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I. M. I.

¡In Voluntate Dei!

36-1

Abril 12, 1938

 

Quien vive en el Querer Divino, en cada acto pronuncia el Fiat

y forma en él tantas Vidas Divinas.  En cuanto se da en poder

de la criatura, la hace hacer lo que quiere.  Diferencia que hay

entre quien vive en Ella y entre quien está resignada.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos del Fiat Divino y, ¡oh! cómo siento la necesidad de su Vida que respire, palpite, circule en mi pobre alma; sin Ella me siento que todo muere para mí, muere la luz, la santidad, la fuerza, aun el mismo Cielo, como si no me perteneciera más.  En cambio, en cuanto siento su Vida todo resurge en mí:  Resurge la luz con su belleza que vivifica, purifica y santifica; resurge mi mismo Jesús con todas sus obras; resurge el cielo, al cual el Querer Santo lo encierra en mi alma como dentro de un sagrario para hacerlo todo mío.  Así que si vivo en su Voluntad todo es mío, nada me debe faltar.  Por eso, ¡oh! Querer Santo, al dar principio a este 36° volumen, te pido, te suplico, te invoco que no me dejes un solo instante sin Ti, a fin de que Tú hables, Tú escribas, Tú mismo hagas conocer quién eres, y cómo quieres ser vida de todos, para dar tus bienes a todos.  Si me dejas hacer a mí, yo no sabré hacerte conocer como Tú quieres, porque soy incapaz, pero si lo haces Tú, triunfarás, te harás conocer y tendrás tu reino en el mundo entero.  ¡Oh! Querer Santo, con tu potencia eclipsa todos los males de las criaturas, pon tu basta omnipotente, a fin de que extravíen el camino del pecado y se reencuentren en el camino de tu Divina Voluntad.

(2) Y a Ti, Mamá Reina del Fiat Divino, consagro en modo especial este volumen, a fin de que tu amor, tu maternidad, se extiendan en estas páginas para llamar a tus hijos a vivir junto Contigo, en aquél mismo Querer del cual poseíste su reino, y mientras comienzo, imploro inclinada a tus pies tu materna bendición.

(3) Ahora, mientras mi mente estaba inmersa en el Fiat Divino, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, con una bondad indecible me ha dicho:

(4) “Hija mía bendita de mi Voluntad, cuántas maravillas sabe hacer mi Querer en la criatura, siempre y cuando le dé el primer puesto y le dé toda la libertad de hacerlo obrar, Él toma la voluntad, la palabra, el acto que quiere hacer la criatura, lo unifica Consigo, lo inviste con su virtud creante, pronuncia su Fiat y de él forma tantas Vidas por cuantas criaturas existen.  Mira, tú estabas pidiendo en mi Voluntad el bautismo para todos los recién nacidos que saldrán a la luz del día, y por consiguiente su Vida reinante en ellos.  Mi Voluntad no ha dudado un instante, inmediatamente ha pronunciado su Fiat y ha formado tantas Vidas de Sí, por cuantos recién nacidos salían a la luz, bautizándolos como tú querías, primero con su luz, y después dando a cada uno su Vida, y si estos recién nacidos, por incorrespondencia o por falta de conocimiento no llegarán a poseer esta Vida nuestra, pero para Nosotros esta Vida queda, y tenemos tantas Vidas Divinas que nos glorifican, nos bendicen, y nos aman como amamos en Nosotros mismos.  Estas nuestras Vidas Divinas son nuestra más grande gloria, pero no hacen a un lado a aquél que dio la ocasión a nuestro Fiat Divino de formar tantas Vidas nuestras por cuantos recién nacidos salían a la luz, más bien lo tienen escondido en ellas para hacerlo amar como ellas aman y hacerlo hacer lo que ellas hacen.  Tampoco ponen a un lado a los recién nacidos, sino que son todo ojos sobre de ellos, los vigilan, los defienden para poder reinar en sus almas.  Hija mía, ¿quién puede decirte cuánto amamos a esta criatura que vive en nuestro Querer?  La amamos tanto, que le damos nuestro Querer en su poder, a fin de que de Él haga lo que quiera:  Si quiere formar Vidas nuestras, la hacemos hacer; si quiere llenar Cielo y tierra con nuestro amor, le damos la libertad de hacerlo, tanto, que nos hace decir por todos que nos aman, aun en el pequeño pajarillo que trina, que gorjea y canta oímos el “te amo” de quien vive en nuestro Querer; si en el ímpetu de su amor quiere amarnos de más, entra en nuestro acto creante y se deleita creándonos nuevos soles, cielos y estrellas que nos dicen sin cesar jamás, “os amamos, os amamos”, y toma la parte narradora para narrar nuestra gloria.  En nuestra Voluntad la vista es larga y ella es toda atención, toda ojos para ver qué cosa queremos y cómo puede amarnos de más”.

(5) ¡Dios mío, cuántas maravillas, cuántas sorpresas hay en tu Querer!  su dulce encanto es tanto, que no sólo se queda uno embelesado, sino como embalsamado, transformado en las mismas maravillas del Fiat, de modo que no se sabe cómo hacer para salir de Él.  Después pensaba entre mí:  “¿Pero cuál será la diferencia entre quien vive en el Querer Divino, entre quien se resigna en las circunstancias dolorosas de la vida, y entre quien de hecho no hace la Divina Voluntad?”  Y mi dulce Jesús, regresando ha agregado:

(6) “Hija mía bendita, la diferencia es tanta, que no hay comparación que sirva; quien vive en mi Querer tiene el dominio sobre todos, y Nosotros la amamos tanto, que la hacemos llegar a dominarnos a Nosotros mismos, y gozamos tanto al ver la pequeñez de la criatura dominarnos, que sentimos alegrías insólitas, porque vemos que nuestra Voluntad domina en la  criatura,  y  ella domina junto con nuestro Querer, y ¡oh! cuántas  veces nos hacemos vencer, y muchas veces es tanta nuestra alegría, que hacemos vencer nuestra Voluntad en la criatura antes que en Nosotros mismos.  Además de esto, con vivir en nuestro Querer, a su continuo contacto adquiere los sentidos divinos, adquiere la vista larga, su luz es tan penetrante y clara que llega a fijarse en Dios, en el cual ve los arcanos divinos; nuestra santidad y belleza le son palpables, las ama y las hace suyas; con este ojo de luz dondequiera encuentra a su Creador, no hay cosa en la cual no lo encuentre, y Él con su majestad y con su amor envuelve a la criatura y le hace sentir cuánto la ama; al sentirse amado la ama, y ¡oh! las alegrías indescriptibles de ambas partes al sentirse amada y amarlo en cada cosa; adquiere el oído divino y de inmediato escucha lo que Nosotros queremos, está siempre atenta a escucharnos, no hay necesidad de decir y volver a decir lo que queremos, basta una pequeña señal y todo está hecho; adquiere el olfato divino, y con sólo olfatear advierte si lo que la circunda es bueno, santo, y si pertenece a Nosotros; adquiere el gusto divino, tanto, que a saciedad se alimenta de amor y de todo lo que es cielo; finalmente, en nuestro Querer adquiere nuestro tacto, de manera que todo es puro y santo, no hay temor de que el más mínimo aliento pueda ensombrecerla.  Toda bella, hermosa y encantadora es la criatura que vive en mi Fiat.

(7) En cambio, quien solamente está resignada no vive con nuestro continuo contacto, se puede decir que no sabe nada de nuestro Ente Supremo, su vista es muy débil y enferma, le hace mal si quiere mirar, sufre una miopía en último grado, por la cual, muy dificultosamente puede descubrir los objetos más necesarios; con mucha dificultad escucha, y cuánto se necesita para hacerla oír, si es que nos escucha; el olfato, el gusto, el tacto, olfatean lo que es humano, se alimentan de lo que es tierra y sienten el tacto de las pasiones, la dulzura de los placeres mundanos, y además, con el hacer mi Voluntad en las circunstancias, en los encuentros dolorosos, se alimentan no todos los días, sino cuando tienen la ocasión de que mi Voluntad les ofrezca un dolor.  ¡Oh! cómo crecen débiles, nerviosos, enfermos, de dar piedad; pobre criatura sin mi Voluntad continua, cómo me dan piedad.

(8) Ahora, para quien no está ni siquiera resignado, está ciego y sordo, no tiene olfato, pierde el gusto a todos los bienes, es un pobre paralizado que no puede servirse ni siquiera de sí mismo para ayudarse, él mismo se forma una red de infelicidad y de pecados de la cual no sabe salir”.

 

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36-2

Abril 15, 1938

 

Quien vive en nuestro Querer Divino, conforme respira, se mueve en el

Fiat, toda la corte celestial siente en sí el respiro, el movimiento de ella, y

la virtud conquistante y felicitante de la cual es portadora.  Condiciones

dolorosas en las cuales se encuentra la Divina Voluntad cuando es rechazada.

 

(1) Mi pobre mente corre, vuela en el Querer Divino como a su centro para reposarse, para dejar sus harapos y tomar a cambio los vestidos de su luz, su respiro, su latido, su movimiento que se mueve en todos y en todo, y que da vida a todos y a todo.  Ahora, mientras nadaba en el mar de las alegrías del Fiat Divino, mi siempre amable Jesús haciéndome su breve visita, con un amor indecible me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, cómo es bello el vivir en mi Voluntad, en cuanto el alma entra en Ella, respira con nuestro respiro, late con nuestro latido, se mueve en nuestro movimiento, se pone en comunión con todos y hace lo que hacen los ángeles, los santos, y todas las cosas creadas, y hace hacer a todos lo que ella hace.  Las maravillas que hay en nuestro Querer son sorprendentes, las escenas son tan conmovedoras, que ponen a todos atentos para gozarse escenas tan singulares, por las cuales quedan raptados, y ¿quién sabe qué harían con tal de ser espectadores y gozarse escenas tan deleitables de quien vive en nuestro Querer?

(3) Ahora, tú debes saber que en cuanto el alma entra en nuestro Querer, respira, late y se mueve en nuestro movimiento, pero su respiro, latido y movimiento no los pierde, ni se separan de los nuestros; y como nuestra Voluntad se encuentra por todas partes y circula más que respiro, latido y movimiento de todos, ¿qué cosa sucede?  Sucede que los ángeles y santos, nuestra misma Divinidad, la Creación toda, sienten junto con mi Voluntad el respiro, el latido de la criatura en ellos, y se la sienten mover en su movimiento, hasta en el centro de sus almas; este movimiento de la criatura hecho en mi Querer está lleno de felicidad, de alegrías indecibles y nuevas, de las cuales el alma viadora, no gozando sino sufriendo y conquistando con su libre arbitrio, es portadora para cada uno de los bienaventurados sólo con respirar, latir o moverse.  Y en la plenitud de la alegría de la cual el alma es portadora, de la cual mi Querer no separa jamás sus siempre nuevas alegrías, aun del respiro hecho en su Voluntad, y como está el libre arbitrio que forma el acto conquistante de la criatura, en ellos pone su nuevo gusto conquistante, y ¡oh!, cómo quedan felicitados todos los bienaventurados, nuestra misma Divinidad y la Creación toda, y en su énfasis de amor y en la plenitud de la alegría dicen:  ‘¿Quién es aquél que respira, late y se mueve en nosotros?  ¿Quién es aquél que de la tierra nos trae el acto conquistante de las puras alegrías y del nuevo amor, lo que no tenemos en el Cielo y que tanto nos felicita y acrecienta nuestro amor hacia quien tanto nos ama?’  Y todos en coro dicen:  ‘¡Ah, es un alma que vive en la Divina Voluntad sobre la tierra!’  ¡Qué prodigios, qué maravillas, qué escenas tan encantadoras, un respiro que respira en todos, hasta en su Creador, que se mueve en todos, hasta en el cielo, en las estrellas, en el sol, en el aire, en el viento, en el mar, que toma todo en un puño en su propio movimiento y da a Dios amor, adoración, todo lo que cada uno debería y que no da y no ha dado, y da a todos a su Dios, su amor, su Voluntad!  la criatura se hace portadora de todo a Dios, y de Dios a todos.  Y aunque ninguna criatura nos tomase, Nosotros quedamos igualmente amados y glorificados, porque un acto, un movimiento en nuestra Voluntad, es tanta su plenitud, que las criaturas y todo quedan como tantas gotitas de agua de frente a un inmenso mar, como tantas pequeñas llamitas ante la gran luz del sol.  Por eso, este movimiento, respiro y latido de la criatura en nuestra Voluntad, sobreabunda sobre todo, abraza la eternidad, en ellos se forman soles y mares extensísimos que todo nos pueden dar, y si otros actos de la criatura no son hechos en mi Voluntad, quedan tan pequeños como si no existieran.  ¡Oh Voluntad mía, cómo eres admirable, potente y amable!  La criatura en Ti todo nos puede dar, y todo podemos darle, ella cubre todo y a todos con tu luz, hace surgir el amor y nos da amor por todos, podemos decir que es la verdadera reparadora, porque cuando las criaturas nos ofenden, encontramos que en su amor nos puede esconder para amarnos, en su luz para defendernos, y por caminos de luz poner en fuga a aquellos que nos quieren ofender.  Por eso, lo que más te importe sea el vivir en nuestro Querer”.

(4) Después ha agregado:  “Hija mía, es tanto el amor por quien vive en nuestra Voluntad Divina, pues conforme respira nos da todo lo que hemos hecho:  La Creación, los ángeles, los santos, nuestro mismo Ser Supremo, como homenaje, amor y gloria nuestra.  y Nosotros, tomados por tal exceso de amor, le damos nuevamente a ella lo que nos ha dado, así que conforme respira nos da a Nosotros lo que somos, y en cuanto retira el respiro, Nosotros le damos nuevamente lo que nos ha dado, por eso estamos en continuas relaciones y nos intercambiamos continuos dones.  con esto mantenemos en continuo vigor el amor, la inseparabilidad, de no podernos separar el uno del otro y sentimos tal complacencia que le damos lo que quiere”.

(5) Pero mientras me sentía sumergida en el Querer Divino, un pensamiento me atormentaba acerca de mi pobre estado, el tener que sucumbir a una especie de muerte cada noche, y ya por cerca de cincuenta años o más, y además tener necesidad de los demás para salir de ese estado.  ¡Dios mío, siento una pena que sólo Tú sabes cuanto me cuesta, y sólo el temor de disgustarte y de no cumplir tu Voluntad me hace seguir adelante, de otra manera quién sabe qué haría para no someterme.  Y mi dulce Jesús ha corrido hacia mí, y estrechándome fuertemente entre sus brazos me ha dicho:

(6) “Hija mía buena, ánimo, no te aflijas tanto, Yo no quiero que te aflijas.  Es tu Jesús el que quiere este tu estado tan doloroso.  Este sucumbir como si perdieses la vida lo sufro Yo junto contigo, y el verdadero amor no sabe negar nada a quien ama.  Además, este tu estado tan doloroso, como si perdieras la vida, era necesario y querido por mi Divina Voluntad, pues ha querido encontrar en ti la reparación, la correspondencia por tantas muertes que le hacen sufrir las criaturas cuando la rechazan, no dándole vida en ellas.  Tu someterte por tanto tiempo a esta pena de muerte, resarcía a mi Divina Voluntad de las tantas muertes sufridas, la llamaba a besar la humana voluntad para reconciliarse mutuamente, y por eso he podido hablar tanto de mi Voluntad para hacerla conocer, y así pudiese reinar, porque tenía quien me correspondiera y me resarciera las tantas Vidas mías, perdidas para ellas, y para Mí rechazadas, como sofocándolas en la luz inaccesible de mi Voluntad.  Porque tú debes saber que en todo lo que hace la criatura, mi Voluntad corre para dar y formar una Vida suya en ella, y no recibiéndola, esta Vida mía muere para la criatura, ¿y te parece poco?  ¡Oh, cuán grande es mi dolor al ver tantas Vidas Divinas mías muertas para las criaturas!  Por esto era necesario encontrar quién, en algún modo, me resarciera, para volver al intento de formar mi Vida en ellas.  Mi Voluntad se encuentra en las condiciones de una pobre madre que está por dar a la luz su parto ya maduro, y se impide que salga a la luz, sofocándolo en el propio seno; ¡pobre madre, siente morirse el parto en sus propias entrañas, y ella por el dolor muere junto!  Así es mi Voluntad, Ella siente en Sí tantos partos de Vidas Divinas ya maduras, que quiere sacarlas para darlas a las criaturas, pero mientras quiere sacarlas se las siente sofocar en el propio seno, y el parto muere para Ella, y mientras muere el parto muere también Ella, porque sin mi Voluntad no puede haber verdadera vida de santidad, de amor, y de todo lo que pertenece a nuestra Vida Divina.  Por eso hija mía, tranquilízate y no pienses más en ello, si esto hemos hecho, ha sido hecho con suma sabiduría, con amor que no podíamos contener, y por el orden que tenemos en nuestro modo de obrar.  Por eso es necesario inclinar la frente y adorar lo que Nosotros disponemos por amor de las criaturas”.

 

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36-3

Abril 20, 1938

 

Cómo el “tengo sed” de Jesús en la cruz, continúa aún a gritar a cada

corazón:  “Tengo sed”.  La verdadera resurrección está en resurgir

en el Querer Divino.  A quien vive en Él nada le es negado.

 

(1) Mi vuelo continúa en el Querer Divino, y siento la necesidad de hacer mío todo lo que ha hecho, poner en ello mi pequeño amor, mis besos afectuosos, mis adoraciones profundas, mi  gracias  por todo lo que  ha  hecho y sufrido por mí y por todos, y habiendo llegado al momento cuando mi amado Jesús fue crucificado y levantado en la cruz entre espasmos atroces y penas inauditas, con acento tierno y lastimero, tanto que me sentía romper el corazón, me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, la pena que más me traspasó sobre la cruz fue mi sed ardiente, me sentía quemar vivo, todos los humores vitales habían salido por mis llagas, que como tantas bocas quemaban y sentían una sed ardiente que querían apagar, tanto, que no pudiendo contenerme grité:  ‘Sitio’.  Este ‘sitio’ permanece siempre en acto de decir:  ‘Tengo sed’.  No termino jamás de decirlo, con mis llagas abiertas y con mi boca quemada digo siempre:  ‘Yo ardo, tengo sed, ¡ah! dame una gotita de tu amor para dar un pequeño refrigerio a mi sed ardiente’.  Así que en todo lo que hace la criatura Yo le repito siempre con mi boca abierta y quemada por la sed:  ‘Dame de beber, tengo sed ardiente’.  Y como mi Humanidad dislocada y llagada tenía un solo grito:  ‘Tengo sed’, por eso, conforme la criatura camina, Yo grito a sus pasos con mi boca ardida:  ‘Dame tus pasos hechos por mi amor para calmar mi sed’; si obra, le pido sus obras hechas sólo por mi amor para refrigerio de mi sed ardiente; si habla, le pido sus palabras; si piensa, le pido sus pensamientos como tantas gotitas de amor para alivio a mi sed ardiente.  No era solamente mi boca la que se quemaba, sino toda mi Santísima Humanidad sentía la extrema necesidad de un baño de refrigerio al fuego ardiente de amor que me quemaba, y como era por la criatura que Yo me quemaba en medio de penas desgarradoras, por eso solamente ellas podían, con su amor, extinguir mi sed ardiente y dar el baño de refrigerio a mi Humanidad.  Ahora, este grito:  ‘Sitio’, lo dejé en mi Voluntad, y Ella tomaba el empeño de hacerlo oír a cada instante en los oídos de las criaturas, para moverlas a compasión de mi sed ardiente, para darles mi baño de amor y recibir su baño de amor, aunque sean pequeñas gotitas, como alivio de mi sed que me devora, pero, ¿quién me escucha?  ¿Quién tiene compasión de Mí?  Sólo quien vive en mi Voluntad, todos los demás se hacen los sordos y acrecientan con su ingratitud mi sed, lo que me deja intranquilo, sin esperanza de alivio.  Y no solamente mi ‘sitio’, sino todo lo que hice y dije lo dejé en mi Voluntad; estoy siempre en acto de decir a mi Mamá doliente:  ‘Madre, he ahí a tus hijos’.  Y la pongo a su lado como ayuda, por guía, para hacerla amar por hijos, y Ella a cada instante se siente poner por su Hijo al lado de sus hijos, y ¡oh, cómo los ama como Mamá, y les da su Maternidad para hacerme amar por ellos como Ella me ama!  Y no sólo esto, sino que con dar su Maternidad pone el amor perfecto entre las criaturas, a fin de que se amen entre ellas con amor materno, que es amor de sacrificio, de desinterés y constante.  ¿Pero quién recibe todo este bien?  Quien vive en nuestro Fiat.  Esta criatura siente la Maternidad de la Reina; Ella, se puede decir que pone su corazón materno en la boca de sus hijos para que succionen y reciban la Maternidad de su amor, sus dulzuras y todas sus dotes, de las cuales está enriquecido su materno corazón.

(3) Hija mía, quien quiera encontrarnos, quien quiera recibir todos nuestros bienes y a mi misma Madre, debe entrar en nuestra Voluntad y debe permanecer dentro, Ella no sólo nos es Vida, sino que forma en torno a Nosotros con su inmensidad, nuestra habitación, en la cual mantiene todos nuestros actos, palabras, y todo lo que somos, siempre en acto.  Nuestras cosas no salen de nuestra Voluntad, quien  las quiera se debe contentar con hacer vida junto con Ella, y entonces todo es suyo, nada le es negado; mientras que si queremos darle y no vive en nuestro Querer, no las apreciará, no las amará, no se sentirá con el derecho de hacerlas suyas, y cuando las cosas no se hacen propias, el amor no surge y muere”.

(4) Después de esto continuaba mi giro en todo lo que hizo Nuestro Señor sobre la tierra, y me he detenido en el acto de la Resurrección.  ¡Qué triunfo, qué gloria!  El Cielo se volcó sobre la tierra para ser espectador de una gloria tan grande.  Y mi amado Jesús ha regresado y me ha dicho:

(5) “Hija mía, en mi Resurrección venía constituido el derecho a todas las criaturas de resurgir en Mí a nueva vida, era la confirmación, el sello de toda mi Vida, de mis obras, de mis palabras, y confirmación de que si vine a la tierra fue para darme a todos y a cada uno como Vida que les pertenecía.  Mi Resurrección era el triunfo de todos y la nueva conquista que todos hacían de Aquél que había muerto por todos, para darles vida y hacerlos resurgir en mi misma Resurrección.  ¿Pero quieres saber en donde consiste la verdadera resurrección de la criatura?  No al final de los días, sino mientras aún vive en la tierra; quien vive en mi Voluntad resurge a la luz y puede decir:  ‘Mi noche ha terminado’; resurge en el amor de su Creador, de modo que no existe más para ella el frío, las nieves, sino que siente la sonrisa de la primavera celestial; resurge a la santidad, la cual pone en precipitosa fuga a las debilidades, a las miserias, a las pasiones; resurge a todo lo que es Cielo, y si mira la tierra, el cielo, el sol, los mira para encontrar las obras de su Creador, para tener ocasión de narrarle su gloria y su larga historia de amor.  Por eso quien vive en mi Querer, puede decir como dijo el ángel a las piadosas mujeres cuando fueron al sepulcro:  ‘Ha resucitado, no está más aquí’, y dice:  ‘Mi voluntad no está más conmigo, ha resucitado en el Fiat’.  Y si las circunstancias de la vida, las ocasiones, las penas, circundan a la criatura como buscando su voluntad, ella puede responder:  ‘Mi voluntad ha resucitado, no la tengo más en mi poder, en sustitución tengo a la Divina Voluntad y con su luz quiero investir todo lo que me circunda:  Circunstancias, penas, para formar en ellas tantas conquistas divinas’.  Quien vive en nuestro Querer encuentra la vida en los actos de su Jesús, y corre siempre en ella nuestra Voluntad obrante, conquistante y triunfante, y nos da tal gloria que el Cielo no la puede contener.  Por eso vive siempre en nuestro Querer, no salgas jamás de Él si quieres ser nuestro triunfo y nuestra gloria”.

 

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36-4

Abril 25, 1938

 

La señal de que la Divina Voluntad reina en el alma, es sentir la necesidad

de amarlo incesantemente.  El gran mal de no obrar el bien en el Querer

Divino.  La pequeña llamita alimentada por la gran luz de Dios.

 

(1) Mi pobre mente corre, vuela en el Fiat Divino, y si esto no lo hago me siento inquieta, sin fuerza, sin alimento, sin aire para respirar, me siento sin pies para caminar, sin manos para obrar, sin corazón para amar, y por eso siento la necesidad de correr en su Querer para encontrar sus actos, para formarme con ellos pies que corran, manos que abracen todo y que obren, amor sin corazón que tome el amor del Eterno para no cesar jamás de amar.  Pero mientras pensaba tantos disparates, mi siempre amable Jesús repitiendo su breve visita, complaciéndose de mis desatinos, todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no te asombres de tus desatinos, es propiamente esto lo que sucede.  Quien vive en mi Voluntad deja su ser y su voluntad, y entrando en la mía se sirve de nuestras obras para formarse los nuevos miembros que se necesitan para vivir en Ella, por eso adquiere nuevos pasos, nuevos movimientos, nuevo amor, para poder ensimismarse y fundirse con nuestras obras y hacer lo que hacemos Nosotros.  Por eso, la señal más cierta de que mi Voluntad Divina reina y domina en el alma, es el movimiento continuo del amor.  Ahora, la criatura sabiendo que no tiene un amor que jamás cesa, ni obras múltiples para dármelas para amarme, ¿qué hace?  Entra en los interminables recintos de mi Querer, ve el gran teatro de la Creación, la suntuosidad y la magnificencia del amor del cual están investidas nuestras obras, y corre de una obra nuestra a otra y va recogiendo todo nuestro amor que hemos esparcido en toda la Creación, se lo pone en su regazo y viene delante a nuestra majestad para darnos las tantas variedades distintas de amor que hemos puesto en lo creado, y hace resonar sus notas de amor en las múltiples notas de amor de nuestro amor creante, y ¡oh, los contentos que nos da, las fiestas que nos abre entre el Cielo y la tierra, los mares de amor con los que circunda nuestro trono!  Luego, después de que nos ha hecho la fiesta de toda la Creación, para amarnos mayormente y con duplicado amor, desciende de nuestro trono y va esparciendo de nuevo sobre todas las cosas creadas nuestro duplicado amor, y con la potencia de nuestra Voluntad que tiene en su poder, nos hace decir por todos:  ‘Amor, amor a nuestro Creador’.  A quien vive en nuestra Voluntad la podemos llamar nuestra fiesta continua, el desahogo de nuestro amor”.

(3) Después ha agregado con acento doloroso:

(4) “Hija mía, ¡cómo desciende en lo bajo la criatura cuando no vive en nuestra Voluntad!  Y aunque hiciera el bien, como le falta la luz de mi Voluntad, la fuerza de nuestra santidad, el bien que hace queda cubierto de humo que ciega la vista y produce estima propia, vanagloria, amor de sí mismo; se puede decir que queda envenenada, de modo que no puede producir un gran bien, ni para sí ni para los demás.  pobres obras buenas sin mi Voluntad, son como campanitas sin sonido, como metales sin la imagen del rey, que no tienen valor de monedas; estas obras a lo más se convierten en satisfacción propia, y Yo que mucho amo a las criaturas estoy obligado muchas veces a amargar el bien que hacen, a fin de que entren en sí mismas y traten de obrar recta y santamente.  En cambio, para quien vive en nuestro Querer no hay peligro de que el humo de la propia estima entre, aun en las obras más grandes que pueda hacer, pues esta criatura es la pequeña llamita alimentada por la gran luz que es Dios, y la luz se sabe desembarazar de las tinieblas de las pasiones, del humo de la propia estima, y como es luz, la criatura conoce que en todo lo que hace de bien es Dios que obra en su propia nada, y si esta nada no está escombrada de todo lo que no pertenece a Dios, Dios no desciende en lo bajo de su propia nada para hacer obras grandes, dignas de Él.  Así que en nuestro Querer ni siquiera la humildad entra, sino solamente la propia nada, reconocer que se es nada y que todo lo que entra de bien en ella no es otra cosa que el obrar Divino; y entonces sucede que Dios es el portador de la nada, y la nada es la portadora de Dios.  Por eso en mi Querer todas las cosas cambian para la criatura, ella no es otra cosa que la pequeña luz, que debe recibir por cuanto pueda, la gran luz de mi Fiat, de modo que no hace otra cosa que alimentarse de luz, de amor, de bondad, de santidad divina, ¡qué honor ser alimentada por Dios!  Por lo tanto no es maravilla que siendo la criatura la pequeña llamita, Dios se alimente de ella”.

(5) Después ha agregado:  “Además del amor incesante, hay otra señal para saber si el alma vive en mi Querer, y si Éste reina en ella, y esta señal es la inmutabilidad; no cambiarse jamás del bien al mal es sólo de Dios, un carácter firme, constante, no ser fácil para cambiar acción, que sólo una paciencia divina puede tener, la constancia de hacer siempre un acto sin cansarse jamás, sin jamás sentir fastidio, desagrado, es sólo de Dios.  Ahora, quien vive en nuestro Fiat siente su inmutabilidad, y se siente investir por tal firmeza, que no cambiaría acción ni por el Cielo ni por la tierra, se contentaría con morir antes que dejar de hacer, y repetir continuamente lo que está haciendo, mucho más que lo que se hace con ánimo firme, sin jamás cambiarse, ha tenido por principio a Dios, y por lo tanto siente a Dios en su acto, y conforme repite el acto se lo siente correr en su acto, y Dios mismo anima su acción.  ¿Cómo puede dejar de repetir lo que comenzó junto con nuestro Ser Supremo?  Debería salir de nuestra Voluntad para cambiar acción; Ella cuando obra no cambia jamás, y así vuelve a quien vive en su Querer, y ¡oh! cómo se distingue pronto quien no vive mi Voluntad, hoy quiere hacer una cosa, mañana alguna otra; una vez le agrada hacer un sacrificio, en otra ocasión le huye.  no se puede fiar de ella, es siempre una caña que se mueve al soplo de los vientos de sus pasiones.  La mutabilidad de la voluntad humana es tanta, que llega a convertir a la criatura en el hazmerreír de sí misma, y tal vez también de los mismos demonios.  He aquí el por qué llamo a la criatura a vivir en nuestro Querer, para que sea sostenida y reforzada por Él, y así pueda hacer honor a nuestra obra creadora, porque sólo el hombre es voluble, mientras que todas nuestras demás obras no se cambian jamás, el cielo está siempre fijo, no se cansa jamás de estar distendido; el sol hace siempre su curso, no cambia jamás su acción de dar su luz para bien de toda la tierra; el aire está siempre en acto de hacerse respirar, todas las cosas, tal como han sido creadas por Nosotros, así se mantienen, y hacen siempre la misma acción, sólo el hombre con no querer vivir en nuestro Querer Divino, desciende de los modos de su Creador y no sabe conducir a término sus obras, por lo tanto no las sabe amar, ni apreciar, ni recibir el mérito de sus obras”.

 

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36-5

Mayo 2, 1938

 

Cómo la Divina Voluntad pide a cada instante la voluntad humana para

decirle:  “No me has negado nada, ni Yo puedo negarte nada”.  Cómo

forma su marecito de amor en el mar divino.  La Creación.  Dulce

encanto de las manifestaciones del amor divino hacia la criatura.

 

(1) Mi vuelo continúa en el Querer Divino, y ¡oh! cómo quedo sorprendida al ver que a cada instante pide la voluntad humana para hacer en ella alguno de sus portentos amorosos, cómo queda uno conmovido al ver que un Fiat Divino pide a la criatura su voluntad humana.  Y mi dulce Jesús, al verme conmovida, repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, es siempre nuestro amor el que nos empuja con una fuerza irresistible hacia la criatura, y nos pone en actitud de pedir, como si tuviéramos necesidad de ella, para decirle:  ‘Me has amado y te amo, te has donado a Mí y me dono a ti’.  Ahora, tú debes saber hasta donde llega nuestro amor, cada vez que le pedimos su voluntad y ella nos la da, tantas vidas nos da por cuantas veces nos la dona, y Nosotros, para darle la ocasión, el mérito de darnos no una vez su vida, sino tantas veces por cuantas veces se la pedimos, estamos siempre en acto de pedírsela.  ¿Y te parece poco que la criatura pueda decirnos:  ‘Tantas vidas os he dado, y no una vez, sino miles de veces, por cuantas veces me la habéis pedido?’  Y Nosotros no sólo la amamos con duplicado amor por cuantas veces nos da su voluntad, y la recompensamos cada vez, sino que nos sentimos glorificados y amados de más por cuantas vidas nos ha dado.  Esto no es otra cosa que nuestro amor exuberante, las finezas, las estratagemas, los excesos, las locuras de nuestro amor obrante, que no sabe estar sin inventar nuevos modos para tener qué hacer con la criatura y para poder decir:  ‘Cuantas veces se la hemos pedido, no nos la ha negado jamás, tampoco Nosotros podemos negarle nada’.  ¿No es esto un trato de amor insuperable que sólo un Dios puede hacer?  Además de esto, nuestro amor no se detiene, buscamos siempre fundirla con Nosotros, y conforme la criatura ama en nuestra Voluntad, así le hacemos formar su pequeño mar de amor en la interminabilidad de nuestro mar inmenso de amor, y esto para sentir que su amor está en el nuestro y ama con el nuestro; será más pequeño, y esto lo sabemos, que el amor creado no puede alcanzar jamás al amor creante, pero nuestro contento indecible es que ama en nuestro amor, y con nuestro amor.  un amor dividido, separado de Nosotros, no nos puede agradar jamás, ni nos puede herir, y además perdería lo más bello del amor.  Y cada vez que nos ama en nuestro Fiat, tanto más crece su pequeño mar de amor en nuestro mar divino, y Nosotros nos sentimos más glorificados y amados al ver aumentado el amor de nuestra criatura”.

(3) Después de esto estaba haciendo mi giro en la Creación para encontrar todos los actos hechos por la Divina Voluntad, y mi siempre amable Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía bendita, la Creación es el más dulce encanto de la manifestación de nuestro amor hacia las criaturas, está el azul del cielo con sus estrellas, el refulgente sol, el aire, el viento, el mar, siempre fijos, jamás se apartan, para decir al hombre nuestro amor que jamás cesa.  Hay además en la baja tierra:  plantas, flores, árboles, hierba, y todos tienen una voz, un movimiento, una vida de amor de su Creador, para decir a todos, aun al más pequeño hilo de hierba, la historia de amor de Aquél que los ha creado para el hombre.  Ahora, las cosas creadas en la baja tierra parece que mueren, pero no es verdad, más bien resurgen más bellas, esto no es otra cosa que la nueva resurrección del amor de Dios hacia las criaturas, y para hacer una dulce sorpresa de amor, mientras parece que mueren resurgen más bellas, y pone ante el ojo humano el nuevo encanto de las flores y de los frutos para ser amado, se puede decir que cada flor y planta lleva el beso, el te amo de su Creador a aquél que las mira y se hace poseedor de ellas.  Por eso nuestro amor supremo espera que en cada cosa nos reconozca y nos mande su te amo, pero en vano esperamos.  En todas las cosas creadas nuestro Ser Supremo manifiesta nuestra potencia, sabiduría, bondad, orden de nuestro amor, y se lo damos al hombre a fin de que nos ame con amor potente, sabio, lleno de bondad, esto es, que esté en él la imagen de nuestro amor divino, y esto sólo lo puede recibir quien vive en nuestra Voluntad, porque podemos decir que vive de nuestra Vida; en cambio fuera de Ella, el amor es débil, la sabiduría es insípida, la bondad se cambia en defectos, el orden en desorden.  ¡Pobre criatura sin nuestra Voluntad, cómo nos da piedad!  Mucho más que Nosotros amamos con amor incesante a la criatura, y quiere encontrar en ella el amor que jamás cesa, y cuando no nos ama forma grandes vacíos de nuestro amor en su alma, y nuestro amor no encontrando su amor en estos vacíos, no tiene donde apoyarse, queda suspendido, va errante, corre, vuela y no encuentra quién lo reciba, y grita, sufre por el dolor y dice:  ¡No soy amado, Yo amo y no encuentro quien me ame!”

(5) Después ha agregado con un acento más tierno:  “Hija amadísima, si tú supieras hasta donde llega mi amor por quien vive en mi Divina Voluntad, me amarías tanto, que te estallaría el corazón por la alegría, y tu amor y mi amor te harían quedar consumida, devorada de puro amor por Mí.  Ahora, tú debes saber que mi Divina Voluntad es la recolectora de todo lo que hace la criatura que vive en Ella; todo lo que es hecho en mi Fiat, no sale, sino que queda en nuestros campos de luz, y mi Voluntad, para deleitarse, va recogiendo el movimiento, el amor, el respiro, el paso, las palabras, los pensamientos, todo lo que la criatura ha hecho en nuestro Querer para incorporarlo en nuestra misma Vida; si no hiciera esto nos faltaría un respiro, un movimiento, y todo lo que ha hecho la criatura en nuestro Querer a nuestra Vida.  Por lo tanto, siendo partes de nuestra Vida, sentimos como la necesidad de que continúen su respiro en el nuestro, su movimiento, su paso en los nuestros, por eso llamamos a quien vive en nuestro Querer:  ‘Respiro nuestro, latido, movimiento, amor nuestro’.  Separar de Nosotros aun el respiro de quien vive en nuestro Querer no lo podemos hacer, ni lo queremos hacer, nos sentiríamos arrancar la Vida, por eso, conforme la criatura se mueve, respira, etc., mi Voluntad se pone en fiesta y va recogiendo lo que hace la criatura, y siente amarla tanto, como si Ella contribuyese a formar el respiro, el movimiento en la criatura, y como si la criatura contribuyese a dar el respiro, el movimiento a Dios.  Son los excesos y las invenciones de nuestro amor, que solamente está contento cuando puede decir:  ‘Lo que hago Yo hace ella, nos movemos, respiramos y amamos juntos’.  Y entonces sentimos la felicidad, la gloria, la correspondencia de nuestra obra creadora, que así como salió de nuestro Seno Paterno en una llama de amor, así nos regresa, toda amor a nuestro Seno Divino”.

 

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36-6

Mayo 6, 1938

 

Para vivir en el Querer Divino es necesario quererlo y hacer los

primeros pasos.  La Divina Voluntad posee la virtud generativa, y

donde reina genera sin detenerse jamás.  Inseparabilidad de

las obras de Nuestro Señor de quien vive en su Querer.

 

(1) Mi pobre mente está bajo una multitud de pensamientos concernientes al Querer Divino, me parecen tantos mensajeros que traen tantas noticias de este Querer tan santo.  Yo me sentía sorprendida, y mi dulce Jesús regresando a su pequeña hija, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, para entrar en mi Voluntad el modo es simplísimo, porque tu Jesús no enseña jamás cosas difíciles, mi amor me hace adaptarme mucho a la capacidad humana, a fin de que la criatura sin dificultad pueda hacer lo que Yo le enseño y quiero.  Ahora, tú debes saber que para entrar en mi Fiat, la primera cosa indispensable es querer, suspirar con toda firmeza el querer vivir en Él.  La segunda cosa es hacer el primer paso; hecho el primero, mi Divina Voluntad la circunda de luz y de tales atractivos, que la criatura pierde el deseo de hacer su voluntad, porque apenas ha dado un paso y se siente dominadora, la noche de las pasiones, de las debilidades, de las miserias, se ha cambiado en día, en fuerza divina, por lo tanto siente la extrema necesidad de hacer el segundo paso, el cual llama al tercer paso, luego al cuarto, al quinto, y así paso a paso.  Estos pasos son pasos de luz, la cual embellece a la criatura, la santifica, la felicita, le facilita el camino y le participa la semejanza de su Creador, pero tanto, que no sólo siente la extrema necesidad de vivir en mi Querer, sino que se lo siente como vida propia, de la cual no puede desunirse.  Ve entonces cómo es fácil, pero es necesario quererlo como lo quiere mi paterna bondad.  Yo rodeo a aquella voluntad de gracia, de amor, de bondad, y como también Yo lo quiero, pongo de lo mío, y si es necesario, mi misma Vida para darle todas las ayudas, los medios, y también mi Vida como vida suya para hacerla vivir en mi Querer Divino, Yo no escatimo nada cuando se trata de hacer vivir a la criatura en mi Querer.

(3) Ahora hija mía, es tanto nuestro amor, que fijamos diversos grados de santidad y diversos modos de santidad y de belleza para adornar al alma en nuestra Divina Voluntad.  De ellas haremos una distinta de la otra, distintas en la belleza, en la santidad, en el amor, todas bellas, pero distintas entre ellas; algunas quedarán en el océano de la luz y gozarán los bienes que posee mi Querer, otras quedarán bajo la acción de mi luz obrante, y éstas serán las más bellas, usaremos todo nuestro arte creador, nuestro acto obrante; encontrando a la criatura en nuestro Querer podremos hacer lo que queremos, se prestará a recibir nuestra potencia creadora, y nos deleitaremos en crear bellezas nuevas, santidades jamás vistas, amor que jamás hemos dado a la criatura porque faltaba en ella la Vida, la luz, la fuerza de nuestro Querer para poderlo recibir, sentiremos en ella el eco nuestro, la fuerza generativa que siempre genera amor, gloria, repetición continua de nuestros actos y de nuestra misma Vida.  La Vida de nuestro Fiat es propiamente este generar, y donde Él reina genera continuamente sin terminar jamás:  genera en Nosotros y conserva la Vida, la virtud generativa de la Trinidad Sacrosanta; genera en la criatura donde reina, y genera imágenes nuestras, amor, santidad.  Es por eso que tenemos aún mucho que hacer en la obra de la Creación, tenemos que reproducir nuestros actos, nuestras obras, que servirán como el más bello adorno de nuestra patria celestial”.

(4) Después de esto, mi mente se perdía en el mar del Fiat, el cual todo me hacía presente, y todo me parecía que fuese mío, como todo era de Dios.  Y mi amado Jesús, como sofocado en sus llamas de amor ha agregado:

(5) “Hija mía bendita, quien vive en mi Voluntad ha sido siempre inseparable de su Creador, desde la eternidad estaba ya con Nosotros, a esta criatura nuestro Querer Divino nos la llevaba en brazos a nuestro seno y nos la hacía amar, cortejar y gozarla, y desde entonces sentíamos su amor palpitante en Nosotros, y nos llamaba al trabajo de nuestras manos creadoras para hacer de ella una de las más bellas imágenes nuestras.  ¡Oh, cómo gozábamos al encontrar en nuestra Voluntad a la criatura en la cual podíamos desarrollar nuestra obra creadora!  Ahora, tú debes saber que estas almas que viven o vivirán en mi Fiat, siendo inseparables de Nosotros, cuando Yo, Verbo Eterno, en el exceso de mi amor descendía del Cielo a la tierra, ellas descendían junto Conmigo, y con la Celestial Reina a la cabeza formaban mi pueblo, mi ejército fiel, mi morada real viviente en la cual Yo me constituía verdadero Rey de estos hijos de mi Querer Divino; descender del Cielo sin el cortejo de mi pueblo, sin reino donde no pudiese dominar con mis leyes de amor, no lo habría hecho jamás.  Para Nosotros todos los siglos son como un solo punto, en el cual todo es nuestro, todo encontramos como en acto, por eso Yo descendía del Cielo como dominador y Rey de mis hijos, me veía cortejado y amado como sabemos amar Nosotros mismos, y fue tanto mi amor que los hice quedar concebidos junto Conmigo, estar sin ellos me era imposible, no encontrar a mis hijos que me amasen no lo habría podido tolerar, por eso hicieron vida junto Conmigo en el seno de mi Mamá Soberana, nacieron junto Conmigo, lloraban junto, lo que hacía Yo hacían ellos:  Si caminaba, si obraba, si rezaba, si sufría, ellos lo hacían junto Conmigo, y puedo decir que aun sobre la cruz estaban Conmigo para morir y para resucitar a la nueva vida que Yo vine a traer a las generaciones humanas.  Por eso el reino de nuestra Voluntad está ya establecido, sabemos su número, sabemos quienes son, su nombre, ya nuestra Voluntad nos los hace sentir palpitantes, ardientes de amor, ¡oh!, cómo los amamos y suspiramos por que llegue el tiempo de hacerlos salir a la luz del día en nuestra misma Voluntad sobre la tierra.  Así que los hijos de mi Querer tendrán en su poder mi concepción, mi nacimiento, mis pasos, mis penas, mis lágrimas, y cuantas veces quieran quedar concebidos, renacidos, tantas veces lo podrán hacer; sentirán mis pasos, mis penas en las de ellos, porque en mi Voluntad, mi Vida, mi nacimiento, se repiten, se renuevan a cada instante y por eso los pueden tomar para ellos y los pueden dar a los demás.  Haré lo que ellos quieran, sabiendo que ellos no harán jamás lo que Yo no quiero.  Estos nuestros hijos renacidos, crecidos, formados, alimentados por nuestro Querer, serán la verdadera gloria de nuestra Creación, coronarán nuestra obra creadora y pondrán el sello de su amor en cada cosa creada para Aquél que todo ha hecho por ellos, y que tanto los ha amado”.

 

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36-7

Mayo 10, 1938

 

Dios, para ser amado pone en el corazón de la criatura su amor y lo

convierte en monedas.  Las vigilias de Jesús, la paternidad divina y la

filiación de quien vive en la Divina Voluntad.  Cómo la escribe

con caracteres imborrables como “la hija mía”.

 

(1) Siento que el Querer Divino me llama a cada instante porque quiere ser amado, y como a mi amor apenas puedo llamarlo gotitas, Él quiere darme el suyo a fin de que yo tenga mares de amor, no gotas, para decirle que lo amo mucho, mucho.  ¡Qué bondad!  quiere poner de lo suyo para tener el contento de poder decir que la criatura lo ama.  Luego, mi siempre amable Jesús ha regresado a visitar mi pobre alma, el corazón le latía fuertemente y estrechándome a Sí entre sus brazos, me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi amor, Yo ardo, me siento desfallecer, deliro porque quiero ser amado, ¿y para obtener mi intento sabes qué hago?  Pongo mi amor en el corazón de la criatura, se lo hago correr en la mente, en las palabras, en las obras, en los pasos, y convierto todo este amor que le corre por todas partes en monedas de amor divino, y para hacerlas correr como monedas que nos pertenecen, en ellas acuño una imagen escrita sobre su canto que dice:  ‘Jesús, Rey del reino de la Divina Voluntad’.  Estas monedas de amor son un medio que damos a la criatura para poder decir con derecho:  ‘Te he amado’.  Este amor convertido por nuestra bondad en monedas puede comprar lo que quiere y ama, por lo tanto puede comprar nuestra santidad, nuestra misma Voluntad, nuestras virtudes, y si quiere más amor, tiene monedas suficientes para comprarlo, y ¡oh!, cómo gozamos al ver que la criatura ya no es pobre, sino rica, y tiene tanto que puede llegar hasta comprar nuestras virtudes, nuestra misma santidad.  Cómo es bello ver que tiene nuestra moneda de amor que la vuelve propietaria de nuestros mismos bienes.  Pero esta moneda de amor la damos a quien vive en nuestro Querer, porque esta criatura no hará despilfarro de ella, la sabrá conservar, la multiplicará para podernos amar siempre más y darnos un alivio a nuestras llamas que nos devoran”.

(3) Después seguía mi giro en los actos del Querer Divino, me sentía sufriente y con un desvelo tal, que no podía estar calmada, los minutos me parecían siglos, ¡qué noche eterna!  Esperaba a mi dulce Jesús que viniera a calmarme, finalmente, después de mucho esperar, mi amado Jesús se hacía ver todo afligido, y todo bondad me ha dicho:

(4) “Pobre hija, cómo es dura la vigilia, ¿no es verdad?  Cuántas veces tu Jesús se encuentra con estas penas tan crudas y desgarradoras, cuántas vigilias me hacen hacer las criaturas, puedo decir que estoy siempre en vela y sufro las inquietudes de mi amor; si la criatura peca, la siento huir de mis brazos, y Yo velo, la miro y la veo rodeada por los demonios que hacen fiesta y llegan a burlarse del bien que ha hecho; pobre bien, cómo es cubierto por el fango de la culpa, pero Yo, como todavía la amo, le mando algún resplandor de luz, y vigilo; le mando remordimientos para hacerla levantarse de nuevo, y vigilo; los minutos me parecen siglos, no puedo calmarme si no la veo regresar a mis brazos, y vigilo, vigilo siempre, le espío los latidos de su corazón, los pensamientos de su mente para suscitar el recuerdo de cuánto la amo, pero qué, todo es en vano y estoy obligado a velar y vigilar.  Qué dura vigilia!  Si esta criatura regresa a Mí, reposo un poco, de otra manera continúa mi vigilia.  Si alguna otra criatura quiere hacer un bien y toma tiempo y jamás se decide, Yo velo y vigilo, busco alentarla con mi amor, con inspiraciones y aun con promesas, pero no se resuelve, encuentra tantos pretextos, dificultades, y me tiene siempre en vigilia.  ¡Cuántas vigilias me hacen hacer las criaturas y en tantos modos!  He aquí la razón de tu vigilia, para tener un poco de compañía en mi vigilia continua, por eso suframos juntos, ámame y encontraré un pequeño reposo a mis tantas vigilias”.

(5) Después de esto ha agregado con un acento más tierno:

(6) “Hija de mis penas, ¿quieres saber quién no me da esta pena tan dura de hacerme velar?  Quien vive en mi Voluntad, es más, en cuanto se decide a vivir en Ella Yo la declaro hija mía y llamo a todo el Cielo, a la Trinidad Sacrosanta para festejar a la nueva hija que he adquirido; todos la reconocen porque la he escrito con letras imborrables en mi corazón, en mi amor que siempre arde, como:  ‘La hija mía’.  Ahora, en mi Querer está siempre Conmigo, todo lo que hago Yo lo hace ella, por lo tanto, en mis nacimientos continuos renace junto Conmigo, y Yo la escribo como:  ‘La hija de mi nacimiento’.  Si la ingratitud humana me obliga a llorar, ella llora junto Conmigo, y Yo la escribo hasta en mis lágrimas como:  ‘La hija de mis lágrimas’.  En suma, si sufro, si obro, si camino, la escribo como:  ‘La hija de mis penas, de mis obras, la hija de mis pasos’.  Dondequiera la llevo escrita.  Ahora, tú debes saber que entre paternidad y filiación hay vínculos imborrables, ninguno puede desconocer, ni en el orden sobrenatural ni en el orden natural los derechos de paternidad y de filiación, así que, Yo como Padre siento el deber de constituir como heredero de mis bienes, de mi amor, de mi santidad, a quien con tanta solemnidad he declarado que es hija mía, hasta llevarla escrita en mi corazón divino.  Si no la amara sentiría que defraudo mi paterno amor, por eso no lo puedo hacer.  Ahora, esta criatura tiene el deber de amarme y de poseer los bienes de su Padre, tiene el deber de defenderlo, de hacerlo conocer, y aun de poner su vida a fin de que ninguno me ofenda.  Y ¡oh, cómo es bello ver a estos hijos míos que viven en mi Querer, que llegan a decirme:  ‘Padre mío, has velado y vigilado demasiado, ya estás cansado, repósate, y para hacer que tu reposo te sea dulce, repósate en mi amor y yo me pondré en vela, tomaré tu puesto junto a las almas, tal vez tenga éxito en hacerte encontrar alguna cuando te despiertes!  Y Yo me fío de ellas y me reposo por algún tiempo.  ¿Qué cosa no puede hacer quién vive en mi Voluntad?  Puede hacerme todo, porque su luz la hace estar al día de todas mis penas, y Yo hago todo a ella, nos alternamos mutuamente la vigilia y el reposo.  ¡Cómo es bello el vivir en mi Querer!  La criatura se pone en nuestras mismas condiciones, lo que queremos Nosotros quiere ella, y ésta es la cosa más santa, más grande, más noble, llena de majestad y de pureza:  ‘Querer lo que quiere Dios’.  Ningún otro acto puede llegar a una altura tan sublime y a un valor que no termina jamás, como el querer lo que Dios quiere; Dios es santo y puro, es orden, es bondad, con querer lo que quiere Dios, la criatura quiere lo que es santo, puro, bueno, y con la plenitud del orden, se siente renacida en Dios, hace lo que hace Dios; Dios hace todo, abraza todo, se mueve en todos, y ella es concurrente a lo que hace Dios.  ¿Puede hacer bien mayor?  Por eso al vivir en mi Querer no hay cosa que lo pueda ni alcanzar ni sobrepasar, por lo tanto vive siempre en mi Fiat y seremos felices, tú y Yo”.

 

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36-8
Mayo 15, 1938

 

La palabra de Dios es vida, y encierra todos los siglos.  Cómo mira

en todas las generaciones humanas.  Jesús no sabe qué hacer con

quien no lo ama.  Cómo en las necesidades de las criaturas

se hace encontrar Jesús.

 

(1) Me sentía inmersa en el Querer Divino, su luz me hacía comprender tantas verdades, pero me sentía incapaz de encerrarlas en mi mente tan pequeña, y con una repugnancia de manifestarlas y escribirlas en el papel.  Entonces mi dulce Jesús visitando mi pobre alma, todo ternura y compadeciendo mi incapacidad me ha dicho:

(2) “Pobre hija, delante a la inmensidad de mi Querer se confunde y quisiera estarse en dulce reposo para gozarse las alegrías, la felicidad de la cual te sientes llena, pero no hija mía, se necesita también el trabajo; en el Cielo es siempre gozo, pero en la tierra hay alternativa de gozo y de trabajo, para ti el manifestar, el escribir, es trabajo, el entrar en mi Voluntad es poseer las alegrías más puras y la felicidad más grande, pero en el trabajo no te dejo jamás sola, hago más Yo que tú, sin Mí no habrías podido hacerlo.  Ahora, tú debes saber que nuestro amor es tanto, que cuando nuestra bondad se decide a hacer salir una palabra, a manifestar una verdad fuera de nuestra majestad suprema, formamos el acto en Nosotros mismos, encerramos el bien que debe producir aquella verdad que hacemos salir, y cuando todo está madurado, y completado el bien que debemos dar a las criaturas en virtud de aquella verdad que manifestamos, entonces se la damos a la criatura como portadora del bien que queremos dar a las humanas generaciones, y como nuestra palabra encierra todos los siglos, y como nuestras palabras son vidas, poseen la fuerza creante, a donde quiera pueden llegar, y la criatura sentirá que se crea en ella la vida y el bien del cual nuestra verdad es portadora.  Así que detener nuestras palabras con no manifestarlas, quiere decir detener todo el bien y las tantas Vidas nuestras que nuestras palabras pueden producir, y Yo sé hija mía que tú no quisieras darme este disgusto e impedir este gran bien a las generaciones humanas, ¿no es verdad?  Quien me ama no sabe negarme nada, ni siquiera el sacrificio de la propia vida, por eso sé atenta, no quieras volverte responsable de tantas Vidas Divinas nuestras que deben tomar vida en las criaturas”.

(3) Después de esto me sentía sufriente, pero tanto, como si quisiera dar el último respiro; Jesús ha corrido pronto para sostenerme en sus brazos y me ha dicho:

(4) “Qué, ¿te quieres venir?”

(5) Y yo:  “Sí, quiera el Cielo que te decidas a llevarme”.

(6) Y Jesús:  “Hija mía, ¿y de la tierra qué hacemos?”

(7) Y yo:  “No sé nada, ni soy buena para nada, y además, ¿qué me interesa a mí la tierra?”

(8) Y Él me ha dicho:  “Hija mía, no obstante debe interesarte porque le interesa a tu Jesús, y tu interés y el mío deben ser uno solo.  Ahora, tú debes saber que es pronto aún, pues no del todo se ha manifestado la Divina Voluntad, y mientras más se manifiesta, tantas más almas son tomadas en la red de su luz, y no sólo eso, sino que por cuanto más es madurada y crece en una criatura, tanto más derecho adquieren las otras criaturas de recibirla, y Nosotros más nos sentimos llevados a agraciar a las humanas generaciones, de hacerles poseer la Vida de nuestra Voluntad, porque nuestra bondad, nuestro amor es tanto, que en una criatura miramos a todas, y por amor de una hacemos el bien a todas.  ¿Pero en quién redunda el bien de todos?  En quien ha sido la primera en recibir este bien, quien ha tenido el bien de escucharnos, y ha tenido cuenta de nuestras verdades más que si fueran vida propia, y quien no cuidando la propia vida está pronta a sacrificarla a cada instante por amor nuestro para hacernos hacer lo que queremos hacer de ella.  Esto tiene tanta fuerza sobre nuestro Ente Supremo, nos rapta tanto, que basta una criatura para hacer que todas reciban este bien; mucho más que las generaciones humanas están vinculadas juntas, más que miembros al cuerpo, por eso no es maravilla que un miembro sano y bueno haga correr sus humores vitales y santos en los otros miembros, por eso, la fuerza de una sola criatura que vive en nuestra Voluntad es omnipotente, y es tanta que puede arrollar Cielo y tierra, reunir a todos y vencer a Dios y a las criaturas, por lo tanto déjame terminar, y después pronto te traeré”.

(9) Después ha agregado:  “Hija mía, cuanto más sufre uno, más siente la necesidad de ser amado.  El que más ha sufrido soy Yo, por eso mis penas, mi sangre derramada, mis lágrimas, se cambian en voces amorosas, suplicantes, porque quiero ser amado por quien amé tanto, por quien me hizo penar y llorar tanto.  Quien me ama me da el más dulce refrigerio a mis penas, me enjuga las lágrimas, y mi sangre se convierte para ella en un baño de amor.  ¿Pero sabes tú quién cambia mis penas, mis lágrimas, en alegrías, en contentos?  Quien vive en mi Divina Voluntad, porque en ella encuentro el amor que me ama siempre, el cual es sostén de mis penas, mi refrigerio continuo, y me siento como un Rey victorioso, que si bien herido, he vencido con las armas de mis penas y de mi amor la voluntad de la criatura.  ¡Oh, cómo me siento feliz al sentirme amado y hacer vida junto a aquél por quien he sostenido una tan dolorosa y sangrienta batalla!  Mucho más que todo lo creé para ser amado, y si me falta el amor no sé qué hacer con la criatura, porque no encuentro lo que Yo quiero; a lo más puede haber diversidad de amor, puede haber amor de reparación, amor de compasión, amor de imitación, pero siempre amor quiero; si no encuentro el amor no son cosas para Mí, y como el amor es hijo de mi Voluntad, si encuentro al hijo encuentro a la Madre, por lo tanto encuentro todo lo que a Mí pertenece, por eso me reposo y me felicito en ella, y ella se felicita y se reposa en Mí, y nos amamos con un solo amor”.

(10) Y yo:  “Mi amado Jesús, si tanto ansías ser amado y que las criaturas obren lo que Tú quieres, ¿por qué no las abundas tanto de tus gracias de modo que sientan la fuerza de obrar y de amarte como Tú quieres?”

(11) Y Jesús:  “Hija mía, Yo doy a las criaturas la fuerza necesaria, es más, las sobreabundo de esta fuerza solamente en el momento en que se mueven a obrar lo que Yo quiero, no antes; cosas inútiles no sé dar, porque me quedarían más deudores si sienten la fuerza y no hacen lo que Yo quiero.  Cuántos, antes de hacer una acción se sienten impotentes, pero en cuanto se ponen en acto de obrar se sienten investidos por una nueva fuerza, por una nueva luz, soy Yo que los invisto, porque Yo jamás dejo de dar la fuerza necesaria que se necesita para hacer un bien, la necesidad me ata y me empuja, si es necesario, a hacer junto con la criatura lo que ésta hace, por eso la verdadera necesidad soy Yo, Yo que quiero las cosas, y Yo me encuentro siempre junto con la criatura en su necesidad.  Pero si lo que hacen no es necesario, Yo me pongo a un lado y los dejo hacer a ellos mismos”.

(12) Después de esto pensaba entre mí:  “Cómo soy miserable, siento como si nada hubiese hecho por Jesús; a tantas gracias suyas, ¿quién sabe cómo debería de amarlo?  En cambio soy fría, es verdad que no sé amar a otro que no sea Jesús, pero debería ser toda una llama, y no lo soy”.  Mientras esto pensaba, ha regresado y dulcemente me ha reprochado diciéndome:

(13) “Hija mía, ¿qué haces?  ¿Quieres perder el tiempo?  ¿No sabes que lo que más te debe importar es hacer y conocer si estás en mi Voluntad?  En Ella todo es amor:  El respiro, el latido, el movimiento, la misma voluntad humana no quiere saber otra cosa que amarme.  Mi Voluntad, celosa de esta criatura le forma el aire de amor, de modo que no respira otra cosa que amor, además, tu Jesús no mira jamás el sentir de la criatura, pues muchas veces este sentir la puede traicionar, en cambio Yo miro la voluntad y lo que ella quiere, y eso me tomo.  Cuántas cosas se sienten y no se hacen, en cambio, si se quiere, todo está hecho, y además, en mi Voluntad no se pierde nada, para quien vive en Ella, mi Voluntad numera todo, los respiros, los latidos, el pequeño ‘te amo’, todo lo que se hace en Ella queda escrito con caracteres de luz imborrable y forman la misma Vida de mi Querer en la criatura, y muchas veces los dones que le he dado, los actos que ha hecho, quedan escondidos como propiedad suya en el fondo de la voluntad, y por eso se siente como si no hubiera hecho nada, pero no es verdad, ante las circunstancias se hacen sentir, hacen sentir que la luz más que sol está en su alma, que la santidad está en su puesto de honor, que las virtudes están todas en acto de llegar al heroísmo si hubiera necesidad de ejercitarlas.  Mi Voluntad sabe mantener la armonía, su orden divino donde Ella reina, y todo lo que la criatura hace en Ella adquiere la marca de lo eterno, por eso vive en Ella y no te des ningún pensamiento de otras cosas, es más, mi Voluntad pensará más que tú en tu bien”.

 

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36-9

Mayo 17, 1938

 

El alma es la voz, el canto y las manos para tocar; el cuerpo es el órgano.

El Querer Divino quiere los más pequeños actos para hacer surgir su Sol.

Siembra que hace el sol a la tierra, siembra que hace la Santísima

Voluntad.  Esponsalicio que Dios prepara con sus verdades.

 

(1) Continuando mi vuelo en el Querer Divino, siento que me inviste por dentro y por fuera, y quiere tomar su puesto real en mis más pequeños actos, aun en los naturales, y tal vez sobre mis mismas naderías, y si esto no hiciera, no puede decir que la plenitud de su Voluntad reina en la criatura.  Después, mi amado Jesús repitiendo su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, todo salió de Nosotros y fue modelado por nuestras manos creadoras, el alma y el cuerpo, por eso todo debe ser nuestro, lo uno y lo otro; es más, hicimos del cuerpo un órgano, y cada acto que debía hacer, hecho para cumplir la Divina Voluntad, debía formar una tecla, la cual debía encerrar muchas notas y conciertos de música, distintos entre ellos, y el alma debía ser la que con la unión del cuerpo debía formar la voz, el canto, y tocando estas teclas debía formar las músicas más bellas.  Ahora, un órgano sin quien lo toque parece un cuerpo muerto, no divierte ni atrae a ninguno; y quien entiende de música, si no tiene el instrumento para tocar, no puede ejercitar su arte de músico, así que se necesita quien hable, quien se mueva, quien tenga vida para formar las bellas músicas, pero se necesita también el instrumento que contiene las teclas, las notas y todo lo demás; son necesarios el uno y el otro.  Así es el alma y el cuerpo, hay tal armonía, orden, unión entre ellos, que el uno no puede hacer nada sin el otro; por eso estoy atento, te vigilo tus pasos, tus palabras, el mover de tus pupilas, tus más pequeños actos, a fin de que mi Voluntad tenga su Vida, su puesto en ellos.  Nosotros no reparamos si el acto es natural o espiritual, si es grande o pequeño, sino que estamos atentos para ver si todo es nuestro, si nuestro Querer ha hecho surgir su sol de luz, de santidad, de belleza, de amor, y nos servimos aun de los pequeños actos de esta criatura para formar nuestros portentos más prodigiosos, los cuales forman las escenas más bellas para tenernos divertidos.  ¿No fue sobre la nada que formamos las maravillas, el encanto de toda la Creación?  Y en la creación del hombre, ¿no fue sobre la nada que formamos tantas armonías, hasta nuestra misma imagen que nos semeja?  Hija mía, si la criatura debiera darnos únicamente lo que es espiritual, poco podría darnos, en cambio, con darnos aun sus pequeños actos naturales, puede darnos siempre, y estamos en continuas relaciones, la unión entre ella y Nosotros no se rompe jamás.  Mucho más, que las cosas pequeñas están siempre entre las manos, al alcance de los pequeños y de los grandes, de los ignorantes y de los sabios; el respirar, el moverse, el atenderse a sí mismo en las cosas personales, es de todos y no cesan jamás, y si esto es hecho para amarme, para formar la Vida de la Divina Voluntad en ellos, es nuestro triunfo, nuestra victoria y la finalidad para la cual los hemos creado.  Ve entonces cómo es fácil el vivir en nuestro Querer, la criatura no debe hacer cosas nuevas, sino lo que hace, esto es, desarrollar su vida como se la hemos dado en nuestra Voluntad”.

(3) Después de esto mi dulce Jesús continuó diciéndome:

(4) “Hija mía, así como el sol siembra cada día luz, calor, dulzura, perfumes, colores, fecundidad, diversidad de gustos, y con esto embellece toda la tierra, y sólo con tocar con su luz y calor fecunda las plantas, madura y endulza los frutos, da la variedad de los colores y perfumes a las flores, tanto que forma el dulce encanto a las generaciones humanas, así quien vive en mi Voluntad, superando Ella en modo insuperable la siembra que hace el sol, siembra sobre de quien vive en Ella, luz, amor, variedad de bellezas, santidad, dando a cada una de estas semillas la fecundidad divina, y ¡oh! cómo es bello ver a esta criatura embellecida, fecundada por nuestra siembra divina, cómo queda hermosa, tanto, de formar el encanto a nuestras pupilas divinas.  Ahora hija mía, así como la tierra, las flores, las plantas, para recibir la siembra del sol deben someterse a recibir el contacto de su luz y de su calor, de otra manera el sol quedaría en lo alto sin poder hacer su siembra a la tierra, la cual quedaría estéril, sin fecundidad y sin belleza, porque para dar y recibir un bien se necesita la unión, el acuerdo de ambas partes, sin el cual el uno no puede dar y el otro no puede recibir, así el alma, para recibir la siembra de mi Voluntad debe vivir en Ella, debe estar siempre unida, con sumo acuerdo, debe dejarse modelar para recibir de Ella la nueva Vida que quiere dar, de otra manera mi Voluntad hace como el sol, no siembra y la criatura queda estéril, sin belleza, bajo las tinieblas de su voluntad humana.  He aquí por qué quiero al alma viviendo en mi Querer, no sólo para sembrar, sino para hacer que mi siembra no se pierda, haciéndome Yo mismo el cultivador para poder producir las más variadas bellezas”.

(5) Después ha agregado con un amor más tierno:

(6) “Hija mía buena, mi amor siempre quiere vincularse más con la criatura, y por cuantas más verdades manifiesta sobre mi Voluntad, tantos más vínculos de unión pongo entre Dios y ella, y conforme manifiesta las verdades, así prepara el esponsalicio entre Dios y el alma, y por cuanto más manifiesta, con tanta más ostentación y suntuosidad será hecho el esponsal.  ¿Quieres saber algo más?  Mis verdades servirán como dote para poderse unir con Dios, lo estas verdades harán conocer quien es Aquél que se abaja, y que solamente es su amor lo que lo induce a vincularse con atadura de esponsalicio con la criatura.  Mis verdades tocan y retocan a la criatura, la modelan, le forman la nueva vida, le restituyen y embellecen nuestra imagen y semejanza como cuando fue creada por Nosotros, le imprimen su beso de unión inseparable.  Una verdad nuestra puede formar un mar de prodigios y de creaciones divinas en quien tiene el bien de escucharla, esta verdad puede cambiar un mundo entero de perverso, en bueno y santo, porque es una Vida nuestra que viene expuesta para bien de todos, y un nuevo sol que hacemos surgir en las inteligencias creadas, el cual por caminos de luz y de calor se hará conocer para transformar en luz y calor a quien tiene el bien de escucharla.  Por eso, ocultar una verdad que Nosotros con tanto amor hacemos salir fuera de nuestro seno paterno es el más grande delito, y priva a las generaciones humanas del bien más grande.  Además de esto, quien vive en nuestro Querer, esposándose con Nosotros, forma la fiesta a todos los santos, todos toman parte en las nupcias divinas, y en virtud de esta criatura tienen una fiesta toda propia en el Cielo y otra en la tierra.  Cada acto que hace la criatura que vive en nuestro Querer, es una fiesta y un banquete que ofrece a las regiones celestiales, y los santos le corresponden con nuevos dones e imploran a Dios que le manifieste otras verdades para ensanchar siempre más los confines de la dote que Dios le ha dado”.

 

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36-10

Mayo 19, 1938

 

La Divina Voluntad forma la parálisis a todos los males,

y el querer humano paraliza los bienes.  Amar es poseer.

Cómo viene formado Dios en la criatura, y la criatura en

Dios.  Temores sobre los escritos.

 

(1) Estoy siempre en el mar del Querer Divino, el cual parece como si me quisiera poner en guardia para estar atenta a no hacer entrar en mí al pobre e inquieto querer humano.  Yo he quedado pensativa acerca de esto, y mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, date valor, no temas, la virtud, la potencia de mi Voluntad es tanta, que en cuanto se entra en Ella para vivir quedan paralizados todos los males, paralizadas las pasiones, los pasos y las obras malas, la voluntad humana sufre tal derrota de sentirse morir, pero sin morir, y sin embargo comprende con gran contento suyo, que mientras se siente paralizar el mal, siente resurgir la vida del bien, la luz que jamás se apaga, la fuerza que jamás disminuye, el amor que siempre ama; surge en ella el heroísmo del sacrificio, la paciencia invicta; puedo decir que mi Voluntad pone el ‘basta’ a los males de la criatura, porque no hay principio y vida de bien sino en mi Voluntad.  Ahora, si mi Fiat tiene el poder de paralizar los males, el querer humano cuando domina solo en la criatura, hace que todo bien quede paralizado.  Pobre bien bajo la parálisis del querer humano, quiere caminar y apenas se arrastra, quiere obrar y se siente caer los brazos, quiere pensar el bien y se siente entontecido y como necio; así que la voluntad humana sin la mía es el principio de todos los males y la ruina total de la pobre criatura”.

(3) Después, mi amado Jesús ha agregado con un acento conmovedor:

(4) “Hija mía, quien me quiera poseer me debe amar.  Amar y poseer es lo mismo; conforme tú me amas, así quedo formado en tu alma, y cuando vuelves a amarme crezco, porque sólo el amor me hace crecer, y conforme repites tu amor así me hago conocer para hacerme amar de más; así que conforme tú me amas, así Yo te hago sentir cuánto te amo.  Ahora, conforme tú me amas, Yo te amo a ti y te poseo, y conforme nos alternamos en el amarnos, así quedas formada en Mí, creces, te alimento con mi amor, te formo en la Vida de mi Querer, te inundo con mis mares de amor para hacerte sentir cuánto te amo, con cuánta ternura te hago crecer en mi corazón, cómo te tengo celosamente custodiada, y te hago sentir todo esto a fin de que tú me ames de más y uses Conmigo aquella misma ternura que uso Yo contigo, para tenerme custodiado y con un celo de amor, por el cual tú seas toda ojo, toda atención para darme tu vida a cada instante para amarme, para volverme feliz y contento en tu alma, como Yo te vuelvo contenta y feliz en mi corazón.  El amor quiere reciprocidad; si ama y no es amado siente la infelicidad, la amargura por quien lo debería amar y no lo ama.  Por eso ámame siempre, y si quieres amarme de verdad, ámame en mi Querer, en el cual encontrarás el amor que no cesa jamás, y me formarás cadenas tan grandes de amor, de llegar a aprisionarme, de modo tal que no sabré desaprisionarme de tu amor”.

(5) Después de esto pensaba en el gran sacrificio de escribir, en mis repugnancias, en las luchas que he sufrido para escribir, que sólo el pensamiento de poder disgustar a mi amado Jesús me ha hecho hacer el sacrificio de obedecer a quien me ordenaba el hacerlo, no obstante decía entre mí:  “Quién sabe donde irán a terminar estos escritos, en qué manos podrán estar?  ¿Quién sabe cuántas cavilaciones, cuántas oposiciones harán, cuántas dudas?  Y me sentía intranquila, mi mente era afligida por tal aprensión que me sentía morir, y mi dulce Jesús para tranquilizarme ha regresado diciéndome:

(6) “Hija mía, no te turbes, estos escritos son míos, no tuyos, y no importa en qué manos puedan estar, ninguno podrá tocarlos para deteriorarlos, Yo los sabré custodiar y defender, porque me pertenecen, y cualquiera que los tome con buena y recta voluntad, encontrará en ellos una cadena de luz y de amor, con las cuales amo a las criaturas.  Estos escritos los puedo llamar desahogo de mi amor, locuras, delirios, excesos de mi amor, con el cual quiero vencer a la criatura, a fin de que regrese en mis brazos para hacerle sentir cuánto la amo.  Y para hacerle conocer mayormente cuánto la amo, quiero llegar al exceso de darle el gran don de mi Voluntad como vida, porque sólo con Ella el hombre podrá ponerse al seguro y sentir las llamas de mi amor, mis ansias de cuánto la amo.  Así que quien lea estos escritos con la intención de encontrar la verdad, sentirá mis llamas y se sentirá transformado en amor y me amará de más; quien los lea para encontrar cavilaciones y dudas, su inteligencia quedará cegada y confundida por mi luz y por mi amor.

(7) Hija mía, el bien, mis verdades, producen dos efectos, uno contrario al otro:  ‘Para los dispuestos son luz para formar el ojo en su inteligencia, y vida para dar la vida de santidad que mis verdades encierran; a los indispuestos los ciega y les priva del bien que mis verdades encierran”.

(8) Después ha agregado:  “Hija mía, date valor, no quieras turbarte, lo que ha hecho tu Jesús era necesario a mi amor y a la importancia de lo que te debía manifestar acerca de mi Divina Voluntad., puedo decir que debía servía a mi misma Vida y para hacerme cumplir la obra de la Creación, por eso era necesario que al principio de este tu estado usara contigo tantas estratagemas de amor, que haya tenido tantas intimidades contigo que llega a parecer increíble el cómo llegué a tanto, y también por qué te hice sufrir tanto para ver si tú te sometías a todo, y después te ahogaba con mis gracias, con mi amor, y te sometía nuevamente a las penas para estar seguro de que no me habrías negado nada, y esto para vencer tu voluntad.  ¡Oh!, si Yo no te hubiera mostrado cuánto te amo, si no te hubiera dado generosamente tantas gracias, ¿crees tú que hubiera sido fácil someterte a este estado de pena, y por tan largo tiempo?  Era mi amor, mis verdades, que te tenían y te tienen aún como imantada en Quien tanto te ama.  Todo lo que he hecho al principio de este tu estado era necesario, porque debía servir como fondo, como decencia, decoro, preparación, santidad y disposición a las grandes verdades que te debía manifestar sobre mi Divina Voluntad.  Por eso, de los escritos tendré más interés Yo que tú, porque son míos, y una sola verdad sobre mi Fiat me cuesta tanto, que supera el valor de toda la Creación, porque la Creación es obra mía, en cambio mi verdad es Vida mía, y Vida que quiero dar a las criaturas, y lo puedes comprender por lo que has sufrido y por las gracias que te he hecho para llegar a manifestarte mis Verdades sobre mi Santo Querer.  Por eso tranquilízate y amémonos hija mía, no rompamos nuestro amor, porque nos cuesta demasiado a los dos, tú con tener tu vida sacrificada a mi disposición, y Yo con el sacrificarme por ti”.

(9) Pero con todo el hablar de Jesús no me sentía plenamente tranquila.  Mientras me hablaba me ha regresado la paz, pero después, pensando nuevamente en lo que me ha sucedido en estos días, que no es necesario decirlo aquí, he vuelto a turbarme.  Entonces, por cerca de dos días mi dulce Jesús ha hecho silencio, por eso me sentía sin fuerzas y con una debilidad extrema; y mi amado Jesús teniendo compasión de mí, todo bondad me ha dicho:

(10) “Pobre hija mía, estás en ayunas, por eso te sientes sin fuerzas, son dos días ya que no tomas alimento, porque no estando tú en paz, Yo no podía darte el alimento de mis verdades, porque ellas, mientras alimentan al alma comunican también la fuerza al cuerpo, y tú, estando turbada, no me habrías entendido ni habrías estado dispuesta a tomar un alimento tan exquisito, porque tú debes saber que la paz es la puerta por donde entran las verdades, y es el primer beso e invitación que les hacen las criaturas para escucharlas y para hacerlas hablar, por eso, si quieres que te dé mucho alimento regresa a tu estado pacífico.  Es más, en estos días en que tú estabas turbada, el Cielo, los ángeles, los santos, estaban como temblorosos sobre ti, porque sentían salir de ti un aire malsano que a ellos no pertenecía, por eso todos han rogado para que te regresara la perfecta paz.

(11) La paz es la sonrisa del Cielo, la fuente de donde brotan las alegrías celestiales.  Y además, tu Jesús, por cuantas ofensas me puedan hacer, jamás está turbado, puedo decir que mi trono es la paz; así te quiero a ti, toda pacífica.  Hija mía, también en el modo nos debemos adaptar, semejar, pacífico Yo, pacífica tú, de otra manera el reino de mi Voluntad no podrá establecerse en ti, porque Ella es reino de paz”.

 

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36-11

Mayo 27, 1938

 

Los actos repetidos y continuos vinculan más a Dios a la criatura, y

forman la fuerza del alma.  Cómo es bello vivir en el Querer Divino.

Cómo Dios le suplica.  Lluvia de amor que Dios hace sobre las

criaturas, y lluvia de amor que hace quien vive en el Fiat.

 

(1) Siento la necesidad de encerrarme en el Querer Divino para continuar mi vida en Él.  ¡Oh, cómo amaría el que me aprisionase en su luz, a fin de que nada viese o sintiese sino solamente lo que respecta a su Voluntad.  Y mi amado Jesús regresando a visitar mi pobre alma, todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, aquí te quiero, aprisionada en mi Querer, a fin de que todas las otras cosas no tengan vida en ti.  Debes saber que toda la armonía de la criatura está en la continuación de sus actos buenos hechos en mi Querer, un acto no forma armonía ni variedad de bellezas, en cambio muchos actos continuos unidos juntos, llaman la atención de Dios, el Cual se pone en actitud de esperar los actos de la criatura, y conforme ella los va formando, así Dios les comunica, a quien la belleza, a quien la santidad, a otros la bondad, la sabiduría, el amor; en suma, quedan dotados por Dios con sus adornos y cualidades divinas.  Los actos repetidos, en la criatura forman la fuerza del alma, atan más a Dios a la criatura, forman el Cielo en el fondo del alma, y conforme va repitiendo sus actos, quién se forma estrella, quién sol, quién viento que gime y sopla de amor, quién mar que murmura continuamente amor, gloria, adoración a mi Creador, en suma, se ve la atmósfera copiada en esa criatura.  En cambio, cuando los actos no son continuos y repetidos, falta la fuerza única, en que uno es fuerza del otro, falta el modo divino, que cuando Dios hace un acto no cesa jamás de hacerlo, lo sostiene con su fuerza creante en acto de hacerlo continuamente.  Y además, un solo acto jamás ha formado santidad; los actos cuando no son continuos no tienen fuerza, no poseen la vida del amor, porque el verdadero amor jamás dice basta, no se detiene jamás, y si dice basta se siente morir.  Además, son los actos continuos y repetidos los que forman las bellas sorpresas al Cielo, porque mientras llega un acto y se lo están gozando, otro más llega; la criatura no hace otra cosa que mandar continuos actos al Cielo, los cuales forman el encanto de la patria celestial, por eso en mi Querer hay siempre qué hacer, no se puede perder el tiempo”.

(3) Después, con un acento más tierno y más fuerte de amor ha agregado:

(4) “Hija mía, cómo es bello cuando un alma ama el hacer la Divina Voluntad, el Cielo se abaja y todos se ponen en actitud de venerar y adorar al Querer Supremo, porque ven su majestad, su alteza y potencia encerradas en el pequeño cerco de la criatura, pero ¿para hacer qué?  Para hacer lo que hace en su morada celestial, para hacer alarde de su amor y de sus obras; la Divina Voluntad se siente tan honrada, que se pone en actitud de Reina para tener tantas vidas de Reinas por cuantos actos hace la criatura; en su Querer siente su régimen divino, su cetro imperante que desenvuelve con sus modos reales, y la criatura le da los honores que le convienen, y como mi Fiat abraza a todos, se siente de tal manera glorificado como si todos lo hiciesen reinar.  Por eso, belleza más extraordinaria no podemos encontrar, amor más grande no podemos recibir, prodigios más estrepitosos no podemos hacer, y esto solamente en quien ama vivir en nuestro Querer.

(5) Es tanto mi deseo, mis ansias, mis suspiros ardientes por que el alma viva en mi Querer, que le voy repitiendo al oído del corazón:  ‘¡Ah! conténtame, no me hagas más suspirar, si tú vives en mi Fiat cesará para ti la noche, gozarás el pleno día, es más, cada acto hecho en Él será un nuevo día, portador de nuevas gracias, de nuevo amor, y alegrías inesperadas; todas las virtudes te festejarán, tendrán su puesto de honor como tantas princesas que cortejarán a tu Jesús y a tu alma; me formarás en ti mi trono de luz fulgidísima donde Yo reinaré como Rey dominante, pues en ti he formado mi reino y con toda libertad dominaré todo tu ser, aun tu respiro; te cortejaré de todas mis obras, de mis penas, de mis pasos, de mi amor, de mi misma fuerza, que te servirán de defensa, de ayuda y de alimento; no hay cosa que no te daré si vives en mi Voluntad!”

(6) Ahora, tú debes saber que nuestro Ente Supremo tiene a la criatura bajo una lluvia abundante de amor, todas las cosas creadas le llueven encima amor:  El sol le llueve luz de amor; el viento le llueve soplos, oleadas, frescuras y caricias de amor; el aire le llueve continuas vidas de amor; mi inmensidad que la envuelve, mi potencia que la sostiene, la llevan como en sus brazos, mi acto creante que la conserva, le llueven amor inmenso, amor potente, amor que crea a cada instante amor; estamos siempre sobre la criatura para envolverla y ahogarla de amor.  Por eso nos hace dar en delirio si a tanto amor nuestro la criatura no se deja vencer para amarnos.  ¡Oh, qué pena, qué dolor!  ¿Pero quieres saber quién tiene un exacto conocimiento de ésta nuestra lluvia de amor jamás interrumpida?  Nosotros mismos que la hacemos a quien vive en nuestro Querer, esta criatura siente nuestra continua lluvia de amor, mucho más que viviendo en Él todo es suyo, y ella para darnos la correspondencia, no sabiendo qué hacer para darnos su lluvia de amor, toma todas las cosas creadas, nuestra inmensidad y potencia, nuestra virtud creante que está siempre en acto de crear sólo porque amamos, se eleva en nuestra misma Voluntad y nos hace llover encima, sobre nuestro Ser Divino, amor de luz, caricias de amor, amor inmenso y potente, como si quisiera pagarnos con la misma moneda de llevarnos en sus brazos para decirnos:  ‘Mira cuánto te amo, Ustedes me llevan a mí y yo los llevo a Ustedes, tengo en mi poder vuestra inmensidad y potencia que me dan la virtud de poderos llevar’.  Hija mía, tú no puedes comprender que alivio sentimos, cómo nuestras llamas quedan refrescadas y aligeradas bajo esta lluvia de amor que nos hace la criatura, es tanto nuestro contento, que nos sentimos como pagados por haber creado toda la Creación, pero pagados con nuestra misma moneda de amor, con el cual la hemos amado tanto.  Nuestro amor tiene virtud de hacer surgir en la criatura monedas suficientes y sobreabundantes para pagarnos por todo lo que le hemos dado y hecho por ella, por eso en el océano de nuestra alegría le decimos:  ‘Dime, ¿qué quieres?  ¿Quieres que inventemos otras estratagemas de amor?  Por ti lo haremos.  Di, di, ¿qué quieres?  Te contentaremos en todo, nada te negaremos, negarte alguna cosa, no contentarte en todo, sería como si nos lo negásemos a Nosotros mismos, y como si quisiéramos poner un descontento en nuestras alegrías que jamás terminan.  Por eso, en quien vive en nuestro Querer todo encontramos, y ella encuentra todo en Nosotros”.

 

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36-12

5 de Junio de 1938

 

La señal si la criatura vive en el Querer Divino, es si siente su Vida en

ella, su acto obrante, que es el más grande don que hace a la criatura.

Concentración de Dios en la criatura, y de la criatura en Dios.

 

(1) Mi vuelo continúa en el Querer Divino, siento que quiere respirar, latir, moverse y pensar en mí, me parece que pone a un lado su inmensidad, su altura y profundidad, su potencia, y se empequeñece en mí para hacer como hago yo, parece que se deleita en descender de su altura para abajarse en mí y respirar como respiro yo, palpitar y moverse en mi movimiento, mientras que fuera de mí queda siempre Aquél que es, inmenso y potente, que todo inviste y circunda.  Por eso mi mente, mientras quería gozarlo dentro de mí para darle mi vida y recibir la suya, quería también salir fuera de mí para recorrer su inmensidad, su potencia, su altura y profundidad, de las cuales no se encuentran los confines.  ¡Qué abismo de luz, en el cual no se pueden encontrar ni el fondo, ni la altura, ni los confines!  Y mientras mi mente se perdía, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, mi Voluntad inviste y envuelve todo y a todos en su regazo de luz, posee todo, no hay quien le pueda huir; todos viven en Ella, sólo que no la reconocen, no reconocen quién es quien les da la vida, el movimiento, el paso, el calor, y les da hasta el respiro; podemos decir que la criatura vive en nuestro Querer como si viviese en nuestra casa, la proveemos de lo que le es necesario, la alimentamos con ternura más que paterna, y no nos reconoce, y muchas veces se atribuye a sí misma lo que hace, mientras que lo hacemos Nosotros, y llega hasta ofender a Aquél que le da la vida y se la conserva.  Podemos decir que tenemos en nuestra casa a tantos enemigos nuestros que viven a expensas de Nosotros, como tantos ladrones de nuestros bienes.  Pero nuestro amor es tanto, que nos obliga a darles la vida y alimentarlos como si fuesen amigos.  ¡Cómo es doloroso que nuestra Voluntad sirva de habitación a quien no nos reconoce y nos ofende!  Están en Ella por razón de creación, de nuestra inmensidad, porque si no quisieran estar en nuestro Querer no habría lugar para ellos, porque no hay punto ni en el Cielo ni en la tierra en el cual Ella no se encuentre.

(3) Ahora, la criatura para decir que vive en nuestro Querer, lo debe querer, lo debe reconocer; con quererlo siente que todo es Voluntad de Dios para ella, y con reconocerlo siente nuestro acto obrante sobre de ella; y esto es el vivir en mi Querer Divino:  ‘Sentir nuestra potencia obrante dentro y fuera de sí’.  Y conforme siente que Él obra, ella obra junto; si siente que amamos, ama junto; si queremos hacernos conocer más, ella es toda atención para escucharnos, y recibe con amor la nueva vida de nuestro conocimiento; en suma, siente nuestra Vida obrante, y quiere hacer, y hace, lo que hacemos Nosotros, nos sigue en todo. Esto es el vivir en nuestro Querer:  Sentir nuestra Vida que le da vida a ella, sentir nuestro acto obrante que se mueve, respira y obra en su ser.  Estos son nuestros habitantes celestiales, nuestra gloria en nuestra habitación; estamos como hijos y Padre, lo que es nuestro es de ellos, pero lo reconocen, no son ciegos y ladrones que no tienen ojos para mirar nuestra luz, ni oídos para escuchar nuestras premuras paternas, ni sienten nuestro acto obrante sobre de ellos; mientras que quien vive en nuestro Querer siente la virtud de nuestro acto obrante, y éste es el más grande don que podemos hacer a la criatura.  Por eso sé atenta, reconoce que tu vida viene de Nosotros, que te damos todo, el respiro, el movimiento, para hacer vida junto contigo”.

(4) Después de esto continuaba pensando en las grandes maravillas del Querer Divino.  ¡Cuántas sorpresas, cuántos prodigios inauditos que sólo el Fiat Divino puede hacer!  Y mi siempre amable Jesús, regresando ha agregado:

(5) “Hija mía bendita, Yo creé la Creación y a todas las criaturas para formar en ellas mis delicias, y para poner fuera de nuestro Ente Supremo los excesos de nuestro amor y la potencia prodigiosa de nuestras obras.  Ahora, si tanto nos deleitamos en el crear tantas variadas y múltiples obras en el orden de la Creación, que debía servir al hombre, mucho más nos debíamos deleitar al obrar prodigios inauditos, obras jamás pensadas, bellezas que raptan en quien debía servir a Nosotros.  Era el hombre el primer acto de la Creación, por lo tanto nos debíamos deleitar tanto en él, para tenernos siempre ocupados, en todas las obras bellas que podíamos hacer en él, y él debía estar siempre con Nosotros para amarnos y para hacerse amar y recibir los grandes prodigios de nuestras obras.  Fue el sustraerse de nuestro Querer lo que detuvo nuestras delicias y el curso de nuestras obras que con tanto amor queríamos hacer en el hombre; pero lo que fue establecido por Nosotros debe tener su cumplimiento, he aquí el por qué volvemos al asalto de llamar a las criaturas a vivir en nuestro Querer, para hacer que lo que fue decretado y establecido de obrar, sea puntualmente cumplido.  Ahora, tú debes saber que conforme el alma cumple sus actos en nuestro Querer, nuestro amor es tanto, que concentramos en ella nuestro Ser Supremo con todas nuestras obras; y ¡oh! qué delicias y alegrías sentimos al ver en ella a nuestra majestad dominante, circundada de todas nuestras obras; los ángeles, los santos, se vuelcan y se concentran en ella para honrar a su Creador, porque a donde está Dios todos corren y quieren su puesto de honor en torno a Nosotros.  Pero mientras todo queda concentrado en ella, otra maravilla más grande sucede, ella queda concentrada en todos y en cada cosa creada.  Nuestra Voluntad la ama tanto, que dondequiera que se encuentra la multiplica y le da el lugar dondequiera para tenerla unida con Ella en todas sus obras.  Estar sin esta criatura que vive en nuestro Querer Divino no lo podemos, deberíamos dividir nuestra Voluntad en dos partes para no tenerla en todos y en nuestras obras, pero esto no lo podemos, porque Ella no está sujeta a dividirse, es siempre una y un acto solo, y además, nuestro amor nos haría guerra si pusiéramos a un lado a quien vive en nuestro Querer, más bien es esta la razón por la cual la queremos viviendo en nuestra Voluntad, porque la queremos junto con Nosotros, le queremos hacer conocer nuestras obras, queremos hacerle sentir los latidos y las notas de nuestro amor, a fin de que nuestro amor nos ame en ella.  De lejos las obras no se conocen, y nuestro amor no se siente, por eso tenemos necesidad de estar juntos para amarnos, conocernos y obrar, de otra manera la criatura hace su camino y Nosotros hacemos el nuestro, y quedamos privados de nuestras delicias y de poder obrar lo que queremos, y esto con sumo dolor nuestro.  Por eso sé atenta, vive siempre en nuestro Querer si quieres que Nosotros vivamos en ti y tú en Nosotros”.

 

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36-13

Junio 12, 1938

 

Las verdades son portadoras de semillas divinas.  Los conocimientos

forman las nuevas Vidas Divinas.  Correspondencia de gloria que

tendrá en el Cielo.  Quien vive abandonada en los brazos de

Jesús es su preferida.

 

(1) Estoy siempre de regreso en el Querer Divino, su inmensidad es tanta, que mientras estoy en su mar queriendo abrazar todos sus actos, y no habiéndolo hecho aún porque se necesitan siglos para hacerlo, más bien, todos los siglos no me bastarían para poder abrazar todos sus actos, es por eso que a mi pequeñez le parece como que regreso, mientras que estoy.  Así, mientras me perdía en el Fiat, mi dulce Jesús que siente la necesidad de amor de querer decir hasta donde puede llegar el alma que quiere vivir en su Querer, me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi amor sólo se apacigua y se aquieta en sus ansias, se calma en sus delirios, cuando Yo hablo de mi Divina Voluntad; en mi palabra, en las verdades que manifiesto acerca de Ella, mi amor toma un dulce reposo, porque ve que su amor toma lugar en las criaturas para a su vez ser amado, y mi Voluntad forma su Vida.  Es necesario manifestar los méritos, los bienes que hay en mi Voluntad para atraer, enamorar, arrebatar a las criaturas a vivir en Ella, de otra manera no se moverán.  Tú debes saber que cada conocimiento que manifiesto, y cada acto hecho en mi Querer cortejado por el conocimiento que he manifestado, es una semilla divina que el alma adquiere; esta semilla producirá nueva ciencia divina, y ¡oh! cómo sabrá hablar el lenguaje de su Creador.  Cada verdad será un nuevo lenguaje celestial que tendrá virtud de hacerse entender por quien lo escucha y quiera recibir esta semilla divina, esta semilla producirá nueva vida de santidad, nuevo amor, nueva bondad, nuevas alegrías y felicidad; estas semillas de mis verdades serán tantas nuevas propiedades divinas que el alma adquirirá, y es tanta la gloria que recibimos cuando el alma obra en nuestro Querer, que la comunicamos a todos los bienaventurados.  Tú debes saber que por cuantas semillas divinas el alma adquiere en virtud de los conocimientos sobre mi Fiat, tantos más grados de nuestro conocimiento y gloria nuestra le participaremos, cuando habiendo terminado su vida acá abajo, se vendrá a nuestra patria celestial.  Ahora, al conocimiento adquirido en la tierra le corresponderá el doble de conocimiento, que adquirirá de nuestro Ente Supremo en nuestra morada celestial, y cada semilla divina que haya recibido será un grado más de gloria, de alegría y de felicidad.  Así que la felicidad, la alegría, el gozo, la gloria de los bienaventurados, será proporcionada por cuanto nos hayan conocido.  Nosotros con los bienaventurados, nos encontramos en las condiciones de un tal que no ha estudiado las diversas lenguas, y oyéndolas hablar no entenderá nada, y no sólo esto, sino que no lo podrán ocupar como maestro para enseñar las diferentes lenguas y hacerlo ganar un mayor salario, por lo tanto se deberá contentar con enseñar lo poco que sabe y ganar poco.  Así nos encontramos Nosotros, si no nos conocen en la tierra, no forman el lugar en sus almas para recibir todas nuestras alegrías y felicidad, y si les queremos dar, no les entrarán y no entenderán nada, así que la gloria de los bienaventurados corresponderá a cuantos actos de voluntad han hecho en nuestro Querer Divino; y aumentará la gloria, las alegrías, de acuerdo a los conocimientos de más que hayan adquirido, un conocimiento de más hará subir al bienaventurado a una altura tan grande, que hará que se maraville toda la corte celestial, porque un conocimiento de más es una nueva Vida Divina que el alma adquiere, la cual posee bienes y alegrías infinitas; ¿y te parece poco que el alma posea tantas nuevas Vidas Divinas nuestras como propiedad suya?  Y Nosotros, ¿qué cosa no podemos dar de alegría, de felicidad, de amor, como correspondencia de estas nuestras nuevas Vidas Divinas que como propiedad suya posee?  Por eso esperamos a nuestros hijos que vivirán en nuestro Querer, para hacernos conocer en la tierra, porque nuestro Querer hará de maestro para enseñarles las nuevas ciencias de su Creador, y los formará bellos, sabios, santos, nobles, según las ciencias adquiridas.  Los esperamos en nuestra corte celestial para inundarlos de nuestras nuevas alegrías, bellezas y felicidad, que hasta ahora no hemos podido dar.  Y como en el Cielo todos los bienaventurados están vinculados entre ellos como familia que se aman con amor perfecto, participarán en la gloria, en la alegría de éstos, no como alegría y gloria directa, sino indirecta, por el vínculo de unión y de amor que poseen entre ellos.  Por eso nuestro Ser Supremo espera con ansia a los hijos de nuestro Querer, para hacerse conocer en la tierra, para después hacer salir del fondo de nuestro Seno Divino nuevas alegrías y felicidad que no terminan jamás, porque quien vive en nuestro Querer ha adquirido en sus actos el infinito y las alegrías que no se agotan jamás”.

(3) Después ha agregado con ternura indecible:  “Hija mía buena, Yo amo mucho a las criaturas, pero me siento más atraído a amar, raptado y vencido, por el alma que vive abandonada en mis brazos como si ninguno hubiese en el mundo sino sólo su Jesús, se fía sólo de Mí, y si le vienen ofrecidos otros apoyos, los rechaza, para tener sólo el apoyo de su Jesús que la tiene estrechada entre sus brazos, la defiende y sobre de ella toma todos los cuidados.  Estas son las almas que amo mucho, mucho, mis preferidas, a las que circundo con mi potencia divina, a ellas les formo a su alrededor el muro de mi amor, de modo que, ¡ay, de quien me las toque, mi amor las sabrá defender y mi potencia sabrá echar por tierra a aquellos que me las quieran disgustar!  Las almas abandonadas en Mí viven sólo de Mí, y Yo vivo sólo de ellas, como si viviésemos de un solo aliento y de un solo amor, y si algún apoyo humano se presenta, miran si estoy Yo en aquél apoyo, si no estoy, huyen para venirse a refugiar en mis brazos.  Solamente de estas almas puedo fiarme, confiarles mis secretos, apoyarme también Yo sobre de ellas; estoy seguro de que no salen de mi Voluntad porque están siempre junto Conmigo.  En cambio quienes no viven todos abandonados en Mí, escapan de mis brazos, no rechazan los apoyos humanos, más bien sienten gusto por ellos; son inconstantes, ahora me buscan a Mí, ahora a las criaturas; están obligadas a sentir el desengaño de las criaturas, lo que abre en sus almas desgarros profundos; sienten la tierra en sus corazones, y mi Voluntad como vida está lejana de ellas.  ¡Oh! si se abandonasen en mis brazos, la tierra desaparecería para ellas, no tomarían cuidado de ninguno, porque sólo Yo basto por todos.  Amo tanto a quien vive abandonado en mis brazos, que le manifiesto mis excesos de amor más grandes, mis finezas de amor, mis caricias son para ellos, llego a inventar nuevas estratagemas de amor para tenerlos ocupados y todos ensimismados en mi amor.  Por eso, vive sola, abandonada en mis brazos, y en todas las cosas encontrarás a tu Jesús que te defiende, te ayuda y te sostiene”.

 

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36-14

Junio 16, 1938

 

Cómo el Querer Divino quiere dar siempre a la criatura, y quiere

recibir; entrega de ambas partes, derechos que pierde e imperios que

adquiere.  Cómo Dios encuentra todo en el acto hecho en su Voluntad.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, siento que no me da tiempo, sino que siempre quiere darme de lo suyo, pero quiere también recibir siempre lo mío, y si no tengo qué darle, porque soy la pura nada, quiere mi voluntad en acto de darla siempre, y ésta es toda su felicidad:  Recibir como don la voluntad de la criatura, y si es necesario, quiere las mismas cosas que ha dado para recibir siempre, y se contenta con recibirlas para darlas nuevamente, pero duplicadas con nuevo amor, con nueva luz, con nueva santidad.  ¡Oh Voluntad Divina, cuánto me amas y cuánto quisiera amarte!  Yo me sentía abismada en el Fiat, y mi siempre amable Jesús, visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, tú no sabes hasta donde me hace llegar mi amor por quien vive en Ella, cuántas invenciones me hace hacer y cuántas combinar, llego a hacerle nuevas sorpresas para tener siempre qué hacer con ella, y para tenerla siempre sorprendida y ocupada de Mí, no le doy tiempo, ahora le digo una verdad, ahora le hago un don, ahora le hago ver nuestra belleza que la rapta, nuestro amor que gime, que arde, que delira porque quiere ser amado, en suma, no le doy tiempo, pero lo que más quiero, es que tampoco ella me dé tiempo a Mí, quiero siempre dar.  Ahora escucha qué hago para dar y recibir siempre, llamo a la criatura a vivir en mi Voluntad y le hago don de su santidad, de su luz, de su Vida, de su amor, de sus alegrías infinitas, por cuanto ella pueda contener; después de que ha vivido por algún tiempo, encontrándola fiel voy a ella y le digo:  ‘Hazme la entrega de lo que te he dado’.  Y ella que quiere hacerme ver cuánto me ama, sin dudar un instante, prontamente me entrega todo, aun su respiro, su latido, su movimiento, todo, todo me da, no se queda nada para sí, y queda feliz de que ha dado todo a su Jesús.  Yo tomo todo, miro y vuelvo a mirar lo que me ha dado para gozarme y felicitarme en sus dones, me los pongo en mi corazón para gozármelos como propiedad de mi hija.  ¿Pero crees que Yo quedo  contento?  Por parte de la criatura, sí, quedo contento, pero por parte mía, no, jamás, mi amor no me da paz, crece, se desborda y me hace dar en los excesos más grandes, ¿y sabes qué hago?  Hago la entrega de mi Ser a mi amada criatura, le duplico todo lo que me ha dado, le doy amor, luz, santidad duplicadas, le entrego mi respiro, mi movimiento, mi misma Vida, de modo que respiro en su respiro, me muevo en su movimiento, amo en su amor, no hay cosa que no haga en ella.  Hacer algo sin ella no lo quiero, me sentiría como si no la amase en todas mis cosas, y esto a mi amor le sería insoportable, a quien me ha dado todo debo dar todo; ¿y te parece poco que tu Jesús te entregue su Vida para hacerte vivir de Mí, y me haga entregar la tuya para vivir de ti?  Y todo esto casi como para encontrar pretextos para poder dar siempre y recibir siempre, para tener ocasión de decirle mi larga historia de mi Voluntad y mi eterna historia de amor; y esto no para darle una simple noticia, para hacerle ver cuán bueno soy, santo, potente, sino para dotarla de mi amor, de mi Voluntad, de mi santidad, bondad y belleza mías.  ¿No es esto acaso un amor excesivo que da en lo increíble?  El solo quererla tener Conmigo ya es mi amor más grande, porque si la quiero tener Conmigo es porque quiero darle de lo mío, y como ella no tiene nada que sea digno de Mí, le doy de lo mío a fin de que haciéndolo suyo me pueda decir:  ‘Tú me has dado, y yo te doy’.  ¿No es esto un amor para ablandar y enternecer los corazones más duros?  Sólo tu Jesús puede y sabe amar de esta manera, ninguno puede decir que puede igualarme en mi amor.  Y Yo, esto sólo puedo hacerlo con quien vive en mi Querer, porque cada acto que hace en Él es un sol que surge con toda la plenitud de la gloria y de la santidad, y Yo me voy a refugiar en estos soles para deleitarme y tomar reposo, y encontrando a mi amada criatura investida por estos soles, cómo me parece bella, mucho más que viviendo en mi Querer nada hay de humano en ella, pierde los derechos sobre su voluntad y sobre todo lo que es humano, todos los derechos sobre su querer son nuestros, y ella adquiere el imperio sobre todo lo que es divino.  Y ¡oh! cómo es bello, cómo estamos contentos y felices al verla imperar con derecho sobre todo lo que nos pertenece, impera sobre nuestro amor y toma de él cuanto quiere para amarnos, e impera sobre este nuestro amor para hacerse amar; impera sobre nuestra sabiduría y nos hace decir cosas, verdades jamás dichas de nuestro Ser Supremo; impera sobre nuestra bondad y nos la hace llover más que lluvia benéfica sobre todas las criaturas; su imperio es dulce y potente sobre nuestro seno paterno y nos hace llegar a decir:  ‘¿Quién te puede resistir hija nuestra?  lo quieres tú, lo queremos Nosotros’.  Por eso, si quieres todo, no salgas jamás de nuestra Voluntad, todo será tuyo y tú serás toda nuestra”.

(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, en sus grandes maravillas, y en cómo a veces, mientras se navega su mar todo es serenidad, paz profunda, su sol divino refulgente de luz, pero todo es silencio, y como su palabra es vida, la criatura se siente faltar la nueva vida que quisiera recibir.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, el sol de mi Querer habla siempre, la luz no calla, habla con su calor, con su fecundidad y con el imprimir en el alma que vive en Él sus variadas bellezas; y además estoy Yo, que soy el portador de su palabra, y que abajándome de más a la inteligencia humana, facilito con palabras más adaptables la altura de la palabra de la luz de mi Fiat, por eso donde reina no puede callar, tiene su decir continuo, o por caminos de luz o por medio de mi palabra; más bien, cuando no estás atenta no rumias bien, no comes, y por lo tanto no digieres lo que te digo, entonces, no rumiándolo lo olvidas y dices que no te he dicho nada.  Ahora, tú debes saber que en cada palabra o acto hecho en mi Voluntad, vienen abrazados todos los siglos, todas las criaturas son encerradas y están presentes, el pasado y el futuro no existen para Nosotros ni para quien vive en nuestro Querer, es más, nuestras verdades encierran todos los tiempos, todos los siglos, y son las portadoras de todas las criaturas en el acto de quien vive en nuestro Fiat, por eso encontramos en aquel acto a Nosotros mismos, encontramos el amor y la gloria que todos nos deberían dar, por eso, cuando la criatura está por obrar y por recibir el acto obrante del Fiat Divino, los Cielos se abajan por reverencia y quedan admirados al ver un Querer Divino obrante en el acto humano, y todos se sienten que toman parte en aquel acto.  Así que todo encontramos en el acto hecho por la criatura en nuestra Voluntad, encontramos nuestra potencia que nos honra como merecemos, nuestra inmensidad que todo encierra y pone todo a nuestra disposición, nuestra sabiduría que nos exalta con las notas más bellas nuestro Ser Divino, a los ángeles que nos alaban, a los santos que raptados repiten santo, santo, tres veces santo el Señor Dios nuestro, que con tanta bondad obra y hace alarde de su amor en el acto de la criatura’.  Podemos decir que nada nos falta, nuestra gloria es completa y nuestro amor encuentra su dulce reposo y la correspondencia perfecta.  Por eso tanto suspiramos que viva en nuestro Querer, y nos parece como si no hubiésemos hecho nada en la Creación, porque nos falta el acto más grande que podemos hacer, cual es nuestra Vida repetida en el acto humano, en el cual nos encontraremos a Nosotros mismos, encontramos todo y a todos.  No hay bien que no daremos a nuestra amada criatura, y no habrá amor y gloria que ella no nos dará.  Ella encontrará todo lo que quiere en Nosotros, y Nosotros encontraremos todo en ella.  Hija, poder dar todo y dar solamente una pequeña parte de nuestros bienes, es un dolor para Nosotros, es tener nuestro amor restringido e impedido y sólo porque falta nuestra Voluntad como vida en la criatura; no poder recibir todo de ella es la pena más grande de nuestra obra creadora.  Así que lo exige nuestro amor, nuestra potencia y sabiduría, toda nuestra obra creadora, que la criatura viva en nuestro Querer.  Por eso no terminarán los siglos si nuestro Fiat no forma antes su reino, y mientras dominará dará todos los bienes y dará el dominio de estos sus bienes a las generaciones humanas.  Por eso, ruega, y tu vida sea un acto continuo de mi Voluntad para obtener que venga a reinar”.

 

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36-15

Junio 20, 1938

 

Quien vive en el Querer Divino está en continua comunicación

con Dios.  Resurrección y amor que surge, cómo felicita y da

alegría a todos.  Cómo Jesús mismo se hará vigilante custodio

de estos escritos, y el interés será todo suyo.

 

(1) Estoy bajo el imperio del Querer Divino, su potencia me eleva hasta su centro; su amor, embalsamándome me trae su aire celestial; su luz me purifica, me embellece, me transforma, y me encierra en el ámbito del Querer Divino, de modo que todo se olvida, porque son tales y tantas las alegrías, las escenas encantadoras del Ente Supremo, que uno permanece arrobado.  ¡Oh, Voluntad Divina, cómo amaría el que todos te conocieran para hacer gozar a todos alegrías tan puras, contentos tan inefables, que sólo en Ti se encuentran!  Pero mientras mi mente sentía una felicidad indecible, mi amado Jesús, repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, ¿has visto cómo es bello vivir en mi Querer?  Estamos en continuas comunicaciones con la criatura, le preparamos nuevas alegrías en cada acto que hace para volverla siempre más feliz en nuestra morada.  Las acciones hechas en el Fiat están siempre en acto de hacerse, nuestra Vida renace continuamente, nuestro amor surge y formando sus olas inviste a todos y llama a todo en aquel acto, a fin de que todos lo repitan, y oímos el eco que todos nos aman y nos glorifican.  Los ángeles y santos están todos a la expectativa, y con ansia suspiran el acto de la criatura hecho en la Divina Voluntad, ¿pero sabes por qué?  Porque ellos reciben doble gloria, la del Cielo, y la nueva gloria, alegría y felicidad del acto hecho en mi Fiat.  ¡Cómo me agradecen y aman a la criatura que les duplica los nuevos contentos y alegrías sin término!  ¿Quién puede no amar a quien vive en mi Querer Divino, que da alegría y felicidad a Nosotros, que nos da la gran gloria de hacernos hacer lo que queremos en ella, que da felicidad y alegrías a todos, y no hay bien que de ella no descienda?  Por eso quien vive en nuestro Querer no está sujeto a desconfianza, a temores, la desconfianza no encuentra las puertas para entrar en ella porque todo es suyo, se siente dominadora de todo, es más, toma lo que quiere, su vida no es otra cosa que amor y Voluntad nuestra, tanto, que llega a sufrir nuestras mismas locuras de amor, y se contentaría con dar su vida por cada uno para darnos la gloria de hacer conocer nuestra Voluntad”.

(3) Después de esto me sentía pensativa por estos benditos escritos, y por la insistencia de mi amado Jesús al querer que continúe escribiendo y además, después de tantos sacrificios, ¿a donde irán a terminar?  Y mi amado Jesús interrumpiendo mi pensamiento me ha dicho:

(4) “Hija mía, no te preocupes, Yo seré vigilante custodio, porque me cuestan demasiado, me cuestan mi Voluntad, la cual entra en estos escritos como vida primaria.  Podría llamarlos:  ‘Testamento de amor que hace mi Voluntad a las criaturas’.  Ella se hace donadora de Sí misma y las llama a vivir en su heredad, pero con modos tan suplicantes, atrayentes, amorosos, que sólo los corazones de piedra no se moverán a compasión, y no sentirán la necesidad de recibir un bien tan grande.  Entonces, estos escritos están llenos de Vidas Divinas, las cuales no se pueden destruir, y si alguno quisiera intentarlo, le sucedería como a aquél que quisiera destruir el cielo, el cual, ofendido, le caería encima por todas partes y lo aniquilaría bajo su bóveda azul; así que el cielo permanecería en su puesto y todo el mal caería sobre aquél que quisiera destruir el cielo; o bien quien quisiera destruir el sol, el sol se reiría de éste y lo quemaría; o como otro que quisiera destruir las aguas del mar, el mar lo ahogaría.  Demasiado se necesita para tocar lo que te he hecho escribir sobre mi Voluntad, porque puedo llamarlo nueva creación viviente y hablante.  Todo esto será el último desahogo de mi amor hacia las generaciones humanas; es más, tú debes saber que cada palabra que te hago escribir sobre mi Fiat, duplico mi amor hacia ti y hacia quienes las leerán, para hacerlos quedar embalsamados por mi amor.  Por eso, conforme escribes me das el campo para amarte de más; veo el gran bien que harán, siento en cada palabra mía las vidas palpitantes de las criaturas que conocerán el bien de mi palabra y formarán la Vida de mi Voluntad en ellas.  Por eso el interés será todo mío, y tú abandona todo en Mí.  Tú debes saber que estos escritos han salido del centro del gran sol de mi Voluntad, cuyos rayos están llenos de las verdades salidas de este centro, los cuales abrazan todos los tiempos, todos los siglos, todas las generaciones.  Esta gran cantidad de rayos de luz llena Cielo y tierra, y por caminos de luz llama a todos los corazones, y ruega y suplica que reciban la Vida palpitante de mi Fiat, que nuestra paterna bondad se ha dignado dictar desde dentro de su centro con los modos más insinuantes, atrayentes, afables, llenos de dulzura, y con amor tan grande que da en lo increíble, y hace quedar estupefactos a los mismos ángeles.  Cada palabra puede llamarse un portento de amor, uno más grande que otro, por eso, querer tocar estos escritos es quererme tocar a Mí mismo, el centro de mi amor, mis finezas amorosas con las cuales amo a las criaturas; Yo sabré defenderme a Mí mismo y confundir a quien quiera mínimamente desaprobar aún una sola palabra de lo que está escrito sobre mi Divina Voluntad.  Por eso continúa escuchándome hija mía, no quieras estorbar a mi amor, ni me quieras atar los brazos con el hacer retroceder en mi seno lo que quiero que continúes escribiendo.  Demasiado me cuestan estos escritos, me cuestan cuanto cuesto Yo mismo.  Por eso tendré tal cuidado, que ni siquiera una palabra dejaré que se pierda”.

 

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36-16

Junio 26, 1938

 

La voluntad humana unida a la Divina, también ella sabe hacer

prodigios; sin Ella es una pobre lisiada.  Quien vive del Querer

Divino adquiere el acto conquistante.

 

(1) Estoy siempre en los brazos del Querer Divino, su luz pone en fuga la noche de mi voluntad, su belleza me rapta, su amor me encadena, tanto, que no sé encontrar el camino para salir de dentro de su seno de luz, pero no sé el por qué tenía miedo y temor de mi voluntad.  Y el amado Jesús visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, la voluntad humana junto con la mía, también ella sabe hacer prodigios, en cambio sin la mía es una pobre lisiada que no puede ayudarse ni siquiera por sí misma.  Sin mi Voluntad queda como un discípulo sin el maestro, pobrecito, sin el maestro quedará siempre ignorante, sin ciencia, sin arte, incapaz de ganarse un pedazo de pan para vivir; sin mi Voluntad será como una persona que tiene las piernas sin pies, los brazos sin manos, los ojos sin pupilas, la cabeza sin razón, la boca sin lengua, ¡pobre criatura, en qué abismo de miserias se encuentra!  Se diría que sería mejor que jamás hubiese nacido.  Así que la cosa que debería dar más terror y espanto es el no vivir unida con mi Voluntad, todas las desventuras le llueven encima, en cambio unida con mi Voluntad, dentro de ella tendrá al maestro a su disposición que le enseñará ciencias más altas y difíciles, las artes más bellas, tanto, de ser un portento de ciencia en la tierra y en el Cielo.  La voluntad humana unida con la mía tendrá piernas humanas y pies divinos, que la harán correr en el camino del bien sin cansarse jamás.  Tendrá brazos humanos con manos y movimiento divino, que tendrán virtud de hacer las obras más grandes, que la semejarán a su Creador, y con nuestro movimiento divino abrazará al Eterno, nos tendrá siempre cortejados y estrechados a su corazón.  Unida con nuestra Voluntad tendrá la boca humana, pero la palabra, la voz, serán divinas, y ¡oh! cómo hablaremos bien de nuestro Ser Supremo, en suma, tendrá nuestra pupila, por lo cual, mirando todas las cosas creadas reconocerá en ellas nuestra Vida, nuestro amor y cómo debe amarnos.  Unida con nuestra Voluntad tendrá la razón divina, sentirá una especie de ciencia infusa, la cual formará el hombre ordenado, todo en orden a su Creador, todo se convertirá en bien, más bien no hay bien que no poseerá si vive en nuestra Voluntad.  Ella es la causa de la ruina de todos los males, de todas las desventuras, y llama a vida todos los bienes, porque de ellos posee la fuente de donde salen.  Además de esto, para quien viva en nuestro Querer, cada movimiento, respiro, latido, todo lo que pueda hacer, son continuas conquistas que hace, y conquistas divinas, puedo decir que viviendo en mi Querer respira con mi respiro, se mueve con mi movimiento, late con mi latido eterno, así que adquiere el acto conquistante en todos sus actos, y esto le viene dado con justicia y con amor exuberante, porque con el vivir en nuestro Querer, no dando más vida a su querer, por derecho debía estar en las regiones celestiales para hacerse feliz y gozarse nuestra Voluntad felicitante.  Ahora, para vivir de nuestra Voluntad en la tierra, la pobre hija se priva de las alegrías del Cielo, y esto es el acto más heroico, el amor más intenso, por lo cual todo el Cielo, nuestra Divinidad, la Soberana del Cielo, todos quedamos heridos y admiramos el heroísmo de esta criatura, y ¡oh, cómo todos la amamos!  Y nuestro amor que no se deja jamás vencer por ninguno, cede en cada respiro suyo, a cada pequeño movimiento, si piensa, si mira, si habla, el acto conquistante y divino; las conquistas son innumerables, sentimos que no es la criatura la que respira, la que se mueve, sino Nosotros, y le damos el valor que contiene nuestro respiro y movimiento, que contiene todos los valores posibles e imaginables.  Así que es la conquistadora de nuestra Vida y de nuestros actos.  Esta feliz criatura, con su acto conquistante se vuelve nuestro desahogo de amor continuo, nuestra misma felicidad, nuestro reposo, y sus conquistas son firmas continuas sobre nuestro decreto de la venida del reino de nuestro Querer sobre la tierra, estas conquistas abrevian el tiempo, mucho más que nuestra Vida obrante no es más extraña sobre la tierra, sino que ya existe y ha formado su reino en esta afortunada criatura.  Por lo tanto sé atenta, no te detengas jamás, y Yo tendré cuenta de todo, aún del respiro, para amarte de más y para hacerte hacer tantas conquistas, una más bella que la otra”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, en cuanto la criatura me hace don de su voluntad para vivir en la mía, le hago don de la mía, ¿pero sabes tú qué hace mi Voluntad antes de donarse?  Se vierte sobre el acto de ella, lo embellece, forma en él su día, lo santifica, pone en él sus alegrías divinas, y después se encierra Ella misma en el acto de la criatura.  Conforme mi Fiat obra en este acto, todas las cosas creadas reciben nueva vida, nueva creación, se sienten renovadas en la belleza, en el amor, en la alegría de su Creador; y en cuanto completa su acto divino, el acto queda de la criatura, y todos quedan a la expectativa para ver qué cosa hace la criatura de este acto, porque es un acto que encierra todo, y todos se sienten encerrados en aquel acto; ¿y la feliz criatura qué hace?  Se lo goza, lo besa, lo abraza, y sabiendo que un acto tan grande no puede quedar para sí sola, en su énfasis de amor, de la alegría, dice:  ‘Voluntad adorable, Voluntad Divina me has dado, y Voluntad Divina te doy para darte la correspondencia, el agradecimiento, la gloria, la alegría, el amor que me has dado, soy incapaz de poderlo contener, por eso este acto corre a todos, santifica, embellece, felicita, da amor a todos’.  Éste es el acto más bello que puede darme la criatura, ninguno puede igualar este acto, esto es, dar mi Voluntad, para recibirla y darla de nuevo”.

 

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36-17

Junio 30, 1938

 

El verdadero Amor quiere encontrarse a Sí mismo en la

persona amada.  Cómo Nuestro Señor formó tantos caminos

para hacerse encontrar.  El conocimiento abre todas las

puertas entre Dios y la criatura.

 

(1) Mi pobre mente se siente bajo el imperio del Fiat, que atrayéndola hacia Sí la hace seguir lo que ha hecho por amor de las criaturas.  Y mientras seguía los actos de la Redención, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija de mi Voluntad, mi amor siente la necesidad de desahogarse con quien me ama, y de confiarle mis más íntimos secretos.  El verdadero amor tiene esta virtud, de romper cualquier secreto, porque quiere encontrar en la persona amada lo que posee Él mismo, sus alegrías, sus dolores, todas sus mismas prerrogativas, el amor quiere encontrarse a Sí mismo en la persona amada.

(3) Ahora debes saber hija mía, que cuando vine a la tierra, mi amor no me dio reposo.  Apenas concebido comencé a formar tantos caminos que debían servir a las criaturas para venir a Mí; estos caminos, mientras los formaba, los extendía, pero no los separaba de Mí, Yo permanecía siendo el centro de donde todos los caminos partían, así que cada acto, palabra, pensamiento, paso que daba, eran caminos de luz, de santidad, de amor, de virtud, de heroísmo, que formaba, así que cada acto que hace la criatura encuentra mi camino para venir a Mí.  A la cabeza de estos caminos, que son innumerables, ponía como Reina a mi Voluntad, y Yo me ponía a esperar a la cabeza de cada camino para recibirlas en mis brazos, pero muchas veces espero en vano, y mi amor, no dándome ni paz ni reposo, me pongo en camino para encontrarlas al menos a la mitad de la vía, y si las encuentro, invisto el acto de la criatura, de modo que me hago acto y camino de ella, y con un amor exuberante la cubro, la escondo en  mi  mismo  amor,  la  cubro con mis mismos actos, pero tanto, de encontrarme a Mí mismo en ellas, y las llevo para tenerlas al seguro en los brazos de mi Voluntad.  Por eso cada pensamiento de la criatura tiene el camino de mis pensamientos, cada palabra tiene el camino de mis palabras, cada obra tiene el camino de mis obras, cada paso tiene el camino de mis pasos, si sufre tiene el camino y la vida de mis penas, y si quiere amarme tiene el camino de mi amor.  He circundado a las criaturas de tantos caminos míos, de modo que no me puedan huir, y si alguna me huye, doy en delirio, corro, vuelo para encontrarla, y sólo me detengo cuando la he encontrado y la encierro en mis caminos para no dejarla salir más.  Es por eso que mi venida a la tierra no fue otra cosa que desahogar mi amor reprimido por tantos siglos, por el cual llegué a los excesos, formé la nueva creación, más bien la superé en la multiplicidad de las obras y en la intensidad de mi amor.  Pero mi amor está reprimido aún, y como desahogo quiero dar mi Voluntad como vida, para darles el bien más grande que puedo darles, y para recibir la gran gloria de tener a sus hijos en nuestro reino.

(4) En cuanto la criatura entra en nuestro Querer, es tanto nuestro contento, que nos da el campo para repetir en ella todo lo que hemos hecho en la Creación y en la Redención, nuestro amor quiere ver en acto, como si ahora lo estuviésemos haciendo, el cielo extendido, el sol refulgente de luz, los vientos que soplan continuamente en quien vive en nuestro Querer oleadas de gracias y de amor, mares que murmuran amor, gloria, adoración a mi Creador; en acto repite el descendimiento del Verbo.  Mi Voluntad es la repetidora y la portadora en la criatura de lo que hizo mi Humanidad, así que estamos siempre en acto de obrar en ella, no cesamos jamás, porque nada debe faltar en quien vive en nuestro Querer; nuestros mismos actos serán nuestro trono, nuestro cortejo y la misma vida de la criatura.  Por eso nuestro amor por ella da en lo increíble, somos todo ojo sobre ella para ver si no encierra todo, y cuántas veces, porque la amamos demasiado, repetimos nuestro acto obrante y ponemos nueva belleza, nueva santidad a nuestras obras maestras que hemos hecho en ella; nos place siempre darle y tenerla ocupada bajo la lluvia de nuestros actos obrantes, para darle ocasión de amarla y de hacernos amar de más.  Por eso vive siempre en nuestro Querer, y en Él sentirás el desahogo continuo de nuestro amor, nuestro acto obrante que no solamente repetirá nuestras obras en acto, sino que agregará cosas nuevas que harán quedar estupefactos a Cielo y tierra”.

(5) Después ha agregado con un acento piadoso:  “Hija mía, todos viven en mi Querer, y si no quisieran vivir en Él no encontrarían espacio donde poder vivir.  ¿Pero quién siente nuestra Vida Divina?  ¿Quién se siente envolver por nuestra Santidad?  ¿Quién prueba el contento de sentirse tocar por nuestras manos creadoras para sentirse embellecido con nuestra belleza?  ¿Quién se siente ahogar por nuestro amor?  Quien quiere vivir en nuestro Querer, no quien se encuentra por necesidad de creación, porque nuestra inmensidad envuelve a todos y a todo, éstos están sin conocernos, como verdaderos usurpadores de nuestros bienes, como hijos desleales e ingratos, degenerados, y como no nos conocen, ni nos aman, Nosotros no encontramos lugar en ellos donde poner nuestra santidad, nuestro amor; sus almas son incapaces de recibir nuestra siempre creciente belleza.  No nos dan nada, ni siquiera los derechos de Creador, y mientras viven junto en nuestro mar divino, están como lejanos de Nosotros, con no conocernos han puesto las barreras, han cerrado las puertas y han roto las comunicaciones entre ellos y Nosotros.  El conocimiento es el primer anillo de unión entre ellos y Nosotros, y el querer vivir en nuestro Querer es lo que quita las barreras y abre todas las puertas para hacer venir a la criatura en nuestros brazos para deleitarse con Nosotros; es el amarnos lo que nos hace verter a torrentes nuestro amor, nuestras gracias, hasta cubrirla de nuestras cualidades divinas.  Si no está el conocimiento nada podemos dar, ni ellas recibir.  En cambio quien vive en nuestro Querer nos conoce, en cuanto entra en Él da su beso a su Padre, lo abraza, nos pone en torno su pequeño amor, y Nosotros le damos nuestros mares de amor; se besa con todo el Cielo, podemos decir que se abren las fiestas entre ella y Nosotros, entre el Cielo y la tierra, Nosotros mismos la llamamos bienaventurada y le decimos:  Tú eres la más feliz y afortunada criatura, porque vives en nuestro Querer, vives y nos conoces, vives y nos amas, y Nosotros te tenemos escondida en nuestro amor, cubierta por nuestros brazos, bajo la lluvia de nuestras gracias”.

 

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36-18

Julio 6, 1938

 

En el Querer Divino todo es triunfo, alegrías y conquistas.

El oficio de madre del Querer Divino.  Ejemplo del mar.

 

(1) Estoy entre los brazos del Querer Divino, y puedo decir que cada día hago mi jornada en su mar.  Todo lo que ha hecho tanto en la Creación como en la Redención, se me hace presente y me dicen:  “Ya somos tuyos, mira con cuánto amor te hace don de nosotros tu Creador.  Tú, pon en nosotros tu pequeño amor, a fin de que el amor creante ame en el amor creado, y el amor creado ame en el amor creante, y queden victoriosos los dos”.

(2) Pero mientras seguía los actos del Querer Divino, quería tomar por asalto el Cielo, encerrarme en la región celestial para no salir de ella nunca más.  ¡Oh! cómo me pesa el exilio, si no fuera porque el Fiat Divino hace correr en mí sus ríos de gozos y de felicidad celestial, yo no sé cómo haría para soportarlo, y me sentía amargada.  Y mi amado Jesús que me vigila en todo y no quiere que me ocupe de otra cosa sino sólo de vivir en su Querer, compadeciéndome y reprochándome dulcemente, me ha dicho:

(3) “Mi buena hija, ¿por qué te afliges?  En mi Voluntad suenan mal las amarguras, porque Ella es fuente de todas las dulzuras, de triunfos y conquistas, y si las criaturas están amargadas es porque no viven en Ella, y su voluntad las tiraniza, sufren amarguras y quedan vencidas.  Por eso, ánimo hija mía, tú debes saber que cuando la criatura vive en mi Voluntad, siente la necesidad de su patria celestial, ya se siente poseedora de ella, y privándose por amor mío de la gloria celestial, en cada acto que hace me siento dar a Mí mismo por ella, me dona todo el Cielo y el océano de las alegrías y felicidad que hay en las regiones celestiales.  Entonces, ¿no quieres dar este contento a tu Jesús?  Y además, si no termino de formar en ti el reino de mi Querer, ¿cómo puedo transmitirlo a los demás?  Por eso déjame hacer”.

(4) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, es tanto mi amor por quien vive en mi Querer, que hago como una mamá que tuviese un hijo lisiado, y que ella tuviese el poder de dar a su hijo la belleza más sublime; la madre se extiende sobre de él, lo calienta con su calor, y por medio de besos y de abrazos le da nuevamente al hijo el uso de los miembros, lo vuelve bello, y mirándolo como fruto de su amor materno se siente feliz.  Pero la mamá no tiene este poder, y por lo tanto será siempre infeliz con su hijo.  Pero lo que no tiene la madre lo tengo Yo, mi amor es tanto, que conforme la criatura entra en mi Voluntad me extiendo sobre de ella, la caliento con mi amor para llamarla a nueva vida, la beso y la vuelvo a besar, me la estrecho al corazón para quitarle cualquier mal que pudiese ensombrecerla y quitarle la frescura y belleza divinas, después soplo sobre de ella, le mando mi aliento regenerador para generarla a nueva vida y restituirle la belleza más sublime.  No contento aún, formo el trono con todas mis obras y sobre él pongo a mi Querer como Rey sobre su trono, reinante y dominante en esta criatura.  Puedo decir:  ‘¿Qué otra cosa podía hacer y no hice?  ¿Podía tal vez amarte de más y no te he amado?’  Tú debes saber que mi amor llega al exceso; conforme la criatura hace sus actos en mi Querer, Yo llamo en aquél acto a todos nuestros actos que hemos hecho, posibles e imaginables, también mi misma Generación del Verbo, de la cual procedió el Espíritu Santo, toda la Creación, mi Encarnación en el tiempo, todo, todo lo encierro en aquel acto para poder decir:  ‘Es acto nuestro, es acto completo’.  Nada debe faltar, y la criatura debe podernos decir:  ‘En tu Voluntad todo es mío y todo puedo daros, aun a Ustedes mismos’.  Así que nuestra gloria, nuestro amor, se difunden en todas nuestras obras, y reuniendo todo se vierte hasta nuestro seno divino.  ¡Oh! cómo es dulce oír resonar en todas las cosas:  ‘Gloria, amor a nuestro Creador!’  ¿Pero quién nos ha dado la ocasión de recibir tanta gloria nuestra?  Quien vive en nuestro Querer”.

(5) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, en cuanto la criatura llama a mi Voluntad en sus actos, en su oración, Ella repite aquel acto y ora junto con la criatura, y como con su inmensidad se encuentra por todas partes, la Creación, el sol, el viento, el cielo, los ángeles y santos, sienten en ellos mismos la fuerza de la oración creadora, y todos oran.  ¡Oh! los prodigios de esta oración, es omnipotente, envuelve a todos, se da a todos, sólo en quien ingrato no la quiere recibir queda sin efectos, así que mi Voluntad posee la virtud orante, y ¡oh! cómo es bello verla orar en su modo divino y con su virtud creadora, que se impone sobre todos y hace orar a todos, esta plegaria se impone sobre nuestros atributos divinos y nos hace verter lluvia de misericordia, de gracias, de perdón y de amor.  Basta decir que es oración nuestra, para decir:  ‘Todo puede dar’.

(6) Ahora, tú debes saber que la criatura, haga o no haga nuestra Voluntad, viva o no viva en Ella, está en su inmensidad, más bien es Vida de su vida y acto de sus actos, y la asiste continuamente con su acto creante y conservante, pero quien vive en Ella siente su Vida, su potencia, su santidad, y ¡oh, cuánto la ama!  Sucede a esta criatura como al pez que está en el mar y lo conoce, siente este mar divino que le hace de lecho, la lleva en los brazos de sus aguas celestiales, la alimenta, la hace caminar en su mar, la recrea, la embellece, y si quiere dormir le forma el lecho en el fondo de su mar para hacer que ninguno la despierte, es más, duerme junto con ella.  Es tanto el amor de mi Voluntad por quien está en su mar y conoce que está dentro, que hace en esta criatura todas las artes que quiere hacer:  Si quiere pensar, piensa en ella; si quiere mirar, mira en sus ojos; si quiere hablar, habla y la tiene en continua comunicación, y le dice tantas maravillas de nuestro eterno amor; si quiere obrar, obra; si quiere caminar, camina; si quiere amar, ama.  Mi Fiat tiene siempre qué hacer con esta criatura, y ella no solamente lo reconoce, sino que no lo deja jamás solo, se profundiza más en su mar, porque sabe que si sale pierde la vida, le sucedería como al pez, que si sale del mar pierde la vida.  Estas criaturas que viven en nuestro Querer son nuestros habitantes celestiales, y con su amor se deleitan en formar las olas en nuestro mar para recrearnos y felicitarnos.  En cambio, quien está en la inmensidad de nuestro mar y no nos conoce, nada siente de todo esto, no sienten nuestras premuras paternas que las estrechan al seno, viven en nuestro mar como si no vivieran, son muy infelices, como si no fueran hijos nuestros, viven como extraños, y Nosotros no siendo conocidos, estamos obligados por su ingratitud a no decirle ni siquiera una palabra y a retener reprimidos en nuestro seno los bienes que debíamos dar.  El ver a nuestros hijos pobres, desemejantes de Nosotros sólo porque no nos conocen, es un dolor para Nosotros, y si diéramos sería como dice el Evangelio:  ‘No den las perlas a los puercos, porque no conociéndolas las ensuciarían y las pisarían bajo sus pies’.  Por eso el conocimiento hace conocer donde estamos, con quién estamos, qué podemos recibir y qué debemos hacer.  Así que, quien no conoce es el verdadero ciego; por cuantos bienes se le pongan a su alrededor, él no ve nada y es el vagabundo de la Creación”.

 

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36-19

Julio 11, 1938

 

Cómo el verdadero amor, lo que quiere uno lo quiere el otro.

Cada acto de Voluntad Divina es un camino que se abre entre

el Cielo y la tierra.  El Fiat de Dios en la criatura.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos del Querer Divino, y mientras escribía sentía el peso del gran sacrificio de escribir, y lo ofrecía a mi amado Jesús para obtener que la Divina Voluntad sea conocida, deseada y amada por todos.  ¡Oh, cómo quisiera dar mi vida para poderla hacer conocer por todos!  Y como me sentía sufriente, con trabajo continuaba escribiendo, y mi dulce Jesús para fortificarme me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, ánimo, Yo estoy contigo, y es tanta mi complacencia mientras escribes, que en cada palabra que escribes te doy un beso, un abrazo, una Vida Divina mía por don, ¿y sabes por qué?  Porque veo copiada en estos escritos nuestra Vida de eterno amor, la copia de nuestra Divina Voluntad Obrante, y además, nuestro amor reprimido por casi seis mil años que se desahoga, que tiene sus refrigerios a nuestras llamas, que hace conocer cuánto ama a la criatura, y que la ama tanto que quiere darle su Voluntad como vida, y esto para que podamos decir tanto Yo como la criatura:  ‘Lo que es mío es tuyo’.  El verdadero amor solamente está contento cuando puede decir:  ‘Nos amamos con un amor igual, lo que quiero Yo lo quiere ella’.  Si hubiera disparidad de amor volvería infeliz al amor del Uno y del otro, y si el Uno quisiera una cosa, y el otro quisiera otra distinta, la unión, el amor cesarían.  Entonces, como mi amor es verdadero amor, y sabiendo que la criatura posee amor y voluntad finitas, le doy mi amor y Voluntad infinita y así podemos decir:  ‘Nos amamos con un solo amor, tenemos una sola Voluntad’.  Si el uno no llega a ser voluntad del otro, el verdadero amor no existe, ni posee la fuente.  Por lo tanto deberías estar contenta por el sacrificio que haces de escribir, sabiendo que sirve al desahogo de mi amor por tantos siglos reprimido y para el refrigerio de mis llamas, que son tantas, que me hacen llegar al delirio; por eso amémonos con un solo amor y digamos juntos:  ‘Lo que quieres tú, quiero yo’.  Di, Jesús, mi voluntad piérdela en la tuya, y dame la tuya para vivir”.

(3) Después de que los dos hemos declarado querer vivir con un solo Querer, mi amado Jesús ha agregado con más ternura:

(4) “Mi buena hija, tú debes saber que cada acto hecho en mi Querer, es tanta su potencia, que abre un camino para el Cielo, para sí mismo y para los demás que vienen detrás, así que cada acto es un camino que conduce al Cielo.  Estos caminos descienden del Cielo, entrelazan la tierra, se difunden dondequiera, y para cualquiera que quiera entrar se hacen caminos seguros y conductores seguros que lo guían hasta el seno de su Creador.  Mira entonces qué cosa es un acto hecho en mi Voluntad, es un camino de más que se abre entre el Cielo y la tierra.  Cómo es bello el vivir en mi Querer, no sólo es un camino, sino que en cuanto el alma está por hacer su acto, el aliento divino desciende en su acto y dándoselo llena todo lo creado con su aliento omnipotente, y todos sienten el refrigerio, el amor, la potencia del aliento creante, que tiene poder de encerrar a todos y a todo, embalsamándolos con su aire divino y celeste.

(5) Mi Voluntad, obrante tanto en Nosotros mismos como en la criatura, debe obrar prodigios, pero tanto, que debe poder decir:  ‘Soy un acto divino, puedo hacer todo’.  Así que no hay honor más grande que podamos darle, ni Nosotros recibir gloria que más nos glorifique, nos felicite y nos vuelva gloriosos y triunfadores por parte de las criaturas, que hacer obrar a nuestra Voluntad en sus actos; nos sentimos encerrados en el acto de ellas mientras quedamos libres, y obrar en el cerco humano como sabemos obrar como Dios.  Hacer esto es para Nosotros un amor exuberante, amamos nuestro acto en el cual vemos desarrollar nuestra potencia y belleza inaccesible, nuestra santidad, amor y bondad, que cubren todo, besan y se abrazan con todos, porque quisieran transmutar a todos y a todo en nuestras dotes divinas.  ¿Cómo no amar un acto tan grande?  Amamos a aquélla que nos ha llamado y nos ha prestado su acto para hacernos hacer un acto tan grande.  ¿Cómo no amarla si nos ha servido como portadora para obrar tantas maravillas nuestras?  ¿Qué cosa no daremos a ella, y quién podría negarle algo?  Basta decirte que quien vive en nuestro Querer deja atrás a todos, es la primera en la santidad, en la belleza, en el amor; sentimos nuestro eco, nuestro aliento en el suyo; ella no ruega, sino que toma lo que quiere de nuestros tesoros divinos, por eso, lo que más te debe interesar es vivir en nuestro Querer Divino”.

(6) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, nuestra Voluntad circula en todas las cosas creadas como sangre en las venas.  El acto primario, el movimiento, el calor, es siempre suyo, pero, si encuentra una criatura que la reconozca y viva en Ella, mientras continúa circulando en todo, en esta criatura se detiene y forma su apoyo para obrar sus maravillas, y mientras con su potencia e inmensidad no deja a ninguno, con esta criatura abre sus comunicaciones, porque tendrá oídos para escucharla, inteligencia para comprenderla, corazón para recibirla y amarla; en ésta hará el depósito de sus gracias, de sus finezas de amor.  La voluntad humana que vive en Ella le servirá como espacio donde continuar su acto obrante, en ella formará su centro, su estancia divina y su desahogo de amor continuo, y conforme haga sus actos en mi Querer, así renace en Dios y Dios en ella, y estos renacimientos hacen surgir nuevos horizontes, cielos más bellos, soles más refulgentes, nuevos conocimientos divinos.  Cada acto de más que hace en mi Querer, nos sentimos más llevados a hacernos conocer, sentimos más confianza de confiarnos a ella, porque estando nuestra Voluntad en ella sabrá custodiar con celo lo que le decimos y lo que le damos, y por eso en cada renacimiento, renacerá a nuevo amor, a nueva santidad, a nueva belleza.  Así que, mirándola, en el delirio de nuestro amor le decimos:  ‘Nuestro Querer te hace siempre más bella, más santa, y por cuanto más estás en Ella tanto más creces y renaces en nuestro Ser Divino.  Cada acto de más que haces, nuestra Voluntad se impone sobre Nosotros para hacernos darte de lo nuestro, decirte nuevos secretos y hacerte nuevos descubrimientos de nuestro amor.  Si no diéramos siempre a esta criatura nos sentiríamos faltar el movimiento a nuestra Vida Divina, lo que no puede ser; y ella tampoco podría estar si no recibe, se sentiría faltar el alimento del amor, las ternuras de su Padre Celestial.  Por eso sé atenta y reconoce que eres llevada por los brazos de nuestra Paternidad Divina”.

 

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36-20

Julio 18, 1938

 

Cómo es bello ver a la criatura en la Divina Voluntad.  Cómo las

cosas creadas la esperan para amar a su Creador.  El amor

exuberante de Dios para quien vive en Ella.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, su potencia e inmensidad sienten como la necesidad de la compañía de su amada criatura para llevarla a todas partes donde Él se encuentra, y conforme encuentra sus obras la detiene para decirle la diversa historia que cada obra suya posee, y la diversidad de amor con el cual están animadas; y se deleita tanto en el hacer conocer la fuente, la especialidad de sus obras, que no sólo hace don de sus obras a quien lo escucha, sino que festeja junto con ella sus obras.  Ahora, mientras mi mente era sorprendida y arrebatada, mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no hay encanto más bello, que más deleite a nuestro Ser Supremo, que ver entrar a la criatura en nuestra Voluntad.  Esta criatura conforme entra, nos toma como en sus brazos y se reviste por dentro y por fuera de nuestro Ser Divino, y Nosotros para corresponderle la tomamos en nuestros brazos para gozárnosla, y ¡oh! cómo es bello verla, pequeña pero bella, pequeña y potente, pequeña y sabia, pequeña y fuerte, tanto, de poder llevar a su Creador; no hay cosa en la cual no nos semeje, así que con sólo entrar en nuestro Querer adquiere y se viste de nuestras cualidades divinas, y con derecho dado por Nosotros domina sobre todo, se da a todos, ama a todos y quiere ser amada por todos, y quiere que todos nos amen.  Ver a una criatura que quiere que todos nos amen es nuestra alegría más pura, más bella, más grande, propiamente oímos nuestro eco, que queremos que todos nos amen y amamos a todos; y si muchos no nos aman, nos sentimos ofendidos y robados nuestros derechos de Creador, de Padre que ama mucho a sus hijos.  Así que nos sentimos retratados por esta criatura, encontramos en ella nuestras mismas locuras de amor, ¿cómo no amarla?  Por eso a ella nuestro primer beso, nuestros abrazos, las estratagemas de amor que le hacemos son inauditas, y por cuánto más la amamos, más queremos amarla”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y después ha agregado:

(4) “Hija mía, todas las cosas creadas te esperan, ¿pero sabes por qué?  Porque sienten en virtud de mi Fiat del cual todas están animadas, la unión, la inseparabilidad contigo, y como a la criatura le es dada la supremacía sobre todo, te esperan en medio de ellas a fin de que junto con ellas nos glorifiques, nos ames, según el oficio que cada una de las cosas tiene para darnos.  Cada una de las cosas creadas posee la plenitud del propio bien:  El sol posee la plenitud de la luz, y cada acto de luz que emite, cada efecto y bien que hace salir de su seno de luz, es una continua cancioncita de gloria, de amor que nos da, pero no nos la quiere dar por sí solo, sino que quiere junto a aquella criatura por la cual ha sido creado, y sólo quedamos verdaderamente amados y glorificados cuando la criatura animada por nuestra Voluntad, corre en aquel acto de luz y nos ama, y nos glorifica con amor y gloria de luz; vemos realizada nuestra finalidad, la causa por la cual creamos la luz, cuando encontramos a la criatura que, escondida en aquella luz, nos ama con la plenitud de la luz y del calor; encontramos en ella amor que nos hiere, amor que nos endulza, amor que dice siempre ‘amor’.  Por eso dábamos a la criatura un sol en su poder, para que nos amase.  Si no la encontramos en las cosas creadas no estamos contentos, ellas se vuelven como instrumentos sin sonido y sin vida, a lo más nos amamos y nos glorificamos Nosotros mismos en ellas, pero no es la criatura que nos ama y nos glorifica, y entonces nuestra finalidad queda malograda.  Te espera el viento, a fin de que tu voz corra en sus gemidos, para oír tu amor gimiendo hacia su Creador, ¡oh! cómo se siente honrado cuando ve en la impetuosidad del viento, tu amor impetuoso, casi imperante hacia Aquél que lo ha creado, y cuando ve sus oleadas, sus alientos investidos por tu te amo; y mientras nos sentimos soplar de amor por ti, Nosotros te damos nuestro aliento de amor para ser más amados.  Te espera el aire que todos respiran, a fin de que quede animado con tu voz, y en cada respiro que las criaturas reciban, reciban el ‘te amo’ de su Creador, y en cada respiro que emitan corra tu ‘te amo’ para traernos en el regazo de ‘tu te amo’ todas las vidas y respiros cambiados en tantas voces de amor.  Todos te esperan para recibir la nueva vida de amor de la cual es portadora el alma que vive en mi Querer, también los santos, los ángeles, la misma Reina del Cielo te esperan para recibir la frescura, la alegría del amor obrante de la criatura, que si bien vive en la tierra, pero vive en aquél mismo Querer con el cual ellos viven, para ser como regados por el amor de esta feliz criatura; sienten el nuevo amor del cual mi Querer la ha llenado, que invistiendo a todos sienten la alegría del amor conquistante del cual es portadora.  Qué orden, qué armonía hija mía pone quien vive en mi Voluntad entre el Cielo y la tierra, todos sus actos, movimientos y pensamientos se cambian en voces, en sonidos, en armonías, que invistiendo todas las cosas creadas hacen decir a todas ellas que nos aman, y mientras Nosotros quedamos amados, junto con Nosotros quedan todos amados con nuevo amor.  Todo el Cielo queda embelesado al ver las maravillas, el dulce encanto de quien vive en nuestro Fiat Divino.

(5) Ahora, tú debes saber que mi amor no está contento si no hago y doy nuevas sorpresas de amor a quien vive en mi Querer, si no agrego cosas nuevas para hacerlas conocer, así que escucha hija mía cuánto te he amado:  Mi Padre Celestial me generaba, y Yo lo amaba, y en aquél amor te amaba también a ti, porque mi Voluntad te llevaba siempre presente.  Yo Genero continuamente, y del arrebato e ímpetu de nuestro amor de Padre e Hijo Procedió el Espíritu Santo, y en aquel arrebato te amé también a ti con amor continuo.  Creé toda la Creación, y en cada cosa que creaba, primero te amaba a ti y después la creaba y la extendía a tu servicio.  También en el amor entre Yo y mi Mamá Celestial te amé, y ¡oh, cuánto te amé al encarnarme en su seno virginal!  Te amé en cada respiro, en cada movimiento, en cada lágrima, mi Voluntad te hacía presente para que te amase, y tú recibieras como don mío mi respiro, mis lágrimas, mi movimiento.  Ha llegado a tanto mi amor por quien debía vivir en mi Querer, que también cuando hacía gracias a mis santos y los amaba, en aquel amor ella venía encerrada.  Puedo decir:  ‘Te he amado siempre, te he amado en todos y en todo, te he amado en todos los tiempos, en todo lugar, te he amado dondequiera y por todas partes’.  ¡Oh! si todos supieran lo que significa vivir en mi Querer, los mares de amor y de gracias de los cuales son inundados; un Dios que los ama con amor siempre nuevo; entonces, así como en nuestro Ser Divino podemos tener nuestra pasión divina y predominante, que es el que la criatura viva en nuestro Querer, así también se volvería su pasión predominante, y a cualquier costo pondrían su vida para vivir en aquel Fiat que tanto los ama”.

 

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36-21

Julio 24, 1938

 

Diferencia que hay entre la Voluntad Divina y el Amor.  Quien

vive en el Divino Querer recibe el depósito del amor de todas

las cosas creadas, y forma el apoyo a los actos

de Nuestro Señor.  Llamado a todos.

 

(1) Me siento investida por el Fiat, me parece que me llama en todas las cosas creadas para darme su amor, y así poderlo amar de más, pero pensaba entre mí:  “¿Qué diferencia hay entre el amor y la Divina Voluntad?”  Y mi adorable Jesús repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija de mi Voluntad, mi Voluntad es vida, mi amor es alimento.  La vida no puede estar sin el alimento, y si existiese el alimento sin la vida que lo toma, se volvería inútil, y Dios cosas inútiles no sabe hacer; la vida hace surgir el alimento, así que la una y el otro se vuelven necesarios.  La vida no puede formarse, ni crecer, ni desarrollar sus obras grandes sin alimentarse; el alimento quedaría sin obras, sin dar de sí en cosas maravillosas, si no tuviese una vida que lo recibe.  Además de esto, mi Voluntad es luz, el amor es calor, inseparables entre ellos, no puede estar la luz sin el calor, ni el calor sin la luz, parece que sean gemelos nacidos en un parto, sin embargo la primera en nacer es la luz y después surge el calor, así que el calor es hijo de la luz; así mi Voluntad tiene su acto primero, el amor es su hijo predilecto, su primogénito inseparable.  Si mi Voluntad no quiere, no se mueve, no quiere obrar, entonces el amor se está escondido dentro de su Mamá sin hacer nada; en cambio, si mi Voluntad quiere obrar, el amor corre, vuela, es todo ojo, movimiento, obras y pasos, sin cansarse jamás.  Así también en la criatura, si se hace mover por mi Voluntad tendrá verdadero amor, será firme, constante e irremovible en el bien; pero si no está animada por Ella, su amor será un amor pintado, sin vida, inconstante; pobre amor, donde no está la Vida de mi Voluntad, el bien, las obras que hará estarán expuestas al frío intenso, a las heladas nocturnas, al sol ardiente, los cuales tienen virtud de quemar y hacer secar las obras más bellas.  Mira entonces hija mía la diferencia entre mi Voluntad y el amor, no puede nacer el hijo sin la madre, por eso lo que más te debe importar es el poseer su Vida si no quieres ser estéril en el bien, sin generación, para poder poblar Cielo y tierra”.

(3) Después de esto ha agregado:  “Hija mía bendita, el vivir en mi Voluntad Divina pone orden a todo y hace conocer el bien que todas las cosas creadas poseen, el amor con el cual están investidas, y cómo se derraman sobre la criatura para hacerla amar por cada uno de los amores distintos que cada una de las cosas creadas posee.  Así que encontramos en quien vive en nuestro Fiat Divino, el amor con el cual creamos y extendimos el cielo, y la multiplicidad de nuestro amor distinto con el cual lo adornamos de estrellas; cada estrella es un amor distinto, y lo vemos sellado en la criatura, la cual amándonos con tanta diversidad de amor por cuantas estrellas hay, sentimos coronar a nuestro amor inmenso e infinito con la corona del amor de la criatura.  ¡Oh, cómo quedamos contentos al encontrar en ella su amor que corona el nuestro!  Y para corresponderle duplicamos nuestro amor en ella para hacernos amar de más, a fin de que supere al cielo con todas sus estrellas en el amarnos.  Encontramos en ella el amor con el cual creamos el sol; el sol es uno, pero la multiplicidad de los efectos y bienes que produce es innumerable, cada efecto es un amor distinto, puede ser un beso, una caricia de luz que da el Creador a su criatura, un abrazo de amor, tantos actos de vida que hacemos surgir de dentro de aquellos efectos, que se pueden llamar alimentos con los cuales viven las criaturas; y Nosotros encontramos en quien vive en nuestro Querer el amor y la multiplicidad de los efectos con los cuales creamos al sol, y ¡oh! cómo nos sentimos restituir el amor, los besos, los abrazos, la multiplicidad de los efectos de amor que posee la luz, y nos sentimos coronar nuestra luz inaccesible con la corona de luz de amor de la criatura.  ¿Qué cosa no nos hace encontrar nuestra Voluntad en quien vive en Ella?  Nos hace encontrar el amor con el cual creamos el viento, el aire, el mar, la florecita del campo, a todo y a todos, y ella nos da nuevamente este amor, es más, nos lo duplica y Nosotros duplicamos el amor con el cual creamos todas las cosas creadas.  Nuestro amor hace fiesta, se siente amado, correspondido y prepara nuevas sorpresas de amor y forma la creación obrante en la criatura.  Este amor vincula todo, Cielo y tierra, corre dondequiera y se pone como cemento para restablecer la inseparabilidad entre Dios y la criatura, la cual había sido rota por la falta de amor entre Dios y la criatura.

(4) Ahora, es tanto mi amor por quien vive en mi Querer Divino, que lo que hago Yo se lo hago hacer a ella, le doy el derecho sobre mis actos como si fueran suyos, y estoy esperando con ansia que tome mis pasos para hacerla caminar, que tome mis manos para hacerla obrar, mi voz para hacerla hablar, tanto, que si alguna vez deja de servirse de Mí, mi amor le reprocha dulcemente y con ternura indecible le digo:  ‘Hoy no me has hecho caminar, mis pasos estaban esperándote para caminar en ti, y tú me los has dejado parados; hoy mis obras están suspendidas, porque tú no me has dado el espacio para obrar en tus manos; hoy he estado siempre en silencio porque no me has hecho hablar en tu voz; mira, también mis lágrimas las tengo sobre mi rostro, porque tú no me las has quitado para servirte de ellas para lavarte, para refrescarte en mi amor y para hacer con ellas un baño para quien me ofende, y Yo por eso me siento aún el rostro bañado en llanto; hoy mis penas están sin los besos y los alivios de quien me ama, y por eso me las siento más encrudecidas’.  Por eso tómame todo, no me dejes nada, hazme apoyar mi Ser con todos mis actos sobre de ti y sobre todos tus actos, y así te llamaré mi apoyo, mi refugio.  Pondré en ti, en el banco de mi Voluntad que reina en ti, todo lo que hice y sufrí estando en la tierra, lo multiplicaré, lo centuplicaré, lo haré resurgir continuamente a nueva vida, a fin de que tomes para ti lo que quieras, y me darás a todos para que todos me conozcan y me amen.  Debes saber que en cuanto la criatura entra en mi Voluntad para hacer sus actos, hace el llamado a todas las cosas creadas, a los santos y a los ángeles, a fin de que todos sean encerrados en aquel acto, y ¡oh! cómo es bello sentir en aquel acto que todos me aman, que todos me reconocen y adoran, que todos hacen la misma cosa.  Mi Voluntad llama a todos, se impone sobre todos, y todos quedan felicitados, honrados de ser encerrados en aquel acto hecho en el Querer Divino, para amar con nuevo amor y con el amor de todos a Aquél que tanto los ama”.

 

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36-22

Julio 30, 1938

 

Cómo en el Cielo hay innumerables mansiones.  Cada uno de

los bienaventurados tendrá un Dios para sí, todo suyo.

Cómo Jesús nos ama en todas las cosas creadas.

Espontaneidad de Jesús en las penas.

 

(1) Mi pobre mente es frecuentemente investida por el arrebato del amor del Querer Divino, sus maravillas son siempre sorprendentes, la una más bella que la otra, y mi amable Jesús, sorprendiéndome con su breve visita, con un amor que raptaba mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, los prodigios, las maravillas, las escenas encantadoras que hago en quien vive en mi Querer, son múltiples, y tan bellas y encantadoras, que a ninguno le es dado el imitarlas.  Tú debes saber que en el Cielo hay innumerables habitaciones, pero aquéllas preparadas a las almas que han vivido en mi Querer sobre la tierra serán las más bellas, y distintas de las otras, poseerán armonías y escenas divinas encantadoras, alegrías siempre nuevas que surgirán del fondo de mi Voluntad en la cual han vivido, tendrán en su poder alegrías y felicidad siempre nuevas, y por cuantas quieran tantas formarán, porque mi Fiat tiene virtud de crear siempre nuevas alegrías, estas habitaciones serán el nuevo encanto de aquella celestial morada.

(3) Ahora quiero decirte otra sorpresa más bella aún, en el Cielo cada uno de los bienaventurados me tendrá dentro de sí como su Creador, Rey, Padre y Glorificador; y me tendrá fuera de sí, propiamente junto a él, en modo de sentirse llevar en mis brazos; amaremos juntos, nos felicitaremos juntos, no seré un Dios para todos, sino un Dios para cada uno, más bien me tendrá bilocado dentro y fuera de él; Yo los poseeré  dentro  y  fuera  de Mí, y ellos me poseerán dentro y fuera, como si fuera solamente para cada uno.  Si fuera un Dios para todos no sería plena la felicidad, quién estaría cercano, quién lejano, quién a la derecha, quién a la izquierda, por lo tanto, quién gozaría mis caricias, quién no, quién se sentiría más amado y feliz por mi cercana presencia, y quién no.  En cambio, con el tenerme cada uno dentro y fuera de sí, no nos perderemos jamás de vista, gozaremos el amor cercano, no lejano; por cuanto nos hayamos amado y conocido en la tierra, más nos amaremos en el Cielo.  Y además, lo que daré a quien ha vivido en mi Querer en la tierra será tan grande, que todos los bienaventurados gozarán doble felicidad.  Es verdad que tengo mi trono de donde salen mares de alegría para anegar a toda la patria celestial, pero mi amor no está contento si no me biloco y desciendo a estar al tú por tú con mi amada criatura, para amarnos de más y gozárnosla juntos; y además, ¿cómo poder estar lejano de quien vive en mi Querer, si entre ella y Nosotros se forma la inseparabilidad de Voluntad y de amor?  ¿Cómo poder estar lejano, aun un solo paso, si uno solo es el amor con el cual nos amamos y una la Voluntad con la cual obramos?  Es más, tú debes saber que quien vive en nuestro Querer es inseparable de todos, aun de las mismas cosas creadas.  En cuanto la criatura hace su acto en mi Querer, llama y abraza a todos, encierra a todos en su acto, se impone sobre todos para hacer que todos hagan lo que ella hace.  Es por eso que en un acto hecho en mi Querer Yo recibo todo, aun mi misma Creación para amarme y glorificarme”.

(4) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, Yo hago como un rey que tiene muchas reinas, que se aman con un amor tal, que el uno no puede estar sin la otra; este rey forma tantos palacios suntuosos, pone dentro de ellos música, las escenas más encantadoras para volver felices a sus reinas y a él junto con ellas; después me biloco para cada una de ellas, de modo que todas me poseen y son felicitadas por mi posesión.  El rey no puede bilocarse para hacer felices a sus reinas, y se debe contentar con estar ahora con una, ahora con otra, y esto ya vuelve infeliz su amor, y son tiranizados por un amor interrumpido y no gozado por siempre; y si Yo no tuviese virtud de darme a cada una como si fuese solamente para ella, mi amor me volvería infeliz al dejar a la criatura aun un solo instante sin Mí.  En cambio, Yo soy Rey que cortejo siempre a mis reinas, y ellas me cortejan a Mí; si esto no fuera así faltaría en la morada celestial la plenitud de la felicidad”.

(5) Después continuaba mi giro en el Fiat Divino, y me he detenido en lo que hizo Jesús cuando estuvo sobre la tierra, y mi dulce Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, para quien vive en mi Querer y me ama, me pesa el silencio, mi amor quiere siempre decir y descubrir hasta donde llega Él, y en cuantos modos la he amado.  Ahora, tú debes saber que estando Yo sobre la tierra, no había cosa que hacía en la cual no buscara a mis amadas criaturas, las besaba, me las estrechaba al corazón, las miraba con ternura paterna, así que si me encontraba con el sol, Yo encontraba en su luz a mis amadas criaturas, porque habiéndolo creado para ellas, ellas con derecho señoreaban en su luz; no se puede decir que se es dueño de un bien si no se posee y se está dentro, por lo tanto Yo encontraba en el sol a mis criaturas, me las besaba, las abrazaba y estrechaba al corazón, y como también las tenía dentro de Mí, me las besaba fuera y dentro de Mí, estrechándolas tan fuerte, de fundirlas con mi misma Vida.  Si me encontraba en el viento, corría a besarlas; si bebía el agua, también en ella las encontraba, y ¡oh! con cuanto amor las miraba y las besaba, también en el aire que respiraba las encontraba a todas, sentía su respiro y en cada respiro eran besos y amor con los cuales las sellaba.  Por eso en cada cosa creada, en el cielo estrellado, en el mar, en las plantas, en las flores, en todo me encontraba con mis amadas criaturas para duplicarles mi amor, para hacerles fiestas, para abrazarlas nuevamente y decirles:  ‘Ha terminado vuestra infelicidad porque he venido del Cielo a la tierra para volveros felices, soy Yo que he tomado vuestra infelicidad sobre de Mí, pueden estar seguras, y además, un Dios que os ama será vuestra fortuna, vuestra defensa, vuestra potente ayuda’.  Y además, la más bella característica de mi amor es la espontaneidad, tan es así, que las mismas penas que me dieron en la Pasión, primero las formaba en Mí mismo, las amaba, las cubría de besos y después las ponía en las mentes de las criaturas para que me las hicieran sufrir a mi Humanidad; no hubo pena que las criaturas me dieran que no hubiese sido primero querida por Mí, en orden secundario vinieron las criaturas, por eso mis penas estaban empapadas por mi amor, cubiertas por mis besos ardientes, y poseen la virtud creadora para hacer resurgir a las almas a amarme.  El verdadero amor se ve por la espontaneidad, un amor forzado no se puede decir verdadero amor, pues pierde la frescura, la belleza, la pureza, y ¡oh! cómo se vuelven infelices en los sacrificios, inconstantes, y mientras parece que aman, como es forzado, o por necesidad, o por personas de las que no pueden librarse, se sienten infelices y amargadas. Un amor forzado vuelve esclavas a las pobres criaturas, en cambio mi amor fue libre, querido por Mí, Yo no tenía necesidad de ninguno.  Amé, me sacrifiqué hasta dar la Vida, porque quise y amé.  Por eso cuando veo en el alma un amor espontáneo, me rapta y digo:  Mi amor y el tuyo se dan la mano, por lo tanto podemos amarnos con un solo amor”.

(7) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, quien vive en mi Voluntad viene custodiado en mi estancia divina, posee todos nuestros bienes; la fuerza, la luz están en su poder.  en cambio quien hace mi Voluntad se forma el camino para llegar a entrar en Ella, ahora, en el camino hay peligros, debe estar expuesto al calor y al frío, no encontrará el agua para beber, alimentos buenos para nutrirse, un lecho para reposar, se puede decir que será un pobre caminante que no llegará jamás a su habitación.  Qué diferencia entre quien vive en mi Querer y quien hace mi Voluntad, pero sin embargo es necesario formarse el camino, esto es, vivir resignado, hacer mi Voluntad en todas las circunstancias de la vida, para poder llegar a vivir en mi Querer, donde encontrará su estancia divina, el centro de su reposo, el exilio cambiado en patria”.

 

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36-23

Agosto 6, 1938

 

Intercambio de vida entre la Voluntad Divina y humana.  Victoria de Jesús.  No

hay ofensa mayor que sustraerse de la Divina Voluntad.  La Creación hablante.

El latido y el respiro divino.  Necesidad de Dios de hablar con la criatura.

 

(1) Siento la necesidad de darme continuamente a la Divina Voluntad, soy la pequeña niña que busco el seno de mi Madre para refugiarme en Ella, para estar al seguro y toda abandonada en sus brazos.  Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú buscas tu refugio en Mí, y Yo busco mi refugio en ti para gozarme a mi criatura y reposarme en ella, a fin de que su amor me tenga defendido de todas las ofensas de las criaturas.  Debes saber que cada vez que la criatura entra en mi Voluntad para hacer sus actos, tantas veces le doy mi Vida Divina, y ella tantas veces me da su vida humana, así que ella queda dotada de tantas Vidas Divinas por cuantos actos ha hecho en mi Voluntad, y Yo quedo honrado, glorificado, circundado por tantas vidas humanas, porque un acto en mi Voluntad debe ser completo; Yo me doy todo, no me reservo nada de mi Ser Supremo, y ella me da todo de su ser humano.  Entonces, ¿cuál no será el bien que recibe la criatura con poseer tantas Vidas Divinas mías?  Y conforme va repitiendo sus actos, tantas Vidas mías se agregan, y le doy virtud de bilocar su vida para poder decir:  ‘¡Por cuantas Vidas mías le he dado, tantas me ha dado!’  Puedo decir que solamente entonces encuentro todo mi contento, cuando a cada instante veo darme la vida de ella, para poder dar la mía.  Ver que la criatura me da su voluntad humana es mi más grande triunfo, y llevado por el amor canto mi victoria, victoria que me cuesta mi Vida y la espera de cerca de seis mil años, en los cuales he suspirado con tantas ansias y suspiros amargos y ardientes el retorno de la voluntad humana en la mía, por eso, habiéndolo obtenido, siento la necesidad de reposarme y cantar victoria.  Así que no hay alegría más bella que la criatura pueda darme que vivir en mi Voluntad, ni puede haber dolor mayor que pueda darme, que sustraerse de Ella, porque entonces me siento ofendido en todas las cosas creadas, porque dondequiera y por todas partes se encuentra mi Querer, y Yo siento que me llega la ofensa en el sol, en el viento, en el cielo, y hasta dentro de mi seno.  ¡Qué dolor el ver el gran don de la voluntad humana que di a la criatura, que debía servir para intercambio de amor y de Vida entre Yo y ella, convertido en arma asesina para ofenderme!  Ahora, quien viene a vivir en mi Voluntad es la medicina, el bálsamo, el opio que me hace desaparecer este dolor tan duro.  ¿Cómo no debo darme todo Yo mismo en su poder y darle lo que quiere?”.

(3) Después ha agregado:  “Es tanto mi amor por quien vive en mi Fiat, que en cuanto la criatura siente la necesidad de respirar, de alimentarse, de moverse, así Yo siento la necesidad de formar una sola Vida con ella, porque mi Voluntad, como la criatura vive en Ella, me la hace respiro mío, latido mío, movimiento mío, alimento mío.  Mira entonces cómo me es necesaria su unión permanente Conmigo y dentro de Mí; de otra manera me sentiría faltar el respiro, el movimiento, el latido y el alimento de mi amor por parte de toda la Creación, ¡oh! cómo me sentiría mal, porque quien vive en mi Querer está dentro de nuestro Ser Supremo, es la creación hablante, que se mueve y late, que a nombre de todas las cosas creadas nos trae el alimento del amor que todos deberían darnos.  Podemos decir que nuestro amor alimenta todas las cosas creadas, por eso sentimos la necesidad de recibir la correspondencia de amor para no quedar en ayunas, y sólo quien vive en nuestro Querer, que abraza todo y nos ama en todo, puede darnos la correspondencia de alimentarnos con su amor.  ¡Cómo es bello ver a la criatura recoger nuestro amor esparcido por toda la Creación, y también nuestro amor que no ha sido tomado por la ingratitud humana, y nos lo trae para darnos el alimento del amor a nombre de todo y de todos!  Ella forma el encanto a todo el Cielo, y Nosotros la llamamos nuestra bienvenida, la portadora de todas nuestras obras, la correspondencia de nuestro amor, en la cual podemos repetir nuestras maravillas”.

(4) Después, con un afecto más tierno ha agregado:

(5) “Hija mía, es tanto nuestro amor por quien vive en nuestro Fiat Divino, que una mamá puede estar, le resulta más fácil el separarse de su hija que a Nosotros, Nosotros no lo podemos, porque nuestra Voluntad la une, la transforma en Nosotros, le hace querer lo que Nosotros queremos y hacer lo que hacemos.  En cuanto entra en Ella, así la transporta dondequiera y le da el puesto en todas las cosas creadas para tenerla por todas partes y dondequiera, siempre junto, unida con Ella y decirle en cuántos modos la he amado; estar sin ella nos resulta imposible, deberíamos separarnos de nuestra Voluntad para hacerlo, pero esto no lo podemos hacer, por consiguiente le doy el puesto en el cielo estrellado y, ¡oh! cómo es bello tenerla junto Conmigo en esa bóveda azul, en la interminable extensión de cielo que no se ve punto donde termina, y le digo la historia de nuestro eterno amor, que no tiene principio, ni puede tener fin, ni puede sufrir cambios, y como nuestro amor no cesa jamás, tomamos a la criatura por todos lados, por encima, por debajo, a la derecha, a la izquierda, para adornarla con nuestro amor.  Y así como el cielo esconde y cubre el mundo entero bajo su bóveda adornada de estrellas para tenerlo defendido y cubierto, así nuestro amor inmutable, más que cielo, tiene cubiertos y escondidos a todos en el cielo de nuestro amor.  Sentimos la necesidad de decir a la criatura cuánto y en cuántos modos la amamos; amarla y hacerle conocer cuánto la amamos para hacernos amar, forma el refrigerio de nuestro amor, y ella, amándonos, si bien es pequeña, pero nos sentimos dar un cielo de amor, y con sus actos repetidos de amor nos sentimos como adornar por tantas estrellas que nos llueven encima:  ‘Amor, amor, amor’.  Entonces mira:  Necesidad de nuestro amor darle el puesto a la criatura en cada cosa creada para decirle la historia distinta de amor que cada una de ellas contiene; le doy el puesto en el sol, y ¡oh! cuantas cosas le digo de nuestro Ente Supremo, de nuestra luz inaccesible que inviste todo con su amor ardiente, que inviste y se esconde en cada una de las fibras del corazón, en cada pensamiento y palabra; con mi luz embalsamo, purifico, embellezco, y formo con mi luz, más que sol, mi Vida de amor en la criatura, y ella siente mi luz y por caminos de luz quiere entrar en los más íntimos escondites de nuestro Ser Supremo para amarnos y ser amada.  Cómo es bello encontrar a quien nos ama, nuestro amor encuentra su refugio, su reposo, su desahogo, su correspondencia, por eso dondequiera le damos el puesto, porque en cada cosa creada tenemos que decirle un secreto nuestro de amor.  ¡Cuántas cosas tenemos que decir aún, y si la criatura no vive en nuestro Querer, no nos entenderá y nos obliga al silencio!  Tú debes saber que conforme la criatura hace sus actos en mi Voluntad, tantos soles surgen, y como un acto en mi Voluntad es tanto que no puede estar sin hacer bien a todos, estos soles conforme surgen, corren en medio de la gente y llevan, a quién el beso de luz, a quién la fuerza, a quién le ponen en fuga las tinieblas, a quién le enseñan el camino, a quién con voz fuerte de luz la llaman al bien.  Un acto en mi Voluntad no puede estar sin producir grandes bienes; como el sol que surge en el horizonte, con su luz corre para hacerse luz de cada ojo, corre y madura las plantas, da color a las flores, purifica el aire, se da a todos, se puede decir que renueva y vigoriza la tierra y forma su alegría y su fiesta, así que si el sol no saliese, la tierra se vestiría de luto y estallaría en llanto.  Más que sol es un acto en mi Voluntad, su luz corre y hace bien a todos, renueva y vigoriza a todos en su luz, menos a aquél que no lo quiera recibir; y aunque no lo quisieran recibir están obligados a recibir el bien de su luz, como quien no quisiera recibir la luz del sol, está obligado por el imperio de la luz a sentir su calor.  Tal es el imperio de un acto hecho en mi Fiat, no puede estar si no obra prodigios de gracia y de bienes incalculables, por eso quien vive en nuestro Querer hace todo, abraza a todos y nos da todo:  Si queremos amor, nos da amor; si queremos gloria, nos da gloria; si queremos hablar, tenemos quién nos escucha; y si queremos hacer obras grandes, tenemos en quién hacerlas y quién nos dará la correspondencia.  He aquí por qué te quiero siempre en mi Querer.  No salgas jamás de Él”.

 

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36-24

Agosto 12, 1938

 

Cuando la criatura entra en el Querer Divino, el Cielo se abaja y la tierra se

eleva para darse el beso de paz.  Amor de Dios al manifestar las verdades.

Cómo todas las cosas se vuelven vida, y cómo todas las cosas creadas

son miembros de Jesús.  Diversidad de amor.

 

(1) El Querer Divino me está siempre alrededor porque quiere investir mis actos con su luz para extender en ellos su Vida, me parece que está tan atento, que llega a perseguirme de amor y de luz, porque quiere que en todo lo que hago encierre su Vida.  ¡Oh, cómo me siento feliz al sentirme acosada de amor y de luz por el Fiat Supremo!  Y mi dulce Jesús sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía, mira a qué punto excesivo llega mi amor porque quiere que la criatura viva en mi Querer, que llego a perseguirla de amor y de luz.  La luz le eclipsa todos los males, de modo que viendo sólo mi Voluntad se abandona en Ella y nos hace hacer lo que queremos.  El amor la halaga, la felicita, y ella se hace vencer por Nosotros.  Tú debes saber que en cuanto la criatura entra en nuestro Querer para formar su acto, el Cielo se abaja, la tierra se eleva y se encuentran juntos, ¡qué feliz encuentro!  El Cielo sintiéndose transportado a la tierra por la fuerza creadora del Fiat Divino, besa a la tierra, esto es, a las generaciones humanas, y a cualquier costo quieren los habitantes celestiales darles lo que poseen, para contentar al Querer Divino que los ha transportado a la tierra porque quiere reinar en todos; la tierra sintiéndose elevada al Cielo, los viadores sienten una fuerza desconocida que los arrastra al bien, un aire celestial que se impone sobre de ellos, que les hace respirar una nueva vida.  Un acto en mi Voluntad da en lo increíble, estos actos formarán el nuevo día, las generaciones humanas se sentirán renovar por medio de ellos, rejuvenecer en el bien; formarán las disposiciones para disponerlos a recibir su Vida para hacerla reinar.  Estos actos de la criatura hechos en mi Querer serán el equipo, los potentes preparativos, los medios más eficaces para obtener tanto bien”.

(3) Después de esto ha agregado:

(4) “Hija mía, nuestro amor llega a lo increíble.  Cuando debemos manifestar una verdad concerniente a nuestra Voluntad, primero la amamos en Nosotros mismos, la facilitamos, la adaptamos a la inteligencia humana, a fin de que a la criatura le resulte fácil comprenderla y hacerla vida propia, la proveemos con nuestro amor y después la hacemos conocer, como anhelante de amor, que quiere darse a las criaturas como vida que siente la necesidad de querer formarse en ellas.  Pero no contentos con esto, purificamos la inteligencia humana, la investimos con nuestra luz, la renovamos a fin de que conozca nuestra verdad, la bese, la encierre en sí misma y le dé toda la libertad de formar su Vida en ella para quedar transformada en la misma Verdad.  Por eso cada verdad nuestra lleva nuestra Vida Divina a la criatura, una Vida anhelante, que ama y quiere ser amada, y nuestro amor es tanto, que nos adaptamos a la condición humana para facilitar el conocimiento, porque si nos conocemos, es fácil vencer a la voluntad humana para hacerla nuestra, y ella tendrá interés de poseer a su Dios.  Sin conocimiento los caminos están cerrados, rotas las comunicaciones y Nosotros quedamos como el Dios lejano de la criatura, mientras que estamos dentro y fuera de ellos, y ellos quedan lejanos de Nosotros.  Ninguno puede poseer un bien si no lo conoce, por eso queremos hacer conocer que para quien vive en la Divina Voluntad y obra en Ella, todo se vuelve Vida Divina en ella; poseyendo mi Fiat, su virtud creadora, en todo lo que ella hace, si piensa, si habla, si obra, si camina, si ama, mi Fiat extiende su Vida y piensa, habla, obra, camina y ama, forma la creación obrante y hablante; la criatura le sirve para continuar su creación, es más, para hacer cosas más bellas aún.  Por lo tanto la Creación no ha terminado, sino que continúa aún en las almas que viven en nuestro Querer, y si en la Creación se ve el orden, la belleza, la potencia de nuestras obras, en la criatura se verá el amor, el orden, la belleza, nuestra virtud creadora que repite tantas Vidas nuestras por cuantas veces nos ha prestado sus actos para hacernos obrar.

(5) La criatura es vida, no es obra como la Creación, por eso sentimos un amor irresistible de formar Vidas nuestras en ella, y ¡oh! cómo nos deleitamos, cómo estamos contentos, cómo nuestro amor encuentra su reposo, y nuestra Voluntad su cumplimiento, el cual es de formar nuestra Vida en ella.  En cambio quien no vive en nuestro Querer, sus obras y pasos son sin vida, como pinturas que no pueden ni recibir vida ni darla, ni pueden producir ningún bien, porque no puede haber vida ni bien sin mi Voluntad”.

(6) Después estaba continuando mis actos en la Divina Voluntad, y habiendo recibido la Santa Comunión, mi dulce Jesús me ha dicho:

(7) “¡Cómo es bello cuando desciendo Sacramentado en los corazones y los encuentro en mi Voluntad, pues encuentro todo en ella:  Encuentro a mi Madre Reina y me siento dar nuevamente la gloria como si de nuevo me encarnase; encuentro todas mis obras que me circundan, me honran, me aman, y como mi Voluntad circula como sangre y late en todas las cosas creadas, por eso están unidas Conmigo como miembros que parten de Mí y permanecen en Mí, así que todo lo que Yo hice en la tierra y todas las cosas creadas, quién me hace de brazos, quién de pies, quién de corazón, quién de boca, y me aman y me glorifican en modo infinito.  La criatura con el vivir en mi Querer, todo es suyo, como es mío, y me puede dar mi Humanidad viviente para amarme, para tenerme reparado y defendido de todo, me puede dar el amor que tuve al crear el sol, ¿cuántas especialidades de amor no contiene la luz?  Esta luz está llena de tan variados e innumerables efectos de dulzura, de colores, de perfumes, y en cada efecto hay un amor mío distinto, y lo puedes ver por las diferentes dulzuras que cada uno de los frutos posee, en la que una dulzura no es como la otra; es mi amor insuperable, que no contento con hacer gustar al hombre una sola dulzura de mi amor, de alegrarlo con un solo color, con un solo perfume, ponía tantos diferentes para ahogarlo y alimentarlo con mi amor, así que mi primer alimento era mi amor, las otras cosas venían en orden secundario.  Así que el sol que hace tanto bien a la tierra, que con su luz se extiende bajo los pasos del hombre, que le llena el ojo de luz, lo inviste por todas partes, que va junto al hombre a dondequiera que va, es mi amor que corre en su luz y que amándolo se hace pisar por sus pasos, mi amor le llena el ojo de luz, lo inviste por todas partes, lo sigue a dondequiera, y en aquella luz están mis innumerables distinciones de amor:  Está mi amor que languidece, que hiere, que rapta; está mi amor que quema, que endulza todo, que da nuevamente la vida a todo; está mi amor que toma por todos los lados a la criatura y la lleva como en brazos.  Mira hija mía la luz, tú misma no podrías numerar las tantas variedades de mi amor, y si tú vives en mi Voluntad el sol será tuyo, miembro tuyo, y me podrás dar tantas diversidades de amor por cuantas te he dado.  Todas las cosas creadas son miembros míos, el cielo y cada estrella es un amor mío distinto hacia la criatura.  El viento como miembro mío no hace otra cosa que, conforme sopla, así sopla un amor mío distinto, y por eso ahora le sopla la frescura de mi amor, ahora la acaricia con mi amor, ahora le sopla con mi amor impetuoso, ahora con su soplo le lleva los refrigerios de mi amor.  También el mar, las gotas de agua se estrechan entre ellas para no cesar jamás de murmurar las diversidades de amor con las cuales amo a la criatura.  También en el aire que respira le mando en cada respiro mi te amo distinto.

(8) Por eso, descendiendo Sacramentado en la criatura llevo junto Conmigo las cosas creadas como miembros míos, con las escenas encantadoras de tan variado y múltiple amor mío, y como un ejército las pongo dentro de la criatura para amarla y hacerme amar.  Cómo es duro y doloroso amar y no ser amado, por eso vive siempre en mi Voluntad, y Ella te pondrá al día de los tantos modos con los cuales te he amado, y me amarás como quiero que tú me ames”.

 

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36-25

Agosto 15, 1938

 

La fiesta de la Asunción es la fiesta más bella, más sublime, es la

fiesta de la Divina Voluntad obrante en la Reina Celestial.

 

(1) Mientras mi mente nadaba en el mar del Querer Divino, me he detenido en el acto en el cual mi Mamá Reina fue asunta al Cielo.  ¡Cuántas maravillas, cuántas sorpresas de amor ante las cuales queda uno arrobado!  Y mi dulce Jesús, como si sintiera la necesidad de hablar de su Madre Celestial, todo en fiesta me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, hoy, la fiesta de la Asunción, es la fiesta más bella, más sublime, más grande, en la cual quedamos más glorificados, amados y honrados.  Cielos y tierra son investidos por una alegría insólita, jamás sentida; los ángeles, los santos, se sienten investidos por mares de nuevas alegrías y nueva felicidad, y alaban con nuevos cánticos a la Soberana Reina, que con su imperio impera sobre todo y da alegría a todos.  Hoy es la fiesta de las fiestas, y la única y nueva fiesta que no ha habido otra que la iguale.  Hoy, el día de la Asunción, venía festejada por primera vez la Divina Voluntad obrante en la Soberana Señora; las maravillas son encantadoras, en cada pequeño acto suyo, aun en su respiro, en su movimiento, se ven tantas Vidas Divinas nuestras que corren como tantos Reyes en sus actos, que más que refulgentes soles la inundan, la circundan, la embellecen y la vuelven tan bella, que forma el encanto de las regiones Celestiales.  ¿Te parece poco que cada respiro suyo, movimiento, obra y pena, estuvieran llenos de tantas Vidas Divinas nuestras?  Es propiamente éste el gran prodigio del obrar de mi Voluntad en la criatura, formar tantas Vidas Divinas nuestras por cuantas veces ha tenido entrada en el movimiento, en los actos de la criatura, y como mi Fiat posee la virtud bilocadora y repetidora, y repite siempre sin cesar jamás lo que hace, por eso la gran Señora siente en Sí multiplicar estas Vidas Divinas, las cuales no hacen otra cosa que extender mayormente sus mares de amor, de belleza, de potencia, de sabiduría infinita.  Tú debes saber que son tales y tantas nuestras Vidas Divinas que posee, la multiplicidad de sus actos que posee, que en cuanto entró en el Cielo pobló todas las regiones celestiales, que no pudiéndolas contener a todas, llenaron toda la Creación, así que no hay punto donde no corran sus mares de amor, de potencia y tantas Vidas nuestras, de las cuales es la poseedora y la Reina.  Podemos decir que nos domina y la dominamos, y vertiéndose en nuestra inmensidad, potencia y amor, pobló todos nuestros atributos con sus actos y con las tantas Vidas Divinas nuestras que había conquistado.  Así que, dondequiera y por todas partes nos sentimos amar, glorificar por dentro y por fuera de Nosotros, desde dentro de las cosas creadas, en los más remotos escondites, por esta Celestial Criatura, y por lo tanto por las tantas Vidas nuestras que nuestro Fiat ha formado en Ella.  ¡Oh! potencia de nuestro Querer, sólo Tú puedes hacer tantos prodigios, hasta crear tantas Vidas nuestras en quien te hace dominar, para hacernos amar y glorificar como merecemos y queremos.  He aquí por qué Ella puede dar su Dios a todos, porque lo posee, es más, sin perder ninguna de nuestras Vidas Divinas, en cuanto ve a la criatura dispuesta, que quiere recibir nuestra Vida, tiene la virtud de reproducir, de dentro de nuestra Vida que posee, otra Vida Divina nuestra para darla a quien nos quiere.  Esta Virgen Reina es un prodigio continuado, lo que hizo en la tierra lo continúa en el Cielo, porque nuestra Voluntad cuando obra, tanto en la criatura como en Nosotros, ese acto no termina jamás, y mientras queda en Ella se puede dar a todos.  ¿Termina tal vez el sol de dar su luz porque ha dado tanta a las generaciones humanas?  ¡De ningún modo!  Aunque ha dado tanta es siempre rico en su luz, sin perder ni siquiera una gotita de luz.  Por eso la gloria de esta Soberana Reina es insuperable, porque tiene en posesión nuestra Voluntad obrante, que tiene virtud de formar en la criatura actos eternos e infinitos; nos ama siempre, no cesa jamás de amarnos con nuestras Vidas que posee, nos ama con nuestro amor, nos ama por todas partes y dondequiera, su amor llena Cielos y tierra, y corre a descargarse en nuestro seno divino, y Nosotros la amamos tanto que no sabemos estar sin amarla, y mientras nos ama, ama a todos y nos hace amar a todos.  ¿Quién puede resistir y no dar lo que quiere?  Y además, es nuestro mismo Querer que pide lo que Ella quiere, que con sus vínculos eternos nos ata por todas partes, y no podemos negarle nada.  Por eso la fiesta de la Asunción es la más bella, porque es la fiesta de mi Voluntad obrante en esta gran Señora, que la hizo tan rica y bella que los Cielos no pueden contenerla, los mismos ángeles se sienten mudos, no saben hablar de lo que hace mi Voluntad en la criatura”.

(3) Después de esto mi mente ha quedado aturdida al pensar en los grandes prodigios que el Fiat Divino obró y continúa obrando en la Celestial Reina, y mi amado Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, su belleza es inenarrable, encanta, fascina, conquista; su amor es tanto, que se da a todos, ama a todos, y deja atrás de Sí mares de amor.  Se puede llamar Reina de amor, vencedora de amor, porque amó tanto, que por caminos de amor venció a su Dios.  Tú debes saber que el hombre, con hacer su voluntad, rompió los vínculos con su Creador y con todas las cosas creadas; esta Celestial Reina con la potencia de nuestro Fiat que poseía, vinculó a su Creador con las criaturas, vinculó a todos los seres juntos, los unió, los reordenó de nuevo, y con su amor daba la nueva vida a las generaciones humanas; fue tanto su amor, que cubrió y escondió en su amor las debilidades, los males, los pecados y a las mismas criaturas en sus mares de amor.  ¡Oh! si esta Virgen Santa no poseyese tanto amor, nos resultaría difícil mirar la tierra, pero su amor no sólo nos la hace mirar, sino que queremos dar nuestra Voluntad reinante en medio a las criaturas, porque Ella así lo quiere, quiere dar a sus hijos lo que posee, y por caminos de amor nos vencerá a Nosotros y a sus hijos”.

 

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36-26

Agosto 21, 1938

 

Diferencia que hay entre las Vidas que forma en las Hostias

Sacramentales, y las que forma en quien vive en su Querer.

 

(1) Estoy siempre en camino en el Querer Divino, y me sentía pensativa y decía entre mí:  “¿Cómo puede ser que se puedan formar tantas Vidas Divinas en nosotros por cuantos actos hacemos en Él?”  Y mi amable Jesús, siempre benigno, para hacerme comprender mayormente me ha dicho:

(2) “Hija mía, para Nosotros todo es fácil, con tal que encontremos que la voluntad humana se presta a vivir en la nuestra, nos deleitamos formando aun en el movimiento, en el respiro, en el paso, Vidas nuestras que se mueven, que respiran, que caminan, que hablan.  La voluntad humana nos presta como tantos velos en los cuales podemos formar tantas Vidas nuestras, éste es el último desahogo de nuestro amor, y nos agrada tanto, que con tal de que la voluntad humana nos preste su pequeño velo, Nosotros poblamos todos sus actos con la multiplicidad de nuestras Vidas Divinas.  Ahí está mi Vida Eucarística que da prueba y confirmación de lo que te digo, ¿no son tal vez pequeños velos los accidentes del pan en el cual quedo consagrado vivo y verdadero, en alma, cuerpo, sangre y Divinidad?  Y si hay mil hostias, mil Vidas mías formo, una para cada hostia, y si hay una sola hostia, formo una sola Vida mía.  Y además, ¿qué cosa me da la hostia?  Nada, ni un ‘te amo’, ni un respiro, ni un latido, ni un paso de compañía; estoy solo, y muchas veces la soledad me oprime, me amarga y estallo en llanto; cómo me pesa el no tener a quién decirle una palabra, estoy bajo la opresión de un silencio profundo.  ¿Qué cosa me da la hostia?  El escondite para esconderme, la pequeñita prisión para volverme, estaría por decir, para volverme infeliz, pero como es mi Voluntad la que quiere que Yo quede Sacramentado en cada hostia, Ella, que jamás es portadora de infelicidad, ni a Nosotros ni a las criaturas que viven en Ella, hace correr en mi Vida Sacramental nuestras alegrías celestiales, que son inseparables de Nosotros, pero esto es siempre por parte nuestra, la hostia no me da jamás nada, no me defiende ni me ama.  Ahora, si esto hago, o sea formar tantas Vidas mías en la hostia que nada me da, mucho más en quien vive en mi Voluntad.  La diferencia entre mis Vidas Sacramentales y las tantas Vidas mías que formo en quien vive en mi Querer es incalculable, hay más distancia que la que existe entre el Cielo y la tierra.  Primero, porque no estamos jamás solos, y tener compañía es la más grande alegría, que hace felices a la Vida Divina y a la humana.  Ahora, tú debes saber que cuando formo mi Vida en el pensamiento de la criatura que vive en mi Querer, siento la compañía de la inteligencia humana que me corteja, me ama, me comprende, y me da su memoria, su inteligencia, su voluntad en mi poder, y como en estas tres potencias fue creada nuestra imagen, me siento dar por compañía a nuestra eterna memoria, que no olvida jamás nada, siento la compañía de mi sabiduría que me comprende, y además la compañía de la voluntad humana fundida con la mía, que me ama con eterno amor.  Cómo no multiplicar en cada pensamiento suyo otras tantas Vidas nuestras; cuando encontramos que más nos comprende y nos ama, podemos decir:  ‘Encontramos nuestra ganancia’.  Porque por cuanta más Vida formamos, tanto más nos hacemos comprender, le damos duplicado amor y nos ama de más.  Si formamos nuestra Vida en la palabra, encontramos la compañía de la suya, y como nuestro Fiat es suyo, encontramos todos los prodigios que ha obrado cuando nuestro Fiat se ha pronunciado.  Si la formamos en su respiro, encontramos su respiro que respira junto, y es la compañía de nuestro aliento omnipotente cuando al crearla le infundimos la vida.  Si la formamos en su movimiento, encontramos sus manos que nos abrazan, nos estrechan fuerte, porque no nos quieren dejar más.  Si la formamos en los pasos, nos siguen por doquier.  Qué bella compañía; quien vive en nuestra Voluntad no hay peligro de que nos deje jamás solos, ambos somos inseparables.  Por eso el vivir en nuestro Querer es el prodigio de los prodigios, donde hacemos desahogo de nuestras tantas Vidas Divinas, hacemos conocer quienes somos, lo que podemos hacer, y ponemos a la criatura en orden con Nosotros, tal como la creamos, porque tú debes saber que estas nuestras Vidas llevan Consigo mares de luz, de amor, mares de sabiduría, de belleza, de bondad, que invisten a la criatura para hacerla poseer la luz que siempre crece, el amor que jamás se apaga, la sabiduría que siempre comprende, la belleza que siempre se embellece de más.  Por eso amamos tanto que la criatura viva en nuestro Querer, porque queremos dar, queremos que nos comprenda, queremos poblar todos sus actos humanos con nuestras Vidas Divinas, no queremos estar encerrados, reprimidos en nuestro cerco divino.  Poder dar y no dar, cuánto nos duele, y hasta en tanto que la criatura no viva en nuestro Querer, ella será siempre la ignorante de nuestro Ser Supremo, incapaz de aprender ni siquiera las vocales de cuanto la amamos y de cuanto le podemos dar, serán siempre los hijos desemejantes de Nosotros, que tal vez ni siquiera nos conozcan, hijos desemejantes de su Padre”.

 

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36-27

Agosto 28, 1938

 

Un acto en la Divina Voluntad contiene todo, puede amar

por todos.  Cómo todos corren en este acto.  Cada acto

hecho en la Divina Voluntad es un día que se adquiere.

 

(1) Continúo navegando el mar del Querer Divino, en el cual me parece que todo es mío, luz, santidad, amor, siento que por todas partes me asaltan, porque quieren darse a mí.  Y mi dulce Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija mía, no te maravilles, en cuanto la criatura entra en mi Voluntad, todos los seres creados sienten una fuerza irresistible de correr hacia quien está obrando en Ella, porque mi Voluntad para obrar quiere el cortejo de todas sus obras, primero porque es inseparable de todo lo que ha hecho; y segundo, porque al obrar, todo y todos deben tomar parte en lo que hace, para que Ella pueda decir con los hechos:  ‘Mi acto es de todos, se eleva al Cielo y hace felices a todas las regiones Celestiales, desciende a lo más bajo de la tierra y se hace paso, obra, palabra y corazón de todos’.  Si no concentrase todo y a todos en mi acto, faltaría la fuerza comunicativa para que todos puedan recibir mi acto lleno de vida, que con un solo acto puede dar vida a todos, sostener y hacer felices a todos, hacer bien a todos.  Por eso cuando Yo obro, todas las cosas que han salido de Mí corren, se encierran en mi acto para recibir la nueva vida, la nueva belleza, la nueva felicidad, y todas se sienten honradas y glorificadas en mi acto.  He aquí el por qué cuando la criatura entra en mi Voluntad y Ella está por obrar, por amar, ninguno quiere ponerse a un lado, todos corren, corre la Trinidad Sacrosanta, la Virgen Reina, más bien quieren el primado en aquel acto, y después todo y todos, menos aquél que ingrato, no conociendo un bien tan grande no lo quiera recibir, por lo tanto, en un acto en mi Voluntad puede haber tantos prodigios, que a la criatura le resulta difícil el poderlos decir todos.  Ahora, tú debes saber que esta criatura que obra en mi Voluntad hace todo lo que deberían hacer todas las otras criaturas:  Si piensa en mi Voluntad, Ella circula en cada pensamiento de criatura, y la criatura estando en mi Voluntad circula junto con Ella y me da el homenaje, el amor, la gloria, la adoración de cada uno de los pensamientos de las criaturas; las criaturas no saben nada de esto, pero Yo que estoy al día de todo, recibo la gloria de todas las mentes creadas.  Si habla en mi Voluntad, como la mía es voz de cada una de las palabras, me siento dar la gloria, el amor de cada palabra.  Si camina en mi Fiat, siendo paso de cada pie, me da el amor, la gloria de cada paso, y así de todas las otras cosas, pero las criaturas no saben nada, de que por medio de quien vive en mi Querer Yo recibo el amor, la gloria que deberían darme, son secretos que existen entre Yo y entre quien vive en mi Querer.  Pero hay más aún, llega a darme la gloria, el amor que deberían darme las almas perdidas.  La virtud comunicativa de mi Fiat llega a todo y a todos, da todo y se hace tener todo.  Quien todo hace y da, tiene derecho sobre todo, y derecho de recibir, pero para recibir todo, el alma debe vivir en nuestro Querer, unida por medio del aliento con Nosotros, debe querer lo que queremos Nosotros.  Esto hizo mi Voluntad en mi Humanidad, que en un solo acto que hacía se sentía amada, glorificada, recibía la satisfacción por todos; lo hizo en la Reina del Cielo, porque si no hubiese encontrado en sus actos el amor que amaba por todos, la gloria, la satisfacción por todos, entonces Yo, Verbo Eterno, no habría encontrado el camino para descender del Cielo a la tierra.  Por eso, un acto en mi Voluntad puede darme todo, amarme por todos, y puede hacerme hacer los excesos más grandes de amor y de obras hacia las criaturas.  Y es tanto mi contento cuando en mi Querer la encuentro que me ama en los pasos de todos, en los pensamientos, en las palabras, que en mi énfasis de amor le digo:  Estás haciendo lo que hice Yo, así que te llamo eco mío, amor mío, pequeña repetidora de mi Vida”.

(3) Era tanta la plenitud de su amor mientras esto decía, que ha hecho silencio, y después ha continuado:

(4) “Hija mía bendita, cada acto hecho por la criatura en mi Divina Voluntad es un día para ella, día pleno de felicidad y de todos los bienes, y si hace diez, veinte actos, tantos días adquiere.  Ahora, en estos días toma el Cielo como suyo, y como está aún sobre la tierra, toma el sol, el viento, el aire, el mar como suyo, y su naturaleza toma las más bellas flores para adornarse y embellecerse, pero flores que no se marchitan jamás, y ¡oh! que bella llegada hará cuando llegue a nuestra patria celestial, por cuantos actos haya hecho en mi Querer, tantos días poseerá, cada uno tendrá su sol distinto, su cielo azul adornado de estrellas, su mar que murmura amor, su viento que silba, que aúlla, que gime y sopla amor impetuoso, amor que impera; no faltarán ni siquiera las más bellas flores, una distinta de la otra por cuantos actos haya hecho en mi Voluntad, nada faltará de bello y de bueno a quien ha vivido en mi eterno Fiat”.

(5) Después continuaba girando en los actos de la Divina Voluntad, y mi pobre mente se perdía en el encanto de la Creación; cuántas maravillosas sorpresas, cuántos secretos de amor hay en ella, y además, la obra más bella, la creación del hombre.  Y mi dulce Jesús me ha dicho:

(6) “Hija mía, la creación de los seres y la creación del hombre, puedo llamarlas mis dos brazos, porque ‘ab eterno’ estaban en la Divinidad, y al hacerlas salir no las separé de Mí, sino que las retuve como miembros míos en los cuales hacía correr la vida, el movimiento, la fuerza, la virtud creante y conservante continua.  El brazo de la creación de los seres sirve al brazo de la creación del hombre, pero en aquel brazo era Yo mismo que debía servir al hombre y lo sirvo todavía:  Ahora como luz, ahora como viento, ahora como aire para hacerlo respirar, ahora como agua para quitarle la sed, ahora como alimento para alimentarlo, y hasta como tierra para hacerle gozar las más bellas florescencias y abundancia de los frutos.  En este brazo me ponía al servicio del hombre, mi amor no me dejaba ocuparme de nada, corría a él por medio de las cosas creadas, llevándolo como en brazos para que todas las cosas le llevasen alegría y felicidad; en este brazo encuentra todas las cosas tal como las hice salir, no se ha perdido ni siquiera una gotita de luz, ni de agua, nada se ha cambiado, todo lo que salió está en su puesto de honor dándome la gloria de mi eterno amor, y le revelan Quién es Aquél que las ha creado, revelan mi potencia, mi luz inaccesible, mi belleza insuperable, cada cosa creada es una historia de mi eterno amor, y dicen cuánto amo a aquél por el cual todas las cosas fueron creadas.

(7) Ahora, de la creación de los seres pasé a la creación del hombre, ¡cuánto amor al crearlo!  Nuestro Ser Divino hacía correr amor, y al formarlo corría nuestro amor e investía cada una de las fibras de su corazón, cada pequeña partícula de sus huesos, extendíamos nuestro amor en sus nervios, hacíamos correr en su sangre nuestro amor, investíamos sus pasos, su movimiento, su voz, su latido, cada uno de sus pensamientos con nuestro amor.  Cuando nuestro amor lo modeló, lo formó, lo llenó tanto de nuestro amor, de modo que en cada cosa, aun en su respiro debía darnos amor, así como Nosotros lo amábamos en todo.  Nuestro amor llegó al exceso de infundir en él su aliento para dejarle nuestro aliento de amor; luego, por cumplimiento y corona creamos nuestra imagen en su alma, dotándola de las tres potencias:  Memoria, inteligencia y voluntad, quedándonos en él como nuestro portador.  Así que el hombre está unido a Nosotros como miembro, y Nosotros estamos en él como en una habitación nuestra; ¿pero cuánto dolor no encontramos en él?  Nuestro amor no está en vigor; nuestra Imagen está, pero no se reconoce; nuestra habitación está llena de enemigos que nos ofenden; podemos decir que ha cambiado nuestra suerte y la suya, ha puesto de cabeza nuestros designios sobre de él, y no hace otra cosa que llevar dolor a nuestro brazo que continúa amándolo y dándole vida.  Ahora hija mía, nuestro amor quiere llegar a los excesos más grandes, quiere salvar nuestro brazo, que es el hombre, a cualquier costo quiere reordenarlo, seremos obligados por nuestro amor a darle de nuevo nuestro aliento, para expulsar a sus y nuestros enemigos, lo cubriremos de nuevo con nuestro amor, y haremos entrar en él la Vida de nuestra Voluntad.  No conviene ni a nuestra majestad ni a nuestra santidad, potencia y sabiduría, que en nuestra obra creadora haya este desorden que nos deshonra tanto, ¡ah, no, triunfaremos sobre el hombre, y la señal más cierta es que estamos manifestando los prodigios de nuestro Querer y cómo se vive en Él!  Si no hiciéramos esto estaría en entredicho nuestra potencia, como si fuésemos impotentes para salvar nuestra obra, nuestro mismo brazo, lo que no puede ser, sería como si no pudiésemos hacer lo que queremos.  ¡Ah, no, no, nuestro amor y nuestra Voluntad vencerán y triunfarán sobre todo!”

 

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36-28

Septiembre 5, 1938

 

La voluntad humana, cruz de la Divina, y la Divina, cruz de la humana.

Cómo en el Querer Divino las cosas cambian, las desemejanzas no existen.

Cómo Jesús suple a todo lo que puede faltar a quien vive en su Querer.

 

(1) Siento la Vida del Fiat Divino en mi alma, la Cual quiere ser mi movimiento, mi respiro y latido, quiere tal unión con la voluntad humana, que ésta en nada se debe oponer a lo que quiere hacer, de otra manera se lamenta, se aflige y se siente puesta en la cruz por el querer humano.  Mientras estaba en esto, mi amado Jesús repitiéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, cuánto sufre mi Voluntad en la criatura, basta decirte que cada vez que la criatura hace su voluntad, pone en la cruz a la mía, así que la cruz de mi Voluntad es el querer humano, pero no con tres clavos como Yo fui crucificado sobre la cruz, sino con tantos clavos por cuantas veces se opone a la mía, por cuantas veces no es reconocida, y mientras quiere hacer el bien es rechazada con los clavos de la ingratitud.  ¡Cómo es desgarradora esta crucifixión de mi Voluntad en la criatura!  Cuántas veces se siente poner los clavos a su respiro, a su latido, a su movimiento, porque no siendo conocida, y que Ella es vida del respiro, del latido y del movimiento, entonces el respiro, el latido y el movimiento humanos le sirven de clavos que le impiden desarrollar en ellos el bien que quiere.  ¡Oh, cómo se siente poner en la cruz por el querer humano!  Ella con su movimiento divino quiere hacer despuntar el día en el movimiento humano, y la criatura pone en la cruz al movimiento divino, y con su movimiento hace despuntar la noche y pone en la cruz a la luz; ¡cómo se duele mi luz al verse reprimida, crucificada, puesta en un estado de inhabilidad por el querer humano!  Mi Voluntad con su respiro quiere hacer respirar al respiro de la criatura para darle la vida de su santidad, de su fuerza, y la criatura con no recibirla le pone el clavo del pecado, de sus pasiones y debilidades; pobre de mi Voluntad, en qué estado de dolor y de continua crucifixión se encuentra en el querer humano, éste no hace otra cosa que poner en la cruz a nuestro amor, y todos los bienes que queremos darle son llenados con sus clavos.  Sólo quien vive en mi Voluntad no la pone en la cruz, más bien puedo decir que Yo formo su cruz, pero es muy diferente su cruz de la mía, mi Querer sabe poner clavos de luz, de santidad, de amor, para volverla fuerte con nuestra misma fuerza divina, estos clavos no dan dolor, más bien la vuelven feliz, bella, con una belleza encantadora, y son portadores de grandes conquistas; y quien los ha probado, es tanta la felicidad que siente, que nos ruega, nos suplica que la tengamos siempre en la cruz con nuestros clavos divinos.  Esto no puede cambiar, si las dos voluntades, humana y Divina no están unidas, la suya formará nuestra cruz, y la nuestra la suya.  Es más, es tanto nuestro amor y nuestro celo, que no le dejamos libre ni siquiera un respiro sin nuestro clavo de luz y de amor para tenerla siempre con Nosotros, para poder decir:  Lo que hacemos Nosotros hace ella, y quiere lo que Nosotros queremos”.

(3) Tú debes saber que en cuanto la criatura entra en nuestro Querer, todo se transforma, las tinieblas se cambian en luz, la debilidad en fuerza, la pobreza en riqueza, las pasiones en virtud, sucede tal mutación que no se reconoce más aquélla de antes, su estado no es más de vilísima esclava, sino de noble reina, nuestro Ser Divino la ama tanto, que corre en sus actos para hacer lo que ella hace, y como nuestro movimiento es continuo, nos movemos y la amamos, nos movemos y la abrazamos; nuestro movimiento se mueve y la besa, la vuelve más bella, la santifica de más, en cada movimiento le damos de lo nuestro, y en el énfasis de nuestro amor le hablamos de nuestro Ente Supremo, nos hacemos conocer quienes somos y cuánto la amamos, hay tal identificación entre ella y Nosotros, siendo una nuestra Voluntad con la suya, que la sentimos en nuestro movimiento divino, y haciendo suyo lo que es nuestro nos ama con nuestro amor, nos da nuestra luz inaccesible para glorificarnos, nuestra santidad para alabarnos y decirnos:  ‘Santo, Santo, tres veces Santo eres Tú, Tú encierras todo, eres todo’.  Cómo es bello ver a la pequeñez humana en nuestro Querer, que tiene en su poder todo nuestro Ser Divino para dárnoslo nuevamente a Nosotros para amarnos y glorificarnos como Nosotros queremos y justamente merecemos.  En nuestro Querer las partes se hacen iguales, las desemejanzas desaparecen, nuestra unidad une todo y a todos, y vuelve uno solo el acto de todos, para hacerse acto de todos”.

(4) Al oír esto comprendía la santidad, la belleza, la grandeza del vivir en el Querer Divino, y pensaba entre mí:  “Me parece difícil el vivir en Él; ¿cómo puede la criatura llegar a tanto?  Las debilidades humanas, las circunstancias de la vida muchas veces demasiado dolorosas, los encuentros inesperados, las tantas dificultades que no se sabe ni siquiera cómo hacer, ¿no desvían a la pobre criatura de un vivir tan santo, en el cual se necesita suma atención?”  Y mi dulce Jesús retomando su palabra, con una ternura indecible,  que hacía rompérseme el corazón ha agregado:

(5) “Mi pequeña hija de mi Querer, es tanto mi interés, mi suspiro continuo por querer que la criatura viva en mi Querer, que cuando hemos tomado el acuerdo Yo y ella, con decisión firme de que debe vivir en mi Fiat, siendo ésta mi Voluntad, el primero en hacer el sacrificio soy Yo, para obtener el intento de que pueda vivir en Él me pongo a su disposición, le doy todas las gracias, luz, amor, conocimientos de mi misma Voluntad, de modo que ella misma debe sentir la necesidad de vivir en Ella.  Cuando Yo quiero una cosa y ella con prontitud acepta hacer lo que Yo quiero, soy Yo el que piensa en todo, y cuando por debilidad, por las circunstancias, no lo hace, no por voluntad o negligencia, Yo llego a suplir y hago lo que ella debía hacer, y le cedo lo que he hecho como si lo hubiese hecho ella.  Hija mía, el vivir en mi Querer es vida que debo formar, no es virtud, y la vida tiene necesidad de movimiento y de actos continuos; si esto no fuese no sería más vida, a lo más podría ser obra, que no tiene necesidad de actos continuos, pero no vida; por eso, cuando por indisposición involuntaria, por debilidad, no hace lo que Yo quiero, no interrumpo la vida, sino que la continúo, y tal vez en esas mismas indisposiciones está también mi Voluntad que permite esas debilidades, pues la voluntad de la criatura corre ya en la mía, y además, entre todo esto miro el acuerdo que hemos tomado juntos, la firme decisión hecha, de la cual no ha habido ninguna otra decisión en contra, y en vista de esto continúo el empeño de suplirla en lo que le falta; es más, le duplico las gracias, la circundo de nuevo amor, de nuevas estratagemas amorosas, para hacerla estar más atenta, y le suscito en el corazón una necesidad extrema de vivir en mi Voluntad.  Esta necesidad le sirve, porque conforme siente las debilidades, así se lanza en los brazos de mi Voluntad, y le ruega que la tenga tan estrechada, a fin de que pueda vivir siempre junto con Ella”.

 

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36-29

Septiembre 11, 1938

 

Un acto cumplido de Divina Voluntad es todo.  Jesús hace crecer su Vida en quien

vive en Ella.  Estado horrible de Dios en quien vive de voluntad humana.  Cada vez

que se entra en el Divino Querer, tantas veces se renuevan las obras de Dios.

 

(1) Siento que el mar del Querer Divino murmura siempre dentro y fuera de mí, y muy frecuentemente forma sus olas altísimas y me inunda tanto, que la siento más que vida propia; ¡oh!  Voluntad Divina, cuánto me amas, que quieres darte siempre, sin cesar jamás, para formar tu Vida en mi pobre alma, y es tanto tu amor, que llega hasta circundarme de luz, de amor, de suspiros para obtener tu intento.  Y mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, en nuestra Voluntad cumplida viene encerrada toda la gloria que la criatura nos puede dar, el amor con el cual debemos amarla, y el amor con el cual ella nos debe amar.  Así que en un acto de nuestra Voluntad cumplida podemos decir que hemos hecho todo, todo hemos dado, aun a Nosotros mismos, y todo hemos recibido, porque con el vivir en Ella todo damos, y todo toma, y todo nos puede dar; en cambio, si no vive en nuestro Querer, si nuestra Voluntad no es cumplida, no podemos dar todo, será incapaz de recibir nuestro amor, ni ella tendrá capacidad de amarnos cuanto Nosotros queremos ser amados.  Nosotros no estamos contentos con dar de lo nuestro en pequeñas porciones, como si fuésemos pobres, dar a mitades nuestras cosas no nos agrada, poder dar y no dar es siempre un dolor para Nosotros, nuestro amor queda reprimido y nos hace dar en delirio.  He aquí por qué queremos al alma viviendo en nuestro Querer Divino, porque queremos dar todo y siempre, sin cesar jamás de dar, nuestro Ser Divino no se agota jamás, por cuanto más damos tanto más podemos dar, y el dar para Nosotros es alivio, es felicidad, es desahogo de amor y comunicación de Vida nuestra que hacemos; y es tanto mi amor, que me estoy en el alma para hacerme crecer a Mí mismo en ella.  Ahora, debiendo hacerme crecer Yo mismo, la vigilo continuamente, a fin de que lo que haga sirva para hacer crecer mi Vida en ella, dispongo de sus actos, de su amor, quién para formar mis miembros, quién mi corazón, quién el alimento para alimentarme, quién los vestidos para cubrirme y calentarme.  Estoy siempre en actitud para unificar su movimiento al mío, su respiro al mío, para encontrar su movimiento en el mío, y su respiro como si fuese movimiento y respiro míos; no dejo que se me escape nada de lo que hace, piensa, habla, obra, sufre, porque debe servirme a Mí mismo para hacer crecer mi Vida en ella.  Por lo tanto estoy siempre en actitud, jamás me doy reposo, y ¡oh! cómo estoy contento por esto, cómo me siento feliz de estar siempre ocupado en mi trabajo de hacerme crecer a Mí mismo en ella.  No hice a la criatura para que quedase aislada, absolutamente no, era obra mía y por lo tanto debía desarrollar mi trabajo para formar una obra digna de Mí, por eso, si no vive en mi Voluntad no encuentro la materia prima para formar y hacer crecer mi Vida, vivimos como lejanos, como aislados, y la soledad me aflige, el silencio me pesa, y con no poder desarrollar mi trabajo doy en delirios de amor y me siento volver el Dios infeliz por parte de las criaturas.  Por eso hija mía, sé atenta, vive siempre en mi Voluntad, préstame tus actos para que me hagas trabajar, para no tenerme en ti como un Dios que no puede ni sabe hacer nada, mientras que tengo que hacer el trabajo más grande, como es el de formar y hacer crecer mi Vida, la cual será tan bella que formará el dulce encanto a toda la corte celestial; en cambio en quien no vive en nuestra Voluntad, nuestro estado es horrible, nuestra Vida queda como estrangulada, rota, dividida por la voluntad humana, sus actos no pueden servir para formar y hacer crecer nuestra Vida, más bien sirven para despedazarla, de modo que, dónde se ve un pie nuestro, dónde una mano, dónde un ojo.  Cómo nos da compasión vernos tan destrozados, porque solamente nuestra Voluntad es unidad, y donde Ella reina, de tantos actos forma uno solo para formar una sola Vida, en cambio la voluntad humana no hace otra cosa que actos separados entre ellos, que no tienen virtud de unirse, más bien ponen en pedazos nuestra Vida Divina en ellos.  No hay cosa más horrible, escena que haría llorar aun a las piedras, que ver en el alma que hace su voluntad el modo desgarrador como reduce nuestra Vida en ella, sus actos indignos que descienden del origen de su creación, disímiles de su Creador, forman el cuchillo para hacer pedazos nuestra Vida Divina.  Cómo nos aflige, cómo nuestra obra creadora queda deformada, deshonrada, y nuestra finalidad de la Creación destruida.  ¡Ah! si fuésemos capaces de sentir dolor, la voluntad humana amargaría el océano de nuestras alegrías y felicidad inmensas”.

(3) Después estaba siguiendo todo lo que ha hecho la Divina Voluntad, tanto en la Creación como en la Redención, y todo encontraba en acto, como si todo se quisiera dar a mí, y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, todo lo que ha sido hecho por nuestro Ente Supremo está todo en acto, como si lo estuviésemos haciendo por amor de las criaturas, porque todas nuestra obras fueron hechas para ellas.  Ahora, la criatura que entra en nuestro Querer Divino las encuentra todas, y todas quieren darse a ella, y ella al verse tan amada las hace suyas, las ama y nos ama por tantos dones que le hacemos, y en cada don que le hacemos quisiera darnos la correspondencia de su vida, por gratitud y reconocimiento, y para agradecernos por los tantos dones que le hemos dado.  Por lo tanto siente que le ha sido dado el don del sol, del cielo estrellado, del mar, del viento, de toda la Creación; siente que le ha sido donado mi nacimiento, mis lágrimas, mis obras, mis pasos, mis penas, mi amor con el cual la amé y la amo, y ¡oh! cómo se siente feliz, y haciendo suyas todas nuestras obras y mi misma Vida, nos ama en el sol con el mismo amor con el cual lo creé, y así en todas las otras cosas; me ama en mi nacimiento, en mis lágrimas, en mis pasos, en mis penas, en todo, y ¡oh, cómo nos hace felices y nos glorifica!  Es tanto nuestro contento, que nos da la ocasión de poder renovar nuestras obras como si de nuevo las hiciéramos, así que nuestro amor se desborda de Nosotros e inviste todo con nuevo amor, se duplica, nuestra potencia para sostener todo, nuestra sabiduría que ordena toda nuestra obra creadora corre en toda la Creación y Redención para decir a la criatura:  ‘Todo es tuyo, y cada vez que entras en nuestro Querer los reconoces y los haces tuyos todos estos dones, nos das la ocasión y la gloria como si repitiésemos de nuevo todo lo que hemos hecho por amor de las criaturas’.  Nuestra Voluntad es la repetidora de todas nuestras obras, las repite, las renueva siempre, en cada instante, cada vez que la criatura las quiere recibir, y mientras se dan quedan en su puesto, se dan y quedan, y con el darse no pierden nada, más bien quedan más glorificadas, por eso, sé atenta a vivir siempre en nuestro Querer”.

 

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36-30

Septiembre 18, 1938

 

Cómo Jesús en nuestras penas se siente repetir las suyas.

Jesús no se aparta jamás de sus obras y del amarnos.

Ejemplo de la flor para quien no vive en el Querer Divino.

 

(1) Estoy en el mar del Querer Divino entre inmensas amarguras y humillaciones de las más humillantes, y como una pobre condenada. [2]  Si no fuera porque mi Jesús se hace mi sostén, fuerza y ayuda, no sé cómo podría vivir, y mi dulce Jesús tomando parte en mis penas, sufría junto conmigo, y en el ímpetu de su dolor y amor me ha dicho:

(2) “Hija mía amada, si tú supieras cuánto sufro, si Yo te lo hiciera ver te morirías de pena.  Estoy obligado a esconder todo, todo el desgarro y crudeza de la pena que siento para no afligirte de más.  Debes saber que no es a ti a quien han condenado, sino a Mí junto contigo, siento de nuevo mi condena, cuando se condena el bien es condenarme a Mí mismo.  Tú, sin embargo, une en mi Querer mi condena y la tuya a aquélla que sufrí cuando fui crucificado, y te daré el mérito de mi condena y todos los bienes que ella produjo:  Me hizo morir, llamó a vida mi resurrección en la cual todos debían encontrar la vida, y la resurrección de todos los bienes.  Con su condena creen hacer morir lo que he dicho sobre mi Divina Voluntad, en vez de esto permitiré tales flagelos, incidentes tristes, que haré resurgir mis verdades más bellas, más majestuosas en medio de los pueblos.  Por eso, por parte mía y tuya no nos apartemos en nada, sigamos haciendo lo que hemos hecho, aunque todos se pongan en contra.  Éste es mi modo divino de obrar, que por cuantos males hagan las criaturas no aparto jamás mis obras, las conservo siempre con mi potencia y virtud creadora por amor de quien me ofende, las amo siempre, sin cesar jamás.  Con no apartarnos nunca, nuestras obras son cumplidas, quedan siempre bellas, hacen bien a todos; si nos apartáramos, todas las cosas irían a la ruina, ningún bien se podría cumplir.  Así que también en esto te quiero junto Conmigo, siempre firme, sin apartarte jamás de dentro de mi Voluntad, y hacer lo que has hecho hasta ahora, atenta a escucharme para ser la narradora de mi Voluntad.

(3) Hija mía, lo que no aprovecha hoy aprovechará mañana, lo que ahora parece tinieblas porque encuentra mentes ciegas, mañana, para otros que tienen ojos se cambiarán en sol, y cuánto bien harán.  Por eso continuemos lo que hemos hecho, hagamos por parte nuestra lo que se necesita, a fin de que nada falte de ayuda, de luz, de bien, de verdades sorprendentes, para que sea conocida mi Voluntad y reine.  Yo me serviré de todos los medios, de amor, de gracias, de castigos, tocaré por todos los lados de las criaturas para hacer reinar mi Voluntad, y cuando parezca como si el verdadero bien debiese morir, resurgirá más bello y majestuoso”.

(4) Mientras esto decía, me hacía ver un mar de fuego en el cual estaba por ser envuelto el mundo entero; yo he quedado sacudida, y mi amable Jesús atrayéndome hacia Él, me ha dicho:

(5) “Hija mía bendita, ánimo, no tengas miedo, ven en mi Divina Voluntad a fin de que su luz te quite la triste visión en la cual corre el mundo, y hablándote de mi Querer mitiguemos las penas que desdichadamente los dos sufrimos.  Escucha cómo es bello el vivir en mi Querer:  Lo que hago Yo, hace ella; conforme escucha que le digo te amo, ella pronto me repite te amo, y Yo al sentirme amado la transformo tanto en Mí, que con una sola voz decimos:  ‘Amamos a todos, hacemos bien a todos, damos vida a todos’.  Si bendigo bendecimos juntos, adoramos, glorificamos juntos, corremos juntos en ayuda de todos, y si me ofenden sufriremos juntos, y ¡oh, cómo estoy contento al ver que una criatura no me deja jamás solo!  ¡Cómo es bella la compañía de quien quiere lo que quiero y hace lo que hago!  La unión hace surgir la felicidad, el heroísmo en el hacer el bien, la tolerancia en el soportar, mucho más que es una criatura humana, que pertenece a la familia humana que no hace otra cosa que mandarme clavos, espinas y penas; y Yo, encontrando en esta criatura mi escondite y mi deseada compañía, conociendo que ella se disgustaría si Yo los castigase como merecen, para no disgustarla me abstengo de hacerlo.  Por eso no me dejes jamás solo, la soledad es una de las penas más duras e íntimas de mi corazón; el no tener a quién decirle una palabra, tanto en las penas como en las alegrías, me hace llegar a tal delirio de dolor y de amor, que si tú los pudieses sentir morirías de puro dolor.  Y es exactamente esto el no vivir en mi Voluntad:  El dejarme solo.  El querer humano aleja a la criatura de su Creador, y conforme se aleja huye la paz y toman su puesto las turbaciones que la atormentan, la fuerza se debilita, la belleza se decolora, el bien muere y surge el mal, las pasiones le hacen compañía.  ¡Pobre criatura sin mi Voluntad, en qué abismo de miserias y de tinieblas se arroja!  Le sucede como a la flor que no es regada, ésta siente que pierde la vida, se decolora, declina sobre su tallo para esperar la muerte, y si el sol la inviste, no encontrándola regada la quema y la termina de secar.  Así es el alma sin mi Voluntad, es como flor sin agua, mis mismas verdades, que son más que espléndido sol, no encontrándola regada por la Vida de mi Voluntad, la queman de más, la ciegan y se vuelve incapaz de comprenderlas y de recibir el bien, la vida que poseen, y llegan a tal exceso, que hacen la guerra al bien y a mis mismas verdades, portadoras de vida a las criaturas.  Por eso siempre en mi Voluntad te quiero, a fin de que ni tú ni Yo suframos la dura pena de la soledad”.

 

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36-31

Septiembre 27, 1938

 

El mar, símbolo de la Divina Voluntad.  Cómo junto a las penas de

Jesús corrían mares de alegrías.  Potencia de las penas inocentes.

Las verdades manifestadas son nueva Creación.

 

(1) Estoy siempre en el mar del Querer Divino, y mis penas y amarguras indecibles las hago correr en Él, a fin de que queden investidas por su fuerza divina, y se cambien en luz para mí y para todos.  Y mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, así como el mar da lugar a todas las cosas que se sumergen dentro de él, tanto, que da el lugar a los peces y los tiene abismados en sus aguas, dándoles todo lo que se necesita para tenerlos con vida; los peces son los más afortunados, los más ricos, que nada les falta porque viven siempre en el mar, ¡oh! si los peces salieran del mar terminaría su vida.  El mar recibe todo, se presta a todos, baña todo y a todos, y esconde a todos en sus aguas.  Si el navegante quiere atravesar el mar e ir a diversas regiones, el agua del mar recibe la nave, se hace camino, lo acompaña, no lo deja jamás, hasta que llega a su destino; todos pueden encontrar puesto en el mar.  Así es mi Voluntad, todos pueden encontrar su puesto en Ella, y con amor indecible se hace vida de cada uno, se hace camino para conducirlos, luz para hacer huir las tinieblas de la vida, fuerza para sostenerlos, no los deja jamás solos, lo que hacen ellos, lo quiere hacer Ella junto con ellos.  ¡Oh, cómo se aflige cuando ve a su criatura fuera de su mar, porque la ve fea, sucia, tan disímil que le da repugnancia.  Por lo tanto, los más afortunados son aquellos que viven en mi Querer, son llevados en el seno de sus olas, y a condición de que vivan en Él, Él pensará en todo lo que se necesita para su bien”.

(3) Después de esto seguía a mi dulce Jesús en sus penas, y unía las mías a las suyas para recibir la fuerza de sus penas para sostener las mías, porque me sentía como aplastada; y mi amado Jesús ha agregado con una ternura indecible:

(4) “Hija mía bendita, Yo sufrí penas inauditas, pero junto a estas mis penas corrían mares de alegrías, de gozos sin fin; veía el bien que debían producir, veía encerradas en ellas a las almas que debían salvarse, y mis penas como estaban preñadas de amor, con su calor maduraban las santidades más bellas, las conversiones más difíciles, las gracias más sorprendentes.  Y Yo sentía en mis penas dolores acerbísimos que me daban la muerte más despiadada y cruel, y al mismo tiempo sentía mares de alegrías que me sostenían y me daban la vida.  Si no hubiera estado sostenido por los gozos que mis penas contenían, Yo habría muerto a la primera pena que sufrí, tan grande era el desgarro y la amargura, no habría podido continuar con vida.  Ahora, tus penas no sólo son similares a las mías, sino que puedo decir que tus penas son mías, y si tú supieras cuanto sufro por ellas; siento la crudeza, el desgarro que me amarga hasta el fondo del corazón, pero también en estas penas veo correr los mares de gozos que harán resurgir a mi Voluntad bella y majestuosa en medio de las criaturas.  Tú no sabes qué cosa es una pena inocente sufrida por causa mía, es tal su potencia, que los Cielos quedan atónitos y todos quieren la satisfacción, el bien de una pena inocente sufrida; ella puede formar con su potencia mares de gracias, de luz, de amor para bien de todos, si no fuese por estas penas inocentes que sostienen mi justicia, mandaría a la ruina a todo el mundo entero, por eso, ánimo, no te abatas hija mía, fíate de Mí y Yo pensaré en todo y en defender los derechos de mi Voluntad para hacerla reinar.

(5) Todo lo que he dicho sobre mi Voluntad, puedo decir que es una nueva Creación, más bella, más variada, más majestuosa que la misma Creación que ven todos, es más, ¡oh! cómo ésta queda atrás; y así como le es imposible al hombre el destruirla, sofocar la luz del sol, impedir la impetuosidad del viento, el aire que todos respiran, y de todas las cosas hacer ruina, así también no pueden sofocar, mucho menos destruir nada de lo que he dicho con tanto amor sobre mi Divina Voluntad, porque lo que he dicho es una nueva Creación hablante, y cada verdad lleva la marca, el sello de nuestra Vida Divina.  Así que en las verdades que te he manifestado están los soles hablantes, los vientos que hablan y abaten en mi Querer, hasta poder asediar a la criatura con el imperio de su potencia; en estas verdades están mis variadas bellezas que raptarán a las criaturas, los mares de amor con los cuales serán continuamente inundadas, y que con su dulce murmullo vencerán los corazones y los llevarán a amarme.  En estas verdades he puesto todos los bienes posibles e imaginables, amor que vence, que rapta, que endulza, que sacude; no falta nada para dominar a la criatura y para hacer descender mi Voluntad con decoro y majestad junto con el ejército de mis verdades a reinar en medio de ellas.  Dañar esta mi nueva Creación, a la criatura no le será dado, Yo sabré defenderla y guardarla, y además hija mía, esta nueva Creación me cuesta el trabajo no de seis días, sino de cincuenta años y más, ¿cómo podré permitir que sea reprimida, que no tenga su vida y no salga a la luz?  Esto sería no tener potencia suficiente, lo que no puede ser; la sabré defender, no podrán tocar ni destruir una sola palabra mía, me cuesta demasiado, y cuando las cosas cuestan mucho se usan todos los medios, todas las artes, y se empeña aun la propia vida para obtener el intento.  Por eso hazme cumplir el trabajo de esta nueva Creación, no te preocupes por lo que dicen o hacen, es la acostumbrada volubilidad humana, que a un soplo de viento ven negro, y a otro soplo se quitan la venda y ven blanco.  Yo sabré arrollar a todos y hacer salir mis verdades como ejército aguerrido a dominar a las criaturas, se necesita paciencia, por parte mía y por parte tuya, y sin apartarnos jamás sigamos adelante”.

 

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36-32

Octubre 2, 1938

 

Es decreto divino que el reino de la Divina Voluntad debe venir sobre la tierra.

La Reina Celestial llora y ruega.  La Divina Voluntad es como la linfa a las plantas.

 

(1) Estoy siempre en el Querer Divino, si bien entre amarguras indecibles, como si quisieran volver turbio su mismo mar, pero este mar del Fiat forma sus olas, me cubre, me esconde dentro, me endulza las amarguras, me da nuevamente la fuerza y me hace continuar el camino en su Voluntad.  Su potencia es tanta, que reduce a la nada mis amarguras y hace resurgir de dentro de ellas su Vida llena de dulzura, toda bella y majestuosa, y yo la adoro, le agradezco, le ruego que no me deje jamás sola y abandonada.  Después, mi dulce Jesús, repitiéndome su breve visita me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, ánimo, si tú te abates perderás la fuerza de vivir siempre en mi Querer, no te preocupes por lo que dicen y hacen, toda nuestra victoria está en que no nos pueden impedir hacer lo que queremos; así que Yo puedo hablarte de mi Querer Divino, y tú puedes escucharme, ninguna potencia nos lo puede impedir.  Lo que Yo te digo acerca de mi Querer no es otra cosa que el desarrollo de nuestro decreto, hecho ‘ab eterno’ en el consistorio de nuestra Trinidad Sacrosanta, que nuestro Querer debe tener su reino sobre la tierra; y nuestros decretos son infalibles, nadie nos puede impedir que se lleven a cabo.  Así como fue decreto la Creación, la Redención, así es decreto nuestro el reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, por eso, para cumplir este nuestro decreto, Yo debía manifestar los bienes que hay en él, sus cualidades, sus bellezas y maravillas, he aquí la necesidad por la cual Yo debía hablarte tanto, para poder cumplir este decreto.  Hija, para llegar a esto Yo quería vencer al hombre por caminos de amor, pero la perfidia humana me lo impide, por eso usaré la justicia, barreré la tierra, quitaré a todas las criaturas nocivas, que como plantas venenosas envenenan las plantas inocentes.  Cuando haya purificado todo, mis verdades encontrarán el camino para dar a los sobrevivientes la Vida, el bálsamo, la paz que mis verdades contienen, y todos las recibirán, les darán el beso de paz, y para confusión de quien no las haya creído, más bien las ha condenado, reinará y tendré mi reino sobre la tierra:  ‘Que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra’.  Por eso te repito, no nos apartemos en nada, hagamos nuestro camino y cantaremos victoria, y ellos hagan su camino, en el cual encontrarán confusión y vergüenza de ellos mismos.  Les sucederá a ellos como a los ciegos que no creen en la luz del sol porque ellos no la ven, ellos quedarán en su ceguera y aquellos que la ven y creen gozarán, se llenarán de júbilo con los bienes de la luz, con sumo contento de ellos”.

(3) Jesús ha hecho silencio, y mi pobre mente ha quedado afligida por los tantos males espeluznantes de los cuales está investida, y será investida la tierra.  Mientras estaba en esto, se hacía ver la Soberana Reina con los ojos rojos y como ensangrentados por tanto que había llorado, ¡oh, qué amargura para el corazón ver llorar a mi Mamá Celestial!  Y Ella con su acento materno, y con una ternura indecible, llorando me ha dicho:

(4) “Hija mía amadísima, ruega junto Conmigo.  Cómo me duele el corazón al ver los flagelos en los cuales será envuelta la humanidad entera.  La volubilidad de los dirigentes que hoy dicen y mañana se desdicen, arrojará a los pueblos en un mar de dolores y también de sangre; ¡pobres hijos míos!  Ruega hija mía, no me dejes sola en mi dolor, y pon la intención de que tu dolor sea por el triunfo del reino de la Divina Voluntad”.

(5) Después seguía a la Divina Voluntad en sus actos, abandonándome toda en sus brazos, y mi dulce Jesús ha vuelto a decir:

(6) “Hija mía, conforme la criatura entra en nuestra Voluntad para hacerla suya, ella hace suya la nuestra, y Nosotros hacemos nuestra la suya, y en todo lo que hace, si ama, si adora, si obra, si sufre, si reza, nuestro Querer forma el germen divino en sus actos, y ¡oh! cómo crece bella, fresca, santa.  Nuestra Voluntad es como la linfa a las plantas, si hay linfa las plantas crecen bellas, son verdes, tupidas de hojas y producen frutos maduros, abundantes y sabrosos, si en cambio comienza a faltar la linfa, la pobre planta pierde lo verde, las hojas caen, no tiene virtud de producir sus bellos frutos, y termina por secarse, porque la linfa es como el alma de la planta, como los humores vitales que sostienen y hacen florecer la planta.  Así es el alma sin mi Voluntad, pierde el principio, la vida, el alma del bien, pierde la vegetación, la frescura, el vigor, se decolora, se afea, se debilita y termina con perder la semilla del bien.  Si tú supieras cuánta compasión me da un alma que vive sin mi Voluntad, podría llamarla:  ‘Mis escenas dolorosas de la Creación’.  Yo, que todas las cosas las creé con tal belleza y armonía, estoy obligado por la ingratitud humana a ver a mis más bellas criaturas que creé, pobres, débiles, cubiertas de llagas, de dar piedad.  No obstante, mi Voluntad está a disposición de todos, no se niega a ninguno, sólo quien la rechaza, quien ingrato no la quiere recibir, voluntariamente se priva  de Ella con sumo dolor nuestro”.

 

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36-33

Octubre 10, 1938

 

Primer campo de acción de Dios:  “La Creación.”

 

(1) Estoy siempre en el mar del Fiat Supremo, y es tanto su amor, que no pudiéndolo contener en Sí quiere hacer ver a su criatura las nuevas sorpresas  de su amor, quiere hacerle ver cuánto la ha amado y la ama, y si encuentra que la criatura lo ama, hará surgir nuevo amor, para hacerle tocar con la mano que su amor no se detiene jamás, y la amará siempre con nuevo y creciente amor.  Y mi siempre amable Jesús, repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Divina Voluntad, tú debes saber que nuestro primer campo de acción fue la Creación.  Ésta era un parto que ‘ab eterno’ teníamos en nuestro seno divino, y en cada cosa que debíamos sacar a la luz del día amábamos al hombre, porque sólo por él, porque lo amamos tanto, habíamos decretado el crear tantas cosas, hasta formarle el día de luz, la bóveda azul que no debía palidecer jamás, una tierra florida que debía servirle de piso, y además, la cosa más grande, la concentración de nuestro amor en cada cosa creada, que debía servirle como si fuera nuestro regazo, donde llevarlo en nuestros brazos para hacerlo feliz y darle vida continua.  Y ¿sabes por qué todos estos preparativos, hasta hacernos salir fuera de nuestro interior, como en un campo de acción, como al trabajo?  Por amor de quien debía hacer reinar a nuestra Voluntad en él.  A tanto trabajo nuestro queríamos nuestra utilidad, nuestro fin divino, que el hombre y todas las cosas creadas debían tener por vida, por régimen, por alimento, a nuestro Querer.  Este nuestro campo de acción dura todavía, nuestro amor corre con una velocidad increíble, porque no estamos sujetos a cambiar, somos ‘El Inmutable’, y lo que hacemos una vez, hacemos siempre.  Mucho más, que a pesar de este nuestro extenso campo de acción, de tanto trabajo, de tanto amor nuestro palpitante en cada cosa creada y en cada una de las fibras del hombre, nuestro fin no se ha realizado, esto es:  ‘Que nuestro Querer reine y domine en el corazón del hombre’.  ¿Podíamos Nosotros formar un campo de acción tan extenso, permanecer aun en el trabajo sin obtener nuestro objetivo?  Esto no será jamás.  Y el solo hecho de que la Creación existe aún, es la señal cierta de que el reino de mi Querer tendrá su vida y su pleno triunfo en medio de las criaturas.  Nosotros cosas inútiles no sabemos hacer, más bien, primero aseguramos con suma sabiduría el bien, el provecho, la gloria que debemos recibir, y después hacemos.

(3) Ahora quiero decirte otra sorpresa:  En cuanto la criatura entra en nuestro Querer para hacerlo reinar, Nosotros nos ponemos de nuevo en campo de acción, renovamos nuestro trabajo, y sólo para ella concentramos nuestro nuevo amor en cada cosa creada, y en nuestro énfasis de amor le decimos:  ‘Mira cuánto te amamos, que solamente por ti desarrollamos nuestro campo de acción, sólo por ti repetimos todas nuestras obras; pon atento el oído y escucharás en cada cosa nuestras nuevas notas de amor que te dicen cómo te amamos, cómo estás cubierta y escondida en nuestro amor, y ¡oh! los contentos, las alegrías que nos das, porque podemos repetir nuestro campo de acción por quien vive y no quiere conocer otra cosa que nuestra Voluntad’.  Ahora, toda la Creación, Nosotros mismos, encontrando en ella nuestro Querer, la reconocemos como hija nuestra; toda la Creación queda concentrada en ella, y ella en Nosotros, se vuelve inseparable de todas las cosas creadas, porque nuestro Querer le da el derecho sobre todo, y nuestro campo de acción encuentra su ganancia, la correspondencia a nuestro trabajo, el que ya una criatura viviendo en nuestro Querer trabaja junto con Nosotros, quiere hacer lo que hacemos Nosotros, nos quiere amar con igual amor,  porque siendo una la Voluntad que nos anima, no puede haber ni desemejanza ni disparidad.  Por eso no nos sentimos más aislados en el campo de la Creación, tenemos nuestra compañía, y esto es todo nuestro triunfo, nuestra victoria, y el más grande bien que podemos dar a las criaturas.  Mucho más que la Creación que la circunda por fuera, desenvolvemos nuestro campo de acción en el interior de su alma, y creamos en ella los soles más refulgentes, las estrellas más bellas, vientos que soplan amor continuo, mares de gracias y de belleza, aire divino y balsámico, y ella todo recibe y nos deja libres en nuestro campo de acción, verdadera Creación nuestra que no se opone en nada a lo que queríamos hacer; todas nuestras obras encuentran su puesto donde ponerse.  Así el alma que vive en nuestro Querer, podemos poner en ella todas nuestras obras más bellas, y nuestro Querer nos prepara el espacio donde ponerlas; así que nuestro campo de acción no termina jamás en quien vive en nuestro Fiat, por eso sé atenta a recibir lo que queremos hacer de ti”.

(4) Después de esto, ha agregado con un amor que no sé decir:

(5) “Hija mía, nuestro principal interés, nuestra atención más asidua, es sobre el alma que vive en nuestro Querer, somos todo ojos sobre de ella, nos parece que no sabemos, ni podemos hacer nada si no desenvolvemos sobre de ella nuestra virtud obrante y creadora.  Nuestro amor nos lleva a mirarla para ver qué cosa quiere hacer:  Si quiere amar, nuestra virtud creadora crea nuestro amor en el fondo del alma; si quiere conocernos, creamos nuestro conocimiento; si quiere ser santa, nuestra virtud creadora crea la santidad; en suma, en todo lo que la criatura quiere hacer, nuestra virtud creadora se presta para crear el bien que quiere, de manera que siente en sí la naturaleza, la vida del bien que quiere.  No podemos, ni queremos negar nada a quien vive en nuestro Querer, sería como negárselo a nuestro mismo Querer, esto es, negárnoslo a Nosotros mismos.  Sería demasiado duro no servirnos de nuestra virtud creadora para Nosotros mismos.  Mira entonces en qué punto tan alto, noble y sublime se encuentra quien vive en nuestro Querer, por eso sé atenta, no pongas atención en nada, sino solamente en vivir en Él, así sentirás nuestra virtud creadora y obrante”.

 

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36-34

Octubre 19, 1938

 

Quien vive abandonado en Dios, encuentra en Él su Paternidad,

el refugio, el escondite.  El Fiat, sostén y vida de toda la Creación.

Cómo Dios da la cuerda a quien quiere vivir en Él.

 

(1) Estoy entre los brazos del Querer Divino, si bien bajo la opresión de penas durísimas, tanto, de mover a piedad a todo el Cielo y hacerlo correr en mi ayuda para darme la fuerza en un estado tan doloroso.  Jesús mío, ayúdame, no me abandones, me siento sucumbir, cómo es duro mi estado.  Pero mientras esto decía, mi dulce Jesús, más que una ternísima madre me ha extendido los brazos estrechándome a Él, y uniendo sus lágrimas a las mías, todo bondad me ha dicho:

(2) “Pobre hija mía, tus penas son las mías y sufro junto contigo, por eso, ánimo, abandónate en Mí y encontrarás la fuerza a tus penas.  Quien se abandona en Mí crece como un niño cuidado por su mamá, la cual lo faja para hacerlo afirmar en sus miembros, lo alimenta con su leche, lo tiene entre sus brazos, lo besa, lo acaricia, y si llora, une sus lágrimas con las de su hijo, así que la mamá es la vida de su hijo.  ¡Oh! si el pequeño niño no tuviese a su mamá, cómo crecería mal, sin quien lo alimentara con su leche, sin fajas, sin quien lo calentara; crecería  enfermizo, débil, y solamente un milagro lo podría hacer vivir.  Así es el alma que vive abandonada en mis brazos, tiene a su Jesús que le hace más que de madre; la alimento con la leche de mis gracias; la fajo con la luz de mi Voluntad, a fin de que sea fortalecida y confirmada en el bien; la tengo estrechada a mi pecho, a fin de que no sienta otra cosa que mi amor y los latidos ardientes de mi corazón; la arrullo entre mis brazos; si llora, lloro junto con ella, de modo que siente más mi Vida que la suya, crece junto Conmigo y de ella hago lo que quiero.  En cambio quien no vive abandonada en Mí, vive en sí misma, aislada, sin leche, sin quien tome el cuidado de su existencia.  Quien vive abandonada en Mí encuentra su refugio en sus penas, el escondite donde esconderse para hacer que ninguno me la toque, y si quisieran tocarla sabré defenderla, porque quien toca a quien me ama, es más que si me tocase a Mí mismo, y Yo la escondo en Mí y confundo a aquellos que quieren golpear a quien me ama.  Y Yo amo tanto a quien vive abandonada en Mí, que hago de ella el más grande portento, que hace quedar maravillado a todo el Cielo, y así hago quedar confundidos a aquellos que creían golpearla para hacerla quedar cubierta de confusión y humillaciones.  Así que, a las tantas penas que sufrimos no agreguemos esta pena, que sería la más dolorosa, el no vivir tú abandonada en Mí y Yo en ti.  Hija mía, dejémoslos decir y hacer, con tal que no nos toquen nuestra unión, ni puede entrar ninguno en nuestros secretos, en los abismos de mi amor, ni impedirme lo que quiero hacer con mi criatura.  Vivamos de un solo Querer y todas las cosas estarán en su lugar entre Yo y tú”.

(3) Después ha agregado con amor aún más tierno:

(4) “Hija mía bendita, mi Fiat es el sostén de toda la Creación, todo se apoya sobre de Él, no hay cosa que no sea animada por su potencia, si no fuera por mi Fiat, todas las cosas, las mismas criaturas, no serían otra cosa que como tantos cuadros pintados, o como estatuas inanimadas, incapaces de generar, vegetar, o de producir ningún bien.  ¡Pobre Creación si no fuera por mi Voluntad!  No obstante no se quiere reconocer.  ¡Qué dolor, ser vida de todo y sentirnos sofocar en las mismas cosas creadas por Nosotros, y todo porque no nos conocen!  ¡Qué amargura!  Si no fuese por nuestro amor, y si fuésemos capaces de cambiar, retiraríamos nuestra Voluntad de todos y de todo, y todo se reduciría a la nada.  Pero como somos inmutables y sabemos con certeza que nuestra Voluntad será conocida, deseada, querida, amada, y que cada uno la tendrá más que vida propia, por eso con paciencia invencible, que sólo nuestra Divinidad puede tener y soportar, esperamos que sea reconocida, y esto con justicia y suma sabiduría nuestra, porque jamás hacemos cosas inútiles, si hacemos es porque queremos nuestra utilidad, esto es, obtener gloria, honor de todas nuestras obras, aun de la más pequeñita florecilla del campo.  Si esto no fuese, seríamos como un Dios que no supiera ni apreciar, ni dar el justo valor a nuestras obras, por eso, es de justicia nuestra que nuestra Voluntad sea conocida como vida de todo, a fin de que obtengamos la finalidad por la cual creamos toda la Creación.

(5) Ahora, tú debes saber que conforme la criatura quiere hacer nuestra Voluntad y entra en Ella, queda rehabilitada en la nuestra, se rehabilita en la santidad, en la pureza, en el amor; resurge en la belleza y finalidad con la cual la creamos; pierde los males del querer humano, y comienza la vida del bien.  Mi Voluntad, en cuanto ve que el alma quiere vivir junto con Ella, hace como se le hace al reloj que está parado, que con darle cuerda comienza a caminar y señala las horas, los minutos, y se hace guía de la jornada del hombre.  Así mi Voluntad, viéndolo detenido en el bien por el humano querer, cuando la criatura entra en Ella le da la cuerda divina, de manera que todo el ser humano y espiritual siente la nueva vida y la virtud de la cuerda divina por la cual se siente investida, la cual corre en la mente, en el latido, en todo, y con una fuerza irresistible corre en todo lo que es santo y bueno.  Esta cuerda señala los minutos y las horas eternas de la Vida Divina en el alma y, ¡oh! cómo corre en todo lo que es divino, Nosotros la rehabilitamos en todo, la hacemos correr por doquier en la inmensidad de nuestro mar y le hacemos tomar lo que quiere, y si bien no puede abrazar toda nuestra inmensidad, sin embargo vive en nuestro mar, se alimenta de él, se va siempre embelleciendo con nuestra belleza, se viste con los vestidos reales de nuestro Querer; en nuestro mar encuentra su reposo, los castos abrazos de su Jesús, su recíproco amor, divide junto con Él sus alegrías y sus penas, crece siempre en el bien.  Mi Voluntad se vuelve para ella su vida, su pasión predominante.  Nuestra cuerda la hace correr tanto, que llega a formarse su pequeña morada divina en nuestro mar, la cual viene habitada por la Trinidad Sacrosanta, que se gozan a esta afortunada criatura, colmándola siempre con nuevas gracias y dones.  Por eso lo que más te importe sea el vivir en nuestro Fiat, a fin de que encontremos en ti las alegrías, la gloria de toda la Creación, la finalidad con la cual la creamos”.

 

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36-35

Octubre 26, 1938

 

Los tristes efectos de la turbación.  La pequeña enferma

en el Querer Divino.  Quien vive en la Divina Voluntad

forma el apoyo a su Creador y pone a salvo sus intereses.

 

(1) Mi pobre existencia siente la necesidad extrema de vivir en el Querer Divino, las amarguras, las penas que me envuelven son tantas, que siento como si me quisieran arrancar de dentro del Fiat Divino, y por eso siento más que nunca la necesidad de vivir en Él, pero a pesar de todos los esfuerzos que hago por vivir abandonada en sus brazos, no puedo hacer menos que sentirme amargada, aturdida y turbada por las tantas molestias y duras penas que me circundan, hasta no poder más.  Jesús mío, Mamá Celestial, ayúdenme, ¿no ven que estoy por sucumbir?  Si no me tenéis en vuestros brazos, si no continúan inundándome con las olas de vuestro Querer Divino, yo tiemblo y temo por lo que será de mí.  ¡Ah! no me dejen, no me abandonen a mí misma en un estado tan duro.  Pero mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús ha corrido para sostenerme en sus brazos, y todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía buena, ánimo, no temas, Yo no te dejo, ni puedo dejarte, pues están las cadenas de mi Voluntad que me atan y me vuelven inseparable de ti, y además, ¿por qué temes salir de mi Voluntad?  Así como para entrar en Ella hubo un acto firme y decidido de querer vivir en Ella, así también para salir de Ella se necesitaría otro acto firme y decidido, esto tú no lo has hecho, ni mi hija lo hará jamás, ¿no es verdad?  Lo que quiero es que no te dejes sorprender por la turbación, la cual te decolora, te hace perder la frescura, te debilita la fuerza, te hace perder la vivacidad de la luz del Fiat, y mi amor queda reprimido, la atención pierde el paso, y si bien estás en mi Voluntad, pero estás como si estuvieras dentro de una casa, y no pones atención en hacer lo que deberías hacer, lo que te conviene hacer para adornarla, ordenarla y darle toda la suntuosidad que te conviene.  Así, estando turbada en mi Voluntad, no pones atención en recibir mi acto creante y obrante, por lo tanto ni Yo puedo darte ni tú puedes recibir, estás como en ocio.  Sin embargo, ánimo, pues como tus penas son por causa mía, te tenemos en nuestra Voluntad como la pequeña enferma, de la cual Yo, el primero, mientras sufro junto contigo, porque son penas mías, y sufro más que tú, te hago de enfermero, te asisto, te hago de cama con mis brazos, te pongo mis penas a tu alrededor para fortificarte.  Nuestra Mamá Reina corre para ponerte en su regazo, para tener defendida a su pequeña hija enferma.  Y como quien ha obrado en mi Querer ha sido la portadora de la gloria y alegría a todo el Cielo, por eso todos corren en torno a nuestra pequeña enferma, los ángeles, los santos, para asistirla y prestarse a sus necesidades.  En nuestra Voluntad no entran cosas extrañas que no nos pertenezcan, las mismas penas deben ser penas nuestras, de otra manera no encuentran el camino para entrar, por eso, ánimo, lo que quiero es que estés en paz.  Cuántas veces también Yo bajo la presión de duras penas me volvía enfermo, y los ángeles corrían a sostenerme, mi mismo Padre Celestial al verme entre penas desgarradoras corría y me tomaba entre sus brazos para reforzar a mi gimiente Humanidad.  Y mi Madre, cuántas, cuántas veces caía enferma en mi Querer al ver las penas de su Hijo, hasta sentirse morir, y Yo corría a sostenerla, la estrechaba a mi corazón para no dejarla sucumbir.  Por eso lo que quiero es ánimo, paz, no te abatas demasiado, y Yo pensaré en todo”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, tú no sabes aún todo el gran bien que recibe la criatura con vivir en mi Voluntad, y la gran gloria que da a su Creador.  Cada acto que hace en Ella es un apoyo que Dios hace sobre su criatura, apoyo de su potencia, de amor, de santidad.  Cuantos más actos va repitiendo, tanto más nos confiamos de ella, y más podemos apoyar en ella lo que es nuestro, porque está nuestra Voluntad que le da capacidad y fuerza a la criatura para recibir lo que queremos darle; en cambio, si no encontramos nuestra Voluntad y sus actos repetidos en Ella, no encontramos donde apoyarnos, no posee ni fuerza, ni capacidad, ni espacio donde poder recibir nuestros dones, ni gracia para podernos fiar de ella.  Pobre criatura sin nuestra Voluntad, es la verdadera ciudadela sin puertas, sin centinelas que la defiendan, expuesta a todos los peligros; y si queremos darle algo, sería exponer nuestros dones y nuestra misma Vida a la inutilidad y a peligros de sufrir ofensas e ingratitudes, tanto, de hacernos cambiar los dones y las gracias en castigos.  Porque tú debes saber que cuando la criatura hace nuestra Voluntad, ponemos en su lugar nuestros intereses; no obramos jamás a nuestro perjuicio, primero ponemos a salvo nuestros intereses, nuestra gloria, y después obramos, de otra manera sería como si no tuviéramos cuidado de nuestra santidad, ni apreciáramos nuestros dones, ni lo que hacemos, sería como si no nos conociéramos a Nosotros mismos, ni nuestra potencia, ni lo que podemos hacer.  ¿Quién emprende una empresa sin poner a salvo primero sus intereses?  Ninguno, porque puede suceder que por desgracia en su empresa pueda tener pérdidas, pero con haber pensado antes en poner a salvo sus intereses, le servirá para no descender de su condición, y se puede mantener en su estado; en cambio, si no hubiera puesto a salvo sus intereses, podría llegar a morir de hambre.  He aquí por qué queremos a la criatura en nuestra Voluntad, porque queremos poner a salvo nuestros intereses.  Lo que damos, amor, santidad, bondad, y todo lo demás, nuestro Querer toma el trabajo de hacérnoslo restituir como otros tantos actos divinos, así que, amor divino hemos dado, y amor divino nos da.  Ella transforma a la criatura en nuestra santidad, bondad, y hace que nos dé actos santos y buenos, así que también su respiro, su movimiento, su paso, es puro y santo.  Sentimos en sus actos la semejanza de los nuestros, porque tal los vuelve nuestra Voluntad, y cuando recibimos de la criatura lo que es nuestro, cambiado en divino por nuestro Fiat, nuestro interés está en su lugar, nuestro amor festeja, nuestra gloria va en triunfo, y preparamos nuevas sorpresas de amor, de dones y de gracias.  Cuando nuestro interés nos es dado, no ponemos más atención en nada, y abundamos tanto, que los Cielos quedan admirados”.

 

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36-36

Octubre 30, 1938

 

Conforme la criatura ama en nuestro Querer, le duplicamos nuevo

amor.  Estupor del Cielo.  Cómo adquiere el derecho de juzgar.

 

(1) Mi pequeño camino en el Querer Divino continúa, si bien me parece que lo hago con dificultad, paso a paso, pero mi dulce Jesús parece que se contenta con tal que no me desvíe y salga fuera de su Fiat.  Puedo decir que estoy verdaderamente enferma por los tantos incidentes dolorosos de mi pobre existencia, y por eso se contenta con lo poco que hago; sin embargo no deja de incitarme, de estimularme al decirme nuevas sorpresas de su Querer para hacerme retomar el vuelo.  Después, visitando mi pequeña alma me ha dicho:

(2) “Hija bendita de mi Voluntad, cómo suspiro que el alma viva en nuestro Querer Divino, es tanta mi complacencia, que conforme va repitiendo sus actos en Ella, así voy preparando nuevos dones, nuevas gracias, nuevo amor, nuevos conocimientos, para hacerle conocer siempre más mi Voluntad y hacerle apreciar y estimar la celestial morada en la cual ha tenido el gran honor de morar.  Así que, si ama, Yo le duplico mi nuevo amor, y si ella vuelve a amarme, Yo vuelvo siempre a sorprenderla con mi nuevo amor, tanto, que la criatura se siente tan inundada, que confusa repite:  ‘¿Será posible que un Dios me ame tanto?’  Y mientras esto dice, tomada por el arrebato de mi amor, vuelve a amarme, y Yo de nuevo la sorprendo con mi amor.  Sucede una competencia de amor; la pequeñez humana armoniza con el amor de su Creador, y no sólo me ama por ella, sino que es tanto mi amor que siente, que me ama por todos y por todo; y mi Fiat, ¿qué hace?  Con su potencia e inmensidad pone en vuelo este amor que hemos dado a la criatura, lo hace circular por doquier, y Nosotros sentimos que nos ama en cada paso, en cada movimiento, en cada pensamiento, palabra y latido de todas las criaturas; nos ama en el sol, en el viento, en el aire, en el mar; no hay cosa donde no nos ame, y  ¡oh! cómo nos sentimos felices, glorificados, porque la criatura nos ama en todos y por todas partes; con esto no sólo la amamos a ella con nuevo amor, sino a todas las criaturas.  A un acto de amor en mi Voluntad suceden tales prodigios, que los Cielos ambicionan ser espectadores para gozarse las nuevas sorpresas de nuestro amor, y en nuestra misma Divinidad esperamos con alegría indecible que la criatura venga en nuestro Querer a amarnos, para poder hacer desahogo de nuestro amor, para sentirnos amados por todos.  Nuestro amor sale en campo para hacer su camino, y no sólo nuestro amor, sino que conforme la criatura va repitiendo sus actos en nuestro Fiat, así ponemos fuera nueva potencia, nueva bondad, nueva sabiduría, de modo que se sentirá animada por nueva potencia, bondad y sabiduría, en las cuales todos tomarán parte, y Nosotros tendremos la alegría de ver investidas a las humanas generaciones de nuestra nueva potencia, bondad y sabiduría nuestras.  ¿Qué cosa no podemos hacer de esta criatura que vive en nuestro Querer?  Llegamos a tanto, que le damos el derecho de juzgar junto con Nosotros, y si vemos que ella sufre porque el pecador debe sufrir rigurosos juicios, para no hacerla sufrir hacemos más benignos nuestros justos rigores, y ella nos hace dar el beso del perdón, y para hacer que se contente le decimos:  ‘Pobre hija, tienes razón, eres nuestra, pero perteneces también a ellos, sientes en ti los vínculos de la familia humana, por eso quisieras que perdonásemos a todos, haremos cuanto más podamos para contentarte, con tal que no desprecien o rechacen nuestro perdón”.

(3) Esta criatura en nuestra Voluntad es la nueva Esther que quiere poner a salvo a su pueblo, y ¡oh! cómo estamos contentos de tenerla siempre junto con Nosotros en nuestro Querer, porque por medio suyo nos sentimos más inclinados a usar misericordia, a conceder gracias, a perdonar a los pecadores más obstinados, y a volver más breves las penas de las almas purgantes. Pobre hija, tiene un pensamiento por todos, un dolor semejante a nuestro dolor, porque ve a la familia humana como nadando en nuestro Querer y no lo reconocen, y viven en medio a los enemigos en la más escuálida miseria”.

(4) Después ha agregado: “Hija mía, tú debes saber, que conforme la criatura reconoce nuestra Voluntad, la ama, quiere hacer su vida en Ella, así se vierte en su Dios, y Dios se vierte en ella.  Con este mutuo verterse Dios hace suya a la criatura, le hace tomar parte en todos sus actos, se reposa en ella, la alimenta y la hace crecer siempre más en sus actos, y la criatura hace suyo a su Dios, se lo siente por todas partes y toma su dulce reposo en Aquél que ama y que forma su vida y su todo.  Además de esto, conforme la criatura hace su acto en nuestro Fiat, así sentimos el vínculo de todos los seres creados, en aquel acto nos quiere dar y hacer encontrar a todos y a todo, parece que nos hace hacer la visita de todos los seres, para que todos nos reconozcan, nos amen y hagan su deber hacia su Creador, y ella se hace suplidora de todos, ama por todos y en todo; nada nos debe faltar en un acto hecho en nuestro Querer, de otra manera no podemos decir que sea acto nuestro.  Nuestra Voluntad, por decoro y honor, se hace portadora y dadora a la criatura de todo lo que deberían darnos todas las otras criaturas y toda la Creación si tuviera razón.  Si no encontrásemos en nuestra Voluntad, en la cual obra la criatura, toda nuestra gloria, el honor, la correspondencia que nos conviene por haber dado la vida a tantos y creado tantas cosas para mantener estas vidas, ¿dónde la podríamos encontrar?  Nuestra Voluntad difundida en todos, vida y sostén de todo, es nuestra más grande gloria, y a la criatura que vive en Ella le suministra la ocasión de hacerle cumplir lo que cada criatura debería darnos de gloria y correspondencia por haberlas creado.  Nosotros sabíamos que la criatura era finita, su pequeñez no podía darnos ni amor ni gloria completa, y por eso exponíamos nuestro Ser Divino, la potencia de nuestro Querer, para recibir lo que a Nosotros era debido; y la criatura viviendo en nuestro Querer, era garantía de que por todos nos podía amar y glorificar.  Por eso son derechos que exigimos, que la criatura viva en Él:  Derechos de Creación, derechos de Redención, derechos de potencia, de justicia y de inmensidad, que al menos lo que no puede hacer por sí sola, lo haga unida con nuestro Querer, y así podamos decir:  ‘La criatura nos ama y nos glorifica como Nosotros queremos y merecemos.’  Por lo tanto, si quieres darnos todo, amarnos por todos, vive siempre en nuestro Querer y Nosotros encontraremos todo en ti, y nuestros derechos serán satisfechos”.

 

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36-37

Noviembre 6, 1938

 

Un acto en el Querer Divino encierra y abraza todo.  Todo lo

que la criatura debe hacer está en Dios.  Cómo los actos

humanos encuentran a los actos divinos.

 

(1) Mi pobre mente se siente transportada por una fuerza suprema en el mar de la Divina Voluntad, y por cuanto giro y vuelvo a girar en Ella, jamás me es dado el recorrerlo todo, su inmensidad es tanta, que no le es dado a mi pequeñez, ni mirarla toda ni abrazarla, y por cuanto camino, es tanta su inmensidad que me parece haber hecho apenas solamente unos pocos pasos, por eso he quedado maravillada, y mi amable Jesús sorprendiéndome con su breve visita me ha dicho:

(2) “Mi buena hija, mi inmensidad es inalcanzable, y la criatura no puede abrazarla toda, y por cuanto le damos de lo nuestro, comparado con nuestra inmensidad, apenas se puede llamar gotitas.  Basta decirte que, aun un solo acto de nuestra Voluntad es tanta su grandeza, que sobrepasa a todos los seres posibles e imaginables, encierra y abraza a todos y a todo, por eso la gloria que recibimos cuando la criatura ofrece su acto y lo hace investir por nuestro Querer es tan grande, que supera toda la Creación, porque la Creación no tiene razón, mientras que en el acto en el cual nos hace obrar, la criatura tiene la plenitud de la razón humana, que investida por la divina sobrepasa el cielo, el sol y todo.  Por lo tanto, si nuestra gloria es grande, la correspondencia de amor que recibimos da en lo increíble, el bien que recibe la criatura es incalculable.  En cuanto ella nos da su acto y Nosotros lo hacemos nuestro, todos se quieren dar a ella:  El sol con su luz, el cielo con su inmensidad, el viento con su potencia e imperio, todos encuentran su puesto en aquel acto, y se quieren dar para que su Dios sea glorificado con la plenitud de una razón humana, de la cual ellos están privados”.

(3) Jesús ha hecho silencio y yo pensaba entre mí:  “¿Cómo puede ser que con sólo entrar en la Divina Voluntad nuestros actos adquieran tanto bien?”  Y Jesús retomando su palabra ha agregado:

(4) “Hija mía, esto sucede en modo simple y casi natural, porque nuestro Ser Divino es simplísimo, y así también nuestros actos.  Ahora, tú debes saber que todo lo que la criatura debía hacer de bien, ha sido hecho, formado, alimentado por nuestro Querer Divino, se puede decir que sus actos existían, existen y existirán en Él, están como alineados, ordenados, y todos tienen su puesto en nuestro Querer, mucho más, que primero son formados en Nosotros, y después, a su tiempo, los sacamos a la luz.  Ahora, al entrar en nuestro Querer el alma encuentra todo lo que ya es suyo y que Nosotros queremos que tome, por lo tanto los actos humanos encuentran nuestros actos divinos establecidos por Nosotros para ella, y se arrojan sobre ellos, se transforman, se besan, se encierran en nuestros actos divinos, que ya son suyos, y el acto humano se vuelve acto divino, y como nuestro acto divino es grande e inmenso, y el humano es pequeño, se siente perder en el divino, como si perdiese la vida, pero no es verdad, la pequeña vida existe, la razón humana se ha retirado, se ha encerrado, se ha hecho ocupar por la nuestra, con sumo honor suyo y con suma gloria nuestra, porque hemos dado de lo nuestro a la criatura.  Y jugando el pequeño átomo del querer humano hacemos tales prodigios de amor, de santidad, de gloria nuestra, de hacer quedar estupefactos a Cielo y tierra, y sentirnos como correspondidos porque hemos creado a la criatura con toda la Creación.  Ahora, tú debes saber que todo lo que la criatura hace en nuestra Voluntad queda escrito con caracteres imborrables de luz en nuestro Fiat, y estos son actos que con su valor infinito tendrán poder de dar a la criatura su reino, y por eso esperamos que estos actos sean cumplidos, ellos nos darán tal correspondencia de amor y de gloria, y darán tales gracias a los vivientes, para igualar las partes entre el Creador y la criatura, para que nuestra Voluntad pueda reinar en medio a la familia humana.  Un acto en nuestra Voluntad es tan grande, que podemos hacer y dar todo”.

(5) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, en cuanto el alma entra en nuestro Querer encuentra todas las verdades que le he manifestado y que ha conocido acerca de mi Divina Voluntad.  Cuando le han sido manifestadas ha recibido la semilla de cada una de ellas, y de ellas se siente poseedora.  Ahora, conforme entra en mi Voluntad, mientras se las siente en sí misma, al mismo tiempo las encuentra en mi Fiat como tantas reinas, que dándole la mano la hacen subir en Dios, haciéndose conocer mayormente, dándole nueva luz y nuevas gracias; así que mis verdades forman la rampa para ir a Dios, y Dios, viendo subir a la criatura a sus brazos siente tanto amor, que desciende en el fondo de la criatura para gozarse sus verdades y reafirmarla e instruirla en cómo debe desarrollar su vida en las verdades que ha conocido.  Se puede decir que el alma y Dios forman una sociedad divina, que trabajan juntos, y aman con un solo amor.

(6) Ahora, has de saber que los actos hechos en mi Querer unen los tiempos y de ellos forman uno solo, lejanía no existe entre ellos, están tan ensimismados, que mientras son, se puede decir innumerables, forman uno solo, tanto que, cuando se obra en mi Querer se ama, se adora, y uniendo los tiempos se encuentran unidos con los mismos actos que hizo el Adán inocente cuando amaba y obraba en nuestros campos divinos de nuestro Fiat, se unen con los actos y el amor de la Celestial Reina, y hasta con los mismos actos y amor de nuestro Ente Supremo.  Éstos tienen el poder de fundirse con todos, de tomar su puesto de honor dondequiera.  Donde está mi Voluntad, estos actos pueden decir:  ‘Es puesto nuestro’.  Estos actos hechos en nuestro Querer están dotados de valor divino, cada uno de ellos posee una felicidad, una alegría nueva, de modo que la criatura se forma en sus actos innumerables alegrías, contentos y felicidad sin fin, tanto de formarse ella misma un paraíso de delicias y de bienaventuranzas, además de aquél que le dará su Creador.  Y esto es como connatural, porque mi Voluntad cuando obra, tanto en Nosotros mismos como en la criatura, hace surgir la plenitud de sus alegrías y delicias que posee, e inviste lo que obra.  Poseyendo en su naturaleza mares siempre nuevos de alegrías infinitas, no puede obrar si no genera nuevas alegrías y delicias.  Por eso todo lo que se hace en mi Querer adquiere en virtud de Él la naturaleza de las alegrías celestiales, la inseparabilidad de todos los bienes, y la criatura puede decir:  ‘Todos los tiempos son míos y de ellos hago uno solo’.  Qué alegría poder decir:  Yo misma me he formado el paraíso, porque el Fiat Divino ha obrado junto conmigo”.

 

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36-38

Noviembre 13, 1938

 

Cómo las verdades sobre la Divina Voluntad formarán el régimen, las

leyes, el ejército aguerrido.  Los conocimientos darán los ojos para

hacer poseer un bien tan grande.  El distintivo de la Trinidad

Santísima.  Señal para conocer si se vive en la Divina Voluntad

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, no puedo hacer menos pues me sentiría como si yo misma diera muerte a mi alma.  ¡El Cielo me guarde!  Y además, ¿cómo podría vivir sin vida?  Después pensaba entre mí en las tantas verdades que Jesús me había dicho acerca de su Divina Voluntad, y como si quisiera formar dudas y no comprendiese bien, decía entre mí:  “¿Será posible que se pueda llegar a tanto viviendo en el Querer Divino?”  Y mi amado Jesús sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, no te maravilles, mi Voluntad tiene poder de hacer llegar a la criatura a donde quiere, siempre y cuando esté junto con Ella.  Tú debes saber que su reino será formado, fundado sobre las verdades que ha manifestado; por cuantas más verdades manifiesta, tanto más suntuoso, bello, majestuoso y más sobreabundante de bienes y de alegrías será este reino.  Mis verdades formarán el régimen, las leyes, el alimento, el ejército aguerrido, la defensa y la misma vida de quien vivirá en él; mis verdades tomarán cada una un oficio distinto:  Quién hará de maestro, quién de padre amorosísimo, quién de madre ternísima que para no exponer al peligro a su hija la lleva en su regazo, la arrulla en sus brazos, la alimenta con su amor, la viste de luz, en suma, cada verdad será portadora de un bien especial.  Mira cómo será rico el reino de mi Voluntad del que tanto estoy diciendo, y me disgusta cuando tú no estás atenta a escribir todo, porque harás faltar un bien de más, porque gozarán según conozcan; el conocimiento llevará la vida, la luz, el bien que posee.  Poseer un bien sin conocerlo es casi imposible, sería como si no tuviese ojos para mirar, inteligencia para comprender, manos para obrar, pies para caminar, corazón para amar.  En cambio, la primera cosa que hace el conocimiento es dar los ojos para no dejarlo ser un pobre ciego, y haciéndose mirar se hace comprender y hace desear el bien, la vida que le quiere dar; mucho más que al conocer mi verdad, ella misma se hace actora y espectadora para transmitir su vida en la criatura.  Ahora, tú debes saber que los actos hechos en mi Querer son inseparables, pero muy distintos entre ellos, distintos en la santidad, en la belleza, en el amor, en la sabiduría; tendrán el distintivo de la Trinidad Sacrosanta, que mientras las Divinas Personas son distintas entre Ellas, son inseparables, una es la Voluntad, una la santidad, una la bondad y así de todo lo demás; así, estos actos serán inseparables y distintos, encerrarán en ellos el distintivo de la Trinidad Suprema:  ‘Una y Tres, Tres y Una’.  Es más, la poseerán como vida propia.  Estos actos serán la más grande gloria nuestra y de todo el Cielo, al ver en ellos tantas veces multiplicada nuestra Vida Divina por cuantos actos ha hecho la criatura en nuestro Querer Divino”.

(3) Después pensaba entre mí:  “¿Cómo se puede conocer si se vive en el Querer Divino?”  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, es fácil saberlo, tú debes saber que mi Fiat Divino cuando reina en el alma tiene su acto obrante y continuo, no sabe estar sin hacer nada, Él es Vida, y la vida debe respirar, moverse, latir, hacerse sentir, debe tener su primer acto obrante, y la criatura se siente bajo su imperio y sigue sus actos casi en modo continuo en el Querer Divino; así que la continuación es una señal cierta de que se vive en Él, con esta continuación siente la necesidad del respiro, del movimiento, de la actitud divina, por eso si interrumpe sus actos continuos siente que le falta la vida, el movimiento y todo, y ella pronto reemprende sus actos continuos, porque sabe que le cuesta mucho el no continuar sus actos, le cuesta la Vida Divina, y quien la ha poseído difícilmente la deja perder.

(5) Ahora, este obrar de la criatura en Él, ¿sabes tú qué cosa es?  Es el desarrollo de la Vida de mi Voluntad que hace en la criatura, porque solamente Ella tiene la virtud de nunca cesar en sus actos continuos, y si esto se pudiese dar, lo que no puede ser, todo y todos quedarían como paralizados y sin vida.  Ahora, la criatura por sí sola no tiene esta virtud de obrar continuamente, en cambio unida con mi Querer tiene virtud, fuerza, voluntad, amor de hacerlo.  ¡Oh, cómo sabe cambiar las cosas!  Con tal que la criatura se deje llevar, poseer por Ella, sabe hacer tales cambios que la criatura no se reconoce más, ni siquiera le queda un lejano recuerdo de su vida pasada.  Además hay otra señal, mi Voluntad para reinar, cuando ve al alma dispuesta, primero le embalsama la voluntad, sus penas con un aire de paz, y después forma en ella su trono, por lo que quien vive en mi Querer posee una fuerza que jamás viene a menos, posee un amor que mientras no ama a ninguno, ama con verdadero amor a todos en Dios, y además, a cuántos sacrificios se expone por todos y por cada uno en particular.  Pobre hija, es la verdadera mártir y víctima de todos y, ¡oh! cuántas veces al verla sufrir la miro con tal ternura y compasión, que para reanimarla le digo:  ‘Hija mía, has sufrido mi misma suerte, pobre hija, ánimo, tu Jesús te ama de más’.  Y ella al sentirse más amada por Mí, sonríe en las penas y se abandona en mis brazos.  Hija mía, para probar y poseer lo que sabe hacer mi Voluntad, se necesita estar dentro de Ella, de otra manera no entenderán nada”.

 

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36-39

Noviembre 20, 1938

 

El Querer Divino se vuelve el esperador del alma que quiere

vivir en Él.  En quien vive en el Fiat Divino, Dios tiene su

campito donde desarrollar su trabajo.

 

(1) Me parece que el Querer Divino está dentro y fuera de mí, en acto de sorprenderme cuando estoy por hacer mis pequeñas acciones, decir mi pequeño “te amo”, para investirlos con su luz y hacerlos suyos; tiene una atención admirable e inimitable que llega a lo increíble, y si la criatura no está atenta a darle sus pequeños actos, ¡oh! cómo sufre por eso.  Cómo quisiera ser también yo toda atención para imitarlo, no dejando que nada se me escape, a fin de que nos podamos sorprender mutuamente.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús visitando mi pequeña alma, todo amor me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el alma que quiere vivir en mi Querer llega a ser su gran esperada:  Él la espera si ama porque quiere amar junto, si obra la espera porque quiere ser el actor y el espectador de su obra, así que mi Voluntad está en continuas ansias y esperas de todo lo que hace la criatura para investirlos, para ser el actor y hacerlos suyos.  Has de saber que en cuanto el alma entra en mi Voluntad, encuentra la santidad de Dios que la inviste, su belleza que la embellece, su amor que la transforma en Dios, su pureza que la vuelve tan nítida de no reconocerse más, encuentra su luz que le da la semejanza divina.  ¡Oh, cómo la potencia de mi Voluntad sabe cambiar la suerte humana!  Es por eso por lo que la espera, porque quiere desarrollar su trabajo que ‘ab eterno’ tiene preparado, que debe hacer en aquella criatura, no quiere ser reprimida en su movimiento incesante, y llega hasta encerrar a la criatura en su movimiento eterno, a fin de que reciba y dé, para no sufrir esperas, porque si quien vive en su Querer no hace vida junto con Él, no lo tolera, si no se la siente en su movimiento divino siente su santidad dividida, su amor detenido y sofocado, por eso, en quien vive en nuestro Fiat tenemos nuestro campito divino, donde podemos desarrollar nuestro trabajo; nuestra Voluntad nos suministra la materia adaptable para hacernos hacer las obras más bellas, porque Nosotros cuando queremos trabajar en el campito del alma, queremos encontrar la materia de nuestra santidad, porque Nosotros no ponemos jamás nuestras santas manos en el fango humano.  Para hacer nuestras obras más bellas queremos encontrar nuestra pureza que nos atrae, nuestra belleza que nos rapta, nuestro amor que se impone sobre Nosotros para hacernos obrar, y sólo nuestra Voluntad sabe suministrar estas nuestras materias divinas para hacernos obrar; todo es adaptable para Nosotros, y por eso hacemos tales obras de dejar maravillados a Cielo y tierra.  En cambio, donde no está nuestro Querer estamos obligados a no poder hacer nada, pues no hay materia nuestra que sea adaptable para Nosotros, y si algún bien hay, es bien aparente, corrompido por la propia estima y gloria, por torcidas intenciones, y Nosotros rehuimos el obrar en ella porque pondríamos en peligro nuestras obras más bellas; Nosotros primero nos aseguramos y después obramos.  Tú debes saber que por cuantos más actos hace en nuestro Querer, tanto más entra en Dios y más ensanchamos el campito en nuestro seno divino, y más obras más bellas podemos hacer, podemos dar más de lo nuestro; así que la criatura se encuentra siempre bajo el acto creciente de nuestra Vida Divina, nuestro amor la ama tanto, que la lleva en brazos y nos hace decir continuamente:  ‘Te hacemos a nuestra imagen y semejanza’.  Y la hace crecer con nuestro aliento divino, con nuestra santidad, potencia y bondad; la miramos y encontramos en ella nuestro reflejo, nuestra sabiduría y belleza encantadora.  ¿Cómo poder estar sin esta criatura si estamos atados a ella con nuestras prerrogativas divinas?  ¿Cómo estar sin ella si posee de lo nuestro y para amarnos y para desendeudarse de cuanto le hemos dado nos da continuamente lo que le hemos dado?  Mucho más, que viviendo en nuestro Querer ella ha recibido de Nosotros la virtud de poder producir vida, no obras, porque Nosotros al dar nuestra santidad, nuestro amor y todo lo demás, damos la virtud generativa, y ella genera continuamente vida de santidad, vida de amor, vida de luz, de bondad, de potencia, de sabiduría, y nos las ofrece, nos circunda y no termina jamás de darnos cambiado en vida lo que le hemos dado, y ¡oh! nuestra complacencia, nuestra fiesta, nuestra gloria al ver regresar a Nosotros tantas vidas que nos aman, que glorifican nuestra santidad, que hacen eco a nuestra luz, sabiduría, y a nuestra bondad.  Las otras criaturas nos pueden dar, a lo más, obras de santidad, de amor, pero no vida, sólo a quien vive en nuestro Querer le es dado el poder formar tantas vidas con sus actos, porque ha recibido de Nosotros la virtud generativa para poder generar cuantas vidas quiera, para podernos decir:  ‘Vida me has dado y vida te doy’.  Mira entonces la gran diferencia, la vida habla, no está sujeta a terminar, puede generar, mientras que las obras no hablan, no generan y están sujetas a destruirse.  Por eso lo que nos puede dar quien vive en nuestro Querer, cómo nos puede amar, ninguno lo puede igualar, por cuantas obras pudieran hacer serán siempre las gotitas de agua frente al mar, las pequeñas luces de frente al sol; un solo ‘te amo’ de esta criatura deja atrás a todo el amor de todas las demás criaturas unidas juntas.  Este ‘te amo’, por cuan pequeño sea, corre, abraza y se eleva sobre todo, viene a nuestros brazos y nos abraza con los suyos, nos hace mil caricias, nos dice tantas cosas bellas de nuestro amor, se refugia en nuestro seno y lo oímos decir siempre:  ‘Te amo, te amo, te amo Vida de mi vida, Tú me has generado y yo te amaré siempre’.  Cualquier cosa que quiera hacer, no hace otra cosa que formar vida:  Si hace actos buenos y santos, poseyendo la Vida de nuestra Voluntad, genera la vida de nuestra bondad y de nuestra santidad, y viniendo en nuestros brazos nos hablan de la historia de nuestra bondad y santidad, y, ¡oh! cuántas cosas bellas nos dicen, con cuánta gracia nos narran hasta dónde llega nuestra bondad, qué altura y grandeza de santidad poseemos, no terminan jamás de decir cuán buenos y santos somos, y arrojándose en nuestro seno divino penetran en los más íntimos escondites para conocer más lo buenos y santos que somos, y quedan a alabarnos por cuanto somos buenos y santos; y ¡oh! cómo es bello el oír narrar nuestra historia divina por una voluntad humana unida con la nuestra, que le inspira quién es su Creador.  En suma, si quiere glorificarnos genera la vida de nuestra gloria, y nos narra nuestra gloria; si admira nuestra potencia, sabiduría y belleza, siente en sí como vida nuestras cualidades divinas y nos narra cómo somos potentes, sabios y bellos; nos dice:  ‘Vida de mi vida, te he conocido y siento la necesidad de hablar de Ti y de narrarte tu historia Divina’.  Estas vidas son nuestra más grande gloria, son nuestra extensa generación inseparable de Nosotros, están siempre en movimiento, tienen siempre qué decir acerca de nuestro Ser Supremo, y una vida no espera a la otra, sino que mientras una viene, la otra corre detrás y después otra aún, no terminan jamás.  Nuestro contento es pleno, la finalidad de la Creación está realizada, esto es:  La compañía de la criatura que nos conoce; y mientras la gozamos y está con Nosotros la hacemos crecer en nuestra Semejanza.  ¿Quién es aquél que no ama la compañía de quien le pertenece?  Mucho más Nosotros amamos la compañía de la criatura, porque somos Vida de su vida.  Por eso nuestro dolor fue grande cuando Adán, nuestro primer hijo, descendió de dentro de nuestro Querer para hacer el suyo, ¡pobrecito!  Perdió la virtud generativa de generar con sus actos Vidas Divinas, a lo más pudo hacer obras, no vidas; él, unido con nuestro Querer tenía la virtud divina en su poder, y por eso podía formar con sus actos cuantas vidas quería.  Le sucedió como a una madre estéril a la que no le es dado el poder generar, o bien como a una persona que quiere hacer un trabajo, y que posee un hilo de oro purismo y refulgente, pero aparta de sí el hilo de oro, lo pone bajo sus pies, así que el hilo de oro se alejó de él; éste hilo de oro es mi Voluntad como vida y lo sustituyó el hilo de su voluntad, que se puede llamar hilo de fierro.  Pobrecito, no pudo más hacer trabajo de oro, investidos por el refulgente sol de mi Querer, debió contentarse con hacer trabajos de fierro, y en ocasiones, trabajos sucios, llenos de pasiones.  La suerte de Adán sufrió tal cambio, que casi no se reconocía más, descendió en el abismo de las miserias, la fuerza, la luz no estaban más en su poder.  Antes de pecar, en todos sus actos crecía en él nuestra imagen y semejanza, porque era un trabajo que tomamos en el acto de crearlo, y queríamos mantener nuestro trabajo, tener en vigor nuestra palabra creadora por medio de sus mismos actos, también para tenerlo siempre junto con Nosotros y estar en continua comunicación con él.  Así que nuestro dolor fue grande, si nuestra omnividencia no nos hubiese hecho presente que nuestra Voluntad debía reinar como vida en los siglos futuros, lo que fue como un bálsamo a nuestro intenso dolor, por la fuerza del dolor hubiéramos reducido a la nada toda la Creación, porque no reinando nuestra Voluntad en ella, no nos servía más, y debía servir sólo a la criatura, mientras que Nosotros habíamos creado todas las cosas para servirnos a Nosotros y a ellas, por eso ruega que regrese mi Voluntad como vida, y sé tú su víctima”.

 

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36-40

Noviembre 26, 1938

 

La disposición llama al trabajo divino.  La Divina Voluntad pone

el movimiento divino en quien vive en Ella.  Cómo puede dar todo

a su Creador.  Encanto de las pupilas divinas.  Diferencia

entre los bienaventurados y las almas viadoras.

 

(1) Estoy bajo las olas eternas del Querer Divino, el cual quiere darse siempre a la criatura, pero quiere que también ella lo quiera, no quiere ser un intruso que se hace encontrar dentro sin que ella lo sepa del todo, quiere ser buscado, quiere darle su beso de amor, y después como triunfador cargado de dones entra en ella y la llena con sus dones.  Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús que siente la necesidad de confiar sus secretos a su criatura, me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi Querer quiere dar, pero quiere encontrar la disposición de la criatura para poner en ella sus dones.  La disposición es como la tierra en manos del agricultor, que por cuantas semillas tuviese, si no tiene una tierra dónde arrojar sus semillas, jamás podrá sembrar, y si la tierra tuviera razón y no estuviera dispuesta a recibir sus semillas, el pobre agricultor se sentiría arrojar a la cara, en los ojos, las semillas con las cuales quería enriquecer a la tierra.  Así es mi Voluntad, quiere dar, pero si no encuentra al alma dispuesta, no encontraría el lugar dónde poner sus dones, se los sentiría arrojar en la cara con sumo dolor suyo, y si le quisiera hablar, la encontraría sin oído para hacerse escuchar.  Por eso, la disposición prepara al alma, abre las puertas divinas, da el oído, se pone en comunicación para que el alma oiga primero lo que mi Querer quiere darle, de modo que ame y suspire lo que debe recibir.  Si no está dispuesta nada damos, porque no queremos exponer nuestros dones a la inutilidad.  En cambio la disposición sirve como la tierra al agricultor, que se somete a lo que él quiere hacer, se deja trabajar, se deja labrar, formar los surcos para poner al seguro la semilla con la cual quiere llenarla; así nuestro Ente Supremo, si encontramos la disposición hacemos nuestros trabajos, la preparamos, la purificamos, con nuestras manos creadoras preparamos el lugar dónde poner nuestros dones y formar nuestras obras más bellas.  En cambio si no está dispuesta, con toda nuestra potencia nada podemos hacer, porque su interior está obstaculizado por piedras, por espinas, por viles pasiones, y como no está dispuesta no se presta para que se le quiten.  ¡Cuántas santidades se vuelven humo por la falta de disposición!  Mucho más, que si no está dispuesta no se adapta a vivir en nuestro Querer Divino, más bien parece que no es para ella, su santidad la aterra, su pureza la hace avergonzarse, su luz la ciega; en cambio, si está dispuesta se arroja en sus brazos y se deja hacer todo lo que le queremos hacer, es más, se está como una pequeña niña recibiendo nuestros trabajos, con tal amor que nos sentimos raptar; y nuestro Querer, ¿qué hace?  Hace correr en ella su movimiento divino, y con este movimiento encuentra en acto todas nuestras obras, las besa, las abraza, las inviste con su pequeño amor; encuentra mi concepción, mi nacimiento en acto, y con su amor quiere concebirse y renacer Conmigo, y Yo no sólo la dejo hacer, sino que siento tal contento que me siento correspondido por haber nacido sobre la tierra, pues encuentro quien renace junto Conmigo.  Pero sigue más adelante aún, el movimiento divino que posee la hace correr dondequiera, y encuentra como ejército aguerrido todo lo que hizo mi Humanidad, mis lágrimas, mis palabras y oraciones, mis pasos, mis penas, todo lo toma, lo besa, lo adora, no hay cosa hecha por Mí que no invista con su amor, ¿y después qué hace?  Todo lo hace suyo, y con un modo y gracia infantil encierra todo en su regazo, se eleva en lo alto, viene delante a nuestra Divinidad y alinea a nuestro alrededor todas nuestras obras, y con énfasis de amor nos dice:  ‘Majestad adorable, cuántas obras bellas os traigo, todo es mío y todo os traigo para que todas te amen, te adoren, te glorifiquen y te correspondan por tanto amor que tienes por mí y por todos’.  Este movimiento divino que mi Querer pone en la criatura que vive en Él, es la nueva Vida que recibe, con este movimiento tiene derecho sobre todo, lo que es nuestro es suyo, por eso todo nos puede dar, y ¡oh! cuántas sorpresas nos da, tiene siempre qué darnos.  Con este movimiento divino tiene virtud de correr dondequiera, y ahora nos trae la Creación para amarnos como la hemos amado en todas las cosas creadas, ahora nos trae a todas las criaturas para amarnos por todos y con todos, ahora nos trae todo lo que Yo hice estando en la tierra para decirnos:  ‘Os amo como Vosotros os amáis’.  No se detiene jamás, parece que no sabe estar si no nos da nuevas sorpresas de amor, quiere poder decir:  ‘Lo amo, lo amo siempre’.  Y Nosotros la llamamos nuestra alegría, nuestra felicidad perenne, porque no hay alegría más bella para Nosotros que el amor continuo de la criatura, porque tú debes saber que un acto hecho en nuestro Querer es más que sol que surge, el cual con su luz inviste toda la tierra, el mar, las fuentes de agua, aun el más pequeño hilo de hierba no es puesto aparte, todos son investidos de luz.  Así un acto hecho en mi Querer corre, busca, inviste todo, forma su manto de plata refulgente dentro y fuera de las criaturas, y así adornadas nos las trae delante a nuestra majestad adorable, y nos hace implorar por nuestra misma Voluntad con voz de luz, de amor hablante por todos, y poniendo un dulce encanto a nuestras pupilas divinas nos hace ver a todas las criaturas envueltas en nuestra luz divina, y Nosotros mismos exaltamos la potencia de nuestro Fiat, que con la potencia de su luz sabe esconder las miserias humanas y las convierte también en luz.  A un acto suyo no se le niega nada, porque tiene poder de darnos todo y suplir por todos”.

(3) Yo al oír esto pensaba entre mí:  “Si tanto puede hacer una criatura viadora que viva en su Querer con un solo acto, ¿qué cosa no harán los bienaventurados en el Cielo, que hacen vida perenne en Él?”  Y mi dulce Jesús ha agregado:

(4) “Hija mía, hay una gran diferencia entre los bienaventurados y el alma viadora.  Los bienaventurados no tienen nada que agregar; su vida, sus actos, su voluntad, quedó fijada en Nosotros, y pueden decir:  ‘Cumplimos nuestra jornada’.  Hacer más no les es dado, a lo más, Nosotros podemos dar nuevas alegrías y nuevo amor.  En cambio, la viadora, su jornada no ha terminado, y si quiere y vive en nuestro Querer puede obrar prodigios de gracia, de luz para el mundo entero, y prodigios de amor para su Creador.  Por eso, toda nuestra premura es por el alma viadora, porque nuestro trabajo está aún en curso, no ha terminado, y si se presta hacemos trabajos jamás hechos, trabajos tan bellos que hacen quedar estupefactos a Cielo y tierra.  Por eso nuestro dolor es grande cuando encontramos al alma viadora que no se presta para hacernos hacer las obras más bellas que queremos hacer.  Cuántos trabajos nuestros comenzados y no terminados, otros, rotos en lo más bello, porque sólo en nuestro Querer y por quien vive en Él, podemos cumplir nuestras obras con una belleza inenarrable, porque Él nos suministra la materia adecuada para hacer lo que queremos hacer, fuera de Él no encontramos ni luz suficiente, ni amor que surge, ni materia divina, estamos obligados a cruzarnos de brazos sin poder seguir adelante, ¿y cuántos no viven en nuestro Querer?  Y además, para la viadora está la moneda del mérito que corre, y en todos sus actos animados por nuestro Querer viene acuñada nuestra imagen divina, conteniendo valor infinito, así que cuando quiere tiene la moneda para pagarnos lo que quiere.  Por eso nuestro trabajo e interés es por las almas que están en el camino, porque es tiempo de conquistas, mientras que en el Cielo no hay ya más adquisiciones, sino sólo alegría y felicidad”.

 

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36-41

Noviembre 30, 1938

 

Quien gira en el Querer Divino y reconoce sus obras, recibe la dote

que Dios le ha dado, y forma sus jornadas, se hace mensajera de paz

entre el Cielo y la tierra.  La generación divina, la portadora.

 

(1) Estaba haciendo mi giro en los actos del Querer Divino hechos por amor nuestro, y me parecía que todos querían ser reconocidos, qué cosa habían hecho, cuánto nos habían amado y cómo nos aman, no estando sujeto a terminar su amor.  Después pensaba entre mí:  “¿Cuál es el bien que hago con el regresar siempre a los actos del Querer Divino?”  Y mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, tú debes saber que en todo lo que hemos hecho, tanto en la Creación como en la Redención, no hacíamos otra cosa que formar la dote para dotar a las criaturas con nuestros mismos bienes y obras nuestras; ahora, quien viene en nuestro Querer viene a tomar posesión de su dote, a reconocerla y amarla, y conforme gira en Él para conocer la dote extensísima que le ha dado su Creador, así forma su jornada en el tiempo, así que por cuantas veces gira, camina, ama, conoce, tantas jornadas forma, y Yo por eso le he dado esta gran dote, que puede recibir y conocer en el tiempo, para que haga sus jornadas, las cuales serán las jornadas que coronarán el día eterno de la eternidad que jamás termina.  Por lo tanto, por cuanto más gira en Él, tantas más jornadas forma, que la volverán más rica y gloriosa en el Cielo.  Y si la criatura no se tomase el cuidado de reconocer, de poseer, de amar esta gran dote, sería una pobre infeliz que vive en la miseria y está obligada a morir de hambre mientras posee tantos bienes; sucedería como a un padre que dota a su hijo de sus propiedades extensísimas, el cual no toma cuidado de conocerlas ni de ir frecuentemente a ellas para poseer y gozar la dote que le ha dado su propio padre; este hijo, con toda la dote que podría poseer, porque no pone cuidado de ella y no la reconoce, de rico es pobre, y se puede decir que ha descendido de la nobleza del padre, como si no fuese su hijo legítimo.  ¿Qué dolor no sería el de aquel pobre padre, que mientras él es tan rico ve a su hijo pobre, cubierto de andrajos y mendigando el pan a los demás?  Este hijo, si tuviese poder haría morir de dolor al propio padre.  En tal estado se encuentra nuestro Ente Supremo, todo lo que hemos creado era la dote que debíamos dar a la criatura para volverla feliz y rica, y para hacerle conocer quiénes somos, cuánto la hemos amado y cuánto hemos hecho por ella; por lo tanto, quien no gira en nuestras obras no las reconoce, ni las posee, ni forma el mérito de sus jornadas en el tiempo; ¿no es esto para Nosotros un gran dolor?  Por eso ven siempre en nuestras obras; por cuanto más vengas tanto más las reconocerás, las amarás, y con derecho tendrás la posesión de ellas.

(3) Además de esto, cada acto hecho en mi Voluntad es un mensajero de paz que parte de la tierra y viene al Cielo, viene a poner paz entre el Cielo y la tierra; cada palabra dicha sobre mi Querer lleva el vínculo de la paz, y quien viene a vivir en Él, el primer bien que recibe es el vínculo de la paz entre ella y Nosotros, se siente como embalsamada en nuestra paz divina; con este vínculo de paz siente en sí la virtud de hacer de pacificadora entre el Cielo y la tierra, todo es paz en ella, pacíficas son las palabras, las miradas, los movimientos; ¡oh! cuántas veces con una sola palabra pone paz entre Nosotros y las criaturas, una sola mirada suya, dulce y pacífica, nos hiere y nos hace cambiar los flagelos en gracias, por eso todos sus actos no son otra cosa que vínculos de paz, mensajeros pacíficos que llevan el beso de paz de las criaturas a Dios, y de Dios a las criaturas, mucho más que, por cuanto más vive la criatura en nuestra Voluntad, más se adentra en nuestra Familia Divina, adquiere de más nuestros modos, le son dados a conocer nuestros secretos, nos semeja de más, la amamos y nos ama de más, y nos pone en condiciones de darle siempre nuevas gracias, nuevas sorpresas de amor.  La tenemos en nuestra casa, y perteneciendo a nuestra Familia, podemos decir que come a nuestra mesa, que duerme sobre nuestras rodillas.  Vivir sin ella no podemos, nuestro Querer la vincula en tal modo, que la vuelve tan amable y atrayente, que no podemos estar sin ella, ni ella puede estar sin Nosotros”.

(4) Después de esto ha agregado:  “Hija mía, nuestro deseo de que las criaturas vivan en nuestro Querer es grande, nos encontramos en las condiciones de una pobre madre que siente la necesidad de poner fuera su parto y no lo puede hacer, no tiene dónde ponerlo ni a quién confiarlo, ni tiene quién lo reciba; pobre madre, cuánto sufre.  Así se encuentra nuestro Ser Supremo, sentimos la necesidad de generarnos a Nosotros mismos; pero, ¿dónde ponernos?  Si nuestra Voluntad no es vida de la criatura no hay lugar para Nosotros, no tenemos a quién confiarnos, ni quién nos alimente, ni el cortejo que requiere nuestra majestad adorable, y como nuestra Trinidad Santísima está siempre en acto de generar, estos nuestros partos permanecen reprimidos en Nosotros mismos, mientras que queremos generar nuestra Trinidad Divina en las criaturas, pero como no viven en nuestro Querer no hay quién reciba nuestra generación divina.  ¡Qué dolor, ver permanecer a esta nuestra generación divina en Nosotros mismos, sin poder desarrollar el gran bien que puede hacer nuestra generación eterna en las criaturas!  Nuestra Voluntad abraza todo, y quien vive en Ella, en cuanto forma sus actos se hace la portadora de todos, si ama nos trae el amor de todos, si adora nos trae la adoración de todos, si sufre encierra la satisfacción de todos; un acto en nuestro Querer debe sobrepasar, encerrar, abrazar a todos y a todo, y llega hasta hacerse portador de nuestro Ente Supremo, porque Nosotros no salimos jamás de nuestro Querer, y quien vive en Él nos puede encerrar en cada acto suyo para llevarnos a donde quiere:  Nos lleva a las criaturas para hacernos conocer; nos lleva a la Creación toda para decirnos:  ¡Cómo son bellas tus obras!  Nos lleva a Nosotros mismos para decirnos:  ¡Mira cuánto os amo, que llego hasta llevaros a Vosotros mismos!  Nosotros nos encontramos en las condiciones en las cuales se encuentra la esfera del sol, que no sale jamás de dentro del círculo de sus rayos, y si éstos descienden hasta lo bajo de la tierra, inviste todo, aun a la pequeña plantita; su esfera, desde la altura donde se encuentra no se separa jamás de su luz, camina junto a ella y hace lo que hacen sus rayos.  Así somos Nosotros, somos los portadores de nuestra Voluntad, y Ella es nuestra portadora, somos una sola Vida, y quien vive en Ella se hace portador de nuestro Ser Divino, y Nosotros nos hacemos portadores de la pequeña voluntad humana, y la amamos tanto que forma nuestra victoria, y la alegría más bella al ver cumplida en ella nuestra Voluntad”.

 

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36-42

Diciembre 5, 1938

 

Suspiros de Dios porque se viva en su Querer.  Cómo tiene

establecido que hará tantas Vidas Divinas por cuantas cosas

ha creado, y por cuantos actos hará la criatura en su Querer.

Cómo quedará formada su santidad, su amor en ellas.

 

(1) El mar del Querer Divino murmura siempre, forma sus olas altísimas para investir a las criaturas, ahora de luz, ahora de amor, ahora de encantadora belleza, y ahora con gemidos, porque quiere su puesto en las criaturas para vivir en ellas.  Su amor es indecible y llegaría a los excesos, usaría todas sus estratagemas de amor con tal que tuviese la libertad de hacernos vivir en su Fiat.  Yo he quedado sorprendida al ver esto, y mi amable Jesús me ha dicho:

(2) “Hija de mi Voluntad, tú no sabes hasta donde llega nuestro amor y qué cosa haremos para hacer vivir a la criatura en nuestra Voluntad.  Este es el punto más bello de la Creación, y si esto no lo hacemos podemos decir que nuestro trabajo no está cumplido, ni hemos hecho lo que sabemos y podemos hacer, podemos decir que no hemos hecho nada en comparación con lo que nos queda por hacer.  Debes saber que ‘ab eterno’ ha sido establecido por nuestra Divinidad, que tantas Vidas haremos de Nosotros mismos por cuantas cosas hemos creado y por cuantos actos hará la criatura en nuestra Voluntad.  Siendo nuestro Ser superior a todo, es justo que supere en sus Vidas al número de todas las cosas creadas y de todos los actos de la familia humana.  Ahora, si la criatura no vive en nuestra Voluntad no lo podemos hacer, nos faltaría la materia divina para formar nuestra Vida en sus actos, nos faltaría el lugar dónde ponerlas, y además, formar estas nuestras Vidas sin quien las quiera recibir, sin quien las conozca y las ame, ¿en qué aprovecharía?  Ves entonces como se trata del acto más bello, más potente y sabio, se trata de poner fuera nuestras Vidas que ya tenemos generadas en nuestro seno, y no podemos sacarlas porque no reina nuestro Querer.  ¿Te parece poco lo que falta al gran trabajo de la Creación?  Falta el acto más importante, el punto más culminante, en el cual será envuelta la Creación y todos los actos de una belleza tan singular, de una gloria tan grande, que hará quedar como pequeñas gotitas la belleza que han conocido de Nosotros y la gloria que nos han dado en el pasado.  ¡Oh, hija mía, cómo lo suspiramos, cómo nuestro amor se estremece, gime, delira porque la criatura viva en nuestro Querer!  Y como sabemos que muchas cosas les faltan para podernos servir de sus actos para formar nuestra Vida, estamos dispuestos a nuestro trabajo continuo para suplirla en todo; en cada acto suyo le daremos nuestro amor, nuestra santidad, nuestra bondad y nuestra belleza, para que nada falte de lo que es necesario para formar nuestra Vida, y así generaremos y nos reproduciremos a Nosotros mismos y, ¡oh! cuánta correspondencia de amor, de santidad, de bondad tendremos, nos felicitaremos en el dulce encanto de nuestra belleza.  ¿Cómo no debemos suspirar que se viva en nuestro Querer, si no es solamente a la criatura a la que tendremos con Nosotros, sino a nuestra misma Vida generada en sus actos?  Y mientras nos gozaremos una Vida nuestra, otra le seguirá, y después otra más, y así según los actos que hará.  Nosotros, conforme veamos que está por hacer su acto, pondremos de lo nuestro y nos haremos actores para formar una Vida nuestra, y nos haremos también espectadores.  ¡Qué alegría, qué felicidad hija mía, poder formarnos a Nosotros mismos, tener quién nos conozca y ame, y poseer nuestra morada en la criatura!

(3) Además de esto, el gran bien que tendrá la criatura:  Su pequeña santidad quedará en la nuestra, su pequeño amor quedará en el nuestro, su bondad y belleza quedarán en las nuestras, de modo que si hace un acto santo tendrá nuestra santidad en su poder; si ama amará con nuestro amor; y así de todas las demás cosas, de modo que sus actos surgirán de dentro de nuestros actos, porque todo lo que se hace en nuestro Querer no sale, ni de Nosotros ni de dentro de nuestros actos, así que nos amará siempre y nos sentiremos siempre amados, crecerá siempre en santidad, bondad y belleza, con esto adquirirá siempre nuevos conocimientos de su Creador, porque se lo sentirá palpitante en sus actos.  Mi Voluntad se hará reveladora, le dirá siempre cosas nuevas de nuestro Ser Divino para hacerle apreciar mayormente nuestra Vida que posee.  El conocimiento hace surgir nuevo amor, comunica otras variedades de nuestra belleza; no le dará tiempo al tiempo para decirle cosas nuevas, como alimentándola de lo que somos.  La feliz criatura se sentirá atrapada en las redes de nuestro amor, se sentirá investida por nuestra luz y por el encanto de nuestra belleza, y Nosotros quedaremos de tal manera raptados por su amor, que nos refugiaremos en ella para amar y para dar desahogo a nuestro amor, y la embelleceremos tanto, de hacernos sufrir el encanto de una belleza tan sublime.  Por eso todas las demás cosas las podemos llamar pequeñas gotitas en comparación del vivir la criatura en nuestro Querer, por lo tanto sé atenta, me darás el más grande contento, me volverás feliz, si vives en mi Voluntad”.

(4) Después de esto continuaba pensando en el gran bien de vivir en el Querer Divino, y el dulce Jesús me ha dicho:

(5) “Hija mía, es tan grande este bien, que siento a lo vivo nuestra Vida palpitante en ella, tanto, que no tenemos más necesidad de palabras para hacernos entender.  Nuestro respiro en el suyo es palabra, la cual inviste al ser humano, lo transmuta en nuestra palabra, y oye que habla en la mente, en las obras, en los pasos, y la virtud de nuestra palabra creadora la inviste, en modo que se hace oír en las más íntimas fibras del corazón, y cambia en mi misma palabra a la criatura.  Mi palabra se vuelve naturaleza en ella, y no hacer lo que digo y quiero sería como si fuese contra ella misma, lo que no puede ser; así que para quien vive en mi Querer, Yo soy palabra en el respiro, en el movimiento, en la inteligencia, en la mirada, en todo, tanto que, mientras se siente fundida y empapada en mi palabra, no habiendo oído el sonido de mi voz se maravilla y dice:  ‘Cómo siento cambiada mi naturaleza en su palabra, y no sé cuando me lo ha dicho’.  Y Yo le digo:  ‘¿No sabes que soy palabra a cada instante?  Y aunque tú no me escuches Yo hablo, sabiendo que cuando entres en el gabinete de tu alma la encontrarás y tomarás el don de mi palabra’.  Mis palabras no huyen, sino quedan y transforman a la naturaleza humana en ellas mismas.  Sucede tal unión y transformación entre quien vive en nuestro Querer y Nosotros, que nos entendemos sin hablar y hablamos sin palabras, y éste es el más grande don que podemos hacer a la criatura:  ‘Hablar con el respiro, con el movimiento’.  Está tan fundida con Nosotros, que usamos con ella los mismos modos que usamos con Nosotros mismos, que a pesar de que nuestro Ser Divino es todo palabra y voz, cuando no queremos no nos hacemos escuchar por ninguno, por eso sé atenta y déjate guiar en todo por mi Querer”.

 

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36-43

Diciembre 8, 1938

 

Cómo la Humanidad de nuestro Señor servía de velo a su Divinidad,

y a los prodigios del Querer Divino.  Cómo todas las cosas creadas

y la misma criatura son velos que esconden la Divinidad.

La Inmaculada Concepción, renacimiento de todos.

 

(1) Mi vuelo en el Querer Divino continúa, me parece que en todas las cosas, naturales y espirituales se hace encontrar, y con un amor indescriptible dice:  “Estoy aquí, obremos juntos, no hagas nada sola, sin Mí no sabrías hacer como hago Yo, y Yo quedaría con el dolor de haber sido puesto aparte, y tú quedarías con el dolor de no tener en tus actos el valor de un acto de una Voluntad Divina”.  Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús, repitiéndome su breve visita, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, mi santísima Humanidad fue la depositaria de mi Divina Voluntad; no hubo acto, pequeño o grande, hasta el respiro, el movimiento, en el cual mi Humanidad haciéndose velo no escondiese en todo a mi Fiat Divino, es más, Yo no habría sabido respirar, ni moverme, si no lo hubiera encerrado en Mí, así que mi Humanidad me sirvió de velo para esconder mi Divinidad y el gran prodigio del obrar de mi Querer en todos mis actos.  Si esto no hubiese sido, ninguno hubiera podido acercarse a Mí, mi majestad, la luz resplandeciente de mi Divinidad los habrían eclipsado y arrojado por tierra, y todos habrían huido de Mí.  ¿Quién habría osado darme la más pequeña pena?  Pero Yo amaba a la criatura y no vine a la tierra para hacer alarde de mi Divinidad, sino de mi amor, y por eso quise esconderme dentro del velo de mi Humanidad para hermanarme con el hombre y hacer lo que hacía él, hasta hacerme dar penas inauditas y la misma muerte.  Ahora, quien se une con mi Humanidad en todos sus actos, en sus penas, con el querer encontrar mi Voluntad para hacerla suya rompe el velo de mi Humanidad, y encuentra en mis actos el fruto, la Vida, los prodigios que Ella hizo en Mí y recibe como vida suya lo que hice en Mí, y mi Humanidad le servirá de ayuda, de guía, le hará de maestra para enseñarle cómo se vive en Ella, de modo que Yo me tendré en la tierra a Mí mismo en la criatura, la que continuará a hacerme de velo para esconder lo que quiere hacer mi Voluntad.  En cambio, si me buscan sin mi Querer, encontrarán sólo mi velo, pero no encontrarán la Vida de mi Querer, el cual no podrá producir los prodigios que obró en el escondite de mi Humanidad.  Es siempre mi Voluntad la que sabe esconder en la criatura los prodigios más grandes, los soles más refulgentes, las maravillas jamás vistas, y cuantas Humanidades mías vivientes habría tenido sobre la tierra, pero, ¡ay de Mí! las busco y no las encuentro porque no hay quien busque con toda firmeza mi Voluntad”.

(3) El amado Jesús ha hecho silencio, y yo he quedado pensativa acerca de lo que me había dicho, y tocaba con la mano que todo lo que Jesús había hecho, dicho y sufrido, eran portadores del Querer Divino, y retomando su palabra ha agregado:

(4) “Hija mía buena, no sólo mi Humanidad escondía en modo especial a mi Divinidad y Voluntad, sino todas las cosas creadas, y la misma criatura, son velos que esconden a nuestra Divinidad y Voluntad adorable:  El cielo es velo que esconde nuestra Divinidad inmensa, nuestra firmeza e inmutabilidad, y la multiplicidad de las estrellas esconde los múltiples efectos que posee nuestra inmensidad, firmeza e inmutabilidad.  ¡Oh! si el hombre pudiese ver bajo esa bóveda azul nuestra Divinidad develada, sin los velos de aquel azul que nos cubre y nos esconde, su pequeñez quedaría aplastada por nuestra majestad y caminaría temblorosa, sintiendo sobre ella la mirada continua de un Dios puro, santo, fuerte y potente, pero como Nosotros amamos al hombre, nos velamos, prestándonos a lo que le sea necesario pero en forma escondida.  El sol es velo que esconde nuestra luz inaccesible, nuestra majestad refulgente, es más, debemos hacer un milagro para restringir nuestra luz increada para no infundirle espanto, y velados por esta luz creada por Nosotros nos acercamos, lo besamos, lo calentamos, extendemos este velo de luz hasta debajo de sus pasos, a derecha e izquierda, sobre su cabeza; llegamos a llenarle el ojo de luz, pues quién sabe, tal vez la delicadeza de su pupila nos reconozca, pero qué, todo en vano, toma el velo de luz que nos esconde y Nosotros permanecemos el Dios desconocido en medio a las criaturas.  ¡Qué dolor!  Así que el viento es velo que esconde nuestro imperio, el aire es velo que esconde nuestra Vida continua que damos a las criaturas, el mar es velo que esconde nuestra pureza, nuestros refrigerios y frescura divina, su murmullo esconde nuestro amor continuo, y cuando vemos que no nos escucha llegamos a formar olas altísimas como para alborotar y que nos reconozca, porque queremos ser amados; cualquier bien que recibe el hombre, velada dentro está nuestra Vida que se lo lleva.  Nuestra Divinidad que ama tanto al hombre, llega a velarse aún en la tierra para volverla firme y estable bajo sus pasos, para no hacerlo trastabillar; hasta en el pájaro que canta, en los prados floridos, en las variadas dulzuras de los frutos, nuestra Divinidad se vela para llevarle nuestras alegrías y hacerle gustar las delicias inocentes de nuestro Ser Divino.  Y además, qué decirte, con cuántos prodigios de amor estamos velados y escondidos en el hombre:  Nos velamos en el respiro, en el latido, en el movimiento, en la memoria, en la inteligencia y voluntad; nos velamos en su pupila, en su palabra, en su amor, y ¡oh! cómo nos duele el no ser reconocidos ni amados, podemos decir:  ‘Vivimos en él, lo llevamos y nos hacemos llevar por él, no podría hacer nada sin Nosotros, no obstante vivimos juntos sin conocernos, ¡qué dolor!  Si nos conociera, la vida del hombre debería ser el más grande prodigio de nuestro amor y omnipotencia; de dentro de sus velos no debíamos hacer otra cosa que llevarle nuestra santidad, nuestro amor, cubrirlo con nuestra belleza, hacerlo gozar nuestras delicias, pero como no nos reconoce, nos tiene como el Dios lejano de él.  Nosotros, si no somos reconocidos no podemos dar, sería como dar a los ciegos nuestros bienes, y es obligado a vivir bajo la opresión de sus miserias y pasiones; pobre hombre que no nos conoce, ni en los velos que nos esconden en él, ni en los velos de todas las cosas creadas, no hace otra cosa que huir de nuestra Vida y de la finalidad para la que fue creado, y muchas veces no pudiendo soportar su ingratitud, los bienes que contienen nuestros velos se cambian para él en castigos.  Por eso reconoce en ti misma que no eres otra cosa que un velo que escondes a tu Creador, a fin de que recibas y podamos suministrarte en todos tus actos nuestra Vida Divina, que se reconoce en los velos de todas las cosas creadas, a fin de que todas te ayuden a recibir tan grande bien”.

(5) Después de esto estaba haciendo mi giro en los actos del Querer Divino, cuántas sorpresas en este Querer tan santo, y lo que es más, Él espera a la criatura para tenerla al día de sus obras, para hacerle conocer cuánto la ama y para hacerle don de lo que hace.  Siente el delirio de dar siempre, sin cesar jamás, y por correspondencia se contenta con el pequeño ‘te amo’ de la criatura.  Después he llegado al momento de la Concepción de mi Mamá Reina, ¡cuántas maravillas! y mi dulce Jesús, retomando su palabra me ha dicho:

(6) “Hija mía bendita, hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción, esta es la fiesta más bella, más grande para Nosotros y para el Cielo y la tierra.  Nosotros en el acto de llamar de la nada a esta Celestial Criatura obramos tales prodigios y maravillas, que Cielos y tierra quedaron llenos de ellas.  Llamamos a todos, ninguno fue puesto a un lado, a fin de que todos quedaran renacidos junto con Ella, así que fue el renacimiento de todos y de todo.  Nuestro Ser Divino desbordó tanto de Nosotros, que pusimos a su disposición en el acto de Concebirla mares de amor, de santidad, de luz, con los cuales podía amar a todos, hacer santos a todos y dar luz a todos.  La Celestial Pequeña sintió renacer en su pequeño corazón a un pueblo innumerable.  Y nuestra paterna bondad, ¿qué hizo?  Primero la hicimos don a Nosotros mismos, a fin de que nos la gozásemos y la cortejásemos, y Ella gozase y nos cortejase a Nosotros, y después la hicimos don a cada una de las criaturas.  ¡Oh! cómo nos amó, y amó a todos con tal intensidad y plenitud, que no hay punto en el cual no haga surgir su amor.  Toda la Creación, el sol, el viento, el mar, están llenos del amor de esta santa criatura, porque también la Creación se sintió renacer junto con Ella a nueva gloria, mucho más que tuvieron la gran gloria de poseer a su Reina, tanto que, cuando Ella nos ruega por el bien de su pueblo, con un amor al cual no nos es dado resistir, nos dice:  Majestad adorable, recuerda que me los has donado, ya soy vuestra y soy de ellos, por lo tanto, con derecho debes escucharme favorablemente”.

 

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36-44

Diciembre 18, 1938

 

Dios no da si la criatura no quiere recibir.  Dolorosas condiciones cuando

no se vive del Querer Divino.  La depositaria de toda la Creación.  El

alimento divino:  ‘El amor’.  Condiciones de Dios cuando no se vive

del Querer Divino.  Cómo se desciende de su semejanza.

 

(1) Estoy siempre entre los brazos del Querer Divino, el cual me hace todo presente para decirme:  “Todo lo he hecho para ti, pero quiero que reconozcas a qué excesos ha llegado mi amor”.  Pero mientras mi mente se perdía en esto, mi siempre amable Jesús, que quiere ser siempre el primer narrador del Fiat y de las obras de Ellos, todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía bendita, el hacer conocer que cosa hemos hecho para las criaturas, es para Nosotros como la correspondencia de todo lo que hemos hecho, ¿pero a quién podemos hacérselo conocer?  A quien vive en nuestro Querer, porque Él da la capacidad para que nos puedan comprender, el oído para que nos escuchen, y lleva a la voluntad humana a querer lo que le queremos dar.  Nosotros no damos jamás si la criatura no quiere recibir y no conoce lo que queremos dar.  Mira entonces en qué dolorosas condiciones nos ponen cuando no se vive de nuestra Voluntad, nos vuelven el Dios mudo, no podemos hacer conocer cuánto las amamos y cómo deberían amarnos, se puede decir que quedan rotas las comunicaciones entre el Cielo y la tierra.  Ahora, tú debes saber que todo fue creado para hacer don de ello a las criaturas; cada cosa creada la hacíamos portadora del don y del amor con el cual dotábamos aquel don, pero, ¿sabes por qué?  La criatura no tenía nada que darnos, y Nosotros, amándola con sumo amor y queriendo que tuviese qué darnos, porque si no se tiene qué dar, la correspondencia termina, la amistad viene rota, el amor muere, por eso proveíamos a la criatura de tantos dones nuestros, para que como si fueran suyos tuviese qué darnos, por eso a la criatura que vive en nuestro Querer la hacemos la depositaria de toda la Creación, y ¡oh! qué alegría, qué contento, cuando sirviéndose de nuestros dones y para amarnos nos dice:  ‘Miren cuánto os amo, os doy el sol para amaros y os amo con el amor con el cual me amasteis en el sol, os doy los homenajes, las adoraciones de su luz, los múltiples efectos suyos para amaros, su acto continuo de luz para expandirme dondequiera y poner mi ‘te amo’ en todo lo que toca con su luz’.  Ahora, ¿sabes tú qué cosa sucede con esto?  Vemos adornada toda la luz del sol, todos sus efectos, por dondequiera que pasa la luz con el ‘te amo’, con las adoraciones, los homenajes de la criatura, es más, hay mucho más, el sol lleva como en triunfo el amor del Creador y el de la criatura, así que nos sentimos unidos en el sol por una sola Voluntad y por un solo amor.  Y si la criatura sintiendo que quiere amarnos de más, osada nos dice:  ‘Mira cuánto os amo, pero no me basta, quiero amaros de más, por eso entro en tu luz inaccesible, inmensa y eterna, que no termina jamás, y dentro de esta luz quiero amaros para amaros con vuestro eterno amor’.  Si esto sucede, tú no puedes llegar a comprender nuestra alegría al ver que no sólo nos ama en nuestros dones, sino también en Nosotros mismos, y Nosotros, como vencidos por su amor le correspondemos duplicándole el don y con el darnos en su poder para hacernos amar no sólo como amamos en nuestras obras, sino como amamos en Nosotros mismos, y para amarla.  Y así en todas las otras cosas creadas, la criatura se sirve de ellas para darnos sus nuevas sorpresas de amor, para correspondernos los dones, para mantener la correspondencia y para decirnos que continuamente nos ama, y Nosotros que no sabemos recibir si no damos, duplicamos los dones, pero el don más grande es cuando la vemos llevada en los brazos de nuestra Voluntad, entonces nos sentimos de tal manera atraídos, que no podemos hacer menos que hablar de nuestro Ente Supremo; decirle un conocimiento de más de lo que somos es el don más grande que podemos hacer, éste supera a toda la Creación; conocer nuestras obras es don, hacerle conoce a Nosotros mismos es Vida nuestra que damos, es admitirla a nuestros secretos, es fiarse el Creador de la criatura.  Vivir en nuestro Querer, ser amados, es todo para Nosotros, mucho más que el amor de Nosotros mismos forma nuestro alimento continuo.  Mi Padre Celestial genera sin cesar jamás a su Hijo, porque ama; con el generarme forma el alimento para alimentarnos.  Yo, su Hijo, amo con su mismo amor y procede el Espíritu Santo, con esto formamos otro alimento para alimentarnos.  Si creamos la Creación fue porque amamos, y si la sostenemos con nuestro acto creante y conservante, es porque amamos; este amor nos sirve de alimento.  Si queremos que la criatura nos conozca en nuestras obras y en Nosotros mismos, es porque queremos ser amados, y de este amor nos servimos para alimentarnos.  No despreciamos jamás el amor, con tal que sea amor nos sirve, es cosa nuestra, nuestro amor se sacia con el ser amado, y habiendo hecho todo por amor, queremos que Cielo y tierra, todas las criaturas, sean para Nosotros todos amor, y si no son todo amor entra el dolor, que nos hace llegar al delirio, porque amamos y no somos amados.

(3) Ahora, nuestra Voluntad es Vida nuestra, el amor es alimento.  Mira a qué punto tan alto, noble, sublime, queremos a la criatura que forma en ella la Vida de nuestra Voluntad, la cual, todas las cosas, las circunstancias, las cruces, hasta el aire que respira las convertirá en amor para alimentarla, de modo de poder decir:  ‘La Vida de nuestro Querer es tuya y es nuestra, y nos alimentamos con el mismo alimento’.  Con esto vemos crecer a la criatura a nuestra imagen y semejanza, y estas son nuestras verdaderas alegrías en la Creación, poder decir:  ‘Nuestros hijos nos semejan’.  Y cuál no debería ser la alegría de la criatura al poder decir:  ‘Semejo a mi Padre Celestial’.  Por eso quiero que se viva en mi Querer, porque quiero mis hijos, los hijos que me semejen.  Si estos hijos no me regresan en mi Querer, nos encontramos en las condiciones de un pobre padre, que mientras él es noble, posee una ciencia con la cual podría dar lecciones a todos, es rico y dotado de bondad y de belleza singular, en cambio los hijos no lo semejan del todo, han descendido de la nobleza del padre, se ven pobres, tontos, feos, sucios, de dar asco; el pobre padre se siente deshonrado en los hijos, es más, los mira y casi no los reconoce, y al verlos ciegos, lisiados, enfermos, y que ni siquiera llegan a reconocer al propio padre, estos hijos forman el dolor del padre.  Así somos Nosotros, quienes no viven en nuestro Querer nos deshonran y forman nuestro dolor.  ¿Cómo pueden semejarnos si nuestra Voluntad no es la de ellos?  La cual alimenta a nuestros hijos con nuestro mismo alimento, el cual no hace otra cosa que, conforme se alimentan, así se forma en ellos nuestra santidad, quedan embellecidos con nuestra belleza, adquieren tal conocimiento de su Padre porque nuestro Fiat con su luz les habla, les dice tantas cosas de su Padre, hasta enamorarlos tanto, que no pueden estar sin Él, y esto produce la semejanza.

(4) Hija, sin mi Voluntad no hay ni quién los alimente ni quién los instruya, ni quién los forme, ni quién los haga crecer como hijos que nos semejen.  Salen de nuestra habitación y no saben ni lo que hacemos ni quién somos, ni cómo los amamos, ni qué deben hacer para semejarnos; por lo tanto nuestra semejanza está lejana de ellos.  ¿Cómo pueden semejarnos si no nos conocen y no hay quién les hable de nuestro Ser Divino?”

 

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36-45

Diciembre 25, 1938

 

El descendimiento del Verbo.  Cómo es fácil hacer nacer a Jesús,

con tal que se viva en su Querer.  El paraíso que la Reina del

Cielo hizo encontrar en la tierra a su pequeño Jesús.

 

(1) Mi pobre mente continúa su camino en el Querer Divino y, ¡oh! cómo Él se siente feliz al ver que su pequeña recién nacida va en busca de sus actos para conocerlos, besarlos, adorarlos, hacerlos suyos y decirle:  “¡Cuánto me has amado!”  Después me he detenido en el descendimiento del Verbo a la tierra, y yo lo compadecía al verlo solo.  Y mi dulce Jesús, con una ternura indecible, sorprendiéndome me ha dicho:

(2) “Hija mía amadísima, tú te equivocas, la soledad fue por parte de la ingratitud humana, pero por la parte Divina y de nuestras obras, todas me acompañaron, no me dejaron jamás solo, es más, debes saber que junto Conmigo descendieron el Padre y el Espíritu Santo; mientras Yo quedé con Ellos en el Cielo, Ellos descendieron Conmigo a la tierra.  Somos inseparables, y aunque Nosotros mismos lo quisiéramos, no podemos separarnos, a lo más nos bilocamos, y mientras tenemos nuestro trono en el Cielo, formamos nuestro trono en la tierra, pero separarnos jamás.  En el descendimiento sobre la tierra el Verbo tomó la parte actuante, pero siempre concurrentes el Padre y el Espíritu.  En el acto en que descendí del Cielo, todos se movieron para hacerme cortejo y para darme los honores a Mí debidos, me cortejó el cielo con todas sus estrellas, dándome los honores de mi inmutabilidad y de mi amor que jamás termina; me cortejó el sol, dándome los honores de mi eterna luz, ¡oh! cómo me alabó bien con la multiplicidad de sus efectos, puedo decir que haciéndome cuna con su luz y con su calor, en su mudo lenguaje me decía:  ‘Tú eres luz, y yo te honro, te adoro, te amo con la misma luz con la cual me creaste’.  Todos me circundaron:  El viento, el mar, el pequeño pajarillo, todos y todo para darme el amor, la gloria con la cual los había creado, y quién alababa mi Imperio, quién mi Inmensidad, quién mis alegrías infinitas.  Las cosas creadas me hacían fiesta, y si Yo lloraba, también ellas lloraban, porque mi Voluntad, residiendo en ellas, las tenía al día de lo que Yo hacía y, ¡oh! cómo se sentían honradas al hacer lo que hacía su Creador.  Además tuve el cortejo de los ángeles que no me dejaron nunca solo, y como todos los tiempos son míos, tuve el cortejo de mi gran pueblo que habría vivido en mi Querer, el cual me lo llevaba en sus brazos, y Yo me lo sentía palpitante en mi corazón, en mi sangre, en mis pasos, y con sólo sentirme investido por este pueblo, amado con mi misma Voluntad, me sentía como correspondido por mi descendimiento del Cielo a la tierra.  Esto era mi fin primario, el reordenar el reino de mi Voluntad en medio de mis hijos.  Jamás habría creado el mundo si no debiese tener a mis hijos que me semejan, y si no vivieran de mi misma Voluntad, Ella se encontraría en las condiciones de una pobre madre estéril, que no tiene poder de generar y que no puede formarse una familia propia, pero mi Voluntad tiene poder de generar y de formarse su gran generación, para formarse su familia divina”.

(3) Después continuaba pensando en el descendimiento del Verbo Divino y decía entre mí:  “¿Cómo puede nacer Jesús en nuestras almas?”  Y el amado niño ha agregado:

(4) “Hija mía, el hacerme nacer es la cosa más fácil, mucho más que Nosotros no sabemos hacer cosas difíciles, nuestra potencia facilita todo; con tal que la criatura viva en nuestro Querer, todo está hecho.  En cuanto quiere vivir de Él, forma la habitación a tu pequeño Jesús; conforme quiere dar principio a hacer sus actos, así me concibe, y conforme cumple su acto me hace nacer; conforme ama en mi Querer, me viste de luz y me calienta de las tantas frialdades de las criaturas; y cada vez que me da su voluntad y toma la mía, Yo me entretengo y formo mi juego y canto victoria por haber vencido al querer humano, me siento el pequeño Rey vencedor.  Mira entonces hija mía cómo es fácil por parte de tu pequeño Jesús, porque cuando encontramos nuestra Voluntad en la criatura podemos hacer todo, Ella nos suministra todo lo que se necesita y queremos para formar nuestra Vida y nuestras obras más bellas.  En cambio, cuando no está nuestro Querer, quedamos impedidos, dónde nos falta el amor, dónde la santidad, dónde la potencia, dónde la pureza y todo lo que es necesario para renacer y formar nuestra Vida en ellos.  Por eso, el todo está por parte de las criaturas, porque por nuestra parte nos ponemos a su disposición.

(5) Además de esto, en mi nacimiento mi Mamá Divina me formó una bella sorpresa:  Con sus actos, con su amor, con la Vida de mi Voluntad que poseía me formó mi paraíso en la tierra, no hacía otra cosa que entretejer con su amor toda la Creación, y dónde extendía mares de belleza para hacerme gozar nuestras bellezas divinas, dentro de las cuales refulgía su belleza, ¡cómo era bella mi Mamá!  Al encontrarla en toda la Creación me hacía gozar su belleza y la belleza de sus actos; dónde extendía su mar de amor para hacerme sentir que en todas las cosas me amaba, y encontraba mi paraíso de amor en Ella, y me felicitaba y alegraba en los mares de amor de mi Mamá; ahora, en mi Querer me formaba las músicas más bellas, los conciertos más deliciosos, a fin de que a su pequeño Jesús no le faltaran las músicas de la patria celestial.  En todo pensó mi Mamá, a fin de que no me faltase nada de los gozos del paraíso dejado; no hacía otra cosa en todos sus actos que formar alegrías para volverme feliz; sólo con apoyarme sobre su corazón sentía tales armonías y contentos que me sentía raptar.  Mi amada Mamá, con vivir en mi Querer, tomaba en su regazo el paraíso y lo hacía gozar a su Hijo, y todos sus actos no servían para otra cosa que hacerme feliz y duplicarme mi paraíso en la tierra.  Ahora hija mía, tú no sabes otra sorpresa, quien vive en mi Querer es inseparable de Mí, y cada vez que Yo renazco, renace junto Conmigo, así que jamás estoy solo, a esta criatura la hago renacer junto Conmigo a la Vida Divina, renace al nuevo amor, a la nueva santidad, a la nueva belleza, renace en los conocimientos de su Creador, renace en todos nuestros actos, es más, en cada acto que hace me llama a renacer y forma un nuevo paraíso a su Jesús, y Yo la hago renacer junto Conmigo para volverla feliz.  Hacer feliz a quien vive junto Conmigo es una de mis alegrías más grandes, por eso sé atenta a vivir en mi Querer si quieres hacerme feliz, si quieres que en tus actos encuentre mi paraíso en la tierra, y Yo pensaré en hacerte gozar el océano de mis alegrías y felicidad, nos volveremos felices mutuamente”.

 

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36-46

Diciembre 28, 1938

 

Cómo se forma el eco entre Creador y criatura.  Cómo un acto

en el Querer Divino se encuentra por todas partes.  El Rey

y el ejército.  La Maternidad de la Reina del Cielo.

 

(1) Aunque mi pobre mente se encuentra bajo la opresión de penas desgarradoras, hasta sentirme morir, hago cuanto puedo por seguir los actos del Querer Supremo, si bien muy fatigosamente, pero lo busco como mi refugio y para tomar fuerza en el estado tan doloroso en el cual me encuentro.  Y mi amado Jesús, teniendo compasión de mí, todo ternura me ha dicho:

(2) “Hija de mi Voluntad, ánimo, no te abatas demasiado, el abatimiento hace perder la fuerza y hace sentir lejano a Aquél que vive en ti y te ama tanto.  Tú debes saber que en cuanto la criatura entra en nuestro Querer para dejar el suyo y tomar el nuestro, comienza en ella nuestro eco divino, que resuena en nuestro Ser Divino, y Nosotros al oírlo decimos:  ‘¿Quién es aquél que tiene tanta virtud, que llega hasta hacer oír el eco de su amor, de su respiro, de su latido en nuestro Ser Supremo?  ¡Ah, es una criatura que habiendo reconocido nuestra Voluntad ha entrado a vivir en Ella, sea bienvenida!  Nosotros para corresponderle haremos oír nuestro eco en ella, de manera que respiraremos con un solo respiro, amaremos con un solo amor, latiremos con un solo latido, y Nosotros sentiremos que la criatura hace vida en Nosotros, no nos sentiremos solos, y ella sentirá que hacemos vida en ella, que está en compañía de su Creador que jamás la deja sola.  Has de saber que cada acto hecho en nuestro Querer no termina jamás, viene repetido continuamente, y como mi Voluntad se encuentra por todas partes, así el acto viene repetido en el Cielo, en las cosas creadas y en todos; por eso, un acto en nuestra Voluntad sobrepasa todo, llena Cielo y tierra y nos da tal amor y gloria, que todas las demás obras quedan como tantas pequeñas gotitas de frente al mar, porque somos Nosotros mismos que nos glorificamos y nos amamos en la criatura que se cubre de su Creador y obra junto con Él.  Por eso, por cuantas cosas bellas parece que hagan fuera de nuestro Querer, no pueden agradarnos jamás, porque no dan de Nosotros, no se pueden difundir dondequiera, el amor es tan pequeño que apenas, si bien, cubre la obra que ha hecho.

(3) Ahora, tú debes saber que Nosotros amamos mucho a la criatura, pero a pesar de que la amamos, no toleramos que esté junto a Nosotros indecente, sucia, sin belleza, desnuda, o bien cubierta con míseros andrajos.  No sería digno a nuestra majestad  suprema tener hijos que no nos semejen y que en algún modo no estén bien vestidos, con los vestidos reales de nuestro Fiat, sería como un rey que tiene su ejército y sus súbditos mal vestidos, cubiertos de porquerías, tanto, de dar asco al mirarlos, quién ciego, quién cojo, quién deforme.  ¿No sería un deshonor para este rey el estar circundado por un ejército tan miserable, de dar piedad?  ¿No se condenaría al rey que no tiene cuidado de formarse un ejército digno de él, de modo que todos deberían quedar admirados no sólo al mirar la majestad del rey, sino también el orden, la belleza del ejército, la prestancia de los jóvenes, el modo como están vestidos?  ¿No sería un honor para el rey estar circundado por ministros, por un ejército tal, que él tomara placer al verlos?  Ahora, nuestro amor invencible, con sabiduría infinita, queriendo tratar al tú por tú con la criatura, ha dispuesto dar mi Voluntad a ella, a fin de que con su luz la embellezca, con su amor la vista, con su santidad la santifique.  Mira entonces cómo es necesario que nuestra Voluntad reine en la criatura, porque sólo Ella tiene potencia de purificarla y embellecerla, de modo de formar nuestro ejército divino, y Nosotros nos sentiremos honrados de vivir con ellos y en ellos, serán nuestros hijos que nos circundan, vestidos con nuestros vestidos reales, embellecidos con nuestra semejanza.  Por eso nuestra Voluntad primero purifica, santifica, embellece, y después los admite en nuestro Querer a hacer vida junto con Nosotros.  Mucho más que, en cuanto la criatura entra en nuestro Querer, es tanto nuestro amor, que nuestro Ser Divino le llueve encima su lluvia de amor; y al verla tan amada por Nosotros todos corren a su alrededor, ángeles y santos para amarla, la misma Creación exulta de alegría al ver a nuestra Voluntad triunfadora en aquella criatura y le llueve amor, y ¡oh! cómo es bello ver que todos la aman, y ella se siente tan obligada al verse amada por todos, que ama a todos”.

(4) Después de esto seguía mi giro en el Querer Divino, y habiendo llegado al punto del nacimiento del pequeño Jesús, que temblaba de frío, lloraba y sollozaba amargamente, y con sus ojos llenos de lágrimas me miraba pidiéndome ayuda, y entre sollozos y gemidos me ha dicho:

(5) “Hija mía buena, la falta de amor de las criaturas me hace llorar amargamente.  Como no me veo amado me siento herido, y me da tal dolor, que me hace dar en sollozos; mi amor corre sobre de cada una de las criaturas, las cubre, las esconde y me constituyo vida de amor para ellas, las cuales, ingratas, no me dicen ni siquiera un ‘te amo’.  ¿Cómo no debo llorar?  Por eso ámame si quieres calmarme el llanto.

(6) Ahora hija mía, escúchame y préstame atención, quiero decirte una gran sorpresa de nuestro amor y quiero que no se te escape nada, quiero hacerte conocer hasta donde llega la Maternidad de mi Madre Celestial, qué cosa hizo y cuánto le costó y le cuesta todavía ahora.  Tú debes saber que la gran Reina no sólo me hizo de Madre con el concebirme, con el darme a la luz, con nutrirme con su leche, con darme todos los cuidados posibles que se necesitaron en mi infancia; esto no era suficiente ni a su materno amor ni a mi amor de Hijo, por eso su amor materno corría en mi mente, y si pensamientos dolorosos me afligían, extendía su Maternidad en cada uno de mis pensamientos, los escondía en su amor, los besaba, así que mi mente me la sentía escondida bajo el ala materna que no me dejaba jamás solo; cada pensamiento mío tenía a mi Mamá que me amaba y me daba todos sus cuidados maternos.  Su maternidad se extendía en cada respiro, en cada uno de mis latidos, y si mi respiro y latido eran sofocados por el amor y por el dolor, Ella corría con su Maternidad para no dejarme sofocar por el amor y poner el bálsamo a mi corazón traspasado.  Si miraba, si hablaba, si obraba, si caminaba, Ella corría para recibir en su amor materno mis miradas, mis palabras, mis obras, mis pasos, los investía con su amor materno, los escondía en su corazón y me hacía de Mamá; también en el alimento que me preparaba hacía correr su materno amor, así que Yo, comiéndolo, sentía su Maternidad que me amaba, y qué decirte del alarde de Maternidad que hizo en mis penas, no hubo pena, ni gota de sangre que vertiera, en la que no sintiera a mi amada Mamá.  Después que me hacía de Mamá, tomaba mis penas, mi sangre, las escondía en su materno corazón para amarlas y continuar su Maternidad.  ¿Quién puede decirte cuánto me amó y cuánto la amé?  Mi amor fue tanto, que Yo no sabía estar en todo lo que hice sin sentir su Maternidad junto Conmigo, puedo decir que Ella corría para no dejarme jamás, aun en el respiro, y Yo la llamaba, su Maternidad era para Mí una necesidad, un alivio, un apoyo a mi Vida acá abajo.

(7) Ahora hija mía, escucha otra sorpresa de amor de tu Jesús y de nuestra Mamá Celestial, porque en todo lo que se hacía entre mi Mamá y Yo, el amor no encontraba obstáculos, el amor del uno corría en el amor del otro para formar una sola Vida.  Ahora, queriendo hacerlo con las criaturas, cuántos obstáculos, rechazos e ingratitudes, pero mi amor no se detiene jamás, tú debes saber que en cuanto mi inseparable Mamá extendía su Maternidad dentro y fuera de mi Humanidad, Yo la constituía y la confirmaba como Madre de cada uno de los pensamientos de las criaturas, de cada respiro, de cada latido, de cada palabra, y hacía extender su Maternidad en las obras, en los pasos, en todas sus penas; su Maternidad corre en todas partes, cuando la criatura está en peligro de caer en pecado, corre, los cubre con su Maternidad a fin de que no caigan, y si han caído deja su Maternidad como ayuda y defensa para hacerla levantarse.  Su Maternidad corre y se extiende sobre las almas que quieren ser buenas y santas, y como si encontrase a su Jesús en ellas, hace de Madre a su inteligencia, guía sus palabras, las cubre y esconde en su amor materno para hacer crecer a otros tantos Jesús.  Su Maternidad hace alarde sobre el lecho de los moribundos, y valiéndose de los derechos de autoridad de Madre, dados por Mí, me dice con acento tan tierno que Yo no puedo negarle nada:  ‘Hijo mío, soy Madre, y son hijos míos, debo ponerlos a salvo; si no me concedes esto mi Maternidad quedará afligida’.  Y mientras esto dice, los cubre con su amor, los esconde en su Maternidad para ponerlos a salvo.  Mi amor fue tanto que le dije:  ‘Madre mía, quiero que seas la Madre de todos, y lo que me has hecho a Mí lo harás a todas las criaturas, tu Maternidad se extienda en todos sus actos, de modo que a todos los veré cubiertos y escondidos en tu amor materno’.  Mi Mamá aceptó y quedó confirmado que no sólo debía ser Madre de todos, sino que debía investir cada uno de sus actos con su amor materno.  Esta fue una de las gracias más grandes que hice a todas las generaciones humanas.  ¿Pero cuántos dolores no recibe mi Mamá?  Llegan a no querer recibir su Maternidad, a desconocerla  y  por eso  todo el Cielo ruega, espera con ansia que la Divina Voluntad sea conocida y reine, y entonces la gran Reina hará a los hijos de mi Querer lo que hizo a su Jesús, su Maternidad tendrá vida en sus hijos.  Yo cederé mi puesto en su corazón materno a quien viva en mi Querer; Ella los hará crecer, guiará sus pasos, los esconderá en su Maternidad y santidad, en todos sus actos se verá impreso su amor materno y su santidad, serán verdaderos hijos suyos, que me semejarán en todo, y ¡oh! cómo suspiro que todos lleguen a saber que quien quiere vivir en mi Querer tiene una Reina y Madre potente, que suplirá a lo que les hace falta a ellos, que los hará crecer en su regazo materno y que en todo lo que hagan estará junto con ellos para modelar sus actos a los suyos, tanto, que se conocerá que son hijos crecidos, custodiados, educados por el amor de la Maternidad de mi Mamá, y éstos serán los que la volverán contenta y serán su gloria y honor”.

 

Fiat!!!

 



[1] Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.

 

[2]  El 31 de Agosto de 1938, el Santo Oficio emitió un decreto de condena y puesta en el índice de libros prohibidos a tres libros publicados de luisa.  El 11 de Septiembre fue publicado en el Observador Romano, con un comentario anónimo, la medida disciplinaria.