Consideraciones acerca
de Luisa Piccarreta
Hablar de
Luisa Piccarreta sería una empresa difícil, se necesitaría llevar a cabo una
labor de investigación en los lugares donde ella vivió, recopilar testimonios
de aquellas personas que la conocieron y que aún viven en la actualidad,
recurrir a aquellos datos que se conservan de las autoridades eclesiásticas y
de los teólogos que la examinaron a ella y a sus escritos, hablar de los
fenómenos extraordinarios que le fueron concedidos tanto en vida como después de
su muerte, en fin, una verdadera labor detectivesca, y creo firmemente que esto
sería quedarnos en la superficie de lo que realmente interesa. A Luisa Piccarreta no se le puede conocer
con estos datos, ¿qué podríamos conocer de su interior, de sus dones, de su
entrega, de sus sufrimientos, de sus alegrías, de sus anhelos, de lo que Jesús
obraba en su interior, etc.?
¡Nada...! Pues solamente
tendríamos lo que la gente que la circundaba lograba ver, o sea las
apariencias, no la enorme realidad que Dios fincaba en su interior y que debía
llevar un bien tan grande a toda la familia humana. Iríamos buscando la superficialidad, y quizá nos quedaríamos
pasmados al conocer solamente los efectos de toda aquella enorme realidad que
se desarrollaba en su interior, pero sin penetrar en ésta. Oigamos unas palabras de Jesús respecto a
esta Santidad del vivir en su Voluntad:
“...“Hija mía, mi Voluntad es la Santidad
de las santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto fuera
pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos a pesar de
los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que hayan
hecho. El alma que hace mi Voluntad
parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad obran a
lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que ilumina, son
vientos que purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen hacer los
milagros, y quienes los hacen son sólo los canales, porque en ellas es donde
reside la potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la lengua
de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los enfermos, el
régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la tolerancia de los
calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los héroes, el valor de
los mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo demás, porque estando
en mi Voluntad concurren a todo el bien que puede haber en el Cielo y en la
tierra...”
Después de esto,
¿qué podríamos esperar encontrar en la parte exterior de Luisa? Otra vez, ¡...nada! Para conocer este interior y por tanto la
realidad de Luisa, necesitamos recurrir a la vida de “La Pequeña Hija de la
Divina Voluntad”, no a la vida de Luisa (aunque son la misma persona). Pero, ¿quién puede hablar de esto sino sólo
Jesús? ¿Y en dónde encontraremos todo
el material necesario para conocerla?
La respuesta es contundente: “En
los mismos escritos de Nuestro Señor y de Luisa.” En alguna ocasión Jesús le dice a Luisa que todo lo que ella
escribe es el desahogo de todo lo que Él obra en su interior; o sea, que los
escritos son la verdadera biografía de Luisa.
Oigamos otro poco de lo que Jesús le dice a este respecto el día 20 de
noviembre de 1929:
“Ahora,
también para ti debía tener el orden, y si bien nuestra primera finalidad era
el hacerte conocer nuestra Voluntad Divina a fin de que reinase en ti como Rey
en su propia morada real, y dándote sus lecciones divinas pudieses ser portavoz
para hacerla conocer a los demás, pero era necesario, como en la Creación,
preparar el cielo en tu alma, adornarlo de estrellas con los tantos
conocimientos de las bellas virtudes que te he manifestado, Yo debía descender
en lo bajo de tu voluntad humana para vaciarla, purificarla, embellecerla y
reordenarla en todo. Se puede decir que
eran tantas especies de creaciones que hacía en ti, debía hacer desaparecer la
antigua tierra desordenada de tu voluntad humana para volver a llamar el orden
del Fiat Divino en el fondo de tu interior, que haciendo desaparecer la tierra
antigua de todo tu ser, hiciera resurgir con su fuerza creadora, cielos, soles,
mares de verdades sorprendentes. Y tú
sabes cómo todo esto ha sido madurado con la cruz, con el segregarte de todo,
haciéndote vivir en la tierra como si para ti no fuese tierra, sino Cielo,
teniéndote siempre absorbida, o conmigo, o en el Sol de mi Fiat Divino. Así que todo lo que he hecho en ti no ha
sido otra cosa que orden que se necesitaba para darte el gran don de mi Voluntad
Divina, como le fue dado al primer hombre en el principio de su creación, y por
eso hubieron tantos preparativos, porque debían servir a aquel hombre que debía
poseer el gran don de nuestra Voluntad como su predilecta heredad; símbolo éste
de los grandes preparativos hechos en tu alma.”
Entonces, la
mejor forma de conocer a Luisa es interiorizarse en los escritos. Además, ¿por qué escribir una biografía
cuando ella misma, por obediencia la escribe?
A lo más, sería completar con pequeños datos lo que falta, pues ésta es
redactada en el año de 1926.
Presentamos a continuación las memorias
de la infancia escritas por ella por obediencia.
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"Memorias
de la infancia"
de Luisa Piccarreta
la Pequeña Hija de la Divina Voluntad.
Julio 15, 1926
Jesús mío, amor mío, Mamá mía Celestial y
Soberana Reina, venid en mi ayuda, tomad entre vuestras manos mi pobre corazón,
¿no veis cómo me sangra por el duro combate por deber comenzar a narrar mi
pobre existencia de mi infancia? A
cualquier costo quisiera huir de este dolorosísimo y duro sacrificio, y tanto
más duro porque es inesperado, pero una nueva obediencia sale en campo para
martirizar mi pobre e insignificante existencia. Jesús, Mamá, venid en mi ayuda, de otra manera siento que mi
voluntad quisiera salir en campo nuevamente para tener vida y poder decir un
“no” rotundo a quien me lo ordena. ¡Ah
Jesús! ¿tal vez Tú permitirás que yo tenga qué hacer con mi querer después de
tanto tiempo que Tú, con tanto celo lo tienes atado a tus pies como don y triunfo
de la pequeña hija tuya?
Me han impuesto el rogar para saber de Ti
si debo o no hacerla, y Tú en vez de estar conmigo me has dicho: “Esto servirá para hacer conocer la tierra
que debía iluminar el Sol de mi Voluntad para formar su reino.”
¡Ah Jesús, que me importa a mí hacer
conocer mi pequeña tierra! Y a Ti te
debe importar que se conozca tu Querer, ¿no es verdad oh Jesús? Pero Jesús ha hecho silencio y ha
desaparecido, y yo pronuncio con toda la intensa amargura del alma “Fiat, Fiat,
y comienzo.
Ahora, para principiar digo lo que mi
familia me ha dicho:
Nací el 23 de abril de 1865, el domingo
en Albis, de mañana. La misma tarde me
bautizaron. Mi madre decía que yo nací
al revés (nació en presentación sentada), pero ella no sufrió nada en el parto,
tanto que yo, en las ocasiones y circunstancias de mi pobre vida, tengo
costumbre decir: Nací al revés, es
justo que mi vida sea al revés de la vida de las otras criaturas.
Recuerdo que de la edad de tres o cuatro
años hasta cerca de los diez, era de temperamento temeroso, y era tanto el
temor que no sabía estar sola, ni dar un paso por mí sola; esto era porque
desde la edad de tres años, en la noche tenía casi siempre sueños de terror;
soñaba al demonio, que me infundía tal espanto de hacerme temblar; muchas veces
lo soñaba que me quería llevar consigo y me atraía fuertemente, y yo hacía
todos los esfuerzos por huir; en el mismo sueño sudaba frío, me escondía, huía
a los brazos de mi mamá; por eso en el día me quedaba la impresión de los
sueños y tal temor, como si de todas las partes el demonio quisiera salir.
Ahora creo que esto me hizo bien, porque
desde aquella tierna edad yo recitaba muchas Aves Marías y Padres Nuestros a
todos los santos de los cuales yo conocía el nombre, para obtener la gracia de
no soñar al demonio; y si me era nombrado otro santo al cual yo no conocía,
súbito agregaba un Padre Nuestro si era santo masculino, o un Ave María si era
mujer, porque decía que si no los honraba a todos, me harían soñar al demonio.
Recuerdo que las siete Aves Marías a la
Mamá dolorosa, las recitaba siempre desde aquella edad, así que tenía una larga
cadena de Padres Nuestros y Aves María, y por eso mientras las otras niñas y
mis hermanitas jugaban, yo me quedaba un poco distante de ellas, o bien junto con
ellas porque tenía miedo, pero no tomaba parte en sus juegos inocentes para
recitar mis largas Aves Marías y Padres Nuestros. Recuerdo también que una ocasión soñé a la Virgen que me alejaba
al demonio, y una vez me dijo: “Hija
mía, llora, porque ha muerto mi Hijo.”
Yo quedé sacudida y la compadecía, pero esto me volvía infeliz. Después, cuando llegué a edad más capaz, en
la cual podía hacer la meditación, leer, no podía apartarme por el temor, y por
eso no podía hacer lo que quería.
Ahora, habiéndome hecho hija de María a
los once años, un día mientras quería rezar y meditar, el temor me sorprendió,
y estaba por huir en medio a la familia, pero sentí una fuerza en mi interior
que me detenía y oí en el fondo de mi alma una voz que me decía: “¿Por qué temes? ¿Está tu ángel junto a tu flanco, está Jesús en tu corazón, está
la Mamá Celestial, o el enemigo infernal?
Por eso no huyas, sino quédate y reza, y no tengas temor.”
Oír esto en mi interior me dio tanta
fuerza, ánimo y firmeza, que se alejó el temor, y cada vez que me sentía
sorprender por el temor oía la misma voz en mi interior que me repetía lo
mismo, y yo me sentía llevar como de la mano por mi ángel, por la Soberana
Reina y por el dulce Jesús; me sentía triunfante en medio a ellos, de modo que
adquirí tal coraje que se alejó todo el temor; mucho más que los sueños
pavorosos cesaron del todo. Así,
después de esto pude quedar sola, caminar sola, ir sola al jardín cuando
estábamos en la granja, mientras que antes si iba, sólo con que viera que se
movía una rama de un árbol huía, porque pensaba que arriba estaba el demonio.
Recuerdo que un día, recordando el miedo
de mi pequeña edad, los tantos sueños del enemigo que volvían infeliz mi
infancia, le decía a Jesús: “¿En que
aprovechó amor mío el haber pasado mi edad infantil con tanto miedo, con tantos
sueños malos, que me hacían temblar, sudar y amargar una edad tan tierna? Yo no entendía nada ni creo que el enemigo
tuviese ningún fin, estando en una edad tan pequeña. Y Jesús me dijo: “Hija
mía, el enemigo entreveía alguna cosa sobre ti, que me podías servir para
alguna cosa para mi gran gloria y que él debía recibir una gran derrota, jamás
recibida, mucho más que veía que, por cuanto se esforzaba, no podía hacer
penetrar en ti ningún afecto o pensamiento menos puro, porque Yo le tenía
cerradas las puertas, y él no sabía por donde entrar; viendo esto se enfurecía
y buscaba arrojarte por tierra, no pudiendo de otra manera que con sueños
pavorosos y de espanto. Mucho más que
no sabiendo la causa de mis grandes designios sobre de ti, que debían servir a
la destrucción de su reino, se ponía atento para indagar la causa, con la
esperanza de poderte dañar en todos los modos.”
Nuestro Señor ha sido tan bueno conmigo,
dándome padres buenos, que estaban atentos a no hacernos oír ni siquiera una
palabra de blasfemia o menos honesta.
Me amaban, pero con amor digno y serio.
Recuerdo que jamás mi padre siendo niña me tomó en brazos, ni de haberle
dado ni recibido besos; ni siquiera a mi madre recuerdo haberla besado, y
cuando fui grande y me metí a la cama, la mamá, debiendo ir a la granja y estar
ausente por largos meses, al despedirse de mí hacía el intento de quererme
besar, y yo, viendo esto, antes que lo hiciera le besaba la mano, y ella se
abstenía de hacer aquel desahogo materno.
El papá y la mamá eran ángeles de pureza
y de modestia. Han sido magnánimos con
sus subordinados; el fraude, el engaño, no tenían lugar en nuestra casa. Era tanta la custodia que jamás nos
confiaron a personas extrañas, sino siempre con ellos. Yo agradezco que el bendito Jesús haya
permitido tanta virtud, y que los haya premiado dándoles por morada la Patria
Celestial.
Recuerdo también
que yo era de temperamento vergonzoso, y si venían parientes u otros a visitarnos,
yo huía a la parte de arriba de la casa para que no me encontraran, o bien me
escondía detrás de una cama y rezaba, y sólo salía cuando me llamaban y me
decían que se habían ido; cuando mi mamá iba a visitar a los parientes y quería
llevarme con ella, lloraba porque no quería ir, y yo y otra hermana mía, casi
del mismo temperamento, nos contentábamos de quedarnos solas, encerradas con
llave antes que salir. Esta vergüenza
no me dejaba tomar parte en nada, ni en fiestas, ni en diversiones, aun inocentes,
que se acostumbran en las familias; era yo la sacrificada de la vergüenza, y si
los míos me obligaban, me sentía poner en cruz porque la vergüenza me volvía
extrañas todas las cosas.
Ahora, recordando todo esto, que de
alguna manera me volvió infeliz mi infancia, el dulce Jesús me dijo: “Hija mía, también la vergüenza con la cual
te circundé en tu tierna edad, fue una de las demostraciones más grandes de
celo de amor por ti, no quería que en ti entrase ninguno, ni el mundo, ni las
personas, quería volverte extraña a todos, en ninguna cosa quería que tú
tomaras parte y que tomaras placer en ella, porque habiendo establecido desde
entonces que debía formar en ti el reino del Fiat Supremo, y debiendo tú tomar
parte en sus fiestas y en la alegría que en él hay, era justo que ninguna otra
fiesta gozaras, y que de los placeres y diversiones que hay sobre la tierra
debías quedar en ayunas. ¿No estás
contenta?”
Pero a pesar de que era vergonzosa y
miedosa, era de temperamento vivaz, alegre; saltaba, corría y hacía también
travesuras.
Ahora, después, cerca de la edad de doce
años, comenzó otro periodo de mi vida:
Comencé a oír la voz interna de Jesús, especialmente en la
Comunión. La primera la hice a los nueve
años y el mismo día recibí el sacramento de la Confirmación.
Después, no rara vez se hacía oír en mi
interior cuando hacía la santa Comunión; a veces, después de ésta permanecía
las horas arrodillada, casi sin movimiento y oía la voz interna que decía, y
ahora me reprochaba si no había sido buena, atenta, y si en el curso del día
alguna vez había estado distraída, ¡oh! cómo me reprendía y terminaba con
decirme: “Con todo esto me dices que me
quieres mucho, ¿y donde está este tu mucho?”
Yo me sentía morir al oírme decir esto y prometía ser más atenta, y Jesús
agregaba. “Lo veré, veré si es verdad;
las palabras no me bastan, quiero los hechos.”
La Comunión se volvió mi pasión
predominante, en ella concentré todos mis afectos. Estaba cierta de oír hablar a Nuestro Señor y, ¡cuánto me costaba
el estar privada de Él! porque era obligada por la familia a ir con ella a la
granja, y debía estar largos meses sin misa y sin Comunión. Cuántas veces rompía en llanto al ver
árboles, flores, la creación toda, y decía entre mí: “Las obras de Jesús están a mi alrededor, sólo Jesús no está
conmigo. ¡Ah, háblame tú, sol; tú,
cielo, tú, agua cristalina que te deslizas en nuestro laguito, háblenme de
Jesús, sois obras de sus manos, denme noticia de Él...! Y me parecía que todas me hablaban de Él;
cada cosa creada me hablaba de cada una de las cualidades de Jesús, y yo,
llorando porque no podía recibir a Aquel al que todas las cosas amaban, y que
sabían narrar tan bien de la belleza, del amor, de la bondad de Jesús, lloraba
y llegaba hasta enfermarme.
También en la meditación oía la voz de
Jesús, pero alguna vez me faltaba; en cambio en la Comunión, jamás. Y algunas veces meditando quedaba las dos o
tres horas sin poderme separar, conforme leía el punto y me detenía, así oía en
mi interior la voz de Jesús, que poniéndose en actitud de maestro me explicaba
la meditación.
Desde entonces me daba en mi interior el
amable Jesús lecciones sobre la cruz, sobre la mansedumbre, sobre su Vida
oculta. A propósito de su Vida oculta,
recuerdo que me decía: “Hija mía, tu
vida debe ser en medio de Nosotros en la casa de Nazaret, si trabajas, si
rezas, si tomas alimento, si caminas, debes tener una mano en Mí, la otra en
nuestra Mamá, y la mirada en San José, para ver si tus actos corresponden a los
nuestros, en modo de poder decir: ‘Hago
primero mi modelo sobre lo que hace Jesús, la Mamá Celestial y San José, y
después lo sigo.’ Según el modelo que
has hecho, Yo quiero ser repetido por ti en mi Vida oculta, quiero encontrar en
ti la obra de mi Mamá, la de mi amado San José, y mis mismas obras.”
Yo quedaba confundida y le decía: “Mi amado Jesús, yo no sé hacer.” Y Él:
“Hija mía, ánimo, no te abatas, si no sabes hacer, pídeme que Yo te
enseñe, y Yo súbito te enseñaré, te diré el modo como hacíamos, mis
intenciones, el amor continuo de los tres, que Yo como mar y ellos como ríos
estábamos siempre hinchados, de modo que uno desbordaba en el otro, tanto que
poco tiempo teníamos de hablarnos, tanto estábamos absorbidos en el amor. ¿Ves cuánto estás atrás? Mucho tienes qué hacer para alcanzarnos, te
conviene mucho silencio y atención, y Yo no te quiero detrás, sino en medio a
Nosotros.”
Así que cuando no sabía preguntaba a
Jesús, y Él me enseñaba en mi interior.
Buscaba casi siempre, cuanto más podía, apartarme de la familia para estarme
sola; para mantener el silencio tomaba mi trabajo y pedía a la mamá que me
permitiera ir a la parte de arriba y ella me lo concedía; así que mi mente
estaba en la casa de Nazaret, y ahora veía a uno, ahora a otro, y me confundía
al verlos tan atentos en sus humildes labores, tan absorbidos en las llamas de
amor que se levantaban tan alto, que sus trabajos quedaban incendiados y
transformados en amor; y yo, maravillada pensaba entre mí: “Ellos aman tanto, ¿y mi amor cuál es? ¿Puedo decir que mis trabajos, mis
oraciones, el alimento que tomo, los pasos que hago, son llamas que se elevan
al trono de Dios, y formando ríos desbordan en el mar de Jesús?” Y viendo que no lo era quedaba afligida, y
Jesús en mi interior me decía: “¿Qué
tienes? No te aflijas, poco a poco
llegarás, Yo estaré sobre ti, tú sígueme y no temas.”
Si yo quisiera decir todo lo que pasó en
mi interior en la infancia, me extendería demasiado, mucho más que en el primer
volumen escrito por mí, sin precisar la época, antes o después, cuando fui más
pequeña o más grande, está dada una explicación del trabajo de la Gracia en el
fondo de mi alma, porque así me fue dicho, que no importaba nada el que no
pusiera el orden de la edad, ni lo que había sido primero ni lo que había sido
después, siempre y cuando dijera lo que en mí había pasado, mucho más que
después de tantos años me resultaba difícil tener el orden de lo que había
pasado en mi interior. Y ahora, para no
hacer repetición sigo adelante.
Recuerdo que de muchacha, tenía casi una
manía por quererme hacer religiosa, y como iba a la escuela de monjas, yo
sentía un afecto un poco estimulado por ellas, pero las quería bien porque
quería ser como una de ellas; pero en mi interior oía reprocharme por este
afecto, y mientras prometía no amar a otro que a Jesús, recaía nuevamente, y
Jesús regresaba a darme amargos reproches.
Este es el único afecto que recuerdo que he sentido en mi vida en modo
especial, porque después no he sentido más amor por ninguno. Que tiranía es un afecto natural y tal vez
aun inocente para el pobre corazón humano.
Lo recuerdo con terror, los reproches internos me ponían en cruz, me
parecía que mi afecto tenía en cruz a Jesús, y Jesús por correspondencia me
ponía a mí en la cruz, y por eso no gozaba la verdadera paz, porque es la
naturaleza del amor humano guerrear a un pobre corazón. Tener paz y amar a personas con modo
especial, no existe en el mundo, y si existe significa no tener conciencia,
aunque fuese con un fin santo o indiferente.
Pero el bendito Jesús lo hizo terminar
súbito, y he aquí cómo: Una mañana pedí
a la mamá que me mandase a visitar a la superiora, y lo obtuve con trabajo y
sacrificio. Mientras fui pedí que me
dejaran ver a la superiora, y después me fue respondido que estaba ocupada y no
podía salir; yo quedé como herida al oír esto; fui a la iglesia y desahogué mi
pena con Jesús, y Él tomó ocasión de esto para hacérmela terminar. Me habló de su Amor y de la inconstancia del
amor de las criaturas, y cómo quería que absolutamente la terminara, diciéndome
que: “Cuando un corazón no está vacío,
Yo lo rechazo, no puedo comenzar el trabajo que he diseñado hacer en el fondo
del alma.” ¿Pero quién puede decir todo
lo que me dijo en mi interior? Recuerdo
que la terminé, y mi corazón quedó impávido, sin saber amar más a ninguno.
Después pedía siempre a Jesús que me
hiciera llegar a ser religiosa, y frecuentemente le preguntaba cuando lo oía en
mi interior, si debía llegar a cumplimiento mi vocación religiosa, y Jesús me
aseguraba diciéndome: “Sí, te contentaré,
verás que serás monja.” Yo quedaba toda
contenta al oír que me aseguraba Jesús y buscaba disponer a la familia para
obtener el consenso, la cual era contraria, especialmente la mamá, llegaba
hasta llorar y me decía que me habría contentado si hubiese querido hacerme
monja de clausura, pero de las monjas activas no me lo permitiría jamás.
Yo, para decir
la verdad, quería hacerme monja activa, porque aquellas que conocía habían sido
mis maestras, pero sobrevino mi larga enfermedad y puso término a mi vocación,
y muchas veces me lamentaba con Jesús y le decía: “Con todo eso me decías mentiras, me burlabas prometiéndome que
debía llegar a hacerme monja.” Y Jesús
muchas veces me ha asegurado que me decía la verdad, diciéndome: “Yo no sé engañar, ni hacer burlas, la
llamada que Yo te hacía era más especial, ¿quién jamás con hacerse monja, aun
en las religiones más rigurosas no puede caminar, no puede tomar aire, no gozar
nada? ¿Y cuántas veces en las religiones
hacen entrar el pequeño mundo y se divierten magníficamente, y Yo quedo como a
un lado? Ah hija mía, cuando Yo llamo a
un estado, Yo sé cómo realizar mi llamada, el lugar para Mí es indiferente, el
habito religioso para Mí dice nada, cuando en la sustancia del alma está lo que
debería ser si hubiese entrado en religión, y por eso te digo que eres y serás
la verdadera monjita de mi corazón.
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Ahora, para
terminar se pondrá un breve esquema de la vida de Luisa, donde están los puntos
más sobresalientes.
1865 - 23 Abril: Nacimiento y Bautismo de Luisa
Piccarreta (Domenica “in Albis”).
1874 -
(a los 9 años): Luisa recibe los Sacramentos de la Eucaristía y de la
Confirmación. Comienza a oír la voz de
Jesús.
1878 -
(a los 13 años): Luisa tiene su primera visión de Jesús con la cruz.
1881 -
(a los 16 años): Luisa comienza un período de tres años de purificación por
parte de los demonios.
1882 -
(a los 17 años): Luisa comienza a rezar la novena de la Navidad.
El padre Cosmo Di Loiodice, O.S.A., comienza el oficio de confesor de Luisa.
1883/84
- Luisa comienza a depender de los sacerdotes para ser liberada de su
estado de petrificación.
1887 -
Epidemia de cólera. Luisa se ofrece a
Jesús como víctima.
El padre Cosmo Di Loiodice deja Corato.
Don Michele De Benedictis se vuelve el nuevo confesor de Luisa.
1888 -
15 Octubre: Jesús desposa a Luisa con
el Matrimonio Místico.
1889 -
8 Septiembre: (a los 24 años) renovación del Matrimonio Místico.
Luisa recibe entonces el don del Divino Querer.
1890 - Luisa
experimenta el esponsalicio de la Cruz.
1899 -
Muere Don Michele De Benedictis. Don
Gennaro Di Gennaro se vuelve el nuevo confesor de Luisa.
28 de Febrero: Luisa comienza a escribir
por obediencia.
1907 -
Marzo: Mueren los padres de Luisa.
1910 Luisa
conoce al Beato P. Annibale Di Francia.
Un grupo de
sacerdotes: el Beato P. Di Francia y los Siervos de Dios Eustacchio Montemurro
y Gennaro Braccale, comienzan a encontrarse en el apartamento de Luisa.
1915 -
Primera edición de las horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
19?? - Don Francesco Di Benedictis reemplaza a Don
Gennaro Di Gennaro como confesor de Luisa.
1926 -
30 Enero: Muere Don Francesco Di
Benedictis. Don Benedetto Calvi,
párroco de Santa Maria Greca, es el nuevo confesor de Luisa.
Luisa escribe las “Memorias de la
infancia” a petición de Don Benedetto Calvi.
1927 -
1 Junio: Muere el confesor
extraordinario de Luisa, el Beato Annibale Di Francia.
1928 -
7 Octubre: De acuerdo a los deseos del
Beato Di Francia, Luisa entra en la Casa de la Divina Voluntad en Corato, un
convento de las Hijas del Divino Celo.
1930 -
A petición de Don B. Calvi, Luisa escribe “La Virgen Maria en el Reino de la Divina Voluntad”.
1938 -
13 Julio: La Sagrada Congregación para
la Doctrina de la Fe, publica un decreto con el cual vienen condenados tres
versiones de los escritos de Luisa: Una
edición de las Horas de la Pasión, una
edición de selección de capítulos de los Diarios de Luisa y una edición de la
Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad.
7 Octubre: Luisa deja el convento de las Hijas del Divino Celo. Se traslada a un apartamento en la calle
Maddalena 20, en Corato.
28 Diciembre: Cesa la obediencia de
escribir.
1947 -
4 Marzo: Luisa muere.
1962 -
3 Junio: Con el permiso de la Santa
Sede, el cuerpo de Luisa es trasladado del cementerio de Corato a la Parroquia
de Santa Maria Greca.
1990 -
El Papa Juan Pablo II beatifica al Padre Annibale Di Francia, confesor
extraordinario de Luisa.
1994 -
Enero: El Cardenal Felici, Prefecto de
la Congregación de las Causa de los Santos, informa al Arzobispo de
Trani-Nazareth, Carmelo Cassati, que puede proceder con la apertura de la Causa
de Beatificación de Luisa.
20 Noviembre: en la fiesta de Cristo Rey, el Arzobispo Cassati abre la Causa de
Beatificación de la Sierva de Dios, Luisa Piccarreta.
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Para quien quiera una biografía completa
de Luisa Piccarreta, lo remitimos a la página libros para bajar, donde podrá
encontrar la biografía hecha por Bernardino Giuseppe Bucci, Fraile Menor
Capuchino, y sobrino de Rosaria, la fiel custodia de la vida de la Sierva de
Dios, Luisa Piccarreta.