a mis amadas criaturas, me desviviría por no verlas golpeadas, tanto, que en los tiempos funestos que vendrán, los he puesto a todos en las manos de mi Mamá Celestial, a Ella los he confiado para que me los tenga seguros bajo su manto, le daré a todos aquellos que Ella querrá, la misma muerte no tendrá poder sobre aquellos que estarán en custodia de mi Mamá”.

(5) Ahora, mientras esto decía, mi querido Jesús me hacía ver con hechos que la Soberana Reina descendía del Cielo con una Majestad indecible, y una ternura toda materna, y giraba en medio a las criaturas en todas las naciones y marcaba a sus queridos hijos y a aquellos que no debían ser tocados por los flagelos, a quienquiera que tocaba mi Mamá Celestial, los flagelos no tenían poder sobre de ellos; el dulce Jesús daba el derecho a su Mamá de poner a salvo a quien Ella quería.  Cómo era conmovedor ver girar en todas las partes del mundo a la Emperatriz Celestial, que los tomaba entre sus manos maternas, se los estrechaba a su pecho, los escondía bajo su manto a fin de que ningún mal pudiera dañar a aquellos que su materna bondad tenía bajo su custodia, custodiados y defendidos.  ¡Oh! si todos pudieran ver con cuánto amor y ternura hacía este oficio la Celestial Reina, llorarían de consuelo y amarían a Aquélla que tanto nos ama.

 

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33-41

Junio 10, 1935

 

Lluvia de amor que Nuestro Señor derrama de dentro

de las cosas creadas sobre las criaturas, y cómo se

biloca en ellas, y se ve igualado en su amor.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, pero mientras esto hacía sentía que me llovía encima una lluvia de actos de amor que me hacía mi dulce Jesús.  Así que conforme giraba en el sol, en el cielo, en el viento, y en todas las otras cosas creadas, así me llovían múltiples actos de amor.  Ser amado por Dios es la más grande de las felicidades, es la gloria más bella que se puede encontrar en el Cielo y en la tierra, y también yo sentía la necesidad extrema de amarlo, y ¡oh! cómo quisiera ser el mismo Jesús para hacerle también yo mi lluvia de amor.  ¡Pero qué!  Sentía una gran distancia, porque en Él eran hechas obras reales, pero yo, pobrecita, debía servirme de sus obras para decirle que lo amaba, así que todo mi amor se reducía en la voluntad y por eso me sentía afligida, porque no lo amaba como me podía amar Jesús.  Pero mientras esto pensaba, mi Sumo Bien Jesús, con un amor y bondad indescriptibles me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no te aflijas, ¿no sabes que Yo tengo potencia de remediar todo y de hacerme igualar por el amor de la criatura?  Cuando se trata de que ella quiere amarme, Yo no la dejo jamás descontenta, porque el amor es una de mis pasiones, y ¿sabes qué hago para contentar a quien me ama?  Me biloco y tomo puesto en cada cosa creada y le lluevo amor, después tomo puesto en la criatura y le doy virtud de hacerme llover su amor sobre Mí, el amor que le he dado lo ha hecho suyo, y con derecho puede dármelo como si fuera de ella, y Yo siento el contento de que me ama como la he amado Yo, y si bien sé que es mío, Yo no pongo atención a esto, no soy avaro, sino que me fijo si en su voluntad quiere amarme como la amo Yo, y si pudiera haría lo que he hecho Yo por ella, esto me basta y estoy contento de poder decir:  ‘Me has amado como Yo te he amado’.  Además de esto, tú debes saber que Yo creé todo el universo para darlo como don a la criatura, y me quedé en cada cosa creada para llover amor sobre ellos.  Ahora, quien reconoce este don como un amor grande que le da su Creador, el don es suyo, la lluvia de nuestro amor es suya, por eso dándolo de nuevo a Nosotros, con todo su ser que nos ama, Nosotros nos sentimos igualados por el amor de la criatura, y vencidos por su amor se lo devolvemos de nuevo para encontrar el intercambio continuo de nuestro amor y del suyo.  Y si tú supieras cómo estoy contento y queda herido mi amor al oírte repetir que quieres amarme y me amas en cada cosa creada, me amas en mi Concepción, en mi Nacimiento, en cada lágrima infantil, me siento adornado de tu amor, en cada pena, en cada gota de sangre siento la vida de tu amor, y Yo para corresponderte, en cada cosa que hice en mi Vida acá abajo, no hago otra cosa que formarte lluvia de amor.  ¡Oh! si tú pudieras ver cuánto amor derramo en ti, es tal y tanto, que llevado por el ímpetu de mí mismo amor, abrazo y beso a mi amor en ti, y al ver que tú sientes mis abrazos y mis besos, cómo estoy contento, y espero los tuyos como para ser pagado y correspondido por tanto amor”.

(3) Después seguía mi abandono en el Querer Supremo, y girando en la extensión del cielo que sirve como pavimento y escabel de la Patria Celestial y como bóveda a los viadores de aquí abajo, aquella bóveda azul me parecía que hacía doble oficio, servía como suntuoso piso a los habitantes del Cielo y como lugar real a los viadores, unificando a unos y a otros juntos para hacer que una fuera la voluntad y el amor de todos.  Por eso postrándome junto con el cielo, llamaba a los de allá arriba y a los de la tierra a adorar a mi Creador, postrándonos todos juntos, para que una fuera la adoración, la voluntad, el amor de todos.  Entonces, mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha continuado:

(4) “Hija mía, el primer deber de la criatura es adorar a Aquél que la ha creado, el primer acto que habla de santidad es el deber; el deber llama al orden, y el orden hace surgir la más bella armonía entre el Creador y la criatura, armonía de voluntad, armonía de amor, de modos y de imitaciones, el deber es la sustancia de la santidad, y como todas las cosas creadas poseen y tienen como en naturaleza la marca de la verdadera adoración, por eso la criatura unida con ellas puede dar la más perfecta adoración a Aquél que la ha creado.  Por eso cada cosa creada es una adoración profunda que mandan a Aquél que las ha creado, y la criatura uniéndose junto en virtud de nuestro Querer, las pone todas en adoración, dando a Dios lo que cada una debiera, y elevándose sobre todas nos lleva a todos y viene a latir en nuestro latido y a respirar en nuestro respiro.  ¡Oh! cómo es dulce y agradable este latido y respiro en el nuestro, y Nosotros para corresponderlo palpitamos en su corazón y respiramos en su respiro, dándole el latido y el respiro divino como Vida, patrimonio, y crecimiento de nuestro Ser Supremo en ella.  Y por eso al deber de la adoración, surge el primer deber del acto de la Creación, el de dar vida a su Creador en la propia alma, dándole el dominio, la libertad de formarse, de palpitar y respirar, llenarla de amor para poder decir con hechos:  ‘Esta criatura es la portadora de su Creador, y me deja hacer lo que Yo quiero’.  Tan es verdad, que su latido lo poseo Yo, nada tiene de suyo, lo que es suyo es mío y lo que es mío es suyo, Yo tengo mi puesto de amor en ella, y ella tiene el puesto de honor en el mío.  Así que Cielo y tierra se dan el beso de paz y de unión permanente”.

 

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33-42

Junio 17, 1935

 

Dios, con darnos la voluntad humana libre, se ponía a nuestra disposición,

para sentírsela, adaptarse con ella, como si Él tuviera necesidad de la criatura.  Condiciones amorosas en las que Dios se puso por amor de las criaturas.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en el Querer Divino, y me he detenido en todo lo que mi Mamá Celestial había hecho en la Divina Voluntad; ¡Dios mío, qué sorpresas!  Este Fiat Divino bilocado, multiplicado, obrante, que formaba tales encantos de belleza, de gracia, de obras, de hacer sorprender no sólo al Cielo y a la tierra, sino a Dios mismo, viéndose encerrado en la Soberana Reina y obrar Dios en Ella como obra en Sí mismo.  Y ¡oh! cómo habría querido dar de mi parte, a mi Dios toda aquella gloria, que le daba la Soberana Señora de todos aquellos actos que había hecho la Divina Voluntad en el Sagrario, en el escondite, dentro de los velos de la Inmaculada Señora.  Pero mientras esto pensaba, mi Sumo Bien Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer Divino, no hay prodigio mayor, ni bondad y amor más grandes, ni magnanimidad de parte nuestra que no tiene límites, que descender en la bajo de la voluntad humana y obrar como Dios, cual somos, en ella, como si obráramos en Nosotros mismos.  Por eso nuestra sabiduría infinita, llevada por un exceso de amor hacia la criatura, nos hizo darle la pequeña voluntad humana libre, independiente de todos; con darle esta voluntad libre nos poníamos a su disposición si quisiera que descendiéramos en su pequeñez y bajeza y obrar como Dios, y nuestra Voluntad hacer en ella lo que puede hacer en nuestro Ser Supremo.  Este era el prodigio más grande y el amor que ningún otro amor puede igualar, dar la voluntad humana a la criatura, casi para estarle sujetos, y como si quisiéramos que dependiera de ella el bien que queremos obrar en ella, las obras que debemos desarrollar, no es esta una fineza de amor insuperable, y además darle esta voluntad a su libre arbitrio, para que la criatura nos pudiera decir:  ‘Has venido a mi casa y yo debo ir a tu casa, por eso Tú haz lo que quieras en mí, y a mí me dejarás hacer lo que quiero en Ti’.  Era el acuerdo que poníamos entre ella y Nosotros, y dándole la voluntad libre, podía decirnos que nos daba cualquier cosa que tenía en su poder; ¿no es esta una generosidad, un amor que supera todo, que sólo nuestro Ente Supremo podía y quiere hacer?  Pero esto no es todo, nuestro amor contemplaba esta voluntad libre de la criatura y se formaba tantos centros para bilocarse en ellos, y formarse tantos reinos de dominio donde debíamos desahogar en nuestras obras divinas, multiplicándolas al infinito, sin restricciones, sin límites, obrando en estos centros como Dios, como si obráramos en Nosotros mismos.  Mucho más que en la pequeña voluntad humana nuestro amor desahogaba de más, usaba más potencia, porque se requiere más arte para restringir nuestra inmensidad en el pequeño cerco de las voluntades humanas, casi poner un límite a nuestra potencia para abajarse a lo bajo del humano querer, y luego aquel sentírsela con Él en lo que debíamos hacer, porque la queremos obrante junto con Nosotros, casi ella adaptarse a Nosotros, y Nosotros debíamos adaptarnos a ella, y nuestro amor es tanto que se adapta también a sus modos humanos, esto nos da más qué hacer, nuestro amor se desahoga de más y ama hasta los excesos a esta voluntad humana que le da su puesto real, su libre dominio.  En cambio obrando fuera del cerco humano, quién no sabe que todo podemos hacer y tenemos una inmensidad que a todo puede llegar, una potencia sin límites, que si quiere todo puede, una sabiduría que todo dispone, un amor que ama a todos, envuelve todo, aunque no sea amado.  Nuestro Ente Supremo es libre, no tiene necesidad de ninguno y puede hacer lo que quiere, y como todo podemos no trabajamos en hacer las obras más grandes, sino que basta quererlo para que en un instante todo hagamos; por el contrario cuando queremos obrar en la criatura, casi como si tuviéramos necesidad de ella, debemos seducirla, debemos decirle lo bien que la queremos, y lo que queremos hacer, no queremos una voluntad forzada, por eso queremos que lo sepa y espontáneamente nos abra las puertas, sintiéndose honrada de darnos el puesto obrante en su voluntad.  En estas condiciones nos puso nuestro amor en la creación del hombre, lo amó tanto que llegó a darle la voluntad libre para que pudiera decir:  ‘Puedo dar a mi Creador’.  ¿Podía amarlo más?  Por eso la gloria, el honor que me da la criatura cuando me hace obrar en su voluntad es tan grande, que ninguno la puede comprender, es nuestra misma gloria y honor que nos da, en todos sus actos corre nuestra Vida, nuestro amor puede decir:  ‘Doy Dios a Dios’.  Es el punto más alto a donde puede llegar la criatura, y el amor más excesivo a donde puede llegar un Dios.  ¡Oh! si las criaturas comprendieran el amor, el gran don que les di con darles una voluntad libre, la elevé por encima del cielo, del sol, del universo entero, puedo hacer todo lo que quiero sin que ninguno sepa nada, por el contrario con la criatura me abajo, le pido con amor un lugarcito en su voluntad para poder obrar en él y hacerle el bien.  Pero, ¡ay de Mí!  Muchos me lo niegan y vuelven a mi Voluntad inactiva en la voluntad humana, mi dolor es infinito por tanta ingratitud.  Ahora ¿qué admirarías más, un rey que obra en su palacio real donde tiene todo en su poder, la autoridad sobre todo, hace bien a todos, su palacio se presta a todo lo que quiere hacer el rey, o bien un rey que desciende en lo bajo de un tugurio y hace la misma acción que haría en su palacio real?  ¿No se admiraría de más, no sería más sacrificio, más intensidad de amor, actuar como rey en el pequeño tugurio que en el reino?  En el palacio todas las cosas se prestan a hacerlo actuar como rey, en cambio en el tugurio el rey debe adaptarse al tugurio e ingeniarse mucho para hacer las mismas acciones que haría en su palacio.  Así somos Nosotros, obrar en el palacio real de nuestra Divinidad, hacer cosas grandes, en Nosotros es naturaleza, pero hacerlas en el tugurio del humano querer llega a lo increíble, es el exceso de nuestro amor más grande”.

 

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33-43

Julio 8, 1935

 

Inseparabilidad de quien vive en la Divina Voluntad con su

Creador.  La Reina del Cielo junto con Jesús en instituir el

Santísimo Sacramento.  Los hijos de la Divina Voluntad serán

soles y estrellas que coronarán a la Soberana Celestial.

 

(1) Me parece que no sé encontrar reposo si no me abandono en los brazos de la Divina Voluntad, la cual me arroja en su mar interminable donde encuentro lo que ha hecho por amor de las criaturas, y yo ahora me detengo en un punto, y ahora en algún otro de sus múltiples obras, y las admiro, las amo, las beso y le agradezco por tanta magnificencia y por tantas industrias amorosas hacia nosotros, míseras criaturas.  Pero mientras giraba, para mi sorpresa me he encontrado frente a la gran Señora Reina y Mamá nuestra, la más bella obra de la Trinidad Sacrosanta.  He permanecido contemplándola, pero no tengo palabras para decir lo que comprendía, y mi amable Jesús, con una dulzura y un amor indecible me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo es bella mi Mamá, su imperio se extiende por todos lados, su belleza rapta y encadena a todos, no hay ser que no doble su rodilla para venerarla.  Tal me la hizo mi Divina Voluntad, me la hizo inseparable de Mí, de manera que no hubo acto que Yo hiciera en que la Soberana Reina no lo hiciera junto Conmigo; la potencia de aquel Fiat Divino pronunciado por Mí y por Ella, que me hizo quedar concebido en su seno virginal dando la Vida a mi Humanidad, aquel Fiat siempre idéntico, cada vez que Yo obraba, el Fiat Divino de mi Madre tenía el derecho en mi Fiat Divino de hacer lo que hacía Yo.  Ahora, tú debes saber que cuando instituí el Sacramento de la Eucaristía, su Fiat Divino estaba junto con el mío, y juntos pronunciamos el Fiat para que el pan y el vino fueran transubstanciados en mi cuerpo, sangre, alma y Divinidad.  ¡Ah! así como al concebirme quise su Fiat, así lo quise en este solemne acto que daba principio a mi Vida Sacramental; ¡quién habría tenido corazón de hacer a un lado a mi Mamá en un acto en el cual mi amor se desahogaba con excesos tan exuberantes que llega a lo increíble!  Es más, no sólo estuvo junto Conmigo, sino que la constituí Reina del amor de mi Vida Sacramental, y Ella con amor de verdadera Madre mía, me ofreció su seno de nuevo, su bella alma para tenerme defendido y reparado por las ingratitudes horrendas y sacrilegios enormes que desdichadamente habría recibido en este Sacramento de amor.  Hija mía, este es mi objetivo, quiero que mi Voluntad sea vida de la criatura, para tenerla junto Conmigo para hacerla amar con mi amor, obrar en mis obras, en suma, es la compañía que quiero en mis actos, no quiero estar solo, y si no fuera así, ¿para qué entonces llamar a la criatura en mi Voluntad si Yo debía permanecer como Dios aislado, y ella sola, sin tomar parte en nuestras obras divinas?  Y no sólo al instituir el Santísimo Sacramento, sino en todos los actos que hice en todo el curso de mi Vida, en virtud del único Querer del cual estábamos animados, lo que hacía Yo hacía mi Mamá:  Si hacía milagros estaba junto Conmigo a obrar el prodigio, sentía en la potencia de mi Voluntad a la Soberana del Cielo, que junto Conmigo llamábamos a vida a los muertos, si sufría estaba junto Conmigo a sufrir, no hubo cosa en la que no tuviera la compañía de Ella, y su obrar y el mío fundidos juntos.  Era este el más grande honor que le daba mi Fiat, la inseparabilidad con su Hijo, la unidad con sus obras; y la Virgen, era la gloria más grande que me daba, tanto que Yo depositaba y Ella recibía el depósito de las obras hechas en su materno corazón, celosa de custodiar incluso el respiro.  Esta unidad de Voluntad y de obras encendía tal amor entre uno y otro, que era bastante para incendiar todo el mundo entero y consumirlo de puro amor”.

(3) Jesús ha hecho silencio y yo he permanecido en los mares de la Soberana Celestial, pero ¿quién puede decir lo que comprendía?  Y mi Sumo Bien Jesús ha retomado su decir:

(4) “Hija mía, cómo es bella mi Mamá, su Majestad es encantadora, ante su santidad se abajan los Cielos, sus riquezas son interminables e incalculables, ninguno puede decirse similar a Ella, por eso Ella es Señora, Madre y Reina; ¿pero sabes cuáles son sus riquezas?  Las almas.  Cada alma vale más que un mundo entero, ninguno entra en el Cielo si no es por medio suyo y en virtud de su Maternidad y de sus dolores, así que cada alma es una propiedad suya, por eso se le puede dar de hecho el nombre de verdadera Señora.  Mira entonces cómo es rica, sus riquezas son especiales, están llenas de vidas parlantes, amantes, que alaban a la Celestial Señora.  Como Madre tiene sus hijos innumerables, como Reina tendrá su pueblo del reino de la Divina Voluntad.  Estos hijos y este pueblo formarán su corona más refulgente, quién como sol y quién como estrella coronarán su augusta cabeza con tal belleza, de raptar todo el Cielo.  Así que los hijos del reino de mi Divina Voluntad serán los que le darán los honores de Reina, y transformándose en soles le formarán la más bella corona.  Por eso suspira tanto que venga este reino, porque a su corona refulgente con la cual la coronó la Santísima Trinidad, aguarda la corona de su pueblo, que alabándola como Reina le ofrecen su vida transformada en sol como testimonio de amor y de gloria.  ¡Oh! si se comprendiera qué significa vivir en mi Querer, cuántos secretos divinos serían revelados, cuántos descubrimientos harían de su Creador.  Por eso conténtate de morir antes que no vivir de mi Voluntad”.

 

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33-44

Julio 14, 1935

 

Certeza del reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.

Viento impetuoso para purificar a las generaciones.  La

Reina del Cielo puesta a la cabeza de este reino.

 

(1) Mi mente está siempre de regreso en el mar interminable del Querer Divino, el cual, conforme murmura sonríe de amor a la criatura, y quiere sus sonrisas de amor, no quiere que le quede detrás y no le pague con la misma moneda.  No hacer lo que hace la Divina Voluntad mientras se vive en Ella es casi imposible, pero ¿quién puede decir qué siente la criatura en este mar divino?  La pureza de sus besos, sus castos abrazos que le infunden paz celestial, Vida Divina, tal fuerza de vencer al mismo Dios.  ¡Oh! cómo amaría el que todos lo probaran, que vinieran a vivir en este mar, seguramente que no saldrían jamás.  Pero mientras esto pensaba decía entre mí:  “Pero quién sabe quién verá este reino del Fiat Divino cuando venga, ¡oh! cómo parece difícil”.  Y mi amado Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, sin embargo vendrá, tú mides a lo humano los tiempos tristes que envuelven a las presentes generaciones, y por eso te parece difícil, pero el Ente Supremo tiene las medidas divinas, las cuales son tan largas, que lo que al humano es imposible, para Nosotros es fácil, no debemos hacer otra cosa que un viento impetuoso, el cual será tan fuerte, que se harán llevar por las corrientes del viento que purificará el aire malsano de la voluntad humana, y de todas las cosas tristes de estos tiempos hará un montón y las esparcirá como polvo investido por un viento impetuoso.  Nuestro viento será tan fuerte, impetuoso y obrante, que no les resultará fácil el resistirlo, mucho más que sus ráfagas estarán repletas de gracias, de luz, de amor, que ahogarán a las generaciones humanas y se sentirán transformadas.  ¿Cuántas veces un viento fuerte no derriba ciudades enteras y transporta hombres, árboles, tierra, agua a otros lugares, e incluso lejanos, sin que se puedan oponer?  Mucho más nuestro viento divino, querido, decretado por Nosotros, con nuestra fuerza creadora.  Y además está la Reina del Cielo, que con su imperio ruega continuamente que venga el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra, ¿y cuándo le hemos negado nada?  Sus plegarias son vientos impetuosos para Nosotros, que no podemos resistir, y la misma fuerza que Ella posee de nuestra Voluntad, es para Nosotros imperio, orden, Ella tiene todo el derecho de impetrarlo, porque lo poseía en la tierra y lo posee en el Cielo, por eso como poseedora puede dar lo que es suyo, tanto que este reino será llamado el reino de la Emperatriz Celestial, hará de Reina en medio a sus hijos en la tierra, pondrá a su disposición sus mares de gracias, de santidad, de potencia, pondrá en fuga a todos los enemigos, los crecerá en su regazo, los esconderá en su luz, cubriéndolos con su amor, alimentándolos con sus propias manos, con el alimento de la Divina Voluntad.  ¿Qué no hará esta Madre y Reina en medio a este su reino, con sus hijos y con su pueblo?  Dará gracias jamás oídas, sorpresas jamás vistas, milagros que sacudirán Cielos y tierra, le daremos todo el campo libre para que nos forme el reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, será la guía, el verdadero modelo, será también el reino de la Soberana Celestial.  Por eso ruega también tú junto con Ella, y a su tiempo obtendrán el intento”.

 

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33-45

Julio 21, 1935.

 

La pena más íntima y más dolorosa de Jesús es la espera;

sus invenciones, delirios, reencuentros de amor.

 

(1) Estoy entre los brazos de la Divina Voluntad, pero con el clavo en el corazón de la privación de mi dulce Jesús; espero y espero, y el solo esperar es la pena que más me tortura, las horas me parecen siglos, los días interminables, y si jamás sea, se presenta la duda de que mi querida Vida, el dulce Jesús no vendrá, ¡oh! entonces no sé qué me sucede, quiero deshacerme de mí, de la misma Divina Voluntad que me tiene aprisionada en esta tierra y con rápido vuelo irme al Cielo, pero esto no me es dado, porque sus cadenas son tan fuertes que no están sujetas a romperse, y me siento atar más fuerte, tanto que apenas me es dado el pensarlo y termino con un abandono más intenso en el Fiat Supremo.  Pero mientras deliraba, no pudiendo más, mi siempre amable Jesús ha regresado a su pequeña hija haciéndose ver con una herida en el corazón que derramaba sangre y llamas, como si quisiera cubrir todas las almas con su sangre y quemarlas con su amor, y todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, ánimo, también tu Jesús sufre, y las penas que me dan más dolor son las penas íntimas, que me hacen verter sangre y llamas, pero mi pena mayor es el continuo esperar, mis miradas están siempre fijas en las almas y veo que una criatura ha caído en el pecado, y espero y espero su regreso a mi corazón para perdonarla, y no viéndola venir espero con el perdón en mis manos, ese esperar me recrudece la pena y me forma un tormento tal, de hacerme verter sangre y llamas de mi traspasado corazón, las horas, los días que espero me parecen años, ¡oh! cómo es duro esperar.  Pasemos adelante, mi amor ama tanto a la criatura, que al ponerla a la luz del día establezco cuántos actos de amor debe hacerme, cuántas plegarias, cuántas obras buenas debe hacer, y esto para darle el derecho de que Yo la amase siempre, que le concediera las gracias, las ayudas para bien obrar, pero las criaturas se sirven de esto para formarme la pena de esperar.  ¡Oh! cuántas esperas entre un acto de amor y el otro, si es que me lo hacen, cuánta lentitud en el obrar el bien, en el rogar, si es que lo llegan a hacer, y Yo espero y vuelvo a esperar, siento la inquietud de mi amor que me da el delirio, los desvaríos y me da tal pena íntima, que si estuviera sujeto a morir habría muerto tantas veces por cuantas veces no soy amado por las criaturas.  Además de esto está la larga espera en el Sacramento de mi amor, Yo espero a todos, llego a contar los minutos, ¡pero qué!  A muchos en vano los espero, otros vienen con una frialdad glaciar, de ponerme al colmo el duro martirio de mis esperas, pocos son aquellos que nos esperamos mutuamente, y sólo en estos me fortalezco, me siento como repatriado en sus corazones, desahogo mi amor y encuentro un alivio al duro martirio de mi continuo esperar, a algunos parece que sea nada esta pena, sin embargo es la máxima que constituye el más duro martirio, y tú puedes decir cuánto te cuesta el esperarme, tanto que si Yo no viniera a poner término y a sostenerte, no habrías podido durar.  Y además hay otra espera más dolorosa aún, el suspiro, el deseo ardiente, las largas ansias del reino de mi Divina Voluntad, son cerca de seis mil años que espero que la criatura vuelva a entrar en Ella, la amo tanto que quiero, suspiro el verla feliz, pero para obtener esto debemos vivir de una sola Voluntad, así que cada acto opuesto a la mía es un clavo que me atraviesa.  Pero ¿sabes por qué?  Porque me la vuelve mayormente infeliz y diferente de Mí, y Yo viéndome en el mar inmenso de mis felicidades, y mis hijos infelices, ¡oh! cómo sufro, y mientras espero y sigo esperando, estoy a su alrededor, la abundo de gracias, de luz, de modo que ellos mismos pueden correr para hacer vida junto Conmigo, y con un solo Querer, se cambiará su suerte, tendremos bienes comunes, felicidad sin término, las otras penas me dan alguna tregua, pero la pena de esperar no me deja jamás, me tiene siempre de centinela, me hace usar las estratagemas más enormes, me hace formar las invenciones de amor de hacer estremecer Cielos y tierra, me hace llegar a rogar a la criatura, a suplicarle que no me haga más esperar, porque no puedo más, me pesa demasiado.  Por eso hija mía únete siempre Conmigo a esperar el reino de mi Voluntad, y a todas las esperas que me hacen sufrir las criaturas, al menos seremos dos, y tu compañía me dará un descanso a una pena tan dura”.

 

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33-46

Septiembre 28, 1935

 

El amor divino inviste cada acto de criatura.  Dios en todas

sus obras llama a todos y hace bien a todos.  Cómo se forma la

Vida Divina en la criatura, cómo se alimenta y se hace crecer.

 

(1) Estaba siguiendo los actos de la Divina Voluntad, la cual me transportaba en un mar de luz interminable, en el cual me hacía presente con cuánto amor Dios había amado a la criatura, es tan grande, que si se pudiera comprender le estallaría el corazón de puro amor, no pudiendo resistir al arrebato, a las estratagemas, a las industrias, a las finezas de este amor de Dios, y siendo yo muy pequeña, estas llamas me devoran, y mi amado Jesús visitando mi pequeña alma, para sostenerme me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, hazme desahogar mi amor, escúchame, tú debes saber que la criatura ha estado siempre con Nosotros en nuestra mente divina, ha tenido siempre su puesto en el seno de su Creador, y ‘ab eterno’ era adornado cada acto suyo, pensamiento, palabra, obra y paso, con un amor nuestro especial.  Así que en cada acto suyo está la cadena de tantos actos nuestros de amor, que envuelve el acto, el pensamiento, etc., de la criatura, y este nuestro amor da vida, alimenta las repeticiones de todos los actos de ella, y ¡oh! cómo es bella en nuestra mente divina, porque ella viene formada por el soplo continuo de nuestro amor, amor querido, no forzado, amor no de necesidad, sino más bien virtud generativa de nuestro Ser Supremo, el cual genera siempre y pone su amor continuo sobre sus obras, virtud de nuestro Fiat Omnipotente que si no generase nuevas obras y no tuviese el acto continuo de amar, se sentiría como sofocado en sus llamas y paralizado en su movimiento continuo.  Ahora, queriendo sacar a la criatura de nuestro seno divino, le hacemos hacer su pequeño camino en el tiempo, y nuestro amor no deja de asaltar, investir, cortejar todos sus actos con su amor especial, si esto faltara, faltaría la fuerza generativa, vivificadora y motriz del ser humano.  ¡Oh! si las criaturas supieran que en cada pensamiento suyo corre un amor nuestro distinto, en cada palabra y obra, también en su respiro y latido, ¡oh! cómo nos amarían y no profanarían con actos indignos nuestro amor tan grande.  Mira entonces cómo te ama y te sabe amar tu Jesús, por eso aprende de Mí a amarme.  Esta es la prerrogativa de nuestro amor, todo lo que ha salido de Nosotros, amarlo siempre, hacer surgir de dentro de nuestro amor todos los actos de la criatura”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y yo he permanecido pensando en el exceso del amor divino, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, escúchame aún, es tanto nuestro amor, que en cada obra que hacemos llamamos a todos, como si fueran uno solo, para dar a cada uno el bien de la obra que hacemos, no obraríamos como Dios si nuestros actos no tuvieran virtud de poderse dar a todos para dar el bien que ellos contienen.  Ve entonces, mi Concepción en el seno de una Virgen fue la obra más grande de toda la historia del mundo, sólo que nuestro Fiat quiso y se encarnó, sin que ninguno nos forzara, sin que ninguno lo mereciera, sin tener Nosotros ninguna necesidad, la necesidad fue nuestro amor, y sólo porque quiso, fue un acto tan grande que encerraba y abrazaba a todos, y contenía tanto amor que llega a lo increíble, tanto, que Cielos y tierra están sorprendidos y raptados todavía y todos se sintieron invadidos de tanto amor, de poder sentir mi Vida concebida en todos.  Mira entonces en donde mi amor me lleva a concebir, en cada alma, en cada instante y siempre, concebido una vez me concibo siempre.  ¿No es como si me concibiera en la hostia consagrada el concebirme en cada acto de criatura que me ama y hace mi Divina Voluntad?  Pero no es todo aún, si mi amor no da en excesos de poder decir:  ‘Mira cuánto te he amado, no tenía nada más qué hacerte y darte para amarte’, no se contenta.  Escucha hasta dónde llego, así cómo en el seno de la Virgen Santa respiraba a través de su respiro, era calentado por su calor, alimentado por su sangre, así espero de la criatura que me posee, el respiro, el calor, el crecimiento para desarrollar mi Vida.  Pero ¿sabes tú en qué aprietos me pone mi amor?  Cuando la criatura me ama, me da el respiro, me da el calor, cada bien que hace, si ruega, si sufre por Mí, si me adora y glorifica, me hace crecer, me da el movimiento, contribuye a formarme en su alma, así que si no me ama y nada me da, me siento faltar el respiro, el calor, el alimento, y no crezco; ¡ay de Mí! en qué condiciones me pone mi amor y la ingratitud de la criatura.  Ahora, si ella me da el bien de hacerme crecer, de manera de hacerme llenar toda su alma de mi Vida, entonces desarrollo mi Vida en ella, camino en sus pies, obro en sus manos, hablo en su voz, pienso en su mente, amo en su corazón, y tengo mi contento, cómo soy feliz, de la criatura no queda otra cosa que un velo que me cubre, Yo soy el Señor, el Actor, formo mi campo de acción, puedo hacer lo que quiero, mi Voluntad Divina repite su Fiat Omnipotente continuamente, mi amor ha recibido su concepción, da en locura porque ha formado su Vida en la criatura.  Por eso no hay cosa que haga, tanto en la Creación, en la Redención, en la Santificación, en mi Vida Sacramental, en el Cielo y en la tierra, en que mi amor con rápido vuelo no corra para dar a todos el bien que hago, la santidad de mis obras, por eso ninguno puede decir esto no lo ha hecho para mí, este bien no lo he recibido; que después ingratos no lo reciban, la culpa es toda de ellos, mi parte no le falta a ninguno.  Pero ve hasta donde llega mi amor, a pesar de que no me hacen crecer, haciéndome faltar el respiro de su amor, el alimento de mi Voluntad, me hacen temblar de frío porque sus voluntades no están Conmigo, llego a permanecer sin vestidos, como el más perverso y despreciable, porque sus obras no son rectas, santas y alejadas de complacerme a Mí solo, que me debían servir para cubrirme, sin embargo no me alejo, soportando tanta ingratitud humana y esperando con paciencia inquebrantable y preparando una sorpresa de amor, una gracia de más que lo golpee para hacerme dar lo que es necesario, para hacerme crecer en su alma, porque a cualquier costo quiero formar mi Vida en la criatura, uso todas las artes para obtener mi intento, y muchas veces estoy obligado a echar mano de los flagelos, para hacerme conocer que estoy en su alma.  Hija mía, compadéceme y repárame tanta ingratitud humana, Yo que soy todo para ellos les doy el respiro y el latido continuo, el movimiento, el calor, el alimento, y ellos ingratos me niegan a Mí lo que doy a ellos, después de haberles dado el gran honor de formar de ellos mi templo vivo, mi morada real sobre la tierra.  ¡Qué pena, qué dolor!  Por eso te recomiendo que no me hagas faltar el respiro de tu amor, dame al menos lo que necesito para hacerme crecer, haz que mi Voluntad sea tu vida para hacerme estar en tu morada real con decoro y con la suntuosidad que merece tu Jesús”.

 

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33-47

Octubre 4, 1935

 

Toda la gloria, el honor, está en poder decir con los hechos:

“Soy un acto continuo de Voluntad de mi Creador”.

Necesidad de diversidad de oficios y de acciones.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Divina Voluntad para encontrar todos sus actos hechos en la Creación, para poner en ellos mi pequeño te amo y unirme con todas las cosas creadas, para glorificar a mi Creador y poder decir:  “Estoy en mi puesto de honor, hago mi oficio, soy un acto continuo de Voluntad Divina, puedo decir que soy nada, que hago nada, pero hago todo, porque hago la Divina Voluntad”.  Pero mientras esto pensaba, mi Sumo Bien Jesús, haciéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, cada cosa creada tiene un oficio distinto, y si bien la voluntad de todas es una, pero no todas hacen la misma cosa; no sería orden, ni virtud de sabiduría divina, el que una cosa creada repitiera lo que hace otra, pero como una es la Voluntad que las domina, la gloria que obtengo de una, me da la otra, porque toda la sustancia que poseen y el bien y el valor del cual están investidas, es que pueden decir:  ‘Soy un acto continuo de Voluntad de mi Creador’.  Gloria, honor, virtud más grande no podía darme que ser un acto solo de Voluntad Divina, tanto que el pequeño hilo de hierba, con su pequeñez, el pequeño espacio que ocupa de la tierra, parece que no hace nada, ninguno lo mira, sin embargo, porque así lo quiso mi Voluntad y porque no trata de hacer más de lo que puede hacer un hilo de hierba, por hacer mi Voluntad iguala la gloria que me da el sol, que con tanta majestad señorea la tierra, que se puede llamar milagro continuo de toda la Creación.  Y como todas las cosas creadas están unidas entre ellas, el sol con toda su majestad, con su luz besa y calienta, el pequeño hilo de hierba, el viento lo acaricia, el agua lo riega, la tierra le da el lugarcito donde formar su pequeña vida, sin embargo ¿qué cosa es un hilo de hierba?  Se puede decir que nada, pero como posee mi Voluntad, tendrá su virtud de hacer bien a las generaciones humanas, porque habiendo creado todo por amor, y para hacer bien a las criaturas, por eso todas tienen una virtud secreta de dar el bien que poseen.  Mira entonces que el todo está en hacer mi Voluntad, no salir jamás de sus recintos divinos e interminables; con hacer mi Voluntad, aunque parece que no haga nada, pero no es verdad, ya se encuentra junto con el obrar divino y puede decir:  ‘Lo que hace Dios, hago yo’.  ¿Y te parece poco?  Dios hace todo y el alma toma parte en todo.  Así que no es la diversidad de las acciones o de los oficios por lo que la criatura puede decir que hace cosas grandes, sino mi Voluntad que da el valor a las naderías, las pone en el orden divino, y pone en ellas su imagen como sello de sus obras.  En referencia a la diversidad de oficios y de acciones, más bien es orden, armonía de mi sabiduría infinita, también en el Cielo hay diversidad de coros de ángeles, diversidad de santos, quién es mártir, quién es virgen, quién es confesor.  Sobre la tierra mi providencia mantiene tantos oficios diversos, quién es rey, quién es juez, quién sacerdote, quién es pueblo, quién manda, quién depende, si todos tuvieran un solo oficio, ¿qué sería de la tierra?  Un desorden completo.  ¡Oh! si todos entendieran que sólo mi Divina Voluntad sabe hacer las cosas grandes, y aunque fueran pequeñas e insignificantes, ¡oh! cómo estarían todos contentos y cada uno amaría el lugarcito, el oficio en el cual Dios la ha puesto, pero como se hacen dominar por el querer humano, quisieran dar de ellos, hacer acciones grandes que no pueden hacer, por eso están siempre descontentos de la condición o puesto en el cual la Divina Providencia los ha puesto para su bien.  Por eso conténtate de hacer lo poco unida con mi Voluntad, y no lo grande sin Ella, mucho más que siendo inmensa te encontrará en todos sus actos, y tú te encontrarás en su amor, en su potencia, en sus obras, de modo que tú no podrás hacer nada sin Ella, y Ella no podrá hacer nada sin ti.  He aquí el por qué con vivir en mi Querer corren juntos tales prodigios que llega a lo increíble, la nada de la criatura en poder del Todo, la nada presa por una Voluntad que puede hacer todo.  ¿Qué cosa no hará de esta nada?  Hará obras dignas de un Fiat Supremo.  Por eso el acto más bello, más solemne, más agradable para Nosotros, es la nada de la criatura dada a Nosotros libremente para hacernos hacer lo que queramos”.

 

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33-48

Octubre 7, 1935

 

Quien no vive de Voluntad de Dios forma su purgatorio

viviente sobre la tierra.  El amor divino.  Una tempestad

impetuosa, escenas desgarradoras.

 

(1) Mi pobre mente siente la necesidad de verterse en el Querer Divino como a su centro, en el cual arrojándose siente el respiro, el latido, el amor, la Vida Divina como suya.  ¿Quién puede decir que puede vivir sin respiro, sin latido?  Ninguno, así la pobre alma se formaría el purgatorio más desgarrador sin el Fiat, y mi voluntad humana me arrojaría en el abismo de todos los males.  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús sorprendiéndome, todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, cómo me siento feliz porque has entendido que no puedes vivir sin mi Fiat; para quien no vive en Él, no sólo se forma ella su purgatorio viviente, sino que impide todos mis bienes preparados para ella, me los encierra en mi corazón, y haciéndome sufrir, forma el purgatorio a mi amor, me suprime mis llamas sin el alivio de poder comunicar mi respiro, mi Vida, por eso siento mi respiro sofocado, mi Vida impedida sin el bien de poderme comunicar con la criatura.  Ahora tú debes saber que no hay cosa hecha por Mí en la cual no esté mi objetivo primario de hacerla vivir de mi Voluntad.  La Creación sirve propiamente para esto, para hacer vivir a la criatura de mi Voluntad, y no viviendo sofoca esta mi Vida en las cosas creadas, y mi venida sobre la tierra era la Vida de Ella que vine a darles.  Tú debes saber que en cuanto el alma se decide a querer vivir en mi Querer, mi Santísima Humanidad toma puesto en ella, mi sangre como lluvia tupida llueve sobre ella, mis penas como muro inexpugnable la circundan, la fortalecen, la embellecen en modo admirable, de raptar a esta mi Voluntad Divina a vivir en ella, mi misma muerte forma la resurrección continua del alma, resurrección de vivir en Ella.  Así que la criatura se siente regenerada continuamente en mi sangre, en mis penas, en mi amor, hasta en mi respiro, en el cual encuentra gracia suficiente para vivir de mi Voluntad Divina, porque Yo pongo todo a su disposición, como estuvo mi Santísima Humanidad a disposición de mi Querer Divino, así la pongo dentro y fuera de la criatura, para dar vida a mi Voluntad en ella.  Ahora, hasta en tanto que no se decida a vivir en Ella, mi sangre no le llueve, porque no tiene qué regenerar en Divino; mis penas no forman el muro de defensa, porque el querer humano forma el derrumbe continuo a mis obras, y vuelve como impotente a mi muerte, para que resurgiera del todo en mi Querer.  Ahora, mi Vida, mis penas, mi sangre, si el alma no vive de Ella, están a la puerta del querer humano esperando con paciencia invencible para entrar, asaltarla por todas partes para darle la gracia de vivir de mi Querer, y no entrando todo queda sofocado en Mí, mi sangre, mis penas, mi Vida, y ¡oh! cómo sufro al ver que no me da la libertad de darle el bien que quiero, mi amor me tortura, mis penas, mis llagas, mi sangre, mis obras, como tantas voces piadosas me dicen continuamente:  ‘Esta criatura nos obstaculiza, nos hace inútiles y como sin vida para ella, porque no quiere vivir de Voluntad Divina’.  Hija mía, cómo es doloroso querer hacer el bien, poderlo hacer y no hacerlo”.

(3) Después de esto, continuaba mi abandono en el Querer Divino, el cual me ha transportado fuera de mí misma, y ¡oh! cómo era espantoso ver la tierra, yo habría querido retirarme en mí misma para no ver nada, pero mi dulce Jesús, como si quisiera que viera escenas tan desgarradoras, me ha detenido y me ha dicho:

(4) “Hija mía, cómo es doloroso ver tanta perfidia humana, una nación que engaña a otra y arrastran mutuamente a los pobres pueblos en el tormento y en el fuego, pobres hijos míos.  Tú debes saber que la tempestad será tan fuerte, que sucederá como cuando un viento impetuoso transporta con su fuerza, piedras, tierra, árboles, de modo que queda despejada de todo, tanto que con más facilidad se pueden poner nuevas plantas.  Así esta tempestad servirá para purificar los pueblos y hacer surgir el día sereno de la paz y de la unión fraterna.  Tú ruega para que todo sirva para mi gloria, para el triunfo de mi Voluntad y para el bien de todos”.

 

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33-49

Octubre 13, 1935

 

Es tanto el amor de Jesús, que siente la necesidad de

desahogarse con la criatura.  Él está entre su Padre Celestial

y las criaturas, y queda golpeado por amor de ellas.

 

(1) Me sentía según la costumbre toda abandonada en los brazos de mi dulce Jesús, el cual sentía la necesidad de desahogar su amor ardiente; hablar de su amor es un desahogo, hacer comprender en cuáles penas, apuros, impedimentos lo pone su amor, es para Él el más grande consuelo.  Y ¡oh! cómo es desgarrador oírlo con voz sofocada en el llanto, anhelante, a media voz:  “Ámenme, ámenme, no quiero otra cosa que amor, el no ser amado es el más grande de mis dolores, ¿y por qué no soy amado?  Porque no se hace mi Voluntad.  Ella es portadora de mi amor y me hace amar por la criatura con amor divino, y Yo sintiendo mi amor me siento liberado de la intensidad de mis llamas, y siento el dulce descanso, el reposo, el alivio en mi mismo amor que me da la criatura”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi Sumo Bien Jesús, visitando mi pequeña alma se hacía ver envuelto en sus llamas y me ha dicho:

(2) “Hija mía, si tú supieras en qué estrecheces me pone mi amor.  Escúchame, mi Padre Celestial era mío, lo amaba con tal intensidad de amor, que me consideraría feliz de poner la Vida para que ninguno me lo pudiera ofender, era una sola cosa con Él, mi misma Vida, y no amarlo, no lo podía, ni lo quería, nuestra virtud divina formaba un solo amor con mi Padre Celestial, por eso inseparable.  Las criaturas por parte de mi Humanidad eran mías, incorporadas en Mí, podría decir que formaban mi misma Humanidad, ¿cómo hacer para no amarlas?  Sería como no amar la propia vida, y ¡oh! en qué condiciones, intrigas, impedimentos me ponía mi amor; escucha:  ‘Amaba a mi Padre, verlo ofendido era el más grande de mis martirios; amaba a las criaturas, eran mías, me las sentía en Mí, y éstas no había ofensa que no hicieran, ingratitudes que no cometieran.  Mi amado Padre Celestial justamente quería golpearlas, deshacerse de ellas, y Yo en medio de uno y otro, quedaba golpeado por Aquél que tanto amaba, y quedaba a sufrir las penas de aquellos, dolerme por ellos, y mientras junto con el Padre quedaba ofendido también Yo, las amaba hasta la locura, y ponía la Vida para salvar a cada criatura, no podía ni quería sustraerme de mi Padre Celestial, porque era mío y lo amaba, más bien era mi deber, como su verdadero Hijo, darle toda la gloria, el amor, la satisfacción que le debían todas las criaturas, y si bien golpeado por penas indescriptibles, Yo mismo quería hacerme golpear, porque lo amaba y amaba a aquellos por los cuales era golpeado.  ¡Ah! sólo mi amor, por ser divino, sabe formar tales invenciones amorosas, tales estratagemas que llegan a lo increíble, y forma el heroísmo del verdadero amor, tanto que se termina con quedar quemado, consumido sobre la hoguera del amor, por quien amaba y los tenía como seres incorporados en Sí, que forman su propia Vida. !Ay¡ en qué estrecheces me pone mi amor, me llena tanto, que siento la necesidad de un desahogo de hacer salir de Mí obras, penas, luz, gracias sorprendentes para dar desahogo a mi amor, y es tal y tanto, que estoy siempre dentro y fuera de ella para servirla, y ahora la sirvo en la luz del sol para poder continuar este desahogo de amor, ahora la sirvo en el aire para hacerla respirar, ahora la sirvo en el agua para apagarle la sed, ahora en las plantas para alimentarla, ahora en el viento para acariciarla, en el fuego para calentarla, no hay cosa hecha por Mí, tanto en la Creación como en la Redención, en la cual mi amor no pudiéndose contener dentro de Sí, no saliera fuera para dar desahogo de amor hacia las criaturas.  Ahora, quién puede decirte cuánto sufro al no verme amado, cómo mi amor queda torturado por la ingratitud humana.  Yo llego hasta hacer mías sus culpas para dolerme como si fueran mías, hasta hacer la penitencia debida a ella, tomo sobre mis espaldas todos sus males para corresponderlos en bien, la hago mía, toda mía, hasta darle el puesto en mi Humanidad como un miembro para Mí más querido, voy inventando siempre nuevos encuentros de amor para hacerle sentir cómo la amo, y no viéndome amado, qué pena, qué dolor.  Por eso hija mía, ¡ámame, ámame!  Cuando me siento amado mi amor encuentra su reposo, y sus torturas amorosas son cambiadas en dulces alivios”.

 

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33-50

Octubre 20, 1935

 

El amor y la Divina Voluntad van de la mano, el amor forma la

materia prima moldeable para formar la Vida de Dios en la criatura.

 

(1) Mi pobre mente siente la necesidad de reposarse en el Querer Divino, de sentirse amada por quien es el único que sabe amarla, siente la vida en Él y la más grande felicidad con su dulce compañía, pero mientras siente la necesidad de ser amada, siente la fiebre ardiente de amarlo, y quisiera consumirse de amor, salir del exilio para poderlo amar con más perfecto amor en el Cielo.  ¡Jesús mío!  Cuándo tendrás compasión de mí.  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, amor y Voluntad de Dios van de la mano, no se separan jamás, y forman una sola Vida.  Así que mi Voluntad creó, obró tantas cosas, pero creó y obró amando, no habrían sido obras dignas de nuestra sabiduría infinita si no amáramos lo que era creado por Nosotros, por eso cada cosa creada, incluso la más pequeña, posee la fuente de nuestro amor, y tiene un suspiro, un latido, una voz continua:  ‘Amor, soy Voluntad Divina y soy santa, pura, potente, bella, soy amor y amo, no cesaré jamás de amar hasta en tanto que no convierta todo en amor’.  Mira entonces hija mía, mi Divina Voluntad primero amó y después creó lo que amaba, el amor es nuestro respiro, nuestro latido, nuestro aire, y así como el aire es comunicativo y no hay persona o cosa que pueda huir del aire, así nuestro amor, verdadero aire, inviste a todos, ama a todos y a todo, con derecho quiere dominar sobre todo y quiere ser amado por todos, y se siente quitar el respiro, el latido, el aire, la vida cuando no es amado y le impiden su virtud comunicativa.  Ahora, si la criatura hace mi Voluntad y no ama, no se puede decir con hechos que hace mi Voluntad, será tal vez Voluntad de Dios de circunstancia, de necesidad, de tiempo, porque sólo el amor divino tiene virtud unitiva, que une y concentra todo en mi Divina Voluntad para formar la vida, pero faltando mi amor, que es el único que sabe cambiar en materia maleable a la criatura, para formar de ella la Vida de la Divina Voluntad, sería como objeto duro que no puede recibir ninguna impresión del Ser Supremo, y mi amor que como cemento puede llenar todas las lesiones del humano querer, lo vuelve suave de modo que puede dar la forma que quiere, y se imprime como sello de la Vida Divina.  Por eso, Voluntad de Dios y amor son inseparables; si hicieras mi Voluntad amarías, y si amas pones al seguro mi Voluntad en ti, uno y el otro se dan la mano, mi Voluntad crea, el amor se presta como materia para recibir el acto creante, para poner fuera nuestras obras más bellas.  Por eso cuando no somos amados, damos en delirio, nos sentimos romper los brazos, nuestras manos creadoras no encuentran la materia para formar nuestra Vida en la criatura.  Por eso corramos juntos en el amarnos, amemos siempre y seremos felices por ambas partes, es más, si vives en mi Querer pondré a tu disposición mi amor, y tendrás en tu poder el amor heroico e incesante que jamás dice basta”.

 

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33-51

Octubre 27, 1935

 

La Divina Voluntad desciende en el acto humano y

crea su Vida palpitante en él.  Cómo anticipa el

purgatorio a quien vive en su Voluntad.

 

(1) Siento en mí la potencia del Querer Supremo, pero tanto, que quiere que yo reciba en mis pequeños actos la potencia de su acto divino, pero mientras lo quiere, quiere ser llamado por la criatura, no quiere ser intruso, ni entrar por la fuerza, sino que quiere que lo sepa, y el querer humano dando el beso al Querer Divino le cede el puesto a su obrar, y él se pone en cortejo al acto divino, sintiéndose honrado de que un Querer Divino haya obrado en su acto.  Mi mente se perdía, y ¡oh! cuántas cosas comprendía, pero soy incapaz de poderlas decir con palabras, y mi amado Jesús todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú no has entendido aún qué significa mi Voluntad obrante en el acto humano de la criatura.  Ella desciende en el acto humano con su potencia creadora, con su majestad, con su luz y con su suntuosidad de gracias innumerables, y volcándose en el acto humano hace uso de su potencia y crea su acto en él, y el acto humano queda como materia de la cual se ha servido para crear su acto, y crear significa que crea tantos actos cuantos actos quiere crear, y crea tantos por cuantas criaturas están dispuestas y pueden recibir aquel acto suyo, el cual contiene prodigios inauditos de gracias, de luz, de amor, contiene la Vida palpitante y creante de un Querer Divino.  He aquí por qué, debiendo hacer un acto tan grande, no lo quiere hacer si la criatura no lo sabe y que ella misma no suspira y quiere, y que lo llama a recibir en su acto la Voluntad creadora de un Querer tan Santo y potente.  Qué diferencia hija mía entre quien obra el bien, ruega, porque siente el deber de hacerlo, o porque la necesidad se lo impone, o bien sufre porque no puede liberarse, por cuan buenos, son siempre actos humanos sin virtud de multiplicarse cuantas veces quieran, no poseen plenitud de bienes, ni de santidad, ni de amor, y a veces son mezcla de vilísimas pasiones, porque falta la fuerza creadora de quien crea el bien y sabe y puede deshacerse de todo lo que no pertenece a su santidad.  Así que el alma que hace obrar a mi Divina Voluntad en su acto, le da el campo a la continua creación, y ¡oh! cómo se siente glorificada, amada, porque puede crear lo que quiere, en el acto de ella siente la Soberanía, su dominio, la realeza reconocida, amada y respetada.  Por eso los Cielos están temblorosos y todos se ponen atentos y en acto de adoración profunda cuando ven a mi Voluntad Divina creante en el acto de la criatura.  ¡Oh! si las criaturas conocieran qué significa vivir en mi Querer Divino, harían competencia para vivir en Él, y estaría poblado de hijos de mi Voluntad, y como en mi Voluntad la voluntad humana se siente incapaz de obrar, no sería otra cosa que recibir la continuidad de actos de Querer Divino, y es la continuación de los actos, de un bien que forma el orden, la armonía, la diversidad de las bellezas, lo que forma el encanto y la formación de la vida y del bien que se quiere adquirir, ¿no es acaso nuestra misma Vida repetición continua?  Amamos siempre, repetimos la conservación del universo, y con esto mantenemos el orden, la armonía, la vida del universo.  ¡Oh! si no repitiéramos siempre, aun por un solo instante, se vería el desorden en todas las cosas, por eso siempre en mi Voluntad, repite tus estribillos continuos, recibe siempre mi Voluntad en tus actos, a fin de que repita en ti su acto creante, así podrá formar no sólo el acto, sino la plenitud de su Vida”.

(3) Después de esto pensaba en todo lo que concierne a la Divina Voluntad y decía entre mí:  “¿Será posible que la criatura pueda llegara a tanto?”  Y mi dulce Jesús volviendo a hablar me ha dicho:

(4) “Hija mía, tú debes saber que en cuanto la criatura se decide verdaderamente a querer vivir en mi Divina Voluntad, y a cualquier costo no hacer jamás la suya, mi Fiat, con un amor indecible forma el germen de su Vida en el fondo del alma, esto tiene tal potencia, tal santidad, que no crece si primero no pone en su lugar al alma, liberándola de sus debilidades, miserias y manchas si las hay, se puede decir que forma el purgatorio anticipado, purgándola de todo lo que pudiera impedir que una Vida de Voluntad Divina se formara en ella, porque Voluntad mía y pecados no pueden coexistir, ni estar juntos, a lo más se podría dar alguna debilidad aparente, que con su luz y calor es rápidamente purificada.  Ella tiene siempre el acto purificador en sus manos, a fin de que ningún impedimento haya en el alma que impidiera no sólo crecer, sino desarrollar sus actos en los actos de la criatura.  Por eso la primera cosa que hace mi Voluntad es quitar de enfrente el purgatorio, haciéndolo hacer anticipado para estar más libre de hacerla vivir en Ella, y de formar su Vida como más le place.  Por lo que si la criatura muriera después de un acto decidido y querido de vivir en mi Querer, tomará el vuelo hacia el Cielo, más bien, mi Voluntad la llevará en sus brazos de luz como triunfo, como parto suyo, y como su querida hija, y si esto no fuera, no se podría decir:  ‘Hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra’, sería un modo de decir, no una realidad; en el Cielo, porque Ella reina, no hay pecados ni purgatorio, así en la tierra, si reina en el alma, no puede haber ni pecado, ni temor de purgatorio; Ella se sabe desembarazar de todo, porque quiere estar sola en su puesto reinante y dominante”.

 

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33-52

Noviembre 4,  1935

 

Quien vive en la Divina Voluntad posee a su Jesús en modo

perenne, y Él repite el milagro que obró al instituir el

Santísimo Sacramento, de recibirse a Sí mismo.

 

(1) Mi abandono continúa en el Querer Divino, pero cuanto más camino en su mar, tanto más siento la necesidad de su Vida para continuar viviendo, y habiendo recibido la santa comunión sentía la necesidad de amarlo.  Pero mi pobre nada no tenía amor suficiente para amar a Aquél que tanto me ama, era tan escaso mi amor, que sentía vergüenza ante el amor de Jesús, que tenía tanto, que no se ven los confines, sin embargo quería amarlo.  Y mi amado Jesús, animándome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no te abatas, para quien vive en mi Voluntad, la nada la tiene en el Todo, y queriéndome amar me ama con mi mismo amor, Yo encuentro en él mi amor potente, sabio, atrayente, inmenso, de modo que esta nada de la criatura me toma por todos los lados, y Yo me siento atado por su amor que es mi mismo amor, de modo que no puedo huirle, y ahora me hiere, ahora me arroja flechas hasta hacerme venir a menos, y siento la necesidad de reposarme en los brazos de su amor.  Pero esto no es todo, quien vive en mi Voluntad posee a su Jesús de modo perenne, porque Ella tiene virtud de formar, crecer y alimentar mi Vida en la criatura, y recibiéndome en el Sacramento Yo encuentro a otro Jesús, esto es, a Mí mismo que me ama, me adora, me agradece, me repara, puedo decir que repito el gran milagro que hice al instituir el Sacramento de la Eucaristía, en que me comulgué a Mí mismo, es decir tu Jesús recibió a Jesús, era el honor más grande, la satisfacción más completa, la correspondencia del heroísmo de mi amor, recibirme a Mí mismo, nada me faltaba de todo de lo que era debido a mi Vida Sacramental, un Dios pagaba con la misma moneda al mismo Dios, podía decir que lo que Yo daba se me daba nuevamente.  Ahora, para quien vive en mi Voluntad, el no poseer a su Jesús es imposible, por eso recibiéndome en el Sacramento Yo puedo decir:  ‘Yo voy a encontrarme a Mí mismo en la criatura, y encuentro lo que Yo quiero, mi Vida que unificándose junto forma una sola, encuentro mi morada real, encuentro el amor que siempre me ama, encuentro la compensación del gran sacrificio de todo lo que hago y sufro en mi Vida Sacramental.  Mi amor excesivo me lleva con una fuerza irresistible a repetir el milagro de recibirme a Mí mismo, pero me es dado hacerlo sólo en la criatura donde reina mi Divina Voluntad”.

 

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33-53

Noviembre 17, 1935

 

Todo lo que se hace en la Divina Voluntad toma su puesto en Dios.

 

(1) Me siento en los brazos de la Divina Voluntad, me parece que me espera para obrar en mi pequeño acto para darme el reposo en sus obras, y para reposarse también Ella, y mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, en cuanto la criatura obra en mi Voluntad, así sus actos toman su puesto en nuestro Ser Divino, nuestra bondad es tanta, que tiene tantos vacíos para recibir todos los actos humanos que poseen la virtud creadora en nuestro Querer, ellos vienen a su Creador todos festivos y llenan estos vacíos que nuestro amor tiene a propósito formados en Nosotros, para poder decir con hechos:  ‘Son actos nuestros, lo que hacemos Nosotros hace la criatura, lo que se hace en nuestra Voluntad nada queda fuera de Nosotros, ni pueden quedar, sería, si esto se pudiera dar, como si nuestra Vida estuviera sujeta a separarse, lo que no puede ser, porque poseemos no sólo la inseparabilidad de nuestro Ser Supremo, sino de todos nuestros actos y de quien vive en nuestro Querer, tenemos puestos para todos y de todo formamos un solo acto.  Ahora, estos actos encuentran en Nosotros no sólo su puesto de honor, la vida perenne y su reposo, y Nosotros sentimos la felicidad, la alegría que la criatura ha encerrado en su acto con hacerlo en nuestra Voluntad, sentimos que nuestro Fiat nos ama, nos glorifica, nos felicita, nos beatifica en el acto de la criatura como Nosotros merecemos.  ¡Oh! cómo nos sentimos felices, sentir la felicidad en Nosotros es naturaleza, pero al sentir la felicidad que nos puede dar la criatura, sentimos la correspondencia de la obra de la Creación, ¿y te parece poco que damos la virtud a la criatura de poder felicitar a su Creador?  Es tal y tanta la alegría que sentimos, que nos abandonamos en los brazos de la criatura, y estrechándola en los nuestros reposamos en ella, y ella reposa en Nosotros, y sólo viene roto nuestro reposo cuando nos sorprende con otros actos suyos, para gozarnos la felicidad que nos trae.  Así que no hacemos otra cosa que pasar de la felicidad al reposo, y del reposo a la felicidad, feliz criatura que viviendo en nuestra Voluntad Divina puede felicitar a Aquél que posee el océano de las infinitas alegrías y felicidad sin fin”.

 

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33-54

Noviembre 24, 1935

 

El verdadero amor llama siempre a aquél que ama, y lo encierra

dentro.  Sin la Divina Voluntad todo está velado.  Ejemplo.

 

(1) Mi pobre mente se encuentra bajo las olas impetuosas del Querer Divino, impetuosas pero pacíficas, portadoras de felicidad, tanto que la pobre criatura se siente impedida e incapaz de poderlas recibir todas, y mientras seguía los actos del Fiat, he llegado al punto de la creación del hombre, y pensaba entre mí:  “Con cuánto amor podía amar Adán inocente al Señor antes de pecar”.  Y mi amado Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, me amó tanto por cuanto a criatura es posible.  Él era un complejo de amor, ni siquiera una fibra estaba vacía del amor hacia su Creador, sentía a lo vivo, palpitante en su corazón la Vida de su Creador, el verdadero amor llama a cada instante a Aquél que ama, y que dándole con su amor su vida, retoma por vida propia a Aquél que ama.  Ahora, amando mi Voluntad Divina encuentra en la criatura a Sí misma, la facilidad de su régimen, nada se opone a su dominio, su puesto noble es de Rey dominante, forma su suspirado reino en ella.  Cuando la criatura me ama cuanto más puede, ningún vacío de Dios se puede encontrar en ella, antes bien, con su amor me encierra en el centro de su alma, de modo que no puedo salir, ni puedo librarme de ella, y si pudiera salir, lo que Yo no hago jamás, se vendría junto a Mí, sin podernos ni Yo, ni ella separarnos, porque el amor soy Yo mismo.  Por eso quien me ama en verdad puede decir:  ‘He vencido a Aquél que me ha creado, lo tengo dentro de mí, lo poseo, es todo mío, ninguno me lo puede quitar’.  Ahora hija mía, el amor en Adán antes de pecar era perfecto, total, mi Voluntad tenía su Vida en él, de modo que la sentía más que su misma vida; en cuanto pecó, la Vida de mi Fiat se retiró y le dejamos la luz, porque sin Él no podía vivir, habría regresado a la nada.  Al crearlo hicimos como un padre que pone en común sus bienes y su misma vida con su propio hijo.  Ahora, éste desobedece, se rebela al propio padre, el padre con dolor es obligado a ponerlo fuera de sus habitaciones, no haciéndole más poseer ni sus bienes en común, ni su vida, pero es tanto su amor, que aunque lejano no le hace faltar las cosas necesarias, los medios de estricta necesidad, porque sabe que si el padre se retira, la vida del hijo se termina.  Así hizo mi Divina Voluntad, retiró su Vida, pero dejó su luz como ayuda, sostén, y como medio necesario para que su hijo no pereciera del todo.  Ahora con retirar su Vida, todas las cosas y obras de Dios quedaron veladas para el hombre.  Él mismo, velada la inteligencia, la memoria, la voluntad, quedó como aquellos pobres infelices moribundos, que cubriéndose la pupila con un velo delgado, no ven más clara la vida de la luz.  Mi misma Divinidad al descender del Cielo a la tierra se veló de mi Humanidad.  ¡Oh! si las criaturas poseyeran como vida mi Voluntad, súbito me hubieran conocido, porque Ella misma habría develado quién soy Yo, mi Querer en ella, y aquél mismo Divino Querer en Mí, se habrían rápidamente conocido, amado, se habrían puesto a mi alrededor, no se habrían podido separar de Mí, reconociéndome bajo la semejanza de su parte humana como Verbo Eterno, Aquél que los amaba tanto, que se había vestido como uno de ellos.  Así que Yo no hubiera tenido necesidad de manifestarme, mi Voluntad residiendo en ellos me habría develado, ni Yo habría podido ocultarme, en cambio debí decirles quién era Yo, ¿y cuántos no me creyeron?  Por eso hasta en tanto que no reine mi Voluntad en las criaturas, todo está velado, los mismos sacramentos, que más que nueva creación, con tanto amor dejé en mi Iglesia, están velados para ellas, cuántas sorpresas, cuántos bellos secretos y cosas maravillosas impide comprender, ver, gustar, una pupila velada, mucho más que este velo es el humano querer el que lo forma e impide ver las cosas cual son en sí mismas.  Entonces, mi Voluntad reinante en las criaturas como vida quitará este velo y todas las cosas serán develadas, y entonces verán las caricias que les hacemos por medio de las cosas creadas, los besos, los abrazos amorosos, en cada cosa creada sentirán nuestro latido ardiente que los ama, verán en los sacramentos correr nuestra Vida para darse continuamente a ellos, y sentirán la necesidad de darse a Nosotros.  Este será el gran prodigio que hará mi Divina Voluntad, romper todos los velos, abundar de gracias inauditas, tomar posesión de las almas como vida propia, de modo que ninguno le podrá resistir, y así tendrá su reino sobre la tierra”.

(3) Jesús, apresura y cumple lo que Tú dices y quieres, y tu Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra.

 

 

Deo Gratias!

Siempre y en cada instante.



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.