[1]

I. M. I.

Fiat!!!

In Voluntate Dei.  Deo Gratias

34-1

Diciembre 2, 1935

 

La Divina Voluntad dardea a la criatura y le forma

la nobleza divina, y haciéndola de Actor hace

inseparable a Dios y la criatura.  Ejemplo, el sol.

 

(1) Mi Rey de amor Jesús y mi Reina Mamá Divina, ¡ah! entrelacen mi voluntad con la vuestra y hagan de ellas una sola, más bien enciérrenme en vuestros corazones, a fin de que escriba no fuera de vosotros, sino, o dentro del corazón de mi Jesús, o en el regazo de mi Madre Celestial, a fin de que pueda decir:  “Es Jesús que escribe y mi Mamá la que me sugiere las palabras”.  Por eso ayúdenme y denme la gracia de vencer la gran repugnancia que siento al comenzar otro volumen, ustedes que sabéis mi pobre estado, siento la necesidad de ser sostenida, fortalecida y toda renovada por la Potencia de vuestro Fiat Divino para poder hacer en todo y siempre vuestra Divina Voluntad.

(2) Después me sentía inmersa en el Querer Divino, el cual tomaba el aspecto de Actor para poder entrar en los más íntimos rincones de mi alma, y formar su acto obrante en mí; yo he quedado sorprendida, y mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(3) “Hija mía bendita, cuando la criatura hace y vive en la Divina Voluntad, nuestro Ser Supremo la dardea con su luz continuamente, le dardea la mente y pone en ella la nobleza de los pensamientos divinos, de modo que siente en su inteligencia, memoria y voluntad, la santidad, el recuerdo de su Creador, el amor, la Voluntad de Aquél que haciéndole de Actor forma en ella el orden, la sabiduría divina; dardeándola pone con sus besos de luz la sustancia divina en su mente, de modo que todo es noble, todo es santo, todo es sagrado en ella.  Este Actor de mi Querer, formando su sede en la inteligencia creada, con su potencia y maestría forma en ella su imagen; le dardea el corazón y forma la nobleza del amor, de los deseos, de los afectos, de los latidos; dardea la boca y forma la nobleza de las palabras; dardea las obras y los pasos y forma las obras santas, la nobleza de los pasos; y no sólo dardea al alma, sino también el cuerpo, y con su Luz inviste la sangre y la ennoblece, de modo que la criatura se siente correr en su sangre, en sus miembros, la plenitud, la santidad, la sustancia de la nobleza divina.  Este Actor de mi Divina Voluntad toma el oficio de Artífice insuperable, de transformar a Dios en la criatura, y la criatura en Dios.  Cuando mi Voluntad ha llegado a esto, que es el acto más grande que puede hacer, – esto es, formar de Dios y de la criatura una sola Vida, volviéndolos inseparables el uno del otro –, se reposa en su obra y siente tal felicidad, porque ha vencido a la criatura, ha formado su trabajo en ella, y ha cumplido su Voluntad.  Entonces parece que dice en el énfasis de su amor:  He hecho todo, no me queda otra cosa que poseerla y amarla”.

(4) Yo he quedado pensativa al escuchar esto, y mi amable Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, ¿por qué dudas?  ¿No hace también el sol este oficio?  En cuanto dardea la flor con su luz, así le da la sustancia del color y del perfume; en cuanto dardea el fruto, así le infunde la dulzura y el sabor; conforme dardea las plantas, así comunica a cada una la sustancia, los efectos que ellas requieren.  Si esto lo hace el sol, mucho más mi Voluntad Divina que todo puede, y todo sabe hacer, y así como el sol va buscando la semilla para dar lo que posee, así mi Divina Voluntad va buscando las disposiciones de las criaturas que quieren vivir de mi Voluntad, y rápidamente las dardea y comunica la sustancia y nobleza divina, y forma y hace crecer su Vida”.

 

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34-2

Diciembre 8, 1935

 

Prodigios de la Inmaculada Concepción.  Comunicación de los

derechos divinos.  Dios no quiere hacer nada sin su Madre Celestial.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al acto en que el Fiat Omnipotente creó a la Virgen Inmaculada me he detenido, y ¡oh! qué sorpresa de prodigios jamás escuchados unidos juntos, el encanto del cielo, del sol y de toda la Creación no podían compararse, ¡oh! cómo quedaban atrás ante la Soberana Reina, y mi dulce Jesús al verme tan sorprendida me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que no hay belleza, ni valor, ni prodigios que puedan compararse a la Inmaculada Concepción de esta celestial criatura, mi Fiat Omnipotente hizo de Ella una nueva creación, ¡oh! cuánto más bella, más prodigiosa que la primera, mi Querer Divino en Sí mismo no tiene principio ni fin, y el prodigio más grande fue como si en esta criatura renaciera, y no sólo, sino en cada instante, acto, oración que hacía, crecía, y en este crecimiento mi Voluntad multiplicaba sus prodigios en modo infinito.  La creación del universo fue hecha por Nosotros en modo admirable, y es mantenido por Nosotros bajo el imperio de nuestro acto creante y conservante, sin que agregáramos nada, en cambio en esta Virgen, manteníamos el acto creante, conservante y creciente, esto es el prodigio de los prodigios, la Vida de nuestro Querer renacida en Ella y su crecer continuo en cada acto que hacía, y nuestro Fiat para renacer en Ella se pronunció en el acto de su Concepción, y cuando Éste se pronuncia, nuestro acto tiene tal suntuosidad, sublimidad, alteza, inmensidad, potencia, que toma a todos en la red de su Amor, no pone a ninguno a un lado, todos pueden tomar el bien que posee nuestro Fiat obrante, a menos que alguno no lo quisiera.  Nuestra Divinidad al ver en esta Santa criatura como renacida a nuestra Voluntad, le participó sus derechos divinos, de modo que era dueña de nuestro Amor, Potencia, Sabiduría y Bondad, y Reina de nuestro Fiat.  Ella con su acto creciente de nuestro Querer nos raptaba, nos amaba tanto, que llegó a amarnos por todos, a todas las criaturas las cubría, las escondía en su amor y nos hacía oír el eco del amor de todos y de cada uno.  ¡Oh! cómo nos sentíamos atados y como hechos prisioneros por el amor de esta Virgen Santísima, mucho más que como nos amaba, adoraba, rogaba, obraba con el acto creciente de nuestro Fiat que poseía, encerraba en sí a su Creador, conforme nos amaba así nos sentíamos absorbidos en Ella sin poderle resistir, era tanta su potencia que nos dominaba y encerraba en sí nuestra Trinidad Sacrosanta, y Nosotros la amábamos tanto que la hacíamos hacer lo que Ella quería; ¿quién tenía corazón para negarle algo?  Más bien nos sentíamos más felices de contentarla, porque un alma que nos ama es nuestra felicidad, porque oímos el eco, la alegría de nuestra felicidad en ella, y quien posee nuestra Voluntad como vida es todo para Nosotros.  Este es el gran prodigio de quien posee nuestra Voluntad como vida, sentir en sí el participar en sus mismos derechos divinos, con esto siente que su amor no termina jamás, y tiene tanto que puede amar por todos y dar amor a todos; con su acto creciente no dice jamás basta a su santidad.  Mucho más que la Soberana Reina con poseer nuestra Voluntad como vida, tenía siempre qué darnos, siempre qué decir, nos tenía siempre ocupados y Nosotros teníamos siempre qué dar, y siempre nuestros secretos amorosos para comunicarle, tanto que nada hacemos sin Ella, primero nos entendíamos con Ella, después lo poníamos en su materno corazón, y de su corazón desciende en el afortunado que debe recibir aquel bien.  Así que no hay gracia que descienda sobre la tierra, no hay santidad que se forme, no hay pecador que se convierta, no hay amor que parta de nuestro trono, que primero no sea puesto en su corazón de Madre, la cual forma la maduración de aquel bien, lo fecunda con su amor, lo enriquece con sus gracias, y si es necesario con la virtud de sus dolores, y después lo pone en quien lo debe recibir, de modo que quien lo recibe siente la Paternidad Divina y la Maternidad de su Madre Celestial.  Podemos hacer sin Ella, pero no queremos, ¿quién tendrá corazón de hacerla a un lado?  Nuestro Amor, nuestra Sabiduría infinita, nuestro mismo Fiat se impone sobre Nosotros, y no nos hace hacer nada que no descienda por medio suyo.  Ve entonces hasta dónde llega nuestro Amor por quien vive de la Voluntad Divina, hasta no querer hacer nada sin Ella, es la armonía de nuestra Sabiduría infinita, que así como la Creación del universo gira siempre en torno a Nosotros, y conforme gira fecundan la tierra y mantienen la vida natural a todas las criaturas, así esta nueva creación de la Concepción de la Inmaculada Señora gira siempre en torno a Dios, y Dios gira siempre en torno a Ella, y mantienen la fecundidad del bien, forman la santidad de las almas y la llamada a las criaturas a Dios”.

 

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34-3

Diciembre 15, 1935

 

El verdadero amor quiere hacerse conocer, se expande, corre

y vuela en busca de quien ama, porque siente la necesidad

de ser amado.  Potencia del acto creante que se recibe

cuando se gira en la Creación.

 

(1) Mi pobre mente es siempre transportada en el mar de la Divina Voluntad, la cual me hace presente y tiene como en acto todo lo que ha hecho por amor de las criaturas, y suspira que ellas reconozcan lo que ha hecho, cuánto nos ha amado, y nos espera en sus actos para decir:  “Hagamos juntos, no me dejes obrar sola, a fin de que lo que Yo hice, lo hagas tú, y así podremos decir, con igual amor nos hemos amado”.  Cómo es bello poderse decir mutuamente:  “Me has amado y te he amado”.  Es la recompensa de las obras más grandes y de los sacrificios más dolorosos.

(2) Después mi mente giraba en la Creación, en aquel acto cuando el Fiat Omnipotente pronunciándose creaba y extendía el cielo azul, y mi eterno amor para tenerme junto con Él en este acto, y mi dulce Jesús, hacía fiesta porque tenía su compañía, y deteniéndome me ha dicho:

(3) “Hija mía buena, amar y no hacerse conocer es contra la naturaleza del verdadero amor, porque el verdadero amor por sí mismo se expande y corre, vuela en busca de quien ama, y sólo se detiene cuando encontrándola la encierra, la esconde en su amor, y transformándola en sus mismas llamas quiere encontrar su mismo amor en ella, sus mismas obras hechas por quien ama por amor suyo.  Y como la criatura jamás puede hacer lo que hacemos Nosotros por ella, nuestro Amor para conseguir lo que quiere llama a la criatura a Sí, la esconde en su mismo amor y la hace obrar junto con nuestro acto creante y conservante, y así en realidad la criatura puede decir:  ‘Te he amado, lo que has hecho Tú por mí, lo he hecho yo por ti’.  Y Nosotros nos sentimos en realidad amados por ella con nuestro Amor y con nuestras mismas obras.  Tú debes saber que cuando la criatura se eleva con su voluntad en la nuestra en las cosas creadas por Nosotros, nuestro Ente Supremo renueva sobre ella el acto creante, y ¡oh! las maravillas que hacemos de gracias, de santidad, de cielo, de soles en su alma, nuestro acto se deleita en repetirse, y cuando ella gira en las cosas creadas, nuestro amor quiere hacerse conocer, quiere que sienta cuánto la ama, y repite sobre ella nuestro acto creante que no está jamás sujeto a cesar, de modo que siente todo el ímpetu de nuestro amor, la potencia de nuestras obras, y presa de estupor nos ama con nuestra fuerza creadora que hemos infundido en ella; y ¡oh! nuestro contento al vernos conocidos y amados por quien tanto amamos.  Por esto creamos tantas cosas, porque esperábamos a la criatura para hacer conocer cuánto la amamos, y para dar a ella en cada cosa creada el potencial de nuestro amor para hacernos amar; el amor cuando no es conocido se vuelve infeliz, y cuando no es amado por quien ama siente perder la vida, impedido, romper los pasos, y poner en el olvido sus obras más bellas.  En cambio cuando es conocido y amado, su vida se multiplica, y he aquí nuestro acto creante sobre la criatura para ser amado como Nosotros la amamos, nuestros pasos son libres, más bien vuelan para tomar a la amada criatura, estrecharla a nuestro seno para amarla y hacernos amar, nuestro amor siente la felicidad del amor que ella le lleva.  Por eso no hay honor más grande que pueda darnos que venir en nuestra Divina Voluntad, Nosotros en cuanto la vemos venir ponemos a su disposición toda la Creación, porque es suya, para ella fue hecha, y conforme gira en cada cosa creada encuentra nuestra potencia creadora, que invistiéndola comunica nuestro amor que cada una posee, y nos pueda amar con nuestra fuerza creadora, que es fuente, y nos pueda amar como quiera y cuanto quiera, y así el amor del Creador y de la criatura se dan el beso, uno se reposa en el otro y ambos sienten el contento de amarse verdaderamente.  ¡Oh! cómo es bella la compañía de quien nos ama, es tanto nuestro contento, que nuestro amor surge e inventa otras obras más bellas, otras industrias amorosas para amar y hacernos amar”.

 

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34-4

Diciembre 29, 1935

 

El puesto regio de la criatura en la unión de la Unidad Divina,

cómo queda encerrada en Ella y cómo puede formar las

bellezas más raras y el encanto a su mismo Creador.

 

(1) Estoy entre los brazos del Fiat Divino que me atrae tanto, que mi pequeña nada se siente perdida en el Todo, y si bien perdida siente su vida sostenida, alimentada, vivificada por el Todo, y si jamás sea, quisiera sustraerme, lo que no puede ser, porque no encontraría ni siquiera un agujero dónde poderme esconder en que no encontrara a mi Todo, ¡oh! entonces sentiría mi pequeña nada sin vida.  Sentía que el Querer Divino daba el aliento a mi nada y me hacía sentir su Vida, su amor, su potencia, pero mientras mi mente nadaba en el Todo, en su luz interminable, mi amado Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, cómo es sorprendente, maravilloso, sublime el obrar en mi Querer Divino, en cuanto la criatura hace su acto en Él, su acto queda despojado de lo humano, y unificándose adquiere la unión de la Unidad del acto divino.  Ahora, la criatura tiene su puesto regio, su acto en la unidad de nuestro acto único, y por eso si ama, ama en nuestra unidad; si nos adora, si nos bendice, es dentro de nuestra unidad; si nos comprende, es dentro de nuestra unidad; nada ve, nada hace ni siente fuera de Nosotros, sino todo dentro de nuestro Ser Divino, ella puede decir:  ‘No conozco otra cosa, ni amo, ni quiero, sino sólo al Querer Divino, porque su unidad me tiene encerrada dentro”.

(3) Ahora, la fortuna más grande, la gracia más sublime para la criatura; la gloria, el honor más grande para Nosotros, es poseer la voluntad humana, su acto en nuestra Unidad, ¿y sabes por qué?  Porque podemos dar amor cuando queremos, y hacernos amar cuando deseamos, enriquecerla de gracia, de santidad, de belleza, de sentirnos raptar por los bienes y belleza que le hemos infundido.  En suma podemos tener qué hacer con la criatura, amarla, confiar el Todo a la nada, ya que tiene de lo nuestro, y sentirá tal potencia y amor de poder defender al Todo, y Nosotros nos sentimos seguros en esta nada, porque le hemos cedido nuestras armas para tenernos seguros y defendidos.  Pero esto no es todo, todo lo que la criatura puede hacer, las acciones naturales, los actos más indiferentes, las palabras, las obras, los pasos, poseyendo su acto en nuestra unidad se vuelven efecto de su acto unido con el nuestro, símbolo del sol que con los efectos de su luz forma la belleza, las floraciones, el encanto a todo lo creado, así ella investida por la luz de mi Fiat, todo se vuelve efecto suyo, uno es el acto, una es la Voluntad, pero los efectos son innumerables, pueden formar las bellezas más raras y el encanto más seductor a Aquél que la ha creado, y que la posee en su Unidad.  Hija mía, nuestro Ente Supremo posee un solo acto, así que toda la Creación, cada criatura, no son otra cosa que efecto de la unidad de nuestro acto, por lo que la voluntad humana unificándose se vuelve nuestro efecto continuo.  Y este efecto ¿sabes qué significa?  Darle siempre y recibir siempre de la criatura”.

(4) Yo he quedado sorprendida y fija en el Querer Divino, y comprendía tantas cosas de esta unión en la unidad divina, que mientras era una encerraba toda la Creación, y todos eran encerrados en esta unidad y todos salían de ella, pero sostenidos, unificados, vinculados en esta unidad, y como es una y todo, sostiene y da vida a todo.  Mientras estaba en esto he visto el cielo, y se veían tantas luces de variadas bellezas que poseían toda la variedad de los colores, pero con un modo admirable que raptaban, estas luces serpenteaban en la bóveda azul, y mientras eran tantas formaban una sola, penetraban en los Cielos, descendían en lo bajo, querían dar vida de luz a todos, no se detenían jamás, corrían, volaban, y mi dulce Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, estas luces son las maravillas de los actos hechos en mi Querer Divino, cómo son bellas, llevan la marca de su Creador”.

 

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34-5

Enero 5, 1936

 

Quien vive en el Querer Divino forma la pequeña Vida

de la Divina Voluntad en la criatura.  Cómo viene

amada con nuevo y duplicado amor por Dios.

 

(1) Mi pequeña y pobre voluntad siente la extrema necesidad del Querer Divino, sin Él me siento en ayunas, sin fuerza, sin calor y sin vida, es más, siento la muerte a cada instante, porque faltándome no hay quién pueda sustituirse a alimentar su Vida en mí.  Por eso voy repitiendo:  “Tengo hambre, ven oh Voluntad Divina a darme tu Vida para saciarme de ti, de otra manera yo muero”.  Pero mientras deliraba porque quería sentir en mí la plenitud de la Divina Voluntad, mi dulce Jesús repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tus delirios, tu hambre que siente la extrema necesidad porque quieres sentir a cada instante la Vida de mi Voluntad, son heridas a mi corazón, son desgarros de amor que violentándome me hacen correr, volar para venir a hacer crecer la Vida de mi Voluntad en ti.  Tú debes saber que en cuanto la criatura quiere hacer mi Voluntad para vivir y hacer sus actos en Ella, llama a su Creador, el Cual se siente llamado por la potencia de su mismo Querer en la criatura, a la cual no le es dado resistir o poner la más mínima demora.  Es más como no nos dejamos vencer jamás en amor, en cuanto vemos que está por llamarnos, no le damos tiempo, Nosotros la llamamos a ella y ella corre en nuestro Ser Divino como en su propio centro, se arroja en nuestros brazos, y Nosotros la estrechamos tanto, de transformarla en Nosotros, sucede un acuerdo perfecto entre el Creador y la criatura, y es tanto nuestro énfasis de amor, que la amamos con nuevo y duplicado amor; pero esto no basta, le damos tal comunicación de nuestro Ser Supremo, de hacernos amar con amor nuevo y duplicado por ella, y si tú supieras qué significa ser amado por Dios con nuevo y duplicado Amor, y poderlo amar con amor nuevo y duplicado, sólo en nuestra Voluntad Divina hay estas maravillas y prodigios.  Dios se ama a Sí mismo en la criatura, todo es suyo, por eso no es maravilla que ponga en campo su siempre nuevo Amor, lo duplica, lo centuplica cuanto quiere, y da la gracia a la criatura de amarlo con su mismo Amor, si esto no fuese se vería gran disparidad entre quien puede amar y entre quien no puede amar, y la pobre criatura quedaría humillada, anulada, sin arrojo y unión de amor con su Creador, y cuando dos seres no se pueden amar con igual amor, la desigualad produce la infelicidad, mientras que nuestra Voluntad es Unidad, y libremente da a la criatura su Amor para hacerse amar, da su Santidad para hacerla santa, su Sabiduría para hacerse conocer, no hay cosa que posea que no quisiera darle.  Mucho más que con vivir en nuestro Fiat, como ha puesto a un lado su voluntad para dar vida a la nuestra en sus actos, ha formado la pequeña Vida de nuestro Querer en ella, la cual reclama, suspira el crecimiento, y basta un acto de más en Él para crecer, un suspiro para quitarse el hambre, un deseo total de que mi Querer corra en todo su ser para formarse alimento suficiente para sentirse satisfecha de todo lo que pertenece a su Creador.  Se requiere atención suma, y mi Voluntad hará todo lo que se necesita para formar su Vida en la criatura”.

 

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34-6

Enero 22, 1936

 

Quien vive en la Divina Voluntad forma el teatro de las obras de

su Creador, y repite en ella la escena conmovedora de la Redención.

 

(1) Estaba haciendo el giro en los actos de la Divina Voluntad, y buscaba investir con mi pequeño amor el cielo, el sol y la creación toda, y el Fiat Divino para corresponderme formaba el lugar en mi voluntad para encerrar el cielo y la creación toda; después giraba en los actos de la Redención, y el dulce Jesús encerraba sus actos en mí, y repetía las escenas más conmovedoras para corresponderme por mi pequeño amor.  Yo he quedado sorprendida, y mi amado Jesús todo ternura y amor me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, hija de mi Voluntad, tú debes saber que mi amor es tanto, que para desahogarme quiero repetir mis obras, pero ¿en quién puedo repetirlas?  ¿En quién puedo encontrar lugar para encerrarlas para sentirme amar?  En quien vive en mi Voluntad.  Conforme la criatura gira en mis obras para conocerlas, amarlas y llamarlas a sí, se reproducen en ella y forma el teatro de nuestras obras, cuántas escenas conmovedoras:  Ahora se extiende el cielo, ahora surge el sol con toda su majestad, ahora murmura el mar y formando sus olas quisiera inundar a su Creador con su amor, ahora forma el más bello prado florido, y en cada flor nos hace decir su estribillo:  ‘Te amo, te glorifico, te adoro, y tu Fiat venga a reinar sobre la tierra’.  No hay ser que no llame a sí para hacernos decir su historia:  ‘Te amo, te amo’.  Hija mía, nuestro amor no está contento si no se da todo y no repite nuestras obras en quien vive en nuestra Voluntad.

(3) Pero no es todo, escucha:  Si con girar en los actos de la Creación repite mis obras y tomo sumo placer y me deleito en asistir a las escenas esplendidísimas de la Creación en la criatura, cuando ella gira en los actos de la Redención para hacerlos suyos, Yo repito mi Vida, así que repito mi concepción, mi nacimiento, en el cual los ángeles repiten el gloria en los Cielos y paz a los hombres de buena voluntad, y si la ingratitud humana me obliga a llorar, voy a llorar en ella, porque sé que mis lágrimas serán correspondidas y adornadas con su te amo.  Por eso paso a repetir mi Vida, mis pasos, mis lecciones, y cuando las culpas me renuevan las penas, la crucifixión, la muerte, no las sufro jamás fuera de esta criatura, sino que voy a ella a sufrir mis penas, las cruces, la muerte, porque ella no me dejará solo, tomará parte en mis penas, quedará crucificada Conmigo, y me dará su vida en correspondencia por mi muerte.  Así que en quien vive en mi Voluntad encuentro el teatro de mi Vida, las escenas conmovedoras de mi infancia y de mi pasión, encuentro los cielos hablantes, los soles que me aman, los vientos que gimen de amor por Mí, en suma todas las cosas creadas tienen que decirme una palabrita, un te amo, un testimonio de reconocimiento, pero ¿quién me las hace hablantes?  ¿Quién es quien da la voz a todas las cosas?  Quien vive en mi Voluntad; Ella la transforma tanto, que no hay amor que no se haga dar, ni obras que no pueda repetir en ella, por eso se pueden llamar su Vida viviente y la repetidora de las obras de su Creador”.

 

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34-7

Marzo 1, 1926

 

Prodigios de la Encarnación del Verbo Divino.  Cómo los Cielos quedaron

estupefactos y los ángeles quedaron mudos.  Prodigios cuando la Divina

Voluntad obra en la criatura.  La Trinidad Divina llamada a concilio.

Dios al crearnos pone una dosis de su Amor en la criatura.

 

(1) Estoy bajo la prensa de la privación de mi dulce Jesús, me siento triturada, deshecha, como si mi vida quisiera terminar, pero el Querer Divino triunfante sobre mi pequeño ser surge en mi alma, y me llama a hacer mi jornada en su Voluntad, me parece que mientras me siente morir sin morir, Ella forma su victoria y es su triunfo, y su Vida resurge más bella, toda llena de majestad y de duplicado Amor sobre mi voluntad que muere.  ¡Oh! Voluntad Divina, cuánto me amas, Tú me haces sentir la muerte para concentrar mayormente tu Vida en mí.  Después continuaba mi jornada en sus actos divinos, y habiendo llegado a la Encarnación del Verbo se sentía tal amor, de sentirse quemar, consumir en sus llamas divinas.  Y mi sumo bien Jesús, como ahogado en sus llamas de amor me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi Amor fue tanto al Encarnarme en el seno de mi Madre Celestial, que Cielos y tierra no podían contenerlo, el acto de Encarnarme ocurrió en un acto de amor tan intenso, tan fuerte, tan grande, que era más que suficiente para quemar todo y a todos de amor.  Tú debes saber que antes de Encarnarme, mi Padre Celestial vio en Sí mismo, y en el ímpetu de su Amor, no pudiendo contenerlo sacaba de Sí torrentes, mares de Amor, en este ímpetu de amor vio a su Hijo, y Yo me encontraba en sus mismas llamas de amor y me ordenó que me encarnara; Yo lo quería, y en un ímpetu de amor, sin dejar a mi Padre ni al Espíritu Santo, sucedió el gran portento de la Encarnación.  Quedé con mi Padre, y al mismo tiempo descendí al seno de mi Madre.  Las tres Divinas Personas eran inseparables, no sujetas a separarse, por eso puedo decir:  ‘Quedé en el Cielo y descendí a la tierra, y el Padre y el Espíritu Santo descendieron Conmigo a la tierra y quedaron en el Cielo’.  Por eso, en este acto tan grande nuestro Ser Divino desbordó tanto en amor, que los Cielos quedaron maravillados y los ángeles sorprendidos y mudos, todos envueltos en nuestras llamas de amor.  La Encarnación no fue otra cosa que un acto de nuestra Divina Voluntad, ¿qué cosa no sabe hacer y puede hacer?  Todo; llega con su Potencia y con su Amor infinito hasta obrar el prodigio jamás oído, ni hecho, de hacernos quedar en el Cielo y descender en la prisión del seno Materno.  Así quiso nuestra Voluntad que se hiciera.

(3) Ahora hija mía, cada vez que el alma quiere hacer mi Voluntad, mi Padre Celestial primero observa dentro de Sí, llama como en concilio a la Trinidad Sacrosanta, para llenar aquel acto de nuestra Voluntad de todos los bienes posibles e imaginables, después lo saca de Sí y hace investir a la criatura de su Voluntad obrante, comunicante, transformante, y como en la Encarnación las tres Divinas Personas quedaron en el Cielo y descendieron en el seno de la Inmaculada Virgen, así mi Voluntad, con su potencia transporta Consigo en su acto operativo a la Trinidad Divina en la criatura, mientras la deja en el Cielo, y forma en la voluntad humana su acto divino.  Ahora, ¿quién puede decirte las maravillas que vienen encerradas en este acto de nuestra Voluntad?  Nuestro amor surge y se difunde tanto, de no encontrar lugar dónde ponerse, y cuando todo ha llenado se retira en nuestra fuente; nuestra Santidad se siente honrada con el acto divino de nuestra misma Voluntad obrante en la criatura, y se difunde con gracia sorprendente para comunicar su Santidad a todas las criaturas, son prodigios inenarrables que Ella hace cuando la criatura la llama a obrar en ella.  Por eso haz desaparecer todo en mi Voluntad, y Nosotros te daremos todo en tu poder y tú podrás darnos todo, incluso a Nosotros mismos”.

(4) Después de esto mi pequeña inteligencia la sentía tan llena de la Voluntad Divina, que no podía contenerla, y seguía mi giro en sus actos divinos, y habiendo llegado al acto cuando fue concebida la Inmaculada Reina, comprendía cómo el Ente Supremo antes de llamarla a la vida, le infundió tanto amor, que en cuanto sintió la vida sintió la necesidad de amar a su Creador, sentía en Sí misma aquel amor que sacaba fuera.  Yo he quedado sorprendida, y mi amado Jesús ha agregado:

(5) “Hija mía, no te maravilles, es nuestra costumbre que a cada criatura cuando la ponemos fuera a la luz del día en el acto de crearla, damos una dosis de amor, dándole así parte de nuestra sustancia divina, y según nuestros designios que hacemos sobre ella, así incrementamos la dosis de nuestro amor.  Así que cada criatura tiene en sí misma la parte de la sustancia del amor divino, de otra manera ¿cómo podría amarnos si Nosotros mismos no poníamos de lo nuestro para hacernos amar?  Sería pedir lo que no tenía, Nosotros ya lo sabíamos, que la criatura nada tiene suyo, por eso debíamos encerrar como dentro de un sagrario nuestro amor, nuestra Voluntad, para pedir que nos ame y haga nuestro Querer.  Y si pedimos es porque sabemos que tiene en su poder nuestro amor, y nuestro Querer, que Nosotros mismos hemos puesto en el fondo de su alma.  Ahora, si nos ama, esta dosis de nuestro amor surge, se engrandece, y siente más potentemente la necesidad de amarnos y de vivir de la Voluntad de su Creador; si no nos ama no crece, y las debilidades humanas, las pasiones, forman las cenizas sobre nuestro amor, de modo que llega a no sentir ninguna necesidad de amarnos, las cenizas han cubierto y sofocado nuestro fuego divino, y mientras el fuego existe, ella no lo siente, mientras que cada vez que nos ama, no hace otra cosa que soplar para quitar las cenizas, así sentirá el vivo fuego que le quema en el seno, y lo agrandará tanto de no poderse estar sin amarnos.

(6) Ahora hija mía, la Inmaculada Reina, desde el primer instante de su concepción, dado que sentía en Sí el amor por su Creador y nuestra Voluntad obrante más que su misma vida, nos amó tanto que no perdió ni un instante sin amarnos, y con amarnos y amarnos engrandeció tanto esta dosis de amor, de podernos amar por todos y dar amor a todos, y amar a todos siempre, sin cesar jamás; tú debes saber que nuestro amor es tanto, que con poner esta dosis de amor en la criatura, Nosotros poníamos el germen de la felicidad dentro de ella, porque la verdadera felicidad debe tener su puesto real dentro del alma, la felicidad de afuera si no reside dentro, no se puede llamar verdadera felicidad, más bien amarga a la pobre criatura y es como un viento impetuoso, que rápido la disipa, dejando los rastros apenas convertidos en espinas que la amargan, no así la felicidad de adentro, puesta por Nosotros, ella es duradera y crece siempre; y además amar es felicitarse y felicitarnos, quien no ama no puede ser jamás feliz, quien no ama no tiene ninguna finalidad ni interés de cumplir obras, ni siente el heroísmo de hacer bien a ninguno, el sacrificio que da las más bellas tintas al amor no existe para ella.  Entonces la Virgen Santísima poseía el mar de la felicidad, porque poseía tantas vidas de amor por cuantas criaturas existen, y no sólo esto, sino con no hacer jamás su voluntad, sino siempre la mía, formaba tantas Vidas de mi Voluntad Divina en Ella, de modo que puede dar a cada criatura una Vida de Amor y una Vida de Querer Divino.  He aquí por qué con derecho es Reina del amor, y Reina de la Voluntad Suprema.  Por eso la Soberana Reina ama, suspira sacar estas Vidas para ponerlas en las criaturas y formar el reino del puro amor y el reino de nuestra Voluntad, y así llegará al punto máximo de amar a su Creador, y al punto máximo de amar y de hacer bien a las criaturas”.

 

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34-8

Abril 21, 1936

 

Desahogo divino por quien vive en su Voluntad; cómo la

hace partícipe de sus obras.  Cómo tiene siempre qué

dar y obra junto con la criatura.

 

(1) Estoy siempre en el mar del Querer Divino, donde encuentro la fuerza, la paz, el amor, más bien cuando entro en Él, viendo mi pequeñez y que no soy buena para hacer nada, la Divinidad, que ama tanto el hacer obrar su Voluntad en mi pequeñez, arma en torno a mí su Santidad, su Sabiduría, la Bondad, la Fuerza, la Luz Divina, para hacer que su Voluntad encuentre en mí sus cualidades divinas, para poder hacer en mí su acto obrante, así que pone de lo suyo para dar gracias a la criatura de hacerla obrar en Ella.  Después seguía los actos de la Divina Voluntad, y Ella me llevaba en sus brazos, me sostenía, me daba el respiro para hacerme recibir la participación de sus actos.  Entonces he llegado al acto de la Concepción de la Virgen, y yo me he encontrado en el pequeño corazón de la Virgen concebida.  Dios mío, no sé decir, no sé seguir adelante, pero mi dulce Jesús para hacerme comprender me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, tienes razón, las olas de mi Querer te inundan, te ahogan, y tu pequeña capacidad se pierde, y se necesita a tu Jesús para explicarte mejor lo que tú ves, porque no sabes decir.  Debes saber hija mía que es tal y tanto nuestro amor por quien quiere vivir y vive en nuestro Querer Divino, que la queremos hacer partícipe de todas nuestras obras, por cuanto a criatura es posible, dándole también el mérito de nuestras obras divinas.  En cuanto la criatura entra en nuestra Voluntad, Ella llama en acto a su obrar divino, como si en aquel instante lo estuviera obrando, y fundiéndola en su acto le hace ver los prodigios de su obrar, y recibir y confirmarla en el bien, haciéndole sentir la nueva vida de su acto.  Tú has visto la Concepción de la Soberana Reina, y cómo tú, estando en mi Voluntad te has encontrado concebida en su materno corazón; mira la gran diferencia, para quien vive en mi Querer los prodigios de la Inmaculada Concepción fueron inauditos; mi Voluntad que animaba esta Inmaculada Concepción, de la cual ninguno puede huir de Ella, llamó para estar presentes a todas las criaturas, para que quedaran concebidas en su virginal corazón, y recibieran su maternidad, su ayuda, su defensa, encontraran el refugio, el apoyo en esta Madre Celestial.  Ahora, quien vive en nuestro Querer se encuentra en el acto en que se Concibe, es la hija que espontáneamente, por su voluntad, busca a su Mamá, y toma su puesto, se encierra en su materno corazón para hacerse hacer de Mamá de la Celestial Reina.  Ahora, ésta tomará parte en las riquezas de la Soberana Señora, en sus méritos, en su amor, sentirá en sí la nobleza, la Santidad de Ella, porque conoce a quién pertenece, y Dios la hará partícipe de los bienes infinitos y del amor exuberante que tuvo en la Concepción de esta Santa Criatura.  Y así de todas nuestras obras, en cuanto la criatura las busca, las llama en nuestra Voluntad para conocerlas y amarlas, Nosotros llamamos en acto nuestras obras, la ponemos en el centro de ellas, le hacemos sentir y probar todo nuestro amor, la potencia de nuestra fuerza creadora, y la pequeñez de la criatura recibe en sí, se llena hasta no poder contener más.  Hija mía, no hacer partícipe de nuestras obras a quien vive en nuestra Voluntad nos resulta imposible, no sería verdadero amor el nuestro, porque Nosotros poseemos en naturaleza la fuerza comunicativa, y queremos comunicar a todos nuestros bienes divinos, son las criaturas que los rechazan, pero para quien vive en nuestro Querer desahogamos en comunicar nuestros bienes, no encontramos en ella ninguna oposición, y si esto no fuera impediríamos nuestro Ser Divino, más bien es una de nuestras felicidades: ‘Amar, dar, abundar a nuestras amadas criaturas’.

(3) Mira entonces la gran diferencia de quien vive en nuestra Voluntad, las otras criaturas se encuentran en nuestras obras, en la Concepción de la Virgen Santa, en la Encarnación del Verbo, en mis penas, en mi muerte y hasta en mi Resurrección, pero se encuentran en virtud de nuestra potencia e inmensidad, casi diría por necesidad, no por amor, ni porque conozcan nuestros bienes y amen el hacer su habitación en ellos para gozárselos, de hecho, es porque de nuestro Ser Divino ninguno puede huir, mientras quien vive en nuestro Querer es la criatura que busca nuestras obras, las conoce, las ama, las aprecia, y viene a tomar su puesto dentro de ellas, y ama y obra junto con Nosotros, en consecuencia participa, adquiere nuevos conocimientos y nuevo amor, mientras las otras están y no las conocen, no nos aman, no tienen una palabra que decirnos, si se pudiera decir están por obstaculizar nuestra Inmensidad, y muchos para ofendernos.  Por eso es nuestro suspiro ardiente que el alma viva en nuestro Querer, Nosotros teníamos siempre qué dar y qué hacer siempre con ella, y ella tiene qué hacer junto con Nosotros, no nos damos tiempo, un acto llama a otro, y nos conocemos bastante, nuestra Voluntad primero nos hace conocer, nos hace amar, y después forma la unión perenne de la criatura en nuestra Voluntad”.

 

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34-9

Mayo 20, 1936

 

Diferencia que hay entre quien llama la Divina Voluntad en sus

actos, y entre quien hace las obras buenas sin Ella.  La Ascensión;
cómo partía para el Cielo y quedaba en la tierra.

 

(1) Mi pobre mente continúa girando en los actos de la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “Cuál es la diferencia de quien llama la Divina Voluntad en sus actos, y de aquellos que hacen las obras buenas y no la llaman, no le dan el primer lugar en sus actos”.  Y mi dulce Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía, no hay comparación entre uno y otro, el primero con llamar mi Voluntad en sus actos se despoja de lo que es humano, y forma el vacío en su querer humano dónde dar el lugar a mi Voluntad; Esta embellece, santifica, forma su luz en aquel vacío, después pronuncia su Fiat Creante y llama a vida su obrar divino en el humano, y la criatura no sólo participa, sino queda propietaria del acto divino, el cual posee la Potencia, la Inmensidad, la Santidad y el valor Divino que no se agota jamás.  Por eso, en quien vive en nuestro Querer Nosotros miramos y encontramos a Nosotros mismos y a nuestros actos que nos honran y nos hacen corona.  En cambio aquellos que hacen las obras buenas, pero no animados por nuestro Querer, Nosotros no nos encontramos a Nosotros mismos, sino al acto finito de la criatura, y como Nosotros no sabemos tener nada del bien que ellas hacen donde no participen nuestros actos, les damos el mérito como pago; el pago no es propiedad que puede siempre producir, por eso simboliza a aquellos que viven al día, que si bien viven trabajosamente del salario que tienen, pero no se hacen jamás ricos, sienten siempre la necesidad de que les sea pagado su trabajo para vivir, y si no trabajan hay peligro de morir de hambre, esto es, de no sentir la saciedad del bien, la vida de las virtudes, sino la escuálida miseria de las pasiones.  En cambio para quien vive en nuestro Querer todo es abundancia, Nosotros le decimos:  Toma lo que quieras, y cuanto más puedas tomar, más ponemos a tu disposición nuestras riquezas, nuestra luz, nuestra santidad, nuestro amor, porque lo que es nuestro es tuyo, y lo que es tuyo es nuestro, no queda otra cosa que vivir y obrar juntos”.

(3) Después de esto estaba siguiendo la Ascensión de Jesús al Cielo, cómo era bello, todo majestad, vestido de luz fulgidísima que raptaba y encadenaba los corazones a amarlo, y mi dulce Jesús todo bondad y amor me ha dicho:

(4) “Hija mía bendita, no hay suceso de mi Vida que no simbolice el reino de mi Divina Voluntad, en este día de mi Ascensión Yo me sentía victorioso y triunfante, mis penas habían terminado, más bien dejaba mis penas ya sufridas en medio a mis hijos que dejaba sobre la tierra, como ayuda, fuerza y sostén, y como refugio dónde esconderse en sus penas, para tomar de las mías el heroísmo en sus sacrificios, puedo decir que dejaba mis penas, mis ejemplos y mi misma Vida como simiente, que madurándose y creciendo debía hacer surgir el reino de mi Divina Voluntad.  Así que partía y quedaba, quedaba en virtud de mis penas, quedaba en sus corazones para ser amado, después que mi Santísima Humanidad subía al Cielo sentía más estrecho el vínculo de la familia humana, por consiguiente no me habría adaptado a no recibir el amor de mis hijos y hermanos que dejaba en la tierra; quedé en el Santísimo Sacramento para darme continuamente a ellos, y ellos a darse a Mí para hacerles encontrar el reposo, el descanso y el remedio a todas sus necesidades.  Nuestras obras no sufren de mutabilidad, lo que hacemos una vez lo repetimos siempre.  Además de esto, en este día de mi Ascensión Yo tenía doble corona, la corona de mis hijos que llevaba Conmigo a la Patria Celestial, y la corona de mis hijos que dejaba en la tierra, símbolo ellos de aquellos pocos que serán el principio del reino de mi Divina Voluntad; todos los que me vieron ascender al Cielo recibieron tantas gracias, que todos pusieron la vida para hacer conocer el reino de la Redención, y pusieron los fundamentos para formar mi Iglesia, y hacer que recogiera en su regazo materno a todas las generaciones humanas; así los primeros hijos del reino de mi Voluntad, serán pocos, pero serán tales y tantas las gracias de las que serán investidos, que pondrán la vida para llamar a todos a vivir en este santo reino.  Una nube de luz me invistió, la cual quitó de la vista de los discípulos mi presencia, los cuales estaban estáticos viendo mi persona, que era tanto el encanto de mi belleza que tenía raptadas sus pupilas, no sabían bajar su mirada para ver la tierra, tanto que se requirió de un ángel para sacudirlos y hacerlos regresar al cenáculo.  También esto es símbolo del reino de mi Querer, será tal y tanta la luz que investirá a sus primeros hijos, que llevarán lo bello, el encanto, la paz de mi Fiat Divino, de modo que fácilmente se dispondrán a querer conocer y amar un bien tan grande.  Ahora, en medio a los discípulos estaba mi Mamá que asistía a mi partida para el Cielo, este es el más bello símbolo.  Así que Ella es la Reina de mi Iglesia, la asiste, la protege, la defiende, así se pondrá en medio a los hijos de mi Voluntad, será siempre Ella el motor, la vida, la guía, el modelo perfecto, la Maestra del reino del Fiat Divino que tanto aprecia, son sus ansias, sus deseos ardientes, sus delirios de amor materno, que quiere a sus hijos en la tierra en el reino donde Ella vivió, no está contenta con tener a sus hijos en el Cielo en el reino de la Divina Voluntad, sino que los quiere también sobre la tierra, siente que la tarea dada a Ella por Dios como Madre y Reina no la ha completado, su misión no ha terminado hasta en tanto que no reine la Divina Voluntad sobre la tierra en medio a las criaturas.  Quiere a sus hijos que la semejen y que posean la herencia de su Mamá, por eso la gran Señora es toda ojos para mirar, todo corazón para amar, para ayudar a quien ve en algún modo dispuesto a querer vivir de Voluntad Divina.  Por eso en las dificultades piensa que Ella está junto a ti, te sostiene, te fortalece, toma tu querer en sus manos maternas para hacerlo recibir la Vida del Fiat Supremo”.

 

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34-10

Mayo 31, 1936

 

La Divina Voluntad encierra todos los actos de la Vida de Jesús como en

acto de repetirlos siempre por amor de las criaturas.  La Vida de Jesús

simboliza la llamada del reino de la Divina Voluntad sobre la tierra.

 

(1) Mi pobre inteligencia seguía la Vida de mi dulce Jesús en la Divina Voluntad, en la cual lo encontraba en acto de continuar su Vida cuando estaba sobre la tierra, y ¡oh! cuántas maravillas, cuántas sorpresas de amor jamás pensadas.  Así que el Fiat Divino encierra todos los actos de la Vida de Jesús como en acto de repetirlos siempre por amor de las criaturas, para dar a cada una su Vida entera, sus penas, su amor ardiente.  Entonces mi dulce Jesús, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, mi Amor quiere desahogarse, siente la necesidad de hacer conocer a quien quiere vivir de mi Voluntad, lo que Yo hice y hago para que vuelva a reinar y dominar en medio a las criaturas; tú debes saber que toda mi Vida no fue otra cosa que el llamado continuo de mi Voluntad en medio a ellas, y el llamado de las criaturas en mi Fiat Supremo, tanto, que cuando me concebí simbolizaba el llamado, el regreso para hacerla concebir en las criaturas que con tanta crueldad la habían puesto fuera de sus almas, y las llamaba a ellas a concebirse en Ella.  En cuanto nací, llamaba a renacer a mi Querer en todas las obras humanas; en todas mis lágrimas infantiles, gemidos, plegarias y suspiros, llamaba con mis lágrimas y suspiros a mi Voluntad en las lágrimas, penas y suspiros de las criaturas, para que nada hicieran en que no sintieran la fuerza, el imperio de mi Voluntad reinante en ellas, la cual apiadándose de mis lágrimas y de las de ellas, les habría dado la gracia del regreso de su reino.  También mi exilio simbolizaba cómo las criaturas se habían exiliado de mi Querer, y Yo quise ser exiliado para llamar a mi Voluntad en medio a los pobres exiliados, a fin de que los llamara y convirtiera el exilio en patria, donde no más serían tiranizados por los enemigos, por gente extranjera, por viles pasiones, sino que estarían con la plenitud de los bienes de mi Voluntad.  Y mi regreso a Nazaret simboliza muy bien mi Divina Voluntad, Yo vivía en Ella escondido, su reinar estaba en pleno vigor en la sagrada familia, Yo era el Verbo, la Voluntad Divina en persona velada por mi Humanidad, aquella misma Voluntad que reinaba en Mí se difundía a todos, los abrazaba, era movimiento y vida de cada uno, Yo sentía en Mí el movimiento y la vida de cada uno, de la cual mi Fiat era el actor; qué pena, qué dolor el no ser reconocido, ni recibir un gracias, un te amo, un acto de reconocimiento, ni del mundo entero, ni del mismo Nazaret, porque no sólo mi Voluntad, sino también mi Santa Humanidad vivía en medio a ellos, la cual no cesaba de dar luz a quien pudiera verme y acercarse a Mí para hacerme conocer, pero que en mi dolor quedaba siempre el Dios escondido.  Tal es la suerte de mi Querer Divino, el hombre fue creado con la fuerza creadora del Fiat, nació, fue unido, empapado en Él, le suministra el movimiento continuo, el calor, la vida, terminará su vida en el Fiat, sin embargo ¿quién lo conoce?  ¿Quién es agradecido por este acto divino continuo, sin jamás cansarse, que con tanto amor envuelve la vida de la criatura para darle vida?  Casi ninguno hija mía; hacer el bien, ser causa primaria de conservación y dar vida perenne a la criatura, mantener el orden de todas las cosas creadas en torno a ella y sólo para ella, y no ser reconocido, es el dolor de los dolores, y la paciencia de mi Voluntad llega a lo increíble, ¿pero sabes tú el por qué de esta paciencia tan invencible y constante?  Porque sabe que vendrá su reino, será reconocida su Vida palpitante en medio a las criaturas, y en vista de la gran gloria que recibirá al ser conocida que es vida de cada vida, y mientras es vida recibirá cada vida para reinar en ella, no estará más escondida sino develada y reconocida; en vista de esto soporta tanto desconocimiento, y sólo una paciencia divina podría soportar la prolijidad de tantos siglos de tanta ingratitud humana.  De Nazaret pasé al desierto donde había máxima soledad, la mayor parte habitado por animales feroces que ensordecían el desierto con sus rugidos que me rodeaban, símbolo de mi Divina Voluntad, que cuando no es conocida se forma el desierto en torno a la criatura y una soledad que da horror y espanto, se aridece el bien y el alma se siente circundada más que por animales feroces, esto es, por sus pasiones brutales que mandan rugidos de rabia, de bestial furor, de crueldad, de toda suerte de males.  Mi Santa Humanidad iba paso a paso buscando y encontrando todos los dolores que había sufrido mi Divina Voluntad para repararla y llamarla de nuevo a reinar de nuevo en medio a las criaturas, puedo decir que cada latido, respiro, palabra, paso y pena míos, era el llamado continuo a mi Voluntad a hacerse conocer por las criaturas para hacerla reinar, y las llamaba a ellas en Ella para hacerles conocer el gran bien, la santidad, la felicidad del vivir en el Fiat.  Del desierto pasé a la vida pública, en la que pocos fueron los que me creyeron que Yo era el Mesías, especialmente de los doctos casi ninguno, y Yo quise usar mi Potencia sembrando milagros para formarme el pueblo, a fin de que si no creían en mis palabras creyeran a la potencia de mis milagros, eran mis industrias divinas y amorosas que a cualquier precio quería hacerme conocer que era su Salvador, porque si no me conocían no podían recibir el bien de la Redención, por eso era necesario hacerme conocer para hacer que mi venida sobre la tierra no fuera inútil para ellos.  ¡Oh! cómo mi vida pública simboliza el triunfo del reino de mi Fiat en medio a las criaturas, que con verdades sorprendentes lo haré conocer, y para conseguirlo haré milagros y prodigios, con la Potencia de mi Querer llamaré a vida a los muertos a la gracia, repetiré el milagro de la resurrección de Lázaro, que a pesar que están podridos en el mal, que se han vuelto cadáveres pestilentes como Lázaro, mi Fiat los llamará a vida, hará cesar la peste del pecado, los hará resurgir en el bien, en suma, usaré todas mis industrias divinas para hacer dominar mi Querer en medio a las gentes.  Ve entonces, en cada palabra mía que decía y en cada milagro que hacía, llamaba a mi Voluntad a reinar en medio a ellas, y llamaba a las gentes a vivir en Ella.  De la vida pública pasé a la pasión, símbolo de la Pasión de mi Voluntad que por tantos siglos había sufrido tantas voluntades rebeldes de las criaturas, que con no querer someterse a Ella habían cerrado el Cielo, roto las comunicaciones con su Creador, y se habían convertido en infelices esclavos del enemigo infernal.  Mi Humanidad lacerada, perseguida hasta la muerte, crucificada, representaba la humanidad infeliz sin mi Querer ante la Divina Justicia, y en cada pena llamaba a mi Fiat a darse el beso de paz con las criaturas para hacerlas felices, y las llamaba a ellas en Él para hacer cesar la Pasión dolorosa a mi Voluntad.  Finalmente la muerte, que maduró mi Resurrección, la que llamaba a todas a resurgir en mi Fiat Divino, y ¡oh! cómo simboliza a lo vivo mi Resurrección el reino de mi Voluntad, mi Humanidad llagada, deformada, irreconocible, resurgía sana, de una belleza encantadora, gloriosa y triunfante.  Ella preparaba el triunfo, la gloria a mi Voluntad, llamando a todos en Ella e impetrando que todos resurgieran en mi Querer, de muertos vivos, de feos bellos, de infelices felices.  Mi Humanidad resucitada asegura el reino a mi Voluntad sobre la tierra, fue mi único acto lleno de triunfo y de victoria, y esto me convenía porque no quería partir para el Cielo si primero no daba todas las ayudas a las criaturas para hacerlas entrar en el reino de mi Querer, y toda la gloria, el honor, el triunfo a mi Fiat Supremo para hacerlo dominar y reinar.  Por eso únete Conmigo y haz que no haya acto que hagas, y pena que sufras, que no llames a mi Voluntad a tomar su puesto real y dominante, y como vencedora conquiste a todos para hacerse conocer, amar y querer por todos”.

 

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34-11

Junio 14, 1936

 

Dios y su Voluntad; su Voluntad con la Creación; su Voluntad con

los seres celestiales; su Voluntad en desacuerdo con la humana familia.

 

(1) El Querer Divino con fuerza potente me llama en el mar interminable de su Voluntad, y ¡oh! cómo se está bien en Ella, cuántas sorpresas, cuántas cosas bellas se comprenden, las cuales producen alegrías infinitas, Vidas Divinas, amor que jamás dice basta, pero lo que más felicidad da es ver y sentir que todo es Voluntad Divina, toda la Creación forma un solo acto de Querer Supremo.  Pero mientras mi mente se perdía en Ella, el dulce Jesús haciéndome su breve visita, con un amor indecible me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, tú debes saber que a la cabeza del reino de mi Divina Voluntad está Dios mismo, nuestra Divinidad no hace otra cosa que un acto continuo de nuestra Voluntad, no hacemos jamás la voluntad de ninguno sino siempre la nuestra, la corona de nuestros atributos son dominados por nuestro Fiat, su reino está dentro de Nosotros y se extiende fuera de Nosotros en nuestra Inmensidad, en nuestro Amor, Potencia y Bondad, en todo, así que para Nosotros todo es Voluntad nuestra.

(3) En segundo lugar viene la Creación, cielos, soles, estrellas, vientos, aguas, también el pequeño hilo de hierba, no hacen otra cosa que un acto continuo del Fiat, entre ellas y Nosotros hay un acto de respirar, Nosotros emitimos el respiro de nuestra Voluntad, y la Creación lo recibe, y emitiéndolo nos da el respiro que le habíamos dado, esto es, todos los efectos que ha producido nuestra Voluntad respirada por ella, y se une a nuestro acto único; cuánta gloria y honor no recibimos, cómo viene exaltado nuestro Ser Supremo sólo porque hacemos respirar nuestra Voluntad a toda la Creación, y ella nos regresa el respiro que le habíamos dado, hay tal unidad de Voluntad con toda la Creación, que todo lo que sale y entra forma un solo acto de Voluntad Suprema, y la multiplicidad y diversidad de las cosas que se ven y suceden, no son otra cosa que los efectos que produce el único y solo acto nuestro.  Porque nuestro Fiat no se cambia jamás, ni está sujeto a mutarse, toda su Potencia está en esto, hacer un solo acto para poder producir todos los efectos posibles e imaginables.

(4) En tercer lugar vienen todos los ángeles, santos y bienaventurados de la Patria Celestial, ellos giran en torno a nuestro Ser Supremo y respiran la fuerza, la santidad, el amor, las alegrías infinitas, las felicidades sin número del Querer Divino, forman una sola Vida con Él, esta Vida la sienten dentro como vida propia, la sienten por fuera, en la cual les lleva el océano siempre nuevo de las felicidades divinas, pero uno es el acto que se forma en el Cielo, Voluntad Divina; uno el respiro; una sola cosa se quiere, Voluntad Divina; si jamás sea, en el Cielo pudiera entrar un solo acto, un solo respiro que no fuera Voluntad Divina, la Patria Celestial perdería todo el encanto, lo bello, el atractivo del que está investida, pero esto no puede ser.  Ve entonces que toda la supremacía la tiene mi Fiat; los bienaventurados con solo respirarlo quedan llenos de mares de alegrías y felicidad incomprensible, y mientras emiten el respiro, nuestra Divinidad siente la felicidad que gozan todos los santos, y todos magnificamos nuestro Querer Supremo como principio, fuente, origen de todos los bienes.

(5) En cuarto lugar viene la familia humana, ella gira entorno a Nosotros, pero como su voluntad no es una con la nuestra, no respiran nuestro Querer, que pone el orden, la santidad, la unión, la armonía con su Creador, y por eso quedan esparcidas, desordenadas, y como extraviadas de Nosotros, son seres infelices, la paz, la felicidad, la abundancia de los bienes están alejadas de ellos, y todo el mal viene de que nuestra Voluntad no es la de ellos, no nos respiramos recíprocamente, y esto impide la comunicación de nuestros bienes, la perfecta unión con nuestro Ente Supremo.  Nuestra mano creadora que debía formar su obra maestra y la más bella en cada criatura, es detenida porque falta nuestra Voluntad, no encuentra sus almas que se presten, adaptables para volver factible nuestro arte divino, donde falta nuestro Querer no sabemos qué hacer con aquella criatura.  Esta es la causa por la que suspiramos tanto que reine nuestra Divina Voluntad y forme su Vida en ellas, porque nuestra obra creadora esta impedida, nuestros trabajos suspendidos, la obra de la Creación está incompleta, y para obtener esto, una debe ser la Voluntad del Cielo y de la tierra, una la Vida, uno el amor, uno el respiro, y este es el más grande bien que queremos dar a las criaturas, tenemos que hacer todavía tantas obras bellas, pero el querer humano nos impide el paso, ata nuestros brazos e inmoviliza nuestras manos creadoras.  Por eso quien quiere hacer nuestra Voluntad y vivir en Ella, nos da el trabajo y hacemos de ella lo que queremos.

(6) Ahora, tú debes saber que en cuanto la criatura se decide a vivir de Voluntad Divina, asegura su salvación, su santidad, Nosotros estamos en ella como en nuestra casa, y su voluntad nos sirve como materia en la cual en cada acto suyo pronunciamos el Fiat para formar nuestras obras dignas de Aquél que la habita; hacemos como un rey que se sirve de las piedras, grava, ladrillos y cal para formarse una suntuosa morada real, de dejar atónito a todo el mundo, pobre rey si no tuviera las piedras, los materiales necesarios para formarse la morada real, con todo y que tuviera toda su buena voluntad y monedas para gastar para formarlo, faltando las materias primas quedaría sin palacio.  Así somos Nosotros, si nos falta la voluntad del alma, con toda nuestra Potencia y Voluntad que tenemos, faltándonos la materia no podemos formar en el alma la bella morada digna de ser nuestra habitación, por eso cuando la criatura nos da su voluntad y toma la nuestra, estamos al seguro, encontramos todo a nuestra disposición, cosas pequeñas y cosas grandes, cosas naturales y cosas espirituales, todo es nuestro, y de todo nos servimos para hacer obrar nuestro Fiat Omnipotente.  Y como nuestra Voluntad no sabe estar sin sus obras, hace el llamado de todas sus obras en la morada que con tanto amor se ha formado en la criatura, se rodea de todas las obras de la Creación, cielos, soles, estrellas le hacen homenaje, pone en orden en ella todo lo que Yo hice en la Redención, mi Vida, mi nacimiento, mis lágrimas infantiles, mis penas y oraciones, todo, donde está mi Voluntad nada debe faltar, porque todo de Ella ha salido, por lo que con derecho todo es suyo, y por eso donde Ella reina forma la concentración de todas sus obras.  Y ¡oh! las bellezas, el orden, la armonía, los bienes divinos que se ven en esta criatura, los cielos quedan estupefactos y todos admiran el Amor, la Potencia de la Divina Voluntad, y temblorosos la adoran.  Por eso déjate trabajar por Ella, y Ella hará cosas grandes de hacerte asombrar.

(7) Además de esto, nuestro Amor, nuestra eterna Sabiduría, ha establecido todas las gracias que debemos dar a la criatura, los grados de santidad que debe adquirir, la belleza con que debemos adornarla, el amor con el que nos debe amar, y los mismos actos que ella debe hacer; donde reina nuestro Fiat todo viene realizado, el orden divino está en pleno vigor, ni siquiera una coma es cambiada, nuestro obrar está en plena armonía con las obras de la criatura, y ¡oh! cómo nos deleitamos, y cuando le hemos dado nuestro último amor en el tiempo, y ella ha cumplido el último acto nuestro de Voluntad Divina en su vida mortal, nuestro Amor le dará el vuelo a la patria celestial, y nuestra Voluntad la recibirá en el Cielo como triunfo de su Voluntad obrante y conquistadora, que con tanto amor conquistó sobre la tierra.  Así que su último acto será la desembocadura que hará en el Cielo, para dar principio en nuestra Voluntad felicitante, que no tendrá jamás fin.  En cambio donde no reina nuestro Querer, el orden divino no existe, cuántas obras nuestras rotas y no efectuadas, cuántos vacíos divinos y llenos tal vez de pasiones, de pecados, no hay belleza sino deformidad de dar piedad.  Por eso sé atenta y haz que nuestro Querer reine y viva en ti”.

 

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34-12

Julio 4, 1936

 

Cómo un acto de voluntad humana puede arruinar el orden Divino y

sus obras más bellas.  La primera cosa que Dios quiere es la libertad

absoluta.  La Divina Voluntad formará tantos Jesús donde Ella reina.

 

(1) Mi pobre mente no sabe estar sin girar y volar en el Querer Divino, y mi pobre voluntad humana se siente como bajo la presión de la Divina Voluntad, y pensaba entre mí:  “¡Ah! sí, es bello, se siente la victoria, el triunfo, el dominio, la felicidad, las bellas conquistas del vivir en el Querer Divino, pero el querer humano mientras se siente vivo debe continuamente morir, es verdad que es el más grande honor, el Amor más grande de Dios, el dignarse descender en la voluntad de la criatura y con su Majestad y Potencia obrar, hacer lo que Él quiere, y el humano quedarse en su lugar y sólo puede hacer lo que hace Dios, pero lo suyo todo lo debe abandonar, este es el sacrificio de los sacrificios, especialmente en ciertas circunstancias; ¡oh! cómo es doloroso sentir la vida y tenerla como si no la tuviera, porque el Fiat Divino no tolera que ni siquiera una fibra de querer humano actúe en el suyo”.  Y una multitud de pensamientos ocupaba mi pobre mente, y mi dulce Jesús compadeciendo mi ignorancia y el estado doloroso en que me encontraba, con ternura indecible, poniéndome su mano santísima sobre mi cabeza me ha dicho:

(2) “Hija bendita, ánimo, no te abatas, mi Querer Divino quiere todo, porque sabe que un pequeño acto, un deseo, una fibra de querer humano le arruinaría sus obras más bellas, el orden divino, su santidad quedaría obstaculizada, su amor restringido, su potencia limitada, por eso no tolera que ni siquiera una fibra de querer humano tenga vida; es verdad que es el sacrificio de los sacrificios, ningún otro sacrificio puede igualar el peso, el valor, la intensidad del sacrificio de vivir sin voluntad, tanto que se requiere la Vida perenne, el milagro continuado de mi Querer Divino para poder resistir a este sacrificio, que frente a los otros, éstos se pueden llamar sombras, cuadros pintados, juego de niños que lloran por una insignificancia, porque está el querer humano que en las penas, en los encuentros dolorosos, en las obras, no se siente deshecho, sin vida, sin satisfacciones, por eso los sacrificios se sienten, ¡oh! cuanto más ligeros, pero vacíos de Dios, de santidad, de amor, de luz, de verdadera felicidad, y quizá ni siquiera exentos de pecados, porque el querer humano sin el mío no puede hacer jamás cosas buenas y santas.  Además, si mi Fiat no tuviera virtud de tener consigo al querer humano sin darle vida, más bien encerrar su Vida en él para hacer que no encuentre ni lugar ni tiempo de poder actuar, no podría obrar con aquella ostentación, suntuosidad y pompa divina que Nosotros estamos acostumbrados de hacer en nuestras obras; si en la Creación hubiera estado otra voluntad, nos habría impedido la suntuosidad, la ostentación, la pompa divina que tuvimos en toda la Creación, nos habría podido impedir la extensión del cielo, la multiplicidad de las estrellas, la vastedad de la luz del sol, la variedad de tantas cosas creadas, nos habría puesto un límite.  Por eso nuestro Querer quiere estar solo para hacer lo que sabe y quiere hacer, por eso quiere la voluntad humana consigo, concurrente, espectadora, admiradora de lo que quiere hacer en ella, pero debe estar convencida, si quiere vivir en mi Voluntad, que la suya no puede actuar más y que debe servir para encerrar la mía en la suya, para dejarla hacer con toda libertad sus obras, con toda la suntuosidad, con la magnificencia de la gracia y con la pompa de sus variedades divinas.  La primera cosa que queremos es la libertad absoluta, queremos ser libres hija mía, sea cualquiera el sacrificio que queremos y las obras que queremos hacer, si esto no fuera, el vivir en mi Voluntad será un modo de decir, pero en realidad no existe”.

(3) El querido Jesús ha hecho silencio, y yo pensaba en todo lo que me había dicho y decía entre mí:  “Él tiene razón de que no puede el querer humano actuar ante la Santidad y Potencia de la suya, y por sí mismo se pone en su puesto de nulidad, se requiere de mucho para obrar ante una Voluntad Divina, se siente incapaz y ella misma le rogaría que no le diese la gran desventura de hacerle formar un movimiento, una fibra del propio querer; pero mi cruz, y Tú sabes en que laberinto me has puesto, me siento impedida y humillada hasta el polvo, tenía necesidad y Tú sabes de quién, sin poderme yo misma ayudar, y no un día, un año, ¡oh! cómo es duro, sé que sólo tu Querer me da la fuerza, la gracia, que por mí misma no habría podido resistir”.  Y sentía tal amargura de sentirme morir.  Y mi siempre amable Jesús, compadeciéndome me ha dicho:

(4) “Hija mía, cuando mi Divina Voluntad quiere hacer un acto completo en la criatura, y ¿sabes tú qué significa un acto completo de mi Voluntad?  Significa acto completo de Dios, en el cual encierra Santidad, Belleza, Amor, Potencia y Luz de hacer estremecer Cielos y tierra, Dios mismo se debe sentir raptar, pero tanto, de formar su sede, su trono de gloria en este su acto completo suyo, el cual servirá a Sí mismo y descenderá como benéfico rocío a favor de todas las criaturas.  Por eso para hacer este acto completo, debía disponer sobre ti una nueva cruz, no dada a ningún otro, para madurarte y hacer surgir en ti las disposiciones que se requerían, tú para recibir y Dios para hacer este acto suyo completo de su Voluntad; sin nada no se hace nada, por eso tú para recibir y Nosotros para dar cosas nuevas debíamos disponer cruces nuevas, que unidas al trabajo continuo de nuestro Querer, debía preparar todo para un acto tan grande.  Tú debes saber que mi Fiat no te ha dejado jamás, por eso tú sientes su dulce impresión e imperante sobre cada fibra, movimiento, deseo de tu querer, celoso de ti y de su mismo acto completo que quería hacer, tenía y mantenía su real dominio, pero ¿sabes por qué?  Un dulce y querido secreto, escúchame:  Conforme mi Querer dominaba tu mente, tu mirada, tu palabra, así formaba tu Jesús en tu mente, su mirada en la tuya, su palabra en la tuya; conforme dominaba las fibras, el movimiento, el corazón, así formaba sus fibras, el movimiento, el corazón de tu Jesús en ti; y conforme te dominaba la obras, los pasos, todo tu ser, así formaba sus obras, sus pasos, todo Jesús en ti.  Ahora, si mi Voluntad te hubiera dado la libertad de hacer actuar a la tuya, incluso en las cosas más pequeñas e inocentes, no habría podido formar tu Jesús en ti, y Yo de voluntad humana no puedo ni quiero vivir, ni mi Querer habría tomado el empeño de formarme en el alma si no estuviera seguro que Yo encontrara mi misma Voluntad, de la que estaba animada mi Humanidad; será propiamente esto su reino sobre la tierra, el formar tantos Jesús por cuantas criaturas quieran vivir de Voluntad Divina; con Jesús en las almas su reino tendrá su suntuosidad, sublimidad, su esplendor de cosas inauditas, y estará seguro, y entonces en el reino de mi Fiat Divino tendré tantos Jesús vivientes que me aman, me glorifican y me darán gloria completa.  Por eso suspiro tanto este reino, también tú suspíralo, no te ocupes de otra cosa, déjame hacer, confía en Mí, y Yo pensaré en todo”.

(5) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, la luz, símbolo de mi Querer Divino, la naturaleza de ella es el expandirse cuanto más puede, y se encuentra en todos, no niega a ninguno su luz, la quieran o no la quieran, a lo más puede suceder esto, que quien la quiere utiliza la luz y se sirve de ella también para hacer obras grandes, en cambio quien no la quiere no hace ningún bien, pero no puede negar que ha recibido el bien de la luz.  Tal es mi Voluntad, más que luz se expande por todas partes, inviste a todos y todo, y la señal de que el alma la posee es sentir la necesidad junto con Ella de darse a todos, hacer bien a todos, con sus actos corre a todos y quisiera hacer tantos Jesús para darlo a cada uno.  Mi Voluntad es de todos, soy Jesús de todos, y por eso sólo estoy contento cuando la criatura hace suya mi Voluntad, mi Vida, y me quiere dar a todos, ella es mi alegría y mi fiesta continua”.

 

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34-13

Agosto 23, 1936

 

El pequeño campito asignado a la criatura en la inmensidad

de la Divina Voluntad.  Jesús pone a disposición de las criaturas

su Vida, basta que obtenga que vivan en el Querer Divino.  El

gran prodigio de la creación de la Virgen.

 

(1) Continúo mi abandono en el Fiat, mi pobre mente nada en su mar divino y comprende arcanos celestiales, pero no sé decirlos porque no son palabras de acá abajo; mientras me encuentro en este mar divino miro su inmensidad, no hay ser o cosa que le pueda huir, todos y todo forman la vida y la reciben en el Querer Divino, pero ¿qué cosa puede tomar la criatura de esta inmensidad?  Apenas las gotitas, tanta es su pequeñez; pero mientras toma las gotitas no puede salir de esta inmensidad, se la siente correr dentro y fuera, a derecha e izquierda, por todas partes, no pudiendo por un solo instante desembarazarse de Ella.  ¡Oh! Voluntad Divina, cómo eres admirable, eres toda mía,  me haces crecer en Ti, por todas partes te encuentro, me amas siempre hasta formar la vida de mi vida; pero mientras mi mente se perdía en este mar, mi dulce Jesús, todo bondad ha salido de dentro de este mar, y acercándose a mí me ha dicho:

(2) “Hija de mi Querer, ¿has visto como la inmensidad de mi Fiat es inalcanzable?  Ninguna mente creada, por cuán santa sea puede abrazarla y ver dónde terminan sus confines, todos tienen su lugar en Ella, más bien, cada criatura tiene su pequeño campo en la inmensidad de mi Divina Voluntad, pero ¿quién trabaja este pequeño campo que le ha sido asignado?  Quien vive en Ella, porque viviendo en Ella se hace la primera trabajadora, y Ella tomando en su regazo a la criatura la tiene ocupada, fundida en el trabajo que quiere que haga en el pequeño campito que le ha sido dado en mi Voluntad, y como posee su Fuerza creadora, lo que la criatura podría hacer en un siglo, junto con Ella lo hace en una hora, así que en una hora puede adquirir un siglo de amor, de obras, de sacrificios, de conocimientos divinos, de adoraciones profundas, y después del trabajo llama al alma al reposo para felicitarse y reposarse juntos, y oh, la alegría que sienten viendo lo bello del campito, y para felicitarse de más regresan al trabajo, es un alternarse entre el trabajo y el reposo, porque entre las tantas cualidades que posee mi Divina Voluntad, es movimiento y actitud continua, no está ociosa, antes bien a cada cosa creada ha dado su trabajo continuo para glorificarse y para hacer bien a todos; los ociosos no existen en mi Voluntad, más bien en Ella todo es trabajo, si ama es trabajo, si se ocupa en conocernos es trabajo, si nos adora, si sufre, si ruega, es trabajo, y trabajo divino, no humano, que convirtiéndose en moneditas de infinito valor pueden conseguir cómo volver su campito más grande.  Ahora hija mía, tú debes saber que es mi Voluntad absoluta que la criatura haga mi Voluntad; cómo suspiro verla reinante y obrante en ella, cómo quiero oír decir:  ‘La Voluntad de Dios es la mía, lo que quiere Dios quiero yo, lo que hace Dios hago yo’.  Ahora, siendo mi Voluntad que vive en ella, debía darle los medios, las ayudas necesarias, y por eso mi Humanidad se pone a disposición de la criatura en el pequeño campito de la inmensidad de mi Voluntad asignado a ella, por eso exhibo mi fuerza para sostener su debilidad, mis penas para ayuda de las suyas, mi Amor para esconder el suyo en el mío, mi Santidad para cubrirla, mi Vida como apoyo y sostén de la suya y para servirle de modelo, en suma, mi Divina Voluntad debe encontrar tantos Jesús por cuantas criaturas quieran vivir de mi Voluntad, y entonces Ella no encontrará más obstáculo de parte de ellas, porque Yo las tendré escondidas en Mí y tendrá que hacer más Conmigo que con ellas, y las criaturas encontrarán todas las ayudas necesarias, sobreabundantes, para vivir de mi Voluntad.  Es costumbre de Dios que cuando quiere una cosa, da todo lo que se requiere para hacer que lo que quiere tenga su cumplimiento.  Por eso quisiera que  sepan las criaturas que Yo me pongo a disposición de aquellos que quieren vivir de mi Voluntad, ellos encontrarán mi Vida que suplirá a todo lo que se requiere para hacerlos vivir en el mar de mi Querer Divino, de otra manera su pequeño campito en mi Inmensidad quedará sin trabajo, y por lo tanto sin fruto, sin felicidad y sin alegría, serán como aquellos que viven bajo el sol sin jamás hacer nada, y el sol servirá para quemarlos y para darles una sed ardiente de sentirse morir.  Así que todas las criaturas, por razones de creación se encuentran todas en esta Inmensidad, pero si su voluntad no está con la mía, viven a sus expensas, se sentirán quemar todos los bienes y tendrán la sed de las pasiones, del pecado, de las debilidades, que las atormentarán.  Por eso no hay mal mayor que no vivir de mi Voluntad”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en los actos de la Divina Voluntad en la Creación, y llegando a la Concepción de la Virgen Santísima, mi dulce Jesús me ha detenido y me ha dicho:

(4) “Hija mía, el más grande prodigio de la Creación es la Virgen, el Querer Divino que dominó desde el primer instante de su Concepción su querer humano, y el querer de esta santa criatura que dominó el Fiat Divino, el uno venció al otro, fueron vencedores los dos, y en cuanto el Querer Divino entró como Rey dominante en su querer humano, comenzaron las cadenas de los grandes prodigios divinos en esta excelsa criatura, la fuerza increada se volcó en la fuerza creada, pero tanto, que podía sostener como si fuera una hoja de paja la Creación toda, y todas las cosas creadas sentían la fuerza creada en la fuerza increada que las sostenía y contribuía a su conservación, ¡oh! cómo se sintieron honrados y más felices, de que una fuerza creada corría en todo como su Reina para sostenerlas y conservarlas.  Su fuerza era tanta que imperaba sobre todos, incluso sobre su Creador, era la invencible, que con la fuerza del Fiat Divino vencía a todos y todo, más bien todos se hacían vencer por esta Emperatriz Divina, porque tenía una fuerza potente y raptora que ninguno podía resistirle, los mismos demonios se sentían debilitados y no sabían dónde esconderse de esta fuerza insuperable.  Todo el Ser Supremo se volcó en esta voluntad creada que había sido dominada por la Divina Voluntad, y el amor infinito se volcó en el amor finito y todos y todo se sentían amados por esta Santa Criatura, su amor era tanto, que más que aire se hacía respirar por todos, de modo que esta Reina de amor sentía la necesidad de amar a todos, como Madre y Reina de todos; nuestra belleza la invistió, pero tanto, que poseyó la fuerza, el amor, la bondad, la gracia raptora, que mientras ama se hace amar por todos, aun por las cosas que no poseen razón.  Así que no hubo acto, amor, plegaria, adoración, reparación, que no quedara lleno Cielo y tierra, Ella señoreaba todo, y su amor y todo lo que hacía corría en el cielo, en el sol, en el viento, en todo, y nuestro Ente Supremo se sentía amado, rogado en todas las cosas creadas por esta Santa Criatura, una nueva vida corría en todo, nos amaba por todos y nos hacía amar por todos.  Era la Voluntad increada que había tenido su lugar de honor en la voluntad creada que podía hacernos todo, y darnos la correspondencia porque habíamos puesto a su disposición toda la Creación.  Así que con la Concepción de esta gran Reina comenzó la verdadera Vida de Dios en la criatura, y la vida de ella en Dios, y ¡oh! los intercambios de amor, de fuerza, de belleza, de luz entre uno y otra.  Por eso los prodigios eran continuos y jamás oídos, que se alternaban en Ella, Cielos y tierra estupefactos, los ángeles quedaban raptados ante mi Voluntad Divina obrante en la criatura.  Hija mía, esta gran Señora con vivir en el Querer Divino, se sentía con los hechos Reina de todos y de todo, y también Reina del gran Rey Divino, pero tanto, que fue Ella la que formó la puerta en el Cielo para hacer descender al Verbo Eterno, le preparó el camino y la estancia de su seno donde debía hacer su morada, y en el énfasis de su amor imperante me decía:  ‘Desciende oh Verbo Eterno, encontrarás en Mí tu Cielo, tus alegrías, aquella misma Voluntad que reina en las Tres Divinas Personas’.  Y no sólo esto, sino que formó la puerta y el camino para hacer subir a las almas a la Patria Celestial, y sólo porque esta Virgen vivió en la tierra de Voluntad Divina como se vive en el Cielo, pudieron los bienaventurados entrar en las regiones celestiales y gozar sus delicias, porque esta Madre Celestial los tiene cubiertos, envueltos, y como escondidos en su gloria y en todos los actos que hizo en la Voluntad Divina, así que los bienaventurados sienten en sus alegrías el amor, las obras, la potencia de esta Madre y Reina, que los hace felices.  ¿Qué cosa no puede hacer mi Voluntad?  Todos los bienes posibles e imaginables, y en la criatura donde Ella reina le da tal poder, que llega a decir:  ‘Haz lo que quieras, manda, toma, da, Yo no te negaré jamás nada, tu fuerza es irresistible, tu potencia me debilita, por eso pongo todo en tus manos, para que hagas de Dueña y de Reina’.  Ahora, tú debes saber que esta Santa Criatura desde su Concepción sentía el latido de mi Fiat en el suyo, y en cada latido me amaba, y la Divinidad la amaba con amor duplicado en cada latido suyo; en su respiro sentía el respiro del Querer Divino, y nos amaba en cada respiro, y Nosotros la correspondíamos con nuestro amor duplicado en cada respiro suyo; sentía el movimiento del Fiat en sus manos, en su paso, en sus pies, en todo su ser sentía la Vida del Querer Divino y lo que hacía, y en todo nos amaba por sí y por todos, y Nosotros la amábamos siempre, siempre, a cada instante corría nuestro Amor como rápido torrente, por eso nos tenía siempre atentos y en fiesta, para recibir su amor y dar el nuestro, tanto que llegó a cubrir todos los pecados y a las mismas criaturas de nuestro Amor.  Por eso nuestra Justicia quedó desarmada por esta invencible amante, y podemos decir que hizo del Ente Supremo lo que quiso.  ¡Oh! cómo quisiera que todos comprendieran qué significa vivir en el Querer Divino, para volver a todos felices y santos”.

 

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34-14

Noviembre 3, 1936

 

Reflejos entre el Creador y la criatura.  Inseparabilidad entre ambos.  Dios

a cada instante pide a la criatura que reciba la Vida de su Voluntad.  Quien se

decide a vivir de Ella, Dios cubre todo lo que ha hecho con su Voluntad Divina.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos del Querer Divino, siento su Potencia creadora dentro y fuera de mí, que no dándome tiempo a ninguna otra cosa, no quiero, no pido otra cosa para mí y para todos, sino que venga a reinar la Divina Voluntad sobre la tierra.  Dios mío, qué fuerza magnética posee, que mientras se da todo, inviste por todas partes, pero al mismo tiempo toma todo lo que pertenece a la pequeñez de la pobre criatura.  Mientras mi mente estaba inmersa en la multitud de tantos pensamientos respecto al Fiat Divino, mi siempre amable Jesús, visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, nuestro amor infinito es siempre excesivo y llega a lo increíble, basta decirte que es tanto, que no hacemos otra cosa que reflejar continuamente en la criatura, ella vive bajo nuestros continuos reflejos:  Si nos movemos, nuestro movimiento incesante refleja en ella para darle vida; nuestro amor refleja en ella para decirle continuamente ‘te amo’; nuestra potencia refleja en ella para sostenerla; en suma, nuestra sabiduría refleja y la dirige, nuestra luz refleja y la ilumina, nuestra bondad refleja y la compadece, nuestra belleza refleja y la embellece, nuestro Ser Supremo se vuelca sin cesar jamás sobre la criatura; pero esto no es todo, así como Nosotros reflejamos en ella, así ella refleja en Nosotros, así que si piensa sentimos el reflejo de sus pensamientos, si habla refleja en Nosotros su palabra, sentimos el reflejo de su latido hasta en nuestro seno, el movimiento de sus obras, el pisar de sus pasos; hay tal inseparabilidad entre el Ser Divino y el humano, que continuamente el uno se vierte en el otro; es tanto nuestro amor, que nos ponemos en condiciones como si no pudiéramos estar sin la criatura.  Pero esto no es nada todavía, si nuestro amor no da en excesos, no se contenta; ahora, sabiendo que si la criatura no posee la Vida de nuestro Querer Divino hay gran diferencia entre sus reflejos y los nuestros, poniéndose Él en actitud de amor suplicante, en cuanto la criatura piensa le ruega que haga reinar nuestra Voluntad en su mente, si habla le suplica que la haga reinar en sus palabras, si late, obra y camina, le suplica que haga reinar en todo a mi Divina Voluntad, en suma, en cada cosa que hace tiene un gemido, un suspiro, una oración, que envolviéndola continuamente le dice:  ‘Recibe mi Fiat, hazte investir por mi Fiat, ¡ah! posee mi Fiat, hazme ver en ti la Vida de mi Fiat reinante, dominante y festivo, te ruego que no me niegues tu querer, y Yo te daré el mío’.  Y si lo obtiene, como si hubiera obtenido la cosa más preciosa, lo encierra en su amor, lo vela con su luz, y da principio a su fiesta perenne en la criatura, cambia sus gemidos y suspiros en alegrías, y poniéndose en guardia, como triunfadora escucha en ella las notas de su amor, que en ambas partes le dice:  ‘Nos amamos con un solo amor, tenemos y hacemos la misma Vida, tu Fiat es tuyo y mío’.  Así que surge en ella la armonía, el orden de su Creador.  Nuestra Voluntad, nuestro amor ha obtenido su propósito, no le queda otra cosa que gozarse a su amada criatura.  Por eso hija mía, nos importa tanto el dar nuestra Voluntad como vida, que es nuestro largo suspiro de todos los siglos, más bien nuestro suspiro eterno, que anhelábamos a la criatura con el portento de nuestra Vida en ella, sentíamos la alegría, la felicidad de tantas vidas nuestras bilocadas, multiplicadas y formadas en ellas.  De otra manera no habría sido gran cosa la Creación, y si tantas cosas creamos y sacamos a la luz del día, fue porque debían servir al portento de los portentos de formar en virtud de nuestro Fiat nuestra Vida en la criatura, y si esto no fuera, habría sido para Nosotros como si nada hubiéramos hecho.  Por eso contenta a tu Jesús, da paz a mi amor que da siempre en delirio, y unificándote Conmigo, suspira, ruega, pide que mi Voluntad reine en ti y en todos”.

(3) Y mientras decía esto tomaba un velo de luz y me cubría toda, y yo no sabía salir de dentro de él.  Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y ¡oh! cuántas dulces y queridas sorpresas pasaban por mi mente, ¡oh! si supiera decirlas con palabras dejaría sorprendido a todo el mundo, y todos amarían el poseer la Divina Voluntad, pero ¡ay de mí! el lenguaje del Cielo no se adapta al lenguaje de la tierra, y por eso estoy obligada a seguir adelante, y mi amado Jesús regresando a su pequeña y pobre hija ignorante, con un amor indecible me ha dicho:

(4) “Hija de mi Querer, escúchame, préstame atención, quiero decirte el acto más bello, más tierno, y de amor intenso de mi Fiat; tú debes saber que todos los actos, pensamientos, palabras, pasados, presentes y futuros, están todos presentes ante el Ente Supremo, así que la criatura no existía aún en el tiempo, y sus actos brillaban ante Nosotros, y ¿por qué esto?  Porque el acto primero de la criatura lo hace mi Fiat, no hay pensamiento, palabra, obra, que mi Fiat no inicie.  Se puede decir que primero está formada en Dios con todos sus actos, y después la sacamos a la luz del día.  Ahora, la criatura con hacer su voluntad se separa de los actos divinos, pero no puede destruir que la vida de sus actos haya tenido por principio el Fiat, todos eran propiedad suya, pero que tomando sobre ella los derechos ha cambiado en humanos los actos divinos, pero si el hombre desconoce quién ha dado la vida a sus actos, mi Querer no desconoce sus actos.  Así que escucha el exceso más grande del Amor de mi Querer:  En cuanto la criatura se decide con firmeza inmutable a querer vivir de mi Voluntad, haciéndola reinar y dominar en ella, nuestra Bondad infinita es tanta, nuestro Amor que no sabe resistir a una decisión verdadera de la criatura, mucho más que no quiere ver actos disímiles de los nuestros en ella, escucha qué hace, cubre todo lo que ha hecho hasta entonces con mi Voluntad, los modela, los transforma en su luz, de modo que ve que con el prodigio de su Amor transformante todo es Voluntad suya en la criatura, y con Amor todo Divino continúa formando su Vida y sus actos en la criatura.  ¿No es esto un amor excesivo y asombroso de mi Querer, y al mismo tiempo, para hacer decidir a todos, incluso a los más ingratos a hacer vivir mi Voluntad en ellos, conociendo que quiere poner todo a un lado y cubrir y suplir a lo que falta de mi Voluntad en ellos?  Esto dice también absolutamente que nuestra Voluntad quiere reinar en medio a las criaturas, que no quiere poner atención a nada, ni a lo que les falta, queriéndoles dar no como paga que va buscando si lo merece o no, sino como don gratuito de nuestra gran liberalidad, y como cumplimiento de nuestra misma Voluntad.  Y el cumplir nuestra Voluntad, para Nosotros es todo”.

 

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34-15

Diciembre 8, 1936

 

La Reina del Cielo en su Concepción, fue concebida en los

méritos, en la Vida, en el amor y penas del futuro Redentor,

para después poder concebir al Divino Verbo en Ella

para venir a salvar a las criaturas.

 

(1) Mi pobre mente sumergiéndose en el Fiat Divino encontraba en acto la Concepción de la Reina Inmaculada.  Todo era fiesta y llamaba a todos en torno a Sí, ángeles, santos, para hacerles ver el prodigio inaudito, las gracias, el amor con el cual llamaba de la nada a esta excelsa Criatura, para que todos la conocieran y alabaran como su Reina y Madre de todos.  Pero mientras yo quedaba sorprendida, y habría quedado ahí quién sabe cuánto si mi dulce Jesús no me hubiera llamado diciéndome:

(2) “Quiero honrar a mi Madre Celestial, quiero narrar la historia de su Inmaculada Concepción, sólo Yo puedo hablar de ésta, porque soy el autor de tan gran prodigio.  Ahora hija mía, el primer acto de esta Concepción fue un Fiat nuestro, pronunciado con tal solemnidad y con tal plenitud de gracias, que encierra a todo y a todos, todo concentramos en esta Concepción de la Virgen; en nuestro Fiat Divino, en el cual no existe pasado ni futuro, tuvo presente la Encarnación del Verbo, y la hizo concebir y encarnar en mi misma Encarnación, futuro Redentor; mi sangre, que estaba en acto como si la estuviera esparciendo, la regaba, la embellecía, la confirmaba, la fortalecía continuamente en modo divino.  Pero no bastaba a mi Amor, todos sus actos, palabras y pasos, primero eran concebidos en los actos, palabras y pasos míos, y después tenían la vida.  Mi Humanidad era el refugio, el escondite, la incorporación de esta Celestial Criatura, así que si nos amaba, su amor era encarnado y concebido en mi Amor, y ¡oh! conforme nos amaba, su amor encerraba todo y a todos, puedo decir que amaba como sabe amar un Dios, tenía nuestras mismas locuras de amor por Nosotros y por todas las criaturas, y que amando una vez, ama, ama siempre sin jamás cesar; su oración era concebida en mi oración, y por eso tenía un valor inmenso, una potencia sobre nuestro Ser Supremo, y ¿quién podía negarle nada?  Sus penas, sus dolores, sus martirios, que fueron tantos, primero fueron concebidos en mi Humanidad, y después sentía en sí la vida de las penas y de los martirios desgarradores, todos animados por una Fuerza divina.  Entonces se puede decir que se concibió en Mí, de Mí salió su vida, todo lo que Yo hice y sufrí se alineó en torno  a esta Santa Criatura para cortejarla y volcarme continuamente sobre de Ella y poderle decir:  ‘Eres la Vida de mi Vida, eres toda bella, eres la primera redimida, mi Fiat Divino te ha modelado, te ha dado el aliento y te ha hecho concebir en mis obras, en mi misma Humanidad’.

(3) Ahora hija mía, este concebir en el Verbo Encarnado a esta Celestial Criatura, fue hecho por Nosotros con suma Sabiduría, con Potencia inalcanzable, con Amor inagotable, y con el decoro que conviene a nuestras obras.  Debiendo Yo, Verbo del Padre, descender del Cielo para encarnarme en el seno de una Virgen, no era suficiente a la Santidad de mi Divinidad la sola virginidad y haberla exentado de la mancha de origen, por eso fue necesario a nuestro Amor y a nuestra Santidad, que esta Virgen primero fuera concebida en Mí con todas las prerrogativas, virtudes y bellezas que debía poseer la Vida del Verbo Encarnado, y por eso después pude concebirme en quien había sido concebida en Mí, y encontré en Ella mi Cielo, la Santidad de mi Vida, mi misma sangre que la había generado y derramado tantas veces, encontré mi misma Voluntad, que comunicándole la Fecundidad Divina formó la Vida a su Hijo e Hijo de Dios.  Mi Fiat Divino para hacerla digna de poderme concebir, la tuvo investida y bajo su imperio continuo que posee todos los actos como si fuera un solo acto para darle todo, llamaba en acto mis méritos previstos, toda mi Vida y la vertía continuamente dentro de su bella alma.  Por eso sólo Yo puedo decir la verdadera historia de la Inmaculada Concepción, y de toda su vida, porque la concebí en Mí y estoy al día de todo, y si la Santa Iglesia habla de la Celestial Reina, pueden decir sólo las primeras letras del alfabeto de su santidad, grandeza y dones con los que fue enriquecida.  Si tú supieras el contento que siento cuando hablo de mi Madre Celestial, quién sabe cuantas preguntas me harías para darme la alegría de hacerme hablar de quien tanto amo, y me ha amado”.

 

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34-16

Diciembre 20, 1936

 

El Fiat Divino hizo concebir a la Virgen en cada criatura, a fin

de que todos tuvieran una Madre toda suya.  Dote que Dios dio

a la Virgen.  Triunfos y victorias de Dios, victorias y triunfos

de la Virgen, de los que son dotadas todas las criaturas.

 

(1) Mi Sumo Bien Jesús me tiene como inmersa en el gran prodigio de la Soberana Reina, y parece que tiene la voluntad de querer decir lo que Dios obró en esta gran Señora, y poniéndose en actitud de fiesta y con alegría indecible me dice:

(2) “Escúchame, – luego sigue el mismo argumento de lo que está escrito antes hija mía bendita, los prodigios son inauditos, las sorpresas que te narraré harán asombrar a todos, siento la necesidad de amor de hacer conocer qué cosa hemos hecho con esta Madre Celestial y el gran bien que han recibido todas las generaciones.  Tú debes saber que en el acto de concebir a esta Virgen Santa, nuestra Voluntad Divina que posee todo y con su inmensidad abraza todo y posee la omnividencia de todos los seres posibles e imaginables, y con su virtud toda propia, que cuando obra hace siempre obras universales, por eso cuando la concibió, con su Virtud creadora llamó a todas las criaturas a concebir en el corazón de esta Virgen; pero no bastó a nuestro amor, dando en los excesos más increíbles hizo Concebir a esta Virgen en cada criatura, a fin de que cada una tuviera una Madre para sí, toda suya, sintiesen su Maternidad en el fondo de sus almas, su amor, que más que hijos, que mientras los tiene concebidos en sí, bilocándose se concibe en cada criatura para ponerse a disposición de ellos, para crecerlos, guiarlos, librarlos de los peligros, y con su potencia materna ponerles en la boca la leche de su amor y el alimento con el cual se nutre Ella misma, el cual es el Fiat Divino.  Nuestra Voluntad teniendo Vida libre en Ella, su dominio total, con su potencia mientras llamaba a todos en esta Celestial Criatura, para tener la alegría de ver a todos encerrados en Ella, para oírse decir:  ‘Están ya todos mis hijos y tuyos en Mí, por eso te amo, te amo por todos’.  Después la bilocaba en todos y en cada uno para sentir en cada alma el amor de esta Hija nuestra, toda bella y toda amor; podemos decir:  ‘No hay criatura en la que Ella no tome el empeño de amarnos’.  Nuestro Fiat la elevó tanto, de darle todo, desde el primer instante de su vida la constituimos Reina de nuestro Fiat, Reina de nuestro amor, y cuando nos amaba se sentía en su amor su Maternidad, y armonizaba el amor de todas las criaturas, y ¡oh! cómo era bella porque formaba de todo un solo amor, cómo nos hería, nos felicitaba hasta sentirnos desfallecer, su amor nos desarmaba, nos hacía ver todas las cosas, cielo, sol, tierra, mares y criaturas, cubiertos y escondidos en su amor.  ¡Oh! cómo era bello verla, oírla que hacía de Madre en cada criatura, y formando en ellas su mar de amor mandaba sus notas, sus flechas, sus dardos amorosos a su Creador.  Y haciéndola de verdadera Madre se las llevaba ante nuestro trono en el mar de su amor para hacérnoslas ver, para volvernos propicios, y con la Fuerza de nuestro Querer Divino se imponía sobre Nosotros, nos las ponía en los brazos, nos las hacía acariciar, besar, y nos hacía dar gracias sorprendentes; cuántas santidades fueron formadas e impetradas por esta Madre Celestial, y para estar segura quedaba en guardia su amor.

(3) Además de esto, tú debes saber que desde el primer instante de la vida de esta Celestial Criatura, fue tanto nuestro amor, que la dotamos de todas nuestras cualidades Divinas, así que tenía por dote nuestra potencia, sabiduría, amor, bondad, luz, belleza, y todo el resto de nuestras cualidades Divinas.  Ahora, a todas las criaturas al sacarlas a la luz del día les damos la dote, ninguna nace si no está dotada por su Creador, pero conforme se apartan de nuestra Voluntad, se puede decir que ni siquiera la conocen.  En cambio esta Virgen Santa no se apartó jamás, hizo vida perenne en los mares interminables de nuestro Fiat, por eso crecía junto con nuestros atributos, y conforme formaba sus actos en nuestras cualidades divinas, así formaba mares de potencia, de sabiduría, de luz y demás.  Podemos decir que viviendo con nuestra ciencia le dábamos continuas lecciones de quién era su Creador, crecía en nuestros conocimientos, y supo tanto del Ente Supremo, que ningún ángel y santo pudo igualarla, más bien todos son ignorantes ante ella, porque ninguno creció e hizo vida junto con Nosotros.  Ella entró en nuestros secretos divinos, en los más íntimos rincones de nuestro Ser Divino sin principio ni fin, en nuestras alegrías y bienaventuranzas imperecederas, y con nuestra potencia que tenía en su poder nos dominaba y señoreaba y Nosotros la hacíamos hacer, más bien gozábamos de su señorío, y para hacerla más feliz le dábamos nuestros castos abrazos, nuestras sonrisas de amor, nuestras condescendencias diciéndole:  ‘Haz lo que tú quieras”.

(4) Nuestro Querer, es tanto el amor hacia las criaturas y su gran deseo de hacerlas vivir en Él, que si lo obtiene las pone en un abismo de gracias, de amor, hasta ahogarlas, y la pequeñez humana está obligada a decir:  ‘Basta, ya estoy ahogada, me siento devorar por tu mismo amor, no puedo más’.  Ahora, tú debes saber que nuestro amor no se contenta, jamás dice basta, mientras más da más quiere dar, y cuando damos es nuestra fiesta, ponemos la mesa a quien nos ama y la apresuramos a quedar con Nosotros para hacer vida juntos.  Ahora hija mía, escucha otro prodigio de nuestro Fiat en esta Celestial Criatura, y cómo Ella nos amaba e hizo extensible su maternidad a todas las criaturas:  En cada acto que hacía, si amaba, rogaba, adoraba, si sufría, todo, incluso el respiro, el latido, el paso, estando nuestro Fiat, nuestro Ser Supremo, eran triunfos y victorias que hacía en los actos de la Virgen, la Celestial Señora triunfaba y vencía en Dios en cada instante de su vida admirable y prodigiosa, eran triunfos y victorias entre Dios y la Virgen; pero esto es nada, haciéndole de verdadera Madre llamaba a todos sus hijos, y cubría y escondía todos sus actos en los suyos y los cubría con sus triunfos y con sus victorias, dándoles como dote todos sus actos con todas sus victorias y sus triunfos.  Y además, con una ternura y amor de partir los corazones y sentirnos vencidos nos decía:  ‘Majestad adorable, míralos, son todos mis hijos, mis victorias y triunfos son de mis hijos, son mis conquistas que dono a ellos, y si ha vencido y triunfado la Mamá, han vencido y triunfado los hijos’.  Y tantos triunfos y victorias hizo en Dios, por cuantos actos habrían hecho todas las criaturas, a fin de que todos pudieran decir:  ‘Estoy dotado de los actos de mi Mamá Reina, y por sello me los ha investido con sus triunfos y victorias que hizo con su Creador’.  Así que quien quiere hacerse santo encuentra la dote de su Madre Celestial y sus triunfos y victorias para llegar a la santidad más grande, el débil encuentra la fuerza de la santidad de su Mamá y sus triunfos para ser fuerte, el afligido, el que sufre, encuentra la dote de las penas de su Madre Celestial para obtener el triunfo, la victoria de la resignación, el pecador encuentra la victoria y el triunfo del perdón, en suma, todos encuentran en esta Soberana Reina la dote, el sostén, la ayuda al estado en que se encuentran.  Y ¡oh! cómo es bello, es la escena más conmovedora, raptora y encantadora, ver a esta Madre Celestial en cada criatura que hace de Mamá, la sentimos que ama y ruega en sus hijos.  Este es el prodigio más grande entre el Cielo y la tierra, bien más grande no podíamos dar a las criaturas.

(5) Ahora hija mía, debo decirte un dolor de la Madre Celestial a tanto amor suyo, las ingratitud de las criaturas, esta dote que con tantos sacrificios, hasta el heroísmo de sacrificar la Vida de su Hijo Dios, con tantas penas atroces, quién no la conoce, quién apenas toma un ligero interés y hacen vida pobre de santidad, y ¡oh! cómo sufre al ver a sus hijos pobres; poseer inmensas riquezas de amor, de gracia, de santidad, porque no son riquezas materiales, sino las riquezas de esta Madre Celestial son riquezas que ha puesto su vida para adquirirlas, y no verlas poseer por sus hijos, y tenerlas sin la finalidad por la que las ha adquirido, es un dolor continuo, y por eso quiere hacer conocer este gran bien a todos, porque si no se conoce no se puede poseer.  Y como estas dotes las adquirió en virtud del Fiat Divino que reinaba en Ella, que la amaba tanto que la hacía hacer lo que quería y por donde quisiera llegar para bien de las criaturas.  Por eso será mi Querer Divino reinante que las pondrá al día de estas dotes celestiales y las hará tomar posesión.  Por eso ruega que sea conocido y querido por las criaturas un bien tan grande”.

 

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34-17

Diciembre 24, 1936

 

La Madre Celestial y Divina, y la Madre humana.  Carrera veloz

del amor de Dios, en la cual hace generar de esta Madre en

virtud del Fiat a su Jesús en cada criatura.

 

(1) Sigue el mismo argumento sobre la Virgen Santísima.  Una luz que desciende del seno del Eterno inviste mi pobre mente, pero es una luz parlante que dice tantas cosas de la Soberana Celestial, que yo no sé cómo hacer para decirlas todas.  Pero mi amado Jesús con su acostumbrada bondad me dice:

(2) “Ánimo hija mía, Yo te ayudaré, te suministraré las palabras, siento la irresistible necesidad de hacer conocer quién es mi Madre, las dotes, los privilegios, y el gran bien que hace y que puede hacer a todas las generaciones.  Por eso escúchame y te diré cosas jamás pensadas ni por ti, ni por otros, de modo de estremecer a los más incrédulos, ingratos y pecadores, y hacerte conocer hasta dónde llega nuestro amor.  Entonces, nuestro amor no se daba paz, corría, corría, pero con una rapidez tal, que comprometía todo nuestro Ser Divino a dar en tales excesos, de dejar atónitos Cielo y tierra, de hacer exclamar a todos:  ‘¿Será posible que un Dios haya amado tanto a las criaturas?’  Ahora escucha hija mía qué hace nuestro gran amor:  Las criaturas tenían un Padre Celestial, pero nuestro amor no estaba contento, y en su delirio y locura de amor quiso formarles una Madre Celestial y una Madre terrena, a fin de que si no le fueran suficientes las premuras, el amor, la ternura de la Paternidad Celestial para amarlo, el amor, las ternuras indecibles de esta Madre Celestial y humana habrían sido el anillo de conjunción, que habiendo desterrado toda distancia, miedos y temores, se habrían abandonado en sus brazos para hacerse vencer por su amor, para amar a Aquél que la había formado por amor suyo y para hacerse amar, por eso eran necesarios portentos estrepitosos y un amor que jamás dice basta, y que sólo un Dios puede tener; ahora escucha qué hace para conseguir el intento, llamamos de la nada a esta Santa Criatura y sirviéndonos del mismo germen de las generaciones humanas, pero purificado, le dimos la vida; desde el primer instante de esta vida se unió la virtud celestial de nuestro Fiat Divino y formó junto Vida Divina y vida humana, el cual la crecía divinamente y humanamente, y participándole la fecundidad divina formaba en Ella el gran prodigio de poder concebir un hombre y un Dios; con el germen humano pudo formar la Humanidad al Verbo encarnado, y con el germen del Fiat pudo concebir al Verbo Divino.  Con esto la distancia cesaba entre Dios y el hombre, esta Virgen con ser humana y Celestial acercaba al hombre y a Dios, y daba el hermano a todos sus hijos para que todos pudieran acercársele, hacer vida juntos y mirando en Él y en Ella las mismas facciones, investidas por la misma naturaleza humana, habrían tenido tal confianza y amor de hacerse conquistar, y amar a quien tanto la amaba; ¿cuánto amor no cosecha una buena madre de sus propios hijos?  Mucho más que era poderosa, rica, y habría puesto la vida para poner a salvo a sus propios hijos, y ¿qué cosa no ha hecho para volverlos felices y santos?  Así que la Humanidad del Verbo y la Madre Celestial y humana son como garantías para ganarse el amor de todos y decirles con todo amor:  ‘No teman, vengan a Nosotros, nos semejamos en todo, vengan y todo les daremos, mis brazos estarán siempre listos para abrazaros y para defenderos, os encerraré en mi corazón para daros todo, basta deciros que soy Madre y que es tanto mi amor, que os tengo concebidos en mi corazón’.

(3) Pero todo esto no es nada todavía, Yo era Dios, debía obrar como Dios, nuestro amor corría, corría, e iba inventando otros encuentros más excesivos de amor, tú misma quedarás sorprendida al oírlos, y cuando las humanas generaciones los oigan, nos amarán tanto, de correspondernos en gran parte de la gran carrera de nuestro amor.  Ahora ponme atención y agradéceme hija mía bendita de lo que estoy por decir:  A nuestro amor no le bastó, como dije antes, que en virtud de nuestro Fiat todos fueran concebidos en el corazón de esta Virgen para tener la verdadera Maternidad no con palabras sino con hechos, y Ella fue concebida en cada una de las criaturas para que cada una tuviera una Madre toda suya, y tener el pleno derecho y la posesión que todos fueran hijos suyos, ahora nuestro amor pasó a otro exceso.  Por tanto debes primero saber que esta Celestial Reina poseyendo toda la plenitud de nuestro Fiat Divino, el que posee por naturaleza suya la virtud generativa y bilocadora, Ella junto con el Fiat Divino puede generar y bilocar cuantas veces quiere a su Hijo Dios, entonces nuestro amor se impone sobre esta Celestial Criatura, y dando en delirio, con la virtud de mi Fiat que poseía, le da la potencia de hacer generar a su Jesús en cada criatura, lo hace nacer, lo hace crecer, le hace todo lo que conviene para formar la Vida de su querido Hijo, suple a lo que no le hace la criatura:  Si llora le enjuga las lágrimas, si tiene frío lo calienta, si sufre, sufre junto, y mientras hace de Madre y crece a su Hijo, hace de Madre y crece a la criatura, así que se puede decir que los crece juntos, los ama con un solo amor, los guía, los nutre, los viste, y con sus brazos maternos forma dos alas de luz, y cubriéndolos los esconde en su corazón, para darles el más bello reposo.  Por lo que no bastó a nuestro Amor que el Verbo se encarnara para generar un solo Jesús para todos, y dar una sola Madre a todas las generaciones humanas, no, no, no habría sido excesivo nuestro Amor, su carrera era tan veloz, que no encontró quién le pusiera un basta, y sólo se aquietó de algún modo cuando con su Potencia generó a esta Madre en cada alma, e hizo generar a su Jesús, a fin de que cada uno tuviera Madre e Hijo a su disposición.  ¡Oh! cómo es bello ver a esta Madre Celestial, toda amor y toda atenta en cada criatura para generar a su Jesús, para formar un portento de amor y de gracia, y  este es el honor y la gloria más grande que su Creador le ha dado, y el amor más fuerte que Dios podía dar a las criaturas.  No hay de qué maravillarse, nuestro Fiat todo puede y puede llegar a todos lados, todo está en que lo quiera, si lo quiere ya está hecho.  Más bien la maravilla está en conocer a cuáles excesos nos ha llevado el amor hacia el hombre”.

 

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34-18

Diciembre 28, 1936

 

La Celestial Heredera llama a sus hijos a heredar sus

bienes.  Cómo llega a dotar a las almas con su amor

materno para formar otras mamás a Jesús.

 

(1) Sigue el mismo argumento.  Estaba pensando en lo que está escrito arriba y decía entre mí:  “¿Será posible toda esta cadena excesiva de amor que parece que no termina jamás?  Sé que Nuestro Señor todo puede, pero llegar a tanto, hasta hacer descender de la altura de su Santidad a esta Madre Celestial en el fondo de nuestra almas, y hacernos crecer como una de sus hijas ternísimas, y no sólo eso, sino generar a su Hijo Jesús y hacernos crecer juntos, llega a lo increíble”.  Y si bien  me sentía romper el corazón por amor y alegría, mucho más que me la sentía en mí, cubierta por su luz, que con un amor indecible me hacía crecer como hija suya, y junto conmigo crecía su querido Hijo; también sentía el deseo de no decirlo ni escribirlo, incluso para no suscitar dificultades y dudas, pero mi amado Jesús tomando un aspecto imponente, de no poderlo resistir, me ha dicho:

(2) “Hija mía, quiero que escribas lo que te he dicho, en lo que te he dicho hay mares de amor, con los cuales serán investidas las criaturas, y no quiero ser sofocado, por eso si no  escribes Yo me retiro; ¿has olvidado que debo vencer al hombre por vía de amor, pero amor que le resultará difícil de resistirnos?”

(3) Yo rápidamente he dicho Fiat, y mi amado Jesús tomando su acostumbrado aspecto dulce y amable, con un amor que me sentía romper el corazón ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, no hay nada que dudar, mi Ser es todo amor, y cuando parece que he llegado a tales excesos de amor de no poder mostrar otros excesos de amor, como si comenzara de nuevo invento otros nuevos excesos de amor, otros inventos, de sobrepasar, ¡oh! mucho los otros excesos.  Ahora escucha hija mía y te convencerás de lo que te he dicho:  Adán con pecar heredó todos los males a las generaciones humanas, y habiendo salido de la bella heredad de la Divina Voluntad en la cual vivía en la opulencia, lujo y suntuosidad de los bienes de su Creador, perdió el derecho de nuestros bienes, y con él todos sus descendientes.  Pero estos bienes no fueron destruidos, existen y existirán, y cuando un bien no es destruido, hay siempre la certeza que vendrán quienes tendrán el bien de poseerlos.  Ahora, la gran Reina dio principio a su vida en la heredad de esta Divina Voluntad, es más, con tal abundancia que se sentía ahogada en los bienes de su Creador, pero tanto, que puede volver felices y ricas a todas las otras criaturas.  Ahora, en esta heredad del Fiat, heredó la fecundidad, la maternidad humana y divina, heredó el Verbo del Padre Celestial, heredó todas las generaciones humanas, y éstas heredaron todos los bienes de esta Madre Celestial.  Así que, como sus herederos y como Madre tiene el derecho de generar en su materno corazón a sus hijos, pero no bastó a nuestro Amor ni al suyo, quiso generar en cada criatura, y como era heredera del Verbo Divino, tiene el poder de hacerlo generar en cada una de ellas.  ¿Cómo?  Si se pueden heredar los males, las pasiones, las debilidades, ¿por qué no se pueden heredar los bienes?  Por esto la Celestial Heredera quiere hacer conocer la herencia que quiere dar a sus hijos, quiere dar su maternidad a las criaturas a fin de que mientras lo genera, le hagan de mamás y lo amen como Ella lo amó, quiere formar tantas mamás a su Jesús para ponerlo al seguro, y a fin de que ninguno más lo ofenda.  Porque el amor de Madre es bien diverso de los otros amores, es un amor que arde siempre, y un amor que pone la vida por su querido Hijo.  Mira, quiere dotar a las criaturas con su amor materno y hacerlas herederas de su mismo Hijo.  ¡Oh! cómo se sentirá honrada al ver que las criaturas aman a su Jesús con su amor de Madre.  Tú debes saber que es tanto su amor hacia Mí y hacia las criaturas, que se siente ahogada, y no pudiendo contenerlo más, me ha rogado que te manifieste lo que te he dicho, su gran herencia, que espera a sus herederos, y lo que puede hacer por ellos, diciéndome:  ‘Hijo mío, no esperes más, hazlo pronto, manifiesta mi gran herencia y lo que puedo hacer por ellos, me siento más honrada, más glorificada con que Tú digas lo que puede hacer tu Mamá, que si lo dijera Yo misma.  Pero todo esto tendrá su pleno efecto, su vida palpitante de esta Soberana Señora, cuando mi Voluntad sea conocida y las criaturas en la heredad de la Madre, ellas tomarán la posesión”.

(5) Después de esto, mi dulce Jesús me ha dado un beso diciéndome:

(6) “En el beso se comunica el aliento, y por eso he querido besarte, para comunicar con mi aliento omnipotente la certeza de los bienes, y el gran prodigio que hará mi Madre a las generaciones humanas, mi beso es la confirmación de lo que quiero hacer”.

(7) Yo he quedado sorprendida, y ha agregado:

(8) “Y tú dame tu beso para recibir el depósito de todos estos bienes y reconfirmar tu voluntad en la mía.  Si no hay quién da y quién recibe, un bien no se puede ni formar ni poseer”.

 

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34-19

Enero 1, 1937

 

La fiesta que preparó la Reina del Cielo a su Hijo Jesús en

su nacimiento.  Cómo el amor es imán, transforma y embellece.

 

(1) Estaba pensando en la Encarnación del Verbo y en los excesos de amor de la Divinidad, que parecían mares que envolviendo a todas las criaturas querían hacer sentir cuánto las amaban, para ser amado, e invistiéndolas dentro y fuera de ellas, murmuraban continuamente sin jamás cesar:  “Amor, amor, amor, amor damos y queremos amor”.  Y nuestra Madre Celestial, sintiéndose herida por el grito continuo del Eterno, que daba amor y quería amor, se veía toda atenta para corresponder a su querido Hijo, el Verbo Encarnado, formando Ella una sorpresa de amor.  Ahora, mientras estaba en esto, el Celestial Infante salía del seno Materno, y yo, ¡oh! cómo lo suspiraba, y lanzándose en mis brazos, todo en fiesta me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿sabes?  Mi Mamá me preparó la fiesta en mi nacimiento, ¿pero sabes cómo?  Ella estaba al día de los mares de amor que descendían del Cielo en el descendimiento del Verbo Eterno, oía el grito continuo de Dios, que quería ser amado, nuestras ansias, los suspiros ardientes, había oído mis gemidos en su seno, a menudo me oía llorar y sollozar, y cada gemido mío era un mar de amor que mandaba a cada corazón para ser amado, y no viéndome amado lloraba, hasta sollozar, pero cada lágrima y sollozo duplicaba mis mares de amor para vencer por vía de amor a las criaturas.  Pero qué, ellas me convertían en penas estos mares, y Yo me servía de las penas para convertirlas en otros mares de amor por cuantas penas me daban.  Ahora, mi Mamá quería hacerme sonreír en mi nacimiento y preparar la fiesta a su Hijo niño.  Ella sabía que no puedo sonreír si no soy amado, ni tomar parte en ninguna fiesta si no corre el amor.  Por eso amándome como verdadera Madre, y poseyendo en virtud de mi Fiat mares de amor, y siendo Reina de toda la Creación, envuelve el cielo con su amor y sella cada estrella con el ‘te amo oh Hijo, por mí y por todos’; envuelve el sol en su mar de amor e imprime en cada gota de luz su ‘te amo oh Hijo’, y llama al sol a investir con su luz a su Creador, y calentándolo sintiera en cada rayo de luz el ‘te amo’ de su Mamá; inviste el viento con su amor, y en cada respiro sella el ‘te amo oh Hijo’, y luego lo llama para que con sus respiros lo acaricie e hiciera oír en cada soplo de viento:  ‘Te amo, te amo oh Hijo’; envuelve todo el aire en sus mares de amor, a fin de que respirando oyera el respiro de amor de mi Madre; cubrió todo el mar con su mar de amor, cada serpenteo de los peces, y el mar murmuraba ‘te amo oh Hijo mío’, y los peces deslizaban el ‘te amo, te amo’; no hubo cosa que no invistiera con su  amor, y con su imperio de Reina mandaba a todos que recibieran su amor, para dar a su Jesús el amor de su Mamá.  Así que cada pajarito, quién cantaba amor, quién gorjeaba amor, hasta cada átomo de tierra era investido por su amor, el aliento de las bestias me venía con el ‘te amo’ de mi Madre, el heno era investido por su amor, por eso no había cosa que Yo viera o tocara en que no sintiera la dulzura del amor de Ella.  Con esto me preparó la fiesta más bella en mi nacimiento, la fiesta toda de amor, era la correspondencia a mi gran amor que me hacía encontrar mi dulce Madre, y era su amor que me hacía calmar el llanto, me calentaba mientras en la cuna estaba tiritando de frío; mucho más que encontraba en su amor el amor de todas las criaturas, y por cada una me besaba, me estrechaba a su corazón, y me amaba con amor de Madre por todos sus hijos, y Yo sintiendo en cada uno su amor materno, sentía amarlos como sus hijos y como  mis queridos hermanos.  Hija mía ¿qué no puede el amor animado por un Fiat Omnipotente?  Se hace imán y nos atrae en modo irresistible, quita toda desemejanza, con su calor transforma y confirma a Aquél que se ama, después embellece en modo increíble, de sentirse cielos y tierra raptados a amarla.  No amar a una criatura que nos ama nos resultaría imposible, toda nuestra potencia y  fuerza divina se vuelven impotentes y débiles ante la fuerza vencedora de quien nos ama.  Por eso también tú dame la fiesta que me dio mi Madre al nacer, envuelve cielos y tierra con tu ‘te amo oh Jesús’, no dejes huir nada en lo cual no corra tu amor, hazme sonreír, porque no nací una sola vez, sino renazco siempre, y muchas veces mis nacimientos son sin sonrisas y sin fiesta, y me quedan sólo mis lágrimas, los sollozos, los gemidos, y un hielo que me hace temblar y helar todos mis miembros.  Por eso estréchame a tu corazón para calentarme con tu amor, y con la Luz de mi Voluntad fórmame los vestidos para vestirme, así también tú me harás la fiesta, y Yo te la haré a ti con darte nuevo amor y nuevo conocimiento de mi Voluntad”.

 

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34-20

Enero 4, 1937

 

Cada criatura tiene desde el principio de su existencia un acto querido

y decidido de Voluntad Divina, la cual la crea, la crece, la forma.

Fiesta de Jesús en cada acto de criatura que hace su Voluntad.

 

(1) Estoy entre los brazos del Fiat Divino, que me circunda con su luz y llama sobre mi pobre existencia su acto continuo de su Voluntad, pero un acto que me da vida, que me ama, sin el cual no podría vivir, ni encontrar quién verdaderamente me ame, por eso me quiere toda atenta a recibir este acto de vida de su Voluntad, a fin de que no la exponga a no cumplir sobre mí lo que quiere hacer, ni le impida su amor, porque Voluntad de Dios y amor hacen competencia, una no puede estar sin el otro.  Ahora, mientras me encontraba bajo este acto del Fiat, mi amado Jesús con una bondad que no sé decir, todo ternura me ha estrechado a su corazón divino y me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi Voluntad es todo para las criaturas, sin Ella no podrían tener ni siquiera la vida.  Tú debes saber que cada criatura tiene, desde el principio de su existencia, un acto querido y decidido de mi Voluntad, el cual lleva consigo un acto intenso de amor hacia aquél o aquélla que comienza la vida.  Mira entonces cómo comienza la creación de la criatura bajo el imperio de un acto de amor y de Voluntad Divina querido con toda la plenitud del conocimiento, tanto, que estos dos actos, amor y Voluntad mía, están dotados de todas las gracias, de potencia, sabiduría, santidad y belleza, de los que vivirá y cumplirá su vida la criatura.  Ahora, como ha formado su primer acto querido, no se aparta más de ella, la crea, la forma, la crece, desarrolla su acto obrante para reafirmarla en su acto querido, así que mi Voluntad, mi amor, corren en cada acto humano, se hacen vida, sostén, defensa, refugio, y circundándola con su potencia alimentan esta vida, mi amor la abraza y la tiene estrechada a su seno, mi Voluntad la circunda por todos lados, más que habitación, para tener al seguro su acto querido que mi Fiat pronunció para llamarla a la existencia.

(3) Ahora, este acto querido por nuestro Fiat es el acto más grande, más potente y que más glorifica a nuestro Ser Divino, que ni siquiera los Cielos pueden contener y comprender; te parece poco que nuestra Voluntad corra en cada acto de criatura, y le diga no con palabras, sino con hechos:  ‘Soy tuya, estoy a tu disposición, ¡ah! reconóceme, soy vida tuya, acto tuyo, si me reconoces me darás tu pequeña correspondencia de amor, y aunque sea pequeño, lo quiero, lo reclamo para tranquilizarme de mi trabajo continuo y de la vida que pongo por ti’.  Y mi amor para no quedarse atrás de mi Fiat, siente la irresistible necesidad de correr a amar cada acto de criatura, que le dice en cada acto suyo, te amo y ámame.

(4) Además de esto, el todo está en si es reconocido este acto querido de mi Fiat, entonces hace prodigios inauditos de santidad y de belleza, que formarán los más bellos adornos de la patria celestial y las vidas más brillantes que se asemejan a su Creador, porque nuestra Voluntad no sabe hacer seres que no nos semejen, la primera cosa que pone es nuestra semejanza, porque quiere encontrarse a Sí misma en el acto obrante que desarrolla en la criatura, de otra manera diría:  ‘No me asemeja, por lo tanto no me pertenece’.  Si además no es reconocida y no amada, entonces forma el dolor de mi Querer, si bien corre en cada acto de criatura, si no corriera debería quitarle la vida, por eso en su dolor siente rechazar su Vida Divina, estorbada la santidad que quiere desarrollar, encerrados en su acto querido los mares de gracias que deberían inundarla, la belleza que debería cubrirla.  Por eso mi Voluntad pude decir:  ‘No hay dolor similar a mi dolor’.  Mucho más que no había bien que no quisiera darle, no hay acto suyo en que no haya puesto del mío.  Por eso hija mía sé atenta, piensa que cada acto tuyo pende de una Voluntad Divina que lo envuelve, lo forma y le da la vida, y porque te ama quiere que conozcas la vida que te da, y esto como confirmación de sus actos en ti, por eso conténtate con morir antes que impedir este acto querido de mi Voluntad desde el principio de tu existencia.  Cómo es bello poder decir:  ‘Soy Voluntad de Dios, porque Ella ha hecho todo en mí, me ha creado, me ha formado y me llevará en sus brazos de luz a las celestiales regiones como victoria y triunfo del Fiat Omnipotente y de su amor”.

(5) Después de esto mi mente continuaba nadando en el mar del Fiat, y ¡oh! cómo era bello verlo que estaba muy atento, que en cuanto yo respiraba, latía, amaba, investía mi respiro para formar su respiro divino, el latido divino, y sobre mi pequeño amor formaba su mar de amor y se complacía tanto, que con ansia esperaba mis pequeños actos humanos para formar su trabajo divino, y mi amado Jesús festejaba el triunfo, el trabajo del Fiat en mi pequeña alma, y todo bondad me ha dicho:

(6) “Hija de mi Querer, cómo gozo al ver que mi Divina Voluntad pone de lo suyo en el acto de la criatura, y como el acto de ella es pequeño, se deleita de perderlo en su acto grande, que no tiene confines, y como triunfante dice:  ‘He vencido, la victoria es mía’, y Yo en cada acto de mi Voluntad en ella hago mi fiesta.  Ahora, tú debes saber que es tanta la complacencia de nuestro Ser Supremo al ver perdido el pequeño acto humano, perdido, fundido, como si hubiera perdido la vida para dar vida a la nuestra, que elevamos este acto, que llamamos acto nuestro, en la altura de nuestro acto eterno.  Toda la eternidad se pone en torno y circunda este acto y todo lo que ha sido hecho y se hará en el giro de Ella, se funden con este acto, de modo que toda la eternidad pertenece a este acto, este acto queda en el seno del Eterno y forma una fiesta de más a nuestro Ser Supremo, por tanto una fiesta de más a todo el Cielo, y una ayuda, fuerza y defensa a toda la tierra.  El hacer la criatura nuestra Voluntad, hacerla vivir en ella, es la única satisfacción que tenemos, es la verdadera correspondencia que recibimos por haber creado la Creación, es la competencia de amor entre el Creador y la criatura, es el movernos para dar nuevas sorpresas de gracias, y ella a recibirlas.  Por eso si la criatura corre en nuestro Fiat para darle libre campo de acción, en nuestro énfasis de amor decimos:  ‘La criatura nos paga por todo lo que hemos hecho, del resto ¿no hicimos todas las cosas y a la misma criatura para que hiciera en todo nuestro Querer?  Esto lo hace, y esto nos basta, aunque no hiciera nada más.  Si esto nos basta a Nosotros, mucho más debería bastar a ellas el hacer, el vivir siempre en nuestra Voluntad, con esto ella es nuestra y Nosotros somos todo suyo, y te parece poco poder decir:  ‘Dios es mío, todo es mío, no me puede escapar porque su Fiat Omnipotente lo tiene atado en mí”.

 

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34-21

Enero 10, 1937

 

Entretejido entre el Querer Divino y el humano.  La ternura de

Jesús por quien vive en su Querer, lo lleva hasta sentirse feliz

por haber llorado y sufrido.  El refugio de las obras de Dios.

 

(1) Me siento bajo las olas eternas del Fiat, y mi pobre mente corre, corre siempre para ser investida, y las olas corren para investirme, y este investirnos recíprocamente forma el más bello reposo de ambas partes.  Pero mientras corría, mi Sumo Bien Jesús, deteniéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, cómo es bella la carrera de mi Fiat junto con la hija de mi Divina Voluntad, hay un entretejido entre una y otra, todas las cosas creadas en las cuales corre mi Querer, y mi Fiat, entrelazándolo, lo hace extensible en todos sus actos, parece que no está contento si no ve este hilo del querer humano en el cielo, en el sol, en todo, es una competencia que se forma:  El Querer Divino quiere investir al humano, y el querer humano se quiere hacer investir’.

(3) Yo, sorprendida he dicho:  “¿Pero cómo puede ser que el humano querer tan pequeño, se pueda extender en todas las cosas creadas, y junto con el Fiat abrazar la gran extensión de toda de la Creación?”  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, no te maravilles, como todas las cosas fueron creadas para la criatura, era justo y decoroso que el alma y la voluntad humana pudieran investir y abrazar todo, que señoreara sobre todo y poseyera maravillas más grandes que no posee la misma Creación, mucho más, unida con mi Voluntad, ¿a dónde no puede llegar la criatura?  No puede abrazar nuestra Inmensidad, porque a ninguno le es dado el poderla abrazar, pero a todo lo que ha sido hecho por ella, con tal que esté en nuestro Fiat, le fue dado por Nosotros el derecho de poder entrar dondequiera, de abrazar todo, y de hacer suyas nuestras obras.  Y mi Fiat no podría estar, se sentiría arrancar la finalidad si no encontrara el querer humano en sus obras, que queriendo hacer vida juntos reconoce en ellas sus obras, cuánto la ha amado, y cómo quiere ser amado.  Por eso mi Voluntad es toda ojos, está como espiando para ver cuando la criatura está por hacer un pequeño acto, un acto de amor, un respiro, un latido, para investirlo con la potencia de su Fiat y decirle:  ‘Mis obras las he hecho para ti, y tú debes obrar para Mí, por eso lo que tú haces es mío, es derecho mío, como derecho tuyo son mis obras’.  Estas son las leyes del vivir en mi Querer:  ‘El tuyo y el mío cesa de ambas partes, forman un solo acto, y poseen los mismos bienes’.  Pero esto no es todo, para quien vive en nuestro Fiat, este hilo del querer humano corre en mi Concepción, en mi nacimiento, en mis lágrimas infantiles, en mis penas.  Escucha una cosa muy tierna, cuando este hilo del humano querer entrelaza al mío, y el mío el suyo, invistiendo todos los actos y penas de tu Jesús, siento la alegría y la finalidad de haber sido Concebido y nacer, me siento feliz de haber llorado por amor suyo, es más, mis lágrimas se detienen sobre mi rostro, y viendo que el querer humano me las adorna con el suyo, me las besa, las adora, las ama, ¡oh! cómo me siento feliz y victorioso de que mis lágrimas y penas han vencido al querer humano, ya que me lo siento correr en todos mis actos, y hasta en mi misma muerte.  Por tanto, como no hay cosa que no hayamos hecho por amor de ellos, así no hay cosa que mi Querer no llame en este querer humano, para estar más seguro lo entrelaza con el suyo y con sus obras, no hay peligro que los deje atrás, y con un énfasis de amor indecible le dice:  ‘Mi Voluntad es tuya, mis obras son tuyas, reconócelas, ámalas, no te detengas, corre, vuela, no dejes huir nada, perderías un derecho en lo que no conoces y posees, y me darías el dolor de que en mi Voluntad no encuentre tu entretejido en mis obras, y me siento arrancar la finalidad, traicionado en el amor y como un padre que mientras tiene hijos, no los encuentra en sus obras, en sus posesiones, en su habitación, se están lejanos y llevan una vida pobre e indigna de tal padre.  Por eso las ansias, los suspiros, los deseos de mi Fiat son incesantes, movería Cielos y tierra, no escatimaría nada con tal que la criatura viviera unida con Él y fuera poseedora de sus mismos bienes.

(5) Además de esto, todo lo que hemos hecho, tanto en la Creación como en la Redención, está todo en acto de darse al hombre, penden sobre su cabeza, pero están como suspendidos, sin poderse dar, porque no los conoce, no los llama y no los ama, para encerrarlos en su alma para recibir tanto bien.  Ahora, quien posee nuestro Querer, nuestras obras, toda mi Vida que pasé acá abajo, encuentra el refugio, el espacio, la estancia dónde poder continuar mi Vida, mis obras, y el alma adquiere el acto practicante y convierte en naturaleza suya mis obras y mi Vida.  Así que esta criatura es el refugio de nuestra santidad, de nuestro amor y la Vida de nuestra Voluntad.  Y cuando nuestro amor, no pudiendo contenerlo, quiere dar en excesos, nos refugiamos en ella y damos salida a nuestro amor y derramamos tales carismas de gracias, que los Cielos quedan estupefactos y temblando adoran nuestra Voluntad Divina obrante en la criatura”.

 

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34-22

Enero 24, 1937

 

La Divina Voluntad, con quien vive en Ella, forma la repetidora

de su Vida y de su amor, y forma y extiende en ella toda la

Creación y todo lo que hizo Jesús.  Cómo le dará un

nombre nuevo llamándola:  “Fiat mío”.

 

(1) Estoy en poder del Fiat Supremo, el cual siempre quiere darme de lo suyo, para tenerme ocupada y tener siempre qué hacer por mi pobre alma, y si descubre cualquier pequeño vacío que no sea Voluntad suya, con una actividad admirable e inimitable, ve qué cosa falta en mí de todos sus actos que ha hecho por amor de las criaturas, y todo en fiesta lo sella en mi alma, dándome una pequeña leccioncita.  Yo he quedado sorprendida y mi siempre amable Jesús, visitando a su pequeña hija me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, no te maravilles, el amor de mi Querer es exuberante, pero con suma sabiduría, porque quiere hacer con quien vive en su Querer obras dignas de Él, las pequeñas repetidoras de su Vida, de su amor, y esconder en ellas la santidad y la multiplicidad de sus obras; quiere continuar su obra creadora, quiere formar, repetir y extender toda la Creación, y aún más en quien viva en su Querer.  Escucha hasta dónde llega su amor:  Mi Fiat creó la Creación, y a cada cosa creada le puso un valor, un amor y un oficio distinto, de deber producir un bien distinto a las criaturas, tanto que el cielo posee un valor, un amor y un oficio todo propio; el sol, el viento, el mar, poseen otro, y hacen distintos oficios, y así de todas las cosas creadas.  Ahora, escucha qué hace mi Voluntad para quien vive en Ella:  Todo lo que hace es suyo, así que en un acto encierra el valor, el amor y el oficio que hace el cielo, y da a la criatura el amor y el valor del cielo; en otro acto pronuncia su Fiat, y encierra el valor, el amor que tuvo al crear el sol, y lo hace hacer el oficio de sol; en otro encierra el valor del viento, su amor imperante, y pronunciando su Fiat lo hace hacer el oficio del viento; en otro encierra el valor del mar, y pronunciando su Fiat le hace hacer el oficio del mar y le da virtud de murmurar siempre amor, amor, amor; en suma, no hay acto que ella haga en que no se deleite de pronunciar su Fiat, y dónde encierra el valor del aire, dónde el dulce canto de los pájaros, el balido de los borregos, dónde la belleza de las flores, y si los actos de la criatura no llegan a extender la obra de la Creación, se sirve del latido, del respiro, de la rapidez como circula la sangre en sus venas, todo anima con su Fiat, y forma la Creación completa.  Y cuando todo ha completado de todo lo que ha hecho en la Creación por amor de las criaturas, ahí extiende su dominio, y con su fuerza creadora conserva todo, mantiene el orden de la nueva Creación que ha formado en los actos de la criatura, y se siente de tal manera amado y glorificado, porque no encuentra la Creación sin razón, sin voluntad y sin vida, sino encuentra la fuerza de una razón, de una voluntad y vida que voluntariamente han recibido la potencia de su Fiat, en sus actos su virtud creadora, su misma Vida Divina, su amor imperante e infatigable, en una palabra, la ha hecho hacer de sí, hasta de su respiro y de sus actos, lo que quería.

(3) Hija mía bendita, continúa escuchándome, hazme desahogar mi amor, no puedo contenerlo más, quiero decirte hasta dónde llega mi amor y hasta dónde puede llegar y puede hacer a quien vive en mi Fiat.  ¿Crees tú que mi Querer se ha contentado, ha dicho basta porque ha encerrado el valor, el amor, y los diversos oficios de toda la Creación en la criatura que vive como unificada con Ella por una sola Voluntad?  No, no, tú debes saber que Yo vine sobre la tierra, y en el ímpetu de mi amor ofrecí mi Vida, mis penas y mi misma muerte, para volver a comprar mi Voluntad Divina en favor de las criaturas, que con tanta ingratitud la habían rechazado, y por lo tanto perdido; así que mi Vida sirvió como desembolso del precio que se requería para readquirirla y darla en posesión de mis hijos, por eso se necesitaba un Dios, para poder tener valor suficiente para poder comprar una Voluntad Divina, mira entonces cómo es cierto que vendrá el reino de mi Querer, porque la compra fue hecha por Mí.  Ahora, mi Voluntad después de haber formado el orden de la Creación, con toda la suntuosidad y sublimidad de su obra creadora, conforme la criatura va repitiendo sus actos, en un acto pronuncia su Fiat y en él forma mi Vida y encierra su valor, en otro acto pronuncia su Fiat y encierra en sus penas el valor de mis penas, pronuncia su Fiat sobre sus lágrimas y pone en ellas el valor de las mías, pronuncia su Fiat en sus obras, en sus pasos, en su latido, y encierra en ellos el valor de mis obras, de mis pasos y de mi amor, no hay oraciones y actos incluso naturales que haga, en que no encierre el valor de mis actos.  Así que, en quien vive en mi Voluntad me siento repetir mi Vida, y duplica el precio para comprar mi Divina Voluntad a favor de las generaciones humanas; se puede decir que hay una competencia entre Yo y ella, para ver quién quiere dar más para hacer que mi Voluntad sea poseída de nuevo por la familia humana.  Pero no es todo aún, si no hace obras completas no se contenta, al valor de la Creación y Redención que ha encerrado en el alma, agrega con un amor increíble, el encerrar en ella la Patria Celestial, y hace resonar su gloria, sus alegrías, las bienaventuranzas eternas, como sello y confirmación de la obra Creadora y Redentora que ha formado en ella.  Después de esto, para estar más segura, crea su latido, su respiro, hace circular más que sangre su Vida, su luz, y como triunfante le da un nombre nuevo, llamándola:  ‘Fiat mío’.  Este nombre es el nombre más bello, que hará sonreír a todo el Cielo y temblar a todo el infierno, nombre que no puedo dar sino a quien viva en mi Querer, y me ha hecho hacer en ella lo que quiero.  Hija mía, ¿qué cosa no puede hacer y dar mi Fiat Omnipotente?  Llega a tanto que da sus derechos sobre su misma potencia, sobre su amor, sobre su justicia, incorpora Consigo la voluntad de la criatura y le dice:  Sé atenta, no quiero otra cosa de ti sino que hagas lo que hago Yo, por eso es necesario que tú estés siempre junto Conmigo, y Yo contigo”.

 

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34-23

Febrero 10, 1937

 

El reino del Querer Divino será el reino de la Reina del Cielo.  Sus deseos

ardientes y plegarias incesantes son asaltos de amor que da a la Divinidad

para obtenerlo.  Cómo pondrá su Vida a disposición de las criaturas

para darles la gracia de hacerlas vivir de Voluntad Divina.

 

(1) Me sentía toda inmersa en el Querer Divino, me parecía que Cielos y tierra suspiran, ruegan que venga su reino sobre la tierra, a fin de que una sea la Voluntad de todos y reine como en el Cielo así en la tierra, a esto se unía la Reina del Cielo, que con sus suspiros ardientes investía todo, movía, unía todo a Sí, ángeles, santos, y a toda la Creación, para pedir con sus mismos suspiros y con la misma Voluntad Divina que Ella posee, aquel Fiat, que descienda en los corazones y forme en ellos su Vida.  Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús haciéndose ver, todo amor suspiraba fuerte, el corazón le latía tanto, como si le quisiera estallar, y me ha dicho:

(2) “Hija de mi Querer, escúchame, mi amor está por sumergirme, no puedo contenerlo más, a cualquier costo, aunque debiese arrollar Cielo y tierra, quiero que venga a reinar mi Voluntad sobre la tierra.  A esto se une mi Mamá Celestial, la cual sin jamás cesar me dice, me repite:  ‘Hijo, hazlo pronto, no tardes más, usa tus estratagemas de amor, obra como el Dios potente que eres, haz que tu Querer invista a todos, y con su potencia y majestad, unidos a un amor que ninguno los podrá resistir, tome posesión de todos y reine como en el Cielo así en la tierra’.  Y esto me lo dice con tales suspiros ardientes, con tales latidos candentes, con tales estratagemas de amor de Madre, que no puedo resistir.  y llega a agregar: ‘Hijo mío, Hijo de mi corazón, me has hecho Reina y Madre, ¿y mi pueblo, y mis hijos, dónde están?  Si Yo fuera capaz de infelicidad sería la Reina y la Madre más infeliz, porque poseo mi reino pero no tengo mi pueblo que viva de la misma Voluntad de su Reina, y si no tengo mis hijos a los cuales pueda confiar la gran herencia de su Madre, ¿dónde encontraré la alegría, la felicidad de mi Maternidad?  Por eso haz que reine el Fiat Divino, y entonces tu Mamá será feliz y tendré mi pueblo y mis hijos que vivirán junto conmigo, con la misma Voluntad de su Madre’.  ¿Crees tú que Yo pueda permanecer indiferente ante este hablar de mi Madre, que me lo hace resonar continuamente al oído, y que dulcemente inviste mi corazón, y que son flechas y heridas de amor continuo?  No lo puedo, y ni siquiera lo quiero.  Mucho más que Ella jamás me ha negado nada, por lo que me falta la fuerza de negarme a Ella, mi corazón divino me empuja a contentarla; tú únete con Nosotros y suspira y ruega que mi Voluntad sea conocida y venga a reinar sobre la tierra, y para mayormente confirmarte a esto, quiero hacerte oír a mi dulce Mamá”.

(3) Mientras estaba en esto me la he sentido junto, que escondiéndome bajo su manto azul y tomándome en su regazo materno, con un amor que no sé decir me ha dicho:

(4) “Hija de mi materno corazón, el reino de la Divina Voluntad será mi reino, la Trinidad Sacrosanta me lo ha confiado a Mí; así como me confió al Verbo Eterno cuando descendió del Cielo a la tierra, así me confió su y mi reino, por eso mis suspiros son ardientes, mis plegarias incesantes, no hago otra cosa que asaltar a la Trinidad Santísima con mi amor, con los derechos de Reina y de Madre que me dio, a fin de que lo que me confió venga a la luz, forme su Vida, a fin de que mi reino triunfe sobre la faz de la tierra; tú debes saber que es tanto mi deseo, que me quema, que me siento como si no tuviese gloria, mientras que tengo tanta que Cielos y tierra están llenos de ella, si no veo formado el reino de la Divina Voluntad en medio a mis hijos, porque cada uno de estos hijos que vivirán en él, me dará tanta gloria, de duplicarme la gloria que poseo, por eso viéndome privada me siento como si no tuviese gloria de Reina y no fuera amada como Madre por mis hijos, por eso en mi corazón los llamo siempre y voy repitiendo:  ‘Hijos míos, hijos míos, vengan a su Mamá, ámenme como Madre como Yo os amo como hijos, si no llegan a vivir de la misma Voluntad de la que Yo viví, no podéis darme el amor de verdaderos hijos, ni podéis conocer hasta dónde llega mi amor por ustedes’.  Debes saber que es tanto mi amor y mis deseos ardientes por querer que este reino exista sobre la tierra, que desciendo del Cielo, giro por las almas para ver quién está más dispuesto a vivir del Querer Divino, los espío, y cuando los veo dispuestos, entro en sus corazones y formo mi Vida en ellos como preparación, honor y decoro de aquel Fiat que tomará posesión y formará su Vida en ellos.  Por eso Yo seré inseparable de ellos, pondré mi Vida, mi amor, mis virtudes, mis dolores a su disposición, como muro de fortaleza insuperable, a fin de que puedan encontrar en su Madre lo que se necesita para vivir en este reino tan santo.  Y entonces mi fiesta será completa, mi amor se reposará en mis hijos, mi Maternidad encontrará quién me ama como hijo, y daré gracias sorprendentes y pondré en fiesta Cielo y tierra, la haré de Reina prodigando generosamente gracias inauditas.  Por eso hija mía, mantente unida con tu Mamá, a fin de que ruegues y suspires Conmigo el reino de la Divina Voluntad”.

 

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34-24

Febrero 26, 1937

 

Qué cosa es un acto de más que la criatura hace en la Divina Voluntad:

Es la armonía, la música, es el arrollar Cielos y tierra, es el

asentamiento que ella forma en Dios, y Dios en ella.

 

(1) Siento a mi pequeña y pobre alma circundada de Voluntad Divina, dentro y fuera de mí, a derecha e izquierda, me corre hasta debajo de mis pies, corre por todas partes para decirme:  “Soy Yo la que formo tu vida, que te caliento con mi calor, que formo tu movimiento, tu respiro, reconoce que tu vida está animada por la mía, y Yo haré cosas dignas de Mí en ti.  pero mientras mi mente se perdía en el Fiat, mi dulce Jesús haciéndome su breve visita, como si sintiera una necesidad de amor de hablarme de su Querer, me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, mi amor reprimido en Mí siente la necesidad de desahogarse, de otra manera me da tales delirios, que me siento sofocar por mis mismas llamas, por eso mi hablar es un desahogo de amor, es un alivio a mi corazón, y para aliviarme voy buscando quién quiera escucharme.  Ahora escucha hasta dónde llega mi amor y el gran prodigio de la Vida obrante de mi Voluntad en la criatura.  Un acto de más que hace la criatura en mi Voluntad, es una armonía de más que pone entre el Cielo y la tierra, es una nueva música celestial que forma a su Creador, la cual le es muy agradable, mucho más que le viene de la tierra, porque las cosas del Cielo son todas nuestras, ninguno puede decir en la patria celestial que nos da a Nosotros, sino que somos Nosotros los que les damos a ellos, que felicitamos y beatificamos a todos, en cambio el alma de la tierra puede decir:  ‘Doy a mi Creador’.  y Nosotros sintiéndonos raptados damos de nuevo nuestra Voluntad como vida obrante en ella, a fin de que nos forme otras más bellas músicas.  Cómo es bello oír nuestro Cielo en tierra, oír las nuevas músicas celestiales que se desprenden del alma viadora, todo el Cielo hace nueva fiesta y sentimos que la tierra también es nuestra y la amamos de más.  Cada acto de más que se hace en mi Voluntad Divina, es un arrollar en él Cielo y tierra, porque todos los ángeles, santos, corren en aquel acto, también la misma Creación, para tomar su puesto de honor en el acto obrante de mi Voluntad, ninguno quiere quedar fuera del acto de mi Fiat Divino.  Sucede la verdadera concentración de todo y de todos, mi Voluntad no podría hacer diversamente, debe dar parte en su acto a todos aquellos donde Ella reina.  Mi Voluntad cuando obra quiere encerrar todo y dar todo, porque Ella no sabe hacer actos incompletos, sino completos y con la plenitud de todos los bienes.  ¿Pero quién puede decirte hija mía qué cosa sucede en ese arrollar Cielo y tierra en el acto obrante de mi Querer en la criatura?  En aquél moverse de todos, en ese querer cada uno su puesto en aquel acto, suceden tales maravillas, tales prodigios inauditos, tales escenas conmovedoras, que los Cielos se maravillan y quedan extasiados ante la potencia obrante de mi Voluntad, pero ¿dónde?  En el pequeño cerco de la criatura, y quedan con el ansia de ser arrollados de nuevo en el acto obrante de mi Voluntad en ella, ¡oh! cómo lo suspiran, se sienten más embellecidos y prueban la bella felicidad del acto conquistante de mi Voluntad en la criatura, lo que les falta en el Cielo, porque allá conquistas no hay, ni pueden adquirirlas, lo que han hecho en tierra les pone un basta, y no más.  Pero no es todo aún, un acto de más que se hace en mi Voluntad, es un incorporarse Dios en la criatura y la criatura en Dios; es un instalarse recíprocamente, y la vida del uno corre en el otro casi como sangre en las venas; es la fusión del latido humano en el latido eterno, y siente en sí como vida el amor, la santidad, la Vida de su Creador, y el Eterno siente correr en Sí el pequeño amor de la criatura, que viviendo en Él forma un solo amor y una sola Voluntad; cada respiro, latido y movimiento, son heridas, flechas, dardos de amor que da a Aquél que la ha creado, y ¡oh! cómo todo el Cielo queda sorprendido porque miran a Dios y encuentran a la criatura fundida en Él, que ama con su amor, y con amor conquistante; miran a la criatura en la tierra y encuentran a su Creador, que mientras tiene su trono en ella hace vida junto con ella.  Estos son los excesos más grandes de nuestro amor hacia quien tanto amamos; cuando encontramos a la criatura que se presta y nada nos niega, Nosotros no miramos su pequeñez, sino que miramos más bien a lo que sabemos y podemos hacer Nosotros, que podemos hacer todo, y haciendo ostentación de nuestro amor y de todo nuestro Ser Divino, investimos a la criatura y nos hacemos investir, y hacemos cosas grandes dignas de Nosotros, pero con tal magnanimidad, que todos quedan sorprendidos y admirados, basta decirte que cada acto de más que se hace en mi Voluntad, como si tuviéramos necesidad de la criatura, damos tanto que agregamos mayores vínculos de unión, de amor, de ambas partes y llegamos a dar a ella nuevos derechos sobre nuestro Ser Divino, y Nosotros sobre ella.  Es tan grande este acto obrante de nuestro Fiat en ella, que no bastan los siglos para decir lo que sucede en él, ni los ángeles, ni los santos pueden decir todo el bien que contiene, sólo tu Jesús puede decirte todo el bien que se forma en este acto, porque siendo Yo el que obra, sé decir lo que hago y el gran valor que pongo dentro.  Por eso sé atenta, contento, amor, gloria mayor no puedes darme que prestarme tus pequeños actos, tu pequeño amor, para hacer descender a mi Voluntad en ellos para hacerla obrar; es tanto su amor, que siente la necesidad de tener su campo de acción en los pequeños actos de la criatura”.

 

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34-25

Marzo 6, 1937

 

La Creación, primer medio de ayuda para formar la Vida

de la Divina Voluntad en nosotros; segundo medio, Dios

directamente; tercer medio, las circunstancias de la vida.

 

(1) Continúo nadando en el mar inmenso del Querer Divino, y pensaba entre mí:  “¿Pero cómo puede la criatura formar esta Vida del Fiat en ella?  Yo me siento tan pequeña que me parece imposible, tal vez vivir dentro de Ella es más fácil, porque encuentro tanto espacio que no puedo ver hasta dónde llegan los confines, pero encerrarla dentro de mí, siento que me falta el espacio para hacer esto”.  Y mi siempre amable Jesús, con su acostumbrada bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, tú debes saber que nuestra potencia es tanta, que tomamos deleite en formar nuestra Vida en la pequeñez de la criatura, siempre y cuando no esté obstruida por otras cosas que no nos pertenezcan, es más, muchas veces obramos sobre la pura nada las cosas más grandes, y como es Voluntad nuestra que forme y posea en su alma esta Vida de nuestro Querer, todo lo que hemos creado y que existe en el cielo y en la tierra, tienen el mandato de Nosotros, que todas deben ayudar y servir a la criatura como medios para formar y hacer crecer esta Vida en ella.  Así que la primera que se presta a comunicar y a hacer sentir la potencia, el amor de nuestra Voluntad, es toda la Creación; ella tiene la virtud dada por Nosotros, de que mientras hace crecer, alimenta, ayuda y sostiene la vida natural, así mismo, penetrando en el interior del alma a través de los actos humanos, penetran en el alma y hacen doble oficio, y si encuentran la pequeña Vida de mi Voluntad, mi misma Voluntad que se encuentra en las cosas creadas besa a mi Voluntad que encuentra en ella, la forma, le da el aliento, ensancha la capacidad, y encontrando su pequeño paraíso se reposa y suministra las ayudas, los medios que contiene aquella cosa creada para hacer que nada le falte para hacer crecer y mantener la Vida de mi Voluntad en la criatura.  Así que el cielo está siempre extendido sobre su cabeza para hacerle guardia, a fin de que nada entre en ella que no sea Voluntad de Dios; el sol se acerca de más, y desahogando más en amor hace sentir su calor, le llena el ojo de luz, le inviste las manos, los pasos, y adentrándose en el alma la llena del amor, de la luz, de la fecundidad de la cual está llena por mi Voluntad, y deja el depósito de su calor, de su luz, a fin de que no viva mas que de amor y de luz, cosas que pertenecen a mi Voluntad, y este sol haciendo su curso forma la bella floración, la variedad de los colores y todo lo demás por amor de quien posee mi Voluntad.  Se puede decir que cada vez que el sol inviste a la criatura, mi Voluntad visita a la criatura para ver si quiere alguna cosa, si no le falta nada para hacer crecer su Vida en ella; ¿qué cosa no he hecho y no haría para lograr el intento de formar esta Vida de mi Fiat en la criatura?  Por eso, el aire mientras sirve para dar el respiro al cuerpo, sirve para dar el respiro de mi Voluntad al alma; el viento mientras sirve para purificar el aire a la naturaleza, sirve para dar las caricias, los besos, el imperio de mi Voluntad a mi Vida que ella posee.  Así que no hay cosa creada, que saliendo de dentro de ella mi Querer, no corra dentro del interior del alma para ayuda, defensa, y para hacerla crecer como Yo la quiero.  Pero esto no es todo, mi Voluntad en las cosas creadas va velada para formar esta su Vida en ellos, pero cuántos no la reciben y queda reprimida en sus velos, sin poder dar los bienes que posee.

(3) Ahora, está el segundo modo, más espléndido, más ostentoso de amor, es tanto el amor que nos consume, el deseo de querer que la criatura posea nuestra Voluntad como vida, que cada acto, pensamiento, palabra, latido, obra y paso que ella hace, es una emanación divina que le hacemos, nuestro Ser Divino corre en cada acto suyo para darle de lo nuestro, lo circundamos, lo vivificamos para hacerlo renacer en nuestra Voluntad, podemos decir que nos ponemos Nosotros mismos a su disposición para formar esta Vida, ¿pero sabes por qué es tanto nuestro interés?  Porque queremos que nuestra Voluntad forme la bella generación de la Voluntad Divina en la voluntad de la criatura, y entonces tendremos tantas Vidas nuestras que nos aman, que nos glorifican.  Cómo será bella la Creación, todo será nuestro, dondequiera  encontraremos nuestro trono, nuestra Vida palpitante.

(4) Después está el tercer modo, las circunstancias de la vida, las ocasiones, el orden de mi providencia en torno a cada uno, las mortificaciones, los dolores, todos son medios para hacer crecer y desarrollar en modo admirable esta Vida de mi Voluntad en ellos, por lo tanto no hay cosa en la cual Ella no prepare su primer acto de vida para dar a las criaturas; ¡oh! si todos pusieran atención, cómo se sentirían felices, seguros bajo la lluvia de un Querer tan Santo, que los ama tanto, que llega al exceso de querer formar su Vida en la pobre criatura”.

 

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34-26

Marzo 14, 1937

 

La Voluntad Divina es Vida, y como Vida forma la generación de

su Vida en los actos de la criatura que vivirá en Ella, y ahí forma

la gran generación de los hijos de su Fiat Divino.

 

(1) El Querer Divino no me deja jamás, me parece que para confirmarme mayormente y hacerme suspirar el vivir en Él, no sólo a mí, sino a todos aquellos que querrán hacerlo, quiere decir cosas nuevas, y qué significa un acto de más que se puede hacer en su Santísima Voluntad.  Y mi dulce Jesús que hace de portavoz a un Querer tan santo, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, quiero decirte más todavía acerca del bien que encierra un acto de más que la criatura puede hacer en mi Querer.  Mi Voluntad es Vida, y no sabe obrar, ni hacer nada, si no genera Vida, ni puede hacer menos.  Ahora, en cada acto de más que se hace en Ella, viene encerrado el acto generativo que posee, la criatura con hacer su acto en Ella le presta el velo donde formar y esconder este parto divino, en cuanto es cumplido el acto, así mi Voluntad gira por el mundo entero para encontrar las almas más dispuestas y pone en ellas su parto generado, y forma un hijo suyo del reino de su Fiat.  Mira entonces qué cosa es un acto de más, es formar un hijo de más en mi reino, así que cuantos más actos se hagan en Ella, tanto más será poblado el reino de mi Querer.  Hija mía, nuestro Ser Supremo tiene delirio, queremos que la criatura viva en nuestro Querer, y usaremos todas las astucias de amor para obtener esta finalidad.  Cómo es bello ver que nuestros primeros hijos del Fiat servirán con sus actos para formar la nueva generación de la Vida de nuestra Voluntad en la criatura.  Nuestro amor es tanto, que tomamos ocasión del acto de ellas para dar este gran bien que encierra Cielo y tierra”.

(3) Mientras esto decía, mi dulce Jesús hacía ver que tenía en su corazón divino todos los actos hechos en su Querer, incluidos también aquellos de la Mamá Celestial, que eran muchos, y dentro de cada uno de los actos, generada la Vida de la Divina Voluntad; como si no los pudiera más contener movía el paso para girar por todas las generaciones, y donde encontraba alguna alma más dispuesta se acercaba, la abrazaba, le hablaba al oído, le daba su aliento como si quisiera renovar la nueva creación, y después, como en fiesta ponía junto con el acto la Vida de su Querer, no quería desunir el acto de la Vida de su Querer, porque siendo acto primario donde había generado su Vida, no quería separarlo, queriéndose servir de él como custodia de su misma Vida.  Yo al ver esto he quedado maravillada, y pensativa decía entre mí:  “¿Será posible todo esto?  Me parece que da en lo increíble”.  Y mi dulce Jesús ha retomado su decir:

(4) “Hija, ¿por qué te maravillas?  ¿Acaso mi Voluntad no puede hacer lo que quiere?  Basta el quererlo, y todo está hecho.  Y además si lo hace el sol que se puede llamar la sombra de mi Fiat, que en cuanto encuentra la flor, las plantas, con el toque de su luz genera el color, el perfume, madura las plantas y genera la dulzura en los frutos, y tantos colores y tanta diversidad de dulzuras por cuantas flores y frutos toca con su luz y calienta con su calor, pero si el sol no encuentra ni flores, ni frutos, ni inviste nada con su luz y con su calor, nada da, retiene en sí todos los bienes que posee; tal es mi Voluntad, más que sol, conforme encuentra a la criatura que la quiere, la llama en su acto, desciende en lo bajo del acto humano, lo inviste, lo calienta, lo transforma, y como posee la Vida, genera Vida y forma un portento divino; y como el sol, si no encuentra quién quiera vivir en mi Querer y formar sus actos en Él, las tantas Vidas Divinas mías que podría dar, quedan en Él, esperando con paciencia invicta y divina quien me haga generar mi Vida en sus actos.  Mi Voluntad está como una tierna madre, que siente en sí la gran generación de sus vidas que quiere sacar a la luz para formarse la larga generación de sus hijos, que deben formar su reino, y por eso va buscando quién le preste sus actos, ¿pero sabes por qué va buscando los actos de la criatura?  Debiendo Ella descender en lo bajo de los actos humanos para formar su Vida, quiere hacerse camino por medio de ellos para dar su misma Vida a las criaturas, mucho más que la Vida no se puede formar fuera de las personas, sino siempre dentro, de otra manera le faltarían las cosas necesarias, los humores vitales para formar una Vida.  Así mi Voluntad no puede formar desde el Cielo, ni fuera de la criatura su Vida, sino que debe descender dentro de ellas, y la voluntad humana debe ceder el puesto a la Divina, debe ser concurrente, porque cosas forzadas no queremos; y cuando la hemos encontrado, ¿quién puede decirte lo que hacemos, las gracias que derramamos, el bien que le queremos?  No se trata de obras, sino Vida nuestra que debemos crecer, así que no ahorramos nada, y sólo en el Cielo se sabrá lo que hemos hecho.  Por eso sé atenta y vive siempre bajo la lluvia de mi Querer, así, invistiendo todos tus actos los anima con su Vida, y así me darás tantos hijos por cuantos actos harás”.

 

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34-27

Marzo 18, 1937

 

La Divina Voluntad hace don de todas sus obras a quien vive en Ella.  El

respiro de Dios en sus obras y en todas las obras santas de las criaturas.

La Divina Voluntad se hace suplidora de lo que le falta a la criatura.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino, para seguir por cuanto me es posible, sus actos divinos, esto es:  La Creación, y todos los actos santos de las criaturas, no excluidos ni los de mi Madre Celestial, ni los de mi amado Jesús, pero lo grande era que, conforme yo los encontraba se hacían míos, el Querer Divino me los donaba, y yo como si tuviera derecho sobre todo los ofrecía a mi Creador como el homenaje más bello, el amor más intenso, la adoración más profunda, a Aquél que me ha creado.  Yo me he sentido investida por el sol, por el cielo con todas las estrellas, por el viento, por todo; todo era mío porque todo era de la Divina Voluntad.  Yo he quedado maravillada, y mi dulce Jesús repitiendo su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ¿por qué te maravillas?  Tú debes saber que todo lo que es santo y bueno pertenece a mi Fiat, el cual todo quiere dar a quien viva junto con Él, sucede un cambio de ambas partes, la criatura no quiere tener nada para sí, todo lo quiere dar, y mi Querer quiere dar todo a ella, aun a Sí mismo.  Mucho más que la Creación, la Redención, la Reina del Cielo, todos los actos buenos y santos, no son otra cosa que respiro de Dios:  respiró y dijo Fiat y creó toda la Creación, respiró y llamó a la Virgen Santísima a vida, respiró e hizo descender al Verbo sobre la tierra, respira y da vida a las obras buenas de todas las criaturas.  Ahora, quien vive en mi Voluntad no hace otra cosa que encontrar todas sus obras, para encontrar el respiro divino para dárselo de nuevo a Dios, como frutos y potencia del respiro de su Creador.  ¡Oh! cómo se siente glorificado, amado, porque encuentra en las obras ofrecidas a Él por la criatura su respiro, su misma Vida, y por cuantas veces gira en sus obras, tantas veces se siente dar su Vida, su gloria, su amor.  Y ¡oh! cómo espera estos presentes, porque se siente dar lo que ha dado, se siente amar en sus obras como Él ha amado, siente su amor, su potencia reconocida, y es tanta la complacencia divina, que vierte torrentes de amor y de gracias sobre quien ha conocido sus obras y su amor.  He aquí por eso hija mía, que mi Voluntad conforme la criatura vive junto con Ella, así con un amor sin par hace don de todo lo que posee, la vuelve dueña de todo, porque si una cosa no es propia no se tiene el derecho de poderla dar a los demás, por eso mi Querer, haciéndole don de todo, le da campo de poder dar a su Creador, y de recibir duplicada su correspondencia.  Pero sólo le viene dado este don cuando reconoce nuestras obras, las aprecia, las ama.  Él amor le da el derecho de hacer suyo lo que pertenece a mi Querer eterno, si mi Querer no pudiera hacer don a la criatura de todo lo que es suyo, se sentiría impedido en el amor, separado en sus obras, porque no podría decir:  ‘Lo que es mío es tuyo, lo que hago Yo haces tú’.  Esto no lo soportaría mi Voluntad y diría:  ‘Vivir junto, formar la misma Vida y no poder darle todo, esto es imposible a mi amor, sería como si no me pudiera fiar de ella’.  No, no, todo quiero dar a quien viva en mi Voluntad.

(3) Tú debes saber que es tanto el amor de mi Fiat hacia quien vive en Él, que si la criatura, no por voluntad, sino por debilidad e impotencia no sigue los actos de mi Querer, o bien por necesidad de sufrimientos o de otra cosa no corre su vida en Él, es tanto su amor que hace Ella lo que debería hacer la criatura, la suple en todo, llama su disposición, su orden, su amor, a fin de que el alma se sacuda y reemprenda su vida juntos, y esto para hacer que la vida humana no quede ni dividida, ni separada de la suya; si esto no hiciera quedaría el vacío divino, pero su amor no lo tolera, y hace de suplidora de lo que le falta a la criatura, porque quiere que su Vida Divina no debe faltar jamás en ella, sino que debe ser continua.  ¿Se puede dar amor más grande que llegue a decir:  ‘Ánimo, no temas, ven con toda confianza a vivir Conmigo, fíate de Mí, y si tú llegaras a faltar de correr siempre en mi Fiat, Yo te compadeceré y tomaré Yo la parte obrante que tú no puedes hacer, y te supliré en todo’?  El reino de mi Querer es reino de amor, de confianza, de acuerdo de ambas partes”.

 

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34-28

Marzo 22, 1937

 

Necesidad de amor que siente el Fiat Divino de ser amado.  Cómo a quien

vive en Él le da tanto amor, de hacerlo amar en todos los corazones y en

toda la Creación, para ser correspondido por el amor de todos.  Cómo el

alma sin el Fiat es como la tierra sin agua.  Los males de la turbación.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, me parece que no hace otra cosa que derramar amor sobre las criaturas, las cuales viéndose amadas tan intensamente, no pudiendo contener este amor tan grande, sienten la necesidad de amar a Aquél que tanto las ama; se puede decir que el amor divino es tanto, que sacude, mueve en modo irresistible a las criaturas a amarlo.  Las flechas de amor que Él manda para herir a las criaturas, les sirven para flechar a Aquél que las ha flechado.  Ahora, mientras me encontraba bajo este abismo de amor, mi amado Jesús, mi dulce vida, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija de mi Voluntad, tú debes saber que nuestro amor es tanto, que si en nuestro Ser Divino pudiera entrar la infelicidad, la inquietud, lo que no puede ser, el Ser Divino se volvería el ser más infeliz e inquieto.  Como Nosotros amamos con amor infinito e incesante, que podemos todo, y ahogar a todos en nuestro amor, por eso sentimos la necesidad de ser amados, ¿pero qué?  En vano esperamos, y nuestro amor gime, da en delirio, y en vez de detenerse corre de más, ¿pero sabes a dónde va a derramarse y deteniéndose reposa un poco, para rápidamente volver a tomar su vuelo para derramar su amor continuo?  En las almas que viven en mi Voluntad, porque ellas están ya ahogadas en mi amor, oyen mis gemidos, sienten mi necesidad de ser amado, y rápidamente me corresponden en el amor, y así como Nosotros sentimos la necesidad de ser amados, así sienten ellas la necesidad de ser amadas por Aquél que tanto las ama.

(3) Ahora hija mía, nuestro Querer circula como sangre en todos los corazones de las criaturas, en toda la Creación, no hay punto donde no se encuentre, su sede es extensible a todas partes, y con su amor potente y creante, como dentro de un solo aliento, conserva y da vida a todo y a todos, y en cada cosa desarrolla su Vida de amor.  Así que, ¿por qué crea?  Porque ama; ¿por qué conserva y circula en todos?  Porque ama.  Ahora, quien vive en nuestro Querer, queremos sentirla que nos ama en todos los corazones, y oh, cómo es bella la nota de amor de la criatura en cada corazón, y si éstos no nos aman, está quien nos ama; queremos sentir que nos ama en los pasados y en los futuros; en el cielo, en el sol, en el viento, en el mar, en todo queremos su nota de amor.  Mucho más que nuestro Querer dondequiera que  la transporta; viviendo en Él, el primer don que le hace es el amor, pero da tanto para poder recibir la correspondencia del amor de todos y de todo.  Es tanto el delirio de amor de nuestro Fiat Divino, que transporta esta nota de amor de la criatura hasta el empíreo y dice a todos los bienaventurados:  ‘Escuchen cómo es bella la nota de amor que vive en la tierra en mi Voluntad’.  Y hace resonar esta nota amorosa en los santos, en los ángeles, en la Virgen, en la Trinidad Sacrosanta, de modo que todos sienten la doble gloria y festejan a la Divina Voluntad obrante en la criatura, y junto festejan a la criatura que la ha hecho obrar, así que ella está en la tierra y es festejada en el Cielo.  Mi Divina Voluntad no toleraría que quien vive en Ella no le diera la correspondencia del amor de todo y de todos.  Mi Fiat Divino en el amor de la criatura encuentra todo lo que quiere, encuentra la vida de ella como suya, encuentra la gloria que le debe, encuentra el aprecio, la estima que le es debida, encuentra la verdadera confianza filial para poderle dar todo.  Así que el amor es generativo, que genera todos los bienes divinos.  Por eso hija mía sé atenta, ama, pero ama en mi Voluntad, y encontrarás tanto amor, que podrás amar a todos y amar por todos a Aquél que tanto te ama”.

(4) Después de esto, por las míseras circunstancias de mi vida que no es necesario ponerlas sobre el papel, mejor que se sepan en el Cielo, me sentía oprimida, fastidiada y casi turbada, sin mi acostumbrada paz y pleno abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(5) “Hija mía, ¿qué haces?  ¿No sabes tú que el alma sin la plenitud de mi Voluntad y el pleno abandono en Ella, es como la tierra sin agua, como las plantas sin sol, como el cuerpo sin el alma?  Y la pobre criatura, como tierra sin agua que no es capaz de producir ni un hilo de hierba, así ella muere de sed, y es incapaz de hacer un pequeño bien, arde de sed y no hay quién le calme esta sed, y faltándole el Sol de mi Fiat morirá en las tinieblas, las cuales le oscurecerán los ojos y no podrá mirar el bien para conocerlo, para hacerlo, y le faltará el calor para madurar el mismo bien.  Y además, sin mi Voluntad se sentirá sin Vida Divina, y así como el cuerpo sin el alma se pudre, y por lo tanto se entierra, así sin la Vida de mi Querer, las pasiones la pudren y la sepultan en las culpas.  Además de esto, las opresiones, las turbaciones, detienen el vuelo en mi Voluntad, pierde la velocidad y no puede seguir todas sus obras, y por eso, si no ha seguido todas nuestras obras, no puedo llevarla a tomar reposo en el seno de nuestra Divinidad.  Por lo tanto sé atenta, pon en las manos de tu Jesús las opresiones, los fastidios, lo que te turba, y Yo los pondré en la luz y calor de mi Fiat, a fin de que queden quemados, y tú, sintiéndote libre, seguirás más veloz el vuelo en mi Querer, no quiero que te preocupes, Yo pensaré en todo.  Hija mía, estémonos en la paz, de otra manera no podré desarrollar y crecer como quiero la Vida de mi Voluntad en ti, y esto será el más grande dolor para Mí, no me sentiré libre de respirar, palpitar, me sentiré impedido para continuar mi Vida en ti”.

 

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34-29

Marzo 26, 1937

 

La Creación y la Humanidad de Nuestro Señor, son los campos en los

cuales desarrolla sus actos quien vive en la Divina Voluntad.  Cómo Ella

forma la Humanidad de Nuestro Señor y el paraíso a Jesús en la tierra.

 

(1) Mi vuelo en el Fiat Divino continúa, y en Él siento que todo es mío, y siento la necesidad de conocer, de amar lo que me pertenece, y que con tanto amor me ha dado.  mientras giraba en las obras del Querer Divino, el amado Jesús, mi dulce vida, repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, cómo es verdad que para que surja el amor se debe poseer lo que se ama, si no se posee el amor no surge, no amar las cosas propias es casi imposible, es un amor connatural y de justicia el amar lo que es suyo.  Por estoYo amo tanto a las criaturas, las conservo, les doy la vida, porque son obras mías, las he creado, las he sacado a la luz, son mías, soy el latido de su latido, su respiro, la vida de su vida, no puedo hacer menos que amarlas, si Yo no las amara mi amor me reprocharía continuamente, me diría:  ‘¿Por qué las has creado si no debías amarlas?’  Es un derecho del amor amar lo que es suyo, mi Justicia me condenaría, todos mis atributos me harían la guerra.  He aquí el por qué para ser amado por las criaturas digo:  ‘Soy vuestro Dios, vuestro Creador, vuestro Padre Celestial, soy todo vuestro’.  Como en efecto lo soy.  He aquí también la causa por la que digo a quien quiere vivir en mi Querer:  ‘Todo es tuyo, el cielo, el sol, toda la Creación es tuya, mi Vida es tuya, mis penas, aun mi respiro es tuyo’.  Por esto tú sientes la necesidad de amar, como la siento Yo, de amar lo que es tuyo, lo que tu Jesús te ha dado en posesión.

(3) Ahora, tú debes saber que la Creación, mi Humanidad, son los campos en los cuales desarrolla sus actos el alma que hace y vive en mi Voluntad Divina, habiéndole dado la posesión de Ellas, siente la necesidad de circular como sangre en las venas, en las obras de su Creador, quiere conocer su valor, el bien que hacen, el oficio que ocupan, para amarlas de más, para apreciarlas y también para sentirse más feliz, más rica de los tantos bienes que posee.  Es por esto que ahora se acerca al sol para conocer los secretos de su luz, el iris de sus colores, la virtud de su calor, su milagro continuado que desarrolla sobre la faz de la tierra, que sólo con tocarla con su luz, vivifica, colorea, endulza, transforma, y ¡oh! cómo ama al sol porque es suyo, y ama de más a Aquél que lo ha creado, y así hace con todas las otras cosas, quiere conocer la virtud secreta que contienen para amarlas de más, y para reconocer de más y amar más a Aquél que le ha dado la posesión.  Por lo tanto no es maravilla que quien vive en mi Fiat Divino es llamada la heredera de toda la Creación.

(4) Ahora, del campo de la Creación pasa al campo de mi Humanidad, pero qué decirte hija mía de las maravillas que suceden en este campo vivo, no sólo de obras como en la Creación, sino de vida humana y Divina, ellas se ponen en mi lugar, Yo no puedo negarme porque soy de ellas, tienen derecho sobre Mí, y Yo soy feliz de que me posean, porque me amarán de más.  Ahora, estas criaturas en este mi campo, repiten mi Vida, aman con mi mismo amor, sus actos fundidos con los míos forman tantos soles, cielos y estrellas, ¡oh! cuánto más bellos que aquellos de la Creación, que llenan el campo de mi Humanidad.  ¡Oh! cómo me siento amado y glorificado, porque estos soles, cielos y estrellas, no son mudos como los de la Creación, sino que son soles hablantes, con la plenitud de la razón, y cómo hablan bien de mi amor, hablan y me aman, hablan y me dicen la historia de las almas y la de mi amor, y por eso se imponen sobre de Mí y me dicen que debo ponerlas a salvo, hablan y se cubren de mis penas para repetir mi Vida, y Yo me las siento correr estas almas en mis lágrimas, en mis palabras, en mis obras y pasos, y encuentro en ellas el refrigerio de mis penas, mi apoyo, mi defensa, mi refugio, y es tanto mi amor por ellas, que llego a llamarlas:  ‘Vida mía’.  ¡Oh! cómo las amo, Yo las poseo, y ellas me poseen a Mí, poseer y amar hasta la locura es lo mismo.

(5) Ahora, estas almas que viven en mi Voluntad están dispuestas a recibir todas las penas de mi Humanidad, porque Ella está imposibilitada para sufrir, porque está gloriosa en el Cielo, así que mi Voluntad con su aliento omnipotente crea las penas, los dolores, y en ellas forma mi Humanidad viviente, que me suplen en todo, y son ellas las nuevas salvadoras que ponen la vida para salvar al mundo entero.  Así que Yo desde el Cielo miro la tierra y encuentro a otros tantos Jesús, que llevados por la misma locura de mi amor, ponen la vida a costo de penas y muerte para decirme:  ‘Soy tu copia fiel, las penas me hacen sonreír porque contengo a las almas’.  Y Yo, ¡oh! cómo las amo, no me siento más solo, me siento feliz, victorioso, porque tener compañía en el desarrollar la misma vida, en el sufrir las misma penas, en el querer lo que Yo quiero, es mi más grande felicidad y mi paraíso en la tierra.  Mira entonces cuántas cosas grandes, portentosas sabe hacer mi Divina Voluntad con tal que vivan en Ella, me forma mi misma Humanidad viviente y me procura las mismas alegrías de mi patria celestial, por eso lo que más te debe importar es vivir siempre en mi Voluntad, no pienses nada más, porque si lo haces siento en ti despedazado mi amor, y si supieras cuánto me cuesta el no ser amado aun por un momento, porque en aquel momento Yo quedo solo, me rompes la felicidad, y en mi delirio de amor voy repitiendo:  ‘¡Cómo!  Yo la amo siempre, y ella no’.  Por eso sé atenta, que no quiero quedarme jamás solo”.

 

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34-30

Abril 4, 1937

 

Conforme la criatura da su voluntad a Dios, así Dios adquiere

sus derechos sobre ella.  Cómo vienen formados tres muros

de fortaleza para no dejarla salir de dentro del Fiat.

 

(1) Estoy bajo las olas eternas del Querer Divino, y si algún pensamiento me huye, estas olas se hacen más fuertes y sofocan mi pensamiento y mis temores, de modo que rápido me tranquilizo y corro junto con el Fiat Divino.  Por eso el pensamiento frecuentemente me atormenta si salgo de dentro de Él.  Dios mío, qué pena, me siento morir sólo con pensarlo, me parece que ya no sería más hermana de las cosas creadas, quitaría mi puesto de en medio a ellas, ya no serán mías, y yo, ¿qué cosa daré entonces a mi Dios?  No me queda otra cosa que la pura nada.  Me sentía tan mal al pensar esto, que me sentía torturada, y mi dulce Jesús teniendo compasión de mí y del estado al cual me había reducido, ha corrido para sostenerme en sus brazos, y todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿qué haces?  Ánimo, tú te oprimes demasiado y tu Jesús no lo quiere, y además, la misma pena que sientes significa que no quieres salir de mi Divina Voluntad, y a Mí me basta tu voluntad, ella es la garantía más cierta, y Yo la tengo encerrada en mi corazón divino como la cosa más preciosa, a fin de que ninguno me la toque.  Yo no tomo en cuenta el sentir de la criatura, para Mí es como si no fuera, y muchas veces sirve para que se arroje en mis brazos, a fin de que Yo la libere de este enemigo que le hace perder la paz.

(3) Ahora, tú debes saber que cuando el alma me ha dado su voluntad con decisión firme, y con conocimiento cierto de lo que hacía, sin quererla conocer más, ya ha tomado lugar en la mía, y Yo con derecho soy dueño de ella, y ella con derecho es dueña de la mía.  Por eso, ¿crees tú que Yo sea fácil a ceder estos derechos?  De ninguna manera, usaré todas las artes, pondré en campo mi misma potencia para que no me sea quitado lo que tanto me interesa; tú debes saber que el vínculo más fuerte entre el Creador y la criatura es el ceder su voluntad, y queda inseparable de no poderse apartar más de Nosotros, su vida la sentimos como nuestra, porque una es la Voluntad que nos anima.  Ahora, ¿crees tú que con un pensamiento, con un sentir se puedan romper estos vínculos, perder nuestra inseparabilidad, y Nosotros ceder lo que es nuestro, sin actos decididos, repetidos, de que quiere su voluntad?  Te engañas hija mía, mucho más que es tanto nuestro amor por ella, que no apenas nos ha dado su querer, Nosotros amurallamos a la criatura, primero con un muro de luz, de modo que si quisiera salir, la luz la eclipsa y no sabe a dónde mover el paso, porque dondequiera encuentra luz, y no sabiendo a dónde ir, retrocede y se esconde en el seno de su Creador.  El segundo muro es todo lo que hizo mi Humanidad estando sobre la tierra, mis lágrimas, mis obras, pasos y palabras, mis penas, mis llagas, mi sangre, se amurallan en torno a la feliz criatura para impedirle la salida, porque Ella contiene el secreto, la fuerza, la vida para dar vida a quien vive en el Querer Divino, y ¿crees tú que después de haber obtenido el intento de vencer por vía de penas a esta voluntad humana, Yo deje huir lo que me cuesta sangre, vida y muerte?  ¡Ah! tú no has entendido bien aún mi amor, si se tratase de simple resignación, es fácil hacer y no hacer mi Voluntad, porque estos no me han cedido sus derechos, aman su voluntad, y por eso ahora están resignados, ahora impacientes, ahora aman el Cielo, y ahora la tierra, pero quien me ha dado su voluntad ha tomado puesto en el orden divino, quiere y hace lo que hacemos Nosotros, se siente reina, por eso es casi imposible salir de nuestro Fiat, y si saliera de nuestro Querer no se adaptaría a ser la sierva, la esclava.  El tercer muro es toda la Creación, la cual siente en ella la virtud obrante del Querer Divino, de la cual todas las cosas poseen la vida, y para darle homenaje se amurallan en torno, el sol con su luz, el viento con su imperio, en suma, todas las cosas creadas sienten la fuerza creadora, la virtud obrante y siempre nueva que obra en la criatura, mientras que ellas no pueden hacer más de lo que hacen, y corren en torno para gozarse las obras de aquel Fiat del cual están animadas.  Por eso no te preocupes, goza la paz de aquel Querer que te posee, y tu Jesús pensará en todo”.

 

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34-31

Abril 8, 1937

 

Todo lo que se hace en el Querer Divino constituye un derecho para todos, y

todos pueden hacer aquel bien.  Estos derechos fueron dados por Adán, por

la Reina del Cielo, por Nuestro Señor, quien nos preparó la vestidura real.

 

(1) Mi pobre mente no hace otra cosa que arrojarse en el mar del Fiat Supremo, y por cuanto siento el cielo del Querer Divino en mí, muchas veces pierdo a Jesús en la inmensidad de este cielo y no lo encuentro, y su privación es el más duro martirio de mi pobre existencia acá abajo, y cuánto se necesita para encontrarlo, hasta hacerme quedar reducida a un estado en que me siento morir, digno de compasión, y entonces viene, y ahora con una estratagema de amor, o con una verdad más sorprendente, hace que sienta que me regresa la vida, hasta olvidarme de las penas sufridas.  ¡Ah! Jesús, cuánto sabes hacer.  Entonces pensaba:  “¿Y por qué Jesús no me lleva a las regiones celestiales, por qué hacermefatigarme tanto?”  Me parece que veo el puerto y estoy por dar un salto para entrar, pero qué, una fuerza potente me hace retroceder, y vuelvo a ser la pobre exiliada.  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús, todo bondad y compadeciéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ánimo, el coraje abate las plazas más fuertes, vence los ejércitos más aguerridos, debilita nuestra potencia, más bien se la apropia y animosa vence lo que quiere, y Nosotros viéndola que no tiene la más mínima duda de obtener lo que quiere, porque la duda disminuye el ánimo, damos más de lo que quiere.  Hija mía, el ánimo, la confianza, la insistencia sin cesar jamás, el amor, en nuestra Voluntad son las armas que nos hieren, y debilitándonos hacemos que ella misma tome lo que quiere.

(3) Ahora quiero decirte el por qué te mantengo aún sobre esta tierra, tú sabes que nuestra Voluntad Divina es inmensa, y a la criatura le falta la capacidad, el espacio de poderla abrazar toda junta, por eso le conviene tomarla sorbo a sorbo, los cuales los tomas, ahora cuando haces tus actos en mi Querer, ahora cuando te manifiesta una verdad que le pertenece, si oras, si deseas que venga mi reino, si sufres para obtenerlo, todos estos son sorbos que ensanchan tu capacidad y forman el espacio dónde encerrar los sorbos de Ella, y mientras haces esto vienes a encerrar ahora una generación, ahora alguna otra que deben poseer el reino del Fiat Divino.  Tú debes saber que las generaciones son como una familia en que todos tienen derecho a la herencia del padre, y como miembros que forman un solo cuerpo, del cual Yo soy la cabeza, cuando un miembro hace un bien, lo obtiene y lo posee, los otros miembros adquieren el derecho de hacer y de poseer aquel bien.  Ahora, aún no has encerrado a todas las generaciones que deben poseer mi Voluntad como vida, por lo tanto se requieren todavía las cadenas de tus actos, tu insistencia, tus penas, para beber otros sorbos para formar el espacio para dar el derecho de que, queriendo, puedan poseer mi reino; en cuanto hayas hecho el último acto que se requiere, rápidamente te traeré a la patria celestial.

(4) Ahora hija mía, mi Divina Voluntad con su Inmensidad envuelve a todos y a todo, no hay ser que no nade en Ella, por eso todo lo que se hace se vuelve derecho de todos, y todos pueden repetir aquel acto, menos quien no quiere repetirlo y poseerlo, y no quiere reconocer que vive en Ella, que su vida está animada por el Fiat Divino, estos son como ciegos, que mientras el sol los dardea con su luz, ellos no ven y yacen como si fuera noche para ellos; están como paralizados, que mientras pueden tener el uso de los miembros para hacer el bien, se contentan con quedar inmovilizados, son como mudos que no saben hablar, pero son ciegos, paralíticos y mudos voluntarios; pero todos los demás, como mi Voluntad es vida y está en comunicación con todos, así todo lo que se puede hacer en Ella es vida, bien, y derecho de todos, y todos pueden repetir aquel acto para formar la Vida Divina obrante en ellos.  Los primeros derechos de hacer poseer el reino de mi Querer a las generaciones humanas fueron dados a Adán, porque él, en la primera época de su vida, sus actos fueron hechos en el Querer Divino, y si bien pecó y perdió voluntariamente la Vida obrante de mi Voluntad en él, y él en Nosotros, pero sus actos quedaron, pues lo que se hace en nuestro Querer no sale, porque son nuestros triunfos, nuestras victorias sobre el querer humano, así que son nuestros, y Nosotros jamás ponemos fuera lo que es nuestro.  Por lo tanto quien entra en Él encuentra el primer amor de Adán, sus primeros actos que le dan el derecho de poseer nuestro Fiat y de repetir los mismos actos que él hizo, sus actos aún son hablantes, su amor aún está fundido en el nuestro, e incesantemente nos ama con nuestro mismo amor.  Por eso el obrar en el Querer Divino se vuelve eterno con Nosotros, y no está sujeto a terminar y se pone a disposición de todos, de modo que sólo quien es ingrato no lo toma y no se quiere servir de la Vida para recibir vida.  Estos derechos de poseer mi Voluntad como vida, fueron dados por la Reina del Cielo, porque también Ella es de la estirpe humana, pero en modo más extenso y con más sacrificio, porque le costó la Vida de su mismo Hijo y Dios para dar la posesión del reino de nuestro Fiat a las generaciones humanas, y habiéndole costado tanto, es la que más suspira y ruega que entren sus hijos en este reino tan santo.  Después fue mi descendimiento del Cielo a la tierra, en que tomando carne humana, cada acto mío, pena, oración, lágrima, suspiro, obra y paso, constituía un derecho de hacer poseer el reino del Fiat a las generaciones humanas.  Puedo decir, mi Humanidad es vuestra y de todos, y quien quiere entrar en este reino encontrará en Ella la puerta, los derechos y la vestidura real para entrar, mi Humanidad es la vestidura que debe cubrir y vestir con decencia a todos aquellos que lo poseerán.  Mi amor es tanto, que llamo a otras criaturas que con gracias portentosas y con el sacrificio de su vida, las hago vivir en mi Querer, las cuales constituyen nuevos derechos, pagando con su vida para dar la posesión de mi reino a la familia humana.  Por eso tu voluntad corra siempre en la mía, a fin de que completos tus actos, puedas dar el salto a la patria celestial”.

 

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34-32

Abril 18, 1937

 

Encuentros continuos entre el Querer Divino y la criatura.  Cómo

quien vive en Él, ha formado el pequeño mar del Fiat.  Cómo corre

siempre en cada cosa para dar nuevas gracias y nuevo amor.

 

(1) Mi vuelo en el Fiat continúa, más bien siento que me viene al encuentro a cada instante, en cada cosa que toco, que hago, en las penas y en las alegrías, en cada cosa creada; siento que me las pone alrededor para hacerme servir por ellas, me parece que está como a la espía para hacerse conocer y decirme:  “Estoy aquí, dime que quieres, me harás más feliz si me pones en condición de poderte abundar más, a fin de que felicitándote Yo me sienta más feliz por la felicidad de mi hija”.  Ahora, mientras mi mente se ahogaba en su mar divino, mi amado Jesús, sorprendiéndome con su breve visita, con un amor que no podía contener, me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el amor excesivo de mi Divina Voluntad da en lo increíble; cuando la criatura vive en Ella, ha formado su pequeño mar del Fiat en su alma, entonces Ella, atraída por su misma potencia quiere siempre engrandecer más este su marecillo en el cerco del alma, escucha qué hace:  Llevada por un amor irresistible corre, corre siempre en cada acto que la criatura hace, si ve que debe hacer uso de la palabra, corre, le va al encuentro, inviste la palabra con su Fiat y acrecienta su potencia divina en la palabra de la criatura; si ve que debe obrar, corre, le toma las manos, se las estrecha, las inviste con su Fiat y aumenta su potencia divina en las obras de ella; si ve que está por mover el paso, corre, los inviste y les da tal potencia, de correr siempre hacia Quien corre siempre hacia ella; si ama, corre para darle nuevo amor; si ve que desea, que quiere ser siempre más buena, corre y aumenta su bondad; no hay pensamiento, latido y respiro que no invista con su Fiat para hacer crecer su sabiduría, su belleza, el latido de su eterno amor.

(3) Pero aún no es todo, ¿crees tú que mi Querer puede hacer paradas en el correr siempre hacia quien posee su Querer?  De ningún modo, para correr se sirve de todo, si el sol la inviste, corre para darle más luz, y como la criatura es más que el sol, le da las propiedades que contiene la luz, es más, las aumenta, le da su dulzura divina, su fecundidad, la variedad de sus perfumes celestiales, el gusto de sus sabores divinos, sus cualidades supremas como las más bellas variedades de los colores, y con la potencia de su Fiat hace de manera, que de su amada criatura, más que sol, no quede otra cosa de ella más que luz y calor para investirla y hacerse investir; si sopla el viento, corre, la inviste, y con su Fiat aumenta la potencia de su amor imperante, sus gemidos divinos para hacerla gemir con sus mismos gemidos y suspiros que venga su reino sobre la tierra, la besa, la acaricia, se la estrecha fuerte para hacer sentir cuánto la ama y cómo quiere ser amado; si bebe el agua, corre para investirla con su frescura y refrigerios celestiales; si toma el alimento, corre para alimentarla con el alimento de su Voluntad, a fin de que la Vida Divina crezca en la criatura, se reafirme y se confirme mayormente en ella.  En suma, no hay cosa en la cual mi Querer no corra, y ¡oh! la fiesta que hace cuando ve que ella recibe este dulce encuentro y recibe el bien que sin cesar jamás le quiere dar, y si la criatura, también ella corre en cada cosa hacia Quien corre hacia ella, ¡oh! entonces mi Fiat es tomado por tanto amor, que su mar interminable crece, forma sus olas altísimas y las descarga en el pequeño marecillo, agrandando en modo maravilloso y prodigioso la capacidad y extensión del suyo en el marecillo del alma.  Hija mía, estos son nuestros modos divinos, amar siempre sin cesar jamás, dar siempre sin jamás terminar de dar, si esto no fuera, deberíamos poner un límite a nuestra potencia, un basta a nuestro amor, pero no lo podemos, porque siendo nuestro Ser infinito, por Sí mismo corre en busca de quien ama y que quiere ser amado, por eso los límites no tienen valor y el basta no existe para Nosotros.  A lo más, quien ingrato no nos quiere reconocer, y no reconociéndonos, le sucede como al ciego, que a pesar de que el sol no le niega su luz, más bien lo inviste por todas partes, no lo ve ni lo conoce, pero no puede negar que no siente su calor.  Esto no puede suceder a quien vive en nuestro Querer, pues Él mismo lo tiene en estado vigilante, en acto de espera continua para recibir nuestros encuentros, para encontrarnos; nuestras carreras para correr hacia Nosotros, y si nuestro amor, para hacerla correr de más le esconde nuestras carreras, mientras corremos lo mismo, ¡oh! cómo sufre la pobre hija, tanto, que estamos obligados a romper rápidamente el velo del escondite y decirle:  ‘Estamos aquí, tranquilízate, no temas, pues jamás dejaremos a nuestra hija, a la hija de nuestro Querer’.  Y para tranquilizarla le hacemos sentir más a lo vivo nuestro amor, y la abundamos de gracias mayores”.

 

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34-33

Abril 25, 1937

 

Prodigio del acto obrante de la Divina Voluntad en la criatura.

Cómo quien la hace obrar en ella, es la suspirada, la bienvenida,

la preferida de toda la corte celestial.  Todo lo que se hace

en Ella, adquiere la virtud de producir Vida Divina.

 

(1) Estaba pensando en la Divina Voluntad obrante en la criatura.  Dios mío, cuántas sorpresas, cuántas escenas conmovedoras, cuántas maravillas y prodigios que sólo un Dios puede hacer, y la pequeñez humana queda admirada, encantada al ver la Inmensidad del Fiat Divino, que mientras queda inmenso, se encierra en su pequeño acto, y con la potencia creadora forma en él su acto obrante, con una cadena de prodigios divinos inauditos, pero tales y tantos, que los Cielos quedan maravillados y la tierra tiembla ante el acto obrante del Querer Divino en la criatura; pero mientras mi mente se perdía en estas sorpresas, mi Sumo Bien Jesús, repitiendo su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija del Fiat Supremo, es tanto nuestro amor, que no apenas la criatura llama a nuestro Querer en su acto, corre y desciende en el acto de ella.  El llamarlo no es otra cosa que preparar el lugarcito donde debe obrar, llamarlo significa amarlo, y que siente la necesidad del acto obrante de mi Voluntad para que la suya no sólo no obre, sino que quede como escabel y admiradora de un Querer tan Santo.  Después, descendiendo lleva Consigo su virtud creadora, sus alegrías y bienaventuranzas celestiales, a la misma Trinidad Sacrosanta como espectadora y actora de su obrar, y mientras en el lugarcito de la criatura pronuncia su Fiat, forma tales prodigios y maravillas, que el cielo, el sol, se quedan detrás, y supera todo lo bello de la Creación, ahí crea su música divina, los soles más refulgentes, en él crea su Vida obrante, sus nuevas alegrías; es tal y tanto este acto, que los ángeles, los santos, quisieran vaciar las regiones Celestiales para gozarse el acto obrante de su Fiat creador.  Es tal y tanta la belleza, la suntuosidad, la Virtud vivificadora de este acto divino, que mi Querer Divino se lo lleva al Cielo como conquista y triunfo del alma en la cual ha obrado, para recrear con nuevas alegrías y bienaventuranzas a toda la corte celestial; es tal la alegría, la gloria que reciben, que no hacen otra cosa que agradecer a mi Querer Divino que con tanto amor ha obrado en la criatura, porque no hay ni gloria, ni alegría mayor, que su acto obrante y conquistante en ella”.

(3) Yo al oír esto, sorprendida he dicho:  “Amor mío, si este acto se lo lleva al Cielo, la pobre criatura queda sin él y como en ayunas de este acto”.  Y Jesús ha agregado:

(4) “No, no hija mía, el acto es siempre suyo, ninguno se lo puede quitar, y mientras alegra a la patria celestial, queda como base, fundamento y propiedad en el fondo del alma, la conquista es suya, y mientras alegra la corte celestial, ella nada pierde, es más, siente en sí la virtud creadora y continua de mi Fiat en acto de hacer siempre nuevas conquistas, y mientras queda en el alma, al mismo tiempo se lo lleva al Cielo como nueva gloria y alegría de los santos y como lluvia benéfica a todos los viadores, mucho más que la familia humana está vinculada con el Cielo, y el Cielo con la tierra, hay un vínculo entre ellos, el que todos tienen derecho de participar en el bien que ellas hacen, son miembros unidos entre ellos, y como connaturalmente el bien corre para darse a todos.  Y además, en cuanto mi Voluntad obra en el alma, el Cielo se pone en espera, porque nadando ellos en el Fiat sienten que está por obrar, y por eso se ponen atentos, reclaman, suspiran recibir las nuevas conquistas y alegrías de la Vida de la Divina Voluntad que ellos poseen.  Ella es vida primaria de los santos en el Cielo, por eso en los actos que Ella hace todos concurren, y con derecho quieren recibir las nuevas alegrías y las bellas conquistas que sabe hacer mi Voluntad.  Por lo tanto quien la hace obrar en sus actos, es la nueva alegría del Cielo, la bienvenida, la preferida, la suspirada de toda la corte celestial, mucho más que alegrías de conquistas no hay allá arriba, y por eso las esperan de la tierra.  ¡Oh! si todos conocieran todos estos secretos de mi Fiat Divino, darían la vida para vivir de Él y hacerlo reinar en el mundo entero”.

(5) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, no puedo hacer menos, la siento dentro de mí que me da vida, la siento fuera de mí, que como la más tierna de las madres me lleva entre sus brazos, me alimenta, me hace crecer y me defiende de todo y de todos, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, cómo es bella mi Voluntad, ninguno puede vanagloriarse de amar a la criatura como Ella la ama, es tanto su amor, que Ella quiere hacerle todo, no la quiere confiar a ninguno, con su Fiat la crea, la hace crecer, la alimenta, la lleva siempre entre sus brazos de luz, le hace de maestra enseñándole las ciencias más sagradas, le revela los secretos más recónditos y escondidos de nuestro Ser Supremo, le da el conocimiento de nuestro amor, de las llamas que nos consumen para consumirla junto con Nosotros, en cada acto que hace jamás la deja sola, corre para poner en ella su Vida.  Así que cada acto está animado por su Vida Divina, y posee la virtud de poder producir Vida Divina; y mi Voluntad toma estas Vidas de dentro de los actos de la criatura para dar Vida Divina, vida de gracia, vida de luz, vida de santidad a las otras criaturas, y vida de gloria a toda la corte celestial, Ella es la verdadera trabajadora, quiere darse a todos por medio de quien vive en su Querer.  Y cuando ha formado la plenitud de su obra maestra, se la lleva al Cielo como triunfo, victoria de su potencia y arte divino que sabe y puede hacer en la criatura con tal que se preste a vivir con Ella y se haga llevar en sus brazos.  Por eso sé atenta y hazte trabajar por un Querer tan Santo, que tanto ama y que quiere ser amado”.

 

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34-34

Mayo 6, 1937

 

Jesús no sabe qué hacer con un alma que no posee la paz.  A quien vive

en el Querer Divino, Dios le hace don de todas sus obras, y también de

su misma Vida, para hacerle ver cuánto y cómo quiere ser amado.

 

(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, mi pobre mente oprimida por los incidentes de la vida, para mí demasiado dolorosos, busca refugio en el centro del Fiat, en el cual me siento renacer a nueva vida, rejuvenecer, reponerme de mis dolorosas pausas, pero en cuanto me aparto de su centro, mis opresiones resurgen, tanto, de oír los justos reproches de mi amado Jesús, hasta decirme:  “Hija mía, pon atención, pues Yo no sé qué hacer con un alma que no es pacífica, la paz es mi celestial morada; la campana que con sonidos vibrantes y dulces llama a mi Querer a reinar, es la paz.  La paz posee voces tan potentes que llama a todo el Cielo, lo pone atento para hacerlo ser espectador de las bellas conquistas del obrar del Querer Divino en la criatura.  La paz pone en fuga las terribles tempestades y hace surgir la celestial sonrisa de los santos, el encanto más bello de una primavera que jamás termina, por eso no me des este dolor de no verte en paz”.  Entonces trataba por cuanto más podía de sumergirme en el Querer Divino, para no sentirme más a mí misma, siguiendo sus actos tanto de la Creación como de la Redención, y mi amado Jesús ha investido mi inteligencia y con su voz creadora, todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, déjate a ti misma y ven en mi Voluntad, sentimos la extrema necesidad de hacer conocer hasta dónde llega nuestro amor por quien vive en Ella, y es tanto, que con ansia esperamos que se una, se una a nuestras obras para darle el derecho como si fueran suyas.  Y como nuestra fuerza creadora está siempre en acto, en cuanto se funde con Nosotros, como si renovásemos nuestras obras le hacemos don de ellas y le decimos:  ‘Son obras tuyas, haz con ellas lo que quieras; con nuestras obras en tu poder puedes amarnos cuanto quieras, puedes darnos gloria en modo infinito, puedes hacer bien a quien quieras, tú tienes derecho no sólo sobre nuestras obras, sino sobre Aquél que ha creado todo, y Nosotros tomamos el derecho sobre de ti, que ya eres nuestra’.  Cómo son dulces estos derechos de la pequeñez humana en nuestro Ser Divino, son dulces y amorosas cadenas que nos hacen amar con amor más intenso y fuerte nuestra obra creadora, y en nuestro énfasis de amor vamos repitiendo:  Cómo es bella, es nuestra, toda nuestra, y Nosotros somos todos de ella, no nos queda otra cosa qué hacer que amarnos, la amaremos con amor eterno, y ella nos amará con eterno amor”.

(3) Yo he quedado sorprendida, como si quisiera hacer surgir dudas, y Jesús ha agregado:

(4) “Hija, no te maravilles, es la pura verdad que te dice tu Jesús, que queriendo ser amado quiere hacer conocer hasta dónde puede llegar la criatura y cuánto la ama, como si no estuviera contento de nuestras alegrías interminables, queremos el contento que ella posea lo que poseemos, y nos ame como sabemos amar Nosotros; mira, para quien vive en nuestro Querer Divino, es casi connatural, ella encuentra nuestro Fiat en acto de crear el cielo, el sol, ella se une a aquel acto para hacer lo que hace Él, es tanta nuestra bondad, que con la unión hemos formado el enlace juntos, y en nuestro Querer hemos formado el acto decidido de dar el cielo, el sol, como adorno a la criatura; con este don ella nos da la gloria de un cielo extendido, nos ama en cualquier punto de él, hace el bien a las criaturas de hacerles poseer y gozar un cielo, y como tiene un sol en su poder nos da la gloria de que el globo terrestre posee la luz, y cada hombre que queda investido por la luz y el calor del sol, es una gloria de más que nos da, es una cancioncita de amor que nos hace, que rapta a nuestro amor a amar más cada planta, cada fruto y flor fecundados y calentados por su calor, es un grito de más de gloria y amor que nos da, el pajarito que canta al surgir el sol, el corderito que bala, todos son acentos de gloria y de amor que nos manda; y el mérito de tantos bienes que hace el sol a la tierra, que son incalculables, ¿de quién son?  De quien vive en nuestro Querer, en Él, lo que es nuestro es suyo, y como Nosotros no tenemos necesidad de méritos, habiendo hecho don de ellos a la criatura, dejamos a ella la parte meritoria, y por correspondencia queremos su grito de amor siempre y en cada cosa, y así del bien que hacen todas las cosas creadas, el viento, el aire, el agua y todo”.

(5) Entonces yo al oír esto, no sólo he quedado maravillada, sino que quería poner muchas dificultades, y pasando a los actos de la Redención me he encontrado inmersa en sus penas, y mi siempre amable Jesús, tal vez para convencerme, se hacía ver en mi interior en acto de sufrir la dolorosa crucifixión, yo tomaba parte en sus penas y moría junto con Él, su sangre divina corre, sus llagas estaban abiertas.  Y Él con un acento tierno y conmovedor, de sentir que se me rompía el corazón me ha dicho:

(6) “Estoy dentro de ti, soy tuyo, estoy a tu disposición, mis llagas, mi sangre, todas mis penas, son tuyas, puedes hacer de Mí lo que quieras, es más, hazla de magnánima, de valiente, de amante, de verdadera imitadora mía, toma mi sangre para darla a quien quieras, toma mis llagas para sanar las llagas de los pecadores, toma mi Vida para dar vida de gracia, de santidad, de amor, de Voluntad Divina a todas las almas, toma mi muerte para hacer resucitar tantas almas muertas en el pecado; te doy toda la libertad, obra tú, aprende a obrar hija mía, me he donado y basta, pensarás tú en que todo me redunde en gloria, y en cómo hacerme amar, mi Voluntad te dará el vuelo para hacerte llevar mi sangre, mis llagas, mis besos, mis ternuras paternas, a mis hijos, a tus hermanos, por eso no te maravilles, es propiamente este el obrar divino, tener sus obras en acto de repetirlas continuamente para darlas, para hacer don a las criaturas, y así cada uno puede decir:  ‘Todo es mío, aun el mismo Dios es mío’.  Y ¡oh! cómo gozamos al verla dotada de nuestras obras, poseedora de su Creador, son los excesos de nuestro amor, que para ser amado queremos hacer ver cuánto la amamos y los dones que queremos darle.  A quien viva en nuestro Querer, nos sentiríamos como si defraudásemos a la criatura si no le hacemos don de todo, y esto Nosotros no lo sabemos hacer, por eso sé atenta, haz que tu alma sea embalsamada por nuestra paz divina, que no conocemos qué cosa sea turbación, y todas las cosas te llevarán la sonrisa, la dulzura, el amor de tu Creador”.

 

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34-35

Mayo 10, 1937

 

Dios se hace alimento de la criatura; el intercambio, el darse el aliento,

el hablarse mutuamente, forman las obras más bellas.  La Reina del Cielo

continúa el oficio de Madre y hace crecer a su Hijo en las criaturas.

 

(1) El mar del Querer Divino continúa inundándome, y siendo incapaz e inhábil para todo, parece que se deleita, como a pequeña niña, con ponerme en la boca, con sus manos más que maternas, el alimento de su Fiat, y enseñarme palabra por palabra, silaba por silaba las primeras vocales de la ciencia de la Divina Voluntad, y cuando parece, en algún modo, que la he entendido, ¡oh! cómo hace fiesta, porque tiene toda la certeza de formar un alma toda de Voluntad Divina.  Y yo al ver sus maternos cuidados, cómo estoy contenta y le agradezco de corazón.  Y mi amado Jesús como portavoz de su Querer, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, cada verdad que te manifiesto sobre mi Fiat es un crecimiento que haces en Él; es un bocado de más que sirve para fortificarte, calentarte y confirmarte mayormente en Él; es un sorbo de más que bebes del inmenso mar de mi Voluntad; es una propiedad divina de más que adquieres.  Ahora, tú debes saber que a cada acto de más que haces en Ella, ponemos ante ti nuestra mesa celestial, y si amas, te alimentas de nuestro amor; si nos comprendes, te alimentas de nuestra sabiduría, y ¡oh! cuántas bellas noticias y conocimientos te da de tu Creador, así que tu Dios se vuelve tu alimento exquisito, por eso en todo lo que haces, ahora te alimenta de nuestra potencia, ahora de nuestra bondad, ahora de nuestra dulzura, de nuestra fuerza, luz y misericordia nuestras.  Así que la pequeñez humana, con vivir en nuestro eterno Querer nos absorbe sorbo a sorbo, bocado a bocado, porque siendo pequeña no le es dado, aun por cuanto a criatura es posible, tomar todo junto lo que debe tomar de nuestro Ser Divino, mucho más que esto sirve a deleitarnos mutuamente, Nosotros en dar y ella en recibir, Nosotros a dar de lo nuestro y ella a darnos su pequeñez, Nosotros a trabajarla como queremos y ella que se presta a hacernos trabajar; es el intercambio de ambas partes, el darnos mutuamente el aliento, el hablarnos, lo que forma nuestras obras más bellas, y desarrollamos la Vida de nuestra Voluntad en la criatura.  Sin hacer nada no se hace nada, por eso es necesario obrar, hablar, hacernos comprender, trabajar, para hacer las bellas estatuas, las repetidoras de nuestra Vida.  Por lo tanto, cuando encontramos quién quiere escucharnos, darse a Nosotros para recibir, no ahorramos nada de lo que podemos y sabemos hacer por la criatura.  Ahora hija mía, cuando la criatura se ha alimentado de nuestro Fiat, hasta no conocer otro alimento, y habiendo formado la cadena de sus actos, todos sellados por las características de las virtudes divinas, Dios queda aprisionado en sus virtudes divinas en la criatura, y entonces, si ama, es Dios que hace alarde de la potencia de su amor, de su bondad, santidad, etc., en los actos de la criatura, así que es tal la potencia que sale por medio de estos actos que Dios hace en su criatura, que inviste Cielo y tierra, se mueve sobre todas las almas, y con su amor potente las inviste, las arrolla, les hace dar el beso del Querer Divino, de modo que la familia humana sentirá su potencia, su amor, que quiere reinar.  Mucho más, que este derecho se los da el Dios escondido por medio de una criatura que pertenece a su raza humana, derechos que no podrán desconocer, sólo algún pérfido lo haría, pero mi potencia lo sabrá aterrar y vencer.  Por eso déjame cumplir el trabajo de mi Voluntad en ti, no te opongas a nada, y tú y Yo estaremos contentos de verla reinar en las otras criaturas”.

(3) Después de esto he recibido la Santa Comunión, y en mi interior se hacía ver mi amado Jesús, pequeño, pequeño, y la Madre Celestial que extendía su manto azul sobre mí y sobre el pequeñito divino, después, no sé cómo me lo he sentido dentro de mí, que besaba, acariciaba, tomaba en sus brazos a su amado Hijo, se lo estrechaba al corazón y lo hacía crecer, lo nutría, le hacía mil estratagemas de amor, yo era espectadora y quedaba maravillada.  Y la Soberana Mamá Celestial me ha dicho, pero con un amor que hacía quedarse estupefacto:

(4) “Hija mía, no hay por qué maravillarse, Yo soy inseparable de mi amado Jesús; donde está el Hijo debe estar la Madre, y este es mi trabajo, el hacerlo crecer en las almas.  Él es pequeño, las almas no saben cómo lo deben hacer crecer, ni tienen la leche del amor para alimentarlo, para tranquilizarle el llanto, para calentarlo cuando lo hacen temblar por el frío, Yo que soy la Mamá sé las pequeñas necesidades de mi pequeñito divino, ni Él sabría estar sin su Mamá, somos inseparables los dos, Yo repito en las almas lo que hice en su edad infantil, y mientras hago crecer a mi Hijo prestándole todos los cuidados para hacerlo feliz, al mismo tiempo tomo cuidado de mi hija para hacerla crecer según la quiere mi Hijo.  Esta es mi misión más que celestial, en cuanto veo a mi Hijo en las almas, así corro, desciendo en ellas y me ocupo de su crecimiento.  Mucho más que siendo una la Voluntad de mi Hijo con la mía, es como connatural que donde se encuentra Él ahí estoy también Yo, y por consecuencia mi amor se impone el desarrollar el oficio de Madre a Aquél que tanto me ama, y a aquellos que tanto amamos, porque me siento como gemelos nacidos en un parto, a mi Hijo y a la criatura, ¿cómo no amarlos?”.

(5) Después, con un acento más tierno y conmovedor ha agregado:

(6) “Hija mía, cómo es bella, grande, prodigiosa la virtud de la Divina Voluntad.  Ella vacía todo lo que no es ni luz, ni divino, une las distancias más lejanas, repite en acto lo que fue hecho por siglos y siglos y vuelve como connatural el acto humano en el divino, es su fuerza creadora que llega a bilocar, a multiplicar, a transformar su misma Vida en la criatura.  Por eso ámala mucho y no le niegues nada”.

 

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34-36

Mayo 16, 1937

 

Las verdades, parto divino, son el más grande milagro que

Dios puede hacer, y el gran bien que lleva a las criaturas.

 

(1) Estoy siempre de regreso en el mar del Querer Divino, las tantas verdades que me han sido manifestadas se amontonaban en mi pequeña mente como tantos soles refulgentes, cada uno de los cuales querían decir la historia del Fiat Divino, pero uno distinto del otro, quién quería decir la historia de su luz eterna, quién de su santidad, quién del modo como forma su Vida en el centro del alma, en suma, todas tenían qué decir de un Querer tan santo, y todas tenían un trabajo especial, el de ser portadoras del bien que cada una encerraba, y que unidas juntas formaban una sola Vida; pero, para poder deponer el bien que encerraban, querían ser escuchadas, querían abiertas las puertas del alma, y querían ser reconocidas y casi rogadas y apreciadas, para hacerlas deponer la Vida que contenían.  Yo me perdía en medio a tantos mensajeros, porque todos querían decir la historia eterna del Fiat, y mi Sumo Bien Jesús, repitiéndome su breve visita, con un amor indecible me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija del Querer Divino, tú debes saber que el milagro más grande que nuestro Ser Divino puede hacer, es el manifestar una verdad que nos pertenece, porque ella, primero viene formada, madurada en nuestro seno, y como parto nuestro la sacamos fuera como portadora de Vida Divina para bien de las criaturas.  Y sólo sacamos este parto cuando nuestro amor eleva tanto sus llamas, que para no quedar ahogado sentimos la necesidad de poner fuera nuestros partos divinos.  Mira entonces qué cosa ponemos fuera con manifestar una verdad, no el cielo, el sol, el viento, sino nuestra Vida como portadora de Vida Divina a las criaturas, los otros milagros, la misma Creación son obras nuestras, no Vida, en cambio las verdades son Vida perenne, y si encuentran quién las recibe, se bilocan, se multiplican en modo increíble para cada una de las criaturas, tanto, que cada una la puede tener para sí como Vida que le pertenece.  Estas verdades como partos nuestros semejan en todo a nuestro Ente Supremo, no son voz y hablan, y hacen hablar; no tienen pies y caminan, pero tan veloces, que ninguno los puede alcanzar, ni impedir el paso; entran en las inteligencias, y forman el pensamiento para hacerse conocer; transmutan la voluntad para hacerse poseer; renuevan la memoria para no hacerse olvidar; caminan en las vías del corazón para hacerse amar.  Así que no tienen manos y obran, no tienen ojos y miran, no tienen corazón y generan amor.  Las verdades no son otra cosa que Vidas palpitantes de nuestro Ser Divino en medio a las criaturas, latido sin corazón, porque nuestro corazón es la criatura, y Nosotros como Espíritu purísimo que nos encontramos por todas partes, somos el latido, que mientras no se ve, se siente y formamos la vida y la damos a todas las generaciones humanas.  Por lo que no hay milagro similar al gran milagro de cuando sacamos de Nosotros una verdad, es una Vida nuestra que exponemos, la cual más que sol se hará luz de las criaturas, que flechándolas con su calor vital, madurará su Vida, primero en aquélla a quien va dirigida, y después se difunde en quien la quiera recibir, y si encuentran ingratos que no quieran recibir bien tan grande, ellas no están sujetas ni a morir, ni a perder la vida, sino que esperan con paciencia invicta, si es necesario aun por siglos, nuevas generaciones a las cuales darán los bienes que poseen, y cumplirán la finalidad por la que han salido del seno divino.  Nosotros al sacar nuestras verdades miramos los siglos, y cuando estamos seguros que bilocarán, multiplicarán nuestras Vidas en medio a las criaturas, entonces las sacamos para dar el bien que poseen, y para recibir el honor y la gloria divina que nuestras verdades poseen.  Nosotros jamás hacemos cosas inútiles, ¿crees tú que las tantas verdades que con tanto amor te hemos manifestado sobre nuestra Voluntad, no llevarán su fruto y no formarán su Vida en las almas?  De ningún modo, si las hemos sacado es porque ciertamente sabemos que llevarán su fruto y establecerán el reino de nuestro Querer en medio a las criaturas, y si no hoy, porque a las criaturas les parece que no sea alimento apto para ellas, y tal vez desprecian lo que les podría formar la Vida Divina en ellas, vendrá el tiempo en que harán competencia para ver quién podrá conocer estas verdades, con el conocerlas las amarán, el amor las volverá alimento adecuado para ellas, y así formarán la Vida que mis verdades les llevarán.  Por eso no te preocupes, es cuestión de tiempo, Yo que conozco cómo irán las cosas, no me detengo, continúo manifestando mis verdades, y tú sigue tu vuelo, y préstate a escucharme y a ponerlas en práctica”.

 

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34-37

Mayo 23, 1937

 

La Divina Voluntad es orden y paz, y esta es la señal de que Ella

reina.  Quien vive en el Querer Divino viene siempre renovado

en la santidad, amor y frescura divina, y en su acto corre el

acto creante y creciente de los bienes divinos.

 

(1) El mar del Querer Divino murmura continuamente, pero con armonía, orden y paz, sus olas si bien altísimas, son siempre pacíficas, y en cuanto invisten a las criaturas, Cielo y tierra, primero les dan el abrazo y el beso de paz, y después entran en sus almas; si no reciben el beso de paz, parece que siguen adelante, porque donde no hay paz el Querer Divino no se adapta, no es lugar para Él.  Pero mientras mi mente se perdía en este mar, mi siempre amable Jesús visitando mi pequeña alma, con una dulzura y paz divinas me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi Voluntad es orden, y la señal de si reina en el alma es el orden perfecto, el cual genera la paz.  Así que la paz es hija del orden, el orden es hijo inmediato y generado por mi Fiat.  Pero tú no sabes el gran bien que produce el orden, éste da el dominio a la criatura y la vuelve dominadora de sí misma, dominadora de todas las cosas creadas, y como su dominio es divino, porque es generado por mi Querer, domina sobre mi misma Voluntad y sobre todos.  Pero no es todo aún, la virtud del orden es admirable, se vincula con todos, se da a todos, y con sus olas pacíficas y dominadoras toma y hace suya la fuerza de la Creación, la de los santos que están en el Cielo, la misma fuerza divina la hace suya, sus modos ordenados y pacíficos son tan penetrantes e insinuantes, que todos la dejan hacer, mucho más que ella a todos se ha dado, no ha retenido nada para sí, es justo que todos se den a ella.  Por eso siente en sí la paz, la alegría, la felicidad de la celestial morada; todos se sienten unidos, vinculados con unión inseparable, porque lo que une mi Voluntad no está sujeto a separación.  Por eso el verdadero orden lleva la unión, el acuerdo con todos, y ella tiene un puesto en todos, y todos encontrarán un lugarcito en ella, que amará con el mismo amor con el cual los ama su mismo Creador.  Son los prodigios que sabe hacer mi Fiat omnipotente, donde Él reina no sabe hacer otra cosa que obras que lo semejan, y generan en el alma los efectos que forman su misma Vida, tanto que ninguna podrá decir nada, y debo poder decir:  ‘Ninguno me la toque, ni la podrán tocar porque es Voluntad mía, y si alguno se atreviera, sabré defenderme a Mí mismo, mi amor se convertirá para ellos en fuego de justicia y los humillaré hasta el polvo’.  Por eso sé atenta a que todo sea orden y paz en ti, si adviertes alguna cosa en contra ponte en guardia y ruégame, apresúrame para que con mi dominio eche por tierra todo lo que no es orden y paz perenne”.

(3) Después seguía pensando en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, en cuanto la criatura llama mi Voluntad en sus actos para vivir en Ella, Ella inviste a la criatura y a su acto con su fuerza creadora, y ahí renueva su Vida Divina; ahora, supón que la llama mientras está obrando, escucha qué hace mi Querer:  Llama en acto cuantas veces ha obrado la criatura, las une juntas como si fuera un acto solo, y poniendo su fuerza creadora transforma en divino todo lo que ha hecho y está haciendo, ahí sella la santidad de sus obras y les da el nuevo mérito y gloria como si todo de nuevo lo hubiese obrado por amor suyo; si ama, llama a vida cuantas veces ha amado y de ellas hace un solo amor; si sufre, llama a vida cuantas veces ha sufrido, las une juntas y ahí pone el sello de penas divinas, y les da el nuevo mérito de cuantas veces ha amado y sufrido, en suma todo lo que ha hecho, y lo repite, todas regresan en acto con el unirse juntas, para recibir la nueva belleza, santidad, gracia, frescura, amor, y nuevo mérito; en mi Voluntad no hay actos separados, ni divididos, sino unidad suma, todo debe dar de Mí, con esta sola diferencia, que en la criatura está nuestro acto creante y creciente, en cambio nuestro Ser Supremo no está sujeto ni a crecer ni a decrecer, es tanta nuestra plenitud, inmensidad, e infinitud, que para desahogo de nuestro amor sentimos la necesidad de dar y de amar a las criaturas, de ser amados, pero sin que en nada disminuyamos.  He aquí el por qué somos todo ojos, estamos como en guardia para ver cuando quiere hacer vida en nuestro Querer, para tener ocasión de amarla de más y enriquecerla de nuestro amor, para recibir amor.  Podemos decir que la cubrimos de nuestro Ser Divino, le damos el aliento, la unimos con Nosotros para gozárnosla y darle de lo nuestro, y cuando ella, sacudida por la fiebre de nuestro amor, por nuestro aliento quemante que le dice continuamente:  ‘Te amo, te amo oh hija’.  Y ella hace suyo nuestro eco y nos repite:  ‘Te amo, te amo Vida de mi vida, amor de mi amor, Padre mío, Creador mío, todo mío, te amo’.  Ella nos pone en fiesta y nos da las puras alegrías que queremos, porque le hemos dado la vida.  Por eso la queremos en nuestra Voluntad, para tenerla como la queremos, para darle lo que queremos darle, y para recibir lo que queremos de ella.  Fuera de nuestro Fiat, nuestro amor queda impedido por ella, hay tal separación entre ella y Nosotros, que ella se llega a sentir lejana de Nosotros, y Nosotros lejanos de ella, y llega aun a temernos y a tener temor de Nosotros.  ¡Oh! voluntad humana, dónde me arroja la criatura que tanto amo”.

 

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34-38

Mayo 28, 1937

 

La Reina, portadora de Jesús, el gran don que le fue

entregado.  Trabajo que tuvo del Ente Supremo.

 

(1) El vivir en el Querer Divino continúa, es tanto su amor que me esconde en su luz a fin de que no vea, no oiga, no toque más que su Santísima Voluntad.  Esta mañana, mi Madre Celestial me ha dado una dulce y querida sorpresa:  Habiendo recibido la Santa Comunión se hacía ver en mi interior, que estaba con el niño Jesús, lo tenía tan estrechado a su materno corazón, cubierto con sus brazos, que para mirarlo y recrearlo con mi pequeño amor, debía abandonarme entre sus brazos para estarme también yo unida con ellos, a fin de que pudiese amar como se amaban Jesús y la Mamá Reina.  ¡Oh! cómo estaban contentos de que yo quería hacer vida junto con ellos.  Ahora, mientras me estaba estrechada con ellos, la Soberana Reina, toda bondad y ternura me ha dicho:

(2) “Amada hija mía, tú debes saber que Yo soy la portadora de Jesús, esto fue un don que el Ente Supremo me confió, y cuando fue una realidad que Yo tuve la gracia, el amor, la potencia y la misma Voluntad Divina para tenerlo custodiado, defendido, amado, entonces me hizo la entrega del don, esto es, el Verbo Eterno, que se encarnó en mi seno diciéndome:  ‘Hija nuestra, te hacemos el gran don de la Vida del Hijo Dios, a fin de que tú seas la dueña de Ella y lo dones a quien quieras, pero debes saber cómo tenerlo defendido, jamás lo dejes solo en aquellos a quien lo dones, para suplir si no lo aman, para repararlo si lo ofenden, harás de modo que nada le falte a la decencia, a la santidad, a la pureza que le conviene, sé atenta, es el don más grande que te hacemos, y te damos el poder de bilocarlo cuantas veces quieras, a fin de que quien lo quiera pueda recibir este gran don y poseerlo’.  Ahora, este Hijo es mío, es don mío, y como mío conozco sus secretos amorosos, sus ansias, sus suspiros, pero tanto, que llega a llorar y con sollozos repetidos me dice:  ‘Mamá mía, dame a las almas, quiero las almas’.  Yo quiero lo que quiere Él, puedo decir que suspiro y lloro junto, porque quiero que todos posean a mi Hijo, pero debo poner al seguro su Vida, el gran don que Dios me confió; he aquí por qué si desciende en los corazones Sacramentado Yo desciendo junto por garantía de mi don, no puedo dejarlo solo; pobre Hijo mío si no tuviera a su Mamá que desciende junto, cómo me lo tratan mal, quién no le dice un te amo de corazón, y Yo debo amarlo; quién lo recibe distraído, sin pensar en el gran don que reciben, y Yo me derramo sobre Él para no dejarlo sentir sus distracciones y frialdades; quién llega a hacerlo llorar, y Yo debo quitarle el llanto y hacer los dulces reproches a la criatura, que no me lo hagan llorar.  Cuántas escenas conmovedoras suceden en los corazones que lo reciben Sacramentado; hay almas que jamás se contentan de amarlo, y Yo les doy mi amor, y también el suyo para hacerlo amar, estas son escenas de Cielo, y los mismos ángeles quedan raptados, y nos reanimamos de las penas que nos han dado las otras criaturas.  ¿Pero quién puede decirte todo?  Soy la portadora de Jesús, ni Él quiere estar sin Mí, tanto, que cuando el sacerdote está por pronunciar las palabras de la Consagración sobre la Hostia Santa, hago alas con mis manos maternas, a fin de que descienda por medio de mis manos para consagrarse, para que si manos indignas lo tocan, Yo hago sentir las mías que lo defienden y lo cubren con mi amor.  Pero esto no basta, estoy siempre en guardia para ver si quieren a mi Hijo, tanto, que si algún pecador se arrepiente de sus graves pecados y la luz de la gracia despunta en su corazón, Yo, rápidamente le llevo a Jesús como confirmación del perdón, y Yo pienso en todo lo que se necesita para hacer que se quede en aquel corazón convertido.  Soy la portadora de Jesús, y lo soy porque poseo en Mí el reino de su Voluntad Divina; Ella me revela quién lo quiere, y Yo corro, vuelo para llevarlo, pero sin jamás dejarlo, y no sólo soy portadora, sino espectadora, escucha de lo que hace y dice a las almas.  ¿Crees tú que Yo no estaba presente para escuchar las tantas lecciones que mi amado Hijo te daba sobre su Divina Voluntad?  Yo estaba presente, escuchaba palabra por palabra lo que te decía, y en cada palabra Yo agradecía a mi Hijo y me sentía doblemente glorificada porque hablaba del reino que Yo ya poseía, que había sido toda mi fortuna y la causa del gran don de mi Hijo, y al oírlo hablar Yo veía injertada la fortuna de mis hijos con la mía; ¡oh! cómo exultaba, todas las lecciones que te ha dado, y aún más, están ya escritas en mi corazón, y al ver que te las repetía a ti, Yo gozaba en cada lección un paraíso de más, y cuantas veces tú no estabas atenta y olvidabas, Yo pedía perdón por ti y le rogaba que repitiese sus lecciones, y Él para contentarme, porque no sabe negar nada a su Mamá, te repetía sus bellas lecciones.  Hija mía, Yo estoy siempre con Jesús, pero a veces me escondo en Él, y parece que Él hace todo, como si hiciera sin Mí, pero Yo estoy dentro, concurro junto con Él y estoy al día de lo que hace; otras veces se esconde Él en su Mamá y me hace hacer a Mí, pero siempre es concurrente conmigo; otras veces nos hacemos presentes los dos, y las almas ven a la Madre y al Hijo, quienes los aman tanto según las circunstancias y el bien que ellas requieren, y muchas veces es el amor que no podemos contener que nos hace dar en excesos hacia ellas; pero ten por seguro que si está mi Hijo, estoy Yo, y que si estoy Yo, está mi Hijo, es un trabajo que me fue dado por el Ente Supremo, del cual Yo no puedo ni quiero retirarme, mucho más que estas son las alegrías de mi maternidad, los frutos de mis dolores, la gloria del reino que poseo, la Voluntad y el cumplimiento de la Trinidad Sacrosanta”.

 

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34-39

Junio 6, 1937

 

Interés que Dios tiene de que la criatura viva en su Voluntad.

Dote que dará.  Vigilancia de Jesús para suplir en lo que falta,

y si es necesario hará milagros.  Ejemplo de un rey.

 

(1) Me siento entre los brazos del Querer Divino, y pensaba entre mí:  “Me parece difícil que se pueda vivir perfectamente en Él, la vida está llena de obstáculos, de penas y de circunstancias tales, que queda como absorbida por ellas y pierde su rápido curso, que como respiro y latido debería correr en aquel Fiat Divino, y el suyo que como respiro y latido debería correr siempre, sin jamás detenerse, en el nuestro, para darnos vida”.  Y mi dulce Jesús compadeciendo mi ignorancia, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que la primera cosa más interesante, es que nuestro Ente Supremo quiere que la criatura haga vida en nuestra Voluntad, siendo este el único fin por el cual le hemos dado la vida.  Ahora, cuando Nosotros queremos, damos todos los medios, las ayudas, las cosas necesarias que se necesitan para hacer que pueda darnos lo que queremos de ella, y si es necesario un milagro continuado por parte nuestra, lo hacemos, con tal de obtener nuestro intento.  Tú no sabes qué significa un acto querido por Nosotros y cumplido en la criatura, es tanto su valor, la gloria que nos da, que llega a hacerse nuestra corona, abraza al Eterno, y es tanto el contento que nos da, que ponemos nuestro Ser Divino a disposición de la criatura, para hacer que nuestro acto querido y cumplido tenga su vida en ella.  Ahora, la primera dote que damos a quien quiere vivir en nuestra Voluntad Divina, el primer apoyo, la defensa segura, son las verdades, éstas abren el ingreso, le muestran el camino y celosas se ponen como fieles centinelas en torno a quien quiere vivir en mi Fiat, la luz de nuestras verdades que pertenecen a Él no se aparta jamás de la afortunada criatura, la inviste, la acaricia, la modela, la besa, y se da sorbo a sorbo a su inteligencia para hacerse comprender, y esto por cortejo de la Vida de mi Querer que reina en ella.  Las verdades cuando se desprenden de nuestro seno, tienen su trabajo del bien que deben hacer, las almas que deben encerrar en la luz que poseen, y por eso son todo ojo sobre de ellas, las fijan tanto, que no les pueden huir, ni se cansan, aunque pasaran siglos están siempre en su puesto.  Mira entonces qué gran dote daré a quien debe vivir en nuestro eterno Querer, todos los conocimientos que he manifestado sobre de Ella, los valores inmensos, sus prerrogativas, su amor, y el amor que me ha empujado a manifestarlas, será la gran dote, y dote divina que daré a quien quiera vivir en mi Fiat, en la cual encontrarán todas las ayudas sobreabundantes para volverse ricos y felices.  Encontrarán en estas verdades la madre tierna, que tomándolas en su regazo como pequeñas niñas, les pone las fajas de luz, les pone en la boca el alimento, las hace dormir sobre su seno; para tenerlas seguras camina en sus pasos, obra en sus manos, habla en su voz, ama y late en sus corazones, y para tenerlas atentas y divertidas les hace de maestra, diciéndoles las escenas encantadoras de la patria celestial.  En estas verdades encontrarán quién llora y sufre junto con ellas, quién sabe poner en comercio aun su respiro; las más pequeñas cosas, las mismas naderías las cambiará en conquistas divinas, y eternos valores”.

(3) Y yo:  “Jesús mío, Tú tienes razón, pero la debilidad humana es tanta, que yo temo que haga sus escapadas de dentro de tu Voluntad”.  Y Jesús retomando la palabra ha agregado:

(4) “Hija mía, tu temor me desagrada, tú debes saber que es tanto mi interés, el amor que me quema por querer que el alma viva en mi Voluntad, que tomo el empeño de todo, la suplo en todo, pero hago esto cuando ha habido una decisión firme y constante de querer vivir en Ella, y por parte suya no falta, hace cuanto más puede.  Hija mía, escucha un secreto mío, y hasta dónde me hace llegar mi amor, escucha qué hago cuando por estrecha necesidad de la vida humana, esta vida que es también mía, por penas que Yo mismo dispongo queda atontada y extraviada, y por lo tanto no sabe seguir los actos de la Vida que reina en ella, Yo,  que quiero que esta Vida no quede despedazada, porque siendo Ella Vida, no virtud, en que se pueden hacer actos a intervalos y a circunstancias, sino que para la Vida hay toda la necesidad del acto continuo, Yo que estoy de guardia y celoso mantengo la vigilancia, en cuanto veo que ella interrumpe su curso, Yo hago lo que debería hacer ella, entonces mi obrar en mi Fiat la sacude y regresa en sí misma, y sigue su curso en mi Querer, y Yo sin ni siquiera decirle nada de su detenerse, anudo de donde dejó y donde siguió mi acto, de modo que la Vida de mi Fiat no queda despedazada en ella, porque Yo he suplido a todo, mucho más que en su voluntad, ella quería, pero la debilidad la ha interrumpido.  Así que es tanto mi amor por querer que se viva en mi Voluntad, que a cualquier costo, aunque se requirieran milagros continuados, Yo los haré.  ¿Pero has notado mi ternura y mi fuerte amor?  Porque habiendo faltado a su curso Yo no le reprocho, no le digo nada, y si veo que advierte que ha faltado le doy ánimo, la compadezco para no despertarle desconfianza, y todo bondad le digo:  ‘No temas, Yo te he suplido, y tú estarás más atenta, ¿no es verdad?’  Y ella al ver mi bondad me ama de más.  Yo sé que debo dar de lo mío para hacer que la criatura viva en mi Voluntad, y por eso haré como un rey que ama mucho que su reino sea poblado; aquél hace oír a todo el mundo que quiere saber si hay alguien que quiera venir a su reino para mandarle el dinero para el viaje, que le hará encontrar una habitación a su disposición, vestidos y alimentos abundantes; el rey se compromete a darle tales riquezas, de volverlo rico y feliz; será tanta la bondad de este rey, que hará vida junto con el pueblo, que lo ama tanto porque con sus riquezas los ha rescatado de las miserias e infelicidad de la vida.  Tal soy Yo, haré saber al mundo entero que quiero el pueblo de mi Querer Divino, y con tal que me den su nombre y me hagan conocer que quieren venir a mi reino, Yo les daré todos los bienes; en él la infelicidad no tendrá lugar, cada uno poseerá su reino, será rey de sí mismo, y harán vida junto con su Creador.  Yo desahogaré tanto en el dar, que todos quedarán raptados.

(5) Hija mía, ¡oh! cómo suspiro este vivir de la criatura en mi Voluntad, tú ruega y suspíralo junto Conmigo, y te sea dulce el poner la vida por un reino tan santo”.

 

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34-40

Junio 18, 1937

 

Qué se obtiene y qué significa el someterse a la Divina Voluntad.

Intercambio de abandonos entre la Voluntad Divina y el alma;

mérito que se adquiere.  Desahogo de amor.  Cómo en cada

cosa creada está el depósito de amor para nosotros.

 

(1) Estaba siguiendo al Querer Divino en sus actos, y ¡oh! cuántas sorpresas, cuántas cosas consoladoras, se siente tal amor que se queda uno como ahogado en las llamas divinas, y mi dulce Jesús queriéndome hacer conocer más qué significa una sumisión, un acto de más en el Querer Divino, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, si supieras cómo mi amor siente una extrema necesidad de desahogarse, y de hacer conocer qué cosa vierte en la criatura cuando se somete a mi Voluntad y viene como hija nuestra a vivir en Ella.  En cuanto se somete y la vemos en nuestros recintos divinos, que son interminables, nos sentimos raptar y vertemos en ella un nuevo mar de amor, pero tan grande, que se siente ahogada, y no pudiendo contenerlo todo, hace don a todos, a todas las cosas creadas, a los santos, a los ángeles, a su mismo Creador, y también a los corazones dispuestos de la pobre tierra, del mar de amor que ha recibido; nos sentimos dar a todos para hacernos amar por todos.  Qué comercio, cuántas industrias amorosas, nos sentimos repetir nuestras sorpresas de amor, intercambiar nuestros modos divinos.  En cuanto la criatura se somete a nuestra Voluntad para hacerla reinar, nos forma el lugar en la suya para hacernos obrar como Dios en su pequeño campito, y son tales y tantos los prodigios que hacemos, nuestras industrias de amor, que los Cielos se abajan, se sacuden y miran estupefactos lo que hacemos en la criatura donde reina nuestro Fiat Divino.  Tú debes saber que nuestra Creación no terminó en el hombre, porque fue interrumpida por la sustracción que hizo de nuestro Querer, no reinando en él no podíamos fiarnos de él, y por eso quedó como suspendida la continuación de nuestra obra creadora; por eso con ansia esperamos que vuelva a los brazos de nuestro Fiat, para que lo haga reinar, y entonces reemprenderemos la Creación, y ¡oh! cuántas cosas bellas haremos, daremos dones sorprendentes, nuestra sabiduría pondrá fuera todo su arte divino, y ¡oh!, cuántas bellas imágenes que nos semejan pondrá fuera de su luz divina, todas bellas, pero distintas la una de la otra en la santidad, en la potencia, en la belleza, en el amor, en los dones, nuestro amor no estará más obstaculizado, encontrando nuestro Querer podrá hacer y dar lo que quiera, así que desahogará tanto en el dar para rehacerse de su amor reprimido.  Y como estaremos libres en el dar, los llamaremos los tiempos nuestros, haremos conocer quiénes somos, cuánto los amamos y cómo nos deben amar, les daremos nuestro amor a su disposición, a fin de que nos podamos amar con un solo amor.  Así que quien llegue a vivir en nuestro Querer será nuestro triunfo, nuestra victoria, nuestro ejército divino, la continuación de nuestra Creación y su cumplimiento.  ¿Crees tú que sea nada para Nosotros el querer dar y no poder dar?  ¿El poder crear innumerables prodigios de gracias, de santidad, y porque no reina nuestra Voluntad en las almas estamos como rechazados e impedidos de poder crear nuestras obras más bellas?  Este es nuestro máximo dolor, por eso con el no hacer jamás tu voluntad podrás aliviarnos este dolor, y con el hacer siempre la nuestra tendrás nuestra potencia, nuestro amor en tu poder, así podrás raptar a nuestro Fiat para hacerlo reinar en medio a las generaciones humanas”.

(3) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, y decía entre mí:  “¿No basta darse una vez en poder del Fiat Divino?  ¿Cuál puede ser el bien de darse siempre?”  y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4)“Hija mía bendita, tú no sabes los secretos de nuestro amor y nuestras estratagemas infinitas, que llegan hasta el exceso; se necesita amar en verdad para saber encontrar tantos inventos de amor para poderse dar y recibir de quien se ama.  Tú debes saber que cada vez que la criatura se da a Nosotros, en poder de nuestro Querer, Nosotros nos damos a ella, como abandonándonos en el seno de la criatura, y si tú supieras qué significa este nuestro abandonarnos, la gracia, el bien que le dejamos, la renovación de nuestra Vida que le repetimos, tu corazón estallaría de alegría, de felicidad y de amor.  Pero esto es nada, cada vez que se da a Nosotros, Nosotros le damos el mérito por habernos dado su vida, y si se da diez, veinte, cien, mil veces, y aún más, tantas veces le damos el mérito como si nos hubiese dado tantas vidas por cuantas veces se ha dado, y Nosotros tantas veces le damos nuestra Vida, la renovamos en la nuestra, le repetimos el bien, más bien lo acrecentamos por cuantas veces se ha dado a Nosotros.  Es tanta nuestra complacencia, el gusto que sentimos cuando la criatura se da a Nosotros, que prodigamos tanto hacia ella, que tantas veces le damos el mérito de poseer tantas Vidas Divinas, y bilocando la suya le damos el mérito de tantas vidas por cuantas veces se ha dado.  Este es nuestro comercio divino:  queremos para darnos, nos damos para recibir la vida de la criatura en nuestro Ser Supremo’.  Este intercambio de vidas mantiene la conversación, hacemos conocer quiénes somos, les hacemos sentir los latidos ardientes, el amor que nos consume, cómo la amamos y cómo queremos ser amados.  Y además, si no sintiese la necesidad de darse continuamente a Nosotros, es señal que no nos ama, y su corazón no está en posesión de nuestro amor irresistible.  esta es la señal del verdadero amor:  ‘Quererse dar siempre, casi a cada instante a quien ama’.  Pero mientras se da, la fuerza del amor se impone, porque quiere recibir, y si no recibe se sentiría ahogado y estallaría en gritos de dolor, tanto, de ensordecer a Cielos y tierra.  Por eso, para no llegar a tales estrechuras de dolor, mi amor espera que la criatura se done a Mí, y Yo rápidamente me dono a ella, con toda la infinitud de nuestra Voluntad”.

(5) Después seguía mi giro en la Creación, y ¡oh! cuántas bellas sorpresas, cada cosa creada me decía cuánto me ama Dios, cada una de ellas poseía el espacio que contenía un deposito de amor, que debía decirme siempre:  “Te ama, te ama tu Creador”.  Yo he quedado sorprendida, y mi dulce Jesús regresando me ha dicho:

(6) “Hija mía, tú sabes que la Creación fue un desahogo de nuestro amor, y mientras sacamos la Creación a la luz del día teníamos a todos presentes, ninguna criatura nos huyó y poníamos para cada una de ellas, en cada cosa creada, un depósito de amor que debía amarla y decirle siempre:  ‘Te ama, te ama tu Creador’.  Así que si las cosas creadas corren para darles el bien que poseen, es nuestro amor que las hace correr.  Si el cielo se extiende sobre la cabeza de todos, es nuestro depósito de amor que les da el derecho.  Si el sol da su luz a todos, es la herencia del amor que cada uno tiene en el Sol de su Creador.  Si la tierra está firme bajo sus pasos, es nuestro depósito de amor que hace tomar como en el seno de la madre tierra a la criatura, y asegurándole el paso le dice bajo sus plantas:  ‘Te ama, te ama Aquél que te ha creado’.  Si el agua te quita la sed, es nuestro grito de amor que corre en el agua y te quita la sed, te lava, da el humor a las plantas, y tantos otros bienes que hace.  Si el fuego no te quema, es nuestro depósito de amor, que son las propiedades de las criaturas que gritan:  ‘Calienta a mi hija, no le hagas ningún mal’.  Y así de todas las otras cosas.  Ahora quiero decirte una cosa consoladora, si la criatura entra en las cosas creadas, reconoce este nuestro depósito de amor en cada una de ellas y hace resonar su amor en el nuestro, prepara la mesa a su Creador.  Mira, sólo en el sol cuánta diversidad de alimentos de amor puedes prepararnos, en aquella luz está la dulzura de nuestro amor, y tú, amándonos, al toque del nuestro endulzas el tuyo y nos das el alimento del amor que nos endulza; en aquella luz están los gustos de nuestro amor, y tú amándonos nos das las alegrías de los tantos gustos de nuestro amor; en aquella luz está nuestro amor fecundo, el amor que hiere, quema y consume, y tú amándonos adquirirás la fecundidad divina en tu amor, la virtud de herirnos, de quemarte y consumirte por Nosotros; está también la variedad de los colores que todo embellecen, y tú amándonos adquirirás la virtud del bello amor, en el cual quedarás como revestida de una belleza encantadora, y ¡oh! cómo nos sentiremos raptados.  Hija, si te quisiera decir la multiplicidad y diversidad de amor que hemos puesto en cada cosa creada para cada una de las criaturas, y cómo ella tiene el deber de conocer este nuestro múltiple amor para encontrar el modelo de amarnos con tantos amores distintos, como la hemos amado, no terminaría jamás.  Pero, ¡ay de Mí!  nuestro amor queda aislado, sin la compañía del amor de la criatura, y esto es un dolor para Nosotros, que nuestro amor no es reconocido en cada cosa creada, mientras que todas tienen el mandato de Nosotros de amarla con amor distinto:  En el viento corren los soplos de nuestros besos, las ráfagas de nuestras caricias amorosas, los gemidos de nuestro amor sofocado; en la impetuosidad del viento nuestro amor imperante que quiere hacerse conocer para imperar sobre todos, y a veces llega como a hablar casi con gritos ensordecedores, para hacer que ninguna otra cosa pueda oír, sino sólo nuestro amor que la ama.  ¡Oh! si la criatura reconociera nuestro amor que corre en el viento, nos restituiría nuestros besos y nuestras caricias con las suyas; si reconociera que la besamos y la acariciamos porque queremos ser besados y acariciados por ella, gemiría junto con nuestro amor para no hacernos sofocar, nos amaría con su y nuestro amor imperante, y gritando junto con nuestro amor ensordecería a todos al decirles:  ‘Amemos, amemos a Aquél que tanto nos ama’.  También en el aire que todos respiramos, ¿cuánto amor no corre?  Pero no, no a intervalos como en las otras cosas creadas, sino a cada instante, en cada respiro, si duerme, si trabaja, si camina, si come, corre siempre nuestro amor, pero con un amor distinto y nuevo de todas las otras cosas creadas, en el aire corre nuestro amor que da vida, con una rapidez encantadora que ninguno le puede resistir, corre en el corazón, en la sangre, en los huesos, en los nervios, en todo, y se constituye acto vital del ser humano y calladamente le dice:  ‘Te traigo el amor continuo de tu Creador, y porque es continuo te puedo dar vida’.  ¡Oh! si nos reconocieran en el aire que respiran, el acto de vida que hemos puesto en él, el ímpetu de nuestro amor que corre, corre siempre sin detenerse jamás, nos daría por correspondencia su vida para amarnos, para decirnos nuestra historia de amor y repetir nuestro estribillo:  ‘Te amo, te amo siempre, en todo y en cada cosa, como Tú me has amado’.  De la cosa creada más grande hasta la más pequeña, está un amor nuestro nuevo y distinto para las criaturas, y como no lo conocen no nos corresponden, es más, con suma ingratitud corresponden nuestro amor con ofensas.  Y por esto esperamos que nuestra Voluntad sea conocida y domine en medio a las generaciones humanas, la cual será la reveladora de nuestro amor, y entonces nos reharemos y nos amaremos con un solo amor.  Cómo estaremos contentos, y viéndonos amados agregaremos otros nuevos y distintos amores, así no estará más reprimido nuestro amor, sino que tendrá su desahogo de amor y de ser amado.  Por eso ruega que venga nuestro reino, y tú reconoce nuestro amor, y si quieres amor ámanos, si no encontramos nuestro amor en la criatura no sabemos qué darle, ni qué hacer con ella, porque falta el apoyo dónde poner nuestras gracias, y el primer elemento que forma nuestra Vida en ella”.

 

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34-41

Junio 28, 1937

 

Lo que Dios hace a la criatura cuando se decide a vivir en su Voluntad.

En cuanto se decide a vivir en el Querer Divino, su nombre es escrito

en el Cielo y queda confirmada en el bien, en el amor y santidad

divina, y viene agregada a la milicia celestial.  Ejemplo.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, me siento llevada en sus brazos, pero con tal amor y ternura, de sentirme confundida al verme tan amada, y circundada por todas partes por su materna bondad.  Y mi dulce Jesús repitiéndome su breve visita, con un amor tal que sentía que me estallaba el corazón, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía de mi Querer, si tú supieras cuál es nuestro contento al ver entrar en el alma nuestra Voluntad, se puede decir que ella corre hacia Nosotros, y Nosotros hacia ella, y en cuanto nos encontramos, nuestra Voluntad la inviste de luz, nuestro amor la besa, nuestra potencia la toma en brazos, nuestra sabiduría la dirige, nuestra santidad la inviste y se pone como sello, nuestra belleza la embellece, en suma, todo nuestro Ser Divino se pone en actitud en torno a ella para darle de lo nuestro, ¿pero sabes por qué?  Porque entrando en nuestro Querer, no para vivir del suyo sino del nuestro, Nosotros recibimos lo que salió de Nosotros, nos sentimos restituir la finalidad por la cual la creamos y por eso hacemos fiesta.  No hay acto más bello, escena más encantadora, que el entrar la criatura en nuestra Voluntad, y cada vez que entra, tantas veces la renovamos en nuestro Ser Divino, dándole nuevos carismas de amor, por eso quien vive en nuestro Querer nos tiene en fiesta, ella siente la necesidad de vivir en él para ser acariciada por su Creador, y Nosotros sentimos la necesidad de ser acariciados por ella, y darle nuevos carismas de gracias y santidad”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y yo me sentía abismada en el Eterno Querer y maravillada al oír cuánto somos amados por Dios si vivimos en su Querer; miles de pensamientos se acumulaban en mi mente, y mi amado Jesús, retomando su hablar me ha dicho:

(4) “Hija mía, no te maravilles por lo que te he dicho, es más, te diré cosas más sorprendentes aún, pero cuánto quisiera que todos las escucharan para hacer que todos decidieran vivir en mi Querer.  Escucha cómo es consolador y bello lo que mi amor me empuja a decirte, es tanto mi amor, que siento la necesidad de decirte hasta dónde llegamos para quien vive en nuestro Querer.  Tú debes saber que en cuanto el alma se decide repetidamente y firmemente de no vivir más de su voluntad, sino de la nuestra, su nombre es escrito en el Cielo con caracteres de luz imborrables, y viene alistada en la milicia celestial como heredera e hija del reino de la Divina Voluntad.  Pero esto no basta a nuestro amor, la confirmamos en el bien, de modo que sentirá tal horror por cada mínima culpa, que no será capaz de volver a caer en ellas, y no sólo eso, sino que quedará confirmada en los bienes, en el amor, en la santidad, etc., de su Creador; será investida por la prerrogativa de comprensor, no más será mirada como exiliada, y si estará sobre la tierra, será como oficial de la milicia celestial, no como exiliada, tendrá todos los bienes a su disposición, podrá decir:  ‘Siendo toda mía su Voluntad, lo que es de Dios es mío’.  Más bien se sentirá poseedora de su Creador, y como no obra más con su voluntad, sino con la mía, se han roto todas las barreras que le impedían sentir a su Creador, las distancias han desaparecido, las desemejanzas entre ella y Dios no existen más, se sentirá de tal manera amada por Aquél que la ha creado, de sentirse estallar el corazón de amor para amar a Aquél que la ama; y sentirse amada por Dios es la alegría, el honor, la gloria más grande para la criatura.  Hija mía, no te maravilles, son nuestras miras, la finalidad para la cual fue creada la criatura, de encontrar en ella nuestra Vida, nuestra Voluntad reinante, nuestro amor, para ser amados y para amarla, si esto no fuera, toda la Creación sería una obra indigna de Nosotros”.

(5) Yo sentía que me estallaba el corazón de alegría al oír esto que mi amado Jesús me ha dicho, y decía entre mí:  “¿Será posible todo este gran bien?”  Y el dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija, ¿no soy Yo dueño de hacer y de dar lo que quiero?  Basta con que lo quiera y todo está hecho, y además, también en el bajo mundo suceden cosas que en algún modo semejan esto:  Si un hombre da su nombre inscribiéndose en el ejército del gobierno, éste para estar seguro de aquél lo hace jurar fidelidad al gobierno, este juramento lo hace quedar atado al ejército, se viste con los uniformes de la milicia, de modo que viene reconocido por todos que pertenece al ejército, y cuando ha mostrado habilidad y fidelidad recibe la paga de por vida, con esta paga que ninguno le puede quitar, no le puede faltar nada, puede tener siervos que lo sirvan, puede vivir con todas las comodidades de la vida, aun cuando con el tiempo se retire.  ¿Y qué cosa ha dado al gobierno?  Sólo la parte externa de su vida, la que le ha dado el derecho de recibir la paga durante la vida.  En cambio, quien con decisión firme me ha dado su voluntad, me ha dado la parte más noble, más preciosa, cual es su voluntad, en ella me ha dado todo el interior y el exterior, también el respiro, y con esto ha merecido ser inscrita en el ejército divino, de modo que todos la conocerán que pertenece a nuestra milicia.  ¿Cómo podré hacerle faltar algo, cómo no amarla?  Si esto pudiera ser, para tu Jesús habría sido el dolor más grande, me habría quitado la paz que en naturaleza poseo, el no amar a aquélla que todo me ha dado y que con amor indecible la poseo, la tengo en mi corazón y la hago hacer mi misma Vida”.

 

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34-42

Julio 4, 1937

 

Dios quiere formar tantas Vidas Divinas suyas en cada una de las criaturas.

Quien vive en el Querer Divino se hace portadora de todos y de todo a su Creador.

 

(1) Me encontraba toda investida por el Querer Divino, dondequiera y por todas partes lo encontraba en acto de querer darme su Vida, y ¡oh! cómo me sentía feliz al sentir su imperio que a cualquier costo, con sus estratagemas amorosas quería encerrar en mí su Vida perenne.  Yo he quedado sorprendida, y mi siempre amable Jesús, visitando mi pobre y pequeña alma, con su acostumbrada bondad y dulzura me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, si tú supieras cómo gozo y cómo se desahoga mi amor al manifestarte nuestros arcanos celestiales, en qué estado de amor se encuentra nuestro Ente Supremo, nuestra Voluntad adorable, para darme gusto me apresurarías a hacerme decir en qué modo nos encontramos en medio a las criaturas, y el gran bien que les podemos hacer.  Ahora, tú lo sabes, que nuestra inmensidad envuelve todo, nuestra potencia y fuerza es tanta, que llevamos como en brazos a todo y a todos como si fueran una pequeña pluma; todo esto es naturaleza en nuestro Ser tres veces Santo, tanto, que si nos quisiéramos empequeñecer no lo podemos, nuestra inmensidad y potencia corre en cada fibra del corazón, en todos los respiros, en la rapidez de la sangre que corre en las venas, en la velocidad del pensamiento, somos actores y espectadores y estamos al día de todo.  Pero esto es nada, no son otra cosa que las cualidades de nuestro Ente Supremo, lo que es más de maravillar es que queremos formar tantas Vidas nuestras en cada criatura; esto es obrar como Dios, tener virtud de poder formar tantas Vidas Divinas por cuantas criaturas ha puesto fuera a la luz del día; del resto, la criatura es nuestra, creada por Nosotros, vivimos juntos, y porque la amamos nuestro amor nos lleva con una fuerza irresistible y potencia toda nuestra a formarnos como vida en ella, y nuestro arte creador, que no se contenta con crear a las criaturas, en el ímpetu de su amor quiere crearse a Sí mismo en la persona creada.  Mira entonces en qué condiciones nos encontramos en medio de la familia humana, en acto de formar siempre Vidas nuestras en ellas, pero nuestro arte creador queda rechazado, sofocado, sin poder continuar nuestra Creación Divina; mientras vivimos junto con ellas, viven a expensas de nosotros, viven porque viven de Nosotros, sin embargo tenemos el gran dolor de no poder formar nuestra Vida en ellas, mientras que esto sería nuestro máximo contento, la más grande gloria que nos darían si nos dieran la libertad de hacernos vida de cada criatura.  Pero ¿sabes donde somos libres de formar esta Vida nuestra?  En quien vive en nuestra Voluntad, nuestro Fiat Divino nos prepara las materias primas para formar nuestra Vida, pone en actitud a su potencia, a su santidad, a su amor, y nos llama en el fondo del alma, y Nosotros encontrando las materias adaptables y posibles, formamos con amor indecible nuestra Vida Divina, no sólo la formamos sino que la hacemos crecer, y con sumo gusto y deleite desarrollamos nuestro arte creador en torno a esta celestial criatura, y comenzamos la cadena de los prodigios.  Ahora, ella poseyendo a su Creador, a nuestra Voluntad obrante en ella, se vuelve la portadora de todos y de todo:  Si piensa nos trae los pensamientos de todos, y se hace suplidora y reparadora de todas las inteligencias humanas; si habla, si obra, si camina, lleva las palabras, las obras, los pasos de todos, la misma Creación le hace decoroso cortejo, y se hace portadora del cielo, de las estrellas, del sol, del viento, de todo, no deja nada atrás, nos trae el homenaje, la gloria de todas nuestras cosas creadas, hasta el homenaje del dulce canto del pequeño pajarito; poseyendo la Vida de Aquél que la ha creado, todas le hacen corona, más bien todas quieren ser llevadas por aquélla que posee el acto hablante, a fin de que por cada una le diga la historia hablante de amor, por la que han sido creadas por su Creador.  Así que quien posee nuestro Querer, adquiere nuestro celo de amor, que todo queremos para Nosotros, y esto con suma justicia, porque no hay cosa que Nosotros no hayamos dado, por lo tanto con justicia todo queremos.  Así, ella, llevada por nuestra misma locura de amor quiere todo para darnos todo, y celosa quiere traernos todo para decirnos por todos y por cada cosa creada su palabrita de amor.  Por eso quien vive en nuestro Querer no está jamás sola, primero está con su Creador, con el cual está siempre en competencia de amor para ver cómo se pueden amar más, y estando todas las cosas a su alrededor, se hace portadora de todo a Aquél que ama, que siendo amor infinito, quiere ver en la criatura todas las cosas convertidas en amor por amor suyo”.

 

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34-43

Julio 12, 1937

 

Cómo las reflexiones humanas quitan el puesto a las divinas, y son

piedras que enturbian la fuente del alma.  Cómo la Divina Voluntad

convierte en naturaleza su amor, y lo que hace en el punto de la

muerte lo anticipa a quien vive en Ella.

 

(1) Estoy entre los brazos del Querer Divino, el cual más que vigilante centinela, no sólo quiere hacerse vida de cada uno de mis actos, sino que penetrando en cada rincón de mi corazón y de mi mente, me reprende si todo lo que entra en mí no es parto del Fiat.  Y mi siempre amable Jesús, visitando mi pequeña alma, y poniéndose en actitud de maestro que en todo quiere enseñar a su hija, me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Voluntad, tú debes saber que las reflexiones propias, las impresiones, las opresiones, las melancolías, las dudas, los pequeños temores, impiden las reflexiones divinas, las impresiones santas, el rápido vuelo hacia el Cielo, las alegrías del verdadero bien, la paz celestial; ellas son como tantas piedras arrojadas dentro de un lago mientras la persona se está mirando reflejada en aquellas aguas limpias como dentro de un espejo, y ve toda entera su persona, bella y ordenada como es; ahora, ¿qué sucede?  Mientras se está mirando en aquellas aguas tersísimas, viene arrojada en aquel lago una pequeña piedra, el agua se encrespa, se enturbia y forma tantas ondas y ondas que se enturbia toda el agua, y de la pobre persona que se estaba mirando, ¿qué ha sucedido?  Conforme se formaban las ondas en el agua, así se llevaban, quién un pie, quién un brazo, quién una mano, quién la cabeza, de modo que se veía toda destrozada por las ondulaciones de aquellas aguas; ¿quién ha sido la que ha hecho perder la limpieza de aquellas aguas de modo que no se ve más entera su imagen, sino en modo de dar piedad?  ¿Quién ha sido?  Una pequeña piedra.  Tal es el alma creada por Dios, más que fuente tersísima, en la cual Dios debía mirarse en ella, y ella en Dios; ahora; las reflexiones, las opresiones, las dudas, temores, etc., son como tantas piedras arrojadas en el fondo de su alma, y Dios mirándose en ella, no lo siente todo entero, sino como dividido en tantas partes, por lo tanto dividida la fuerza, la alegría divina, la santidad, la unidad de la paz, esto le impedirá conocer quién es Dios, cuánto la ama y qué quiere de ella; y queriéndose mirar ella en Dios, estas piedras le impedirán el paso haciéndola tropezar en el camino, impidiéndole el vuelo para mirarse en Aquél que la ha creado, mientras que parecen cosa de nada.  No obstante en esto viene formado el conocimiento de Dios en la criatura, la unión, la santidad, el mirarse Dios en la criatura, y ella en Dios.  Si el alma no es turbada por estas piedras que se pueden llamar bagatelas del alma, que faltando la solidez y sustancia del verdadero amor, están siempre enturbiadas y Dios no se puede espejear en ellas para formar su bella imagen, por eso sé atenta y busca siempre mi Voluntad”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y yo he quedado pensando en el gran mal que hacen las reflexiones propias, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, sólo en mi Voluntad el alma puede llegar al ápice de la santidad más alta, y encerrar en sí, por cuanto a criatura es posible, un acto completo, de llenarse tanto, de no dejar ningún vacío en ella, tanto de convertirse en naturaleza propia el bien que hace; si ama en mi Fiat, la ola del amor le llueve por todas partes, le inviste las más íntimas fibras, y mientras le llueve encima arrollándola toda en el amor, se constituye reina y convierte en naturaleza su amor en la criatura, pero tanto, que se sentirá el respiro, el latido, el movimiento, el paso, todo su ser, que no sabe hacer otra cosa que amar; esta ola de amor se eleva hasta el Cielo, sin cesar de lloverle encima y toma por asalto a su Creador, y lo ama siempre, porque cuando el bien se convierte en naturaleza, se siente la necesidad de repetir el bien recibido como acto que constituye su vida.  Si adora, se sentirá cambiada la naturaleza en adoración, así que en todo se sentirá sacar adoraciones profundas a su Creador.  Si repara, sentirá el movimiento de ir buscando todas las ofensas para poner en ellas su reparación.  En suma, mi Voluntad con su fuerza creadora no deja ningún vacío y convierte en naturaleza todo lo que la criatura hace en Ella; mira qué diferencia entre quien vive en mi Voluntad y la posee como Vida obrante, y entre quien la reconoce como virtud, y tal vez en las ocasiones más dolorosas de la vida, y en todo el resto como si no existiera para ellos.

(5) Ahora quiero decirte otra sorpresa consoladora:  Es tanta nuestra complacencia cuando la criatura se decide con firmeza irremovible a vivir en nuestro Querer, que lo que debemos hacer en el punto de la muerte, de confirmarla en el bien en el cual se encuentra, porque tú debes saber que todo lo que ella ha hecho en vida, oraciones, virtudes, penas sufridas, obras buenas, sirven para formar nuestra pequeña Vida Divina en su alma, ningún bienaventurado entra en el Cielo si no posee esta Vida Divina, según el bien que hayan hecho, y si más me han amado y cumplido mi Voluntad, así la tendrán, quién más pequeña, quién más grande, porque la verdadera felicidad, las verdaderas alegrías se deben poseer dentro, así que cada uno tendrá dentro y fuera de ellos a su Dios, que le dará siempre nuevas alegrías, tanto, que si las almas, muriendo no están llenas hasta el borde de amor y de Voluntad mía, las confirmo, sí, pero no entran al Cielo, las mando al purgatorio a llenar estos vacíos de amor y de Voluntad mía por caminos de penas, de ansias y de suspiros, y cuando del todo se han llenado, de modo que se ve en ellas que están ya todas transformadas en mi amor y en mi Voluntad, entonces toman el vuelo hacia el Cielo.  Ahora, para quien no quiere hacer más su voluntad, sino sólo la mía, no queremos esperar aquel punto, nuestro amor nos lleva con una fuerza irresistible a anticipar la confirmación en el bien, y convertir en naturaleza nuestro amor y nuestra Voluntad, así que sentirá que mi amor, mi Querer son suyos, sentirá más mi Vida que la suya, pero ¡oh! con qué diferencia de aquellos que son confirmados en el punto de la muerte, ellos no crecerán más en el bien, sus méritos han terminado; en cambio en éstos mi Vida crecerá siempre, los méritos no terminan, es más, tendrán los méritos divinos, conforme continúen a amarme y a vivir de mi Voluntad, así me conocerán de más, y Yo los amo de más y aumento su gloria, puedo decir que corro en cada acto suyo para darles mi beso, mi amor, para reconocerlos que son míos y darles el valor, el mérito como si los hubiese hecho Yo.  ¡Ah! tú no puedes comprender qué cosa sentimos por quien vive en nuestro Querer, cómo lo amamos, queremos volverlo contento en todo, porque en él encontramos realizado el fin de la creación, concentrada toda la gloria que todas las cosas nos deberían dar; y además, nuestra Voluntad cumplida es todo para Nosotros”.

 

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34-44

Julio 25, 1937

 

Cómo un acto en el Querer Divino puede ser un viento impetuoso, un aire,

una atmósfera celestial.  Tres círculos.  Dios, si ama obra, si habla dona.

 

(1) El mar del Querer murmura siempre, y muchas veces forma sus olas impetuosas para asaltar a las criaturas, para envolverlas en sus olas amorosas, para darles su Vida, pero con tal insistencia y astucias amorosas, como si tuviese necesidad de nosotros, pobres criaturas, y uno queda raptado.  ¡Oh! cómo es verdad que sólo Dios sabe amarnos.  Ahora, mientras mi mente se perdía en este mar, mi dulce Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Querer, ¿has visto cómo era dulce el murmullo del mar de mi Voluntad?  También las almas que viven en Ella no hacen otra cosa que murmurar junto en este mar, ellas, eco perfecto de mi Fiat, no cesan jamás de murmurar amor, gloria, adoración, pero en modo simple:  Si respiran murmuran amor, si laten, si circula la sangre en las venas, si piensan, si se mueven, en todo murmuran amor, amor, gloria a nuestro Creador, y si llaman a mi Voluntad en sus actos forman las olas impetuosas para envolver a Dios y a las criaturas, a fin de que todos, Cielo y tierra hagan una sola voluntad.  Un acto en mi Voluntad puede ser un viento impetuoso que transporte, extirpe con su fuerza las pasiones, las debilidades, las malas costumbres, el aire putrefacto del pecado, y sustituirlos por las virtudes, la fuerza divina, las santas costumbres, el aire santificante de mi Voluntad.  Un acto en mi Querer puede ser un aire universal, que penetrando dondequiera y en todos, de noche y de día puede hacerse respirar para infundir su Vida, su santidad, y quitando el aire malsano del querer humano, lo sustituye por el aire saludable de mi Fiat, de modo de quedar endulzadas, embalsamadas, vivificadas, sanadas por este aire divino.  Un acto en mi Fiat puede ser una atmósfera celestial, que encerrando en sí todas nuestras obras, la misma Creación, y con la fuerza de nuestras obras asaltar a nuestra Divinidad e imponerse sobre de Nosotros, haciéndonos dar gracias y dones para volver capaces a las criaturas de poder recibir el reino de nuestro Querer.  Un acto en nuestra Voluntad puede contener tales maravillas, que la criatura es incapaz de poder comprender todo su valor”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y yo he quedado como sumergida en este mar, y no sé cómo, me he sentido transportar a la patria celestial, en medio a tres círculos de luz, a la cabeza de ellos estaba la Reina del Cielo en un punto, y Nuestro Señor del otro, con una belleza encantadora y amor indecible, en medio a éstos estaba una multitud de almas, todas transformadas en la luz en la cual vivían y crecían, pero custodiadas, dirigidas y alimentadas por Jesús y por la Madre Celestial; cuántas bellas sorpresas se veían, estas almas poseían la semejanza y la Vida de su Creador, y mi dulce Jesús y su Madre me han dicho:

(4) “Estos círculos de luz que tú ves son símbolo de la Trinidad Sacrosanta, y las almas son las que formarán el reino de la Divina Voluntad, este reino será formado en el seno de la Divinidad, los regidores de este reino serán la Madre y el Hijo, que lo custodiaremos con celo.  Mira entonces la certeza de este reino, ya está formado, porque en Dios las cosas están como ya hechas, por eso ruega que lo que está en el Cielo se realice sobre la tierra”.

(5) Después de esto me he encontrado en mí misma, con el sumo dolor de encontrarme de nuevo en mi pobre prisión de mi cuerpo.  Después mi sumo Bien Jesús, todo bondad me ha dicho:

(6) “Hija mía, nuestro Ser Divino es todo amor, y es tanto este amor que sentimos la necesidad de sacar fuera de Nosotros este amor, no ponemos atención en si la criatura lo merece o no; si hubiéramos querido poner atención al mérito, la Creación toda estaría aún en nuestro seno.  Nosotros cuando amamos obramos, en efecto, amamos y creamos la Creación, y como don de nuestra generosidad y del exceso de nuestro amor obrante, hicimos don al hombre; a Nosotros no nos agrada dar nuestros dones como pago, o como mérito, ¿y dónde podría encontrar monedas suficientes para pagarnos nuestros dones, o tantos actos para merecerlos?  Sería obstaculizar nuestro amor, reprimirlo en Nosotros y no dar nada a la criatura, y ni siquiera amarla, porque si amamos debemos obrar y dar.  Nuestro Ente Supremo se encuentra frecuentemente en tales delirios de amor, que sentimos la necesidad de sacar de nuestro seno divino dones y gracias para darlos a las criaturas, pero para formar estos dones debemos amar y manifestarlos para hacerlos conocer.  Por lo tanto si amamos obramos, si hablamos, nuestra palabra creadora entrega el don, lo confirma y dota a la criatura de nuestros dones.  Nuestra palabra es la portadora y nos pone en las condiciones de desahogar nuestro amor reprimido.  Pero ¿quieres saber por qué no damos nuestros dones como pago o como mérito?  Porque los damos a nuestros hijos, y cuando los dones se dan a los hijos no se pone atención en si lo merecen, se dan porque se ama, a lo más se hacen comprender, he aquí la necesidad de la palabra, a fin de que los aprecien, los custodien y amen a Aquél que se los ha dado y que tanto los ama.  En cambio se dan como pago o mérito a los siervos, a los extraños, y ¡oh! con cuánta medida.  Por eso en el exceso de nuestro amor, sin que ninguno nos rogase o lo merecieran, hicimos la Creación, para hacer de ella don al hombre; en otro exceso creamos a la Virgen, para darla en don; en otro exceso, Yo, Verbo Eterno, descendí del Cielo para donarme y hacerme dulce presa del hombre; en otro exceso más grande de amor, le daré el gran don del reino de mi Querer.  La Virgen Celestial, heredera de este reino, llamará a las criaturas como hijos suyos para que reciban en don su gran heredad.  Ahora hija mía, si el alma hace reinar mi Divina Voluntad, su amor no será más estéril, sino fecundo, no se reducirá a sólo palabras, o bien en obras, sentirá en sí la fuerza creadora de nuestro amor, y se pondrá en nuestras mismas condiciones, que si amamos obramos, si obramos damos, ¿pero qué cosa damos?  El gran don de nuestro Ser Divino, nuestro amor es tanto, que si damos queremos dar todo, aun a Nosotros mismos en poder de la criatura, nuestro amor no quedaría contento si no dice:  ‘He dado todo, no tenía más que darle’.  Mucho más que poseyendo nuestra Voluntad estamos al seguro, estamos en nuestra casa, con todo el decoro, los honores, la decencia que nos conviene.  Así la criatura, poseyendo nuestra misma fuerza creadora, si nos ama, nos dará en su amor, en correspondencia de nuestro don, el don de su vida, así que es vida que nos daremos mutuamente, y cada vez que nos ame, nuestra fuerza creadora multiplicará su vida para dárnosla en don, su amor no quedará aislado, sino con la plenitud de su vida que se da en poder de su Creador, y he aquí igualadas las partes entre el Creador y la criatura, Vida recibe en don, y vida dona, y si la criatura tiene sus limites, mi Voluntad la suple, mucho más que en el darnos por don su vida, nos da todo, nada se queda para sí, por eso nuestro amor queda satisfecho y correspondido.  Así que si quieres darnos todo y recibir todo de Nosotros, haz que reine en ti nuestra Voluntad, y todo te será concedido”.

 

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34-45

Agosto 2, 1937

 

La Creación posee la perfecta felicidad, de poder dar la felicidad

terrenal a las criaturas.  Cómo el pecado detuvo la felicidad.  El

gran mal de quien se aparta del principio.  Ejemplo.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos de la Divina Voluntad en Ella, y ¡oh! cuántas sorpresas, cada una contenía tal felicidad, de poder volver felices a todo y a todos, y mi siempre amable Jesús, viéndome sorprendida, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, nuestro Ente Supremo posee la fuente de la felicidad, por eso de Nosotros no podían salir cosas o seres que no fuesen felices.  Así que toda la Creación posee tal plenitud de felicidad, de poder dar a toda la tierra la perfecta felicidad terrestre.  Por lo tanto Adán gozaba la plenitud de la felicidad, todas las cosas creadas le llovían encima alegrías y felicidad, y además, en su interior, poseyendo mi Querer, contenía mares de contentos, de bienaventuranzas y alegrías sin fin, para él todo era felicidad dentro y fuera.  En cuanto pecó sustrayéndose de mi Voluntad, la alegría partió de él, y todas las cosas creadas se retiraron en su seno las alegrías que poseían, dando al hombre sólo los medios necesarios, no como a dueño y señor, sino como a siervo ingrato.  Mira entonces, de Nosotros no salió la infelicidad, ni podíamos darla porque no la teníamos, dar lo que no se tiene es imposible, así que fue el pecado el que arrojó en el hombre la semilla de la infelicidad, del dolor y de todos los males que lo asedian dentro y fuera.  En cuanto vino sobre la tierra la Celestial Señora, y después mi Santísima Humanidad, la Creación toda se puso en actitud de fiesta, nos sonreían de alegría y retomaron el curso de llovernos encima alegrías y felicidades, y en cuanto salíamos al exterior, corrían, se inclinaban y hacían salir sobre Nosotros alegrías y felicidad:  el sol nos daba las alegrías de su luz, alegraba nuestra vista con la variedad de sus colores, nos daba la alegría de los besos de amor que poseía, y reverente se extendía bajo nuestros pasos para adorarnos; el viento nos llovía las alegrías de la frescura, y con sus soplos nos alejaba el aire pútrido de tantas culpas; los pájaros nos corrían en torno para darnos las alegrías de sus cantos y trinos, cuántas bellas músicas nos hacían, tanto, que Yo estaba obligado a ordenarles que se alejaran de Mí, que tomaran el vuelo en el aire para alabar a su Creador; la tierra florecía bajo mis pasos para darme las alegrías de tantas floraciones, y Yo le ordenaba que no me hicieran tales demostraciones, y me obedecía; el aire me llevaba las alegrías de nuestro aliento omnipotente cuando dando el aliento al hombre le dábamos la vida, colmándolo de alegrías y felicidad divinas, y conforme Yo respiraba así me sentía venir nuestras alegrías y felicidad que sentimos en la Creación del hombre.  Así que no había cosa creada que no diera las alegrías que poseían, no sólo para felicitarme, sino para darme los homenajes, los honores como a su Creador, y Yo los ofrecía a mi Padre Celestial para darle la gloria, el honor, el homenaje, el amor, por tantas magnificencias y obras maravillosas que hicimos en la Creación por amor del hombre.  Ahora hija mía, estas alegrías en las cosas creadas existen aún; la Creación, como fue hecha por Nosotros, con tanto alarde y suntuosidad y con la plenitud de la felicidad, nada ha perdido, porque esperamos a nuestros hijos, los hijos de nuestra Voluntad, que con derecho gozarán las alegrías, la felicidad terrestre que posee toda la Creación, y puedo decir que por amor de éstos existe aún, y las criaturas disfrutan, si no la plenitud de la felicidad, pero al menos las cosas necesarias para poder vivir.  Este existir aún la Creación después de tantas ingratitudes humanas, culpas que hacen horrorizar, da la certeza del reino de mi Voluntad sobre la tierra, porque la criatura, poseyéndola, se volverá capaz de recibir las alegrías de la Creación, de darnos la gloria, el amor, la correspondencia de cuanto hemos hecho por ella, y de hacer todo el bien posible e imaginable que puede hacer la criatura.  Por eso el todo está en poseer nuestro Querer, porque así tuvo el principio la Creación toda, incluido el hombre, todo era Voluntad nuestra, todos vivían encerrados en Ella, y en Ella encontraban lo que querían, alegrías, paz, orden perfecto, todo estaba a su disposición.  Quitado el principio todas las cosas cambiaron aspecto, la felicidad se cambió en dolor, la fuerza en debilidad, el orden en desorden, la paz en guerra.  Pobre hombre sin mi Voluntad, es el verdadero ciego, el pobre paralizado, que si algún bien hace, todo es fatiga y amarguras.

(3) Todas las cosas, si se guían por el principio del cual han tenido la existencia, encuentran la vía, el paso firme y el resultado feliz de las obras o bien que han emprendido; si pierden el principio, se trastornan, vacilan, pierden la vía y terminan con no saber hacer nada, y si parece que hacen alguna cosa, dan piedad.  También en las cosas humanas sucede así, si el maestro quisiera enseñar al niño las consonantes y no las vocales, como las vocales se usan en toda palabra, en cada letra, desde la ciencia más baja hasta la más alta, pobre niño, no aprendería jamás a leer y si lo quisiera podría enloquecer.  Todo este mal, ¿quién lo ha producido?  El alejamiento del principio de la ciencia, el cual son las vocales.  ¡Ah! hija mía, hasta en tanto que el hombre no regrese en su principio, no reentre en mi Divina Voluntad, mi obra creadora será una obra rota, fuera de su puesto, pobre hombre sin las primeras vocales de mi Divina Voluntad, por cuanto les pueda dar luz, les pudiese hablar, no me entenderá, porque le falta el principio, le faltan las primeras vocales para poder leer mis lecciones sobre mi Fiat, por lo tanto sin base, sin fundamento, sin maestro, sin defensa, es tanta su tontería que no conoce su pobre estado, y por lo tanto no implora el reentrar en mi Querer para aprender las primeras vocales con las cuales fue creado por Dios, para poder seguir aprendiendo la verdadera ciencia celestial, y así formarse toda su fortuna, tanto en la tierra como en el Cielo.  Por eso Yo le susurro siempre al oído del corazón:  ‘Hijo mío, reentra en mi Voluntad, ven a tu principio si quieres parecerte a Mí, si quieres que te reconozca por hijo mío’.  ¡Oh! cómo es doloroso tener hijos que no me asemejen, sin su nobleza, pobres, degradados, infelices, y ¿por qué todo esto?  Porque rechazaron la gran herencia del Padre Celestial, y me obligan a llorar sobre su suerte.  Hija, ruega que todos reconozcan a mi Voluntad, y tú reconócela y apréciala, ámala más que a tu misma vida y no la dejes huir ni siquiera un instante”.

 

Deo Gratias.

 

Todo para la gloria de Dios y para cumplimiento de su Voluntad.

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.