EL DIVINO QUERER

 

(FIAT)

 

PALPITANTE

 

EN MEDIO DE LAS CRIATURAS

 

Y SUPLICANTE

 

PORQUE QUIERE DARNOS SU

 

VIDA

 

 

 

 

 


 

 

 

CONTENIDO

 

 

“FIAT”

 

Llamamiento de Rey Divino al Reino de Su Voluntad

 

Consagración a la Divina Voluntad

 

Llamamiento Maternal de la Reina del Cielo

 

Ofrenda de la propia voluntad humana a la Reina del Cielo

 

A la Reina del Divino Querer

 

Plegaria de la mañana a la Santísima Virgen

 

Los “buenos días” a Jesús en el Sacramento de su Amor

 

Al Ángel de la guarda

 

Invocación a la Divina Voluntad en todas nuestras acciones:

01.- Al despertarse en la mañana

02.- Al lavarse

03.- Al vestirse

04.- Al caminar

05.- Al trabajar

06.- Al escribir

07.- Al tomar el alimento o la bebida

08.- Después de comer

09.- En las penas o sufrimientos

10.- Entrando a una iglesia

11.- Al hacer oración

12.- Al asistir a la Santa Misa

13.- Antes de la Comunión

 

Preparación a la Comunión en unión con la Comunión misma de Jesús, para dar de nuevo al Padre su misma Gloria Divina

 

Después de la Comunión

 

Acción de Gracias después de la Comunión

 

Acción de Gracias después de la Comunión en unión con la Reina del Cielo

 

Desahogos de amor del alma hacia Jesús

 

Visitas a Jesús en el sacramento de su amor

I,  II,  III,  IV,  V,  VI ,  VII,  VIII,  IX,  X,  XI,  XII

 

Plegaria a la Reina del Cielo antes de entregarnos a la contemplación

 

A nuestra Madre Bendita, pidiéndole que nos dé la vida de la Voluntad Divina

 

Acto de reparación completo en el Divino Querer

 

Acto completo de correspondencia de amor en el Divino Querer

 

El adiós de la tarde a Jesús Sacramentado

 

Al acostarse y al entregarse al sueño

 

Intenciones para que el alma continúe su divina actividad, inseparablemente unida a Jesús durante el sueño

 

Antes de la Confesión

 

Después de la Confesión


Acto de contrición en el Divino Querer

 

Ofrenda de la propia vida en la  hora de la muerte a la Voluntad de Dios

 

 

 

 

 


“FIAT”

 

          Mi dulce Jesús, aquí estoy en tus brazos, para pedirte ayuda. Ah, Tú conoces la amargura de mi alma, cómo el corazón me sangra y mi grande repugnancia de dar a conocer todo lo que Tú me has dicho acerca de tu Santísimo Querer. ¡Más la obediencia se impone! Tú lo quieres..., y yo, aunque me hiciera pedazos, me veo obligada por una fuerza suprema a cumplir el sacrificio.

          Mas recuerda, oh Jesús mío, que Tú mismo me has llamado “la pequeña recién nacida de tu Santísima Voluntad”. Un recién nacido sabe apenas balbucir; ¿qué podré, pues, hacer yo? Balbuciré tu Querer, apenas; Tú harás todo lo demás, ¿no es verdad oh mi Jesús? Más aún, haz que yo desaparezca del todo, y tu Querer sea el que con trazos imborrables y divinos, y mojando la pluma en este Sol Eterno, escriba con letras de oro los conceptos, los afectos, el valor y la potencia de la Voluntad Suprema, y como el que vive en Ella, viviendo como en su centro, se ennoblece, se diviniza, abandona sus despojos naturales, regresa a su principio, y, triunfante de todas sus miserias, reconquista su estado de origen, puro, hermoso, todo ordenado a su Creador, tal como salió de sus manos creadoras.

          Escribe Tú en estas páginas la larga historia de tu Voluntad, tu dolor al verte rechazado por las criaturas, a las regiones celestes, y Tú, que como sol en las alturas, si bien te ves rechazado, derramas tus rayos sobre todas las humanas generaciones y quieres descender para venir a reinar en medio de ellas, y por eso envías los rayos de tus suspiros y de tus gemidos, de tus lágrimas y de tu intenso y eterno dolor viéndote exiliado, y como rota tu Voluntad con la voluntad de las humanas criaturas...; y por eso Tú esperas a que te llamen en medio de ellas y Te reciban como Rey Triunfador, haciéndote así reinar en la tierra como en el Cielo.

          ¡Desciende, oh Querer Supremo! Soy yo la primera que te llamo. ¡Ven a reinar en la tierra! Tú, que creaste al hombre para que sólo hiciese tu Querer, y que él ingrato, rompió, rebelándose contra Ti, ven a atar de nuevo a Ti esta voluntad humana, a fin de que cielo y tierra y todo quede ordenado en Ti.

          ¡Oh, cómo quisiera, a costa de mi vida, que tu Querer fuese conocido! ¡Quisiera elevar mi vuelo en sus infinitos confines, para llevar a cada criatura su eterno beso, su conocimiento, sus bienes, su valor y tus gemidos inenarrables, porque quieres venir a reinar en la tierra, para que, conociéndote te reciban con amor, y haciéndote fiesta, Te hagan reinar!

          ¡Oh, Querer Santo, con tus rayos luminosos deja escapar las flechas de tu conocimiento; haz a todos conocer que Tú vienes a nosotros para hacernos felices, pero no con una felicidad humana, sino Divina, para devolvernos el dominio perdido de nosotros mismos, y aquella luz que hace conocer el verdadero Bien para poseerlo y el verdadero mal para huir de él; que nos hace firmes y fuertes, con una fortaleza y firmeza divinas!

          Establece las corrientes entre la Voluntad Divina y la humana, y pinta con el pincel de tu mano creadora en nuestras almas todos aquellos rasgos divinos que perdimos con sustraernos a Ella...! Tu Querer nos pintará con ese frescor que nunca envejece, con esa belleza que nunca se descolora, con esa luz que nunca se opaca, con esa gracia que siempre crece, con ese amor que siempre arde y que jamás se apaga...

          Oh Querer Santo, ábrete paso, forma Tú el camino para hacerte conocer... Manifiesta a todos QUIEN eres Tú y el gran bien que quieres hacer a todos, para que atraídos, raptados por tan grande bien, todos puedan hacerse presa de tu Voluntad, y así podrás reinar libremente en la tierra como en el Cielo.

          Por tanto te ruego que escribas Tú mismo los conocimientos que de Ella me has manifestado; y que cada palabra, cada frase, cada efecto y conocimiento de tu Voluntad sean para quien lea otros tantos dardos, flechas, saetas, que hiriéndolo, lo haga caer a tus pies y Te reciba con los brazos abiertos, para hacerte reinar en su corazón. A tantos prodigios de tu Querer, añade también éste: que al conocerte, no te dejen pasar de largo, no, sino que te abran las puertas para recibirte y hacerte reinar... Esto busca para ti “la pequeña recién nacida de tu voluntad”; si de mí has querido, y con tanta insistencia, el sacrificio de dar a conocer los secretos de tu Querer que me has comunicado, yo de ti quiero esto otro: que al ser conocido haga este prodigio, que tome su lugar de triunfo y reine en los corazones que lo conozcan; sólo esto te pido, oh Jesús mío; no te pido otra cosa; ninguna otra cosa quiero sino el intercambio de mi sacrificio, que tu Querer sea conocido y reine con su pleno dominio.

          Tú lo sabes, amor mío, cuán grande ha sido mi sacrificio, mis luchas interiores, hasta sentirme morir; mas por amor tuyo, y para obedecer a tu representante en la tierra, a todo me he sometido. Por tanto, grande lo quiero el prodigio: que al ser conocidas tus palabras acerca de tu Querer, las almas queden raptadas, encadenadas y atraídas, más que por un potente imán, y hagan reinar aquel “FIAT” Divino que Tú, con tanto amor, quieres que reine en la tierra.

          Y si te place, mi vida, antes de que estos escritos salgan a la luz del día y circulen por manos de tus hermanos y míos, ah, llévate tu “pequeña recién nacida de tu Voluntad” a la Patria Celestial. Ah, no me des este dolor; que no sea yo espectadora de que nuestros secretos sean conocidos por las demás criaturas; si me has dado el primero, evítame el segundo, pero siempre “non mea Voluntas sed tua FIAT”, “Hágase tu Voluntad y no la mía”.

          Y ahora una palabra a vosotros todos, los que leeréis estos escritos...: os ruego, os suplico que recibáis con amor lo que Jesús quiere daros, es decir, su Voluntad. Más para darnos la Suya quiere que Le deis la vuestra; si no, no podrá reinar... ¡Si supierais con cuánto amor quiere daros mi Jesús el más grande Don que existe en el Cielo y en la tierra, esto es, su Voluntad!

          Y ahora os invito a todos: Venid conmigo al Edén, donde tuvo nuestro origen su principio, donde el Ser Supremo creó el hombre, y haciéndolo rey, le daba un reino que dominase; este reino era todo el Universo, pero su cetro, su corona, su autoridad, le venían del fondo de su propia alma, en la que residía el “FIAT” Divino como Rey dominante, que constituía la verdadera realeza en el hombre. Sus vestiduras eran reales, refulgentes más que el sol; sus actos eran nobles; su belleza, arrebatadora; y Dios lo amaba tanto, se complacía con él, lo llamaba “mi pequeño hijo y rey”

          Todo era armonía, orden y felicidad.

          Este hombre, nuestro primer padre, se traicionó a sí mismo, traicionó a su reino, y haciendo su voluntad llenó de amargura a su Creador, que tanto lo había exaltado y amado, y perdió su reino, el Reino de la Divina Voluntad, en la cual todo le había sido dado. Las puertas del Reino le fueron cerradas, y Dios retiró para Sí el Reino que había dado al hombre...

          Y ahora os debo decir un secreto: Al retirar para Sí el Reino de la Divina Voluntad, Dios no dijo “no lo daré más al hombre”, sino que tuvo reservado, esperando a las futuras generaciones para asaltarlas con gracias sorprendentes, con Luz deslumbradora que eclipsase el querer humano, que nos hizo perder un Reino tan santo, y con un atractivo de prodigiosos y asombrosos conocimientos de la Divina Voluntad, tales que nos hicieran sentir la necesidad, el deseo de abandonar nuestro querer humano, que nos hace infelices, y de arrojarnos a la Divina Voluntad, como a nuestro Reino permanente.

          Así que el Reino es nuestro... ¡Animo! El “FIAT” Supremo nos espera, nos llama y con insistencia nos invita a tomar posesión de él.

          ¿Quién tendrá un corazón tan duro, quién tendrá perfidia para no escuchar su llamada, y para no aceptar tanta felicidad...?

          Sólo debemos dejar los miserables harapos de nuestra voluntad, la vestidura de luto de nuestra esclavitud en que ella nos ha arrojado, para vestirnos de reyes y ornarnos con esplendores divinos.

          Por eso dirijo mi llamada a todos; no creo que no queráis escucharme... ¿Sabéis? Soy una pobre pequeñita, la más pequeña de todas las criaturas; y yo, bilocándome en el Divino Querer junto con Jesús, vendré como pequeñita a vuestro regazo, y con gemidos y lágrimas llamaré a la puerta de vuestros corazones para pediros, como pequeña mendicante, que me deis vuestros harapos, las vestiduras de luto, vuestro querer infeliz, para dárselo a Jesús, a fin de que queme todo; y dándoos su Querer de nuevo, os dé de nuevo su Reino, su felicidad y el candor de sus vestiduras reales.

          ¡Si conocieseis qué significa VOLUNTAD DE DIOS...! Ella encierra Cielo y tierra; si estamos con Ella, todo es nuestro, todo está dependiendo de nosotros; pero si, por el contrario, no estamos con Ella, todo está contra nosotros, y si tenemos alguna cosa somos los verdaderos ladrones de nuestro Creador, que nos mantenemos a base de fraude y robo.

          Si queréis, por tanto, conocerla, leed estas páginas: encontrareis el bálsamo para las heridas que cruelmente nos ha hecho el querer humano, el nuevo aire divino, la nueva Vida toda de Cielo; sentiréis el Cielo en vuestra alma; veréis nuevos horizontes, nuevos soles, y a menudo hallareis a Jesús, con el rostro bañado en lágrimas, que quiere daros su Querer. Llora porque os quiere ver felices, pero viéndoos infelices solloza, suspira y ora por la felicidad de sus hijos, y pidiéndoos vuestro querer para arrebataros la infelicidad, os está ofreciendo el Suyo, como confirmación del Don de su Reino.

          Por eso dirijo mi llamada a todos; y hago esta llamada junto con Jesús, con sus mismas lágrimas, con sus suspiros ardientes, con su Corazón abrasado porque quiere darnos su “FIAT”. Hemos salido de su “FIAT”, que nos ha dado la vida; es justo, es un deber y es necesario que regresemos a El, a nuestra preciosa e interminable heredad.

          Y en primer lugar dirijo mi llamada al Romano Pontífice, a Su Santidad el Papa, al Representante de la Santa Iglesia, y Representante por tanto del Reino de la Divina Voluntad. A sus santos pies esta pobre pequeñita pone este Reino, para que lo domine, lo haga conocer, y con su voz paterna y con su autoridad llame a sus hijos a que vivan en este Reino tan santo. El Sol del “FIAT” Supremo lo inunde con su Luz, y en su Representante sobre la tierra forme el primer Sol del Querer Divino; y formando su Vida en aquel que está a la cabeza de todos, extienda sus interminables rayos por todo el mundo; y eclipsando a todos con su Luz, forme un solo rebaño y un solo pastor.

          La segunda llamada la dirijo a todos los Sacerdotes. Postrada a los pies de cada uno, suplico e imploro que se interesen por conocer la Divina Voluntad. El primer movimiento, el primer acto, tomadlo de Ella, o mejor, encerraos en el “FIAT”, y sentiréis cuán dulce y amable es su Vida; sacad de Ella todo lo que hacéis... En vosotros sentiréis una Fuerza Divina, una voz que siempre habla, que os dirá cosas admirables que nunca habéis escuchado; sentiréis una luz que os eclipsará todos los males, y que eclipsando a las gentes, os dará el dominio de ellas.

          ¡Cuántas fatigas hacéis sin fruto, porque falta la Vida de la Divina Voluntad...! Habéis partido a las gentes un pan sin la levadura del “FIAT”, y por eso, al comerlo, lo han encontrado duro, casi indigerible; y no sintiendo en ellos la Vida, no se rinden a vuestras enseñanzas. Así pues, ¡comed vosotros este pan del “FIAT” Divino! Así tendréis pan suficiente para dar de comer a las muchedumbres. Así formareis con todos una sola Vida y una sola Voluntad.

          La tercera llamada os la dirijo a todos, al mundo entero, ya que todos sois mis hermanos, mis hermanas, mis hijos. ¿Sabéis por qué os llamo a todos...? Porque os quiero dar a todos la Vida de la Divina Voluntad. Esta es más que aire que todos podemos respirar, es como Sol del que todos podemos recibir el bien de la luz, es como palpitar del corazón, que en todos quiere palpitar; y yo, como niña pequeñita, quiero, suspiro que todos toméis la Vida del “FIAT”... ¡Oh, si supieseis cuántos bienes recibiríais, empeñaríais la vida para hacerla reinar en vosotros todos...!

          Esta pobre pequeñita quiere deciros otro secreto que Jesús le ha confiado, y os lo digo para que me deis vuestra voluntad, y a cambio recibiréis la Voluntad de Dios, que os hará felices en el alma y en el cuerpo.

          ¿Queréis saber por qué la tierra no produce...? ¿Por qué en varias partes del mundo la tierra se abre con terremotos y sepulta en su seno ciudades y personas...? ¿Por qué el viento y el agua forman esas tempestades que devastan todo, y tantos otros males que sabéis todos...?

          Porque las cosas creadas poseen una Voluntad Divina que las domina, y por eso son potentes e imperiosas, son más nobles que nosotros. Nosotros, por el contrario, somos dominados por una voluntad humana y degradados, y por tanto somos débiles e impotentes. Pero si por suerte nuestra, renunciamos a nuestra voluntad humana y tomamos la Vida del Querer Divino, también nosotros seremos fuertes, dominadores; seremos hermanos de todas las cosas creadas, las cuales, no sólo no nos molestarán más, sino que nos darán el dominio sobre ellas, y seremos felices en el tiempo y en la Eternidad.

          ¿No os gusta esto...? Por lo tanto, daos prisa: escuchad a esta pobre pequeñita que os quiere tanto, y sólo estaré contenta cuando pueda decir que todos mis hermanos y hermanas son reyes y reinas, porque todos poseen la Vida de la Divina Voluntad. Así pues, ánimo todos, y responded a mi llamada.

          Y aún suspiro mucho más que todos a coro respondáis a mi llamada, pues no soy yo sola que os llamo y que os ruego, sino que conmigo os llama con voz conmovedora y tierna mi dulce Jesús, que muchas veces con lágrimas os dice: “Tomad como Vida vuestra mi Voluntad, venid a su Reino”.

          Es más, debéis saber que el primero en suplicar al Padre Celestial que venga su Reino y que se haga su Voluntad en la tierra como en el Cielo, fue Nuestro Señor en el “Padre Nuestro”; y transmitiéndonos su oración, hacía una llamada y rogaba a todos que pidiesen el “FIAT VOLUNTAS TUA” en la tierra como en el Cielo; y cada vez que recitáis el “Padre Nuestro”, es tanto el amor de Jesús que quiere daros su Reino, su “FIAT”, que corre a decir junto con vosotros: “Padre mío, soy Yo quien Te lo pido para mis hijos; ¡hazlo pronto!”.

          Así que el primero en suplicar es el mismo Jesús, y después también vosotros lo pedís en el “Padre Nuestro”. ¿No queréis, pues, tan grande bien?

          Una última cosa os digo:

          Habéis de saber que esta niña pequeñita, viendo la Divina Obsesión, los delirios y las lágrimas de Jesús por querer daros su Reino, su “FIAT”, es tan grande su anhelo, sus suspiros y sus ansias pero veros a todos en el Reino de la Divina Voluntad para veros a todos felices y para hacer sonreír a Jesús, que si no lo consigue con plegarias y con lágrimas, quiere lograrlo con caprichos, haciéndolos con Jesús y haciéndolos con vosotros... ¡Escuchad, pues, todos a esta pobre pequeñita..., no hacedla más suspirar...! Decidme, al menos por gracia: “Así sea, así sea; todos queremos el Reino de la Divina Voluntad”.

          Corato (Bari, Italia) Año 1924

          Luisa Picarreta, “La Pequeña Hija de la Divina Voluntad”.

 

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LLAMAMIENTO DEL REY DIVINO

AL REINO DE SU VOLUNTAD

 

          Mis muy queridos y amados hijos:

          Vengo en medio de vosotros con el corazón ahogado en las llamas de mi Amor; vengo como Padre en medio de mis hijos, que tanto amo, y es tan grande mi Amor que vengo para quedarme con vosotros, para hacer vida juntos y vivir con una sola Voluntad, con un único Amor. Vengo con el cortejo de mis penas, de mi Sangre, de mis obras y de mi misma Muerte.

          Mirad: cada gota de mi Sangre, cada pena, mis obras todas, mis pasos, quieren a porfía daros mi Divina Voluntad; mi Muerte incluso quiere daros el resurgir de la Vida en Ella. En mi Humanidad os he preparado todo, y os he obtenido gracias, ayudas, luz, fuerza, para recibir Don tan grande; por mi parte he hecho todo, ahora espero vuestra parte. ¿Quién será tan ingrato que no quiera recibirme, que rehúse el Don que le llevo? Sabed que es tanto mi Amor, que no Me fijaré en vuestra vida pasada; vuestras mismas culpas y todos vuestros males los sepultaré en el océano de mi Amor, para así todo quemarlo, y empezaremos juntos la nueva Vida, toda de Voluntad mía. ¿Quién tendrá el valor de rechazarme y de echarme afuera, sin acoger mi visita, hasta este extremo paternal? Si me aceptáis, Me quedaré con vosotros, como Padre entre mis hijos, pero debemos estar con la máxima concordia y vivir con una sola Voluntad. ¡Oh, cuánto lo suspiro, con gemidos inenarrables, y llego hasta las lágrimas porque quiero que mis hijos queridos estén juntos conmigo y vivan de mi misma Voluntad.

          Son ya casi seis mil años de inacabables suspiros y de lágrimas amargas de mi Santísima Humanidad, con que reclamo y quiero a mis hijos en torno a Mí para hacerlos felices y santos; y hasta los llamo llorando... Quizá se muevan a compasión de mis lágrimas, de mi Amor, que llega hasta sofocarme y a hacerme dar en delirio, y entre sollozos y espasmos voy repitiendo: Hijos míos, hijos míos, ¿dónde estáis? ¿por qué no venís a vuestro Padre? ¿por qué andáis lejos de Mí, vagando pobres, llenos de todas las miserias? Vuestros males son heridas para mi Corazón; ya estoy cansado de esperaros, y ya que vosotros no venís, no pudiendo contener más el amor que me devora, vengo Yo a buscaros y os traigo el grande Don de mi Voluntad. ¡Ah, os ruego, os suplico, os conjuro a que me escuchéis, que os mováis a compasión por mis lágrimas, de mis suspiros ardientes!

          Y no sólo como Padre, sino que como Maestro vengo en medio de mis discípulos; pero quiero ser escuchado. Os enseñaré cosas sorprendentes, lecciones de Cielo, que os darán luz que nunca se apaga, amor que siempre arde; mis lecciones os darán fuerza divina, valor intrépido, Santidad que siempre crece; a cada paso os abrirá, el camino, y serán la que os conduzcan a la Patria Celestial.

          Vengo como Rey en medio de los pueblos, más no para exigir impuestos y tributos, no, no; vengo porque quiero vuestra voluntad, vuestras miserias, vuestras debilidades, todos vuestros males. Esta es mi Soberanía, precisamente: quiero todo lo que os hace infelices, inquietos, atormentados, para esconder todo y quemarlo con mi Amor; y Rey bueno, pacífico, generoso cual soy, quiero a cambio daros mi Voluntad, con el Amor más tierno, con mis riquezas y felicidad, con la más pura paz y alegría.

          Si me dais vuestra voluntad, todo estará hecho; Me haréis feliz y seréis felices. No anhelo otra cosa, que mi Voluntad reine entre vosotros. El cielo y la tierra os sonreirán; mi Madre Celestial será para con vosotros Madre y Reina; ya Ella, conociendo el gran bien que os traerá el Reino de mi Querer Supremo, para apagar mis ardientes deseos y hacer que no llore más, y amándoos como verdaderos hijos suyos, va en medio de las gentes, en las naciones, para disponerlas y preparar a los pueblos a recibir el dominio del Reino de mi Voluntad. Ella fue quien me preparó las gentes para hacerme descender del Cielo a la tierra, y a Ella le confío, a su Amor materno, que me disponga las almas y los pueblos a recibir Don tan grande.

          Así pues escuchadme; y os ruego, hijos míos, que leáis con atención estas páginas que os pongo ante vosotros, y sentiréis la necesidad de vivir de mi Voluntad. Yo me pondré a vuestro lado cuando leáis; os tocaré la mente, el corazón, a fin de que comprendáis y para que os decidáis a querer el Don de mi “FIAT” Divino.

 

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CONSAGRACIÓN A LA DIVINA VOLUNTAD

EN LA VOLUNTAD DE DIOS DEMOS GRACIAS A DIOS

 

          Oh Voluntad Divina y Adorable, heme aquí ante la inmensidad de tu Luz, para que tu Eterna Bondad me abra las puertas y me haga entrar en Ella, para formar mi vida toda en Ti, Voluntad Divina.

          Así pues, postrado ante tu Luz, yo, el más pequeño entre todas las criaturas, entro, oh Adorable Voluntad, en el pequeño grupo de los hijos de tu “FIAT” Supremo.

          Postrado en mi nada, invoco y suplico a tu Luz que me revista y eclipse todo lo que no Te pertenece, de modo que ya no mire, ni comprenda, ni viva, sino en Ti, Voluntad Divina.

          Esta será, pues, mi vida, el centro de mi inteligencia, la raptora de mi corazón y de todo mi ser. En mi corazón no quiero que tenga más vida el querer humano; lo arrojaré afuera de mí y así formaré el nuevo Edén de paz, de felicidad y de amor.

          Con Ella seré siempre feliz, y tendré una fuerza única y una Santidad que todo santifica y conduce a Dios.

          Aquí postrado, invoco la ayuda de la Sacrosanta Trinidad para que me admita a vivir en el claustro de la Divina Voluntad, y así regrese en mí aquel Orden primero de la Creación, tal y como fue creada la criatura.

          Madre del Cielo, Soberana y Reina del “FIAT” Divino, tómame de la mano e introdúceme en la Luz del Divino Querer. Tú serás mi guía, mi dulcísima Madre, y me enseñarás a vivir y a mantenerme en el orden y en el recinto de la Divina Voluntad. Soberana Celestial, a tu Corazón confío todo mi ser. Tú me enseñarás la Doctrina de la Divina Voluntad y yo pondré toda mi atención en escucharte. Extenderás tu manto sobre mí, para que la serpiente infernal no se atreva a penetrar en este sagrado Edén para seducirme y hacerme caer en el laberinto del querer humano.

          Corazón de mi Sumo Bien Jesús, Tú me darás tus llamas para que me incendien, me consuman y me alimenten, para formar en mí la Vida del Supremo Querer.

          San José, tú serás mi protector, el custodio de mi corazón, y tendrás las llaves de mi querer en tus manos. Celosamente custodiarás mi corazón y nunca más me lo darás, para estar así seguro de no salirme jamás de la Voluntad de Dios.

          Ángel custodio mío, guárdame, defiéndeme, ayúdame en todo, para que mi vida sea llamada que atraiga a todos al Reino de la Divina Voluntad.

          Corte del Cielo toda, dame tu ayuda, y yo viviré para siempre en la Voluntad Divina.

 

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LLAMAMIENTO MATERNAL DE LA REINA DEL CIELO

 

          Hijo queridísimo, siento la necesidad irresistible de bajar del Cielo para visitarte como Madre; y si tú Me aseguraras de tu amor filial y de tu fidelidad, Yo me quedaré para siempre contigo en tu alma, para serte maestra, modelo, ejemplo y Madre amorosísima.

          Vengo para invitarte a entrar en el Reino de tu Mamá, esto es, el Reino de la Divina Voluntad, y llamo a la puerta de tu corazón para que me abras... ¿Sabes? Con mis mismas manos te ofrezco como don este libro (1): te lo ofrezco con anhelo materno para que tú, a tu vez, leyéndolo, aprendas a vivir de Cielo y ya no más de tierra. Este libro es de oro, hijo mío; constituirá tu fortuna terrena. Hallarás en él la fuente de todos los bienes: si eres débil, adquirirás la fuerza; si eres tentado, adquirirás la victoria; si te encuentras caído en la culpa, hallarás la mano piadosa y potente que te levantará; si te ves afligido, hallarás el consuelo; si te sientes frío, hallarás el medio seguro para calentarte; y si tienes hambre gustarás el manjar exquisito de la Divina Voluntad. Con él, ya no te faltará nada, no estarás más solo, porque tu Mamá te hará dulce compañía y con todos sus cuidados maternales se tomará el encargo de hacerte feliz. Yo, la Celestial Emperadora, me encargaré de todas tus necesidades, con tal de que tú consientas en vivir unido a Mí.

          ¡Si tú conocieras mis anhelos, mis suspiros ardientes, y hasta las lágrimas que derramo por mis hijos...! ¡Si tú supieras cómo ardo de deseos de que escuches mis lecciones todas de Cielo y aprendas a vivir de Voluntad Divina...! En este libro contemplarás maravillas: encontrarás una Madre que te ama tanto, que sacrificó a su amado Hijo por ti, y así poder hacerte vivir de esa misma Vida de la cual Ella misma vivió sobre la tierra.

          Ah, no me des este dolor, no me rechaces; acepta este Don de Cielo que te traigo; acoge mi visita, mis lecciones... Has de saber que Yo recorreré todo el mundo, iré a cada individuo, por todas las familias, por las comunidades religiosas, por cada nación, a todos los pueblos, y si hace falta emplearé siglos enteros, hasta que habré formado, como Reina a mi pueblo, y como Madre a mis hijos, que conozcan y hagan reinar por doquier la Divina Voluntad.

          Ahí tienes, pues, explicada la finalidad de este libro. Quienes lo acojan con amor serán mis primeros hijos afortunados, que pertenecerán al Reino del “FIAT” Divino, y Yo con letras de oro escribiré sus nombres en mi materno Corazón.

          Ves, hijo mío, ese mismo Amor infinito de Dios, que en la Redención quiso servirse de Mí para hacer descender al Verbo Eterno a la tierra, ahora Me llama otra vez a intervenir y Me confía la costosa misión, el sublime mandato de formar sobre la tierra a los hijos del Reino de su Divina Voluntad. Maternalmente presurosa, me pongo por tanto a la obra y te preparo el camino que debe conducirte a este Reino feliz... Con esta finalidad te daré sublimes y celestiales lecciones, y te enseñaré por último especiales y nuevas oraciones, con las que comprometerás el Cielo, el Sol, la Creación, mi misma Vida y la de mi Hijo, y los actos todos de los Santos, para que en nombre tuyo pidan el Reino adorable del Querer Divino. Estas plegarias son las más potentes, porque comprometen las Obras mismas de Dios; por medio de ellas, Dios se sentirá desarmado y vencido por la criatura. Y tú, fuerte con este medio, apresurarás el advenimiento de su Reino felicísimo, y obtendrás conmigo que la Divina Voluntad se haga así en la tierra como en el Cielo, conforme al deseo del Maestro Divino.

          Animo, hijo mío, hazme contenta y Yo te bendeciré.

 

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OFRENDA DE LA PROPIA VOLUNTAD

HUMANA A LA REINA DEL CIELO

 

          Mamá dulcísima, heme aquí postrado ante tu trono: soy tu hijo el más pequeño, que quiero darte todo mi amor filial, y como hijo tuyo quiero reunir todos los sacrificios, las invocaciones, las promesas que tantas veces he hecho de no hacer nunca más mi voluntad, y formando una corona quiero ponerla en tu regazo, como prueba de mi amor y de mi agradecimiento hacia Ti, que eres mi Madre.

          Pero esto no me basta; quiero que la tomes en tus manos, en señal de que aceptas mi regalo, y al contacto de tus dedos maternales me la conviertas en tantos soles, al menos por cuantas veces he querido hacer la Voluntad Divina en mis pequeños actos.

          Ah, sí, Madre y Reina, este hijo tuyo quiere tributarte un homenaje de luz y de soles refulgentísimos... Sé que Tú ya posees tantos de estos soles, pero no son los soles de este tu hijo; por eso quiero darte los míos para decirte que Te amo, y para hacerte que me ames. Mamá Santa, Tú me sonríes y con toda bondad aceptas mi regalo, y yo de corazón Te doy las gracias; pero quisiera decirte tantas cosas... Quiero encerrar en tu Corazón materno mis penas y mis temores, mis debilidades y todo mi ser, como en el lugar de mi refugio; quiero consagrarte mi voluntad. Sí, oh Madre mía, acéptala; haz de ella un triunfo de la Gracia y un campo en el que la Divina Voluntad extienda su Reino. Esta voluntad mía, consagrada a Ti, nos hará inseparables y nos tendrá en una relación continua; las puertas del Cielo no se cerrarán para mí, porque habiéndote consagrado mi voluntad, me darás a cambio la tuya. Así que, o la Madre vendrá a estar con su hijo en la tierra, o el hijo irá a vivir con su Madre en el Cielo... ¡Oh, qué feliz seré!

          Oye, Mamá queridísima, para hacer aún más solemne la consagración de mi voluntad a Ti, llama a la Trinidad Sacrosanta, a todos los Ángeles y los Santos, y en la presencia de todos declaro y con juramento, que hago solemne consagración de mi voluntad a mi Madre Celestial. Así sea.

 

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A LA REINA DEL DIVINO QUERER

 

          Madre mía hermosa, que estás en el Cielo, haz que a tu Jesús no ofenda jamás; por tanto no permitas que me separe nunca de la Divina Voluntad.

          Reina del Divino Querer, tómame en tu regazo materno y enséñame a vivir sólo de Voluntad Divina.

          Reina Soberana, viviendo en la Divina Voluntad te pido para mí y para todos tu santa bendición descienda ésta como celestial rocío sobre los pecadores y los convierta, sobre los afligidos y los consuele, sobre el mundo entero y lo transforme al bien, sobre las almas del Purgatorio y extinga en ellas el fuego que las quema. Tu bendición materna sea prenda de eterna salvación para todas las almas. Así sea.

 

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PLEGARIA DE LA MAÑANA A LA SANTÍSIMA VIRGEN

 

          Mamá dulcísima, ya estoy despierto y corro a tus brazos maternos. Bien sé, oh Mamá, que tienes en tu regazo al gracioso niñito Jesús; por El es precisamente por lo que quiero venir a Ti, y nos tendrás juntos a los dos. ¿No eres Tú también mi Madre? Dame tu mano, y heme aquí ya en tus brazos... Mamá Santa, permíteme que le dé un beso a Jesús y luego a Ti.

          Oye, en este día no descenderé para nada de tus rodillas; Tú me harás de Mamá. Dirige todos mis pensamientos a Jesús; con tu mirada fija en Jesús, guía las mías para mirar a Jesús; une mi lengua a la tuya, y así resuene unida nuestra voz para orar, para hablar siempre de amor... Jesús estará contento al escuchar en mi voz la voz de la Mamá.

          Madre mía, perdóname si soy demasiado atrevido; haz que mi corazón palpite en el tuyo; dirige mis afectos y mis deseos a Jesús; y mi voluntad, encadenada a la tuya, forme dulce cadena de amor y de reparación a su Corazón Divino, para reconfortarlo por tantas penas y ofensas. Mamá querida, asísteme y guíame en todo; dirige mis manos a Jesús, y no permitas que jamás yo haga acciones indignas con que pueda ofenderlo.

          Oye, oh Mamá, mientras yo esté en tu regazo, tu tarea sea la de hacerme del todo semejante a Jesús... Veo que Jesús sufre y yo no... ¡Cuánto quisiera sufrir con El! Mamá Santa, dile Tú una palabra, dile a Jesús que me conceda sufrir en unión con El, que juntos lloremos y que todo lo hagamos en común. De Ti lo espero todo; con tus manos me darás el alimento, el trabajo, las disposiciones de lo que debo hacer, y sobre tus rodillas haz que me quede unido a Jesús.

          Mamá querida, Tú me bendices, y tu bendición me asegure que en todo me harás de Madre.

 

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LOS “BUENOS DÍAS” A JESÚS EN EL SACRAMENTO DE SU AMOR

 

          Oh Jesús mío, dulce Prisionero de amor, aquí me tienes de nuevo; me quedé contigo con decirte “adiós” y ahora regreso a Ti, dándote los “buenos días”. Me consumía el ansia de volverte a ver en esta prisión de amor, para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos y mis deseos ardientes, y todo mi ser entero, para fundirme todo en Ti, y dejarme en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

          ¡Oh, mi siempre adorable Amor Sacramentado! ¿Sabes? A la vez que he venido para entregarme a Ti por entero, he venido también para recibir de Ti todo lo que eres por entero. Yo no puedo estar sin una vida para vivir, y quiero por eso la Tuya: a quien todo da, todo se le da, ¿no es cierto, Jesús?

          Así pues, hoy amaré con tu palpitar de amante apasionado, respiraré con tu respiro afanoso en busca de almas, desearé con tus propios deseos inconmensurables tu Gloria y el bien de las almas. En tus latidos divinos estarán presentes todos los latidos de las criaturas; los cogeremos todos y los salvaremos; no dejaremos que escape ninguno, a costa de cualquier sacrificio, sea incluso que me costase soportar toda la pena. Si me echases de tu Presencia, aún más adentro me arrojaría, y gritaría más fuerte, para implorar contigo la salvación de tus hijos y hermanos míos.

          Oh Jesús, Vida mía y todo mío, ¡cuántas cosas me dice este voluntario cautiverio tuyo! Mas las insignias de las almas; y las cadenas que tan fuerte, tanto, Te atan, son el Amor. Las palabras “almas” y “Amor” parece que Te hacen sonreír, Te debilitan y Te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos tus excesos amorosos, estaré siempre contigo y en unión contigo, con mi estribillo de siempre: almas y amor.

          Por eso, en este día te quiero a Ti por entero; junto conmigo siempre en la oración, en el trabajo, en los gustos y disgustos, en el alimento, en cada paso, en el sueño, en todo; y tengo por cierto que, no pudiendo obtener nada por mí mismo, obtendré contigo todo, y todo lo que haremos servirá para aliviarte cada dolor, y endulzarte por cada amargura, y repararte por cualquier ofensa, y compensarte por todo, y suplicar cualquier conversión, aunque fuese difícil y desesperada. Iremos pidiendo a todos los corazones como limosna un poco de amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, Jesús?

          ¡Oh Prisionero de Amor querido, átame con tus cadenas y séllame con tu Amor! ¡Ah, muéstrame tu Rostro! ¡Oh, Jesús, qué hermoso eres! Tus cabellos atan y santifican todos mis pensamientos; tu frente serena, aun en medio a tantas afrentas, me da la paz y me deja en una perfecta calma, aun en medio de las más grandes tempestades, de tus mismas privaciones, de tus caprichos, que me cuestan la vida... Ah, Tú lo sabes, pero sigo adelante; esto Te lo dice el corazón, que Te lo sabe decir mejor que yo. ¡Oh, Amor! Tus celestes ojos bellos, que refulgen luz divina, me arrebatan al Cielo y me hacen olvidar la tierra, pero, ay, con sumo dolor mío se prolonga mi destierro todavía. ¡Pronto, pronto, oh Jesús! Sí, Jesús, ¡qué hermoso eres! Me parece estar viéndote en ese Tabernáculo de amor; la belleza y majestad de tu Rostro me extasía y me hace vivir en el Cielo; tu boca dulcísima en cada momento me besa; tu suave voz me llama y me invita a amarte en todo instante; sobre tus rodillas me sostienes, y me estrechas con tus brazos con vínculo indisoluble, y yo mil y mil veces besaré ardientemente tu Rostro adorable...

          Jesús, Jesús, sea uno solo nuestro querer, uno solo nuestro amor, único nuestro contento; no me dejes nunca solo, que soy nada, y la nada no puede estar sin el Todo. ¿Me lo prometes, Jesús? Parece que me dices que sí...

          Y ahora, bendíceme, bendice a todos; y en compañía de los Ángeles y de los Santos, de nuestra dulce Madre, y de todas las criaturas, te digo: “Buenos días, Jesús, buenos días...”

 

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AL ÁNGEL DE LA GUARDA

 

          Ángel mío, ya estamos al principio del día: el sol con su luz vivifica la tierra, y tú, Ángel Santo, tráeme a mi Sol Jesús, para que mi alma toda se vivifique en El. De Jesús espero cada pensamiento, cada latido, el amor y cada movimiento de mi vida, porque sin El todo está muerto para mí.

          Por eso, Ángel mío, apresúralo a que venga, y enseguida; dile que espero la Luz de su presencia para tomar su Vida; de lo contrario me estaré sin hacer nada. Cúbreme bajo las alas de tu protección, y haz volar mis pensamientos, mis afectos, mis deseos, mis miradas, mis pasos, mis movimientos, mi voz, en fin, todo, llevado sobre tus alas para volar a Jesús. Si El no viene, llévame tú a encontrarlo. ¡Pronto, Mensajero Celestial, el día es claro, no hay tiempo que perder, y tú lo sabes, que sin Jesús no puedo estar! Y cuando esté con Jesús, tú tenme bajo tus alas, haz que Le sea dulce mi compañía, recordando hora tras hora lo que ha sufrido, para sufrir en lugar suyo. Ayudado así por ti, otra cosa no haré hoy sino ??? volar ade la tu justicia para evitar que descargue sus rayos sobre las pobres criaturas. Y después volaré del Cielo a la tierra trayendo a todos concesiones de gracias, de perdón y de amor. Y tú Ángel mío, con tu bendición sella en mí toda la Vida de Jesús y su Voluntad.

          Santos todos, moradores del Cielo, vuestras miradas me protejan, y haced violencia a mi dulce Jesús para que pronto me haga volver a la Patria, con vosotros, en el Cielo... Que mi destierro y mis gemidos os muevan a compasión, y todos los actos que en este día haré, sean otros tantos peldaños que me hagan llegar al Cielo y pongan fin al alejamiento de mi Sumo Bien. Y también de todos vosotros suplico la santa bendición.

 

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INVOCACIÓN A LA DIVINA VOLUNTAD

EN TODAS NUESTRAS ACCIONES

 

- Al despertarse en la mañana

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a pensar en mi mente.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a circular en mi sangre.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a mirar en mis ojos.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a escuchar en mis oídos.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a hablar en mi voz.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a respirar en mis respiros.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a palpitar en mi corazón.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a moverte en mis acciones.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a obrar en mis manos.

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a caminar en mis pasos.

          Jesús, mírame, para que también yo, al poner en Ti los ojos, pueda mirarte en tu Voluntad, y Tú puedas recibir el contento de ser mirado con una mirada divina. Oh Jesús, haz que tu mirada me inunde de tanta luz, que me funda por completo en Ti; y mientras que mis ojos se abren, oh Jesús, haz que resplandezca en ellos la luz de tu Querer. Así, sumergiéndose en la luz inmensa de tu Voluntad Divina, contigo seré luz para todos, para hacer que Te conozcan, luz para impedir la culpa, luz para hacer que Te amen y para hacer a todos conocer tu Santo Querer.

          Mi primer pensamiento surge y corre a Ti, oh Jesús, y besando tus pensamientos, se funde en tu Inteligencia y cobra vida en tu Voluntad. Junto contigo quiero difundirme en las inteligencias de todos para recoger los pensamientos de todas las criaturas y darte el homenaje, la adoración y la sumisión de todos.

          Quiero, oh Jesús mío, tomar en mi primera palabra todas las armonías del Cielo y acercarlas a tu oído para hacerlas resonar en Ti; y Tú, oh Jesús, une mi palabra a la tuya, y tómala de mí como palabra tuya, para hacerte escuchar el eco de una palabra divina por medio mío, y así satisfacer a tu oído por todas las molestias de las cosas no rectas de las criaturas. Y mientras mis labios se entreabren, oh Jesús mío, mi voz corra en tu Voluntad para hacerla mía, resuene en todos los corazones y los sacuda. Quiero con tu Voluntad encender en todos el fuego de tu Amor, y recogiendo todas las voluntades de las criaturas como si fuesen una sola, quiero ofrecértelas y darte, en nombre de todos, amor divino, gloria divina, reparación divina.

          Oh Jesús mío, mi débil naturaleza se pone en actividad, pero es tanta mi incapacidad que no puedo hacer nada; por eso tomo vida y actividad en tu Voluntad; y siendo tu Querer la vida y el movimiento de todas las criaturas, quiero yo por tanto ponerme en actividad en tu Voluntad para ser el pensamiento de todos, para que todos Te comprendan.

          Tomo la luz de sus ojos, para que sólo miren el Cielo; la voz de sus bocas, para hacerles aborrecer la culpa y hacer que siempre Te alaben; la acción de sus manos, para que la dirijan a Ti; el paso de sus pies, para encadenarlo a Ti e impedir así que pueda caer ninguno en el infierno; el palpitar de sus corazones, para hacer que Te amen a Ti solo. Oh Jesús mío, tu Querer llene a todos, y en tu Querer, anhelo que las criaturas gocen de Ti de todos los bienes posibles, como si todos hubieran hecho sus actos en tu Voluntad.

 

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- Al lavarse:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, en mi acto de lavarme, y lava mi alma de toda mancha.

 

- Al vestirse:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, en mi acto de vestirme, y vísteme con tu Luz.

          Jesús mío, me visto en tu Voluntad, y con esta Voluntad tuya quiero cubrir a todas las criaturas para vestirlas con tu Gracia; y luego tomo tu Querer y todas las bellezas que tu Querer contiene, y haciéndolas mías, con ellas quiero vestir a tu Santísima Humanidad, para defenderte de todas las frialdades y ofensas que Te hacen las criaturas. Jesús mío, tu Amor unido al mío quiere darte el amor de todos y la satisfacción de todos.

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- Al caminar:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a caminar en mis pasos, para ir en busca de todas las almas y llamarlas para Ti.

          Camina en mí, oh Jesús, y haz que dé mis pasos en tu Voluntad, y haciéndome vida de los pasos de todas las criaturas, te los dirija todos a Ti.

 

- Al trabajar:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a hacer tus Obras Eternas en mí.

          En tu Voluntad trabajo, y Tú oh Jesús, haz correr tus dedos en los míos, para que, trabajando Tú en mí, Tú mismo repares por todos los que no divinizan las obras materiales con tu unión, y cada movimiento mío sea dulce cadena que vincule a las almas en Ti.

 

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- Al escribir:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, en mi acto de escribir, y escribe tu Ley en mi alma.

 

- Al tomar el alimento o la bebida:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a vivir en mí, y nútreme con tu Alimento.

          Tomo este alimento en tu Voluntad, y Tú, oh Jesús, ven en mí a tomarlo, siendo tu Voluntad mía, para mostrarme mi amor.

          Bebo en tu Voluntad, oh Jesús, y Tú también, oh mi Sumo Bien, bebe en mí, para saciar tu gran sed que tienes de todas las almas; y que puedas Tú hallar en mí tan abundante bebida, que después derrames en todos el agua de tu Gracia Salvadora.

 

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- Después de comer:

 

          Gracias Te sean dadas, oh Padre, en tu Divino Querer, por mí y por todos, por tu Voluntad que hemos recibido en estos alimentos, para tu Gloria. En Cristo Nuestro Señor. Amén.

 

- En las penas o sufrimientos:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a sufrir en mi sufrir, y mi alma, consumada y fundida con tu Voluntad, sea el Crucifijo viviente inmolado por la Gloria del Padre.

          Sufro en tu Voluntad y mi padecimiento bese el tuyo, y así quiero, oh Jesús mío, darte la satisfacción de tus mismas penas. Mi humanidad sea la Cruz, y mi alma unida a tu Voluntad sea el Crucifijo viviente que esté continuamente ante Ti, para darte la satisfacción que Tú mismo diste al Eterno Padre.

 

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- Entrando a una iglesia:

 

          Vengo a visitarte, oh Jesús, en tu Voluntad, para hacer que encuentres en mí la hospitalidad, tu Morada, tu Sagrario, tu Hostia.

 

- Al hacer oración:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a orar en mí, y ofrécete después esta oración como mía, para satisfacerte por las oraciones de todos, y para dar al Padre la Gloria que todas las criaturas deberían darle.

 

 

- Al asistir a la santa misa:

 

          Padre, te amo; ven, Divina Voluntad, a adorar en mí, y puesto que tu Voluntad multiplica los actos infinitamente, así quiero darte la satisfacción como si todos hubieran asistido a la Santa Misa, ofrecerte por todos el Sacrificio y obtener para todos la salvación.

 

- Antes de la comunión:

 

          Ven en mí, oh Jesús, a recibirte a Ti mismo en mí, y después ofrécete esta Comunión para recibir la satisfacción y la compensación de tu misma Vida Sacramental, y recibe esta Comunión como hecha por mí.

          Haz, oh Jesús, que en el breve espacio de los accidentes de la Hostia en que Tú vienes a unirte conmigo, yo encierre los latidos de las criaturas con todas las reparaciones que hacen falta; y Tú, oh Jesús, sella todos los corazones con el amor y con la reparación que ellos Te deben y que Tú has hecho; y luego dámela y tómala de mí como cosa tuya.

          Oh Jesús, pon tu Santidad en mí, para poder hallar tu verdadero Tabernáculo, y así tomarás en mí tu verdadero descanso. Viste con tu hermosura mi alma, para que llegues a enamorarte de mí. Extiende en mí tu inmensidad, tu profundidad, tu altura, para que encontrando tu mismo Ser en mí, podamos obrar juntos divinamente, y difundiéndonos en todos, reunamos a todos los corazones en Ti. Oh Jesús, soy débil: por eso, antes de que bajes a mí, revísteme con tu Potencia, a fin de que con Ella, podamos ser juntos potentes sobre los corazones de todos, para arrebatarlos a todos para Ti.

          Oh Jesús mío, si Tú vienes a mí, y no Te pones a Ti mismo en mí, Te sentirás muy estrecho; por eso pon en mí la inmensidad de tu Amor, de manera que puedas proseguir en mi corazón el quehacer que tienes en el Sacramento, el de saetear todos los corazones; y después pon tu Justicia y tu Misericordia para que se besen, y estando las dos abrazadas, que la Misericordia aplaque a la Justicia, y descienda sobre las criaturas beneficios y misericordias... ¿No lo has dicho Tú mismo, oh Jesús, que viniendo a mí, yo me hago tuyo, y Tú te haces mío? Por tanto, ¿cómo podrías Tú obrar, como el Dios que eres, si no pones todo en mí...?

          Nuestra dulce Madre, María, estará con nosotros y llevará a cabo la obra de coronar mi alma con todos tus atributos, y así, al descender a mí, oh Jesús, realizarás todo lo que quieres.

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PREPARACIÓN A LA COMUNIÓN EN UNIÓN CON LA

COMUNIÓN MISMA DE JESÚS, PARA DAR DE NUEVO

AL PADRE SU MISMA GLORIA DIVINA

 

          Corazón mío, Jesús, ven; mi pobre corazón no puede vivir sin Ti, mis latidos se aceleran, mis ansias se hacen más ardientes y te busco con repetidos suspiros. ¡Ven, Jesús a dar vida a este mi pobre corazón hambriento de Ti! ¡Ah, cómo suspiro el momento de recibirte, de estrecharte en mi pecho, y de estarme contigo, corazón a corazón, abandonado en tus brazos en dulce descanso! Ah, sí, mi corazón junto al tuyo se saciará de la sed que lo abrasa, se saciará del hambre que lo atormenta, y renacido a nueva vida, gustará a torrentes todas tus delicias; y si Tú, en esa Hostia de Amor, descenderán a mí, afligido y entristecido por las ofensas de las criaturas, oh, entonces Te daré mis brazos para darte descanso, y mi corazón, saciado de Ti, Te consolará y Te reparará por todas las ofensas.

          ¡Vida mía, Jesús, ven pronto, no me hagas más esperar! Pero mientras me dispongo, veo la gran distancia que hay entre Tú y yo: la NADA se prepara a abrazar al TODO; la miseria, la debilidad, la fealdad, a la infinita Belleza; lo limitado va a encerrar riquezas inmensas, Fortaleza, Omnipotencia, Perfección incomparable y arrebatadora; voy a contener al Infinito, al Inmenso, al Eterno... Amor mío, yo tiemblo, pero no retrocedo; Te quiero y no me espanto; tu Amor me hace atrevido y me empuja a Ti. ¿Sabes, oh Jesús? Al precio que sea Te quiero Tú debes suplirme en todo, porque Tú lo puedes todo y yo no puedo nada, y el que puede debe suplir al que no puede.

          Y además, amable Jesús mío, ¿no Te acuerdas acaso, que de todo lo que hiciste y sufriste me hiciste un don, al recibirte a Ti mismo cuando instituiste este Sacramento de Amor? Para mí precisamente lo hiciste todo. Tu Santísima Humanidad me abrió las puertas para poder recibir a todo un Dios. Esta Humanidad tuya Santísima, Tú me la diste y yo la hago mía, me transformo en Ella, me derramo en Ella con tu Santidad, hago mías sus penas, sus obras, sus pasos, todas sus reparaciones, su Amor... ¿Qué más quieres, Jesús? Por mí mismo no puedo ir a Ti; Tú debes suplirme en todo.

          Pero aún no estoy contento; me veo demasiado estrecho, y por eso me meto en tu Divinidad y sumergiéndome en la inmensidad de tu Voluntad, me hago atrevido, y Te ruego que me vistas con tu Hermosura, para poderte arrebatar continuamente a mí, y Tú, enamorado de mí de mi pobre corazón harás tu feliz morada. Que tu Santidad me cubra, que tu Potencia me revista, que la inmensidad de tu Amor me abisme, de modo que no vea nada más que a Ti y no obre más que en Ti. Con tu Potencia seré potente sobre tu Corazón, para obtener para todos, y con tu grito “tengo sed” gritaré continuamente: “¡Almas, almas!”; y Tú no resistirás a tu propia Potencia, y con tu poder conquistaré todos los corazones para traerlos a Ti. Nadando en tu Querer, me arrojaré a los pies de tu Justicia, le arrebataré sus flagelos, apagaré el fuego que la enciende y la vincularé a la Misericordia, para que se besen mutuamente y, apaciguadas, besen a todas las criaturas.

          Jesús mío, en tu Querer encuentro todo, y en El quiero recibirte para repetir tu Comunión, para darte todo, reparación completa, amor inmenso, satisfacción infinita. Quiero, oh Jesús mío, darte todo el contento que Te dio tu propia Humanidad Santísima, al repetir tu Comunión y darte la satisfacción como si un Dios recibiese a otro Dios.

          Mamá y Reina, ven a asistirme en una acción tan grande como es la de recibir a Jesús. Tómame en tus brazos, estréchame a tu Corazón maternal, caliéntame con tu amor, purifícame con tus afectos, humíllame con tu humildad, cúbreme con el velo de tu pureza, préstame tus deseos ardientes y todo lo que Tú hacías al recibir a Jesús... Ángeles, Santos, vestidme con vuestra luz, hacedme corona, acompañadme a Jesús.

          ¡Jesús, Tú me llamas, y yo a Ti vengo! ¡Ven, oh Jesús mío...! ¡Ven!

 

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DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

 

          He aquí, oh Jesús, que estás en mí; dame tu beso y extiende tus divinos brazos para estrecharme a Ti y ya que en mí Te has encontrado a Ti mismo por entero, dime que me amas. Mi amor y el tuyo, oh Jesús, formen oleadas continuas que Te conforten, y Tú corona con nuevo amor cada vez más a mi alma.

          Oh Jesús, tu Voluntad es mía, y yo, para poder corresponder a todo lo que has hecho por mí, especialmente por haberte dignado descender a mi corazón, Te digo en tu Voluntad “muchas gracias”, para llenar de este modo toda la inmensidad de Cielo y de la tierra con mis “gracias”. Este “gracias” forme continuas cadenas que establezcan entre Tú y yo la unión de nuestros corazones, de nuestros afectos. Oh Jesús mío, también Te digo en tu Querer “Te adoro”, para traerte el Cielo y la tierra en torno a Ti, todos en acto de adorarte.

          Y ahora, oh Jesús, haz que, corriendo del todo tu Vida en la mía puedas encontrar en mí todas las complacencias y los contentos que tu Amor solicita. Has venido, oh Jesús, a mí, y ya no Te irás más. Te daré vida en mi mente, en mi mirada, en mi palabra, en todo mi ser; y yo seré la vestidura que Te cubrirá. En este día, oh Jesús, obraremos juntos, y nos difundiremos para bien de todos, ocupándonos en formar continuas cadenas de amor en torno a los corazones, a fin de que todos Te amen y nadie Te ofenda más. Oh Jesús, que éste sea nuestro pacto: trabajar en torno a los corazones, para que todos se salven. De tu Querer, oh Jesús, nada escapa, y yo, habiéndote recibido en tu misma Voluntad, estaré en guardia para que ningún alma se Te vaya.

 

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ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

 

          Corazón mío y Vida mía, Jesús, por fin has venido; ya Te siento en mi lengua, siento el contacto de tus carnes divinas, la fragancia de tus perfumes celestiales, y no puedo aguantarme de besarte y volverte a besar; pero no estoy contento si no me das tus besos como prenda y confirmación de mi inseparable unión contigo. Siento que, ansioso, quieres descender a lo más íntimo de mi corazón; allí encontrarás a tu propia Divinidad unida a tu Querer, las solas cosas dignas de Ti.

          Ah, goza también tu Paraíso en este corazón mío, y mientras me estrechas a tu Corazón, con toda ternura, parece que me dices: -”Hijo amado mío, te amo con Amor Eterno, Infinito, y habiendo encontrado en ti a mi Humanidad, a mi Querer, a mi Divinidad, te amo como a Mí mismo Me amo; y siento la satisfacción y la complacencia que sentí en Mí cuando Me comulgué a Mí mismo. En ti, teniendo mi Querer, encuentro todo y no hay en ti ni un alma que Me huya; mi Amor encuentra su desahogo completo al sentir repetirme lo que hice Yo”. Y entre tanto me besas y me abrazas, y silencioso esperas, queriendo que Te corresponda con otro tanto.

          Jesús, dulce Amor mío, ya que quieres que Te imite, Te estrecho entre mis brazos, y sumergiéndome en tu Querer Te estrecho entre los brazos de todos y en nombre de todos. Mi corazón nada en la inmensidad de tu Amor, y aunque temblando ante tu Majestad, también yo Te repito: -”Te amo, Te amo con amor inmenso, Te amo con amor eterno, infinito, interminable... En este Querer tuyo están todas las almas, pasadas, presentes y futuras, y yo quiero entregarte a todas para darte la gloria, la satisfacción y el amor como si todas Te hubieran recibido. En este Querer tuyo quiero darte una completa reparación por todos, y mientras que se atreva a ofenderte un corazón sobre la tierra, con reparación eterna he de reparar tu Corazón que es todo fuego, y a todos con tus llamas daré amor, y a Ti Te daré amor por todos.

          Amor mío, en tu Querer proseguiré siempre mis giros, para llevar a tu Corazón los pensamientos de todos, las miradas, las palabras, las obras, los pasos y todos los corazones, para hacer que los conviertas a todos en amor, y yo vigilaré con atención para reparar por todo. Oye, oh Amor mío, yo he tomado tu Humanidad con todo lo que Tú eres, para poder recibirte como Te recibiste Tú mismo y repetir tu Comunión. Unido a tu Humanidad quiero reparar por todos los sacrilegios, las irreverencias y las frialdades de todos los siglos, pasados, presentes y futuros, como Tú los reparabas. Quiero reparar con tu mismo Corazón todo lo que éste reparaba, y encerrar a todas las criaturas con todos sus defectos, para poderlos quemar, y así estarás contento.

          Y ahora Te ruego que tomes mi naturaleza humana, con el fin de que, no pudiendo Tú sufrir ya porque eres glorioso, sufra yo en tu lugar. Ah, en esta Hostia de Amor tu Pasión es perpetua; siento y veo las burlas, las blasfemias, los repetidos azotes, las espinas trenzadas, la Cruz, los clavos, la lanza... Y Tú, languideciendo de amor, estás mirando a ver quién quisiera sustituir a tu Humanidad... Jesús mío, aquí estoy yo, estoy dispuesto; sí, acéptame, tenme siempre contigo en tu Querer para que no pierda ninguna pena, y quiero seguir por eso tu Pasión hora tras hora.

          En este Sacramento de Amor vigílame Tú, asísteme y no permitas que Te ofenda jamás. En tu Querer, oh Jesús mío, Te repito mi adoración; desearía pulverizar mi pequeño ser y esparcirlo en la inmensidad de tu Voluntad, y unir juntos Cielo y tierra, para postrar ante Ti a todos en acto de adorarte con adoraciones diversas, para tributarte en nombre de todos una adoración completa. Dulce Vida mía, quiero hacer precisamente lo que hiciste Tú al comulgarte, todos los actos completos; quiero ofrecer mi Comunión en unión contigo, y como Tú la ofreciste, para la gloria completa del Padre, en reparación y entera satisfacción por todas las ofensas, y para merecer que todos Te pudiésemos recibir, reservando a cada uno una Vida Divina y dando al Padre la gloria como si todos hubieran comulgado.

          Y ahora, amante Jesús, quiero decirte otra cosa: en tu Querer siento los gemidos de las almas que penan en el Purgatorio, su delirio y sus ansias porque Te desean y las muertes repetidas que les da tu privación. Ah, no te les ocultes más, muéstrales tu belleza arrebatadora y atráelas a Ti. Tu sonrisa de amor las haga felices y convierta sus penas en alegrías; extiende tus manos para sacarlas de esas llamas, y a tu contacto las llamas se extinguirán, y ellas, purificadas, del llanto pasarán a la dicha eterna y se saciarán de Ti.

          Y ahora bendíceme, oh Jesús, y conmigo bendice a todos; sella con tu Querer mi mente, mis labios, mi corazón y todo mi ser, para que yo también pueda darte actos completos y satisfacer tus deseos ardientes. Finalmente Te doy gracias en tu Voluntad, para llenar así toda la inmensidad del Cielo y de la tierra con un “gracias” mío, oh Jesús; y este “gracias” forme entre Tú y yo una continua corriente de beneficios y de correspondencias.

          Mamá y Reina mía, di Tú por mí “gracias” a Jesús, y ofrécele por mí los actos que Tú hiciste al recibirlo. Ángeles y Santos, decidle todos por mí un “gracias” a Jesús.

          Y Tú, Jesús mío, deja que de nuevo Te abrace y Te estreche bien fuerte a mi corazón, y Tú bésame y abrázame a Ti; quédate Tú en mí y yo en Ti. Amén.

 

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ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

EN UNIÓN CON LA REINA DEL CIELO

 

          He aquí que has venido, oh Jesús, a mi pobre corazón: ¡seas bienvenido, dulce Amor mío!... Ves, con nosotros está nuestra Madre, la cual, para hacerte feliz, me da su amor para amarte, sus besos para besarte, sus maternos brazos para abrazarte. Haciéndome uno con nuestra Mamá del Cielo, haciendo mía su voz Te digo junto con Ella: -”Oh Jesús, Te amo con el amor suyo y tuyo; quiero amarte tanto, que quiero formar mares inmensos de amor en torno a Ti, que con su murmullo Te repitan continuamente: Te amo, Te amo, Te amo...”.

          Vida mía, querido, quiero besarte con los besos de tu Mamá, y con sus brazos y los míos quiero formar dulces cadenas para sujetarte tan fuerte a mi pobre corazón, que para siempre Te impida abandonarme.

          Jesús, Soberano mío, me postro a tus santísimos pies, y hundido en el abismo de mi nada, con nuestra Mamá y Reina Te adoro profundamente, Te doy sin cesar las gracias por haber venido a mí, y Te bendigo para siempre por tan grande bondad.

          Más oye, Jesús, ya que Tú has venido a mi, y ya que nuestra dulce Mamá permanece con nosotros íntimamente unida para amarte y para hacerte feliz en este mi corazón, Te pido que con Ella mires, con ojos de misericordia, la pobre alma mía, Vuestras miradas piadosas pongan fin a mis defectos, derriben mis pasiones, me limpien de mis miserias, hagan de mí una conquista vuestra, y triunfantes me aten para siempre a vuestro amor. Oh, cuántas veces, Amor mío, Te he hecho llorar por culpa de mis inconstancias y de mis defectos... Veo que estas lágrimas corren aún por tu Rostro y que tu Cabeza está todavía ceñida de espinas, por tantas inspiraciones tuyas sofocadas y por tantas incorrespondencias a la Gracia... Mamá Santa, enjuguemos juntos las lágrimas a Jesús, quitémosle todas las espinas. ¡Oh, mi corazón no soporta ver su Rostro bañado de lágrimas...!

          Sí, oh Jesús, Te prometo y juro, aún a costa de mi vida, que prefiero morir más bien, mil y mil veces, antes que disgustarte de nuevo; vénceme con tu ternura, para que en mí no haya más pecado, sino que todo sea convertido en amor...

          Parece que Tú, oh Jesús, mirándome, quieras decirme en respuesta: -”Hijo mío queridísimo, tu Jesús está dispuesto a perdonarte; más si quieres poner fin a tus males y hacerme feliz a Mí y a ti mismo, entrégame tu voluntad, a fin de que Yo te dé a cambio la mía. ¡Oh, cómo será entonces completa nuestra unión y nuestra alegría! Con la Madre mía y tuya, Yo me ocuparé de formar en ti el Reino de mi Voluntad Divina, seré Yo quien te sostenga y cuidaré todos tus pasos. Dime, hijo, ¿quieres que éste sea el fruto de mi venida a ti?”.

          -Sí, mi dulcísimo Jesús, Te doy para siempre y de todo corazón mi voluntad, y Tú prométeme que no me dejarás nunca jamás.

          Y ahora, Amor mío, Te pido por el mundo entero: haz que todos se salven y que ninguno se pierda. Te pido por todos los difuntos para que emprendan el vuelo al Cielo; por todos los Sacerdotes, para que les des la gracia de ser los repetidores de tu Vida sobre la tierra. Encomiendo además a tu Corazón y al de nuestra dulcísima Madre el Reino de tu Voluntad sobre la tierra. Dispón Tú a las criaturas de recibir este Reino; y mediante tu potente Gracia vence todo con tu Amor, y haz que la Voluntad del Cielo sea una sola con la de la tierra.

          Por último, oh Dios, Te pido que me concedas tu celestial bendición, como prenda segura de tu permanencia en mí: Te quedarás para siempre en mí y yo no me separaré ya nunca, nunca jamás de Ti.

 

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DESAHOGOS DE AMOR DEL ALMA HACIA JESÚS

 

          Sólo amarte me sea concedido, con el coro de los Ángeles, con tu mismo Corazón: en todos los momentos, a todas horas, quiero siempre amarte con todo el corazón.

          En todos los respiros de mi vida, respirando Te amaré; en todos los latidos de mi corazón, amor, amor, repetiré; en todas las gotas de mi sangre, amor, amor, yo gritaré; en todos los movimientos de mi cuerpo, sólo al Amor abrazaré.

          Sólo de amor quiero yo hablar; sólo al amor quiero escuchar; sólo al amor quiero mirar; siempre en el amor quiero pensar. De sólo amor, quiero yo arder; de sólo amor me quiero consumir; sólo el amor quiero gustar, y sólo al amor a contentar; de sólo amor quiero vivir, y en el amor quiero morir.

          Sólo y siempre con Jesús, y en Jesús yo viviré; en su Corazón me abismaré, y con Jesús y con su Corazón -¡Amor, Amor!- repetiré.

 

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VISITAS A JESÚS EN EL SACRAMENTO DE SU AMOR

 

(I)

 

          Oh Prisionero de Amor, Te amo, de mis faltas me arrepiento y Te adoro en todas las iglesias del mundo, sobre todo en aquellas en que estás más abandonado, solo y despreciado. Haz que mi corazón sea lámpara encendida, que arda siempre en tu Presencia, cada día, cada hora, cada instante y por toda la Eternidad.

 

(II)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás cansado y oprimido, por tantos sacrilegios como se cometen en la celebración de los divinos Misterios, de tu Santo Sacrificio, y en especial cuando Te ves forzado a descender a tantos corazones sacrílegos... Oh Jesús, quiero hacer tantos actos de reparación por tantas Misas profanadas, por cuantos fueron los pasos, los movimientos, las palabras y las obras que Tú mismo hiciste en tu Vida mortal.

 

(III)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás solo y abandonado, y yo he venido a hacerte compañía; Te amo y quiero hacerte innumerables actos de amor, recordarme de Ti otras tantas veces, y estar dispuesto a repararte por cualquier ofensa o cualquier ultraje que Te sea hecho. En esta compañía que Te estoy haciendo, así mismo quiero amarte por quien no Te ama, alabarte por quien Te desprecia, bendecirte por quien Te blasfema, pedirte perdón por quien Te ofende, arrodillarme en tu Presencia por quien no se arrodilla y pasa indiferente. Quiero hacer todo lo que las criaturas tienen el deber de hacer en tu honor, por haberte quedado en el Santísimo Sacramento; y repetir tantas veces estos actos por cuantas son las gotas de agua, por cuantos son los granos de arena, por cuantos son los peces de los mares...


(IV)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás pobre y mortificado, y los mundanos disfrutan la abundancia de riquezas y placeres, y a Ti, que tanto bien les haces, se atreven a negarte una gota de aceite, o un poco de cera, y lo que es más se atreven a venir a tu Presencia con vanidad y ostentación, como si ellos fuesen los amos y Tú el siervo... Para reparar por tanta pobreza tuya, Te ofrezco las riquezas del Paraíso; y para repararte por tanta mortificación, Te ofrezco el gusto que encuentras en los corazones de tus hijos, cuando éstos corresponden a tu Gracia; y tantas veces quiero repetir estos actos, por cuantas veces se mueven las naturalezas de ángeles, hombres y demonios...

 

(V)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás ofendido y ultrajado, y yo quiero hacer tantos actos de reparación por cuantos son los pecados de todas clases que se cometen ante tu Presencia Sacramental; y tantos actos de arrepentimiento por los muchos pecados que cometen todas las criaturas, por cuantos son los latidos de mi corazón...

 

(VI)

 

          Oh Prisionero de Amor, no sólo estás prisionero, sino casi encadenado, y estás con ansia febril en espera de los corazones de las criaturas, para descender a ellos y liberarte, y con las cadenas que Te atan, sujetar sus almas a tu amor. Pero con tu dolor sumo ves a las criaturas que vienen ante Ti con suma indiferencia, sin ganas de recibirte; ves a otras que no Te quieren recibir en modo alguno, y otras que, aunque Te reciben, tienen sin embargo sus corazones atados a otros corazones, y llenos de vicios... Para estas almas parece que Tú seas su desperdicio... Y Tú, Vida mía, Te ves forzado a salir de esos corazones encadenado, como has entrado, porque no Te han dado la libertad de dejarse atar por Ti, y así han convertido tus anhelos en llanto. Jesús mío, permíteme que Te seque las lágrimas y que Te pida tu llanto de amor; y para repararte Te ofrezco los anhelos, los suspiros, los deseos ardientes y los contentos que Te dan todos tus Santos, los que han sido y los que serán, los de tu Mamá querida, y el Amor mismo del Padre y del Espíritu Santo; y yo, haciendo todo esto mío, quiero ponerme a la puerta del Sagrario para protegerte y alejar a aquellas almas que quisieran recibirte para hacerte llorar. Y tantas veces quiero repetir estos actos por cuantos son los contentos que das a todos tus Santos en el Paraíso...

 

(VII)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás afligido y entristecido, y yo he venido a consolarte. Más ¿cómo puedo yo consolarte, estando también lleno de miserias y pecados...? Por tanto, Madre dolorosa acudo a Ti, y Tú dame tu Corazón para consolar a tu Hijo. He aquí pues, oh Señor, que Te traigo para consolarte el Corazón de tu Madre, la sangre que han derramado los mártires, y el Amor recíproco que os tenéis entre las Tres Divinas Personas... Y a Ti, Mamá dolorosa, afligida todavía por nuestros muchos pecados, Te ofrezco el Corazón de tu Hijo para consolarte, el homenaje de todos los Santos, y el Amor con que Te amó la Trinidad Sacrosanta cuando Te constituyó Reina de Cielos y tierra. Y tantas veces quiero repetir estos actos, para consuelo y alivio de Ambos, por cuantas son las hierbas, por cuantas flores y por cuantas plantas brotan de la tierra...

 

(VIII)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás hambriento y sediento, y ciertas almas no hacen sino ofrecerte un alimento nauseante, frío, tibio e inconstante... ¡no obstante que sean almas a Ti consagradas Oh Jesús, tantos actos de reparación quiero hacerte, por cuantas son las llamas que contiene el fuego, y por cuantos son los rayos de luz que contiene el sol...

 

(IX)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú aquí estás humilde y resignado, continuamente ofrecido a la Voluntad del Padre; y yo tantas veces quiero ofrecerme como víctima a tu Santa Voluntad, por cuantas veces Te ofreciste estando Tú en la tierra, y quiero ofrecerte tantos actos de reparación por todas las faltas de resignación, de ira, de impaciencia y de desobediencia que cometen los hombres, por cuantas veces respiro Madre mía Corredentora, beso tu majestuosa frente, y Tú gobierna todos mis pensamientos; y de la Santidad de tu mente desciendan rayos de luz a las mentes de las criaturas para que puedan conocer todos a Jesús.

 

(X)

 

          Oh Prisionero de Amor, ¡cómo estás solitario y abandonado! ¡Ah, Tú estás hambriento del amor de tus criaturas, y nosotros estamos tan fríos y tan disipados! Quiero, Amor mío, traerte todos los corazones de las criaturas y sumergirlos en tu Divino Amor y en tu mismo Corazón, para que queden inflamados y purificados en el fuego eterno de tu Caridad, y Tú seas por completo reparado de toda humana ingratitud... Oh María, Madre mía Inmaculada, Tú misma presenta a Jesús, esta oferta y esta reparación, y convierte a todos a su Amor.

 

(XI)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú Te ves colmado por la ingratitud, la incorrespondencia y la infidelidad de tus mismos hijos, y yo otros tantos actos de gratitud, de correspondencia y de fidelidad quiero hacerte. Quiero también alabarte porque nos has creado a tu Imagen y a tu Semejanza, darte las gracias por los beneficios de todo tipo que nos has hecho. También quiero unirme a Ti y dolerme por todas las ofensas que recibiste ahora en el Santísimo Sacramento, y otras tantas veces quiero encomendarte a todos los hijos de tu Iglesia, a todos tus Sacerdotes, a las almas que me has dado, a los pobres pecadores, a los herejes e infieles, y a los agonizantes, para que todos correspondan a los designios de tu Corazón. Por último Te encomiendo a todas las almas del Purgatorio, para que puedan todas volar al Cielo, sin que falte ninguna, a costa de cualquier sacrificio. Y tantas veces quiero repetir estos actos por cuantas veces se mueven las olas del mar y las hojas de los árboles...

 

 

(XII)

 

          Oh Prisionero de Amor, Tú Te sientes ahogar por el ansia de querer dar a conocer a todos tu Voluntad. Ah, desde tus velos sacramentales que Te ocultan, haz resplandecer tus refulgentes rayos, e inundando todos los corazones, comunica a todos tu Voluntad, para que festiva y triunfante reine y domine en el mundo entero. Virgen Inmaculada, Reina del “FIAT” Divino, llama en todos los corazones, y con tu imperio de Reina deposita en ellos la Vida de la Divina Voluntad, y confórtanos y alégranos a todos con tu santa y materna bendición.

 

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PLEGARIA A LA REINA DEL CIELO ANTES DE

ENTREGARNOS A LA CONTEMPLACIÓN

 

          Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, vengo a tus rodillas maternas para abandonarme, como hijo tuyo amado, entre tus brazos, y para pedirte, con los más ardientes suspiros, la máxima gracia que Tú puedes concederme:

          Mamá Santa, Tú que eres la Reina del Reino de la Divina Voluntad, admíteme a vivir en él como hijo tuyo, y haz que este Reino no esté ya más desierto de ahora en adelante, sino muy poblado de hijos tuyos. Reina Soberana, a Ti me confío, para que Tú guíes mis pasos en este Santo Reino. Teniéndome sujeto a tu mano materna, haz que todo mi ser viva vida perenne en la Divina Voluntad; Tú me harás de Madre y yo te entregaré mi voluntad para que Tú me la cambies por la Voluntad Divina. Ilumina por tanto Te ruego, mi mente, y asísteme, para que pueda bien comprender lo que es y lo que significa la Santa Voluntad de Dios.

 

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A NUESTRA MADRE BENDITA PIDIÉNDOLE QUE

NOS DE LA VIDA DE LA VOLUNTAD DIVINA

 

          Virgen Inmaculada, tómame sobre tus rodillas maternas y hazme de Madre; con tus santas manos aduéñate de mi voluntad, purifícala, plásmala, caliéntala al contacto de tus dedos maternos; enséñame a vivir únicamente de Voluntad Divina.

          Mamá hermosa, encierra en mi alma la Voluntad Divina.

        Reina Soberana, con tu Imperio Divino derriba mi querer, para que surja en mí la aurora de la Divina Voluntad.

          Reina poderosa, domina mi voluntad y conviértela en Voluntad Divina.

          Celestial Mamá, tómame en tus brazos y escribe en mi corazón:

¡FIAT!            ¡FIAT!            ¡FIAT!

          Reina triunfadora, arrebátame mi voluntad y cédeme la Divina.

          Reina del Cielo, hazme un poseído de la Voluntad Divina.

          Mamá Santa, enciérrame en tu Corazón, para que de Ti aprenda a vivir de Voluntad Divina.

Celestial Mamá, derrama tus lágrimas en mi alma; para que curen las heridas que me ha hecho mi     voluntad.

          Reina de la Paz, obtenme el dulce beso de paz de la Divina Voluntad.

          Mamá del Cielo, haz que surja en mi alma el alba y la aurora de la Voluntad Divina.

          Reina potentísima, róbame el corazón para encerrarlo en la Voluntad de Dios.

          Mamá y Reina, enciérrame en el sagrado Templo de la Voluntad de Dios.

          Reina poderosa, concédeme las armas para hacer guerra a mi voluntad.

          Emperadora del Cielo, comunica a mi alma el beso de la Voluntad de Dios.

          Virgen de la Encarnación, pronuncia otra vez tu “FIAT” para que viva en mí la Voluntad de Dios.

          Mamá de Jesús, hazme también a mí de Mamá, y guíame por el camino de la Divina Voluntad.

          Mamá Santa, visita a mi alma, y prepara en ella una digna morada de la Divina Voluntad.

          Mamá mía, encierra en mi corazón al Niñito Jesús, a fin de que reine en mí con su Divina Voluntad.

Mamá Santa, derrama las lágrimas de Jesús en mi corazón, para preparar en mí el triunfo de la Divina Voluntad.

Mamá querida, graba en mi corazón el Santísimo Nombre de Jesús, para que me dé la gracia de vivir siempre de Voluntad Divina.

          Mamá del Cielo, cúbreme con tu manto y enciérrame en la Voluntad Divina.

          Mamá mía, pon en mi corazón a tu pequeño Jesús, para que El forme el Reino de la Divina Voluntad.

          Jesús, María y José, haced que viva con vosotros, en el Reino de la Divina Voluntad.

          Mamá Santa, hazme perder para siempre mi voluntad, para vivir sólo en el Divino Querer.

Mamá Santa, ven a mi alma y haz el milagro de convertir el agua de mi voluntad humana en el vino nuevo de la Divina Voluntad.

Mamá Divina, tus enseñanzas y las de Jesús desciendan a mi corazón y formen en mí el Reino del Querer Divino.

Las llagas de Jesús y los dolores de mi Mamá me den la gracia de que mi voluntad resucite en la Voluntad Divina.

          Mamá querida, por la Resurrección de Jesús, tu Hijo, hazme resucitar en la Voluntad de Dios.

          Mamá querida, con tu poder triunfa en mi alma, y hazme renacer en la Voluntad de Dios.

Mamá del Cielo, derrama en mi corazón el fuego y las llamas del Espíritu Santo, que consuman en mí y quemen todo lo que no es Voluntad de Dios.

          Mamá Celestial, guarda mi voluntad en tu Corazón, y encierra en mi alma el Sol de la Voluntad Divina.

 

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ACTO DE REPARACIÓN COMPLETO EN EL DIVINO QUERER

 

          Dulce Jesús mío, entro en tu Querer y me postro a los pies de tu Majestad Suprema, y en nombre de toda la familia humana, pasada, presente y futura, vengo en la inmensidad de este Divino Querer, en el cual están en acto todas las generaciones como si fuesen un punto solo, para adorarte por todos y para tributarte todo el homenaje que como a nuestro Creador, Te debemos todos.

          En nombre de todos vengo a reconocerte como Creador de todas las cosas, y por todas y por cada una de las cosas creadas, vengo a amarte, a alabarte, a bendecirte y a darte las gracias. En la Santidad de tu Querer vengo en sustitución de todas y de cada una de las criaturas, e incluso de las misma almas perdidas; quiero darte reparación por todos, y por cada ofensa; por todos quiero suplir; quiero amarte por todos, y multiplicándome en tu Santo Querer, en cada una de las criaturas, quiero absorber todas en mí, para darte en nombre de todas, como si fueran una sola, no sólo amor, sino Amor Divino, y gloria, reparación, acción de gracias, en modo divino. En tu Querer, Amor mío, quiero volar a estar presente en cada pensamiento de las criaturas, en cada mirada, en cada palabra, en cada obra y paso, y después vengo a traerlos ante tu Trono, como si todos hubieran sido hechos para Ti, y si alguno me lo niega yo sustituiré por él... En el movimiento de mis labios Te doy el beso de todas las criaturas, y Te traigo en mis brazos el abrazo de todos. No hay acto por el cual yo no quiera suplir.

          Tú parece que no estás contento si se me escapa alguna cosa, de todo lo que la criatura está obligada a hacer; pero Tú, oh Jesús mío, dulce Vida mía, con tu bendición sella mi reparación, y haz que ésta, en cada acto que yo haga, se repita, se multiplique y esté en acto continuo de volar de la tierra al Cielo, para llevar ante tu Trono, en nombre de todos, amor, gloria y reparación divinos.

 

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ACTO COMPLETO DE CORRESPONDENCIA

DE AMOR EN EL DIVINO QUERER

 

          Oh Eterna e inaccesible Voluntad Suprema de mi Eterno Amor, postrado en tu Presencia me pierdo en tu Querer, cuya Inmensidad me envuelve, me abisma, me aniquila; pero mientras me abisma, me eleva hasta tu Trono Santísimo; mientras me aniquila, me da de nuevo la Vida, pero una Vida nueva, Vida inmutable y Santa, la Vida del Querer mismo de mi Jesús, en cuyo centro encuentro, como en un punto solo, pasado, presente y futuro.

          Ah, encuentro el Querer Supremo, Creante, que en todas las cosas que crea me envía amor, océanos, inmensidad de amor. Pero espera la correspondencia de amor de parte de cada criatura; y yo, en nombre de toda la humana familia, desde la primera hasta la última criatura, tomo de este inescrutable Querer el amor de cada una de ellas, entro en cada acto creador, en cada parpadeo de las estrellas, en cada gota de luz del sol, en cada soplo de viento, en cada gota de agua, en cada ser vegetal y animal, y después entro en cada latido de cada corazón, en cada palabra, en cada paso, en cada acción, en cada pensamiento y en cada mirada y llenando todo de amor, me presento con todo ante la Majestad Suprema, para darle correspondencia del amor de cada cosa creada, y digo:

          -Oh Voluntad amable, potentísima Voluntad ininvestigable, de la que todo sale y nada escapa, vengo a traerte ante tus pies santísimos el amor de todos; vengo a armonizar y a unir el Amor Eterno con amor creado. Ah, sí, Te doy por todos correspondencia de amor; mi amor armoniza todo y en todos, y con vida eterna que no tendrá jamás fin, y multiplicará en todo instante e infinitamente y Te dirá: “Te amo, Te amo, Te amo”...; será el sello del amor creado, en el que no habrá cosa ni acto que no selle de tu Amor Creador, con El formará uno solo.

          Pero veo que mi eterno Amor Jesús, me mira y me sonríe, y quiere que en su mismo Querer entre en el segundo “FIAT” de la Encarnación, y espera la correspondencia de los actos de la Redención; y yo, por este mismo camino del Querer Eterno, entro, oh Jesús, en el primer instante de tu Concepción, en cada latido tuyo, en cada pensamiento y respiro, en cada movimiento tuyo, en cada plegaria y pena que sufriste en el seno de tu Madre, en cada gemido y lágrima y privación de tu infancia, en cada paso, palabra y obra de tu Vida mortal. En tu Voluntad Santísima entro en el mar inmenso de tu Pasión, en cada gota de tu Sangre, en cada una de tus llagas, en cada insulto y desprecio, en cada espina, en cada golpe y empujón; me hago uno solo contigo en las penas que sufriste sobre la Cruz, en la sed que Te abrasaba, en la amargura de la hiel, en tus reparaciones y satisfacciones a la Divina Justicia, hasta tu último respiro; y junto con todas las generaciones, en nombre de todos, en tu Voluntad sin fin, en la que todos están, en modo divino vengo a darte la correspondencia por todo lo que has hecho; a darte amor por amor, reparación por reparación... En el abismo de tu Querer me hundo y adoro cada gota de tu Sangre, beso cada llaga; bendigo, alabo, agradezco cada uno de tus actos... En tu Querer me has dado todo, y yo en tu Querer Te correspondo por todo y por todos.

          Amor mío, unamos juntos el “FIAT” Creador, el “FIAT” Redentor, y mi “FIAT” en tu Querer; hagámoslos uno solo; el uno desaparezca en el otro, para que Tú recibas amor completo, gloria perpetua, adoraciones divinas, bendiciones y alabanzas eternas por la Creación, por la Redención y por “FIAT VOLUNTAS TUA”, así en la tierra como en el Cielo.

          Celestial Reina, Madre Divina, Tú que tienes el primado en el Divino Querer, extiende tu manto en la inmensidad del Querer Eterno, envuelve a todas las criaturas, sella sus frentes con el sello del Divino Querer, a fin de que todos vivan de la Vida de la Divina Voluntad sobre la tierra, para poder pasar en tu regazo materno a vivir de Divina Voluntad en el Cielo.

 

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EL ADIÓS DE LA TARDE A JESÚS SACRAMENTADO

 

          Oh Jesús mío, Celestial Prisionero, ya el sol se ha ocultado y las tinieblas invaden la tierra, y Tú Te quedas solo en el Sagrario de Amor. Me parece estar viéndote en triste melancolía por la soledad de la noche, no teniendo en torno a Ti la corona de tus hijos y de tus amorosas esposas, que Te hagan compañía al menos, a tu voluntario cautiverio.

          Oh Prisionero mío Divino, también yo siento que el corazón se me oprime por tenerme que alejar de Ti, y me veo forzado a decirte “Adiós”...

          ¡Pero, qué digo, Jesús...! Nunca jamás adiós; no tengo ánimo de dejarte solo; “adiós” con los labios digo, más no con el corazón; es más, mi corazón lo dejo contigo en el Sagrario; contaré tus latidos y Te corresponderé por cada uno con un latido de Amor; numeraré tus afanosos suspiros, y para darte un refrigerio Te haré descansar en mis brazos; Te velaré siempre alerta y miraré con atención si alguna cosa Te aflige y Te da dolor, no sólo para no dejarte nunca solo, sino para tomar parte en todas tus penas.

          ¡Oh Corazón de mi corazón! ¡Oh Amor de mi amor! Deja ese aspecto deprimido, consuélate; no tengo ánimo de verte que estés afligido.

          Mientras que con los labios Te digo “adiós”, dejo en Ti mis respiros, mis pensamientos, mis deseos, mis afectos, mis movimientos, que enlazando entre ellos continuos actos de amor, unidos al Amor tuyo, formándote una corona, Te amarán por todos... ¿Estás así contento, Jesús?

          ¿Parece que me dices que sí, verdad?

          Adiós, oh amante Prisionero... Pero aún no he terminado; antes de irme, quiero dejarte también mi cuerpo ante Ti; quiero hacer de mi carne y de mis huesos tantos diminutísimos trozos para formar tantas lámparas por cuantos Sagrarios existen en la tierra, y de mi sangre hacer tantas llamitas para encender estas lámparas; y en cada Sagrario quiero poner mi lámpara, que uniéndose a la lámpara del Sacramento que Te ilumina la noche, Te dirá: Te amo, Te adoro, Te bendigo, Te ofrezco reparación y Te doy las gracias por mí y por todos.

          Adiós, Jesús... Pero oye una última cosa: hagamos un pacto, y éste sea que nos amaremos; Tú me darás más amor, me encerrarás en tu Amor, me harás vivir de Amor y me sepultarás en tu Amor; estrechemos aún más fuerte el vínculo del Amor. Estaré sólo contento cuando me des tu Amor para poder amarte de verdad.

          Adiós, Jesús... Bendíceme, bendícenos a todos. Estréchame a tu Corazón; hazme prisionero en tu Amor, convierte un beso en el Corazón... Adiós, adiós...

 

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AL ACOSTARSE Y AL ENTREGARSE AL SUEÑO

 

          Padre, Te amo; ven, Divina Voluntad a reposar en mi sueño, y extiende tu descanso sobre todas las criaturas.

          Quiero, oh Jesús, dormir en tu Voluntad, y Tú ven a dormir en mí, y haz que encuentres en mí tu cama y tu reposo para repararte por todas las ofensas que recibes de las criaturas. Haz, oh Jesús, que cuando mi mente Te dé la pequeña lucecita de mi último pensamiento, lo dé en tu Voluntad, para que encierre en Ti todos los pensamientos de las criaturas y selle en sus mentes la luz de tu Gracia, y así, al despertarse, todas resurjan del pecado.

          Oh Jesús mío, antes de dormirme quiero poner en tu Voluntad mis pensamientos, para que besen los tuyos y sigan pensando y obrando con tu misma inteligencia, para hacer correr tus pensamientos en favor de todas las criaturas. Que mis pensamientos tengan vida en tu mente y que permanezcan en continua actividad con los tuyos, besándote continuamente y reparando como Tú mismo reparas...

          Mis deseos, oh Jesús, besan los tuyos, y los dejo en tu Voluntad a que deseen con tus mismos deseos el bien de todos y tu Gloria.

          Mi voluntad besa la Tuya, y permanece en Ti queriendo lo que Tú quieres. Y como tu Querer corre en favor de todos, así el mío corra en Ti con la intención de abrazar a todos y de encerrar a todas las criaturas en tu Querer, para que ninguna más se separe de Ti.

          Mi amor besa el Tuyo en tu Voluntad, y permanece en Ti amando como Tú mismo amas, y así, amando en Ti seré el amor de todos a tu Corazón.

          Mi corazón besa el Tuyo, y encerrándose en Ti quiere hacer lo que hace tu mismo Corazón, que todos sus latidos sean besos continuos que Te endulcen las amarguras que recibes de las criaturas.

 

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INTENCIONES PARA QUE EL ALMA CONTINÚE

SU DIVINA ACTIVIDAD INSEPARABLEMENTE

UNIDA A JESÚS DURANTE EL SUEÑO

 

          Jesús mío, me quedo contigo, y mientras mi pobre mente estará sumergida en el sueño, no quiero dejarte solo, sino que quiero seguirte durante todas las horas de tu amarguísima Pasión; quiero estar presente con mi amor, con mi intención y con mi voluntad, en todas tus penas, en todos los ultrajes y desprecios que Te hacen, en la Sangre que Te hacen derramar, y en todas tus penas internas y externas, para ponerlas todas en mi corazón y siempre tenerlas presentes en mi mente, y así tener el continuo recuerdo de tu amarguísima Pasión.

          Más aún, en el mar inmenso de tu Pasión quiero poner a todas las almas y a todas las generaciones de todos los siglos, para que en estas penas todos encuentren la salvación, la fuerza, la luz y la gracia. Permíteme también, oh Jesús mío, que tome las cadenas con que estás atado y que al tocarte se hayan convertido en cadenas de amor, y sumergiéndome en el mar inmenso de tu Voluntad, encadene las inteligencias, los ojos, los labios de todas las criaturas, y convierta cada pensamiento, cada mirada y cada palabra, todo, en amor. Y formando así cadenas de amor, las traeré a Ti para coronar tu Cabeza con el amor de todas las criaturas, y romper las espinas con que se atreven a coronarte; para consolar tu vista por tantos insultos y desprecios, y para preparar tantos sorbos de amor a tu boca reseca y abrasada por la sed de las almas.

          Permíteme también, oh Jesús mío, que gire en tu Querer amabilísimo, y toque las manos y los pies de todas las criaturas, para que convierta en llamas de amor todas las obras, los movimientos y los pasos de cada criatura; que toque sus corazones y transforme cada latido, cada afecto, cada fibra de ellos, en otras tantas centellas de amor, y así, formando con todos sus actos una larga cadena de amor, quiero arrollar todos los siglos y todas las criaturas con este amor, y después traerlas a Ti para rodearte de amor, en mi nombre y en el de

 

          Jesús mío, quédate conmigo, como yo me quedo contigo; y mientras mi mente estará sumergida en el sueño, Tú estarás a mi lado; mejor dicho, reposaremos juntos, oh Jesús: mis latidos palpitarán en los tuyos, y mi palpitar y el tuyo formarán uno solo, que Te repetirá ininterrumpidamente: “Te amo, con amor inmenso, Te amo con amor eterno, Te amo con amor infinito, por mí y por todas las criaturas”... Respirando, oh Jesús mío, respiraremos juntos, para que mi respiro y el tuyo sea uno solo, y en cada respiro diremos siempre juntos: “¡Almas, almas!... También quiero que mi sangre circule en la Tuya, para que la mía y la Tuya tengan un solo grito que, elevándose entre el Cielo y la tierra, se presente ante tu Majestad Suprema para ofrecerte los homenajes, la adoración, la gloria, la bendición y la gratitud de todas las generaciones humanas...

          Jesús mío, mientras, estarás a mi lado y mi mente estará sumergida en el sueño, me prepararás a recibirte en el Sacramento; tomarás entre tus manos este corazón mío, lo mirarás con tu mirada amorosa, le infundirás tu aliento omnipotente, para que al contacto de Ti, con tu mirada y con tu aliento le infundas todo lo que es debido para disponerme a recibirte dignamente en el Sacramento; es más, pondrás en este corazón tu mismo Corazón, para que al recibirte no Te introduzca en el mío, sino en el Tuyo... Me prestarás tu boca, oh Jesús, para que no Te toque con la mía, sino con la tuya. Atarás las fibras de tu Corazón al mío, para que abran tantas corrientes de amor entre Tú y yo; y pon en estas corrientes todo lo que hiciste Tú mismo al recibirte en el Sacramento, tu preparación y tu acción de gracias, tu amor y tus reparaciones. Así, recibiéndote en el mar inmenso de tu Voluntad, estaré presente en todos los corazones que Te recibirán y haré una preparación y una acción de gracias--------------------- para poder tener---------------------------- Sacramental en todos los corazones.

          Y tú, Ángel mío, vigila y custódiame; cúbreme bajo tus alas purísimas; llena mi corazón con tu amor celestial, y mientras esté yo durmiendo, tú harás un continuo ir y venir de mí a Jesús para llevarle mis latidos, mis respiros, las gotas de mi sangre, que arrodillándome ante el Sagrario, le dirán sin cesar: “Te busco, Te deseo, Te suspiro, Te quiero, oh Jesús”.

          Y Tú, dulce Mamá, extiende tu manto azul sobre mi pobre persona y ven a dar la última pincelada a este corazón, para prepararlo a que reciba a Jesús. Ata las fibras de mi corazón al Tuyo, a fin de que me ames como Madre y yo Te ame como hijo, para hacer que Jesús, al venir a mí, pueda hallar no un lugar de amargura, sino una mansión de delicias y de contentos.

          Y ahora, amoroso Jesús mío, Ángel Custodio mío, Mamá mía, me postro ante vuestros pies, y con el rostro en el polvo imploro de--------------------------- vuestra santa bendición.

 

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ANTES DE LA CONFESIÓN

 

          Jesús mío, heme aquí postrado ante tus pies; siento la extrema necesidad de venir a tus brazos paternos, como hijo a su padre. Mírame y ten piedad de mí, me siento cubierto por muchas culpas; llagas profundas desfiguran mi pobre alma. Jesús, perdóname; yo tuve la osadía de ofenderte y de rebelarme contra Ti, en el instante mismo en que Tú me amabas. Jesús, de todo corazón me arrepiento de haberte ofendido; mas veo que mi dolor no es ni suficiente ni proporcionado a la gravedad de mis pecados, y por eso Te ruego, Te suplico, me concedas tu amargura, a fin de poder dolerme con ese mismo dolor con el que Tú Te doliste por mis pecados, dolor tan grande e intenso que Te hizo sudar viva Sangre en el Huerto de los Olivos.

          Mamá del Cielo, ven Tú también en mi ayuda y mira de cuántas llagas está cubierta mi pobre alma: Tú que eres mi Madre, cúbrelas con tu manto, y condúceme Tú misma, contrito y humillado, a los pies del Sacerdote, para confesar todas mis culpas, y alcánzame de tu Jesús, el suspirado perdón. Así sea.

 

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DESPUÉS DE LA CONFESIÓN

 

          Gracias Te doy, Crucificado Bien mío, por el inmenso beneficio que me hiciste mediante esta santa Confesión. Siento que Tú una vez más me repites: “Hijo mío, te perdono, pero no peques ya más; no vuelvas a abrir mis llagas, no dejes entrar ya más el enemigo en tu alma. Oh, por cuantas veces con el pecado Me echaste de tu corazón, restitúyeme ahora mi puesto; sé firme y constante, y no Me ofendas ya más”.

          Jesús mío, me propongo y prometo, del modo más enérgico y absoluto, no pecar nunca más. De verdad Te digo que prefiero morir antes que ofenderte de nuevo.

          Mamá del Cielo, ven también Tú a dar las gracias por mí a Jesús. Tú sabes lo árido que es mi corazón y lo incapaz que es mi lengua de hablar dignamente con mi Dios... Suple Tú a mi incapacidad; tu Corazón sea el que palpite para El en nombre mío, y eleve por mí un himno de gratitud. Jesús me ha concedido su perdón, y Tú, Madre mía, confírmalo en mi alma con tu maternal bendición.

 

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ACTO DE CONTRICIÓN EN EL DIVINO QUERER

 

          Dios mío, perdóname; yo tuve la osadía de ofenderte y de rebelarme contra Ti, en el instante mismo en que Tú me amabas.

          Me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido.

          Te ruego, Te suplico me concedas tu amargura, a fin de poder dolerme con ese mismo dolor con el que Tú Te doliste por mis pecados, dolor tan grande e intenso que Te hizo sudar Sangre.

          Madre mía del Cielo, alcánzame de Jesús el suspirado perdón. Yo propongo y prometo, del modo más enérgico y absoluto, no pecar ya nunca más. Amén.

 

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OFRENDA DE LA PROPIA VIDA EN LA HORA DE

LA MUERTE A LA VOLUNTAD DE DIOS

 

          Mi dulce Jesús, quiero morir en tu Voluntad. Uno mi agonía a la tuya, y tu agonía sea mi fuerza, mi defensa, mi luz y la dulce sonrisa de tu perdón.

          Mi último aliento lo pongo en el último respiro que diste por mí en la Cruz, para que pueda presentarme ante Ti con los méritos de tu misma muerte.

          Sí, oh Jesús, ábreme el Cielo y ven a mi encuentro a recibirme con aquel mismo Amor con el que Te recibió el Padre, cuando Tú exhalaste en la Cruz tu último respiro; introdúceme después con tus brazos, y yo Te besaré y me saciaré de Ti eternamente.

          Mamá mía, y vosotros, Ángeles santos, venid a asistirme como asististeis a Jesús en su muerte. Ayudadme, defendedme y llevadme al Cielo. Así sea.

 

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