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Este es el título que
Nuestro Señor da al libro que sobre la Divina Voluntad se iba a publicar, he
aquí lo que El dice el 27 de Agosto de 1926 (Vol. 19):
Encontrándome en
mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me hacía ver al reverendo padre que
debe ocuparse de la publicación de los escritos acerca de la adorable Voluntad
de Dios, y Jesús poniéndose cercano a él le decía: “Hijo mío, el título que darás al libro que publicarás sobre mi
Voluntad será este: “El reino de mi Divina Voluntad en medio a las
criaturas. Libro de Cielo. La llamada a las criaturas al orden, a su
puesto y a la finalidad para la que fueron creadas por Dios.” Mira hija mía,
también el título quiero que corresponda a la gran obra de mi Voluntad, quiero
que la criatura comprenda que su puesto asignado por Dios es en mi Voluntad y
hasta en tanto no entre en Ella estará sin puesto, sin orden, sin finalidad,
será un intruso en la Creación sin derecho de permanencia, por eso irá errante,
sin paz, sin herencia, y Yo, movido a compasión de él le gritaré
continuamente: “¡Entra en tu puesto,
regresa al orden, ven a tomar tu herencia, a vivir en tu casa, ¿por qué quieres
vivir en casa extraña? ¿Por qué quieres
ocupar un terreno que no es tuyo? Y no siendo tuyo vives infeliz y eres el
siervo y el hazmerreír de todas las cosas creadas..., todas las cosas creadas
por Mí, como permanecen en su puesto están en el orden y en perfecta armonía,
están con toda la plenitud de los bienes que Dios les asignó, sólo tú quieres
ser infeliz, pero infelicidad voluntaria, por eso, ven a tu puesto, a él te
llamo y ahí te espero!” Por eso, aquel
que se prestará a hacer conocer mi Voluntad será mi portavoz, y Yo le confiaré
los secretos del reino de Ella.”
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Algunos podrían decir que este título
debe ser solamente para el libro acerca de las verdades de su Voluntad, pero no
al conjunto de todos los escritos, veamos lo que Jesús dice al respecto unos
días antes del capítulo anterior:
Agosto 14, 1926
Mi pobre corazón nada en el mar de las
amarguras de las privaciones de mi dulce Jesús, y si El viene es como un
relámpago que huye y en aquella claridad del relámpago veo al pobre mundo, sus
graves males, veo los vínculos de las naciones que se vinculan entre ellas para
mover a guerra y revoluciones, y esto atrae los castigos del Cielo, y tan
graves, de destruir ciudades enteras y pueblos. ¡Oh Dios, cómo es grande la ceguera humana! Y cuando termina el relámpago de su amable
presencia permanezco más en lo oscuro que antes, con el pensamiento de mis
pobres hermanos puestos en el duro exilio de la vida. Pero como si esto no bastara para llenar mi pobre corazón de
intensas amarguras, una más se ha agregado para sofocar mi pobre existencia en
aquellas olas fragorosas en las cuales es arrollada mi pobre alma; esta
amargura es la noticia de la próxima publicación de los escritos sobre la
Santísima Voluntad de Dios, a la cual, nuestro señor Arzobispo había dado su
aprobación, poniendo él el imprimátur. Y
esto era nada, el golpe más fatal para mi pobre alma ha sido la noticia de que
no sólo se debía poner lo que correspondía a la Divina Voluntad, porque de
esto, después de tantas insistencias de Nuestro Señor y de los superiores me
había convencido que lo requería la gloria de Dios, y a mí, mísera y pequeña
cual soy no me toca oponerme a lo que el bendito Jesús quiere, sino también el orden
que Jesús ha tenido conmigo y todo lo que me ha dicho, aún sobre las virtudes y
circunstancias..., esto me ha resultado demasiado doloroso. He dicho y redicho mis razones para que esto
no se hiciese. Mientras me encontraba
tan oprimida, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior, como si sintiera el
peso de mi opresión me ha estrechado entre sus brazos y sacudiéndome me ha
dicho:
“Hija mía, ¿qué pasa..., qué pasa? Anímate, no quiero que estés tan oprimida,
en vez de agradecerme te oprimes. Tú
debes saber que para hacer que mi Suprema Voluntad sea conocida, he debido
preparar las cosas, disponer los medios, arrollar al Arzobispo con los actos de
absoluto dominio de mi Voluntad, a los cuales el hombre no me puede resistir,
he debido hacer uno de mis grandes prodigios.
¿Crees tú que sea cosa fácil el obtener la aprobación de un Obispo? ¡Oh, no, cómo es difícil, cuántas
cavilaciones, cuántas dificultades! Y
si aprueban es con muchas restricciones, casi quitando las pinceladas más
bellas, los colores que más resaltan a todo lo que mi Bondad con tanto amor ha
revelado. Entonces, ¿no ves tú en la
aprobación del Arzobispo el triunfo de mi Voluntad? Y por lo tanto mi gran gloria y la gran necesidad de que los
conocimientos acerca del Supremo Querer sean conocidos y que como rocío
benéfico apague los ardores de las pasiones, y que como sol que surge haga huir
las tinieblas de la voluntad humana y quite la torpeza que casi todas las
criaturas tienen aun en el hacer el bien, porque falta la Vida de mi Querer. Mis manifestaciones sobre El serán como
bálsamo que cicatrizarán las llagas que ha producido la voluntad humana; quien
tenga el bien de conocerlas se sentirá correr en él una nueva vida de luz, de
gracia, de fortaleza para cumplir en todo mi Voluntad y no sólo esto, sino que
comprendiendo el gran mal del propio querer lo aborrecerán y se sacudirán el
duro yugo de la voluntad humana, para ponerse bajo el suave dominio de la
mía. ¡Ah, tú no sabes ni ves lo que sé
y veo Yo, por eso déjame hacer y no te oprimas! Es más, deberías haber apresurado y urgido tú misma a aquel que
Yo con tanto amor he dispuesto para que tomara el empeño, dile que se apresure
y que no pierda el tiempo.
Hija mía, el Reino de mi Voluntad es
inmutable y en estos conocimientos sobre Ella hemos puesto tanta luz, gracia y
atracciones, para volverla victoriosa, de modo que conforme sean conocidos
harán dulce batalla a la voluntad humana y quedarán vencedores. Estos conocimientos serán un muro altísimo y
fortísimo, más que en el edén terrestre, que impedirá al enemigo infernal el
entrar dentro para molestar a aquellos que, vencidos por mi Voluntad, pasarán a
vivir en el reino de Ella. Por eso no
te turbes y déjame hacer, Yo dispondré todo para que el Fiat Supremo sea
conocido.”
Como vemos, este título es dado por el
mismo Jesús y aunque en algunos volúmenes posteriores dice que a estos escritos
se les podría nombrar como: “El
Evangelio de su Voluntad” (Vol 23), “Testamento de amor de Dios a las criaturas”
(Vol. 36) Pero en éstos, El no les da
el contexto de título, por lo que se respetará el anterior.